sábado, 17 de mayo de 2025

De las entradas del blog de hoy sábado, 17 de mayo de 2025

 





Hola, buenos días de nuevo a todos y feliz sábado, 17 de mayo de 2025. No hemos abandonado a Dios por Kant, dice en la primera de las entradas del blog de hoy el politólogo Víctor Lapuente, sino por los vampiros, y los alienígenas, los fantasmas, las reencarnaciones y el karma cósmico. En la segunda un archivo del blog de mayo de 2017, el investigador de la Universidad de Ginebra se preguntaba que suponiendo que un nuevo líder gana unas elecciones, alcanza la cúspide del ejecutivo, y está dispuesto a atacar la estructura del Estado, sea para mantenerse en el poder, sea para conseguir réditos personales a través de acciones corruptas. En caso de necesidad, ¿qué puede hacer la sociedad para protegerse a sí misma? En la tercera el poema del día se titula Teoría de la distancia, está escrito por el poeta bosnio-herzegovino Izet Savajlic, y comienza con estos versos: "La teoría de la distancia la han inventado los estrictos,/aquellos que no quieren arriesgar en nada./Yo pertenezco a aquellos/que creen que del lunes/se debe hablar el lunes". Y la cuarta y última, como siempre, son las viñetas de humor, pero ahora, como decía Sócrates, "Ιωμεν" (toca marchar); volveremos a vernos mañana si las Euménides y la diosa Fortuna lo permiten. Sean  felices, por favor. Tamaragua, amigos míos. HArendt












La batalla perdida de las religiones

 






No es solo contra la Ilustración contra quien lucha la Iglesia católica; también contra el auge del nuevo paganismo, lo afirma en El País [El Papa contra los vampiros, 13/05/2025] el politólogo Víctor Lapuente. No hemos abandonado a Dios por Kant, comienza diciendo Lapuente, sino por los vampiros. Y los alienígenas, los fantasmas, las reencarnaciones y el karma cósmico. Las personas que creen definitivamente (no “tal vez, aunque no estoy seguro”) que los vampiros existen superan en número a la suma de todos los judíos, mormones, musulmanes y testigos de Jehová. Y quienes creen poder comunicarse con los espíritus de sus familiares muertos son más que toda la población católica junta. Lo dice el sociólogo Christian Smith y son datos de EE UU. Como el nuevo Papa.

León XIV sabe el reto al que se enfrenta. La iglesia católica, y las religiones tradicionales, se asemejan cada vez más a la industria tabaquera: ganan adeptos en el Sur Global pero se quedan sin consumidores en los países más ricos. Como señala Smith, la religión de toda la vida se ha quedado obsoleta, como el fax o los DVD. La mayoría de la ciudadanía ha dejado de considerarla práctica.

Pero la derrota de la religión no implica el triunfo de la secularización. Solemos ver el gran combate cultural desde la Ilustración como un partido de fútbol entre la religión y el ateísmo: lo que gana la una lo pierde la otra. Pero, de unos años a esta parte, ha saltado a la cancha un tercer equipo, una especie de neopaganismo.

Como en la Edad Media, cuando se acuñó el término pagano para englobar a los variopintos politeísmos que quedaban fuera del paraguas del judeocristianismo, el neopaganismo está compuesto por creencias diversas, del poder maléfico de las mordeduras en el cuello al curativo de los cristales mágicos, pasando por todo tipo de encantamientos y energías corporales. Como en el pasado, el paganismo se vive con intensidades muy distintas, de los cultos siniestros más absorbentes a los entretenimientos populares más livianos. La mayoría de bestsellers y series exitosas versan sobre la magia y lo sobrenatural. La gente quiere seguir indagando en las fuerzas ocultas. Solo que ahora ese anhelo no lo llena la religión.

El desafío del nuevo Papa es titánico. No debe luchar contra Richard Dawkins o Javier Cercas, por nombrar a dos conocidos ateos; sino contra True Blood, Stranger Things, los ovnis, el espiritualismo new age, el neochamanismo, la curación ayurvédica, y los videntes, entre otros. Cada una de estas piezas culturales es única, pero tienen un foco común: el individuo y sus necesidades presentes; no el bienestar futuro de la comunidad. Como el padre de la Iglesia que da nombre a su orden, Robert Prevost tendrá que demostrar que todavía es posible una ciudad de Dios.























[ARCHIVO DEL BLOG] La democracia contra sí misma. Publicado el 25/05/2017













Jorge Galindo es un profesor e investigador español en el Departamento de Sociología de la Universidad de Ginebra, donde trabaja principalmente en el ámbito de la economía política comparada. Le interesa sobre todo la relación entre crecimiento, redistribución y elecciones políticas hechas por los distintos actores sociales, con especial atención a su posición en la estructura del mercado laboral. Miembro fundador del grupo de análisis Politikon y columnista habitual en El País, publicaba hace unos días una breve e interesante reflexión sobre la vigencia de la división de poderes en las democracias liberales contemporáneas.
Consideremos una democracia, comienza diciendo. Una cualquiera, con Estado de derecho, con todas las garantías de libertad, y con poderes (ejecutivo, legislativo, judicial) diferenciados sobre el papel. Supongamos que un nuevo líder gana unas elecciones, alcanza la cúspide del ejecutivo, y está dispuesto a atacar la estructura del Estado, sea para mantenerse en el poder, sea para conseguir réditos personales a través de acciones corruptas. En caso de necesidad, ¿qué puede hacer la sociedad para protegerse a sí misma?
En teoría, añade, son precisamente las leyes y las instituciones las que se interpondrán en su camino. Para eso existen el legislativo y el judicial, entre otras cosas, ¿no? Para controlar al ejecutivo. La norma escrita es la protección de la que se dota una democracia contra el posible tirano.
Pero las leyes están huecas si nadie está dispuesto a defenderlas, afirma. En realidad, la estructura institucional es solo una ventana de oportunidad que puede ser aprovechada (o no) por individuos con diferentes motivaciones, principalmente tres: el deber moral de proteger la democracia; los incentivos para hacer bien el propio trabajo (como juez, fiscal, diputado, senador) y ser recompensado por ello; o la rivalidad partidista. Todos ellos están contemplados en los preceptos fundacionales de la democracia, pero la supervivencia del corrupto depende de que el público solo observe el tercero.
Un ejemplo (no tan) azaroso, señala: hoy, Trump cuenta con un 84% de aprobación entre los votantes republicanos, pero solo un 9% entre los demócratas. Números que apenas han variado desde enero. Así, es probable que cualquier ataque sobre el presidente por parte de un juez, un fiscal, o un senador, así sea de su propio partido, sea leído de manera radicalmente opuesta por ambos lados del espectro.
Consideremos de nuevo nuestra democracia cualquiera, continúa diciendo. El conflicto y la oposición son su razón de ser, pero al mismo tiempo de ahí emana su riesgo de deterioro. Pues un político lo suficientemente polarizador y carente de brújula moral puede confiar en una minoría mayoritaria y movilizada para volver la democracia contra sí misma. Y ahora, como decía Sócrates, Ιωμεν: nos vamos. Sean felices, por favor, a pesar de todo. Tamaragua, amigos. HArendt















Del poema de cada día. Hoy, Teoría de la distancia, de Izet Savajlic

 






TEORÍA DE LA DISTANCIA




La teoría de la distancia la han inventado los estrictos,


aquellos que no quieren arriesgar en nada.



Yo pertenezco a aquellos


que creen que del lunes


se debe hablar el lunes;


es probable que el martes sea demasiado tarde.




Obviamente es difícil estando en la cantina,


mientras caen los proyectiles,


escribir poesía.




La única cosa más difícil es no escribir.




***



TEORIJA ODSTOJANJA



Teoriju o odstojanju izmislili su strogi, 

oni koji ni u čemu ne žele da rizikuju.


Ja spadam u one 

koji smatraju da o ponedjeljku 

treba govoriti u ponedjeljak,

utorkom je vjerovatno već kasno. 


Naravno, teško je u kantini,

dok padaju granate,

pisati poeziju. 


Jedino teže od toga je ne pisati je.



***




IZET SAVAJLIC (1930-2002)

poeta bosnio-herzegovino
























De las viñetas de humor de hoy sábado, 17 de mayo de 2025

 




































viernes, 16 de mayo de 2025

De las entradas del blog de hoy viernes, 16 de mayo de 2025

 






Hola, buenos días de nuevo a todos y feliz viernes, 16 de mayo de 2025. Ser mujer es una frustración permanente, comenta en la primera de las entradas del blog de hoy la escritora Nuria Labari;es tener que vivir con una mentira sostenida, un engaño que vivió tu madre antes que tú, tu abuela antes que tú y que sufrirán tus hijas después de ti. En la segunda, un archivo del blog de junio de 2016, HArendt comentaba que de los filósofos metidos a políticos había escrito ya en numerosas ocasiones en el blog y que no iba incidir de nuevo en ello, pero que también solía decir que a los filósofos hay que escucharles siempre, por lo menos eso, aunque no compartamos del todo lo que nos dicen. La tercera es un poema del poeta croata Josip Sever, titulado "Cóndor", que comienza con estos versos: "Cóndor cóndor se retorció/como vid como cerebro/y era odioso y horrible". Y la cuarta y última, como siempre, son las viñetas de humor, pero ahora, como decía Sócrates, "Ιωμεν" (toca marchar); volveremos a vernos mañana si las Euménides y la diosa Fortuna lo permiten. Sean  felices, por favor. Tamaragua, amigos míos. HArendt



 








De la hipersexualización del cuerpo de la mujer

 






Ser mujer es una frustración permanente, comenta en Tinta Libre/El País [No se puede escribir un texto feminista mientras te piden que aprietes el culo, 12/05/2025] la escritora Nuria Labari. Es tener que vivir con una mentira sostenida, un engaño que vivió tu madre antes que tú, tu abuela antes que tú y que sufrirán tus hijas después de ti. El machismo es una mentira flagrante y reeditada una y otro vez sobre el cuerpo de las mujeres. Creemos que se puede vencer con cambios sociales, que las mujeres tenemos más voz que nunca antes, más espacio, mayor poder. Pero al final del día, un poco antes de mandar este texto a TintaLibre, resulta que me paso por el Calzedonia de la Gran Vía madrileña para comprarme unas medias y cuando vuelvo a casa no me queda otra que tirar el texto a la papelera. Porque he descubierto que existe una nueva tendencia que arrasa bajo las faldas de las mujeres del siglo XXI: se llama shapewear y se distribuye de forma masiva. Es por eso, por esta nueva moda, que sin necesidad de pedirlo me han ofrecido unas medias push up que prometen subirme el culo un poco más arriba de donde lo tengo. ¿Por qué necesito tener el culo más alto? ¿Existe alguna relación entre mis ideas y el lugar donde decido mostrar mi culo al mundo? ¿Para qué sirve llevar un tipo de medias que me elevarán los glúteos con el mismo ahínco con que muchos sujetadores me han subido las tetas desde mi adolescencia hasta el bikini del último verano? Es para hacer de mi trasero uno más apetecible, más sexual, más canónico.

Podemos hablar de feminismo con la cabeza, con los datos en la mano, con las tasas de mujeres en la universidad, con las cuotas, con la ley del sí es sí y con todo el sentido común que queramos, pero el feminismo hay que escribirlo también con el culo, con las tetas y con el mismísimo coño si queremos expresar una sola idea política. Porque la violencia que sufrimos las mujeres por el hecho de serlo comienza siempre con la hipersexualización del cuerpo, desde la más tierna infancia hasta que se nos considera sexualmente indiferentes, es decir, demasiado maduras o mayores para disfrazarnos de niñitas. ¿Y qué dice mi culo al respecto? ¿Qué medias desea mi trasero? Una parte de mí quiere destrozar esta tienda y otra se pregunta, muy bajito, si realmente se me está cayendo el pandero.

Cuando llegue a casa googlearé el término shapewear y la primera respuesta del buscador será una cocinada por la IA que dice así: “El shapewear, también conocido como ropa moldeadora, es una prenda interior que moldea y estiliza el cuerpo. Está hecho de materiales elásticos que comprimen zonas específicas”. Por alguna razón que el buscador no me explica, la IA asocia beneficios a esta forma de modificar los cuerpos de las mujeres. Dice que “ayuda a verse y sentirse mejor”. Y yo me pregunto ¿mejor que quién? ¿mejor que yo misma? La IA me está diciendo, sin conocerme de nada, que si consigo que mi culo se vea más prieto me sentiré mejor. ¿Acaso hay algo en la forma de mi cuerpo que está mal? ¿Hay algo en todas nosotras que debe ser moldeado, corregido, reducido? El shapewear funciona aquí como una metáfora del tardocapitalismo, empeñado en moldear (y sexualizar) el cuerpo de las mujeres mientras nos promete, al mismo tiempo, mayor libertad que nunca antes. El problema es que el cuerpo es el espacio de intervención política por excelencia desde la revolución industrial hasta nuestros días. Por eso un sistema que me deja tener las ideas feministas que yo quiera y expresarlas por escrito tan alto como desee pero no me permite (ni a mí ni a ninguna otra) habitar pacíficamente mi cuerpo ni hacer con él lo que me dé la gana es un sistema fallido.

Porque es justo aquí, en el mismísimo centro del culo, donde a las mujeres de hoy en día tratan de clavarnos el machismo de siempre. Y es tal la violencia con que se moldea el cuerpo de las mujeres (cara-pecho-nalgas-mentón-labio-pierna…) que una sabe que es mujer porque el cuerpo le duele. El problema es que el pensamiento es en realidad puro cuerpo, pensamos con la carne que habitamos y si mi cuerpo no puede ser libre, esa misma censura se infringirá de una u otra forma a mi pensamiento. Por eso decidí tirar el primer texto que había escrito sobre la hipersexualización de las mujeres en las pantallas, la publicidad, las redes y los medios en el momento en que me planteé lo de las medias push up.

Entre los tipos de shapewear la IA distingue fajas, bodys, braguitas, tangas, pantalones y más. Y aunque encuentra varios beneficios a este tipo de ropa, curiosamente la IA no denuncia ningún inconveniente. No dice que genera baja autoestima, conflicto corporal, riesgo de trastornos de la conducta alimentaria, problemas sexuales y miedo ante el espejo. Si compro tabaco me advierten de que perjudica seriamente mi salud, pero cuando me ofrecen moldear mi culo, mi cara, mis pechos, mis labios, mis pómulos, el color de mi pelo, mi estatura, mis poros faciales, mi vello corporal o la textura de mi piel, no hay ninguna advertencia sobre la forma en que podría afectar a mi salud mental, física o intelectual.

Dañar el cuerpo es dañar el pensamiento y los sentimientos y todo. Y por eso no sé qué escribir. No se puede escribir sin poner el culo y el coño en el texto. Lo que yo quiero es un push up capaz de elevar las ideas que nacen de mi cuerpo de mujer porque por muy claras y evidentes que estas sean, resulta que la realidad se resiste a dejarse moldear por ellas. El pensamiento avanza, pero el machismo permanece. Porque, aunque cambien las condiciones materiales de vida de la sociedad que habitamos e incluso las ideológicas, sucede que las mentales no varían. ¿Y cuáles son las condiciones mentales? Son las que creen que unas tetas son más femeninas y sexys si llevan un sujetador que las sexualice de una forma patriarcal, convencional y violenta.

¿Que de qué violencia estoy hablando? Se lo diré en verso. “Ese totito siempre huele a coco, se lo muerdo, se lo escupo. Está caliente como si fuera un hot dog. Es una puta en la habitación”. No es mío, es un fragmento de un tema que ha encabezado durante semanas la lista éxitos de España en Spotify. El sexismo se ha agudizado también en las canciones, tal y como muestra el último estudio de la Universitat Pompeu Fabra (UPF). Un estudio que habla de sexismo cuando en realidad lo que cantan las canciones del momento es violencia sexual. No hablan de que las mujeres no leamos libros, no votemos o no lideremos consejos de administración. De lo que hablan es de violarnos.

Al mismo tiempo, sé que la mayoría de españolas y de españoles estamos convencidos de que el machismo es una mierda, pero de ahí a que actuemos todos de forma coherente hay un paso de gigante que no terminamos de dar. Condenamos el machismo pero Luis Rubiales besó en la boca a Jennifer Hermoso porque se le puso en la misma entrepierna que se agarró ante los ojos del mundo para celebrar los goles que no eran suyos. No somos un país machista pero el héroe patrio Rafael Nadal dice que “el término feminista se lleva a unos extremos...” y que “la igualdad no consiste en regalar”. No somos machistas pero el sistema judicial que juzga la violencia sexual sí lo es. Yo no soy machista y sin embargo, he mirado los efectos del push up en el culo de la modelo y he pensado que a lo mejor debería apretar un poquito el mío.

Al final decido no comprar las medias ni estrenar la falda, estoy enfadada. O puede que triste. Decido pasear para pensar. Echo a andar. Subo por Gran Vía y enfilo Fuencarral, donde me doy de bruces con el espectáculo infantil que ofrece el Sephora, ya saben, la cadena de tiendas de cosméticos y perfumería que vende maquillaje, cuidado de la piel y fragancias para mujeres. Entro y compruebo que lo de las Sephora Kids no es una tendencia de TikTok sino un fenómeno a pie de calle. En la tienda encuentro entre las clientas unas cinco niñas de entre 9 y 12 años comprando productos para sus rutinas faciales. Ahora empiezan pronto a consumir productos de belleza, se inician con mascarillas inocuas, relajantes. Un oso panda sobre fondo rosa puede animar a la compra del primer producto de cuidado facial, por dos euros. Lo llaman cuidado pero en realidad es esclavitud, sometimiento y sexualización facial. ¿Se puede sexualizar un rostro infantil? Se puede y se empieza por la boca, por la misma que pronunciará sus primeras palabras feministas. Todas las niñas son feministas y a todas se les educa la boca para desear unos labios más gruesos, más voluptuosos y siempre más rojos. Le sigue la mirada, el conturing —una técnica de maquillaje que se utiliza para resaltar o disimular zonas como la frente, los pómulos, la nariz, el mentón y la mandíbula— y toda suerte de tutoriales para modificar su expresión. Lo primero que las niñas aprenden a usar es el “corrector”: hay que modificar lunares, pelos, granos, también los poros. Hay que corregir y corregirse, por eso es casi imposible encontrar una adolescente que no quiera cambiar ninguna parte de su cuerpo. De modo que mientras el feminismo sube, la edad a la que las chicas empiezan a inyectarse botox baja drásticamente. Mentes preclaras en cuerpos que se sienten rechazados, inadecuados y mutilados. Sí, por alguna razón que no conseguimos descifrar, aumentan las autolesiones en las adolescentes. ¿Por qué será? ¿Por qué no tendrán las chicas el cuerpo en paz?

Existen tantas contradicciones, tanta cosificación y tanto imperativo sexual sobre el cuerpo de las mujeres que a veces pienso que el feminismo necesita fuego, que suban las llamas, ni más palabras ni más artículos, necesitamos huelga y fuego. Deseo por ejemplo quemar todas las bragas shapewear que hay a la venta en la Gran Vía, hacer una pira con los correctores faciales y saltar hogueras con cada vestido, publicidad, espejo o comentario diseñado específicamente para herir el cuerpo de una mujer. Si encendiese una cerilla por cada mensaje que ataca nuestro cuerpo solo en esta calle, la capital se consumiría en llamas. La resistencia no está en las palabras ni en la ideas, la resistencia pasa por defender el cuerpo. Y mi cuerpo, como el de todas, es un cuerpo violento.

Salgo del Sephora y echo un vistazo al Subduet, una de las marcas de moda entre el público teen donde el 100% de sus clientas son menores de 25 años. Aquí solo venden tres tallas: 34, 36 y 38 y además son más pequeñas de lo normal… De modo que este tallaje solo permite que compren (y trabajen) aquí una clase de adolescentes: las muy delgadas y las muy enfermas. Aunque aún puede ser peor, un poquito más arriba, en la misma calle Fuencarral, está el Brandy Melville. En esta tienda en vez de tres tallas hay solo una. La corrección política extrema convive pacíficamente con una corrección corporal absoluta. ¿Qué siente una chica cuando no le sirve el pantalón, el culotte del pijama o la camiseta “talla única”? Tal vez alivio cuando descubra la revolución el shapewear.

La sociedad puede defender ideas feministas pero por lo visto no es capaz de asumirlas física y sexualmente. Estamos hartas de verlo todos los días, cada vez en más hombres, a menudo en los que fueron aliados y pregoneros del ideario feminista. Ahí está Íñigo Errejón y toda la doctrina que se aprendió, que de nada le sirvió en la cama. Porque de nada sirve saber lo que piensa un hombre si no sabes cuál es el ideario político de su deseo. Y con las sociedades pasa lo mismo que con los tíos. No hay que fijarse en las ideas que defienden sus constituciones sino en la violencia que padecen los cuerpos de las mujeres que las habitan.

Toda violencia, decía al principio, procede de una mentira sostenida. Pero, ¿qué puedo hacer con mi ira? A lo largo de la historia hemos visto cómo todo movimiento reivindicativo contra una realidad hostil, acaba adoctrinándose. Me da miedo que el feminismo se convierta en doctrina, que sea una forma de militancia cabreada que desee quemar todo lo que nos daña: la música, los libros, las películas, algunos hombres y, por qué no, también a las mujeres que no encajen con el ideario. La violencia que genera una ideología es inimaginable, incluso cuando es una ideología en la que yo milito. Por eso pregunto ¿es la solución la militancia? ¿es el feminismo la solución al machismo? Desde luego que sí, solo que no basta con la ideología (patriarcal por definición) para asegurar un cambio que exige por primera vez encarnar las ideas. La militancia crea militares y yo no quiero más soldados en mi vida, ni siquiera cuando peleen en mi bando. Las ideas se convierten en banderas cuando no llegan a la piel, al abrazo, al cuerpo engañado, a mis temblorosas nalgas. Existe un tipo de revolución que se da en el cuerpo de cada una y en el de todas y que es imprescindible para cambiar el mundo. El feminismo es una revolución social pero también, obligatoriamente, íntima.

Por lo demás, la realidad nos demuestra cómo la sexualización de las mujeres genera violencia y disminuye drásticamente el sexo. Tanto es así que la aplicación para ligar Tinder está siendo remplazada por Bumble, donde son las mujeres quienes dan siempre el primer paso. Entre los matches que surgen en la app entre personas de distinto género, la mujer tiene 24 horas para enviar el primer mensaje, y el hombre tiene 24 horas para responderla. En el caso de los matches entre personas del mismo género, cada una tiene 24 horas para escribir, de lo contrario, el match caducará. ¿Y por qué escribimos nosotras primero? Porque eso implica que nuestro cuerpo no se ofrezca en ningún escaparate, estar implicadas pero no expuestas. Y eso reduce drásticamente el ruido de insultos, agresiones y violencia que cubre el cuerpo de una mujer cada vez que ocupa un espacio público y digital. La violencia sexual es de hecho la peor enemiga del sexo y la diversión.

Me pongo los AirPods para continuar el paseo y elijo escuchar lo último de Valeria Castro para calmar la furia. “Tiene que ser más fácil el quererse, no puede el cuerpo ser tan cruel al verse”, canta Valeria. Y mientras tarareo una de las estrofas “Tiene que haber bien cerca una salida, no es eterno estar a la deriva”, sigo nadando por las calles de Madrid. La salida, por ahora, la llevo dentro, me digo. Y cierro mentalmente este texto.












[ARCHIVO DEL BLOG] Filósofos y política. Publicado el 04/06/2016










De los filósofos metidos a políticos he escrito ya en numerosas ocasiones en el blog. No voy a incidir de nuevo en ello. También suelo decir que a los filósofos hay que escucharles siempre, por lo menos eso, aunque no compartamos del todo lo que nos dicen. Adela Cortina (1947) es catedrática de Ética y Filosofía Política de la Universidad de Valencia, miembro de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas y directora de la Fundación ÉTNOR, y suele decir cosas muy interesantes sobre la política en general y la situación europea y española en particular. Hace unos días escribía un interesante artículo en El País, titulado Para qué sirve la democracia, que merece la pena reproducir, que comparto, esta vez sí, plenamente. 
Desde que en los años 2007 y 2008 empezamos a tomar conciencia de la crisis, la insatisfacción con la situación económica de nuestro país se convirtió en indignación, con motivos más que sobrados, que existían en realidad desde mucho antes, dice al comienzo del mismo. Las voces de la indignación, añade, no exigían otro régimen político, distinto a la democracia, sino todo lo contrario: pedían su realización auténtica. Nadie sugería que imagináramos, continúa, otra forma de gobierno, como podría ser un despotismo ilustrado, empeñado en dar al pueblo lo que supuestamente necesita, aunque no lo sepa, sino una democracia radical. Se habló entonces de falta de legitimidad de la política, pero equivocadamente, porque los representantes y las instituciones eran legítimos, como lo son ahora. Lo que había sufrido un serio desgaste era la credibilidad de unos y otras, lo cual no es determinante desde el punto de vista legal, pero resulta gravísimo para la vida cotidiana, porque sin confianza no funciona la democracia.
La ética, no puede ser solo cosmética, dice más adelante. Los episodios nacionales que empezaron el 20-D no han hecho sino iniciar una nueva etapa, la del aburrimiento, la sensación de que todo está dicho y oído, la resignación ante las nuevas actuaciones y sobreactuaciones. Nos preparamos otra vez para asistir al espectáculo de las descalificaciones mutuas, los pactos en pro del puro número, el juego de los sillones, las declaraciones panfletarias o insustanciales. ¿Pero es esto la democracia? ¿Es para esto para lo que sirve?
Según dicen los textos del ramo, continúa escribiendo, una sociedad democrática tiene como punto de partida la existencia en ella de desacuerdos, y parte de su tarea consiste en generar acuerdos, porque son los miembros de esa sociedad los que tienen que resolver sus problemas conjuntamente y no puede haber exclusiones. Las sociedades democráticas tienen que ser de alguna manera un sistema de cooperación. En las totalitarias y dictatoriales, el supuesto acuerdo se impone oficialmente, y la tarea política se reduce a clausurar medios de comunicación molestos, a silenciar a los disidentes con la cárcel, el asesinato y otros medios persuasivos. Pero en las democracias este modo de proceder está desautorizado de raíz, precisamente porque los destinatarios de las leyes, los ciudadanos, tienen que ser de alguna manera sus autores, y son ellos los que tienen que encontrar los puntos comunes, directamente o a través de representantes. Para lograrlo hay en realidad tres caminos.
No existe la Verdad en política, añade. Existe la búsqueda conjunta de lo justo y lo conveniente. Uno de ellos consiste en agudizar los desacuerdos de los que se parte, convirtiéndolos en conflictos que instauran la política amigo-enemigo, hasta asaltar los cielos y desde ellos forzar la supuesta utopía del mundo nuevo. Hace unos días, en un encuentro sobre temas políticos, uno de los intervinientes aseguró que en nuestro país la verdad ha sido secuestrada y eliminada en los últimos tiempos, y recurrió como colofón al bello proverbio de Antonio Machado: “¿Tu verdad? No, la Verdad, y ven conmigo a buscarla; la tuya, guárdatela”. Con lo que venía a decir que en el mundo político existe la Verdad, que en él tratamos de lo verdadero y lo falso, afirmación peligrosa si las hay porque, si es así, quienes encuentren la verdad se sienten obligados a imponerla. Como decían los viejos inquisidores, no se puede dar las mismas oportunidades a la verdad que al error. De donde se sigue que la defensa del pluralismo y la tolerancia serían papel mojado.
Pero sucede, sigue diciendo, que las cuestiones políticas no se miden por parámetros de verdad y falsedad. Eso ocurre en las ciencias, que deben comprobar si sus afirmaciones se dejan validar por la realidad. En el ámbito político hablamos de legitimidad de las instituciones y de justicia de las normas. Y las decisiones acerca de lo justo y lo injusto requieren el uso público de la razón desde el respeto y la tolerancia. No existe la Verdad en política, existe la búsqueda conjunta de lo justo y lo conveniente. Por eso, añade, un segundo camino para generar acuerdos consiste en agregar los intereses en conflicto de modo que se satisfagan los de la mayoría, o los de la suma mayoritaria de minorías, que es lo que hay y es donde estamos; pero necesita un norte para llegar a políticas no sólo legítimas, sino también justas. Ese norte consistiría en economizar desacuerdos, en tratar de encontrar la mayor cantidad de acuerdos posible, buscando un núcleo compartido de exigencias básicas, que una sociedad democrática del siglo XXI debería satisfacer para estar a la altura de los valores sobre los que se sustenta. Los partidos que defiendan ese núcleo deberían conjugar sus esfuerzos para convertirlo en realidad, a través de pactos; y sobre todo, a través de realizaciones.
Hay que economizar desacuerdos y esforzarse para conseguir pactos y realizaciones, añade hacia el final de su artículo. Y en este sentido, dice, de la misma manera que Tocqueville viajó a América para descubrir por qué allí la democracia funcionaba mejor que en Francia y para aprender de sus mejores usos, convendría ahora dirigir la mirada hacia los países ejemplares en el quehacer democrático, hacia los que pueden servir de referentes. Según el índice de democracia, elaborado por la unidad de Inteligencia de The Economist, que pretende determinar el rango de democracia de 167 países, en los últimos años son países escandinavos los que figuran a la cabeza de la clasificación, especialmente Noruega. ¿Las razones de esa buena situación? Fundamentalmente, unas instituciones públicas sólidas, una cultura basada en la confianza, baja desigualdad, buenos servicios públicos financiados con impuestos, un sistema de bienestar social que nivela desigualdades, y un índice elevado de participación política. Resulta interesante comprobar que Suiza, dotada de estructuras sumamente participativas, no encabeza el índice de consolidación democrática, entre otras cosas porque los resultados de las consultas populares en ocasiones son antidemocráticos.
Este es el sueño europeo de la socialdemocracia, que en España está en franco retroceso por el empobrecimiento de parte de la población, que ha reducido las clases medias en 3,5 millones de personas, según datos del estudio que el Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas y la Fundación del BBVA han dado a conocer. Lo cual es malo por sí mismo, concluye diciendo, pero también porque el funcionamiento de la democracia exige igualación. Si a esto se añade que el núcleo de la socialdemocracia no es para España y para la Unión Europea un simple sueño, sino un compromiso, encarnarlo en la vida política es lo que nos corresponde. Y ahora, como decía Sócrates, Ιωμεν: nos vamos. Sean felices, por favor, a pesar de todo. Tamaragua, amigos. HArendt