sábado, 24 de diciembre de 2016

[Personal] ¡Feliz Navidad! ¡Feliz Año Nuevo!





Recalcar a estas alturas el origen pagano de casi todas las fiestas religiosas del mundo resulta superfluo. El nacimiento del Hijo de Dios para los cristianos, la Navidad, no es otra fiesta que la milenaria celebración del solsticio de invierno, en el que la luz del día comienza su lance victorioso anual sobre las tinieblas de la noche.

Pero ese origen pagano no desmerece para nada la celebración de la Navidad cristiana, la Hanukkak hebrea, o la de cualquier otra religión del mundo que gire alrededor del solsticio de invierno. Al contrario, quizá lo que nos deja traslucir es el origen humano de todas las religiones.

No soy creyente, pero sí respetuoso en extremo con la fe de los que lo son. Creo que nadie debería ser obligado ni inducido a abandonar la religión de sus mayores ni a tener religión alguna. Creo que las conversiones forzosas deberían ser proscritos para siempre. Creo, como dice el teólogo católico Hans Küng, que la paz entre las religiones es imprescindible para alcanzar la paz entre las naciones, y que la paz entre las naciones es imprescindible para alcanzar la paz entre los hombres.

Creo que la ética podría ayudar a ello. Hay unas normas éticas universales que están presentes en todas las religiones y en todos los seres humanos, creyentes y no creyentes. Son normas muy sencillas y claras que pueden ayudar a la consecución de esa paz universal a la que aspiramos por encima de razas, credos y nacionalidades: Todo ser humano tiene que ser tratado con dignidad y humanidad, no hagas a otro lo que no quieras que te hagan a ti, no mates, no robes, no mientas, no uses la sexualidad para hacer daño... Pienso que bastarían para hacernos mejores.

Hoy no me extiendo más. A todos los hombres y mujeres del mundo de buena voluntad, a todos los amigos y lectores de Desde el trópico de Cáncer les deseo de todo corazón una Feliz Navidad y un Feliz Año Nuevo. Que la paz sea con ustedes.




Y ahora, como decía Sócrates, Ιωμεν: nos vamos. Sean felices, por favor, a pesar de todo. Tamaragua, amigos. HArendt






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La verdad es una fruta que conviene cogerse muy madura (Voltaire)

[Humor en cápsulas] Para hoy sábado, 24 de diciembre de 2016





El Diccionario de la lengua española define humorismo como aquel modo que presenta, enjuicia o comenta la realidad, resaltando el lado cómico, risueño o ridículo de las cosas. Pero también como la actividad profesional que busca la diversión del público mediante chistes, imitaciones, parodias u otros medios.

Como yo no soy humorista, me quedo con la primera acepción, y a partir de hoy, siempre en la medida de lo posible, iré subiendo al blog cada día las viñetas de mis dibujantes favoritos: Morgan en Canarias7, Montecruz y Padylla en La Provincia, Forges, Peridis, Ros, y El Roto en El País, e  Idígoras y Pachi en El Mundo. Espero que disfruten de las mismas.





Y ahora, como decía Sócrates, Ιωμεν: nos vamos. Sean felices, por favor, a pesar de todo. Tamaragua, amigos. HArendt





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viernes, 23 de diciembre de 2016

[Píldoras literarias] Hoy, con "Fracaso", de Felipe Garrido





La noción de brevedad ronda siempre las consideraciones sobre la minificción de los minirrelatos. Aunque la brevedad no sea, ni con mucho, el único rasgo que es necesario observar en estas brillantes construcciones verbales, resulta lógico que para el lector común, e inclusive en cierta medida para el escritor, resalte de manera especial. 

Fue, en efecto, la primera característica que llamó la atención de lectores y críticos de esta forma literaria: la que primero produjo desconcierto y, a partir de allí, admiración. Ocurre, sin embargo, que tal noción es eminentemente subjetiva. Se puede considerar breve un relato de ocho o diez páginas, pero también lo será uno de un par de páginas, e igualmente, y con mayor razón, algún texto de extensión aún menor, que podremos describir en función de un determinado número máximo de líneas o de palabras, y no de páginas ni de párrafos. 

Pesan en este sentido la tradición de una literatura, y también la implícita comparación -casi instintiva, casi subconsciente- que formulamos con otros textos que conocemos, o bien con lo que se considera cuento o relato en nuestra propia literatura o en una distinta de ella. ¿Habremos de aceptar una categoría nueva, la del microrrelato brevísimo o hiperbreve, aunque el nombre resulte redundante? ¿O bien entenderemos que hay casos en que el escritor extrema alguna de las características que también tienen otros textos de este tipo, y ese hecho es percibido por el lector como un factor de diferenciación? Ustedes deciden. 

Continúo hoy la serie Píldoras literarias con el relato titulado Fracaso, de Felipe Garrido (1942), escritor, editor, traductor y académico mexicano. Realizó la licenciatura en Lengua y Literaturas Hispánicas en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Ha impartido clases en el Centro Universitario México y en el Centro de Enseñanza para Extranjeros de la UNAM. Fue nombrado miembro de la Academia Mexicana de la Lengua en 2003.


Su narración, incluida en la obra La minificción en México (1969), de Lauro Zavala, tiene veintidós palabras y dice así: 


FRACASO

Subir al tercer piso le toma cincuenta y ocho segundos. 
Decide terminar. Abre la puerta. 
Naufraga en sus ojos, color de miel.





Y ahora, como decía Sócrates, Ιωμεν: nos vamos. Sean felices, por favor, a pesar de todo. Tamaragua, amigos. HArendt



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[Humor en cápsulas] Para hoy viernes, 23 de diciembre de 2016





El Diccionario de la lengua española define humorismo como aquel modo que presenta, enjuicia o comenta la realidad, resaltando el lado cómico, risueño o ridículo de las cosas. Pero también como la actividad profesional que busca la diversión del público mediante chistes, imitaciones, parodias u otros medios.

Como yo no soy humorista, me quedo con la primera acepción, y a partir de hoy, siempre en la medida de lo posible, iré subiendo al blog cada día las viñetas de mis dibujantes favoritos: Morgan en Canarias7, Montecruz y Padylla en La Provincia, Forges, Peridis, Ros, El Roto y Sciammarella en El País, y Ricardo y Gallego y Rey en El Mundo. Espero que disfruten de las mismas. 





Y ahora, como decía Sócrates, Ιωμεν: nos vamos. Sean felices, por favor, a pesar de todo. Tamaragua, amigos. HArendt





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jueves, 22 de diciembre de 2016

[A vuelapluma] ¡Hoy se juega el Gordo!





Hoy, 22 de diciembre, se juega el Gordo de la Navidad, el sorteo más popular (con un premio de 400.000 euros al décimo) de la Lotería Nacional de España. La Lotería Nacional es uno de los juegos de azar más populares en España, un juego de tradición centenaria y con gran arraigo en la sociedad española. La Lotería Nacional depende de Loterías y Apuestas del Estado (LAE) que a su vez depende del Ministerio de Hacienda y Administraciones Públicas. 

La lotería llegó a España, como la tradición nacional de los Belenes, de la mano de Carlos III, que la importó de Nápoles, en donde había sido rey antes que en España, y que era igual que la ahora llamada Lotería Primitiva. El primer sorteo se llevó a cabo el 10 de diciembre de 1763.

La lotería moderna, tal cual la conocemos, nació en Cádiz en 1811, por iniciativa de Ciriaco González Carvajal, para aportar fondos a la Hacienda Pública que se quedó resentida por la Guerra de la Independencia. La Real Lotería Nacional de España fue creada por instrucción de 25 de noviembre de 1811. Concebida como «un medio de aumentar los ingresos del erario público sin quebranto de los contribuyentes», tiene lugar en Cádiz el primer sorteo el 4 de marzo de 1812. Circunscrita en principio a Cádiz y San Fernando, salta después a Ceuta y a toda Andalucía, conforme avanzaba la retirada de los ejércitos napoleónicos. El 28 de febrero de 1814 se celebró el primer sorteo en Madrid, desde entonces sede de la Lotería Nacional. 

Con la vuelta al poder de Fernando VII, se impone el nombre de "Lotería Moderna" hasta que durante el Trienio Constitucional, se vuelve a "Lotería Nacional", pasando otra vez a "Moderna" a la vuelta del absolutismo hasta que después de la muerte de Fernando VII ya pasa definitivamente a "Nacional", incluso en el período de la Guerra Civil, donde cada bando tenía su propia "Lotería Nacional".

El "décimo" es el documento mínimo necesario para participar en los sorteos de la Lotería Nacional de billetes. Un billete son diez décimos de un mismo número y serie. La serie es cada una de las sucesiones de billetes numerados del 00000 al último, el 99999. La fracción identifica a cada uno de los diez décimos de un mismo billete, de manera que cualquier décimo es distinguible de cualquier otro, incluso aunque sea del mismo número y de la misma serie.

En el sorteo de Navidad se juegan 100.000 números (del 00000 al 99.999) con una emisión de 160 series formando cada una de las series un billete. Esto implica que de cada número se emiten 160 billetes. Cada serie consta de 10 fracciones. Así cada número se juega en 1.600 décimos. El total de décimos emitidos es de 1.600 x 100.000 = 160.000.000

Los billetes de la Lotería Nacional se consideran valores del Estado, y su falsificación o enmienda se sujetan a las prescripciones del Código Penal. Además, los billetes son documentos al portador, por lo que no se reconoce más dueño de ellos que la persona que los presente, sin perjuicio de derecho de tercero, con intervención de los Tribunales ordinarios.

¿Por qué jugamos los españoles a la Lotería, y especialmente a la de Navidad? Dos recientes artículo de opinión en el diario El País analizan la cuestión. El primero, de Víctor Lapuente Giné, comienza diciendo que tres de cada cuatro españoles no pueden estar equivocados. Si tantos compran la Lotería de Navidad, es por algo. Pero los números no dan. Es miles de veces más probable morir en un accidente de coche que ganar la lotería. Entonces, ¿por qué caemos en la tentación?

Comprar lotería tiene un elemento patológico, añade. Nos dejamos llevar por una emoción. Ya sea positiva, como una esperanza hipertrofiada. O negativa, como la “envidia preventiva” de la que habla el sociólogo José Antonio Gómez Yáñez. Compramos lotería por si acaso les toca a quienes nos rodean. Los anuncios de Lotería de Navidad explotan esa envidia sin pudor alguno, poniendo el énfasis no tanto en los agraciados con el Gordo, sino en los desgraciados que, habiendo podido, no compraron el décimo ganador. Ocurre también en otros países, donde las loterías se centran en códigos postales, hurgando en los celos vecinales. No quieres ser el único del barrio al que no le toca.

La lotería se aprovecha de que los humanos no somos robots racionales, sigue diciendo. Para verlo, respondamos a estas preguntas: a) ¿Qué preferimos: ganar 1.000 euros con una probabilidad de 0,001 o ganar un euro seguro? y b) ¿Qué preferimos: perder 1.000 euros con una probabilidad de 0,001 o perder un euro seguro? Si fuésemos fríamente racionales seríamos indiferentes en las dos cuestiones, porque el valor esperado en cada disyuntiva es el mismo (un euro). Sin embargo, la mayoría escogemos ganar 1.000 euros con una probabilidad baja en la pregunta a y perder un euro en la b. Estamos pues programados para comprar tanto boletos de lotería como seguros contra los imprevistos. Aunque los números no den.

Así desde el principio de los tiempos, concluye diciendo. Y es que, en el fondo, los Estados son vendedores de ilusiones y seguros a gran escala. Durante siglos, los gobernantes nos han ofrecido, por un lado, seguros de protección contra las malas cosechas, la violencia o la enfermedad. Y, por el otro, boletos de lotería para financiar sus proyectos, de la Gran Muralla China a hoy, pasando por Carlos III. Sabían que los ciudadanos lo daremos todo por acercarnos a la rueda de la fortuna y alejarnos de la ruleta rusa. 

El segundo de los artículos citados, de Jesús Mota, parte, dice, de un axioma inicial: en una lotería cuanto más juegas más pierdes. Fue enunciado por el economista Edwin Cannan, ilustre profesor de la London School of Economics allá por los años veinte del siglo pasado. Cannan se limitó a reunir las evidencias disponibles. Hoy, con información estadística sofisticada, es fácil observar los límites de esa afirmación, básicamente cierta. Si tomamos como ejemplo la Lotería Nacional (próximo sorteo, pasado mañana jueves), resulta que la probabilidad de que un número reciba el premio gordo —¿por qué gordo y no grande, o supremo?— es de una entre 100.000. Al 86% de quienes apostaron dinero en décimos o series no les tocará ni un euro; al 5% de los jugadores le tocará algo —tocar en este caso rememora el dedo de la Fortuna, que señala al afortunado, o la varita mágica de las hadas— y el 9% aproximadamente recuperará algo de lo gastado en décimos. Este es el balance real —y racional— de la ruleta que gira cada 22 de diciembre.

Pero entonces ¿qué impulsa a los españoles a jugar a la lotería?, se pregunta. Si excluimos los motivos clínicos (existe una ludopatía difusa que cristaliza cuando una fecha señalada proporciona una coartada), las causas principales son la costumbre y la ansiedad. Para muchos españoles, en Navidad se juega a la lotería por el mismo motivo que se mastican langostinos cocidos, se compran gorros ridículos y se soportan —incluso se promueven— discusiones con la familia política. Un décimo de lotería está admitido y apreciado como un regalo social. La mayoría no quiere ni puede resistirse a una costumbre.

Más complejo es el factor de la ilusión, añade. La expectativa de hacerse rico sin trabajar confirma la percepción inconsciente en el jugador de que la suerte compensará algún día las injusticias que soporta en su vida cotidiana. Igual que en el universo existe una radiación de fondo como residuo del big bang, en las sociedades avanzadas sobrevive la superstición de fondo de que los buenos serán premiados y los malos, castigados. La lotería juega sin tapujos con la idea de que todos podemos enriquecernos sin esfuerzo y de que ese poder procede del impulso de una sentimentalidad elemental. Para algunos, riqueza significa comprar de un jet privado, para otros contratar un personal shopper y para la mayoría tapar agujeros, ese concepto que si un día quiso resumir “pagar la hipoteca de la vivienda” y deudas varias, hoy, debido a la devastación social de la crisis y a la incapacidad de los gestores políticos para repararla, puede significar disponer de dinero para pagar la luz y el agua.

La ilusión es solo una manifestación de la ansiedad, concluye diciendo; una forma de aceptarla y soportarla. Obedece al mismo resorte que repiquetear los dedos sobre la mesa, mover compulsivamente las piernas o aplicar disciplinas repetitivas en el Ejército. La ilusión del 22 no se convierte en frustración el 23 porque se aplica otra letanía repetitiva: “Lo que importa es tener salud”. Nueva frustración, porque el paradigma neoliberal ya ha decretado que la pobreza es una enfermedad incurable; los agraciados con el gordo tendrán más probabilidades de mantenerse sano.

En cualquier caso, me gustaría terminar esta entrada de hoy, añado yo, recordando aquel famoso chiste del humorista Eugenio en el que relataba la historia de un hombre que, desesperado, le pide a Dios que le conceda sacarse el Gordo de la Lotería, al que Dios, exasperado ya de su insistencia, le responde: "¡De acuerdo, concedido, pero por lo menos, compra el décimo!"... Buena suerte y feliz sorteo. 


Niñas del Colegio de San Ildefonso de Madrid, cantando la Lotería Nacional



Y ahora, como decía Sócrates, Ιωμεν: nos vamos. Sean felices, por favor, a pesar de todo. Tamaragua, amigos. HArendt



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[Humor en cápsulas] Para hoy jueves, 22 de diciembre de 2016





El Diccionario de la lengua española define humorismo como aquel modo que presenta, enjuicia o comenta la realidad, resaltando el lado cómico, risueño o ridículo de las cosas. Pero también como la actividad profesional que busca la diversión del público mediante chistes, imitaciones, parodias u otros medios.

Como yo no soy humorista, me quedo con la primera acepción, y a partir de hoy, siempre en la medida de lo posible, iré subiendo al blog cada día las viñetas de mis dibujantes favoritos: Morgan en Canarias7, Montecruz y Padylla en La Provincia, Forges, Peridis, Ros, El Roto y Sciammarella en El País, y Ricardo y Gallego y Rey en El Mundo. Espero que disfruten de las mismas. 






Y ahora, como decía Sócrates, Ιωμεν: nos vamos. Sean felices, por favor, a pesar de todo. Tamaragua, amigos. HArendt





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miércoles, 21 de diciembre de 2016

[Poesía y pintura] Hoy, con Francisco de Quevedo y Fra Angélico





Durante las próxima semanas voy a intentar unir en una misma entrada algunos de los más bellos sonetos en lengua española y de mis pinturas clásicas favoritas. Espero que sean de su agrado. Hoy dedico la entrada al poeta Francisco de Quevedo y su soneto Miré los muros de la patria mía, y al pintor Fra Angélico y su cuadro La Anunciación (1428). Disfruten de ambos.





Francisco de Quevedo 


Francisco Gómez de Quevedo Villegas y Santibáñez Cevallos (1580-1645), conocido como Francisco de Quevedo, fue un escritor español del Siglo de Oro. Se trata de uno de los autores más destacados de la historia de la literatura española y es especialmente conocido por su obra poética, aunque también escribió obras narrativas y obras dramáticas. Ostentó los títulos de señor de La Torre de Juan Abad y caballero de la Orden de Santiago. Les dejo con


MIRE LOS MUROS DE LA PATRIA MÍA

Miré los muros de la patria mía
si un tiempo fuertes, ya desmoronados,
de la carrera de la edad cansados,
por quien caduca ya su valentía.

Salíme al campo, vi que el sol bebía
los arroyos del hielo desatados,
y del monte quejosos los ganados
que con sombras hurtó su luz al día.

Entré en mi casa; vi que amancillada
de anciana habitación era despojos;
mi báculo, más corvo y menos fuerte;

vencida de la edad sentí mi espada
y no hallé cosa en que poner mis ojos
que no fuese recuerdo de la muerte.




Fra Angélico


Beato Angélico O.P. más conocido como Fra Angélico O.P. o Fray Juan de Fiésole O.P (1390-1455), fue un pintor cuatrocentista italiano que supo combinar la vida de fraile dominico con la de pintor consumado. Fue llamado Angélico por su temática religiosa, la serenidad de sus obras y porque era un hombre de extraordinaria devoción. Fue beatificado por Juan Pablo II en 1982. Giorgio Vasari en su libro Vida de los mejores, pintores, escultores y arquitectos se refiere a él como Fra Giovanni Angelico, poseedor de un "raro y perfecto talento" y menciona que "nunca levantó el pincel sin decir una oración ni pintó el crucifijo sin que las lágrimas resbalaran por sus mejillas".

Su cuadro La Anunciación es para mí la más bella pintura del museo del Prado, en el que se expone, y visita obligada en cada ocasión que recalo en Madrid. No dejen de ver el enlace inmediatamente anterior. Se lo recomiendo encarecidamente. 



La Anunciación, de Fra Angélico



Y ahora, como decía Sócrates, Ιωμεν: nos vamos. Sean felices, por favor, a pesar de todo. Tamaragua, amigos. HArendt



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[Humor en cápsulas] Para hoy miércoles, 21 de diciembre de 2016





El Diccionario de la lengua española define humorismo como aquel modo que presenta, enjuicia o comenta la realidad, resaltando el lado cómico, risueño o ridículo de las cosas. Pero también como la actividad profesional que busca la diversión del público mediante chistes, imitaciones, parodias u otros medios.

Como yo no soy humorista, me quedo con la primera acepción, y a partir de hoy, siempre en la medida de lo posible, iré subiendo al blog cada día las viñetas de mis dibujantes favoritos: Morgan en Canarias7, Montecruz y Padylla en La Provincia, Forges, Peridis, Ros y El Roto en El País, y Ricardo y Gallego y Rey en El Mundo. Espero que disfruten de las mismas. 





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