sábado, 19 de septiembre de 2026

DE LAS VIÑETAS DE HUMOR DEL BLOG DE HOY SÁBADO, 19 DE SEPTIEMBRE DE 2026

 





















DEL ARCHIVO DEL BLOG: HISTORIAS DE LA DEMOCRACIA, POR PILAR MERA. PUBLICADO EL 2 DE SEPTIEMBRE DE 2025

 





En tiempos de bulos y banalidad necesitamos recordar quienes desde dentro o desde fuera sufrieron para recuperar la libertad, escribe en El País [Historias de democracia, 24/08/2025] la politóloga Pilar Mera.  “Un 20 de noviembre supe que, quizá y poco a poco, las puertas de España iban, por fin, a abrirse para los de fuera y para los de dentro”. María Casares, la mujer que pronunció estas palabras, era de “las de fuera”, comienza diciendo Mera. Tuvo que exiliarse siendo apenas una niña. Llegó a París un día antes de cumplir los 14. Cuatro décadas después, el 23 de noviembre de 1976, María recordó aquel pensamiento sobre un futuro esperanzador en Madrid, ante un auditorio abarrotado de gente reunida para homenajearla. En sus cuatro décadas de ausencia, la niña gallega se había convertido en la gran dama del teatro francés. Y el teatro la trajo de vuelta a España para protagonizar El adefesio, la obra que Rafael Alberti escribió en su exilio argentino para Margarita Xirgu. Dos más de “los de fuera”.

En sus memorias, María Casares cuenta que al conocer la muerte de Franco se puso a llorar. Con suavidad primero. Como un torrente después. Sin pensar ni sentir nada. Sin dejar de llorar. Quizás lloraba el desarraigo de la niña arrebatada de su infancia. A su familia, separada por la guerra. La muerte prematura en el exilio de su madre, Gloria Pérez. El lento apagar de su padre, Santiago Casares Quiroga, uno de los políticos más destacados del primer tercio del siglo XX. Y de los más olvidados. O peor recordados. El secuestro de su hermana Esther y de su sobrina, que por azar fueron las únicas Casares en la retaguardia rebelde en julio del 36, lo que las convirtió en las rehenes perfectas. Sin un cargo en contra, Esther sufrió persecución, cárcel, libertad vigilada, repudio social y 19 años de retención de pasaporte, con su apellido como único delito. Pese a los intentos desesperados de la familia por recuperarla antes de la muerte de Casares, cuando pudo abandonar España llevaba cinco años muerto. Una tragedia familiar y cuatro décadas de dictadura resumidas en aquellas lágrimas que sintetizan miles de historias.

Como la de Josefa Olivares, que era de “las de dentro”. Esta costurera socialista de Lavapiés, nacida con el despuntar del siglo XX, fue evacuada con sus hijas durante la guerra. De Madrid a Tomelloso. De Tomelloso a Burjasot. Regresaron a Madrid cuando los franquistas ya habían tomado la ciudad y se acostumbraron a vivir con miedo. El mismo miedo que, vestido de prudencia, llevó a una amiga de Josefa a protegerla quemando todos sus papeles comprometedores en su ausencia, incluida una foto de Pablo Iglesias y sus libros de García Lorca. El mismo miedo que no le impidió llevar comida a los presos que construían el Valle de los Caídos, pero que, como a tantos de “los de dentro”, la llevó a vivir en el silencio del exilio interior, hecha un ovillo, con su identidad y sus ideas escondidas en casa.

Los setenta alcanzaron a Josefa deprimida y casi desahuciada. Prácticamente vivía en la cama. La muerte de Franco insufló cierta vida en sus pulmones, pero en abril de 1978 resucitó de manera literal. El día que los restos de Largo Caballero llegaron a Madrid se levantó como un huracán de la cama, se vistió, cogió el bolso y a dos de sus nietos y se fue a la sede del PSOE, de donde partía el cortejo fúnebre hacia el cementerio civil. Josefa recobró la vida en sus últimos alientos al recuperar lo que creía perdido. El 19 de septiembre de 1978 asistió feliz con su familia al estreno de Así que pasen cinco años, rescatando del fuego a su amigo Lorca.

En tiempos de bulos y banalidad, con pensadores provocadores recetando dictaduras corporativas, jóvenes acomodados que juegan a la épica silbando el Cara al sol o partidos que se desgañitan gritando libertad con un discurso basado en acabar con ella, necesitamos recordar a todas las Marías y Josefas. Porque las historias de carne y hueso de los de fuera y de los de dentro, su dolor, pero también su renacer cuando en los setenta comenzaron a recuperar las libertades y la esperanza, son el mejor argumento a favor de la democracia. Pilar Mera Costas (Vigo, 1978), doctora en Ciencias Políticas por la Universidad Complutense, es profesora en el departamento de Historia Social y del Pensamiento Político de la UNED. Está especializada en la historia de la Segunda República, la Guerra Civil y el franquismo. Publicado en El País el 2 de septiembre de 2025.















DEL POEMA DE CADA DÍA: HOY, PARAÍSO REGADO, DE JORGE GUILLÉN (1893-1984). 19 DE SEPTIEMBRE DE 2026

 







PARAÍSO REGADO



Sacude el agua a la hoja

Con un chorro de rumor,

Alumbra el verde y lo moja

Dentro de un fulgor. ¡Qué olor

A brusca tierra inmediata!

Así me arroja y me ata

Lo tan soleadamente

Despejado a este retiro

Fresquísimo que respiro

Con mi Adán más inocente.



JORGE GUILLÉN  (1893-1984)

poeta español





***





Jorge Guillén Álvarez (Valladolid, 18 de enero de 1893-Málaga, 6 de febrero de 1984) fue un poeta y crítico literario español de la generación del 27. Por su inclinación a la poesía pura, algunos críticos lo consideran el discípulo más directo de Juan Ramón Jiménez. Guillén se introduce tardíamente en el terreno literario: a los treinta y cinco años publica su primer libro, Cántico, que será ampliado en diversas ediciones, pues desde el principio pensó en su obra como un todo orgánico, al que dio el título general de Aire nuestro. Si Aleixandre es el poeta del pesimismo cósmico, Guillén lo es del optimismo. «El mundo está bien hecho», proclama, lo que en la posguerra española le supuso una cierta enemistad entre los poetas existenciales y sociales que padecían las duras consecuencias de la guerra, por lo cual el poeta se corregirá más tarde, en Clamor: «El mundo de los hombres está mal hecho».




















DEL ASUNTO DEL DÍA: LA IMPORTANCIA DE LAS INSTITUCIONES, POR DANIEL INNERARITY. 19 DE SEPTIEMBRE DE 2026

 






El imaginario político contemporáneo se alimenta de la desconfianza en las instituciones. Todo aquello que media entre el individuo y la sociedad (partidos, sindicatos, universidades, constituciones, parlamentos...) ha dejado en buena medida de organizar la vida común. Hay un deseo de protección y regulación, pero al mismo tiempo resulta sospechosa la oferta que las instituciones nos hacen en este sentido. Reina una fatiga institucional por la que toda mediación es percibida como inercia burocrática, pesadez administrativa y reproducción de las dominaciones al servicio de la supervivencia de un régimen agotado. Los partidos se reducen a aparatos, los sindicatos no representan a la mayor parte de los trabajadores, las universidades se burocratizan, las constituciones no se pueden cambiar, el Parlamento se convierte en un instrumento del poder ejecutivo y el poder judicial actúa más como veto que como contrapeso.

Ante este panorama dos son las posibles respuestas y en sentidos opuestos. La solución tecnocrática reduce la cuestión institucional a un problema de gestión: bastaría con llevar a cabo reformas, modernización y adaptación. La segunda consiste en denunciar toda institución como aparato de dominación y apela a formas de autoorganización que permitan sortear las mediaciones esclerotizadas. Entre optimización gestionaria y ruptura revolucionaria perdemos la oportunidad de preguntarnos por el sentido de la institución para la vida de las sociedades democráticas.

Pero existe una tercera posibilidad para salir del voluntarismo que se cree capaz de transformar las sociedades por decreto y el nihilismo que solo ve en las instituciones una máscara de poder. En un contexto en el que la urgencia parece prohibir toda temporalidad larga y la crítica de las instituciones concluye en su simple destitución, es posible entender la política como reactivación, más que como momento de fundación absoluta. Las instituciones son las encargadas de hacer posible la articulación entre generaciones y compatibilizar la referencia al origen legitimador con su reactivación.

En el origen de la actual desafección democrática hay una expectativa desmesurada en cuanto a lo que el procedimiento democrático (incremental, limitado, negociado, sostenido en el tiempo) puede proporcionar, un deseo que explota de vez en cuando en agitaciones improductivas que en el fondo no cambian nada. Tras la indignación viene la decepción.

Ciertas formas de compromiso que rechazan toda mediación institucional en nombre de la autenticidad o la espontaneidad revelan un desconocimiento profundo de la historicidad en la que vivimos. Querrían que cada intervención diera fruto instantáneamente, que toda movilización produjera inmediatamente resultados visibles, pero esa exigencia de inmediatez niega la temporalidad larga de la institución, sin la cual ningún cambio resulta duradero y fecundo. Nunca se actúa a partir de nada, sino tomando como punto de partida las dinámicas existentes, que moderan el cambio social, pero al mismo tiempo son las únicas que lo hacen posible. No hay cambio real sin un mínimo de respeto hacia aquello que queremos cambiar.

Quien quiera cambios ha de reconocer que la transformación no se cumple en un instante

Al mismo tiempo hay que advertir también que es muy razonable la crítica de las instituciones porque muchas de ellas parecen haber perdido su poder instituyente, su capacidad de reactivarse, de reinterpretar su propio origen, y se limitan a administrar mecánica­mente el statu quo. Dentro de la lógica institucional que debemos proteger se encuentra la obligación que estas tienen de renovarse y retomar su legitimidad originaria.

La reactivación no es ni reforma tecnocrática ni ruptura radical, sino una vuelta al suceso instituyente que se actualiza en las condiciones presentes sin pretender reproducir idénticamente el gesto originario que las hizo nacer: organizar la deliberación colectiva, articular los intereses particulares y el interés general, permitir la confrontación pacífica de las posiciones antagonistas, facilitar los acuerdos y los compromisos.

Cada generación retoma la herencia y la transforma según sus propias exigencias, sin la cual no habría duración institucional. Las instituciones inauguran una historia que continúa sin nosotros; asumimos el riesgo democrático de que las generaciones futuras reinterpreten el acontecimiento institucional de una manera que nos sorprendería. Decía Claude Lefort que la actitud más fecunda que caracteriza a la democracia moderna consiste en su capacidad de mantener abiertas las cuestiones fundamentales.

Frente a la obsesión contemporánea por la urgencia, pensar las instituciones nos invita a recuperar una política de la duración. Rehabilitar una política de la duración no equivale a rendirse al conservadurismo, sino reconocer que toda verdadera transformación toma su tiempo. Quien quiera cambiar ha de reconocer que la transformación no se cumple en un instante. Estas interrogaciones no reciben nunca una respuesta definitiva; cada generación las retoma y reformula en una indeterminación constitutiva que no es un fallo, sino la condición de una política verdaderamente democrática. Daniel Innerarity es catedrático de Filosofía Política. Universidad del País Vasco/Instituto Europeo de Florencia. Autor de 'El futuro de la democracia' (Galaxia Gutenberg). La Vanguardia, 5 de septiembre de 2026.




















viernes, 18 de septiembre de 2026

BONES NITS, FELIÇ DESCANS I DOLÇOS SOMNIS. 18 DE SETEMBRE DE 2026

 






Hola de nou, amics. Bona nit, feliç descans i somnis dolços a tots aquesta nit de divendres, 18 de setembre de 2026. Espero que hagin passat un bon dia en companyia de les seves famílies i amics. Gràcies de tot cor per haver-se fet una volta pel bloc. M'alegraria creure que han gaudit de la visita. Tamaragua, amics meus. Que la deessa Fortuna i les benvolents Moiras els siguin favorables. Fins demà. Els vull. HArendt















ENTRADA NÚM. 11472


DE LA TARDE QUE CAE: LA OCASIÓN LA PINTAN CALVA, POR FERNANDO VALLESPÍN. 18 DE SEPTIEMBRE DE 2026

 






En la mitología clásica, la Ocasión era una divinidad menor, que solía representarse como una mujer alada con un largo mechón sobre la frente y calva por detrás. La alegoría es clara, cuando pasa una ocasión hay que atraparla en ese mismo instante, agarrarla “por los pelos” —seguramente de ahí viene también esa expresión tan extendida—; de no hacerlo, nos encontraremos con su nuca desnuda, se esfumará y habremos perdido toda la ventaja potencial que nos ofrecía y/o sufriremos las consecuencias negativas de no haberlo hecho. Para Maquiavelo era el momento trascendental de la acción política: aprovechar l’occasione constituye uno de los rasgos fundamentales de la virtú del gobernante. La política como el arte de saber leer la coyuntura y actuar siempre en el momento oportuno. El tempo de la política está lleno de esos inquietantes momentos en los que las ocasiones se abren y se cierran. Y una vez clausuradas es cuando comienzan los problemas.

Esto viene a cuenta del asalto a Ceuta y de la tardía reacción del Gobierno ante una situación que exigía una acción radical inmediata. El mando único y la convocatoria del Consejo de Seguridad Nacional deberían haberse establecido desde el primer momento. Y haberse adoptado enseguida también todas las demás medidas. La situación era de tal gravedad que habría exigido una reunión urgente de buena parte del Gobierno, presidida por su presidente, en el propio lugar de los hechos, en la misma Ceuta. ¡Esa sí que habría sido una magnífica forma de aprovechar la ocasión! Se clausuran las vacaciones y todos a dar la cara. A ver cómo habría reaccionado la oposición. Si en ese caso no le hubiera ofrecido su colaboración plena, pasarían a ser los verdaderos perdedores políticos.

Hay que tener en cuenta, además, que en este caso no había “relato” posible que pudiera justificar al Gobierno por su parcheo inicial. Aun dando por buena que la información del CNI no aludiera al tremendo tamaño de la marea humana dispuesta a entrar en la ciudad, no deja de ser por ello una institución a su servicio y de la que es responsable directo. Cabe pensar también en otra opción (estoy especulando): la información existió y se consideró que el coste de la represión de tal marea humana —¿se lo imaginan?— superaba con mucho al de dejarla entrar. Se optó por el mal menor.

Las consecuencias de no haber actuado de forma más resuelta están a la vista. Lo inquietante, sin embargo, es indagar sobre el motivo por el que no lo hicieron. Sobre todo, porque si hay algo que venía caracterizando a Sánchez es su capacidad maquiaveliana para sacar el mayor rendimiento posible de cada situación, su manejo de los tempos y la acción intrépida. ¿Por qué ha fallado aquí, entonces, cuando podía haber obtenido una ganancia política óptima? El supuesto argumento de las vacaciones me parece ridículo. Los políticos no tienen vacaciones. Dedican algunas horas al descanso o al ocio, pero aprovechan también el tener la agenda más despejada para ir programando actividades.

Me temo que la verdadera razón tiene que ver con Marruecos, que parece habernos atado las manos en nuestra capacidad para operar en Ceuta y Melilla como en cualquier otro lugar de España. Sabemos de su enorme capacidad de chantaje abriendo o cerrando el grifo de la inmigración ilegal y de su sólida alianza con Estados Unidos. Pero no estamos condenados a seguir permitiéndolo. Eso sí, siempre y cuando consigamos poner a la UE de nuestro lado —y ahí habrá que hacer alguna concesión dolorosa en materia de inmigración— y vayan unidos Gobierno y oposición. Esto último, hoy por hoy, lo doy por perdido. Precisamente porque ahora la ocasión ha cambiado de bando. Otra cosa es que sean capaces de agarrarla por los pelos. Fernando Vallespín es politólogo. Publicado en El País el 3 de septiembre de 2026.























DEL CAFÉ DE SOBREMESA: MARRUECOS CONTRA LOS MARROQUÍES, POR NAJAT EL HACHMI. 4 DE SEPTIEMBRE DE 2026

 





La entrada masiva de marroquíes a finales de julio en Ceuta no es una entrada masiva; es la plasmación más gráfica y fidedigna del trato que da el régimen alauí a su gente, en especial a sus menores. Estarán orgullosos los artífices de la iniciativa, quienes hayan decidido usar a la población para lo que es a todas luces un ataque a una ciudad que lleva cinco siglos siendo española. Estarán contentos por haber dado al mundo esa imagen precisa de lo que es en realidad un país que se presenta como el más moderno, que progresa económicamente, el que tiene una buena selección de fútbol (compuesta casi toda por hombres que ni nacieron ni crecieron en Marruecos y que le deben poco o nada a la bandera que llevan en la camiseta), que prohíbe las bolsas de plástico de forma radical lavando en verde el despotismo con que somete a su población.

Nada nuevo, en realidad: el mundo no lo ha visto, pero el país en el que nací lleva décadas haciendo exactamente lo que hizo este verano, vertiendo a los marroquíes en otros países como se vierte la mierda en las alcantarillas. Pregunten a cualquiera que proceda del magnífico reino dirigido por Mohamed VI y les contará lo que es no tener patria porque la que se supone tuya de nacimiento hace lo posible para que te vayas, para que huyas de su territorio. No es algo reciente: la emigración ya la usaba Hassan II como arma de represión contra sus “súbditos”. La historia de la zona de la que yo procedo, el Rif, no es más que una historia de destierros involuntarios. Nos contaron que era por razones económicas, para tener una vida mejor; pero lo que quedó enterrado por el silencio traumático de nuestros padres y abuelos es que hubo políticas deliberadas para que nos fuéramos. Éramos demasiados, queríamos comer, organizábamos manifestaciones cuando subía el precio del pan y no veíamos forma alguna de aplacar el hambre en esa tierra yerma y abandonada, arrasada por las élites extractivas —empezando por el propio Rey, que puede llevar una vida de lujo y regalar joyas carísimas a mandatarios extranjeros— mientras los niños que viven bajo su dictadura no ven otra salida que la de ir hacia el Norte, donde sus ídolos viven en paz y puede crecer la esperanza.

No, ese Marruecos que ha visto el mundo entero no es nada nuevo, es el plomo de antaño, es Betty Lachgar encarcelada por una camiseta, es Nasser Zafzafi cumpliendo 20 años a la sombra, es usar a seres humanos con finalidades geoestratégicas. Es arrojar a los niños al mar. Y que se ahoguen como se ahoga el resto del país bajo la bota dictatorial. Najat El Hachmi es escritora. Publicado en El País el 4 de septiembre de 2026.



























DE LAS VIÑETAS DE HUMOR DEL BLOG DE HOY VIERNES, 18 DE SEPTIEMBRE DE 2026

 





















DEL ARCHIVO DEL BLOG: LA RACIONALIDAD DEL DESCONTENTO, POR PABLO SIMÓN. PUBLICADO EL 16 DE SEPTIEMBRE DE 2019

 





Saber que algo nos pasa no es lo mismo que saber el qué. En este tiempo estamos viendo el declive de los partidos tradicionales y la erupción de diferentes manifestaciones de descontento en todo el mundo. Sin embargo, lo que no sabemos tan bien es si podemos agruparlo todo.

¿Es lo mismo Syriza que Vox, los chalecos amarillos que Podemos o el Cinco Estrellas, Jair Bolsonaro que el Frente Nacional, el voto al Brexit que a Ley y Justicia en Polonia o a Donald Trump en Estados Unidos? Si ni siquiera sabemos cómo clasificar y agrupar estos fenómenos, si encima los oscurecemos con innumerables etiquetas, ¿cómo vamos a poder explicar sus determinantes?

Con todo, buscando una causa común subyacente, se ha dado pie a dos grandes baterías de explicaciones. De un lado, las que se centran en argumentos culturales y de valores. Su idea es que estamos viendo una contra reacción frente a la ideología dominante del cosmopolitismo y la globalización, ideales impulsados por las élites sociales las últimas décadas. El “hombre blanco enfadado” (Angry white man), harto de verse superado por mujeres e inmigrantes, de sentirse olvidado por sus gobernantes, estaría en rebeldía.

De otro lado, muchos académicos apuntan que la causa común es más bien material. Los sectores más damnificados por la Gran Recesión, los más vulnerables o con menos expectativas de futuro, estarían manifestando su descontento en diferentes formas. Estaríamos viendo la movilización y el voto contra los partidos tradicionales de los sectores sociales “dejados atrás” (left-behind), los perdedores de la globalización o, como bautizó Fernández-Albertos, los precarios políticos.

¿Es posible distinguir fácilmente ambas explicaciones? Tomemos el caso del Brexit. Varios estudios apuntan que la propensión a votar salirse de la UE fue mayor en aquellos ciudadanos con actitudes contrarias a la inmigración y que vivían en condados con saldo migratorio positivo. Sin embargo, al tiempo, otros estudios muestran que aquellos individuos más expuestos a los recortes del gasto social emprendidos por David Cameron desde 2010 también votaron más Brexit, inclinándose a su vez por el UKIP como partido protesta. Distinguir el agravio material y el cultural no resulta sencillo, se entrelazan.

Quizá por eso sea recomendable huir de cualquier explicación simplista. Sin duda, es más fácil achacar el auge de Bolsonaro a su uso de WhatsApp que indagar en las causas de la polarización social en Brasil. Atribuir el crecimiento de las formaciones euroescépticas a las fake news antes que rastrear las cicatrices de la Gran Recesión. ¿Qué puede ser más cómodo que alegar que el voto a determinados partidos es emocional y no racional? Sin embargo, seamos honestos: es más probable que no estemos entendiendo la racionalidad del descontento detrás de muchos fenómenos a que esta, simplemente, no exista. Pablo Simón es politólogo. El País, 16 de septiembre de 2019





















DEL POEMA DE CADA DÍA: HOY, POEMA V, DE IVES BONNEFOY (1923-2016 ). 18 DE SEPTIEMBRE DE 2026

 








POEMA V



Salgo.

Sueño que salgo en la noche nevada.

Sueño que llevo

Conmigo, lejos, fuera, es sin retorno,

El espejo de la recámara superior, aquel de los veranos

De otro tiempo, la barca y la proa donde, simples,

Fuimos, nos preguntamos, en el sueño

De veranos que fueron breves como es la vida.

En aquellos tiempos

Fue a través del cielo que brillaba en sus aguas

Que los magos de nuestro sueño, retirándose,

Propagaban sus tesoros en el cuarto oscuro.



YVES BONNEFOY (1923-2016)

poeta francés





***





 Yves Bonnefoy (Tours, Indre y Loira, 24 de junio de 1923-París, 1 de julio de 2016) fue un poeta, crítico literario, ensayista, traductor y prosista francés, que destacó como traductor de Shakespeare y por sus ensayos fundamentales sobre arte y artistas del Barroco y del siglo XX, incluyendo a Goya, Joan Miró y Alberto Giacometti.