jueves, 18 de junio de 2026

DEL CAFÉ DE SOBREMESA. LA VELOCIDAD DE DESTRUCCIÓN, POR MARTA PEIRANO. 18 DE JUNIO DE 2026

 





La definición jurídica de genocidio que da Naciones Unidas no incluye un criterio de duración temporal. Sin embargo, sólo reconocemos como genocidio aquello que implica la destrucción rápida y espectacular de un grupo nacional, étnico, racial o religioso, y no la destrucción gradual, acumulativa y consciente de una parte de la población. Tanto es así, que llamamos genocidio a episodios de violencia concentrada como el Holocausto o Ruanda; y genocidio lento o por desgaste al régimen de Pol Pot en Camboya, que tardó tres años en acabar con una cuarta parte de la población.

En un impactante artículo, publicado el domingo en este periódico, Eyal Weizman explica por qué Israel sigue implementando un genocidio durante el alto el fuego, mediante “la destrucción de los fundamentos esenciales de la vida”. Se refiere a los campos, los recursos hídricos y la pesca que alimentan a los palestinos. Las casas que los resguardan, los hospitales que los atienden. Las escuelas, bibliotecas y mezquitas que permiten su coordinación y sostienen su identidad cultural. Los ha empujado a “zonas seguras” y “zonas humanitarias” donde, en palabras de un general israelí, “ningún ser humano puede existir”.

La destrucción sistemática y deliberada de todas las infraestructuras que permiten la existencia biológica constituyen genocidio, aunque Israel no vuelva a tirar una bomba, ni a forzar un desplazamiento, ni cometa un asesinato directo ni una ejecución. Qué pasaría si el mismo proceso se diera en un periodo más largo de tiempo. Diez años, veinte años. Cincuenta. Qué pasa si el grupo no es una clase nacional, étnica, racial o religiosa sino el negativo de una clase económica: el 99%.

La ley no especifica tiempo, pero exige una prueba de la intención: dolus specialis. No basta con querer matar a mucha gente, sino hacerlo con la intención de destruir al grupo al que pertenecen. El genocidio rápido requiere asesinato directo, y su ejecución genera documentos, discursos, patrones de conducta. Pero hay formas lentas de destrucción colectiva, como las colonias, donde el tiempo disuelve la responsabilidad. En su artículo, Weizman propone un ángulo más productivo. Dice que el genocidio no está en el asesinato directo sino en la creación y mantenimiento de los mecanismos de eliminación.

En un influyente ensayo sobre el colonialismo de asentamiento, el antropólogo Patrick Wolfe argumenta que “la invasión es una estructura, no un acontecimiento” y propone que la intención específica de destruir a la población como colectivo resulta irrelevante cuando es necesaria para conseguir su objetivo: la ocupación de la tierra. El genocidio no es un odio, sino una “lógica estructural de eliminación” del obstáculo que constituye la población original.

Weizman observa que la destrucción de Gaza esconde un proyecto urbanístico. Deberíamos prestar atención porque es el tráiler y el laboratorio de un proyecto más grande que degrada derechos laborales, sanitarios, civiles, políticos, económicos y hasta reproductivos, paralelo a la expropiación de los fundamentos esenciales de la vida a través de infraestructuras técnicas que ocupan el suelo, envenenan el aire, agotan la energía y el agua y aceleran al mismo tiempo la crisis climática, la crisis política y la crisis laboral. Marta Peirano es escritora. El País, 15 de junio de 2026.
























DE LAS VIÑETAS DE HUMOR DEL BLOG DE HOY JUEVES, 18 DE JUNIO DE 2026

 






















DEL ARCHIVO DEL BLOG. LOS PENÚLTIMOS FRANQUISTAS, POR JAVIER CERCAS. PUBLICADO EL 17 DE JUNIO DE 2018

 







Quizá la herencia más nefasta de los separatistas en Cataluña sea el desprecio de las reglas del juego; la misma herencia que dejó el franquismo. Es verdad: el franquismo no acaba de pasar. Lo cual es lógico porque, como escribió Faulkner, el pasado no está muerto, ni siquiera es pasado. El problema es que el franquismo no sólo sobrevive entre quienes son incapaces de condenarlo de la misma forma inequívoca en que han condenado a ETA, sino también —a veces, sobre todo— entre quienes no se cansan de condenarlo porque, con más o menos razón, se reclaman herederos del antifranquismo. La Cataluña de hoy depara numerosos ejemplos de esta supervivencia paradójica, como la identificación entre Gobierno y Estado o entre nacionalismo e izquierda: para el franquismo, Estado y Gobierno eran idénticos —ambos eran franquistas—, lo que explica en parte que el 6 y 7 de septiembre de 2017 los separatistas desencadenaran un autogolpe de Estado civil posmoderno creyendo o tratando de hacer creer que lo desencadenaban contra el Gobierno, que es del PP, cuando en realidad lo desencadenaron contra el Estado democrático, que es de todos; para el franquismo, nacionalistas e izquierdistas eran idénticos —ambos eran antifranquistas—, lo que explica que en Cataluña izquierdismo y nacionalismo parezcan compatibles y que la expresión “nacionalismo de izquierdas” no sea lo que es: un oxímoron, una contradicción en términos. Estas dos supervivencias del franquismo son tóxicas, pero no son las peores.

En democracia, ley y democracia se identifican, porque la ley es la expresión de la voluntad popular, y por tanto, constituye la única defensa de los pobres y los indefensos 

La peor es el desprecio de las reglas del juego; es decir: el desprecio de la ley. En una dictadura la ley es, en efecto, despreciable, porque no es el resultado del difícil acuerdo entre todos sino del fácil compadreo entre unos pocos; por tanto, en una dictadura es legítimo desobedecer la ley, una ley que ni siquiera merece su nombre, porque sólo es el instrumento de dominación de los ricos y los poderosos sobre los pobres y los indefensos. Pero en democracia las cosas son distintas, o más bien opuestas. En democracia, ley y democracia se identifican, porque la ley es la expresión de la voluntad popular —no en vano ha sido fijada por los representantes elegidos por todos—, y por tanto, como dice Hannah Arendt, constituye la única defensa de los pobres y los indefensos frente a los ricos y poderosos. Pido disculpas por recordar el abc de la democracia, pero es que muchos en Cataluña lo han olvidado (suponiendo que alguna vez lo conocieran). “Si hay que desobedecer leyes injustas, se desobedecen”, declaró Ada Colau al tomar posesión como alcaldesa de Barcelona. “Habrá querido decir otra cosa”, contestó Manuela Carmena. Pero no, me temo que no quiso decir otra cosa. Esa es una diferencia entre Carmena y Colau: la que separa a quien sabe lo que es la democracia de quien no lo sabe. Porque, en democracia, las leyes injustas no se desobedecen: se cambian (para eso votamos a nuestros gobernantes: para que las cambien). Pero en Cataluña, donde el discurso reaccionario y antidemocrático del separatismo ha colonizado la izquierda, el desprestigio de esta norma básica de la democracia es total. De ahí que, en la apertura de una muestra sobre la resistencia del Madrid republicano frente al Ejército franquista, Carmena tuviera que recordar ante Colau lo obvio: que, en la guerra, los republicanos luchaban por defender la legalidad. “Ondia, tú”, debió de pensar Colau. “¿Pero defender la ley no era de fachas?”. Pues no, estimada alcaldesa: en la guerra, el desobediente, el rebelde, el antisistema era Franco, y muchos de los republicanos que tanto reivindica usted murieron peleando por unas leyes en lo esencial idénticas a las que usted tanto desprecia, porque eran leyes democráticas. Y sí, es verdad que incluso en democracia puede llegar a ser legítima la desobediencia civil, pero todos sus teóricos, de Thoreau a Rawls o Habermas, le explicarán que, si ese acto nobilísimo no se lleva a cabo sólo en situaciones extremas, degenera en postureo de señoritos o niños mimados, valga la redundancia. Quizá esta sea la herencia más nefasta que dejen estos años nefastos en Cataluña: el desprecio de las reglas de juego. Es, claro, la misma herencia que dejó el franquismo. En este sentido (pero no sólo en este), los separatistas son los penúltimos franquistas. Javier Cercas es escritor. El País, 17 de junio de 2018.























DEL POEMA DE CADA DÍA. METAMORFOSIS, POR CORINA OPROAE. 18 DE JUNIO DE 2026

 







METAMORFOSIS


 


Una mañana,


hace unas cuantas vidas,


me desperté y decidí ponerme a prueba.


Me dije:


serás mujer y hombre,


pez, insecto y pájaro,


montaña y grano de arena.


 


Como quien disfruta leyendo el final de los cuentos


antes de comenzarlos,


primero fui grano de arena


perdido en la infinitud inexorable


reflejada en la permanencia de las cosas.


Fui también montaña


extraviada en el inconsciente de los mortales


y descansé tanto durante esas vidas


que tuve la tentación de ser,


cuanto antes, hombre o mujer.


 


Pero dejé que las cosas siguieran su curso


y fui insecto —multiplicidad


reflejada en mi telúrica existencia.


Luego fui pez


debatiéndome entre el atávico


ir y venir de los mares.


Esa forma de vida me hizo albergar


deseos de alzarme


 y entonces fui pájaro,


desplegando mis alas con la cadencia del infinito.


 


Fue cuando sentí tanta admiración


que en sueños entablaba conversaciones


con héroes que habían sido capaces de superar


prueba tras prueba hasta llegar a conquistar


el reino y la belleza.


 


También decidí hacer una pausa


y durante alguna vida


sencillamente no fui nada.


 


Ahora soy hombre. Ahora soy mujer.


No os extrañe si os confieso


que he sido muchos hombres y muchas mujeres,


y que de todas esas vidas conservo un recuerdo


más nítido que el alma de la palabra primera.


 


No acabaría nunca si os contara todo lo que fui.


Mujeres y hombres


que habían sido granos de arena,


montañas, peces, insectos y pájaros


y una infinidad de otras cosas y de otros seres.


Hombres y mujeres extraviadas dentro de unas vidas


que, la mayoría de las veces, no eran las suyas.


Hombres y mujeres que sin embargo supieron ser ellas


y reconocerse a sí mismas cuando se llamaban


Adán y Eva, Orfeo y Eurídice, Romeo y Julieta,


Él y Ella, Tú y Yo.



CORINA OPROAE (1973)

poetisa española

 


***




Corina Oproae nació en Transilvania en 1973 pero reside en Cataluña desde 1998. Escribe en español, traduce del rumano y del inglés al catalán y al español. Enseña inglés en un instituto de enseñanza secundaria y conduce un taller de poesía en la escuela de escritura Laboratori de Lletres de Barcelona. Ha participado en diversas lecturas de poesía en Barcelona, Girona, Cadaqués, Madrid, Praga, Iași, Cluj-Napoca, Bucarest. Ha traducido al catalán o al español autores como Marin Sorescu, Lucian Blaga, Ana Blandiana, Norman Manea, Gellu Naum, Mary Oliver. En 2016 publicó su primer libro de poemas, Mil y una muertes, La Garúa Poesía, Barcelona. Su segundo libro de poemas, Intermitencias, al cual pertenecen estos poemas, acaba de ser publicado por Sabina Editorial, Madrid, 2018. Actualmente está preparando un tercer libro de poemas.















DEL ASUNTO DEL DÍA. PRIORIDAD REGIONAL, POR PILAR MERA. 18 DE JUNIO DE 2026

 






“Quien está en Madrid es de Madrid”, dijo León XIV hace apenas una semana. Pero quienes compraban con entusiasmo el 100% de su discurso no han tardado ni un día en enmendarlo. El viernes, mientras el Papa volvía a Roma, el Boletín Oficial de la Comunidad de Madrid publicaba como requisito para conseguir la tarjeta personal de transporte público la obligación de estar empadronado. La exigencia llega, no por casualidad, cuando el abono de transportes se ha convertido en un papel clave para el proceso de regularización extraordinaria abierto por el Gobierno de Pedro Sánchez. Una manera sencilla de justificar arraigo y permanencia continuada en territorio español se convierte, de pronto, en una meta imposible. La “prioridad nacional” se disfraza de prioridad regional. Madrid ya no somos todos.

La medida estaba prevista desde 2011, justifican desde la Comunidad. Que 15 años no son nada, podría cantarles Carlos Gardel. La otra cantinela que ha resonado estos días es que los madrileños solo subvencionan a los madrileños. Como si el abono no incluyese el cercanías, transporte de titularidad nacional. Como si los no residentes que trabajan y pagan sus impuestos en Madrid no contribuyesen también a la parte comunitaria. Como si las políticas de subvención del transporte público no partiesen del Gobierno central. Como si lo público fuese un cajero de ida y vuelta.

Analizada en profundidad, la medida no solo destila xenofobia. En el fondo late un profundo desprecio por lo público, que pasa a concebirse como algo fragmentario y excluyente, desde una ideología que apuesta por subvencionar al que más tiene y reducir la cobertura del Estado a una caridad malentendida. Y que nadie se queje, encima de que recibe limosna. Es la misma filosofía con la que Vox propone reducir a tres los tramos del IRPF. Una medida que iguala a quienes cobran 22.000 euros con quienes ganan 69.000. Que reduce en casi 20 puntos la tributación de quienes ganan 300.000. Que haría caer a la mitad los ingresos del Estado. Ya se sabe. El que tiene, que se pague su sanidad, su educación, sus cuidados… El resto, que se apañe con lo que pueda recibir el Estado o que se aguante. Un razonamiento similar a quien propone reducir las pensiones como respuesta a que la renta de los pensionistas supere a la de los jóvenes. Que las pensiones se actualicen, y los salarios no, debe ser un detalle sin importancia. A ver si al final vamos a descubrir que la batalla cultural es sobre todo material. Pilar Mera es profesora de Ciencias Políticas en la UNED. El País, 16 de junio de 2026.






























BUENOS DÍAS. SALUDOS EN LAS LENGUAS DE MI PATRIA. HOY JUEVES, 18 DE JUNIO DE 2026, EN ESPAÑOL

 






Hola, buenos días de nuevo a todos y jueves. En el ecuador de la semana; dos días más, y estamos en verano. Vamos con las entradas del blog de hoy. La primera, con el asunto del día, la escribe la profesora de Ciencias Políticas de la UNED, Pilar Mera, y va del controvertido eslogan de la derecha española de la “prioridad nacional”, pero esta vez en versión local a lo Ayuso. La segunda es un poema de la poetisa española, nacida en Transilvania, Corina Oproae, que va de las diversas metamorfosis que se presentan en la vida. El archivo del blog, en la tercera, es de junio de 2018, y lo escribió Javier Cercas, que nos habla en él de la herencia que el franquismo dejó en los genes de los separatistas catalanes. La cuarta son las diez viñetas de humor de cada día. La quinta, con el café de sobremesa, es de la escritora Marta Peirano, y nos habla del genocidio que Israel está llevando a cabo en Gaza y el Líbano, ante la inanición de la comunidad internacional. La sexta, con el caer de la tarde hoy, la firma el escritor catalán Marius Càrol, e ironiza sobre la exuberante estulticia de que ha hecho gala el presidente de los Estados Unidos a la hora de celebrar públicamente su 80 cumpleaños. La última, como siempre, es el Buena noches diario del autor del blog a sus lectores, hoy, como este Buenos días de primera hora de la mañana, en español. Tamaragua, amigos míos. Que la diosa Fortuna y las benevolentes Moiras les sean favorables. Que pasen un buen día. Espero que las entradas del blog de hoy sean de su interés. Y nos vemos mañana de nuevo si la diosa Fortuna lo permite. Besos. Les quiero. HArendt






















ENTRADA NÚM. 10821

miércoles, 17 de junio de 2026

BONES NITS, FELIÇ DESCANS I DOLÇOS SOMNIS. AVUI DIMECRES, 17 DE JUNY DE 2026, EN CATALÀ

 






Hola de nou, amics. Bona nit, feliç descans i dolços somnis a tots aquesta nit de dimecres, del 17 al 18 de juny del 2026. Espero que hagin passat un bon dia en companyia de les seves famílies i amics. Gràcies de tot cor per haver-se fet una volta pel bloc. Espero que hagin gaudit de la visita. Tamaragua, amics meus. Que la deessa Fortuna i les benvolents Moiras els siguin favorables. Fins demà. Els vull. Petons. HArendt
















DE LA TARDE QUE CAE. CÓMO (Y CON QUIÉN) AVANZAR EN LA UNIÓN EUROPEA DE LA DEFENSA, POR MARIOLA URREA. 17 DE JUNIO DE 2026

 







El nuevo (des)orden mundial nos aboca, si nadie lo remedia, a vivir “Tiempos de No Paz”. La afirmación otorga al análisis el dramatismo que anuncia un entorno internacional sin reglas en el que la Unión Europea ve dificultada la defensa de sus intereses, además de su compromiso firme con la paz, la seguridad, la prosperidad, la democracia y un orden basado en normas. La consolidación de la ruptura del multilateralismo compromete, en suma, la fortaleza (e influencia) de la Unión como actor global, a la par que demanda esfuerzos para garantizar de manera autónoma la seguridad de su territorio y las personas que en él habitan. De hecho, la pérdida de confianza en la relación atlantista exige avanzar más rápido en la configuración de nuestra propia seguridad. En este contexto cobran sentido las referencias que los líderes europeos están haciendo en los últimos días acerca de la conveniencia de reforzar el proceso de integración en el campo de la defensa. Pero, ¿cómo hacerlo? La respuesta pasa, en primer lugar, por analizar el arsenal jurídico ya disponible para acometer un proyecto de integración política como el sugerido para, a continuación, explorar aquellas fórmulas imaginativas que puedan garantizar el fin perseguido sin riesgo de bloqueo. Veamos qué se puede hacer y a qué precedentes cabe apelar.

El Tratado de la Unión Europea contempla una pluralidad de mecanismos de reforma para avanzar en el desarrollo de las políticas europeas, pero ninguno garantiza el éxito en el contexto vigente, ya sea por el capital político que el proceso de reforma exige, ya sea por el sistema de votación (unanimidad) que su entrada en vigor requiere. Así, la convocatoria de un procedimiento de reforma ordinario está jurídica y políticamente descartada, aunque haya sido reclamada por el Parlamento Europeo. El riesgo cierto de bloqueo no solo está en las dificultades para consensuar un texto con las reformas necesarias, sino también en la imposibilidad de lograr un común acuerdo y garantizar la ratificación unánime (parlamentaria o mediante referéndum) en cada uno de los Estados, como condición para su entrada en vigor. Difícilmente corrige las limitaciones que impone el mecanismo descrito el contemplado para reformas parciales sobre las políticas europeas. Hay dos razones para negar virtualidad práctica a este mecanismo simplificado: los cambios también exigen para su aprobación la unanimidad de los veintisiete Estados y, además, el mecanismo no permite aumentar las competencias de la Unión.

Tampoco resulta viable para las necesidades que requiere una Europa más comprometida con su defensa pensar en activar las llamadas “cláusulas pasarela” con las que se permite modificar la unanimidad como sistema de votación con carácter general o para algunas políticas como es el caso, entre otras, de la política exterior. La utilidad de un instrumento tan aparentemente interesante se ve limitada al exigirse también un acuerdo unánime de los Estados que hoy, lamentablemente, no existe. En todo caso, sin negar potencialidad a las posibilidades que pueda ofrecer el recurso a las citadas cláusulas pasarela para ámbitos concretos y sobre los que la propia Comisión Europea tiene propuestas concretas, la realidad es que no parece razonable pensar que esta fórmula pueda utilizarse con resultados significativos en los ámbitos que aquí interesan.

Más allá de los mecanismos de reforma referenciados, los Tratados han incorporado también una batería de instrumentos que permiten a un grupo de Estados avanzar más, sin que la negativa de otros puedan impedirlo. La llamada cláusula de “cooperación reforzada” obedece a esta lógica de integración diferenciada, también conocida como Europa a varias velocidades. La exigencia nuevamente de la unanimidad para su puesta marcha en el ámbito de la Política Exterior convierte la fórmula en estéril. Tampoco permitirá a algunos Estados que quieren avanzar con ambición en materia de defensa recurrir a las “cooperaciones estructuradas permanentes”, aunque resulte siempre interesante que diferentes grupos de Estados aborden nuevos proyectos con el fin de fortalecer las capacidades militares de la Unión.

Las dificultades expuestas no pretenden ahogar la esperanza, sino orientar la solución que permita a Europa el impulso integrador en materia de defensa mediante el recurso a fórmulas jurídicas imaginativas al margen de las previsiones de los Tratados de la Unión. Los precedentes de los Acuerdos de Schengen o del propio Tratado de Estabilidad, Coordinación y Gobernanza (TECG) pueden inspirar la fórmula para el caso presente. Los dos ejemplos citados fueron respuestas a problemas reales a los que se enfrentó la Unión. Los dos comparten, con la realidad actual, elementos de urgencia y excepcionalidad que entonces permitieron superar las limitaciones que imponía la arquitectura jurídica europea. En los dos casos citados concurrió una necesidad imperiosa de avanzar en el desarrollo de una política (libre circulación y unión monetaria), así como una imposibilidad de hacerlo por la falta de voluntad de algunos Estados. Lo propio cabría decir del momento presente, donde el apetito de integración en materia de defensa parece no encontrar el respaldo de los Veintisiete.

Los precedentes expuestos confirman el éxito de una estrategia que ha permitido, pasado el tiempo, incorporar todo lo logrado fuera de los Tratados dentro de las estructuras de la Unión Europea. Si entonces fue posible, con mayor motivo debería poder serlo ahora. En este grupo de vanguardia España debería, sin duda, estar presente. Y, para terminar, una pregunta más para la que, sin embargo, no existe precedente al que asirse: ¿cabría incorporar a este grupo de vanguardia a quien ya dejó de ser parte de la Unión? Nada debería impedirlo, si el Reino Unido y los Estados de la Unión interesados así lo desean. Mariola Urrea Corres es politóloga. El País, 20 de enero de 2026.