domingo, 27 de septiembre de 2026

ESPECIAL DE HOY DOMINGO: UN REFERÉNDUM PARA UN MODELO DE DESARROLLO ALTERNATIVO, POR THOMAS PIKETTY. 27 DE SEPTIEMBRE DE 2026.









Francia (y Europa) tendrán que tomar decisiones políticas cruciales el próximo año. Por un lado, una derecha nacionalista en auge, cada vez más cercana al mundo empresarial, pretende hacerse con el poder estigmatizando la inmigración y a los extranjeros. Su estrategia incluye referendos antiinmigrantes diseñados para "devolverle la voz al pueblo". Ante esto, la izquierda titubea, duda, se divide y titubea. Para clarificar sus posiciones y unificar sus fuerzas, la izquierda debe proponer un referéndum sobre un impuesto nacional de solidaridad aplicado a los multimillonarios. Dado el estado actual del debate y la magnitud de los problemas en juego, esta es la mejor manera de resolver la cuestión. La derecha quiere dar voz al pueblo en materia de identidad e inmigración. La izquierda debe hacer lo mismo, pero centrándose en la solidaridad y la justicia. Y demostrando, de paso, que la retórica antimigrante de la RN no es más que una cortina de humo para desviar la ira social y defender a los más ricos.  

Una propuesta de este tipo aclararía las opciones disponibles y situaría la cuestión democrática en el centro de las elecciones presidenciales. En Francia no se ha celebrado ningún referéndum desde 2005 (algo sin precedentes desde 1945: cabe recordar que entre 1945 y 2005 se celebraron 13 referéndums, es decir, uno cada 4 o 5 años de media). La crisis de los Chalecos Amarillos debería haber sido una oportunidad para convocar un auténtico referéndum de iniciativa ciudadana. No se hizo nada. Es hora de superar esta sequía de referéndums y dar voz de nuevo a la ciudadanía sobre un tema fundamental en la historia del país desde 1789: la igualdad y el fin de los privilegios.  

El texto sometido a referéndum podría inspirarse en el impuesto nacional de solidaridad (ISN) adoptado por la ordenanza del 15 de agosto de 1945. El ISN constaba de dos componentes: por un lado, un impuesto sobre los mayores patrimonios en 1945, con un tipo de hasta el 20% para las mayores fortunas; y por otro lado, una contribución excepcional sobre el enriquecimiento observado entre 1938 y 1945, con un tipo del 100% para los incrementos más significativos de patrimonio.  

La versión de 2027 del ISN propuesta por la izquierda para su aprobación mediante referéndum también podría tener dos componentes: por un lado, un impuesto excepcional a un tipo del 50% sobre las ganancias que superen los 100 millones de euros entre 2017 y 2027; y por otro lado, un impuesto anual y permanente a un tipo del 5% sobre los activos que superen los 100 millones y del 10% sobre los que superen los 1.000 millones.

Los ingresos ascenderían a unos 800.000 millones de euros (400.000 millones para el componente único y 400.000 millones a lo largo de 10 años para el componente permanente), lo que representa aproximadamente el 30% del PIB. Esta cifra sigue siendo modesta en comparación con el Lastenausgleich alemán de 1952, un sistema de tributación excepcional para las personas más ricas cuyos ingresos representaban el 60% del PIB de Alemania en aquel momento, a pesar de que las fortunas privadas eran mucho menos abundantes que en Francia hoy en día (250% del PIB frente a más del 500%). Para evitar cualquier evasión fiscal, el impuesto sobre el patrimonio se aplicaría en proporción al número de años de residencia en Francia, de modo que el exilio fiscal costaría muy poco a las autoridades tributarias (un contribuyente que abandona Francia después de 60 años seguiría pagando 60/61 del impuesto adeudado por los residentes en el primer año, 60/62 en el segundo, y así sucesivamente).  

Estos 800.000 millones de euros se pagarían mediante bonos emitidos por multimillonarios y personas de la tercera edad, y se depositarían en un fondo soberano de riqueza, lo que permitiría al gobierno reorientar la inversión según las prioridades estratégicas del país, especialmente en el sector energético. Con estos nuevos activos, Francia lanzaría una emisión excepcional de bonos por valor de 400.000 millones de euros para financiar un ambicioso plan de inversión y captación de talento en educación, investigación y sanidad. Esto representa un nuevo contrato social, un modelo de desarrollo diferente —más soberano, más equitativo y más sostenible— que este referéndum inauguraría (véase el Informe sobre Justicia Global: Un Plan para la Igualdad y la Prosperidad dentro de los Límites Planetarios ). Esto contrasta radicalmente con el modelo propuesto por multimillonarios y tecnonacionalistas, cuyo único objetivo es inundar el mundo de centros de datos y enriquecerse cada vez más, sin ninguna preocupación social ni medioambiental.  

Algunos argumentarán que un impuesto nacional de solidaridad de este tipo sería legalmente imposible o inconstitucional. Este argumento es históricamente incomprensible, ya que un impuesto similar se aplicó en Francia en 1945 (así como en muchos otros países europeos y en Japón para afrontar los desafíos de la posguerra, marcada por una elevada deuda y una importante necesidad de inversión pública, al igual que hoy), y ninguna enmienda constitucional desde entonces ha prohibido ni limitado la tributación progresiva de la riqueza. Además, el artículo 11 de la Constitución permite al Presidente someter a votación cualquier proyecto de ley relacionado con "la política económica o social de la nación" (sin aprobación parlamentaria previa). El artículo 34 especifica que la fijación de los tipos impositivos y las bases imponibles de todo tipo de impuestos recae exclusivamente en la ley. Si un presidente elegido mediante referéndum activa el artículo 11 al día siguiente de su elección, será sencillamente imposible oponerse a él democráticamente.  

Por supuesto, se puede objetar el impuesto sobre el patrimonio por motivos políticos, por ejemplo, argumentando que las enormes desigualdades actuales son esenciales para afrontar los retos futuros, o que dicho impuesto sería deseable en teoría, pero fácilmente eludible en la práctica. Estos argumentos no resultan muy convincentes a la luz de los datos históricos disponibles, pero este debate es legítimo. Lo cierto es que debemos dejar de escudarnos en argumentos pseudolegales y acordar situar la discusión en el plano político, histórico, social y económico. Este es el debate democrático al que tienen derecho los votantes.

Artículo escrito por Thomas Piketty, científico social activamente involucrado en la vida cívica. El autor de  El capital en el siglo XXI  analiza con rigor los problemas sociales y políticos actuales en Francia, Europa y el mundo. Las crónicas publicadas en este blog están disponibles gratuitamente pocos días después de su publicación en Le Monde . Para acceder a todas las investigaciones, artículos, extractos de libros y enlaces a los diversos proyectos de Thomas Piketty, consulte su página web . Publicado el 23 de junio de 2026 en el diario Le Monde.




















ENTRADA NÚM. 11542 (ACTUALIZADA)

REVISTA DE PRENSA DOMINICAL: ESPAÑA, CUATRO DÍAS DE SEPTIEMBRE DE 1936. 27 DE SEPTIEMBRE DE 2026

 







DOMINGO, 6 DE SEPTIEMBRE DE 1936. ENTREVISTA A PÍO BAROJA

Transcripción de una entrevista a Pío Baroja hecha en San Juan de Luz por el uruguayo Pablo Minelli. El texto es de su puño y letra y se conserva en un archivo particular de Madrid. 

Los políticos españoles refugiados en la frontera no se atreven en este momento a hacer declaraciones comprometedoras. Los diplomáticos callan. Nadie quiere decir nada. Los demás españoles hablan en su grupo con aire de conspiradores y con gran reserva. Esperan que los platillos de la balanza caigan de un lado o de otro para ser más explícitos. Aquí, en San Juan de Luz, hay un refugiado español no político, un novelista, y vamos a verlo.

Don Pío Baroja es un escritor vasco que pasa el verano en Vera de Bidasoa, aldea fronteriza de Navarra. Ha escrito novelas y libros de ensayo. Fue elegido miembro de la Academia Española hace un año sin solicitarlo y escribió un discurso de ingreso que produjo cierta emoción y cierto escándalo. Don Pío Baroja se ha visto un día de julio en su tierra natal preso por los requetés carlistas y ha tenido que escapar a Francia.

Ahora vive en San Juan de Luz, en un pequeño restaurant de obreros y de campesinos del camino de Ascaín que se llama Restaurant du Petit-Pont. Mr. Baroja tiene cierta fama de retraído y huraño. Le encuentro sentado a la mesa comiendo solo, con aire melancólico delante de una mesa pequeña. El señor Baroja es un hombre de más de sesenta años de barba blanca en punta, de expresión resignada. Viste de negro y lleva constantemente la boina vasca. Ha sido médico de aldea hace muchos años. No tiene ningún reparo en hablar. Al revés, se le ve que habla con delectación. Le abordamos y le preguntamos sobre los sucesos actuales de España.

—Yo soy un observador mejor o peor de la vida española —nos dice—. Mis opiniones políticas tienen poco valor.

—No, eso no. Usted es un hombre independiente y sus juicios sobre los acontecimientos del momento pueden tener interés.

—No sé. Hubo una época en que todos creímos que España se amansaba del todo, casi pensábamos que demasiado. La política no apasionaba, había pocos crímenes y algunas cárceles empezaban a estar vacías. Parecía que el pequeño burgués descrito por ciertos escritores como Pérez Galdós, la Pardo Bazán, Palacio Valdés y otros iba triunfando y dando la nota del tiempo. Al venir la República todo esto cambió; el país comenzó a encresparse y el español fiero de otros tiempos apareció en escena. Ahora ha llegado el pasopismo (sic). El toro que parecía convertirse en buey tranquilo de trabajo vuelve a ser toro y toro furioso.

—Y como explica usted ese cambio? ¿De dónde nace esa violencia? ¿Qué raíz tiene?

—Ah. Ese es un problema que no hemos resuelto los españoles y que naturalmente lo resolverán menos los extranjeros. ¿Es la raza? ¿Es el clima? ¿Es el suelo? ¿Es cuestión de cultura? No lo sabemos.

—¿Usted qué cree?

—En la raza tiene que haber algo predominante, pero no sabemos qué. Por ahora, antropólogos y etnógrafos no han llegado a ninguna conclusión. A los prehistoriadores les ocurre lo mismo. Se habla en periodos ya históricos de ligures, de iberos, de celtas, de vascos, como primitivos pobladores de España pero no se sabe si estos nombres son étnicos, lingüísticos o geográficos. Tampoco se puede discriminar dentro de la historia la influencia de griegos, romanos, godos y árabes. A pesar de lo aparentemente vario de nuestros orígenes resulta dentro de lo étnico que hay una gran unidad de tipo en el español. Así los antropólogos se encuentran un tanto perplejos al ver que en España no hay apenas núcleos de tipo gótico o árabe, sea porque las aportaciones de sangre extranjera han sido débiles o porque el medio ambiente las ha dominado y eliminado. Yo creo que la España actual es étnicamente igual que la del tiempo de Numancia o del tiempo de Séneca.

—Así que esta violencia de ahora es según usted una violencia ancestral.

—Eso es. En el sitio de Calahorra los sitiados se comen a los muertos; los sitios de Numancia y de Sagunto se corresponden al cabo de siglos con el de Zaragoza en tiempos de Napoleón; la guerra contra el Imperio Romano en España se alarga más que en ninguna parte.

—¿Y no habrá en esto algo africano?

—No lo creo. Se dice por algunos que España es un pueblo africano de influencia mahometana y con predominio de raza árabe. El aserto me parece falso y superficial. Esa influencia árabe y mahometana no se advierte en España. El árabe se parece poco al español física y sicológicamente. El mahometano ha sido muy tolerante en religión, el español no lo ha sido. El árabe y el moro son monoteístas de corazón. El español es politeísta por instinto. El árabe ha buscado la voluptuosidad en la vida, el español ha sido austero. El árabe gusta vestir de claro, el español de negro. El español contempla la Alhambra con asombro y con desdén. No le gusta. A mí me pasa lo mismo. La fiesta más clásica de los españoles, las corridas de toros, a los árabes y moros les disgusta.

—Usted cree que no se conoce bien España ni fuera ni dentro.

—Eso me parece. España es un mundo pequeño aparte. Para conocer nuestro país lo más esencial además de su étnica y de su geografía sería estudiar la historia antigua y después el siglo XIX.

—¿Y por qué el siglo XIX?

—Es que en muchos siglos anteriores a este en plena Edad Media y en épocas más modernas de los Austrias y de los Borbones, España vive para afuera. En la época antigua y en el siglo XIX España vive para dentro. Ahora ni del periodo antiguo ni del moderno tenemos una buena historia.

—¿Y qué es lo que caracteriza según usted a estas épocas en las que España vive para dentro?

—Yo creo que la violencia, y con la violencia el dualismo, lo que se podría llamar el extremismo. El bien y el mal separados por un abismo. Esto es algo como el maniqueísmo: Ormuz y Ahriman. Al español no le gusta el término medio. O lo uno o lo otro, como decía Kierkegaard. Ya ve usted en la literatura, todo son extremos: Don Quijote y Sancho. El Cid y Don Juan. En el arte por un lado la severidad del Escorial por otro el barroquismo de algunas fachadas y capillas con una ornamentación que llega a la locura. En la religión pasa lo mismo. Para santo Domingo y para san Ignacio de Loyola la santidad es acción y acción casi militar; para san Juan de la Cruz, fray Luis de León o Molinos la santidad es solo quietud y contemplación. España física y espiritualmente es un país de contrastes violentos. La flora de ingenio es rica pero no aprovechable porque no se conoce. Todas las aportaciones a la cultura y a la historia de los españoles son frenéticas. Hernán Cortés y Pizarro, Calderón y Tirso, Quevedo y Góngora, Zurbarán y Goya son un poco energúmenos; como lo son otros muchos, entre ellos los jesuitas casuístas a quienes ataca Pascal, el padre Mariana, que defiende el regicidio, Miguel Servet, que muere por un tiquismiquis teológico, el abate Marchena, que explica el ateísmo por principios… Todo ese frenesí de la raza vuelve hoy por esa vuelta eterna que idearon los filósofos griegos como Heráclito y que tanto preocupaba a Nietzsche en su última época, pero no vuelve a la cabeza de un solo individuo o de un grupo sino a la colectividad. La colectividad es brutal; en España tiene que ser peor.

—¿Pero vuelven las ideas o los instintos?

—Las ideas quizá sean lo de menos. Lo que perdura son los instintos. Ya ve usted esa política del Frente Popular. Yo creo que es muy poca cosa. Para Francia constituye por ahora uno de tantos periodos de su historia que le permite seguir su vida. En España produce una guerra civil, una convulsión mística con fusilamientos y horrores. Ahora también el español se dice “o lo uno o lo otro”, como Kierkegaard, pero la civilización no es ni lo uno ni lo otro, sino el término medio.

—¿Y la cuestión de derecho no le interesa a usted?

—Nada.

—¿No cree usted en el derecho político?

—No. Creo que eso del Derecho es un mito religioso que perdura.

—¿Y qué partidos están ahora en lucha?

—Supongo que lo sabe usted tan bien como yo.

—No con todos los detalles.

—Pues hay la derecha y la izquierda actuales. En la lucha a los de la derecha les llaman ahora los rebeldes, los nacionales y aquí en el País Vasco los blancos. A los de la izquierda se les designa con los nombres de gubernamentales, marxistas y rojos. La derecha está formada por carlistas, fascistas, monárquicos alfonsinos y militares republicanos. La izquierda la constituyen nacionalistas catalanes y vascos (estos católicos fervientes), republicanos, socialistas, comunistas y anarquistas. Los dos frentes tienen ideologías diferentes pero les une el odio al enemigo común.

—¿Y quién vencerá?

—¿Quién lo sabe? Nadie tiene datos claros para prever el resultado final. Opiniones que valgan no hay. Muchos, la mayoría, quieren dar sus deseos por juicios de algún valor.

—¿A usted qué le parece lo más conveniente?

—Yo creo que si vencen los militares la mayoría de los españoles podrá vivir medianamente. Habrá quizá conmociones severas, pero se podrá vivir. Ahora, si vienen los rojos pasarán muchos años para que se pueda vivir con un poco de calma.

—¿Y no supone usted que un político importante un grande hombre pueda sugerir una solución?

—¿Y dónde están esos grandes hombres?

—¿No cree usted que haya grandes hombres?

—Lo cierto es que no se sabe si es que no hay grandes hombres o es que el mundo ha perdido su capacidad de admiración por ellos. Sea una cosa u otra, para los efectos de la vida es lo mismo.

Don Pio Baroja se pone a hablar de prehistoria, que es lo que actualmente al parecer más le interesa, y le saludamos y le dejamos tomando café en el pequeño restaurant del camino de Ascain entre algunos obreros y campesinos.

Para conmemorar el 90º aniversario de la Guerra Civil, el escritor José Ángel Mañas recrea en Zenda, día por día en esta sección, lo que aconteció este mismo día de 1936. Publicado en Zenda el 6 de septiembre de 2026.

Publicado en Zenda el 6 de septiembre de 2026.













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MARTES, 8 DE SEPTIEMBRE DE 1936: INFORME INTERCEPTADO DE KOLTSO
Estimado camarada Iósif: Como sabrás, durante estos días cambió el Gobierno de España. En principio se trataba de incorporar dos o tres socialistas en el gabinete del republicano José Giral, pero sin romper con los republicanos. El problema ha sido que de repente Largo Caballero ha exigido el Ministerio de la Guerra y la presidencia del Gobierno, provocando la oposición unánime de los restantes partidos. Todos consideran que la agresividad del Viejo, como le llaman en el Partido Comunista, hace imposible la colaboración con nadie. Hasta Álvarez del Vayo, hombre suyo, intentó convencerle de que tomara únicamente el Ministerio de la Guerra y dejase la presidencia a Giral.En el Buró Político están en contra de que Largo Caballero sea jefe del Gobierno. Pero el Viejo, jugando sus bazas, dijo que todo o nada. Prieto, por su parte, pese a su mala relación con Caballero, ya había dicho que aceptaría cualquier puesto en un Gobierno presidido por su rival, y cumplió. Eso sí, protestó por no habérsele concedido la dirección global del Ministerio sino solo la de la flota y la aviación. Insisto en que a todos ha molestado que Largo Caballero sea presidente. Se acepta, sin embargo, que en estos momentos es la figura más prestigiosa del movimiento sindical y el único capaz de encauzar a los milicianos que desde hace dos meses desbordan al Gobierno. Sabiéndose fuerte, Largo Caballero ha presentado como condición sine qua non que los comunistas entren en el gabinete. El Partido prefería apoyar al Frente Popular desde fuera, como hasta ahora. José Díaz y sus colaboradores consideran que su presencia en el Gobierno generará repulsa en el exterior. Pero Largo Caballero juzga que eso son “tontunas”, que el extranjero le importa un bledo, que si los comunistas se niegan él también lo hará. Consecuentemente, el Partido se ha resignado a asumir el Ministerio de Instrucción Pública y el de Agricultura, dos carteras menores. En estas condiciones, esta mañana a las once y media me recibió en el palacio de Buenavista el camarada Largo Caballero. Allí me sorprendió la ausencia de políticos republicanos. Quien me pasó a la sala fue el mismo viejo funcionario que días atrás me acogía en la Casa del Pueblo. Desde que está al frente del Gobierno, Largo Caballero ha cambiado el mono de sarga y el sombrero de campesino por un traje oscuro. Hoy me ha recibido con un silencio frío. Su hostilidad hacia los comunistas es más que evidente. Al cabo, me pidió disculpas por no poder dedicarme mucho tiempo. Dice que ahora no conversa con nadie sobre temas políticos, que para eso existe un Consejo de Ministros, pero que hace una sola excepción con el Pravda. En respuesta a mis preguntas dijo que, como presidente del Gobierno del Frente Popular, representa a todos los trabajadores de los sindicatos en un organismo común con un único objetivo: aplastar el fascismo. Su primera tarea, afirma, es asegurar la unidad de mando del Ejército republicano en el ministro de la Guerra, bajo un nuevo Estado Mayor formado por oficiales profesionales. El nuevo jefe del Estado Mayor será José Asensio Torrado, oficial de su confianza, directamente subordinado a él y quien elaborará un plan completo para organizar un Ejército regular que integre a las actuales milicias. En cuanto al rol de los delegados políticos, no quiso dar una respuesta clara: “Eso lo resolverá el Ministerio de la Guerra”. Él entiende perfectamente mi interés en el asunto, y se muestra esquivo. Como es natural, todo esto lo he comentado en persona con el camarada Rosenberg, quien tampoco ve con buenos ojos el talante del nuevo Gobierno. (Carta dirigida al Kremlin). 
Para conmemorar el 90º aniversario de la Guerra Civil, el escritor José Ángel Mañas recrea en Zenda, día por día en esta sección, lo que aconteció este mismo día de 1936. Publicado en Zenda el 6 de septiembre de 2026.





















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MIÉRCOLES, 9 DE SEPTIEMBRE DE 1936. EL COMITÉ DE NO INTERVENCIÓN

Azaña conversaba por teléfono con su cuñado.

—¡Cuánto me alegro de oír tu voz, Cipriano! ¿Qué tal todo en Ginebra?

—Mal, no te puedo decir lo contrario, Manolo. ¿Te mantiene informado la embajada de lo que ocurre en Londres?

—A diario. Hoy mismo he hablado con nuestro nuevo embajador, Pablo de Azcárate, de la primera reunión de ese vergonzante Comité de No Intervención.

—Aquí la comidilla sigue siendo el paripé lamentable que están haciendo Inglaterra y Francia. Los que vienen de París cuentan que cuando fuimos a pedir aviones este verano a Léon Blum, este, en el jardín del Hotel Matignon, aceptó de inmediato. Pero bastó que pasara por la embajada británica para que los ingleses pusieran el grito en el cielo. Allí le dijeron que de no suscribir el convenio de No Intervención, Londres retiraría su compromiso de defender la frontera con Alemania y se consideraría libre de las obligaciones contraídas en el pacto de Locarno. Ha sido un ultimátum del Foreign Office, Manolo.

—Lo sé, Cipri. ¡Qué cosa más lamentable! Además, en el peor momento. Londres sabía perfectamente que la defensa de Irún era esencial. Y, justo en su fase más crítica, los camiones con armas y municiones para los defensores dejan de pasar por el puente internacional. Los franceses lo clausuraron en el último momento. Lo que Mola no había podido conseguir, lo ha logrado el Pacto de No Intervención. Dicen que en Irún muchos republicanos han quemado sus casas antes de huir con sus pertenencias hacia la frontera.

Azaña se mostró entristecido. Como afrancesado, era un trago amargo verse traicionado por sus aliados naturales. Y, peor, tener que echarse en brazos de ese antipático y soberbio Rosenberg. Ahora lo tenía a diario en palacio, husmeando en cualquier asunto, medrando a ojos vista. Sabía que si Cipriano pudiera ver cómo estaba Madrid, se deprimiría. En la propia puerta de Alcalá habían tenido que poner, en el arco central, un cartelón con el rostro de Stalin, flanqueado en los arcos laterales por retratos de Litvínov y Voroshílov, comisarios rusos de Exteriores y Defensa. Todo para dar gusto a este embajador insoportable que le gestionaba la llegada del armamento soviético.

—¿Y cómo se ha resuelto lo de Londres, Manolo?

—Como se esperaba, Cipri. Han asistido representantes de todos los países europeos a excepción de Portugal, que descarta participar en el pacto hasta que no se prohíba el envío de voluntarios. Por supuesto, ni la República ni los militares rebeldes han sido invitados. Ha sido nombrado presidente del Comité un conservador, Clive, se llama, y uno de sus funcionarios, un tal Francis Hemming, secretario. La reunión se ha celebrado en el Foreign Office. Según mis informes, Ciano, el ministro de asuntos exteriores italiano, tiene instrucciones de Mussolini de dar al Comité un carácter puramente platónico. Eso da el tono. Gran Bretaña dice que no apoyará políticamente ni con armas a los sublevados y obliga a Francia a hacer lo mismo. Vamos, que una de cal y otra de arena.

—Es una farsa, Manolo. Italia, Alemania, y también Portugal, ayudan descaradamente a Franco.

—Lo sé, Cipri, pero ¿qué podemos hacer? Nos niegan la posibilidad de armarnos legalmente. Eso nos ha costado la caída de Irún y, en breve, según dice Largo Caballero, posiblemente la de San Sebastián.

—¿Tan mal van las cosas?

—Peor de lo que nunca imaginamos. El Comité de No Intervención nos ata las manos a la espalda. No nos queda otra que aceptar la ayuda de Rusia. Nunca pensé que Inglaterra y Francia, sobre todo Francia, con el Frente Popular en el Gobierno, nos pudiera hacer esto… Es una infamia, Cipri.

Para conmemorar el 90º aniversario de la Guerra Civil, el escritor José Ángel Mañas recrea en Zenda, día por día en esta sección, lo que aconteció en 1936, quizá el año más trascendental de toda la historia reciente de España. Publicado en Zenda el 9 de septiembre de 2026.





















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JUEVES, 10 DE SEPTIEMBRE DE 1936. CONFERENCIA A ORILLAS DEL TAJO

Por fin, los generales Franco y Mola habían conseguido encontrarse a orillas del Tajo, a la sombra de unos sauces llorones.

—Mucho tiempo sin vernos, Mola.

—Mucho, mi general. No puedo sino alegrarme de encontrarnos a orillas de este río Tajo tan español, que antes nos separaba y hoy nos sirve para unir contingentes. La guerra se alarga, como pronosticaste, pero los hombres mantienen la moral alta. Están convencidos de que la victoria será nuestra. Desde que se interrumpió el suministro de municiones a Irún, el derrumbe republicano en Guipúzcoa fue cuestión de horas. Los que no se rindieron perecieron, y hoy entrarán mis tropas en San Sebastián.

—¿Cuántas bajas?

—Mil bajas en Guipúzcoa, pero ha merecido la pena. Controlamos buena parte de la frontera con Francia. La acción del Comité de No intervención ha sido crucial. La campaña del norte es un éxito, y espero avanzar hacia Asturias y liberar Oviedo. En la zona centro seguimos estancados en el Alto del León, en Guadarrama. De haber pasado por Somosierra o Navacerrada la historia hubiera sido otra, pero mis oficiales sentían la necesidad de acercarse lo más posible a tus tropas. Es un fenómeno que se repite en la guerra: la atracción entre ejércitos. Por eso nos inclinamos por el Alto del León. Ahí seguimos teniendo bajas, no progresamos. Por eso desde ayer mismo he trasladado mi cuartel general a Ávila y algunas de mis columnas ya enlazaron con los tuyos en Arenas de San Pedro. ¿Cómo sigue todo por el sur?

"El único que no está conforme y sigue empeñado en una dirección colegiada es Cabanellas. Los demás estamos de acuerdo en que así no se ganan las guerras. Nos falta un jefe único"

—Bien —asintió Franco—. Tengo a Varela defendiendo Córdoba, y mis tropas controlan Talavera, pese a los contraataques republicanos al mando de Asensio Torrado. Dos intentonas en los últimos días, ambas sin éxito. Hemos afianzado nuestras posiciones.

—De modo que el camino a Madrid queda abierto.

—Podría quedar abierto, sí.

—Te conozco demasiado, general. Entiendo por tus palabras que es verdad lo que me dicen mis hombres: que pretendes desviarte a Toledo en lugar de seguir hasta Madrid, que por eso tienes tan disgustado a Juanito Yagüe.

—Juanito Yagüe no ve más allá de la lógica militar —replicó Franco, con su voz atiplada—. Pero en este caso eso no es lo más importante. Liberar el Alcázar supondría una inyección de moral para los nuestros. Sería un golpe de efecto con gran repercusión internacional. No se habla en todas partes más que de la heroica resistencia de Moscardó. Juanito piensa que perderemos un tiempo precioso. Estima que el enemigo está totalmente desmoralizado y tenemos a nuestras tropas eufóricas. Considera que Madrid puede caer en cuestión de semanas. Y cayendo Madrid, caerán los marxistas de Toledo. Pero yo lo que constato es que, según nos acercamos a Madrid, la resistencia se incrementa. No será tan fácil, Mola.

—Mi opinión, general, es que lo que correspondería sería tomar El Escorial. Y desde allí avanzar juntos, con nuestros dos ejércitos, hacia Madrid desde el norte. Por el margen oriental del Manzanares, la entrada será fácil. En cambio, si subimos desde Toledo nos encontraremos más escollos naturales y les damos tiempo para organizarse. Pero quien manda en tu ejército eres tú.

—Y tú en el tuyo, por supuesto.

—Precisamente, general. Lo de Madrid se puede discutir. Pero lo inaplazable, dadas las circunstancias, es el mando único. Yo ya lo he dicho: si dentro de ocho días no hay mando único, abandono. Es lo que debemos discutir pasado mañana cuando nos veamos con los demás generales. Creo que el único que no está conforme y sigue empeñado en una dirección colegiada es Cabanellas. Los demás estamos de acuerdo en que así no se ganan las guerras. Nos falta un jefe único.

Francisco Franco asintió. En eso, los dos estaban de acuerdo.


JUEVES, 10 DE SEPTIEMBRE DE 1936. CONFERENCIA A ORILLAS DEL TAJO

Por fin, los generales Franco y Mola habían conseguido encontrarse a orillas del Tajo, a la sombra de unos sauces llorones.

—Mucho tiempo sin vernos, Mola.

—Mucho, mi general. No puedo sino alegrarme de encontrarnos a orillas de este río Tajo tan español, que antes nos separaba y hoy nos sirve para unir contingentes. La guerra se alarga, como pronosticaste, pero los hombres mantienen la moral alta. Están convencidos de que la victoria será nuestra. Desde que se interrumpió el suministro de municiones a Irún, el derrumbe republicano en Guipúzcoa fue cuestión de horas. Los que no se rindieron perecieron, y hoy entrarán mis tropas en San Sebastián.

—¿Cuántas bajas?

—Mil bajas en Guipúzcoa, pero ha merecido la pena. Controlamos buena parte de la frontera con Francia. La acción del Comité de No intervención ha sido crucial. La campaña del norte es un éxito, y espero avanzar hacia Asturias y liberar Oviedo. En la zona centro seguimos estancados en el Alto del León, en Guadarrama. De haber pasado por Somosierra o Navacerrada la historia hubiera sido otra, pero mis oficiales sentían la necesidad de acercarse lo más posible a tus tropas. Es un fenómeno que se repite en la guerra: la atracción entre ejércitos. Por eso nos inclinamos por el Alto del León. Ahí seguimos teniendo bajas, no progresamos. Por eso desde ayer mismo he trasladado mi cuartel general a Ávila y algunas de mis columnas ya enlazaron con los tuyos en Arenas de San Pedro. ¿Cómo sigue todo por el sur?

"El único que no está conforme y sigue empeñado en una dirección colegiada es Cabanellas. Los demás estamos de acuerdo en que así no se ganan las guerras. Nos falta un jefe único"

—Bien —asintió Franco—. Tengo a Varela defendiendo Córdoba, y mis tropas controlan Talavera, pese a los contraataques republicanos al mando de Asensio Torrado. Dos intentonas en los últimos días, ambas sin éxito. Hemos afianzado nuestras posiciones.

—De modo que el camino a Madrid queda abierto.

—Podría quedar abierto, sí.

—Te conozco demasiado, general. Entiendo por tus palabras que es verdad lo que me dicen mis hombres: que pretendes desviarte a Toledo en lugar de seguir hasta Madrid, que por eso tienes tan disgustado a Juanito Yagüe.

—Juanito Yagüe no ve más allá de la lógica militar —replicó Franco, con su voz atiplada—. Pero en este caso eso no es lo más importante. Liberar el Alcázar supondría una inyección de moral para los nuestros. Sería un golpe de efecto con gran repercusión internacional. No se habla en todas partes más que de la heroica resistencia de Moscardó. Juanito piensa que perderemos un tiempo precioso. Estima que el enemigo está totalmente desmoralizado y tenemos a nuestras tropas eufóricas. Considera que Madrid puede caer en cuestión de semanas. Y cayendo Madrid, caerán los marxistas de Toledo. Pero yo lo que constato es que, según nos acercamos a Madrid, la resistencia se incrementa. No será tan fácil, Mola.

—Mi opinión, general, es que lo que correspondería sería tomar El Escorial. Y desde allí avanzar juntos, con nuestros dos ejércitos, hacia Madrid desde el norte. Por el margen oriental del Manzanares, la entrada será fácil. En cambio, si subimos desde Toledo nos encontraremos más escollos naturales y les damos tiempo para organizarse. Pero quien manda en tu ejército eres tú.

—Y tú en el tuyo, por supuesto.

—Precisamente, general. Lo de Madrid se puede discutir. Pero lo inaplazable, dadas las circunstancias, es el mando único. Yo ya lo he dicho: si dentro de ocho días no hay mando único, abandono. Es lo que debemos discutir pasado mañana cuando nos veamos con los demás generales. Creo que el único que no está conforme y sigue empeñado en una dirección colegiada es Cabanellas. Los demás estamos de acuerdo en que así no se ganan las guerras. Nos falta un jefe único. Francisco Franco asintió. En eso, los dos estaban de acuerdo.

Para conmemorar el 90º aniversario de la Guerra Civil, el escritor José Ángel Mañas recrea en Zenda, día por día en esta sección, lo que aconteció en 1936, quizá el año más trascendental de toda la historia reciente de España. Publicado en Zenda el 10 de septiembre de 2026.























sábado, 26 de septiembre de 2026

GAU ON, ONDO PASA ETA AMETS GOZOAK IZAN

 






Kaixo berriro, lagunok. Gabon; amets gozoak eta atseden lasaia izan ditzazuela 2026ko irailaren 26ko gau honetan. Espero dut egun zoragarria igaro izana zuen familia eta lagunekin. Bihotz-bihotzez eskertzen dizuet bloga bisitatzea. Pozten nau bisitaz gozatu zenutela pentsatzeak. Tamaragua, lagunok. Zortearen jainkosa eta Patu ona izan ditzazuela bidelagun. Bihar arte. Maite zaituztet denok. HArendt


















DE LA TARDE QUE CAE: LA PRINCESA LEONOR EN LA UNIVERSIDAD DE SU OCTABUELO, POR LOLA PONS. 25 DE SEPTIEMBRE DE 2026

 





Cuando la princesa Leonor entró esta semana a estudiar en la Universidad Carlos III, sita en Madrid, estaba ingresando en un centro de educación superior fundado en el año 1989 y bautizado en honor de Carlos de Borbón y Farnesio, Carlos III (1716-1788). Calificar el parentesco entre ambos Borbones con el vocabulario que nos ofrece el español actual nos enfrenta a un laberinto terminológico, ya que la lengua española tiene bien establecidos los términos de parentesco hasta el cuarto grado en línea recta, pero, a partir de ahí, funde y confunde términos.

Recuerde el lector su estirpe perdida, avive el seso y despierte: antes que los abuelos van los bisabuelos y antes que ellos están los tatarabuelos; nietos, bisnietos y tataranietos son la versión descendente de estas relaciones. Pero si nos alejamos de ese centro del universo que somos nosotros mismos cuando ordenamos el mundo a través de la lengua, el vocabulario se empieza a complicar. Podemos emplear palabras que el español tuvo en otro tiempo: chozno fue la designación para el hijo de un tataranieto; hoy es una palabra desaparecida del español de España, pero fue común en los siglos XVI a XVIII. De hecho, generó derivados (bichozno era el nieto del tataranieto) y sostuvo chistes en géneros populares (“Miente, tataramiente y choznomiente” puso por escrito un autor ingenioso del siglo XVII, Luis Quiñones de Benavente).

Cierto es que, pasando los abuelos, estos términos de familia podían significar una cosa o la contigua: la palabra trasnieto sirvió para expresar el grado de bisnieto, pero en algunas fuentes se hace equivalente al tataranieto; el propio chozno era el nombre tanto para el hijo del tataranieto como para el tataranieto mismo. El panorama es confuso (un exhaustivo artículo del catedrático Jairo J. García, de la Universidad de Alcalá, analiza estos nombres con detalle) y esto se explica porque en las familias comunes no son necesarias especificaciones de estirpe muy remota; solo los nobles por herencia y los miembros de familias reales no pierden del todo la cuenta de sus antepasados. De hecho, como el árbol familiar ofrece una respuesta exacta a lo que la lengua parece confundir, los genealogistas se esfuerzan en acuñar términos que quieren ser inequívocos para designar los grados de parentesco anteriores a los tatarabuelos, pero no hay palabras asentadas más allá de estos, y encadenar un tatara- para cada grado superior a ellos es divertido, pero poco funcional. Por eso es común tirar de numerales, e igual que hablamos de primos segundos o terceros, podemos aludir al sexto, séptimo, octavo abuelo (u octabuelo) de alguien, o bien calificar el parentesco en términos relativos: Leonor estudia un grado en la universidad que lleva el nombre del tatarabuelo del tatarabuelo de su padre.

La historia acerca a Leonor y Carlos III a través de la Universidad, una institución de educación superior que, tanto a finales del siglo XVIII como ahora, se enfrenta a situaciones que debe superar si quiere seguir siendo clave en el desarrollo de la ciencia y el pensamiento. La universidad en época de Carlos III albergaba en sí la discusión entre antiguos y modernos que recorría la sociedad española y afrontaba un reto humano e institucional complejo: la expulsión de los jesuitas ofrecía la oportunidad de reducir la influencia eclesiástica, pero exigía el desafío de reconfigurar centros de enseñanza que habían quedado huérfanos. En un clima de reformismo optimista, distintos escritos doctrinales calentaron el ambiente a favor del fortalecimiento del gobierno rectoral, pidiendo el aumento de la exigencia científica en la provisión de puestos y la reforma de planes de estudio en favor de nuevos saberes aplicados. Cada uno de esos reformistas del XVIII, tan animados por el espíritu con que gobernaba Carlos III, tenía su propio ideal de rigor universitario, pero lo novedoso de la etapa es que existan esos ideales, es decir, que se plantee la necesidad de servirse de la Universidad como lugar de enseñanza y de investigación, en la creencia de que la conjunción de ambos planos forjaría sociedades más capacitadas y (oh, inocencia de la Ilustración) más felices.

La imagen de la princesa Leonor entrando esta semana en una universidad pública para continuar su formación rebasa, como casi todo cuanto hace públicamente un miembro de la Casa Real, el terreno de lo personal. Es una estampa elocuente que refrenda a la universidad pública española frente a quienes se empeñan en retratar a nuestros centros universitarios como lugares vetustos y poco apropiados para la formación de excelencia. Algunos problemas de la institución universitaria en época de Carlos III siguen vivos; otros son propios de nuestro tiempo: la cicatería con que se le asignan recursos financieros, la proliferación social de discursos interesados en desacreditar el conocimiento científico, la mercantilización de la educación superior. Nuestra Universidad de hoy es también el resultado de su propia genealogía, con reformas, continuidades y conflictos. La continuidad de una Monarquía que pretende proyectarse hacia el futuro pasa por reconocer el valor de las instituciones públicas que durante siglos han construido una parte esencial del país que esa misma Corona representa. Lola Pons Rodríguez es filóloga. Publicado en El País, 12 de septiembre de 2026.





















DEL CAFÉ DE SOBREMESA: DE UN INGLÉS, UN ARGENTINO Y UN ISRAELI…, POR JOHN CARLIN. 26 DE SEPTIEMBRE DE 2026

 





Imagínense un chiste que empieza con “un inglés, un argentino y un israelí se encuentran en un bar”. Al poco rato se ponen a hablar de los malvinenses, los judíos y los palestinos. ¿Cómo termina el chiste? Ni idea. Lo dejo a la imaginación de los lectores.

Lo que sí sé es que la idea comprime tantas contradicciones, confusiones y payasadas que daría para una buena serie de televisión. Basada, claro, en hechos reales. El inglés sería el canciller británico Ed Miliband; el israelí, el primer ministro Beniamin Netanyahu, y el argentino, el presidente Javier Milei.

El arranque de la serie nos lo daría Miliband. En un discurso esta semana acusó a Israel de llevar a cabo una campaña contra los palestinos de “limpieza étnica” en Cisjordania y de “horror” en Gaza. El embajador de EE.UU. en Israel, Mike Huckabee, respondió que Miliband era un “jew hater”, literalmente “odiador de judíos”.

Primera broma: Miliband no solo es judío sino que, como declaró en el mismo discurso, es “orgullosamente judío”. Segunda broma: Miliband anunció sanciones económicas británicas contra los colonos israelíes que sistemáticamente aterrorizan a los palestinos residentes en Cisjordania. Bueno, broma solo en el sentido de que el Reino Unido no pinta casi nada hoy en política internacional. Es un gesto simbólico que tendrá cero impacto en la política interna israelí.

Algo le habrá dolido a Netanyahu, sin embargo, ya que como respuesta se inventó un nuevo apodo para la Pérfida Albión, “la República Islámica de Gran Bretaña”. (Una oportunidad aquí, quizá, para que entren en escena el poco republicano rey Carlos III, “defensor de la fe” cristiana, y el ministro de Defensa británico, que es gay.)

Ahora, el factor que daría a la serie un carácter único sería Milei, sin olvidar a sus perros, los cuatro vivos y el muerto, Conan, con el que el mandatario argentino se comunica a través de una médium. Y sin olvidar tampoco el que sería uno de los ejes del drama, las islas Malvinas, foco del conflicto más absurdo del mundo desde que José María Aznar se lanzó a la guerra contra Marruecos en el 2002 para defender la soberanía española sobre la isla deshabitada de Perejil.

Milei venera a Netanyahu y el amor es mutuo: Israel se ha aliado con Argentina contra el Reino Unido

Como sabrán, Milei acaba de descubrir un nuevo entusiasmo por “recuperar” la soberanía argentina sobre las Malvinas, con una población de 3.500 personas. Parte de la gracia de Milei, aparte de que como personaje ofrece una mezcla entre Cantinflas y Mussolini, es que uno de sus grandes ídolos es Margaret Thatcher, cuya foto tiene –o tenía hasta hace poco– enmarcada en su despacho de la Casa Rosada. Thatcher no solo lideró la victoria británica de 1982 en las Malvinas, sino que ordenó la gran atrocidad de aquella guerra, el hundimiento del navío militar Belgrano, que acabó con las vidas de 323 argentinos.

Dicho esto, Thatcher es una monjita de la caridad al lado de Netanyahu y, más si cabe, de su ministro de Seguridad Nacional, Itamar Ben-Gvir, lo que no impide que Milei los venere hoy tanto o más que a la Dama de Hierro en su día. El amor es mutuo y, como consecuencia, Israel se ha aliado con Argentina contra el enemigo común, el Reino Unido (o, como dicen en Argentina, “Inglaterra”).

Milei, que se jacta de ser “el presidente más sionista del mundo”, dijo lo siguiente en abril durante su tercera visita a Israel desde que llegó al poder: “Con determinadas culturas no vamos a poder convivir, porque si nosotros respetamos el derecho a la vida no podemos convivir con quienes nos quieren matar”. Pero Milei sí puede convivir con Ben-Gvir, aquel que dijo el mes pasado: “Creo que deberían llevarse a cabo asesinatos selectivos en Gaza, eli­minando a 30 o 40 cada noche. No solo a quienes suponen una amenaza inmedia- ta; hay personas allí que no son dignas de vivir. No deberían vivir. Ni siquiera son personas”.

Más que convivencia, hay solidaridad. Ben-Gvir declaró esta semana que ya era hora de que “el Estado de Israel reconozca públicamente que las islas Malvinas son territorio argentino ocupado, que los británicos le roban violentamente al pueblo argentino”. También pidió a Netanyahu que impusiera sanciones a Gran Bretaña “mientras la ocupación continúe”. Parte del atractivo del neonazi israelí –como figura teatral, digo– es que no posee la más mínima capacidad de verse a sí mismo como realmente es. Que acuse a otro país de “ocupación” ilícita sin ironía alguna es prueba de ello.

El problema de Argentina con las Malvinas no son tanto los británicos, en el fondo, como los malvinenses

Material para al menos un episodio de la serie lo aportaría la dimensión económica de la causa de las Malvinas. Milei, en un intento de agregar una pizca de seriedad a la eterna reclamación territorial argentina, se declaró enfurecido hace unos días por la noticia de que los británicos han dado luz verde a la explotación de petróleo en las aguas malvinenses. Pero aquí viene otra broma. Los británicos dieron luz verde a un consorcio liderado, con el 65% de las acciones, por una empresa israelí con sede en Tel Aviv.

¿Cómo haría Milei para cuadrar el círculo? ¿Quizá haciendo la vista gorda a esta pequeña anomalía a cambio de que Israel sume sus tropas a una segunda aventura militar para recuperar las islas?

El problema de Argentina con las Malvinas no es tanto los británicos, en el fondo, como los malvinenses, que en el referéndum más reciente votaron en un 99,8% a favor de seguir siendo leales a la corona británica, con tres votos en contra. Si votasen un día a favor de convertirse en argentinos, los británicos no dudarían ni un segundo en decir adiós y buenas noches, agradecidos de quitarse de encima un vestigio de imperio que les resulta caro e incómodo y no suscita el más mínimo interés en su ciudadanía. Como hay menos posibilidad de que los malvinenses opten por ser argentinos que de que los palestinos opten por renunciar a sus reclamaciones territoriales en Tierra Santa, la única salida para Milei tiene que ser, por lógica, militar.

El riesgo es que con los Ben-Gvir en el equipo el desenlace consista en la solución final del exterminio. En asesinar cada noche a 30 o 40 malvinenses durante unos 74 días, lo que duró la guerra de 1982. Poco probable, se supone, y demasiado macabro, incluso para una serie de humor negro. Pero con tanto loco suelto reírnos es de lo poco que nos queda para no romper a llorar. John Carlin es escritor. La Vanguardia, 12 de septiembre de 2026.