jueves, 12 de marzo de 2026

LA CONSPIRACIÓN CONTRA LA INTELIGENCIA HUMANA Y ARTIFICIAL. ESPECIAL UNO DE HOY JUEVES, 12 DE MARZO DE 2026

 







Hasta ahora, personalmente, casi no he usado IA. Pero conozco gente que la usa constantemente. En general, se dividen en dos grupos. Algunos la usan de forma casual o por diversión; generalmente usan ChatGPT de OpenAI. Otros la usan para realizar trabajos serios; generalmente usan Claude de Anthropic. Mi impresión se ve confirmada por los datos sobre las cuotas de mercado, que a principios de 2026 mostraron que Anthropic superó rápidamente a OpenAI , el líder inicial, en adopciones por parte de empresas (negocios y otras organizaciones que intentan realizar tareas bien definidas).

Entre las organizaciones que han encontrado los modelos de IA de Anthropic más útiles que los de sus rivales se encuentra el Departamento de Defensa , que dependía en gran medida de Claude hasta principios de este mes, fecha en la que Pete Hegseth, el secretario de Defensa que se autodenomina secretario de Guerra, prohibió repentinamente su uso. Como señalé el otro día, Hegseth parece decidido a exaltar la ignorancia y a declarar la guerra a la experiencia y el pensamiento profundo; resulta que su guerra contra la inteligencia humana también es una guerra contra la inteligencia artificial, que no le gusta.

Para justificar la prohibición, el Departamento de Defensa declaró que Anthropic es un riesgo para la cadena de suministro y que está tratando no sólo de poner fin a su propio uso de Claude, sino también de evitar que cualquier contratista que haga negocios con el departamento utilice Claude.

No hay ningún misterio sobre la motivación para prohibir a Claude. Anthropic ha declarado que quiere garantías de que sus productos no se utilizarán para armas totalmente autónomas ni para la vigilancia masiva de estadounidenses. Esto ha enfurecido a los funcionarios de Trump: David Sacks, el zar de la IA y las criptomonedas de la administración, ha acusado a la compañía de apoyar la "IA progresista". Por lo tanto, una administración cuya motivación principal es vengarse de sus supuestos enemigos, naturalmente, intenta castigar a Anthropic y perjudicar su negocio.

Pero el hecho de que la disputa entre Trumpistas y Antrópicos sea comprensible no la hace normal ni aceptable. De hecho, la designación de Antrópicos como un riesgo para la cadena de suministro es un terrible presagio para el futuro de Estados Unidos, al menos en tres sentidos.

En primer lugar, es obviamente ilegal. Designar a un posible contratista como un riesgo para la cadena de suministro no es algo que el gobierno deba hacer a la ligera. La base legal para dicha designación, plasmada en las directrices de adquisiciones del gobierno federal , es muy específica :

“Riesgo de la cadena de suministro” significa el riesgo de que un adversario pueda sabotear, introducir maliciosamente una función no deseada o subvertir de otro modo el diseño, la integridad, la fabricación, la producción, la distribución, la instalación, la operación o el mantenimiento de un sistema cubierto para vigilar, negar, interrumpir o degradar de otro modo la función, el uso o la operación de dicho sistema (véase 10 USC 3252). Así que el riesgo en la cadena de suministro se relaciona con el sabotaje o la subversión. "Esta empresa es demasiado progresista" no se ajusta a esa definición.

En segundo lugar, negar contratos gubernamentales a una empresa porque al gobierno no le gusta su política es una práctica gravemente corrupta. Considérelo la otra cara del capitalismo de amiguetes: mientras invierte el dinero de los contribuyentes en empresas que considera aliadas, especialmente porque enriquecen personalmente a miembros del gobierno o a la familia del presidente, el gobierno está excluyendo a empresas que considera enemigas. Si esta práctica se convierte en la norma, como seguramente ocurrirá si estas personas permanecen en el poder, se desperdiciará dinero, ya que el gobierno está negando contratos a proveedores que ofrecen el mejor valor, pero que no son lo suficientemente MAGA (Hacer que Estados Unidos sea Grande). También corromperá aún más nuestra política, ya que las empresas sienten la necesidad de mostrarse abiertamente pro-Trump si quieren contratos federales.

Finalmente, el Departamento de Defensa está haciendo exactamente lo que personas como Hegseth siempre han acusado a los defensores de la DEI: negarse a contratar a los mejores profesionales para el trabajo y a otorgar contratos a los mejores proveedores, en nombre de la corrección política. Los directivos y expertos tecnológicos del Pentágono creen firmemente que Claude es la mejor herramienta para muchos propósitos, pero se les ha ordenado no usarla porque a sus superiores políticos no les gusta la política de la empresa.

Imaginen la reacción si se invirtieran los roles de los partidos: si una administración demócrata negara al ejército estadounidense las herramientas que quiere usar porque considera demasiado conservadora a la empresa que las suministra. Los republicanos no solo protestarían, sino que gritarían "¡traición!".

De hecho, aunque no puedo juzgar cuánto daño causará decirles a los militares que dejen de usar a Claude —¡justo cuando comenzaba una guerra!—, es claramente una medida que debilita la seguridad nacional. Y lo que esta medida nos dice es que al gobierno de Trump le importa más combatir la concienciación que mantener a Estados Unidos seguro. PAUL KRUGMAN es premio nobel de economía. Este artículo se publicó en Substack el 11 de marzo de 2026.















SALUDOS EN LAS LENGUAS DE MI PATRIA. HOY JUEVES, 12 DE MARZO DE 2026, EN CASTELLANO

 







Hola, buenos días de nuevo a todos y feliz jueves, 12 de marzo de 2026. A ocho días de la primavera el frío invierno moral del mundo sigue a peor. Hasta la Unión Europea comienza a resquebrajarse con una presidenta de la Comisión, que da la impresión de haber perdido el rumbo, o de no haber sabido resistir la presión de los déspotas de Washington y Jerusalén, que viene a ser lo mismo, y de un presidente del Consejo Europeo que defiende con vigor los valores que caracterizan a Europa. Todo va a peor, sí. Y si no reaccionamos, quizá podemos perder todo lo ganado en paz y prosperidad desde la II Guerra Mundial. Pero vamos con las entradas de hoy del blog. Supongamos que, ante las matanzas, sufrimientos e injusticias mundiales, alguien siente un irrefrenable pálpito de tristeza, dice en la primera de ellas la escritora Irene Vallejo, muchos le dirían que no entiende las reglas del juego ni la lógica de la dura y despiadada realidad que habitamos y tacharán a esa persona de ingenua, sentimental o narcisista en pose de bondad. En la segunda, un archivo del blog de diciembre de 2017, el periodista Antonio Navalón comentaba que desde el principio de los tiempos los espías han jugado un papel fundamental en la vida humana, no solo por el daño que evitan o que generan, no solo por las jugadas sucias o limpias, no solo porque a la capacidad de crear problemas al enemigo en algún momento se le llamó inteligencia, sino porque, desde el arte de la guerra, los espías ocupan un lugar preeminente en la organización del mundo. El poema del día, en la tercera, es un bellísimo poema titulado Poema del fin de la poetisa rusa Marina Isvetáieva. Y la cuarta y última, como siempre, son las viñetas de humor del día. Tamaragua, amigos míos. Nos vemos mañana si la diosa Fortuna está por la labor. Sean felices. Besos. Les quiero. HArendt














ENTRADA NÚM. 9981

LA DULZURA DEL LEÓN

 







Supongamos que, ante las matanzas, sufrimientos e injusticias mundiales, alguien siente un irrefrenable pálpito de tristeza. Muchos le dirían que no entiende las reglas del juego ni la lógica de la dura y despiadada realidad que habitamos. Tacharán a esa persona de ingenua, sentimental o narcisista en pose de bondad. Le recordarán que la solución es fácil: los bobos apenados y los insensatos benevolentes pueden hospedar en su propia casa a quien reclama ayuda o refugio. La compasión gozó en ocasiones de buena reputación, pero su aura se desvanece hoy ante nuestros ojos.

En una llamativa voltereta cultural, una nueva corriente intenta arrojar la empatía al sótano tenebroso de todos los males. Tres autores norteamericanos han publicado recientemente ensayos que la describen como un pecado dañino o una emoción tóxica y suicida. Durante la última década, su descrédito ha avanzado en paralelo al auge del odio. Fogosos, los partidarios del puñetazo en la mesa nos explican cosas: los derechos humanos son decadentes; no dejes para mañana a quien puedas deportar hoy; la diversidad no es divertida; la paz es un delirio de biempensantes; la justicia social, coartada para envidiosos; las ayudas públicas, nidos de parásitos. En resumen, el buenismo está cavando nuestra tumba.

La palabra empatía proviene del léxico médico griego. Siglos después, los intelectuales ilustrados le dieron nuevo significado, el nuestro: la capacidad para entrar en la piel de otra persona y explorar sus pensamientos, impregnarnos de sus pasiones y resonar con sus angustias. Entre los antiguos existió una idea similar, la simpatía cósmica. El filósofo estoico Posidonio hizo famosa la imagen de un universo cuyas partes, quieran o no, conscientes o ignorantes, existen como miembros de un gran organismo común. No somos un archipiélago sino un gran continente vivo. El emperador romano Marco Aurelio, desde la cima del poder, escribió: “Nacemos para colaborar”. Hoy, el hombre más rico del planeta afirma que preocuparse por los demás se ha desbocado hasta el punto de rozar lo autodestructivo. Nuestro derroche de empatía —sostiene— está conduciendo al suicidio de la civilización. Necesitamos que nos salven de nuestra amabilidad.

La vieja sabiduría enseñaba a sentir como propio el dolor de otros, incluso de los distintos, extranjeros o herejes. ¿Quién es nuestro prójimo?, preguntaron a Jesús. Contestó con la parábola del buen samaritano, ese forastero infiel que cuidó de un judío herido, pese a la enemistad entre sus pueblos. También el romano Aulo Gelio, a su manera, ofreció una respuesta en forma de fábula. Cierto día en el Circo Máximo, ante los ojos de todos, temblaba de miedo un esclavo condenado a ser pasto de las fieras. Inesperadamente, el león más enorme se le acercó moviendo la cola manso y alegre, como los perros zalameros, y lamió sus manos. Entonces el desdichado, llamado Androcles, abrazó al animal. El público, boquiabierto, rompió en un clamor. Llamado ante el César, Androcles relató una peripecia asombrosa. Años atrás había huido de su amo, procónsul en África, a causa de sus azotes injustos y diarios. Se refugió en una cueva solitaria, donde al rato vio aparecer a un león que cojeaba, dirigirse hacia él, levantar una pata y extenderla como si pidiera ayuda. Atónito y conmovido, Androcles le arrancó una enorme espina que tenía clavada, extrajo el pus y curó la herida. Convivieron durante tres años hasta que el esclavo fugitivo fue capturado y condenado a muerte. Quiso el azar que entre las fieras que iban a devorarlo estuviera su viejo colega de clandestinidad, que le devolvió el favor. Por petición unánime, los dos amigos fueron indultados y vivieron juntos en Roma, donde la gente prendía flores en la melena del animal, diciendo: “Ese es el león que dio hospedaje al hombre, ese es el hombre que curó al león”.

Cabe preguntarse si, en un cambio del péndulo histórico, tras censurar los cuentos tradicionales, demasiado crueles para la sensibilidad infantil, ahora llega el turno de eliminar las tramas que enseñan a nuestros niños empatía descontrolada. Para los autores que la tildan de pecaminosa, tóxica y suicida —Joe Rigney, Allie Beth Stuckey, Gad Saad—, los peligros son gravísimos. Permitir, en nombre del buen corazón, que la sociedad sufra un chantaje emocional. Capitular ante quienquiera que se presente como víctima. Tomar, rehenes del sentimiento, malas decisiones. Elegir la cómoda opción de ser amables en lugar de firmes. Y, lo peor de todo, dejar que nos manipulen para apoyar políticas colectivas de protección a los frágiles, en su opinión nocivas y despilfarradoras.

Ya advertían las máximas del oráculo de Delfos que nada es bueno en demasía. Todos los rasgos de carácter, incluso los más prestigiosos, pueden volverse asfixiantes, desde el amor a los hijos al afán de tener razón en las tribunas de opinión. Las profesiones que exigen una zambullida en el sufrimiento humano, como la medicina, la enfermería o el trabajo social, requieren herramientas mentales y apoyo para no anegarse y mantenerse capaces de ayudar. Pero hay un salto inmenso entre intentar ejercer mejor la empatía y considerarla una amenaza total. Estos libros, preocupados por su abuso, no parecen inquietarse por su ausencia. Como si lo alarmante no fuese la avaricia, la arrogancia y la violencia, sino nuestra excesiva compasión. Como si los Androcles contemporáneos estuvieran amenazados por los animales lesionados, pero no por los señores procónsules que azotan —o bombardean— a diario.

La pensadora alemana Edith Stein, como Marco Aurelio, creía que “estamos en la tierra al servicio del prójimo”. En su tesis doctoral, dedicada a El problema de la empatía, afirmó que solo a través de los demás podemos expandir las fronteras que limitan nuestro conocimiento del mundo. A la vez, reconocía que ponerse en lugar de otra persona requiere autoconocimiento y humildad: no intentar suplantarla con tu propia memoria y tus deseos, sino entender que cada ser humano es un todo y un centro de gravedad en sí mismo. La vida de Edith —judía, filósofa, feminista, monja carmelita y santa— persiguió esa huidiza sabiduría. Primera doctora en Filosofía en Alemania, reclamó que las mujeres pudieran ser profesoras universitarias. Se convirtió al catolicismo al tiempo que denunciaba el feroz antisemitismo europeo. Enseñó, escribió y, por admiración a santa Teresa, ingresó en la orden del Carmelo. Edith y su hermana fueron arrestadas en 1942 por la Gestapo y llevadas con otros religiosos a dos campos de concentración en los Países Bajos. En el campo de Westerbork coincidió con otra gran mística judía del siglo XX, Etty Hillesum. Esta última registró en su Diario la estampa de aquella monja con una estrella amarilla que rezaba ante el lúgubre frontal de los barracones. Finalmente enviaron a Edith a Auschwitz, donde fue conducida a un barracón “para ducharse”.

Ciertos magnates prometen hoy un futuro resplandeciente en Marte, escoltados por robots y cohetes, cuando la Tierra quede desahuciada. Mientras tanto, rechazan encarnizadamente los avances cotidianos para las personas a su alrededor: insignificancias como mejores condiciones laborales o servicios públicos bien financiados. El dorado porvenir de la especie tiene más glamour que las necesidades de los habitantes de intemperies. El cometido de salvarnos a todos les despierta pasión, pero escasa compasión. Tal vez ahí encontremos la verdadera paradoja de la empatía: puede ser fácil amar a la humanidad, lo difícil es amar al prójimo. La dulzura del león es un artículo de la filóloga y escritora IRENE VALLEJO publicado en El País con fecha 8 de marzo de 2026.
























DEL ARCHIVO DEL BLOG. HOY, EL TRIUNFO DE KARLA. PUBLICADO EL 07/12/2017

 








Se pruebe o no la trama rusa, esa sensación ya corrompe y corroe las esencias del Estado, comenta en el diario El País el periodista, empresario y promotor cultural español Antonio Navalón. Desde el principio de los tiempos, comienza diciendo, los espías han jugado un papel fundamental en la vida humana. No solo por el daño que evitan o que generan, no solo por las jugadas sucias o limpias, no solo porque a la capacidad de crear problemas al enemigo en algún momento se le llamó inteligencia, sino porque, desde el arte de la guerra, los espías ocupan un lugar preeminente en la organización del mundo. Ahora conviene rescatar del armario de la historia a Markus Wolf. Una vez tuve la oportunidad de conocerlo personalmente. Recuerdo que fue en Berlín y me firmó un libro.

Wolf, que inspiró a John Le Carré el personaje que se escondía tras el nombre clave de Karla, fue el jefe de los servicios secretos de la Stasi, maestro de los espías de la República Democrática Alemana, un hombre capaz de destruir pueblos y, desde luego, ciudadanos y sociedades, un hombre con aspecto normal haciendo algo que le encomendó Dios —el suyo— sobre los demás. Él inventó ese fenómeno que retrató genialmente la oscarizada La vida de los otros: conseguir que las esposas delaten a los maridos y los hijos a los padres.

Toda la vida Putin quiso ser Karla. Su papel está hecho a partes iguales de Iván el Terrible, Josef Stalin y Markus Wolf. Uno demostró que ser ruso es tener nostalgia y crueldad. Otro dejó claro que, para los rusos, lo imposible es mejor que lo posible. Por eso, cimentado y pavimentado con la sangre y los huesos de su pueblo, hizo de un país de esclavos la potencia que no solo venció a Hitler, sino que después puso en jaque durante la Guerra Fría a Estados Unidos, que era igual de poderoso, solo que más libre, más inteligente y más institucional.

El espionaje y sus aventuras han llenado miles de páginas y han inspirado la trama de infinidad de películas. Desde El candidato manchú, un largometraje que plantea lo que significa colocar a una persona de confianza en el corazón del poder e intentar conquistarlo mediante alguien que tenga el cerebro lavado, hasta la bibliografía de Le Carré, ha quedado de manifiesto que poner a uno de los nuestros cerca de la máxima magistratura a fin de que espíe para nosotros es la operación más fantástica de la verdadera administración del poder. Hoy Karla vive, Karla ha triunfado, Karla está recibiendo de su hijo putativo, Vladímir Putin, el mejor homenaje. El monumento a Karla está en la Casa Blanca y se llama Donald Trump.

A estas alturas, ya no importa cuánto tiempo tarde el fiscal especial Robert Mueller, en desvelar la trama rusa en Washington, ya no importa por cuánto tiempo calle el exasesor de Seguridad Nacional Michael Flynn, porque en este momento, sea verdad o mentira, Putin se perfila como el hombre que consiguió su propio candidato manchú, ya que al parecer no colocó a uno de los suyos cerca del poder, sino que llevó a alguien directamente a la silla presidencial.

Sin embargo, es una pena que la historia, el sentido de la decencia y este momento tan excepcional impidan a Putin tener un placer como el que Adolf Hitler sintió al ver la tumba de Napoleón en un bello amanecer de París, mientras la esvástica ondeaba en el Arco del Triunfo. Porque al único inquilino de la Casa Blanca al que no podrá visitar Putin será a Trump.

Pero, mientras tanto, Karla vive, Karla hizo su mejor operación. Y ahora Putin no tiene un espía, tiene a alguien que puede luchar contra los espías del otro lado, y eso, sin duda alguna, es una operación tan brillante que ni siquiera Sun Tzu se atrevió a soñar.

¿Y usted sabe qué es lo mejor? Que se pruebe o no la trama rusa, esta sensación ya corrompe y corroe las esencias del Estado, y eso es todavía más peligroso que si alguien realmente le hubiera lavado el cerebro a Trump y fuera el candidato manchú de Putin. El daño ya está hecho.






















DEL POEMA DE CADA DÍA. HOY. POEMA DEL FIN, DE MARINA ISVETÁIEVA

 







POEMA DEL FIN




Como la piedra afila el cuchillo,

Como se desliza el serrín al barrer,

Así, aterciopelada, la piel

Húmeda súbitamente en los dedos.


Oh dobles -coraje, sequedad-

De los hombres, ¿dónde estáis,

Si en mis palmas hallo lágrimas

Y no lluvia?


El agua es de la fortuna,

¿Qué más podría desear?

Si tus ojos son diamantes

Que se vierten en mis palmas,


Ya no pierdo

Nada. Fin del fin.

Caricias, caricias

-Acaricio tus mejillas.


Somos así, orgullosas

Y polacas -Marina-,

Cuando en mis manos llueven

Ojos de águila:


¿Lloras? Mi amor,

Mi todo: perdóname.

Trozos de sal

Caen en mis palmas.


Llanto de hombre, veta

Que en la cabeza retiembla.

Llora. Otra te devolverá

La vergüenza que te hice dejar.


Somos dos peces

Del mis-mí-si-mo mar.

Dos conchas muertas

Labio contra labio.


Todo lágrimas.

Sabor

A armuelle.

-¿Y mañana

Cuando

Despierte?




MARINA ISVETÁIEVA (1892-1941)

poetisa rusa




***




Marina Ivánovna Isvetáieva (1892-1941) fue una escritora rusa que destacó como poeta y prosista. Es   una de las poetas más originales del siglo XX. Su obra no fue del gusto de Stalin y del régimen comunista. Su rehabilitación literaria empezó en los años 60. Su poesía proviene de lo más profundo de su personalidad, de su excentricidad y de un uso muy preciso del idioma. Nació en una familia acomodada y fue hija del fundador del Museo Pushkin de Moscú, Iván Tsvetáiev. Todavía muy joven publicó con gran éxito Álbum vespertino.​ Siguió trabajando en literatura y conoció y trató a los grandes escritores. Se la sitúa a la altura de Borís Pasternak, Anna Ajmátova y Ósip Mandelshtam. Dejó unas obras muy vivas, de impresionante calor, intransigente y llenas de valentía, donde está el recuerdo de toda una serie de escritores y artistas de su época, así como el retrato de sus propias obsesiones, con una lengua entrecortada y agudísima. Su correspondencia cruzada con Pasternak y Rilke (sólo publicables desde 1979) nos da la media de su personalidad, su fuerza especial y la atracción de todo tipo que ella ejerció. Se suicidó en 1941. Fuente: Wikipedia.​



















DE LAS VIÑETAS DE HUMOR DEL BLOG DE HOY JUEVES, 12 DE MARZO DE 2026

 




























miércoles, 11 de marzo de 2026

EL SABOR DEL CAFÉ. ESPECIAL NOCHE DE HOY MIÉRCOLES, 11 DE MARZO DE 2026





 



En septiembre de 2022, Mahsa Amini murió bajo custodia de la policía de la moral iraní por llevar el velo supuestamente mal puesto. Su muerte convirtió en consigna global el lema: “Mujer, vida, libertad”. Esta semana, en plena guerra contra Irán, Emmanuel Macron anunció que Francia reforzará su arsenal nuclear, y dijo: “El próximo medio siglo será una época de armas nucleares. Seamos poderosos, estemos unidos, seamos libres”. Dos invocaciones de la libertad, una acompañada de cabezas nucleares y otra de un cuerpo sin vida. Pero el orden de las palabras importa. Macron llega a la libertad desde la potencia destructiva: primero el arsenal, luego el poder, luego la libertad. Las mujeres iraníes hacen el camino inverso: primero ellas, sus cuerpos; luego la vida, la condición de existencia; finalmente el anhelo político, la libertad. No empiezan por una abstracción, sino por lo que no se puede eludir. Hay algo en su lema que en Europa no hemos sabido leer. “Mujer, vida, libertad” no es un eslogan sino una doctrina política. La mujer no funciona en ella como identidad sino como principio, pues el cuerpo de las mujeres es precisamente el territorio donde primero se instala el poder autoritario, y desde donde se le puede desmontar. El feminismo de estas mujeres no pide representación, o no solo; más bien impugna la gramática del poder desde la experiencia de quien lo sufre en su propia piel. Paradójicamente, el país desde donde ese lema sacudió al mundo está hoy siendo bombardeado en nombre de la seguridad nuclear. Las mismas mujeres que Occidente aplaudió como símbolo de libertad viven y mueren bajo las bombas de quienes invocaban esa hermosa palabra. Mientras, Macron la utiliza vestido de luto, y con un submarino nuclear detrás.

Hannah Arendt dedicó algunas de sus páginas a pensar exactamente sobre esto. La política, escribió, existe porque los seres humanos somos plurales y compartimos un mundo. Pero la bomba atómica, explicaba, introducía algo nuevo: la capacidad de eliminar ese mundo. No es solo un arma más potente: es el instrumento que destruye las condiciones mismas de la política. Invocar la libertad mostrando aquello que puede borrar el espacio donde la libertad ocurre no es política. Es su amenazante negación. Al final de El corazón de las tinieblas, la novela de Joseph Conrad, cuando la prometida de Kurtz pregunta cuáles fueron sus últimas palabras, el narrador, Marlow, contesta que fue su nombre, a pesar de que sabe que murió invocando el horror. Marlow comprende que ella necesita seguir creyendo en Kurtz, en la nobleza del proyecto civilizatorio: no soportaría la verdad. Y es algo así lo que hacemos hoy en Occidente. Donald Trump habla de defensa mientras bombardea un país que no le ha atacado. Friedrich Merz habla de responsabilidad mientras avala en el Despacho Oval un cambio de régimen que nadie le ha pedido. Macron habla de libertad mientras anuncia más cabezas nucleares. Cuando se invoca la democracia para Irán, lo que se busca en realidad es un Irán sometido, no libre. Una democracia iraní sería nacionalista, tendría política exterior propia y probablemente mantendría su programa nuclear. Sería un interlocutor incómodo, no un subordinado. Y la prueba es que los aliados actuales de Estados Unidos en la zona —como Arabia Saudí, como Emiratos— no son democracias y a nadie le importa: son funcionales.

Las mujeres iraníes no son la meliflua prometida de Kurtz. No necesitan que les mintamos porque conocen el horror de primera mano. Lo viven en su cuerpo, en el velo impuesto, en la represión, ahora en las bombas que también las matan. Y desde esa experiencia, desde ese conocimiento, construyeron una secuencia que no admite trampas: “Mujer, vida, libertad”. Sin atajos, sin abstracción, sin mentira. Este 8 de marzo, la pregunta no es cuántas mujeres hay en el poder, es en cuál de estas dos invocaciones de la libertad nos reconocemos: la que nació del cuerpo sin vida de Mahsa Amini o la que puede destruirlo todo invocando su nombre. Este artículo, titulado Mujer, vida, libertad, ha sido escrito por la politóloga MÁRIAM MARTÍNEZ-BASCUÑÁN y publicado en El País del 9 de marzo de 2026.













EL FRACASO MÁS GRANDE Y TRÁGICO DE TODOS. ESPECIAL DOS DE HOY MIÉRCOLES, 11 DE MARZO DE 2026

 







Amigos: Estamos en una guerra innecesaria que el público no quiere, sin un propósito ni un fin claros. ¿Cómo responder ahora? Al llegar al día 12 de la guerra en Irán, con la muerte y la destrucción extendiéndose por todo Medio Oriente, es importante tener presente dónde reside el verdadero fracaso.

Hasta el momento, al menos 2.000 personas han muerto, entre ellas 175 escolares iraníes y siete militares estadounidenses. Al menos 140 militares estadounidenses han resultado heridos, varios de gravedad. El balance final en ambos bandos será casi con toda seguridad mucho mayor.

El aumento vertiginoso de los precios del petróleo y el gas en Estados Unidos está afectando inevitablemente a los pobres y a la clase trabajadora mucho más duramente que a los ricos.

Estamos gastando enormes recursos en esta guerra: hasta ahora, aproximadamente mil millones de dólares por día, o 41.666.667 dólares por hora, 11.574 dólares por segundo. Son recursos que podrían emplearse mejor para mejorar la vida del pueblo estadounidense.

Los estadounidenses necesitan atención médica. Vivienda asequible. Cuidado infantil y para personas mayores. Mejores escuelas. Queremos que se cubran nuestras necesidades básicas. Pero el gobierno ha dicho que "no podemos permitirnos" estas cosas. Sin embargo, supuestamente podemos permitirnos casi un billón de dólares para el Pentágono. Trump ahora dice que el Pentágono necesita 500 mil millones de dólares más.

El trágico fracaso que se esconde tras esta devastación no reside en que la mayoría de los estadounidenses hayan sucumbido a la fiebre bélica. Al contrario, encuesta tras encuesta demuestra que la mayoría de los estadounidenses no apoya esta guerra. De hecho, esta es la primera guerra en la que Estados Unidos ha entrado en los tiempos modernos sin una mayoría que lo apoye.

El verdadero fracaso es que la nación más rica y poderosa del mundo —la nación que ha liderado el mundo desde la Segunda Guerra Mundial y que estableció el orden internacional de posguerra enfatizando el multilateralismo, la democracia, los derechos humanos y el estado de derecho— ahora está siendo dirigida por un presidente rebelde que rechaza todos estos valores. Un hombre decidió por sí mismo librar esta guerra. Una sola persona inició este caos sin obtener la aprobación del Congreso, sin obtener la aprobación de sus aliados, sin siquiera articular una razón clara.

La única persona que se sienta en la Oficina Oval no tiene un objetivo final para esta guerra, no ha dado una respuesta consistente sobre lo que requerirá la “victoria” y no parece saber lo que está haciendo. Un solo individuo está ahora causando estragos: vidas perdidas, precios de la energía por las nubes, nuestro tesoro vaciándose, nuestras propias necesidades desatadas y un potencial terrorismo futuro desatado en esta y otras tierras durante años por venir. Esta guerra representa un fracaso rotundo de la democracia estadounidense. En definitiva, es nuestro fracaso. ¿Qué podemos hacer ahora?

El 28 de marzo, dos semanas después del próximo sábado, marcharemos por Estados Unidos en la manifestación más grande en la historia de la nación. En las próximas semanas y meses, endureceremos nuestros sistemas electorales para que no puedan ser anulados por el déspota en la Casa Blanca. En noviembre, tendremos el mayor número de votantes jamás registrado para una elección de mitad de período, para recuperar el liderazgo del Congreso de manos de aquellos que han permitido que este presidente deshonesto actúe. Mientras tanto, seguimos defendiendo nuestras comunidades, protegiendo a nuestros amigos y vecinos inmigrantes de la violencia estatal, y defendiendo nuestras universidades y escuelas, nuestros museos y bibliotecas, y nuestros medios de comunicación y periódicos del despotismo estatal. En otras palabras, la mejor manera de responder a la devastación de esta guerra es fortalecer los mecanismos que nunca deberían haber permitido que ocurriera en primer lugar. ROBERT REICH es economista y profesor de la Universidad de California en Berkeley. Este artículo se publicó en Substack el 11 de marzo de 2026.