sábado, 27 de diciembre de 2008

Cuento de Navidad

Si hay algo que "me pone de los nervios" es la ignorancia pedante trufada de fanatismo. Y sí, reconozco que hay mucho gilipollas (1) suelto (lo digo sin ánimo injurioso alguno, sino en el coloquial sentido que da al adjetivo la Real Academia Española) que piensa que los no-creyentes en dioses trinos y unos somos seres arreligiosos, carentes de espiritualidad y personas de moral relajada, por no decir amorales absolutos... Lo siento por ellos, pero se equivocan.

Por citar un solo ejemplo, el de Simone Weil (2), la joven filósofa y mística francesa, muerta en 1943 a los 34 años de edad. Quizá la pensadora europea que mejor ha sabido entender la esencia del cristianismo en el siglo XX; un cristianismo que no necesita la existencia de un Dios para convertirse en el centro de la existencia humana, y cuyas raíces (3) se hunden en los mitos más antiguos de la humanidad y del pensamiento filósofico y teológico de la antigua Grecia.

A mi el mito cristiano de la Navidad me parece bellísimo, y lo sigo celebrando cada año con mi familia, con mis hijas y mis nietos, y perdónenme la irreverencia si alguien se siente ofendido, con mis gatos, que también son animalitos de Dios. Y todo ello, con independencia de que el mito no se sostenga en realidad alguna, y que tenga precedentes claros en otros mitos (4) mucho más antiguos como los de Isis, en el antiguo Egipto, o el del dios Mitra (también nacido en una cueva, de madre virgen, un 25 de diciembre, y adorado por magos y pastores que le traen regalos un 6 de enero). Líquido, blanco y en botella... Vale: pues sí, leche.

Los mitos son "una forma de pensar el mundo". Lo dice el antropólogo francés Claude Levy-Strauss (5) en un erudito y bellísimo libro del que ya he hablado en ocasiones anteriores en el blog: "Mitológicas. Lo crudo y lo cocido" (6), editado por el Fondo de Cultura Económica, de México, en 1968; mitos que construyen una explicación total del mundo en toda su riqueza, y en los que toda realidad -física, biológica y espiritual- está determinada por ellos y en ellos.

El escritor castellano-leonés Gustavo Martín Garzo (7) publicaba ayer en El País un hermoso artículo, "El buey y los ángeles", rememorando las navidades de su infancia, que comparto plenamente. Y como a él, a mi me resulta imposible desprenderme de esas figuras maltrechas por los años, los hijos, los nietos y los gatos, que configuran nuestro Belén en el mejor rincón de nuestro hogar; celebración anual de la Navidad, tan Navidad como la de los creyentes, y con la misma fe y esperanza en un mundo, aquí, ahora y en el futuro, mucho mejor que el que nosotros heredamos de nuestros padres. Y eso. sin dejar de reconocer que no es más que un mito, pero un mito central para poder comprender lo que es y significa occidente y su forma de pensar. Feliz Navidad. Tamaragua. (HArendt)





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Simone Weil (1909-1943)




Notas:

(1) http://buscon.rae.es/draeI/SrvltObtenerHtml?LEMA=gil%C3%AD&SUPIND=0&CAREXT=10000&NEDIC=No#0_1
(2) http://www.antroposmoderno.com/antro-articulo.php?id_articulo=561
(3) http://serbal.pntic.mec.es/~cmunoz11/amela50.pdf
(4) http://antecedentes.wordpress.com/2007/12/19/el-origen-de-la-navidad-las-raices-paganas-de-una-fiesta-cristiana/
(5) http://es.wikipedia.org/wiki/Claude_L%C3%A9vi-Strauss
(6) http://biblioweb.unam.mx/valores_distantes/C1LEVI.htm
(7) http://www.clubcultura.com/clubliteratura/clubescritores/garzo/home.htm

Fotos:
(1) Simone Weil:
http://www.burg-klempenow.de/veranstaltungen/Ausstellungen08/bilder/Simone_Weil.jpg
(2) Claude Levy-Strauss:
http://portal.unesco.org/culture/fr/files/37347/12126701431levi-strauss_260.jpg/levi-strauss_260.jpg
(3) Fresco de la Natividad, Giotto (Padua):
http://alenar.files.wordpress.com/2007/12/fig8-natividadadoracionpastoresgiotto1310sanfranciscoasis.jpg





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Claude Levy-Strauss (1908)




"El buey y los ángeles", por Gustavo Martín Garzo

En uno de sus poemas más hermosos, Thomas Hardy evoca un recuerdo de su infancia. Es Nochebuena y alguien, al hablar de los bueyes del portal, exclama: "Ahora estarán todos de rodillas". Pasa el tiempo, y el poeta, que tiene ahora 75 años y se ha convertido en uno de los escritores más grandes de la lengua inglesa, escribe (utilizo la traducción de Joan Margarit): "Todavía / si alguien dijese en Nochebuena, 'vamos a ver a los bueyes de rodillas, / dentro de la cabaña solitaria / de aquel valle lejano que solíamos visitar en la infancia', con él iría por la oscuridad / esperando encontrármelos así".

También Jules Supervielle, el poeta uruguayo francés, escribió un relato sobre los animales del portal. Se titula El buey y el asno del pesebre, y es una delicada muestra de amor a esas criaturas inocentes cuyas figuras de barro tantas veces pusimos en nuestra infancia junto a la cuna del Niño. Supervielle nos cuenta esa historia desde los ojos de un narrador imprevisto: el buey que vive en el portal. Es un relato de un extraño lirismo, pues lo que nos conmueve del buey es esa capacidad para relacionarse con lo no revelado todavía, con ese ámbito de lo invisible que constituye la esencia de la poesía. El buey de Supervielle asiste asombrado a lo que tiene lugar a su alrededor. Ve al Niño que acaba de nacer y se pone a calentarle con su aliento. Todo se vuelve maravillosamente difícil para él. Los ángeles no paran de ir y venir, y acude gente humilde cargada de regalos. Cuando sale al campo se da cuenta de que hasta las piedras y las flores saben lo que ha pasado, y están nimbadas de luz. Y el pobre se pasa las noches en vela, arrodillado junto al niño, viendo aquel mudo celeste que penetra en el establo sin ensuciarse. Esa dicha le conduce al agotamiento más extremo y cuando por fin María, José y el Niño se alejan con el asno, en busca de un lugar más seguro, no puede seguirles, y se queda solitario en el establo, donde muere, sin llegar a entender nada de lo que le ha pasado. José Ángel Valente, al comentar este relato, y lamentándose de que tantos hombres hayan llegado a perder el sentimiento de lo poético, escribe: "Ignoran tanto hasta qué punto los rodea lo invisible, que ni siquiera tienen la prudencia de aquel buey de un delicioso cuento de Jules Supervielle, que en el colmo del júbilo 'temía aspirar un ángel', tan denso está el aire de espirituales criaturas".

Es la misma atmósfera de los frescos que el Giotto pintó en la capilla de los Scrovegni, en Padua. En uno de ellos, María permanece en el lecho y tiende sus manos para tomar agotada a su hijo, y a su lado están el buey y la mula mirándoles. Muy cerca, junto a un san José, misteriosamente ausente, adormecido, hay un rebaño de ovejas y dos pastores, que miran hacia el cielo, donde varios ángeles revolotean sobre el techado de madera como si hubiera tomado alguna sustancia psicotrópica. Todo está detenido y, a la vez, ardiendo, lleno de luz, como si hombres, animales y ángeles fueran presas del mismo hechizo. Una de las cosas que más me conmueve de esta historia, la más hermosa del universo cristiano, es este extraño protagonismo de los animales: que las pobres bestias estén al lado de los hombres y los ángeles participando en un plano de igualdad de la misma revelación.

Coleridge pensaba que la verdadera poesía debía transmutar lo familiar en extraño y lo extraño en familiar, y es justo a eso a lo que asistimos aquí. James Joyce llamó epifanías a estos instantes de comunicación profunda con las cosas, y es esa capacidad para transformar el detalle trivial en símbolo prodigioso la que transforma esta ingenua y antigua historia en verdadera poesía. Eso es una epifanía, una pequeña explosión de realidad que hace del mundo el lugar de la restitución. Miles de niños nacen en el mundo a cada instante y no todos tienen, por desgracia, la misma suerte; pero basta con que sean recibidos con amor para que algún buey aturdido ande cerca y exista el peligro de aspirar alguna criatura invisible al menor descuido.

Un viejo anarquista de un pueblo minero leonés acostumbraba a poner todos los años el belén. Era un belén peculiar, en el que estaban ausentes el castillo de Herodes y el portal, pues, según él, sólo el pueblo merecía figurar en él por ser lo único sagrado. Pero basta acercarse a cualquier niño que nace para saber que ese portal y ese castillo deben estar ahí, pues dan cuenta de la belleza, el misterio y el temor que acompañan su nacimiento. El mundo de los recién nacidos es el mundo de la adoración, de los pastores y los bueyes, de los peregrinos conducidos por señales errantes; pero también el de la muerte de los inocentes y el de la incierta huida a Egipto. No es posible ver la crianza de un niño separada de un humilde portal, de la luz de una estrella, de las innumerables visitas y las calladas atenciones; pero tampoco de la fuga en la noche y de la persecución injustificable y cruel. El mundo de la adoración tiene su contrafigura en ese otro en el que el niño cuanto más querido más vulnerable nos parece, y en que toda vigilancia es poca para preservarle de los peligros que le aguardan en la vida.

Recuerdo ahora los belenes de mi infancia y la emoción que sentíamos cuando, al llegar las navidades, se sacaban las figuras de barro del cajón en que descansaban para montarlos. El río hecho de papel de plata; el musgo, que había que ir a coger al pinar; la escoria, que quedaba en la caldera tras la combustión del carbón; y el serrín, que nos regalaban en una tienda de telas que, por una mágica coincidencia, se llamaba Sederías de Oriente. Pero la casa estaba llena de niños que inevitablemente cogían las figuras de barro al menor descuido para jugar con ellas. Además, de tanto guardarlas y volverlas a sacar de su cajón, era inevitable que muchas se rompieran. Algunas se reponían, pero otras nos daba pena tirarlas, y así el belén se fue poblando de lavanderas con un solo brazo, burros sin orejas, ovejas que habían perdido una pata y campesinos cojos.

Años después escribí una novela en que aparecía una María manca. Cuando me preguntaban por qué, yo solía decir que esa imperfección me permitía arrancarla de aquel mundo de retablos llenos de racimos dorados, vidrieras iluminadas e iconos de oro en que María solía estar, para devolverla al mundo, entre las muchachas reales. Ésta era la explicación que daba, pero creo que la virgen de mi libro venía directamente de ese belén de mi infancia, de ese pequeño pueblo de tullidos, que bien mirado es el que mejor habla de lo que somos. Aquellas figuras rotas y amadas representaban las penas y dolores de la vida, pero también su hondo e incomprensible misterio. El misterio de la belleza y de lo inexplicable, que tan bien representa ese buey del relato de Supervielle que no sabemos si muere de dicha o de tristeza. Aquí termina mi cuento. Ahora sólo me queda desearle una feliz Navidad, querido lector. (El País, 26/12/08)





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La Natividad. Capilla Scrovegni (Padua, Italia). Giotto (1267-1337)





jueves, 25 de diciembre de 2008

S.O.S. por El Museo Canario



Ídolo de Tara (Museo Canario, Las Palmas, Islas Canarias)



Una profunda tristeza me ha provocado la lectura de sendos artículos en "Canarias Ahora", escritos por los periodistas José Antonio Alemán y Juan García Luján, sobre la más que probable desaparición a corto plazo de El Museo Canario de Las Palmas ante la impasibilidad y desidia -al alimón- de las corporaciones locales de la ciudad, la isla y el archipiélago.


Fundado en 1879 por el doctor Gregorio Chil y Naranjo, El Museo Canario (1) es, sin duda alguna, la más importante institución cultural y cientifica privada de Canarias, albergando en sus salas la mayor colección del mundo de momias y restos aborígenes canarios, una impresionante hemeroteca y una colección bibliográfica y documental fundamental e imprescindible para conocer la Historia de Canarias.



Ahora, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, el gobierno de Canarias le retira el cincuenta por ciento de la subvención que le otorgaba anualmente, y el Cabildo de Gran Canaria, la máxima institución de gobierno de la isla, para no ser menos, el veinticinco por ciento de la suya.



Desde que llegué a Gran Canaria, en 1967, he llevado a El Museo Canario a todos los peninsulares, familiares, amigos y simples conocidos, que tenían la fortuna de recalar por aquí, aunque fuera de paso. Ninguno de ellos quedaba decepcionado de la visita, y se marchaban prendados de la reproducción de la inigualable Cueva Pintada (2) de Gáldar, enamorados del famoso ídolo de Tara (3), la más importante pieza arqueológica del archipiélago, y fascinados por las momias aborígenes en él depositadas. Todo eso está ahora en peligro de muerte. Quizá, como dice José Antonio Alemán es que esta sociedad no se merece una institución como El Museo Canario, pero yo pienso que lo que no nos merecemos los canarios es la pandilla de incompetentes que tenemos en los distintos ámbitos de gobierno de Canarias. Sean felices a pesar de todo. Tamaragua. (HArendt)




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Ídolo de Tara (El Museo Canario, Las Palmas, Gran Canaria)


Notas:
(1) http://www.elmuseocanario.com
(2) http://www.cuevapintada.org/portal/home.cueva
(3) http://es.wikipedia.org/wiki/%C3%8Ddolo_de_Tara

Fotos:
(1) El ídolo de Tara:
http://www.visitacanarias.com/mm/16482.jpg
(2) La Cueva Pintada:
http://www.lacoctelera.com/myfiles/jarutaco/cueva-pintada-3.jpg
(3) Sala de El Museo Canario:
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La Cueva Pintada (Gáldar, Gran Canaria)


"El Museo Canario", por José A. Alemán

Quienes crecimos en las inmediaciones de El Museo Canario y pasamos horas de la niñez, de la adolescencia y la juventud entre sus colecciones arqueológicas y de Ciencias, en su hemeroteca y biblioteca, no le dábamos esa mayor trascendencia. Formaba parte de nuestras vidas, del entorno en que nos movíamos, estaba tan dentro de lo cotidiano como ir al colegio, jugar al fútbol, a piola, a calimbre, participar en las "guirreas" a pedrada limpia, realizar incursiones por las plataneras de la Vega de San José o acercarnos al castillo de San Cristóbal.

Con el paso del tiempo, a medida que comenzábamos a percibir la realidad de la dictadura franquista, el Museo adquirió connotaciones que ya eran evidentes la tarde lejana en que el padre claretiano Martín Sarmiento se plantó en unas jornadas sobre darwinismo. Fue dispuesto a reventarlas con lo que hoy llamaríamos "creacionismo" y argumentos como el de si fue primero el huevo o la gallina para dejar sentado que la sucesión ovípara, por mucho que se pierda en la noche de los tiempos, acabaría en el primer huevo o la primera gallina tras los que estaría necesariamente Dios Creador. Como advirtiera en la réplicas Martín Sarmiento cierta ironía, montó en cólera y cogió puerta bramando que sí, que algo de razón tendría Darwin pues al menos era seguro que los participantes en el acto descendían directamente del mono. Fue el Museo la primerísima "zona" de libertad para muchos de nosotros.

Tras su fundación, en 1879, El Museo Canario se convirtió en la principal referencia cultural de la ciudad de Las Palmas y de su isla. Irradiaba al resto del archipiélago y adquirió notable proyección en el mundo científico internacional. A bote pronto, recuerdo el congreso del Cro Magnon del que fuera aglutinante. No es preciso ponderar sus fondos documentales entre los que figura la mayor parte de cuanto se ha escrito en Canarias; con lo que eso significa. Bien lo saben los investigadores, los historiadores, los profesores, los periodistas y cuantos han realizado tesinas y tesis doctorales imposibles de no estar ahí el Museo, a falta de Universidad. Como lo saben también los colegiales que acudían a realizar sus trabajos. O los simples curiosos enganchados por algún tema. Todos tenían a su disposición la biblioteca y la hemeroteca que sólo cierran el día de Navidad y Año Nuevo. Presta, pues, el Museo un servicio público gracias no a sus miserables presupuestos y al desvelo de las autoridades sino al entusiasmo de los empleados que participan de los mismos móviles de los directivos que sacrifican su tiempo en el esfuerzo no retribuido que ha hecho el milagro de que el Museo siga entre nosotros.

Pero puede dejar de existir. El Gobierno ha rebajado un 50% su aportación en los presupuestos que acaba de aprobar; el Cabildo grancanario la ha reducido un 26% en los suyos. Si se comprende que la condición canariona de la institución baste a ATI para golpearlo, se entiende menos que el Cabildo grancanario ponga de su parte al intento de dinamitarlo.

Da vergüenza. Un bochorno para la ciudad, para la isla y los gestores culturales con visa oro por cuenta de la Consejería. Se ha tratado en ocasiones de justificar el desinterés de la Administración por la institución en el hecho de que es institución privada. Pobre excusa que inhabilita el carácter público de sus prestaciones y el hecho de que si el Museo dependiera de los políticos necesitaría una legión de funcionarios a sueldo para sustituir al puñado de empleados que lo mantienen hoy. Sería, eso sí, un nuevo lugar donde colocar los políticos a su gente a quemar presupuestos.

Hay peligro cierto de que El Museo Canario cierre. El destino de sus colecciones arqueológicas y documentales y de sus fondos impresos es incierto. Podrían "perderse" no pocos y acabar los demás desperdigados entre instituciones públicas que, paradójicamente, dificultarán el libre y fácil acceso a ellos que ha venido garantizando el Museo. Claro que, mirando otros casos y considerando la indiferencia social ante la reiterada destrucción de tantos referentes, habría que plantearse si esta sociedad se merece realmente tener El Museo Canario. (Canarias Ahora, 23/12/08)





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Sala de El Museo Canario (Las Palmas, Gran Canaria)


El desprecio al Museo Canario, por Juan García Luján

Don Gregorio Chil y Naranjo fue un patriota, en el sentido más profundo y auténtico de la palabra. En contra de la voluntad de su tío y padrino Gregorio Chil Morales, prefirió ir a estudiar a París que convertirse en sacerdote. En la capital francesa Chil y Naranjo pudo aprender de un país que construía un futuro y cuidaba su pasado. Uno de sus rincones favoritos era el Museo de Paleontología y Anatomía. Cuenta su biógrafo Juan Bosch Millares que seguramente Gregorio Chil y su amigo Juan Padilla Padilla fueron testigos y animadores del París revolucionario de 1848. Cuando regresó a su isla abrió una consulta como médico en su casa de la calle Los Balcones, allí atendió a los que podían y a los que no podían pagarle la consulta. Además de curar a los enfermos, su otra pasión fue la investigación sobre nuestra historia.

La vinculación de Chil y Naranjo a varias sociedades de científicos de Francia, España e Italia le sirvió para intercambiar conocimientos y poder investigar la vida y costumbres de los canarios prehispánicos. Le gustaba a Gregorio Chil y Naranjo coleccionar piezas de los antiguos canarios y conocer todas sus costumbres. Después de visitar bibliotecas, ateneos, archivos y sociedades antropológicas e históricas para conocer todo lo escrito sobre la población canaria, el doctor Chil y Naranjo escribió 'Estudios históricos, climatológicos y patológicos de las islas Canarias'.

En su obra el Dr. Chil apoya las teorías darwinistas de la evolución humana, lo que provocó que el obispo de Canarias José María Urquinaona la sentenciase como sacrílega, Chil fue excomulgado y su obra denunciada en todas las parroquias. Tuvo la excomunión mayor, lo que equivalía al aislamiento social. Pero los científicos canarios y europeos apoyaron a Gregorio Chil. Una de las muestras más claras fue la respuesta que recibió a su proyecto de crear el Museo Canario. El 2 de septiembre de 1879 se reunieron en la casa de Amaranto Martínez de Escobar de la calle López Botas Andrés Navarro, Juan Padilla Padilla, Domingo J. Navarro, Víctor Grau Brassas, Diego Ripoche, Mariano Sancho y Emilio Álvarez del Cueto. Deciden fundar la sociedad del Museo Canario presidida por Domingo J. Navarro y que tiene como director a Gregorio Chil y Naranjo. La primera sede fue la tercera planta de las Casas Consistoriales en la Plaza Santa Ana.

Así han pasado 130 años. El Museo Canario es una referencia imprescindible para el conocimiento del pasado canario. Miles de estudiantes, profesores, científicos, curiosos tienen acceso a sus fondos documentales, a su biblioteca, su hemeroteca, sus exposiciones. En los últimos 11 años han subido los presupuestos del gobierno canario, del cabildo y del ayuntamiento capitalino, pero las cantidades destinadas al Museo Canario no se han incrementado ni una peseta, ni un euro. El gobierno canario venía aportando 255000 euros, el cabidlo 420.000 y el ayuntamiento 60.000. En tiempos de bonanzas no aumentaron el apoyo, pero en tiempo de crisis quieren recortarlo de forma drástica. Según los trabajadores del Museo Canario el ejecutivo autónomo recortará un 50% el apoyo económico, el cabildo lo reducirá un 26 % y el ayuntamiento mantiene el mismo presupuestito.

El gobierno que tanto presume de lo nuestro, de nuestra gente, dedicará el próximo año 127.500 euros al Museo Canario. Por compararlo con otros gastos de Cultura de este mismo año, el ejecutivo de Paulino Rivero gastó 3 millones de euros en el Festival de Música de Canarias, hubo 65 conciertos en todas las islas, incluída la Graciosa. Esto significa que un presidente de “nuestra gente, nuestra historia, nuestra cultura” dará al Museo Canario lo mismo que pagó para patrocinar este año 3 conciertos de música clásica. El cabildo de Gran Canaria aportará el año que viene 90000 euros menos que en 2008 . La corporación insular que preside un historiador y cuyo vicepresidente se define como nacionalista, aportará al Museo Canario en un año 310.000 euros, 100.000 euros menos del presupuesto de la celebración de la Gala de los premios Max que patrocinará el cabildo en el 2009. Dicen los trabajadores del Museo Canario que con estos presupuestos no se podrán mantener todos los servicios que aporta la institución centenaria. Pero no pasa nada. En el 2009 podremos disfrutar de la música de la Bach Colegium Japan en el Festival de Música de Canarias y el próximo 30 de marzo nos podremos reír mucho con los cómicos españoles en la gala de los premios Max. Ya no quedan patriotas como Chil y Naranjo. Ahora sufrimos las consecuencias de tener unos políticos que padecen lo que Manuel Alemán definió como "el complejo del colonizado” en su libro "Sicología del hombre canario". (Canarias Ahora, 24/12/08)