sábado, 31 de diciembre de 2011

Lecturas para políticos en ciernes (y en activo)







Platón (428-347, a.C.)





De todos es bien sabido que los políticos en activo no leen. No tienen tiempo. Hasta las noticias se las dan sus respectivos gabinetes de prensa seleccionadas y fragmentadas para que puedan digerirlas adecuadamente. Y es una lástima, pero es así. Dedicados en cuerpo y alma a nuestra salvación no tienen tiempo para cultivar su espíritu y su sensibilidad. Lo siento por ellos. Y si no tienen tiempo para leer, no digamos para escribir... Atrás quedaron los tiempos de Pi i Margall, Castelar, Cánovas, Azaña, o más recientemente, Leopoldo Calvo-Sotelo, Joaquín Leguina o Jorge Semprún, por citar algunos.

Sobre el asunto citado trataba un reportaje de antes de ayer en El País titulado "Léase antes de gobernar", En él, renombrados filósofos, politólogos e historiadores escogían obras para el liderazgo ideal y se permitían recomendar su lectura a nuestros políticos en ciernes y en ejercicio.

Menciono, de entre las citadas, tan solo las leídas por mí, si no con provecho al menos con placer: "El político" y "El Oráculo manual", de Baltasar Gracián; "El Príncipe", de Maquiavelo; "Pensar Europa", de Edgard Morin; "La fiesta del chivo", de Vargas Llosa; "A sangre fría", de Truman Capote; "Discurso sobre la servidumbre voluntaria", de De la Boêtie; el "Protágoras", de Platón; o "El traje nuevo del Emperador", de Dich Whittington. Varios de las recomendantes coinciden en señalar como fundamental un libro muy actual, "Algo va mal", del historiador británico Tony Judt, fallecido el pasado año. A mi también me lo parece, y no se porqué, sospecho que ninguno de nuestros flamantes nuevos ministros lo ha leído.

La profesora de la UNED, Amelia Valcarcel, catedrática de Filosofía moral y política, se permite ironizar, sin "animus iniuriandi", al respecto: ."¿Lecturas para un político español? En París más de una vez me he encontrado a Dominique de Villepin comprando libros. En España jamás he visto a un político en una librería. Será que no voy a las buenas. Un gobernante no tiene más obligaciones lectoras que cualquier persona con cierta formación, pero a veces no se llega ni a eso. Parece que la lectura es perjudicial para la salud". Coincido con su apreciación.

El reportaje de El País me ha animado a elaborar, a vuela pluma, una lista de mis lecturas políticas favoritas, no incluidas entre las citadas por tan ilustres profesores e intelectuales. No están todas las que son, evidentemente, pero pienso que son todas las que están. Las cito por orden más o menos cronológico y no por la importancia que me merecen.

El primer lugar es, sin dudarlo, para "La República" de Platón. Pese a lo que su nombre parezca indicar no es un tratado sobre la política, sino sobre la educación,... de los políticos. Es una utopía, pero sigue siendo lectura imprescindible a mi modesto juicio.

El segundo puesto lo reservo para una tragedia clásica, "Los persas" de Esquilo. Una obra en la que el adversario, en este caso el enemigo ancestral de los griegos, los persas, son tratados con un respeto que en la política actual se ha perdido por completo.

El tercer lugar lo ocupa "El Federalista", la gran obra de Hamilton, Jay y Madison en defensa del proyecto de Constitución de los Estados Unidos de América. Su lectura vale con provecho por cualquier curso de Ciencia Política.

La cuarta posición es para las "Lecciones sobre la Filosofía de la Historia Universal" de G.W.F. Hegel. Una magistral síntesis sobre el sentido y el progreso de la historia de la humanidad.

El quinto lugar lo reservo para "La democracia en América", de Alexis de Tocqueville. Uno de los más influyentes y acertados análisis que se han hecho sobre la democracia y los peligros que, por su causa, pueden acechar a la libertad.

La sexta posición la guardo para "Rebelión en la granja" de George Orwell, la más crítica fábula que se ha escrito sobre el estalinismo y la falta de libertad de la Rusa soviética de entre-guerras.

La séptima es para "Los orígenes del totalitarismo" de Hannah Arendt. No podía dejar de mencionarla sin desautorizarme a mí mismo, aun cuando he dudado entre ésta o su otro libro, "Sobre la revolución".

El octavo lugar lo guardo para otra obra de ficción: "Memorias de Adriano" de Marguerite Yourcenar. La larga y reflexiva epístola que el emperador Adriano escribe a su sucesor, sobre el arte de gobernar, cuando siente la proximidad de su hora final.

El noveno lugar es para "Historia del siglo XX. El mundo, todos los mundos" del historiador francés Marc Nouschi. Magistral obra de síntesis, sin parangón alguno, sobre el siglo que se fue, y cuyas consecuencias estamos pagando aún.

Y el décimo y último lo guardo para otro libro de otro historiador francés: "El pasado de una ilusión", de François Furet, un interesantísimo análisis de la inmensa tragedia y fracaso que ha supuesto para la historia la experiencia comunista.

En fín, un año más que se va; otro "annus horribilis" (como acertadamente definió la reina Isabel II el de 1997). "Annus horribilis" que para los españoles y los europeos no se termina hoy, 31 de diciembre, sino que tiene todo el aspecto de que va a prolongarse durante bastante tiempo más.

Sean felices a pesar de todo. Tamaragua, amigos. Y Feliz Año Nuevo... HArendt







Tony Judt (1948-2010)





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Entrada núm. 1446
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"Tanto como saber, me agrada dudar" (Dante)
"La verdad es una fruta que conviene cogerse muy madura" (Voltaire)
"La historia del mundo no es un suelo en el que florezca la felicidad. Los tiempos felices son en ella páginas en blanco" (Hegel)

miércoles, 28 de diciembre de 2011

Las cuentas del rey (II)






Cortes Generales (Madrid, 27-12-2011)



Decir que uno es monárquico en España no debería parecer una originalidad ni representar ningún problema. El artículo 1, punto 3, de la Constitución establece que la forma política del Estado español es la Monarquía parlamentaria. Sin embargo, por el ruido que hacen, parece que para muchos españoles no es así: que la forma monárquica de configuración de la Jefatura del Estado fuera algo obsoleto y reprobable y que los que nos declaramos monárquicos por convencimiento somos unos carcas con peluca. 

Yo me declaro monárquico sin pudor alguno. Respetuoso con aquellos ciudadanos que defienden la republicana como forma política de configuración de la Jefatura del Estado, creo que la monarquía y quién la personifica en este momento de la historia cumple con pulcritud el papel que la Constitución le encomienda y que la disyuntiva a resolver no es monarquía/república, sino democracia/autoritarismo. 

Monarquías son algunos de los Estados más avanzados socialmente y con mayor y acreditada solera democrática: Gran Bretaña, Suecia, Noruega, Dinamarca, Holanda, Luxemburgo y Bélgica, son en Europa, monarquías. En América, lo son Canadá y la mayoría de los pequeños Estados del Caribe. En Oceanía, Australia, Nueva Zelanda y otro buen número de Estados insulares; y en Asia, Japón. Es cierto que también hay monarquías que no cumplen ni por aproximación las expectativas de reconocimiento como Estados democráticos en África y Oriente Medio, pero eso también es aplicable a la mayor parte de los Estados configurados como repúblicas en todo el mundo. 


El argumento "monarquía=obsoleta / república=progresista" carece de peso y,  sinceramente, buscar el enfrentamiento de la ciudadanía en función de esa disyuntiva me parece un soberano ejercicio de irresponsabilidad política.

En enero de 2009, va a hacer justamente tres años, regalé por Reyes a una antigua y gran amiga, ferviente republicana, un libro recién publicado por Carlos García Retuerto titulado "33 españoles y el Rey" (Martínez Roca, Madrid, 2009). Ese hecho me dio pie a publicar a mi vez una entrada en el blog el 16 de enero de ese año que titulé "Las cuentas del rey" [1], en la que comentaba uno de los aspectos destacados por el citado libro, aquel que hacía referencia a la cuestión ¿cuánto cuesta a los ciudadanos de los estados democráticos, sean éstos monarquías o repúblicas, mantener a su Jefe del Estado?

Con datos tomados de los respectivos presupuestos generales del Estado, la presidencia de la República Federal Alemana, arrojaba un gasto de 21 600 000 euros anuales. La de la República Francesa, 30 500 000 euros;  los gastos de la Corona británica ascendían a 54 000 000 de euros. Los de la presidencia de la República Italiana ascendían a 425 000 000 de euros anuales. Los de la Corona española a 9 050 000 euros...

Ayer martes, se celebraba en Madrid la solemne apertura de la X Legislatura de las Cortes Generales [2], en una sesión conjunta del Congreso de los Diputados y del Senado que presidían los Reyes y los Príncipes de Asturias. En la recepción que seguía a la misma, se informaba que en el día de hoy se harían públicas por vez primera en detalle las partidas de gastos en las que se emplean las cantidades que los presupuestos generales del Estado determinan anualmente para el sostenimiento de la Jefatura del Estado. 

En este enlace [3] de la página electrónica de la Casa de Su Majestad el Rey puede examinarse el presupuesto oficial de gastos de la Familia Real y de su Casa presentado por la Intervención de Estado esta misma mañana. Y en este otro [4] el incisivo reportaje que sobre el hecho escribe en la edición electrónica de El País de esta misma tarde la periodista Mábel Galaz.  La cuestión no da para más, pero aquí están los datos. ¿Qué se ha tardado mucho en dar el paso? Es posible, no lo discuto, pero ya están aquí; dejemos de especular al respecto. 

Espero que los disfruten. Y sean felices, por favor. Tamaragua, amigos. HArendt





Cortes Generales (Madrid, 27-12-2011)









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Entrada núm. 1445 
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domingo, 25 de diciembre de 2011

El Discurso del Rey: Mensaje de Navidad - Diciembre 2011











Como todos los años por estas fechas reproduzco en el blog el tradicional Mensaje de Navidad [1] del rey a los españoles. Lo hago sin comentarios, con el enorme respeto que siento por la Corona y la persona que la ostenta. 

En este enlace [2] puede leerse la reacción que el mismo ha merecido para el más prestigioso de los diarios españoles. 

Les deseo de nuevo una feliz Navidad. Tamaragua, amigos. HArendt











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Entrada núm. 1444 -
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