miércoles, 23 de septiembre de 2026

BONES NITS, FELIÇ DESCANS I DOLÇOS SOMNIS. 23 DE SETEMBRE DE 2026






Hola de nou, amics. Bona nit, feliç descans i somnis dolços a tots aquesta nit de  23 de setembre de 2026. Espero que hagin passat un bon dia en companyia de les seves famílies i amics. Gràcies de tot cor per haver-se fet una volta pel bloc. M'alegraria creure que han gaudit de la visita. Tamaragua, amics meus. Que la deessa Fortuna i les benvolents Moiras els siguin favorables. Fins demà. Els vull. HArendt















DE LA TARDE QUE CAE: DIOS ESCRIBE DERECHAS CON RENGLONES TORCIDOS, POR MARTÍN CAPARRÓS. 23 DE SEPTIEMBRE DE 2026

 







Parecen una ola, un maremoto. Estados Unidos, Italia, Argentina, Francia, España, Colombia, El Salvador y siguen firmas: cada uno de esos países —y otros más— intentan convencernos de que forman una suerte de internacional facha y que, por lo tanto, el poder de cada uno se multiplica por el poder de los demás, de todos juntos.

No es cierto, por supuesto: esto tampoco. El choque entre el proteccionismo atrincherado de Trump y la apertura comercial sin tasa de Milei o Bukele, por ejemplo, alcanzaría para varias guerras. Pero hoy quería mirar, sobre todo, la diferencia de modelos personales. Porque creo que cada uno de ellos es un digno representante indigno de la cultura que tristemente lo parió: una síntesis de su sociedad.

Así que aquí llegan, ya en la pasarela donde van desfilando uno tras otro, el brazo diestro desplegado o apenas la manita: La italiana es como un firulete más, el rulo de una estatua de Bernini, una sorpresa de recorrido corto: allí donde la historia y la lógica fascistas propondrían un señor adusto, el pelo escaso y los modales bélicos, los italianos nos ofrecen una rubia. Algo así como todo lo contrario: un intento de mostrar que se puede ser de ultraderecha y ser, al mismo tiempo, una persona moderna, simpática, sonriente. Que la ultraderecha es para todo público, que ya no son aquellos osos; que puede ser cualquiera, usted y yo, esa muchacha. Es un intento meritorio pero italiano: se descompone rápido. Un día simula que se enfrenta a Trump; dos días después le contesta “sí bwana”.

El norteamericano viene a ser lo leve, las burbujas: contra es@s señor@s que se tomaban todo tan en serio, que hacían de la vida un conjunto de normas inviolables —un coñazo—, ahora tenemos un viva la Pepa, un viejo muy teñido en pelo y piel que da pasitos de baile imitando a mi abuela para que no te olvides de que él también es eso, un violador convicto que nunca fue a la cárcel, uno que hace lo que quiere cuando quiere porque quiere. Lo leve está: que no es preciso hacer pucheros para matar a cientos de niñas en escuelas lejanas. Que podemos hacerlo como si no nos importara, solo porque podemos: porque somos —tratan de decir— los dueños todavía. El problema es su sobreactuación: terminamos creyendo lo contrario.

El argentino es un espejo: se le ocurrió que si la sociedad argentina era un quilombo inextricable, él sería uno igual —o peor—, más faltaba. Porque lo propio de la caricatura es extremar lo que caricatura. Le funcionó, al principio, y millones se identificaron: “Este sabe que esto así no va, lo sabe en carne propia”. Pero es difícil sostener el ritmo: el quilombo, si se mantiene, se transforma en la normalidad y cada vez se necesita más dosis para seguir produciendo el mismo Efecto Caos. Y llega un punto en que el mecanismo se desmanda y el pobre payaso que trabajaba de mimar y minar a su país se convierte en un muñeco roto. Es triste verlo en ese estado. (Vernos en ese estado es más que triste: es humillante).

La francesa es otra forma de la caricatura: la que no dice que lo es, la muñequita. Las muñecas asustan porque son demasiado lo que deben ser: lo son de una manera inamovible, siempre la misma, siempre igual. La señora Le Pen se presenta como una muñeca —caricatura sin querer— de una buena burguesa francesa, una mujer enérgica pero razonable, una de esas que tienen que vivir para contener la violencia de su marido —que en este caso es su papá—. Es su arma más fuerte: se aprovecha de la comparación. Siempre será un poco menos brutal que su progenitor y tan francofrancesa y tan garante de las viejas tradiciones como él. Aunque tiene un problema: aquellas damas, en aquellos salones, no solían llevar la tobillera de los presos.

El salvadoreño es una astuta construcción de opuestos: un muchacho atildado, su barba de dos días, su sonrisa, sus gorras miameras, toda esa pulcritud de herederito plantada sobre la base de cientos de cuerpos amontonados, arruinados, despojos despojados de sí mismos. En una cultura del enfrentamiento, un país que ha matado décadas y décadas, Mr. Bukele pone en escena el resultado de esa guerra: los malos al fin pierden porque él está dispuesto a destriparlos, a convertirlos en carroña. El presidente sin más es poca cosa; el presidente parado sobre esos restos reventados es una imagen tremebunda. Bukele usa la astucia de ser triunfo todo el tiempo: se caerá cuando, Goya o Faro mediante, todos veamos los Caprichos de su guerra, su garra carnicera.

El colombiano no podría ser más apropiado: el hombre parece ser la quintaesencia —falsificada en China— de una sociedad que se volvió aspiracional cuando unos pocos comerciantes de clase media tuvieron tal éxito que se encontraron con una cantidad hedionda de dinero y tuvieron que inventar formas nuevas y exóticas de usarlo y dedicaron a eso muchos esfuerzos e hipopótamos. Al hacerlo, además, inundaron su mercado interno con dinero y más dinero y la cultura local con esta idea de que el éxito sólo sirve si se lo puedes refregar en la cara a tu vecino. Y que sólo hay éxito en el triunfo individual. Ahí está el chiste: si alguien grita que su triunfo consiste en cagarse en todos los demás, ¿cómo hacen todos los demás para elegirlo suponiendo que no va a cagarse en ellos? De todos modos, la trampa está servida: alguna vez se entenderá que este señor encarna —sin querer— la crítica más extrema a una cultura que supone que, cuando puedes elegir lo que realmente quieres, eliges ser una basura.

Y nos queda, por hoy, el español, un caso muy menor, un funcionario que lleva 25 años empleado por algún partido de derecha. Se diría que el hombre no quiso o supo pensar nada: que se entregó sin resistencias a la supuesta literalidad íbera. En España, dicen, las cosas deben parecerse a lo que son. El señor Abascal es un facha como deben ser los fachas en los sueños de sus mamás fachas, virgen santa: un señor grandote, un poco gordo, que usa la ropa siempre chica para que se le note y una cara de malo de película peor y una barba de barbería barata y el gesto siempre adusto de quien carga sobre sus hombros muchos destinos y una escopeta de juguete. El señor Abascal es, todo él, un malo de juguete. Todo de juguete: su destino depende de cuán niños sean sus compatriotas. Están algunos, faltan otros. Todos ellos quieren sacar ventajas de algún rasgo de sus países y culturas. Buscan, se buscan: todos hablan mucho de su dios pero ninguno cree que su dios lo haya hecho como es. Saben –todos ellos saben– que su dios escribe derechas con renglones torcidos. Martín Caparrós es escritor. Publicado en El País del 7 de septiembre de 2026.




















DEL CAFÉ DE SOBREMESA. JAQUE MATE, ELON MUSK, POR JAIME RUBIO HANCOCK. 23 DE SEPTIEMBRE DE 2026

 














El ajedrez está a punto de quedar obsoleto, igual que el fax, la locomotora de vapor y los pantalones ajustados. Eso es lo que piensa Elon Musk, que la semana pasada insistía en X en que este juego quedará “resuelto del todo” en unos años. El ajedrez es difícil para los humanos, dice, pero no para los ordenadores: “El número real de movimientos que no son totalmente estúpidos es pequeño”, lo que quiere decir que es un problema abarcable para la inteligencia artificial (IA) en no muchos años: “Entre ahora y entonces, incluso después, divertíos. La gente disfruta de muchos juegos y deportes en los que las máquinas son mucho mejores”.

Los mensajes de Musk muestran varios de los desaciertos de esta tecnoligarquía que amenaza con convertir el mundo no solo en una dictadura algorítimica sino también en un lugar aburridísimo. Está muy bien que la IA nos ayude a resolver problemas —el cáncer, la degeneración macular, el alzhéimer—, pero, como señalan muchos comentarios a sus tuits, el ajedrez no es un problema, sino un juego. Los millones de personas que lo practican cada día no están intentando resolver nada; solo quieren divertirse. No es como si alguien se apunta a un club con el objetivo de decir: “Ya está, así es como se hace”, y que le den el Nobel de Ajedrez por haber encontrado la cura.

Jugar es una de las cosas que nos hace humanos. Como escribe el filósofo e historiador Johan Huizinga en Homo ludens, es una forma de explorar el mundo, de conocernos a nosotros mismos, de relacionarnos con los demás, de aprender a perder (y a ganar). Y, sobre todo, es divertido. “Una cultura auténtica no puede subsistir sin cierto contenido lúdico”, señala.

Además de eso, hace años que las máquinas juegan mejor que nosotros. Ante cualquier posición, un programa como Stockfish ya propone la mejor jugada posible. Y eso está muy bien, porque ayuda a aprender y a entender qué ha pasado en una partida. Pero pocos creen que el ajedrez haya perdido interés por ello. Nadie seguiría un campeonato entre máquinas, salvo como curiosidad: seguimos las partidas entre humanos no solo “aunque se equivoquen”, sino también, incluso sobre todo, porque se equivocan. Lo ha escrito alguna vez el periodista Leontxo García en estas páginas: en el ajedrez, la belleza suele ser hija del error. Como en multitud de deportes, lo importante no es solo jugar bien, sino también identificar y aprovechar las equivocaciones ajenas.

La promesa de Musk recuerda a lo que se dice en ocasiones sobre el futuro de la escritura y del arte, que no se entienden como expresiones culturales, sino como problemas técnicos. Hay un empeño en que la IA sustituya a escritores, ilustradores y cineastas, pero se olvida que ocurre lo mismo que con el juego: es verdad que hay gente que solo quiere publicar, igual que hay gente que solo quiere ganar, pero a la mayoría nos gusta escribir, incluso aunque lo hagamos tan mal como jugar al ajedrez. Si una IA lograra resolver la escritura o el dibujo y escupir novelas, películas y cuadros bien construidos, seguiríamos escribiendo y leyendo a humanos. Porque queremos compartir o conocer una experiencia, un punto de vista, una idea. E igual que ocurre con el ajedrez, también aquí la belleza puede nacer del error, porque del error surge lo inesperado, lo cómico, lo nuevo, lo raro. No seguiremos leyendo a otros humanos aunque se equivoquen, sino porque se equivocan.

Es curioso comprobar en qué quedan muchas de las promesas de los tecnoprofetas: nos venden una utopía futura en un discurso puramente comercial que aspira, entre otras cosas, a ocultar los problemas actuales de la IA, como el consumo de energía y agua, o el robo de material con derechos de autor para entrenar a sus máquinas. Pero en este caso, Musk ni siquiera nos ofrece un porvenir maravilloso en el que la tecnología curará el cáncer, sino que amenaza (inútilmente) con volver irrelevante un juego. No es solo que una máquina nos vaya a robar el trabajo; es que nos quiere robar la diversión. Jaime Rubio Hancock es escritor. El País, 10 de septiembre de 2026.













EL EQUINOCCIO DE OTOÑO EN CANARIAS: EL CIELO DE GRAN CANARIA VISTO DESDE EL ROQUE NUBLO









En este mismo instante, las 01:05 de la mañana de hoy, 23 de septiembre, las islas Canarias entran en el equinoccio de otoño de este año 2026. ¡Qué podamos ver muchos más, amigos míos! HArendt


















MI PLAN DE LECTURAS PARA EL 2026. ENTRAMOS EN EL OTOÑO

 








MI PLAN DE LECTURAS PARA EL 2026

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INVIERNO, 2026

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LA FUGITIVA (A LA BUSCA DEL TIEMPO PERDIDO, T. VI), de Marcel Proust (leída).

HANNAH ARENDT, UNA BIOGRAFÍA INTELECTUAL, de Thomas Meyer (leída).

IDENTIDAD Y AMISTAD, de Emilio Lledó (leída).

EL TIEMPO RECOBRADO (A LA BUSCA DEL TIEMPO PERDIDO, T. VII), de Marcel Proust (leída). 

APOLOGÍA DE SÓCRATES, de Platón (leída).

WALDEN, de Henry David Thoreau (leída).

LOS GRANDES CEMENTERIOS BAJO LA LUNA, de George Bernanos (leída).

EL GRAN GATSBY, de F. Scott Fitzgerald (leída).

LA MARAVILLOSA HISTORIA DEL ESPAÑOL, de Francisco Moreno (leída).

FEDÓN, de Platón (leída).

SONETOS DE AMOR, de William Shakespeare (leída). 

ANA NO, DE Agustín Gómez Arcos (leída).

CAMINAR, de Henry David Thoreau (leída).

(Trece lecturas completadas).


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PRIMAVERA, 2026

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LA SOCIEDAD DEL CANSANCIO, de Byung-Chul Han (leída).

ENEIDA, de Virgilio (leída).

BIOGRAFÍA DEL SILENCIO, de Pablo D’Ors (leída).

TRISTRAM SHANDI, de Laurence Sterne (leída).

CRÓNICA DE LA LENGUA ESPAÑOLA, de la Real Academia Española (leída).

COMERÁS FLORES, de Lucía Solla (leída).

SAN MIGUEL, BUENO Y MÁRTIR, de Miguel de Unamuno (leída).

EL ARTE DE TENER RAZÓN, DE ARTHUR SCHOPENHAUER (leída).

SUITE FRANCESA, de Irène Némirovsky (leída).

ANTOLOGÍA GENERAL, de Pablo Neruda (leída).

EL PERIÓDICO DE LA DEMOCRACIA, de Javier Cercas (leída).

CÓMO EL MUNDO CREÓ OCCIDENTE, de Josephine Quinn (leída).

LENGUA MADRE, de Laura Spinney (leída).

(Trece lecturas completadas).


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VERANO, 2026

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POEMA DE GILGAMESH, Anónimo (leída).

REPÚBLICA, de Platón (leída).

IBIS, de José María Vargas Vila (leída).

CLÁSICOS SIN FILTRO, de Mary Beard (leída).

DESMITIFICANDO LA EDAD MEDIA PENINSULAR, de Alejandro García Sanjuán (leída).

EL FUTURO DE LA DEMOCRACIA, de Daniel Innerarity (leída).

LA LIEBRE Y YO, de Chloe Dalton (leída).

CIRCE, de Madeline Miller. (leída).

LA METAMORFOSIS, de Franz Kafka (leída).

¿TIENE FUTURO LA VERDAD? de Georg Steiner (leída).

TEOGONÍA. LOS TRABAJOS Y LOS DÍAS. ESCUDO, de Hesiodo. (leída).

LA CANCIÓN DE AQUILES, de Madeline Miller (leída).

LA AMIGA ESTUPENDA (DOS AMIGAS, TOMO I), de Elena Ferrante (leída).

LOS PERSAS, de Esquilo (leída).

IFIGENIA EN ÁULIDE. de Eurípides (leída).

HISTORIA ALTERNATIVA DE LA FELICIDAD, de Juan Antonio González Iglesias (leída).

MEMORIAS DE ADRIANO, de Marguerite Yourcenar (leída).

POLÍTICA Y FICCIÓN, de Jorge Lagos y Pablo Bustinday (leída).

(Dieciocho lecturas completadas)


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OTOÑO, 2026

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ETAPAS EN EL CAMINO DE LA VIDA, de Soren Kierkegaard (releyendo ahora).

EL LORO DE FLAUBERT, de Julian Barnes (pendiente de lectura).

PLEGARIAS ATENDIDAS, de Truman Capote (pendiente de lectura).

LA DECADENCIA DE OCCIDENTE, de Oswald Spengler (pendiente de lectura).

ARTE SONORA, de Auserón (pendiente de lectura).

UN CABALLERO EN MOSCÚ, de Amor Towles (pendiente de lectura).

MANIFIESTO POR UNA DEMOCRACIA RADICAL, de Jordi Sevilla (pendiente de lectura).

GALDÓS, Yolanda Arencibia (pendiente de lectura).

CONTRA EL ESTADO, de James C. Scott (pendiente de lectura).

LA MEMORIA RECUPERADA, de Antonio Iglesias (pendiente de lectura).

ERASMO Y ESPAÑA, de Marcel Bataillon (pendiente de releer).

ULISES, de James Joycee (pendiente de releer).

ENSAYOS, de Michael de Montaigne (pendiente de releer).

¿QUÉ ES LA POLÍTICA?, de Hannah Arendt (pendiente de releer).

(Catorce lecturas pendientes). 


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TOTAL DE LECTURAS PROGRAMADAS: 58

LEÍDAS: 44

PENDIENTES: 14

23 de septiembre de 2026














DE LAS VIÑETAS DE HUMOR DEL BLOG DE HOY MIÉRCOLES, 23 DE SEPTIEMBRE DE 2026

 























DEL ARCHIVO DEL BLOG: EL EQUINOCCIO DE OTOÑO, POR HARENDT. PUBLICADO EL 23 DE SEPTIEMBRE DE 2015

 




 




Según los cálculos del Observatorio Astronómico Nacional el otoño de 2015 ha comenzado en Canarias, hoy miércoles, 23 de septiembre, a las 09:21, hora local. Esta estación durará 89 días y 20 horas, y terminará el 22 de diciembre con el comienzo del invierno.
El inicio astronómico de las estaciones viene dado, por convenio, como el instante en que la Tierra pasa por una determinada posición de su órbita alrededor del Sol. En el caso del otoño, esta posición es aquella en la que el centro del Sol, visto desde la Tierra, cruza el ecuador celeste en su movimiento aparente hacia el sur. Cuando esto sucede, la duración del día y la noche prácticamente coinciden, y por eso, a esta circunstancia se la llama equinoccio de otoño en el hemisferio norte, y en el hemisferio sur, de primavera.
El equinoccio de otoño puede darse, a lo sumo, en cuatro fechas distintas (del 21 al 24 de septiembre). A lo largo del siglo XXI el otoño se iniciará en los días 22 y 23 de septiembre (fecha oficial española), siendo su inicio más tempranero el del año 2096 y el inicio más tardío el de 2003. Las variaciones de un año a otro son debidas al modo en que encaja la secuencia de años según el calendario (unos son bisiestos, otros no) con la duración de cada órbita de la Tierra alrededor del Sol (duración conocida como año trópico).
Esta es la época del año en que la longitud del día se acorta más rápidamente. El Sol sale por las mañanas cada día un poco más tarde que el día anterior y por la tarde se pone antes, siendo el acortamiento del día especialmente apreciable por las tardes. En definitiva, al inicio del otoño el tiempo en que el Sol está por encima del horizonte se reduce en casi tres minutos cada día a las latitudes de la península.
Los equinoccios (del latín "aequinoctium" (aequus nocte), "noche igual") son los momentos del año en que el Sol está situado en el plano del ecuador terrestre. Ese día y para un observador en el ecuador terrestre, el Sol alcanza el cenit (el punto más alto en el cielo con relación al observador, que se encuentra justo sobre su cabeza a 90°). El paralelo de declinación del Sol y el ecuador celeste entonces coinciden.
Los equinoccios tienen lugar dos veces por año: el 20 o 21 de marzo y el 22 o 23 de septiembre de cada año, momento en el que los dos polos terrestres se encuentran a una misma distancia del Sol, así la luz se proyecta por igual en ambos hemisferios.
En las fechas en que se producen los equinoccios, el día tiene una duración igual a la de la noche en todos los lugares de la Tierra. En el equinoccio sucede el cambio de estación anual contraria en cada hemisferio de la Tierra.
El día de los equinoccios, el Sol sale exactamente por el punto Este y se pone por el punto Oeste, en todos los lugares de la Tierra -excepto en los Polos dónde no sale, ni se pone-. En el Ecuador el Sol alcanza el cenit. Por otra parte, y para cualquier día del año, nótese que desde el hemisferio norte el Sol culmina hacia el sur, moviéndose en sentido horario, mientras que desde el hemisferio sur culmina hacia el norte y se mueve en sentido antihorario.
Desde el ecuador -latitud 0º-, el Sol sigue aparentemente una trayectoria vertical, desde que nace por el Este hasta que se pone por el oeste, alcanzando al mediodía el cenit del observador.
Por el contrario, desde los polos, bien sea el norte o el sur, el Sol no se levanta sobre el horizonte, sino que describe un círculo rasante. Prescindiendo de la refracción, se verá sólo medio disco solar durante todo el día: ni amanece, ni culmina ni se pone.
La foto que acompaña esta entrada ha sido tomada a las 07:53 del 23 de septiembre de 2015 desde la ventana de nuestra casa en Las Palmas, en la latitud N. 28º04'53.72".  Y ahora, como decía Sócrates, "Ιωμεν", nos vamos. Sean felices, por favor, a pesar de todo. Tamaragua, amigos. HArendt 












DEL POEMA DE CADA DÍA: HOY, LO PRIMERO ES LO PRIMERO, DE W. H. AUDEN (1907-1973). 23 DE SEPTIEMBRE DE 2026

 







LO PRIMERO ES LO PRIMERO



Desvelado, yací en los brazos de mi propio calor y escuché

una tormenta que paladeaba su condición de tormenta en la oscuridad invernal

hasta que mi oído, como ocurre cuando estoy medio dormido o medio sobrio,

se afanó en desentrañar ese alboroto exclamativo,

trocando sus etéreas vocales y acuosas consonantes

en un discurso de amor indicativo de un Nombre Propio.


Difícilmente la lengua que hubiera escogido yo, y sin embargo, en la medida

en que lo permitían la estridencia y la torpeza, te elogiaba,

reconociéndote como una criatura divina de la Luna y el Viento del Oeste

con poder para domar monstruos reales e imaginarios,

comparando tu aplomo vital con un condado montañés,

verde a posta por aquí, por allá puro azul por si trajera suerte.


A pesar de lo estruendoso que era, a solas como sin duda me encontró,

reconstruyó un día de silencio peculiar

en que un estornudo podría haberse oído a una milla, y me permitió caminar

sobre un promontorio de lava a tu lado, la ocasión tan eterna

como la mirada de cualquier rosa, tu presencia exactamente

tan singular, tan valiosa, tan allí, tan ahora.


Todo ello, además, a una hora en la que más a menudo de lo que quisiera

un diablo sonriente me molesta en hermoso inglés,

prediciendo un mundo en el que todo lugar sagrado

es un yacimiento cubierto de arena al que acuden todos los tejanos cultos,

desinformados y desplumados por sus guías,

y todos los corazones mansos se han extinguido cual Obispos Hegelianos.


Agradecido, dormí hasta una mañana que no dijo

cuánto creía de lo que, según yo, había dicho la tormenta

sino que discretamente hizo que me fijara en lo que había hecho

—unos cuantos metros cúbicos más en mi cisterna

contra un verano leonino—, estableciendo prioridades:

miles han vivido sin amor, nadie sin agua.




W. H. AUDEN (1907-1973 )

poeta británico





***





W. H. Auden (Wystan Hugh Auden, York, Inglaterra, 21 de febrero de 1907-Viena, Austria, 29 de septiembre de 1973) fue un poeta y ensayista británico, nacionalizado estadounidense en 1946. Auden publicó unos cuatrocientos poemas, incluidos siete poemas extensos (dos de ellos de un libro). Su poesía fue enciclopédica en alcances y métodos, desde el modernismo del siglo XX a las formas tradicionales como baladas y quintillas, incluso haikus, un "Oratorio de Navidad" y una égloga barroca en metros anglosajones. El tono y el contenido de sus poemas iban desde clichés de ligeras canciones populares hasta complejas meditaciones filosóficas, desde los callos en los dedos de los pies hasta los átomos y las estrellas, desde las crisis contemporáneas hasta la evolución de la sociedad.













DEL ASUNTO DEL DÍA: ABDELKRIM NO QUERÍA MELILLA, POR NAJAT EL HACMI. 23 DE SEPTIEMBRE DE 2026

 





Los hechos de Ceuta este verano han avivado un vergonzoso nacionalismo colonizador. El debate postcolonial español se centra siempre en América Latina, pero la última penetración de este tipo que llevó a cabo España fue a principios del siglo XX: la del norte de Marruecos, la zona que acabaría convirtiéndose en el Protectorado Español (que nada protegió). Pero no es la entrada masiva a Ceuta lo que ha reavivado una historia olvidada sino la ideología de esa derecha extrema y racista, que necesita un enemigo exterior para aglutinar el malestar colectivo y un sentir patriótico del que se apropian como si solo se pudiera ser español a su manera. Mucho antes de que el Gobierno de Marruecos (que no el pueblo de Marruecos) permitiera la invasión del antiguo presidio español, la fundación Disenso, brazo ideológico de Vox, ya organizaba conferencias para reivindicar el desembarco de Alhucemas. Los de Abascal se quejan de que no hayamos celebrado la efeméride.

¿Pero qué vamos a celebrar? ¿Que hace cien años este país se embarcó en una guerra absurda que no querían más que los empresarios que tenían intereses económicos en la zona? ¿Que fue un matadero para los hijos de los pobres mandados todos a una muerte segura? ¿Que el Ejército español sufrió una vergonzosa humillación, en parte debido a la corrupción que lo corroía por dentro? ¿Que tardó 18 años en someter a unos moros primitivos y harapientos con fusiles viejos, comiendo tortas de cebada e higos secos, que resistieron la penetración extranjera hasta el punto de sacudir la monarquía y el Gobierno de entonces?

“Operación híbrida”, “gran victoria”, dicen los que quieren devolvernos a los tiempos predemocráticos en los que matar y doblegar la voluntad de los “indígenas” era signo de hombría. No cuentan que, sin la intervención de Francia, España habría perdido esa contienda ni que lo único que hacía Abdelkrim, el líder de la resistencia anticolonial, era defender su tierra. Quieren confundir esa defensa de lo propio por parte de unas tribus que nada tenían que ver con el gobierno de Marruecos, que estaba en manos de un sultán rendido a los intereses extranjeros, con lo que ha pasado en Ceuta. Cuando Abdelkrim nunca reclamó ni Ceuta ni Melilla, cuya españolidad no puso jamás en cuestión. Y dudo mucho que los marroquíes de hoy, los ciudadanos de a pie, tengan ningún interés en esa ambición territorial. Eso es cosa del nacionalismo de Rabat que no solo no se parece en nada al de Abdelkrim sino lo contrario: un sistema extractivista, también colonizador del Rif. Najat El Hachmi es escritora. Publicado en El País, 18 de septiembre de 2026.