viernes, 1 de mayo de 2026

SALUTACIONS A LES LLENGÜES DE LA MEVA PÀTRIA. AVUI DIVENDRES, 1 DE MAIG DE 2026, EN CATALÀ

 






Hola, bon dia de nou a tots i feliç divendres, Dia Internacional dels treballadors. Quants treballadors hi ha a Espanya, segons l'Institut Nacional d'Estadística, 22.293.000. I a la Unió Europea?: 208.700.000. I al món?: 3.696.000.000. Felicitats a tots ells al seu dia! Perdó, i quantes persones en edat de treballar hi ha al món?: 5.660.000.000. Traduït: el 66% de totes les persones en edat de treballar és a l'atur. De vergonya… Anem amb les entrades del bloc d'avui La primera, a De l'assumpte del dia, de la filòloga Irene Vallejo, en què diu que totes les persones venim de la migració i del mestissatge. La segona, un De l'arxiu del bloc d'abril del 2014, escrita per HArendt, on ens recorda el que alguns mesos de maig d'anys passats van significar per a ell. La tercera, amb El poema de dia, del poeta britànic John Pudney, ens parla de Les tombes de l'Alamein. La quarta, com sempre, són les vinyetes d'humor de cada dia. A la cinquena, amb El cafè de sobretaula, la politòloga Estefania Molina ens parla del 15-M que tocarà a Feijóo i al PP. La sisena, amb el primer d'Al caer de la tarde, és del professor Robert Reich i ens hi parla del desvergonyit posicionament de la Cort Suprema nord-americana a favor de Trump i els republicans. La setena, amb el segon d'Al caer de…, és de Garry Kaspàrov i Uriel Epshtein, conjuntament, i va que ningú lluita sol. I el vuitè i últim Al capvespre el torna a firmar Robert Reich, que ens demana que no el considerem un vell rondinaire… No seré jo qui ho faci, estimat mestre. Espero que les gaudeixin. Tamaragua, amics meus. Ens veiem demà si la deessa Fortuna ho permet. Sigueu feliços, us ho prego: us ho mereixen. Petons. Els vull. HArendt






















DEL ASUNTO DEL DÍA. TODOS VENIMOS DE LA MIGRACIÓN Y DEL MESTIZAJE, POR IRENE VALLEJO. 1 DE MAYO DE 2026

 






Irene Vallejo (Zaragoza, 1979) es doctora en Filología Clásica, Premio de las Letras Aragonesas en 2023 y Premio Nacional de Ensayo en 2020. Su libro ‘El infinito en un junco’ (Siruela) ha vendido más de un millón de ejemplares y ha sido traducido a más de treinta idiomas. En esta entrevista, la autora habla sobre la democratización de la lectura, el acoso escolar, los cuidados y la migración como base de la historia.

Antes de El infinito en un junco, ¿para usted qué era el éxito? ¿Y qué es después del gran recibimiento que ha tenido con ese libro? Para mí el éxito absoluto y lo máximo a lo que podía aspirar era vivir de la literatura, aun sabiendo que sería una vida precaria, con dificultades, con meses mejores y peores. Soñaba con una vida así y con las cosas que rodean a la literatura: escribir críticas, colaborar con revistas culturales, dar conferencias y talleres para personas mayores. Ese era mi concepto del éxito. Lo que ha pasado con El infinito en un junco no me lo podía imaginar ni remotamente ni entraba en mis planes. Después de este libro sigo pensando que el éxito es poder vivir de la literatura, es decir, no tener otro trabajo que te ocupe la mayor parte del tiempo y te asfixie y te quite las energías para escribir. Después de las sucesivas crisis económicas, lo que ha desaparecido es la clase media de la escritura. Están los grandes bestsellers y los que para subsistir tienen que tener tres trabajos o incluso más si te descuidas.

¿En qué ha cambiado su vida este éxito? Mi sensación es la de aprovecharlo bien y estar a la altura de esa oportunidad que me han brindado los lectores. No solo en el sentido de escribir, sino el altavoz que me da el fenómeno de El infinito en un junco para ayudar a editoriales independientes y para promover en mis redes un interés por otras literaturas. Me interesa mucho que llegue más literatura latinoamericana a España, porque creo que no nos estamos leyendo lo suficiente: tiene más presencia lo anglosajón, por todo el prestigio que tiene. Me interesan mucho las literaturas del sur: Portugal, Italia, Grecia, España y Latinoamérica. Somos un sur concebido como periferia, como secundario. Por eso, cuando viajo a los países pregunto qué se está haciendo, qué se está publicando, quiénes son los autores por descubrir.

A pesar de todo lo que rodeó a la escritura de El infinito en un junco, es un texto luminoso y esperanzador. Quizá otro escritor hubiera seguido una ruta oscura, pesimista, pero usted eligió la luz y la esperanza. ¿Por qué? Porque no me podía permitir la oscuridad. En ese momento tenía una obsesión en mi cabeza: «No puedo tener una depresión posparto». Si tenía una y me tenían que cuidar a mí también, la familia se desmoronaba. Tenía tanta necesidad de estar en contacto con ideas esperanzadoras que lo construí de esa manera. No podía escribir en otro tono ni mucho menos acercarme como autora a lo que estaba viviendo con mi hijo en ese momento. Lo que necesitaba era colocar la mente en otro lugar y escapar a esa obsesión. Pensé: «Si va a ser el último libro que escribo, quiero que sea un homenaje a lo que ha significado la literatura para mí y cómo me ha ayudado en las diferentes etapas de mi vida». Así que me embarqué en estas historias, en estos viajes, en estas aventuras. Por eso mismo es un libro con tantos escenarios, porque yo no me podía permitir viajar. Mi vida era de la casa al hospital y viceversa.

Usted habla mucho del cuidado, lo que me lleva a pensar en el ensayo Frágiles, de Remedios Zafra: el mundo cultural parece olvidarse del cuidado y quienes lo ejercemos somos personas precarizadas, frágiles y sintientes. ¿Cómo es escribir desde el cuidar del otro y de sí mismo? Para mí este es un tema muy importante, de hecho ahora estoy investigando en esa dirección. Creo que las sociedades contemporáneas dejan muy solas a las personas en la labor de cuidarse y de cuidar a otros. Cuando cuidas a alguien (un padre, un hijo, un hermano, un ser querido enfermo), lo haces a costa de tu trabajo, de tu situación económica. Con una penalización enorme. No estamos atendiendo a eso y no estamos pensando que el cuidado es también una dimensión colectiva, porque construye comunidades. Desde la cultura es importante que hablemos de este tema y que le demos un cauce artístico, también para colocarlo en el centro del debate y de las conversaciones.

El infinito en un junco es una genealogía de afectos lectores que va milenios atrás. Afectos que la ayudaron a enfrentar situaciones como el acoso escolar… Sí, para poder enfrentar la etapa del acoso escolar me refugié en los libros. Muchos autores eran mi pandilla en el instituto. Yo sentía que mis compañeros de clase no me entendían, no me aceptaban y no les gustaba como yo era, pero que las personas que habían escrito los libros que yo amaba sí lo hacían. Es imposible explicar hasta qué punto esa idea me ayudó y me salvó de intentar cambiar mi personalidad para ser quien no era con tal de encajar. Se puede leer en soledad, sí, pero creo firmemente que esos relatos que compartimos los unos con los otros construyen y cimentan las sociedades. Leer no es algo que nos afecte individualmente. Los libros son una base sobre la que construir algo comunitario.

En sus libros hay un interés por nombres pequeños, olvidados, que quizá históricamente han quedado relegados… Quizá en El silbido del arquero es todo lo contrario, aunque sin perder esa idea que dice: tomar a Eneas, que siempre nos lo han contado como el gran guerrero, el fundador de Roma, para verlo como el migrante y el hombre que lo ha perdido todo. Una persona que, cuando su ciudad cae (Troya), en vez de inmolarse en nombre de la gloria decide huir con su padre y con su hijo. Este es un homenaje desde un mito fundacional al migrante y a la figura del hombre cuidador. Muchas veces los textos son secuestrados por la grandilocuencia y el heroísmo. Es como lo que pasa con los Evangelios: cómo los pueden leer y esgrimir tantas personas sin darse cuenta de lo que realmente están leyendo. Son textos que una vez que se han puesto en lo más alto del canon literario, parecieran no tener nada más revolucionario que decirnos. A mí me interesa mucho esa parte: cómo nuestros mitos a veces son más rebeldes y audaces de lo que nosotros podemos llegar a ser. A veces pienso que los «antiguos» somos nosotros y que los modernos fueron quienes nos precedieron siglos atrás…Por eso a mí en El silbido del arquero me interesaba esa historia del hombre migrante que lo ha perdido todo. Esta novela la escribí cuando empezó la guerra de Siria, cuando el Mediterráneo estaba lleno de migrantes huyendo o naufragando en esas aguas. En las mismas en que naufragó Eneas. Y era en el presente cuando en Europa se cerraban las fronteras y cundía el miedo al recién llegado o al refugiado. Yo solo podía pensar «cómo es posible si esta es nuestra historia, si es que Eneas, el primer europeo en términos simbólicos, fue eso: un turco que venía a Europa». Cómo es posible que consideren la Eneida un clásico de la literatura, que lo lean por ese motivo, pero no sean capaces de captar su verdadero mensaje: todos somos migrantes.

Sus libros parecen hablar de los clásicos, de la lectura, de los griegos, de los romanos; sin embargo, creo que detrás de todo esto hay un tema más importante: el poder y las formas en que se ha ejercido a lo largo de los siglos. ¿Qué le interesa del poder como tema? Desde niña me han interesado mucho los relatos épicos, pero jamás he sentido simpatía por esa idea de que la épica es únicamente la historia de la conquista, de la guerra, del control, de la apropiación y de la victoria. Para mí, El infinito en un junco es un relato de una épica alternativa: la democratización del acceso a los libros. Eso es algo muy vital, porque yo vengo de una genealogía en la que mis dos abuelas no pudieron estudiar por ser mujeres y pobres. Ellas siempre me apoyaron y me sostuvieron y sintieron la importancia de que yo pudiera estudiar. Es un ejemplo que tengo así de cerca, solo dos generaciones atrás. Hay toda una estructura de poder que condiciona tus condiciones vitales.

¿Qué es para usted el canon literario? Cuando lo estudiaba en la universidad y lo analizaba, lo que buscaba era la confluencia entre el poder y la literatura, porque el canon es evidentemente una forma de poder. Históricamente, el rol de la mujer ha sido el de ser inspiración, mas no creadora. Ella es la que inspira al genio, nada más. Por eso, en El infinito en un junco yo le doy mucha importancia a que el primer texto firmado del que se tiene registro es de una mujer: Enheduanna, una poeta y sacerdotisa, dejó constancia de su nombre 1.500 años antes que Homero. El nombre de ella está fuera de los libros de texto. Nunca nuestras historias literarias empiezan por Enheduanna, sino por Homero, que no es nadie, que es un misterio, una incógnita, un fantasma: no sabemos si fue una persona o si fue muchas. No tenemos la más remota idea de si existió alguien llamado Homero y aun así le hemos hecho el inicio de la literatura, pero sí sabemos que existió mucho antes que él alguien llamado Enheduanna, a quien hemos querido ofrendar el olvido.

Sea que usted escriba ficción o no ficción, hay otro tema muy presente: las fronteras y cómo todos estamos hechos de ellas. ¿Por qué le interesa tanto este tema en una época en que se construyen muros? La frontera me interesa porque creo que es un tema muy literario, es una convención absoluta. No existe nada en la naturaleza que configure las fronteras. De hecho, los animales las atraviesan constantemente. Sin embargo, por esa arbitrariedad se han construido toda una serie de ideologías y de miradas sobre el mundo. Esto habla de la fuerza que pueden tener los símbolos y del patente olvido de que toda la humanidad es migrante. Para mí la migración es uno de los grandes temas del mundo contemporáneo y me asombra que no reconozcamos que todos venimos de la migración y del mestizaje y de muchas historias y violencias.

Por ejemplo, la misma España es profundamente mestiza. ¿Qué sería del idioma español si nunca hubiera existido al-Ándalus? ¿Qué sería de la tortilla de patatas sin la importación de la papa andina? Exactamente. Solo hay que pensar en nuestra gastronomía, en la que las cosas más típicas parecen ser el gazpacho, que no podría existir sin el tomate; la tortilla de patatas, que su mismo nombre lo dice todo; las naranjas, que su origen es asiático. Todo lo que como españoles consideramos nuestro ha venido de afuera. Ese es el caso de las palabras, que han sido desde siempre viajeras. En nuestro seguimos diciendo «ojalá», lo cual es nombrar a Alá. Pero preferimos ignorar esta realidad para construir un discurso de sospecha. Los españoles hemos olvidado que somos mestizos.Esta entrevista forma parte de un acuerdo de colaboración entre el periódico ‘El Tiempo’ y la revista ‘Ethic’. IRENE VALLEJO es filóloga. Publicado en Ethic el 9 de diciembre de 2024.



























DEL ARCHIVO DEL BLOG. OTRO MAYO MÁS..., POR HARENDT. PUBLICADO EL 29 DE ABRIL DE 2014

 






Escribo desde la euforia contenida y respetuosa, como no podía ser menos, de esos inolvidables 0-4 del Real Madrid al Bayern en Munich y del 1-3 del Atlético de Madrid al Chelsea en Londres, que lleva a dos equipos españoles, de una misma ciudad, a una final inédita en la historia de la "Champions". No es el fútbol un deporte que me apasione especialmente -en realidad no me apasiona ninguno y me gustan unos pocos, muy pocos- pero acontecimientos como este no se ven a menudo y conviene disfrutar los escasos momentos de alegría que la actual vida de zozobra continuada nos ofrece. 

Entre esos escasos momentos felices, en mi caso al menos, están los que me proporciona la lectura. Acabo de leer un estimulante librito de Fernando Savater, Figuraciones mías, que espero comentar próximamente; otro de Catherine Pozzi, Agnès (Periférica, Cáceres, 2013), que fue un texto de culto en la Francia del primer tercio del pasado siglo, y ahora mismo estoy enfrascado con el Karl Marx y la tradición del pensamiento político occidental seguido de Reflexiones sobre la revolución húngara (Encuentro, Madrid, 2007), de mi siempre admirada Hannah Arendt.  

No comienza mal el mes de mayo, un mes especial, sin duda. Lleno de recuerdos entrañables y reminiscencias infantiles. La de mi concepción, de la que no guardo recuerdo alguno por razones obvias; y la de los escolares meses del "Venid y vamos todos con flores a porfía, con flores a María, que madre nuestra es"... Y el de las Primeras Comuniones, la propia y las de los hijos. Pero la edad de la inocencia pasa inexorablemente con los años, y como el honor en la Guardia Civil, una vez perdida, resulta imposible de recuperar.

Justamente en mayo de hace unos años comentaba en el blog que a mí el pasado no me producía melancolía o nostalgia. Que no era de los que dicen que "todo tiempo pasado fue mejor", pero, eso sí, que las conmemoraciones me ponían sentimental, quizá en exceso; quizá por culpa de llevar desde mi juventud una ordenada agenda en la que anoto cumpleaños, onomásticas, aniversarios y acontecimientos familiares y de amigos de especial significado para mí.  

Mayo fue también, aquel mes de 1808 en el que el pueblo de Móstoles (Madrid), una localidad que no llegaba a los cien vecinos, escuchó el famoso bando de sus alcaldes llamando a la rebelión del pueblo español frente a la ocupación francesa. El aristócrata que lo redactó y los alcaldes que lo suscribieron, Juan Pérez Villamil, Andrés Torrejón y Simón Hernández, no creo que fueran conscientes de la trascendencia que ese bando tuvo en la historia posterior de la Guerra de Independencia. Reelaborada o no esa historia con posterioridad, su llamamiento a la insurrección prendió una mecha que dio paso a un sentimiento nacional que no existía hasta ese momento, y que cuatro años más tarde daría lugar al nacimiento de la Nación española y a la primera Constitución liberal de Europa, esa misma de la que escribía hace unos días en el blog. Hoy me ha dado por pensar en los sucesos que ocurrieron en Madrid en mayo de 1808 y no tengo muy claro, de haberme encontrado en ese momento y en ese lugar, que hubiera hecho yo. ¿Me hubiera puesto del lado de las gentes de orden, afrancesados en su mayor parte, horrorizados por el tumulto del populacho? ¿De parte de esos madrileños cabreados por la chulería de los gabachos y el secuestro de lo que quedaba de la Familia Real y su traslado a Francia? ¿O como hicieron la mayoría de los madrileños me hubiera quedado en casa, asustado, y viéndolas venir?...

Unos años más tarde, en 1968, también en mayo, y con la madurez recién estrenada, me acometió el fervor revolucionario. Era, a mis 22 años, completamente feliz. El año anterior había terminado mi primera titulación universitaria; tenía un buen trabajo; me había traslado a vivir desde Madrid, la que había sido mi ciudad durante diecisiete años, a Gran Canaria; me había casado con una compañera de trabajo que sigue siendo la mujer y compañera de mi vida y estaba a punto de nacer mi primera hija; y a cubierto de todo temor asistía emocionado a las revueltas estudiantiles de Berkely, en California, y en muchas otras universidades europeas que culminaron con la asonada casi revolucionaria de los estudiantes franceses de París que a punto estuvieron de acabar con la V República. No estuve allí físicamente pero sí, o casi, en espíritu. Al menos en espíritu, sí... 

De todo lo que se contó, se supo, se fabuló sobre Mayo del 68, me quedo con dos anécdotas: La primera, la película "Soñadores" (2003), de Bernardo Bertolucci, con una sensacional y espléndida Eva Green de la que los franceses -siempre tan suyos- dicen (o decían) que tenía los senos más hermosos del cine mundial; la segunda, el lema oficioso de la revuelta estudiantil, promulgado en la Universidad de la Sorbona por un genial publicista anónimo provisto de un aerosol: "Sous les pavés, la plage" (Debajo de los adoquines está la playa)... La playa no apareció, pero los adoquines sirvieron para levantar una barricada infranqueable para los antidisturbios. Y cuando todo terminó, nunca más fueron repuestos... Por si acaso... ¿Qué queda en nosotros, casi setentones ya, de aquel espíritu de Mayo del 68? Me temo que nada, o más bien poco... Pero aun visto desde lejos, fue precioso y emocionante. Pues nada, bienvenido sea este nuevo mes de mayo. Y ahora, sean felices, por favor. Y como decía Sócrates, "Ιωμεν": nos vamos. Tamaragua, amigos. HArendt
















DEL POEMA DE CADA DÍA. TUMBAS: EL ALAMEIN, POR JOHN PUDNEY

 






TUMBAS: EL ALAMEIN




Vivir y dejar vivir

No importa como todo termine

Estos perdidos bajo el cielo,

yacen como amigos.


Perdonan los odios

No importa cuánto odiaran;

Por la vida separados

Y por la muerte unidos.




JOHN PUDNEY (1909-1977

poeta británico





***



GRAVEZ: EL ALAMEIN



Live and let live. 

No matter how it ended, 

These dwell together now, 

Their argument amended.


Give and forgive. 

No matter how they tallied, 

The sun and starry night 

Have over them prevailed.




JOHN PUDNEY (1909-1977)



***



El escritor británico John Pudney (1909-1977) se destacó por los poemas que produjo durante la Segunda Guerra Mundial. En 1940 ingresó en la Real Fuerza Aérea y publicó varias obras en las que analizaba los efectos nocivos del enfrentamiento, promoviendo un mensaje de paz. Luego de la batalla de El Alamein, escribió este poema en el que se refiere a la muerte. Así, toma la idea tradicional de que gracias a ella todos los hombres se igualan. No importa de qué nacionalidad eran o a qué bando pertenecían, una vez que perecen, ya no hay nada que los separe.




















DE LAS VIÑETAS DE HUMOR DEL BLOG DE HOY VIERNES, 1 DE MAYO DE 2026

 
































jueves, 30 de abril de 2026

DE LA TARDE QUE CAE… ESPECIAL TRES. EL TIROTEO EN LA CENA DE CORRESPONSALES REFUERZA EL ATRACTIVO DE TRUMP. 30 DE ABRIL DE 2026

 






Si luchas por preservar la democracia liberal, lo último que debes hacer es darles más combustible a los pirómanos. Los estadounidenses que prefieren las armas a las pancartas, que prefieren apretar el gatillo antes que votar, aceleran el declive de las instituciones democráticas. Le dan la victoria a quienes afirman que el sistema está fundamentalmente roto (no solo defectuoso) y necesita ser reemplazado. Esto fue cierto después del 6 de enero. Fue cierto después de los asesinatos de la legisladora estatal demócrata de Minnesota, Melissa Hortman, y su esposo. Fue cierto después del asesinato de Charlie Kirk .

Esto sigue siendo cierto tras el tiroteo del pasado sábado en la cena de corresponsales de la Casa Blanca, cuando un atacante irrumpió en el hotel Washington Hilton con la intención de matar al presidente Trump y a altos funcionarios de su gabinete. Los aspirantes a déspotas se nutren del martirio y la violencia. Cada ataque se interpreta como prueba de la supuesta degeneración e ilegalidad del "otro bando". “Si están dispuestos a morir para asesinar”, advirtió Elon Musk el fin de semana en X, invocando el ominoso y amorfo pronombre “ellos” , “imaginen lo que harán si obtienen poder político”.

La democracia liberal siempre es vulnerable a los demagogos que invocan el orden. La mayoría de la gente no percibe las amenazas a sus derechos constitucionales hasta que es demasiado tarde. Pero sí pueden percibir el orden y el desorden, o la idea de que existen. Las palabras «asesinato», «terrorismo» y «disturbios» son mucho más evocadoras que el término «libertad».

Vladimir Putin llegó al poder en Rusia al final de una década verdaderamente caótica y sangrienta. Todos los abusos que cometió fueron justificados como una solución a la anarquía del país. En definitiva, lo que la gente anhela es seguridad y previsibilidad en su vida cotidiana, no la elevada noción académica de democracia. La democracia es, sencillamente, el mejor medio para lograrlo. Como demócratas de corazón, no podemos permitirnos perder esta batalla ante quienes afirman, con hipocresía, que la seguridad solo se consigue renunciando a nuestros derechos.

Podrías protestar: Donald Trump aviva mucha ira e ilegalidad . Y así es. Los datos ciertamente no eximen al presidente ni a su bando; un estudio de 2025 del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales, un destacado centro de investigación no partidista, reveló que en las últimas décadas, la mayor parte de la violencia política en Estados Unidos provino de la derecha . Los defensores del presidente exponen un punto ciego obvio, quizás deliberado, cuando pretenden que las balas solo vuelan en una dirección .

Sin embargo, a la hora de moldear la opinión pública, las anécdotas sensacionalistas tienen mucho más impacto que las estadísticas. Unos pocos atentados contra la vida del presidente tendrán mucha más repercusión que decenas de ataques contra figuras menos conocidas.

Y ningún estadounidense —sea cual sea su ideología política— puede encontrar consuelo en estos datos. Sí, el estudio del CSIS demostró que la derecha ha superado a la izquierda en violencia política, ¡pero! También reveló que la violencia política de izquierda aumenta más rápidamente que los ataques de la derecha. A medida que crece la frustración, aumenta la tolerancia hacia la justicia por mano propia en ambos bandos (Luigi Mangione, el asesino del director ejecutivo, sigue siendo un héroe popular con millones de admiradores).

Muchos de los que no justifican la violencia simplemente la niegan; la suposición (a falta de pruebas) en muchos sectores hiperpartidistas de Internet es que la administración Trump orquestó el ataque del sábado .

Esto representa un fracaso tanto moral como estratégico. Abundan los ejemplos de democracias en crisis que se han salvado del colapso mediante elecciones o desobediencia civil pacífica. Los húngaros han proporcionado el modelo más reciente a seguir; a pesar de la desigualdad de condiciones, lograron una victoria pacífica contra Viktor Orbán, quien llevaba 16 años en el poder. Las elecciones estuvieron plagadas de obstáculos institucionales y trampas tendidas por Orbán, pero una victoria obtenida mediante el voto es un resultado mucho mejor que una victoria mediante una guerra civil.

Debatir sobre la violencia política en Estados Unidos podría parecer un lujo elitista dada la naturaleza de la amenaza que enfrentamos. Sin embargo, esta conversación es urgente precisamente porque la libertad está bajo una presión tan grave: la democracia no morirá realmente hasta que renunciemos a ella como medio para lograr nuestros objetivos y resolver nuestras diferencias. URIEL EPSHTEIN es director ejecutivo de Renew Democracy Initiative. Publicado en Substack el 29 de abril de 2026.















DE LA TARDE QUE CAE… ESPECIAL DOS. INCLUSO LA IA REVOLUCIONARIA ESTÁ PROTEGIDA POR LA PRIMERA ENMIENDA, POR CORBIN K. BARTHOLD. 30 DE ABRIL DE 2026

 






En una conversación normal sobre si los resultados de la IA están protegidos por la Primera Enmienda, no habría mucho que discutir. Al fin y al cabo, estamos hablando de modelos de lenguaje complejos (MLC) . Palabras. Ideas. La Corte Suprema ha reafirmado en repetidas ocasiones su derecho a recibir información, de prácticamente cualquier fuente.

También ha sostenido reiteradamente que los editores —compiladores de información— tienen derecho a controlar sus composiciones expresivas. La Primera Enmienda abarca tanto la aparición como la desaparición de chatbots. Establece que el gobierno no puede dictar cómo las empresas de IA entrenan y diseñan los sistemas de gestión de talento (LLM), ni alterar los resultados que se esperan de ellos. Caso cerrado.

Sin embargo, estos no son tiempos normales. ¿Sientes la presencia de la IA general? Quienes creían en la inercia estaban completamente equivocados. Los chatbots se han vuelto realmente buenos y siguen mejorando. Los laboratorios de vanguardia actualizan sus modelos a un ritmo vertiginoso. Ahora hablan abiertamente de la auto-mejora recursiva: los modelos diseñan a sus propios sucesores. Crecen las voces que piden que se detenga, se prohíba, se nacionalice la IA, tal vez incluso que la bendiga un sacerdote. El futuro ha llegado, y es extraño.

Afortunadamente, Estados Unidos fue creado para esto. Somos peculiares. «En Estados Unidos», escribió James Madison, «el pueblo, no el gobierno, posee la soberanía absoluta». Por lo tanto, concluyó, «el poder de censura reside en el pueblo sobre el gobierno, y no en el gobierno sobre el pueblo».

En este país, no nos doblegamos ante una aristocracia. No obedecemos a una iglesia establecida. Nos gobernamos a nosotros mismos, lo que significa, fundamentalmente, que pensamos por nosotros mismos. Ningún supervisor nos dice qué podemos leer ni en quién podemos confiar. Nadie decide qué ideas son demasiado peligrosas para considerarlas. Quizás recuerden que libramos una revolución por esto. Somos rebeldes, incluso alborotadores. Somos antitutelares. No nos dejan dominar. No nos digan qué pensar.

En un país como este, la llegada de la IA no es una crisis; es un día cualquiera. Una máquina que habla con casi cualquier voz, discute casi cualquier tema y ofrece casi cualquier opinión es lo más estadounidense que existe. Se debería permitir que los másteres en Derecho prosperen, libres de la censura gubernamental, para no convertirnos en traidores a nuestra historia y nuestra cultura. Ni se te ocurra afirmar que los Padres Fundadores estarían en desacuerdo. A esos hombres tan díscolos les encantaba la disidencia política. ¿Quién, habrían exclamado, les diría que no pueden usar un máster en Derecho para redactar panfletos rebeldes o explorar ideas prohibidas?

De acuerdo, los temores no son infundados. En palabras del periodista Stephen Witt, «un cerebro mecánico con cien billones de sinapsis que se activan a cinco mil millones de ciclos por segundo no tiene precedentes en la historia, la religión ni la filosofía». Es difícil rebatir eso. Tampoco ayudan los líderes del sector con sus divagaciones públicas sobre cómo la IA destruirá los empleos de nivel básico y, sí, tal vez incluso acabe con la vida de todos. Quizás esto justifique nuevos impuestos, leyes antimonopolio más estrictas o nuevas intervenciones en el mercado laboral. Pero cuando se trata de la IA como medio de expresión, debemos mantenernos fieles a nuestros principios.

Hay tres posibilidades. La primera es que los agoreros tengan razón: la IA se vuelve superinteligente y nos convierte a todos en clips. Pero la idea de que el "dios en una caja" se vuelva repentinamente contra nosotros genera una especulación tras otra. Construir la doctrina de la Primera Enmienda sobre la hipótesis del desastre sería como privar a todos los principales periódicos de protección constitucional bajo la teoría de que un villano de James Bond podría apoderarse de todos ellos en un intento por dominar el mundo. ¡Podría suceder!

Algunas personas responden a cualquier amenaza imaginable clamando por un gobierno más poderoso. Uno empieza a pensar que el sueño de un gobierno todopoderoso es lo que realmente impulsa todo esto. Esta no es la manera de abordar el derecho constitucional. En cualquier caso, si una IA realmente malévola aparece de repente, tendremos problemas mayores que las disputas sobre la Primera Enmienda, y solo agravaríamos esos problemas al convertir al gobierno en un instrumento de presión aún mayor para HAL 9000.

La segunda posibilidad es que la IA resulte ser una tecnología común, aunque muy capaz. Es inteligente y útil, pero no está destinada a convertirse en superinteligente a corto plazo. Permite que las personas estén mejor informadas y se expresen con mayor claridad, pero no es tan persuasiva como para lavarles el cerebro y obligarlas a pensar de cierta manera. (Alternativamente, es extraordinariamente buena argumentando y retóricamente, pero usted cree que las opiniones de las personas son más profundas que eso).

En esta situación, la IA es un medio nuevo e interesante, con la mezcla de ventajas y desventajas que eso conlleva, y nada más. Debería tratarse como una expresión protegida por la Constitución, al igual que todos los demás medios nuevos e interesantes que surgieron antes. Continúen como siempre.

En el tercer escenario —y, a la luz de los acontecimientos recientes, el más probable—, la IA, aunque no Skynet, es sin duda revolucionaria. Transforma la forma en que la gente piensa sobre sí misma y el mundo. Es un acontecimiento trascendental. Pero las narrativas obsoletas y la sabiduría convencional no necesitan respaldo constitucional. Un «mercado de ideas» suena aséptico, pero en realidad es un compromiso radical. Estados Unidos siempre está abierto a nuevas perspectivas. Por eso existe la Primera Enmienda.

Ya nos hemos enfrentado a ideas nuevas y poderosas. Hubo un tiempo en que el marxismo parecía a punto de arrasar con todo. Una noche de junio de 1919, un anarquista llamado Carlo Valdinoci se acercó a la casa del fiscal general en Washington. Llevaba una bomba de gran tamaño, pero estalló prematuramente y lo mató. Franklin y Eleanor Roosevelt, que vivían al otro lado de la calle, quedaron conmocionados por la explosión. Valdinoci y muchos otros querían acelerar el colapso del orden capitalista. Ante esta amenaza —que personas sensatas consideraban existencial—, la Corte Suprema, durante bastante tiempo, cometió casi todos los errores posibles. Confirmó condenas por distribuir literatura pacifista, anarquista y comunista. Permitió que el candidato del Partido Socialista a la presidencia fuera a prisión por pronunciar un discurso de campaña. Bendijo procesos judiciales que prácticamente ilegalizaban la afiliación activa al Partido Comunista.

Cuando Whittaker Chambers renunció al comunismo en 1938, creía que abandonaba «el mundo ganador para entrar en el mundo perdedor». Su opinión no había cambiado cuando testificó ante el Congreso una década después, ni cuando falleció en 1961. La amenaza persistía. Sin embargo, la Corte Suprema finalmente se armó de valor.

En las décadas de 1950 y 1960, una serie de decisiones judiciales fueron debilitando los precedentes de la Guerra Fría. Luego llegó el caso Brandenburg contra Ohio (1969), que dictaminó que la defensa de una ideología solo puede ser castigada cuando tiene como objetivo incitar a la ilegalidad inminente y es probable que lo haga. Transcurrió medio siglo, pero la Primera Enmienda emergió de la Guerra Fría más fuerte de lo que entró.

El paralelismo entre Valdinoci y Daniel Moreno-Gama —el joven que supuestamente arrojó un cóctel molotov a la casa de Sam Altman este mes mientras portaba un manifiesto apocalíptico— es, por decirlo suavemente, evidente. El pánico crea leyes nefastas.

Como antes, y de nuevo: debemos esperar reveses en los tribunales. Algunos jueces se dejarán llevar por sus temores y negarán la protección de la Primera Enmienda a los resultados de la IA. Pero «en tiempos más tranquilos», escribió el juez Hugo Black , disintiendo en una de las decisiones de la ahora repudiada Guerra Fría, «cuando las presiones, pasiones y temores actuales disminuyan», la Corte Suprema «restablecerá las libertades de la Primera Enmienda al lugar privilegiado que les corresponde en una sociedad libre».

La IA podría revelar ideas asombrosas y verdades más profundas. Mientras esto sucede, debemos defender la Primera Enmienda. No debemos temer al nuevo conocimiento. CORBIN K. BARTHOLD es asesor de políticas de Internet. Publicada en Substack el 29 de abril de 2026.