domingo, 7 de junio de 2026

REVISTA DE PRENSA DOMINICAL. 10. LA IA PERTENECE AL PUEBLO, NO A LOS MULTIMILLONARIOS, POR BERNIE SANDERS. 7 DE JUNIO DE 2026

 





La inteligencia artificial (IA) será, sin duda, la tecnología más transformadora de la historia humana. Afectará profundamente la vida de cada hombre, mujer y niño. Iniciará —y ya han empezado muchos — cambios inimaginables a nuestra economía, nuestra democracia, nuestro bienestar emocional, nuestro medio ambiente y a la forma en que educamos y criamos a nuestros hijos. Además, existe un temor muy real de que, a medida que la IA se vuelva más inteligente que los humanos, pueda llegar a funcionar de forma independiente, con consecuencias potencialmente catastróficas.

La pregunta, entonces, no es si la IA cambiará el mundo. Lo hará. La pregunta es: ¿quién poseerá y controlará ese futuro? ¿Quién se beneficiará de él y quién se verá perjudicado? ¿Se utilizará la IA para mejorar la vida de la gente trabajadora? ¿Enriquecerá nuestra calidad de vida? ¿Nos ayudará a erradicar la pobreza, aumentar la calidad de vida y resolver la crisis climática? ¿O el futuro de la humanidad estará determinado por un puñado de multimillonarios que han promovido y desarrollado la IA, prácticamente sin participación democrática, y que están a punto de volverse aún más ricos y poderosos de lo que son hoy?

Esta es la decisión a la que nos enfrentamos.

La inteligencia artificial no surgió de la nada. Los datos y el lenguaje que utilizan las herramientas de la IA generativa no aparecieron en la imaginación de Sam Altman ni de Elon Musk. La IA se basa en nuestra inteligencia colectiva: nuestros libros, canciones, obras de arte, periodismo, código informático, investigación científica, vídeos, conversaciones, imágenes e ideas que abarcan generaciones. Esta no es solamente la opinión de Bernie Sanders. Según Altman, director de OpenAI, los modelos de IA se entrenaron con nuestra “experiencia colectiva, conocimiento” y “aprendizajes de la humanidad”.

En la mayor parte, los oligarcas tecnológicos han alimentado a sus modelos de IA sin permiso, sin reconocimiento y sin compensación. Dicho de otra manera, el trabajo creativo de millones de personas —escritores, artistas, músicos, periodistas, profesores, científicos y ciudadanos comunes— ha sido básicamente robado por algunas de las personas más ricas del mundo. Es hora de recuperarlo.

Dado que la IA se basa en el conocimiento colectivo de la humanidad, la riqueza que genera debe beneficiar a toda la humanidad. No solo a Musk, Altman, Dario Amodei y otros magnates cuyas empresas están posicionadas para dominar la industria. No solo a los inversores multimillonarios en Silicon Valley o a los gestores de fondos en Wall Street que sin duda ven a la IA como la próxima gran máquina de extracción de riqueza.

Por esas razones, pronto presentaré un proyecto de ley para crear un Fondo Soberano de Riqueza para la IA de Estados Unidos. Esta legislación otorgaría al público una participación directa en las mayores empresas de IA de Estados Unidos. ¿Cómo lo hará? Crearía un fondo soberano de riqueza mediante un impuesto único del 50%, no sobre las ganancias de OpenAI, Anthropic, xAI y otras empresas, sino pagado con algo mucho más valioso: acciones de esas empresas.Esta legislación lograría dos cosas cruciales: primero, le daría al público un papel directo en la determinación del futuro de esta tecnología. El futuro de la IA y la transformación correspondiente de la vida ya no estarían dictados por un puñado de oligarcas de las grandes tecnológicas. El Gobierno estadounidense tendría el poder, a través de sus acciones con derecho a voto y una representación equitativa en junta directiva de cada empresa, de bloquear las decisiones que perjudiquen a nuestros ciudadanos e impulsar políticas que los beneficien.

Esta legislación también garantizaría que los miles de millones de dólares que generará la IA se utilicen para mejorar la vida de todos, y no simplemente para enriquecer aún más a las personas más ricas del mundo. Si las grandes empresas de IA continúan creciendo tan rápidamente como muchos analistas prevén, el valor del fondo soberano de riqueza también aumentará, y los beneficios para el pueblo estadounidense crecerán a la par.

Esta no es una idea original. Ha sido propuesta por académicos y respaldada por algunas de las principales empresas de IA en Estados Unidos. OpenAI, por ejemplo, propuso recientemente la creación de un “fondo público de riqueza que proporcione a cada ciudadano — incluidos aquellos que no invierten en los mercados financieros — una participación en el crecimiento económico impulsado por la IA". Anthropic, liderada por Amodei, propuso de manera similar la creación de “fondos soberanos nacionales con participaciones en IA”. Musk, de xAI, escribió: “Un ingreso universal elevado mediante cheques emitidos por el Gobierno federal es la mejor manera de abordar el desempleo causado por la IA”.

Existen docenas de ejemplos de fondos soberanos por todo el mundo para garantizar que la gente común se beneficie de la riqueza nacional. El fondo soberano de Noruega, uno de los más grandes del mundo, se financió con la riqueza petrolera del país y ahora vale más de 2.000 millones de dólares. En lugar de que unos pocos ejecutivos petroleros se embolsaran todos los beneficios de este recurso nacional, Noruega decidió que esta riqueza se utilizara para mejorar la vida de todos sus ciudadanos.

Este concepto ya se ha puesto en práctica en nuestro país. Hace 50 años, Alaska creó un fondo soberano a partir de sus ingresos petroleros del Estado. Durante décadas, este fondo ha pagado dividendos anuales directamente a los habitantes de Alaska. Además, fondos de pensiones públicos en todo el país ya poseen cientos de miles de millones de dólares en acciones de empresas estadounidenses. Incluso el presidente Donald Trump, mediante una orden ejecutiva, propuso la creación de un fondo soberano de riqueza estadounidense.

Para empezar, los miles de millones, si no más, de dólares generados por este fondo proporcionarían pagos directos al pueblo estadounidense. Y a medida que el fondo genere más riqueza, los ingresos se utilizarían para garantizar que cada hombre, mujer y niño de nuestro país tenga un nivel de vida digno, incluyendo atención médica, educación y vivienda estable.

Por supuesto, reconozco que es complejo que el Gobierno tenga una participación importante en una empresa, particularmente en una en la que la IA es solo una parte de su negocio. Se incluirán más detalles, incluyendo las prioridades de gasto específicas y los mecanismos de implementación, en la legislación que presentaré en las próximas semanas.

Independientemente de eso, el principio es simple: cuando un recurso público genera riqueza, el público debe participar de esa riqueza. La IA se está construyendo sobre un recurso público mucho más valioso que el petróleo: el conocimiento, la creatividad y el trabajo acumulado de la humanidad.

El futuro de la IA y el destino de la humanidad no deben decidirse a puerta cerrada en Silicon Valley. No deben ser dictados por multimillonarios que buscan maximizar su poder y sus ganancias. Deben ser decididos por los trabajadores, los padres, los maestros, los artistas, los científicos, las comunidades y el pueblo estadounidense. Es nuestro futuro. Debemos decidirlo nosotros. Bernie Sanders es senador de Estados Unidos por el Estado de Vermont. El País, 3 de junio de 2026.


























REVISTA DE PRENSA DOMINICAL. 9. EL PODER DE LA PRIORIDAD EUROPEA, POR ANA CARMONA CONTRERAS. 7 DE JUNIO DE 2026

 






En un sombrío contexto global dominado por la erosión que proyectan los avances iliberales sobre la democracia, el Estado de derecho y los derechos fundamentales, es necesario recordar la existencia de mecanismos de garantía que actúan como efectivos baluarte de defensa. Un destacado protagonismo asume en el desempeño de esta tarea la decisiva contribución de los tribunales supranacionales que operan en distintos ámbitos geográficos. Sin dejar de señalar la valiosa labor que la Corte Interamericana de Derechos Humanos está desarrollando en circunstancias políticas cada vez más adversas, me centraré específicamente en la aportación que, en la Unión Europea, realiza su Tribunal de Justicia (TJUE). Así se desprende claramente de las sucesivas resoluciones en las que ha declarado que las distintas leyes en materia jurisdiccional aprobadas en Polonia durante la etapa en el Gobierno del (iliberal) Partido Libertad y Justicia, son contrarias al Derecho de la Unión. La vulneración del principio de independencia judicial que es consustancial al Estado de derecho (uno de los valores de la Unión), así como la del derecho fundamental a la tutela judicial efectiva garantizados por el ordenamiento europeo, han servido de base para su adopción. La reciente sentencia Comisión contra Hungría aporta una nueva y contundente prueba del compromiso del TJUE con los valores y derechos fundamentales de la Unión, en esta ocasión centrada en la prohibición de discriminación por razón de orientación sexual.

Pocos días después de que Viktor Orbán cosechara una apabullante derrota en las elecciones celebradas en Hungría, el TJUE hacía pública una resolución en la que se concluye que la Ley por la que “se adoptan medidas más estrictas contra los delincuentes pedófilos y se modifican determinadas leyes para proteger a los menores”, aprobada en 2021, no solo vulnera un nutrido número de disposiciones de la Carta de Derechos Fundamentales de la Unión, sino que también es contraria a una buena parte de los valores sobre los que esta se asienta.

Hay que recordar que la normativa húngara, impugnada ante el TJUE por la Comisión mediante un recurso de incumplimiento, adopta una postura claramente negativa con respecto a las personas no heterosexuales (cisgénero). Tal aproximación se evidencia ya en el propio título de la ley, lo que suscita la expresa reprobación del TJUE, al considerar que conduce “a la estigmatización y a la marginación de las personas no cisgénero o no heterosexuales, por el único motivo de su identidad sexual o de su orientación sexual, consecuencias estas que se ven agravadas por el hecho de que dicha Ley lleva a cabo, además, una asociación entre el hecho de no ser cisgénero o de no ser heterosexual y la delincuencia pedófila, sugiriendo que las personas no cisgénero o no heterosexuales constituyen una amenaza fundamental para la sociedad húngara y la sociedad europea”.

En función de esta contundente premisa, el pormenorizado análisis jurídico de los preceptos legales en los que, desde diferentes ángulos se aborda por la ley el tratamiento de las referidas orientaciones sexuales (exclusión de contenidos educativos dedicados a la diversidad sexual, desproporcionada restricción de la difusión de información relativa a tales colectivos, vulneración flagrante del contenido esencial del derecho a la libertad de expresión, entre otros), conduce a una misma conclusión: su incompatibilidad con el marco normativo de la Unión y también con sus valores esenciales.

En efecto, por un lado, el Tribunal aduce que tal modus operandi no respeta distintos derechos fundamentales de la Carta. Considera de modo reiterado que es contrario a la igualdad y la prohibición de discriminación por razón de sexo u orientación sexual (artículo 21 de la Carta). El TJUE no deja pasar la oportunidad para afirmar que la regulación húngara también supone una vulneración de la dignidad humana, un derecho dotado de entidad propia en cuanto tal (artículo 1 de la Carta) y que, además, se configura como ineludible base del que traen causa todos los demás. Por otra parte, sostiene que disposiciones nacionales como las analizadas no tienen cabida en el marco constitucional de la Unión, edificado sobre unos valores esenciales que se comparten y son comunes a los Estados miembros. Así pues, el respeto de tales valores —“dignidad humana, libertad, democracia, igualdad, Estado de Derecho y respeto de los derechos humanos, incluidos los derechos de las personas pertenecientes a minorías” (artículo 2 del Tratado de la Unión)— opera como una condición dotada de una indudable fuerza jurídica, debiendo acreditarse con carácter previo a la adhesión por parte de los Estados (candidatos) que aspiran a ingresar en la Unión. Pero no solo, porque una vez que esta se ha producido, se exige a los miembros tanto su respeto como su promoción (artículo 49 del Tratado de la Unión). La apelación a tal deber continuado permite al TJUE ejercer su competencia de control, rechazando el argumento esgrimido por el Gobierno húngaro de que los referidos valores son meros enunciados políticos, despojados de carácter jurídico y únicamente controlables mediante cauces políticos. Desechada tal consideración, se insiste en que estamos ante unos valores que “se concretan en principios y disposiciones que comportan obligaciones jurídicamente vinculantes más precisas para los Estados miembros”.

Es preciso enfatizar la idea de que estas afirmaciones no son de índole meramente teórica, sino que traen consigo importantes consecuencias prácticas. Concretamente, sirven como asidero argumental para rechazar otra de las pretensiones aducidas por Hungría, reivindicando que su ley quedaría protegida por el deber de respeto de su identidad nacional por parte de las instituciones europeas (artículo 4.2 del Tratado de la Unión). La idea implícita sobre la que se apoya la postura asumida por el TJUE es simple y al mismo tiempo dotada de una indudable trascendencia: que en el seno de la Unión no tienen cabida aquellos rasgos de la identidad nacional de sus componentes que no sean acordes con la identidad europea. En términos precisos, esto significa que la identidad de los Estados que la Unión debe respetar y que se concreta según el Tratado en “las estructuras fundamentales políticas y constitucionales de éstos, también en lo referente a la autonomía local y regional”, se topa con un límite insuperable: no puede ignorar esos valores fundamentales que configuran los cimientos del ordenamiento europeo y que dan lugar, en palabras del TJUE, a “la propia identidad de la Unión como ordenamiento jurídico común en una sociedad caracterizada por el pluralismo”. Por lo tanto, se cierra el paso a una ley como la analizada, ya que esta “vulnera, de forma manifiesta y especialmente grave, los derechos de las personas no cisgénero, incluidas las personas trans, o no heterosexuales, así como los valores de respeto de la dignidad humana, de igualdad y de respeto de los derechos humanos, incluidos los derechos de las personas pertenecientes a minorías en el sentido de dicho artículo 2 (TUE)”.

El Gobierno húngaro presidido por Viktor Orbán, junto con el liderado en su momento en Polonia por el Partido Libertad y Justicia actuaron como punta de lanza de las corrientes iliberales que cuestionan con fuerza las bases de sus sistemas democráticos y, por ende, las de la Unión. Y a pesar de que han perdido las elecciones en sus países, los riesgos siguen siendo serios, dada la implantación que estas corrientes políticas presentan en todos los Estados miembros. Sin embargo, sentencias como la expuesta prestan una fundamental contribución para preservar el irrenunciable patrimonio constitucional común forjado en la Unión. Esa prioridad europea que se impone frente a prioridades nacionales que pretenden ignorarla. Ana Carmona Contreras es catedrática de Derecho Constitucional de la Universidad de Sevilla. El País, 3 de junio de 2026.
























REVISTA DE PRENSA DOMINICAL.8. SOLO UN MIERDA QUIERE SER PROFESOR, POR ELIANE BRUM. 7 DE JUNIO DE 2026

 





El escenario es una ciudad de la Amazonia: Altamira, una de las campeonas en deforestación. Frente a las puertas de la sede de la Fundación Nacional de los Pueblos Indígenas, la agencia indigenista del Gobierno brasileño, el pasado 15 de mayo se agolpan decenas de personas. Se autodeclaran “productores rurales”. Algunos lo son y han conseguido poseer tierras por medios legales. Pero hay muchos otros que son grileiros, como se denomina a quienes roban tierras públicas, un método criminal tradicional que consiste en convertir la selva en terreno baldío con fines especulativos. En el interior, el auditorio está lleno hasta los topes para protestar contra la demarcación y el desalojo de invasores de las tierras indígenas. De repente, afuera, uno de los líderes de los terratenientes comienza un discurso informal que podría resumirse así: solo un mierda quiere ser profesor.

Los ataques de la extrema derecha contra la educación pública, las universidades y la ciencia son mundiales, basta ver las acciones de Donald Trump en su segundo mandato. Pero estamos en el interior de la selva amazónica, en una ciudad situada a unos 800 kilómetros de la capital más cercana (Belém, donde se celebró la última Cumbre del Clima de la ONU), y el ataque a la educación pública y a la figura del “profesor” se está inoculando deliberadamente en un grupo que actúa para impedir el avance de la demarcación de las tierras indígenas.

“¿Que le voy a decir a alguien que es un mierda? Hay que decir las cosas como son. El noventa por ciento de los que están en la educación pública están ahí porque no han conseguido nada en otro sitio. ¿Y quiénes son los tíos más inútiles de la universidad, los que se pasan diez años ahí y solo van a fumar porros? Pues esos son los que acaban siendo profesores. ¿Quién quiere ser profesor aquí? [y señala a uno y a otro]. Nadie quiere ser profesor. [...] Entonces van ellos e imponen su ideología”.

El ataque a la educación pública y a la figura del profesor surge a raíz de un debate sobre qué hacer con los empleados que votan al Partido de los Trabajadores (PT), el del actual presidente Luiz Inácio Lula da Silva: si despedirlos o convencerlos. Los sondeos indican que, si no hay ningún giro inesperado, las elecciones presidenciales de octubre en Brasil se disputarán entre Lula, que busca la reelección, y Flávio Bolsonaro, el hijo mayor del expresidente Jair, actualmente en prisión por intento de golpe de Estado. La posibilidad de que la extrema derecha vuelva al poder es real.

En el discurso, la educación pública y los profesores son los responsables de las victorias de Lula y del PT, las victorias de la izquierda. Y, para ellos, la única forma de frenar la demarcación de tierras y abrir aún más la mayor selva tropical del planeta a la soja, la ganadería y la minería es garantizar el regreso de la extrema derecha.

Los ataques contra la educación pública y, en especial, contra la figura del profesor han sido sistemáticos a medida que avanza la extrema derecha. En 2018 fueron fundamentales para la victoria de Bolsonaro padre, en una campaña donde Paulo Freire (1921-1997), el pensador de la educación más destacado de la historia de Brasil, se convirtió en blanco más de 20 años después de su muerte. Todo indica que este discurso de odio contra la educación pública y el profesorado puede intensificarse y extenderse aún más durante el período electoral. El año pasado, varias universidades ya sufrieron ataques. En abril de 2025, en la Universidad de Brasilia (UnB), extremistas de derecha convocaron una manifestación a la que llamaron “Make UnB Free Again”, en inglés, en alusión al lema “Make America Great Again” de los seguidores de Trump.

Más que un fenómeno, el discurso de odio contra la educación pública y el profesorado, así como contra la ciencia y el conocimiento, es un proyecto, y su diseminación es deliberada. Al público se le contrapone el “espíritu emprendedor”, el tipo que crea negocios, que no depende del Estado. Claro, porque el Estado, cuando cumple su función, es el que impide que quienes difunden ese discurso se apropien, por ejemplo, de tierras públicas para obtener beneficios privados. Así, en Brasil, el empleo asalariado formal y su cartilla laboral, símbolo histórico de los derechos de los trabajadores, se atacan como si fueran “algo de pringados”. Este discurso, a pesar del esfuerzo de los profesores por mostrar la trampa que encierra esa idea, se propaga en las escuelas públicas, donde estudian los más pobres.

El conocimiento, que exige esfuerzo, se menosprecia. Nadie necesita aprender, el presunto emprendedor ya sabe. La ciencia, que anuncia el calentamiento global y, por lo tanto, exige acciones que impidan, por ejemplo, que la selva más grande del mundo se convierta en un monocultivo de soja, es una enemiga. La verdad se basa en la experiencia personal —o en el deseo— y no en los hechos. El pensamiento crítico debe eliminarse y, en su lugar, debe entrar la fe mucho más allá del ámbito religioso. Las cosas son así porque creemos que son así, no porque los hechos lo demuestren.

Por qué la extrema derecha que avanza por el mundo ha convertido la escuela, el profesorado, el conocimiento y la ciencia en enemigos políticos es obvio. Por qué las personas que la extrema derecha aniquila se adhieren en masa a lo que las aniquila es más complejo. En Brasil, una de las explicaciones de la adhesión de parte de la clase media al discurso del odio es la pérdida de la exclusividad en las universidades públicas, a raíz de los programas de acceso para los más pobres, los negros y los indígenas que pusieron en marcha principalmente los gobiernos del PT. La pérdida de la exclusividad se rechazó y, a menudo, se denunció con violencia. Una de las hipótesis es que, si en esas universidades “cualquiera puede entrar”, ya no importa entrar. Como si quienes históricamente han sido tratados como los sin valor en la sociedad brasileña, al acceder a la universidad por la vía de la democracia la devaluaran, lo que muestra lo enfermo que está este país forjado sobre cuerpos negros e indígenas.

Mi hipótesis más central, sobre la que escribo hace muchos años, es que la adhesión al discurso de odio de la extrema derecha es la pérdida de suelo firme en un mundo en colapso. Ante el hecho más duro, el de que estamos en peligro de extinción, uno se adhiere a la ilusión de que es un invento de la ciencia, enemiga del pueblo. Ante la terrible verdad de que los accionistas mayoritarios de las grandes corporaciones de combustibles fósiles, así como los gobiernos y los parlamentos que les sirven, están aumentando la producción de la principal causa del calentamiento global, es mejor creer en las mentiras. Ante un presente cada vez más sombrío y un futuro que, según todo parece indicar, será aún más hostil, es mejor creer en el retorno a un pasado que nunca existió, que es precisamente la mentira que tan bien le funciona a la extrema derecha.

Es posible que la mayoría no sea capaz de poner nombre a lo que tanto les desespera y les asusta, pero sienten. Lo sienten en los huesos, en el suelo que desaparece, cada vez con más frecuencia también literalmente, bajo sus pies. Para tener la oportunidad de hacer frente al proyecto mortífero y de eficacia probada de la extrema derecha, la izquierda debe ser capaz de inspirar a una población dominada por el miedo a imaginar un futuro en el que pueda y quiera vivir. Para luchar hay que imaginar primero, y este es el principal proyecto humanitario de este momento.

En este proyecto, urgente, hay que reconocer el valor de la escuela pública y del profesorado, empezando por los salarios y las condiciones para educar. Y la verdad, la que se basa en los hechos, es que muchos gobiernos de izquierda se han olvidado de valorar a los profesores y han invertido mucho menos en la educación pública de lo que sería mínimamente decente. La extrema derecha ha encontrado las puertas abiertas y un terreno fértil para su discurso de odio porque, en Brasil y en muchos países, los gobiernos progresistas se han olvidado de aprender con los profesores. Eliane Brum es escritora. El País, 3 de junio de 2026.
























REVISTA DE PRENSA DOMINICAL. 7. LA PROFE Y EL POLI, POR SERGIO DEL MOLINO. 7 DE JUNIO DE 2026

 





En el periodismo que me enseñaron, que un antidisturbios empujase a una señora y le rompiera la nariz no era noticia. Hacía falta mucha más sangre y brutalidad para ganarse un titular. En el periodismo que vivimos hoy solo es noticia porque la agresión fue grabada desde muchos ángulos y se hizo viral. El documento crea la noticia y la transforma en algo mucho más importante: ese policía a la carrera arrollando por la espalda a una mujer de 68 años es una metáfora.

Habrá que dar las gracias al fornido y bravo agente por haber librado a la sociedad valenciana de la gravísima amenaza que suponía la presencia en la vía pública de una profesora jubilada. La subversión se ha cortado de raíz y los muy peligrosos docentes han sido metidos en cintura. Hoy saldré a la calle tranquilo, seguro de que ninguna profesora protestona me va a perturbar con un examen sorpresa sobre el pretérito imperfecto de subjuntivo o los logaritmos binarios.

El empujón del agente no solo llevaba la inercia de su carrera ni la fuerza de sus músculos. La profesora no se habría estampado con tanta contundencia contra el asfalto si el brazo armado de la ley no contuviese también el desprecio que una parte no pequeña de la sociedad española siente hacia los profesores que se manifiestan. La mujer confundida y herida en el suelo representaba mejor que cualquier alegoría el estado calamitoso de una profesión sospechosa de privilegios y vapuleada por costumbre. Les sobran motivos para manifestarse en la calle. Lo extraño es que persistan, mañana tras mañana, taponando en las aulas las vías de agua de un sistema educativo hundido, sin recibir a cambio ni las gracias.

Faltan profesores porque pocos profesionales cualificados quieren un trabajo cuya estabilidad y seguridad ya no compensan la fatiga, el desánimo, la sensación de impotencia y la hostilidad ambiental. Como sociedad, los hemos privado de recursos y de respeto, reduciendo su papel al de animadores de una educación que busca más divertir que enseñar, con unos padres (y estudiantes) esquizoides, que lo mismo se obsesionan con la hipercompetitividad predadora y quieren aprender mandarín desde los dos años, que reclaman contenidos bajos en calorías de conocimiento para no atragantarse de traumas. A la escuela se le pide excelencia y mediocridad a la vez, y a los profesores, que se comporten como fámulos dóciles. Pero sin llamarse fámulos, no sea que los alumnos deban buscar esa palabra en el diccionario, y los papás acusen a la profesora de elitista, y a la vuelta de la esquina la empujen y le quiebren la nariz contra el asfalto. Sergio del Molino es escritor. El País, 3 de junio de 2026.
























REVISTA DE PRENSA DOMINICAL. 6. ESPERANDO A QUE PASEN LOS MISILES, POR TIMOTHY SNYDER. 6 DE JUNIO DE 2026

 






La historiadora Marci Shore viaja a Ucrania durante la guerra porque es su trabajo y porque tiene personas a las que visitar. Ha estado allí cinco veces desde que comenzó la guerra a gran escala. Antes de su última visita, le pedí a Marci que tomara algunas fotos y videos para que pudieran ver un poco de la guerra y la resistencia a través de sus ojos.

Marci llegó a Kiev a finales de mayo, justo después de uno de los mayores ataques rusos contra la capital ucraniana hasta la fecha, y cuando las autoridades rusas les decían a los "ciudadanos extranjeros" que abandonaran la ciudad porque Moscú planeaba destruir los "centros de toma de decisiones".

En la agenda de Marci figuran: dar una conferencia pública, comentar ponencias en un taller de historia y participar en Book Arsenal, el magnífico festival anual del libro de Kiev. El año pasado fue una de las comisarias , bajo el lema «Todo es traducción». Este año, el lema fue «Defiende tu libertad».

Desde que comenzó la guerra en 2014, y especialmente desde la invasión a gran escala de 2022, la publicación de libros se ha convertido en un acto de autodefensa. Rusia ataca editoriales , archivos, bibliotecas y museos ucranianos, y en las zonas ocupadas, los rusos confiscan y queman libros ucranianos. El genocidio consiste en eliminar a un pueblo, e incluye el intento de suprimir su capacidad de pensar por sí mismos, como ellos mismos, en su propio idioma.

Los ucranianos se defienden de muchas maneras: como soldados, como sociedad civil, y también leyendo, escribiendo y hablando de libros. La cultura ucraniana, incluyendo la industria editorial, está experimentando un renacimiento extraordinario. Más de cien editores se reunieron en Book Arsenal. Espero que las fotos y el vídeo de Marci les permitan captar parte de su espíritu.

Comenzamos acompañando a Marci al lugar de un reciente ataque ruso contra civiles. El 24 de mayo, Rusia lanzó más de seiscientos misiles y drones contra Kiev y sus alrededores. La defensa aérea ucraniana derribó la gran mayoría, pero lamentablemente algunos lograron impactar. Los misiles destruyeron un mercado histórico al aire libre y un centro comercial, y dañaron una estación de metro y edificios de apartamentos . Rusia también atacó lugares de interés cultural ucranianos : el Museo Nacional de Arte, el Instituto de Literatura y el Teatro de la Ópera. Cuatro personas murieron y un centenar resultaron heridas.

El barrio de Lukianivka, en Kiev, fue el que sufrió los daños más graves. Esta es una foto de Marci que muestra algunos de los daños allí:

Y aquí tenéis un fragmento de Marci con algunas palabras del sitio web. El siguiente vídeo de Marci sobre el barrio de Lukianivka muestra a la gente intentando limpiar sus apartamentos dañados, y también da una idea más clara de la magnitud de la destrucción.

Desde Lukianivka, Marci fue a la librería Book Arsenal. El vídeo muestra sus primeras impresiones…

¿Por qué celebrar un festival del libro en medio de una guerra? ¿Por qué tener una guerra en medio de un festival literario?

“Una ciudad intacta...” Book Arsenal tiene un excelente refugio antiaéreo, y durante las alertas de ataque aéreo, los participantes se refugian bajo tierra. El siguiente video selfie muestra a Marci en el refugio “esperando a que pasen los misiles”, algo que se suele hacer.

Los bombardeos aéreos son una interrupción; cuando terminan, los participantes de Book Arsenal vuelven a hablar de libros. La gente de Kiev se siente frustrada por estas interrupciones, o enfadada, o sufre de insomnio; pero después de cuatro años, estos crímenes de guerra rusos se convierten en parte de la vida, a la que uno se adapta. En Lukianivka, el mercado al aire libre ya ha reabierto. Los escombros siguen ahí, pero los vendedores ya no están. Y los escombros serán retirados.

Se sabe cuándo se avecinan los ataques aéreos a través de aplicaciones y canales de Telegram. El peligro se puede evaluar y sortear. El filósofo estoico Séneca, muy leído actualmente en Ucrania, nos recuerda que la vida es lo suficientemente larga si hacemos lo que es importante. Leer buenos libros es importante. Decenas de miles de personas asistieron a los doscientos cuarenta eventos en Book Arsenal. Esta selfie desde afuera, en un espacio verde llamado Jardín Literario, captura una parte del ambiente.

Aquí está Marci en la estación de tren; se impartió la conferencia; se asistió al taller; y el Book Arsenal de este año fue un gran éxito. ¡Brava!

La terrible guerra continúa, con cobardes ataques rusos contra ciudades ucranianas mediante drones, misiles nucleares, misiles antibuque y cualquier armamento a su alcance . Rusia está perdiendo terreno en el campo de batalla y, por lo tanto, debe presentarse como una amenaza e intentar intimidar. Anoche, Rusia atacó de nuevo , esta vez lanzando más de setecientos misiles y drones contra Dnipro y Kiev, causando la muerte de al menos dieciocho civiles, entre ellos niños.

El gobierno estadounidense no está haciendo nada para ayudar a Ucrania a detener los misiles rusos; esto podría cambiar fácilmente y debería cambiar ahora, no solo para salvar vidas, sino también para poner fin a la guerra. Si los estadounidenses decidieran suministrar defensa antimisiles a los ucranianos (y aplicar sanciones significativas al petróleo y al gas rusos), la guerra terminaría rápidamente. En este momento, el efecto de la política estadounidense es mantener el esfuerzo bélico de Rusia. Pero usted mismo puede ayudar a la defensa aérea ucraniana a derribar drones y salvar vidas con solo un par de clics, aquí mismo . También puede ayudar a la sociedad civil ucraniana a proteger a los soldados ucranianos aquí . La resistencia incluye derribar proyectiles disparados para matar personas en una guerra de agresión sin sentido; y esa es una forma de resistencia en la que usted puede participar , si lo desea .

La resistencia también puede consistir en leer, estés donde estés, en un refugio antiaéreo o no, porque los buenos libros nos liberan de lo obvio y nos preparan para la realidad. Podría parecer que, en el límite , donde la vida se encuentra con la muerte , deberíamos dejar los libros; pero esto no es lo que se ve en Ucrania. La última vez que fui al frente, viajé con soldados que llevaban libros a otros soldados.

Los lectores, los escritores y los soldados pueden ser la misma persona. Uno de los comisarios de la edición de este año de Book Arsenal, el filósofo y periodista Maksym Butkevych, sobrevivió a dos años de cautiverio en un campo de prisioneros de guerra ruso; el otro, el poeta y novelista Andriy Lyubka, está en servicio activo en las fuerzas armadas ucranianas.

Sobre todo, quizás, la resistencia significa ser la persona que eres, no a pesar de todo, sino gracias a todo. Цілую.

PD: Marci querría que dijera que eventos como Book Arsenal se llevan a cabo gracias a los ucranianos que trabajan arduamente por lo que les importa, y a los hombres y mujeres de las fuerzas armadas ucranianas, que hacen posible la vida cotidiana, no solo en Ucrania sino mucho más allá. También querría que le agradeciera a Anna Mamanova, quien amablemente la guió por Lukianivka. Marci ha publicado la descripción que Anna hizo del ataque con misiles. Timothy Snyder es historiador. Substack, 2 de junio de 2026.























REVISTA DE PRENSA DOMINICAL. 5. MANUAL PARA ENTENDER UNA GEOPOLÍTICA ENLOQUECIDA, POR CARMEN GÓMEZ-COTTA. 7 DE JUNIO DE 2026

 



 



El orden liberal internacional al que estábamos acostumbrados ha cambiado. Es una aseveración que analistas y politólogos llevan haciendo desde hace ya algunos años, pero ¿cuándo empezó esa transformación? ¿Qué la caracteriza y hacia dónde nos conduce? Repasamos las principales claves que nos ayudan a comprender estos tiempos convulsos.

Junio de 1944. Las tropas aliadas desembarcaron en Normandía para comenzar la liberación de Europa de los nazis. La Operación Overlord, una ofensiva militar sin precedentes, allanó el camino hasta el Día de la Victoria, en mayo de 1945, cuando la Alemania de Hitler cayó. Pocas veces el mundo ha estado tan cerca de ser tan distinto.

Con el objetivo de evitar guerras de semejante calibre, además de promover la cooperación política y garantizar la estabilidad económica, las potencias vencedoras diseñaron un orden internacional basado en dos pilares fundamentales: uno financiero —con el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y la Organización Mundial del Comercio— y otro político —con las Naciones Unidas—.

Nacía así una nueva arquitectura que ha funcionado durante 70 años. O mejor dicho: Occidente creyó que funcionaba. Porque hay otra parte del mundo que no encaja en un sistema de normas que no se ajusta a su realidad. «En ese orden de 1945 han aparecido países emergentes que no han encontrado acomodo, porque les parecía un orden injusto que no los representaba», explica José Ignacio Torreblanca, director de la oficina en Madrid del European Council on Foreign Relations. Emergieron así India, China, Rusia; potencias que comenzaron a participar económicamente gracias a la globalización, que ahora reclaman su hueco y que, poco a poco, «empiezan a erosionar la legitimidad de un sistema y unas instituciones multilaterales que no se reforman y no les dan acceso».

Dentro de ese paulatino desplazamiento de las fichas tradicionales en el tablero internacional, tres hechos han afianzado la percepción de que el orden al que estamos acostumbrados está cambiando: la China de Xi Jinping, la Rusia de Vladímir Putin y los Estados Unidos de Donald Trump.

«El tema de nuestro tiempo es la emergencia de China, que ejerce un poder y una influencia transformadora en el orden internacional», sostiene José María Beneyto, abogado y experto en relaciones internacionales que lleva tiempo observando de cerca el crecimiento del país asiático. Durante los primeros años de Xi Jinping, China no mostraba de manera explícita su voluntad de influencia, «entre otras cosas, porque estaban parapetados bajo ser un país en vías de desarrollo que necesitaba a los demás», añade Beneyto. Además, «creían en los principios de cooperación internacional, en el libre comercio, atrajeron inversión, se hicieron con el know-how occidental». Pero llegó un momento en el que Estados Unidos se dio cuenta de que esa ascensión trae consigo «una amenaza a la seguridad, no solo económica, sino también al dominio de los mares». Así, de forma aparentemente sutil, Xi Jinping ha realizado un cambio importante: trasladar ese poder económico al poder político.

Un ejemplo de la influencia política de China en el tablero es su creciente presencia en otras zonas del mundo, como África o América Latina. «América Latina es un punto crucial, porque es Occidente y tiene unas conexiones muy particulares con Europa», señala Beneyto. En las últimas décadas, la región «ha pasado de ser el patio trasero de Estados Unidos a ser el gran recurso de inversión y extracción de materias primas para China», algo que inquieta a los occidentales.

«Desde comienzos de este siglo, la presencia de China en América Latina ha sido exponencial», apunta Pamela Aróstica, directora de la Red China y América Latina: Enfoques Multidisciplinarios (REDCAEM). Una presencia que «ha generado oportunidades de desarrollo y diversificación de socios», pero también ha establecido relaciones asimétricas «que plantean riesgos como la dependencia económica y política, impactos en industrias locales y efectos ambientales y sociales, así como vulnerabilidad vinculada al control de datos y a infraestructura crítica».

A pesar de esto, la presencia china en la región pone de manifiesto que «América Latina ocupa una posición clave en la pugna entre Estados Unidos, como superpotencia, y China, que aspira a consolidarse como tal», opina Aróstica. Así, la acción de Estados Unidos en Venezuela a comienzos de este año marcó un punto de inflexión a nivel regional: «China tiene, por una parte, una política exterior de no intervención y, por otra, prioriza la protección de sus intereses económicos». Precisamente, «este enfoque pragmático le permite conservar su presencia regional y su papel como socio alternativo».

El papel de socio alternativo lo aplica China a distintos actores a lo largo y ancho del globo, en función de sus intereses en la zona. Con Rusia también ha estrechado lazos. «La alianza sino-rusa existe», afirma Beneyto, quien añade que «no hay que olvidar que, una semana antes del lanzamiento de la ‘operación militar especial sobre Ucrania’ —utilizando la terminología de Putin—, este y Xi Jinping se reunieron en Sochi e hicieron la declaración conjunta de una amistad sin límites y de un nuevo orden internacional». La reunión selló una relación que incluye «una cooperación en materia económica, energética, militar y, sobre todo, de oposición al gran enemigo: Estados Unidos».

La invasión de Ucrania es el otro gran elemento que ha supuesto un aldabonazo sobre el tablero internacional. Esto, porque Rusia es miembro permanente con derecho de veto en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. La cuestión empezó en 2004, con la anexión de Crimea, y adquirió dimensiones globales en 2022, cuando comenzó la guerra y Putin logró que China —otro miembro permanente del Consejo— le apoyase. La seguridad de Europa se vio entonces seriamente comprometida.

Asegurar las fronteras europeas es uno de los motivos por los que la Unión Europea sigue necesitando el paraguas de defensa estadounidense. Bajo la Administración de Joe Biden, esta ayuda estuvo garantizada; ahora, con Trump en la Casa Blanca, corre peligro. «Europa todavía no ha logrado dotar a Ucrania de la capacidad de defenderse por sí sola», reconoce Torreblanca. De ahí la necesidad de «promover una industria europea, como señala el Informe Draghi», con la que desarrollar una «seguridad económica y defensa militar» que permita cierta independencia de Estados Unidos. La clave, según afirma este experto, es la «interdependencia estratégica: diversificar y hacerlo con aliados sólidos y fiables».

Pero sobre todo hay que hacerlo rápido. «Somos una potencia en retroceso y, comparado con China y Estados Unidos, nos quedamos atrás en temas de PIB, de habitantes, de gasto de defensa», subraya Carlota García Encina, investigadora del Real Instituto Elcano especializada en Estados Unidos y relaciones trasatlánticas. Para esto no hace falta renunciar a la esencia europea, como insinuó Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, al instar a los socios a aumentar el gasto militar. «Europa ya no puede ser la guardiana del viejo orden mundial», dijo, para luego retractarse. De acuerdo con García Encina, «Europa tiene que encontrar un equilibrio entre valores y pragmatismo», definir un «espacio para mantener una serie de principios y, al mismo tiempo, adaptarse a un orden que es diferente».

Y jugar bien sus cartas. Porque Estados Unidos también depende de la Unión Europea. Valga como ejemplo, en palabras de García Encina, «la guerra de Irán: Estados Unidos no puede proyectar sus fuerzas sin las bases europeas. Eso siempre ha sido así; sin ellas, no tiene proyección global». Por eso, «a medio-largo plazo, hay un retraimiento de Estados Unidos». Trump «es consciente de que no puede estar en todos los sitios, de que hay límites y por eso cada uno se tiene que hacer cargo de su propia defensa», algo que ya había dicho Barack Obama en su último mandato. Pero, «al mismo tiempo, necesita a los aliados para la industria de defensa —que está al límite— y para llevar la estabilidad a ciertos espacios».

Por mucho empeño que ponga la Administración de Trump, entre Estados Unidos y Europa «hay una interdependencia a nivel económico o industrial», de acuerdo con la analista del Elcano. Algo que, en el fondo, el propio Trump sabe, porque, a pesar de sus amenazas y «de querer siempre relacionarse con cada uno de los países europeos y no con la institución europea, en verano tuvo que negociar con la Comisión para cerrar los aranceles».

Aislacionismo en política exterior, nacionalismo económico y desregulación, bajo un barniz agresivo, son las características principales del movimiento MAGA [Make America Great Again], que se han convertido en el tercer gran elemento desestabilizador del tablero internacional. Nadie esperaba que la potencia que construyó y defendió ese orden global en 1945 sea, de repente, la misma que ahora lo está desafiando. Así las cosas, «la característica del actual orden internacional es la incertidumbre», concluye García Encina. Cualquier cosa puede pasar. Carmen Gómez-Cotta es analista política. Ethic, 31 de mayo de 2026.