lunes, 18 de mayo de 2026

DE LA TARDE QUE CAE. TE CAMBIO CUBA POR TAIWAN, POR XAVIER VIDAL-FOLCH. 18 DE MAYO DE 2026

 






Ahora que la agresión a Irán capota en un empate infinito, Donald Trump tiene que vitaminar la musculatura, recuperar a esa opinión pública que le castiga, frustrada porque el único balance doméstico tangible ha sido ralo y contra portería propia: encarecer el galón de gasolina de los votantes que opinarán en las urnas el 3 de noviembre.

Y dos meses y medio después no hay nada del derrocamiento de los curas chiíes, nada de recuperar su uranio enriquecido ignoto, nada de salvaguardar el estrecho de Ormuz para el tránsito libre.

El inquilino de la Casa Blanca debe pues volver a aparentar poderío. Tarea de Tántalo, porque su prestigio cotiza tan chicharro que hasta Putin le humilla ofreciéndose como mediador solvente para que logre una propina con el uranio, y él mismo implora a Xi Jinping que medie con Teherán. Le urge aparentar poderío exterior, que el despotismo interno flojee, apenas mantenido con purgas sistémicas: de los militares razonables, de las universidades rebeldes, de los manifestantes y los inmigrantes, de los periodistas correctos…

En casos así, la receta canónica consiste en recurrir a otra operación externa, de fuego y furia, esperando que esta vez salga como con Maduro, y no como con los ayatolás.

La ocasión es Cuba. Un viejo enemigo famélico, sin petróleo ni luz porque Delcy va a lo suyo y Vladímir ya ha quedado bien con una limosna temporal. Casi agónico. Y, en cambio, voltear al poscastrismo puede acarrear sustanciosos dividendos simbólicos: el desquite del empleado Fulgencio Batista, del fiasco en Bahía Cochinos, de tantos decenios de resistencia y desafío impertinente al imperio.

La visita a Pekín ha arrojado resultados comerciales magros, aunque un enorme oprobio a la honestidad, pues buscó mercado para Nvidia, Boeing y otras compañías en las que acaba de superinvertir. Pero bajo la frágil propaganda de “una nueva etapa constructiva” y de “una nueva estabilidad” palpita una tendencia creciente: el reparto del mundo entre los dos colosos, en esferas de influencia redefinidas. Cualesquiera que estas sean, Taiwán (como cabeza de puente de Occidente ante China) y Cuba (de los eximperios comunistas) son excéntricas a toda combinación, y en paralelo, sendas chinas en los zapatos de ambos. Por eso, Xi le preguntó por Taiwán, le advirtió sobre un eventual “conflicto”, le quiso arrancar si se mojaría con Taipéi, apuntando que es su jaqueca principal de seguridad. Trump rehuyó el envite, pero prometió reflexionarlo, ese prólogo a todo desistimiento.

Quizá esa sintonía implícita no requiera de una ocupación a lo Granada. Quizá bastaría una doble esterilización: renuncia definitiva a una declaración de independencia de Taiwán y el correspondiente apoyo militar americano, acompañada de una delcyficación de Cuba. Cada uno a su imperio neocolonial. Y el espíritu de Herodes lavándose las manos en el de todos. Xavier Vidal-Folch es periodista. El País, 17 de mayo de 2026.





























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