Hola, buenos días de nuevo a todos y feliz sábado, 12 de octubre de 2024, Fiesta nacional de España. Una de las cosas que tiene el ser periodista, haber vivido bastantes años y trabajado en muchos países es que uno conoce, en mayor o menor medida, a gente famosa, comienza diciéndose en la primera de las entradas del blog de hoy. La segunda, un archivo del blog de tal día como hoy de 2016, es un pequeño homenaje del autor del blog a su patria, a través de la voz y la escritura de varios grandes poetas. El poema de hoy, en la tercera, es un conocido y famoso soneto de Miguel de Cervantes, que comienza con este verso: "Aquí el valor de la española tierra". Y la cuarta, como siempre, son las viñetas de humor del día. Espero que todas ellas les resulten de interés. Y ahora, como decía Sócrates, nos vamos. Nos vemos de nuevo mañana si la diosa Fortuna lo permite. Sean felices, por favor, aun contra todo pronóstico. Tamaragua, amigos míos. HArendt
El blog de HArendt (2006-2026). Pensar para comprender, comprender para actuar
sábado, 12 de octubre de 2024
De ángeles y demonios
Una de las cosas que tiene el ser periodista, haber vivido bastantes años y trabajado en muchos países es que uno conoce, en mayor o menor medida, a gente famosa, comenta en La Vanguardia [Ángeles y demonios, 06/10/2024] el escritor John Carlin . A mí, como personas, no me suelen impresionar. Nunca les pido una foto.
Esta semana conocí a una persona de renombre que no solo me impresionó, me conmovió. Al punto de que rompí mi regla y le pedí una foto. La última vez que me encontré en la presencia de alguien que me inspiró un respeto similar fue en el 2011. Y se llamaba Nelson Mandela.
La persona que tanto me impactó esta semana no es tan famosa como Clint Eastwood, o Bill Clinton, o Morgan Freeman, o Matt Damon, o Leo Messi, o Diego Maradona, o Zidane, o Rafa Nadal, o Pep Guardiola, o Bill Gates, o Boris Johnson o (¡cielos!) David Beckham. Ella no es una celebrity . No es rica. No tiene ningún don especial para los negocios, o la política, o el deporte, o el cine. Tampoco es tan famosa.
Conocida ante todo por ser la viuda de un mártir, se llama Yulia Naválnaya y es, básicamente, una fuerza moral. Es un símbolo de valentía, un emblema de nobleza, un ejemplo para el mundo entero de lucha y de sacrificio frente a la maldad.
La conocí en Barcelona después de una ceremonia celebrada el lunes en la que La Vanguardia premió a siete ilustres personajes. El galardón internacional lo recibió Naválnaya de manos del presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez. A continuación, ella dio un discurso en el que recordó a su marido, Alexéi Navalni, líder opositor ruso que murió en febrero en una cárcel siberiana, después de haber sobrevivido a un intento de asesinato cuatro años antes con el agente nervioso Novichok.
Nadie duda de que el agente nervioso humano detrás de aquel crimen fue el paranoico presidente ruso Vladímir Putin. Lo más probable, y lo que cree su viuda, es que Putin fue el responsable de su muerte también.
“Continuaré el trabajo de mi marido porque sé que muchos de los que lo seguían a él me siguen ahora a mí, gente que cree en un futuro democrático para Rusia”, dijo Naválnaya, para quien la palabra democracia tiene un peso inmenso, mucho mayor que en nuestros países de la órbita occidental, donde la damos por hecha, casi como si fuera un concepto banal. “Mi marido –siguió– no solo fue mi marido, fue un íntimo amigo y fue para mí un líder de las fuerzas democráticas de Rusia. Continuaré luchando a favor de su legado contra Putin… muchos continuaremos en la lucha contra la dictadura”.
Yulia Naválnaya ha puesto su vida en juego quizá por generaciones que aún ni han nacido. Rubia, alta y vestida de blanco de arriba abajo, Naválnaya es hoy la imagen de la resistencia rusa. ¿Los “muchos” a los que se refiere serán suficientes para derrocar al régimen más peligroso del mundo, el mafia-Estado con armas nucleares que Putin lidera? Seguramente no. Pero ahí siguen, ella y gente como Vladímir Kará-Murzá, un opositor ruso que se salvó de la muerte tras ser liberado de una cárcel rusa en agosto, parte de un intercambio en el que Putin logró la liberación de uno de sus asesinos políticos predilectos, que había estado preso en Alemania.
Kará-Murzá, cuyo único crimen fue denunciar la dictadura rusa, fue preguntado en una entrevista el mes pasado si estaba dispuesto a morir por la causa. “Sí –respondió–, porque hay causas que son más grandes que nosotros mismos”. Más grandes, agregaría yo, incluso que Rusia, el escenario más visible de la contienda global que se está librando hoy entre la libertad y la tiranía.
Por si alguien no ha acabado de entender lo que hay en juego, se lo pongo fácil. Se trata de una guerra de ideas. Por un lado tenemos la democracia, que significa la libertad de expresión, que cada uno pueda decir lo que le dé la gana sobre, por ejemplo, su gobierno; el Estado de derecho, la protección de los derechos del individuo contra cualquier poder; el voto libre y justo como método para determinar quién gobierna. Por otro lado están las autocracias donde las elecciones son, en el mejor de los casos, farsas; donde la ley es lo que dice el líder; y donde los opositores están todos o muertos, o detenidos, o mudos o, como Naválnaya, en el exilio.
Putin es la encarnación de la tiranía, sistema replicado, casualmente, por los países que ayudan en lo militar o en lo político a Rusia en su guerra en Ucrania, es decir China, Irán, Corea del Norte, Bielorrusia, Venezuela y Nicaragua. Naválnaya es la encarnación de la democracia, sistema que por ahora defienden más países, entre ellos España, Argentina, Japón, Corea del Sur, los recién ingresados en la OTAN Finlandia y Suecia y, de momento, Estados Unidos.
Por ponerlo en un contexto histórico, Putin y compañía son los sucesores de Calígula y, dando un salto a los últimos cien años, Franco, Mussolini, Hitler, Stalin y los zares rusos; Naválnaya y sus hermanos y hermanas de sangre siguen en la tradición de Espartaco y los que se opusieron al fascismo, a los nazis, al comunismo soviético y, por no olvidar a Mandela, al apartheid.
La valentía de los segundos ha sido de una nobleza tan extraordinaria que a veces ha rozado la locura. Han puesto sus vidas en juego no por causas personales sino por todos, en el caso de la viuda de Navalni, quizá por generaciones que aún ni han nacido, por la dignidad humana siempre. Como la cabeza más visible de su causa, como alguien muy consciente de que corre el riesgo de sufrir el mismo martirio que su marido, ella es una figura a la vez heroica y romántica, el ángel hecho carne que combate en desventaja contra el mal que personifica el satánico (no, la palabra no es demasiado fuerte) Putin.
No todos los días te encuentras con alguien así. No tengo palabras, por más que lo intente, para definir la grandeza de esta mujer. Lo que sí puedo decir de corazón es que hablar con ella, aunque solo fuera por unos breves instantes, fue una suerte, un honor y un ejercicio de humildad. A su lado me siento un enano moral. Algo por el estilo, si me lo perdonan, sintieron los otros mil participantes en la ceremonia de los premios de La Vanguardia . Cuando Naválnaya apareció en el escenario todos nos pusimos espontáneamente de pie y le dimos un cerrado aplauso.
“Hay causas que son más grandes que nosotros mismos”, dice el también opositor ruso Kará-Murzá
Me sentí honrado de formar parte de esa asamblea y orgulloso de escribir en un diario que sabe valorar lo que esta mujer representa. John Carlin es escritor.
Homenaje a mi patria en el día de su fiesta nacional. [Archivo del blog, 12/10/2016]
***
A ESPAÑA
fresco y rojo de cereza, y agua se me hace la boca.
Es tu saliva batido, de tu lengua, la española,
tomé el pan de la palabra, un pichón de la paloma.
Nuestras lenguas se mezclaron, España, y sentí la ola
de brasa, desde la nuca en mis entrañas ahonda.
Mordí en tus labios, España, del paraíso en la poma,
y al darte mi blanca sangre, me diste tu sangre roja.
Me siento padre del pueblo, por ti perdura en mi obra,
me desmayo en el arrobo de hacerte, España, señora.
Miguel de Unamuno (1864-1936)
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EL MAÑANA EFÍMERO
La España de charanga y pandereta,
cerrado y sacristía,
devota de Frascuelo y de María,
de espíritu burlón y del alma inquieta,
ha de tener su mármol y su día,
su infalible mañana y su poeta.
El vano ayer engendrará una mañana
vacío y ¡por ventura! pasajero.
Será un joven lechuzo y tarambana,
un sayón con hechuras de bolero;
a la moda de Francia realista,
un poco al uso de París pagano,
y al estilo de España especialista
en el vicio al alcance de la mano.
Esa España inferior que ora y bosteza,
vieja y tahúr, zaragatera y triste;
esa España inferior que ora y embiste,
cuando se digna usar de la cabeza,
aun tendrá luengo parto de varones
amantes de sagradas tradiciones
y de sagradas formas y maneras;
florecerán las barbas apostólicas,
y otras barbas en otras calaveras
brillarán, venerables y católicas.
El vano ayer engendrará un mañana
vacío y ¡por ventura! pasajero,
la sombra de un lechuzo tarambana,
de un sayón con hechuras de bolero,
el vacuo ayer dará un mañana huero.
Como la náusea de un borracho ahíto
de vino malo, un rojo sol corona
de heces turbias las cumbres de granito;
hay un mañana estomagante escrito
en la tarde pragmática y dulzona.
Mas otra España nace,
la España del cincel y de la maza,
con esa eterna juventud que se hace
del pasado macizo de la raza.
Una España implacable y redentora,
España que alborea
con un hacha en la mano vengadora,
España de la rabia y de la idea.
Antonio Machado 1875-1939)
***
El poema de cada día. Hoy, Epitafio, de Miguel de Cervantes (1547-1616)
EPITAFIO
Aquí el valor de la española tierra,
aquí la flor de la francesa gente,
aquí quien concordó lo diferente,
de oliva coronando aquella guerra;
aquí en pequeño espacio veis se encierra
nuestro claro lucero de occidente;
aquí yace enterrada la excelente
causa que nuestro bien todo destierra.
Mirad quién es el mundo y su pujanza,
y cómo, de la más alegre vida,
la muerte lleva siempre la victoria;
también mirad la bienaventuranza
que goza nuestra reina esclarescida
en el eterno reino de la gloria.
Miguel de Cervantes (1547-1616)
Escritor español
viernes, 11 de octubre de 2024
De las entradas del blog de hoy viernes, 11 de octubre de 2024
Hola, buenos días de nuevo a todos y feliz viernes, 11 de octubre de 2024. Habitamos un mundo que difiere radicalmente en sus mentalidades políticas, perspectivas emocionales y estructuras económicas del mundo que existía hace apenas dos décadas, se comenta en la primera de las entradas del blog de hoy, y comenzamos a ver el mundo como una agonía. En la segunda de ellas, un archivo del blog de noviembre de 2011, el autor nos hablaba de algunas de sus pasiones. El poema de hoy, en la tercera, es del poeta español Ramón Bascuñana. Y la cuarta, como siempre, son las viñetas de humor del día. Espero que todas ellas les resulten de interés. Y ahora, como decía Sócrates, nos vamos. Nos vemos de nuevo mañana si la diosa Fortuna lo permite. Sean felices, por favor, aun contra todo pronóstico. Tamaragua, amigos míos. HArendt
Del mundo de ayer como agonía

“Habitamos un mundo que difiere radicalmente en sus mentalidades políticas, perspectivas emocionales y estructuras económicas del mundo que existía hace apenas dos décadas”. Sabe mucho Pankaj Mishra, quien nos habla de la Historia como un choque entre historias que aspiran a reconocerse, escribe en El País [La memoria de Birmingham, 06/10/2024], la politóloga Máriam Martínez-Bascuñán. Ese choque lo vive estos días Birmingham, ciudad por donde paseo, cuyos ciudadanos muestran orgullosos como la cuna de la Revolución Industrial. Esta semana, también acoge el congreso anual de los tories, y a muy poca distancia de los furiosos delirios de los cuatro candidatos que aspiran a liderar a los conservadores británicos, en la esquina de Inge Street y Hurst Street, resiste un peculiar conjunto de casitas. Empequeñecidas por las grandes moles de acero y cristal que las rodean, aún cuentan una historia valiosa: la suya, que es la de Birmingham.
El número 15 de Inge Street es uno de los últimos corredores de casas adosadas conservados en el Reino Unido, la forma más común de vivienda de la clase obrera durante el siglo XIX y parte del XX. Un solo patio interior constituía el espacio compartido para jugar, lavar, tender o ir al baño de las 60 personas que podían llegar a habitar sus apenas 11 diminutas casas. Lo cuenta Jane, la elegante dama de 70 años que lidera la visita. Ella misma creció en una de estas casas y mezcla el orgullo con la nostalgia en su esfuerzo por mantener vivos los recuerdos de muchas vidas y de la propia identidad de Birmingham. Hoy, cuando la mentira campa a sus anchas, Jane sabe que los hechos que forman parte de la experiencia vivida dependen de la memoria para existir. La mayoría de guías tienen entre 60 y 80 años, y reivindican lo vivido por la gente común como algo tan digno de contarse como la historia de los gobernantes y las élites. Mientras los conservadores chapotean en las fantasías de grandeza imperial como viejos zares, prometiendo mano dura contra la inmigración, Jane nos habla de la ciudad de los mil oficios, de su mestizaje. Aún hoy sigue siendo una de las ciudades más multiculturales del Reino Unido, pero Birmingham ya lo era a mediados del siglo XIX, cuando recibía a gente del sur de Italia, Rusia, Polonia o Irlanda, y más tarde desde el Caribe, la India, China y otras partes del mundo.
Mientras la candidata conservadora señala con sus uñas pintadas a las minorías sexuales, étnicas o raciales como origen de todos los males de Occidente, muy cerca, en este mismo corredor convertido en lugar de recuerdos, Jane cuenta cómo en 1851 en estas casas vivía ya una comunidad mezclada. Sin demasiado apego por su origen nacional o de clase, este grupo de abuelos, padres e hijos que decidieron rescatar la hilera de casitas del 15 de Inge Street, ha colocado con naturalidad en su fachada una bandera en apoyo de la comunidad trans. Los caóticos cambios de la ciudad los sitúan hoy en pleno centro del Gay Village, en el mismísimo corazón del barrio chino. Viajar al pasado nos orienta en el presente, nos da un lugar desde el que mirar al mundo. Hoy, en Birmingham, unos y otros cuentan historias, pero mientras Jane y los suyos lo hacen con honestidad, procurando comprender los cambios drásticos que ha vivido su propia calle, hay quien miente para seguir viviendo la inevitable transformación del mundo de ayer como una insoportable agonía. Máriam Martínez-Bascuñán es politóloga.
Pasiones. [Archivo del blog, 27/11/2011]
El poema de cada día. Hoy, El puente, de Ramón Bascuñana (1963)
EL PUENTE
Escapando de la ciudad en llamas
–símbolo de un ayer que ya no vuelve–
has llegado a la mitad del viaje,
a ese puente del medio del camino
que marca una frontera sin retorno.
Empiezas a cruzarlo lentamente.
Estás cruzando el puente que separa
las dos mitades que han de ser tu vida.
No es un puente consistente ni robusto.
Se compone de dudas razonables
y temores que nunca hemos vencido;
mas hemos de cruzarlo si queremos
vivir el resto de lo que nos queda.
Miras atrás para ver qué has dejado
en los bordes oscuros del camino,
qué has perdido al tiempo que avanzabas:
la inocencia, la infancia, los amigos,
algunas ilusiones, mil proyectos,
cosas sin importancia, bagatelas
que al final son lo único importante.
Pero en este momento, mientras cruzas
el puente que separa del pasado
el futuro, sientes cómo la angustia
pesa como un castigo y que bajo
su peso este puente de invencibles
temores y dudas razonables
podría derrumbarse sin esfuerzo.
Pero tú ya sabías que era un riesgo
que había que asumir y así lo has hecho.
Si logras alcanzar el otro lado
podrás cantar victoria. De momento
no mires más atrás, por si las moscas,
que siempre arde Sodoma a nuestra espalda
y resulta difícil resistirse
al brillo portentoso de sus llamas
y vivir con la vista en el pasado.
Ramón Bascuñana (1963). Poeta español























