Sigo compungido, desde la distancia, el drama de los hombres más ricos del mundo que, obligados por los impuestos, han empezado una marcha migratoria desde California que a este paso aún va a terminar en México. Todo porque el 3 de noviembre los californianos deberán votar una propuesta sindical: cobrar, una sola vez, el 5% del patrimonio gravable de los milmillonarios que vivan allí para destinar el 90% a la sanidad pública (el 10% restante será para rodar la siguiente película dogma de James Cameron). A Sergey Brin, fundador de Google, le calcula Forbes 240.400 millones de dólares. No intenten calcularlo: es igual. El impuesto le quitaría 12.020 millones para la sanidad de todos los usuarios de Google, los que hacen cada día más rico a Brin. Page, el otro fundador, anda por ahí también. A Peter Thiel, fundador de PayPal y Palantir, se le estiman 37.600 millones de dólares. El impuesto le quitaría 1.800 millones de euros para la sanidad de todos, incluidos los usuarios de PayPal (los que hacen millonario a Thiel). Entre los tres habrían destinado 29.000 millones de euros a un servicio público, pero han preferido dejar sus casas y gastar 293 millones en lobbies e iniciativas para frenar esa medida. Como no podemos calcular la fortuna de quienes tienen más de mil millones, es fácil calcular en qué les afecta personalmente pagar un 5% de impuestos: en nada. Podría pensarse que son un problema, pero qué va: el problema son los millones de ciudadanos, en España y otros países, que ganando el salario mínimo (el que les subió un gobierno de izquierdas) defienden a este colectivo oprimido de Silicon Valley. O la cantidad de gente que abona más impuestos en España que el 8,9% sobre sus beneficios que pagan las grandes empresas dispuestas a defenderlas a ellas y a esos milmillonarios migrantes con tal de no perjudicar el discurso contra los mismos impuestos que están educando y sanando a sus hijos. No è un mondo difficile: es un mundo idiota. Manuel Jabois es escritor. Publicado en El País.













