sábado, 7 de febrero de 2026

SALUDOS EN LAS LENGUAS DE MI PATRIA. HOY, SÁBADO, 7 DE FEBRERO, EN CASTELLANO

 







Hola, buenos días de nuevo a todos y feliz sábado, 7 de febrero de 2026, en pleno fin de semana y víspera de una de las más esperadas festividades de mi patria chica, las islas Canarias: Los Carnavales. A mí, personalmente, no me apasionan, ni siquiera me gustan. Pero me alegra ver a las gentes de mi tierra celebrando una de sus fiestas más queridas. Espero que la disfruten. Vamos con las entradas del del blog de hoy. La primera es un interesante debate a dos, entre el periodista Andreu Missé, a favor de subir los impuestos a los más ricos, y al economista Jesús Huerta, en contra. La segunda es un archivo del blog de julio de 2019, en el que la periodista Leila Guerriero escribía sobre un lance personal que había vivido recientemente gracias al cual, comentaba,  le pareció que había entendido cosas que realmente importan. El poema del día, en la tercera, se titula Ipse ratem conto subigit velisque ministrat (Tesoros de la niñez) y es del poeta español José María Álvarez. Y la cuarta y última, como siempre, son las viñetas de humor del día. Pues nada más por hoy, nos vemos mañana si ustedes lo desean y la diosa Fortuna lo permite. Tamaragua, amigos míos. Sean felices, por favor, aun nadando contracorriente. Besos. Les quiero. HArendt














ENTRADA NÚM. 9832

DE QUÉ PAGUE MÁS EL QUE MÁS TIENE. UN DEBATE ABIERTO

 







¿Hay que establecer un impuesto especial a los ultrarricos? De Francia a California, crecen las voces que plantean corregir la brecha fiscal que separa a una mínima élite del resto de los ciudadanos para diseñar un sistema tributario más justo que refuerce las bases del contrato social y la propia democracia, escriben en El País (04/02/2026) el economista Jesús Huerta de Soto y el periodista Andreu Missé, que mantienen posturas contrapuestas al respecto. En las últimas décadas, la desigualdad económica ha crecido de forma notable en muchas partes del mundo, poniendo en riesgo el funcionamiento del modelo económico y de la propia democracia. Mientras una élite minúscula concentra una proporción cada vez mayor de la riqueza, amplios sectores de la población afrontan dificultades para acceder a la vivienda, la educación o la salud. La brecha se agranda a la hora de pagar impuestos, ya que el tipo efectivo que pagan los multimillonarios es notablemente inferior al del resto de la población.

El periodista Andreu Missé, director y fundador de Alternativas Económicas, defiende que aplicar un impuesto a los patrimonios superiores a los 100 millones es la vía para someter a los multimillonarios al impuesto sobre la renta. Para el profesor Jesús Huerta de Soto elevar la fiscalidad que soportan las rentas altas castiga el ahorro y la inversión y aumenta el poder discrecional del Estado.

Hay que acabar con la mayor injusticia social del siglo XXI, dice el periodista Andreu Missé, que comienza diciendo que Gabriel Zucman, profesor en la Escuela de Economía de París y catedrático de la Universidad de Berkeley en California, se ha propuesto acabar con la mayor injusticia fiscal del siglo XXI. Su propósito es que los multimillonarios paguen impuestos como los demás ciudadanos. Tras años de investigación, ha llegado a la conclusión de que las “personas inmensamente ricas” burlan sus obligaciones fiscales alojando sus beneficios en sociedades holding y otros sistemas perfectamente legales.

Su propuesta es que los privilegiados con un patrimonio superior a los 100 millones de dólares (84 millones de euros) contribuyan cada año con el 2% de su riqueza. La medida permitiría recaudar entre 300.000 y 380.000 millones de dólares (entre 251.000 y 318.000 millones de euros) en todo el mundo. En Europa serían unos 67.000 millones de euros. El tipo del 2% no es una cifra elegida al azar. “Es el tipo”, sostiene, “que permite que el impuesto sobre la renta no sea regresivo”.

Zucman no es un iluminado que trata de sorprender con ideas originales. Discípulo de Thomas Piketty, es un estudioso de las finanzas internacionales y la fiscalidad. “Durante 15 años, cartografié las mayores fortunas del mundo, analizando con objetividad sus técnicas para evadir impuestos en paraísos fiscales”, explica en su último libro, Les milliardaires ne paient pas d’ impôt sur le revenu et nous allons y mettre fin (“Los multimillonarios no pagan impuestos sobre la renta y vamos a acabar con eso”). A los 21 años, empezó a expurgar los archivos de los bancos suizos y se zambulló en las balanzas de pagos de los países con un propósito: cuantificar la cantidad de activos ocultos en centros financieros offshore para entender mejor esta gran evasión.

El economista francés considera que “esta gran evasión fiscal internacional ha desempeñado un papel clave en el aumento de las desigualdades, el incremento de la deuda pública y, más aún, en el triunfo de un sentimiento de impotencia, caldo de cultivo en el que han florecido los movimientos reaccionarios contemporáneos”.

El riguroso plan de Zucman ha logrado un amplio respaldo académico al más alto nivel. Siete laureados con el Nobel de Economía enviaron una carta a Le Monde en la que respaldan la propuesta fiscal. Los firmantes son Paul Krugman, Joseph Stiglitz, Esther Duflo, Abhijit Banerjee, Simon Johnson, Daron Acemoglu y George Akerlof. El profesor Stiglitz precisó en el mismo diario que un 2% es “una tasa conservadora y nada radical. Si eres multimillonario y no obtienes una rentabilidad anual del 10%, lo estás haciendo muy mal. En estas circunstancias, gravar su patrimonio al 2% equivaldría a gravar el 20% de esa rentabilidad anual. Este es un nivel común en todo el mundo”.

La iniciativa de establecer una tasa del 2% a los patrimonios superiores a 100 millones de euros fue aprobada por la Asamblea francesa en febrero de 2025, pero unos meses después fue rechazada por el Senado. No obstante, el debate sigue muy vivo, porque el 86% de los franceses está a favor de esta medida, según una encuesta del Instituto Francés de Opinión Pública (IFOP).

La propuesta de gravar a los más ricos para reducir la desigualdad ha cruzado el Atlántico. En California, una iniciativa de gravar con el 5% a los poseedores de un patrimonio superior a los mil millones de dólares ha desencadenado una fuerte batalla entre el gobernador Gavin Newsom y los promotores de la medida, el sindicato del sector sanitario Service Employees International Union–United Healthcare Workers West (SEIU-UHW), que propugna destinar la recaudación a financiar los servicios de salud. Newsom, asustado, se opone al impuesto tras la decisión de destacados magnates de trasladar parte de su patrimonio a otros Estados.

Zucman considera que es la hora de “dar el último toque al impuesto sobre la renta, el inmenso progreso democrático del principio del siglo XX, haciendo entrar a los milmillonarios que en realidad nunca han estado sometidos al mismo”. Será una batalla dura como lo fue la introducción del impuesto hace un siglo, pero acabará aceptándose. Ninguna economía puede funcionar bien mucho tiempo con desigualdades tan extremas.

Quieren imponer una propuesta fiscal contra el progreso y la democracia, expresa por su parte el catedrático de Economía Política de la Universidad Rey Juan Carlos, Jesús Huerta de Soto.Se ha puesto de moda, comienza diciendo, que pensar que la desigualdad y la riqueza “extrema” comprometen la democracia, por lo que hay que elevar aún más la fiscalidad de las rentas altas y el patrimonio. La idea cala fácilmente en una ciudadanía agobiada por salarios reales que no crecen en sociedades esclerotizadas por el intervencionismo estatal y el exceso de regulación. Frente al eslogan fácil y la manipulación demagógica de que si “los de arriba” pagan más se refuerza el contrato social y se purifica la democracia, es obligación de todo buen economista plantear algunas preguntas incómodas. Por ejemplo, ¿quién va a terminar pagando más, el rico de la caricatura o los trabajadores corrientes en forma de peores empleos y salarios futuros más reducidos? Y ¿qué efecto real tiene todo ello sobre la democracia?

Pues bien, la ciencia económica es terca: subir los impuestos a los ricos castiga el ahorro, la inversión, la innovación, la acumulación de capital y la creatividad empresarial, disminuyendo la productividad y los salarios reales de la mayoría. Y, simultáneamente, agranda todavía más el poder discrecional de los políticos para conceder privilegios y subvenciones a los grupos de interés y comprar los votos necesarios para mantenerse en el poder. Todo ello en perjuicio de la igualdad ante la ley que exige una democracia sana.

Supongamos dos trabajadores, uno de la India y otro norteamericano, mismas horas de trabajo y mismo esfuerzo. El primero trabaja con herramientas rudimentarias, riego y abono precarios; el segundo trabaja con un moderno tractor, y dispone de riego y abonos de última generación. ¿Quién gana un salario mucho más alto? Obviamente, el segundo, y ello se debe a que es mucho más productivo, y no a la regulación estatal ni al gasto público ni a la redistribución de la renta. Simplemente, se debe a la mayor cantidad y calidad de bienes de equipo capital que hacen mucho más productivo su trabajo. Por tanto, penalizar fiscalmente a quienes ahorran, acumulan, innovan e invierten precisamente en esos bienes de capital es la manera más segura de ralentizar y frenar el crecimiento de los salarios.

Hagamos algunos números: un impuesto sobre el patrimonio del 3,5% al año significa que, por ejemplo, después de 10 años, se evaporan más de un 40% de los bienes de capital que se hubieran podido acumular a disposición de los trabajadores, con un coste inmenso para ellos, en forma de incrementos de salario futuro dejados de percibir. Supongamos ahora que al final triunfa la demagogia y se expropian a don Amancio Ortega 80.000 millones de euros de su fortuna para repartirlos entre los 2.000 millones de pobres del mundo, que tocan a 40 euros por cabeza. Seriamente, ¿alguien puede decir que eso mejoraría la democracia? Porque el coste en términos de prosperidad, nivel de vida y cohesión social sería colosal: empresas cerradas o descapitalizadas, inversiones canceladas, innovaciones bloqueadas y, sobre todo, empleos destruidos y trabajos de peor calidad con salarios más bajos. A lo que hay que añadir el crecimiento elefantiásico del Estado, la burocracia y el clientelismo político. Porque cuanto mayor renta y riqueza detrae coactivamente el Estado y más discrecional es su poder, más esfuerzo e ingenio dedican los “buscadores de rentas” y subvenciones, y los grupos de presión para conseguir ventajas particulares corrompiendo (aún más) la democracia y el Estado de derecho. Y es que al incrementarse (solo a corto plazo) el botín a repartir en un contexto en el que se ralentiza el desarrollo económico, se fomentan y se hacen irresolubles los conflictos sociales en un entorno cada vez más polarizado que dificulta o imposibilita el funcionamiento normal de la democracia.

En suma, la fiscalidad “contra los ricos” perjudica gravemente a los trabajadores, y en especial a los más vulnerables, a la vez que anquilosa y corrompe (todavía más) la democracia. Por tanto, la receta a aplicar para revertir la crisis social y democrática de nuestro tiempo, que es consecuencia inevitable del virus del estatismo que nos afecta, es justo la contraria: impuestos bajos y simples, eliminación del gravamen al ahorro y patrimonio, seguridad jurídica, respeto a la propiedad privada, desregulación generalizada y límites estrictos al gasto público que impidan que la casta política improductiva expolie, y reparta comprando votos, la riqueza de aquellos que la crean con su esfuerzo y audacia empresarial. 


















ENTRADA NÚM. 9831

DEL ARCHIVO DEL BLOG. HOY, LA TECLA. PUBLICADO EL 08/07/2019

 









Me pareció que había entendido cosas que realmente importan, pero al día siguiente las olvidé, comenta en El País de hoy la escritora y periodista argentina, Leila Guerriero. Llegué a su casa a la una de la madrugada, comienza diciendo Guerriero, y salió a recibirme mientras hablaba por teléfono. Con un gesto me indicó la puerta que da a la cocina. Entramos y miré asombrada esa parte que no conocía del departamento en el que había estado varias veces: salas y mesas que parecían replicarse al infinito. Cuando colgó, nos saludamos con un abrazo fuerte. Hablamos brevemente de cosas que habían sucedido. Después pasamos al comedor donde me presentó a los demás. Las ventanas estaban abiertas y la noche entraba como el cauce de un río. A eso de las tres de la madrugada él se puso de pie y caminó hasta el piano con ese andar tan suyo, como si apartara multitudes. Empezó a tocar. Cantó canciones de otros —no las suyas, las que lo transformaron en leyenda—, y de pronto me señaló y dijo: “Vení, tocá conmigo”. Me retraje, como siempre hago cuando los focos se vuelven hacia mí. Contesté: “No, no sé tocar el piano”. Con un escepticismo divertido, como quien dice: “¿Quién sabe realmente hacer algo?”, me respondió: “Dale, vení”. Me senté en la banqueta, a su lado. Me indicó: “Tocá la melodía”, como si eso lo explicara todo. Fue como estar al volante de una Ferrari sin saber manejar, con alguien que convertía cada una de mis maniobras escandalosas en algo hermoso. Hasta que, de pronto, toqué una tecla negra que saltó por el aire y terminó sobre la tapa del piano de cola Yamaha que debe costar una fortuna. Me quedé paralizada. Él tomó la tecla, se la puso en la boca a modo de cigarro, me miró con aire rufián y me dijo: “No pasa nada”. Me fui a las cinco. Mientras volvía a casa en taxi recordé los años en los que esta ciudad era mi tumba, en los que el futuro parecía un insulto. Me sentí como una vasija, limpia y sencilla, dispuesta a inaugurarlo todo. Me pareció que había entendido cosas que realmente importan. Al día siguiente las olvidé. Y ahora, como decía Sócrates, Ιωμεν: nos vamos. Sean felices, por favor, a pesar de todo. Tamaragua, amigos. HArendt













ENTRADA NÚM. 9830

DEL POEMA DE CADA DÍA. HOY, IPSE RATEM CONTO SUBIGIT VELISQUE MINISTRAT (TESOROS DE LA NIÑEZ…), DE JOSÉ MARÍA ÁLVAREZ

 








IPSE RATEM CONTO SUBIGIT VELISQUE MINISTRAT

(TESOROS DE LA NIÑEZ…)




Era el Mundo. Todo cuanto podía


ser el Mundo.


Aquellos jardines que brillaban bajo una Luna misteriosa,


fondos marinos con plantas y animales fabulosos


y hombres enfundados en escafandras inverosímiles,


paisajes con palmeras que eran el Oriente,


un sol de fuego sobre playas remotísimas.


Aquella luz que iluminaba por detrás los decorados


creando una realidad, la que siempre me ha importado,


más real que cuanto pudiera verse fuera.


Cuántas horas tumbado en aquella alfombra


mágica del salón de mi abuela,


ante aquel teatro de cartón,


contemplando absorto la maravilla, dejándola


apoderarse de mi alma y sus anhelos…


Seguramente, si soy algo,


se lo debo a esas horas.




JOSÉ MARÍA ÁLVAREZ (1942-2024)

poeta español























ENTRADA NÚM. 9829

DE LAS VIÑETAS DE HUMOR DEL BLOG DE HOY SÁBADO, 7 DE FEBRERO DE 2026

 






























ENTRADA NÚM. 9828

viernes, 6 de febrero de 2026

SALUTACIONS A LES LLENGÜES DE LA MEVA PÀTRIA. AVUI, DIVENDRES, 6 DE FEBRER, EN CATALÀ

 






Hola, bon dia de nou a tots i feliç divendres. Enfilem ja el segon final de setmana de febrer i la inestabilitat, aquesta vegada meteorològica, no dóna treva a aquesta vella terra habitada que és la península Ibèrica. A les illes Canàries, malament que bé, anem escapant… Els déus ho permetin. Anem amb les entrades del bloc d'avui. La primera, del filòsof Manuel Cruz, en què ens adverteix que l'abusiva identificació entre ser conservador i el franquisme ha portat a situar erròniament l'independentisme a l'hemisferi progressista, quan en realitat és pura reacció. La segona és un arxiu del bloc del febrer del 2023, de l'historiador Nicolás Sesma, professor a França, que explicava que dues alumnes li havien preguntat per què les explicacions sobre les eleccions generals del 16 de febrer del 1936, que van donar com a resultat el triomf del Front Popular i que avui es commemoraven, no coincidien amb la versió existent a Wikipedia. El poema del dia, a la tercera, es titula Poema 8, De nou Afganistan, i és del poeta espanyol Javier del Prado. I la quarta i última, com sempre, són les vinyetes d'humor del bloc. Només per avui, ens veiem demà de nou amb la vènia de la deessa Fortuna. Tamaragua, amics meus. Sigueu feliços, si us plau; lluitin per ser-ho. Petons. Els vull. HArendt














ENTRADA NÚM. 9827

DE CALLAR, PERO NO APOYAR

 







La abusiva identificación entre ser conservador y el franquismo ha llevado a situar erróneamente al independentismo en el hemisferio progresista, escribe en El País (03/02/2026) el filósofo Manuel Cruz.

Si alguien que se tiene a sí mismo como de izquierdas no siente auténtico y genuino pavor ante la, según parece, inminente llegada al poder de la extrema derecha, lo suyo es que experimente una profunda preocupación interior y que se haga algunas preguntas de calado como las siguientes: ¿estaré contribuyendo con mi escepticismo a blanquear el fascismo? ¿Me habré constituido, sin pretenderlo en absoluto, en cómplice de una de las más siniestras corrientes políticas del siglo XX? ¿Me serán de aplicación en el futuro las conocidas palabras de Martin Niemöller (ya saben: “Primero vinieron por los socialistas, y no dije nada, porque yo no era socialista / Luego vinieron por los sindicalistas…“, etcétera), de los que se hacen acreedores los tibios de todas las épocas? O, más grave aún: ¿mereceré de pleno derecho ser incurso en ese universo que algunos han dado en denominar la fachosfera?

Son preguntas ciertamente preocupantes y de no fácil respuesta, sobre todo habida cuenta de que los contornos de dicho universo, lejos de ser mínimamente estables, van variando de manera constante a medida que varían los intereses de quienes se han arrogado el monopolio de la defensa ante su amenaza. Hasta el punto de que entienden que cualquier cosa que no sea alinearse con las posiciones que ellos sostienen equivale a hacerle el juego al enemigo. Así, no es raro que aquel que en un determinado momento se ajustó fielmente a lo sostenido por los que tenía por los suyos, se vea expulsado a las tinieblas exteriores y señalado como sospechoso de criptofascismo o cosa parecida si continúa sosteniendo lo mismo después de que esos presuntos suyos hayan decidido abandonar su punto de vista inicial y asumir exactamente el contrario.

Los últimos años han proporcionado abundantes ejemplos que servirían para ilustrar la deriva que ha seguido el debate público a este respecto. Probablemente, los relacionados con la inmigración —uno de los temas favoritos, como es bien sabido, de la extrema derecha— sean los que muestren con mayor claridad lo errático, cuando no contradictorio, de la mencionada deriva. Pensemos, por poner un caso solo en apariencia menor ocurrido en nuestro país, en el cambio radical en lo relativo a la información que ha de proporcionar la policía acerca de la nacionalidad de los presuntos delincuentes. Hasta ayer mismo, como aquel que dice, la tesis oficial en Cataluña era idéntica a la sostenida por el Ministerio del Interior español, a saber, que hacer público en los medios de comunicación dicha información solo servía para estigmatizar a todo un colectivo, sin aportar ninguna información efectivamente relevante. Se trata de un argumento atendible, desde luego, pero que ha sido abandonado por la policía catalana en beneficio del contrario, esto es, el de que la mejor manera de combatir los bulos es precisamente difundir esa información. Tan espectacular viraje resulta llamativo, si tenemos en cuenta que tanto el Gobierno de la Generalitat como el central son en este momento del mismo signo ideológico-político.

Por paradójico que a primera vista pueda parecer, es precisamente la complejidad de la situación catalana la que mejor permite mostrar hasta qué punto no terminan de ser coherentes buena parte de los argumentos más utilizados en el debate público acerca de la extrema derecha. Ello se hace patente cuando comprobamos la muy diferente actitud que un sector no despreciable de ciudadanos catalanes mantiene con dicha extrema derecha, según se trate de la autóctona o de la foránea. Porque está de sobras acreditado que muchos de los que se declaran horrorizados por completo ante el auge de Vox, no mantienen idéntica actitud cuando del partido de Sílvia Orriols se trata, hasta el punto de que abundan los alcaldes de Junts que no le harían ascos a incorporarse a las listas de Aliança Catalana, así como votantes nacionalistas que estarían dispuestos a respaldar en unas próximas elecciones a esta última formación. Su espectacular auge, del que dan cuenta todos los sondeos sin excepción, y el hecho de que sin duda la principal damnificada por dicho crecimiento sea precisamente Junts, certifica que la relación entre ambas fuerzas políticas es, a grandes rasgos, simétrica a la que mantienen en España el PP y Vox.

Pero no es ni mucho menos una cuestión sin importancia el que en modo alguno el votante actual de Junts (o antaño el de Convergència) aceptaría ser homologado con el PP o, en general, con un partido de derechas. Es sabido que un sector relevante de sus militantes no solo no se consideran conservadores, sino que incluso pueden llegar a declararse progresistas. El hecho de que entre ellos los pueda haber que, considerándose así, no tendrían, llegado el caso, graves inconvenientes en votar a la extrema derecha catalana prueba que su relación con esta es más compleja y matizada de lo que se suele pensar, lejos de las groseras simplificaciones al uso.

Por lo pronto, no cabe soslayar que ha sido la izquierda la que, ya desde la época de Zapatero, ha manifestado gran interés en potenciar la identificación entre el PP y el franquismo, como si la sustancia de ser conservador pasara en exclusiva por la identificación con aquel régimen autoritario. Uno de los efectos de tan abusiva identificación era que, por defecto, el nacionalismo y el independentismo quedaban ubicados en el hemisferio progresista, como en tantas ocasiones hemos tenido la oportunidad de escuchar en los últimos años, especialmente cuando se festejaban como propios sus buenos resultados con la consigna “¡somos más!”, tan celebrada por algunos.

A pesar de lo políticamente ruinosa que le está resultando a la izquierda la identificación entre derecha y franquismo, a la vista está que ha decidido perseverar en ella, introduciendo así en el debate político notables dosis de confusión. Porque incluso en el supuesto de que aceptáramos que la querencia autoritaria de Vox constituye una genuina amenaza para el sistema democrático, no parece que quienes mejor nos pueden ayudar a defenderlo vayan a ser los que perpetraron un (tan fugaz como ridículo) golpe de Estado en 2017, violentando por completo la legalidad vigente. Al igual que no termina de verse que se pueda considerar que forman parte de un mismo bloque progresista fuerzas políticas como las nacionalistas y algunas independentistas que, en el mejor de los casos, consideran y tratan como ciudadanos de segunda a quienes no participan de su modelo de país y, en el peor, en clara sintonía con Orriols, los expulsarían directamente del territorio en el supuesto de que pudieran (en más de una ocasión altos dirigentes de Junts han invitado a “volverse a su tierra” a políticos o figuras públicas nacidos fuera de Cataluña que discrepaban del discurso soberanista oficial).

Sin dificultad se comprenderá, volviendo al arranque del presente texto, la perplejidad de todos aquellos que, precisamente por no experimentar el pavor que parece prescrito en determinados ambientes ante el auge de la extrema derecha, se ven señalados como sospechosos de coquetear con la misma. Cuando son ellos los que sospechan de unos anuncios catastrofistas que, esgrimidos por según quién, solo cabe considerar, siendo muy benévolos, como engañosos por interesados. Resumamos la cosa con una cierta rotundidad para evitar innecesarios malentendidos: no cuestiono en absoluto, quede claro, que el auge de la extrema derecha deba preocuparnos; solo digo que los ciudadanos constitucionalistas de izquierdas que viven en territorios hegemonizados por el discurso nacionalista no temen mucho más a ese futuro que se les dibuja con tintes tenebrosos que a lo que ya conocen desde hace demasiado. Y a lo máximo a lo que parecen aspirar a estas alturas es a que lo peor no se repita. Por eso callan, pero no apoyan.












ENTRADA NÚM. 9826

DEL ARCHIVO DEL BLOG. HOY, LAS REIVENCIONES DE LA HISTORIA. PUBLICADO EL 21/02/2023

 







La señal de alarma se produjo al salir de clase. Dos alumnas se acercaron a preguntarme por qué las explicaciones sobre las elecciones generales del 16 de febrero de 1936, que dieron como resultado el triunfo del Frente Popular y que hoy se conmemoran, no coincidían con la versión existente en Wikipedia. Efectivamente, a diferencia de la entrada en español sobre la efeméride, detallada, rigurosa y que da cuenta de los distintos libros que se han ocupado del tema, la entrada en francés sobre los últimos comicios libres celebrados en España hasta 1977 solamente cita una fuente: 1936. Fraude y violencia en las elecciones del Frente Popular.
Esta obra, de la que son autores dos historiadores profesionales, Manuel Álvarez Tardío y Roberto Villa, fue contestada desde su publicación en 2017. Prestigiosos investigadores, como Enrique Moradiellos y Eduardo González Calleja, señalaron rápidamente las carencias de su metodología, su gusto por seleccionar ejemplos que les convenían e ignorar todos aquellos que los contradecían, así como sus numerosos juicios morales y presentistas. Pero si los usuarios-editores de Wikipedia en España se hicieron eco de estas críticas, en Francia, convertida últimamente en el foco del revisionismo sobre la historia contemporánea española, la entrada sigue inamovible. Y no es la única, un rápido barrido por otras temáticas sensibles presenta la Segunda República como un mero periodo de pre-Guerra Civil.
Lo peor de todo es que, en realidad, bastaría con leer la polémica obra para desmentir esta visión. Sus autores reconocen que la violencia “estorbó, pero no impidió, la competición democrática” y que todas las fuerzas políticas coincidieron en que la “votación se había celebrado correctamente”. Ni siquiera dando por ciertas todas las irregularidades que denuncian se habría modificado el resultado final de las elecciones. La pregunta, entonces, es obvia: ¿por qué titular el libro de manera contradictoria con sus propias conclusiones?
La probable respuesta es que, en el fondo, los resultados de las investigaciones dan igual, lo importante es que los titulares coincidan con tus ideas preconcebidas o con el mensaje político que deseas transmitir. Wikipedia, Twitter y los medios y periodistas que rotulan sin verificar sus fuentes harán el resto. Y una vez se haya instalado el mensaje en el imaginario de tu público, nadie querrá atender a razones, explicaciones ni matizaciones. El relato de la historia es un elemento más de un juego peligroso, construir una serie de antecedentes que sirvan de sustrato previo para poder justificar más fácilmente tus acciones en el presente.
Por supuesto, es una táctica antigua y estos autores no han sido los primeros ni los únicos en utilizar la titulación de manera poco ética y nada profesional. Por citar otro ejemplo reciente. En una buena investigación, los historiadores David Martínez Fiol y Joan Esculies estudiaron detenidamente el caso de los combatientes catalanes voluntarios en los ejércitos aliados durante la Gran Guerra, tradicionalmente cifrados en varios miles por el relato del independentismo, y concluyeron que la documentación disponible apenas permitía hablar de un millar de personas. Sin embargo, editores y autores optaron por titular la obra como 12.000! Els Catalans a la Primera Guerra Mundial, es decir, todo lo contrario de lo que acababan de demostrar. Argumentaron que se trataba de una ironía, pero es un modo de expresión que cotiza muy a la baja en internet.
Sin ironías, la Segunda República fue la primera democracia parlamentaria existente en España. Tuvo muchas deficiencias y problemas, como todos los sistemas democráticos de su tiempo, ninguno de los cuales sería hoy en día considerado una “democracia plena”. A pesar de todo, sus avances fueron decisivos, desde el pleno sufragio femenino a la creación del Tribunal de Garantías Constitucionales, pero sobre todo la verdadera alternancia en el poder. Fue la primera vez que los gobiernos perdieron elecciones legislativas que habían convocado. Aceptar la alternancia, reconocer que tu oponente político es tu adversario, pero no tu enemigo, y que, por lo tanto, puede ocupar el poder legítimamente, es la clave de la convivencia democrática. No fue un aprendizaje fácil. La derecha monárquica se negó a hacerlo e intentó sin éxito un golpe militar en 1932. Buena parte de la izquierda no aceptó perder las elecciones de 1933 e intentó una insurrección en 1934, siendo duramente reprimida y encarcelada por ello. Es exactamente la misma resolución que habrían merecido los protagonistas del golpe de Estado de julio de 1936. Salir de la dicotomía entre amigo y enemigo fue uno de los elementos esenciales de la transición a la democracia, como recordó sin titular ambiguamente la investigadora Paloma Aguilar Fernández.
No por casualidad, poner en cuestión esta tolerancia mutua es una de las principales estrategias de la nueva extrema derecha. Al comenzar su primera campaña presidencial, Donald Trump ya dejó claro que reconocer una posible derrota no entraba en sus previsiones, puso en tela de juicio la legitimidad de las elecciones al optar a la reelección y nunca pronunció un discurso de concesión al abandonar la Casa Blanca. Y otro tanto hizo Jair Bolsonaro, que cuestionó la integridad del proceso electoral en cuanto los sondeos dejaron de sonreírle. Como es bien conocido, los asaltos de sus seguidores a las sedes parlamentarias de Estados Unidos y de Brasil fueron la dramática consecuencia. Como advierten Steven Levitsky y Daniel Ziblatt en otra obra de título sincero, Cómo mueren las democracias: “Las falsas acusaciones de fraude pueden socavar la confianza de la población en las elecciones y, cuando la ciudadanía no confía en el proceso electoral, puede perder fe en la propia democracia”.




















ENTRADA NÚM. 9825

DEL POEMA DE CADA DÍA. HOY, POEMA 8, DE NUEVO AFGANISTÁN, DE JAVIER DEL PRADO

 







POEMA 8, DE NUEVO AFGANISTÁN



De Irak a Afganistán: hoy, hay razones

para seguir matando – un concierto

firmado entre Naciones. ¡Gran acierto

para llenar de paz los corazones


de los que, Unidas, tienen sus raciones

de bienestar aseguradas! Muertos,

de cruz o luna, alfombran los desiertos

con rojas y olorosas floraciones.


Si no es el coche bomba, es la redada

la que siembra la flor de la metralla…

y Europa no se entera, encanallada,


de que es su fe en la Vida la que estalla

frente al Belén falaz de su morada;

y esperando la Paz, calcula y calla.



JAVIER DEL PRADO (1940)

poeta español






















ENTRADA NÚM. 9824