miércoles, 22 de abril de 2026

SALUTACIONS A LES LLENGÜES DE LA MEVA PÀTRIA. AVUI DIMECRES, 22 D'ABRIL DE 2026, EN CATALÀ







 



Hola, bon dia de nou a tots i feliç dimecres. Un servidor de vostès no sap parlar ni escriure res més que en castellà (en espanyol per als lectors d'allende els Pirineus i Gibraltar), però se sent orgullós que a la meva pàtria es parlin quatre llengües, i em repatgen els gilipolles (n'hi ha molts, tingueu-ho per segur) que pretendre enfrontar-nos a uns espanyols amb altres "Comunidades" del Regne dEspanya. La llengua de cadascú, mai, mai, no hauria de ser motiu d'enfrontament. “El llenguatge és el gran vincle que manté unida a la societat” deixo dit Locke. I tots i cadascun tenen el perfecte dret de parlar el que van aprendre mamant la llet de les seves mares, però no tenen dret a utilitzar-lo com a arma llancívola als que no tenen la fortuna de fer-ho. L'article 3.1 de la Constitució espanyola diu textualment: “El castellà és la llengua oficial de l'Estat i tots els espanyols tenen el deure de conèixer-la i el dret a fer-la servir”. Aquesta obligació garanteix una llengua comuna de comunicació a tot el territori nacional, sens perjudici de l'oficialitat d'altres llengües a les comunitats respectives. Aclarit queda. Però anem ja amb les entrades del bloc del dia d'avui. La primera es titula Los petromachos, i ve signada per l'escriptor i acadèmic de la Reial Acadèmia Espanyola, Antonio Muñoz Molina, en què parla de l'estètica del mascle blindat a l'interior del cotxe com a la cabina d'un avió de combat. La segona és un arxiu del bloc del 7 de juny del 2016, escrita pel filòsof Fernando Savater, titulada Sobre el goig de llegir i el risc de pensar, en què parlava de dos dels grans problemes fonamentals de la nostra societat, l'espanyola, l'europea i la universal, que són “l'escepticisme i la veritat”. La tercera, amb el poema del dia, és del gran poeta britànic Percy B. Shelley, i es titula Ozymandias, un dels seus poemes més famosos. La quarta, com sempre, són les vinyetes d'humor, i per acabar, com cada dia, El sabor del cafè de totes les tardes, avui de l'escriptora Ana Iris Simón, titulat I ho explica com si res, i els tres especials de la nit, signats respectivament pel jurista Damon Linker, titulat El populisme forma part del nostre teixit polític actual; per l'economista Robert Reich, titulat Un canvi a l'aire; i per l'historiador Timothy Snyder, titulat Defensa aèria. Tamaragua, amics meus. Ens veiem demà si la deessa Fortuna ens ho permet. Sigueu feliços, us ho prego: us ho mereixen. Petons. Els vull. HArendt













ENTRADA NÚM. 10318

DEL TEMA DEL DÍA. LOS PETROMACHOS, POR ANTONIO MUÑOZ MOLINA

 








El coche ha girado a su derecha para entrar en la calle lateral en el momento en el que mi perra y yo cruzamos por el paso de peatones. Mi perra tiene las patas cortas y los andares tranquilos, y ni a ella ni a mí nos apura la prisa en este momento en que la luz de la tarde se vuelve oblicua y dorada. La parada obligatoria no ha podido retrasar al conductor más de unos segundos. Pero él saca la cabeza y me grita algo que tardo en entender, ya que lo dice con el vozarrón de la furia automovilística en Madrid: “¡Vete al Retiro!”. No es mi primer encuentro y me temo que no será el último con un fenómeno que hasta ahora yo no sabía que tiene nombre, pero que de un modo u otro llevo padeciéndolo toda la vida. En uno de mis primeros recuerdos, voy por una calle de Úbeda de la mano de mi madre y ella me da un tirón y me aparta un lado en el momento en que uno de aquellos grandes coches negros de entonces dobla la esquina a toda velocidad. Mi madre se acordaba siempre de aquel susto que pudo habernos costado la vida a los dos. Aunque no se hubiera detenido, ella sabía quién era el conductor, ya que entonces había muy pocos coches: un médico muy conocido, con la sombría autoridad sacerdotal que los médicos tenían entonces. Muchos años después, conocí a un director teatral que me contó que era de Úbeda. Su apellido me trajo el recuerdo del automóvil agresivo, y le pregunté si por casualidad su padre había sido médico. El hombre debió de sentir algo de congoja retrospectiva al descubrir que, a causa de la pasión conductora de su padre, aquel encuentro pudo no haber sucedido.

De pronto, la costumbre de ir en burro o a caballo, que había sido agradable y cansina, se volvió peligrosa. No era de temer que aquellos fatigados animales de cargas se lanzaran a galope, pero no estaban acostumbrados al ruido y la velocidad de los coches y se asustaban fácilmente, y podían pararse de pronto y tirarlo a uno por encima de las orejas, o alzar las patas delanteras y tirarlo de espaldas. Con el paso de los años, mi experiencia de la petromasculinidad ha enriquecido la que ya venía padeciendo a causa de la brutalidad masculina a secas, que se ceba con predilección en las mujeres, pero que a muchos varones poco inclinados hacia ella nos ha deparado bastantes amarguras. En los colegios de curas no había niñas, así que la burricie de profesores y alumnos machotes se volcaba en los compañeros débiles o tímidos que no participaban en los juegos violentos ni en los bramidos del futbolismo colectivo. El simio de Stanley Kubrick en 2001: Una odisea del espacio se vuelve más temible cuando descubre que un fémur puede ser un arma de dominio. La masculinidad burda que con tanto empeño fomentaban por igual en mi niñez las autoridades civiles, militares y eclesiásticas dio un gran salto adelante cuando encontró su complemento en el motor de explosión. El sable, la pistola, la maza, la quijada de burro, difícilmente pueden competir con el pedal del acelerador y con el rugido del tubo de escape, e incluso son menos letales como armas de agresión. Raquel Vidales ha contado en estas páginas las investigaciones de la politóloga americana Cara Daggett, que acuñó el término petromasculinidad en 2018, y lo relaciona no solo con los coches, sino con el campo entero de los combustibles fósiles: “Las torres de extracción, la perforación, los oleoductos, la gasolina”. Drill, baby,drill: la consigna feroz de Sarah Palin en las elecciones de 2008, repetida con maníaca unanimidad en todos los actos de masas de la derecha republicana, cobra un sentido de éxtasis viril y émbolo de gimnasia pornográfica: “Taladra, taladra…”

He caminado por no sé cuántas ciudades y senderos en mi vida. He paseado a niños en carrito y de la mano, y a ancianos lentos que se agarraban con temor a mi brazo. He montado diariamente en bicicleta por Madrid, Ámsterdam, Nueva York, Valencia. He conducido con la prudencia de un aprendizaje tardío y un carácter temeroso y, por lo tanto, propenso a cumplir hasta la norma escrita con tipografía más pequeña. Y en cada una de estas circunstancias he sufrido la colisión literal o figurada con la horda petromasculina, que en cualquier momento podría haberme arrollado, como a ese pobre médico que conducía una madrugada por los túneles de la M-30 en Madrid y tuvo la desgracia de toparse con dos petromachos en trance de máxima berrea, uno de los cuales embistió su coche por detrás y le quitó la vida. Resulta que se habían picado entre sí, ahítos de cocaína y testosterona, y que durante varios kilómetros se persiguieron y se acosaron a 170 por hora, excitados por el doble berrido de los motores, imaginando quizás que estaban en un anuncio de coches deportivos, o en un videojuego. El médico madrugaba para ir a su trabajo o volvía de él. Por culpa de dos canallas sin cerebro, su hijo no volverá a verlo, y el que entonces estaba a punto de nacer no lo conocerá. Ver las imágenes en blanco y negro de las cámaras de seguridad hiela la sangre. Los dos llevaban años en libertad provisional, y ahora uno de ellos se ha dado a la fuga, como uno de esos delincuentes de tantas películas y anuncios que celebran obscenamente al conductor temerario, al hombre de mentón áspero y manos poderosas, echado hacia atrás y con los brazos extendidos para sujetar más chulescamente el volante, para emborracharse y quién sabe si llegar al orgasmo con la vibración del motor y el estruendo del tubo de escape.

Otro estudioso, Jaime Vindel, ha publicado un libro titulado Estética fósil. La estética del macho blindado en el interior de su coche como en la cabina de un avión de combate se corresponde con los nombres aventureros que los publicistas inventan para muchos de esos vehículos: Rover, Maverick, Ranger, Bronco. Es una fantasía de dominación más perfecta aún porque en ella los adversarios no existen, o no llegan a verse. Los coches de los anuncios aceleran sin esfuerzo por carreteras de montaña en las que no vendrá nadie de frente o por paisajes helados de ciudades de rascacielos por las que no camina nadie. Por las estrecheces de Madrid, los todoterreno o los llamados SUV avanzan tan amenazadoramente como las infames excavadoras israelíes por las ruinas de Gaza. Los conductores van tan altos que no pueden ver a niños ni a perros. Detrás de mí, en el tren, un viajero celebra por teléfono el Hummer que acaba de comprarse: “Eso no es un coche; es un tanque”.

Pero el tamaño o el precio del coche no tiene por qué corresponderse con la petromasculinidad del conductor. Es como esos hombres a los que se les ve que lo tienen todo para ser muy altos, salvo la estatura. Hay individuos que compensan la escasa entidad de su vehículo con ronquidos postizos de fieras al acecho, o con bombos de bajos que estremecen los cristales en todo un vecindario. Igual que mi madre me recordó siempre el susto de aquel médico, yo sigo rememorando para mi hijo Arturo la vez en que un chorizo subido a una moto mediocre pero atronadora en Granada se encaró en la acera con el carrito en el que yo lo llevaba. Protesté, con mesura, señalando lo estrecho del paso en que nos encontrábamos: “Pero hombre, bájate de la acera”. A lo cual respondió con un acelerón y un desafío: “¿A que te pillo?”

Ahora las aceras por las que paseo con mi perra son algo más anchas, pero las motos son mucho más grandes, y los conductores ostentan cascos y chaquetones de cuero con hebillas y correajes y hasta llevan micrófonos con los que parecen dar instrucciones a sus tropas de supermotoristas invasores. Me he vuelto más prudente, y para no incomodarlos me hago a un lado, tomando en brazos a la criatura amedrentada. Sé cómo se enfadan cuando se les incomoda. Mejor me la llevo al Retiro. ANTONIO MUÑOZ MOLINA es escritor y miembro de la Real Academia Española. Publicado en El País el 18 de abril de 2026.
























DEL ARCHIVO DEL BLOG. SOBRE EL GOZO DE LEER Y EL RIESGO DE PENSAR, POR FERNANDO SAVATER. PUBLICADO EL 7 DE JUNIO DE 2016

 








Lo prometido es deuda, y las deudas siempre acaban por pagarse; unas veces gustosamente, y otras, las más, a la fuerza... Asi pues, como prometía en mi entrada anterior hoy voy a hablar con gusto del por mí siempre respetado profesor, ensayista y escritor Fernando Savater, catedrático de Filosofía en la Universidad Complutense de Madrid. O para resultar un poco más concreto de su libro Figuraciones mías (Ariel, Barcelona, 2013), que lleva como subtítulo el que he dado yo a esta entrada de hoy. Es un precioso librito de apenas un centenar y medio de páginas, recopilación de otros artículos suyos, que se lee con sumo placer y en los que me veo reflejado, por supuesto pálidamente, dada la inconmensurable distancia intelectual que nos separa, al compartir muchas de las opiniones expuestas en el mismo. 

Escribí sobre el libro, sin haberlo leído, en mi entrada del pasado 15 de marzo, al reseñar la crítica que del mismo se hacía en el número de ese mismo mes de Revista de Libros por parte del escritor y bibliotecario Sergio Campos. Y por mor de mi proverbial vaguería por naturaleza y por que otros saben hacer las reseñas críticas mucho mejor que yo, a los enlaces citados más arriba me remito.

Savater se muestra en sus artículos deudor y admirador de autores como Emile Cioran, amigo personal suyo; Ralph Waldo Emerson; Pío Baroja; William Shakespeare; Virgina Woolf; Dante; André Gide; Ray Bradbury; George Orwell; y otros muchos que van salpicando las páginas del libro. No voy a citarlos a todos, pero hay bastantes historias y anécdotas sobre los mismos que resultan emotivas, entrañables y en todo caso, afortunadas. 

Es en la segunda parte del mismo, la que titula "La dificultad de educar", en la que Savater se encara con los problemas fundamentales de nuestra sociedad: la española, la europea y la universal. Hay en ella dos artículos que me han llamado la atención especialmente por mi identificación personal con lo expuesto en ellos. 

Uno, dedicado al "escepticismo", en el que comenta no compartir la puesta en cuestión del concepto de "verdad" en esta era posmoderna en que nos encontramos. Es evidente, dice en él, que la verdad no es absoluta, como tampoco lo es la belleza, el bien o la justicia, pero esa limitación no implica, añade, que no exista realmente para todos nosotros y que no tenga, sea donde fuere, elementos comunes. La verdad no la determina las diferencias culturales, sino las exigencias epistemológicas, pues no será la misma en matemáticas, historia o meteorología, dice, lo que debería llevar desde el escepticismo de cada cual a desconfiar del "escepticismo" mismo...

El segundo artículo del libro que me animo a comentar es de absoluta actualidad; se titula "Que decidan ellos", y va, como no, del tan traído y llevado concepto del "derecho a decidir". Tras mostrar su reconocimiento a lo dicho al respecto por el escritor Antonio Muñoz Molina en su libro Todo lo que era sólido, del que ya escribí en una entrada de febrero pasado, dice Savater: "En una democracia el derecho a decidir es tan intrínseco a los ciudadanos como el derecho a nadar a los peces. De ello se prevalen los separatistas para vender su mercancía averiada: ¿quién va a querer renunciar a su "derecho a decidir"? Ahora bien: ¿por qué reclamar esa obviedad con el énfasis del que aspira a una conquista, como si hubiese en este país ciudadanos de cualquier latitud que carecieran de él? Sencillamente, porque lo que solicitan los separatistas no es el derecho a decidir que ya tienen, sino la anulación del derecho a decidir que tienen los demás. Lo que se exige no es el derecho a decidir de los catalanes sobre Cataluña o de los vascos sobre el País Vasco, sino que el resto de los españoles no pueda decidir como ellos sobre esa parte de su propio país. O sea, que acepten provisionalmente la mutilación de su soberanía hasta que se les imponga de forma definitiva". Se podrá compartir o no su opinión, faltaría más, pero a mí me parece acertada.

Este es un blog en el que tiene, por deformación profesional de su autor, un peso determinante la "Historia" como disciplina académica, y las "historias" de los otros como vocación escribidora del mismo autor. Termino, pues, con una reflexión que tampoco es mía, pero que también comparto, del que fuera mi profesor de Historia de la Filosofía en la UNED, don Emilio Lledó, en su libro El origen del diálogo y la ética (Gredos, Madrid, 2011). Dice así:

"Hacer historia es saber preguntar al pasado. Y saber preguntar consiste en formular continuamente aquellas encuestas que necesita la soledad del presente, para encontrar compañía y solidaridad en todo lo que aconteció. Hacer historia es reivindicar la continuidad, humanizar el tiempo, al aceptar las modulaciones que en la monotonía cronológica ha marcado la voluntad humana. Por eso, hacer historia es, además, proyectar el futuro, orientarlo en la clarividente recuperación de lo que otros hombres hicieron para traernos el presente desde el que historiamos".

En eso se empeña este blog, con escasa o mayor fortuna, cada día, cada entrada, cada enlace..., aun a riesgo de equivocarse. Y ahora, sean felices, por favor. Y como decía Sócrates, "Ιωμεν": nos vamos. Tamaragua, amigos. HArendt























DEL POEMA DE CADA DÍA. OXYMANDIAS, POR PERCY B. SHELLEY

 






OZYMANDIAS




A un viajero vi, de tierras remotas.

Me dijo: hay dos piernas en el desierto,

De piedra y sin tronco. A su lado cierto

Rostro en la arena yace: la faz rota,


Sus labios, su frío gesto tirano,

Nos dicen que el escultor ha podido

Salvar la pasión, que ha sobrevivido

Al que pudo tallarlo con su mano.


Algo ha sido escrito en el pedestal:

«Soy Ozymandias, el gran rey. ¡Mirad

Mi obra, poderosos! ¡Desesperad!:


La ruina es de un naufragio colosal.

A su lado, infinita y legendaria

Sólo queda la arena solitaria».




PERCY B.SHELLEY (1792-1822)

poeta británico




***




OZYMANDIAS




I met a traveller from an antique land

Who said:—Two vast and trunkless legs of stone

Stand in the desert. Near them on the sand,

Half sunk, a shatter’d visage lies, whose frown


And wrinkled lip and sneer of cold command

Tell that its sculptor well those passions read

Which yet survive, stamp’d on these lifeless things,

The hand that mock’d them and the heart that fed.


And on the pedestal these words appear:

«My name is Ozymandias, king of kings:

Look on my works, ye mighty, and despair!»


Nothing beside remains: round the decay

Of that colossal wreck, boundless and bare,

The lone and level sands stretch far away.




PERCY B. SHELLEY (1792-1822)

(Versión original en inglés)




***





Percy Bysshe Shelley (1792-1822) fue un escritor, ensayista y poeta romántico inglés. Entre sus obras más famosas se encuentran Ozymandias, Oda al viento del Oeste, A una alondra y La máscara de Anarquía.] También es conocido por su asociación con otros escritores contemporáneos, como John Keats y lord Byron, sobre todo como miembro de la llamada escuela cockney, formada por la segunda generación de poetas románticos ingleses. Murió, como estos últimos, a una edad temprana. Fue esposo de Mary Shelley, reconocida escritora de la novela Frankenstein o El moderno Prometeo.



















DE LAS VIÑETAS DE HUMOR DEL BLOG DE HOY, MIÉRCOLES, 22 DE ABRIL DE 2026

 




























martes, 21 de abril de 2026

REVISTA DE PRENSA. ITALIA: LA SRA. MELONI HIZO UNA PARADA EN EL REFERÉNDUM, POR AMBROGIO LORENZETTI. ESPECIAL NOCHE TRES DEL 17 DE ABRIL DE 2026

 






Los días 22 y 23 de marzo de 2026, los votantes italianos rechazaron, por un margen del 54  % frente al 46  %, la reforma constitucional del poder judicial propuesta por la primera ministra Giorgia Meloni. Con una participación cercana al 60  %, una cifra excepcionalmente alta para este tipo de elecciones, la derrota fue contundente para el gobierno. Este fue el primer gran revés electoral para la primera ministra y su coalición, que llegó al poder en 2022.

En un clima económico adverso, exacerbado por la perspectiva de un aumento en las facturas de energía para la Península, la consulta ha trascendido su propósito técnico para convertirse en un voto a favor o en contra de la Sra. Meloni y sus políticas. Pero aún así.

La legislación propuesta tenía como objetivo separar las carreras de jueces y fiscales, modificar el funcionamiento del Consejo Superior de la Magistratura (CNM) en consecuencia y fortalecer el papel de la Presidencia y el Parlamento en su facultad para sancionar a los jueces; todo ello, según el poder ejecutivo, en nombre de un sistema de justicia más  imparcial  y eficiente. Sin embargo, sus opositores la consideraron un desafío a la independencia judicial y al equilibrio de poder en un país comprometido con una Constitución nacida de la resistencia contra el fascismo.

Los ataques contra el poder judicial se extienden mucho más allá de Italia, como lo demuestra el último número de Manière de voir sobre justicia. Ante los fracasos políticos, los ciudadanos recurren cada vez más a los tribunales, mientras que los gobiernos buscan limitar su autonomía. Las acusaciones de un supuesto «  gobierno de jueces  » reflejan principalmente el desplazamiento de los conflictos políticos al ámbito jurídico. AMBROGLIO LORENZETTI es periodista. Publicado en Le Monde Diplomatique el 17 de abril de 2026.
























REVISTA DE PRENSA. NO PAGAR IMPUESTOS, EL PRIVILEGIO DE LA NUEVA ARISTOCRACIA. ESPECIAL NOCHE DOS. 21 DE ABRIL DE 2026

 






Hoy existen más desigualdades de rentas y riqueza que nunca. En la ciudad de Nueva York, la renta media por hogar es de 131.000 dólares. Si no hubiera esa desigualdad tan pronunciada, los neoyorquinos podrían vivir razonablemente bien. En lugar de ello, un puñado de personas situadas en la cima de la escala acapara una riqueza inmensa mientras millones de habitantes tienen dificultades simplemente para llegar a fin de mes. Algunos no lo consiguen. Para ellos, Nueva York se ha vuelto, en definitiva, inasequible.

Este grado tan desmesurado de desigualdad tiene enormes consecuencias económicas, políticas y sociales. Socava la cohesión social y política, erosiona la confianza en las instituciones y empuja a la gente a pensar, con razón, que el sistema está amañado.

Casi la quinta parte de los multimillonarios de Estados Unidos viven en Nueva York, lo que constituye la mayor concentración de riqueza de todo el país. Pero la desigualdad no es un problema exclusivo de Nueva York, ni siquiera de Estados Unidos, aunque en este país haya más desigualdades que en casi cualquier otra economía avanzada. Es una crisis mundial.

El informe mundial sobre las desigualdades, encargado durante la presidencia sudafricana del G-20, reveló que, entre 2000 y 2024, el 1% más rico acaparó el 41% de toda la riqueza nueva, mientras que la mitad más pobre de la humanidad solo se quedó con el 1%. Este rumbo es insostenible.

Uno de los síntomas más claros de este desequilibrio es el aumento de la riqueza extrema. En 1987, los multimillonarios poseían una riqueza equivalente al 3% del PIB mundial. Hoy, esa élite diminuta —el 0,0001 % de la población mundial— posee una riqueza que equivale nada menos que al 16% del PIB mundial.

A medida que se concentra la riqueza, también lo hace el poder: el poder de influir en las elecciones, determinar las políticas, escorar los mercados y definir los términos del debate público.

Uno de los factores que más impulsan esta tendencia es nuestra incapacidad colectiva para gravar verdaderamente a los más ricos. Hasta hace poco, era difícil medir la magnitud del problema. Los datos públicos no registran las contribuciones fiscales de los ultrarricos. Sin embargo, en los últimos tiempos ha habido una avalancha de estudios que analizan precisamente ese aspecto y llegan a unas conclusiones claras.

En los años sesenta del siglo pasado, los 400 estadounidenses más ricos dedicaban aproximadamente el 50% de sus ingresos a pagar impuestos en las diferentes administraciones públicas. Hoy pagan alrededor del 24%.

No ocurre solo en Estados Unidos. En toda Europa —incluidos Francia, Italia y los Países Bajos— y en países como Brasil, los investigadores observan el mismo patrón: los tipos impositivos reales que pagan los más ricos son prácticamente los más bajos de todos. No solo se les da bien generar riqueza, sino también eludir y evadir impuestos.

Además, cuando pagan, aportan mucho menos de lo que les correspondería, pese a que son ricos, en gran parte, gracias a las inversiones públicas: contratos públicos, una mano de obra muy cualificada, un Estado de derecho que facilita la actividad empresarial y unas buenas infraestructuras e incluso las tecnologías básicas en las que se apoya su “innovación”. El peso recae fundamentalmente sobre los trabajadores, cuyos impuestos sostienen esos mismos sistemas que hacen posible la riqueza extrema.

Ya es hora de que abordemos este problema entre todos. Podemos discrepar sobre cómo de progresivos deben ser los sistemas impositivos: es decir, sobre cuánta más proporción de sus ingresos deben dedicar los ricos a pagar impuestos que el resto de la población. Pero no existe nada que justifique un sistema regresivo en el que los más ricos contribuyen menos que los demás. Esa es la forma de que las desigualdades aumenten y se perpetúen. Durante mucho tiempo, se ha descartado la posibilidad de hacer reformas porque se pensaba que eran demasiado complejas o políticamente inviables, a pesar de que los votantes de todas las tendencias políticas apoyan con entusiasmo que los ricos paguen lo que deben. Eso está empezando a cambiar.

En 2024, bajo la presidencia de Brasil, el G-20 incluyó este problema entre sus prioridades y se comprometió a aplicar una fiscalidad más eficaz a las personas con un patrimonio neto desmesurado. El grupo encargó un informe en el que se proponía un impuesto mínimo sobre el patrimonio del 2% para los más ricos, una forma sencilla de garantizar que cumplan con sus obligaciones para con la sociedad.

La idea, de gran calado, ha tenido un efecto dominó. En 2025, España y Brasil se comprometieron a encabezar una coalición de países para ponerla en práctica. Este fin de semana, el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, y el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, se reúnen en Barcelona con los jefes de Estado de Sudáfrica, México, Colombia y muchos otros países para impulsar el proyecto.

En Francia, la Asamblea Nacional aprobó una variante de este impuesto mínimo, aunque el Senado, conservador, lo bloqueó. Aun así, sigue siendo un tema muy presente en el debate nacional; igual que ocurrió en su día con el propio impuesto sobre la renta, que se encontró con una resistencia similar por parte de las fuerzas conservadoras antes de convertirse en ley. En Estados Unidos se está produciendo un cambio de paradigma. El próximo mes de noviembre, los votantes de California decidirán si se instaura un impuesto sobre el patrimonio de los multimillonarios. El Estado de Washington ha aprobado un impuesto sobre la renta del 9,9 % para las rentas superiores a un millón de dólares, que entrará en vigor en 2028. En Nueva York, estamos pidiendo a las autoridades estatales que aumenten los impuestos a los ricos y a las grandes empresas para cerrar el déficit presupuestario de la ciudad y financiar servicios públicos esenciales, como viviendas asequibles y cuidados infantiles. Y ya estamos progresando en un nuevo impuesto sobre las segundas residencias en la ciudad, que se aplicará a los ultrarricos y a las élites internacionales.

Estos no son más que los primeros pasos para restablecer un principio social básico: que quienes más tienen deben aportar lo que les corresponde para que todo el mundo pueda vivir con dignidad.

La idea de que los multimillonarios deben pagar tipos impositivos más elevados que los trabajadores no es ningún concepto radical. Lo que es radical es un sistema en el que la riqueza extrema convive con las penurias generalizadas y en el que esos multimillonarios, en la práctica, se las arreglan para no contribuir a la sociedad que les ha permitido triunfar. Cuanto más tardemos en solucionar esta situación, más se atrincherarán la riqueza y el poder económico y político y, por tanto, más se consolidará los privilegios de la aristocracia contemporánea. JOSEPH E. STIGLITZ es premio Nobel de Economía; ZOHRAN MAMDANI es alcalde de Nueva York; GABRIEL ZUCMAN es profesor de Economía en la Escuela de Economía de París.