DESDE EL TRÓPICO DE CÁNCER (20 ANIVERSARIO)
El blog de HArendt (2006-2026) Pensar para comprender, comprender para actuar
jueves, 3 de septiembre de 2026
DEL ARCHIVO DEL BLOG. EL PODER JUDICIAL, DE VERGÜENZA AJENA, POR HARENDT. PUBLICADO EL 10 DE SEPTIEMBRE DE 2008
¿Habrá alguien que se extrañe aún de que el Poder Judicial sea, de todas las instituciones españolas, la peor valorada por los ciudadanos? El espectáculo que dan Sus Señorías un día sí y otro también es de vergüenza ajena... Tres ejemplos:
1. El corporativismo rampante de que da prueba la resolución del expediente abierto al juez del caso Mari Luz; se pueden buscar las excusas que se quieran, pero el único responsable del mal funcionamiento de la Oficina Judicial es el Juez. Como el capitán lo es de lo que pase en su navío, o el director de turno de como funcione una sucursal bancaria...
2. El caso de las vieiras envenenadas de El Ferrol: A la cárcel, los pescadores; en libertad, sin fianza, los honestos restauradores (estrella Michelín incluida) "engañados en su buena fe" (¡je, je, je!, ¡qué graciosos son algunos abogados!) por tan malvados personajes...
3. El acuerdo de renovación del Consejo General del Poder Judicial al que han llegado los dos grandes partidos PSOE-PP: Más de lo mismo. Sinceramente, con todo el respeto debido a las personas propuestas, para este viaje no hacían falta alforjas...
Con razón ironiza en La Voz de Galicia de ayer, martes, el periodista Fernando Ónega, en su artículo: "Desde la Corte: La larguísima mano de la política", que reproduzco más adelante. Y como estrambote, la mención al hecho de que el nombre de su presidente (y del Tribunal Supremo) se lo reserva el Sr. Rodríguez Zapatero... ¿No era el nuevo Consejo el que elegía y proponía al Rey el nombre de su presidente? Al menos eso es lo que dice la Ley... ¡Cosas veredes, Sancho!, decía el bueno de don Quijote a su escudero.
No tengo vocación de arbitrista y me repele dar opiniones sobre cuestiones que no son de mi competencia a unos señores mayores de edad que, además, cobran por resolver nuestros problemas, y a los que considero responsables de mi cada día más acentuado desapego por la vida política gracias a su honesto y desinterado servicio a la "res publica". Pero, en fin, en un gesto de coquetería algo pedante me permito hacer una sugerencia: ¿no sería útil introducir un pequeño apartado en los reglamentos del Congreso de los Diputados y del Senado que permitiera a los grupos parlamentarios en cada Cámara vetar la presentación de algunos de los candidatos propuestos por las asociaciones judiciales y los jueces y magistrados independientes para el Consejo General del Poder Judicial? ¿Y qué pudieran hacer lo mismo con algunos de los propuestos para el Tribunal Constitucional? A lo peor, se quedaban fuera los mejores, pero desde luego, no entrarían los peores… HArendt
***
"Desde la Corte: La larguísima mano de la política", por Fernando Ónega
Este cronista está hoy que no cabe en sí de gozo. ¿Le habrá tocado una primitiva?, se preguntará algún lector. ¡No, señor! ¡Todavía más difícil! ¿Le habrá adjudicado un parque eólico la Xunta de Galicia? ¡Más difícil todavía!: ha visto, oído y leído que ya están apalabrados los vocales del Consejo General del Poder Judicial, el gobierno de los jueces. No me digan que no es para desparramarse de alegría política y emoción institucional. No hay mal ni vacante que cien años dure. Después de más de veinte meses de busca de veinte nombres, rechazos de propuestas, vetos, recelos, vendettas y otras figuras de nuestra política, ayer se produjo el milagro. Don José Antonio Alonso y doña Soraya Sáenz de Santamaría comunicaron al mundo la buena nueva, como tocólogo y comadrona felices a la puerta del paritorio.
Habrá sido muy complicada tarea, me comentaba el taxista. Pues no se crean: bastó que Zapatero y Rajoy se vieran en julio y hayan reconocido que era una vergüenza mantener esa interinidad. Bastó que pensaran que no podía darse otra vez el espectáculo de inaugurar el año judicial con un presidente del consejo en funciones. Es decir, que en esta ocasión hubo lo que antes faltó: voluntad política de dos señores, que mandan tanto que pueden permitirse el lujo de paralizar una institución o ponerla a andar cuando deciden rebajar la tensión. Eso fue todo.
Por lo demás, parto de los montes: mucha expectación, pero más de lo mismo. Mirada la lista de afortunados, es evidente que se trata de servidores de jugoso currículo, gran titulación y experiencia notable. Faltaría más: no iban a poner a bisoños e inexpertos. Pero les salió una lista política. Ahí están antiguos altos cargos de Administraciones de partido, ex diputados y ex diputadas y un consejero valenciano que pasa directamente del Gobierno autónomo al gobierno del Poder Judicial. Y no hay independientes: todos o casi todos proceden de alguna asociación. Los propuestos por el PP, de la conservadora Asociación Profesional de la Magistratura. Los del PSOE, de Jueces para la Democracia o Francisco de Vitoria. Las asociaciones progresistas no inspiraron ni un nombre a la derecha. La conservadora, ni un nombre a los socialistas. La contienda y la división están garantizadas. Tanto o más que en el anterior consejo.
Ahora solo falta un pequeño detalle: designar al presidente. ¿Quién será? No os preocupéis por el nombre. Acabo de leer en un periódico bastante útil para conocer intenciones de la Moncloa que «Zapatero decide estos días quién será el próximo presidente del CGPJ». Es decir, que depende de Zapatero. El jefe del Ejecutivo decide quién es el jefe del Judicial. Como veis, la independencia sigue garantizada. ¡Viva la división de poderes! (La Voz de Galicia, 09/09/08)
DEL POEMA DE CADA DÍA. HOY, VERLAINE Y CÉZANNE, DE VLADIMIR MAYAKOVSKI (1893-1930)
VERLAINE Y CÉZANNE
Yo choco, a cada rato,
con el borde de la mesa o del estante,
midiendo con mis pasos, todos los días,
los cuatro metros de mi cuarto.
Me resulta estrecho todo esto del hotel Istria,
en este rincón, de la calle Campagne-Premiere.
Me oprime, la vida de París.
Eso de echar la angustia, por los bulevares,
no es para nosotros.
A la derecha, tengo el Boulevard Montparnasse,
a la izquierda, el Boulevard Raspall.
Camino y camino sin mezquinar las suelas,
camino de día y de noche,
como un poeta standard,
hasta que ante mis ojos,
se alzan los fantasmas. (…)
VLADIMIR MAYAKOVSKI (1893-1930)
poeta ruso
***
Vladímir Vladímirovich Mayakovski (en ruso: Владимир Владимирович Маяковский. Baghdati, Gobernación de Kutaisi, Imperio ruso, 19 de julio de 1893 - Moscú, 14 de abril de 1930) fue un poeta y dramaturgo revolucionario ruso-soviético, y una de las figuras más relevantes de la poesía rusa de comienzos del siglo XX. Fue iniciador del futurismo ruso. De hecho publicó en 1912, junto con David Burliuk y Velimir Jlébnikov, su manifiesto La bofetada al gusto del público (Пощёчина общественному вкусу). Miembro del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia, fue también defensor de la Revolución de Octubre de 1917 y se encargó de hacer propaganda de la Unión Soviética por todo el mundo. Se suicidó el 14 de abril de 1930, de un disparo en el corazón.
DEL ASUNTO DEL DÍA. EL UNIVERSO PRIMITIVO DE ANTÓN BALEATO, POR ELVIRA LINDO (EL PAÍS). 3 DE SEPTIEMBRE DE 2026
Me disponía a comenzar esta semblanza del brillante cosmólogo Antón Baleato con la imagen de un niño subiendo al monte coruñés a observar el espacio con el telescopio regalo de su madre, pero Baleato me advierte de que, aun siendo cierto el recuerdo, jamás ha querido responder a la idea del científico que desde pequeño fuera un prodigio porque esa es, a su juicio, una imagen dañina. Cada vez que comparte su experiencia con un grupo de estudiantes les confiesa que él sufrió a los 10 años el síndrome del impostor, un impostor precoz que ya temía no emular a Einstein. Insiste en desterrar la idea del genio infantil, que castiga a quien teniendo facultades innatas podría disfrutarlas sin sufrir ese tipo de competitividad malsana. Lo cierto es que este cosmólogo que ha organizado esta semana en A Coruña el congreso Nuevas fronteras de la cosmología, que ha reunido a eminentes astrofísicos de más de 50 nacionalidades, ya destacó en el instituto. Fue una profesora la que lo animó a presentarse a una beca de Colegios del Mundo Unido, y tras superar la prueba, se fue a terminar el Bachillerato en Vancouver a los 17 años. Ya no volvió a España. De allí a Columbia, en Nueva York, de donde salió siendo físico y, apurando al máximo el sistema de probabilidades, se enamoró de su hoy esposa el último día de carrera en una fiesta en el metro. Esa chica, Julia Peck, lingüista, aprendió gallego gracias a un manual escrito por el abuelo de Antón. Hoy los dos albergan el sueño de convertir Galicia en su hogar definitivo y en su sede de investigación.
Ha trabajado cinco años en el Centro de Física Cosmológica de la Universidad de Berkeley, California, el más puntero en el estudio del universo primitivo, que en los últimos tiempos se ha distinguido por publicar resultados impactantes que cuestionan el ritmo de expansión de la energía oscura, ese 70% que conforma el universo y que es la causante, como temía el niño de Woody Allen en Días de radio, de su agrandamiento. Que se expande se sabía, pero no siempre con la misma densidad y al mismo ritmo, con lo cual esta fascinante historia nuestra que comenzó con un Big Bang bien podría cerrarse con un Big Crunch, pero por qué ser agoreros: “Siempre podemos adelantarnos nosotros en la destrucción del planeta”, dice con una ironía cargada de verdad. Lo interesante de este joven científico es la manera en que define la disciplina a la que ha entregado su vida. Mientras le entristece que el futuro de muchos de sus compañeros de Columbia se definiera por el dinero, Baleato se sintió atraído desde siempre por los saberes elegantes, por lo intangible. Estudiar para saber, algo que no tiene nada de superfluo. Además del inglés, el castellano y el gallego, la lengua en la que el cosmólogo soñó desde jovencillo fue las matemáticas: “Hasta calculando los símbolos de Christofell, que se tienen por unas ecuaciones tediosas, yo me dejaba llevar por esos cálculos, me servían casi de terapia”.
Es todavía más fascinante la manera en la que relaciona el estudio del telescopio DESI, para el que ha trabajado cinco años, con una idea tan terrenal como la igualdad de oportunidades, la justicia social, algo que heredó de su bisabuelo, por el que sentía devoción, Manuel Mora, anarquista que lideró una división en la batalla del Ebro, y que solía decirle “crece para llegar a ser una persona de bien”, algo que jamás ha olvidado y que sirve de inspiración para cualquiera de las decisiones que han determinado su carrera. Es un consejo que dio a su vida un propósito, plantando como ha hecho, por ejemplo, 200 castaños en el concello de Trazo. Toda una declaración de intenciones.
Su facilidad para sentirse responsable le ha hecho padecer porque los científicos que convocó no vieran con la suficiente exactitud deseada el eclipse del día 12. Ya se sabe que las nubes en Galicia juegan al cucú trastrás, pero, dejando a un lado su espíritu perfeccionista, acaba reconociendo que el encuentro ha sido un éxito, que la belleza atlántica de su tierra, la comida, la calidez han disipado las nubes, y todo indica que este ha de ser el primer paso para que tanto A Coruña como Santiago sean lugares de peregrinación para aquellos que más que fe albergan dudas. “¿Y qué crees que había que ver en este eclipse?“, pregunto. “Me gustaría pensar”, dice, “que es un fenómeno natural sublime que nos recuerda la realidad cósmica, que nuestro planeta es un astro, que vivimos en una bola de roca flotando en el espacio”. Algo tan trascendente y tan insignificante como eso.
Le entristece a Baleato esta carrera espacial que contamina el cielo impidiendo a menudo el estudio del universo en un mundo rendido a un capitalismo carente de regulaciones. Ahí están, en vez de estrellas, los satélites en los que viajan nuestros whatsapps, nuestras redes tóxicas, nuestras múltiples señales que nos vigilan o nos atacan o nos crean la fantasía de estar en permanente conexión. Sus palabras me recuerdan aquellas célebres del Jefe Seattle (de la tribu suquamish) enviadas por carta al presidente Franklin Pierce en 1854: “¿Cómo se puede comprar o vender el cielo o el calor de la Tierra? Esa es para nosotros una idea extraña. Si nadie puede poseer la frescura del viento ni el fulgor del agua, ¿cómo es posible que ustedes los puedan comprar?”. Lo terrible es que este cielo que estudia nuestro brillante cosmólogo les está saliendo gratis a estos nuevos colonizadores. Hoy como ayer se apoderan de lo que es de todos siendo de nadie. Elvira Lindo es escritora.
miércoles, 2 de septiembre de 2026
HOLA DE NOU, AMICS. BONES NITS A TOTS.
Hola de nou, amics. Bona nit, feliç descans i dolços somnis a tots aquesta nit de dimecres a dijous, del 2 al 3 de setembre del 2026. Espero que hagin passat un bon dia en companyia de les seves famílies i amics. Gràcies de tot cor per haver-se fet una volta pel bloc. M'alegraria creure que han gaudit de la visita. Tamaragua, amics meus. Que la deessa Fortuna i les benvolents Moiras els siguin favorables. Fins demà. Els vull. HArendt
ENTRADA NÚM. 11357
DE LA TARDE QUE CAE. UNA LECTURA CRÍTICA DE “¿TIENE FUTURO LA VERDAD?”, DE GEORGE STEINER, POR HARENDT. 2 DE SEPTIEMBRE DE 2026
Algunos de los comentarios críticos más lúcidos y certeros sobre ¿Tiene futuro la verdad? (la célebre conferencia de George Steiner pronunciada para el Nexus Instituut), luego convertida en libro (Almuzara, Córdoba, 2022), que leí con auténtica emoción el pasado mes de agosto, apunta a la tensión trágica entre el humanismo secular y la nostalgia teológica que vertebra todo su pensamiento.
La crítica más penetrante —articulada en la órbita de filósofos del desengaño contemporáneo como John Gray y ensayistas del ámbito europeo como Rob Riemen y Tzvetan Todorov— subraya que el núcleo del texto no es puramente epistemológico, sino existencial y elegíaco.
Los ejes centrales de esta lectura crítica son: 1. El ocaso del «modelo occidental» de la verdad: Los críticos señalan que Steiner desarticula la noción tradicional de «verdad», la cual dependía históricamente de dos pilares: la tradición judeocristiana (la verdad revelada o sagrada) y el racionalismo grecolatino (la verdad indagada a través del lógos y la filosofía). Para la crítica, el gran mérito del libro es mostrar cómo ese edificio conceptual, que sustentó a Occidente durante más de dos milenios, se ha desmoronado bajo el peso del relativismo, el consumo de masas y la aceleración tecnológica. 2. La tensión entre ciencias duras y humanidades. 2. Diversas reseñas subrayaron la agudeza con la que Steiner analiza el traslado del eje de gravedad intelectual: Las ciencias exactas han monopolizado el concepto de «verdad verificable» y progreso objetivo, ofreciendo un dinamismo que las humanidades parecen haber perdido. Las humanidades, en cambio, al caer en el posmodernismo y las modas académicas endogámicas, habrían renunciado a la búsqueda de certezas universales, sustituyendo el compromiso con el sentido por el juego del lenguaje. 3. La amenaza de la inmediatez y la pérdida del silencio: La crítica destacó la advertencia de Steiner sobre el entorno digital y la cultura del ocio instantáneo. Para el autor, el acceso a la verdad exige silencio, dificultad, memoria y soledad. Los comentaristas coincidieron en que el ensayo describe con precisión cómo la sobreinformación contemporánea no produce mayor conocimiento, sino un «ruido permanente» que diluye la capacidad de atención profunda y lectura crítica. 4. Recepción y matices de la crítica. Elogios: La prensa cultural (como The Times Literary Supplement, Le Monde o El País) celebró la erudición enciclopédica de Steiner, su elegancia estilística y su capacidad para formular preguntas incómodas sin caer en simplificaciones. Se le reconoció como uno de los últimos «grandes humanistas europeos». Objecciones: Algunos críticos y sociólogos de la cultura calificaron el texto de excesivamente pesimista y elitista. Se le reprochó cierta nostalgia por una alta cultura aristocrática e inaccesible, así como una visión quizás demasiado apocalíptica del impacto de las tecnologías en las nuevas generaciones.
En conjunto, la crítica valoró el ensayo no como un tratado dogmático, sino como una llamada de atención urgente sobre los riesgos de vivir en una sociedad que confunde el acceso instantáneo a los datos con la posesión de la verdad. Harendt
DEL CAFÉ DE SOBREMESA. MONSTRUOSAMENTE NORMAL, POR MARTA FRAILE. 2 DE SEPTIEMBRE DE 2026
La violencia machista contra las mujeres es una epidemia global. Según el informe más reciente de Naciones Unidas sobre feminicidios, se cobra una media de 140 víctimas diarias en todo el mundo, una cifra que equivale, cada día, a la desaparición de una pequeña aldea de mujeres. En España, la última macroencuesta sobre violencia de género (2024) muestra que el 9,2% de las mujeres residentes en España de 16 años o más han sufrido violencia física de su pareja en algún momento de su vida (lo que implica aproximadamente casi dos millones de mujeres), el 3% (629.994) en los cuatro años previos a las entrevistas, y el 1,5% (326.298) en el último año. Son cifras que describen una vergonzosa violación de los derechos humanos a escala planetaria. Y, sin embargo, no deja de crecer: un goteo constante y feroz que erosiona nuestras sociedades, sin que la indignación puntual que provoca cada nuevo caso llegue a traducirse en un cambio estructural duradero.
El reciente asesinato de Laura Cruz a manos de su expareja ilustra con crudeza el mecanismo que sostiene esta violencia en cualquier rincón del mundo. La niña india casada antes de tiempo; la mujer sudafricana asaltada en plena calle; el ama de casa maltratada durante décadas por su marido; o, en este caso, una guardia civil asesinada por su expareja, también guardia civil. Todas comparten la misma carencia que atraviesa a cada víctima de violencia de género: la pérdida de control sobre su propia vida.
La violencia machista no se parece a ningún otro delito violento. Ocurre en el espacio familiar, precisamente el lugar en el que todas y todos nos deberíamos sentir seguras. La violencia la ejerce alguien a quien no solo se conoce, sino con quien se comparte cariño, intimidad, un proyecto de vida, e incluso hijos e hijas. Alguien que dice querer a su víctima. Este tipo de violencia es corrosiva y pegajosa: suele permanecer oculta a los ojos de los allegados más íntimos porque a menudo a las lesiones físicas más visibles preceden heridas que son igualmente dañinas: la violencia verbal y emocional.
Esta violencia extiende sus tentáculos a través de mecanismos psicológicos tóxicos basados en el control obsesivo del agresor, que despliega estrategias muy variadas para limitar, vigilar y dirigir la vida de la mujer a la que dice amar, minando progresivamente su capacidad de decisión y su independencia. Un argumento recurrente entre los agresores es que el amor intenso que sienten por su pareja llega a dominar por completo su voluntad, hasta el punto de empujarles a cometer actos de una violencia y una crueldad inadmisibles. La idea de que el amor y la violencia nacen del mismo lugar no es sólo engañosa: es aterradora. Y es además una idea que nuestra cultura ha alimentado durante generaciones a través de relatos románticos donde los celos se disfrazan de pasión y el control se confunde con el cuidado.
En su libro Marcas invisibles, la periodista Sandra Susany retrata perfiles de agresores marcados por un narcisismo exacerbado, propensos al engaño y la duplicidad, con adicciones (el alcohol, sobre todo) más o menos visibles y toleradas. Los estudios académicos añaden otros factores asociados a este perfil: exposición a la violencia durante la infancia, la falta de apoyo social, la pobreza o el consumo de sustancias tóxicas. Pero esta evidencia procede sobre todo del análisis de los casos de violencia que acaban en feminicidio, y el feminicidio es solo el desenlace final de un largo camino de abusos y agresiones que a menudo permanece silenciado por los muchos desincentivos que enfrentan las víctimas a la hora de denunciar.
La producción cultural de los últimos años nos acerca a ese camino, poblado de fantasmas, silencios, miedos y una desolación absoluta. Series como Querer retratan el rechazo social pero también familiar que puede sufrir una mujer cuando se atreve a denunciar décadas de maltrato conyugal. Muchas víctimas no denuncian porque conocen de antemano el calvario que les espera: tanto la Policía como el sistema judicial ofrecen instrumentos limitados para protegerlas. Hay agujeros negros especialmente difíciles de resolver, como los recursos económicos de las mujeres para rehacer su vida, o la lentitud e ineficacia de los interminables protocolos judiciales que obligan a la víctima a revivir su trauma una y otra vez ante funcionarios, peritos y jueces. Con demasiada frecuencia, los hombres denunciados encuentran vías para eludir obligaciones económicas y sanciones penales, mientras el proceso se alarga durante años y la mujer queda atrapada en un limbo legal que la mantiene, de facto, ligada a su agresor.
El caso de Laura Cruz es otra ilustración trágica de ese largo recorrido, y también de los límites de las instituciones que deberían proteger a las víctimas. Ella trató de escapar activamente, paso a paso, con las herramientas y recursos que el sistema actual puso a su disposición, siempre alerta, haciendo todo lo que estuvo en su mano por salir de la situación en la que estaba atrapada. Lo peor es que su caso no es aislado: muchas mujeres que se atreven a denunciar acaban sumidas en una pesadilla que no termina, incapaces de liberarse del todo de su experiencia de maltrato.
Muchas mujeres que logran escapar de sus maltratadores siguen obligadas a relacionarse con ellos si comparten la custodia de sus hijos. E incluso sin hijos de por medio, numerosas víctimas siguen viviendo con el alma en vilo mucho tiempo después de escapar de una situación de maltrato, sobre todo cuando el proceso terminó con el encarcelamiento del agresor. Las entregas y recogidas de los niños se convierten entonces en momentos especialmente peligrosos.
Todo esto debería llevarnos a repensar la naturaleza compleja de la violencia de género. Aunque ocurra en el ámbito privado y familiar, tiene consecuencias muy graves para la salud pública de millones de personas en el mundo. No es solo un problema de Laura, que tuvo la mala suerte de elegir mal a su pareja. Si le ha pasado a ella, nos puede pasar a cualquiera. Tratarlo como una sucesión de tragedias individuales, ajenas y lejanas, es precisamente lo que ha permitido que la violencia machista siga siendo, año tras año, una de las principales causas de muerte violenta entre mujeres en todo el planeta.
Hace casi tres años, la hermana de otra víctima de feminicidio, la estudiante universitaria italiana Giulia Cecchettin, asesinada por su expareja, lo expresó con un mensaje contundente, con esa lucidez que a veces solo el dolor tiene el don de proporcionar. Elena Cecchettin recordó que su duelo no era privado sino público y político, y que el asesino de su hermana no fue un “monstruo” ni un “depravado” sino una persona “monstruosamente normal”. Las mujeres que llenaron las calles de varias capitales italianas en aquella ola de manifestaciones llevaban en la mano, bien visibles, las llaves de su casa: un modo de decir que la violencia de género no es algo que les pase solo a las demás. Esos chicos normales viven en nuestros propios hogares, se sientan a nuestra mesa y, muchas veces, ni siquiera ellos mismos son conscientes de estar reproduciendo un patrón que la sociedad les ha enseñado a confundir con amor. Reconocerlo no es un ejercicio de culpa colectiva, sino el primer paso necesario para desmontarlo. Marta Fraile es profesora de investigación del Instituto de Políticas y Bienes Públicos del CSIC. El País.
DEL ARCHIVO DEL BLOG. TREINTA Y TRES AÑOS DESPUÉS. PUBLICADO EL 19 DE NOVIEMBRE DE 2008
Justo a los treinta y tres años de la muerte del dictador, que se cumplen mañana, el juez de la Audiencia Nacional, Baltasar Garzón, dicta un Auto por el que declara extinguida la responsabilidad penal de Francisco Franco y otros militares españoles y jerarcas del régimen franquista, habida cuenta de la constatación de su fallecimiento. En dicho Auto, el juez se inhibe en favor de los tribunales territoriales ordinarios para que sea en estos, y según corresponda en cada lugar, donde se realicen las investigaciones conducentes a la identificación y recuperación de los cadáveres de las personas "desaparecidas" con motivo de la represión consecuente a la rebelión militar encabezada por Franco en 1936.
Contra la opinión y el desencanto de muchos, pienso que el juez Garzón ha hecho lo que debía y podía: dejar la responsabilidad en manos de quien tiene la potestad de impulsar la investigación, que no es otro que el gobierno. La cuestión, ahora, es ver si el gobierno de España va a estar a la altura de lo que se espera de él por parte de las asociaciones de víctimas y desaparecidos por la represión franquista. Las palabras del ministro del Interior esta mañana en la Cadena SER daban la impresión de que lo van a hacer, pero la verdad es que corren malos tiempos, para la lírica y para bastantes más cosas... El editorial del diario El País de hoy, parece reflejar también esa misma opinión (pueden leerlo aquí). Y el Auto del juez Garzón en el enlace resaltado al comienzo de este comentario. Espero que sepan perdonarme mi inocultable escepticismo, que no es otra cosa que un optimismo voluntarista trufado por la experiencia... Hoy no tengo uno de mis mejores días, y eso se me nota. Sean felices a pesar de todo. Tamaragua. HArendt
DEL POEMA DE CADA DÍA. HOY, LA MUSA, DE ANNA AJMATOVA (1889-1966)
LA MUSA
Cuando en la noche oscura espero su llegada,
Se me antoja que todo pende de un hilo.
¿Qué valen los honores, la libertad incluso,
cuando ella acude presta y toca el caramillo?
Mira, ¡ahí viene! Ella se echa a un lado el velo
Y se me queda mirando larga y fijamente. Yo digo:
“¿Has sido tú la que le dictó a Dante las páginas sobre el infierno?”
Y ella responde: “Yo soy aquella.”
ANNA AJMATOVA (1889-1966)
poetisa rusa
***
Anna Andréievna Ajmátova (ruso: Анна Андреевна Ахматова) seudónimo de Anna Andréievna Górenko (Bolshói Fontán, cerca de Odesa, gobernación de Jersón, 11 de juniojul./ 23 de junio de 1889greg. - Domodédovo, óblast de Moscú, 5 de marzo de 1966), fue una poeta rusa. Junto con Nikolái Gumiliov y Ósip Mandelshtam, fue una de las figuras más representativas de la poesía acmeísta de la Edad de Plata de la literatura rusa. Fue nominada al Premio Nobel de Literatura en 1965 y 1966.



























