sábado, 7 de marzo de 2020

[A VUELAPLUMA] Narcisismo



Fotografía de Julián Rojas para El País


“Advertencia. Esta aplicación puede ser altamente adictiva”. Esta es la frase con la que TikTok invita en Twitter a descargar su aplicación -comenta en el A vuelaplma de hoy la escritora Nuria Labari ("Epidemia TikTok". El País, 28/2/2020)-. Su objetivo es claro: tener al mayor número posible de personas enganchadas. ¿Para qué? Lo de siempre, vender cosas y ganar dinero. Y lo están consiguiendo a una velocidad sin precedentes: ha tardado mucho menos que Facebook o Instagram en conquistar los mil millones de usuarios en el mundo, más de cuatro de ellos en España, de los cuales el 70% es menor de 24 años. Para entendernos: TikTok parece ser a las redes sociales lo que el coronavirus a la gripe. Y lo de que es adictiva no es broma. Al revés, hay un montón de gente enganchada, la mayoría niños. Es cosa sabida en los colegios: “Si no estás en TikTok, no eres nadie”.

Bien, los dueños de este juguetito han accedido a pagar una multa de 5,7 millones de dólares por captar ilegalmente datos de menores. Desde entonces, sus bases legales obligan a tener 13 años para descargar la aplicación, porque esa es la edad requerida en EE UU. Poco importa que en España ningún menor tenga derechos legales sobre las imágenes que comparte hasta los 14 años. Nadie ha pedido a TikTok que adapte sus bases legales a nuestra legislación. Total para qué, si cualquier niño de nueve se la baja mintiendo al móvil de sus padres. Eso cuando el niño no tiene su propio smartphone.

De modo que los pequeños falsean su edad para aceptar unas bases legales que los dejan desprotegidos. A partir de ahí, la aplicación recoge su información sin consentimiento parental: vídeos, correo electrónico, número de teléfono, ubicación… En Estados Unidos consideran esta manera de exponer la intimidad de los menores lo peor de lo peor. Entre otras cosas, porque allí todo el mundo cree que su vecino es pederasta y que está en TikTok siguiendo el rastro de sus retoños. Por suerte, nosotros no somos así. Nosotros somos europeos, españoles bien informados para ser exactos. Así que nos hemos tomado la molestia de restringir la cuenta de nuestros vástagos. “Mi hijo tiene TikTok, sí, pero solo juega y comparte vídeos con sus amigos del cole que son de su edad y a los que conozco personalmente”, decimos. ¿Hay algún problema?

Yo creo que sí. Y grave. Porque TikTok es una herramienta cuyo objetivo es generar tiempo de permanencia frente a una pantalla conectada con la propia imagen. Así que funciona como un sofisticado espejo mágico. Por eso los niños dicen “si no estás en TikTok no eres nadie”. Porque de hecho, sin TikTok no pueden “verse”.

Hay que reconocer que el problema del espejito viene de antiguo. Ya en la mitología griega Némesis castigó a Narciso a que se enamorara de su propia imagen. Y él, embobado, acabó arrojándose a las aguas de la fuente donde se reflejaba. Claro que Narciso era vanidoso de nacimiento —su carácter marcó su destino— mientras que nuestros niños son generosos y adorables. El problema es que gracias a TikTok todos los niños serán narcisos. Porque el algoritmo de esta red envía sus vídeos a millones de personas para que los admiren —promueve la vanidad con tecnología militar— y les invita a imitar lo que otros hacen para compararse con ellos e intentar superarlos de manera compulsiva.

Para colmo de males, los niños no hacen lo que quieren cuando están en TikTok sino lo que la plataforma determina. Porque a diferencia de otras redes, esta decide las tendencias y comunica a los tiktokers los hashtags sobre los que deben trabajar. Así TikTok sabe qué challenge van a hacer los niños antes de que ellos lo conozcan siquiera. ¿Se imaginan cuanto pagaría una marca por un poder así? Los dueños de TikTok ya lo están facturando. Por eso es tan importante que el algoritmo tenga más poder que el usuario, porque eso hace que la plataforma sea más rentable. Y así caemos una vez más en la paradoja de siempre: cuanto más inteligente es una tecnología, mayor volumen de usuarios “tontos” necesita para recaudar. Los niños no son tontos, pero están poco instruidos. Blanco perfecto.

Dicho esto, a mí TikTok me mola, no se crean. Es un universo fascinante lleno de contenidos que alberga mucha creatividad y buen rollo. El asunto es que yo no tengo nueve años, ni 14. Y además, he hecho algo que todo el mundo debería hacer antes de pisar cualquier red social: he construido mi identidad leyendo libros. ¿Se acuerdan? Esos complejos dispositivos paginados que construyen ciudadanos en vez de consumidores.

Desgraciadamente, los nativos digitales no están teniendo la suerte de construir su identidad como ciudadanos, ese lujo de los viejos. De manera que la epidemia china avanza y contagia a nuestros niños mientras nosotros discutimos sobre el veto parental, la chorrada medieval que Vox ha puesto de moda mientras se abría una cuenta en TikTok. Porque Santi está dentro, faltaría más. Allí donde hay ciudadanos poco instruidos, tienen los verdes su mejor caladero.

Mientras, los padres nos preguntamos por la edad a la que nuestros hijos deberían tener su primer móvil. Y digo yo ¿qué nos está pasando? Digamos de una vez las cosas claras. ¿Cuántos libros deberían leer antes de tener su primer móvil? Ahí está el único pin del que vale la pena discutir. Y la epidemia de la que urge salvaguardarse".

A vuelapluma es una locución adverbial que el Diccionario de la lengua española define como texto escrito "muy deprisa, a merced de la inspiración, sin detenerse a meditar, sin vacilación ni esfuerzo". No es del todo cierto, al menos en mi caso, y quiero suponer que tampoco en el de los autores cuyos textos subo al blog. Espero que los sigan disfrutando, como yo, por mucho tiempo. 






La reproducción de artículos firmados en este blog no implica compartir su contenido. Sí, en todo caso, su  interés. Y ahora, como decía Sócrates, Ιωμεν: nos vamos. Sean felices, por favor, a pesar de todo. Tamaragua, amigos. HArendt




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[ARCHIVO DEL BLOG] Primarias (Publicada el 28 de agosto de 2009)




La secretaria general del PSF, Martine Aubry



Leo en la edición electrónica de hoy viernes del diario parisino Le Monde que la secretaria general del partido socialista francés, Martine Aubry, se declara en favor de primarias abiertas para la designación del candidato del partido a la presidencia de la república en 2012, apostando al mismo tiempo por la unidad, modernización y renovación del partido. Lo ha dicho al inicio de la reunión de cuadros y militantes socialistas que hoy ha comenzado en la Universidad de Verano de La Rochelle, decisión a la que acompañarán reglas como la no acumulación de mandatos. Una opinión, no compartida mayoritariamente en el seno de la izquierda francesa: Jean-Luc Melanchon, del Partido de la Izquierda, se muestra categóricamente en contra del principio de primarias, del que dice que la única vez que se utilizó en Europa fue en Italia -¿se habrá olvidado de la experiencia española o del propio PSF con Ségolène Royal?-, y acabó en un desastre.

Que los viejos y nuevos partidos políticos europeos, y españoles, le tienen pánico a las primarias es una afirmación que no admite prueba en contrario. Gobernados todos ellos por "oligarquías de hierro" como las denominara, estudiara y describiera a principios del siglo XX el sociólogo alemán Robert Michels (1876-1936) en su monumental obra "Los partidos políticos" (Buenos Aires, Amorrortu, 2008), el único sistema admitido de ascenso y promoción interna que funciona en la práctica, digan lo que digan los respectivos estatutos, es de la cooptación por parte de esa misma oligarquía.

La prueba del algodón de unas primarias en el seno del socialismo español se dio en 1998, en las que, contra todo pronóstico, pero con el apoyo casi unánime de los militantes, fue designado candidato a la presidencia del gobierno Josep Borrell. Ninguneado -cuando no torpedeado- por la propia dirección del partido, acabó dimitiendo poco después. Y las primarias, la limitación de mandatos y la no duplicidad de cargos pasaron a mejor vida en la historia del Partido Socialista Obrero Español.

Ahora, que de nuevo un viejo partido socialista europeo como el PSF, tan chovinista él, va a intentar la experiencia de las primarias, exitosa en otras latitudes políticas como la norteamericana, no me cabe sino desearles la mayor de las suertes. Si les sale bien, quizá aquí, fascinados por la experiencia, el socialismo español se decida a su reimplantación pero esta vez en serio y creyéndosela ellos mismos. ¿Los partidos en manos de sus militantes y votantes? Sería hermoso, aunque sólo fuera por lo inédito. HArendt




El exsecretario general del PSOE, Josep Borrell



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[SONRÍA, POR FAVOR] Es sábado, 7 de marzo





El Diccionario de la lengua española define humorismo como el modo de presentar, enjuiciar o comentar la realidad resaltando el lado cómico, risueño o ridículo de las cosas. Tengo un peculiar sentido del humor que aprecia la sonrisa ajena más que la propia, por lo que, identificado con la definición de la Real Academia antes citada iré subiendo cada día al blog las viñetas de mis dibujantes favoritos en la prensa española. Y si repito alguna por despiste, mis disculpas sinceras, pero pueden sonreír igual...





















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viernes, 6 de marzo de 2020

[A VUELAPLUMA] Un periódico



Los columnistas de Opinión de El País


"He ido a la hemeroteca de El País para saber cuándo leí la frase por primera vez -comenta el escritor Manuel Jabois ("Territorio personal. El País, 4/3/2020) en el A vuelapluma de hoy-. Fue en 1994; yo tenía 16 años. La escribió Manuel Vicent al salir de un encuentro con un brujo cubano que le echó los caracoles para que el escritor supiese su futuro. Le dijo, el brujo, que moriría sentado en una mecedora sin molestar a nadie. Y Vicent escribió: “Siempre he soñado que una manera elegante de acabar con este baile sería sentarse en una mecedora blanca con un sombrero de paja junto al Mediterráneo y guardar un silencio definitivo durante muchos años mirando el horizonte sin mover una pestaña”.

Esa larga frase me persiguió durante tanto tiempo que había días en que creía que la había convertido en un propósito. Él fue mi primera firma de EL PAÍS, la primera que, contándome su muerte, hice parte de mi vida. Y encontré muchos años después este artículo suyo de 1988: “Una mecedora blanca, algunas diosas de escayola en el jardín, las paredes de la terraza pintadas con cal, una parra de sombra amorosa, libélulas y campanillas moradas en la alberca, las persianas verdes, cortinas que inflan la brisa durante la siesta, sonido de una mosca vibrando en la penumbra, el Mediterráneo en la ventana (…) Dejar pasar las horas, desechar cualquier ambición, vivir el sol en medio de una elegante austeridad, tomar aceite de oliva, andar descalzo sobre la sal, navegar en aguas de dulzura y no desear nada sino amigos y ensaladas de apio. He aquí el inventario de mi fe”.

Ese inventario suyo miles de lectores lo han hecho con él y con firmas como él que han convertido su territorio, el de las columnas de Opinión, en un lugar personalísimo al que volver sin dar explicaciones. Desde el análisis político hasta el científico, desde un instante de felicidad o dolor de la vida de alguien. La sección de firmas de EL PAÍS, desde las veteranas e ilustres a las más jóvenes, ha sido siempre una especie de sala de máquinas con la que abordar, de una forma diferente a la sala principal, el funcionamiento del periódico. Un espacio privilegiado en el que conviven especies distintas que, de no encontrarse con la palabra, no se encontrarían nunca. Del diario tiran las noticias y las grandes coberturas; al diario lo explican columnistas para los que, como dice Mario Vargas Llosa, “practicar el periodismo es una manera de estar al día”.

Un día, cuando muchos no habíamos nacido, Rafael Alberti, uno de los primeros grandes articulistas de este diario, convirtió a Picasso en paloma: “Durante toda mi vida he ido buscando una sola paloma. Sin conseguir retenerla para siempre, la misma de aquel poema que dediqué a Pablo Picasso que, de tanto vivir rodeado de ellas, llegó a creerse que él mismo también lo era”. Y María Zambrano, otra columnista ilustre, se despedía de José Herrera Petere, poeta exiliado y “poema él mismo”.

Uno se educa leyendo los periódicos y crece buscando su pasado; al fin y al cabo todo periódico lo es cuando se termina de leer. Umbral se marchaba antes de que empezase la fiesta para contarla al día siguiente en EL PAÍS.

Recuerdo de Vázquez Montalbán tantas cosas (“En España se ha formado una especial casta de monoliberales con la unidimensionalidad de su pensamiento marcada por un toque pijo de palabra, obra y omisión que merece un lugar en cualquier Museo de la Mujer y del Hombre, naturalmente”) que me quedo con una crónica tristísima en la que Juan Cruz dice que hubiera dado sus pulmones en aquella carrera para llegar a la puerta de embarque de Bangkok en la que se quedó para siempre el escritor barcelonés.

Hay palabras que ya no se despegan, y las de las columnas son, muchas veces, las que más se parecen a mí, a lo que quiero ser o a lo que ya he dejado de ser. Una vez abrí el periódico y leí a García Márquez contando cómo le salió la primera frase de Cien años de soledad. Otra vez me encontré esta frase de Leila Guerriero: “Todos hemos sido alguna vez el monstruo de alguien”. Un sombrero de paja, una mecedora blanca y el Atlántico, que me perdone Vicent. Es todo cuando se necesita, siempre que se haya acabado de leer el periódico. Siempre que se haya acabado de estar al día".

A vuelapluma es una locución adverbial que el Diccionario de la lengua española define como texto escrito "muy deprisa, a merced de la inspiración, sin detenerse a meditar, sin vacilación ni esfuerzo". No es del todo cierto, al menos en mi caso, y quiero suponer que tampoco en el de los autores cuyos textos subo al blog. Espero que los sigan disfrutando, como yo, por mucho tiempo. 





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[PÍLDORAS LITERARIAS] Hoy, con "La obra y el poeta", de R.F. Burton





La noción de brevedad ronda siempre las consideraciones sobre la ficción de los minirrelatos. Aunque la brevedad no sea, ni con mucho, el único rasgo que es necesario observar en estas brillantes construcciones verbales, resulta lógico que para el lector común, e inclusive en cierta medida para el escritor, resalte de manera especial.  

Continúo hoy la serie de Píldoras literarias con el relato del escritor británico R.F. Burton titulado "La obra y el poeta". Sir Richard Francis Burton (1821-1890) fue un cónsul británico, explorador, traductor y orientalista, aunque él se consideraba a sí mismo fundamentalmente un antropólogo, que cultivó ocasionalmente la poesía. Se hizo famoso por sus exploraciones en Asia y África, así como por su extraordinario conocimiento de lenguas y culturas. De acuerdo a un recuento reciente, hablaba veintinueve lenguas europeas, asiáticas y africanas. Les dejo con su relato:


LA OBRA Y EL POETA
por 
R.F. Burton


El poeta hindú Tulsi Das, compuso la gesta de Hanuman y de su ejército de monos. Años después, un rey lo encarceló en una torre de piedra. En la celda se puso a meditar y de la meditación surgió Hanuman con su ejército de monos y conquistaron la ciudad e irrumpieron en la torre y lo libertaron.

FIN



El escritor R.F. Burton



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[SONRÍA, POR FAVOR] Es viernes, 6 de marzo





El Diccionario de la lengua española define humorismo como el modo de presentar, enjuiciar o comentar la realidad resaltando el lado cómico, risueño o ridículo de las cosas. Tengo un peculiar sentido del humor que aprecia la sonrisa ajena más que la propia, por lo que, identificado con la definición de la Real Academia antes citada iré subiendo cada día al blog las viñetas de mis dibujantes favoritos en la prensa española. Y si repito alguna por despiste, mis disculpas sinceras, pero pueden sonreír igual...


















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jueves, 5 de marzo de 2020

[A VUELAPLUMA] Todo pasará



Campamento de refugiados en la frontera turca. Getty Images


"Aparece la primera noticia sobre un nuevo virus -afirma el escritor Enric González ("La muerte, modo de empleo". El País, 1/3/2020) en el A vuelapluma de hoy-. La noticia causa alarma. La alarma agranda los titulares, lo cual agudiza la alarma. Caen las Bolsas. La actividad internacional se altera. El virus monopoliza los medios. Se difunden crónicas y artículos que relativizan el peligro. Otras piezas rebaten la relativización. Las redes, donde conviven las basurillas irrelevantes y la basurilla más influyente del planeta (la cuenta en Twitter de Donald Trump, por ejemplo), se inflaman. Se actualiza minuto a minuto el número de infecciones y de víctimas mortales. Se multiplican los errores, las cuarentenas, las precauciones útiles y las absurdas. Se suspenden algunos grandes acontecimientos y se mantienen otros. La humanidad permanece en vilo.

Aún no sabemos cómo terminará el asunto. Tal vez se consiga erradicar el virus. O tal vez no, y tendremos que convivir con un nuevo tipo de gripe. Quizá un poco más dañina que la tradicional, con seguridad mucho menos letal que la llamada “gripe española”, un virus que irrumpió en 1918, mató a unos 40 millones de personas y desapareció (por causas inciertas) en 1920.

Sí sabemos algo con absoluta certeza: la alarma pasará. Ocurra lo que ocurra. No hay noticias ni tragedias que soporten el paso del tiempo. Incluso lo más atroz se olvida o se asimila. Una tragedia como el sida, en su momento muchísimo más peligrosa que el coronavirus, no comportó cierre de fronteras ni precauciones públicas. Al principio era denominado “cáncer gay”, y recuerdo muy bien que en las redacciones de la época se ironizaba sobre el asunto. Era un problema de “ellos”. Un repaso de las hemerotecas resulta a la vez deprimente y estimulante: parece que ya no somos tan idiotas como antes, al menos en cuestiones sexuales.

Pero hay cosas inmutables. Como la esencia perecedera de las alarmas, las reservas limitadas de compasión y la facilidad con que minimizamos una tragedia cuando afecta a “ellos”, no a “nosotros”. En lo que atañe a la información y al estado de ánimo de esa cosa abstracta que denominamos “opinión pública”, la muerte tiene un modo de empleo muy concreto.

No creo que hayamos olvidado la guerra de Siria, que dura ya nueve años. Hacia 2012 había titulares sobre el riesgo de una extensión del conflicto o, ya puestos, sobre su transformación en una guerra mundial. Hablábamos mucho del tema. El fervor que le dedicábamos decayó hasta que nos llegó la ola expansiva, en forma de refugiados e inmigrantes. Salvo por eso, lo que ocurre en Siria ha dejado de interesarnos.

Sin embargo, la guerra no ha terminado. Y mantiene su dimensión internacional. La aviación rusa destruye estos días Idlib, el último gran reducto de la oposición a Bachar el Asad, y las fuerzas del dictador preparan el último asalto. Casi un millón de personas, según la ONU, buscan refugio. De un lado les cierran el camino las tropas del régimen; del otro lado tienen el muro de las tropas turcas, que, entre otros objetivos estratégicos relacionados con los kurdos, tienen orden de impedirles el paso: Turquía ha recibido ya casi cuatro millones de refugiados por el conflicto.

Aquello es el horror. Pero ya no nos interesa. Como siempre, hay muertos que cuentan y muertos que no. De hecho, a esa gente la dimos por amortizada hace tiempo. ¿Qué hacen sufriendo todavía?".

A vuelapluma es una locución adverbial que el Diccionario de la lengua española define como texto escrito "muy deprisa, a merced de la inspiración, sin detenerse a meditar, sin vacilación ni esfuerzo". No es del todo cierto, al menos en mi caso, y quiero suponer que tampoco en el de los autores cuyos textos subo al blog. Espero que los sigan disfrutando, como yo, por mucho tiempo. 





La reproducción de artículos firmados en este blog no implica compartir su contenido. Sí, en todo caso, su  interés. Y ahora, como decía Sócrates, Ιωμεν: nos vamos. Sean felices, por favor, a pesar de todo. Tamaragua, amigos. HArendt




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