lunes, 29 de junio de 2026

DEL CAFÉ DE SOBREMESA. LA PALABRA JUSTA, POR JUAN JOSÉ MILLÁS. 29 DE JUNIO DE 2026

 





Si lo piensas, resulta asombroso que con tan solo las 27 letras del abecedario se pueda escribir El Quijote. O el manual de usuario del microondas. O el Código de Tráfico y Seguridad Vial. O la Biblia en verso. Todo el lenguaje está cimentado sobre esa materia prima tan escasa, aunque capaz de combinarse de un modo diabólico. Las letras, por sí solas, no son apenas nada, nada. Pero cuando se juntan, se repiten y ordenan de distintas maneras, el número de posibilidades crece de un modo que desafía a la razón. No todas las combinaciones acaban convirtiéndose en palabras, claro. El idioma condena, selecciona, canoniza, glorifica. Aun así, el resultado es un diccionario de unas 100.000 entradas o, lo que es lo mismo, 100.000 pequeñas unidades de sentido, cada una con su peso, su historia, su carácter. Pero es en el salto de las palabras a la frase donde se abre el precipicio. Si tomamos esas 100.000 palabras y las mezclamos en oraciones de tan solo diez términos, el número de proposiciones posible superaría quizá a la cantidad de átomos que hay en el universo observable. La gramática, lejos de limitar ese potencial, lo organiza y lo hace habitable: nos dice qué combinaciones tienen sentido y, al hacerlo, nos hace libres para explorar todo ese territorio, incluso para transgredirlo.

Y luego está el significado, que es donde las matemáticas se rinden. Porque una misma frase puede ser una descripción, una ironía, una declaración de odio o el primer verso de la Divina Comedia, dependiendo de quién la diga, a quién, y en qué momento. El contexto altera o multiplica el significado de las palabras de un modo que ninguna fórmula es capaz de capturar del todo. Noam Chomsky llamó a esta capacidad de generar expresiones ilimitadas a partir de medios finitos la infinitud discreta. Veintisiete letras y un número infinito de posibilidades. La sensación persistente, sin embargo, es la de no dar nunca con la palabra justa. Juan José Millás es escritor. El País, 26 de junio de 2026.






















DE LAS VIÑETAS DE HUMOR DEL BLOG DE HOY LUNES, 29 DE JUNIO DE 2026

 






















DEL ARCHIVO DEL BLOG. NO EN MI NOMBRE, POR ALEJANDRO KATZ. PUBLICADO EL 29 DE JUNIO DE 2025

 







La masacre que Israel está cometiendo en Gaza me lleva a preguntarme cómo ser judío después de ese horror, escribe en El País [No en mi nombre, 25/06/2025] el editor y ensayista judío Alejandro Katz. Nunca hasta hoy había hablado como judío, comienza diciendo Katz. Intenté hacerlo siempre como ciudadano, como un igual entre iguales, como alguien preocupado por lo que nos es común, tratando de respetar a la palabra, de reconocerla como el bien más preciado de nuestra humanidad compartida, lo que nos hace ser lo que somos al instituirnos como individuos que son en tanto son con los otros, en tanto reconocen y son reconocidos.

Fui educado como judío; no fui educado en el judaísmo, no en esa versión del judaísmo que implica las formas, sagradas o profanas, de pertenencia a la tribu, sino en el judaísmo que se confunde con aquello que, imprecisamente pero sin vacilar, entendemos como humanismo.

El 17 de marzo de 1992, oí desde la editorial el estruendo de la bomba que destruyó la Embajada de Israel en Argentina sin imaginar que era una bomba, y descubrí con azoro el modo en que el odio tocaba nuevamente a nuestra puerta, la de los judíos y la de los argentinos. El 18 de julio de 1994, el horror se hizo presente en el rostro de un amigo que trajo la noticia de la destrucción de la AMIA, la mutual de la comunidad judía, por un coche cargado de explosivos.

El 7 de octubre —no es necesario decir el año; “7 de octubre” es ya el nombre de una nueva marca de lo innombrable—; el 7 de octubre fue la desesperanza y la desesperación, la infinita tristeza por las víctimas y por el significado —los significados— de que fueran víctimas. Fue más de lo que puede decirse con palabras, porque las formas que tomó ese día la violencia sobre la vida y la violencia sobre la muerte, las formas de la humillación y del desprecio de lo humano, alcanzaron cimas que con dificultad pueden ser expresadas por el lenguaje.

Y el 8 de octubre fue, junto con la tristeza, la indignación ante aquellos, muchos, que uno imaginaba compañeros de viaje —del viaje del pensamiento en el mundo de las ideas, del viaje de los principios e ideales en el mundo de la política— que fueron capaces de caer en el adversativo: sí, fue horrible... ”pero”. “¿Pero?" De cuántas formas hemos dicho nosotros, en Argentina, en España, en el mundo, que no hay antecedente que justifique la crueldad, que nada explica la crueldad, que la crueldad no puede considerarse como algo causado por quien la sufre, haya hecho lo que haya hecho, que la crueldad es el Mal, que su origen está en quien lo causa, no en quien lo recibe.

Sí, el 8 de octubre fue, junto con el azoro, el encuentro, una vez más, con la propensión a justificar lo peor en nombre de otra cosa. Explicar no es justificar, me dirán, me dijeron. No es cierto, no siempre es cierto. Cuando la explicación convierte en agente del mal a su víctima la explicación se vuelve justificación, la peor, porque pretende ocultar su nombre bajo la retórica de las ideas.

Luego vino todo lo demás. Todo lo demás es la destrucción infinita, no ya de Gaza, no ya de los palestinos de Gaza, no ya de mujeres y niños de Gaza, no ya de médicos y enfermeros de Gaza, la destrucción infinita de la humanidad, de aquello que, una vez más imprecisamente pero como siempre sin vacilar, nos constituye —¿nos constituía?— como lo que somos.

El horror del 7 de octubre fue de tal magnitud, el rechazo de las explicaciones del 8 de octubre fue tan intenso, que resultó difícil reaccionar ante lo que comenzó a suceder, ante lo que sigue sucediendo, lo que no acaba de suceder, interminable, inconcebiblemente.

Pero difícil no es imposible: ya son hoy no cientos sino miles las voces, miles las voces judías alzadas contra aquello en torno de lo cual algunos quieren establecer una disputa léxica (¿es o no un genocidio, es o no limpieza étnica?) solo para esconder los hechos. Y los hechos son que Israel está cometiendo una masacre de las más abominables de nuestro tiempo, una masacre cuya dimensión tanto por el daño que produce como por la crueldad con la que lo produce, nunca —¡nunca! es terrible saberlo desde hoy—, podrá ser olvidada.

(Ya no es posible hacer el repertorio de quienes han hablado y de lo dicho: los hay en el mundo de las ideas y de la política, los hay progresistas y conservadores, en Israel y fuera de Israel. Son voces valientes, que enfrentan a quienes quieren callar las críticas por medio de la rastrera extorsión de la Tragedia).

Aun si el ataque israelí sobre Irán parece haber cambiado la agenda, la atención no debe apartarse de Gaza, por razones a la vez políticas y humanitarias. El Estado de Israel está cometiendo una masacre. Los crímenes ya no son la excepción sino la norma; quizá peor que los crímenes —¡”peor que los crímenes!“; hay que no ser una víctima para decirlo— sea la satisfacción que producen en muchos de quienes los cometen y en muchos de quienes los aprueban.

La formulación no fue casual: el Estado de Israel. No los ciudadanos israelíes, muchos de los cuales encarnan con dignidad la resistencia ante los abusos del Estado, no los judíos.

No es una exculpación, es la distinción que introduce preguntas: ¿hay algo en el judaísmo que explique lo que está haciendo el Estado de Israel? ¿O es acaso en la conversión de un pueblo en un Estado donde esa explicación se encuentra? También la pregunta más urgente: ¿cómo poner fin al horror, ya? Y la que se inaugura ahora: ¿cómo ser judío después de Gaza? Cómo ser aquello que nos gustaba ser: gente del libro, de las ideas, de las razones y de la comprensión, gente de los argumentos y del humor —los delegados de la Ironía en la tierra—, curiosos por estar siempre en territorios ajenos que despiertan asombro, deseosos de comprender al vecino en su diferencia y en su semejanza, queriendo ser iguales y orgullosos de ser diferentes. Ya que no es posible la paz perpetua, la amistosa convivencia en todo lugar y en todo momento, contarnos entre quienes prefieren ser perseguidos que perseguidores: al perseguido le queda la esperanza de la fuga y la ilusión del refugio; el perseguidor está privado de toda esperanza. (Advierto las objeciones posibles y me pregunto si alguien es capaz de sostener que hubiera sido mejor ser un nazi que una de sus víctimas: quien responda afirmativamente merece ser considerado tal).

Estaba bien filiarse sin jactancia en la genealogía de la admiración, aquella cuyos nombres son parte principal del proyecto civilizatorio del Occidente moderno. Nuestros amigos veían a través nuestro esa historia, esa tradición, esa vocación que, sin decirlo (aunque, reconozcámoslo, no sin cierta vanidad), queríamos encarnar y continuar.

Eso ya no es posible: los crímenes que comete hoy, ahora mismo, en el instante en que escribo esto, en que usted lo lee, los crímenes que está cometiendo Netanyahu en nombre de lo que llama el Estado judío, y que cobarde, abyectamente, defienden tantos invocando el judaísmo en lugar de la razón de Estado, esos crímenes serán, también, puestos en nuestra cuenta. No por ello vamos a justificarlos, no por ello vamos a ser parte de su comisión, no por ello vamos a dejar de denunciarlos como lo que son: crímenes abyectos y aberrantes.

Hacerlo no nos reconciliará con quienes nos hagan cargo del horror en Gaza, y sumará el desprecio de quienes se enorgullecen de ese horror. Pero decir en voz alta que esos crímenes no se cometen en mi nombre, en nuestro nombre, es el único modo de seguir siendo judío, un judío a la vez silencioso y orgulloso, un judío educado para decir: no, eso no, eso nunca.. Alejandro Katz es editor y ensayista.  

















DEL POEMA DE CADA DÍA. BAJO EL CIELO NACIDO TRAS LA LLUVIA, POR JORGE TEILLIER. 29 DE JUNIO DE 2026

 







BAJO EL CIELO NACIDO TRAS LA LLUVIA




Bajo el cielo nacido tras la lluvia

escucho un leve deslizarse de remos en el agua,

mientras pienso que la felicidad

no es sino un leve deslizarse de remos en el agua.

O quizás no sea sino la luz de un pequeño barco,

esa luz que aparece y desaparece

en el oscuro oleaje de los años

lentos como una cena tras un entierro.

O la luz de una casa hallada tras la colina

cuando ya creíamos que no quedaba sino andar y andar.

O el espacio del silencio

entre mi voz y la voz de alguien

revelándome el verdadero nombre de las cosas

con sólo nombrarlas: "álamos", "tejados".

La distancia entre el tintineo del cencerro

en el cuello de la oveja al amanecer,

y el ruido de una puerta cerrándose tras la fiesta.

El espacio entre el grito del ave herida en el pantano,

y las alas plegadas de una mariposa en calma

sobre la cumbre de la loma barrida por el viento.


Eso fue la felicidad:

dibujar en la escarcha figuras sin sentido

sabiendo que no durarían nada,

cortar una rama de pino

para escribir un instante nuestro nombre en la tierra húmeda,

atrapar una plumilla de cardo

para detener la huida de toda una estación.


Así era la felicidad:

breve como el sueño del aromo derribado,

o el baile de la solterona loca frente al espejo roto.


Pero no importa que los días felices sean breves

como el viaje de la estrella desprendida del cielo,

pues siempre podremos reunir sus recuerdos,

así como el niño castigado en el patio

encuentra guijarros con los cuales forma brillantes ejércitos.

Pues siempre podremos estar en un día que no es ayer ni mañana,

mirando el cielo nacido tras la lluvia

y escuchando a lo lejos

un leve deslizarse de remos en el agua.




JORGE TEILLIER (1933-1996)

poeta chileno




***




Jorge Teillier (Lautaro, 24 de junio de 1935-Viña del Mar, 22 de abril de 1996) fue un destacado escritor chileno que desarrolló el concepto de poesía lárica. En ella, se busca explorar la relación del hombre con la naturaleza y recuperar la experiencia cotidiana. En este poema el hablante establece que la felicidad se compone de pequeños momentos en los que el ser humano es capaz de comulgar con el mundo que lo rodea. Así, sin importar lo efímero que pueda resultar, el recuerdo funciona como un bálsamo que ayuda a traer de vuelta los bellos recuerdos.















DEL ASUNTO DEL DÍA. GANGRENAS DEMOCRÁTICAS, POR ANDREA RIZZI. 29 DE JUNIO DE 2026

 







La democracia, es notorio, atraviesa una fase de pésima salud. El último informe del prestigioso instituto V-Dem, publicado en marzo, considera que la calidad democrática ha retrocedido a escala global a niveles de 1978, antes de la gran ola democratizadora posterior a la caída del muro de Berlín. Europa, aunque menos golpeada que otras regiones, no está exenta de síntomas preocupantes en los criterios que se tienen en cuenta en ese tipo de informes —libertades, derechos, procesos electorales, participación, etcétera— pero hay otro elemento que sobresale ese marco y es especialmente inquietante: la capacidad de ese modelo de proveer una gobernanza eficaz, una fuerza tractora de acción y reforma adecuada a las exigencias del tiempo. Con ese prisma, el panorama europeo es desolador.

Francia, por ejemplo, encadena una llamativa serie de cambios de primer ministro —cinco desde 2024— con una sustancial inoperancia gubernamental, incluido un bloqueo presupuestario mientras la deuda pública se dispara. En los primeros años del macronismo sí hubo serios intentos de incidir, por ejemplo con reforma de pensiones o migratoria. Buena, mala o regular, hubo acción de Gobierno. En los últimos años, prácticamente nada. El plano judicial arrojó indignación generalizada recientemente al evidenciarse la inadecuada acción en casos de violencia sexual contra menores.

El Reino Unido no se queda atrás. Pronto tendrá su séptimo primer ministro en 10 años. La alternancia no es necesariamente de por sí un veredicto negativo, pero el balance político es desastroso, e incluso los dos años de gobierno laborista con una supermayoría parlamentaria arrojan uno francamente pobre. Cualquiera que no sea un experto tendría mucha dificultad en recordar algún elemento reseñable de reforma o acción de gobierno del Ejecutivo de Starmer.

Lo mismo ocurre en Italia, con otra mayoría muy sólida. Desgraciadamente, justo ayer llegó a la Cámara de Diputados un proyecto legislativo por el cual sí podría ser recordada esta mayoría capitaneada por la ultraderecha de Meloni: un intento de reformular la ley electoral, con un sistema que ofrecería un fuerte premio de mayoría a la coalición que gane alcanzando el 42% de los votos. La maniobra provoca fuerte rechazo en la oposición. Siempre es una pésima señal para una democracia el cambio de reglas del juego a golpes sin entendimiento con al menos parte de la oposición.

España, por su parte, es caso de especial interés. Los informes internacionales de referencia han atestiguado en los últimos años la persistencia de un alto nivel de calidad democrática, desmintiendo en cierta medida los cantos catastrofistas de la oposición que ve fantasmas autoritarios en cada sala gubernamental. Pero considerar por ello que las cosas van bien para la democracia española sería un error craso.

Tras una legislatura de extraordinaria fertilidad legislativa —con medidas acertadas y de calado como la reforma laboral, la ley de eutanasia o la ley de ingreso mínimo vital— la actual es una travesía en el desierto. La buena marcha de algunos datos económicos no puede ocultar el fracaso absoluto de una temporada desprovista de sustancial acción reformista. Un estado de semiparálisis nunca es positivo, pero en tiempos tan convulsos como estos es más necesaria que nunca una constante tarea de adaptación democrática a los retos del mundo. En España no hay presupuestos desde 2023 y durante años no se ha ni siquiera presentado un proyecto, en eminente desprecio del mandato constitucional. No hay ninguna perspectiva de que se apruebe legislación relevante hasta que se disuelva el Parlamento. Es un panorama desolador.

Ello se produce además en un contexto de toxicidad corrosiva. No debería ser tan difícil reconocer la coexistencia de dos verdades. Por un lado, el aparecer —además de una primera sentencia condenatoria— de serios indicios de graves conductas ilegales por parte de figuras clave del principal partido del Gobierno. Por el otro, acciones judiciales extraordinariamente llamativas que parecen obedecer a cálculos más políticos que legales.

Sin embargo, muchos simpatizantes del presidente Sánchez otorgan relevancia despropositada a lo segundo y tienden a cerrar los ojos ante lo primero. Los simpatizantes del PP hacen lo contrario, y olvidan pequeños detalles como los ordenadores rotos en la sede de su partido en un gesto de dudosa lealtad con la justicia, el whatsapp del senador popular Ignacio Cosidó en 2018 con el cual se jactaba del control desde atrás la Sala Segunda del Supremo (la penal) con un pacto que afortunadamente se desmoronó y una pléyade de casos de corrupción ya juzgados que introduce —a falta de conocer las muchas sentencias pendientes, algunas llamativamente lentas— de pleno derecho al PP en la Champions League de los partidos más corruptos de Europa en este siglo. El ranking sobre calidad democrática de los partidos elaborado por la asociación +Democracia, que preside la politóloga y socióloga Cristina Monge, presentado esta semana, arroja un análisis con varios motivos de inquietud y un claro suspenso de las dos principales formaciones.

Desprestigio e ineficacia son gangrenas democráticas muy serias. Lo primero es letal, pero lo segundo es peligroso también. En un ensayo breve publicado recientemente y muy cuestionable en muchos aspectos, Tony Blair sí dio con una clave difícil de refutar. Recurría el exprimer ministro británico a la metáfora de un muro para explicar el éxito de partidos antisistema de derecha. Su razonamiento es que en la vida política inexorablemente aparecen muros que impiden el camino directo hacia los objetivos. Las democracias demuestran cada vez más problemas para respetar normas y rodearlos con eficacia para proseguir el camino. Polarización, obstruccionismos, deficiencias de arquitectura institucional complican en demasía. Esto genera frustración en la ciudadanía. Los ultra prometen simplemente reventar los muros y pasar al otro lado. Esto atrae mucho.

Por supuesto, no es cuestión de abrazar sus tácticas y ponerse a reventar con todos los daños que ello provoca. Pero es hora de tener la altura moral de por lo menos evitar zancadillas en los caminos de rodeo, de entender que en algunas cosas básicas es necesario cooperar para el bien común, que, igual, echando una mano se puede saltar al otro lado sin dar un rodeo de kilómetros, y cosas por el estilo. Va en ello el nivel de eficacia mínimo imprescindible de la democracia.

Daniel Innerarity acaba de publicar un interesante ensayo (El futuro de la democracia, Galaxia Gutenberg), una recomendable lectura que teoriza sobre los riesgos que afronta este modelo de gobierno y también sobre sus rasgos de resiliencia. Correctamente, invita a no ceder a una visión de pesimismo excesivo y a una sobrevaloración de las capacidades de los adversarios de la democracia que solo espolea la resignación; exhorta a no centrarse solo en la amenaza procedente de los enemigos del modelo, sino en las disfunciones y en las dificultades de adaptación.

Los problemas existen, y aunque no debe cundir el pánico, sí deberían sonar las alertas. Actuemos para parar la gangrena antes de que se torne una amenaza vital. Andrea Rizzi es analista político. El País, 27 de junio de 2026.
















OLA, BOS DÍAS DE NOVO A TODOS E FELIZ LUNS, 29 DE XUÑO DE 2026, HOXE EN GALEGO, UNHA DAS LINGUAS DA MIÑA TERRA

 






Ola, bos días de novo a todos e a todas, e feliz luns e comezo de semana. Mentres agardamos máis novas da catástrofe que azouta á nosa irmá nación de Venezuela, imos ás entradas do blog de hoxe. A primeira é este "bos días" en galego, unha lingua tan española como o castelán, o catalán e o éuscaro. A seguinte entrada é da analista política Andrea Rizzi, que fala do pésimo estado da democracia no mundo actual. O poema de hoxe é do poeta chileno Jorge Teillier (1933-1996), e comeza con estas liñas: "Baixo o ceo nacido despois da choiva / escoito o suave deslizamento dos remos sobre a auga, / mentres penso que a felicidade / non é máis que o suave deslizamento dos remos sobre a auga". O arquivo do blog de hoxe é de hai exactamente un ano, e nel, o escritor arxentino Alejandro Katz reflexiona sobre como a masacre que Israel estaba a cometer en Gaza o levou a cuestionarse que significa ser xudeu despois de tanto horror. Despois das viñetas do día, pola tarde, tomando un café, o escritor Juan José Millás cóntanos o marabilloso que é que combinando as vinte e sete letras do alfabeto se poida escribir o Quixote, ou o manual de usuario do microondas, ou o Código de Tráfico e Seguridade Viaria, ou a Biblia en verso. E na entrada desta tarde, o escritor e académico Antonio Muñoz Molina dinos que a vestimenta e a posta en escena sempre foron cruciais para a credibilidade daqueles individuos aos que se lles atribúe o don de predicir o futuro, referíndose a un dos máis fraudulentos do último medio século, o economista Alan Greenspan, que acaba de morrer e cuxas predicións agora sabemos que non terían tanto éxito sen o acompañamento da súa vestimenta e os seus atributos rituais. Finalmente, como sempre, o autor do blog deséxalles aos seus lectores unha boa noite, esperando sinceramente que a Deusa Sorte e os benévolos Destinos sexan amables con eles. Espero que teñades un bo día e que as entradas do blog de hoxe vos resulten interesantes. Ata mañá, se a Deusa Sorte quere. Tamaragua, meus amigos. Quérovos. HArendt











 










ENTRADA NÚM. 10920

domingo, 28 de junio de 2026

BONA NOX, QUIES BONUM ET DULCIA SOMNIA. HODIE, DIE SOLIS, XXVIII IUNII, MMXXVI, LATINE

 






Salvete iterum, amici. Bona nox, quies bona et dulcia somnia omnibus hac nocte dominica, XXVIII-XXIX Iunii, MMXXVI. Spero vos diem bonum cum familiis et amicis vestris egisse. Gratias ex imo corde ago quod blog visitastis. Libenter existimarem vos visitatione vestra fructum esse. Tamaragua, amici mei. Dea Fortuna et Moirae benignae vobiscum sint. Usque ad cras. Amo vos. Oscula. HArendt















ENTRADA NÚM. 10919

REVISTA DE PRENSA DOMINICAL, 10. ¿OCHENTA MALDITOS AÑOS?, POR ROBERT REICH. 28 DE JUNIO DE 2026

 





Amigos: Hoy comienzo mi novena década en la Tierra. Es asombroso y angustiante, pero supongo que es mejor que la alternativa.

En sus últimos años, mi padre siempre respondía a mi pregunta telefónica semanal, "¿Cómo estás, papá?", con un enérgico "¡Sigo aquí!".

Me duelen varias articulaciones, no recuerdo nada, ya no puedo hacer 20 flexiones seguidas, varios buenos amigos han fallecido, me está saliendo cada vez más pelo y no oigo muy bien (sobre todo en los restaurantes). Pero bueno, aquí sigo.

Y no somos los únicos. Todos los nacidos en 1946 que aún viven están a punto de cumplir 80 años. En 1946 nacieron más bebés que en cualquier otro año de la historia estadounidense hasta entonces: 3,4 millones de pequeños, un 20% más que el año anterior. Por eso se le llamó un auge.

Trump tiene ahora 80 años. No me enorgullece. Es un desastre como persona, física, mental y moralmente.

George W. Bush cumplirá 80 años en 12 días. Trump es probablemente lo mejor que le ha pasado a George W., porque ya no será recordado como el peor y más estúpido presidente de la historia moderna de Estados Unidos.

A Bill Clinton le queda aproximadamente un mes para cumplir 80 años. Todavía luce estupendo, pero su voz parece haber subido dos octavas, sonando un poco como un neumático chirriante. Eso es algo que suele pasar.

Dolly Parton cumplió 80 años el 19 de enero de este año. Todavía no la he conocido. Conocerla ha sido uno de mis mayores sueños durante seis décadas. Tiene mi misma estatura. Compartimos valores similares. Llevo enamorado de ella desde los 15 años, pero hasta ahora, nada.

Cher cumplió 80 años el 20 de mayo de este año, y yo tampoco la conozco. Pero me reconforta saber que alguien puede verse tan fabulosa a esa edad.

Cuando era niño, mi abuela Frances fue cortejada por un hombre llamado Jack Hirsch, que entonces tenía 80 años. Jamás había conocido a alguien tan mayor como Jack. Me daba miedo hablar en voz alta en su presencia, estornudar o toser, por temor a que se desmayara y muriera. Recuerdo pensar que podría ser Matusalén (quien, según la Biblia, vivió hasta la avanzada edad de 969 años).

¿Qué sucede después de alcanzar una edad avanzada? ¿Acaso uno madura hasta pudrirse?

La Biblia menciona setenta años de vida. La tecnología moderna y la industria farmacéutica añaden al menos una década, lo que nos lleva a los nacidos en 1946 a donde estamos ahora. Y más allá de eso, la vida es aún mejor. "Después de los 80, todo va de maravilla", solía decir mi padre. (Su vida de maravilla duró casi 22 años).

Toda esta parafernalia sobre el 250 aniversario de Estados Unidos oculta que todavía somos una nación joven. Si nos pusiéramos tres personas de 80 años una tras otra, seríamos casi tan viejas como el país. Pasaron aproximadamente 80 años entre la fundación de la nación y la Guerra Civil, otros 80 entre la Guerra Civil y la Segunda Guerra Mundial, y luego unos 80 desde el final de la Segunda Guerra Mundial hasta ahora.

La esperanza de vida de las mujeres estadounidenses es ahora de 81,4 años de media; la de los hombres, de 76,5, así que ya he superado las probabilidades. ¿Por qué las mujeres viven más de cinco años que los hombres? ¿Acaso la evolución las ha hecho más fuertes? ¿O es que los hombres se desgastan compitiendo con otros hombres, como consecuencia de la sobredosis de testosterona? Y si es esto último, ¿por qué demonios sigue vivo Trump?

La esperanza de vida es importante, pero la salud es igualmente importante. Con salud me refiero a cuánto tiempo te sientes bien.

Ayer me encontré con una antigua alumna que, al verme, exclamó: «¡Qué bien te ves!». Le di las gracias, aunque probablemente solo estaba siendo amable. Una amiga mayor me dijo una vez que la vida tiene cuatro etapas: juventud, mediana edad, vejez y «¡Qué bien te ves!». Ahora estoy en la cuarta.

Mi deseo para ti es que tengas una larga vida y una buena salud, que disfrutes cada día, que pases tiempo con la gente que amas y valoras, que te olvides de todas las nimiedades, que no le desees el mal a nadie (excepto quizás a Trump) y que sigas luchando por lo que es bueno, noble e importante.

Y, sin importar tu edad, te agradezco que me acompañes en este viaje. (Por cierto, te ves genial). Robert Reich es economista y profesor. Substack, 24 de junio de 2026.

















REVISTA DE PRENSA DOMINICAL, 9. GUERREROS, PREOCUPADOS Y COBARDES DE CLASE, POR ROBERT REICH. 28 DE JUNIO DE 2026

 





Amigos: El alcalde de la ciudad de Nueva York, Zohran Mamdani, logró hoy su objetivo de construir una base de poder socialista en la Gran Manzana. Sus candidatos al Congreso, Brad Lander, excontralor de la ciudad, y dos socialistas demócratas, Darializa Ávila Chevalier y Claire Valdez, ganaron sus respectivas elecciones.

Mamdani afirmó que los resultados demostraban que su victoria en las elecciones a la alcaldía el año pasado marcó un punto de inflexión en la política progresista. «No fue el final de un movimiento político, sino su comienzo».

Pero creo que es más que eso. Los demócratas de todo el país se enfrentan ahora a la mayor oportunidad que han tenido desde la Segunda Guerra Mundial para cambiar el panorama político estadounidense.

La última vez que los estadounidenses se enfrentaron a pruebas tan abrumadoras de que los intereses económicos los estaban estafando fue durante el Gran Crack de 1929 y la consiguiente Gran Depresión, que culminó con la presidencia de Franklin D. Roosevelt, a partir de 1933.

Lo único positivo del actual espectáculo de terror de Trump, Musk, Bezos, Ellison, Murdoch y Koch es que la mayoría de los estadounidenses ahora saben, sin lugar a dudas, que están perdiendo una guerra de clases y, con razón, están furiosos. Una encuesta de Harris del año pasado reveló que el 53% de los estadounidenses cree que "los multimillonarios amenazan nuestra democracia". Esta cifra representa un aumento con respecto al 46% de 2024. Una encuesta de The Economist/YouGov de este año reveló que el 80% de los estadounidenses considera que la brecha entre ricos y pobres es un problema.

No es de extrañar. El primer trillonario de Estados Unidos es un supremacista blanco despiadado que incita al odio en todo el mundo y financia a candidatos republicanos con grandes sumas de dinero. Los multimillonarios estadounidenses se congracian abiertamente con el primer dictador de Estados Unidos, gastando sin medida en lo que él desea y absorbiendo medios de comunicación para que la mayoría de los estadounidenses no se enteren de lo que sucede.

Mientras tanto, la participación de los trabajadores en la renta nacional ha caído a su nivel más bajo desde que se tienen registros en 1947, mientras que la participación de los beneficios es la más alta desde 1950.

Esto es moralmente incorrecto. «Los ingresos del capital corren el riesgo de sustituir los ingresos del trabajo», escribió el Papa León XIII en Magnifica Humanitas , su reciente encíclica.

También está socavando nuestra democracia. «Estados Unidos tiene que elegir», se dice que afirmó el jurista Louis Brandeis. «Podemos tener una gran riqueza en pocas manos o podemos tener una democracia, pero no podemos tener ambas cosas».

Es hora de que los demócratas afronten la guerra de clases que la oligarquía del país libra contra la mayoría de los estadounidenses, convirtiéndose ellos mismos en luchadores de clase.

Cuando hablo de lucha de clases, no me refiero a recurrir a la violencia ni a los insultos. Me refiero a reconocer que una clase multimillonaria es perjudicial para Estados Unidos y exigir cambios audaces para revertirla: gravar las grandes riquezas, desmantelar los monopolios, fortalecer los sindicatos, aumentar el salario mínimo, exigir la participación en las ganancias y en el capital, garantizar la atención médica universal y una renta básica universal, y eliminar la influencia del dinero en la política.

Franklin D. Roosevelt no temía ser un defensor de la lucha de clases: «Nunca antes en toda nuestra historia [los intereses económicos] habían estado tan unidos contra un candidato como lo están hoy», tronó en 1936. «Son unánimes en su odio hacia mí, y yo celebro su odio».

Pero hoy en día, la mayoría de los políticos demócratas se muestran reacios a enfrentarse a los oligarcas. Aparte de Bernie Sanders, Alexandria Ocasio-Cortez y Zohran Mamdani, ¿quién más lo está haciendo públicamente?

En lugar de ser defensores de la lucha de clases, muchos políticos demócratas se preocupan por las desigualdades sociales . Les preocupa abiertamente que las desigualdades de ingresos, riqueza y oportunidades estén fuera de control, pero no luchan por lo que se debe hacer. Me refiero a los demócratas moderados de la Tercera Vía, que se centran en los votantes indecisos de los suburbios, y a los consultores de Washington que instan a los candidatos demócratas a acercarse al centro.

El líder de la minoría en el Senado, Chuck Schumer, ha estado tratando de contener la creciente ola de disidentes demócratas , pero el futuro de Schumer como presunto líder del Partido Demócrata parece estar en duda.

Algunos demócratas son simplemente unos cobardes de clase, tan temerosos de ofender a los intereses económicos que financian sus campañas que ni siquiera apoyan reformas modestas.

Incluso aquí en California, la supuesta cuna de la política progresista en Estados Unidos, demasiados políticos demócratas se están acobardando. El gobernador de California, Gavin Newsom, se opone públicamente a la iniciativa del impuesto a la riqueza que figura en la boleta electoral de noviembre, por temor a que los multimillonarios abandonen el estado (cosa que no sucederá). El alcalde de San Francisco, Daniel Lurie, lideró la oposición a una medida electoral municipal para ampliar la tasa impositiva corporativa más alta de la ciudad a las empresas cuyos directores ejecutivos ganan al menos 100 veces más que el salario medio de sus empleados. La medida fue derrotada por un estrecho margen.

Esto tiene que cambiar. A menos que los demócratas se enfrenten a los oligarcas que ahora gobiernan esta nación, no habrá ninguna alternativa al republicanismo de Trump en el futuro, ni ninguna razón para que exista un Partido Demócrata.

Este debería ser el momento de los demócratas. Con una desigualdad sin precedentes, con un trillonario racista y decenas de multimillonarios envenenando nuestra política, con ganancias corporativas récord mientras la mayoría de los trabajadores estadounidenses luchan más que nunca para sobrevivir, con una mayoría republicana en el Congreso recortando Medicaid y los cupones de alimentos para financiar una reducción de impuestos para los superricos, con la amenaza latente de que la IA destruya empleos, y con uno de los políticos más descaradamente corruptos de la historia estadounidense ocupando ahora el Despacho Oval, ante todo esto, los demócratas deberían alzar la voz al menos con la misma fuerza que lo hicieron bajo el mandato de Franklin D. Roosevelt.

El Partido Demócrata debe esforzarse por devolver al pueblo estadounidense la riqueza y el poder que los obscenamente ricos le han arrebatado. Este debería ser el mensaje central del Partido Demócrata. Explica la crisis de asequibilidad. Revela la epidemia de corrupción. Aclara el tema de los privilegios corporativos y el capitalismo de amiguetes. Muestra lo que hay que hacer. Robert Reich es economista. Substack, 23 de junio de 2026.