sábado, 7 de diciembre de 2024

De los diez pensadores más influyentes del mundo actual. Especial 2 de hoy sábado, 7 de diciembre de 2024


 






Sus ideas, su obra y sus intervenciones en el debate público han determinado el pulso del pensamiento contemporáneo. Nos ayudan a entender qué está pasando, qué podría pasar y qué debería pasar. Son los grandes visionarios de este arranque del siglo XXI


Ideas

07 DIC 2024 


Vivimos tiempos de gran incertidumbre. Necesitamos, más que nunca, faros, mentes preclaras que nos guíen a la hora de entender qué ocurre en el mundo y, sobre todo, por qué. Por eso hemos decidido celebrar el número 500 de Ideas, el espacio de EL PAÍS para la reflexión, con un panorama de los pensadores más relevantes del momento presente. 56 personas (filósofos, historiadores, politólogos, tecnólogos, etcétera) nos han ayudado a configurar una lista con los intelectuales cuya visión ya está dejando huella. Son estos:



Judith Butler


1

Cleveland (EE UU), 1956. Filósofa que ha cuestionado las ideas tradicionales de género y que ha hecho importantes aportaciones a la teoría queer en obras como El género en disputa (1990) y su libro más reciente, ¿Quién teme al género? (2024, ambos en Paidós).


Por Ana Carrasco-Conde

(Ciudad Real, 1979). Filósofa y autora de La muerte en común (2024, Paidós). Ha escrito el prólogo a la reedición de El clamor de Antígona, de Judith Butler (Machado Libros).

A 451 grados Fahrenheit arden los libros según Bradbury. En un mundo en el que tal cosa fuera posible los de Butler serían los primeros en ser arrojados al fuego. Muchos también se salvarían, escondidos como último reducto de lucha, bajo una baldosa. En 2017 la ultraderecha en Brasil recogió 370.000 firmas para evitar su visita y quemaron una imagen suya. ¿Imaginan qué mensaje tan potente, aunque distorsionado, puede llegar a movilizar tantas fobias y filias? Lo que escribe remueve, mueve o conmueve. Al primer grupo pertenecen El género en disputa (1990), Cuerpos que importan (1993) o ¿Quién teme al género? (2024); al segundo, Mecanismos psíquicos del poder (1997), y al tercero, El grito de Antígona (2000).

De formación hegeliana, con impronta del psicoanálisis e interés en la lingüística, recupera una preocupación según la cual no hay esencias prístinas, sino sujetos que dependen en su desarrollo de dinámicas en las que se inscriben. Existen normas que producimos y reproducimos y que, aunque generan la ficción de una “esencia”, performativamente nos construyen. Parte de su obra quiere entender los efectos del género como parte de una estructura de poder, no porque sea una mera construcción cultural, sino porque se asienta en algo más profundo asociado a nuestro psiquismo. Se entiende como un sistema de organización de las normas que nos constituyen en las instituciones e instancias sociales. Trabaja en otras consecuencias del poder de lo normativo: las vidas no reconocidas como tales o el rechazo a familias no normativas. Piensa la vida atravesada por el poder, donde asoma el estigma, la precariedad o la violencia.



Thomas Piketty


2

Nacido en Clichy (Francia) en 1971, este economista ha centrado su trabajo en la desigualdad y la redistribución de la renta en el capitalismo actual. Su libro clave es El capital en el siglo XXI (2013, Deusto).


Por Yolanda Díaz

(Fene, A Coruña, 1971). Ministra de Trabajo y Economía Social, y vicepresidenta segunda del Gobierno. Es fundadora de Sumar.

La desigualdad es una construcción social e histórica, una decisión de naturaleza política que solo puede ser combatida con decisiones igualmente políticas. Este es, considero, el gran legado de Thomas Piketty, su principal aportación al pensamiento contemporáneo. El economista francés no es el primero en denunciar el carácter contingente de la desigualdad, por supuesto, pero ha sido capaz de difundir ampliamente sus planteamientos y mostrar la economía como una ciencia social imbricada en la historia y la sociología, alejada de la autorreferencialidad y matematicismo de antaño.

El capital en el siglo XXI, el mastodóntico libro que lo llevó a la fama, demostró una formidable capacidad de llevar lo heterodoxo al mainstream, de sustentar empíricamente ideas transformadoras. Años después, en Capital e ideología, Piketty logró ir más allá de su propia innovación metodológica, apuntando la centralidad de la ideología en la perpetuación de las desigualdades y señalando la responsabilidad de las élites en la erosión de nuestras democracias. En otros libros e informes, se ha volcado en demostrar la necesidad de una revolución fiscal global que aborde, desde la justicia social y climática, la emergencia ecológica, el principal desafío de nuestra época.

Hoy, en pleno shock tras el retorno del trumpismo, cobra especial relevancia su afirmación de que “uno no puede estar en contra del capitalismo o del neoliberalismo: uno debe estar también y sobre todo a favor de otra cosa”. Haríamos bien, pues, en sumergirnos en la batalla de las ideas, en comprender la relevancia y valor de intelectuales públicos como Thomas Piketty, en aplaudir y acompañar sus esfuerzos por construir una “alternativa explicada con claridad”; una nueva forma de socialismo “participativo y descentralizado, federal y democrático, ecológico, multirracial y feminista”, como él mismo dice; un horizonte de certidumbre hacia el que avanzar, poco a poco, paso a paso, desde la permanente tensión entre la ambición de nuestros principios y el pragmatismo de la praxis.


Noam Chomsky


3

Filadelfia (Estados Unidos), 1928. No solo revolucionó la lingüística, sino que también es una de las figuras políticas más relevantes por su crítica al capitalismo y a la política estadounidense en artículos y libros como Los guardianes de la libertad (1988, Austral).


Por César Rendueles

(Girona, 1975). Sociólogo, ensayista e investigador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Su último libro es Comuntopía (2024, Akal).

En la película Captain Fantastic (2016), la familia protagonista —una especie de tribu anarquista contracultural— no celebra la Navidad sino que conmemora el Día de Noam Chomsky. La escena es absurda y excesiva pero capta bien el papel que Chomsky ha llegado a desempeñar en nuestra esfera pública. Chomsky representa todo lo que la modernidad imaginó en un intelectual y que en la era de la posverdad nos parece propio de una época salvaje y heroica: un científico que revolucionó su campo de estudio, autor de ensayos políticos de un rigor implacable y, al mismo tiempo, un referente ético global cuya rabiosa independencia nunca se ha confundido con indiferencia o equidistancia. A menudo ha sido acusado —desde Michel Foucault hasta Slavoj Žižek— de ser culturalmente conservador. Seguramente es verdad: tan conservador como esperamos que sea un pilar de hormigón armado.

Antes de cumplir los 30 años, Noam Chomsky ya había hecho saltar por los aires la lingüística de su tiempo. No ha dejado de ser una referencia irremplazable en el campo de las ciencias cognitivas: cambió nuestra manera de entender el lenguaje porque transformó nuestra concepción del innatismo que, gracias a él, dejamos de entender como un automatismo plano y se convirtió en la base de una teoría de la mente activa y vigorosa. Entretanto, ha encontrado tiempo para denunciar infatigablemente los ataques a la democracia en todo el mundo y desarrollar una teoría de los efectos catastróficos para la libertad de expresión de la coalición de intereses empresariales y políticos que dominan los medios de comunicación: una crítica que anticipó en varias décadas la degradación informativa que hoy padecemos.


Jürgen Habermas


4

Düsseldorf (Alemania), 1929. Ha analizado los mecanismos de los debates públicos y de la democracia en obras como Teoría de la acción comunicativa (1981).


Por Victoria Camps

(Barcelona, 1941). Es catedrática emérita de Filosofía de la Universidad Autónoma de Barcelona. Su último libro es Tiempo de cuidados (Arpa).

Miembro de la segunda generación de la Escuela de Fráncfort, Jürgen Habermas se convierte pronto en un filósofo de referencia por sus libros sobre ética y filosofía política. De la mano de Karl-Otto Apel, elabora una nueva teoría de la racionalidad práctica conocida bajo el nombre de ética discursiva, ética del diálogo o ética de la comunicación. El objetivo es sustituir la filosofía del yo, característica de la modernidad, por una filosofía de la interacción lingüística que concibe la comunicación como el escenario en el que se despliega la discusión racional. Influyen en dicha teoría el método hermenéutico, con su énfasis en la interpretación del texto, y la pragmática del lenguaje de Wittgenstein, para quien los usos del lenguaje en sus distintos contextos son los determinantes del significado.

Cómo seguir haciendo filosofía después de Auschwitz es una de las preocupaciones de los filósofos frankfurtianos. Entienden que, sin renunciar a la especulación que la caracteriza, la filosofía tiene que ser crítica y aportar mecanismos de compromiso con la historia si pretende tener alguna influencia en la práctica. No será el individuo solitario de Kant quien descubra el imperativo de la moralidad, sino la comunidad que dialoga en esa “esfera común” constituida por seres que hablan con el fin de llegar a acuerdos racionales sobre temas que concitan opiniones dispares. La construcción de la opinión pública es otro de los temas que Habermas ha abordado y que ha concitado el interés no solo de los filósofos, sino de los profesionales de la comunicación. Ahora que el objetivo de adquirir “competencias” ha invadido el sistema educativo, convendría saber que la teoría de Habermas presupone una “competencia comunicativa”, una “situación ideal de diálogo”, a la que deberían tender todos los actos de comunicación reales y, como tales, imperfectos. Las reglas de interacción lingüística son morales, y legitiman los acuerdos a los que se llega por el diálogo, una lección que deberíamos recordar si queremos corregir la comunicación distorsionada, caótica y desnortada de nuestro tiempo.


Yuval Noah Harari


5

Ensayista nacido en Kiryat Atta, Israel (1976), ha explorado nuestra historia, nuestra sociedad y nuestro posible futuro en obras como Sapiens (2011) y la reciente Nexus (2024, Debate).


Por Javier Sampedro

(Madrid, 1960). Periodista y doctor en genética y biología molecular. Escribe sobre ciencia en EL PAÍS y es además autor de libros como El siglo de la ciencia: nuestro mundo al descubierto (2009, Península).

Con la posible excepción de sus estudiantes de Historia en la Universidad Hebrea de Jerusalén, nadie había oído hablar de Yuval Noah Harari hace 10 años. Fue entonces cuando su libro Sapiens: de animales a dioses se propagó por el mundo como fuego por la paja y le convirtió en uno de los intelectuales más influyentes del planeta. Junto a un par de secuelas y una versión para niños, Sapiens ha vendido 45 millones de copias en 65 idiomas, un prodigio para un erudito ensayo de 500 páginas. Al menos desde que Sapiens se encaramó a la lista de superventas de The New York Times durante 96 semanas seguidas y Bill Gates lo aclamó como uno de sus libros favoritos, Harari se convirtió en una especie de oráculo de Delfos de las élites mundiales. Si el jefe de Meta (Facebook), Mark Zuckerberg, organiza una reunión sobre los efectos de la tecnología en la humanidad, invita a Harari. Si la Unesco quiere informarse sobre la pandemia de covid y la ciencia internacional, invita a Harari. No hay un solo medio de referencia en el mundo que no haya entrevistado a Harari varias veces.

Y sin embargo hay científicos que dudan del rigor académico del autor israelí. El mensaje central de Sapiens es que los humanos hemos llegado a dominar el mundo porque somos capaces de creer en cosas que no existen, como el dinero, los dioses, las naciones y los derechos humanos, porque esos relatos ficticios nos permiten formar grandes coaliciones. Sin duda es una idea atractiva, casi magnética, pero no está bien fundamentada en la ciencia actual. Pese a estas críticas académicas, el tecnopesimista Harari sigue siendo un autor muy interesante, y acaba de demostrar su buena forma con Nexus, una exploración profunda de las redes de comunicación y sus efectos dramáticos en las organizaciones humanas. Hay Harari para rato.


Michael J. Sandel


6

Minneapolis (EE UU, 1953). Filósofo ético que ha escrito sobre cómo ha de ser nuestra democracia y que también ha criticado ideas preconcebidas sobre la meritocracia en libros como Justicia (2010, Debolsillo) y La tiranía del mérito (2020, Debate).


Por Montserrat Domínguez

(Madrid, 1963). Directora de contenidos de la Cadena Ser. Antes fue subdirectora de EL PAÍS, directora de El HuffPost y directora de Hora 25, en la Ser.

Hay dos causas que Michael J. Sandel identifica como la base del descontento democrático que se extiende como un virus entre los ciudadanos: la pérdida de dignidad en el trabajo y el vaciamiento de los espacios públicos de convivencia. Es en estos dos ámbitos donde la globalización y el neoliberalismo de las últimas décadas, aceptados como verdad inapelable incluso por líderes socialdemócratas como Clinton, Blair o Schroeder, han actuado como un ácido corrosivo. Reconozcamos, dice Sandel, que el trabajo no es sólo una manera de ganarse la vida: es también una vía de reconocimiento, de aportación al bien común, de sentirse respetado. Si ves caer tu salario y tu autoestima social, los políticos hipernacionalistas sabrán explotar esa frustración legítima para buscar chivos expiatorios. Porque el malestar es real, tan real como el aumento de la desigualdad, y algunos saben redirigirlo hacia posturas racistas, xenófobas o misóginas.

Hay antídotos, sugiere Sandel: como asumir que la democracia no necesita de una igualdad perfecta, pero sí que haya lugares de encuentro y de interacción donde aprendamos a negociar y a convivir con nuestras diferencias. Los guetos de los ricos y sus cachorros, su desinterés por esos espacios públicos de intercambio de ideas y experiencias, acaban pasando factura al sentimiento de comunidad y de pertenencia, y al compromiso por el bien común que es imprescindible para que las democracias prosperen.

Los libros de Sandel, sus charlas en auditorios abarrotados y sus cursos de Harvard, online y gratuitos, suman audiencias que hacen palidecer de envidia a los youtubers. Resulta que sí nos gusta leer, escuchar y debatir sobre justicia, ética, política y filosofía. En tiempos de polarización, no es un logro menor el de este aspirante a periodista reconvertido en uno de los pensadores más influyentes de nuestro tiempo.


Martha Nussbaum


7

Nacida en Nueva York (EE UU, 1947), esta filósofa ha escrito sobre valores políticos y ha defendido la importancia de las humanidades en libros como Crear capacidades (2012, Paidós).



Por Daniel Gascón

(Zaragoza, 1981). Periodista y escritor. Tiene una columna semanal en EL PAÍS y dirige la edición española de la revista cultural Letras libres. Es autor de libros como La muerte del hipster (2021, Literatura Random House).

Martha Nussbaum, profesora de Derecho y Ética en la Universidad de Chicago y premio Princesa de Asturias 2012, ha escrito sobre el pensamiento de los griegos y los romanos y lo que podemos aprender de él, sobre el feminismo y sobre la importancia de las emociones en política, sobre el enfoque de las capacidades, sobre la intolerancia religiosa y sobre los derechos de los animales.

Algunas de las cosas que subraya pueden parecer anodinas de pura sensatez, pero no eran populares en su momento. En La fragilidad del bien (1986) hablaba, a partir del estudio de la tragedia griega y de algunas obras filosóficas, de la vulnerabilidad y del desastre. Algunas preocupaciones humanas nos colocan en posiciones vulnerables (el amor implica el miedo a perderlo); como las cosas valiosas son plurales, establecen relaciones variables y conflictivas; esa fragilidad no es un bien en sí mismo ni algo romántico.

Otra aportación importante de Nussbaum es el desarrollo del “enfoque de las capacidades”. Si Amartya Sen había realizado un planteamiento económico del asunto, Nussbaum elaboró la versión filosófica. Ese enfoque considera que para valorar cómo hace las cosas un país, la medida correcta no son solo los indicadores económicos como el PIB per capita, sino “lo que la gente de verdad puede hacer y ser. Las capacidades no son solo destrezas, sino oportunidades sustantivas para elegir cosas que el individuo valora”. Nussbaum, que ha estudiado la influencia de las emociones y ha analizado la tradición cosmopolita, reivindica el valor moral de la nación y defiende un liberalismo de “corte socialdemócrata” y pluralista. El liberalismo, ha dicho en alguna ocasión, también necesita amor.



Slavoj Žižek


8

Nacido en Liubliana (Eslovenia) en 1949, este filósofo ha analizado la sociedad y la política con referencias al psicoanálisis y a la cultura pop.


Por Marina Garcés

(Barcelona, 1973). Filósofa, su último libro es El tiempo de la promesa (2023, Anagrama)

Corrían los posmodernos años noventa, cuando un extraño filósofo que no era ni francés, ni italiano, ni alemán nos enseñó a pensar que la tolerancia podía ser peligrosa, la comida light poco saludable y el matrimonio un desafío frente al individualismo disfrazado de emancipación. Hablaba de cine, de Hegel y de Lacan. Haciendo crítica de la ideología, nos dio la bienvenida al desierto de lo real.

A Žižek no le ha dado miedo convertirse en un meme. No pretende ser dialogante, ni académico, ni biempensante. Entiende la filosofía como un acto de radicalidad incómodo e inadecuado que no puede contentar a nadie. Por eso dudo que sea una influencia de las izquierdas, si entendemos por izquierdas aquellas organizaciones que establecen un marco de lo posible en el espectro de la representación política. Su filosofía no puede sostenerse en el espacio de la representación: se abre a esa noche del mundo que nos habita. Su obra principal, El espinoso sujeto (Paidós), reivindica al sujeto trascendental frente a la historicidad de las subjetividades posmodernas. No se conforma con reducirlo todo al relativismo de las diferencias y de sus encuentros; nos invita a pensar la negatividad abismal que nos constituye. Sólo ahí podemos entender la potencia de la imaginación y la radicalidad de la revolución.

Nos enseñó a ver que la tolerancia era el problema, cuando el multiculturalismo, las dietas y la flexibilidad de todas las formas de vida eran la coartada para el triunfo del neoliberalismo. Hoy, este ha abrazado un autoritarismo que no necesita ser tolerante. El poder muestra su verdad más oscura y Žižek alerta de que ya es tarde para despertar. Esto no significa quedarnos dormidos, sino adentrarnos en la noche para volver a pensar lo no dicho de la historia de Europa, que no son la razón ni la revolución, sino la guerra.


Byung-Chul Han


9

Filósofo y ensayista surcoreano, afincado en Alemania (Seúl, 1959). Destaca por sus libros breves que critican el capitalismo, la tecnología y la visión actual del trabajo.


Por Delia Rodríguez

(Logroño, 1978). Periodista especializada en la relación entre tecnología y sociedad. Es autora de Memecracia (2012, Gestión 2000).

Byung-Chul Han no tiene ideas sino axiomas. Pertenece a esa raza de médiums que, como el matemático Ramanujan o la escritora Lispector, capturan voces sobre el papel: “Las [palabras] que están en los libros no son mías. Recibo las que me visitan y las copio”, dijo en una desconcertante entrevista en este periódico. Sabemos que nació en Corea del Sur y se fue a Berlín, tiene 65 años, es profesor, toca el piano, cuida un jardín e intenta trabajar poco. Por tanto, nos cae bien.

También nos gusta porque su obra canaliza las preocupaciones de internet, que son las nuestras, y cuando digo nuestras quiero decir mías: la opresión de la autoexplotación; la salud mental como la patología contemporánea; la importancia de los rituales y objetos analógicos; la trampa de la autooptimización; la narración y su crisis; la emocionalización, el narcisismo, y la aceleración de la sociedad digital. Al leerlo pienso que ya podría dejar de expresarse como un pitagórico del siglo VI antes de Cristo, alargar las frases y explicarse mejor; después me olvido y vuelvo a comprar sus libritos que creo escritos para mí. Le acusan de repetirse, es cierto y me da igual, porque lo dicho me resuena y deseo volver a oírlo. Así funciona el nuevo mundo, por cierto, o lanzas una y otra vez tu mensaje a internet junto a un buen titular o será ignorado.

Supongo que por su conexión con la cultura digital, su extravagancia personal o su falsa sencillez se le llama pensador de moda; algo curioso porque a pesar de los 100.000 ejemplares vendidos en España y Latinoamérica solo de La sociedad del cansancio, no es popular en EE UU. Auguro, pues, que pronto estará de moda de verdad, porque aún hay quien no reconoce sus axiomas.





Peter Singer


10

Melbourne (Australia), 1946. En obras como Ética práctica (1980, Akal) ha hablado de temas como el altruismo, los derechos de los animales y el medio ambiente.


Por Marta Peirano

(Madrid, 1975) es periodista. En su último libro, Contra el futuro (2022, Debate), reflexiona sobre qué podemos hacer los ciudadanos ante el cambio climático.

El famoso utilitarista australiano sedujo a los tecnócratas proponiendo una fórmula basada en la lógica, los datos y la eficiencia para identificar las causas que benefician al mayor número de personas con la menor cantidad de recursos, en un entorno históricamente caracterizado por la intensidad emocional. Lo llamó altruismo efectivo, y en los últimos años ha sido utilizado como filosofía ética por figuras de Silicon Valley como Sam Bankman-Fried, fundador de FTX, y Sam Altman, CEO de OpenAI, para justificar una extracción masiva de recursos en beneficio de una humanidad que todavía no existe. Pero, si Peter Singer tuviera que votar entre la expansión a Marte y que seamos colonizados por una raza extraterrestre con talento para la felicidad, iría con los segundos. Singer se dedica a la erradicación del sufrimiento. La especie que lo consiga cuenta con su aval, independientemente de su origen.

En Liberación animal, libro que le catapultó a la fama en 1975 y le convirtió en padrino del movimiento por los derechos animales, propone el concepto de especismo, prejuicio moral idéntico al racismo o el sexismo, creado para justificar una cultura de explotación no respaldada por criterios científicos. Además de premios y condecoraciones, acumula doctorados honorarios de universidades como Harvard y Oxford. Es coeditor de la Revista de Ideas Controvertidas, fundada en 2021 para publicar textos sobre temas éticos, políticos y sociales que cumplen estándares de calidad académica pero han sido rechazados por tratar temas sensibles o desafiar las estructuras convencionales de la academia.


¿Y las mujeres? Una lista desigual (aunque no tanto)


Carmen Pérez-Lanzac 

Sí, apenas hay pensadoras en esta clasificación. Los años de ausencia y de arrinconamiento también están presentes en este ranking. En un categórico primer lugar (aventaja en más de 50 puntos al segundo), tenemos a Judith Butler, que nació mujer pero tiene reconocido en su California natal el género no binario (ni hombre ni mujer). Su gran aportación filosófica, defender la subversión de la identidad, claro, le es cercana. Y en el puesto 7º, la filósofa Martha Nussbaum, que apoya la plena realización de todos y cada uno de los individuos. Por lo demás, la lista es un desierto en clave femenina.

Pero los diez primeros son la punta del iceberg. Hasta 288 pensadores han sido seleccionados. Y entre el puesto 11 y el 20 hay 7 mujeres: la ensayista estadounidense Naomi Klein (11º), la economista italiana Mariana Mazzucato (12º), la filósofa estadounidense Donna Haraway (16º), la socióloga francoisraelí Eva Illouz (17º), la feminista francesa Hélène Cixous (18º), la investigadora cordobesa Remedios Zafra (19º) y la filósofa estadounidense Wendy Brown (20º). La cosa mejora algo.

En Ideas estuvimos pendientes del equilibrio de género. El jurado lo conformaron 32 mujeres de un total de 56 personas. Mientras, queremos contribuir al avance hacia un top 10 equilibrado entre género, raza, clase y en el que los pensadores no procedan de una forma tan rotunda (9 de 20) de un solo país occidental, Estados Unidos.


El método y el jurado


Esta encuesta se realizó pidiendo a 56 expertos de diferentes ámbitos (historia, política, tecnología, academia, ciencia, periodismo) que eligieran a los que, a su juicio, son los diez pensadores vivos más influyentes de la actualidad. Los hemos ordenado en función del número de votos obtenidos.

El jurado estuvo compuesto por: Noelia Adánez, Jordi Amat, Irune Ariño, Olga Belmonte, María Blanco, María Blasco, Isabel Burdiel, Eurídice Cabañes, Victoria Camps, David Cano, Olga Cantó, Ana Carrasco-Conde, Ernesto Castro, Xavier Coller, Sonia Contera, Estrella de Diego, Mara Dierssen, Joaquín Estefanía, Lorena Fernández, Soledad Gallego-Díaz, Daniel Gascón, Gutmaro Gómez-Bravo, Pedro Carlos González Cuevas, Mariona Gumpert, Jordi Gracia, Óscar Horta, José María Lassalle, Lucía Lijtmaer, Paloma Llaneza, Laura Llevadot, Ramón López de Mántaras, Chantal Maillard, Carles Manera, Máriam Martínez-Bascuñán, Joan-Carles Melich, Enrique Moradiellos, Javier Moscoso, Paloma de la Nuez, Nuria Oliver, Anna Pagès, Marta Peirano, Ignacio Peyró, Alana S. Portero, Jahel Queralt, Juan Ramón Rallo, Clara Ramas, Joaquín Reyes, Sara de la Rica, Andrea Rizzi, Delia Rodríguez, Carlos Rodríguez Braun, Javier Rodríguez Marcos, Pere Rusiñol, Javier Santamarta, Marta Segarra y Natalia Velilla.











De los sinvergüenzas en el poder. Especial 1 de hoy sábado, 7 de diciembre de 2024

 






A raíz de la victoria de Donald Trump en las elecciones estadounidenses, he leído numerosos análisis de las causas y consecuencias de su triunfo; hasta donde alcanzo, sin embargo, nadie ha dicho lo más obvio, quizá porque es lo más obvio o porque lo más obvio es lo que con más facilidad pasa inadvertido (precisamente porque es lo más obvio). A riesgo de incurrir en la perogrullada, intento exponerlo a continuación.

A la vista de todos está, y el propio interesado no hace el menor esfuerzo por ocultarlo; al contrario, se enorgullece de ello: Trump es básicamente un impresentable, un sinvergüenza —dicho sea con el máximo respeto—, un tipo con quien nadie con dos dedos de frente se tomaría un cafél afirma en El País [Sinvergüenzas al poder, 07/12/2024] el escritor y académico de la RAE, Javier Cercas. ¿Qué otra cosa puede decirse de un ególatra furioso, un narcisista de manual, un evasor de impuestos, un delincuente convicto, un mentiroso redomado, un tipo cuyo entusiasmo por la democracia es perfectamente descriptible, el principal responsable de un intento de golpe de Estado, un hombre capaz de insultar a diestra y siniestra, de burlarse de personas con discapacidad o de alardear de un machismo inigualado por aquellos hitos del séptimo arte protagonizados por Fernando Esteso y Andrés Pajares (incluso por ¡Qué gozada de divorcio!)? Es muy posible que la victoria de Trump se deba menos a sus méritos que a los deméritos de sus adversarios, a que, pese a la buena marcha general de la economía estado­unidense, la Administración de Biden fuera incapaz de reducir la inflación y la desigualdad, a que los demócratas hayan olvidado o abandonado a los trabajadores (como no se cansa de repetir el demócrata Bernie Sanders), a que Biden frenara demasiado tarde la carrera de su reelección y Harris no tuviera tiempo de preparar la de su elección. Todo esto es posible. Pero lo indudable es que la reelección de un hombre como Trump para la presidencia de la primera potencia mundial es la plasmación insuperable de uno de los rasgos definitorios de la política actual: el divorcio absoluto entre ética y política, la maquiavelización de la política (entendiendo a Maquiavelo como un prescriptor y no como un descriptor, que es como no hay que entenderlo), la idea de que, en política, lo único que cuenta son los resultados y no cómo y quién y de qué manera se consiguen. “Gato negro o gato blanco, da igual: lo importante es que cace ratones”, decía Deng Xiaoping (y Felipe González lo repitió en cuanto le oyó decirlo). Es posible que la moralina tribal del wokismo haya ayudado al triunfo de la completa amoralidad de Trump; lo seguro es que Trump ha convencido a una mayoría de estadounidenses de que con él serán más prósperos, y que esa mayoría ha decidido que, aunque el gato sea más negro que el carbón, lo importante es que cace ratones. ¿Qué será lo siguiente? ¿Y si, igual que Trump ha convencido a sus votantes —pobres y ricos— de que con él vivirán mejor, los convence de que vivirán mejor sin democracia? ¿Imposible? Gideon Rachman citaba en el Financial Times dos estudios recientes del Pew Center: según el primero, el 32% de los norteamericanos cree que sería una buena idea tener un líder fuerte que pudiera gobernar sin las constricciones del poder legislativo o el judicial; según el otro, un poco anterior, el 38% de los norteamericanos y el 48% de los republicanos pensaban que el país necesitaba un líder dispuesto a “romper algunas reglas, si eso era lo necesario para arreglar las cosas”. Sin comentarios.

¿Qué será lo siguiente? La primera llegada de Trump al poder, en 2017, simbolizó a la perfección el triunfo del nacionalpopulismo en Occidente; además de simbolizar el divorcio absoluto entre ética y política, su segunda llegada al poder significa que la lucha del nacionalpopulismo contra la democracia liberal prosigue. Trump y lo que Trump representa constituye un experimento inédito en la democracia más antigua del mundo; no tiene sentido preguntarse si se extenderá a nuestras democracias, porque ya lo ha hecho (y no solo gracias a la ultraderecha); la pregunta es: ¿hasta dónde se extenderá? ¿Y cómo va a acabar? La verdad: yo ahora mismo no veo cómo esto puede acabar bien.











De las entradas del blog de hoy sábado, 7 de diciembre de 2024

 







Hola, buenos días de nuevo a todos y feliz sábado, 7 de diciembre de 2024. En mi vida hay algunos hombres mayores. Mucho mayores que yo, comenta en la primera de las entradas de hoy la escritora Marina Perezagua. No son familiares, sino amigos que he conocido en la última etapa de sus vidas, tal vez en sus últimos años. Cuando lo pienso, siento que he llegado tarde a una fiesta sorpresa, pero al menos he llegado. La segunda es un archivo del blog de diciembre de 2019 en el que se recogía la lista de libros que un jurado de 84 expertos había escogido para la revista Babelia como los 100 títulos más relevantes de las dos primeras décadas del milenio, a la que el autor del blog añadía su bibliografía personal de ese año. La tercera es hoy un poema de la poetisa rusa Anna Ajmátova que comienza con estos versos: Estamos tan intoxicados uno del otro/Que de improviso podríamos naufragar,/Este paraíso incomparable/Podría convertirse en terrible afección. Y la cuarta, como siempre, son las viñetas de humor del día. Espero que todas ellas les resulten de  interés. Y ahora, como decía Sócrates, nos vamos. Nos vemos de nuevo mañana si la diosa Fortuna lo permite. Sean felices, por favor, aun contra todo pronóstico. Tamaragua, amigos míos. HArendt








De algunos hombres mayores

 








En mi vida hay algunos hombres mayores. Mucho mayores que yo. No son familiares, sino amigos que he conocido en la última etapa de sus vidas, tal vez en sus últimos años. Cuando lo pienso, siento que he llegado tarde a una fiesta sorpresa, pero al menos he llegado. Tengo el privilegio de haber coincidido en el tiempo con ellos, estar viva mientras ellos también lo están, dice en El País [Algunos hombres mayores, 30/11/2024] la escritora Marina Perezagua. Me viene a la mente la dedicatoria de Carl Sagan a Ann Druyan en Cosmos: “En la vastedad del espacio y en la inmensidad del tiempo mi alegría es compartir un planeta y una época con Annie”.

Hay dos cualidades que despiertan mi fascinación, mi enamoramiento, real o figurado, por un hombre: la bondad y la inteligencia. Estos amigos comparten ambas. Pero esa sensación de haber llegado tarde a la fiesta me hace temer, y a ellos también, que en algún momento inesperado, sonará el teléfono. Tal vez mientras uno descorcha una botella de vino, al otra lado una voz le pedirá que cruce la puerta. Y se irá. Sin abrigo, sin despedidas. Y yo me iré quedando sola en esa fiesta, mientras los teléfonos de los otros amigos también empiezan a sonar. Podría ser que el mío suene primero, pero por la ley natural es más probable que sea yo la que me quede sin ellos. Esta circunstancia condiciona nuestra amistad; la tiñe de una urgencia distinta, una tensión permanente. Honramos cada momento compartido como algo frágil. Cada despedida se sella con un abrazo que se hace grieta a medida que nos alejamos.

Tener amigos que podrían ser mis abuelos me da miedo, pero sobre todo me da vida. Ni siquiera destaco lo que se suele acentuar: la mayor sabiduría o experiencia que nuestros mayores pueden aportarnos. Lo que más me llena de estas relaciones es la pasión que las habita. La verdad. No hay tiempo para ocultar sentimientos íntimos. Mi amistad con estos amigos está despojada de ornamentos; es una amistad desnuda, porque tiene el tiempo contado y una profundidad que urge. Se parece a los vínculos que surgen en un país en guerra. La guerra es un acelerador de amistades, qué vas a hacer si no sabes cuándo caerá el próximo misil. Beber, y contar verdades que quizá nunca antes confesaste. Esta intimidad, une. Cuando el tiempo corre en nuestra contra, compartir un secreto a un desconocido le convierte en amigo, en posible testamento de tus palabras, albacea de tus bienes más inmateriales. A veces me preguntan si tengo relaciones sentimentales con alguno de ellos. Las he tenido con otros hombres mayores, pero ahora no hablo de eso, sino de amistad. Pero tampoco me intimida que un amigo de 85 años me diga que tengo las piernas bonitas; no lo tomo solo como un cumplido, sino como una opinión libre, que se expresa sin miedo a que yo pueda pensar que está fuera de lugar. No les despojo de su sexualidad. Me molesta cuando otros lo hacen, cuando les niegan su derecho al deseo o los degradan si intuyen que los hombres mayores siguen siendo personas. Es curioso que vivamos en una sociedad que defiende lo fluido pero que, al mismo tiempo, ponga fecha de caducidad al deseo.

Creo que un hombre que se acerca a la muerte, que la teme con furia, no es nunca inofensivo: ese hombre es fuego, apego a la vida y al cuerpo. Un hombre que se está yendo es oro. Alguien me dijo una vez “te gustan los abuelos”, a lo que yo respondí: “En absoluto, que tengan nietos o no me resulta por completo indiferente”. No iba a justificarme diciendo que estos amigos son solo amigos, porque hacerlo implicaría negar que en otras circunstancias podrían ser amantes. También me aburren las teorías freudianas que explican mi amistad profunda con algunos hombres mayores como resultado de la ausencia de mi padre. Es lo contrario: en estos hombres encuentro intensidad, desafío, una mirada aguda y palabras que terminan en filo. Recuerdo leer las cartas que el premio Nobel de Física Chen Ning Yang le enviaba a mi amigo P. contándole el amor y la pasión que había empezado a sentir por una mujer llamada Weng Fan, 54 años menor que él. En aquel momento, Chen tenía 82 años. P. me enseñó una foto que Chen le había enviado junto a una de sus cartas. Chen y Weng reían en las gradas de un estadio de fútbol. Cualquiera puede reconocer en los ojos de ella el brillo de los afortunados que conocen el amor. Se casaron al poco tiempo. Él se refería a ella con la expresión “Mi última bendición de Dios”. Chen sigue vivo. Tiene 102 años. Ella tiene más o menos mi edad. Permanecen juntos.Tengo la suerte de haber coincidido en el tiempo con algunos hombres mayores. Su amistad es un regalo en esta fiesta en la que también, algún día, sonará mi teléfono, y tendré que abandonar. Mientras tanto, mi alegría es compartir un planeta y una época con mis mayores amigos.













[ARCHIVO DEL BLOG] Balance de lecturas del año. Publicado el 18/12/2019











Un jurado de 84 expertos ha escogido para la revista Babelia los títulos más relevantes de las dos primeras décadas del milenio. Les confieso, pudorosamente, que sólo he leído 14 de los títulos seleccionados, pero vaya en mi descargo que 6 de ellos están entre los 21 primeros títulos de la lista ( y por supuesto, "2666", de Roberto Bolaño), 4 entre los títulos del 22 al 50; y los 4 restantes, entre el 51 y el 100. Por supuesto, esa lista no es el Canon literario occidental, producto de siglos, obras literarias que han formado la denominada alta cultura en la civilización occidental, que por su calidad, su originalidad, o por ciertos rasgos formales y temáticos, han trascendido en la historia, arte y cultura occidentales, sin perder vigencia ni quedar obsoletas, pero merece la pena conocerla.
Hacer listas, escribe Alberto Manguel en su Diario de lecturas, “da lugar a cierta arbitrariedad mágica, como si la simple asociación pudiera crear sentido”. Pues bien, ¿qué sentido se puede encontrar en una lista que trata de hacer balance de las dos primeras décadas del siglo XXI? Empecemos por el principio. El martes 11 de septiembre de 2001, dos aviones de pasajeros secuestrados por terroristas suicidas derribaron las Torres Gemelas de Nueva York, mataron a casi 3.000 personas y cambiaron el mundo para siempre. De paso, mandaron al trastero de las hipótesis la teoría hegeliana del fin de la historia reciclada por Francis Fukuyama tras la caída del muro de Berlín y zanjaron la discusión sobre si el siglo XXI empezaba en el año 2000 o en 2001. La guerra de las galaxias se quedó en choque de civilizaciones. Los ordenadores pasaron la prueba del efecto 2000, pero sus usuarios —la nueva gran palabra— entraron en la era del miedo, la inseguridad, la precariedad, la intimidad (pública) y la realidad (virtual).
El futuro había llegado tan pronto en forma de metralla que los cines se llenaron de remakes; las librerías, de cánones, recuentos y resúmenes y listas de lo muy muy y lo más más (que había que ver, leer y escuchar… antes de morir). También de relatos con un fondo de historia universal y libros de no ficción o de autoficción que dan tanto valor a la trama como a su making-of. Incapaz de imitar a una realidad presente que parecía de novela, la literatura se volcó en el pasado, en la memoria (histórica y a secas), en las investigaciones periodísticas, en la primera persona y en la propia literatura, que se volvió metatodo.
De ahí el triunfo absoluto de 2666, un libro total compuesto de cinco partes y publicado en otoño de 2004, al año siguiente de la muerte de su autor. Desde Borges —retratado minuciosamente por Adolfo Bioy Casares en un diario ya ineludible—, ningún escritor ha influido tanto como Roberto Bolaño en las nuevas generaciones. Que sus libros empezasen a publicarse en Anagrama y actualmente lo hagan en Alfaguara —las dos editoriales más presentes en la lista de Babelia— es otro síntoma del peso de algunos sellos en la creación del gusto contemporáneo.
Acaso por una mera cuestión generacional, la literatura canónica de las dos primeras décadas del siglo XXI se ha ocupado de hurgar en las heridas del XX. Las guerras mundiales, la guerra civil española, la posguerra, la descolonización, las migraciones, el apartheid, las dictaduras latinoamericanas, la caída del imperio soviético, los feminicidios en Ciudad Juárez o las turbulencias en Oriente Próximo pueden rastrearse en la obra del propio Bolaño, Ian McEwan, W. G. Sebald, Javier Marías, Javier Cercas, Tony Judt, Mario Vargas Llosa, J. M. Coetzee, Zadie Smith, Svetlana Aleksiévich, Emmanuel Carrère, Marjane Satrapi o Edmund de Waal.
Pero si esos autores empiezan a ser canónicos no es solo por los temas que abordan, sino por el modo en que lo hacen: mezclando realidad y ficción, narración y reflexión, dinamitando los géneros tradicionales o dejando que su intimidad sin filtros discuta con la historia universal. Ese yo con voluntad de nosotros es el que ha producido además títulos como los de Joan Didion, Lucia Berlin, Anne Carson y Raúl Zurita —que tituló su obra magna con su propio apellido—, pero sobre todo los seis volúmenes de Karl Ove Knausgård.
También la gran historia y la intimidad cruda están presentes en títulos del siglo XXI tan exitosos como El Código Da Vinci, El niño con el pijama de rayas o Cincuenta sombras de Grey. ¿Por qué no están en esta lista? Tal vez porque no cuadran con la definición que el crítico Northrop ­Frye acuñó para la “gran literatura”: aquella que es “dueña de una visión siempre más vasta que la de sus mejores lectores”. El poeta Wystan Hugh Auden lo matizó así: “Hay libros que han sido injustamente olvidados; ninguno es injustamente recordado”.
La crisis económica de 2008 sumó la indignación a la inseguridad y dio la razón a una novela premonitoria publicada en España un año antes: Crematorio, de Rafael Chirbes. De paso, empoderó —el verbo del siglo— a un género y a una generación. El feminismo y el ecologismo son por ahora la respuesta más contundente a una deriva insostenible que va camino de convertir en realismo puro una novela de, digamos, ciencia-ficción como La carretera, de Cormac ­McCarthy. Protagonizada por dos hombres solos —un padre y un hijo— que vagan por un planeta devastado, la distopía del autor estadounidense incluye en sus páginas algo que se parece a una definición de la literatura de hoy: “Dios no existe y nosotros somos sus profetas”. Les dejo con la lisa de Babelia:
1. '2666', Roberto Bolaño. "2666 es lo mejor de una producción literaria prematuramente interrumpida", escribió Ana María Moix en Babelia en 2004, "Amalfitano, uno de los protagonistas de la segunda de las cinco partes o novelas que componen 2666, obra póstuma de Roberto Bolaño (1953-2003), publicada originalmente en Anagrama y actualmente disponible en Alfaguara, rememora desde México una conversación sostenida, hacía años en Barcelona, con un joven farmacéutico que pasaba sus noches de guardia leyendo. Al joven le gustaba leer novelas breves como La metamorfosis, de Kafka; Bartleby, el escribiente, de Melville; Un corazón simple, de Flaubert, o Un cuento de Navidad, de Dickens, títulos que escogía en lugar de El proceso, Moby Dick, Bouvard y Pécuchet o El Club Pickwick, novelas largas de los citados autores. 'Qué triste paradoja, pensó Amalfitano', escribe Bolaño. 'Ya ni los farmacéuticos ilustrados se atreven con las grandes obras, imperfectas, torrenciales, las que abren caminos en lo desconocido. Escogen los ejercicios perfectos de los grandes maestros (...)'. Y, de hecho, eso es 2666: una gran obra torrencial, que abre caminos en lo desconocido". Moix apunta que las cinco partes de esta gran obra pueden leerse por separado, pero se perdería la grandeza que alcanzan juntas.
2. 'Austerlitz', W. G. Sebald. La novela del alemán W. G. Sebald (1944-2001) narra la odisea vital de un hombre sin historia llamado Jacques Austerlitz en busca de ese tejido perdido en el tiempo que son sus padres. El protagonista camina sobre los restos de una devastación insoportable después de dos guerras. “Austerlitz es una formidable representación del destino del hombre moderno llevado a un extremo: el del desarraigo extremo; también lo es de la capacidad de supervivencia del ser humano”, escribió en estas páginas José María Guelbenzu en 2002. Traducción de Miguel Sáenz.
3. 'La belleza del marido', Anne Carson. Anne Carson (1950) abordó en La belleza del marido el conflicto desencadenado por su separación. “Hay en este poemario”, escribió el crítico Ángel Rupérez en 2003, “una tensión entre la idealización inicial del marido (…) y el derrumbe de ese ídolo que consigue sobrepasar con creces el anecdotario más estrictamente autobiográfico y confesional, constantemente convertido en materia poética contaminada por un continuo y soterrado —no explícito— aliento lírico hecho de elegía comedida y de creencia incondicional en la belleza”. Traducción de Ana Becciu.
4. 'La Fiesta del Chivo', Mario Vargas Llosa. La Fiesta del Chivo es un relato sobre el dictador dominicano Rafael Leónidas Trujillo Molina y, a la vez, un impresionante fresco de la corrupción destructiva de las dictaduras. En su crítica de 2000, el argentino Tomás Eloy Martínez definió la novela del premio Nobel Mario Vargas Llosa (Arequipa, 1936) como “un retrato implacable del poder absoluto en una novela que se lee sin respiro de principio a fin”.
5. 'Expiación', Ian McEwan. Con minuciosidad y un talento infinito, el británico Ian McEwan (Aldershot, 1948) ha ido construyendo una obra tan variada como imprevisible. Expiación es una de sus novelas más célebres, mucho antes de que fuese llevada al cine. En su crítica, Andrés Ibáñez calificó en 2002 la novela como “un relato de una ambición y un alcance nada frecuentes”. “Es, ante todo”, proseguía, “un triunfo de la imaginación creadora, una obra que justifica en sí misma la existencia del arte de la novela”. Traducción de Jaime Zulaika.
6. 'Limónov', Emmanuel Carrère. Emmanuel Carrère (París, 1957) ha construido un género propio en el que mezcla la autobiografía con el retrato de personajes insólitos. Así definió el autor a su protagonista en 2013: “Ha sido granuja en Ucrania, ídolo del underground soviético, mendigo y después mayordomo de un millonario en Manhattan; escritor en París, soldado en los Balcanes, y, ahora, en el inmenso burdel del poscomunismo en Rusia, viejo jefe carismático de un partido de jóvenes desesperados. Él se ve como un héroe, pero también se le puede considerar un cabrón: yo no me atrevo a juzgarlo”. Traducción de Jaime Zulaika.
7. 'Tu rostro mañana', Javier Marías. Javier Marías cerró su trilogía Tu rostro mañana en 2007 con Veneno y sombra y adiós, en la que reflexiona sobre el egoísmo, la verdad y la culpa. José-Carlos Mainer calificó la obra de ejemplo del género de la autoficción: “Marías ha logrado la construcción más sostenida, compleja e importante que tal voluntad (de estilo y de género) ha producido en las nuevas letras españolas”. Mainer describe la obsesión por “la naturaleza de la verdad” y cree que “el punto de partida de la existencia es el egoísmo”.
8. 'Borges', Adolfo Bioy Casares. “De las 20.000 páginas de cuadernos íntimos que Bioy (1914-1999) escribió a lo largo de su vida, su relación con Borges ocupa 1.700”, explicó en una información de 2006 Javier Rodríguez Marcos. Son las que preparó para este volumen antes de morir: “Aunque el libro se extiende entre 1931 y 1989, Bioy resume los 15 primeros años en una decena de páginas. Eso sí, brillantes. Los diarios borgianos de Bioy están llenos de literatura”. Borges dijo que su relación era una profunda amistad “sin intimidad” cuya piedra angular eran los libros.
9. 'Verano', J. M. Coetzee. Verano, la tercera entrega de las memorias del sudafricano J. M. Coetzee (1940), “revela una audacia literaria que no por consecuente con la última parte de su obra deja de ser un reto original”, escribió José María Guelbenzu en 2010. En este libro, cinco entrevistados crean con su testimonio un Coetzee personal e íntimo, en un documento que manifiesta la viveza de espíritu del escritor y su apuesta irreductible por la verdad literaria. Traducción de Jordi Fibla.
10. 'El año del pensamiento mágico', Joan Didion. “La obra de no ficción de Joan Didion (1934) ejemplifica bien el género conocido como ensayo personal, una forma de escritura cuyo objetivo es someter a examen circunstancias de orden histórico o sociológico desde una perspectiva radicalmente subjetiva”, escribió en 2005 en estas páginas Eduardo Lago. Este libro de duelo es, en palabras del escritor, “el más personal por lo íntimo y doloroso del tema”: la muerte de su marido. Traducción de Javier Calvo.
11. 'Mi lucha', Karl Ove Knausgård. El noruego Karl Ove Knausgård (1968) narra su vida en seis tomos bajo el título de Mi lucha,como la autobiografía de Hitler. “Un vertedero documentario que necesita existir para que surja, de vez en cuando, un prodigio que, por sí solo, parecería puramente retórico pero que, nacido de la abrumadora acumulación de detalles, se convierte en una epifanía”, opinó Alberto Manguel en 2014. Traducción de Kirsti Baggethun y Asunción Lorenzo.
12. 'La carretera', Cormac McCarthy. Un padre y su hijo, supervivientes de una hecatombe nuclear, caminan hacia un sur que, solo quizá, sea su salvación. “Unidos por el amor y el miedo, son la expresión de una soledad intolerable”, escribió J. M. Guelbenzu en su crítica de esta novela de Cormac McCarthy (1933). Traducción de Luis Murillo Fort.
13. 'Crematorio', Rafael Chirbes. Rafael Chirbes (1949-2015) narró en esta novela la corrupción urbanística en España. “Con una escritura de precisión clínica en la que a veces recala un medido lirismo, el escritor no cede al olvido de la grande y pequeña historia de nuestro país. Como si Galdós vigilara”, escribió sobre el autor y su obra J. E. Ayala-Dip.
14. 'Dientes blancos', Zadie Smith “El rasgo más característico de la escritura de Zadie Smith (1975)es su propensión a la sátira. No obstante, Dientes blancos no es una novela divertida”, escribió Francisco Solano en 2001. “Retrata el espacio multirracial habitado por hijos de inmigrantes, cuya asimilación a la metrópoli, junto con la confrontación con los padres, les aboca a ser víctimas de una mezcolanza ideológica y religiosa que produce claros efectos de atolondramiento”. Traducción de Ana M. de la Fuente.
15. 'Manual para mujeres de la limpieza', Lucia Berlin. La estadounidense Lucia Berlin (1936-2004) empezó a publicar (no a escribir) muy tarde y solo a finales del pasado siglo se la comenzó a reconocer como una narradora excepcional. Manual para mujeres de la limpieza es una antología de relatos basados en la vida itinerante de la autora, alcohólica, que trabajó en toda clase de oficios para mantener a sus hijos. “Todo cuanto relata tiene olor a verdad”, aseguró José María Guelbenzu en 2016. Traducción de Eugenia Vázquez Nacarino.
16. 'Zurita', Raúl Zurita. “La primera impresión que produce Raúl Zurita (Santiago, 1950) es la de un poeta perdido en el mundo del misterio y la espiritualidad”, escribió el cronista Patricio Fernández en 2012. “No lee, canta, se lamenta, y reza”. Y este poeta publicó aquel año su particular autobiografía, un poemario de 800 páginas en el que se expone más crudamente que nunca. La obra está actualmente disponible en la editorial Delirio.
17. 'Postguerra', Tony Judt. El historiador británico (1948-2010) logró con este libro una hazaña, mezclando las lavadoras, los Beatles y Margaret Thatcher. Esto es, la vida cotidiana, la cultura y la política. “La nueva Europa constituye un éxito notable vitalmente vinculado a un terrible pasado”, escribió Santos Juliá en su reseña. “Para que los europeos conserven siempre ese víncu­lo vital hay que enseñárselo de nuevo a cada generación”. Traducción de Jesús Cuéllar y Gloria E. Gordo del Rey.
18. 'Soldados de Salamina', Javier Cercas. J. Ernesto Ayala-Dip habló en su crítica de Soldados de Salamina en 2001 de la mezcla entre “el relato real” que se plantea en el libro de Cercas y la “obra de ficción” que realmente es. La historia del fallido fusilamiento de Rafael Sánchez Mazas, escritor y fundador de la Falange, se desarrolla con “esa prosa que se desliza con la naturalidad que da la madurez”, añadió Ayala-Dip sobre esta novela.
19. 'El fin del Homo sovieticus', Svetlana Aleksiévich. Cuando Svetlana Aleksiévich (Ucrania, 1948) recibió el Premio Nobel de Literatura, muchos lectores descubrieron la fuerza de una obra, a medio camino entre el periodismo y la historia. El fin del ‘Homo sovieticus’ ofrece las voces de los que vivieron el fin del comunismo. “Su obra es también una revancha del periodismo”, escribió Lluís Bassets sobre su obra, “que busca las fuentes más modestas y las experiencias más sencillas para explicar lo que fue silenciado durante las siete décadas soviéticas”. Traducción de Jorge Ferrer.
20. 'Persépolis', Marjane Satrapi. En Persépolis, el único cómic en la lista, la autora iraní cuenta la revolución islámica de 1980 vista por una niña, la que Marjane Satrapi era entonces, con 10 años, cuando tuvo que ponerse pañuelo por primera vez para ir a la escuela. “Tenía un deber para con mi país”, le dijo en 2002 a Jaume Vidal en una entrevista. Un cómic en blanco y negro porque, según Satrapi, “el rojo de la sangre podría ser muy dramático”. Traducción de Albert Agut.
21. 'La liebre con ojos de ámbar', Edmund de Waal. A través de la historia de 264 miniaturas japonesas llamadas netsukes —entre ellas, la liebre que da título al libro—, Edmund de Waal (Nottingham, 1964) construye la historia de su familia, aunque va mucho más allá en un retrato de la historia reciente de Europa y de sus profundas heridas y ausencias. 
22. La grande, Juan José Saer. 
23. Nunca me abandones, Kazuo Ishiguro. 
24. Anatomía de un instante, Javier Cercas. 
25. Demasiada felicidad, Alice Munro. 
26. La tabla rasa, Steven Pinker. 
27. Los años, Annie Ernaux.
28. Temporada de huracanes, Fernanda Melchor.
29. Sapiens, Yuval Noah Harari. 
30. Kafka en la orilla, Haruki Murakami. 
31. El nervio óptico, María Gainza. 
32. Los diarios de Emilio Renzi, Ricardo Piglia. 
33. La novela luminosa, Mario Levrero. 
34. En presencia de la ausencia, Mahmud Darwish. 
35. Incendios, Wajdi Mouawad. 
36. Pensar rápido, pensar despacio, Daniel Kahneman. 
37. Las correcciones, Jonathan Franzen. 
38. El adversario, Emmanuel Carrère. 
39. La mancha humana, Philip Roth.
40. Canadá, Richard Ford. 
41. Elizabeth Costello, J. M. Coetzee. 
42. Terror y utopía, Karl Schlögel.
43. Lectura fácil, Cristina Morales.
44. Las poetas visitan a Andrea del Sarto, Juana Bignozzi.
45. Ordesa, Manuel Vilas. 
46. Distancia de rescate, Samanta Schweblin. 
47. La noche de los tiempos, Antonio Muñoz Molina. 
48. Teoría King Kong, Virginie Despentes. 49. 
El mundo deslumbrante, Siri Husvedt. 
50. Los testamentos, Margaret Atwood
Del 51 al 100 (por orden alfabético del apellido del escritor). 
51. Americanah, Chimamanda Ngozi Adichie.
52. Diccionario de autores latinoamericanos, César Aira.
53. Experiencia, Martin Amis
54. Patria, Fernando Aramburu.
55. Un país mundano, John Ashbery. 
56. Fun Home, Alison Bechdel
57. Genios: un mosaico de cien mentes creativas y ejemplares, Harold Bloom. 
58. Vida precaria, Judith Butler. 
59. El día del Watusi, Francisco Casavella. 
60. Las ensoñaciones de la mujer salvaje, Hélène Cixous. 
61. Hombre lento, J. M. Coetzee.
62. A contraluz, Rachel Cusk.
63. La maravillosa vida breve de Óscar Wao, Junot Díaz. 
64. Jamás el fuego nunca, Diamela Eltit.
65. El olvido que seremos, Héctor Abad Faciolin. 
66. Un ángulo me basta, Juan Antonio González Iglesias. 
67. El giro, Stephen Greenblatt. 
68. El tejido del cosmos, Brian Greene.
69. Homo Deus. Breve historia del mañana, Yuval Noah Harari. 
70. Trabajos del reino, Yuri Herrera. 
71. Sumisión, Michel Houellebecq. 
72. La posibilidad de una isla, Michel Houellebecq.
73. La doctrina del shock, Naomi Klein. 
74. La casa de la fuerza, Angélica Liddell. 
75. Berta Isla, Javier Marías.
76. Asterios Polyp, David Mazzucchelli
77. Necropolítica, Achille Mbembe.
78. C, Tom McCarthy. 
79. Aquí, Richard McGuire. 
80. Todo lo que tengo lo llevo conmigo, Herta Müller. 
81. Escapada, Alice Munro. 
82. Suite francesa, Irène Némirovsky. 
83. Infiel. Historias de transgresión, Joyce Carol Oates. 
84. El salto del ciervo, Sharon Olds. 
85. El capital en el siglo XXI, Thomas Piketty. 
86. Un apartamento en Urano, Paul B. Preciado. 
87. Diccionario sánscrito-español. Mitología, filosofía y yoga, Òscar Pujol. 
88. Retaguardia roja, Fernando del Rey. 
89. La conjura contra América, Philip Roth.
90. Harry Potter y el misterio del príncipe, J. K. Rowling. 
91. La última noche, James Salter. 
92. Clavícula, Marta Sanz. 
93. El artesano, Richard Sennett. 
94. La estupidez, Rafael Spregelburd. 
95. La poesía del pensamiento, George Steiner. 
96. La gran brecha. Qué hacer con las sociedades desiguales, Joseph Stiglitz. 
97. Los errantes, Olga Tokarczuk. 
98. Nada se opone a la noche, Delphine de Vigan.
99. Hablemos de langostas, David Foster Wallace. 
100. Fabricando historias, Chris Ware
Yo, por mi parte, como acostumbro a hacer todos los años por estas fechas subo al blog el balance de mis lecturas en 2019. Es una lista sin pretensión alguna, salvo la de que pueda resultar interesante a algún lector curioso del blog. Los libros están enumerados por un cierto orden cronológico de lectura o consulta, sin jerarquización de ningún otro tipo ni valoración personal. 
Hay muchas relecturas del pasado, la mayoría; otras, continuación de las iniciadas algún momento atrás, abandonadas por cualquier circunstancia, y retomadas de nuevo; y otras, nuevas, las menos, que leo por vez primera. Y por supuesto, también numerosas consultas más o menos superficiales, algunas con más profundidad. Por obligación, ninguna; por placer, todas.
Hago mías las palabras de mi admirado Michel de Montaigne en su Ensayos: "Cuando era joven, estudiaba por ostentar; después, un poco, para volverme sabio; ahora, para divertirme; jamás por la ganancia". Les dejo con ellos:  
1. La tiranía de los imbéciles, de Carlos Prallong .
2. El libro de estilo de la lengua española, de la RAE .
3. El Cantar de los Cantares, de Fray Luis de León . 
4. Pequeñas alegrías, de Ramón Arola y Luisa Vert .
5. La Historia como pretexto, por José Luis Pascual . 
6. Casandra, de Benito Pérez Galdós . 
7. La verdad sobre el caso Harry Quebert, de Joël Dicker . 
8. El principito, de Antoine de Saint-Exupéry . 
9. El Cantar de los Cantares, Anónimo. Biblia de Jerusalén 
10. El retorno, de Dulce María Cardoso 
11. El principio esperanza, de Ernst Bloch 
12. Ateísmo en el cristianismo, de Ernst Bloch 
13. La revolución imaginaria. París 1968, de Michael Seidman 
14. Escritos de comprensión. 1930-1954, de Hannah Arendt 
15. El contrataque liberal, de Luis Garicano 
16. Rahel Varnhagen: La vida de una mujer judía, por Hannah Arendt 
17. Reina Roja, de Juan Gómez-Jurado 
18. Los hermanos, de Terencio 
19. Edith Stein en compañía. Vidas filosóficas entrecruzadas, de J. Moreno 
20. Diccionario de Historia de España, de Germán Bleiberg 
21. Derecho Político Español, de Óscar Alzaga, et alli
22. Historia Antigua. El mundo griego, de Pilar Fernández Uriel 
23. Historia Antigua. Historia de Roma, de J. Cabrera y P. Fernández Uriel 
24. Historias de amantes peregrinos. Las primeras novelas, de Carlos G. Gual
25. El tema de España en la poesía española contemporánea, de J.L. Cano
26. Los condenados, de Benito Pérez Galdós 
27. Teoría General del Estado, de Georg Jellinek 
28. Essais/Ensayos, de Michel de Montaigne 
29. Política para Amador, por Fernando Savater
30. El misántropo, de Menandro
31. La China de Xi Jinping, de Julio Aramberri
32. ¿Qué es la política?, de Hannah Arendt
33. La república, de Platón
34. Brujas, de Mona Chollet
35. La deriva reaccionaria de la izquierda, por Félix Ovejero
36. La investigación de los arabismos del castellano, por Federico Corriente
37. Entre el pasado y el futuro, de Hannah Arendt
38. Un mundo que ganar, de Geoff Eley
39. El federalista, de A. Hamilton, J. Madison y J. Jay
40. El hobbit, de J.R.R. Tolkien
41. Buenos días, tristeza, de Françoise Sagan
42. Ideas comprometidas. Los intelectuales y la politica, de Fuentes y Archilés
43. En defensa del fervor, de Adam Zagajewski
44. Sakura, de Matilde Asensi
45. Igualdad, suerte y justicia, de Jahel Queralt
46. Por una vuelta al socialismo, de Gerald A. Cohen
47. Noticias de la Historia de Canarias, de José de Viera y Clavijo
48. Aulularia, de Plauto
49. Elogio de lo cotidiano, de Tzvetan Todorov
50. Una muerte feliz, de Hans Küng
51. El bosque animado, de Wenceslao Fernández Flores
52. España en su historia, de Américo Castro
53. Adiós a la filosofía y otros textos, de Cioran
54. A la espera de Dios, de Simone Weil
55. Las suplicantes, de Esquilo
56. El lugar de la Sintaxis en las primeras Gramáticas de la RAE, de G. Rojo
57. Doña Perfecta, de Benito Pérez Galdós
58. Las ciudades, de Pío Baroja
59. Obras completas, de Albert Camus
60. Teoría de los sentimientos, de Carlos Castilla del Pino
61. Antología poética, de Alfonsina Storni
62. La Constitución explicada a mis nietas, de Javier Pérez Royo
63. Arquitectura de la vida humana, de Carlos Castilla del Pino
64. Los caballeros, de Aristófanes
65. Silencio, de Juan Mayorga
66. Electra, de Benito Pérez Galdós
67. Doce cuentos peregrinos, de Gabriel García Márquez
68. Quienes somos y como hemos llegado hasta aquí, de David Reich
69. El hombre que lo tenía todo, todo, todo, de Miguel Ángel Asturias
70. Un mundo que ganar, de Geoff Eley
71. Parte de una historia, de Ignacio Aldecoa
72. Lo mejor de ir es volver, de Albert Espinosa
73. Intimidad improvisada, de Maxim Huerta
74. Tesoro lexicográfico del español de Canarias, de Cristóbal Corrales 
75. Asinaria, de Plauto
76. La mano del sueño, de Luis Mateo Díez
77. Los orígenes del hombre. Los primeros americanos, de Robert Clairborne
78. Capitalismo, de Arthur Seldon
79. La fiera, de Benito Pérez Galdós
80. Historia de la teoría política, Tomo V, de Fernando Vallespín
81. Imperiofilia y el populismo nacional-católico, de José Luis Villacañas
82. Los orígenes del hombre. Los hititas, de Jim Hicks
83. El sentido del estilo, por Steven Pinker
84. Guía de senderos de Gran Canaria, Tomo I, de A. Santana y C. Moreno
85. Bajada de la Virgen de las Nieves 2015, de Víctor J. Hernández
86. La asamblea de las mujeres, de Aristófanes
87. El arte de amargarse la vida, de Paul Watzlawick
88. Los orígenes del hombre. Los israelitas, de Baruch A. Levine
89. Historia del mundo antiguo. Proximo Oriente y Egipto, de Ana Mª Vázquez
90. Aventura de la palabra en el siglo XX, por Fernando Fernán-Gómez
91. La suegra, de Terencio
92. Los orígenes del hombre. Los etruscos, de Dora Jane Hamblin
93. Poesía reunida. 1949-2015, de Ida Vitale
94. Voluntad, de Benito Pérez Galdós
95. Historia de España, de Jorge Ventura
96. Erasmo y España, de Marcel Bataillon
97. El Ingenioso Hidalgo don Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes
98. El jardín de los delirios. Las ilusiones del naturalismo, de Ramón del Castillo
99. Los orígenes del hombre. El nacimiento de la escritura, de Robert Claiborne
100. Cisma, de Jesús Bastante Liébana
101. El Gorgojo, de Plauto
102. La peor parte. Memorias de amor, por Fernando Savater
103. Los orígenes del hombre. Los constructores de megalitos, por R. Wernick
104. Palabras de amor de los poetas, de Luis María Ansón
105. De Seúl al cielo, de Silvia Aliaga y Tatiana Marco
106. Historia social, política y religiosa de los judíos de España y Portugal, de José Amador de los Ríos
107. Capital e ideología, de Thomas Piketty
108. Poenulus, de Plauto
109. En el bosque, de Ana María Matute
110. Breve diccionario etimológico de la lengua castellana de Joan Corominas
111. Diccionnario de uso del español actual, de Manuel Seco et alii.
112. Diccionario de la lengua española de la Real Academia Española
113. Introducción a la estadística, de Jimmy Ray Amos et alii
114. Los orígenes del hombre. Las primeras ciudades, de Dora Jane Hamblin
115. Historia de la cultura, de Hans Leo Mikoletzky
116. Una industria que vive de la muerte, de Benito Pérez Galdós
117. Lecciones sobre la filosofía de la historia universal, de G.W.F. Hegel
118. El mundo de Sofía, de Jostein Gaarder
119. Los cautivos, de Plauto
120. Los versos satánicos, de Salman Rushdie
121. Memorias de una joven en Corea, de Cho Nam.joo
122. Las bacantes, de Eurípides
123. La búsqueda infinita, de Ignacio Bosque Muñoz
124. Medea, de Eurípides
125. El lazarillo de Tormes, de Alfonso de Valdés
126. La vida del buscón don Pablos, de Francisco de Quevedo
127. El placer, de María Hesse
128. La pluralidad de mundo, de Hannah Arendt
129. Errata. El examen de una vida, de George Steiner
130. Los libros que nunca he escrito, de George Steiner
131. Forges inédito, de Antonio Fraguas "Forges"
132. ¿Existe Dios?, de Hans Küng
133. Ser cristiano, de Hans Küng
134. Magokoro: carta del padre de Haru, de Flavia Company
135. Los gemelos, de Plauto
136. Constitución Española, 1978-1988, de Luis Aguiar y Ricardo Blanco
137. Instrucciones para un funeral, de David Means
138. Listas, guapas, limpias, de Anna Pacheco
139. Einstein para perplejos, de José Edelstein y Andrés Gomberoff
140. Memoria sobre algunos ejemplos para la transición política en la obra de Gaspar Melchor de Jovellanos, de Juan Luis Cebrián
141. El naufragio de las civilizaciones, de Amin Maalouf
142. Hipólito, de Eurípides
143. El encargo. Un abogado en el juicio del procés, de Javier Melero
144. ¿Dónde se encuentra la sabiduría?, de Harol Bloom
145. Jesús y Yahvé. Los nombres divinos, de Harol Bloom
146. El guerrero a la sombra del cerezo, de David B. Gil
147. Harry Potter y la piedra filosofal, de H.K. Rowling
148. Introducción a las matematicas, de María Machín y Ricardo Gutiérrez
149. Quiero ser arquitecto, de Alberto Campo Baeza
150. El hijo de Neptuno, de Rick Riordan
151. Sobre la violencia, de Hannah Arendt
152. Cásia, de Plauto
153. El descubrimiento de la literatura en el Renacimiento español, por Domingo Ynduráin
Y ahora, como decía Sócrates, Ιωμεν: nos vamos. Sean felices, por favor, a pesar de todo. Tamaragua, amigos. HArendt