lunes, 14 de septiembre de 2026

DE LAS VIÑETAS DE HUMOR DEL BLOG DE HOY LUNES, 14 DE SEPTIEMBRE DE 2026

 
































DEL ARCHIVO DEL BLOG. LENIN, LENNON Y LA REVOLUCIÓN, POR LUCÍA MÉNDEZ (EL MUNDO). PUBLICADO EL 11 DE SEPTIEMBRE DE 2017

 






Catherine Merridale, profesora británica de Historia Contemporánea y especialista en Rusia, ha hecho su aportación al centenario de la Revolución de 1917 con un libro titulado 'El tren de Lenin'. Merridale recrea con detalle el viaje del líder bolchevique desde su exilio en Suiza hasta Petrogado y relata los comienzos de la revolución, con especial atención a las intrigas diplomáticas y el espionaje de las potencias europeas en ese acontecimiento que cambió la historia del mundo. Para ponerse en situación, Merridale hizo el mismo viaje del tren de Lenin a través de Alemania, Suecia y Finlandia.Buscando las huellas revolucionarias, llegó al hotel Savoy de la ciudad sueca de Malmö donde esperaba encontrar la placa metálica conmemorativa de la noche en la que Lenin y "sus hambrientos camaradas cenaron allí después de su travesía en transbordador desde Alemania". Le preguntó a la recepcionista dónde podía encontrar la placa y ésta le respondió con perplejidad: "¿Lenin?, ¿no querrá decir John Lennon?". La escritora se sorprendió tanto más cuanto que la recepcionista era rusa. La viajera acabó encontrando la placa de Lenin, bien que eclipsada por las de otros huéspedes más famosos como Lennon. "Cogí el tren para recrear un viaje de hacía un siglo, pero he escrito este libro porque todos vivimos en un mundo distinto", dice Merridale.En este "mundo distinto", donde la fama de Lennon es muy superior a la de Lenin, algunos pueden confundirse de momento histórico. La dirigencia del independentismo catalán ha pasado a la fase revolucionaria, según escribe Lola García en La Vanguardia, después de ponerse por montera las normas y usos parlamentarios. Las élites catalanas -cosmopolitas, cultas, estetas, ricas y finas como ellas solas- han sucumbido al empuje de las revolucionarias de la CUP. Los historiadores y teóricos de las ideas políticas se enfrentan al reto de explicar los motivos y las circunstancias del viaje en el que Artur Mas y Anna Gabriel se han hecho colegas de revolución contra el Estado.Algunas de las escenas que se han filmado en Barcelona en las últimas semanas guardan parecido con las revoluciones de los libros de Historia. La CUP y los movimientos independentistas gritan: "Fuera el Borbón". Como si Felipe VI fuera Nicolás II y la Monarquía española actual un trasunto de la dinastía de los Romanov. La democracia española puede estar anquilosada y tener sus defectos -muchos-, pero presentarla como una dictadura que oprime y agrede al pueblo catalán no se compadece con el más mínimo sentido común.Quizá los líderes independentistas debieran dejar de jugar a la revolución. No pueden ganar este pulso. El Estado español parece débil, pero no lo es tanto. Lo demostró hace tres años, cuando se produjo en España un momento delicado con aromas revolucionarios. Apareció Podemos, primero a lo lejos y después más cerca, en un contexto de furia e indignación por la corrupción y los dramáticos costes sociales de la crisis. El Estado -del que el Gobierno sólo es una parte- supo ver lo que venía por el horizonte. Se dio cuenta de que el statu quo de la Transición estaba en peligro y frenó los brotes de la revolución, sacrificando a su propia cabeza, en la persona del Rey Juan Carlos. Porque, como dice la historiadora británica, la Europa de 2017 no es la Rusia de 1917. Lucía Méndez es periodista.




















DEL POEMA DE CADA DÍA. HOY, UN AMIGO, DE ALDA MERINI (1931-2009)

 







UN AMIGO



¿Qué es un amigo?

Una masa de carne

adentro con un hilo de alma

que te mira con miles de ojos

y te sientes perseguido.

No es amor solamente,

es uno que ha comprendido

que el verdadero enemigo del hombre es la vida

y la quiere estrangular,

y te mata también a ti,

por confusión de amor.



ALDA MERINI (1931-2009)

poetisa italiana





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Alda Merini (Milán, 21 de marzo de 1931-Milán, 1 de noviembre de 2009)[1] fue una escritora y poeta italiana. Su extensa producción está llena de versos que combinan a la perfección cultismos y lenguaje cotidiano. Giacinto Spagnoletti incluyó a Merini entre los poetas de su Antologia della poesia italiana 1909-1949, publicada en 1950. En 1951, por sugerencia de Eugenio Montale y de Maria Luisa Spaziani, el editor Scheiwiller publica dos poemas inéditos de Merini en el libro Poetesse del Novecento.


















DEL ASUNTO DEL DÍA. SARTRE-CAMUS, GANAR EL DEBATE DESPUÉS DE MUERTO, POR JAVIER RODRÍGUEZ MARCOS (EL PAÍS). 14 DE SEPTIEMBRE DE 2026

 





“La historia contemporánea ha creado una nueva clase de seres humanos: la de los que son confinados en campos de concentración por sus enemigos y en campos de internamiento por sus amigos”. Hannah Arendt, una de las mentes más lúcidas del siglo XX, escribió estas palabras en Estados Unidos, tras huir del nazismo en Alemania y de la deportación en Francia. Terminada la guerra, viajó regularmente al viejo continente para comprobar, por un lado, cómo muchos de sus compatriotas alemanes tomaban por meras opiniones los actos del régimen nazi. Por otro, cómo muchos filósofos franceses justificaban el horror estalinista para no dar argumentos al capitalismo, cuyos abusos se resumían en un sintagma que hizo fortuna: violencia estructural. Había estallado la Guerra Fría y un telón de acero dividía países y mentes.

Durante su gira europea de 1952 relató a su marido una visita a París con esa sinceridad reservada a las cartas: “Ayer vi a Camus; sin duda, el mejor hombre que hoy tiene Francia. Está muy por encima del resto de los intelectuales”. Y también: “En cuanto a Sartre et al, no los veré; no tendría sentido. Están completamente inmersos en sus teorías y viven en un mundo hegelianamente organizado”. Por entonces, la intelectualidad francesa -que era como decir occidental- se había polarizado en torno a sus dos figuras señeras, el novelista y el filósofo del momento, dos amigos a punto de dejar de serlo: Albert Camus y Jean-Paul Sartre. El primero era a su pesar el beato angélico de la tendencia de moda, el existencialismo. El segundo ejercía de buen grado como sumo pontífice (en versión laica: mandarín).

Semanas antes de la visita de Arendt, Camus había publicado su ensayo más famoso, El hombre rebelde, que Sartre leyó como un ataque a su fe política: los postulados del Partido Comunista, que seguía los de la URSS, es decir, de Stalin. Consciente de que su obra de teatro Las manos sucias no había gustado al aparato, prohibió su montaje en Viena para que no coincidiera con un congreso “por la paz” promovido por Moscú y al que él acudía como estrella invitada.

La paradoja es que Camus sí había sido militante del PC en la Argelia de su juventud, colonia francesa. Dos años, entre 1935 y 1937. La defensa de sus vecinos árabes, su preferencia por el sindicalismo de base y por el socialismo libertario encajaban mal en una organización vertical. Como los personajes de la última canción existencialista de Charli xcx, tanto Sartre como Camus hablaban desde un apartamento parisino: uno desde la teoría, el otro desde la vida real. Hijo de un pied noir muerto en la Primera Guerra Mundial cuando él tenía apenas un año, el futuro escritor se crio en el Argel más pobre con su madre, analfabeta, y con su abuela, una menorquina de armas tomar. Solo el empeño de su maestro hizo que no dejara la escuela para llevar un jornal a casa. Años después, su alumno le dedicaría el discurso del Nobel, culmen de una carrera cuyo primer gran hito fue El extranjero (1942).

Su talento literario y su papel en la Resistencia al frente del diario Combat fascinaron a Jean-Paul Sartre, formado en la elitista École Normale Supérieure y consagrado como autor de un ensayo capital: El ser y la nada. Con el fin de la guerra, Sartre convirtió a su amigo —y de paso a sí mismo, que había vivido la Ocupación desde la barrera— en el epítome de una nueva figura: el intelectual comprometido.

Para Sartre, el compromiso era con la causa comunista, sin fisuras, costase los sacrificios (ajenos) que costase. Todo anticomunista era “un perro”, llegará a decir. Para Camus, con la causa de la verdad y del respeto a la vida, estuvieran en el bando que estuviera. A Sartre no le gustaba, por supuesto, el Gulag, pero lo colocaba en la balanza con la pena de muerte en Estados Unidos. Además, justificaba así la violencia contra las “opresivas” democracias occidentales: el descontento debía a veces “transformarse en huelga, la huelga en reyerta y la reyerta en asesinato”. Para Camus, el fin no justifica los medios y ni una sola vida debe sacrificarse en el altar de la Historia. Ni víctimas ni verdugos: “Rusia es hoy una tierra de esclavos rodeada de torres de vigilancia. Que ese régimen concentracionario sea adorado como instrumento de liberación y como una escuela de felicidad futura es lo que combatiré hasta el fin”.

Albert Camus volcó esas ideas en El hombre rebelde, que vendió 60.000 ejemplares en cuatro meses, cifras que hoy envidiaría cualquier editor. Su éxito multiplicó el eco de la tronante ruptura que tuvo como campo de batalla las páginas de Les Temps Modernes, la revista dirigida por Sartre. A la reseña encargada a un discípulo del director ―20 páginas de ácido sulfúrico contra la “inconsistencia” filosófica de Camus, su sed de moderación y su “moral de Cruz Roja”― le siguió la irónica pero dolida réplica del aludido, condenado al ostracismo progresista por los “nuevos ricos de la Justicia”. Más tarde, la esperada contrarréplica del propio Sartre, brillante y maniquea. Por fin el mejor alumno de filosofía podía decirle al estudiante más querido de la clase que no ha entendido a Hegel.

La república de las letras dio por vencedor a Sartre. La caída de la URSS tiempo después dio la razón a Camus. “Vivir es verificar”, había escrito. No fue su caso. Murió en un accidente de tráfico en 1960. Su examigo escribió una sentida pero medida necrológica. En 1964 también Sartre ganó el Nobel, pero lo rechazó. En 1975 reclamó el dinero a la Academia Sueca para destinarlo a una iniciativa humanitaria. Javier Rodríguez Marcos es subdirector de Opinión. Fue jefe de sección de 'Babelia', suplemento cultural de EL PAÍS. Antes trabajó en 'ABC'. Licenciado en Filología, es autor de la crónica 'Un torpe en un terremoto' y premio Ojo Crítico de Poesía por el libro 'Frágil'. También comisarió para el Museo Reina Sofía la exposición 'Minimalismos: un signo de los tiempos'.



















domingo, 13 de septiembre de 2026

BONA NOX, DULCIS QUIES ET DULCIA SOMNIA. XIII SEPTEMBRIS, MMXXVI





 


Salvete iterum, amici. Bona nox, dulcia somnia omnibus hac vespera dominica, XIII Septembris, MMXXVI. Spero vos diem optimum cum familiis et amicis vestris egisse. Gratias ex imo corde ago quod blog visitastis. Libenter existimarem vos visitatione vestra fructum esse. Tamaragua, amici mei. Dea Fortuna et Parca benevola vobiscum sint. Ad cras. Amo vos. HArendt














ENTRADA NÚM. 11427

DEL MARATÓN DE VIÑETAS DE HUMOR DEL BLOG DE HOY DOMINGO, 13 DE SEPTIEMBRE DE 2026