martes, 1 de septiembre de 2026

DE LAS VIÑETAS DE HUMOR DEL BLOG. 1 DE SEPTIEMBRE DE 2026

 






























DEL ARCHIVO DEL BLOG. A VUELTAS CON EL ORDEN GLOBAL. PUBLICADO EL 8 DE JULIO DE 2017

 






Una Unión Europea cohesionada puede ayudar a catalizar reformas que doten a las instituciones multilaterales de más vigor y sensibilidad social, escribe en El País el profesor Javier Solana (Madrid, 1942), distinguished fellow en la Brookings Institution, presidente de ESADEgeo, el Centro de Economía y Geopolítica Global de ESADE, exministro de Cultura, de Educación y Ciencia, de Asuntos Exteriores, Secretario General de la OTAN, Alto Representante del Consejo para la Política Exterior y de Seguridad Común de la Unión Europea y Comandante en Jefe de la EUFOR. 

En los últimos tiempos, comienza diciendo, son muchos los analistas que argumentan que la Pax Americana tiene los días contados. A un ritmo cada vez mayor, se está erosionando la preeminencia de Estados Unidos en el panorama internacional, que ha estado vinculada a la ausencia de conflictos “calientes” entre grandes potencias durante las últimas décadas. Tanto otros estados como diversos actores no estatales están ganando protagonismo, mientras los Estados Unidos se alejan de su imagen de “nación indispensable”. Durante los primeros 150 días de la presidencia de Donald Trump, su lema de America First se ha manifestado más bien como America Alone, lo cual siembra todavía más dudas acerca del futuro de lo que suele llamarse “orden liberal internacional”.

El internacionalismo liberal se caracteriza por promover un ideal de apertura, tratando asimismo de dotar a las relaciones internacionales de un marco normativo e institucional de tipo multilateral. Al concluir la Segunda Guerra Mundial, estos principios proveyeron el sustrato ideológico de tratados como el GATT (Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio), que más tarde conduciría al establecimiento de la Organización Mundial del Comercio (OMC).

La Guerra Fría puso grandes trabas a las pretensiones globalizadoras del internacionalismo liberal, una ideología estrechamente asociada al bloque occidental y, más concretamente, a los países anglosajones. La caída del muro de Berlín dio paso al período de hegemonía incontestable de Estados Unidos y facilitó que se extendieran las estructuras de gobernanza que este país promulgaba, pero esto no se produjo ni con la velocidad ni en la proporción que se esperaba.

Aunque se iba hablando sin demasiados miramientos no solo de orden liberal internacional, sino incluso de orden liberal global o mundial, a principios del siglo XXI el mundo todavía exhibía un grado importante de fragmentación. Los atentados del 11 de septiembre de 2001, que provocaron que gran parte de los países cerrasen filas en torno a Estados Unidos, evidenciaron en el fondo la existencia de una segmentación política a dos niveles—internacional e intranacional—que fue in crescendo en los años posteriores. En el terreno económico, las divergencias tampoco desaparecieron por completo: de hecho, ni siquiera la Gran Recesión fue tan global como se suele sugerir en los países más desarrollados. Cabe recordar que en el año 2009, cuando se contrajo el PIB mundial, los dos estados más poblados del planeta—China e India—crecieron a un ritmo superior al 8%.

Del mismo modo que la crisis que condujo a la Gran Recesión se propagó desde el centro mismo del sistema financiero internacional, los países que están deshilachando el orden liberal son precisamente los que más capital político invirtieron en tejerlo. Las sacudidas que han supuesto el Brexit y la elección de Trump responden a una concatenación de fenómenos —como la frustración de las clases medias occidentales con la deslocalización y el dumping social, ligada a la revitalización de los nacionalismos excluyentes—que también ha hecho estragos en otros países. Un renovado énfasis en la soberanía westfaliana parece estar difundiéndose a lo largo y ancho del planeta, lo cual podría indicar que la descarnada rivalidad entre grandes potencias volverá a estar a la orden del día.

No obstante, este es un relato excesivamente alarmista. La China de Xi Jinping, cuyo vertiginoso ascenso genera grandes recelos, tal vez no sea una potencia tan revisionista como algunos piensan. Recientemente, el gobierno chino se desmarcó de Donald Trump e insistió en su apoyo al Acuerdo de París, del que la Administración estadounidense tiene intención de retirarse. Y en su simbólico discurso de principios de este año en el Foro Económico Mundial, el Presidente Xi se erigió en un firme defensor de la globalización, afirmando incluso que “los países deben abstenerse de perseguir sus propios intereses a expensas de los demás.”

Las autoridades chinas son conscientes de hasta qué punto su país se ha beneficiado de una mayor participación en los flujos económicos globales, y no están dispuestas a poner en riesgo el principal activo que las legitima a nivel interno: el crecimiento. El Belt and Road —que Xi Jinping ha bautizado como “el proyecto del siglo”— es un fiel reflejo de la apuesta estratégica de Pekín por reforzar sus vínculos comerciales con el resto de Eurasia y con África, aprovechando para dar un impulso a su “poder blando”. En lo que concierne a este último objetivo, China no está abogando de puertas afuera por socavar los cimientos del orden liberal. Sirva de muestra el llamativo comunicado de los líderes mundiales participantes en el Belt and Road Forum del mes de mayo pasado, en el que se comprometen a “promover la paz, la justicia, la cohesión social, la inclusión, la democracia, la buena gobernanza, el imperio de la ley, los derechos humanos, la igualdad de género y el empoderamiento de la mujer.”

No sería acertado interpretar este comunicado al pie de la letra, ni pasar por alto las tendencias neo-mercantilistas de China, cuyas regulaciones iliberales domésticas representan una contradicción ostensible. Pero tampoco resulta adecuado ver a China como un país homogéneo, con valores totalmente incompatibles con los que se atribuyen a Occidente. Los propios Estados Unidos distan mucho de ser homogéneos, con lo que también en este caso debemos resistirnos a caer en una contraproducente estigmatización, sobre todo teniendo en cuenta que Hillary Clinton superó a Donald Trump en el voto popular. Lo mismo puede decirse del Reino Unido, en el que los partidarios del Brexit se impusieron en el referéndum por la mínima.

En este momento de incertidumbre y desconcierto, concluye su artículo Javier Solana, la Unión Europea está en disposición de asumir un papel de liderazgo. La victoria del Emmanuel Macron en las presidenciales francesas debe servir de acicate para los defensores de un orden liberal que, a pesar de sus déficits y de sus múltiples adversarios, sigue representando el paradigma más atractivo y moldeable. Una Unión Europea cohesionada puede ayudar a catalizar una serie de reformas que doten a las instituciones multilaterales de un mayor vigor y de una sensibilidad social más marcada. Tendiendo la mano a los países emergentes, sin por ello perder nuestra esencia, todavía estamos a tiempo de construir —esta vez sí— un orden verdaderamente global. 





















DEL POEMA DE CADA DÍA. HOY: YO QUIERO SERVIRTE, DE OSIP MANDELSTAM (1891-1938)

 









YO QUIERO SERVIRTE



Yo quiero servirte

Al igual que otros,

Con la boca sedienta

Hechizarte de celos.

La palabra no me apacigua

Los labios resecos

Y sin ti otra vez

El aire vacío es espeso.


Ya no siento celos

Pero te deseo

Y yo mismo me cargo

Como un verdugo a su víctima.

No te nombraré

Ni el amor, ni el gozo,

Me cambiaron la sangre

Por una más salvaje y ajena.


En un instante más

Te diré una cosa:

Encuentro en ti sufrimiento

En vez de la alegría.

Como en un crimen

Hacia ti me atrae

La boca tierna cereza

En el caos mordida.



OSIP MANDELSTAM (1891-1938)

poeta ruso






***





Ósip Emílievich Mandelshtam (en ruso: О́сип Эми́льевич Мандельшта́м, nacido como Iósif, en ruso: Ио́сиф; Varsovia, Imperio ruso, 14 de enero de 1891 – Vladivostok, Unión Soviética, 27 de diciembre de 1938) fue un poeta ruso de origen judío-polaco, miembro de la corriente acmeísta.. Se inició como poeta militando en el movimiento acmeísta —derivación del simbolismo ruso y reacción contra él— pero evolucionó con el tiempo hacia posiciones muy personales, síntesis del simbolismo, el futurismo y el acmeísmo. Fue denunciado y arrestado en mayo de 1934 por escribir un poema contra Stalin, al que alude como «montañés del Kremlin». Como consecuencia de la denuncia fue condenado a tres años de destierro en los Urales tras la intervención personal de Stalin, que interrogó a su vez a Borís Pasternak sobre la excelencia de Mandelshtam como escritor y decidió que no se lo ejecutara. Nikolái Bujarin intercedió personalmente ante Stalin para que le permitiera cumplir la condena en Vorónezh, pero poco después de que él mismo fuese ejecutado, Mandelshtam sufrió un nuevo arresto, el 3 de mayo de 1938, y recibió una condena de cinco años. Deportado a Kolymá, murió en un campo de tránsito cercano a Vladivostok el 27 de diciembre de 1938. Fue completamente rehabilitado a título póstumo en 1987,[4] después de que se lo exonerara en 1956, durante el deshielo de Jrushchov, de las acusaciones de 1938.



















DEL ASUNTO DEL DÍA. LORCA SON TODAS, POR PILAR MERA. 1 DE SEPTIEMBRE DE 2026

 





El 18 de agosto de 1936, Federico García Lorca fue asesinado en Granada. ¿Su crimen? “Lorca ha hecho más daño con la pluma que otros con la pistola”, afirmó Ramón Ruiz Alonso, el fascista responsable de su detención y fusilamiento. Con su pluma, Lorca defendió a los desfavorecidos, apoyó al Frente Popular y firmó manifiestos contra el nazismo o las dictaduras de su tiempo. Que 90 años después alguien califique a Lorca de apolítico y diluya su muerte en el ambiguo sintagma “rencillas locales y familiares” sólo puede entenderse como un alarde de desfachatez, blanqueamiento o ignorancia. Frente al redoble de tambores es necesario responder con claridad firme. La mentira no se convierte en realidad de tanto repetirla, pero si el único eco es el silencio, el error se amplifica y demasiados se lo acaban creyendo.

El de Lorca es el nombre más conocido de las 115.000 víctimas de la dictadura franquista que aún permanecen en cunetas y fosas comunes. Las cifras de la represión estremecen, sobre todo si tras ellas logramos ver los rostros, las historias, las vidas quebradas. Esta semana repleta de tristes aniversarios es un buen momento para recordarlas. Historias como la de Juana Capdevielle, intelectual, bibliotecaria y republicana, asesinada también el 18 de agosto de 1936, detenida y encarcelada sin orden judicial al preguntar por su marido, gobernador civil de A Coruña. Según algunas versiones sufrió un aborto en prisión. Según otras, seguía embarazada cuando la mataron de varios disparos y tiraron su cuerpo en el monte da Gándara, kilómetro 526 de la Nacional VI. O la de Carmen Pesqueira Domínguez, A Capirota, lavandera que tras defender a un hombre al que golpeaba un grupo de falangistas fue secuestrada por ellos. Torturada y asesinada también el 18, sus asesinos pasearon su cuerpo por Marín como aviso a navegantes. O la de María Vázquez, maestra de Miño, renovadora pedagógica, socialista y feminista, asesinada el día 19. O la de Alexandre Bóveda, intelectual y político galleguista, padre del Estatuto del 36, fusilado el 17 en el monte de A Caeira. Su amigo Castelao inmortalizó el asesinato en A derradeira lección do mestre, cuadro de profunda carga simbólica y, junto a los compañeros del exilio bonaerense escogió el día de su muerte como Día da Galiza Mártir para honrar y reivindicar a Bóveda y a todas las víctimas gallegas del franquismo.

“Lorca eran todos”, reza un monolito erigido en 2002 en el barranco de Víznar en recuerdo también de todas las víctimas. Pero ¿por qué recordarlas? Porque sus muertes y sobre todo sus vidas son semilla de nuestra democracia. Pilar Mera es historiadora. (El País).



















HOLA, BUENOS DÍAS DE NUEVO A TODOS. HOY, 1 DE SEPTIEMBRE DE 2026

 






Buenos días de nuevo a todos y feliz regreso a la rutina de todos los días. Otra vez con ustedes después del paréntesis de este sofocante mes de agosto. Lo hacemos con unos cambios mínimos, inapreciables. El primero, la portada de Desde el trópico de Cáncer, la cuarta en sus largos años de existencia que, al menos durante el año de su vigésimo aniversario será la imagen de la plaza de Santa Ana de Las Palmas de Gran Canaria, la primera Plaza Mayor de la España europea. La segunda, la desaparición del buenos días habitual alternando las cuatro lenguas habladas en España (más el latín de los domingos) que pasan a ser las buenas noches de despedida de cada día. Las demás secciones habituales del blog permanecen: el asunto del día, el poema de cada día, el archivo del blog, las viñetas de humor, el café de sobremesa y la última de cada día con el de la tarde que cae y el buenas noches de despedida. Los domingos permanecen las secciones de revista de prensa dominical, que se reduce a cuatro artículos semanales, el maratón de viñetas de humor semanal y el buenas noches habitual (en latín, la lengua franca europea). Pues ya está, de nuevo de vuelta con ustedes. Les he echado de menos, pero ya estamos juntos otra vez. HArendt






















sábado, 1 de agosto de 2026

CERRADO POR VACACIONES HASTA EL MARTES, 1 DE SEPTIEMBRE DE 2026

 






Aunque el autor del blog no vaya a salir de su amada isla este agobiante mes de agosto, ustedes y él se merecen un descanso. Mañana, domingo, Desde el trópico de Cáncer cumple veinte años de existencia. Algo imposible de imaginar cuando comenzó esta aventura. Y si ha resistido tanto tiempo no ha sido por la habilidad ni la elegancia de su autor al elegir los temas a publicar, sino por la fidelidad de sus lectores y amigos. Gracias de todo corazón. En total, 2.750.000 visitantes en estos veinte años. Gracias de nuevo por su fidelidad y por su amistad. Que pasen un buen verano. Nos vemos en septiembre. Con todo mi cariño, su amigo, HArendt















ENTRADA NÚM. 11343

viernes, 31 de julio de 2026

BOAS NOITES, DESCANSADE E DOCES SOÑOS. HOXE, VENRES, 31 DE XULLO DE 2026, EN GALEGO

 





Ola de novo, amigos. Boas noites, descansade e doces soños a todos esta noite de venres a sábado, do 31 de xullo ao 1 de agosto de 2026. Espero que pasarades un bo día coas vosas familias e amigos. Grazas de corazón por pasarvos polo blog. Alégrame pensar que disfrutastes da vosa visita. Tamaragua, meus amigos. Que a deusa Fortuna e o benévolo Destino vos acompañen. Ata mañá. Quérovos. Bicos. HArendt















DE LA TARDE QUE CAE. LA SELECCIÓN NATURAL NO PREMIA AL MAS FUERTE, POR PEDRO SILVERIO. 31 DE JULIO DE 2026

 





Ignacio Martínez Mendizábal es catedrático de Antropología de la Universidad de Alcalá y codirector de los yacimientos de Atapuerca. Como corresponsable de las investigaciones en la provincia de Burgos ha conseguido arrojar luz sobre lo que pensábamos que eran nuestros orígenes como especie. Y lo hace sabiendo que tenemos que liberarnos de los prejuicios a la hora de interpretar los hallazgos arqueológicos. 

Se suele decir que en Atapuerca no solo han encontrado huesos, sino «amor fosilizado». ¿Cómo cambia nuestra percepción de la prehistoria descubrir que la compasión ya estaba presente hace medio millón de años? Este es, sin duda, uno de los hallazgos que más impacto ha tenido a nivel popular, más allá de la academia. El yacimiento de la Sima de los Huesos nos ha permitido ver que la gente que vivía hace medio millón de años era mucho más humana de lo que nos imaginábamos. Tradicionalmente, el imaginario colectivo asociaba lo primitivo o lo antiguo con lo salvaje y lo bárbaro. Sin embargo, lo que estamos viendo es precisamente lo contrario: cuidados a personas vulnerables que nos devuelven una imagen de humanidad irrebatible. Esto nos dice mucho sobre nosotros mismos, pues revela que la compasión no es un invento reciente, sino algo profundamente antiguo en nuestra evolución y en nuestro linaje. Al analizar el pasado, no vemos estas cosas directamente en los fósiles, sino que los interpretamos a la luz de lo que sabemos de la especie humana actual. Sabemos que hoy somos una especie súper cooperativa, con una capacidad de cooperación única en la biosfera que trasciende los lazos de consanguinidad. En otras especies sociales, como chimpancés o delfines, la sociabilidad es principalmente familiar; nosotros, en cambio, cooperamos con personas con las que no tenemos ningún vínculo de sangre por un propósito común. Al rastrear esto hacia atrás, casos como los de cuidados a vulnerables son datos «fuertes» que nos hablan de grupos muy cohesionados donde existía la empatía: esa capacidad emocional de sentir lo que siente el otro. Es lo que hace que hoy te estremezcas al ver noticias del terremoto de Venezuela; sientes su angustia sin conocerlos. Eso es lo que hemos llamado «amor fosilizado»: la prueba de que todo el grupo ayudaba a quienes no podían valerse por sí mismos.

El caso de ‘Benjamina’, la niña con craneosinostosis, es emblemático. ¿Qué nos dice su existencia sobre la supuesta «ley del más fuerte» en la evolución humana? Benjamina es el paradigma, una niña que sufría una enfermedad muy complicada y que logró sobrevivir hasta los 12 años en un entorno sin cuidados médicos modernos. Pero es que ahora tenemos un caso todavía más impactante: el de ‘Tina’, una niña neandertal con síndrome de Down que sobrevivió entre los 6 y los 11 años. El caso de Tina es fundamental porque refuerza al de Benjamina; cuando tienes un solo caso, siempre cabe la sospecha de que sea algo aislado o mal interpretado, pero ahora tenemos dos individuos en linajes que entroncan hace casi un millón de años. Si esto existía en los neandertales y existe en nosotros, es razonable pensar que o bien apareció en paralelo —lo cual es biológicamente fascinante— o lo heredamos de un antepasado común muy lejano. Esto rompe totalmente con la idea subjetiva de la «ley del más fuerte». Darwin ya se dio cuenta de que, aunque compitas dentro del grupo por ser el «más guay» o el que más goles mete, la supervivencia de los individuos depende de que al grupo le vaya bien. Si sometes a una crisis gorda a dos grupos, uno formado por personas empáticas que cooperan y otro donde predomina el egoísmo del más fuerte, el grupo que colabora tiene muchísimas más probabilidades de sobrevivir. Nuestra supervivencia está ligada a la del grupo, por lo que la evolución ha seleccionado a las poblaciones más cooperativas. Usando una metáfora futbolística: un equipo de figuras que no cooperan pierde contra uno de gente más modesta que se ayuda en defensa y ataque. Cuidar de un individuo vulnerable no es «adaptativo» en términos individuales, pero es el síntoma de algo que sí lo es: la solidaridad que hace que el grupo sea excelente.

¿Es la atención a la diversidad, entonces, un rasgo definitorio de nuestra estirpe? Absolutamente. Somos tan empáticos que proyectamos amor incluso sobre mascotas u objetos. El problema es que solo activamos esa empatía con aquellos que reconocemos como parte de nuestro grupo, como «humanos». Cuando no reconocemos esa humanidad en el otro, somos capaces de cosificarlo, que es el origen del racismo, la xenofobia y las guerras. Por eso la integración consiste en conocerse: en el momento en que ves que el «otro» tiene niños que pasan por lo mismo que los tuyos, la empatía se pone en marcha automáticamente.

Usted ha investigado el caso de ‘Elvis’, un individuo anciano. ¿Fue la protección de los mayores la primera red de seguridad social de la historia? En nuestras sociedades occidentales actuales, los mayores a veces se ven como una carga, pero en una sociedad natural eran el «consejo de sabios». Los mayores tienen ascendencia sobre los demás y son fundamentales para moderar conflictos, cuidar a los pequeños y transmitir conocimientos vitales: qué plantas sirven para curar, por dónde van los caminos o cuándo va a llover. Son el pegamento que da cohesión al grupo. Con ‘Elvis’, el anciano con problemas de espalda de la Sima de los Huesos, siempre nos quedó la duda de si lo cuidaban por empatía o porque les era útil por su sabiduría. Sin embargo, los casos de las niñas Benjamina y Tina despejan esa duda: ellas no habían tenido tiempo de hacerse querer ni tenían conocimientos que aportar; su cuidado fue un acto de amor gratuito que no reportaba ningún beneficio material.

Darwin sostenía que el amor fue uno de los motores de la evolución. A la luz de Atapuerca, ¿la selección natural premió también la solidaridad? Sí, pero siempre a nivel de grupo. A nivel individual, ser solidario es casi un «tiro en el pie» porque sacrificas tus intereses y disminuyes tus probabilidades de reproducirte para beneficiar a otro. Si la selección fuera solo individual, el altruismo solo se daría entre parientes que comparten tus genes. La única manera de que la solidaridad se extendiera fuera de la consanguinidad es porque nuestra vida depende de la supervivencia del colectivo. Los grupos con más gente solidaria son los que, a la larga, han prevalecido en la historia evolutiva.

Atapuerca también muestra que hace 500.000 años ya se cuidaba a los muertos. ¿Es la consciencia del dolor ajeno lo que nos hace humanos? En la Sima de los Huesos tenemos la primera evidencia de grupos que se ocuparon de sus muertos, llevándolos a un sitio resguardado. Además, está ese objeto misterioso, el bifaz de piedra roja llamado ‘Excalibur’, que apareció junto a 30 cadáveres. Es difícil no asociarlo a algún tipo de ritual o simbolismo, aunque el simbolismo es imposible de demostrar científicamente. Lo que es fascinante es que esa conciencia de la muerte y del dolor ajeno no es exclusiva de nuestra especie, pues los neandertales también la tenían. Esto nos indica que es una adaptación biológica muy antigua y extremadamente lógica: si algo funciona para cohesionar al grupo, la evolución tiende a mantenerlo.

Usted sostiene que el lenguaje pudo surgir por la necesidad de compartir valores. ¿Significa esto que el lenguaje es más emotivo que racional? Es un debate complejo entre lingüistas y psicólogos. Nosotros en paleontología hemos desarrollado una línea para rastrear el «hardware» del lenguaje: la capacidad anatómica de percibir sonidos. Nuestro oído no es imparcial; está sintonizado para oír muy bien las frecuencias del lenguaje, incluso en ambientes con mucho ruido. Esto se mide a través del «ancho de banda»: cuanto mayor es el rango de sonidos que puedes oír bien, más eficiente es tu comunicación porque puedes crear muchas palabras cortas. Las palabras cortas son las mejores porque se producen y perciben rápido, con pocos errores; por eso en casi todas las lenguas la mayoría de palabras tienen tres sílabas o menos. Al aplicar esto a los fósiles, vemos que los australopitecos tenían un ancho de banda como el de un chimpancé. Pero en la Sima de los Huesos, hace medio millón de años, ya tenían un comportamiento muy complejo: cazaban bisontes, cuidaban a vulnerables y se ocupaban de los muertos; su ancho de banda era ya muy cercano al nuestro. Creo que las primeras fases del lenguaje sirvieron para cosas utilitarias e instrumentales, como enseñar a tallar la piedra o coordinar la caza. Pero una vez que tienes la herramienta —el lenguaje— y tu cerebro se hace más complejo, empiezas a usarla para expresar lo que tienes en la cabeza: desde sentimientos hasta quién nos ha creado.

Mirando al presente, usted señala que el futuro lo determinará la ética y no la tecnología. ¿Estamos perdiendo la brújula de la compasión? No creo que estemos perdiendo la compasión. En Occidente tenemos un problema porque el sistema económico ha intentado sustituir la ética por el beneficio material. Parece que lo único que cuenta es el precio de las cosas y el margen de beneficio, pero creo que es una cuestión pasajera. Cuando ocurren catástrofes como la Dana o crisis como la de Venezuela, ves que la ética sigue ahí, modulándolo todo. La tecnología es solo una herramienta; las bombas atómicas no se tiran solas, dependen de una decisión ética. Lo único que realmente pone en peligro nuestra humanidad es la dictadura del beneficio a cualquier costa, esos fondos de inversión despiadados capaces de sacrificarlo todo por un 3% más. Sin embargo, al hablar con directivos de grandes empresas, descubro con sorpresa que compartimos los mismos valores humanos; la compasión va en nuestra «placa base» genética y no creo que la tecnología nos vaya a deshumanizar.

¿El riesgo de deshumanización estaría entonces en la deriva hacia el transhumanismo o los cíborgs? Yo ya soy un poco cyborg: tengo un ligamento artificial en la rodilla y cristales en los ojos por cataratas. Pero eso son solo periféricos. Podemos robotizar el cuerpo, pero el núcleo duro, la conciencia y los recuerdos, es lo que nos hace ser quienes somos. Renunciar al cerebro para poner una máquina sería, literalmente, morir. Mucha gente querría un chip implantado para tener la capacidad de un móvil, pero nadie querría cambiar su «yo» por un robot.

¿Qué lecciones de Atapuerca podemos aplicar a problemas como la desigualdad o la superpoblación? Siendo honestos, Atapuerca no nos da claves para esos problemas porque son nuevos. En el pasado no existía la superpoblación ni estos niveles de desigualdad brutales. No había propiedad privada de los medios de producción; la riqueza de una persona era lo que podía llevar encima mientras caminaba. No se podía acumular riqueza quitándosela a otros a gran escala. Estamos en una situación que no tiene parangón en nuestra historia evolutiva.

¿Hemos subestimado la capacidad moral de las especies que nos precedieron? A menudo proyectamos nuestros prejuicios del presente sobre el pasado. En el siglo XIX se proyectaba el racismo y el machismo sobre los fósiles, pintando a los neandertales como brutos y a las mujeres siempre en el fondo de la cueva cuidando niños mientras los hombres cazaban. Pero los datos nos dicen otra cosa: hemos encontrado tumbas de mujeres con instrumentos de caza mayor. El pasado se reconstruye con los ojos del presente y eso es peligroso porque, cuando esos prejuicios se plasman en cuadros o museos, vuelven a nosotros con el sello de «conocimiento científico» y refuerzan nuestras ideas preconcebidas. Lo más honesto que podemos decir es que hace 500.000 años ya existía la empatía y la cohesión de grupo; eso es lo que sabemos de verdad.

¿Cuál ha sido el gran éxito de Atapuerca, no solo a nivel científico sino como proyecto social? Atapuerca es un éxito porque es un triángulo único: yacimientos extraordinarios, un equipo científico que lleva 40 años trabajando unido y, sobre todo, un proyecto social donde la sociedad civil y los políticos se han comprometido. Es un ejemplo de que cuando estamos juntos por una idea común, sin importar las ideologías, somos capaces de lograr cosas increíbles. Pedro Silverio es filósofo. Ethic, 21 de julio de 2026.



















DEL CAFÉ DE SOBREMESA. UN MILAGRO AL MES, POR DELIA RODRÍGUEZ. 31 DE JULIO DE 2026

 







La primera vez que vi la foto de Leo Messi bañando a un Lamine Yamal bebé tuve la única reacción lógica posible: pensar que era una viral más falso que los whatsapps del hijo que no tengo pidiéndome dinero. Conocen ya la historia: en 2007 el fotógrafo deportivo Joan Monfort recibe el encargo de realizar un calendario solidario porque su periódico, Sport, colabora con Unicef y la Fundación Barça en un programa de protección de la infancia. La idea es simple: niños del barrio de Rocafonda, en Mataró (Barcelona), retratados junto a jugadores. El bebé de cinco meses de una joven pareja y un tímido futbolista que casi no sabe cómo interaccionar con él acaban posando juntos. En una de las versiones aparece la madre; en otra están ellos solos. El niño acabó jugando en el Barça y la escena fue olvidada por todos… excepto por su padre, que la recuperó hace dos años en su Instagram. Tras la final del Mundial donde el mejor jugador del mundo y su heredero se enfrentaron, la fotografía imposible inundó medios y redes nacionales e internacionales.

Tiene guasa que una imagen real pero que parece falsa sea el icono del festival de irracionalidades que ha sido este Mundial: he visto más vídeos de animales prediciendo resultados, rituales supersticiosos de la afición, bulos sobre la mágica mala influencia de las novias, declaraciones falseadas con inteligencia artificial y mediums justificando la actuación de Argentina más por oscuros trabajos energéticos que por minutos de partidos. Sobre la foto existen tres teorías: que fue una simple casualidad, que es la prueba de que los grandes poderes ocultos tienen un plan, y que fue un milagro. “¿Crees en Dios?”, le preguntó el periodista Joan Josep Pallàs a Monfort. “La verdad es que no creía ni en Dios, ni en el destino, ni creía que todo estaba escrito, ni creía en muchas cosas que ahora empiezo a creer, y me estoy planteando la vida de otra manera, la verdad”, responde. Ni él mismo confió en la foto hasta que comprobó los negativos. Pero, ¿cómo de excepcional debe ser una casualidad para ascender a la categoría de milagro? Si interactuamos con los demás ocho horas al día, nos pasan unas 30.000 cosas cada jornada, un millón al mes. Si definimos milagro como un evento que sucede una vez entre un millón, “debemos esperar un milagro, de media, cada mes”, escribió el físico Freeman Dyson sobre la ley de Littlewood, llamada así por el matemático británico del mismo nombre.

Los milagros, pues, son decepcionantemente cotidianos, y lo habitual es que ni siquiera nos demos cuenta de que han ocurrido porque son insignificantes. Sobreactuamos ante ellos porque a nuestro cerebro le gustan poco los números grandes y mucho las narraciones redondas: si los vuelos desde tu ciudad están baratos y conoces a cientos o miles de personas, no es tan raro encontrarte allí con tu vecino. Las explicaciones las damos a posteriori, y elegimos la que mejor nos encaja. Podría haberse tratado de otra foto, en otro momento, de otro deporte o con otros protagonistas. Además, la propia situación pudo influir en la visión de los padres de Yamal para el futuro de su hijo. Como dice mi compañero Kiko Llaneras, especializado en datos, cuando le pregunto: “Es una casualidad astronómica. Pero todo lo que pasa lo es en cierto modo: todos somos hijos de una casualidad astronómica”. Puede que lo verdaderamente milagroso sea que un bebé nacido con tantas cosas en contra como para aparecer en un calendario solidario se convierta en una superestrella. Delia Rodríguez es escritora. El País, 30 de julio de 2026.






















DE LAS VIÑETAS DE HUMOR DEL BLOG DE HOY VIERNES, 31 DE JULIO DE 2026