lunes, 9 de febrero de 2026

SAÚDOS NAS LINGUAS DA MIÑA TERRA. HOXE, LUNS, 9 DE FEBREIRO, EN GALEGO

 







Ola, bos días de novo a todos e todas, e feliz luns, 9 de febreiro de 2026. Pois ben, aquí estou de novo, comezando a segunda semana deste mes de febreiro, marcado para sempre polos terribles temporais de vento e choiva que devastaron por completo amplas zonas da miña Andalucía natal, onde nacín e onde acabo de entrar na miña 81ª década de existencia. Sinceramente, nunca pensei que chegaría a esta idade, pero en fin, aquí estamos e aquí permaneceremos ata que os deuses o queiran. Pero sigamos coas entradas do blog de hoxe. A primeira, moi oportuna, é a entrevista co lendario cantante Bruce Springsteen sobre a violencia que o presidente Trump desatou no seu país. A segunda é unha entrada do blog arquivada de novembro de 2011, na que Harendt falaba do sempre complicado dilema entre liberdade e seguridade. O poema de hoxe, na terceira sección, titúlase "Wanting to Die" (Querendo morrer), e é da poeta belgo-americana May Sarton. E a cuarta e última sección, como sempre, presenta as viñetas humorísticas do día. Ata mañá, se a sorte quere. Tamaragua, amigos meus. Bicos. Quérovos. E por favor, sede felices; paga a pena intentalo.













ENTRADA NÚM. 9853

BRUCE SPRINGSTEEN: ESTADOS UNIDOS ES UN PAÍS CON IDEALES POR LOS QUE VALE LA PENA LUCHAR

 






 

«Estados Unidos es un país con ideales por los que vale la pena luchar», dice Bruce Springsteen este este reportaje de la revista Ethic (02/02/2026) firmado por el periodista Gabriel Lerman.

Aunque se le notan sus 76 años, su voz sigue siendo inconfundible. Sentado junto al director Scott Cooper, está el inigualable Bruce Springsteen (Long Branch, Estados Unidos, 1949), que en los últimos cincuenta años le ha regalado su música al mundo. Conversamos con él sobre ‘Springsteen: Deliver Me From Nowhere’, la película que retrata su vida en la treintena, cuando resistió los embates de las discográficas que querían que siguiera componiendo para vender discos. Sin embargo, optó por conectarse con otro tipo de música en ‘Nebraska’, el álbum de 1982 que precedió a ‘Born in the U.S.A.’, con el que se convirtió en una superestrella. Hablamos con él sobre su relación con el éxito, el dinero, la creación musical y su enemigo declarado, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Unas semanas después de esta entrevista, lanzó el tema ‘Streets of Minneapolis’, una canción protesta contra las redadas de ICE.

¿Por qué le pareció que este era el momento para hacer esta película?

Cuando Scott vino a verme para contarme que 20th Century Studios y Disney estaban interesados en hacer la película, le pregunté si ellos sabían qué clase de película íbamos a hacer y él me contestó que sí, que lo tenían claro. Y fue exactamente así. Fueron grandes socios y perfectos colaboradores porque hicimos la película de la misma manera en que compongo mis canciones. Yo escribo la mejor canción que puedo hacer en ese momento. No sé qué va a pasar con ella, solo espero que encuentre una audiencia y que esa sea la mejor que pueda encontrar. Así es como Scott hizo esta película. La hicimos como queríamos y ahora solo es cuestión de que encuentre una audiencia.

«He escrito sobre Estados Unidos durante cincuenta años, es algo que siento como parte de mi trabajo»

¿Qué es lo que hizo pensar que Jeremy Allen White era el actor correcto para interpretarle en la película?

Había visto a Jeremy en The Bear, y lo que digo puede parecer un cliché, pero a mí me parece una estrella de rock. Tiene la arrogancia y la presencia que hacían falta, y también la forma de moverse. Pero sobre todo tiene la intensidad interna que leen las cámaras de cine. Yo sabía que eso iba a ser una parte esencial de la película. Se iba a basar en eso, en su vida emocional, algo que Scott logró capturar a la perfección con su cámara. Lo cierto es que Jeremy fue mi primera opción y también la de Scott. Me puse muy contento cuando aceptó nuestra propuesta.

¿Por qué aceptó que la película se concentrara en la creación de su álbum Nebraska?

La verdad es que a mí nunca se me ocurrió hacer una película, pero nuestros productores, Eric y Ellen, escucharon a Warren Zanes, el autor del libro, hablando en el pódcast de Marc Maron, y pensaron que podía ser una buena idea para una película. Lo cierto es que en algún momento Warren y Scott me vinieron a visitar a mi casa, se pasaron una tarde conmigo y a todos nos gustó la idea de concentrarnos en la creación de Nebraska, que fue un momento interesante de mi vida. Además de estar componiendo ese disco, estaba pasando por una situación muy conflictiva a nivel personal. En ese sentido, sabía que no iba a ser la típica biografía musical. Deliver Me From Nowhere es más bien un drama centrado en los personajes, con música. Y eso me interesó mucho. Yo no quería que fuese una película convencional. Había visto las películas de Scott y sabía que tenía una visión muy propia y una comprensión cabal de la vida de la gente de clase trabajadora. Aunque cuando tenía 30 años ya había tenido una cuota de éxito, yo todavía seguía viviendo en Asbury Park. Y pensé que él iba a poder capturar bien ese aspecto de la historia.

«Como compositor, uno está acostumbrado a mostrar todo su ser»

Muchos hombres creen que no deben mostrar sus flaquezas. ¿Por qué aceptó que se hablara de las suyas?

Como compositor, uno está acostumbrado a mostrar todo su ser. Si eres un artista, eso es parte de tu trabajo. Es a lo que te dedicas. A mí no me parece que sea un acto de valentía, es simplemente parte de la tarea. En el caso de la película, sirve para que la audiencia pueda entender cuál era el contexto de mi vida en aquel entonces. Pero también pienso que el estereotipo de la masculinidad, que es con lo que yo crecí en la década de los 50, ya no tiene vigencia en estos tiempos que corren. Uno necesita poder conectarse con sus emociones. Tiene que tener el propio permiso para expresarlas. Al menos esa ha sido mi forma de vivir. Por lo tanto fue algo totalmente natural para mí incluir esa parte en la historia. No tengo ningún problema con que se sepa.

Cuando lanzó Nebraska, mucha gente se sorprendió de que hubiera compuesto ese álbum. ¿Siente que ahora hay una nueva audiencia que puede conectar con esas canciones?

Es curioso. Cuando hablo con fans jóvenes, es el primer disco del que me hablan, diciendo que fue el que les sirvió para conocer el resto de mi trabajo. No sé muy bien por qué es así. Lo volví a escuchar hace un mes, y me llamó la atención lo joven que sonaba mi voz, me parece que es la creación de un hombre joven. Es el disco de un compositor de 30 años. Hoy me sigue gustando mucho la canción Nebraska y, por supuesto, My Father’s House.

¿Cuáles fueron los momentos más intensos para usted?

Las escenas con mi familia son muy importantes para mí. Particularmente aquellas con mi madre y con el pequeño Matthew Pellicano, que me interpreta de niño, fueron maravillosas de ver. Me senté con mi hermana, que me sostuvo la mano durante toda la proyección. Cuando terminó, le pregunté si no le parecía hermoso que tuviésemos algo así. Ahora tenemos un testimonio de lo que fueron nuestros momentos duros como familia y de nuestras vidas, retratados profundamente por Scott. Esas son las partes de la película que me han tocado más el corazón.

¿Cómo fue volver a ver los mismos cuartos y la misma ropa que usaba en aquel entonces?

Fue maravilloso porque recrearon la casa de mi abuela, en la que crecí junto con mis padres. En mis sueños, que tenía varias veces por año, yo volvía a esa casa y caminaba por esos cuartos. Por eso, tener la posibilidad de volver a transitar por ellos, esta vez de verdad, aunque solo fueran parecidos, fue algo muy especial. Hubo varios momentos igualmente increíbles durante el rodaje.

En la película su personaje mira varias escenas de La noche del cazador, de Charles Laughton. ¿Es una película especial para usted?

Sí. Es una película que está contada desde la perspectiva de un niño. Una especie de fábula oscura. Y si le prestas atención a las canciones en Nebraska, hay varias cuya letra está escrita desde la perspectiva de un niño y son muy poéticas. Me impresiona que Laughton solo haya dirigido esa película. Me parece verdaderamente increíble. Lo cierto es que él logró capturar lo que es ver el mundo desde los ojos de un niño. Nebraska te provoca como un tintineo de xilófono porque muchas de esas canciones son fábulas infantiles. Por otro lado, simplemente me encantó esa película y lo que hizo Robert Mitchum. Es una historia maravillosa.

«Hay cosas que vienen con el éxito que te ponen a prueba psicológicamente»

También vemos cómo fue el momento en que tuvo por primera vez una casa en Los Ángeles. Viniendo de una familia de clase trabajadora, debería haber sido algo muy emocionante. Sin embargo, parece que no fue así. ¿Cuándo se dio cuenta de que el dinero no da la felicidad?

Yo tendría 30 o 31 años, y probablemente era todavía muy ambivalente con respecto al éxito. No estaba muy seguro de que fuese una buena idea. Hay cosas que vienen con el éxito, sea una buena idea o no, que te ponen a prueba psicológicamente. Es cierto, me compré una casa en Los Ángeles. Y lo que me ocurrió apenas puse un pie en ella es que me pregunté qué era lo que estaba haciendo allí. No entendía por qué estaba en Los Ángeles. O por qué estaba en una casa de mi propiedad. Mentalmente no podía sentirme dueño de esa casa. Y las primeras noches que pasé allí me sentía fuera de mi espacio natural. Me estrellé contra una pared mental, sobre todo esa primera noche. Lo primero que hice fue llamar a mi manager, Jon Landau, que era y sigue siendo un gran mentor, y sabía que había hecho terapia. A lo largo de los años hemos tenido muchas conversaciones fantásticas. Pero esa noche me sentía totalmente perdido. No tenía idea de hacia dónde tenía que ir, quién era yo o qué tenía que hacer. Me sentía muy deprimido y confundido, y me llevó un buen tiempo acostumbrarme a tener una vida que fuese más allá de mi trabajo.

En la película la relación con su padre es muy importante…

Scott entendió muy bien la dinámica que teníamos con mi padre. Y lo incorporó al guion. Mi padre falleció hace más de veinte años. Y lo que sentí al ver la película es que Scott había honrado mi trabajo y mi experiencia de vida. Pero, aún más importante que eso, siento que ha honrado a mi familia al mostrar muy bien cuáles eran los problemas que tenía mi padre, porque tuvo una vida muy difícil. Y eso es algo muy importante para mí.

«Solía pensar en cuál sería mi legado cuando era joven; ahora no es algo que me preocupe tanto»

¿La escena final con su padre de verdad ocurrió?

Sí, totalmente. Yo tendría la edad que hoy tiene Jeremy Allen White cuando mi padre fue a ver un concierto que hice en California. Y por alguna razón me pidió que me sentara en su regazo. Y eso fue lo que hice. Esa escena fue tomada de mi vida real.

¿Está satisfecho con el resultado?

Scott hizo un trabajo asombroso en la película, algo que no sé si he visto en alguna otra: muestra a alguien en el acto de crear, que es un misterio. Después de cincuenta o sesenta años haciéndola, la creación artística sigue siendo un misterio para mí. No tengo la menor idea de si voy a volver a escribir una canción. Así es, uno no sabe. Hay un elemento de ese acto que queda en manos de las musas o los dioses. Y Scott meticulosamente nos muestra cómo funciona la creación desde el momento en que salta una chispa, la que te inspira, y luego, paso a paso, lentamente, ves cómo uno termina con una grabación de eso que ha creado, tomando algo que estaba en el aire y en tu mente y convirtiéndolo en algo físico. Es un verdadero acto de magia. O mejor dicho, es pura magia. No hay un truco para crear.

¿Cuál espera que sea su legado musical?

Solía pensar en cuál sería mi legado cuando era joven. Ahora no es algo que me preocupe tanto. Un buen amigo mío, John Sayles, gran director, me dijo una vez: «Yo hago mis películas para que la gente las viva en ese momento, para que les ayude a entender sus vidas ahora». Y yo veo mi trabajo un poco de esa manera. No sé si alguien se va a acordar de mí o de algo que yo haya hecho en el futuro. O si algo de todo eso va a tener algún impacto en los demás cuando yo ya no esté.

«En una ocasión dije que sentía que nuestro país estaba en aprietos, no podía dejar pasar lo que estaba ocurriendo»

Se ha atrevido a hablar públicamente en contra de Donald Trump mientras otros han guardado silencio. ¿De qué manera ha impactado eso en su vida?

La verdad es que no fue una gran decisión: yo he escrito sobre Estados Unidos durante cincuenta años, así que es algo que siento como parte de mi trabajo. Salimos de gira para dar algunos conciertos y en esa ocasión dije que sentía que nuestro país estaba en aprietos, que no podía dejar pasar lo que estaba ocurriendo. Por otro lado, armamos un repertorio que estaba basado en la idea de que hay gente en todo el mundo que tiene a Estados Unidos en muy alta estima y que eso sigue teniendo peso. Es un país con ideales por los que vale la pena luchar. Y en ese sentido, fue una decisión muy sencilla para mí.

¿Qué es lo que se lleva de su experiencia cinematográfica?

Yo simplemente iba al set y veía lo que estaba ocurriendo allí, pero aun después de haberme pasado todo ese tiempo en el rodaje, no tenía la menor idea de cómo iba a quedar la película. Yo no hago películas ni sé cómo se hacen. El que sí sabe es Scott, que entiende cómo tiene que construir las escenas sobre el proceso creativo para que resulten verdaderamente atractivas.


















ENTRADA NÚM. 9848

DEL ARCHIVO DEL BLOG. HOY, ¿LIBERTAD O SEGURIDAD? PUBLICADO EL 28/11/2011

 







El debate que nos traemos en las sociedades exopulentas de Occidente desde los atentados de Las Torres Gemelas de Nueva York, los de Madrid, Londres, Bagdad y otros muchos lugares, sobre si hay que sacrificar parte de nuestra libertad en favor de una mayor seguridad, me parece un debate maniqueo. Se diga lo que se diga, el mundo no está dividido entre buenos y malos. Dicho lo anterior, a mi lo que me produce un cada vez mayor desasosiego interior es el ver como los gobiernos occidentales están utilizando la lucha contra ese inaprensible terrorismo global (Bush llegó a declarar el “estado de excepción universal”) como coartada para, por un lado, dejarnos muestras de su incapacidad para luchar contra él con la ley en la mano; en segundo lugar para eludir responsabilidades, y en último, por no seguir con la lista, para cercenar libertades individuales que han costado siglos de lucha, violencia, muerte y sacrificios. Y ese es un debate falso. Porque no hay libertad posible sin seguridad, ni seguridad sin libertad. Y punto. Ambas son irrenunciables, solo que conservar la libertad es responsabilidad de la ciudadanía y mantener la seguridad es responsabilidad de los gobiernos. Y ni uno ni otro podemos hacer dejación de esas responsabilidades sin correr el riesgo que a finales del siglo XVIII denunciara el que fuera presidente de los Estados Unidos de América, Thomas Jefferson: “Quién sacrifica su libertad en aras de su seguridad acabará perdiendo ambas”…

Y hablando de hundimientos... Acabo de ver por enésima vez la película “El hundimiento” (Der Untergang), dirigida por el realizador alemán Olivier Hirschbiegel en el año 2004, y cuya acción se situa en el interior del bunker de la Cancillería del Reich, en los primeros días del mes de mayo de 1945, mientras las tropas soviéticas cercan la ciudad de Berlín.

Me ha parecido una impresionante película, dura, realista, sin concesiones; y al mismo tiempo lo suficientemente intimista como para permitirnos asistir, asombrados, al derrumbe final de unos hombres y de un régimen  que se pretendió de mil años de duración. Hay escenas desoladoras, como el suicidio forzado de los pequeños hijos del matrimonio Goebbels. O de los sentimientos que afloran en muchos de los personajes de la película ante el desenlace final que presienten inmediato. Estremecedoras las imágenes finales de la película con la huida de la Cancillería en llamas, atravesando las filas del ejército rojo, de la joven Trauld y de uno de niños de las Juventudes Hitlerianas que defendieron Berlín hasta el último momento.

Impresionante la caracterización del actor Bruno Ganz en el papel de Hitler. Y muy acertado el de la bella actriz Alexandra María Lara en el de Trauld Junge, la jovencísima secretaria personal del caudillo nazi, a través de cuya asombrada mirada se  nos cuenta la historia real de los últimos días del dictador y de su regimen.

No es una película para estómagos blandos, pero desde luego más que recomendable como reconstrucción vívida y realista,  desde dentro, de una época que terminaba de forma tan atroz. Se puede ver un avance de la película en el video que acompaña la presente entrada. Sean felices, por favor. Tamaragua, amigos. HArendt














ENTRADA NÚM. 9847

DEL POEMA DE CADA DÍA. HOY, QUERER MORIR, DE MAY SARTON

 











QUERER MORIR




A veces

quiero morirme

para acabar con todo

de una vez,

no volver a hacer mi cama nunca,

no contestar otra carta nunca

ni regar las plantas,

ningún esfuerzo

de esos que hay que hacer

todos los días

para seguir viva.


Pero después

no me quiero morir.

las hojas cambian

y tengo que ver

el rojo y el dorado

una vez más,

una sola hoja amarilla

cayendo

por última vez

bajo el sol.




MAY SARTON (1912-1995)

poetisa belga-estadounidense


























ENTRADA NÚM. 9846

DE LAS VIÑETAS DE HUMOR DEL BLOG DE HOY LUNES, 9 DE FEBRERO DE 2026

 




























ENTRADA NÚM. 9845

domingo, 8 de febrero de 2026

SALUTATIONES LINGUA COMMUNI PATRIAE NOSTRAE EUROPAEAE, LATINA. HODIE, DIE SOLIS, VIII FEBRUARII, ANNO MMXXVI.

 







Lingua Latina non est lingua mortua, sed codex geneticus Europae. Ea ut linguam francam adoptando, Unio Europaea vocem neutralem, communem et profundam, quae fines transcendit, recuperabit, hereditatem nostram classicam cum futuro identitatis communis, liberae ab hegemonia linguistica, coniungens. Latina lingua, unitas nostra. De hodiernis scriptis, die Dominico, VIII Februarii, anno MMXXVI: primi sunt articuli a cogitatoribus Americanis Paulo Krugman, Roberto Reich et Timotheo Snyder, plures ex unoquoque de crisi quam magna democratia Americana patitur. Ultimi, ut semper, sunt imagines humoris pictae, hodie in editione speciali et amplificata, ut solet. Laeti estote, quaeso. Vos iterum videbimus proxima Dominica, si Fortuna voluerit. Tamaragua, amici mei. Oscula. Vos amo. Harendt














ENTRADA NÚM. 9844

LA DECENCIA ESTADOUNIDENSE AÚN VIVE

 









Cuando se les presiona lo suficiente, los estadounidenses harán lo correcto, escribe en Substack (06/02/2026) el premio Nobel de Economía, Paul Krugman. Si quieres lograr algo en política, debes tener expectativas realistas sobre los votantes. La gente común no está muy informada sobre políticas públicas ni sobre política. Tienen trabajos que hacer, hijos que criar, vidas que vivir. Una gran proporción de votantes no tiene preferencias ideológicas definidas, no porque sean "moderados", sino porque no piensan ideológicamente en absoluto. En cambio, piensan pragmáticamente: piensan en cosas como el precio de los huevos y el costo del seguro médico. Y como el votante promedio no es un experto en políticas ni en datos, a menudo se deja engañar, por ejemplo, por afirmaciones de que la delincuencia está aumentando incluso cuando en realidad está disminuyendo .

Es cierto que algunos comportamientos electorales están motivados por prejuicios desagradables. El racismo, el sexismo, la homofobia y la transfobia siguen siendo factores importantes en la política. Pero existe una diferencia entre el realismo político y el cinismo nihilista.

Muchos de mis lectores probablemente conocen el famoso confesionario del pastor alemán Martin Niemöller:

Primero vinieron por los comunistas

y no dije nada

porque no era comunista.

Luego vinieron por los socialistas

y no dije nada

porque no era socialista.

Luego vinieron por los sindicalistas y

no dije nada

porque no era sindicalista.

Luego vinieron por los judíos

y no dije nada

porque no era judío.

Luego vinieron por mí

y no quedaba nadie

que dijera nada por mí.

No sé si Stephen Miller ha visto alguna vez estas palabras. Pero si las ha visto, las ha tomado no como una advertencia, sino como instrucciones. Los planes de limpieza étnica de MAGA —porque eso es lo que son— se basaban claramente en la cínica suposición de que los estadounidenses blancos nativos no defenderían las libertades civiles y el Estado de derecho si la violencia estatal se dirigía contra personas que no se parecen a ellos.

Y durante gran parte del primer año de Trump en el cargo, muchos demócratas se mostraron reacios a cuestionar sus políticas migratorias, ya que su derrota en 2024 se percibía ampliamente como una respuesta, en parte, al aumento de la inmigración durante la era Biden. Hasta hace poco, los demócratas intentaron centrar el debate nacional en la asequibilidad y en el evidente fracaso de Trump en cumplir sus promesas de reducir drásticamente los precios de los alimentos.

Si bien la estrategia demócrata fue una respuesta comprensible a una aplastante derrota electoral, se basó en una visión cínica y nihilista de los votantes estadounidenses: no se podía confiar en que votaran en contra de un partido que se deleitaba en infligir crueldad e injusticia mientras el precio de la gasolina bajara.

Pero los acontecimientos recientes refutan este cinismo nihilista. Sí, los estadounidenses siguen considerando la economía como el asunto político más importante. Pero la indignación moral por la brutalidad de la administración Trump (y su corrupción, pero ese es tema para otra publicación) ha cobrado fuerza política en los últimos dos meses.

Hubo una resistencia considerable a los intentos del ICE de intimidar a Los Ángeles y Chicago. Pero la respuesta desde que comenzó la invasión de Minneapolis (y ahora de todo Minnesota) en diciembre ha sido de otro nivel: un levantamiento masivo no violento que recuerda al movimiento por los derechos civiles de la década de 1960 y a las revoluciones de colores del antiguo imperio soviético.

MPR News informa que casi 30,000 habitantes de Minnesota han recibido capacitación como observadores constitucionales, y otros 6,000 voluntarios se han registrado para repartir alimentos, llevar a familias en situación de riesgo, etc. Este activismo requiere mucho tiempo, es agotador y peligroso . Sin embargo, un gran número de estadounidenses comunes están dispuestos a hacerlo.

Las cámaras de los celulares y los silbatos no pueden detener por completo la brutalidad y la anarquía del ICE. Por alguna razón, me preocupan especialmente las historias de los numerosos autos encontrados abandonados en medio de la calle, con las ventanas rotas y sus ocupantes obviamente secuestrados. Pero la resistencia está generando problemas y una profunda frustración entre los matones enmascarados, quienes han sido filmados repetidamente apuntando con armas a ciudadanos que no hacen nada más que observarlos. Y el público no está del lado de los matones.

Muchos comentaristas han establecido, acertadamente, paralelismos entre los acontecimientos actuales y la forma en que la violencia contra los manifestantes condujo a un creciente apoyo al movimiento por los Derechos Civiles de la década de 1960. Pero ese fue un proceso gradual. Solo un tercio de los estadounidenses aprobaba a Martin Luther King en 1966, la última encuesta disponible antes de su asesinato. En cambio, el ataque de Trump y Miller a Minnesota ha generado una reacción violenta rápida y masiva. 

Sin duda, Trump afirmaría que las encuestas son falsas. Pero las duras críticas al ICE y sus acciones están surgiendo en muchos espacios generalmente apolíticos, desde foros de aficionados hasta, sí, combates de lucha libre profesional.

La mayoría de los estadounidenses son personas decentes. Les disgusta profundamente ver la represión brutal en sus comunidades, incluso si la mayoría de las víctimas de esta brutalidad son de piel morena.

Y los demócratas deberían, incluso por cinismo político —aunque espero que sea más que eso— honrar esta decencia oponiéndose a la brutal anarquía de la administración Trump. Claro que deberían seguir hablando de la economía. Pero las políticas migratorias de Trump ya no deberían verse como una distracción de los problemas cotidianos. Se han convertido en un importante motor de la oposición a su régimen.

Muchos expertos han señalado este punto; G. Elliott Morris y Greg Sargent han sido especialmente claros al respecto. Yo añadiría una razón más por la que los demócratas deberían oponerse rotundamente a las políticas de deportación de Trump: son un problema que no desaparecerá, mientras que algunos problemas económicos sí podrían hacerlo.

A lo que me refiero es que Trump no es un ideólogo económico coherente. Puede que instintivamente se alíe con los oligarcas en contra de los trabajadores, pero a veces está dispuesto a cooptar ideas progresistas, como lo hizo al pedir un límite a las tasas de interés de las tarjetas de crédito. No creo que pueda cambiar la percepción negativa de la economía, pero sin duda lo intentará.

Pero el odio y la brutalidad hacia las personas de color son fundamentales para la identidad de Trump. Él y sus secuaces han respondido a la repulsión provocada por sus esfuerzos de limpieza étnica negando la realidad de dicha repulsión, afirmando que todos los manifestantes y opositores son activistas pagados y redoblando la brutalidad. No creo que MAGA cambie de rumbo; no creo que pueda hacerlo.

Así que la guerra de Trump contra los inmigrantes se está convirtiendo en una guerra contra la decencia del pueblo estadounidense. Y sería estúpido e inmoral negarse a tomar partido.














DE UNA LIMPIEZA ÉTNICA EVITADA (POR AHORA)

 







Una actualización sobre Springfield, Ohio, comienza diciendo en Substack (06/02/2026) el historiador Timothy Snyder. Hace una semana preparé un breve estudio sobre Springfield, Ohio, que estuvo al borde de una limpieza étnica de haitianos por parte del gobierno federal. Utilizo ese término con conocimiento de causa, ya que las deportaciones iban a dirigirse a un grupo específico, definido por su raza, y difamado racialmente por el presidente y el vicepresidente. Para más información, véase el ensayo del 1 de febrero.

Algunos medios de comunicación dedicaron atención a Springfield. Michelle Goldberg, del New York Times, visitó la ciudad, loablemente, llamó la atención sobre la organización de la sociedad civil y luego ofreció un resumen de los eventos que condujeron a la purga planeada. A lo largo de los años, el New York Times ha realizado gran parte del trabajo de un periódico nacional, incluso en lo que respecta a Ohio. Este artículo explicativo de 2024 sobre Springfield, por ejemplo, sigue siendo muy útil.

Al día siguiente de nuestra historia, el 2 de febrero, hubo noticias. En un fallo extraordinario , la jueza del Tribunal de Distrito Ana Reyes dictaminó que el Departamento de Seguridad Nacional (DHS) había interpretado erróneamente los hechos del caso y aplicado la ley de forma incorrecta. Los haitianos de Springfield obtuvieron un indulto.

Los haitianos en Estados Unidos pueden vivir y trabajar legalmente gracias a un Estatus de Protección Temporal (TPS) derivado de un desastre natural y la violencia política en Haití. El DHS intentó retirar dicho estatus sin ofrecer ninguna razón real, salvo la opinión del presidente (esto se explica en el ensayo de la semana pasada). El juez Reyes observó una animadversión racial por parte del Departamento de Seguridad Nacional, donde la repetición vehemente de estereotipos supuestamente debía servir de investigación.

Como mostré en el ensayo , hay una historia muy específica y documentada de animadversión racial que involucra a los nazis, al vicepresidente y al presidente, específica de Springfield, Ohio.

En un artículo de opinión en The Guardian que analiza los ataques contra somalíes en Minnesota y haitianos en Springfield, el filósofo Jason Stanley señala acertadamente el trasfondo racial de todas las deportaciones del DHS. Recientemente, se han publicado excelentes artículos sobre la evidente supremacía blanca que define el perfil público del Departamento de Seguridad Nacional y otros departamentos gubernamentales bajo el gobierno de Trump. El propio Trump acaba de publicar un video que retrata a Barack y Michelle Obama como simios.

Es evidente que el impulso emocional que motiva las acciones del DHS es racista, y que altos funcionarios del gobierno disfrutan expresando sentimientos racistas como justificación. El problema, para los abogados que representan al gobierno federal, es que esto deja claro que las acciones federales están motivadas por una intención discriminatoria contraria a la Constitución y a la ley.

En Springfield , comprensiblemente, el fallo del juez Reyes fue recibido con alivio, pero solo como el último avance de un drama legal en curso. El gobierno federal ha anunciado que apelará. Los haitianos en Springfield siguen tomando precauciones, y las iglesias y organizaciones de la sociedad civil siguen trabajando en los preparativos. Se les puede apoyar con donaciones; aquí hay una lista breve e incompleta: el Centro de Apoyo a los Haitianos ; United Way en Springfield; Banco de Alimentos Second Harvest .

Mientras tanto, el Departamento de Seguridad Nacional no ha permanecido inactivo. En Dayton, la gran ciudad de Ohio más cercana a Springfield, acaba de enviar agentes a investigar una escuela secundaria pública donde se celebran elecciones. En un sentido amplio, todo esto está conectado: el presidente Trump miente sobre el voto de los inmigrantes; esto se convierte en una excusa para dificultar el voto de los ciudadanos; el DHS se supone que es fundamental para ambos. Todo esto se puede detener, pero debemos ser conscientes de lo que enfrentamos.