lunes, 21 de septiembre de 2026

BOAS NOITES, DESCANSADE E DOCES SOÑOS. 21 DE SETEMBRO DE 2026

 





Ola de novo, amigos. Boas noites, descansade e doces soños a todos esta noite de luns, 21 de setembro de 2026. Espero que tivérades un bo día coas vosas familias e amigos. Grazas de corazón por pasarvos polo blog. Alégrame pensar que disfrutastes da vosa visita. Tamaragua, meus amigos. Que a deusa Fortuna e o benévolo Destino estean convosco. Ata mañá. Quérovos. HArendt














DE LA TARDE QUE CAE: “SOY MANUEL LUESMA, EJECUTADO EL 29 DEL 12 DE 1942. DEJO HIIJOS", POR NATALIA JUNQUERA. 21 DE SEPTIEMBRE DE 2026

 







El arqueólogo Alfredo González Ruibal recopila casi dos décadas de investigación sobre el franquismo y revela el hallazgo de un oscuro pasado familiar. “Llegan a tu casa. Se llevan a tu marido. Vuelven a tu casa. Esta vez vienen a por ti. Te llevan a prisión. Te acompaña tu hija, que no tiene con quién quedarse. Fusilan a tu marido. Te informan las monjas. Te preguntas qué será de ti, embarazada, con una niña. Pasas hambre. Tu hija pasa hambre. Estás a punto de dar a luz. Llega la condena: 20 años por apoyo a la rebelión. Tu hijo nace. Tu hijo muere. Se lo llevan. No sabes dónde. No podrás llevarle flores. Tampoco a tu marido. Tu hija pasa hambre. Enferma de tos ferina, tifus. No hay medicinas. Tu hija muere. Se la llevan. No sabes adónde. No podrás llevarle flores. Málaga, 1937″.

Es un extracto de País en ruinas, historias enterradas de la España franquista (1939-1975), de la editorial Crítica. Su autor, el arqueólogo Alfredo González Ruibal, premio Nacional de Ensayo 2024, recopila casi dos décadas de excavaciones en fosas comunes, trincheras, campos de concentración y chabolas, es decir, conversaciones con cientos de objetos que, 70 u 80 años después, seguían hablando de sus dueños: de quiénes eran, de cómo vivieron y de cómo murieron. Durante la preparación del volumen, de casi 400 páginas, descubrió un oscuro pasado familiar que tiene mucho que ver en la inusual dedicatoria del libro: “A mi suegra, María Mayorgas”.

“Es imposible entender el franquismo”, explica González Ruibal, “sin tener en cuenta dos cortes sobre el terreno: las trincheras y las fosas comunes. El primero es la épica de la guerra que actuaría como fuente de legitimidad para el régimen durante 40 años. El segundo, la huella del exterminio que neutralizó la oposición a Franco y le permitió reinar sobre la paz de los cementerios”.

El arqueólogo se sumerge en los grandes enterramientos clandestinos, como el de Málaga, donde había hasta seis niveles de cadáveres —“la profundidad de las fosas revela que las autoridades franquistas tenían muy claro que pensaban asesinar a mucha gente y durante mucho tiempo”— y donde muchos años después fueron rescatados los restos de 322 menores de 10 años, hijos de presas. “En una de las fosas aparecieron 16 neonatos, criaturas que murieron al nacer o poco después. Nada sorprendente teniendo en cuenta la salud deshecha de sus madres y la insalubridad de la prisión. Los cuerpos de los niños se colocaban en los perfiles de las fosas comunes, que se rellenaban con los cadáveres de fusilados. Los difuntos pequeños venían muy bien para cubrir huecos”, recuerda el autor, citando la investigación del historiador Francisco Espinosa. En Paterna (Valencia) fueron enterradas más de 2.200 personas y hay fosas tan profundas que perforaron la capa freática y la humedad permanente del fondo hizo que los cadáveres se saponificasen, es decir, que la grasa corporal se transformase en una sustancia parecida al jabón y se conservase la ropa que llevaban las víctimas: camisas manchadas de sangre, vendajes por palizas, ligaduras de esparto en las muñecas. En algunas de esas exhumaciones fueron hallados, junto a los restos humanos, botellas que incluían en su interior un papelito con el nombre del represaliado: “Soy Manuel Lluesma Masià (Moncada). Ejecutado el día 29-12-1942 a las 7.30 de la madrugada. Dejo hijos”. El enterrador, Leoncio Badía, las colocaba junto a los cuerpos pensando que las familias podrían recuperarlos en el futuro, aunque seguramente ese futuro llegó mucho más tarde de lo que él imaginaba. En 2019, Badía recibió, a título póstumo, la Alta Distinción de la Generalitat Valenciana. Hoy tiene una estatua en su honor en el cementerio de Paterna.

El libro visita también enterramientos individuales, como el de Villaverde del Ducado (Guadalajara), “excepcional en muchos sentidos”, explica González Ruibal, arqueólogo en el Instituto de Ciencias del Patrimonio del CSIC. La hija de una vecina de la localidad contactó en 2019 con el arqueólogo para explicarle que el pueblo deseaba enterrar dignamente a una víctima desconocida que había sido inhumada fuera del cementerio, junto a la tapia, durante la guerra. Nadie sabía quién era. Los vecinos contaban que lo habían enterrado en una zanja muy superficial y que, al poco tiempo, “un pie o una bota del muerto acabó sobresaliendo o fue desenterrada por los perros” y un pastor que solía pasar por allí mandó a su hijo “colocar unas piedras para evitar que los animales extrajeran los restos”. Desde 1937, mujeres del pueblo habían depositado flores en la tumba anónima, cuidando del fallecido sin nombre. La exhumación constató que la víctima era muy joven, en torno a 21 años. Junto a los restos aparecieron medallas religiosas que alguien había deslizado en el enterramiento. “No solo documentamos un crimen de guerra”, explica González Ruibal, “sino un acto de humanidad: el del pueblo que cuidó 80 años de aquel muerto desconocido como si fuera un familiar”.

González Ruibal también excavó la última trinchera de la Guerra Civil, en la ciudad universitaria de Madrid. “A través de la basura que dejaron los soldados conocemos cómo vivían, cómo morían y cómo mataban”. Ochenta años después, el trabajo arqueológico permitió hacerse una idea del menú de los combatientes y constatar, por ejemplo, que el bando sublevado se alimentaba mucho mejor -“2.627 huesos animales muestran una dieta variada y rica en proteínas”- que el republicano -“los restos de animales son prácticamente inexistentes. La hambruna fue decisiva para hundir la moral de la tropa”-. “Granadas, balas y tinteros son elementos omnipresentes”. Armas para defenderse o atacar y plumillas para informar a los suyos que seguían vivos. Una fábrica de tinta de la época se anunciaba precisamente así: “Samas siempre vence”. En la excavación de una trinchera en Guadalajara apareció un objeto inusual: un frasco de perfume femenino. “Tiene un diseño antiguo, art decó, y al abrirlo, todavía olía”, recuerda González Ruibal. “Seguramente, la mujer o novia de algún soldado se lo entregó como recuerdo para que se lo llevara al frente de batalla”.

El trabajo arqueológico también ha permitido documentar las condiciones de vida tras la guerra, retratar el ensañamiento franquista con el bando perdedor y desmontar algunos mitos. González Ruibal recuerda en el libro que en los años cuarenta, el cementerio de San Martín, en Madrid, que llevaba décadas abandonado, fue ocupado por gente que no tenía donde vivir y se acomodó en los nichos.

El arqueólogo describe algunos de los antiguos campos de concentración que ha excavado como “madrigueras humanas” donde los reclusos dormían hacinados en espacios donde ni siquiera se podían poner de pie y envolvían sus pies con sacos porque carecían de zapatos. En muchos de los cadáveres recuperados en esos campos se aprecian las huellas de la tuberculosis y la caquexia, una desnutrición extrema. “El abuelo paterno de mi mujer recordaba con rabia que tuvo que cambiar el reloj que le había regalado su padre por una hogaza de pan”. En la excavación en los destacamentos penales del Valle de los Caídos, hoy denominado de Cuelgamuros, fueron halladas trampas para cazar pájaros o conejos, signo del hambre que pasaban los presos que trabajaron en su construcción, así como calzado hecho con caucho de neumático. “En un contexto de máxima penuria”, explica, “despojados de todo por el Régimen, su libertad, medios económicos... los presos y sus familias se vieron obligados a crear un mundo con el desecho: inventaron desde calzado a utensilios de cocina”.

El exceso de fallecimientos por inanición o epidemias se sitúa entre 1939 y 1942, recuerda el investigador, en un mínimo de 200.000. También fuera de las prisiones había hambre y así quedó grabado en las ruinas del franquismo, entre los escombros de las chabolas de 10 por 12 metros útiles levantadas en una sola noche para albergar a abuelos, padres e hijos bajo el mismo techo de uralita. Durante los sesenta, 400.000 familias, recuerda el autor, residían en infraviviendas de autoconstrucción en las periferias de las grandes ciudades, como la que se ve en la película El 47. En la excavación de esas antiguas urbanizaciones de la miseria aparecían, junto a huesos de ratas, canicas y yo-yos. “La violencia política es más conocida, pero no tanto el sufrimiento social, esa pobreza abyecta en la que vivió tanta gente. Todas esas señoras mayores que miden 1,50 y nos parecen entrañables, miden 1,50 porque sufrieron malnutrición de niñas”.

María Mayorgas, la suegra de González Ruibal, hija del bando de los vencidos, no pudo cepillarse los dientes hasta que llegó a Madrid. El arqueólogo quiso que ella fuera la primera en leer su libro. Cuando empezó a escribirlo, sabía que su abuelo paterno se había enriquecido tras la guerra levantando puertos y aeropuertos. El materno había fallecido en 1951, a los 39 años, dejando cuatro huérfanos. “Lo que nunca se me ocurrió pensar es que mi propio abuelo pudiera haber colaborado a dejar a otros huérfanos en el mundo. Tuve que esperar 40 años para descubrirlo”.

Fue una foto la que le hizo tirar del hilo, buscar el resto de fragmentos de aquella historia enterrada en el silencio. El novio, su abuelo, posa con los padrinos de su boda: el gobernador militar de Segovia y el de León, Carlos Arias Navarro, quien sería el último tapón en la transición de la dictadura a la democracia. “Mi abuelo murió antes de que naciera mi madre, así que no había habido transmisión de la memoria familiar”, explica. Buscando en los archivos, descubrió que su abuelo materno había trabajado por voluntad propia —se lo pidió al general de la VIII Región Militar— como fiscal “en el periodo más salvaje de la violencia golpista, cuando la fiscalía solicitaba, el juez concedía y los piquetes ejecutaban penas de muerte”. “Pensé que ya nunca podría pronunciar mi apellido sin pensar en sus crímenes”, relata, pero ese pasado le dio “un sentido de responsabilidad” a la hora de revelar y documentar la barbarie. “La arqueología sobre el franquismo”, subraya en el libro, no deja de ser “un acto de rebelión contra el silencio que impuso la dictadura”. Natalia Junquera es escritora. Publicado en El País el 6 de septiembre de 2026.






















DEL CAFÉ DE SOBREMESA: MI MIEDO, POR LUIS GARCÍA MONTERO. 21 DE SEPTIEMBRE DE 2026

 





Cuando la vida se enreda mucho, pero mucho, y la mezcla de datos provoca oscuridad, y la confusión protagoniza las discusiones, quizá conviene volver a la luz simplona de los principios. Ahora que las fronteras de la historia nos invitan a tener miedo de los pobres, leo las noticias y me repito, como un ser inocente y trasnochado, que lo verdaderamente peligroso es la riqueza sin escrúpulos. Necesita legitimar con acontecimientos y dinámicas sociales que la palabra libertad debe separarse de la igualdad y la fraternidad. Mi melancolía vuelve una y otra vez a los orígenes humanos de la democracia mientras soplan los vientos del racismo y el odio a los migrantes. Y hasta me atrevo a pedirle a la Iglesia que tome la palabra para decir que resultará difícil que un rico entre el reino de los cielos y que Jesucristo se sacrificó en nombre del amor, porque todos los seres humanos merecen respeto.

El odio al extranjero es una legitimación cultural de la desigualdad. Sirve a los ricos para justificar, por ejemplo, la destrucción de la enseñanza pública. Se fomentan colegios privados dispuestos a consagrar desde el principio las diferencias de clase. Lucha de aulas, cuerpo a cuerpo, porque también afecta a la sanidad. Las ideas se convierten en áticos del elitismo, empobrecen la atención a los pobres, unen la salud a las cuentas corrientes. Las fronteras del nosotros dan mucho juego. Quien cultiva el odio tiene sus ojos puestos en la vida interior, no sólo en los límites de una comunidad, sino en las conciencias que necesitan legitimar su derecho a explotar y hacer negocios a costa de los vecinos menos agraciados por los dones de la economía. Así que pienso en Ceuta, los aranceles de Trump, el neofascismo, el deterioro de los derechos humanos, y siento que el verdadero peligro está en los ricos, capaces incluso de conseguir que muchos pobres consideren peligrosos a los pobres llegados de fuera. Luis García Montero es poeta. Publicado en El País del 7 de septiembre de 2026.





















DE LAS VIÑETAS DE HUMOR DE HOY LUNES, 21 DE SEPTIEMBRE DE 2026

 




























DEL ARCHIVO DEL BLOG: EL INICIO A LA SEXUALIDAD. LA PRIMERA VEZ, POR HARENDT. PUBLICADO EL 15 DE JUNIO DE 2016

 










Dicen que toda obra literaria no es más que una mera paráfrasis, real o fabulada, de la propia vida del autor. No lo sé a ciencia cierta, pero tengo la impresión de que en los relatos literarios de iniciación sexual debe haber mucho de la "primera vez" del narrador.

De esos relatos yo recuerdo con especial emoción unos pocos; muy pocos en realidad, que hayan dejado una profunda huella en mí. Los dos primeros leídos en francés con apenas dieciséis años: Bonjour, tristesse (1954), de Françoise Sagan, y Le blé en herbe (1923), de Sidonie-Gabrielle "Colette", ambas escritoras francesas. Los dos relatos son un prodigio de sensibilidad, y las escenas de iniciación a la vida sexual de sus protagonistas respectivos están resueltas magistralmente, sin una sola palabra malsonante ni grosera actitud. Leídas a mi edad de entonces, me abrieron a un mundo desconocido y anhelado que llegaría a descubrir en su momento sin angustias ni tormentos de ningún tipo.
Con desenfado y cierto tono libertino, muy francés también por cierto, se resuelve el inicio de la vida sexual de la protagonista de Emmanuelle (1959), un auténtico clásico de la novela erótica, para mi gusto, la mejor de todas, de la también escritora francesa Marayat Rollet-Andriane más conocida como Emmnuelle Arsan. Hosco y crudo lo es el del relato de la española Las edades de Lulú (1989), una prodigiosa novela, la primera de ella, de la escritora Almudena Grandes. Por último, de los que he querido recordar, no puedo dejar de citar la escena de la violación pseudo-consentida de la protagonista de Soy Charlotte Simons (2004), muy dura, del escritor estadounidense Tom Wolffe. De la deleznable Cincuenta sombras de Grey (2011), y de su autora, la británica Erika Leonard, que escribe bajo el seudónimo de E.L. James, prefiero no hablar.
Pero sí lo hacía al comienzo de la entrada de eso de la "obra literaria" como paráfrasis de la vida propia, o fabulada, del autor. Hay una escena en Una historia de amor y oscuridad (2004), del escritor israelí Amos Oz, tan repetidamente citado por mí en estos últimos días, que es casi un calco de otra similar en otro libro suyo: Escenas de la vida rural (2009), del que también he escrito anteriormente en el blog. Lo que me lleva a pensar que. real o fabulada, su iniciación a la vida sexual no pudo ser muy diferente de la que relata en ambos libros. 
La escena transcurre en el kibbutz Hulda, al sur de Ramla, capital del Distrito Central de Israel. El protagonista tiene dieciséis años y entra en la habitación de una de sus profesoras, Orna, de unos treinta y cinco años de edad. Dice Oz: "Sin levantarme de la alfombra, descorrí la cortina que cubría su armario y vi ropa interior, ropa de distintos colores y un camisón de nailon, casi transparente de color melocotón. Tumbado en la alfombra como estaba, mis dedos tocaron ese melocotón y mi otra mano se vio obligada a acercarse a la colina de mis pantalones mientras mis ojos se cerraban, sabía que debía parar debía parar pero no al instante solo un poco más. Al final, justo en el último momento, me detuve y, sin apartar los dedos del melocotón ni la mano de la colina, abrí los ojos y vi que Orna había entrado sin que yo me percatara y estaba descalza mirándome en un extremo de la alfombra, con todo el peso de su cuerpo sobre la pierna izquierda, la cadera derecha un poco elevada, una mano sobre esa cadera y la otra acariciándose el hombro bajo el pelo suelto. Se quedó mirándome con su sonrisa cálida y traviesa en los labios, y sus ojos verdes se reían como diciendo: ya lo sé, ya sé que ahora lo que más deseas es morirte aquí mismo, y sé que estarías menos aterrado si ahora en mi lugar estuviese aquí un asesino apuntándote con una ametralladora, y sé que ahora por mi culpa eres la persona más desgraciada del mundo, ¿pero por qué ser tan desgraciado? Mírame, yo no estoy aterrada por lo que he visto al entrar en la habitación y tú, deja ya de ser tan desgraciado. [...] Orna dijo: Te he interrumpido. Y en vez de reírse añadió: Perdón, lo siento, y de repente, como en broma, empezó a mover las caderas con un complicado paso de baile y dijo que no, que de hecho no lo sentía realmente, que en el fondo le había gustado verme pues en mi cara en esos momentos había una mezcla de dolor y de luz. Y sin decir nada más empezó a desabrocharse los botones, del primero al último, y se quedó delante de mí para que la mirara y continuase. [...] Luego se puso de rodillas sobre la alfombra a mi derecha y apartó mi mano de la colina de mis pantalones y puso la suya y luego abrió y liberó y una estela de chispas punzantes como una densa lluvia de meteoritos recorrió todo mi cuerpo y volví a cerrar los ojos pero no antes de ver como se tumbaba de lado y luego se puso encima de mí y dirigió mis manos, aquí y aquí, y sus labios me tocaron la frente y me tocaron los ojos cerrados y luego cogió con la mano  y me hundió por completo y al instante sentí en lo más profundo del cuerpo como truenos mórbidos e inmediatamente después un rayo que me partió y como las paredes de la casa eran muy finas Orna tuvo que taparme con fuerza la boca y cuando pensó que ya estaba y levantó la mano para dejarme respirar tuvo que apresurarse a sellarme de nuevo los labios porque aun no estaba".
Una hermosa iniciación. ¿No creen?... Sean felices, por favor, y ahora, como decía Sócrates, "Ιωμεν": nos vamos. Tamaragua, amigos. HArendt














DEL POEMA DE CADA DÍA. HOY: PANDÉMICA Y CELESTE, POR JAIME GIL DE BIEDMA (1929-1990)

 








PANDÉMICA Y CELESTE



Imagínate ahora que tú y yo

muy tarde ya en la noche

hablemos hombre a hombre, finalmente.

Imagínatelo,

en una de esas noches memorables

de rara comunión, con la botella

medio vacía, los ceniceros sucios,

y después de agotado el tema de la vida.

Que te voy a enseñar un corazón,

un corazón infiel,

desnudo de cintura para abajo,

hipócrita lectora – mon semblable,-mon frère!


Porque no es la impaciencia del buscador de orgasmo

quien me tira del cuerpo a otros cuerpos

a ser posiblemente jóvenes:

yo persigo también el dulce amor,

el tierno amor para dormir al lado

y que alegre mi cama al despertarse,

cercano como un pájaro.

¡Si yo no puedo desnudarme nunca,

si jamás he podido entrar en unos brazos

sin sentir -aunque sea nada más que un momento-

igual deslumbramiento que a los veinte años!


Para saber de amor, para aprenderle,

haber estado solo es necesario.

Y es necesario en cuatrocientas noches

-con cuatrocientos cuerpos diferentes-

haber hecho el amor. Que sus misterios,

como dijo el poeta, hijo del alma,

pero un cuerpo es el libro en que se leen.


Y por eso me alegre de haberme revolcado

sobre la arena gruesa, los dos medio vestidos,

mientras buscaba ese tendón del hombro.

Me conmueve el recuerdo de tantas ocasiones…

Aquella carretera de montaña

y los bien empleados abrazos furtivos

y el instante indefenso, de pie, tras el frenazo,

pegados a la tapia, cegados por las luces.

O aquel atardecer cerca del río

desnudos y riéndonos, de yedra coronados.

O aquel portal en Roma -en vía del Balbuino.

Y recuerdos de caras y ciudades

apenas conocidas, de cuerpos entrevistos,

de escaleras sin luz, de camarotes,

de bares, de pasajes desiertos, de prostíbulos,

y de infinitas casetas de baños,

de fosos de un castillo.

Recuerdos de vosotras, sobre todo,

oh noches en hoteles de una noche,

definitivas noches en pensiones sórdidas,

en cuartos recién fríos,

noches que devolvéis a vuestros huéspedes

un olvidado sabor a sí mismos!

La historia en cuerpo y alma, como una imagen rota,

de la langueur goutée a ce mal d'être deux

Sin despreciar

-alegres como fiesta entre semana-

las experiencias de promiscuidad.


Aunque sepa que nada me valdrían

trabajos de amor disperso

si no existe el verdadero amor.

Mi amor,

íntegra imagen de mi vida,

sol de las noches mismas que le robo.


Su juventud, la mía,

-música de mi fondo-

sonríe aún en la imprecisa gracia

de cada cuerpo joven,

en cada encuentro anónimo,

iluminándolo. Dándole un alma.

Y no hay muslos hermosos

que no me hagan pensar en sus hermosos muslos

cuando nos conocimos, antes de ir a la cama.


Ni pasión de una noche de dormida

que pueda compararla

con la pasión que da el conocimiento,

los años de experiencia

de nuestro amor.

Porque en amor también

es importante el tiempo,

y dulce, de algún modo,

verificar con mano melancólica

su perceptible paso por un cuerpo

-mientras que basta un gesto familiar

en los labios,

o la ligera palpitación de un miembro,

para hacerme sentir la maravilla

de aquella gracia antigua,

fugaz como un reflejo.


Sobre su piel borrosa,

cuando pasen más años y al final estemos,

quiero aplastar los labios invocando

la imagen de su cuerpo

y de todos los cuerpos que una vez amé

aunque fuese un instante, deshechos por el tiempo.

Para pedir la fuerza de poder vivir

sin belleza, sin fuerza y ​​sin deseo,

mientras seguimos juntos

hasta morir en paz, los dos,

como dicen que mueren los que han amado mucho.



JAIME GIL DE BIEDMA (1929-1990)

poeta español





***





Jaime Gil de Biedma y Alba (Barcelona, 13 de noviembre de 1929 - ibidem, 8 de enero de 1990) fue un escritor español, considerado uno de los poetas más importantes de la segunda mitad del siglo XX y de la Generación del 50. Miembro destacado de la llamada Escuela de Barcelona, se relacionó con los componentes de esta: Joan Ferraté, Gabriel Ferrater, Jaime Salinas Bonmatí, Carlos Barral, José Agustín Goytisolo y el novelista Juan Marsé. Junto a Ángel González, Claudio Rodríguez y José Ángel Valente, todos estos autores formaron la así llamada «Generación del 50». Gil de Biedma dijo en varias ocasiones que los grupos literarios no eran más que promociones editoriales. En su obra recurrió al coloquialismo (con él mismo y con los lectores) y a la ironía para destacar asuntos sociales y existenciales y, aun cuando no es muy extensa (siempre prefirió la calidad a la cantidad), se ha considerado como una de las más interesantes e influyentes de su generación. La lectura de Eliot Weinberger, Stephen Spender, W. H. Auden y en general de los poetas en lengua inglesa fue determinante para Gil de Biedma, él admiraba esta escuela poética que con el uso del monólogo dramático encontró la veta artística que sentó las bases de la poesía del siglo XX. De esa manera renunció al simbolismo francés que inspiró buena parte de la poesía de la Generación del 27 y se alejó también de las experiencias vanguardistas del 27. Además también escribió algunos ensayos literarios donde demuestra ser dueño de una prosa muy precisa y de unos conocimientos literarios muy superiores a la crítica de entonces; estos ensayos están recogidos en El pie de la letra. Jaime dejó de escribir poesía porque según decía "lo normal es no escribir, lo normal es leer", de esta manera se convirtió en lo que podríamos llamar un Bartleby (por el personaje de Melville) que prefirió dejar la escritura. Sin embargo, otros sostienen que su mundo poético estaba acabado y que, antes que repetirse, lo abandonó.















DEL ASUNTO DE CADA DÍA: LA UNIVERSIDAD EUROPEA, POR NORBERT BILBENY. 21 DE SEPTIEMBRE DE 2026

 





En educación todos los niveles están relacionados, desde el parvulario hasta la universidad. La debacle educativa europea exige que sus programas sean revisados y los políticos impidan que la tecnología y la desorientación frente a ella se sigan comiendo a la formación. ¿Y dónde se forma a los formadores, sino en la universidad?

Necesitamos la Universidad Europea. No solo para la formación, sino para reforzar la unidad europea y competir en educación y tecnología con Estados Unidos y China. No puede ser que conforme estas potencias crecen, Europa decrezca. Por eso la universidad europea ha de cumplir un papel clave en la atracción de talento y la formación científica y humanista que se precisa para no seguir decayendo. Los campus europeos deben ser tan capaces como los chinos y norteamericanos, y superarlos, también, en formación humanista. Es de Europa que se espera una respuesta a los desafíos de la IA a la ciencia y la conciencia humanas.

Hemos de reforzar la unidad europea y competir en educación y tecnología con Estados Unidos y China

A la Universidad Europea se llega mejor por el camino rápido: por los rectorados de las mejores universidades y la Comisión Europea. Los rectores deberían comprometerse en trabajar por la alianza real y efectiva de las universidades de la Unión Europea. Está bajo su responsabilidad y la de los comisarios europeos, para que de una vez el potencial universitario europeo muestre su fuerza. No hay que construir un nuevo centro, solo coordinar los existentes en un consorcio.

Una sola Universidad Europea, con sus diferentes centros y rectorados, sean públicos o privados. Cada universidad sigue siendo autónoma, pero aporta a la Oficina del presidente del Consejo Universitario Europeo el capital que estime, y recibe de ella la asignación que le corresponde por su contribución y sus necesidades, gracias a fondos de compensación. El Consejo tiene una junta de regentes y un presidente, nombrados por la CE a propuesta de las universidades, y decide qué candidaturas son aceptadas. Ni universidades ni gobiernos nacionales quedan, pues, al margen.

Cada centro tiene el sello europeo y el suyo particular. Posee su propia gobernanza, selección de personal y admisión de estudiantes. Deberán, sin embargo, fijarse normas para las grandes tomas de decisión. Y homologar títulos, algunos planes de estudios y el sistema de becas. Coordinar proyectos de investigación y regular la colaboración con la industria. Nadie pierde, todos ganan. Todo es complejo, sí. Pero ¿qué no va a poder tanta inteligencia junta? La realidad apremia; no se duerman. Norbert Bilbeny es filósofo. Publicado en La Vanguardia el 14 de septiembre de 2026.