martes, 22 de septiembre de 2026

GAU ON, ATASEDEN GOZOA ETA AMETS GOZOAK

  






Kaixo berriro, lagunok. Gau on, amets gozoak eta atseden zoriontsua guztioi astearte gau honetan, 2026ko irailaren 22an. Espero dut egun ona izan duzuela zuen familiekin eta lagunekin. Eskerrik asko bihotz-bihotzez bloga bisitatzeagatik. Pozten naiz zuen bisitaz gozatu izana pentsatzeaz. Tamaragua, lagunok. Fortuna jainkosa eta Patu onbera zuekin egon daitezela. Bihar arte. Maite zaituztet. HArendt














DE LA TARDE QUE CAE: “TARDE O TEMPRANO LA HISTORIA NOS PEDIRÁ CUENTAS A TODOS”, POR ISABEL FERRER. 21 DE SEPTIEMBRE DE 2026

 







Tomoko Akane, presidenta del Tribunal Penal Internacional: “Tarde o temprano la Historia nos pedirá cuentas a todos. ¿Dónde estabas?". Sancionada por Estados Unidos, la magistrada considera que el TPI afronta la mayor crisis desde su creación pero cree que la búsqueda de justicia es una responsabilidad compartida y un derecho de las víctimas

Tomoko Akane (Nagoya, Japón, 1956) fue elegida en 2024 por sus compañeros como presidenta del Tribunal Penal Internacional (TPI). Su mandato concluye en 2027, al tiempo que expira el periodo reglamentario de nueve años como jueza en la única institución permanente que juzga a los máximos responsables de genocidio, crímenes de guerra y contra la humanidad. En agosto, Estados Unidos la ha sancionado junto al fiscal senegalés Abdoulaye Seye. En este momento, por ejemplo, esta magistrada no puede entrar en territorio estadounidense y su tarjeta de crédito ha sido cancelada. Son ya 13 los jueces, fiscales y un miembro del personal castigados así por el Gobierno del presidente Donald Trump, que considera al TPI un “organismo corrupto y politizado” que amenaza su soberanía y ataca a su principal aliado, Israel.

EE UU no es uno de sus 125 Estados miembro y Washington estima que ningún tribunal mundial puede prevalecer sobre los suyos y su Constitución. Marco Rubio, secretario de Estado, ha ido más lejos declarando que se propone “desmantelarlo”, y presiona además a los países con los que mantiene alianzas para que lo abandonen.

Además, Akane integró en 2023 la Sala de Cuestiones Preliminares que emitió la orden de arresto contra el presidente ruso Vladímir Putin y también fue condenada en ausencia por las cortes de Moscú. Su situación no tiene precedentes. La presidenta del TPI ha respondido a un cuestionario enviado por EL PAÍS, en su primera entrevista con un medio occidental desde el anuncio de las sanciones.

Pregunta. ¿Cómo encara el castigo que le ha impuesto Estados Unidos?

Respuesta. Siempre resulta impactante ver tu nombre en la misma lista que traficantes y terroristas cuando eres una jueza comprometida con la defensa del Estado de derecho. Muchos de sus efectos aún no se han materializado, pero es razonable esperar que afecten a algunos aspectos de mi vida personal. Mi tarjeta de crédito fue suspendida casi de inmediato. Otros jueces han sufrido trastornos prácticos en su día a día como consecuencia de que las empresas hayan dejado de prestar servicios a las personas sancionadas.

Desde mis años de secundaria me ha impulsado el compromiso con la justicia. En este momento crítico, como su presidenta, siento la responsabilidad personal de ayudar a proteger al Tribunal. Su independencia y capacidad para hacer justicia a las víctimas. Seguiré desempeñando mis funciones y cumpliré mi mandato. Presté juramento para hacerlo y me mantengo firme en ese compromiso.

P. ¿Afronta el TPI su mayor desafío desde que fue creado en 2002?

R. Nueve de los 18 magistrados, los dos fiscales adjuntos, el exfiscal y un miembro del personal han sido objeto de sanciones por parte de Estados Unidos. Además, nueve jueces actuales y antiguos, incluida toda la presidencia del TPI, han sido condenados en ausencia por Rusia, [tras emitir una orden de detención contra el presidente ruso Vladímir Putin, por su presunta responsabilidad en la deportación forzosa de menores ucranios], lo que tiene evidentes implicaciones para su seguridad personal. En total, dos tercios de los jueces del Tribunal están sujetos a medidas coercitivas por parte de algunos de los Estados más poderosos del mundo. Es una situación sin precedentes en la historia del TPI. Estos ataques dan fe de la importancia de la imparcialidad de la labor de esta Corte. Los esfuerzos por investigar y enjuiciar los delitos más graves en virtud del Derecho internacional suscitan la resistencia de quienes prefieren la impunidad a la rendición de cuentas.

P. ¿Asistimos al principio del fin del Estado de Derecho internacional?

R. Son tiempos profundamente preocupantes para la justicia internacional y para el orden internacional basado en normas. Al mismo tiempo, resulta alentador ver cómo los Estados, las organizaciones de la sociedad civil y los ciudadanos alzan la voz en defensa del Derecho Internacional. Estas muestras de solidaridad son más importantes que nunca.

El Tribunal no se creó por casualidad ni se estableció de la noche a la mañana. Roma no se construyó en un día, y tampoco el Estatuto de Roma [texto que vertebra la labor del TPI]. El Tribunal surgió de las lecciones de la guerra, la persecución y las atrocidades masivas, y de la convicción de los Estados de que el derecho y la justicia deben prevalecer sobre la fuerza. Esos valores son tan importantes como siempre. Sigue siendo una institución joven si se compara con los sistemas jurídicos construidos a lo largo de siglos. Pero se asienta sobre una idea cuyo momento ha llegado: nadie está por encima de la ley.

P. Los crímenes juzgados por el TPI parecen lejanos pero podrían ocurrir en cualquier lugar. ¿Puede seguir siendo la piedra angular de la lucha mundial contra la impunidad?

R. Una corte permanente está en funcionamiento antes de que se cometan los crímenes. Su jurisdicción se conoce de antemano y aplica la misma ley a todos los que están bajo su alcance. Esta permanencia es lo que permite a una corte disuadir y no limitarse a reaccionar, y es lo que hace que la promesa resulte creíble para personas que no tendrían motivos para esperar que alguna vez se creara un tribunal para ellas.

Una vez me encontraba en la sala del tribunal cuando se le preguntó a una víctima de violencia sexual que por qué había decidido testificar. Ella respondió: “Sé que nadie más puede defenderme, solo la justicia, los jueces (…) porque lo que me pasó no querría que le pasara a nadie más”. Esas víctimas nos recuerdan por qué esta labor es importante y por qué debe continuar. Para hacer realidad la promesa de “nunca más”. Tarde o temprano, la Historia nos pedirá cuentas a todos. “¿Dónde estabas?”, nos preguntarán. Hago un llamamiento a los Estados para que defiendan y fomenten estos principios fundamentales del Derecho Internacional, que son imperativos morales, y promuevan la búsqueda de justicia.

P. ¿Qué tipo de acción colectiva externa precisa el TPI para hacer frente a las penalizaciones de Washington?

R. Hemos recibido firmes muestras de apoyo por parte de los Estados y seguiremos en estrecho contacto con ellos para afrontar los retos de estas medidas, incluidas las cuestiones políticas, jurídicas, financieras y operativas. Existe otra forma de acción colectiva: la cooperación. Las decisiones del TPI solo pueden hacerse cumplir cuando los Estados les dan efecto, sobre todo mediante la ejecución de las órdenes de detención. La búsqueda de la justicia es una responsabilidad compartida.

P. ¿Cómo afectan las sanciones a las víctimas?

R. Puedo asegurarle que siguen ocupando un lugar central en nuestros procedimientos. Participan en los juicios a través de sus representantes legales, lo que garantiza que sus opiniones y preocupaciones sean escuchadas a lo largo del proceso. Tras una condena, pueden tener derecho a recibir compensaciones.

Está previsto que en noviembre comience el juicio contra el exjefe de Estado de Filipinas [Rodrigo Duterte], y para el año que viene se espera la apertura de otro caso relativo a graves delitos presuntamente cometidos en un centro de detención de Libia [contra el excomandante miliciano Khaled Mohamed Ali El Hisri]. Hasta la fecha, el Tribunal ha abierto 18 investigaciones y contribuido a que se rindan cuentas por delitos graves como el reclutamiento y uso de niños soldado, la destrucción del patrimonio cultural, la violencia sexual o los ataques contra civiles.

P. Estados Unidos afirma que el Tribunal está politizado y que tiene a Israel en el punto de mira. ¿Vulnera el TPI la soberanía nacional de sus 125 Estados parte?

R. El mandato consiste en investigar y enjuiciar cuando los Estados no estén dispuestos o sean incapaces de hacerlo. El Tribunal complementa los sistemas nacionales en lugar de sustituirlos. Eso no constituye una violación de la soberanía. Es el ejercicio de la soberanía. La propia creación del TPI resulta del ejercicio de la soberanía por parte de los Estados en un tratado multilateral. Se basa en la convicción compartida de que el Estado de derecho es la mayor protección contra el abuso de poder, y de que la rendición de cuentas es esencial. Los jueces no eligen las situaciones que se les presentan ni tampoco a los acusados. Simplemente aplicamos la ley a las pruebas de los casos que recibimos. Eso es lo que exige la imparcialidad.

P. Durante sus primeros años, el TPI fue criticado por centrarse en África. Ahora hay órdenes de detención contra el presidente ruso, Putin, y contra el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu por la guerra en Gaza. ¿Qué ha ocurrido?

R. Al inicio, varias investigaciones surgieron de remisiones por iniciativa propia de los Estados africanos o por parte del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas relativas a conflictos en África. Con el tiempo, la labor se ha ampliado hasta abarcar todas las regiones del mundo. Pero nuestra responsabilidad no es responder a debates políticos, sino aplicar la ley sin tener en cuenta la geografía, nacionalidad ni consideraciones políticas.

P. El Tribunal carece de policía propia y depende de la cooperación internacional para ejecutar sus órdenes de detención. ¿No socava esto la rendición de cuentas?

R. Ninguno de los procedimientos actuales habría sido posible sin la cooperación de los Estados para detener y entregar a los sospechosos en cuestión. La cooperación con el Tribunal es un reto y una obligación legal, y un medio para que los Estados refuercen su compromiso con la justicia internacional. Las órdenes de detención no caducan y los crímenes más graves no prescriben. La Historia ha demostrado una y otra vez que la justicia puede llevar tiempo, pero la rendición de cuentas sigue siendo posible. Isabel Ferrer es periodista. Publicado en El País el 6 de septiembre de 2026.



















DEL CAFÉ DE SOBREMESA: LOS SUSPENDIDOS, POR MANUEL JABOIS. 22 DE SEPTIEMBRE DE 2026

 





De los desastrosos resultados del informe PISA sobre el nivel de los alumnos españoles, me gusta pensar que los adultos que hoy les van a reñir en los medios lo harán con artículos escritos por la IA. Es decir: habrán mandado al servicio doméstico digital a echarles la bronca a esos pequeños vagos analfabetos. No yo, pero no por falta de ganas. Con esto no quiero eximir a los alumnos, sino más bien extender la culpa: son hijos de su tiempo, y es un tiempo construido y fomentado por adultos. Nunca, por ejemplo, habíamos leído tantas palabras y al mismo tiempo habíamos leído tan poco: WhatsApp, TikTok, Google, titulares, subtítulos, chats, tuits, pies de foto de Instagram; podemos pasar medio día leyendo sin levantar un solo cimiento de arquitectura mental. De alguna perversa manera, hemos confundido con euforia la alfabetización con tener textos delante. Es una cuestión política de peso: durante años la conversación educativa ha girado sobre qué enseñar (esos estúpidos vaivenes políticos que producen leyes de educación estragadas) cuando el asunto relevante ya parece ser si alguien está listo para aprenderlo. Pueden discutirse currículos, deberes o memoria: si una persona, ya no digo un niño, no aguanta 15 minutos de complejidad intelectual, el debate está por encima del problema. Otro cambio más delicado: la deslegitimación del esfuerzo. Los jóvenes —y esta es una observación de boomer también afectado—, se han acostumbrado a gratificaciones instantáneas. Entre desear algo y tenerlo pasa muy poco tiempo: eso ha perjudicado gravemente la paciencia. Así que el aprendizaje conduce a la melancolía, y el sistema no ayuda: entre tus estudios y su recompensa, si la hay, pasa a veces una vida. Recuerdo una frase de Fernando Savater: la educación sirve para que los niños conozcan las alternativas que existen a los prejuicios de sus padres. Y a la dinámica de una sociedad dirigida por tecnológicas que compiten por evitar que estés demasiado tiempo haciendo una sola cosa. Quizá la escuela podría convertirse en el lugar donde no funciona el resto del mundo. Un sitio donde aún haya silencio, concentración y cosas que no se pueden scrollear. Manuel Jabois es escritor. Publicado en El País el 9 de septiembre de 2026.























DE LAS VIÑETAS DE HUMOR DEL BLOG DE HOY MARTES, 22 DE SEPTIEMBRE DE 2026

 
































DEL ARCHIVO DEL BLOG: DE CUENTOS E HISTORIAS, POR AMANDA MAURI. PUBLICADO EL 25 DE SEPTIEMBRE DE 2024

  






El cuento y la verdad parecen polos opuestos, condiciones dispuestas una frente a la otra, incluso una contra la otra, condenadas a competir por nuestro aprecio o devoción, comenta en El País [Vivir del cuento, 22/09/2024] la escritora Amanda Mauri. “Tenemos arte para no morir de la verdad”, apuntó Friedrich Nietzsche, y aunque sus palabras se han repetido alegremente en forma de cita, epígrafe y tuit, el sentido que encierran dista de ser transparente. A Joan Didion también se la invoca con frecuencia, y la lectura que se hace de su “nos contamos historias para poder vivir” es similar: el cuento aparece como escondite o huida de los paisajes insulsos y hasta opresivos de la realidad.

Vida y ficción ocupan lugares separados en nuestra imaginación compartimentada. Se turnan a la hora de elevarnos o arraigarnos, de ofrecernos respiros escapistas o de enfrentarnos con los límites de nuestra inmediatez. Ambas esferas se relacionan de una forma transaccional y casi ortopédica, sin quererse mucho, pero aceptando la presencia del otro para asegurar su propia continuidad.

En las primeras páginas de Política y ficción (Península), Jorge Lago y Pablo Bustinduy señalan el poso narrativo que subyace a todo ordenamiento u organización política de la vida. “Algunos de los conceptos fundamentales de la teoría política en realidad se originaron en el seno de la poética, es decir: son conceptos poéticos politizados”. Subrayan que el nacimiento del Estado, según Thomas Hobbes, se remonta nada menos que a una metáfora artística. La representación política se entiende en el sentido más teatral del término: del mismo modo que un actor representa un texto que fue escrito para él por otro —el dramaturgo ausente—, también el Estado (actor) actúa en representación de un pueblo (dramaturgo) que lo ha creado.

La gracia de las metáforas es que rara vez se limitan a ilustrar. Hacen algo más complejo: se aproximan a la verdad de una forma privilegiada, atendiendo a las contradicciones y solapamientos entre el hecho y la figuración. En este caso, la poética no es solo una imagen de la que Hobbes se sirve para explicar el funcionamiento de la política. Es, más bien, una pista, un indicio que conduce al verdadero sentido de sus palabras: política y poética nacen juntas en un parto de gemelos.

La diferencia entre una y otra —política y poética— es, sobre todo, una cuestión de orientación temporal. La poética es capaz de trascender el tiempo. Habla no solo de lo que es y ha sido, sino de lo que podría ser o podría haber acontecido. Conjuga no solo la promesa de un futuro en el horizonte, sino también un despliegue de caminos paralelos, cauces y cruces simultáneos, que se multiplican a lado y lado de la vía o arteria principal.

Cuando Lago y Bustinduy sugieren que, con la consagración del capitalismo en los noventa y el auge populista de la última década, tal vez nos encontremos ante el tan vaticinado fin de la historia —pero no solo política: también poética—, lo que quieren decir es que nos enfrentamos a un bloqueo creativo. Hemos perdido la capacidad de imaginar un futuro, una utopía, un mañana proyectado que dé sentido a nuestras luchas presentes. Nos hemos quedado sin un continuará… para nuestro cuento. No hay pulso literario, ni tensión narrativa, ni licencia poética.

A menudo, culpamos a la ficción por el empobrecimiento de la verdad, la acusamos de convertirla en un relato sin verificaciones, de vaciarla de hechos y llenarla de supuestos, cuando lo que ocurre en realidad es todo lo contrario: la verdad se debilita por renunciar a la ficción. El podría ser muere a manos de lo que hay.

El deterioro narrativo, o desnarrativización, de nuestras vidas tiene sin duda una causa múltiple. Causas que son, al mismo tiempo, síntomas. El individualismo neoliberal. La precarización del empleo y la vivienda. El retraso de una emancipación (material y mental) de los jóvenes. La disolución de fronteras que conllevan las redes sociales (de fronteras y, por tanto, de relaciones, pues para que haya un intercambio real entre un yo y un otro debe existir una frontera que les haga de puente, de medio o vehículo para conversar). La devaluación del rigor con el que se trata o trataba de contar el mundo, y el triunfo en su lugar del imperativo comercial: clickbait, fake news, bestsellers…

Todas conducen al mismo punto muerto: una apática soledad. Nos falta compañía, un horizonte compartido, un lugar de reposo desde el que imaginarlo, una imagen propia en la que reconocernos como sujetos fuertes. También nos falta un Otro con el que fraguar diálogos de esperanza. Para organizarnos políticamente no debemos preguntarnos únicamente quiénes somos, en torno a qué idea o comunidad nos constituimos, sino también qué lugar ocupa la otredad en nuestro mundo.Este es el terreno de la ficción. Escribir es reconocernos en lo desconocido, invocar voces ajenas y propias, trabajar con lo que existe y lo que no. Es aquí, en lo otro, en aquello que no somos (pero podríamos ser), donde cuento y verdad se vuelven indisociables y se funden en un propósito común. Dar sentido al mundo más allá de lo que vemos, más allá de lo conocido. Crear realidad, crear presente a través del potencial de lo que podría ser, y no a partir de la certeza de lo que ya es. Urge una oda al cuento. No como escape ni subterfugio, sino como ejercicio de transformación. Amanda Mauri es escritora e investigadora.













DEL POEMA DE CADA DÍA: HOY, VIVIR, LESBIA, Y AMAR, DE CATULO (84-54 a.C.) 22 DE SEPTIEMBRE DE 2026

 







VIVIR, LESBIA, Y AMAR



Vivir, Lesbia, y amar. Vamos a ello.

Los chismes de los viejos amargados

nos tienen que importar menos que nada.

Puede ponerse el sol, salir de nuevo,

pero la breve luz de nuestros días

una vez que se apague, será noche

que habremos de dormir, interminable.

Dame mil besos ya, dame cien luego,

y más tarde otros mil y otra centena,

y mil más y cien más, todos seguidos.

Y al fin, cuando sumemos muchos miles,

los desordenaremos. Ni siquiera

nosotros lo sepamos. Que no pueda

un envidioso echarnos mal de ojo

si conoce el total de nuestros besos.



CATULO (84-54 a.C.)

poeta romano





***





Gayo Valerio Catulo[Nota 1] (en latín, Gaius Valerius Catullus; Verona, actual Italia, h. 87 a. C.-Roma, h. 57 a. C., aunque muchos estudiosos aceptan las fechas 84 a. C.-54 a. C.) fue un prestigioso poeta latino de finales del período republicano de Roma. Nació en Verona (Galia Cisalpina), en una familia influyente (su padre era amigo de Julio César, al que Catulo sin embargo despreciaba, quizá a causa de la sequedad de su estilo literario). La originalidad de Catulo consiste en haber sido el primero en haber iniciado la elegía romana con sus rasgos específicos de subjetividad, autobiografismo e intimidad, menos presentes en sus correlatos griegos.















DEL ASUNTO DEL DÍA: ES HORA DE CONSTRUIR LOS ESTADOS UNIDOS DE EUROPA, POR ROMANO PRODI Y JOSEP BORRELL. 22 DE SEPTIEMBRE DE 2026

 





Europa ha llegado a uno de esos momentos en que las crisis dejan de ser emergencias temporales y se convierten en una prueba de supervivencia política. El orden multilateral se deteriora rápidamente. Rusia continúa su guerra de agresión contra Ucrania y ahora está intensificando sus ataques híbridos contra los países europeos. Ya no puede darse por sentado, sin más, que Estados Unidos garantizará la seguridad de Europa en cualquier circunstancia. China consolida su posición como potencia mundial, mientras la inestabilidad en Oriente Próximo amenaza el comercio y el acceso a recursos críticos. El cambio climático añade otra capa de inseguridad. En el plano interno, las fuerzas nacionalistas ganan terreno ante varias elecciones nacionales que se celebrarán en 2027, como se acaba de ver en Sajonia-Anhalt. Solo una Unión capaz de estar a la altura de los desafíos actuales puede invertir esta tendencia.

Europa ha empezado a despertar ante esta nueva realidad. Pero despertar no basta. Por primera vez en generaciones, los europeos deben ser capaces de garantizar su propia defensa, su seguridad económica y su soberanía tecnológica. Las crisis recientes han demostrado lo que Europa puede lograr cuando la necesidad obliga a los gobiernos a actuar juntos. La respuesta a la covid, el endeudamiento común y el apoyo sin precedentes prestado a Ucrania habrían parecido políticamente imposibles en otro tiempo. Pero gobernar permanentemente mediante la emergencia no es ni eficiente ni democrático. Europa necesita poder actuar, no limitarse a reaccionar. Necesitamos un liderazgo más fuerte, mayor cohesión política, y capacidad institucional.

El problema es que la Unión Europea no fue concebida para ejercer poder a esta escala. En política exterior y de seguridad, la unanimidad permite que un solo gobierno impida actuar a la Unión. Lo mismo ocurre en ámbitos políticos clave señalados por Letta y Draghi como cruciales para recuperar la competitividad. El presupuesto de la UE sigue siendo demasiado reducido para las responsabilidades que los europeos esperan que asuma. El Parlamento Europeo carece de auténticas competencias fiscales y de un papel decisivo en las cuestiones de paz y guerra. El resultado es una contradicción: los europeos necesitan y reclaman más soluciones europeas, mientras las instituciones de la Unión siguen constreñidas por normas concebidas para otra época.

Por tanto, la prioridad debe ser superar la unanimidad. Los tratados vigentes permiten ampliar las decisiones por mayoría. Las llamadas “pasarelas” deben activarse cuanto antes, en particular en la política exterior y en el marco financiero de la Unión. Pero superar la unanimidad exige a su vez la unanimidad.

Como alternativa, el Parlamento Europeo ya ha propuesto una reforma integral de los tratados. Sin embargo, el Consejo Europeo todavía no ha abierto el debate constitucional solicitado por la Eurocámara. Este bloqueo debe terminar. La Unión debería iniciar el procedimiento de revisión de los tratados conforme al artículo 48 del Tratado de la Unión Europea y, al mismo tiempo, utilizar el artículo 42 para avanzar hacia una auténtica defensa común europea como parte del pilar europeo de la OTAN. Una Unión que defienda a sus ciudadanos no puede depender indefinidamente de 27 cadenas nacionales separadas de decisión política.

La reforma es igualmente necesaria en el ámbito fiscal. Los bienes públicos continentales requieren recursos europeos. Un presupuesto de la UE sustancialmente mayor debería financiarse con verdaderos recursos propios, en lugar de depender principalmente de contribuciones nacionales, y el Parlamento Europeo debería ejercer las competencias presupuestarias normales que corresponden a un parlamento democrático. El gasto europeo conjunto en defensa, tecnología, energía o infraestructuras puede generar economías de escala que el gasto nacional fragmentado no puede alcanzar.

La ampliación hace que la reforma sea aún más urgente. Ucrania, Moldavia y los Balcanes Occidentales tienen un futuro europeo. Pero una Unión que podría acercarse a 35 miembros o más no puede funcionar eficazmente si cada gobierno conserva un veto sobre decisiones esenciales. Reformar antes de la ampliación o en paralelo a ella no significa poner obstáculos a los países candidatos; significa garantizar que se incorporen a una Unión capaz de funcionar. El Parlamento debe estar dispuesto a utilizar su poder de aprobación del presupuesto anual y plurianual para incentivar la acción de los Estados sobre las pasarelas, la reforma de los tratados, la defensa común y la financiación de los bienes públicos europeos.

Mientras tanto, quienes estén dispuestos a compartir más soberanía deberían empezar a avanzar juntos. La integración europea ya lo ha hecho antes. Schengen y el euro comenzaron con grupos diferenciados. Una nueva vanguardia podría hacer lo mismo en varios ámbitos, incluidos la defensa y la política exterior, permaneciendo abierta a todo Estado miembro dispuesto a aceptar las decisiones por mayoría. La reforma a Veintisiete y una vanguardia federal no son estrategias contrapuestas: la segunda puede hacer posible la primera. El grupo E6 —que reúne a Alemania, Francia, Italia, España, Polonia y los Países Bajos para acelerar la cooperación en materia de inversión, euro, defensa y seguridad económica— podría constituir un punto de partida para esa coalición pionero.

El septuagésimo aniversario de los Tratados de Roma, en marzo de 2027, brinda una oportunidad histórica. El Consejo Europeo debería conmemorarlo comprometiéndose con una unión política más fuerte, activando las pasarelas y abriendo la reforma de los Tratados. Los ciudadanía, los parlamentos nacionales y el Parlamento Europeo deberían participar en ese debate constitucional mediante una conferencia abierta (Assises).

Jean Monnet y Altiero Spinelli comprendieron que la unidad europea avanza cuando la imaginación política se encuentra con la necesidad histórica. Esa necesidad vuelve a estar ante nosotros. Los europeos no necesitan menos Europa para preservar sus naciones. Al contrario, necesitan una Europa lo bastante poderosa como para protegerlos a ellos, a sus valores y a sus intereses frente a un mundo de imperios. Es hora de construir los Estados Unidos de Europa.

Este artículo se basa en la Declaración adoptada en Ventotene el 30 de agosto de 2026 por el Tercer Comité de Acción Jean Monnet para los Estados Unidos de Europa, firmada por Romano Prodi, expresidente de la Comisión Europea y ex primer ministro de Italia; Josep Borrell Fontelles, ex Alto Representante de la UE y presidente del CIDOB; Domènec Ruiz Devesa, presidente de los Federalistas Europeos y exeurodiputado; Mercedes Bresso, expresidenta del Comité de las Regiones y exeurodiputada; Raquel García Hermida Van der Walle, presidenta del Grupo Spinelli y eurodiputada; Rosen Plevneliev, expresidente de Bulgaria; Toomas Hendrik Ilves, expresidente de Estonia; Guy Verhofstadt, presidente del Movimiento Europeo Internacional y ex primer ministro de Bélgica; Petre Roman, ex primer ministro de Rumania; Danuta Hübner, excomisaria y exeurodiputada; Nicola Schmit, excomisario; Andrea Wechsler, eurodiputada, Grupo Spinelli, PPE; Brando Benifei, eurodiputado, Grupo Spinelli, S&D; Petras Auštrevičius, eurodiputado, Grupo Spinelli, Renew; Sandro Gozi, eurodiputado, Grupo Spinelli, Renew; Anna Strolenberg, eurodiputada, Grupo Spinelli, Verdes; Daniel Freund, eurodiputado, Grupo Spinelli, Verdes; Benetta Scuderi, eurodiputada, Grupo Spinelli, Verdes; Francisco Aldecoa, presidente del Movimiento Europeo, España; Pascal Smet, miembro del Parlamento de Bruselas, exministro de Flandes; Jordi Xuclá i Costa, exdiputado y presidente del Movimiento Europeo, Cataluña; Jo Leinen, exeurodiputado y expresidente del EMI; Andrew Duff, exeurodiputado y expresidente de la UEF; Richard Corbett, exeurodiputado, expresidente de JEF; Philippe Laurette, presidente de la Association Jean Monnet; Moritz Hergl, presidente de JEF; Alessia Centioni, presidenta de Civico Europa; Mathilde Baudouin, secretaria general de la UEF; Eric Pestel, asesor del presidente de la Association Jean Monnet; Pier Virgilio Dastoli, presidente del Movimiento Europeo, Italia y antiguo colaborador de Spinelli; Luisa Trumellini, presidenta de la Fondazione Mario Albertini; Roberto Sommella, presidente de La Nuova Europa y periodista; Roberto Castaldi, profesor y director de CeSUE; Giulia Rossolillo, profesora de Derecho de la UE; Michele Fiorillo, coordinador de Civico Europa; Lieven Taillie, presidente honorario de la Asociación Europea de Periodistas; Christelle Savall, expresidenta de Jóvenes Europeos Federalistas, JEF; Miguel Ángel Martín Ramos, vicepresidente de la Association Jean Monnet; Carmine Caputo, alcalde de Ventotene Pino Pepe; Dani Cohn Bendit, escritor y exeurodiputado; Slavoj Žižek, filósofo. Publicado en El País el 15 de septiembre de 2026.



















lunes, 21 de septiembre de 2026

BOAS NOITES, DESCANSADE E DOCES SOÑOS. 21 DE SETEMBRO DE 2026

 





Ola de novo, amigos. Boas noites, descansade e doces soños a todos esta noite de luns, 21 de setembro de 2026. Espero que tivérades un bo día coas vosas familias e amigos. Grazas de corazón por pasarvos polo blog. Alégrame pensar que disfrutastes da vosa visita. Tamaragua, meus amigos. Que a deusa Fortuna e o benévolo Destino estean convosco. Ata mañá. Quérovos. HArendt














DE LA TARDE QUE CAE: “SOY MANUEL LUESMA, EJECUTADO EL 29 DEL 12 DE 1942. DEJO HIIJOS", POR NATALIA JUNQUERA. 21 DE SEPTIEMBRE DE 2026

 







El arqueólogo Alfredo González Ruibal recopila casi dos décadas de investigación sobre el franquismo y revela el hallazgo de un oscuro pasado familiar. “Llegan a tu casa. Se llevan a tu marido. Vuelven a tu casa. Esta vez vienen a por ti. Te llevan a prisión. Te acompaña tu hija, que no tiene con quién quedarse. Fusilan a tu marido. Te informan las monjas. Te preguntas qué será de ti, embarazada, con una niña. Pasas hambre. Tu hija pasa hambre. Estás a punto de dar a luz. Llega la condena: 20 años por apoyo a la rebelión. Tu hijo nace. Tu hijo muere. Se lo llevan. No sabes dónde. No podrás llevarle flores. Tampoco a tu marido. Tu hija pasa hambre. Enferma de tos ferina, tifus. No hay medicinas. Tu hija muere. Se la llevan. No sabes adónde. No podrás llevarle flores. Málaga, 1937″.

Es un extracto de País en ruinas, historias enterradas de la España franquista (1939-1975), de la editorial Crítica. Su autor, el arqueólogo Alfredo González Ruibal, premio Nacional de Ensayo 2024, recopila casi dos décadas de excavaciones en fosas comunes, trincheras, campos de concentración y chabolas, es decir, conversaciones con cientos de objetos que, 70 u 80 años después, seguían hablando de sus dueños: de quiénes eran, de cómo vivieron y de cómo murieron. Durante la preparación del volumen, de casi 400 páginas, descubrió un oscuro pasado familiar que tiene mucho que ver en la inusual dedicatoria del libro: “A mi suegra, María Mayorgas”.

“Es imposible entender el franquismo”, explica González Ruibal, “sin tener en cuenta dos cortes sobre el terreno: las trincheras y las fosas comunes. El primero es la épica de la guerra que actuaría como fuente de legitimidad para el régimen durante 40 años. El segundo, la huella del exterminio que neutralizó la oposición a Franco y le permitió reinar sobre la paz de los cementerios”.

El arqueólogo se sumerge en los grandes enterramientos clandestinos, como el de Málaga, donde había hasta seis niveles de cadáveres —“la profundidad de las fosas revela que las autoridades franquistas tenían muy claro que pensaban asesinar a mucha gente y durante mucho tiempo”— y donde muchos años después fueron rescatados los restos de 322 menores de 10 años, hijos de presas. “En una de las fosas aparecieron 16 neonatos, criaturas que murieron al nacer o poco después. Nada sorprendente teniendo en cuenta la salud deshecha de sus madres y la insalubridad de la prisión. Los cuerpos de los niños se colocaban en los perfiles de las fosas comunes, que se rellenaban con los cadáveres de fusilados. Los difuntos pequeños venían muy bien para cubrir huecos”, recuerda el autor, citando la investigación del historiador Francisco Espinosa. En Paterna (Valencia) fueron enterradas más de 2.200 personas y hay fosas tan profundas que perforaron la capa freática y la humedad permanente del fondo hizo que los cadáveres se saponificasen, es decir, que la grasa corporal se transformase en una sustancia parecida al jabón y se conservase la ropa que llevaban las víctimas: camisas manchadas de sangre, vendajes por palizas, ligaduras de esparto en las muñecas. En algunas de esas exhumaciones fueron hallados, junto a los restos humanos, botellas que incluían en su interior un papelito con el nombre del represaliado: “Soy Manuel Lluesma Masià (Moncada). Ejecutado el día 29-12-1942 a las 7.30 de la madrugada. Dejo hijos”. El enterrador, Leoncio Badía, las colocaba junto a los cuerpos pensando que las familias podrían recuperarlos en el futuro, aunque seguramente ese futuro llegó mucho más tarde de lo que él imaginaba. En 2019, Badía recibió, a título póstumo, la Alta Distinción de la Generalitat Valenciana. Hoy tiene una estatua en su honor en el cementerio de Paterna.

El libro visita también enterramientos individuales, como el de Villaverde del Ducado (Guadalajara), “excepcional en muchos sentidos”, explica González Ruibal, arqueólogo en el Instituto de Ciencias del Patrimonio del CSIC. La hija de una vecina de la localidad contactó en 2019 con el arqueólogo para explicarle que el pueblo deseaba enterrar dignamente a una víctima desconocida que había sido inhumada fuera del cementerio, junto a la tapia, durante la guerra. Nadie sabía quién era. Los vecinos contaban que lo habían enterrado en una zanja muy superficial y que, al poco tiempo, “un pie o una bota del muerto acabó sobresaliendo o fue desenterrada por los perros” y un pastor que solía pasar por allí mandó a su hijo “colocar unas piedras para evitar que los animales extrajeran los restos”. Desde 1937, mujeres del pueblo habían depositado flores en la tumba anónima, cuidando del fallecido sin nombre. La exhumación constató que la víctima era muy joven, en torno a 21 años. Junto a los restos aparecieron medallas religiosas que alguien había deslizado en el enterramiento. “No solo documentamos un crimen de guerra”, explica González Ruibal, “sino un acto de humanidad: el del pueblo que cuidó 80 años de aquel muerto desconocido como si fuera un familiar”.

González Ruibal también excavó la última trinchera de la Guerra Civil, en la ciudad universitaria de Madrid. “A través de la basura que dejaron los soldados conocemos cómo vivían, cómo morían y cómo mataban”. Ochenta años después, el trabajo arqueológico permitió hacerse una idea del menú de los combatientes y constatar, por ejemplo, que el bando sublevado se alimentaba mucho mejor -“2.627 huesos animales muestran una dieta variada y rica en proteínas”- que el republicano -“los restos de animales son prácticamente inexistentes. La hambruna fue decisiva para hundir la moral de la tropa”-. “Granadas, balas y tinteros son elementos omnipresentes”. Armas para defenderse o atacar y plumillas para informar a los suyos que seguían vivos. Una fábrica de tinta de la época se anunciaba precisamente así: “Samas siempre vence”. En la excavación de una trinchera en Guadalajara apareció un objeto inusual: un frasco de perfume femenino. “Tiene un diseño antiguo, art decó, y al abrirlo, todavía olía”, recuerda González Ruibal. “Seguramente, la mujer o novia de algún soldado se lo entregó como recuerdo para que se lo llevara al frente de batalla”.

El trabajo arqueológico también ha permitido documentar las condiciones de vida tras la guerra, retratar el ensañamiento franquista con el bando perdedor y desmontar algunos mitos. González Ruibal recuerda en el libro que en los años cuarenta, el cementerio de San Martín, en Madrid, que llevaba décadas abandonado, fue ocupado por gente que no tenía donde vivir y se acomodó en los nichos.

El arqueólogo describe algunos de los antiguos campos de concentración que ha excavado como “madrigueras humanas” donde los reclusos dormían hacinados en espacios donde ni siquiera se podían poner de pie y envolvían sus pies con sacos porque carecían de zapatos. En muchos de los cadáveres recuperados en esos campos se aprecian las huellas de la tuberculosis y la caquexia, una desnutrición extrema. “El abuelo paterno de mi mujer recordaba con rabia que tuvo que cambiar el reloj que le había regalado su padre por una hogaza de pan”. En la excavación en los destacamentos penales del Valle de los Caídos, hoy denominado de Cuelgamuros, fueron halladas trampas para cazar pájaros o conejos, signo del hambre que pasaban los presos que trabajaron en su construcción, así como calzado hecho con caucho de neumático. “En un contexto de máxima penuria”, explica, “despojados de todo por el Régimen, su libertad, medios económicos... los presos y sus familias se vieron obligados a crear un mundo con el desecho: inventaron desde calzado a utensilios de cocina”.

El exceso de fallecimientos por inanición o epidemias se sitúa entre 1939 y 1942, recuerda el investigador, en un mínimo de 200.000. También fuera de las prisiones había hambre y así quedó grabado en las ruinas del franquismo, entre los escombros de las chabolas de 10 por 12 metros útiles levantadas en una sola noche para albergar a abuelos, padres e hijos bajo el mismo techo de uralita. Durante los sesenta, 400.000 familias, recuerda el autor, residían en infraviviendas de autoconstrucción en las periferias de las grandes ciudades, como la que se ve en la película El 47. En la excavación de esas antiguas urbanizaciones de la miseria aparecían, junto a huesos de ratas, canicas y yo-yos. “La violencia política es más conocida, pero no tanto el sufrimiento social, esa pobreza abyecta en la que vivió tanta gente. Todas esas señoras mayores que miden 1,50 y nos parecen entrañables, miden 1,50 porque sufrieron malnutrición de niñas”.

María Mayorgas, la suegra de González Ruibal, hija del bando de los vencidos, no pudo cepillarse los dientes hasta que llegó a Madrid. El arqueólogo quiso que ella fuera la primera en leer su libro. Cuando empezó a escribirlo, sabía que su abuelo paterno se había enriquecido tras la guerra levantando puertos y aeropuertos. El materno había fallecido en 1951, a los 39 años, dejando cuatro huérfanos. “Lo que nunca se me ocurrió pensar es que mi propio abuelo pudiera haber colaborado a dejar a otros huérfanos en el mundo. Tuve que esperar 40 años para descubrirlo”.

Fue una foto la que le hizo tirar del hilo, buscar el resto de fragmentos de aquella historia enterrada en el silencio. El novio, su abuelo, posa con los padrinos de su boda: el gobernador militar de Segovia y el de León, Carlos Arias Navarro, quien sería el último tapón en la transición de la dictadura a la democracia. “Mi abuelo murió antes de que naciera mi madre, así que no había habido transmisión de la memoria familiar”, explica. Buscando en los archivos, descubrió que su abuelo materno había trabajado por voluntad propia —se lo pidió al general de la VIII Región Militar— como fiscal “en el periodo más salvaje de la violencia golpista, cuando la fiscalía solicitaba, el juez concedía y los piquetes ejecutaban penas de muerte”. “Pensé que ya nunca podría pronunciar mi apellido sin pensar en sus crímenes”, relata, pero ese pasado le dio “un sentido de responsabilidad” a la hora de revelar y documentar la barbarie. “La arqueología sobre el franquismo”, subraya en el libro, no deja de ser “un acto de rebelión contra el silencio que impuso la dictadura”. Natalia Junquera es escritora. Publicado en El País el 6 de septiembre de 2026.