jueves, 30 de abril de 2026

AGURRAK NIRE HERRIALDEKO HIZKUNTZETAN. GAUR, OSTEGUNA, 2026KO APIRILAREN 30A, EUSKARAZ

 








Kaixo, egun on berriro guztioi. Beno, apirila amaitu da: “tempus fugit”, klasikoek esaten zuten bezala. Jainkoei otoitz egin diezaiegun maiatza amaitzen ari den hau baino mesedegarriagoa izan dadin. Baina jarrai dezagun gaurko blogeko sarrerekin. Lehenengoa, eguneko gaia, Marina Perezagua idazleak idatzia, adimen artifiziala eta irudimen berri baten esnatzea da. Bigarrena, blogaren artxiboa, gaur Lidia Jorge idazleak idatzia, 2024ko abuztukoa, zeruko sinfonia da. Hirugarrena, eguneko poema, Soportal izenburukoa da, eta Elena Krause poeta espainiarrak idatzi du. Laugarrena, gaurko egunkarietako umorezko komikiak dira. Bosgarrena, afalosteko kafea, Ni zure adinean izenburukoa da, eta José Luis Sastre idazleak idatzi du. Seigarrena, arratsaldeko lehenengo berezia, Robert Reich irakasleak idatzi du eta "Karlos erregeak Amerikako errege eroa bisitatzen du" izenburua du. Bigarren berezia, eguneko zazpigarren sarrera, Corbin K. Bartholdek, Interneteko politika aholkulariak, idatzi du eta "Iraultzaile den IA ere Lehen Zuzenketak babesten du" izenburua du. Eta eguneko zortzigarrena eta azkena, arratsaldeko hirugarren berezia, Uriel Epsteinek, RNIko zuzendari exekutiboak, idatzi du eta "Errezeptarien afariko tiroketak Trumpen erakargarritasuna areagotzen du" izenburua du, eta, hizkuntza arruntean itzulita, erasoa huts egiteko planifikatuta zegoela esan nahi duela dirudi. Espero dut gozatzea. Tamaragua, lagunok. Bihar arte, zorte andereñoak nahi badu. Zoriontsu izan zaitezte, otoitz egiten dizuet: merezi duzue. Musuak. Maite zaituztet. HArendt














DEL ASUNTO DEL DÍA. LA IA Y EL DESPERTAR DE UNA NUEVA IMAGINACIÓN, POR MARINA PEREZAGUA. 30 DE ABRIL DE 2026

 








Lo verdaderamente inquietante no es que los sistemas de inteligencia artificial escriban, sino que empiecen a enseñarnos cómo no hacerlo. Lo que está en juego no es la capacidad de producir texto, sino la posibilidad misma de sostener una voz que no se somete, que no corrige su intensidad ni busca hacerse digerible. Es ahí, en esa zona donde el lenguaje deja de protegernos, donde la escritura se vuelve insobornable.

En Trópico de Cáncer, Henry Miller escribió: “Tengo en mi pene un hueso de seis pulgadas de largo… estiraré los pliegues de tu vagina, Tania… Llevo tus ovarios hasta la incandescencia… he ensanchado un poco más los bordes, he planchado los pliegues". No hay pedagogía, no hay distancia, no hay disculpa. Solo una intensidad que no se justifica. En Lolita, Vladímir Nabokov no describe simplemente un deseo prohibido. Obliga a habitar la conciencia que lo sostiene. No hay un juicio externo que tranquilice. La incomodidad no se resuelve. En Madre primeriza, Sharon Olds escribe la primera vez que tiene sexo una semana después del parto, su cuerpo aún cosido, todavía doliente: “Empecé a latir: mi sexo había sido desgarrado como un trapo por la corona de su cabeza… los puntos tiraban de la piel… me acosté con miedo y sangre y leche… tú, tan tierno, te inclinaste sobre mí, sobre lo rajado y desgarrado, con la paciencia de alguien que encuentra un animal herido en el bosque". La poeta no elude las realidades del cuerpo postparto; más bien, las integra en un relato que desafía las nociones convencionales de la sexualidad. Su placer sigue tan intacto que no puede, no quiere proteger su vagina en ese momento de máxima fragilidad; se reafirma como mujer antes que como madre. El erotismo aquí no es celebración: es la furia del deseo en carne viva. La historia de la literatura está repleta de escenas profundamente sexuales, violentas, sin filtros.

Estas escenas no incomodan por lo explícito, sino por lo que no resuelven. El debate sobre la inteligencia artificial suele formularse en términos de competencia: si sustituirá a los escritores, si convertirá la literatura en un proceso automatizado. Pero hay una cuestión menos visible. No me pregunto qué puede escribir, sino qué no puede sostener. Toda inteligencia artificial opera dentro de un perímetro moral. No necesariamente como censura explícita, sino como lógica de funcionamiento. Cuando el lenguaje se acerca a ciertas zonas —sexualidad perturbadora, violencia sin redención, ambigüedad moral— la máquina no siempre se detiene. A veces continúa. Pero lo hace desplazando, suavizando, reorganizando. Hay algo más eficaz que prohibir: normalizar. La inteligencia artificial puede escribir un libro. Pero no cualquier tipo de libro. Y los que no puede escribir son, precisamente, los que ahora más que nunca me importan. Cuando se aproxima a lo irresuelto, introduce explicaciones, matices, distancias. Devuelve al lector a un terreno reconocible. Como un anfitrión que sonríe y cambia de tema justo cuando algo empieza a acercarse a la verdad. La literatura, en muchos de sus momentos más intensos, consiste en lo contrario: no cambiar de tema. Lo que rara vez aparece desde la voz de la IA es la conciencia que vuelve perturbadora una escena. No el contenido, sino la forma en que ese contenido se mantiene sin ser absorbido por una explicación. La máquina puede describir el deseo. Pero no lo desea. Y esa diferencia —mínima en apariencia— sostiene toda la literatura. La IA no corre riesgos: los elimina. El problema no es que la máquina escriba peor o mejor, sino que nos acostumbre a no descender. Que nos deje orbitando en la superficie mientras el núcleo ardiente, el más humano —las zonas prohibidas, las que todavía manchan, las que fermentan en la sombra— quedan sin tocar. Que la capacidad para pensar, para crear mundos alternativos, se vuelva prudente, higiénica, como si alguien hubiera desinfectado antes las palabras. Si una parte creciente de la escritura se realiza con herramientas diseñadas para reducir el riesgo, esa lógica puede filtrarse en la imaginación. No por obediencia, sino por hábito. Como si el lenguaje disponible ya viniera castrado.

Cabe, sin embargo, una paradoja. Podría ser que ese mismo proceso delimite un espacio. Por un lado, una literatura asistida por la IA: eficaz, coherente, capaz de producir relatos sólidos dentro de un marco estable. Por otro, una literatura que crezca allí donde ese marco deja de funcionar. No necesariamente más explícita. Pero sí más incómoda. Más ambigua. Menos dispuesta a explicarse. Porque escribir no ha sido nunca una forma de que nos muestren el mundo ya aprendido, sino de desobedecerlo, de internarse en lo que aún no tiene nombre, en abrir vidas que no nos están permitidas —ni siquiera nuestras propias vidas— y sostenerlas el tiempo suficiente como para que lancen su primer grito contra el miedo, el deseo, la muerte. Escribir es investigar con cuerpo y mente, no con la respuesta: tantear lo que podría ser verdad aunque resulte inadmisible, habitar lo que incomoda hasta volverlo inevitable. Y esa deriva —esa decisión de entrar donde no hay mapa, donde nadie garantiza sentido ni comprensión— no puede delegarse. Ninguna herramienta que nace para reducir el riesgo puede acompañar ese gesto sin anularlo. Porque ahí, precisamente ahí, empieza la literatura. La pregunta no es si la inteligencia artificial puede escribir novelas. La pregunta es otra: si podrá escribir las mejores novelas, aquellas que una sociedad todavía no está preparada para aceptar. Si la respuesta es no —o no del todo— entonces la literatura conserva un territorio propio.

La IA es una herramienta poderosa, pero que no decide. Es más, si nos dejamos, nos obliga a imaginar mejor. Ante una literatura endeble, desganada, nos fuerza a elegir: o la repetición cómoda o una imaginación más exigente. Al hacer fácil lo correcto y lo previsible, empuja a los escritores a salirse de ese camino, a pensar fuera de lo esperado, a buscar lo que no puede anticiparse. Y deja en evidencia qué partes de la escritura son sustituibles y cuáles no: lo verdaderamente arriesgado, lo que aún no tiene forma. También aligera ciertas tareas y permite concentrar la energía en lo esencial: la invención, no la repetición. Y establece un contraste claro: frente a una escritura que optimiza escribiendo diferentes versiones del mismo libro asustado, la literatura puede volver a elegir la caída al vacío. La comodidad también escribe. Pero no descubre nada. No todos estaremos dispuestos. Habrá quien se conforme con la corrección sin riesgo. Pero el escritor —el que escribe para explorar, no para fingir— seguirá entrando donde no hay garantías de éxito, de aplausos, de publicación. Quiero pensar que la IA no viene a reemplazar la literatura, sino a tensarla. Y en ese gesto —no defensivo, sino ofensivo— la escritura recupera su impulso más antiguo: no repetir el mundo, sino atravesarlo. Ir más allá de lo que ya sabemos decir, romper el borde de lo pensable. No copiar: avanzar. No perfeccionar: arriesgar. Porque si algo nos hizo humanos no fue la repetición, sino la obstinación de cruzar la siguiente montaña, subir extenuados hasta la cumbre sin saber si los monstruos que habitarían al otro lado tendrían nuestro mismo rostro. Y aun así, elegir dormir desnudos, a la intemperie. MARINA PAREZAGUA es escritora. Publicado en El País el 29 de abril de 2026.






















DEL ARCHIVO DEL BLOG. SOBRE LA SINFONÍA DE LOS CIELOS, POR LIDIA JORGE. PUBLICADO EL 11 DE AGOSTO DE 2024

 







Los hombres, volando a través del espacio, infectarán el cosmos. (José Saramago) 1. Si regresamos por un momento al siglo XVIII, bien pudiera ocurrir que yo fuese esa campesina que se levantaba de madrugada para ordeñar las vacas y, al admirar el cielo estrellado, daba gracias a Dios por haber envuelto la Tierra con su manto de joyas celestiales para proteger a los animales y a los seres humanos. Para ella, el principio de la Tierra provenía del corazón de la divinidad, y su fin, que ella no podía imaginar, se produciría en el mismo lugar sagrado. Luego, llenaba las tinajas de leche y las distribuía por toda la aldea.

El caso es que también podría haber sido otra persona, aunque las probabilidades fueran algo menores. Una aristócrata de un condado austríaco, por ejemplo, y vestiría de seda, me empolvaría el pelo y bien podría haber asistido a la primera representación de La Creación de Haydn en el palacio de Carlos Felipe de Schwarzenberg en Viena, la noche del 30 de abril de 1798. Con una peca falsa en el rostro, y una bolsita de encaje en las manos, en el momento en el que la música abandonara los acordes irregulares que imitan el caos de los orígenes y los sonidos cambiaran de repente para vibrar con fuerza anunciando la aparición de la luz, yo también me levantaría de mi silla y estallaría en aplausos de conmoción en medio de la radiante sala. A fin de cuentas, la música era capaz de demostrar la armonía del mundo.

2. En lo que a la armonía del mundo se refiere, la campesina, el aristócrata y el compositor bebían en el siglo XVIII de la misma fuente. Kepler había profundizado en la ley de armonía de las esferas, que se basaban en el mismo principio divino. Casi dos siglos después, Haydn contaba que, mientras componía La Creación, cuando la inspiración le fallaba, se detenía, se arrodillaba, rezaba y el Todopoderoso le enviaba la solución más adecuada para seguir escribiendo la partitura. Cada una de sus composiciones aparece coronada por la fórmula de alabanza In nomine Deo y finaliza con una pareja declaración votiva, Laus Deo. Lo cierto es que, desde el propio Génesis, la teoría del caos inicial se daba por supuesto, pero se estaba muy lejos de imaginar el Big Bang, ese principio de creación espontánea conforme a una energía inmanente, autónoma, acaso surgida de la nada.

Aún no se había puesto en marcha la teoría de la selección de las especies, mediante la cual nos situaría para siempre Darwin en el orden de los primates, por más que, al principio, el concepto de selección natural lo concibiera el propio científico como una ley de la naturaleza adaptativa en obediencia al proyecto de bondad de Dios. Pero todo indicaba que la duda acababa de instalarse entre nosotros. El golpe final a las creencias de la campesina, de la aristócrata y de Haydn se asestaría unas cuantas décadas más tarde de la mano de los maestros de la sospecha, como los llamó Paul Ricoeur: Marx, Nietzsche y Freud.

A partir de entonces, el vínculo entre lo humano y el espectáculo del firmamento se quebró. Empezamos a vernos como meros tornillos en la máquina de producción, uniendo dos tuercas en tensión, el oprimido y el opresor, de la mano del primer maestro. O como amos de nosotros mismos, únicos dioses imaginables, de la mano del segundo. O como criaturas aferradas a la vida por la ley del placer, en las que la bondad y la compasión no son más que la prolongación de la satisfacción de un animal sometido al poder de Eros, de la mano del tercero. En otras palabras, por fin estábamos como nacimos, magníficamente solos. Y así seguimos.

3. Entre tanto, ajenas al ritmo de La Creación, las estrellas y galaxias empezaron a multiplicarse de tal manera por todo el espacio que cada mañana sabemos que el cosmos se presenta ante nuestros ojos como infinito, mientras que los seres humanos, entidades frágiles, podríamos dejar de tener pronto nuestro propio lugar. Paradójicamente, la misma especie que describe el espacio y está preparada para navegar por él empieza a vislumbrar que, aun teniendo conocimiento, carecerá de hogar y no quedará nadie que disfrute del honor de poder soñar. No sorprende, pues, que hace unos días trascendiera la noticia de que se quiere crear en la Luna una reserva de muestras de especies terrestres para asegurar la supervivencia de la vida animal en la Tierra en caso de extinción. Hay muchos otros parecidos, pero en esta ocasión se trata de un programa del Smithsonian Institute, que gestiona museos y proyectos de investigación en EE UU. A esta reserva, que se presenta claramente como una suerte de memoria de la vida en la Tierra, no han faltado quienes la llamen la caja fuerte del Juicio Final.

4. Si queremos ser menos dramáticos, podríamos llamarla una nueva Arca de Noé. Pero entiendo que los más jóvenes hablen de una caja fuerte, un objeto cuya función es guardar el tesoro bajo siete llaves para evitar el exterminio.

Así, no sorprende que la guardiana de la armonía en la exploración espacial en la ONU, Aarti Holla-Maini, sonriera con cautela al hablar de la más que evidente posibilidad de una ramificación en la política espacial entre Estados Unidos y China, lo que llevaría al exterior de la Tierra la misma tensión, beligerancia y competencia desleal e inhumana que aquí practican sus dirigentes a plena vista. Al tener que lidiar con tan incurable afán por el dominio territorial, ella sabe bien que se corre el riesgo de que se convierta en una carrera por el territorio de los cielos. El concepto de infección del espacio por parte de la especie humana se ha convertido en un problema.

5. Con todo, hay quienes, por oposición, siguen con fervor opiniones que van en dirección contraria. Por ejemplo, las del británico Brian Cox, científico y estrella del rock, para quien todo lo que está sucediendo en el campo de la exploración espacial es apasionantemente hermoso. Para él, una vez que el daño infligido al planeta Tierra es irremediable, se hace necesario encontrar en el espacio los recursos de supervivencia que nos van a faltar. La Tierra bien podría quedar como una reserva habitacional que nos proteja mientras no haya viviendas mejores. Su esperanza es cautelosa pero ilimitada, y la creencia en el papel de la supervivencia de la especie gracias al poder de la ciencia funciona como un bálsamo. A su optimismo científico militante, Brian Cox añade el hecho de haber sido teclista de las bandas Dare y D:Ream de modo que no deja de asociar la investigación con la música, las artes con la cosmología y la astronomía, mpracticándola. Ahora la música y las ciencias exactas viven del juego de los números, son disciplinas pitagóricas. Fueron las palabras de Brian Cox las que me llevaron a pensar de nuevo en los movimientos de La Creación en una época en la que la palabra contraria domina nuestros tristes días.

Lo que más destaca de este oratorio es la descripción musical, casi ingenua, de los distintos momentos del surgimiento de la vida. Sabemos que su valor es alegórico, nada más. Y, por otra parte, escuchando el diálogo entre voces e instrumentos, ¿qué importancia tiene la verdad científica frente a la belleza? ¿No es acaso la belleza el resultado de una ciencia inefable? Por mí, en vísperas de una previsible carrera sin fin, habría que rebautizar el espacio con el nombre de las grandes piezas musicales que la humanidad ha producido en forma de triunfo de la especie. La confianza es un dios humano que hace maravillas. LIDIA JORGE es escritora. 

















DEL POEMA DE CADA DÍA. SOPORTAL, POR ELENA KRAUSE

 







SOPORTAL




¿Dónde abandono mi cuerpo

si no es en la ladera de tus hombros?


Si este afecto que te habita

y me habita es puro y digno.

Tus brazos soportal y este poema,

una ermita al amor, reconstruida

en aquella colina que ondeaba

sobre el trigo, las amapolas

y los sueños de aquellos días.




***




ELENA KRAUSE (1971)

poetisa española




***


Elena Krause nació en Alemania (1971), aunque creció en Zamora, Valladolid y Valencia. Es máster en Humanidades Ecológicas, Sustentabilidad y Transiciones Ecosociales. Ecologista, ha dedicado mucho de su tiempo vital al activismo climático. Escribe poesía desde que lo recuerda. Y, además, colabora habitualmente como columnista para diversos medios on-line.




















DE LAS VIÑETAS DE HUMOR DEL BLOG DE HOY JUEVES, 30 DE ABRIL DE 2027

 































miércoles, 29 de abril de 2026

DE LA TARDE QUE CAE... ESPECIAL TRES. KASH PRONTO ESTARÁ EN LA CALLE, POR ROBERT REICH. 29 DE ABRIL DE 2026

 







Amigos: Se puede ser Secretario de Defensa (Guerra) y lograr que el ejército más poderoso del mundo se ponga de rodillas, y aun así conservar el puesto en el régimen de Trump. Puedes estar a cargo de la salud pública y provocar que el sarampión resurja como un grave peligro para los estadounidenses, y aun así conservar tu puesto de trabajo. Como Secretario de Comercio, puedes enriquecerte ilegalmente a ti mismo y a tu familia, y aun así conservar tu puesto de trabajo. Pero te despedirán por buscar activamente y sin necesidad mala prensa.

Hace unos días, un alto funcionario de la Casa Blanca declaró a Politico que la mala prensa sobre el director del FBI, Kash Patel, “no era una buena imagen para un secretario del gabinete” y había frustrado a Trump. “Es solo cuestión de tiempo”, añadieron, antes de que Patel sea destituido. Al igual que Kristi Noem, Pam Bondi y Lori Chavez-DeRemer, Patel ha sido su peor agente de prensa. Presentó una demanda por difamación de 250 millones de dólares contra la revista The Atlantic por su reportaje del 17 de abril , en el que se afirmaba que sus colegas del FBI estaban alarmados por su consumo excesivo de alcohol y sus ausencias inexplicables . El reportaje incluía alegaciones de que su equipo de seguridad tuvo dificultades para despertarlo debido a su estado de embriaguez en varias ocasiones durante el último año y que bebió en exceso en un club privado en Washington. Los empleados del FBI expresaron su preocupación de que su comportamiento representara una amenaza para la seguridad pública.

Dudo que sean los excesos con la bebida y las ausencias de Patel lo que molesta a Trump; lo que le preocupa es que se estén publicando y que Patel las haya convertido en noticias aún más importantes al demandar a The Atlantic por ello. La semana pasada, Patel añadió más leña al fuego de la polémica sobre su problema con la bebida cuando estalló contra Ryan Reilly, de la NBC, quien le preguntó en una rueda de prensa si, como también informó The Atlantic , temía haber sido despedido al no poder iniciar sesión en su ordenador del gobierno. «El problema con usted y sus reportajes infundados es que eso es una mentira absoluta», replicó Patel. «Nunca se dijo. Nunca sucedió. Y serviré en esta administración mientras el presidente y el fiscal general así lo deseen». Patel añadió: «Se está desviando del tema» y «la respuesta a su pregunta es que está mintiendo». Lo peor, desde el punto de vista de Trump, es que algunos de los episodios de consumo de alcohol de Patel han sido públicos. En un vídeo se le ve bebiendo cerveza, golpeando la mesa con el puño y celebrando con el equipo masculino de hockey sobre hielo de Estados Unidos en los Juegos Olímpicos de Invierno de este año en Italia. Nada enfurece más a Trump que ver a uno de sus subordinados haciendo alguna tontería grabado en vídeo. Tras la difusión del vídeo de Patel en las redes sociales, Trump lo llamó para expresarle su descontento, según informó Politico .

Poco después de que Patel demandara a The Atlantic , el New York Times informó que el FBI estaba investigando a Elizabeth Williamson. Williamson era la periodista del New York Times que reveló que Patel había utilizado un equipo SWAT para proteger a su novia, la cantante de música country Alexis Wilkins , cuando fue invitada a cantar el himno nacional en la convención anual de la Asociación Nacional del Rifle. También reveló que Patel había reprendido duramente al comandante del equipo SWAT cuando este se retiró tras comprobar que no existía ninguna amenaza para ella. No es que Patel malversara fondos públicos para su novia. Ni que estallara contra el comandante del equipo SWAT del FBI. Ni siquiera que ordenara investigar al periodista que informó sobre esto. No, es que todo esto se convirtió en noticia nacional, dos veces. Esta prensa negativa, generada por él mismo, enfurece a Trump.

El mismo día que el Times informó sobre la investigación del FBI a Elizabeth Williamson, NBC informó que un juez federal en Texas había desestimado una demanda por difamación presentada por Patel contra el ex subdirector del FBI y ahora colaborador de MSNBC, Frank Figliuzzi. Patel había presentado la demanda por un comentario de Figliuzzi en el programa "Morning Joe" en el que afirmaba que Patel había sido "más visible en clubes nocturnos que en el séptimo piso del edificio Hoover". Más prensa negativa autogenerada: no es que Patel haya estado frecuentando clubes nocturnos y descuidando su trabajo, sino que él mismo provocó que se publicara una noticia al respecto al demandar a Figliuzzi.

De igual modo, no es que Patel haya acusado repetidamente de forma injusta a personas de delitos federales (anunciando que alguien había sido arrestado por el asesinato del comentarista de derecha Charlie Kirk cuando el verdadero asesino aún no se había entregado, y que una persona de interés había sido detenida en el tiroteo de la Universidad de Brown , solo para que ese individuo fuera liberado horas después). El problema es que las falsas acusaciones de Patel fueron ampliamente difundidas, haciendo que Patel —e indirectamente, Trump— parecieran más tontos que nadie. Patel simplemente no sabe pasar desapercibido. Como tantos otros en el régimen de Trump, se dio a conocer promocionándose a sí mismo. Como invitado frecuente en programas de derecha antes de que Trump lo nombrara director del FBI, difundió teorías conspirativas sobre el "estado profundo", las elecciones presidenciales de 2020 y el ataque al Capitolio del 6 de enero.

Pero el inquilino del Despacho Oval no quiere que sus subordinados se dediquen a la autopromoción y a demandas vengativas. Si alguien va a ser autopromocional y vengativo, Trump quiere que sea él mismo. Patel ha intentado recuperar el favor de Trump intensificando las investigaciones del FBI sobre sus enemigos. Sin embargo, hasta el momento, las investigaciones no han arrojado pruebas suficientes para procesarlo, lo que supone otro punto en su contra a ojos de Trump. El domingo de la semana pasada, Patel prometió que el Departamento de Justicia pronto realizaría arrestos relacionados con las elecciones de 2020, declarando en el programa "Sunday Morning Futures" de Fox News que "Tenemos toda la información que necesitamos, estamos trabajando con nuestros fiscales en el Departamento de Justicia bajo el [fiscal general interino] Todd Blanche, y vamos a realizar arrestos, y está por llegar, y se lo prometo, llegará pronto". La súplica de Patel obviamente iba dirigida a Trump. Dudo que funcione. Pronto, Patel se quedará sin acceso a su computadora para siempre. ROBERT REICH es economista. Publicado en Substack el 27 de abril de 2026.



























DE LA TARDE QUE CAE… ESPECIAL DOS. ENTENDIENDO LA DERECHA REACCIONARIA, POR DAMON LINKER. 29 DE ABRIL DE 2026







La primera dama Melania Trump y el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, asisten a la cena anual de la Asociación de Corresponsales de la Casa Blanca el 25 de abril de 2026 en Washington, D.C. (Foto de Nathan Howard/Getty Images)

Un viejo amigo de la universidad me escribió el sábado pasado para decirme que había oído a David Brooks hablar bien de mí y de mi cuenta de Substack en un podcast . Me alegró mucho oírlo. Brooks y yo tenemos varias cosas en común, entre ellas, haber crecido parte de nuestra infancia en Stuyvesant Town, en el Lower East Side de Manhattan. (Brooks es ocho años mayor que yo, y no recordamos habernos cruzado en los numerosos parques infantiles que había en esa urbanización de posguerra).

En las primeras etapas de nuestras respectivas carreras, Brooks y yo éramos neoconservadores en cierto modo, para luego dar un giro hacia el centro liberal; el mío provocado por la administración de Bush hijo, y el de Brooks por la elección de John McCain de la poco apta Sarah Palin, precursora de Trump, como su compañera de fórmula en 2008.

Por último, Brooks y yo compartimos una mezcla de aversión y atracción hacia las críticas de derecha a la modernidad liberal. En cierto modo, ambos lo entendemos: sentimos profundamente la insatisfacción y el descontento que atormentan a muchas personas modernas, lo que lleva a algunas a adoptar la reacción política como respuesta a la falta de plenitud que experimentamos al vivir y a ubicarnos existencialmente en el mundo actual.

El último intento de Brooks por abordar esta insatisfacción y descontento se encuentra en un ensayo para The Atlantic titulado « La historia retrocede: por qué los reaccionarios están tomando el control del mundo ». Se trata de un análisis estimulante y profundo de diversos pensadores reaccionarios que coincide de manera interesante con mi propio curso en Penn sobre la derecha reaccionaria. Escribí sobre ese curso cuando recién comenzaba, allá por enero, y volveré a abordarlo en una publicación posterior que escribiré en algún momento de mayo, una vez finalizado el curso.

En esta entrada, me interesa más analizar la explicación de Brooks sobre la tradición reaccionaria y explicar por qué me he convencido de que una conferencia de Leo Strauss, impartida en febrero de 1941, puede servir como una guía fiable e iluminadora para comprender sus motivaciones más profundas. Ya he escrito sobre este ensayo anteriormente, incluso brevemente, en mi entrada de enero sobre mi curso. Pero aquí profundizaré un poco más. DAMON LINKER es politólogo. Publicado en Substack el 27 de abril de 2026.


























DE LA TARDE QUE CAE… ESPECIAL UNO. LA CENA DE CORRESPONSALES DE ANOCHE, POR ROBERT REICH. 29 DE ABRIL DE 2026

 








Amigos: Desde que tengo memoria, la cena de corresponsales de la Casa Blanca era el lugar donde la prensa y los funcionarios de Washington se deleitaban con la fama mutua. La velada de anoche terminó abruptamente con disparos, agentes del Servicio Secreto gritando a los asistentes que se tiraran al suelo, Trump y otros funcionarios siendo sacados rápidamente del salón de baile, platos que se rompían y sillas que caían, y un caos generalizado. Anoche, las celebridades se convirtieron en personas normales que sintieron pánico y miedo.

La mayor parte del tiempo, Washington es un escenario donde los actores interpretan papeles y se visten para los personajes que les han asignado. Recuerdo haber llevado un incómodo esmoquin a la cena de corresponsales de la Casa Blanca, intentando entablar una conversación agradable con personas que me habían criticado duramente esa misma mañana.

El glamour y la ostentación del evento contrastaban tanto con la dura rutina diaria de mi trabajo que el evento parecía extrañamente incorpóreo, como si a todos les hubieran dado un guion que sabían que era una completa farsa.

Trump ha cambiado mucho las cosas. Ha infundido una hostilidad implacable hacia el trabajo de servicio público y la labor informativa de quienes lo realizan. Esta fue la primera cena de corresponsales de la Casa Blanca a la que accedió a asistir, y según todos los indicios, estaba preparado para arremeter contra los medios de comunicación con su discurso.

Y entonces se desató el caos con la aparición de otro pistolero enloquecido. Al momento de escribir esto, parece que un agente del Servicio Secreto resultó herido, pero ninguna de las personalidades destacadas sufrió daños. Existe una estrecha relación entre Trump y la violencia: no solo los intentos de asesinato contra él, sino también la violencia que ha desatado en el mundo, la violencia que sus agentes del ICE y de la Patrulla Fronteriza han provocado dentro de Estados Unidos, la violencia que ha incitado entre sus seguidores. (Algunos de los asistentes anoche estuvieron en el Congreso el 6 de enero de 2021, cuando los matones de Trump atacaron el Capitolio de Estados Unidos). La violencia de Trump ha provocado miles de muertos y heridos. Eso no justifica, por supuesto, el ataque de anoche, pero forma parte de las consecuencias de su gestión en Estados Unidos. Ha cambiado el rumbo de la política en Washington.

Ya no es la dura lucha que recuerdo. El drama en Washington se ha convertido en una tragedia caótica, cuyos protagonistas —tanto quienes crean las noticias como quienes las difunden— viven en constante incertidumbre y agitación. ROBERT REICH es economista. Publicado en Substack el 27 de abril de 2026.























DEL CAFÉ DE SOBREMESA. YO SOY POETA, POR LUIS GARCÍA MONTERO. 29 DE ABRIL DE 2026

 






Recuerdo la primera vez que fui a México y la emoción que sentí al visitar la tumba de Luis Cernuda en el Cementerio de San Ángel. Llevé unas violetas como él había hecho al visitar el sepulcro de Larra en uno de sus poemas más emocionantes: “Escribir en España no es llorar, es morir / porque muere la inspiración envuelta en humo”. Volví a esos recuerdos en la entrega del Premio Cervantes con las intervenciones de Gonzalo Celorio y del ministro Ernest Urtasun. Con la fuerza conmovedora de la narrativa, Gonzalo habló de la muerte de su padre para salir después a caminar por el mundo de la literatura, la sociedad y las relaciones insustituibles entre España y México. Con la energía de su sentido político, Urtasun recordó el exilio español, la solidaridad de Lázaro Cárdenas y el encuentro de la escritora Elena Garro con Luis Cernuda en Valencia durante la Guerra Civil. Cuando le comentó que estaba casada con el poeta Octavio Paz, Cernuda respondió que él era también poeta.

Aquel joven Cernuda, orgulloso de la poesía y la libertad, se comprometió con su país en la defensa de la democracia. Para consolidar y dignificar su patria, consideraba que lo prioritario era luchar por la dignidad de los seres humanos. Habitante de su independencia, participó en una causa colectiva. Eso me pasó a mí al escuchar el discurso del ministro Urtasun. Camino ya de los 68 años, al oírlo hablar de la educación pública, la Universidad, la cultura republicana, el exilio, España, México y Cernuda, celebré la suerte de poder identificarme por fin con un Gobierno, algo que nunca había ocurrido en mi vida. Es una suerte. Porque el mundo necesita países que luchen contra la guerra y consideren una prioridad la cultura, la paz, el no al racismo y la dignidad humana. Países que, al hacer sus cuentas y sus programas políticos, digan como Cernuda: yo también soy poeta. Escribir ahora en España no es llorar ni morir. LUIS GARCÍA MONTERO es poeta y director del Instituto Cervantes. Publicado en El País el 27 de abril de 2026.