martes, 28 de abril de 2026

SALUDOS EN LAS LENGUAS DE MI PATRIA. HOY MARTES, 28 DE ABRIL DE 2026, EN CASTELLANO

 








Hola, buenos días de nuevo a todos y feliz martes. Nuevo atentado fallido contra Trump. Todas las hipótesis quedan abiertas. Hasta la de que sea un montaje… Pero vamos con las entradas del blog de hoy. La primera, escrita por la psicóloga Patricia Fernández, en El tema de cada día, preguntándose porque la gente cada día participa menos en política. La segunda, un archivo del blog de abril de 2019 en la que el politólogo Pablo Simón se preguntaba si los votantes, a la hora de votar, preferían ser comensales o parte del menú. El poema del día, en la tercera, es la Oda a la Francia, de Rubén Darío. Y la cuarta, como siempre, son las viñetas de humor. El saber del café de la tarde es del también politólogo Fernando Vallespín, y va del tan traído y llevado asunto de la prioridad nacional, que tiene al PP cogido por los t… por parte de Vox, que además, no suelta la presa ni por caridad. La primera revista de prensa de la noche la firma el historiador Timothy Garton Ash y va de como sobrevivir a los 1000 días que le quedan de mandato a Trump. La segunda la firma Máriam de Juan, directora del Colegio Libre de Eméritos, y habla de Deconstrucción y constructivismo social. Y la tercera de la noche la firma el politólogo Eduardo Bayón y va del vacío absoluto a la izquierda del PSOE. Espero que las disfruten. Tamaragua, amigos míos. Nos vemos mañana si la diosa Fortuna lo permite. Sean felices, se lo ruego: se lo merecen. Besos. Les quiero. HArendt  















DEL TEMA DEL DÍA. ¿POR QUÉ LA GENTE PARTICIPA POCO EN DEMOCRACIA?, POR PATRICIA FERNANDEZ MARTÍN. 28 DE ABRIL DE 2026

 









Según el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), alrededor del 70% de la población española percibe que tiene poca o ninguna influencia sobre las decisiones del gobierno. A nivel internacional, la OCDE señala que solo alrededor del 30% de la ciudadanía confía en que su gobierno incorpore realmente las aportaciones de procesos participativos o consultas públicas.

¿Está la democracia en crisis? Cada vez la política interesa a menos personas, y se observa una disminución de la participación democrática. Así lo dictaminó Javier Pérez González, director de Political Watch, en su intervención en La Granja 2026 de Foro de Foros. Pérez González afirma que este fenómeno responde a un problema estructural al que denomina la «doble desconfianza» y que aparece en las democracias actuales. Este concepto permite articular una explicación integral que combina factores institucionales y percepciones ciudadanas.

Por un lado, la ciudadanía ha dejado de confiar en que su participación sirva para cambiar algo y tenga un impacto real en las decisiones públicas. Los datos confirman esta idea. Según el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), alrededor del 70% de la población española percibe que tiene poca o ninguna influencia sobre las decisiones del gobierno. Entre la población joven, esta percepción es aún mayor, ya que estudios del Eurobarómetro indican que entre el 70% y el 80% de los jóvenes, cree que los políticos no tienen en cuenta sus opiniones. A nivel internacional, la OCDE señala que solo alrededor del 30% de la ciudadanía confía en que su gobierno incorpore realmente las aportaciones de procesos participativos o consultas públicas. Por otro lado, las propias instituciones muestran en ocasiones reticencias hacia la participación ciudadana, considerándola poco relevante o poco eficiente para la elaboración de políticas públicas. Esta dinámica evidencia una desconexión progresiva entre gobernantes y ciudadanía.

Lo cierto es que los mecanismos institucionales de participación, como las consultas públicas, muestran niveles bajos de implicación. Diversos análisis de gobernanza, incluidos los de organizaciones como Political Watch, señalan que muchas de estas consultas reciben pocas aportaciones, lo que sugiere que funcionan más como meros trámites que como espacios formales de deliberación. En consecuencia, se reduce su capacidad para influir en la toma de decisiones públicas. Esta tensión de doble desconfianza debilita la calidad democrática y limita el efecto transformador de la participación, cuando la evidencia indica que los procesos participativos bien diseñados generan políticas más sólidas, estables y legitimadas socialmente, incluso en relación a temas conflictivos. Pero las responsabilidades están repartidas entre la responsabilidad de las administraciones y la responsabilidad de la ciudadanía, lo que resulta clave para entender la persistencia del problema.

El problema de la baja participación se relaciona también con el diseño institucional. En España, los mecanismos participativos presentan limitaciones importantes. Las iniciativas legislativas populares (ILP), por ejemplo, están recogidas en la Constitución de 1978, pero su impacto ha sido muy reducido. De cerca de 150 iniciativas presentadas, solo unas pocas han sido aprobadas. Esto puede estar debido a las barreras como la exigencia de 500.000 firmas, la exclusión de determinadas materias y la posibilidad de que el Parlamento rechace la iniciativa incluso tras haber cumplido los requisitos formales previos. Estas barreras elevan significativamente el coste de participación para la ciudadanía. Algo parecido ocurre con el derecho de petición, también constitucional. Aunque en otros países puede activar debates parlamentarios o comisiones de investigación, en España su uso es marginal y poco conocido. Esta falta de visibilidad reduce su potencial como herramienta de influencia política. Desde la psicología social, estas experiencias repetidas de ineficacia y la poca claridad y difusión de los procesos refuerzan la percepción de que participar no produce resultados, alimentando el desinterés en la política. Además, existe un asunto clave como es la ausencia de retroalimentación en muchos procesos participativos. En numerosas consultas públicas, la ciudadanía no recibe información clara sobre cómo se han utilizado sus aportaciones. Esta falta de devolución impide que la participación genere aprendizaje o reconocimiento, y desde una perspectiva conductual reduce la probabilidad de repetir el comportamiento participativo en un futuro.

Más allá del diseño institucional, existe otro aspecto relevante que tiene que ver con la dimensión cultural. En España, la participación no está plenamente integrada en la vida cotidiana de una gran parte de la población. Por ejemplo, la implicación de los padres en asociaciones escolares como las AMPAs es baja en muchos lugares, con niveles de no participación que alcanzan el 70–80%. O, por ejemplo, pocas personas votan para la transformación de una plaza del ayuntamiento de tu ciudad. Del mismo modo, la participación electoral en elecciones europeas ha descendido desde niveles cercanos al 70% en 1987 hasta aproximadamente el 45–50% en convocatorias recientes. Esta falta de hábitos participativos en temas cotidianos dificulta la implicación en niveles más complejos o abstractos de la política. A esto se le puede añadir un déficit de conocimiento práctico sobre cómo participar en los mecanismos institucionales disponibles, que tampoco se difunden de manera accesible y correcta para que le llegue a un número amplio de la población. Este déficit informativo limita la capacidad de implicación ciudadana.

A todo esto, se le suma un cambio cultural más internacional vinculado al aumento del individualismo. Diversos análisis de la OCDE apuntan a una menor implicación de las personas en lo colectivo y una mayor prioridad de los intereses individuales, fenómeno que debilita el sentido de pertenencia y las «obligaciones democráticas». Este cambio de valores transforma la relación entre el individuo y lo público. El entorno digital también contribuye a esta dinámica de desconexión. Las redes sociales fragmentan el espacio público y dificultan la construcción de narrativas comunes ante los retos que se tienen como sociedad. La exposición a contenidos polarizados reduce la capacidad de generar consensos.

Desde la psicología social, todo ello refuerza la baja autoeficacia política percibida. Cuando las personas creen que no pueden influir, tienden a no participar, lo que genera un círculo vicioso. La baja participación reduce la experiencia, la falta de experiencia refuerza la desconfianza y esta, a su vez, reduce aún más la participación.

Sin embargo, esto no implica que la democracia esté en crisis como sistema. En la mayoría de democracias, las instituciones continúan funcionando con estabilidad, existe separación de poderes y los mecanismos básicos del Estado operan con normalidad. Cierto es que la corrupción sigue existiendo, pero se le destapa y cuando esto sucede, también es gracias a los medios de comunicación, al sistema judicial y a los órganos de control pertinentes. Además, también hay consensos políticos y un trabajo de llegar a acuerdos y demás en el trabajo de comisiones que son desconocidos para el púbico, ya que parece que hay un esfuerzo deliberado de exhibir solo la polarización y la crispación, lo que contribuye a una percepción pública distorsionada del funcionamiento institucional.

En relación a la tecnología, los resultados son ambivalentes. La inteligencia artificial, aunque útil para analizar datos o detectar irregularidades según la OCDE, no sustituye los procesos deliberativos fundamentales de la democracia. Parece peligroso dejar que la inteligencia artificial sea la que redacte textos legislativos. Pero los estudios sí muestran que puede mejorar la participación, la transparencia y la gestión de la información. Las plataformas digitales pueden integrar propuestas ciudadanas en la toma de decisiones cuando existe una cultura participativa previa. En sociedades con alta participación, las herramientas digitales amplifican la implicación como en Reikiavik con la herramienta del ayuntamiento Better Reikiavik; en contextos con baja participación, su efecto es limitado.

Para revertir la baja participación, es clave reforzar la relevancia, utilidad y reconocimiento del acto ciudadano. Desde la Teoría de la autodeterminación de Deci y Ryan, la motivación política depende de tres necesidades básicas como son la competencia, la autonomía y el impacto. Cuando estas condiciones no se cumplen, la motivación desaparece. A esto se le une que el dilema que se plantee al ciudadano sea relevante para él. La conexión con problemas concretos aumenta la implicación.

Para ello, es necesario ceder espacios reales de influencia a la ciudadanía, reforzar la rendición de cuentas y explicar claramente cómo se han utilizado sus aportaciones. Además, los procesos deliberativos deben acercarse a la vida cotidiana, poniéndolo fácil e integrándose en espacios accesibles como son los centros educativos, comunitarios o espacios públicos, en lugar de depender exclusivamente de plataformas digitales. Algunas experiencias innovadoras en Alemania han llevado con éxito la participación a entornos cotidianos como el transporte público (lugar de tránsito en el que muchas personas pierden el tiempo con el móvil). La participación tiene que ser agradable y convertirse en una experiencia satisfactoria.

Como conclusión, la baja participación democrática es un fenómeno complejo donde confluyen factores psicológicos, culturales, políticos e institucionales. La desconfianza y la baja autoeficacia percibida generan un círculo de desmotivación que reduce la implicación ciudadana. Romper este círculo resulta fundamental para fortalecer la calidad democrática. Sin embargo, existen señales de esperanza. Según una encuesta de 40dB para El País y Cadena SER, alrededor del 40% de la población española estaría dispuesta a realizar sacrificios personales en defensa de la democracia. Este dato sugiere que existe una base dispuesta a volverse a implicar si se dan las condiciones propicias. Para ello, es necesario que la ciudadanía perciba que su participación tiene un impacto real, que su voz es escuchada y que influye en las decisiones públicas. PATRICIA FERNÁNDEZ MARTÍN es psicóloga. Publicado en Ethic el 24 de abril de 2026.
























DEL ARCHIVO DEL BLOG. ¿PREFIERE SER COMENSAL O PARTE DEL MENÚ?, POR PABLO SIMÓN. PUBLICADO EL 3 DE ABRIL DE 2019

 







Los votos que entran en la urna para generar representación son ciegos a la condición del votante, pero debe tener en cuenta que si decide no acudir a votar y quedarse en su casa, se convertirá en parte del menú y no en comensal de la cita electoral. 

La pelota del 28 de abril está en el aire, escribe el profesor de Ciencia Política de la Universidad Carlos III de Madrid, Pablo Simón. Por muy pocos votos de diferencia, comienza diciendo, la balanza se puede decantar de un lado o del otro, de la continuidad del Gobierno actual o de una coalición a la andaluza. Cosa especialmente cierta, además, en las provincias de menos de nueve diputados, donde los escaños pueden bailar por márgenes pequeños. De ahí el consenso sobre el papel clave que jugará la participación electoral.

¿Por qué votar? Desde una perspectiva egoísta, el acto encierra una paradoja: parece que difícilmente un solo voto será el decisivo en el resultado último. Sin embargo, si seguimos participando masivamente en los comicios es porque para muchos ciudadanos subyace la idea de que hacerlo es un deber cívico. Es verdad que las investigaciones de Carol Galais y André Blais señalan que la Gran Recesión ha debilitado algo ese sentimiento en España, especialmente entre los jóvenes, pero incluso en lo más crudo de la crisis este compromiso ciudadano siguió siendo crucial.

Al fin y al cabo, no debería olvidarse que votar tiene dos propiedades únicas. Por una parte, se trata de un sistema de influencia totalmente igualitario. Mecanismo muy barato de participación (apenas acercarse unos minutos un día al colegio electoral), cuando los votos entran en la misma urna para generar representación son ciegos a la condición del votante. La papeleta de un rico o un pobre, de un sabio o un necio, todas cuentan lo mismo. La idea radicalmente democrática de que cada ciudadano es soberano identificando lo que más le conviene a él y al país.

Por otra parte, el voto que permite a los ciudadanos elegir privadamente y en libertad, sin coacción, aquella opción política que prefieren. Otras formas de participar como una protesta, una manifestación o una queja con frecuencia implican el coste de mostrarse al público. El voto, por el contrario, es un acto anónimo, lo que protege contra la represalia de los poderosos. No es casualidad que la conquista de este derecho y sus propiedades (universal, libre, igual, directo y secreto), estuviera encabezada por el obrerismo, el feminismo o los grupos raciales de muchos países. Los más vulnerables frente al poder.

La participación electoral fue baja en 2016 ya que el agotamiento de la repetición electoral y la baja competitividad desmovilizó a ciertos votantes. Ahora, el escenario está abierto.

Una polarización importante en la campaña debería moverla al alza, pero es cierto que las encuestas no son congruentes y tan lejos de las elecciones cualquier previsión es osada. Eso sí, solo hay una certeza para los ciudadanos que aún dudan si participar: si con su voto no se sientan a la mesa, serán parte del menú. PABLO SIMÓN es politólogo.





























DEL POEMA DE CADA DÍA. ODA A LA FRANCIA, POR RUBÉN DARÍO

 






ODA A LA FRANCIA.




Un viento lleno de sollozos sobre el mar impasible

llega hasta aqui. La Francia escucha grave. Pues

son las voces desoladas, el dolor terrible,

de las Hecubas que lloran, de las Américas de oro.

Allá en el horror y la injuria y el odio

los cazadores de la muerte han tocado el "halalí"

y soplando otra vez su venenoso aliento

se creería ver la boca de Huitzilopoxtlí.

¡Pareciera que todos los demonios del pasado

acabasen de despertar, envenando la tierrra!

Si contra nosotros estandarte sangriento se ha levantado

es el horrible estandarte de este tirano: ¡la guerra!

Gritemos: ¡Paz!, bajo los fuegos de los combatientes en Marcha.




RUBÉN DARÍO (1867-1916)

poeta nicaragüense




***



Félix Rubén García Sarmiento, conocido como Rubén Darío (Metapa, 18 de enero de 1867-León, 6 de febrero de 1916), fue un poeta, escritor, periodista y diplomático nicaragüense. Fue máximo representante del modernismo literario en lengua española. Es, quizás, el poeta que ha tenido una mayor y más duradera influencia en la poesía del siglo XX en el ámbito hispano, y por ello es llamado «príncipe de las letras castellanas». Debido a los cambios y avances literarios que incorporó Rubén Darío en su momento, este autor fue calificado como el máximo exponente del modernismo en España. No obstante, no es incluido directamente dentro de la Generación del 98 o Generación del 27, si no que se encuentra un paso adelantado, ya que toda su producción literaria sirvió como las bases para que en el futuro se llevasen a cabo estos movimientos o grupos de intelectuales literarios, donde posteriormente, destacarían figuras como Miguel de Unamuno, Azorín, Pío Baroja, Antonio Machado o Valle-Inclán en la Generación del 98 y García Lorca, Rafael Alberti, Luis Cernuda, Pedro Salinas, Jorge Guillén o Vicente Aleixandre en la Generación del 27.




















DE LAS VIÑETAS DE HUMOR DEL BLOG DE HOY MARTES, 28 DE ABRIL DE 2026

 


































lunes, 27 de abril de 2026

REVISTA DE PRENSA. ESPECIAL NOCHE TRES. CONSEJOS QUE LOS DEMÓCRATAS NO DEBERÍAN SEGUIR, POR DAMON LINKER. 27 DE ABRIL DE 2026

 






El presidente Donald Trump pasa junto al presidente del Tribunal Supremo, John Roberts, y los magistrados Elena Kagan, Brett Kavanaugh y Amy Coney Barrett a su llegada para el discurso sobre el Estado de la Unión durante una sesión conjunta del Congreso en el Capitolio de los Estados Unidos el 24 de febrero de 2026, en Washington, D.C. (Foto de Win McNamee/Getty Images).

Por segunda vez en menos de un mes, publico un ensayo dedicado a discrepar con una de las entradas diarias de Jonathan V. Last en The Bulwark, en la sección Triad . No creo que esto indique un cambio en mis convicciones o alianzas ideológicas. Al contrario, lo que Last defendió en su entrada del miércoles pasado es algo que he estado criticando durante años, desde mi época como columnista de opinión, cuando mi colega de izquierda progresista en The Week , David Faris, lo defendía con vehemencia. Eso fue durante la primera administración Trump. Así que, al menos en este tema, he sido coherente durante bastante tiempo. Como Last señala en su entrada, eso no se aplica a él. Antes tenía una opinión diferente a la que defiende ahora.

Eso, en sí mismo, no nos dice nada sobre quién tiene razón. Quizás las circunstancias hayan cambiado de tal manera que la postura que Last defiende actualmente se haya vuelto razonable, mientras que mi coherencia al oponerme a esa postura demuestra mi incapacidad para evolucionar según lo exige nuestro momento político. Como era de esperar, no lo creo.

El tipo adecuado de juego duro político. La postura que Last ahora defiende —y que yo siempre he rechazado— es la ampliación del Tribunal Supremo ("manipulación del tribunal") llevada a cabo por un futuro presidente demócrata y una mayoría demócrata en el Senado. DAMON LINKER es profesor de Ciencias Políticas. Publicado en Substack el 25 de abril de 2026.



























REVISTA DE PRENSA. ESPECIAL NOCHE DOS. SÍ, LA DERECHA TIENE UNA OMNICAUSA, POR VIRGINA KARNSTEIN. 27 DE ABRIL DE 2026

 







La semana pasada, el presidente Trump aceptó un pedido de DoorDash de una abuela de diez hijos residente en Arkansas, quien rápidamente se hizo conocida como la Abuela DoorDash. La iniciativa tenía como objetivo celebrar la política de "no gravar las propinas". Dado que la Abuela DoorDash, cuyo nombre real es Sharon Simmons, recibe propinas, ha ahorrado dinero al no pagar impuestos sobre estas. Surgieron preguntas sobre cuánto podría haber ahorrado realmente , si se trata de una infiltrada debido a su participación en otras actividades de activismo republicano, etc. ¡En fin! Ese no es el tema que me interesa.

Lo que me interesa es un momento en que Simmons está de pie junto al presidente mientras él responde preguntas de la prensa. En un momento dado, Trump argumenta que los demócratas tienen que recurrir a métodos nefastos para ganar. «Hacen trampa», afirma. «No pueden ser elegidos con sus políticas… Quieren fronteras abiertas. Quieren que los hombres jueguen en deportes femeninos». Se dirige a Simmons: «¿Cree que los hombres deberían jugar en deportes femeninos?». Ella responde: «Realmente no tengo una opinión al respecto». Trump insiste, diciendo que apuesta a que sí tiene una opinión, y ella reafirma: «Estoy aquí por la eliminación de impuestos sobre las propinas».

Aquello me pareció un momento extraordinario, no por mi opinión sobre las mujeres trans en el deporte femenino, sino porque lo que parecía una apuesta segura para Trump resultó no serlo tanto. Uno podría suponer que una mujer que aparece en televisión con Trump, que probablemente vota por el partido republicano y que promueve con entusiasmo una política emblemática de Trump, le daría un entusiasta «Amén» sobre este tema tan ajeno a la inclusión trans. En ese momento, Trump —y probablemente muchos espectadores— dieron por sentada la omnicausa de la derecha. Sorprendentemente, no se mantuvo.

Conocí el término «omnicacause» por primera vez en un artículo de Hadley Freeman de 2024. Como lo expresa Freeman: «La Omnicause es, sencillamente, todas las causas que te deben importar si eres un buen progresista, reunidas en una sola, porque todo en el mundo está conectado». Así, «los derechos trans están conectados con los derechos palestinos, que a su vez están conectados con las preocupaciones ambientales, y cualquier progresista que se precie y se preocupe por una tiene que preocuparse por las otras dos… Según la Omnicause, todas están conectadas mágicamente. Es el cúmulo de causas, y lo que las une es el narcisismo occidental».

Freeman define la omnicausa como algo específicamente progresista. No estoy de acuerdo. La derecha —y tengo mi propia experiencia personal para respaldarlo— es más que capaz de tener una omnicausa, y lo que vimos en la incómoda interacción del presidente Trump con la abuela de DoorDash fue la suposición de que el "bote de grasa" de MAGA se mantendría firme. Si apoyas las políticas fiscales de Trump, seguramente no quieres que las mujeres trans participen en deportes femeninos, ¿verdad? En realidad, ambas cosas no tienen nada que ver entre sí, salvo que se engloban bajo el paraguas de MAGA. Si se asume que la omnicausa es bastante débil en la derecha, podría estar fortaleciéndose, especialmente bajo MAGA y las crecientes teorías conspirativas que intentan unificar diversas preocupaciones de la derecha bajo un mismo paraguas.

Me percaté por primera vez de la omnicausa de la derecha cuando yo mismo me encontraba en la extrema derecha. A principios y mediados de la década de 2010, formé parte de un movimiento de derecha poco estructurado llamado "alt-lite". A diferencia de la alt-right, que generalmente se clasificaba como nacionalista blanca y se centraba en gran medida en la raza, el alt-lite no se centraba en la raza ni era abiertamente supremacista blanco, aunque detestaba lo que se conocería como política racial "woke". En muchos sentidos, el alt-lite anticipó la esfera mediática "antiwoke", ahora obsoleta. Tenía un grado inusual de diversidad sexual y de género, con mujeres y personas LGBT (sí, incluso T) formando gran parte de su vanguardia. Hoy en día, creo que las vibraciones del alt-lite son demasiado convencionales como para volver a hablar de ellas. El alejamiento de la derecha del control moral hacia la transgresión amoral y un sentido del humor provocador me parece impulsado por la irreverente corriente alternativa moderada, junto con, en cierta medida, la derecha alternativa más sombría y menos aceptable.

Cuando lamentablemente estaba en la corriente alternativa más ligera, estas son algunas de las cosas contra las que la mayoría de nosotros gritábamos todo el tiempo: Lo que parecían ser excusas para los disturbios. Feministas (incluso a mí me molestaban las que consideraba ridículas). Sentimiento antipolicial. Activistas a favor de la obesidad. Enfermedad mental “fingida”. Controlar el discurso de la derecha. Guerreros de la justicia social.

Esos parecen objetivos de queja triviales para la derecha convencional, o incluso para el centro hasta cierto punto, pero la alt-lite fue mucho más a la derecha que el conservador promedio. Tenía sus puntos, pero la alt-lite era radical y feroz. Se podrían notar vínculos entre algunas de estas cosas, mientras que otras podrían parecer aleatorias si no estuvieran vagamente conectadas por el emergente "fatberg". La alt-lite parecía una contraparte de 4chan a la normalización de las ideas culturales progresistas asociadas principalmente con Tumblr. Era un contra-fatberg.

Para mí, una de las principales razones por las que me sentí atraída por la corriente alternativa fue su contenido anti-gordura. Estaba lidiando con un par de trastornos alimenticios incipientes y los medios alternativos me ofrecían contenido que reforzaba la idea de que ser gordo era repugnante, un combustible muy útil para mi trastorno alimenticio. Un argumento frecuente era que "avergonzar a las personas gordas funciona". ¿Qué tiene eso que ver con las críticas al "antirracismo" en las que también participaba al mismo tiempo? No mucho, pero, al agruparlas, fue fácil crear una contraofensiva contra ellas.

Mientras que la izquierda recurre al concepto académico de interseccionalidad para cohesionar las ideologías de su omnicausa, la derecha podría estar utilizando teorías conspirativas con el mismo propósito, ante la ausencia de opciones académicamente aprobadas para explicar por qué los elementos de su "boca de grasa" están unidos. Diversas teorías conspirativas que abarcan una amplia gama de temas, como la teoría del gran reemplazo, pueden llevar a cabo esta tarea de dar sentido a fenómenos dispares que la derecha critica, encontrando conexiones donde no las hay, o parecen no haberlas. Del mismo modo que la interseccionalidad le da a la izquierda una razón para vincular Palestina con los derechos trans, las teorías conspirativas generalizadas podrían proporcionarle a la derecha el elemento cohesionador que necesita para su propia "boca de grasa", en lugar de permitir que esta se forme únicamente en relación con la "boca de grasa" opuesta.

Lamento haber pertenecido a la extrema derecha. Dije cosas groseras e inexactas y apoyé un movimiento que irrumpió en la corriente principal de una manera que ahora reconozco como perjudicial. Fue la crueldad y la postura opositora lo que finalmente me alejó de la derecha. Me di cuenta de que la política era un juego perverso para muchos en la derecha alternativa, incluyéndome a mí, y que ya no podía seguir apoyándola. También comprendí que formar parte de lo que ahora llamaría un "contra-gordo" no me aportaba ninguna visión positiva del mundo; simplemente me convertía en un gladiador retórico contra algo. Afortunadamente, aparte de lamentables conversaciones en privado, mi participación en la política era en línea y anónima. Podía simplemente borrar y cerrar sesión.

Hoy siento náuseas cada vez que veo que empieza a formarse un "fatberg" o un "contra-fatberg". Animo a la derecha contemporánea a no cometer el error de la derecha alternativa (y a no ser tan extremista como lo fuimos nosotros). La derecha, si pretende tener algo de decencia, debe intentar incorporar una gama de visiones positivas, en lugar de reactivas, que trabajen juntas para hacer del mundo un lugar mejor, en vez de aferrarse a un "contra-fatberg" impuesto por la presión de la izquierda. VIRGINIA KARNSTEIN es candidata a doctora en literatura. Publicado en Substack el 25 de abril de 2026.



























REVISTA DE PRENSA. ESPECIAL NOCHE UNO. EL VERDADERO PROPÒSITO DEL FANATISMO DE TRUMP, POR ROBERT REICH. 27 DE ABRIL DE 2026

 







Amigos: La pregunta de hoy es: ¿Por qué Trump publicó el miércoles el vídeo y la transcripción de un podcaster intolerante que utilizó estereotipos racistas contra los inmigrantes chinos e indios. En él, Michael Savage dice: “Aquí, un bebé se convierte en ciudadano al instante, y luego traen a toda la familia de China, India o algún otro infierno del planeta. … Casi no hay lealtad a este país entre la clase inmigrante que llega hoy. No, no son como los estadounidenses de origen europeo de hoy ni como sus antepasados. … Hemos pasado del crisol de culturas al orinal.”

Savage también critica a la abogada de la Unión Estadounidense por las Libertades Civiles (ACLU), Cecillia Wang, ciudadana estadounidense que argumentó ante la Corte Suprema contra la orden ejecutiva de Trump que prohibía la ciudadanía por derecho de nacimiento. Savage afirma que Wang está "presionando para destruir nuestra identidad nacional" y "convertirnos en una colonia de China". ¿Por qué el presidente de los Estados Unidos compartió esta porquería?

La respuesta más sencilla es que Trump quiere incitar a los intolerantes estadounidenses para que apoyen su orden ejecutiva contra la ciudadanía por derecho de nacimiento, mientras la Corte Suprema considera su constitucionalidad. Pero esta no puede ser la verdadera razón. Ni siquiera los magistrados derechistas más deshonestos y estúpidos del Tribunal Supremo se dejarían influir por los mensajes de los intolerantes alentados por la publicación compartida de Trump. ¿Podría ser que Trump simplemente quiera avivar el racismo y la intolerancia porque le gusta hacerlo? (Horas antes de republicar el contenido inmoral de Savage, Trump publicó comentarios despectivos sobre la Corte Suprema, señalando a la jueza Ketanji Brown Jackson como una " persona con bajo coeficiente intelectual ", una crítica que suele dirigir a las personas negras y de color). Pero, ¿por qué querría Trump avivar el racismo y la intolerancia ahora mismo ? ¿Acaso no tiene ya suficientes problemas con su guerra en Irán, que va tan mal que incluso su base de seguidores de MAGA está empezando a desmoronarse? (Tucker Carlson, Marjorie Taylor Greene y otras figuras destacadas de MAGA se han distanciado recientemente de Trump por la guerra). Bingo. Precisamente por eso quiere avivar el racismo y la intolerancia ahora.

Trump sabe que la forma de mantener unida a su base —de evitar que se desintegre por su guerra en Irán— es avivar el miedo hacia "ellos". Puede que a su base MAGA no le gusten las guerras interminables en Oriente Medio, pero les desagradan aún más los inmigrantes de color. Esa es la forma de actuar de Trump, amigos. Cada vez que necesita fortalecer su base de apoyo, la alimenta con más intolerancia.

Después de que el Departamento de Justicia publicara millones de páginas de documentos relacionados con Jeffrey Epstein en enero y febrero, incluyendo miles de referencias a Trump —lo que conmocionó a la base de MAGA—, ¿qué hizo Trump? Compartió un video que representaba a Barack y Michelle Obama como simios. Tras la aprobación de la Ley de Transparencia de los Archivos Epstein , promulgada el 19 de noviembre de 2025, ¿qué hizo Trump? Describió a los inmigrantes somalíes que viven en Estados Unidos como " basura " que " no aportan nada " a la sociedad. Cada vez que Trump comparte contenido intolerante y repugnante, surge alguna fisura en la base de seguidores de MAGA. El método infalible de Trump para revitalizar a su base es darles más motivos para temerles. Este fue también el propósito de su orden ejecutiva contra la ciudadanía por derecho de nacimiento, que firmó el 20 de enero de 2025, su primer día en el cargo. Oficialmente titulado “Protegiendo el significado y el valor de la ciudadanía estadounidense”, su propósito no era tanto lograr que la Corte Suprema anulara la ciudadanía por derecho de nacimiento —algo muy improbable, dado el lenguaje explícito de la 14.ª Enmienda de la Constitución—. Su verdadero propósito era tranquilizar a sus seguidores, en su primer día de regreso a la Casa Blanca, asegurándoles que estaba de su lado y en contra del “otro”, a quien había demonizado durante casi toda su campaña. ROBERT REICH es economista. Publicado en Substack el 25 de abril de 2026.