sábado, 1 de julio de 2023

[ARCHIVO DEL BLOG] Terrorismo, fanatismo, ideología y religión. [Publicada el 26/08/2016]











En la última entrada de su blog Viaje a Siracusa, que publica en Revista de Libros, titulada "La identidad de Europa contra el terror de Daesh", el escritor y crítico literario Rafael Narbona dice que la solución al terrorismo del Estado Islámico no puede ser estrictamente militar y policial porque el terrorismo no es una creación del islam, sino del fanatismo ideológico y religioso. Pienso que en el fondo, con los matices que se quiera, todos estamos de acuerdo con él.
Anders Breivik, añade, el noruego que mató a setenta y siete compatriotas el 22 de julio de 2011, se apoyó en sus creencias cristianas para perpetrar la horrible matanza. Al igual que las ideologías políticas, las religiones pueden convertirse en fuerzas destructivas cuando no han aceptado la perspectiva crítica de la razón. Es posible que haya nuevos atentados. Siempre habrá fanáticos e inadaptados, buscando un pretexto para liberar su resentimiento. Sin embargo, Europa no debe renunciar a su identidad como espacio de libertad, tolerancia y solidaridad. El estado de excepción es una medida transitoria, no una medida indefinida. Sólo las dictaduras convierten las leyes de emergencia en leyes ordinarias. El endurecimiento de las penas o la proliferación de controles policiales tal vez reducirán el número de atentados, pero siempre habrá una brecha, un flanco vulnerable, que aprovecharán quienes no tienen nada que perder. Europa debe apostar por la integración, no por la represión. Su idea central es la convivencia democrática, no el miedo o la confrontación. Creo, sigue diciendo, en el poder de esa idea y en su victoria a largo plazo frente a quienes predican el apocalipsis, encendiendo el odio y la enemistad entre pueblos y culturas. Robert Schuman, sigue diciendo, uno de los padres fundadores de la Unión Europea, no se equivocó al afirmar que Europa ha proporcionado a la humanidad su pleno florecimiento. A ella le corresponde mostrar un camino nuevo, opuesto al avasallamiento, con la aceptación de una pluralidad de civilizaciones, en la que cada una de éstas practicará un mismo respeto hacia las demás.
No se equivoca Daniel Benjamin, profesor en el Dartmouth College y excoordinador del Departamento de Estado para la Lucha contra el Terrorismo, añade poco después, cuando señala que el Estado Islámico y el yihadismo se han convertido en una especie de refugio para algunas personas inestables que se hallan al límite y encuentran una salida a través de un mensaje que los radicaliza en tiempo récord. Es evidente que Daesh rentabiliza esos casos de desesperación y anomia: "Prometemos días oscuros. Lo que viene será peor". Mientras los imitadores de Travis Bickle, el personaje central de la película de 1976, "Taxi Driver", dirigida por Martin Scorsese e interpretado por Robert De Niro) continúan su viaje hacia ninguna parte, seducidos por la idea de convertirse en mártires de Alá, el terrorismo organizado provoca grandes carnicerías en Bagdad, Kabul o Yakarta.
La utopía de una Europa libre, tolerante y solidaria, señala al inicio de su artículo, es una utopía razonable por la que merece la pena luchar. Desgraciadamente, añade, el proyecto europeo sólo ha conseguido alumbrar una serie de acuerdos comerciales, que apenas pueden crear ilusión y convicción, particularmente en una época de crisis, donde los gobiernos se enfrentan a graves problemas para garantizar la continuidad de las instituciones y los servicios sociales. Hasta ahora, la política ha desempeñado un papel marginal en un proceso dirigido por tecnócratas, más preocupados por cuadrar las cuentas que por exaltar los valores de una sociedad libre y plural. Ningún proyecto político prospera sin ideas sólidas, con el poder de seducción para movilizar a la población. El bagaje ideológico de la Unión Europea es demasiado débil para combatir la mística nacionalista, religiosa o revolucionaria. En ese clima de desilusión y escepticismo, la reaparición del terrorismo no era algo impensable, sino un riesgo que sólo necesitaba ciertas variables para convertirse en una dolorosa realidad.
La irrupción de Daesh, dice más adelante, pone de manifiesto que una sociedad apática y desorientada es mucho más vulnerable que una sociedad con un proyecto definido y bien arraigado. Daesh ofrece la redención y el amor divino a todos sus seguidores. No es algo original. Todas las religiones comercian con el amor y el perdón. La novedad consiste en que el precio es cada vez más asequible. Es suficiente disponer de un cuchillo para salir a la caza del infiel. En el pasado, el cristianismo también se dedicó a descabezar infieles. Las religiones nunca se han mostrado compasivas con los que no comulgan con sus dogmas. Las piras de la Inquisición aún humean en la memoria colectiva. Es evidente que poseer un territorio, un patrimonio y una jerarquía ayuda a mantener con vida la llama de la fe. El catolicismo no sería nada sin Roma y su pontífice. Escribe Octavio Paz: «Veo en la Iglesia católica no sólo una comunidad de fieles sino a una institución cuyo modelo histórico fue el Imperio Romano». Los cambios políticos experimentados por Europa desde la caída del Antiguo Régimen transformaron el afán imperialista en evangelización pacífica. El islam no ha soportado el asalto crítico de la Modernidad, lo cual explica que su proselitismo aún discurra por cauces bélicos. La estrategia de terror de Daesh perdería gran parte de su poder de captación sin su territorio –el mal llamado Estado islámico de Irak y el Levante– y su patrimonio. Daesh posee una sólida financiación y un eficaz sistema burocrático que gestiona sus recursos. Podría soportar un asedio militar terrestre, oponiendo una resistencia que resultaría muy costoso quebrantar. Sus yacimientos de petróleo le permiten cubrir las necesidades de los diez millones de civiles bajo su control y mantener en funcionamiento su maquinaria de guerra. La recaudación de impuestos, la explotación de yacimientos de gas y centrales eléctricas, el saqueo de los bancos estatales de Mosul, los secuestros, el comercio de esclavos y la venta de antigüedades del patrimonio artístico de Siria e Irak completan una próspera economía que sortea sin problemas las represalias internacionales.
La estrategia militar utilizada contra Daesh, añade, no ha producido hasta ahora los resultados esperados. Los drones han matado a centenares de civiles, agudizando los sentimientos antioccidentales. Los bombardeos convencionales no han sido menos catastróficos. Una costosa intervención terrestre sólo reforzaría la tesis de una nueva cruzada contra el islam. De momento, únicamente parece viable apoyar a las fuerzas que combaten a Daesh sobre el terreno, pero Estados Unidos se opone a que Bashar-al-Ásad se perpetúe en el poder, lo cual significa que sólo considera aliados fiables a los peshmergas kurdos y a ciertos sectores del ejército sirio. En cuanto al Gobierno iraquí, de mayoría chií, su respaldo será inútil, si no aplaca su hostilidad hacia los suníes, que se traduce en infinidad de agravios y discriminaciones.
La división de quienes luchan contra Daesh, termina diciendo, contrasta con la proliferación de organizaciones que han jurado lealtad al califato, más de cuarenta grupos terroristas. Algunos poseen bases sólidas en Libia, Túnez y Egipto. Otros no cesan de crecer en Afganistán, Pakistán, Argelia, Indonesia, Uzbekistán e incluso Gaza. Es un dato preocupante, pero lo cierto es que ya no hace falta organizar una estructura paramilitar y clandestina para desatar el infierno. Mohamed Lahouaiej Bouhlel, el autor de la masacre de Niza, era un yihadista de última hora. Separado, trabajador precario y ladronzuelo de poca monta, no observaba el ayuno durante el Ramadán, pero decidió inmolarse en nombre del califato, eliminando al mayor número posible de viandantes con un camión. Un tercio de sus víctimas eran musulmanes. No creo que esa cuestión le quitara el sueño. Al igual que el joven de dieciocho años que mató a nueve personas en Múnich, sólo buscaba expresar su rabia, causar dolor en la sociedad que presuntamente lo excluía y maltrataba. Ya comenté una vez que este tipo de conductas podrían encuadrarse en el «síndrome Travis Bickle». El taxista interpretado brillantemente por Robert De Niro intenta huir su vacío existencial asesinando a un político, pero su plan se revela inviable y decide exterminar a los proxenetas que explotan a una adolescente como prostituta (Jodie Foster). Sólo el azar determina que se transforme en héroe, pese a que su motivación es despedirse del mundo con una explosión de ira. Y ahora, como decía Sócrates, Ιωμεν: nos vamos. Sean felices, por favor, a pesar de todo. Tamaragua, amigos. HArendt











De la utilidad de lo inútil

 





Hola, buenas tardes de nuevo a todos y feliz sábado. Mi propuesta de lectura de prensa para hoy, de la escritora Aurora Freijo, va de la utilidad de lo inútil. Se la recomiendo encarecidamente y espero que junto con las viñetas que la acompañan, en palabras de Hannah Arendt, les ayude a pensar para comprender y a comprender para actuar. Sean felices, por favor, aun contra todo pronóstico. Nos vemos mañana si la diosa Fortuna lo permite. Tamaragua, amigos míos.










Manifiesto: batirse por nada
AURORA FREIJO
24 JUN 2023 - El País
harendt.blogspot.com

Nuccio Ordine ha muerto hace unos días. Inoportuna e inopinadamente. Algunos seguíamos sus escritos y esperábamos su visita para recoger el premio Princesa de Asturias, con el que fue galardonado hace pocas semanas. Inexplicablemente, con unos vigorosos y fructíferos 64 años, de un día para otro, Nuccio se ha callado.
Ordine escribió lo que muchos sabíamos y compartimos, que lo inútil es importante, y lo hizo en el modo excelso de ese pequeño manual que se llama La utilidad de la inútil, donde lo inútil, dice, es todo aquel saber cuyo valor escapa a cualquier fin utilitarista. Inútil es lo que no se subordina a la lógica del éxito económico, lo que engrandece nuestro espíritu, lo que nos cultiva, lo que nos hace, como diría Michel Foucault, individuales obras de arte. Lo inútil se torna pues útil, en otro aspecto, uno esencial. Sin duda sería ya un gran progreso saber diferenciar entre estos dos sentidos de la utilidad. La útil inutilidad. En nuestra ayuda, Ordine buscó y reunió para todos nosotros, para ponerlos a la mano de quien los quisiera tomar, los destellos breves y luminosos de quienes han insistido desde siempre en esta idea, literatos y pensadores desde Foster Wallace, Baudelaire y Flaubert a Leopardi o Montaigne, entre los muchos que habitan sus apenas 130 páginas. El flâneur, las letrinas, los pseudoliteratos, los solares de La ciudad del sol, el humilde cofre de plomo y la libra de carne, lo bello como el objeto contemplado sin interés alguno, el arte por el arte o la fealdad de lo útil, figuras todas ellas de la apuesta por la qualitas frente a la quantitas.
Con ellas Nuccio Ordine traza una oda rigurosa y sensata a la cultura. Recupera a Pseudo Longino para recordarnos que el lucro nos infecta, que la avaricia envilece y marchita la grandeza espiritual, sin olvidar a la vez las palabras de George Steiner, quien nos avisa de que de la cultura conviene también desconfiar porque no nos pone a salvo. Tantas veces hemos visto pensadores y artistas cómplices o indiferentes ante grandes o pequeñas barbaries. Se trata del difícil equilibrio entre el saber y lo ético. Sin embargo, en cualquier caso, como Italo Calvino afirma en ese mosaico orgánico que es el breve manual de Ordine, leer a los clásicos es mejor que no leerlos, porque ciertamente la cultura no ofrece garantías, pero es la única oportunidad para proteger y conquistar nuestra dignitas hominis.
Inteligente Ordine, no desdeña la ciencia como pudiera creerse por su inclinación a la literatura, sino muy al contrario subraya la necesaria alianza entre los científicos y los humanistas, para huir de la expansiva y dominante ultraespecialización, y los hace necesarios partícipes y cómplices en la batalla contra la dictadura del beneficio. Denuncia asimismo los estragos causados por la lógica de la obsesión de la producción, que preside la enseñanza, la investigación y las actividades culturales, como también lo hace con la manifiesta modificación de las universidades en empresas y los estudiantes en clientes. Si no fuera por su marcada propuesta de intervención social, la atención a lo inútil del filósofo pareciera a veces un recordatorio franciscano, una invitación a la posibilidad de un despojamiento, que en el extremo recuerda al del Bajísimo de la magnífica escritura de Christian Bobin, que abandona sus ricos ropajes en una próspera Asis, o al Cyrano duelista, quien afirma: “Nadie se bate por sacar provecho. No, lo noble es batirse por nada”. Y así es, una nada que es inútil y por ello extremadamente útil. Ordine subtituló su libro Manifiesto, como una declaración, un propósito de vida, una propuesta, una denuncia, una invitación a escuchar a los que saben y a seguir el camino de la buena vida, la de calidad.
Ordine ha muerto por sorpresa. Ordine ha muerto por sorpresa. Dos días más tarde, también en Italia, murió Silvio Berlusconi. También él dejó un manifiesto, pero en este caso en la forma de bunga bunga. Qué extraña es la muerte que aúna en el tiempo lo absolutamente dispar.




































viernes, 30 de junio de 2023

[ARCHIVO DEL BLOG] Utoya y el mal de Breivik. [Publicada el 08/08/2019]









Los criminales actuales, acabamos de verlo en Dayton y El Paso hace unos días, "matan por matar, por destruir; por el poder de determinar quien debe sobrevivir". Lo dijo el profesor alemán Hans Magnus Enzensberger, sobre los atentados del 22 de julio de 2011 en la isla noruega de Utoya, donde ese día, de la mano de Anders Breivik, se produjo el peor atentado terrorista de la historia de ese país. El periodista Jesús Mota lo recrea comentando la película "Utoya, 22 de julio", del director noruego Nick Poppe, estrenada el pasado mes de julio.
"Utoya, 22 de julio", comienza diciendo Mota, la película del noruego Nick Poppe, está construida con la apariencia formal de un largo plano secuencia prendido de los avatares de una joven, testigo y víctima de la matanza perpetrada por el neonazi Anders Behring Breivik. La isla de Utoya, de 0,14 kilometros cuadrados de extensión, se convirtió en aquella fecha de 2011 en un matadero sin remisión ni salida. Breivik irrumpió armado en el campamento de las Juventudes Laboristas, donde pasaban sus vacaciones 560 jóvenes y mató a 77 disparando a placer durante 72 minutos. Sin prisas, sin pausas, con la determinación del cazador pero con la ética de un fumigador para quien las personas son solo insectos (“debéis morir, debéis morir todos”, iba salmodiando entre disparos), rastreó a los jóvenes inermes y los fue asesinando en el lapso de tiempo que le permitió la tardía intervención policial.
La estrategia narrativa de Poppe se aproxima de forma indirecta, aunque radical, a la matanza. El asesino Breivik aparece en dos breves trazos, rotundos pero lejanos, difuminados por el miedo de sus observadores. No es necesario más; los resortes de su personalidad psicótica los encontramos en el terror de las víctimas. Hans Magnus Enzensberger emitió un dictamen pericial sobre los Breivik que proliferan como virus malignos en las sociedades contemporáneas: “Los criminales actuales carecen de convicción y de credo. Matan por matar, por destruir. Por el poder de determinar quién debe sobrevivir”. En el filme, el rostro del terror está vacío, es una página en blanco detrás de la cual aparece la matanza sacrificial. La escritura letal del asesino está en el rostro de los asesinados.
Utoya despliega los efectos de ese terror sagrado causado por el asesino sin rostro (sin motivo). La sorpresa, la confusión, la desbandada, el desorden mental y en la conducta, la paralización de la voluntad, la incapacidad para hacer frente al monstruo merodeador, la infantilización de las reacciones y, por fin, la muerte. El recorrido en plano secuencia envuelve en un continuo las fases de la infección del mal en una sociedad que no está preparada para una violencia inmotivada. Es el mal de Breivik, que infecta también al espectador. Como diría John Keane, una vez contemplado el horror desde la sala o en las páginas de un diario, ¿cuánto tiempo se mantiene en la conciencia la empatía con la víctima? Y ahora, como decía Sócrates, Ιωμεν: nos vamos. Sean felices, por favor, a pesar de todo. Tamaragua, amigos. HArendt












De la tautología electoral





 


Hola, buenas tardes de nuevo a todos y feliz viernes. Mi propuesta de lectura de prensa para hoy, de la filóloga Lola Pons, va de la tautología electoral. Se la recomiendo encarecidamente y espero que junto con las viñetas que la acompañan, en palabras de Hannah Arendt, les ayude a pensar para comprender y a comprender para actuar. Sean felices, por favor, aun contra todo pronóstico. Nos vemos mañana si la diosa Fortuna lo permite. Tamaragua, amigos míos.
harendt.blogspot.com










Unas elecciones son unas elecciones
LOLA PONS RODRÍGUEZ
24 JUN 2023 - El País
harendt.blogspot.com

Google a veces me toma el pelo. Si tecleo “Londes”, así, sin erre, el motor de búsqueda es tan listo como para responderme: “Quizás quisiste decir: Londres”, pero si busco “recursividad”, sin error alguno, Google me contesta: “Quizás quisiste decir: recursividad”, exactamente lo mismo que he buscado. Ser recursivo es repetirse indefinidamente, de modo que en alguna oficina de Mountain View, en California, un grupo de programadores se ha tomado la licencia de burlarse de la propiedad de la recursividad incluyéndola en la propia definición de su búsqueda. El bucle es tan infantil como tierno, y me saca la sonrisa cuando entro a comprobar si sigue funcionando.
¿Qué pensaría sobre esa broma de Google la señora de este cuadro que tengo ante mí? La señora es la escritora Gertrude Stein (1874-1946), Picasso la pintó en un retrato que se exhibe en el Met de Nueva York. La plasmó sentada, con una mano sobre la rodilla y la otra ligeramente caída sobre una pierna, doblada como quien saca el cuello para mirar un instante quién está asomando por la puerta. Los ojos elípticos cubistas contrastan con el fondo malva de la época rosada que Picasso estaba dejando atrás. El ademán duro, de trago de cicuta, le da aspecto de persona en conflicto. No reconozco en este cuadro la levedad que observo en el aforismo que ella escribió y cumple un siglo este año: “Rosa es una rosa es una rosa es una rosa”, la frase donde la primera Rosa parece el nombre de una persona. El enunciado se hizo famosísimo pese a su futilidad transparente: la mera invocación del nombre quiere despertar las emociones asociadas a la flor. Stein ya había escrito unas memorias de su vida universitaria con un título tan simple como Things as they are (1903, Las cosas como son) donde mostraba sus dificultades en el siglo que se abría y dejaba ver su contradictoria personalidad.
En lógica, el principio de identidad proclama que una entidad es idéntica a sí misma, es decir, que, por ejemplo, esa farola es idéntica a esa farola. Esto es un principio básico del pensamiento, pero cuando esa identidad se aprovecha retóricamente, el resultado es una afirmación que se reitera a sí misma y que no sale de su propia lógica interna: cae en la tautología. Una tautología reafirma lo dicho, presenta algo como necesariamente verdadero porque no se expresa otra cosa que su existencia. Son tautológicas esas definiciones al estilo “un gol es un gol”, expresadas con rotundidad pero sin profundidad argumentativa. La tautología, es evidente, pretende decir más de lo que dice: juega con las evocaciones y el imaginario que se asocia a algo. La recursividad que me hace reír en la tontuela maniobra de Google es menos profunda, más simple que las dos citas aparentemente fáciles de Stein: las cosas como son, una rosa es una rosa.
La tautología como recurso retórico se ha prodigado con alegría en la política española desde hace una década: “Sí es sí” ha sido el lema de la ley que ha simbolizado el límite de este Gobierno de coalición; “la pela es la pela” compendió en sus cinco palabras en qué aterriza la a veces inasible reclamación identitaria de los nacionalismos en España; “las víctimas son víctimas” es la generalización de la ultraderecha al minimizar la violencia machista. De Rajoy fueron tautologías muy burladas en las redes sociales como, hablando de los tratados europeos, “un vaso es un vaso y un plato es un plato”, y en cambio, fue mucho más informativo un principio de no identidad, nada tautológico, que formuló durante las negociaciones sobre el plan de rescate para el sector financiero español en 2012: el famoso “España no es Uganda”. Pese al mar de tautologías dichas en mítines o discursos parlamentarios, observen que ninguno de los perdedores en la última noche electoral pronunció frases del estilo “los resultados son los resultados”, porque la cámara de eco de la tautología, en su simpleza, no dejaría espacio para coartadas.
Habrá quien piense que una tautología cada cuatro años no hace daño, que cada color político genera la suya, pero es sospechoso que no hayamos tenido tantos eslóganes de este tipo en el debate político hasta esta última década, justo con el renacer de los populismos. Estas frases huelen a lo peor de esa nueva tendencia de discurso vacío y marcos narrativos simples: la apariencia de que hay “verdades de cajón” que están por encima de las ideologías y que no son discutibles. Es política de Perogrullo, de referencialidad escasa, la que aspira a generar sus lemas en esta simpleza del principio de identidad que late en toda tautología. El gran abismo de la política es, de hecho, que sea recursiva, que sobrerrepresente los absolutos, que no matice. Y aquí yo podría teclear una frase del estilo: “un discurso honesto debería ser un compromiso político”. Pero Google, faltón, me contestaría: “Quizás quisiste decir: unas elecciones son unas elecciones”.