sábado, 24 de enero de 2026

DE LA REINA LETIZIA

 







Donde otros ven una enmienda al jefe del Estado, yo veo la lucha por tener voz propia y no ser solo la consorte y madre de la heredera que sale pluscuamperfecta en las fotos, comenta en El País (22/01/2026) la escritora Luz Sánchez-Mellado. La tarde del 11 de marzo de 2004, comienza diciendo, la periodista Letizia Ortiz Rocasolano, de 31 años, prometida del príncipe Felipe, acompañó a su novio y a su futura suegra, la reina Sofía, a visitar a los heridos por las bombas de los trenes del mayor atentado terrorista de la historia de España. En las fotos se la puede ver, demudada, muda y cabizbaja, sin saber dónde mirar ni dónde meterse al lado de los más profesionales rostros de su familia política. De lo que ha tronado y llovido dentro y fuera de esa Casa desde entonces –juicios, traiciones, abdicación, ascenso al trono, debacles familiares e institucionales- dan constancia unos cuantos decretos del BOE y miles de crónicas en la hemeroteca. Pero solo ella conoce el camino íntimo que ha transitado la mujer a la que se le echó encima toda la carcunda monárquica patria por pedirle a su pareja que la dejara hablar en el anuncio de su compromiso, hasta convertirse en la Reina que se presentó el lunes ante los heridos en el desastre de los trenes de Adamuz y no solo tomó la palabra tras las del Rey, sino que las bajó a tierra. Ni siquiera tuvo que buscar un abrigo de luto deprisa y corriendo. Venía casi directa de acompañar a su suegra doña Sofía, ahora sí ambas igual de reinas, en el trance de enterrar a su hermana pequeña, algo en lo que ella tiene experiencia. Y ya se sabe que las penas unen más que las alegrías hasta en las mejores familias.

Letizia Ortiz es una mujer a la que se le ve todo, no disimula sus simpatías y antipatías y es capaz de dejar a señores y señoras principalísimos con la palabra en la boca en un cóctel para agarrar al vuelo a alguien con quien le interesa hablar y hacerlo de tú a tú, sin más protocolo ni zarandajas que el respeto y la confianza mutua, sí. Pero en esa toma de la palabra pública está su conquista. Donde otros ven una enmienda a la jefatura del Estado, yo veo una lucha por tener voz propia, por ser Reina y no solo la consorte del Rey, la madre amantísima de su heredera y quedar pluscuamperfecta en las fotos. La monarca que cualquier republicano, como sospecho que es ella, respetaría mientras no se vote otra cosa. Así que, yo que ella, propondría la declaración de Adamuz como pueblo ejemplar, del alcalde al último vecino, y la concesión del ducado homónimo con grandeza de España a Julio, el adolescente que se tiró a las vías a salvar vidas sin pensar en la suya. Ni todas las generaciones de los Alba juntas desde 1472 acreditan la mitad de la mitad de méritos.























ENTRADA NÚM. 9764

DEL ARCHIVO DEL BLOG. HOY: LA DIMENSIÓN DE LA LIBERTAD. PUBLICADO EL 30/01/2018

 






La segunda mitad del siglo XX fue un periodo casi feliz para la humanidad. En cambio, ahora estamos asentados en un polvorín: hay desconfianza en el sistema democrático y todo gira en torno a la seguridad y la reducción de riesgos, comenta en El País el escritor Jordi Soler.

Hace poco más de cien años, los habitantes de las grandes ciudades comenzaron a buscar fórmulas para contrarrestar el hacinamiento y la polución que volvía irrespirable la atmósfera urbana, comienza diciendo Soler. Buscaron, al parecer sin mucho ahínco, a juzgar por la falta de espacio y la calidad del aire que tienen hoy nuestras ciudades.

Bolton Hall fue un célebre activista que a finales del siglo XIX inició un movimiento para incitar a la gente, que estaba harta de vivir en Nueva York, a que se mudara al campo. Los pormenores de este proyecto los escribió en uno de sus libros, Three Acres and Liberty (1907), que se puede consultar online de forma gratuita. Ahí expone las ventajas de instalarse en el campo, en una casa rodeada de tres acres de terreno (1,2 hectáreas), un espacio suficiente para montar una granja, un huerto, un plantío, algo que produjera ganancias.

La aventura de independizarse en el campo que Hall proponía en su libro no era solo para liberar al ciudadano de la polución y del hacinamiento; el objetivo principal era independizarlo del sistema económico que estaba articulado, como sigue hasta la fecha, por unos cuantos dueños y una angustiosa multitud de empleados que habían vendido su tiempo, y a la larga su vida, a la empresa de un particular. La idea de Hall no era en ese tiempo ninguna novedad, pero el título de su libro, Tres acres y libertad, nos hace ver la dimensión que tenía entonces esta palabra. Hall invitaba a sus lectores a embarcarse en una aventura incierta, llena de riesgos, que iba a ser implementada por gente de la ciudad que, seguramente, no sabía ni ordeñar una cabra ni dar un golpe a la tierra con el azadón; esa vida azarosa, sin ninguna clase de seguridad, ofrecía Hall a sus valientes seguidores, a cambio de una sola recompensa: la libertad.

La sociedad ha cambiado mucho en los últimos años, la libertad, esa palabra que en el siglo XX gozaba de un sólido prestigio, comienza a perder lustre en este convulso siglo XXI, como sugieren los números que expongo a continuación.

Según datos del Pew Research Center, el 40% de los jóvenes en Estados Unidos cree que el Gobierno debería regular la libertad de expresión cuando lo que se dice es ofensivo, piensa incluso que la autoridad debería intervenir antes de que el discurso ofensivo ocurra. En la segunda mitad del siglo pasado solo el 20% creía que el Gobierno debía regular la libertad de expresión, y unos años antes, en la década de los años cuarenta, la cifra se reduce al 12%.

Este creciente rechazo a la opinión que no es del gusto de la mayoría, se redondea con otros números muy significativos. De acuerdo con un estudio del World Values Survey, antes de la II Guerra Mundial, el 72% de los estadounidenses pensaba que la democracia era un sistema imprescindible para gobernar un país; hoy solo piensa eso el 30%, y además hay un 24% que piensa que la democracia es, directamente, una mala idea.

Los datos vienen de Estados Unidos pero la realidad no es muy distinta en los países europeos, donde el desprestigio de los Gobiernos democráticos ha crecido en los últimos años, igual que la intolerancia al discurso que se sale del cauce de la corrección política.

A un número creciente de ciudadanos del mundo industrializado del siglo XXI les tiene sin cuidado quién los gobierne; mientras les conserven su burbuja de bienestar y seguridad, no importa que el Estado, para protegerlos, tenga que espiar sus conversaciones privadas, ni que les reduzca su margen de libertad.

Antes que la libertad de expresión prefieren la libertad acotada, para no exponerse a opiniones políticamente incorrectas o que difieran de las suyas. Todo gira en torno a la seguridad, a la reducción de riesgos que es la gran obsesión de este siglo, y ese número creciente de ciudadanos ya ha puesto la seguridad por delante de la libertad.

En su ensayo The Complacent Class (St. Martin’s Press, 2017), Tyler Cowen apunta una serie de elementos que perfila con más detalle esta tendencia. La segunda mitad del siglo XX fue un periodo casi feliz para la humanidad: no hubo guerras mundiales, ni demasiadas epidemias, ni grandes descalabros económicos, y en cambio el siglo XXI está afincado sobre un polvorín, a la desconfianza de la gente en el sistema democrático, hay que sumar el esplendor de los fundamentalismos religiosos y de los nacionalismos étnicos; todo esto invita a mirar el futuro con desconfianza, y quién desconfía lo primero que hace es replegarse.

La sociedad estadounidense, que fue forjada por miles de aventureros, desde los peregrinos del Mayflower hasta los incitados por Bolton Hall, ha perdido el gusto por la aventura. En los últimos 50 años se ha reducido a la mitad el número de personas que salían de su Estado natal para ir a buscar una oportunidad en otro, y en los últimos 40 el número de ciudadanos menores de 30 años que son dueños de un negocio se ha reducido en un 65%, lo cual ya indica que los millennials serán la generación empresarial menos productiva de la historia de aquel país.

Otros datos redondean el panorama abúlico que empiezan a ofrecer estos primeros años del siglo XXI: los empleados cambian menos de trabajo que sus padres y tienen mucho menos energía para proyectar e innovar, según los números de la oficina de patentes, que vienen decayendo desde 1999. Y un dato más, que es la viva metáfora de la abulia, del repliegue o, para decirlo con todas sus letras, del miedo que hoy nos define: el número de gente que aplica para conseguir el carné de conducir decae continuamente desde la década de los años ochenta. A este paso, On the Road, la gran novela americana donde Jack Kerouac cuenta un largo viaje en automóvil por Estados Unidos y México, va camino de convertirse en una historia absurda.

Parece que los índices de bienestar con los que se vive en el mundo industrializado han convertido al ciudadano en una criatura temerosa y poco dada a la aventura, que se siente a sus anchas en el reino del pensamiento único lo cual, necesariamente, reduce el espectro de la palabra libertad.

La libertad en los tiempos de Bolton Hall implicaba dejarlo todo y mudarse a vivir al campo en una parcela de tres acres. Establezcamos la escala: la medida de la libertad ha pasado, en poco más de cien años, de tres acres a los 50 centímetros cuadrados que mide la mesa en la que tenemos instalado el ordenador. Y ahora, como decía Sócrates, Ιωμεν: vámonos. Sean felices, por favor, a pesar de todo. Tamaragua, amigos. HArendt













ENTRADA NÚM. 9763

DEL POEMA DE CADA DÍA. HOY, EXILIO, DE KIKU ADATTO

 







EXILIO




Al principio caminamos

entre los álamos y los robles

los viñedos y los olivares.


Hicimos un pacto con la tierra

las montañas y el mar

los ríos y las raíces

que contaban nuestras historias.


Cuando nuestra sangre

corría por las calles, no huimos.

Rechazamos la memoria de masacres

y recordamos el sol de Sefarad

sobre las cabezas de nuestros hijos.


De nosotros surgieron filósofos

mercaderes y poetas

médicos y diplomáticos

aún nuestros líderes tenían que besar

las manos de los reyes

que siempre y nunca nos protegieron.


Siempre y nunca

estas palabras las llevamos

a nuestro exilio

y guardamos las llaves

de nuestras casas

para el día del retorno.


En el crepúsculo violeta

de nuestra partida

sólo probamos el polvo

de nuestros deseos.




KIKU ADATTO

poetisa española
























ENTRADA NÚMERO 9762

DE LAS VIÑETAS DE HUMOR DEL BLOG DE HOY SÁDADO, 24 DE ENERO DE 2026

 




























ENTRADA NÚMERO 9761

SALUDOS EN LAS LENGUAS DE MI PATRIA. HOY SÁBADO, 24 DE ENERO, EN CASTELLANO

 







Hola, buenos días de nuevo a todos y feliz sábado. Fin de semana, la penúltima de este malhadado mes de enero, primero del año de gracia de 2026. La primera de las entradas del blog de hoy va de la reina Letizia: Donde otros ven una enmienda al jefe del Estado, yo veo la lucha por tener voz propia y no ser solo la consorte y madre de la heredera que sale pluscuamperfecta en las fotos, dice de ella la escritora Luz Sánchez-Mellado. El archivo del blog de hoy es de este mismo mes de 2018, y el escritor Jordi Soler decía en él que la segunda mitad del siglo XX fue un periodo casi feliz para la humanidad, pero que ahora (2018) estábamos asentados en un polvorín, desconfiábamos del sistema democrático y todo giraba en torno a la seguridad y la reducción de riesgos. El poema de hoy es de la poetisa española de origen sefardí Kiku Adatto, y se titula Exilio. Y al final, como todos los días, van las viñetas de humor (alguna con muy mala leche). Sean felices, por favor. Nos vemos mañana domingo si la diosa fortuna está por la labor. Tamaragua, amigos míos. Les quiero. Besos.










ENTRADA NÚMERO 9760

viernes, 23 de enero de 2026

DEL SEGUIR VIVOS POR CASUALIDAD

 







Tu distancia respecto a la tragedia: En el “pude estar yo en esos trenes” también detecto sorpresa y alivio por haber visto tan de cerca la vida; no nos horroriza tanto la muerte ajena como descubrir que seguimos vivos de casualidad, comenta en El País (21/01/2026) el escritor Manuel Jabois. Cuando se produjeron los atentados en Bataclán, comienza diciendo, hizo fortuna en mi pandilla la frase “pude ser yo”, pues el amigo que la pronunció había estado en París tiempo antes (quizá, ahora que lo pienso, de niño). De hecho, no conocía ni Bataclán. Su exageración, sin embargo, necesitaba de la indulgencia y comprensión que no tuvo. Hay una reacción natural ante la tragedia que parece obligarte a medir la distancia respecto a ella. Cuando nos comunican que alguien ha muerto, no pocas veces reaccionamos llevándonos las manos a la cabeza: “¡Pero cómo puede ser! Si hablamos hace unos días”. Como si hablar contigo asegurase diez años más de vida. Como si ver a alguien, o hablar por teléfono, o escribirse el día anterior, nos parezca incompatible con la lección principal: ayer no estuvimos, hoy estamos, mañana no estaremos. Mi amigo tenía razón: pudo ser él, y hasta yo. Lo terrible de esas muertes es que pudimos ser todos, solo que algunos se acercaron más que otros. Podemos ser nosotros todo el rato, la mayoría de las veces sin enterarnos. Pudimos haber llegado a la estación a tiempo y coger ese tren; teníamos entradas para Bataclán pero un jefe cabrón, al que hoy adoramos, nos quitó el día libre; teníamos que haber subido a esa noria que se rompió; nacimos, incluso. Nadie dice, sin embargo, “pude ser yo” cuando el que muere lo hace por un infarto, ni calcula las posibilidades de haberlo sido, aunque a lo mejor se haya quedado a un phoskito o un paquete de tabaco de distancia y no lo sepa nunca. La procesión va por dentro, pero cuando sale fuera es más ruidosa e impacta más. Por eso no veo tanto egocentrismo en las reacciones de quienes tuvieron que haber cogido los trenes estrellados de Adamuz, o de quienes suelen cogerlos, como sorpresa y alivio por haber visto tan de cerca la vida, no la muerte: que así funciona, que así lleva funcionando desde el principio. Que no nos horroriza tanto la muerte ajena como descubrir que seguimos vivos de casualidad.












ENTRADA NÚMERO 7959

DEL ARCHIVO DEL BLOG. HOY: UNA, NO; LAS DOS. PUBLICADO EL 01/02/2018

 







El telón se ha levantado porque la vergüenza ya no carga en las espaldas de las mujeres como antes. Muchas han cogido gusto a la libertad, que también consiste en que no te importunen, y han decidido creer en ella, escribe en El País Amelia Valcárcel, catedrática de Filosofía Moral y Política de la UNED y miembro del Consejo de Estado.

Uno de los cuentos de Las mil y una noches, creo recordar, relata cómo un jovenzuelo quería acostarse con las dos esposas de su padre, comienza diciendo Valcárcel. Por muchos motivos ellas no estaban de acuerdo. Así que ideó una estratagema. Un día que marchaba con él de casa consiguió que el viejo saliera sin babuchas. Tenían que ir lejos, de manera que se ofreció para ir a buscárselas. Entró en la casa y les dijo a las dos esposas que venía de parte de su padre a cumplir el encargo de cogerlas (se entienda lo dicho en español de México). No le creían, de modo que, saliendo a la puerta, gritó: “Padre, qué cojo... ¿una o las dos?”. A lo que, desde el asno, se recibió la orden: “Las dos, imbécil”. El resto de la historia es fácil de imaginar y sólo tiene un colofón: que desde entonces lo siguió haciendo amenazando a cada una de ellas por separado con contarlo.

Venimos de un mundo, y parte del planeta vive todavía en él, en el que “contarlo” es amenaza más que suficiente para repetirlo. Eso nos da una idea de la magnitud del secreto. “Contarlo”, fuera verdad o mentira, la tumba era de la buena fama de la contada, la cual, por su parte no añadía detalles ni tampoco lo podría negar. El crédito viril era moneda aceptada. Cierto que, a fin de no alentar a los bocazas, se tenían previstas algunas acciones para el caso de calumnia. Pero mejor no llegar a que se diera el caso, porque era la reputación cosa tan de cristal que ya el querer limpiarla la podría manchar.

Como en el mundo los crímenes de honor distan bastante de desaparecer, concédase que no es preciso entrar en mayores entendederas. Si alguna padecía no lo contaba, por su propio interés. Y menos si se daba el caso de no haber ofrecido resistencia heroica. El silencio de ellas corría parejas con la fama de ellos, que algunos la tenían y además la cultivaban, de no dejar que en sus aledaños ninguna conservara su joya si a mano se les ponía. Aquí te pillo, aquí te marco. Porque ellas eran “piezas cobradas” con las que montar el álbum del éxito galante. A esta, a esa y a aquellas cincuenta más. El éxito era conforme si no había por el medio pago, que nadie es tan tonto como para pensar que haya cazador con fama que lo que atrapa sale de las carnicerías. Tema estable, relieves acotados, la figura donjuanesca perfilada. Y con ella se han hecho altares en cantidad.

Las que revolotean, caen. Quien se acerca a uno de estos ya sabe a qué se expone. Marcaje y tanto para el cazador. Muesca en el bastón y a contarlo... si se quiere. Como se decía hace cuarenta años en Francia, “sabemos cuando ha habido cosa entre dos; si es que todavía no, él la mira a ella todo el rato, si es que sí, ella le mira a él...” con esa bendita expresión ovejuna que el informante remedaba sin falsos pudores. De nuevo, las reglas claras y los síntomas a disposición del público.

Empero, desde que las mujeres, y no todas, sólo por aquí, por estas sociedades nuestras, hacen ensayos de libertad, el terreno se ha llenado de baches. La manera en que en los buenos tiempos se defendía un violador, por ejemplo, era simplemente afirmando que ella quería, pero que cambió de opinión en el último momento. Atada quedaba la mosca por el rabo. Porque ya ni la resistencia heroica servía de prueba en contra. Hubo resistencia porque hubo cambio de tendencia, culpable, porque todo el mundo sabe que, cuando se llega a determinados asuntos y niveles ya no es cosa de dar marcha atrás. Casquivanas, idos con cuidado que cuando se rompe la presa se acaba la paciencia. En resumen, que no podía estar mejor armado el tabladillo porque todo era poner un pie en él y caer sin remedio en la trampa. Y te aguantas. Eran aquellos tiempos en los que el “no es no” no había comenzado la carrera.

El teatrillo anda ahora caduco por varias partes tanto que tiembla a la menor. Resulta que son ellas quienes amenazan con contarlo. Dos cosas siempre provocaron la carcajada de nuestros ancestros: que los ratones quisieran ponerle un cascabel al gato y que las mujeres quisieran gobernar, aunque solo fuera sus vidas. Pero es bien cierto que del “contarlo” se siguen en el nuevo escenario consecuencias algo distintas de las pasadas. Para ellas el silencio era la mejor inversión y, sin embargo, ya no lo es. O no se lo creen, que viene a ser lo mismo a efectos prácticos. Primero porque algunas lo intentan contar en el mismo tono que ellos lo hacían, lo que sin duda demuestra una casi completa pérdida de vergüenza. Y porque, añadido a esto, no sólo alardean de no poseer el antiguo cinturón, sino que lo abren o lo cierran con liberal independencia.

La cosa es simple y se llama autonomía. La entendemos relativamente bien si los ejemplos son del campo de la cartera: “No le di el dinero; me lo cogió”, que hace la diferencia entre la dadivosidad y el robo. Pareciera que cuesta más si de sexo se trata. Debe ser porque las mujeres no violan. Recuerdo el caso de un mormón que acusó a una de tal cosa, pero admitamos que no es frecuente. Para el caso del sexo somos “seres situados”, esto es, la capacidad y el género de la acción no es simétrico. Pues bien, del mismo modo que habían de preverse señales y topes que impidieran la calumnia en el viejo orden, ahora habrá de apuntalarse otro tanto en el nuevo. La presunción de inocencia no ha decaído de nuestro ordenamiento, sino que goza de buena salud. La credulidad no nos ciega. Podemos preguntar, indagar y establecer bastante en ese campo. Porque la confianza ha de darse a quien la merece. Cuando un tipo se ha hecho una fama debe saber que ya no vive en el mundo que le permita disfrutarla. Es más, que se le puede volver en contra. Las otrora pacientes han llegado, eso parece, al punto de saturación. El telón se ha levantado porque la vergüenza ya no carga en sus espaldas como antes. Y muchas mujeres han sentido esa pérdida de peso como una enorme liberación. En realidad están hartas, soberanamente, de obedecer al viejo que habla desde el asno y tolerar al matón que exige silencio. Han cogido gusto a la libertad, que también consiste en que no te importunen, y han decidido creer en ella.

Quienes se asustan lo hacen, en algún que otro caso, porque con su larga vista ven perfectamente llegar el final del juego. Un juego perverso que ha producido sin embargo algunas satisfacciones subjetivas y un cierto monto de lo que llamamos cultura universal. O sea, que el mundo es una barca, como dijo Calderón de la... En fin, que la autonomía puede sin duda dar alas a la calumnia, que espero que sepamos tratar, pero tiene muchos mejores resultados, en cualquier caso, que el mantener el orden viejo y asnal con sus perversos y callados mandatos. Se ha levantado el telón y puede que definitivamente. Ahora lo que da vergüenza es aguantarse. Y ahora, como decía Sócrates, Ιωμεν: vámonos. Sean felices, por favor, a pesar de todo. Tamaragua, amigos. HArendt













ENTRADA NÚMERO 7958

DEL POEMA DE CADA DÍA. HOY, AL AMANECER, DE CZESLAW MILOSZ

 







Al AMANECER



Cuánta persistencia, cómo necesitamos durabilidad.

El cielo antes de la salida del sol está empapado de luz.

Un color rosado tiñe edificios, puentes, y el Sena.

Estuve aquí cuando ella, con quien camino, no había nacido aún

Y las ciudades sobre una distante llanura estaban intactas

Antes de elevarse por el aire con el polvo de ladrillo sepulcral

Y la gente que vivía allí no lo sabía.

Para mí, sólo este momento al amanecer es real.

Las vidas pasadas son como mi propia vida anterior, inciertas.

Lanzo un hechizo a la ciudad pidiéndole que dure.



CZESLAW MILOSZ (1911-2004)

poeta lituano






















ENTRADA NÚMERO 9757

DE LAS VIÑETAS DE HUMOR DEL BLOG DE HOY VIERNES, 23 DE ENERO DE 2026

 





























ENTRADA NÚMERO 7956

SALUTATIONES LINGUIS PATRIAE MEAE. HODIE, DIE VENERIS, XXIII IANUARII, LATINE

 






Salvete, iterum bonum mane omnes, et felicem diem Veneris. Videtur Trump in vestigiis suis Davos impeditus esse (reconsiderare, immo, reconsiderare difficilius est) verbis e Canada. Restat videre num verba sufficiant, sed speremus. Si non cedamus, fortasse etiam vincemus. Ad hodiernas inscriptiones perveniamus. Prima, a scriptore Manuele Jabois scripta, de accidente ferriviario Cordubae agit. Dicit nos non tam morte aliorum perhorrescere quam inveniendo nos casu adhuc vivere. Hodierna inscriptio est ex Februario anni MMXVIII et a philosopha Amelia Valcárcel scripta est. In ea, explicat cur pudor non iam in umeris mulierum sicut olim premeret, et quot gustum libertatis evolverint et in eam credere constituerint. Carmen hodiernum "Ad Auroram" inscribitur, et a poeta Lithuaniano Czeslaw Milosz scriptum est. Denique, ut semper, sunt imagines iocosae. Laeti estote, quaeso. Conamini. Pro eo pugnate. Et Fortuna semper vobiscum sit. Tamaragua, amici mei. Oscula. Amo vos.











ENTRADA NÚMERO 7955