lunes, 11 de mayo de 2026

DEL ASUNTO DEL DÍA. CONTRAHISTORIAS, POR ANTONIO MUÑOZ MOLINA. 11 DE MAYO DE 2026

 






La historia es infinitamente variada e imprevisible. Como no está regida por normas de verosimilitud y coherencia, es más sorprendente que cualquier ejercicio de ficción. No recuerdo ahora quién la definió como “la ciencia de las cosas que suceden una sola vez”. La historia no es una ciencia, ni falta que le hace, aunque se ayude cada vez más de procedimientos científicos. Es un saber exigente y tan riguroso como sea posible, pero, al carecer de la posibilidad de la experimentación, le está vedada la facultad, exclusiva de la ciencia, de formular predicciones comprobables. Por eso, las bibliotecas universitarias están llenas de volúmenes obsoletos escritos por historiadores de inclinación idealista o marxista que aspiraban a dilucidar, en el panorama de los hechos del pasado, las leyes históricas del devenir humano, a veces con una tintura de determinismo darwinista que situaba casualmente la cima de la evolución en los varones blancos de clase alta que regían el capitalismo imperial en el tránsito hacia el siglo XX. Decía Simone Weil que muchas personas abandonan la fe religiosa en nombre de la ciencia y a continuación ponen en ella la misma fe que ponían antes en la religión. En la Facultad de Geografía e Historia en la que yo estudiaba, cualquier elemento de religiosidad o providencialismo estaba excluido, pero los procesos históricos se definían como encarnaciones de las leyes históricas que conducirían indefectiblemente al paraíso final del comunismo, apocalipsis y aurora al mismo tiempo.

Como está recordando siempre John Gray, el culto a la racionalidad habría sido una variante del culto a la fe, y la idea del progreso y el triunfo final de la igualdad y la justicia, una adaptación de las predicciones arcaicas del Apocalipsis de san Juan, libro funesto, dicho sea de paso, que debió de incluirse por casualidad en el Nuevo Testamento, y que ha inspirado algunas de las peores calamidades y matanzas de seres humanos.

Frente a narraciones tan atractivas, prometedoras y aterradoras a la vez, la historia en prosa puede resultar tan falta de emoción como una digna película realista de poco presupuesto frente a las superproducciones de fantasías barrocas y violentas de Hollywood. La historia es “una puñetera cosa detrás de otra”, según la escéptica definición que se atribuye unas veces a Winston Churchill y otras a Mark Twain. Pero la necesidad de la superproducción parece incontenible si nos fijamos en la cantidad de libros truculentos de presunta historia y en el volumen megalítico de las novelas históricas que ocupan las librerías, así como en la presencia de alusiones a la historia en las diatribas políticas contemporáneas. Con raras excepciones, a los personajes de la política no se les advierte un interés por el conocimiento histórico, o por cualquier clase de conocimiento, pero todos ellos tienen una ardiente inclinación por aprovechar retales de historia de segunda o tercera mano en sus trifulcas. Me acuerdo de que en los años en que más arreciaba a izquierda y derecha el nacionalismo de lo originario, el afán de encontrar a toda costa diferencias irreconciliables condujo a una paradójica unanimidad: todos los pueblos o naciones “del Estado” habían vivido en un perpetuo paraíso hasta que fueron invadidos por los españoles. En Andalucía, el paraíso era el pasado musulmán, multicultural y tolerante, que habría sido abolido por los castellanos exactamente el 2 de enero de 1492, con la toma de Granada por los Reyes Católicos, fecha tan negra como el 11 de septiembre de 1714, cuando el laborioso y también multicultural y tolerante paraíso catalán dio paso a varios siglos de tiranía borbónica.

Todas estas falsificaciones aspiraban a barrer otras de signo contrario, las que muchos de nosotros padecimos en las escuelas franquistas. Aprendíamos que desde Viriato, Numancia y Sagunto los españoles se habían rebelado a sangre y fuego contra los invasores extranjeros, igual que lo hicieron en los ocho siglos de la Reconquista, en la guerra de la Independencia, y sobre todo, más recientemente, en la otra Reconquista, la Cruzada de Liberación, en realidad otra guerra religiosa contra la impiedad voltairiana y marxista venidas del extranjero. La conquista de América había sido una gesta —palabra entonces muy usada—civilizatoria y evangelizadora. En las películas en blanco y negro, Colón se arrodillaba en una playa con palmeras alzando una cruz, y nativos adornados con pelucas y con improbables calzoncillos le ofrecían bandejas de frutas tropicales y escuchaban con inocente anhelo a los predicadores franciscanos, aceptando mansamente el bautismo. En lejanas islas de Oceanía, misioneros españoles sanaban milagrosamente a los leprosos. Con un tenaz rencor de siglos, los enemigos de España difundían por el mundo las calumnias de la Leyenda Negra.

Hay evidencias documentales suficientes para desmentir tantos embustes. Historiadores mexicanos de la escuela del formidable Miguel León-Portilla han rescatado la visión de los vencidos, por usar el título de un libro apasionante en el que se cuenta la conquista a partir de los testimonios de quienes la vieron y la padecieron mientras sucedía. En España, las leyendas más infundadas sobre Don Pelayo y la llamada Reconquista —¿eran invasores quienes habitaron durante ocho siglos en un territorio?— incendia de nuevo la xenofobia fascista de la ultraderecha y de esa derecha española tan ávida por sumarse a ella, por ahora con guantes. Centenares de libros espléndidos relatan las infinitas interconexiones entre cristianos, musulmanes y judíos en los reinos medievales de la Península, pero el único libro que esta gente parece haber leído es la enciclopedia obligatoria con la que nos adoctrinaban a los niños de hace ya más de medio siglo.

No se trata de determinar si los españoles hemos sido mejores o peores a través de la historia, o incluso de la prehistoria. No hay caracteres nacionales que se mantengan a lo largo de siglos. Ni siquiera hay caracteres nacionales: todas las naciones y sus caracteres indelebles, y hasta sus indumentarias tradicionales, son inventos de mediados del siglo XIX, urdidos por novelistas de segunda fila o poetas con vocación anticipada de estatuas y propensión a los ripios caudalosos.

La momia de Don Pelayo y la del Cid vuelven de sus tumbas para liderar cacerías de esos inmigrantes a los que algunos disfrutan tanto llamando moros. Como una nueva Monja Alférez o Agustina de Aragón, Isabel Díaz Ayuso viaja a México, con gran puntería histórica, para reivindicar la Conquista española y toda la palabrería de las glorias patrióticas, tan apolillada como los estandartes y las pelucas y togas de los maceros en las conmemoraciones municipales. Y en el lado contrario, la presidenta de México afirma que la grandeza de su país “viene de los valores de los pueblos originarios”, valores que su antecesor, López Obrador, también historiador aficionado, define en su último libro basándose no en los hechos históricos, sino en una ficción tan europea y eurocéntrica como la del buen salvaje. Las poblaciones indígenas, dice López Obrador, “tenían nobleza espiritual y no conocían más que la fraternidad”; “no conocían el apego al dinero, la explotación y el egoísmo”; “la honestidad era un distintivo de los antiguos pobladores y se ha conservado como forma de vida en la sociedad mexicana”.

No existe la menor duda sobre el impacto destructor del colonialismo occidental sobre las sociedades originarias en cualquier parte del mundo. A la violencia física consciente y la rapacidad explotadora se une el efecto quizás mayor de las epidemias causadas por la falta de defensas de esas poblaciones contra virus y bacterias traídos por los europeos. “Cada documento de civilización es también un documento de barbarie”, escribió Walter Benjamin, sabiendo de qué hablaba. Pero para hacer justicia a las víctimas no hace falta dotarlas de una inocencia adánica tan irresponsable como el heroísmo que desde el otro lado se atribuye a los verdugos. Antonio Muñoz Molina es escritor y miembro de la Real Academia Española. El País, 9 de mayo de 2026.



























DEL POEMA DE CADA DÍA. TODOS LOS EJÉRCITOS SON IGUALES, POR ERNEST HEMINGWAY

 








TODOS LOS EJÉRCITOS SON IGUALES


 


Todos los ejércitos son iguales


la publicidad es fama


la artillería hace el mismo viejo ruido


el valor es atributo de los muchachos


los viejos soldados tienen los ojos cansados


todos los soldados escuchan las mismas viejas mentiras


los cadáveres siempre han atraído a las moscas.




ERNEST HEMINGWAY (1899-1961)

poeta estadounidense





***




ALL ARMIES ARE THE SAME




All armies are the same


Publicty is fame


Artillery makes the same old noise


Valor is an attribute of boys


Old soldiers have tired eyes


All soldiers hear the same old lies


Dead bodies have always drawn flies.




ERNEST HEMINGWAY (1899-1961)




***




Ernest Miller Hemingway (Oak Park, Illinois, 21 de julio de 1899-Ketchum, Idaho, 2 de julio de 1961) fue un escritor y periodista estadounidense, uno de los principales novelistas y cuentistas del siglo XX. Su estilo sobrio—que él denominó la teoría del iceberg—tuvo una gran influencia sobre la ficción del siglo XX, mientras que su vida de aventuras y su imagen pública le trajeron la admiración de las generaciones posteriores. Hemingway escribió la mayor parte de su obra entre mediados de la década de 1920 y mediados de la década de 1950. Ganó el Premio Pulitzer en 1953 por El viejo y el mar y al año siguiente el Premio Nobel de Literatura por su obra completa. Publicó siete novelas, seis recopilaciones de cuentos, dos ensayos y una obra de teatro. Póstumamente se publicaron tres novelas, cuatro libros de cuentos y tres ensayos. Muchos de estos son considerados clásicos de la literatura de Estados Unidos. Se suicidó el 2 de julio de 1961 a los 61 años.




















DEL ARCHIVO DEL BLOG. MITOS, POR HARENDT. PUBLICADO EL 11 DE MAYO DE 2008

 








Hay un famoso libro de Claude Lévi-Strauss titulado "Mitológicas. Lo crudo y lo cocido" (Fondo de Cultura Económica, México, 1968), todo un clásico de la antropología y la etnografía, en el que se analiza y desmenuza con absoluto rigor científico el mito de referencia de los "bororo", una tribu indígena del Brasil central, a la que el insigne investigador francés dedicó la mayor parte de su vida.

Con toda seguridad no es la pretensión del escritor Gustavo Martín Garzo la misma que la del profesor Lévi-Strauss, aunque su artículo de hoy en El País, "Las enseñanzas de Sherezade", se inicie con una definición bastante académica del concepto de mito, sino que se centra en la contraposición paradojica entre el mundo del "mito" y el de las "historias inventadas" con la conclusión de que el mundo del mito -y con él, el de la "verdad" de "su historia"- da a los sueños la solidez de lo real, y a la realidad la intensidad de los sueños. Dice así: Un mito es una historia que, afectando a toda una comunidad, es juzgada por sus miembros como verdadera. Según esto, frente a las historias inventadas, con las que los hombres entretienen su tiempo y avivan su fantasía, existirían las historias verdaderas, que nos hablarían de lo que íntimamente son.

Por ejemplo, las historias que se refieren al origen de las cosas son míticas. La historia del paraíso lo es para el universo cristiano y judío porque en ella se habla de la causa por la que empezó el exilio del hombre en la tierra. Y, en el mundo griego, la historia de Prometeo o la de Demeter y Proserpina son míticas, ya que en ellas se habla, respectivamente, del descubrimiento del fuego y de los ciclos productivos asociados a las estaciones.

Las historias míticas abarcan un espectro muy amplio y pueden referirse desde a grandes dramas del espíritu humano, como la expulsión o el éxodo, hasta a asuntos menores como la creación del vino o el origen de las flores. El narciso surge de la metamorfosis de un joven y bello pastor que se enamora de su reflejo en el agua; el heliotropo, que siempre mira al sol, es la forma que toma la ninfa Clitia al languidecer de amor; el laurel oculta el cuerpo tembloroso de Dafne; y los lirios son gotas de leche vertidas por la diosa Hera cuando alimentaba al pequeño Hércules.

Las historias verdaderas se oponen a las historias inventa-das en que, mientras que aquellas dicen la verdad de lo que somos, éstas no serían sino fórmulas complacientes que nos ayudarían en la tarea de hacer más gratas nuestras horas de soledad.

En nuestro universo cristiano, la conmemoración del nacimiento de Jesús es una historia verdadera, mientras que el cuento de La Bella Durmiente es una inventada. La primera afecta a toda la comunidad de creyentes; la segunda, pertenece a ese ámbito de la intimidad que es el espacio de la crianza de los niños. Pero no siempre es fácil distinguir unas de otras. Nada diferencia, por ejemplo, la historia de la Anunciación de las historias de Rapónchigo o de Blancanieves. Una muchacha que recibe la llegada de un ángel, y que concibe un niño llamado a ser el rey de los hombres, ¿no es el comienzo de un cuento de hadas?

Pero el niño posee un pensamiento mágico en que realidad y ficción se compenetran y fecundan y no tiene claro los límites que separan los dos mundos. Un niño pequeño cree con naturalidad pasmosa la historia de Noé, pero también la de San Jorge y el Dragón o la de Peter Pan, que es ese malicioso personaje que vive anclado en la infancia; por lo que esa distinción entre lo real y lo ficticio siempre le será extremadamente difícil de llevar a cabo, y sólo la intervención del adulto podrá ayudarle en esa tarea.

Al hombre arcaico le pasaba algo parecido. Pensemos, por ejemplo, en las historias de aparecidos. Nuestros antepasados tenían que enfrentarse al enigma de la muerte y aquellas his-torias de familiares que regresaban de sus tumbas a intervenir en el mundo de los vivos, lejos de ser un mero entretenimiento, tenían el carácter de historias verdaderas que estaban en la base de la constitución misma de lo real. Walter Benjamin dijo que nuestro mundo es rico en información pero pobre en historias memorables, queriendo advertir, según creo, del empobrecimiento que había supuesto para el mundo del relato la pérdida de su sustrato mítico.

Curiosamente, la falta de referencias a esas historias verdaderas que constituyen la base del mito ha provocado un empobrecimiento tanto de la realidad como de la ficción. De lo que es sin duda un ejemplo ese mundo tan comentado de las leyendas urbanas, que en el mejor de los casos apenas sirven para otra cosa que para hacernos más grata la sobremesa. La ficción entendida como mero entretenimiento, como mundo paralelo que nos permite sortear el aburrimiento y el cansancio de lo real, termina por convertirse en un juego banal que apenas es capaz de provocarnos algún que otro estremecimiento. O dicho de otra forma, las ficciones nos pertenecen; las historias verdaderas no. Aún más, son ellas las que nos dicen lo que somos y lo que cabe esperar de nosotros. Es la misma diferencia que existe entre el mundo del secreto y el del misterio. El mundo del secreto pertenece al ámbito de la ficción, el del misterio al de la verdad. Somos dueños de nuestros secretos, pero es el misterio el que nos posee.

Pero el mito y el misterio han desaparecido de nuestras vidas, y el hombre contemporáneo ha dejado de creer que existan historias verdaderas. ¿Quiere decir esto que su vida se ha hecho más real? Más bien sucede lo contrario. Es la paradoja de los mitos, que a su manera son dadores de realidad. En los evangelios se nos dice que uno de los discípulos descubre al Jesús resucitado por la forma en que éste parte el pan en la mesa. Los restaurantes actuales entregan cartas de panes a sus clientes, pero es difícil que el pan llegue a tener para ellos la materialidad que tenía para los creyentes que escuchaban aquel relato. Incluso unas simples lentejas nunca serán las mismas para quien, tras crecer bajo el influjo misterioso de la Biblia, haya escuchado la historia de la traición de Jacob a Esaú. Es la paradoja del mundo del mito, y de sus historias verdaderas, que dan a los sueños la solidez de lo real, y a la realidad la intensidad de los sueños.

El planteamiento de una obra como El Decamerón no es, en el fondo, distinto al de estos concursos en que un grupo de hombres y mujeres jóvenes se ven obligados a permanecer ais-lados frente a las cámaras de televisión. En El Decamerón era la peste la que les hacía huir, y entonces daban en contarse historias con las que trataban de distraerse de sus angustias, pero en las que también se preguntaban por el mundo del deseo, por el significado de la dicha y del dolor, y con las que trataban, en definitiva, de conjurar a la muerte. Lo que no sucede en absoluto en los programas aludidos, en los que asistimos a un cúmulo de despropósitos y tópicos que ratifican el radical descrédito de lo real que padece el mundo actual.

Sherezade visitaba al sultán cada noche y gracias al arte de sus relatos no sólo logró salvarse, sino salvar la vida de cuantas muchachas habrían tenido que sucederle en su lecho. El mundo del relato siempre ha ido unido a la pregunta por el poder de la muerte, y a la necesidad de encontrar una manera de burlarla. Y es cierto que el mundo de la ficción no pertenece exactamente al mundo del mito, pero aspira a reflejar una parte de su verdad. Y así el mito vuelve a nosotros y, al hacerlo, la realidad se abre y nos entrega sus frutos más sabrosos. Bien mirado, ¿no es ésa la aspiración del narrador? Un puente entre la verdad y el mundo real, eso son todas las historias que merecen la pena. 

















DE LAS VIÑETAS DE HUMOR DEL BLOG DE HOY LUNES, 11 DE MAYO DE 2O26

 






























SALUTACIONS A LES LLENGUA DE LA MEVA PÀTRIA ESPANYOLA. AVUI DILLUNS, 11 DE MAIG, EN CATALÀ

 








Hola, bon dia de nou a tots i feliç dilluns. A hores d'ara, dilluns a la matinada, 11 de maig, tota l'operació de transvasament dels passatgers del vaixell infectat amb l'hantavirus, fondejat al port de Granadilla d'Abona, al sud de l'illa de Tenerife, als avions que els traslladaran als seus països d'origen, o està conclosa oa punt de concloure. Sense novetats ni alarmes, com havia de ser. Deixem-ho així, i que els déus maleeixin els qui han posat en dubte, començant pel govern de les Canàries, la competència de l'Organització Mundial de la Salut, els metges i el personal sanitari espanyol encarregat de l'operació. Pel que fa a les entrades del bloc d'avui. la primera són les vinyetes d'humor del dia, per alleujar la tensió amb un somriure, encara que algunes tenen molt i molt mala llet. La segona és un arxiu del bloc de tal dia com avui de 2008, titulat Mites, i signada per HArendt. La tercera, amb el poema del dia, es titula Tots els exèrcits són iguals, i està signada pel premi Nobel de literatura Ernest Hemingway. La quarta, amb l?assumpte del dia, es titula Contrahistòries, i la signa l?escriptor Antonio Muñoz Molina. La cinquena, amb el cafè de sobrema, la signa la filòloga Lola Pons, i es titula Xeinbaum i Ysabel, suposo que endevinen de què va. La sisena, amb el primer De la tarda que cau, es titula El poder del Papa i la signa l'escriptor Javier Cercas. La setena la signa l'escriptor Juan Tallón, i porta el títol de No massa informats. I la vuitena i última del dia és de l'escriptor Leonardo Padura i es titula Una esgarrinxada a la pedra. Espero que us resultin d'interès. Tamaragua, amics meus. Ens veiem demà si la deessa Fortuna ho permet. Sigueu feliços, us ho prego: us ho mereixen, ens ho mereixem. Petons. Els vull. HArendt






















ENTRADA NÚM. 10484

domingo, 10 de mayo de 2026

MI PLAN DE LECTURAS PARA EL INVIERNO/OTOÑO DE 2026 AL DÍA DE HOY. DOMINGO, 10 DE MAYO DE 2026

 





PLAN DE LECTURAS. INVIERNO 2025-OTOÑO 2026

===============================


INVIERNO, 2025/2026

==============

LA FUGITIVA (A LA BUSCA DEL TIEMPO PERDIDO, T. VI), de Marcel Proust (leída).

HANNAH ARENDT, UNA BIOGRAFÍA INTELECTUAL, de Thomas Meyer (leída).

IDENTIDAD Y AMISTAD, de Emilio Lledó (leída).

EL TIEMPO RECOBRADO (A LA BUSCA DEL TIEMPO PERDIDO, T. VII), de Marcel Proust (leída). 

APOLOGÍA DE SÓCRATES, de Platón (leída).

WALDEN, de Henry David Thoreau (leída).

LOS GRANDES CEMENTERIOS BAJO LA LUNA, de George Bernanos (leída).

EL GRAN GATSBY, de F. Scott Fitzgerald (leída).

LA MARAVILLOSA HISTORIA DEL ESPAÑOL, de Francisco Moreno (leída).

FEDÓN, de Platón (leída).

SONETOS DE AMOR, de William Shakespeare (leída). 

ANA NO, DE Agustín Gómez Arcos (leída).

CAMINAR, de Henry David Thoreau (leída).

(Trece lecturas completadas).

     

PRIMAVERA, 2026

===========

LA SOCIEDAD DEL CANSANCIO, de Byung-Chul Han (leída).

ENEIDA, de Virgilio (leída).

BIOGRAFÍA DEL SILENCIO, de Pablo D’Ors (leída).

TRISTRAM SHANDI, de Laurence Sterne (leída).

CRÓNICA DE LA LENGUA ESPAÑOLA, de la Real Academia Española (leída).

COMERÁS FLORES, de Lucía Solla (leída).

SAN MIGUEL, BUENO Y MÁRTIR, de Miguel de Unamuno (leída).

EL ARTE DE TENER RAZÓN, DE ARTHUR SCHOPENHAUER (leída).

SUITE FRANCESA, de Irène Némirovsky (leída).

ANTOLOGÍA GENERAL, de Pablo Neruda (leyendo ahora).

ANTOLOGÍA EN VERSO Y PROSA, de Gabriela Mistral (pendiente de lectura).

MARTÍ EN SU UNIVERSO, de José Martí (pendiente de lectura).

EL PERIÓDICO DE LA DEMOCRACIA, de Javier Cercas (pendiente de lectura).

(Nueve lecturas completadas y cuatro pendientes).


VERANO, 2026

=========

ORIGEN Y META DE LA HISTORIA, de Karl Jaspers (pendiente de lectura).

LA DECADENCIA DE OCCIDENTE - 2 TOMOS, de Oswald Spengler (pendiente de lectura).

ARTE SONORA, de Auserón (pendiente de lectura).

UNA HISTORIA DE LA FILOSOFÍA, de Jürgen Habermas (pendiente de lectura).

HISTORIA ALTERNATIVA DE LA FELICIDAD, de Juan Antonio González Iglesias (pendiente de lectura).

POLÍTICA Y FICCIÓN, de Jorge Lagos y Pablo Bustinday (pendiente de lectura).

ESCRITOS 6, de Soren Kierkegaard (pendiente de lectura).

¿TIENE FUTURO LA VERDAD? de Georg Steiner (pendiente de lectura).

UN CABALLERO EN MOSCÚ, de Amor Towles (pendiente de lectura).

MANIFIESTO POR UNA DEMOCRACIA RADICAL, de Jordi Sevilla (pendiente de lectura).

GALDÓS, Yolanda Arencibia (pendiente de lectura).

CONTRA EL ESTADO, de James C. Scott (pendiente de lectura).

MOMO, de Michael Ende (pendiente de lectura).

LA MEMORIA RECUPERADA, de Antonio Iglesias (pendiente de lectura).

(Quince lecturas pendientes).


OTOÑO, 2026

=========

ERASMO Y ESPAÑA, de Marcel Bataillon (pendiente de releer).

ULISES, de James Joycee (pendiente de releer).

ENSAYOS, de Michael de Montaigne (pendiente de releer).

OBRAS COMPLETAS, de Esquilo, Sófocles y Eurípides (pendiente de releer).

IBIS, de Vargas Vila (pendiente de releer).

ASÍ HABLÓ ZARATUSTRA, de Friedrich Nietzsche (pendiente de releer).

¿QUÉ ES LA POLÍTICA?, de Hannah Arendt (pendiente de releer).

LA REPÚBLICA, de Platón (pendiente de releer).

(Ocho lecturas pendientes).



TOTAL DE LECTURAS PROGRAMADAS EN EL AÑO: 45).






















REVISTA DE PRENSA. ESPECIAL DOMINICAL TRES. EL ESTALLIDO DE TRUMP, POR ROBERT REICH. 10 DE MAYO DE 2026

 







Amigos: Estamos presenciando lo que le sucede a una persona que está consumida por la necesidad de dominar, pero no puede hacerlo.

Es improbable que Irán ceda. Puede soportar mejor la presión económica de un bloqueo que la que Trump puede soportar la presión política derivada del aumento del precio de la gasolina (actualmente cerca de 4,50 dólares el galón, de media), seguido pronto por el aumento de los precios de los alimentos.

Su inminente fracaso en Irán no es solo una grave derrota geopolítica para Estados Unidos; es una crisis personal para Trump.

El aumento de los precios, sumado a una guerra cada vez más impopular, ha incrementado la probabilidad de que los demócratas recuperen el control de la Cámara de Representantes e incluso posiblemente del Senado en las próximas elecciones de mitad de mandato.

Una vez más, no se trata solo de una derrota política para el Partido Republicano, sino también de una crisis personal para Trump.

Su ego no puede aceptar una derrota humillante, como vimos después de las elecciones de 2020. Su necesidad de intimidar, dominar y someter está tan arraigada en su mente insegura que las derrotas que ahora enfrenta —ante Irán y los demócratas— ya están provocando explosiones.

Está publicando mensajes más descontrolados que nunca: atacando, insultando, ridiculizando, amenazando.

El domingo, Trump publicó que los demócratas habían “AMAÑADO las elecciones presidenciales de 2020. ¡REPUBLICANOS, PÓNGANSE FIRMES, YA VIENEN, Y VIENEN RÁPIDO! No son buenos para nuestro país, casi lo destruyen, ¡y no queremos que eso vuelva a suceder!”. Exigió que los republicanos “aproben todas las salvaguardias necesarias para las elecciones a fin de proteger al público estadounidense durante las próximas elecciones de mitad de mandato”.

Muchas de sus publicaciones son extraños himnos generados por IA a sí mismo, a sus poderes divinos, al físico que desea y a su autoimagen de omnipotencia. El viernes por la noche, publicó una imagen generada por IA de sí mismo, JD Vance, Marco Rubio y Doug Burgum, todos sin camisa y con físicos jóvenes, de pie en el estanque reflectante frente al Monumento a Lincoln, junto con una mujer no identificada en bikini. Minutos después, publicó una imagen del líder de la minoría de la Cámara de Representantes, Hakeem Jeffries, sosteniendo un bate de béisbol, con un pie de foto que lo calificaba de "bajo coeficiente intelectual", "matón" y "un peligro para nuestro país". El martes, publicó imágenes generadas por IA de Joe Biden arrodillado con el pie de foto "COBARDES, ARRODÍLLENSE", Barack Obama con el pie de foto "TRAIDORES, INCLINARSE" y él mismo con el puño en alto y el pie de foto "LÍDERES, LIDERA".

Su boca, que nunca ha tenido control, ahora está descontrolada. Incluso ha vuelto a atacar al papa, acusándolo de "poner en peligro a muchos católicos y a mucha gente", y añade: "Pero supongo que si depende del papa, le parece bien que Irán tenga un arma nuclear".

Su susceptibilidad y sed de venganza superan todo lo que habíamos visto antes, lo cual ya es mucho decir. La semana pasada, después de que el canciller alemán Friedrich Merz declarara que Estados Unidos estaba siendo "humillado por el liderazgo iraní", Trump atacó y ridiculizó repetidamente a Merz. El Departamento de Defensa anunció entonces la retirada de 5.000 soldados de Alemania, y Trump anunció el aumento de los aranceles a los automóviles y camiones europeos al 25% (desde el 15%).

Cada vez está más obsesionado con erigir monumentos a sí mismo: su salón de baile, su arco, su llamado "jardín de los héroes", sus pasaportes con el nombre Trump en relieve, su imagen en monedas conmemorativas de oro de 24 quilates y su nombre estampado o grabado por todo Washington. Sus planes para crear automonumentos son cada vez más ambiciosos, grotescos, grandiosos y costosos. Los republicanos del Senado acaban de proponer mil millones de dólares más para el salón de baile de Trump, que, recordemos, supuestamente no costaría nada a los contribuyentes.

Incluso ha ordenado al Tesoro que anuncie que su propia firma —sí, la misma que aparece en un libro de felicitaciones de cumpleaños para Jeffrey Epstein— sustituirá la del Tesorero en todos los nuevos billetes estadounidenses. Esta será la primera vez en la historia de Estados Unidos que el nombre de un presidente en ejercicio aparecerá en billetes en circulación.

Su sed de venganza también está desbordada. La semana pasada, el Departamento de Justicia inició otro proceso penal contra el exdirector del FBI, James Comey (cuya acusación anterior fue desestimada por los tribunales), por publicar hace un año en Instagram una foto de conchas marinas que formaban la frase "86 47". Trump también insiste en que el Departamento de Justicia reinicie su investigación penal contra Jerome Powell y redoble sus esfuerzos contra el exjefe del Estado Mayor Conjunto, Mark Milley, y otros a quienes considera "enemigos".

Ante los dos fracasos monumentales de Irán y su control sobre el Congreso, Trump busca con ahínco otras maneras de imponer su dominio. El martes, su Departamento de Educación anunció una investigación por violación de derechos civiles contra Smith College por la admisión de estudiantes transgénero. Cabe esperar que esto continúe.

Independientemente de lo que ocurra en Irán, proclamará su victoria. Será difícil hacerlo de forma convincente cuando el precio de la gasolina se mantenga por encima de los 4 dólares el galón, pero sin duda lo intentará.

¿Qué pasaría si los demócratas obtienen el control de una o ambas cámaras del Congreso en las elecciones de mitad de mandato y él alega que perdieron o hicieron trampa? La nación apenas sobrevivió a la última vez que el frágil ego de Trump sufrió una gran derrota.

También tendremos que lidiar con Trump como presidente saliente, que ya no puede dominar ni imponerse como antes. ¿Intentará mantenerse en la presidencia más allá de su segundo mandato para evitarlo?

El hombre está enfermo. Muy enfermo. Los presidentes salientes suelen desaparecer, pero los dictadores heridos pueden ser peligrosos. Robert Reich es economista y profesor de la Universidad de California en Berkeley. Substack, 9 de mayo de 2026.