sábado, 27 de septiembre de 2025

DE LAS ENTRADAS DEL BLOG DE HOY SÁBADO, 27 DE SEPTIEMBRE DE 2025

 






Hola, buenos días de nuevo de todos y feliz sábado, 27 de septiembre de 2025. El riesgo ante el despliegue de tropas en las ciudades es que nuestro respeto automático por lo militar nos arrastre sin darnos cuenta hacia el fascismo, escribe en la primera de las entradas del blog de hoy el historiador estadounidense Timothy Snyder. En la segunda, un archivo del blog de septiembre de 2017, el exministro y exsecretario general de la OTAN, Javier Solana escribía que lo más seguro es que la era Trump-Xi se caracterizara por una competencia estratégica cada vez más intensa entre Estados Unidos y China. El poema del día, en la tercera, se titula El mono exterior, está escrito por el poeta chileno Roberto Bolaño, y comienza con estos versos: ¿Te acuerdas del Triunfo de Alejandro Magno, de Gustave Moreau?/La belleza y el terror, el instante de cristal en que se corta/la respiración. Pero tú no te detuviste bajo esa cúpula. Y la cuarta y última, como siempre, son las viñetas de humor, pero ahora, como decía Sócrates, "ἡμεῖς ἀπιοῦμεν" (nos vamos); volveremos a vernos mañana si las Euménides y la diosa Fortuna lo permiten. Sean  felices, por favor. Tamaragua, amigos míos. HArendt














DE LAS DEMOSTRACIONES FASCISTOIDES DE TRUMP

 








El riesgo ante el despliegue de tropas en las ciudades es que nuestro respeto automático por lo militar nos arrastre sin darnos cuenta hacia el fascismo, escribe en El País [La demostración de fuerza de Trump, 25/09/2025] el historiador estadounidense Timothy Snyder. En los nueve meses transcurridos desde el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca, comienza diciendo Snyder, se ven ya con bastante claridad los objetivos generales de su agenda: debilitar la posición de Estados Unidos en el extranjero para crear un entorno propicio a los dictadores y, al mismo tiempo, utilizar el Gobierno y las fuerzas armadas estadounidenses para establecer una dictadura en el país. ¿Lo conseguirá?

El éxito del plan de Trump depende de cómo lo veamos o, mejor dicho, de que decidamos verlo o no. En el peor de los casos, los estadounidenses decidirán no darse cuenta de nada, mirarán hacia otro lado mientras las redadas de inmigración se llevan a rastras a sus vecinos y colegas y el Gobierno militariza las ciudades; y luego fingirán que no había más remedio que abandonar la democracia. Se encontrarán pretextos. Ya se utilizan, sobre todo al ritmo de las constantes mentiras sobre la delincuencia urbana y —como hemos visto después del asesinato del activista de derechas Charlie Kirk— la explotación selectiva de la violencia política.

No cometamos el error de confundir los pretextos con las razones políticas de fondo. Que Estados Unidos haga la transición al autoritarismo depende de nosotros. En el paradigma de Trump, todo esto es un reality show y nosotros no somos más que meros extras sin importancia, sin diálogo, siempre en segundo plano.

Podríamos decir que es una “demostración de fuerza”. Así es como se ha calificado (con demasiada frecuencia) el despliegue de la Guardia Nacional (y los marines) en varias ciudades estadounidenses. ¿Pero qué tipo de fuerza? ¿Y qué tipo de demostración? ¿Qué podemos hacer que no sea limitarnos a verlo como un espectáculo en el que no tenemos ningún papel?

Los despliegues militares son ilegales, desde luego, y están concebidos para intimidar. Aunque la total sumisión del Tribunal Supremo actual a Trump significa que las demandas que se presenten no llegarán a ninguna parte, es indudable que las órdenes que se están dando a los soldados rompen con el precedente histórico —y justamente valorado— de que las fuerzas armadas no deben desempeñar tareas policiales. Desplegar tropas con ese propósito pervierte la razón de poseer un ejército, que es defender al país de ataques externos.

Sin embargo, la intimidación depende en gran medida de nosotros. ¿Vamos a amilanarnos?. Muchas personas, como los trabajadores indocumentados —o quienes tienen un aspecto físico que parece encajar en ese perfil— tienen motivos de peso para tener miedo y no querer meterse en líos. Pero muchos otros, los ciudadanos y, en especial, quienes ocupan cargos electos en los estados, tenemos la obligación de pensar y reaccionar con imaginación.

Para empezar, debemos negarnos a que nos atrapen en el “espectáculo”. El riesgo es que nuestro respeto automático por lo militar nos arrastre sin darnos cuenta hacia el fascismo. A las tropas les beneficia su simbolismo patriótico. Pero, si están perdiendo el tiempo en nuestras ciudades, no están defendiendo el país. Usar imágenes de soldados atractivos para ilustrar las informaciones de esta invasión del propio territorio no es una decisión neutral de los medios. Por el contrario, fomenta la idea de que, al fin y al cabo, los militares se limitan a “obedecer órdenes” y cumplir con su deber patriótico.

Estos despliegues urbanos son el equivalente político de una mecha encendida. Al enviar tropas a las ciudades, el Gobierno de Trump aumenta las probabilidades estadísticas de que ocurra algo —el suicidio de un soldado, un incidente de fuego amigo, disparos contra un manifestante— que se pueda utilizar para fabricar una crisis mayor.

Para evitarlo, debemos ver adónde conduce la pasividad. Si a nuestros amigos y familiares que están en las fuerzas armadas no les dejamos claros los riesgos que corren, seremos cómplices de su utilización y manipulación al servicio del autoritarismo. Si nos dejamos amedrentar por la “demostración de fuerza” de Trump, estaremos ayudándole en un proceso que no puede llevar a cabo por sí solo.

Escribo estas líneas en Dnipró (Ucrania) durante una alerta aérea. He venido por motivos académicos y el proyecto de historia que me ha traído se ha complicado porque algunos colegas están movilizados y otros no consiguen dormir debido a los misiles y los drones. Sin embargo, todos han acudido.

Cuento esto para situar las cosas en perspectiva. Rusia ha invadido Ucrania. Nadie está invadiendo Estados Unidos. Los únicos que podemos invadirnos somos nosotros mismos.

Y que eso suceda o no depende de que decidamos ser conscientes de la lógica general, llamar a las cosas por su nombre, hablar entre nosotros y emprender la tarea de defender la democracia, la decencia y los valores humanos. La pregunta, por supuesto, es si es posible encauzar el coraje cívico para plasmarlo en una resistencia democrática eficaz.

El sistema federalista de Estados Unidos ofrece motivos para la esperanza. Desde que el Congreso promulgó las leyes de los derechos civiles en los años sesenta, con el fin de desmantelar el orden político racista en el sur del país, el Partido Republicano ha adoptado siempre la defensa de “los derechos de los Estados” como lema y estrategia frente a la autoridad federal. Ahora las tornas han cambiado: los republicanos apoyan sin reservas que Trump utilice el poder federal contra las universidades, los medios de comunicación, los bufetes de abogados y las ciudades, mientras que los gobernadores demócratas se están convirtiendo en un bastión antiautoritario. Por ejemplo, el rechazo del gobernador de Illinois, J. B. Pritzker, al despliegue de tropas de la Guardia Nacional en Chicago obligó a Trump a dar marcha atrás (por lo menos de momento).

Esta negativa a aplicar la política del Gobierno federal, que algunos denominan “secesión blanda”, es el preludio de un enfrentamiento entre los gobiernos estatales y el Gobierno de Washington en cuestiones como la organización de las elecciones, la salud pública e incluso el cambio climático. Del resultado de ese pulso puede depender el destino de la democracia estadounidense e incluso el de los propios Estados Unidos. Timothy Snyder, autor y editor de 20 libros, ocupa la primera cátedra de Historia Europea Moderna en la Escuela Munk de Asuntos Globales y Políticas Públicas de la Universidad de Toronto y es miembro permanente del Instituto de Ciencias Humanas de Viena. Su último libro es Sobre la libertad (Galaxia Gutenberg).




















ARCHIVO DEL BLOG. UNA VACANTE EN EL LIDERAZGO GLOBAL. PUBLICADO EL 24/09/2017

 






Lo más seguro es que la era Trump-Xi se caracterice por una competencia estratégica cada vez más intensa entre Estados Unidos y China escribe en El País [Una vacante en el liderazgo global, 24/09/2017] el exministro y exsecretario general de la OTAN, Javier Solana. Si hay dos países cuya política económica ha estado en el blanco de las críticas del presidente Trump, esos son Alemania y China, comienza diciendo Solana. Mientras que los Estados Unidos son el país con mayor déficit por cuenta corriente del mundo, Alemania y China se encuentran en el extremo opuesto de la lista, lo cual irrita sobremanera a amplios sectores de la actual Administración estadounidense.

El principal asesor de Donald Trump sobre cuestiones comerciales, Peter Navarro, ha sugerido que el Gobierno chino sigue manipulando a la baja el valor del yuan. Asimismo, ha culpado al Gobierno alemán de “explotar” a Estados Unidos y a sus socios europeos a través de un euro infravalorado, unas palabras que asombran más si cabe por ir dirigidas a un país aliado. El consenso de los economistas es que, en la actualidad, el grueso de las acusaciones de Navarro carece de fundamento. Trump, como es habitual en él, ha dado algunos vaivenes en su apoyo a dichas acusaciones, pero siempre dejando entrever que sus suspicacias se mantienen.

Desde la elección de Trump, otra de las listas que encabezan Alemania y China es la de candidatos a reemplazar a los Estados Unidos como líder mundial. Aunque exista mucho menos consenso sobre esta delicada cuestión, y aunque se trate de países profundamente distintos, son muchos los que ven a la canciller Angela Merkel y al presidente Xi Jinping como referentes internacionales que cotizan al alza. No deja de ser una curiosa coincidencia, pues, que ambos mandatarios se enfrenten estos días a sus citas más importantes a nivel doméstico: las elecciones federales de Alemania y el Congreso quinquenal del Partido Comunista Chino.

Empecemos por Alemania. Este domingo, se espera que Merkel obtenga con claridad su cuarta victoria electoral, lo cual le brindaría la oportunidad de igualar los 16 años de Helmut Kohl como canciller alemán, una cifra superada únicamente por Otto von Bismarck. El debate público ha estado marcado por la política de “puertas abiertas” que implementó el Gobierno de Merkel durante la crisis de los refugiados, y que la ha expuesto a feroces ataques —los más sonados, por parte del propio Trump—. La apuesta de la canciller dio fuelle a la extrema derecha, que salvo sorpresa accederá al Bundestag por primera vez desde la Segunda Guerra Mundial a través del partido Alternativa para Alemania.

Pero afortunadamente para Merkel, y también para los valores humanitarios en cuya defensa no cejó, finalmente su decisión parece no haberle pasado excesiva factura entre el electorado. Tras venir arrastrando una caída en las encuestas desde verano de 2015, todo apunta a que el temporal que azotaba a los democristianos germanos ha remitido. Como colofón, la postura que asumió Merkel ha conseguido reforzar su popularidad entre los votantes más jóvenes.

En las postrimerías del siglo XX, la Secretaria de Estado Madeleine Albright definió a Estados Unidos como “la nación indispensable”. Recientemente, el semanario The Economist se refirió a Merkel como “la europea indispensable”. Como advirtió la propia Merkel, sería “grotesco” esperar de ella que pretenda erigirse en la abanderada del internacionalismo liberal. Alemania, muy condicionada por su historia, sigue mostrándose reticente a reclamar un gran protagonismo en la esfera internacional. Pero a escala europea, siempre que se confirme su reelección, no cabe duda de que la canciller puede —y debe— labrarse un legado que vaya en consonancia con su talla política. Con Emmanuel Macron en el Elíseo y las elecciones alemanas en el retrovisor, habrá llegado el momento de adoptar medidas que doten de mayor vigor y equilibrio a la Unión Europea.

Mientras tanto, en el otro lado del planeta, Xi Jinping también se está jugando su legado. A mediados de octubre dará comienzo el XIX Congreso del Partido Comunista de China (PCCh), un acontecimiento que girará en torno a la figura cada vez más imponente de Xi. No en vano, desde el año pasado Xi está oficialmente considerado como “núcleo” del partido, un título que su predecesor Hu Jintao no llegó a obtener jamás.

En el XIX Congreso, los delegados del PCCh elegirán a su nuevo Comité Central, que a su vez deberá designar a los más altos cargos del partido. La reelección de Xi como secretario general se da por hecha, y la mayoría de analistas vaticinan que el líder chino continuará rodeándose de fieles aliados, un propósito hacia el que ya ha avanzado bajo el amparo de su muy politizada y publicitada campaña contra la corrupción.

Wang Qishan, mano derecha de Xi y responsable de dicha campaña, sacó a colación en 2015 la cuestión de la “legitimidad” del PCCh, otrora considerada tabú. La economía china lleva algunos años de ralentización y, ante el nuevo escenario que se abre con ello, el PCCh sabe que debe ingeniárselas para garantizarse el respaldo social. La lucha contra la corrupción constituye un elemento central del nuevo relato legitimador, así como el nacionalismo que promulga hoy en día el PCCh, y que se manifiesta en una política exterior más asertiva. Queda por ver si un Xi afianzado durante su segundo mandato —que, según dicta la costumbre, debería ser el último— aprovechará también para impulsar ambiciosas reformas económicas, y qué perfil público pretende adoptar a partir de 2022.

En el plano exterior, Xi ha dado algunas muestras de que no descarta opositar a la posición de liderazgo que Estados Unidos había ocupado hasta ahora. Sin embargo, para tener éxito China necesitaría incrementar significativamente su “poder blando” y tejer una red de socios de la que por el momento carece, tareas que el creciente nacionalismo chino dificulta.

Lo más seguro es que la era Trump-Xi se caracterice por una competencia estratégica cada vez más intensa entre Estados Unidos y China, como ya se desprende de la crisis de Corea del Norte. ¿Evitarán otros países como la Alemania de Merkel –o, más generalmente, la Unión Europea— que se erosione en exceso la cooperación entre grandes potencias en los años venideros? De la respuesta dependerá que exista algo parecido a un “orden” en el panorama internacional. Javier Solana es distinguished fellow en la Brookings Institution y presidente de ESADEgeo, el Centro de Economía y Geopolítica Global de ESADE.




















DEL POEMA DE CADA DÍA. HOY, EL MONO EXTERIOR, DE ROBERTO BOLAÑO

 







EL MONO EXTERIOR




¿Te acuerdas del Triunfo de Alejandro Magno, de Gustave Moreau?

La belleza y el terror, el instante de cristal en que se corta

la respiración. Pero tú no te detuviste bajo esa cúpula

en penumbras, bajo esa cúpula iluminada por los feroces

rayos de armonía. Ni se te cortó la respiración.

Caminaste como un mono infatigable entre los dioses

pues sabías -o tal vez no- que el Triunfo desplegaba

sus armas bajo la caverna de Platón: imágenes,

sombras sin sustancia, soberanía del vacío. Tú querías

alcanzar el árbol y el pájaro, los restos

de una pobre fiesta al aire libre, la tierra yerma

regada con sangre, el escenario del crimen donde pacen

las estatuas de los fotógrafos y de los policías, y la pugnaz vida

a la intemperie. ¡Ah, la pugnaz vida a la intemperie!




ROBERTO BOLAÑO (1953-2003)

escritor chileno

























DE LAS VIÑETAS DE HUMOR DE HOY SÁBADO, 27 DE SEPTIEMBRE DE 2025

 



























viernes, 26 de septiembre de 2025

DE LAS ENTRADAS DEL BLOG DE HOY VIERNES, 26 DE SEPTIEMBRE DE 2025

 






Hola, buenos días de nuevo a todos y feliz viernes, 25 de septiembre de 2025. Esta mañana, en la ciudad de Nueva York, las Naciones Unidas inauguraron su Asamblea General, conmemorando el 80.º aniversario de su fundación. El día comenzó con un Debate General, la reunión en la que los jefes de Estado y de gobierno exponen sus posiciones y prioridades en una era de desafíos globales cambiantes y complejos, comienza diciendo en la primera de las entradas del blog de hoy la historiadora estadounidense Heather Cox Richardson. En la segunda, un archivo del blog de octubre de 2019, la filósofa Amelia Valcárcel, comenta que nos estamos acostumbrando tanto a votar, que corremos el riesgo de votar en unas elecciones como en un concurso, pero que la mayor parte de la población de la Tierra, no vive en democracias, ni siquiera imperfectas, y que hasta hace meramente un siglo lo de votar era una actividad casi desconocida. El poema del día, en la tercera, se titula Dama extraña, está escrito por la poetisa española Julia Uceda, y comienza con estos versos: "En la ciudad donde la lluvia/es una dama extraña/que viniera de paso y sin propósito,/me dijo, después de larga ausencia: “Yo no entiendo/tus poemas, ahora”. Y la cuarta y última, como siempre, son las viñetas de humor, pero ahora, como decía Sócrates, "ἡμεῖς ἀπιοῦμεν" (nos vamos); volveremos a vernos mañana si las Euménides y la diosa Fortuna lo permiten. Sean  felices, por favor. Tamaragua, amigos míos. HArendt













TRUMP EN LA ONU

 









Esta mañana, en la ciudad de Nueva York, las Naciones Unidas inauguraron su Asamblea General, conmemorando el 80.º aniversario de su fundación. El día comenzó con un Debate General, la reunión en la que los jefes de Estado y de gobierno exponen sus posiciones y prioridades en una era de desafíos globales cambiantes y complejos, comienza diciendo en su blog Cartas de un americano [23 de septiembre de 2025, 24/09/2025] la historiadora estadounidense Heather Cox Richardson

El Secretario General de las Naciones Unidas, António Guterres, inauguró el debate recordando a la audiencia que los líderes que vivieron los horrores de la Segunda Guerra Mundial crearon la organización para prevenir otra conflagración similar, estableciendo «la cooperación sobre el caos, la ley sobre la anarquía, la paz sobre el conflicto». Era, dijo, «una estrategia práctica para la supervivencia de la humanidad».

“Ochenta años después”, dijo, “nos enfrentamos nuevamente a la pregunta que afrontaron nuestros fundadores, solo que más urgente, más entrelazada, más implacable: ¿Qué tipo de mundo elegimos construir juntos?”

Advirtió que «hemos entrado en una era de disrupción temeraria», en la que «los principios de las Naciones Unidas… están bajo asedio». ¿Elegiremos «un mundo de poder puro o un mundo de leyes? ¿Un mundo de lucha por el interés propio o un mundo donde las naciones se unen? ¿Un mundo donde la fuerza dicta la ley o un mundo de derechos para todos?»

Guterres instó a los Estados miembros a elegir “la paz basada en el derecho internacional”, “la dignidad humana y los derechos humanos”, “la justicia climática”, “poner la tecnología al servicio de la humanidad” y “fortalecer a las Naciones Unidas para el siglo XXI”.

Guterres recordó que pasó su juventud en Portugal «en la oscuridad de la dictadura, donde el miedo silenció las voces y la esperanza fue casi aplastada. Sin embargo, incluso en los momentos más sombríos, especialmente entonces, descubrí una verdad que nunca me ha abandonado: el poder no reside en manos de quienes dominan o dividen. El verdadero poder reside en las personas, en nuestra determinación compartida de defender la dignidad, la igualdad y la fe firme en nuestra humanidad común y en el potencial de cada ser humano».

Aprendí desde muy joven a perseverar. A alzar la voz. A negarme a rendirme, sin importar el desafío, sin importar el obstáculo, sin importar la hora. Debemos vencer, y lo haremos.

El presidente Donald J. Trump también se dirigió a los líderes mundiales reunidos, invitados de Estados Unidos.

Comenzó quejándose de que el teleprompter no funcionaba y también mencionó que una escalera mecánica en la que él y la primera dama Melania Trump habían estado viajando se había detenido poco después de que subieran a ella.

El discurso de Trump continuó describiendo un mundo de fantasía en el que él solo había salvado al mundo. Afirmó haber forjado la paz en dos continentes durante su primer mandato, pero dijo que «una era de calma y estabilidad dio paso a una de las mayores crisis de nuestro tiempo». Luego, se dirigió a Estados Unidos, afirmando que «cuatro años de debilidad, anarquía y radicalismo bajo la última administración llevaron a nuestra nación a una serie repetida de desastres. Hace un año», dijo, «nuestro país estaba en serios problemas, pero hoy, tan solo ocho meses después de mi administración, somos el país más caluroso del mundo y no hay otro país que se le acerque. Estados Unidos tiene la fortuna de tener la economía más fuerte, las fronteras más sólidas, el ejército más fuerte, las amistades más sólidas y el espíritu más fuerte de cualquier nación sobre la faz de la tierra».

Y ese fue el marco para la siguiente hora de alardes e insultos.

Trump afirmó haber revertido la "calamidad económica" dejada por el expresidente Joe Biden. Dijo que había reducido los costos y la inflación, y que tanto el crecimiento económico como la manufactura estaban en auge. Aseguró que, en sus cuatro años, Biden había atraído menos de un billón de dólares en inversiones, mientras que él había conseguido 17 billones. Los recortes de impuestos y la desregulación, dijo, habían convertido a Estados Unidos en "el mejor país del mundo para hacer negocios".

“En mi primer mandato, construí la mayor economía de la historia del mundo”, dijo. “Tuvimos la mejor economía de la historia, y estoy haciendo lo mismo de nuevo, pero esta vez es mucho mayor y aún mejor. Las cifras superan con creces las de mi primer mandato, que batió récords”.

Trump afirmó: «En el escenario mundial, Estados Unidos vuelve a ser respetado como nunca antes. Piensen en que hace dos, tres, cuatro o un año éramos el hazmerreír del mundo entero».

Afirmó que su administración “ha negociado un acuerdo comercial histórico tras otro” y que “en tan solo siete meses, he puesto fin a siete guerras interminables. Dijeron que eran interminables. Nunca se resolverán… Ningún presidente ni primer ministro, y de hecho, ningún otro país, ha hecho jamás nada parecido, y yo lo hice en tan solo siete meses. Nunca había sucedido antes. Nunca había habido nada parecido. Es un gran honor haberlo hecho”.

Continuó: «Es una lástima que yo tuviera que hacer estas cosas en lugar de que las Naciones Unidas las hicieran. Y, lamentablemente, en todos los casos, las Naciones Unidas ni siquiera intentaron ayudar en ninguno de ellos. Terminé siete guerras, negocié con los líderes de todos y cada uno de estos países y ni siquiera recibí una llamada de las Naciones Unidas ofreciéndose a ayudar a cerrar el acuerdo. Lo único que recibí de las Naciones Unidas fue una escalera mecánica que, al subir, se detuvo justo a la mitad. Si la Primera Dama no hubiera estado en plena forma, se habría caído. Pero está en plena forma. Ambos estamos en plena forma, ambos nos mantuvimos en pie».

Luego volvió a las Naciones Unidas. «Siendo así, ¿cuál es el propósito de las Naciones Unidas? La ONU tiene un potencial enorme. Siempre lo he dicho. Tiene un potencial enorme, pero ni siquiera se acerca a alcanzarlo».

Afirmó que “todo el mundo dice que yo debería recibir el Premio Nobel de la Paz”, y después de desviarse hacia una queja de que las Naciones Unidas no lo habían elegido para renovar el complejo de la ONU hace años, atacó a la ONU por “no resolver los problemas que debería”, así como por “crear nuevos problemas para que los resolvamos”.

Luego, se refirió al programa nacionalista blanco de su administración. Culpó a la “migración descontrolada” de arruinar “sus países” y culpó a las Naciones Unidas de financiar dicha migración. “En Estados Unidos, rechazamos la idea de que se permita que cantidades masivas de personas de países extranjeros viajen al otro lado del mundo, pisoteen nuestras fronteras, violen nuestra soberanía, provoquen una delincuencia generalizada y debiliten nuestra red de seguridad social”, dijo. “Están destruyendo sus países. Están siendo destruidos. Europa está en serios problemas. Han sido invadidos por una fuerza de inmigrantes ilegales como nunca antes se había visto. Los inmigrantes ilegales están llegando a Europa en masa, y nadie hace nada para cambiarlo, para expulsarlos. No es sostenible”.

Afirmó que Londres tiene un alcalde terrible —el alcalde Sadiq Khan es musulmán y de ascendencia pakistaní—, que ha cambiado muchísimo y que quieren la sharia. Explicó extensamente cómo la inmigración está destruyendo Europa y lo peligrosos y criminales que son los inmigrantes. Les dijo a los asistentes: «Soy muy bueno en esto. Sus países se están yendo al infierno».

Luego se centró en otra de sus prioridades: los combustibles fósiles. "La energía es otro ámbito en el que Estados Unidos prospera como nunca", dijo. "Nos estamos deshaciendo de las falsamente llamadas energías renovables". Tras otra larga perorata sobre las energías renovables, añadió: "Si no se libran de esta estafa verde, su país va a fracasar. Y soy muy bueno prediciendo cosas. De hecho, durante la campaña dijeron, tenían un sombrero, el sombrero más vendido: Trump tenía razón en todo. Y no lo digo con presunción, pero es cierto. He tenido razón en todo".

El discurso fue una oscura fantasía de narcisismo y nacionalismo cristiano que atacó la esencia misma de las Naciones Unidas. Tras ello, algunos periodistas demolieron las descabelladas afirmaciones de Trump, mientras que otros lamentaron su destrucción de la diplomacia al reprender a nuestros amigos y aliados durante su estancia en nuestro país. Pero fue el periodista de asuntos exteriores Ishaan Tharoor quien captó la esencia del discurso de Trump.

“Un diplomático extranjero de alto rango destinado en la ONU me envía un mensaje de texto”, escribió Tharoor: “Este hombre está completamente loco. ¿Acaso los estadounidenses no ven lo vergonzoso que es esto?”.

Los leales a Trump se plantearon esta noche la idea de que alguien había saboteado al presidente al detener la escalera mecánica y el teleprompter. La secretaria de prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, declaró a Jesse Watters, presentador de Fox News Channel, que parecía un sabotaje y que ella personalmente se encargaría de que se rindiera cuentas. Por su parte, el senador Mike Lee (republicano por Utah), leal a Trump, pidió que se desfinanciara a la ONU por "orquestar fallas en la escalera mecánica y el teleprompter".

El corresponsal de Associated Press en las Naciones Unidas, Farnoush Amiri, informó que «un funcionario de la ONU afirmó que la ONU entiende que alguien del grupo del presidente que se le adelantó activó inadvertidamente el mecanismo de parada de la escalera mecánica. El funcionario, que habló bajo condición de anonimato, afirmó que la Casa Blanca estaba operando el teleprompter para Trump». Heather Cox Richardson es una historiadora estadounidense que trabaja como profesora de historia en el Boston College, donde imparte cursos sobre la Guerra de Secesión, la Reconstrucción, el Oeste americano y los indios de las llanuras.













DEL ARCHIVO DEL BLOG. VOTAR: LA ESENCIA DE LAS DEMOCRACIAS. PUBLICADO EL 02/10/2019

 






Tanto nos estamos acostumbrando a votar, comenta la filósofa Amelia Valcárcel,  que corremos el riesgo de votar en unas elecciones como en un concurso. La mayor parte de la población de la Tierra, comienza diciendo, no vive en democracia, ni siquiera en democracia imperfecta. Ahora. Hasta hace meramente un siglo lo de votar era una actividad casi desconocida, al igual que ahora es planetariamente poco frecuente. La democracia es más joven de lo que pensamos, no se trae de serie y no pertenece —pese a su racionalismo— al orden espontáneo de las cosas.
Su sinécdoque es el voto. Una democracia en que no se vote, en que no quepa elegir Parlamento o echar a un Gobierno puede adornarse con las palabras más felices, pero no lo es. Democracia es votar. Se puede hacer en caja, urna o cesto, pero hay que votar. Durante largo tiempo solamente se votó en los concilios y los monasterios. Recuerdo una exposición, asombrosamente buena, en Santo Domingo de la Calzada, por los años noventa. Había una caja pequeña y opaca que tenía una ranura y no era una hucha. Varios consejeros de Cultura de diversas autonomías, que no habían parado de hablar de fútbol desde el inicio del recorrido, la rodearon estupefactos. La reina Sofía preguntó ¿qué es? Murmullos. Se río y comentó: “Sería para votar”, lo que produjo muchas más risas. Pues sí; era para votar. El voto, una vez que cualquier rastro de demos se cerró, subsistió exclusivamente en cónclaves y monasterios. Allí encontró extraño refugio.
Ahora, que para más o menos la tercera parte de la humanidad es vida vivida, la democracia, vamos sabiendo, tiende a proliferar fuera de sus zonas adecuadas y acotadas. Se salta los límites del sistema político e invade las formas sociales. De todo debatimos. Votamos, como en el circo romano, para mantener en la arena al que gusta y echar al que disgusta. Tanto nos estamos acostumbrando a opinar y votar que corremos el riesgo de opinar de lo no opinable y votar en unas elecciones como en un concurso. Ne quid nimis, nada en demasía. Votar no sólo es una consulta, es la expresión directa de una voluntad. Convocar a menudo produce desafección y, si ésta avanza, la cosecha no la recoge la democracia, sino su pariente aciago, el populismo. Madame de Staël sentenció, cuando los juicios negros sobre la Ilustración arreciaban, que “las luces sólo se curan con más luces”. Lo que probablemente es cierto. Pero puede no serlo tanto que los males de la democracia se solucionen votando sin descanso. Porque el voto es lo radicalmente necesario, pero no es el contenido de la democracia. La democracia es un sistema de valores, de libertades e igualdades, y de garantías compartidas por las sociedades abiertas.
Con fundado temor estamos asistiendo a las tentaciones populistas que logran instalarse hasta en las democracias más sólidas y antiguas. El voto, además, comienza a producirse en masas de voluntad tan similares que se ganan o pierden elecciones por márgenes escasísimos. Por polarizado que aparezca, casi nunca conforma mayorías tan claras que no quepa obviarlas. Las distancias a menudo son tan escasas que se puede producir la parálisis. No nos ocurre solamente aquí, sino que comienza a convertirse en un caso corriente. Tales parálisis, de no existir previstos mecanismos diferentes, por ejemplo de doble vuelta, no alcanzan casi nunca solución volviendo a votar. Algunas democracias se empiezan a parecer a los departamentos universitarios, que están acostumbrados a vencer o perder por la mínima. En ellos ese efecto se produce por el demasiado conocimiento. En las democracias todavía no lo sabemos. Desde luego algo no es: no sucede que aquí, en las sociedades abiertas, estemos votando en demasía para compensar lo poco o nada que se vota en las autocracias y así ecualizar las cifras planetarias y llevarlas a buenos términos. No funciona así.
“Sociedades abiertas”, llamó Pop­per a las nuestras y me sigue pareciendo la mejor manera de nombrarlas. Lo seguirán siendo mientras la prudencia las habite. Pactar es más antiguo que votar, no cabe duda. Pactar es dar, pedir y repartir, que puede tener sus complicaciones, pero no mucha ciencia. En las democracias sus pactos tienen pocas partes que no queden sobre la mesa, aunque por debajo de ella se sigan cambiando algunos cromos. En los pactos hay siempre una chispa fulera, pero no son indignos en sí. A ellos nos hacemos desde la infancia. El Estado es un pacto, el dinero es un pacto, el comercio es un pacto. Quien no sepa ni espere hacerlos, dado lo que de las democracias venimos sabiendo, no debería competir. Y ahora, como decía Sócrates, Ιωμεν: nos vamos. Sean felices, por favor, a pesar de todo. Tamaragua, amigos. HArendt



















DEL POEMA DE CADA DÍA. HOY, DAMA EXTRAÑA, DE JULIA UCEDA

 







DAMA EXTRAÑA

 

En la ciudad donde la lluvia
es una dama extraña
que viniera de paso y sin propósito,
me dijo, después de larga ausencia: “Yo no entiendo
tus poemas, ahora”. Él quería
decir: “Se me escapó tu vida
y ya no sé quién eres: sólo a quién me recuerdas”.
¿Sabía quién él era, me pregunto yo, ahora, que tampoco
lo conocí aunque nada enmascarar sabía?
La dama extraña había realizado su trabajo
demoledor en los que a ella se acogieron.
Su hermosa luz, su equívoca alegría,
la fresca sombra, el homenaje de los siglos,
que la aturdían como un vino, el orgullo
feroz de ser quien soy recreada en sus blondas,
y la humildad de los fantasmas a quienes ella
arrodillaba, en aquel tiempo.
Los que nunca aceptaron,
en aquel tiempo,
la reducción a la ceniza, al lienzo oscuro
en el destello de sus ojos ciegos, no bastaron
para impedir que con su dedo
no borrase todo fulgor; para impedir que no arañase,
hasta el harapo, la fuente de preguntas de cal viva,
el miedo de cal viva y de cemento.
A todos los recuerdo, agrupados y jóvenes,
ignorando los brazos de esa dama, lenguas de sombra,
que hacia ellos se tendían.
El grupo
muestra ahora las imperfecciones de la felicidad,
las arbitrariedades y desmanes de los días,
su sorteo de muertes y de números
trucados; ellos serían
los agraciados con el signo
de una generación desperdiciada
en pueblos sin futuro, en futuro sin pueblo,
que verdaderamente ama lo que nunca
ha de ser desamado.
Y han muerto, de otro modo,
los que saben y viven. Como aquellos
a cuyas dudas no podremos
ya nunca responder porque sus dados,
rodando en desventaja,
nunca habrían podido superar
el juego sucio de la vieja dama.




JULIA UCEDA (1925-2024)
poetisa española