sábado, 11 de julio de 2026

ESPECIAL 4 DE HOY. ESPAÑA, 2041, POR JOSEP VICENT BOIRA. 11 DE JULIO DE 2026

 





Hay una prueba que no falla jamás: cuanto más grandilocuente es la apelación a la digitalización y a las nuevas tecnologías, menos se está dispuesto a afrontar las condiciones reales de la vida cotidiana de un país. Despegarse de las cualidades materiales parece ser la precondición necesaria para propulsar una retórica acorde a estos tiempos extraños en los que las flores prefieren a las flores para vivir y no al agua, como recita Xavo Giménez. Sin embargo, de vez en cuando, aldabonazos de existencia nos sacuden.

Hace unas semanas, el Instituto Nacional de Estadística publicó un auténtico terremoto informativo. Según el INE, España ganará 4,2 millones de habitantes en los próximos quince años si se mantienen las tendencias demográficas actuales. Y como siempre, lo más interesante no es la cifra global, sino su distribución, la manera cómo se repartirán. Ponga un mapa en su vida y entenderá mejor lo que sucede, otra de las normas que nunca decepcionan.

Que España aumente más de cuatro millones de personas en quince años ya es un dato que debería hacernos reflexionar. Si tenemos en cuenta que los quince años que cambiaron el perfil de este país para siempre, entre 1960 y 1975, conocieron un incremento de 5,4 millones, podemos deducir que, de seguir así, podemos asistir a una segunda transformación de la piel y de las entrañas de España. Pero más relevante que la cifra total resulta saber el dónde. A grandes rasgos, Madrid concentrará poco más de un millón. Catalunya, otro millón. Y la Comunidad Valenciana, casi otro millón. Si hacemos el análisis en términos relativos, es decir, sobre su población actual, será el arco mediterráneo el que protagonizará los incrementos más notables, que irán del 17% de aumento de valencianos y baleares al 12% de catalanes y murcianos (los madrileños verán crecer su población un 14%).

¿Estamos preparados para ello? En los próximos quince años vamos a conocer un crecimiento demográfico semejante al que transformó España durante el franquismo desarrollista. Y aunque no disponemos de datos sobre ciudades, sí sobre provincias: la de Madrid ganará un millón de personas, la de Barcelona 678.000 y la de València más de 416.000 (¡casi lo mismo que entre 1960 y 1975!).

Y me pregunto si alguien ha pensado dónde van a vivir estas personas. Y de qué se alimentarán, cómo se moverán, con qué energía se calentarán en invierno y se refrescarán en verano, a qué médicos acudirán, en qué universidades se formarán, cómo se ordenará la metrópolis donde la mayoría de ellos residirá o qué servicios de transporte colectivo necesitarán, de cercanías y de media y larga distancia (¡corredor mediterráneo!).

Los cimientos de las viviendas del 2041, cuando seremos 54 millones, deben comenzar a excavarse hoy

Espero sinceramente que haya alguien en este bendito país que esté pensando en los servicios sociales, educativos y de orden público que se deben desarrollar y en cómo acompasar este crecimiento de la población a la ordenación territorial y urbanística de usos del suelo y a una movilidad realmente sostenible. ¿O vamos a dejar que este próximo tsunami demográfico se lleve por delante a la parte del país que sobrevivió a aquella primera sacudida de los años sesenta del siglo XX?

El gran reto de la España del 2041 será compatibilizar el crecimiento demográfico esperado con el objetivo de tener una sociedad más cohesionada y justa y, en concreto, unas áreas metropolitanas dignas y habitables –donde viviremos la gran mayoría– y un entorno natural protegido para generaciones futuras. Población y geografía. Siempre ha sido así. He aquí, como siempre, las variables materiales que van a condicionar el rumbo de España en su inmediato futuro. En otras palabras, personas, agua, alimentos, bosques, casas, transportes, energía, servicios, depuración, territorio...

Si hoy tenemos un problema con la vivienda, imaginemos el escenario cuando seamos casi un 10% más, rozando los 54 millones de habitantes. Los cimientos de las viviendas del 2041 deben comenzar a excavarse hoy. Celeridad, pero también orden. Esa edificación requiere responsabilidad para proteger el territorio, ordenar el espacio y planificar una movilidad sostenible en nuestras áreas metropolitanas, áreas que hoy, con la excepción de Barcelona, son territorios sin gobierno, coronas urbanas sin responsables, oasis de anarquía en un entorno urbanizado.

No dispongo de datos para pensar que Madrid, Barcelona o València estén ya pensando en cómo adecuar su entorno urbano a esta nueva dinámica. ¿Volverán a construir en altura como ya propuso Le Corbusier, aunque el sueño de aquella razón creara los monstruos del infierno social y la segregación? ¿Sacrificarán el territorio libre que queda para edificar nuevos barrios, el que parece ser el camino elegido por la Generalitat Valenciana cuando, tras la dana, ha permitido construir viviendas en suelo municipal dotacional (pan para hoy y hambre para mañana)? ¿Se seguirá promoviendo la ineficacia urbanística de los miles de unifamiliares que consumen mucho suelo con bajísima densidad? ¿Se permitirá a los turistas que sigan ocupando viviendas?

Por no hablar del terremoto político al que nos puede conducir el cambio demográfico. Solo la provincia de Valencia superará en un millón de personas a todo Euskadi, mientras habrá autonomías que van a perder hasta el 4,5% de sus habitantes. ¿Alguien duda de que se producirán movimientos de reforma de la ley electoral tendentes a equilibrar el reparto de diputados en las Cortes Generales y acercarlo a la representación real de los territorios más dinámicos? España 2041. Josep Vicent Boira es geógrafo. La Vanguardia, 11 de julio de 2026.





















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