viernes, 10 de abril de 2026

SAÚDOS NAS LINGUAS DA MIÑA TERRA. HOXE, VENRES, 10 DE ABRIL DE 2026, EN GALEGO

 








Ola, bos días de novo a todos e a todas, e feliz venres. O meu máis sincero agradecemento aos máis de 27.000 lectores que visitaron o blog esta semana pasada, a maioría deles de Singapur, Estados Unidos, Alemaña e Vietnam, e dun número considerable doutras nacionalidades. Grazas de corazón. Imos ás entradas de hoxe. A primeira, sobre o tema de hoxe, está escrita polo profesor de Ciencias Políticas Fernando Vallespín, e trata o fenómeno da corrupción como principal trazo grotesco da política en España. O arquivo do blog, na segunda sección, é do 13 de outubro de 2018, escrito pola xornalista Cristina Manzano. Nela fálase do botón "Gústame" de Facebook, algo aparentemente inocuo, pero que activa plenamente un mecanismo psicolóxico que, da maneira máis sinxela, produce satisfacción sen compromiso. Isto, á súa vez, desata toda unha dinámica de dependencia e manipulación que era impensable ata hai pouco. O poema do día, na terceira sección, continúa a serie dedicada aos horrores da guerra, esta vez coa voz e a pluma do poeta estadounidense Allen Ginsberg, cun poema arrepiante titulado "Letanía das ganancias da guerra". A cuarta sección, como sempre, presenta debuxos animados humorísticos e, para rematar, como todos os días, o sabor do café da tarde e os especiais da noite, se é que os hai —e hainos, como bruxas nesta vella terra que é España. Tamaragua, amigos meus. Ata mañá, se a sorte o permite. Sede felices, prégovos: merecédelo. Bicos. Quérovos a todos. HArendt





















ENTRADA NÚM. 10215

DEL TEMA DE CADA DÍA. HOY, LA CORRUPCIÓN, EL ESPERPENTO DE NUESTRA POLÍTICA

 








Con motivo de la publicación, en dos volúmenes, de artículos que tenía dispersos, el autor, don Francisco Murillo, se permitió hacer el siguiente comentario irónico en el texto introductorio: “La ventaja de este tipo de recopilaciones es que permiten no leer de golpe lo que antes no se había leído por separado” (cito de memoria). Recordé estas palabras viendo el otro día la nueva película de Torrente. Solo que ahora en sentido inverso: basta verla para percibir, “de golpe”, cómo determinadas prácticas políticas aisladas terminan desembocando en esta descarnada sátira de nuestra política. Como es habitual en esos casos, en ella dominan la hipérbole y el esperpento, la deformación grotesca. Y, tratándose de un personaje como Torrente, todo aparece recubierto de un pegajoso barniz de cutrería. La cuestión es si, como ocurre en el universo valleinclanesco, no estamos solo ante una caricatura cruel, sino ante la revelación, en clave de ácida comedia, de una realidad más profunda. Quizá por eso mismo, la película no me hizo la más mínima gracia.

Traigo esto a colación, porque la próxima semana comenzarán a ventilarse en sede judicial tanto el caso Kitchen, que afecta directamente al PP, como el primer juicio de la trama protagonizada por Ábalos y otros personajes asociados; y aquí el partido interpelado es el PSOE. El bipartidismo sentado en el banquillo. Como es obvio, se trata de casos de naturaleza distinta: uno, el Kitchen, remite al uso presuntamente ilegal de recursos públicos para proteger al partido frente a investigaciones judiciales, algo que habría partido del mismo Ministerio del Interior; o sea, un sector del aparato del Estado actuando frente al Estado de derecho. El otro caso responde a una modalidad de venalidad política con la que estamos más familiarizados: la instrumentalización de decisiones administrativas en beneficio propio, el aprovechamiento de la proximidad al poder para obtener ventajas económicas.

Lo que sí une a ambos casos, sin embargo, es que en uno y otro se van a enjuiciar conductas que remiten a hechos ocurridos bastante tiempo atrás. En menor medida en el que afecta a Ábalos y Cía., aunque incluso ahí, al menos en el caso de las mascarillas, se remontan al tiempo de la pandemia. El escándalo de la Kitchen saltó a la atención pública en 2018, con motivo de las pesquisas al comisario Villarejo, pero las actividades ahora investigadas hay que remitirlas a 2013. Como se ve, la lechuza de la Minerva judicial se toma su tiempo antes de emprender el vuelo. Y eso no es necesariamente negativo. Además de responder a necesidades garantistas del proceso, permite que estas prácticas no acaben cayendo en el olvido, aunque vuelvan a irrumpir como elefante en cacharrería en nuestro espacio público, reforzando precisamente esa sensación a la que aludíamos al comienzo. No en vano, como decía Javier Pradera, “el reto de escribir sobre la política democrática está en ser implacable con su realidad sin abandonar la fe en sus ideales”.

Está demostrado que la corrupción constituye una de las causas directas del aumento de la desconfianza en la política, la termita que todo lo corroe. Y a estos efectos es indiferente su gradación, ese espectro que distingue entre corrupciones blancas, grises y negras (Heidenheimer), según su mayor grado de quebranto moral. Cada caso de venalidad política contribuye al desánimo cívico, porque no solo apunta a deficiencias graves en el sistema inmunológico, esos glóbulos blancos institucionales encargados de detectar y eliminar la infección con prontitud; también porque saca a la luz la hipocresía de los actores políticos: cada caso de corrupción del bando contrario lo convierten en munición arrojadiza contra el adversario, mientras que cuando les afecta a ellos todo son intentos de justificación. Cada grupo minimiza lo propio y sobredimensiona lo ajeno.

Con todo, el mayor problema es que la polarización nos vuelva inmunes ante los casos que afecten a los nuestros, que, a pesar de su gravedad, acabemos evaluándolos como meros obstáculos en el camino frente a lo que verdaderamente importa: la constante oposición al adversario y su intento de superación permanente. Lo que debería ser excepcional corre así el riesgo de banalizarse y confundirse con el ejercicio ordinario del poder. Y de ahí al esperpento de Torrente hay una línea muy fina. La coincidencia de estos juicios con el periodo electoral en Andalucía será una buena ocasión para someter a prueba a los partidos afectados y comprobar hasta qué punto el partidismo es o no capaz de ceder ante las exigencias de la salud democrática. FERNANDO VALLESPÍN es catedrático de Ciencia Política y de la Administración en la Universidad Autónoma de Madrid. Publicado en El País del 5 de abril de 2026.
























DEL ARCHIVO DEL BLOG. HOY, ABSTINENCIA. PUBLICADO EL 13 DE OCTUBRE DE 2018

 






Seguiremos viendo cada vez más propuestas que nos ayuden a lidiar con un mundo hiperconectado, escribe en El País la periodista Cristina Manzano, directora de "Foreign Policy en español" y subdirectora general de FRIDE. El día que cobró conciencia de lo que había hecho, Justin Rosenstein decidió dejarlo todo, comienza diciendo Manzano. ¿Su pecado? Haber creado uno de los inventos más revolucionarios del siglo XXI; el botón del Me gusta de Facebook. Algo en apariencia inocuo, pero que activa al máximo un mecanismo psicológico que de la manera más sencilla produce satisfacción sin compromiso, lo que a su vez desencadena toda una dinámica de dependencia y manipulación hasta hace poco impensable.

Rosenstein es solo uno más de los frikis reconvertidos en abstemios tecnológicos. Que sea otra prueba del esnobismo de Silicon Valley o arrepentimiento genuino poco importa. Hay un movimiento cada vez mayor que alerta de los peligros de la adicción a la tecnología y su capacidad para penetrar en todos los resquicios de nuestras vidas.

En lo personal, junto a sus múltiples ventajas, la conexión permanente y las redes sociales han logrado que la atención se mute en distracción —con alteraciones incluso en la forma en que aprendemos y retenemos información— y está generando una dependencia que puede degenerar en enfermiza, literalmente. Según un reciente estudio, los españoles consultamos el móvil unas 150 veces al día; cada menos de diez minutos.

En lo público, han creado un espacio que, además de ampliar y democratizar la conversación, permite sacar a relucir lo peor del ser humano, con comportamientos inconcebibles en la vida “real”. Un espacio de verdades difusas donde la interferencia y la manipulación campan a sus anchas con sus consecuencias políticas.

En realidad, según el historiador británico Niall Ferguson en su último libro La plaza y la torre, el poder de las redes ha existido siempre, aunque no le hayamos prestado suficiente atención. Ahora cambia la rapidez y el alcance de su influencia. En una reciente visita a Madrid le preguntaron a Ferguson qué podemos hacer, como individuos, para preservar la libertad, y su respuesta fue: “Yo lo estoy dejando”. Él también. En boca de un intelectual público que ha alcanzado gran notoriedad en parte por las redes, sonaba como cuando los curas recomiendan la abstinencia para evitar los embarazos.

Pero sí es necesario aprender a gestionar esta nueva realidad. Algunos límites están llegando por las políticas públicas, como la decisión de Francia de prohibir los móviles en las escuelas, o como las leyes que reconocen el derecho de los empleados a desconectarse fuera de su horario laboral, además de los esfuerzos por combatir las noticias falsas y la injerencia.

En otros casos, la desintoxicación llegará por iniciativa particular, ya sea por hartazgo, autocontención o disciplina. Una encuesta en Estados Unidos revela que un 51%, ante la desconfianza hacia los medios, ha comenzado a contrastar la información con diversas fuentes. Un ejercicio de responsabilidad.

La política del avestruz no suele funcionar. Entre la abstinencia y la dependencia seguiremos viendo cada vez más propuestas que nos ayuden a lidiar con un mundo hiperconectado. Y ahora, como decía Sócrates, Ιωμεν: nos vamos. Sean felices, por favor, a pesar de todo. Tamaragua, amigos. HArendt




























DEL POEMA DE CADA DÍA. HOY, LETANÍAS DE LAS GANANCIAS DE LA GUERRA, DE ALLEN GINSBERG

 







LETANÍAS DE LAS GANANCIAS DE LA GUERRA




Dedicado a Ezra Pound


Estos son los hombres de las compañías que han sacado

                    dinero de esta guerra

milnovecientossesentayocho Annodomini cuatromil

                    ochenta Hebraico

Estas son las corporaciones que se han beneficiado con el comercio

                    de fósforo que abrasa la piel o de bombas fragmentadas en

                    miles de punzantes agujas

Y en esta lista los millones ganados por cada mancomunidad manufacturadora

y aquí están las ganancias numeradas, catalogadas desde hace una década puestas

                    en orden,

aquí nombrados los Padres en el gobierno de estas industrias teléfonos

                    dirigiendo las finanzas,

Nombres de directores, hacedores de destinos, y los nombres de los

                     accionistas de estos Agregados. Predestinados.

Y aquí están los nombres de sus embajadores en la capital,

                     representantes ante la legislatura, aquellos que se sientan bebiendo

                     en salones de hotel para persuadir,

y aparte, por orden, aquellos que dejan caer Anfetaminas con los

                     militares, chismorrean, discuten, y persuaden

sugiriendo políticas, nombrando lenguajes proponiendo estrategias, esto

                     hecho con dinero como embajadores ante el Pentágono, consultores

                     de los militares, pagados por su industria:

y estos son los nombres de los generales y capitanes militares,

                     que así, ahora trabajan para los fabricantes de bienes de guerra;

y encima de éstos, por orden, los nombres de los bancos combinados,

                     trusts de inversión que controlan estas industrias:

Y estos son los nombres de los periódicos propiedad de estos bancos

Y estos son los nombres de las estaciones de radio propiedad de estos

                    combinados;

y estos son los números de miles de ciudadanos

                    empleados por las citadas empresas;

y el comienzo de esta relación es 1958 y el final 1968,

                    que la estadística sea contenida en una mente ordenada,

                    coherente y definida,

y la primera forma de esta letanía comenzó el primer día de diciembre

de 1967 y lleva más allá este poema sobre estos Estados.




ALLEN GINSBERG (1926-1997)

poeta estadounidense


 


***




Irwin Allen Ginsberg (1926-1997) fue un poeta estadounidense y una de las figuras más destacadas de la generación beat en la década de 1950. Se opuso enérgicamente al militarismo, materialismo económico y la represión sexual. Es conocido principalmente por su poema épico Aullido (Howl), en el que denunció lo que consideraba fuerzas destructivas del capitalismo y de la conformidad en Estados Unidos. Budista practicante y estudió ampliamente distintas disciplinas religiosas orientales. Participó en las protestas políticas no violentas de su época, desde la guerra de Vietnam a la guerra contra las drogas. Su poema September on Jessore Road, donde llamó la atención sobre la difícil situación de los refugiados de Bangladés, es un ejemplo de lo que la crítica literaria Helen Vendler describió como la incansable persistencia de Ginsberg en la protesta contra la «política imperial, y la persecución de los sin poder». Fuente: Wikipedia.















DE LAS VIÑETAS DE HUMOR DEL BLOG DE HOY VIERNES, 10 DE ABRIL DE 2026

 






























jueves, 9 de abril de 2026

HUNGRÍA 12-A: LA ELECCIÓN QUE PUEDE CAMBIAR EUROPA. ESPECIAL NOCHE TRES DEL 9 DE ABRIL DE 2026

 






El próximo domingo 12 de abril, diez millones de húngaros decidirán bastante más que su gobierno. En circunstancias normales, unas elecciones parlamentarias en un país del tamaño de Andalucía no deberían alterar el equilibrio continental. Pero Hungría no vive circunstancias normales desde hace dieciséis años. Lo que ocurra en Budapest tendrá consecuencias directas sobre la guerra en Ucrania, la política energética europea, la relación transatlántica y la propia capacidad de la Unión Europea para actuar como actor geopolítico. No es una exageración: es aritmética institucional. En una UE que exige unanimidad para las grandes decisiones de política exterior, un solo Estado miembro tiene capacidad de bloqueo. Ninguno la ha ejercido con tanta constancia ni con tanta eficacia como la Hungría de Viktor Orbán. Un sistema diseñado para no perder. Para entender lo que está en juego hay que entender primero en qué condiciones se juega. Hungría celebra elecciones, pero no compite en igualdad. Orbán reformó el sistema electoral en 2011, apenas un año después de recuperar el poder: redujo los escaños del Parlamento casi a la mitad, eliminó la segunda vuelta en las circunscripciones uninominales e introdujo un mecanismo de compensación que premia desproporcionadamente al partido más votado. El resultado es un sistema que, sobre el papel, combina representación proporcional con mayoría simple, pero que en la práctica funciona como una máquina de amplificación del incumbente. En 2022, con el 54% del voto popular, Fidesz obtuvo dos tercios de los escaños por cuarta vez consecutiva. A eso hay que sumar un ecosistema mediático capturado: la gran mayoría de los medios húngaros están controlados directa o indirectamente por la órbita de Fidesz. El Parlamento Europeo calificó a Hungría de «régimen híbrido de autocracia electoral» en 2022. No es un adjetivo: es un diagnóstico institucional. Con todo, por primera vez en dieciséis años, Orbán se enfrenta a un desafío electoral real. Péter Magyar, que formó parte del entorno de Fidesz hasta que rompió con el partido en 2024 —tras el escándalo del indulto presidencial a un cómplice en un caso de pederastia, que provocó la dimisión de su entonces exesposa, la ministra de Justicia—, lidera el partido Tisza con una ventaja de entre 19 y 23 puntos en los sondeos independientes. La consolidación parcial de la oposición —varios partidos minoritarios han renunciado a presentarse para no fragmentar el voto— y el deterioro económico del país —contracción en 2023, crecimiento raquítico en 2024 y 2025, déficit del 5%— han creado una tormenta perfecta contra el actual primer ministro. Magyar ha centrado su campaña en tres ejes: desmontar el Estado capturado por Fidesz, combatir la corrupción sistémica y recuperar los fondos europeos congelados por Bruselas. Es un discurso pragmático, más centrado en la gestión que en la geopolítica, lo cual puede ser a la vez su fortaleza y su vulnerabilidad: habla el lenguaje de los ciudadanos hastiados, pero deja a Orbán el monopolio del relato de seguridad. Porque Orbán no compite en el terreno de los servicios públicos. Su campaña es un ejercicio de movilización por el miedo: Ucrania como amenaza existencial, la guerra como riesgo inminente si él pierde, la neutralidad como única garantía de supervivencia nacional. Es un guion ya probado —funcionó en 2022, cuando la invasión rusa coincidió con la recta final de campaña— pero que esta vez choca con una realidad económica difícil de esconder con retórica. El caballo de Troya del Kremlin. La dimensión interna de estas elecciones importa, pero la exterior importa más. Hungría no es, desde hace tiempo, solo un problema de gobernanza doméstica. Es el principal instrumento de Rusia dentro de la arquitectura institucional europea. El patrón es conocido. Orbán visitó a Putin en Moscú en noviembre de 2025, mientras el resto de Europa reforzaba sanciones. Hungría sigue importando petróleo ruso a través del oleoducto Druzhba y avanza con el proyecto nuclear Paks II, construido por Rosatom con financiación rusa. Budapest se ha convertido, además, en el principal hub de inteligencia rusa en territorio de la UE. Pero lo que ha salido a la luz en las últimas semanas supera el nivel de la colaboración implícita. El medio de investigación VSquare reveló, citando fuentes de seguridad europeas, que el Kremlin desplegó en Budapest un equipo de operadores vinculados al GRU semanas antes de las elecciones. La operación está supervisada por Serguéi Kirienko, principal arquitecto de la infraestructura de influencia política rusa en el exterior —el mismo que dirigió las operaciones de compra de votos y campañas de influencia en Moldavia durante las presidenciales de 2024—. Y el Washington Post reveló que Moscú llegó a proponer escenificar un falso intento de asesinato contra Orbán para movilizar a sus votantes —lo denominaron internamente «the Gamechanger»—. No hay constancia de que se ejecutara, pero su mera concepción revela hasta qué punto el Kremlin considera la continuidad de Orbán un activo estratégico de primer orden. La paradoja es extraordinaria. Fidesz ha construido todo su relato político sobre la soberanía nacional y la denuncia de la «interferencia de Bruselas». Al mismo tiempo, acoge operaciones de inteligencia militar rusa en su territorio y ha abierto una causa de espionaje contra el periodista que lidera las investigaciones sobre esas operaciones. El daño causado a la capacidad de acción europea no es retórico: es cuantificable. Hungría ha bloqueado paquetes de préstamos para Ucrania, vetado negociaciones de adhesión y obstaculizado sistemáticamente las sanciones contra Moscú. Y cuando finalmente aceptó el paquete de préstamos en diciembre de 2025, dio marcha atrás semanas después —una maniobra sin precedentes en la política comunitaria— porque Ucrania se negó a reparar un tramo del oleoducto Druzhba que Rusia había bombardeado. La alianza MAGA. Donald Trump no es un actor secundario en esta elección. Orbán ha sido durante años el modelo europeo del movimiento MAGA: un líder que combina nacionalismo cultural, hostilidad hacia las instituciones multilaterales y una relación transaccional con las alianzas occidentales. Budapest se convirtió en punto de peregrinación para la derecha trumpista: CPAC se celebró allí, los think tanks de Orbán financiaron viajes de congresistas estadounidenses, y la relación personal entre ambos líderes se consolidó como una de las más estrechas del panorama internacional. El vicepresidente J.D. Vance tiene previsto visitar Budapest en los días previos a la votación, señal inequívoca de apoyo en plena recta final de campaña. Pero la relación tiene también una cara menos visible: Orbán ha desempeñado un papel clave en la legitimación de narrativas del Kremlin en la derecha americana. La conexión Budapest-Moscú ha funcionado como canal de transmisión: lo que un político americano no aceptaría de labios de un ruso, lo acepta de un aliado europeo que comparte sus valores culturales. Con todo, la alianza tiene límites. Orbán buscaba una visita de Trump a Budapest, pero el presidente está centrado en la crisis con Irán. Vance es un sustituto de alto nivel, pero no es Trump. La puerta trasera China. Si Rusia utiliza Hungría como instrumento de bloqueo político, China la utiliza como plataforma de penetración industrial. Y ambas estrategias convergen en el mismo punto: la capacidad de Budapest para sabotear decisiones comunitarias que afectan a los intereses de Pekín. Los datos son elocuentes. En 2024, Hungría concentró el 31% de toda la inversión china en Europa. BYD está construyendo una megaplanta de vehículos eléctricos en Szeged. CATL invierte más de 7.000 millones en la que será la mayor planta de baterías del continente. Orbán firmó con Xi Jinping una «asociación estratégica integral para todas las estaciones» en 2024, el nivel más alto de relación bilateral que Pekín otorga. No es ceremonial: implica una alineación que tiene consecuencias directas sobre la política comunitaria. Cuando la UE votó aranceles a los vehículos eléctricos chinos, Hungría votó en contra. No por principio librecambista, sino por dependencia. La Comisión Europea está investigando si BYD recibió subsidios estatales ilegales para construir la planta de Szeged. Las primeras pesquisas apuntan a que se construyó con mano de obra china, ensamblará componentes fabricados exclusivamente en China y no transferirá tecnología avanzada fuera del país. En otras palabras: no es una inversión industrial, sino una línea de ensamblaje con bandera europea que permite a BYD esquivar aranceles sin generar valor local significativo. La Comisión planea proponer una prohibición permanente del petróleo ruso el 15 de abril —tres días después de las elecciones húngaras— precisamente para evitar que se convierta en argumento de campaña. Que Bruselas tenga que calibrar el calendario regulatorio del continente entero en función de unas elecciones en un país de diez millones de habitantes dice todo lo que hay que saber sobre el peso desproporcionado de Hungría en la toma de decisiones europea. Lo que se juega Europa. La elección húngara es, en última instancia, un test sobre la UE misma. No solo sobre si Orbán puede perder, sino sobre qué ocurre cuando un Estado miembro captura las reglas del juego comunitario y las usa como arma. Si Magyar gana, el efecto inmediato será un desbloqueo: los fondos para Ucrania, las sanciones contra Rusia, la política comercial hacia China y el proceso de adhesión ucraniano dejarán de tener un veto permanente. El efecto simbólico puede ser aún mayor: demostrar que un líder autocrático puede ser derrotado en las urnas dentro de la propia UE enviaría un mensaje poderoso en un momento en que la extrema derecha gobierna o lidera las encuestas en media docena de países europeos. Pero la victoria electoral, si se produce, no garantiza la transformación. Orbán ha tenido dieciséis años para colonizar la judicatura, la administración pública, los medios, la economía y el sistema educativo. Ha colocado personas leales en posiciones que no dependen de los ciclos electorales. Desmontar esa estructura requiere no solo ganar, sino gobernar con determinación suficiente para reformar las instituciones sin provocar una crisis constitucional. Y hay una pregunta estructural que estas elecciones plantean pero no resuelven: ¿tiene sentido que la UE siga exigiendo unanimidad para las decisiones de política exterior y seguridad? El caso húngaro demuestra que esa regla, concebida para proteger a los Estados pequeños, puede ser instrumentalizada por un gobierno que actúa como agente de potencias exteriores. No es una anomalía: es un fallo de diseño. Gane quien gane el 12 de abril, ese fallo seguirá ahí. La pregunta que importa. Las encuestas favorecen a Magyar. La movilización ciudadana es real. La consolidación de la oposición no tiene precedentes. Pero en Hungría la distancia entre ganar una elección y cambiar un régimen es enorme. Orbán no ha construido solo un gobierno: ha construido un sistema. Un sistema que controla el recuento, los medios que cubren el recuento, los tribunales que resuelven las impugnaciones y las empresas que financian a quien gana. Por otra parte, Hungría tiene una geografía electoral peculiar: Budapest concentra la oposición, pero las circunscripciones rurales —donde vive la mayoría del país y donde Fidesz domina con comodidad— son las que deciden el resultado. Es una asimetría que, por ejemplo, Polonia, con varias ciudades grandes de peso electoral equivalente, no tiene. La pregunta, en definitiva, no es si Magyar puede ganar. La pregunta es si ganar basta. Para Hungría, la respuesta depende de lo que ocurra en los meses posteriores a la victoria, si es que se produce. Para Europa, depende de algo más profundo: de si la UE es capaz de reformar sus propias reglas para que lo que ha ocurrido con Hungría no pueda repetirse. El 12 de abril no se vota solo en Hungría. Se vota, en cierta medida, el futuro de la UE. EDUARDO BAYÓN es politólogo. Publicado en InfoPolítica el 7 de abril de 2026.




















TRUMP HA PERDIDO LA CABEZA DE UNA FORMA REALMENTE SERIA Y ATERRADORA. ESPECIAL NOCHE DOS DE HOY, JUEVES, 9 DE ABRIL DE 2026

 







Amigos: Su última amenaza es una locura. Trump declaró hoy a los periodistas que, a menos que Irán reabra el estrecho de Ormuz, "todos los puentes de Irán quedarán destruidos" y "todas las centrales eléctricas de Irán quedarán fuera de servicio, ardiendo, explotando y sin volver a utilizarse jamás", y añadió que "todo el país puede ser arrasado en una sola noche, y esa noche podría ser mañana mismo".

¿Qué hay del derecho internacional, que tipifica como crimen de guerra la destrucción de infraestructura civil? ¿Qué hay de las reiteradas afirmaciones de Trump de que Estados Unidos ya ha "eliminado" el peligro que representa Irán?

Lo más absurdo de todo esto es que Trump ahora centra el objetivo final de su guerra en la disposición de Irán a abrir el estrecho. Pero el estrecho ya estaba abierto antes de que Trump atacara a Irán el 28 de febrero. Irán lo bloqueó en represalia por ese ataque.

Irán declaró hoy que solo reabrirá el estrecho si recibe garantías de que no volverá a ser atacado, si Israel pone fin a sus ataques contra Hezbolá en el Líbano y si Estados Unidos levanta todas las sanciones económicas contra Irán. Todo indica que Irán cree tener ahora mayor poder de negociación que antes de que Trump iniciara su guerra.

Trump también hizo una sorprendente confesión hoy. "Si por mí fuera", dijo, "me quedaría con el petróleo, me lo quedaría, me daría mucho dinero". Pero no lo hará, dijo, porque "desafortunadamente, al pueblo estadounidense le gustaría que volviéramos a casa".

¿Hola? ¿Trump ya está culpando al público estadounidense por su fracaso en lograr sus objetivos en Irán?

El problema no es que el público estadounidense quiera que esta guerra termine. Claro que sí, pero la mayor parte del público estuvo en contra de la guerra desde el principio.

El problema fundamental es que tenemos un comandante en jefe que llevó a la nación a esta guerra imposible de ganar por razones que nunca articuló, sin una estrategia sobre cómo responder si Irán hacía lo esperado y cerraba el estrecho en represalia, y sin una estrategia de salida si Irán no se rinde.

¿Qué pasaría si Irán se negara a reabrir el estrecho antes de la fecha límite que Trump ha fijado para mañana? ¿Acaso ha reflexionado sobre las consecuencias de cumplir su amenaza, que probablemente implicaría la muerte de miles de civiles iraníes? ¿Y qué ocurriría entonces ? ¿Ha considerado qué pasaría si no cumple su amenaza y pierde aún más credibilidad?

El problema subyacente es que tenemos un presidente que ya no piensa con claridad. Como publicó el senador Chris Murphy, Trump “está completamente desquiciado. Ya ha matado a miles de personas. Va a matar a miles más”.

¿Cómo abordamos este problema subyacente ? Murphy sugiere la 25ª Enmienda, cuya sección cuatro autoriza al vicepresidente y a la mayoría del Gabinete, o al vicepresidente y a la mayoría de otro organismo creado por el Congreso, a declarar a un presidente "incapaz de ejercer las facultades y deberes de su cargo". De hacerlo, el vicepresidente asumiría la presidencia interina.

No sucederá pronto, pero si Trump continúa deteriorándose —exponiendo a los estadounidenses a precios cada vez más altos y peligros cada vez mayores— los republicanos no tendrán otra alternativa. Ni Estados Unidos. ROBERT REICH es profesor de universidad. Publicado en Substack el 7 de abril de 2026.
















¿A QUIÉN DESPEDIRÁ TRUMP PRÓXIMAMENTE? ESPECIA NOCHE UNO DE HOY JUEVES, 9 DE ABRIL DE 2026

 







Amigos: Pam Bondi ha sido expulsada del Departamento de Justicia y Kristi Noem ha dejado el Departamento de Seguridad Nacional. ¿Quién será la siguiente?

No es raro que un presidente renueve su gabinete antes de elecciones cruciales, y Trump, en particular, necesita dar la impresión de que está renovando las cosas. Su índice de aprobación está por los suelos, no encuentra una estrategia para poner fin a su impopular guerra, el precio de la gasolina se dispara y otros precios suben. Para colmo, se acercan las elecciones de mitad de mandato y los republicanos cuentan ahora con una mínima mayoría tanto en la Cámara de Representantes como en el Senado.

“Está muy enfadado y va a hacer cambios de personal”, declaró a Politico un funcionario familiarizado con los posibles relevos . Es de suponer que Trump también sabe que la confirmación de los nuevos nombramientos del gabinete podría ser difícil el año que viene, sobre todo si los demócratas ganan más escaños en las elecciones de mitad de mandato.

He trabajado en suficientes Casas Blancas como para reconocer las señales. He aquí una: el portavoz de la Casa Blanca, Davis Ingle, declaró el viernes que Trump tiene "el gabinete y el equipo más talentosos de la historia de Estados Unidos". Esto indica que Trump busca deshacerse de algunos de ellos, y pronto. ¿Pero de quiénes? ROBERT REICH es profesor de la Universidad de California en Berkeley. Publicado en Substack el 6 de abril de 2026.