sábado, 7 de junio de 2025

DE LAS ENTRADAS DEL BLOG DE HOY SÁBADO, 7 DE JUNIO DE 2025

 






Hola, buenos días de nuevo a todos y feliz sábado, 7 de junio de 2025. Ensayar metáforas nuevas puede crear una nueva comprensión, y, en consecuencia, nuevos mundos, comenta en la primera de las entradas del blog de hoy la filóloga y escritora Irene Vallejo. Las democracias son mortales y la antigua Grecia nos lo demuestra, la demagogia subvirtió la democracia desde dentro, y cuando la segunda fue abolida, ningún discurso fue recordado, recordaba en la segunda, un archivo del blog de julio de 2017, el escritor Enrique Krauze. El poema del día, en la tercera, se titula Cascada, es de la poetisa brasileña Amanda Vital, y comienza con estos versos: Mi madre me enseñó a relajarme: en el agua del baño/le pedí que la dejara caer en medio de la espalda y el/comienzo del cuello unos segundos hasta sentir la carne ceder. Y la cuarta y última, como siempre, son las viñetas de humor, pero ahora, como decía Sócrates, "Ιωμεν" (toca marchar); volveremos a vernos mañana si las Euménides y la diosa Fortuna lo permiten. Sean  felices, por favor. Tamaragua, amigos míos. HArendt













DE LAS METÁFORAS DEL LENGUAJE

 







Ensayar metáforas nuevas puede crear una nueva comprensión, y, en consecuencia, nuevos mundos, comenta en El País [Por una frasecilla se pierde un gran amor, 01/06/2025] la filóloga y escritora Irene Vallejo. Quien lo probó lo sabe, comienza diciendo. Una simple palabra puede iluminar el día o herirlo, darte alas o hundirte. Algunas frases despectivas se clavan en el tejido de la memoria y el daño arde a pesar de los años. Un comentario agrio puede agrietar una amistad o helar el deseo que empezaba a nacer. Por eso la hostilidad roba tantos afectos y aciertos. Ya lo advertía el Libro de buen amor: “Por una frasecilla se pierde un gran amor, por pequeña pelea nace un fuerte rencor; el buen hablar siempre hace de lo bueno, mejor”.

Las personas, las generaciones, los países parecen aislarse, cada vez más solos y soliviantados. Las distancias se dilatan, y olvidamos cómo hablar el lenguaje de la cercanía, de la suavidad. El imaginario del combate se ha incrustado en nuestro pensamiento hasta teñir las situaciones cotidianas con colores bélicos. Imaginamos que todo obedece a una lógica guerrera. El amor es conquista. Sobrevivir implica batirse en la lucha por la vida. El éxito exige vencer a los adversarios, humillar cuenta como herramienta política. Incluso terrenos que solían ser pacíficos sufren rearmes constantes, como la batalla cultural. Toda discusión es una pelea que ganamos o perdemos. Confundimos error y derrota. Tiene más prestigio ser duros que flexibles, agresivos más que agradables. Entre los sentimientos, apelan al resentimiento; las actitudes se exasperan y las conversaciones derivan en apocalípticas riñas sin cariño.

A menudo, nos comportamos como si el encuentro con otros se redujese a dirimir rivalidades y desafíos. Georges Lakoff y Mark Johnson lo analizan en su ensayo Metáforas de la vida cotidiana. Hablamos de la discusión como de una guerra, donde atacamos los puntos débiles del discurso del otro, defendemos nuestras tesis, damos en el blanco con nuestras críticas y queremos destruir el argumentario del bando contrario. Llegamos a decir frases tan armamentísticas como “¿No estás de acuerdo? Dispara". Al mirar el lado beligerante de los desacuerdos, esta metáfora casi invisible impide que nos concentremos en otros enfoques. “Alguien que discute con otro está dedicándole su tiempo valioso, en un esfuerzo común de mutuo entendimiento. Pero, preocupados por los aspectos bélicos, a menudo perdemos de vista los aspectos cooperativos”. Lakoff y Johnson invitan a imaginar una cultura donde discutir no consista en vencer o ser vencidos, atacar o defender, ganar o perder terreno, sino en danzar. Los participantes serían bailarines y, en esa sociedad de polifonías y coreografías, nuestras acciones y conversaciones aspirarían a la elegancia, el equilibrio y la belleza estética.

Solemos olvidar la importancia crucial de las metáforas. Las consideramos un recurso literario de poetas, un adorno. De hecho, la mayor parte de la gente cree que puede sobrevivir sin ellas. No somos conscientes de su presencia constante, del modo en que impregnan la vida cotidiana: no solo el lenguaje, también el pensamiento y la acción. Dan forma a las percepciones, a la mirada sobre el mundo, a nuestras actitudes y relaciones con las demás personas. “Palabra” procede del griego parabolé, que significa “comparación”. Cuando nuestros antepasados aprendían a hablar y aún no sabían cómo nombrar las cosas, buscaban parecidos, igual que hacen los niños. Por eso, en los términos de nuestro vocabulario habitual hay tantos símiles camuflados. “Rival” viene de “río”, porque en el mundo rural de los romanos antiguos el gran adversario era quien ocupaba la otra ribera de un arroyo. Este término tan corriente —nunca mejor dicho— evoca un paisaje a orillas del agua y relata una larga historia de sed, asentamientos y vecindades. Hablar, incluso en el día a día, es una actividad poética.

Al escuchar discursos políticos, atendemos al contenido, sin reparar con el mismo cuidado en los símiles, las metáforas y las argucias. Esos aparentes adornos delimitan el marco de pensamiento y justifican las estrategias. En esta época de mensajes viscerales, todo es descrito como una batalla, pero quienes de verdad sostienen la guerra o el exterminio no los nombran, parapetados tras imágenes higienizadas como “limpieza”, “seguridad” o “pacificación”. Otro ejemplo revelador es la metáfora de la enfermedad. Llamar “cáncer” a las ideas del adversario no implica solo acusarlas de ineficaces o equivocadas; significa que son mortíferas y hace falta extirparlas cuanto antes. La amenaza del tumor justifica el sufrimiento que provoque la operación. Quienes proponen medidas dialogantes contribuyen con su cobardía al crecimiento del mal. Una sola palabra transforma el contexto de forma persuasiva pero inconsciente —inconsciente para quien escucha, porque los líderes eligen los términos de forma muy deliberada, sembrando de trampas verbales los campos semánticos del debate—.

A su vez, como ya analizó Susan Sontag en La enfermedad y sus metáforas, trasladamos el lenguaje bélico al vocabulario del cáncer. “La metáfora militar apareció en medicina hacia 1880, al identificar la enfermedad con una ‘invasión’. También el tratamiento sabe a ejército. La quimioterapia es una guerra química. No hay médico, ni paciente atento, que no sea versado en esta terminología militar”. El símil de la batalla intenta ser movilizador: hay un premio para el luchador que se aferra a la vida. Sin duda, el coraje ayuda a sobrellevar la vida cotidiana, pero el éxito del tratamiento depende sobre todo de un diagnóstico a tiempo, de invertir recursos en sanidad e investigación, de los medios y del equipo médico. Al final, esas frases bienintencionadas pueden suponer una carga, culpabilizando al enfermo por su supuesta derrota. Desde sus orígenes, la medicina ha recorrido un largo camino para liberar al paciente de la responsabilidad por su mal. Hace más de 20 siglos, el filósofo Epicteto resumió esta actitud comprensiva y humanista en una máxima: “Ni vergüenza ni culpa”. Ante la salud no hay vencedores ni vencidos: los enfermos no son guerreros.

En un cuento de David Foster Wallace, dos pececillos se cruzan con un pez más viejo, que saluda amablemente: “Buenos días, chicos. ¿Cómo está el agua?“. ”Buenos días. Una mañana preciosa", responden los jóvenes. Continúan nadando un trecho y, al poco, uno de ellos mira al otro y pregunta: “¿Qué demonios es el agua?“. Muchas veces, lo más cercano y esencial es aquello que más cuesta ver y lo más difícil de explicar, como el agua donde vivían los peces de la fábula. Nosotros, bañados en el lenguaje, no somos conscientes de su trascendencia: las palabras modulan y modelan la realidad que respiramos.

La oratoria importa, contagia emociones. Existe un universo verbal que inunda nuestras mentes y condiciona nuestra percepción. Las frases hechas, las expresiones aprendidas, la semántica que expanden los líderes, la cultura o los medios definen nuestras realidades cotidianas, modelan nuestra mirada y dibujan un paisaje de causalidades. Por eso, ensayar metáforas nuevas puede crear una nueva comprensión, y, en consecuencia, nuevos mundos. Tenemos el ignorado poder de contemplar la vida a través de metáforas alternativas. Allí donde invocan guerras y trincheras de ideas podríamos, por ejemplo, convocar la imagen del baile. Conversar vendría a ser como salir a la pista de baile y ensayar una serie de piruetas sutiles y compartidas. Danzamos juntos si estamos dispuestos a acompasarnos con quien nos habla, a tono y en equilibrio. Podríamos abandonar la lógica de nuestro divisivo algoritmo para abrazar la del ritmo; no acorazarnos, sino acompasarnos; en lugar de armas, armonías. Irene Vallejo es filóloga y escritora, Premio Nacional de Ensayo de 2020 por El infinito en un junco (Siruela).











[ARCHIVO DEL BLOG] MEDITACIÓN EN ATENAS. PUBLICADO EL 27/07/2017











Las democracias son mortales y la antigua Grecia nos lo demuestra. Paseando por sus ruinas no podemos olvidar que la demagogia subvirtió la democracia desde dentro. Cuando la segunda fue abolida, ningún discurso fue recordado, comenta en El País el escritor y director de la prestigiosa revista Letras Libres, Enrique Krauze. El Pnyx, comienza diciendo Krauze, donde en un paréntesis de la historia (de 507 a 322 a. C.) se reunió la Asamblea Popular para dar vida a la democracia ateniense, es un lugar silencioso. De difícil acceso, vacío de atractivos artísticos —templos, columnas, estelas—, semeja un paisaje lunar. Se trata de una inmensa área semicircular de roca caliza contenida por un tosco contrafuerte, un pequeño estrado, denominado Bema, desde donde hablaban los oradores frente a 6.000 ciudadanos, y los vestigios de unas escalinatas. Nada más. Acompañados de mi sobrina Sofía y sus hijas Alpha y Zoe —mitad mexicanas, mitad griegas—, Andrea y yo lo visitamos una mañana de junio y permanecimos varias horas.
Por la tarde, en una librería de viejo, compramos Greece: Pictorial, Descriptive, and Historical, precioso libro ilustrado de Christopher Wordsworth —maestro de Trinity College, sobrino del gran poeta—. Basado sobre todo en las crónicas de Pausanias —geógrafo griego del siglo II—, y publicado por primera vez en 1839, recrea líricamente el trance del orador en aquel espacio abierto al este de la Acrópolis. “A poca distancia bajo el orador, el Ágora, llena de estatuas, altares y templos. Más allá el Areópago, el más antiguo y venerable tribunal de Grecia. Por encima, la Acrópolis, presentando a sus ojos las alas, el pórtico y el frontón de los nobles propileos. Y alzando aún más la vista, el coloso de bronce de Minerva y el Partenón”. A los costados del Pnyx, el sabio distingue las veredas que conducen a los oráculos de Eleusis y la colina donde Jerjes contempló la batalla. Y a espaldas del recinto, el Pireo y el mar, navíos y flotas que llegaban hasta los confines del mundo.
La imaginación romántica de Wordsworth atribuye la inspiración del orador ateniense a aquel escenario que lo circunda: “Estos son los objetos que lo rodean al subirse a su Bema. Ante esa presencia habla. Son las alas que lo empujan hacia la gloria. Son también, si se puede decir, las palancas con las que eleva a su audiencia, en tanto que avivan sus corazones de la misma manera que el suyo. No cabe duda, por eso, de que en una tierra como ésta la elocuencia floreciera con un vigor desconocido en otros lugares”.
Hermosa evocación, pero quizá lo inverso sea más cierto: buena parte de ese escenario (artístico, histórico, mitológico), y las obras que se produjeron en esa corta época (tragedias, comedias, historias, tratados filosóficos), era producto de la vida áspera, incierta, valerosa, igualitaria y, ante todo, deliberativa que eligieron los atenienses. Eran producto de la democracia.
En una reseña sobre The Athenian Democracy in the Age of Demosthenes: Structure, Principles, and Ideology, del historiador danés Mogens Herman Hansen —obra suprema, no traducida que sepamos al español—, mi amigo el filósofo y poeta Julio Hubard escribió no hace mucho en Letras Libres: “La democracia es una estructura no de piedras sino de palabras. El secreto es la voz en el espacio público. Un polités ateniense tiene la obligación de hablar entre sus pares y hacerlo claramente: las ambigüedades eran consideradas defecto moral”. Según Hansen, los oradores razonaban desde la Bema, unos a favor, otros en contra, y la asamblea —reunida no menos de 40 veces al año— deliberaba y votaba a mano alzada. A diferencia de Roma, no los movía la obediencia a una autoridad superior, la excitativa del Estado o el afán de divertirse. Ni pan ni circo. Los movía la alta vocación de participar en la vida en común y decidir el destino de la polis. En el Pnyx se tomaron decisiones trascendentales, muchas benéficas, otras desastrosas: declaraciones de guerra, tratados de paz, decretos justos e injustos de ostracismo y muerte. A juzgar por sus obras, acertó más veces de las que erró. Según Herodoto, aun así el éxito militar de Atenas se debía a la democracia. Golpeada por las plagas, acosada por los enemigos, deturpada por los oligarcas, la democracia usó la persuasión, alentó la crítica —aun la más feroz, contra ella misma—, y resistió hasta sucumbir por dos causas principales: la fuerza externa —la conquista— y la mentira interna —la demagogia—.
En el Museo de la Stoa, en el Ágora, vimos una estela con la figura de una joven honrando a un anciano en su trono. La joven era la democracia —elevada al rango de diosa en 404 a. C.— coronando al venerable Demos, el pueblo. “Si alguien se levanta contra la democracia y contra el Demos buscando establecer la tiranía —rezaba la inscripción inferior— quien lo mate, no tendrá culpa”. La fecha de la estela (337/6) coincide con la súbita muerte de Filipo II —vencedor de los atenienses dos años antes, en Queronea— y el ascenso de su hijo Alejandro Magno, que culminó con la conquista de Grecia. Al morir súbitamente Alejandro, un torvo sucesor culminó la destrucción: “No hay —escribe Hansen— un solo discurso posterior a la abolición de la democracia, llevada a cabo por Antípatro en 322 a. C.”. Antes que vivir en servidumbre, Demóstenes, el orador supremo, el crítico de Filipo y Alejandro, se quitó la vida. Y el Pnyx guardó silencio desde entonces.
Casi un siglo antes, una enemiga más sutil —la demagogia— había comenzado a insinuarse en el cuerpo de la democracia para minarla y subvertirla desde dentro, mediante el uso torcido, falaz e interesado de la palabra. A fines del siglo V Aristófanes y Tucídides la denunciaron por su nombre. Lo mismo —copiosamente— Platón y Aristóteles, en el IV. Los filósofos no eran amigos de la democracia, pero comprendieron que la demagogia era a la democracia lo que la sofística a la filosofía: una adulteración letal de la verdad, un culto cínico al éxito a través de la mentira.
En la misma librería de viejo compré un grabado de Le Roi —segunda mitad del siglo XVIII— con una vista del Pnyx en tiempos de la dominación turca. Unos hombres con turbante conversan animadamente al pie del Areópago; otros ascienden por sus escaleras; y, en las ruinas del antiguo Odeón, otro más reza mirando hacia La Meca. Ninguno sospecha ni remotamente lo que significa ese escenario, el tesoro que resguarda, hecho de palabras antes que de piedras. Nosotros no podemos caer en esa amnesia. Advertidos de que las democracias son mortales, debemos honrar las voces de aquel pasado y defender la palabra libre, razonada, transparente y veraz, ante la tiranía y la demagogia. Y ahora, como decía Sócrates, Ιωμεν: nos vamos. Sean felices, por favor, a pesar de todo. Tamaragua, amigos. HArendt

















DEL POEMA DE CADA DÍA. HOY, CASCADA, DE AMANDA VITAL

 






CASCADA



Mi madre me enseñó a relajarme: en el agua del baño

le pedí que la dejara caer en medio de la espalda y el

comienzo del cuello unos segundos hasta sentir la carne ceder

y hundirse: es una presión débil que viene penetrante:

la madre de mi madre se relajó con la corriente del río en

bica: era otro rumbo: dejarlo al principio de la columna

un chorro único y mucho más potente salpicando pingüinos

golpeaba directo al hueso goteando fuera de la piel

a veces lloramos: es que hay baños donde es preciso

llorar: déjame ir con mi madre y la madre de mi madre

secar nuestros ojos con alegría y tristeza y alivio

las mujeres de la familia supieron respetar el ciclo del río

de inundación a seco mojadas por fuera secas por dentro

hay baños, madre mía; hay baños, abuela mía: y estos

los dejamos correr con los pies plantados en la gravedad

eterna: y sigue lavando el alma hasta que el cuerpo sea piedra.



AMANDA VITAL (1995)

poetisa brasileña





***


CACHOEIRA



Minha mãe me ensinou a relaxar: na água do banho

pedi-lhe que a deixasse cair no meio das costas e o

começo do pescoço por alguns segundos até sentir a carne ceder

e afundar: é uma pressão fraca que vem penetrante:

a mãe da minha mãe relaxava com a correnteza do rio em

bica: era outro rumo: deixá-la no início da coluna

um jato único e muito mais potente salpicando pinguins

batia direto no osso gotejando fora da pele

às vezes choramos: é que há banhos onde é preciso

chorar: deixa-me ir com minha mãe e a mãe da minha mãe

secar nossos olhos com alegria e tristeza e alívio

as mulheres da família souberam respeitar o ciclo do rio

de enchente a seca molhadas por fora secas por dentro

há banhos, minha mãe; há banhos, minha avó: e estes

os deixamos correr com os pés plantados na gravidade

eterna: e continua lavando a alma até que o corpo seja pedra.



AMANDA VITAL (1995)

poetisa brasileira






***




















DE LAS VIÑETAS DE HUMOR DE HOY SÁBADO, 7 DE JUNIO DE 2025

 







































viernes, 6 de junio de 2025

DE LAS ENTRADAS DEL BLOG DE HOY VIERNES, 6 DE JUNIO DE 2025

 





Hola, buenos días de nuevo a todos y feliz viernes, 6 de junio de 2025. El desacuerdo ruidoso es mejor que el silencio forzado y las personas deben tolerar las opiniones ajena, afirma el periodista José Manuel Grau en la primera de las entradas del blog de hoy. La segunda es un archivo del blog de junio de 2020 en el que el escritor Manuel Jabois decía que en muchos litigios penales relacionados con chistes, monólogos y letras de canciones sobre la libertad de expresión se consideraba que había que defender la libertad y juzgar la expresión. El poema del día, en la tercera, del poeta guatemalteco José Batres, se titula Al volcán de agua, y comienza con estos versos: Sobre la gran muralla americana,/altivo torreón, vecino al cielo,/su cúspide levanta soberana,/a do jamás osó llevar su vuelo/la reina de las aves atrevida,/que en la cuna de Júpiter anida. Y la cuarta y última, como siempre, son las viñetas de humor, pero ahora, como decía Sócrates, "Ιωμεν" (toca marchar); volveremos a vernos mañana si las Euménides y la diosa Fortuna lo permiten. Sean  felices, por favor. Tamaragua, amigos míos. HArendt















DE LOS PROBLEMAS DE EUROPA CON LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN

 







El desacuerdo ruidoso es mejor que el silencio forzado. Las personas deben tolerar las opiniones ajenas. Lo escribe en Nueva Revista [Los problemas de Europa con la libertad de expresión, 21/05/2025] su director, el periodista José Manuel Grau Navarro. Europa tiene un problema con la libertad de expresión, opina The Economist en su último número impreso, en el artículo «Europe’s free-speech problem». Incomoda al semanario británico de forma especial la ley alemana contra el insulto a los políticos y sus consecuencias. Un exvicecanciller, por ejemplo, «ha presentado cientos de denuncias penales contra ciudadanos, incluido uno que lo llamó ‘idiota’ (Schwachkopf, en alemán)». Se trata de Robert Habeck, del partido de Los Verdes, y se puede leer más sobre ese caso por ejemplo en WDR.

El artículo 188 del Código Penal alemán (Strafgesetzbuch, StGB) regula los delitos de injuria, calumnia y difamación dirigidos contra personas que participan en la vida política del país. El artículo 188 fue modificado por la Ley para Combatir el Extremismo de Derecha y los Delitos de Odio de 2021, ampliando su alcance para incluir las injurias, además de las calumnias y difamaciones previamente contempladas (Véase beck-aktuell y  Gegen Personen).

El § 188 del Código Penal alemán dice: «(1) Si se comete un insulto público (§ 185) contra una persona de la vida política del pueblo, en una reunión o difundiendo contenido ((§ 11 párrafo 3), por razones relacionadas con la posición de la persona ofendida en la vida pública, y si el acto es probable que impida significativamente su actividad pública, el castigo será una pena de prisión por un período que no exceda  tres años o una multa. La vida política del pueblo se extiende hasta el nivel local.

»(2) En las mismas condiciones, la calumnia (§ 186) será castigada con la pena de prisión de tres meses a cinco años y la difamación (§ 187) con la pena de prisión de seis meses a cinco años» (véase StGB § 188).

Según el semanario alemán Focus, más del 93 por ciento de las denuncias contra ciudadanos, a fecha del 24/11/2024, procedían de los entonces ministros Robert Habeck y Annalena Baerbock, esta también de Los Verdes. Véase aquí.[

Añade The Economist: «El mes pasado, un editor de un periódico de derecha recibió una abultada multa, además de una pena de prisión suspendida de siete meses, por compartir un meme de una foto manipulada, que muestra a la ministra del Interior sosteniendo un cartel con la leyenda: “Odio la libertad de opinión”». 

El periodista en cuestión es David Bendels, editor y director del diario de la derecha Deutschland-Kurier, vinculado al partido Alternativa para Alemania (Alternative für Deutschland: AfD). En abril de 2025, un tribunal de Bamberg lo condenó a siete meses de prisión y a una multa significativa por difamar a la ministra del Interior, Nancy Faeser [socialista, ya exministra]. La condena se argumentó sobre la base del artículo 188 del Código Penal. Fuentes: EIR News y Legal Tribune Online, entre otras muchas, y la entrada de Wikipedia en alemán sobre David Bendels, que incluye información sobre su condena.

Los casos arriba citados han generado un amplio debate en Alemania sobre los límites a la libertad de expresión y el uso de leyes penales para proteger a figuras políticas de la sátira y la crítica.

«Todos los países europeos garantizan el derecho a la libre expresión», afirma The Economist. Sin embargo, «la mayoría también trata de limitar los daños que temen que pueda causar». Pero ocurre, según el semanario británico, que «eso va mucho más allá de los tipos de discurso que incluso los liberales clásicos aprueban que se deberían prohibir, como la pornografía infantil, las filtraciones de secretos nacionales o la incitación deliberada a la violencia física». 

El objetivo de las leyes de discurso de odio es «promover la armonía social. Sin embargo, hay pocas pruebas de que funcionen». Suprimir el discurso con la amenaza de enjuiciamiento «parece fomentar la división». Los populistas «prosperan con la idea de que la gente no puede decir lo que realmente piensa, una opinión ahora compartida por más del 40 por ciento de los británicos y alemanes».

En Francia, «se multó a un canal de televisión conservador por calificar el aborto como la principal causa de muerte en el mundo», recuerda The Economist.

En efecto, en noviembre de 2024, la Autoridad de Regulación de Medios de Francia (Arcom) impuso una multa de 100.000 euros a CNews por un incidente de febrero de 2024, durante el programa «En quête d’esprit», presentado por Aymeric Pourbaix. En ese episodio, se mostró una infografía que utilizaba cifras de la Organización Mundial de la Salud (OMS). El gráfico indicaba que se realizan aproximadamente 73 millones de abortos al año en el mundo, lo que representaría el 52 por ciento de todas las muertes globales, superando ampliamente al cáncer (10 millones) y al tabaquismo (6,2 millones). Según Arcom, presentar el aborto como una causa de muerte equipara al feto con una persona viva, lo cual vulnera el marco legal francés, donde el feto no es considerado una persona con derechos legales. Por lo tanto, calificar el aborto como una causa de muerte fue castigado como una falta de precisión informativa. Fuentes: Le Figaro y Le Monde. La emisión de CNews generó una dura reacción de los medios progresistas y entre políticos de izquierda. CNews, propiedad del empresario Vincent Bolloré, se disculpó públicamente (Le Monde). Jean-Marie Le Méné, por el contrario, presidente de la Fundación Jérôme Lejeune, criticó la decisión de Arcom, calificándola de «totalitaria» y añadió que se trata de una censura ideológica que niega una realidad estadística (Zenit). 

El 4 de marzo de 2024, el Parlamento francés, reunido en el Palacio de Versalles, aprobó por una abrumadora mayoría (780 votos a favor y 72 en contra) la inclusión del derecho al aborto en la Constitución. Esta decisión convirtió a Francia en el primer país del mundo en mencionar explícitamente este derecho en su Carta Magna (Véase Le Monde).

Las cosas pueden empeorar por lo que respecta a la libertad de expresión en Europa, según The Economist. «Las leyes vagamente redactadas que dan una gran discreción a los funcionarios son una invitación al abuso. Los países donde tal abuso aún no es común deberían aprender del ejemplo británico. Su represión no se planeó desde arriba, sino que surgió cuando la Policía descubrió que le gustaban los poderes que le daban. Es mucho más fácil perseguir imágenes de Instagram que ladrones; la evidencia está a solo un clic de distancia».

Cuando la ley prohíbe ofender, razona The Economist, «también crea un incentivo para que las personas reclamen sentirse ofendidas». Se podría llegar a utilizar la Policía «para silenciar a un crítico o llegar a un acuerdo con un vecino». Cuando algunos grupos están protegidos por las leyes de «discurso de odio», pero otros no, «los demás también tienen un incentivo para exigir protección». Cada vez «más áreas se consideran prohibidas. En poco tiempo, todo obstaculiza el debate público. Es difícil tener un intercambio abierto y franco sobre inmigración, por ejemplo, si una parte teme que expresar sus puntos de vista invite a una visita de la policía».

Creer en la libertad de expresión «significa defender el discurso que no te gusta. Si las democracias no lo hacen, pierden credibilidad, en beneficio de autocracias como China y Rusia, que están luchando en una lucha global por el poder blando».

¿Qué deberían hacer los europeos? La respuesta de The Economist: «Volver a las viejas ideas liberales de que el desacuerdo ruidoso es mejor que el silencio forzado y que las personas deben tolerar las opiniones ajenas». Las sociedades tienen muchas formas de promover el civismo que no implican maniatar con esposas, «desde las normas sociales hasta las reglas de recursos humanos de la empresa». Las sanciones penales deberían ser «tan raras como lo son bajo la Primera Enmienda de Estados Unidos [se puede consultar aquí]. La difamación debería ser un asunto civil, con tutelas adicionales para criticar a los poderosos». El acoso y la incitación a la violencia deberían seguir siendo delitos, «pero el discurso de odio es un concepto tan confuso que debería ser descartado».

Por lo que se refiere a las plataformas digitales de propiedad privada: «Legalmente, el discurso en línea debe tratarse de la misma manera que el discurso fuera de línea. […] Leyes más claras y menos radicales ayudarían a todas las plataformas a centrarse en eliminar las amenazas y el acoso genuinos». José Manuel Grau Navarro es Director de Nueva Revista, doctor en Periodismo (Universidad de Navarra) y licenciado en Ciencias Físicas (Universidad Complutense de Madrid). Ha sido corresponsal de ABC y director de Comunicación del Ministerio de Educación.