miércoles, 25 de marzo de 2026

SALUTACIONS A LES LLENGÜES DE LA MEVA PÀTRIA. AVUI DIMECRES, 25 DE MARÇ DE 2026, EN CATALÀ. 69 ANIVERSARI DE LA FUNDACIÓ DE LA UNIÓ EUROPEA

 







Hola, bon dia de nou a tots i feliç dimecres, a un pas de l'equador de la setmana. Tot continua igual, és a dir, malament. Europa no reacciona. Trump no ho sap. Netanyahu ho maneja com el que és, un cabells sense res sota la seva portentosa cabellera groga. Puja la carestia de la vida diària i pugen els morts. Això és el pitjor de tot. I el Consell de Seguretat, i l'ONU, on són, segueixen a Nova York o al País de les Meravelles? Val més no preguntar, per al que serveixen… Anem amb les entrades del bloc d'avui. La primera, de l'escriptor Javier Cercas, en què comenta que ell humor ben entès comença per un mateix: qui no és capaç de riure's de si mateix no té dret a riure's de res. Per això hi ha poques coses tan saludables com l'autoironia, una benedicció cada cop més difícil de trobar en un món on, gràcies a les xarxes socials, tants semblen consagrats a practicar a temps complet l'art del “mecachis-què-guapo-sóc”. La segona és un arxiu del bloc del març de l'any passat, el cineasta David Trueba escrivia sobre la falsa solidaritat de la resta d'Espanya amb les Canàries a tomb de la polèmica muntada pel PP al voltant del repartiment de menors acollits a les Canàries, que deia, mostrava que el nostre país no estava ben soldat. El poema del dia, a la tercera, es titula Guerra dels sexes, i està escrit per la poeta canària Paula Nogales. La quarta, com sempre, són les vinyetes d'humor, i per acabar, com cada dia, El sabor del cafè de totes les tardes i els especials de la nit, si n'hi hagués, que com les meigas, haver-ne, n'hi ha. Tamaragua, amics meus. Ens veiem demà si la deessa Fortuna està per la feina. Sigueu feliços. Petons. Els vull. HArendt













ENTRADA NÚM. 10078

¿DE QUÉ DEMONIOS TE RÍES?

 







El humor bien entendido empieza por uno mismo: quien no es capaz de reírse de sí mismo no tiene derecho a reírse de nada. Por eso hay pocas cosas tan saludables como la autoironía, una bendición cada vez más difícil de encontrar  en un mundo donde, gracias a las redes sociales, tantos parecen consagrados a practicar a tiempo completo el arte del “mecachis-qué-guapo-soy”; y lo asombroso no es solo que a sus practicantes no les avergüence esa exhibición asidua de supuestas bondades propias, ese alarde impúdico de los propios logros o los éxitos supuestos o reales: lo asombroso es que no hunda en el descrédito a quien lo practica. Porque, además de impúdica, esa perpetua alabanza de uno mismo es envilecedora, degradante. La virtud es como los fantasmas: en cuanto sale a la luz, se disuelve; la virtud es secreta o no es: si yo les cuento que esta mañana le he dado 300 euros a un mendigo, ese acto de generosidad deja de ser al instante un acto de generosidad y se convierte en una cuña publicitaria: “Admiren ustedes mi bondad”. A menudo es difícil sustraerse a la impresión de que esa es la pesadilla que estamos construyendo con las redes sociales: un mundo infestado de hombres-anuncio, de mercachifles de sí mismos, de narcisistas insaciables. También en este sentido Trump es un emblema de nuestro tiempo: el ególatra entregado al autobombo y alérgico al humor y la ironía (no digamos a la autoironía, que es lo opuesto al autobombo), la personificación de l’esprit du sérieux que La Rochefoucauld definió con estas palabras insuperables: “La seriedad es la máscara que se pone el cuerpo para ocultar la putrefacción del espíritu”.

Sobra decir que nuestros políticos no están vacunados contra esa plaga ubicua. En el Parlamento brillan por su ausencia la ironía y la autoironía, incluso el sentido del humor, al menos desde los tiempos de Manuel Fraga Iribarne (“¿Qué es una sardina?”, se preguntó una vez Fraga desde la tribuna de oradores. “Es una ballena que ha pasado por las manos de un gobierno socialista”). Sus señorías se ríen poco y, cuando se ríen, jamás se ríen de sí mismos; tampoco se ríen con los demás, que es la única forma decente de reírse: se ríen de los demás, que es la más indecente. La única vez que he visto a la bancada del PP puesta en pie aplaudiendo a un miembro del Gobierno, mientras sus integrantes se reían a mandíbula batiente, ocurrió en octubre de 2025 en el Senado, durante un debate sobre corrupción, cuando la vicepresidenta Díaz proclamó que quedaba Gobierno de corrupción para rato (quiso decir, ji, ji, ja, ja, Gobierno de coalición): una respuesta puramente trumpista, de matones o acosadores de patio de colegio. Por supuesto, la abyección no es patrimonio de la derecha (y por eso quienes pregonan la superioridad moral de la izquierda suelen ser unos inmorales): un mes más tarde, en el Congreso, la bancada del PSOE se partió de risa con un lapsus semejante de Núñez Feijóo, quien fracasó sin gloria ni remedio intentando una gracia que mezclaba al presidente Sánchez con el título de una serie de televisión basada en un libro mío, Anatomía de un instante. Matones y acosadores: valentones justicieros con los adversarios, cobardes y pelotas con los suyos. Lo mejor del mejor lapsus del mayor experto en lapsus de la política española reciente, Mariano Rajoy, no fue el lapsus en sí (por lo demás no indigno de un monólogo de Mariano Ozores: “Es el vecino el que elige al alcalde, y es el alcalde el que quiere que sean los vecinos el alcalde”), sino la reacción de los políticos del PP ante el galimatías impecable de su líder: un aplauso cerrado.

El humor bien entendido empieza por uno mismo: esa modesta sabiduría no es quizá tan modesta; al fin y al cabo, no hay decencia posible sin ella: sin negarse en redondo al autobombo, el matonismo, el peloteo y l’esprit du sérieux, sin aprender a reírse con los demás y no de los demás, sobre todo sin aprender a reírse de uno mismo, que es la mejor forma de quitarse importancia. No descarto que Franz Kafka pensase en cosas así cuando afirmó: “En un mundo sin Dios, el sentido del humor es casi una obligación moral”. JAVIER CERCAS es escritor y miembro de la Real Academia Española.





















DEL ARCHIVO DEL BLOG. HOY, DE LA FALSA SOLIDARIDAD DE ESPAÑA CON CANARIAS. PUBLICADO EL 29/03/2025

 








La polémica en torno al reparto de menores acogidos en Canarias muestra que nuestro país no está bien soldado, escribe en El País [Se rompe España, 25/03/2025] el escritor y cineasta David Trueba. Ahora que anda roto el mundo, descosturado por todos los nexos que considerábamos sólidos, hablar de España resulta casi ridículo. Somos pequeños entre este océano de catástrofes. Sin embargo, la idea de que España se rompe ha sido terca, quizá porque algunos confían poco en la fortaleza de su propio país, un error de apreciación que cometen a veces también sus enemigos. Pero resulta que si se rompe España no va a ser por donde ellos confiaban en que sucedería, sino por otro lado mucho más desguarnecido. Bastaría observar la crisis por el reparto de los menores emigrantes acogidos en Canarias para entender que nuestro país no está bien soldado. Canarias, como Ceuta y Melilla, son estadios fronterizos para el flujo migratorio. En un mundo en que las grandes potencias capitaneadas por criminales han decidido destrozar a los países pobres, la emigración no va a ir a menos, sino todo lo contrario. Por más vallas, deportaciones y crímenes contra la humanidad que presidan las políticas de contención migratoria, si arruinamos a los países de origen con estrangulamiento económico, extracción de sus riquezas y guerras invasivas es natural que sus habitantes más jóvenes y audaces emprendan el camino hacia la salvación. El derecho a sobrevivir no se arredra ante nada.

Pues precisamente esos lugares fronterizos, Canarias, Ceuta y Melilla, sólo han recibido por parte del resto de España un desprecio mayúsculo y una falta de solidaridad insultante. Sucede incluso con comunidades autónomas presididas por su mismo signo político, en general conservador, porque las ciudades fronterizas tienden a generar un voto proteccionista, nadie puede culparles por ello mientras no encuentren algo mejor que esa receta fallida. Esta falta de solidaridad se trató de corregir por medio de políticas estatales algo chocantes. No en vano se conoció como ley de solidaridad obligatoria al primer intento de imponer por mayoría parlamentaria el reparto asignado de emigrantes menores. En ese trance se unieron fuerzas alérgicas entre sí en otros asuntos, pero para esto coaligadas en un profundo sesgo nacionalista. Porque eso sí, las nacionalidades exacerbadas son un rasgo existencial de nuestro país con el que estamos obligados a convivir.

En el último giro de la trama, el Gobierno ha cedido a los baremos de reparto de menores inmigrantes impuestos por el nacionalismo catalán. Un nacionalismo que ha visto surgir un grupo ultra y xenófobo que le ha borrado la sonrisa y la placidez reivindicativa para pasar a ser faltón y amenazador con los más desfavorecidos. Sería largo contar la lista de trágalas que la aritmética parlamentaria ha obligado a digerir en esta legislatura al Gobierno, pero quizá esta sea la menos grotesca de las componendas. El escogido es un baremo como otro cualquiera, pero ha despertado, de inmediato, una catarata de improperios entre los que han callado ante el bloqueo a toda ayuda a Canarias. La ausencia de solidaridad entre las regiones españolas tiene hitos ya conocidos como el reparto del agua, las balanzas fiscales y los impuestos patrimoniales. Ahora ha surgido este nuevo episodio más lamentable aún. Cinco mil menores desprotegidos, que serán en el futuro ciudadanos de todo derecho en el país al que por accidente y lógica marina les llevó su embarcación, están mal atendidos en centros desbordados, con personal en precario y en ocasiones ni tan siquiera especializado. El país no se rompe pero es tan penoso como los demás.













DEL POEMA DE CADA DÍA. HOY, GUERRA DE LOS SEXOS, DE PAULA NOGALES ROMERO






 


GUERRA DE LOS SEXOS



Ellos no entienden: de siempre lo oí decir,

como un axioma irrefutable, como un dogma de fe,

igual que aprendimos que la tierra es redonda

o que existen los números periódicos.


Ellos no entienden, y no querían

jugar con nosotras: hasta el más pequeño

nos miraba desafiante, para luego marchar corriendo

tras las lejanas siluetas de sus camaradas.


Había que organizarse, ofrecer resistencia,

desterrar en público las lágrimas y los mocos,

crear redes secretas de información y logística,

apuntar más bajo, aullar la victoria.


Ellos no entienden. Yo tampoco entiendo nada.

No lo entendí nunca,

ni cuando sus cuerpos eran misterios anatómicos

de delirantes bestiarios

en la infancia incrédula,

ni cuando sus voces se quebraban en provocaciones

de interés puramente antropológico.


Nunca milité en bando alguno. Me confieso apátrida.

Algo así como una quinta columna sin base:

asentía a todo, fingía los acuerdos,

como un topo ciego que se escurre

entre el dudoso glamour de la adolescencia.


Supongo que jamás se produjo el alto el fuego.

Aunque en algún momento debió de perderse

la dulce alegría de las hostilidades,

y aparecieron los rictus en las comisuras

de los combatientes,

veteranos en sus cuarteles de invierno;

los pactos vergonzantes,

la secreta claudicación de aquellos gloriosos batallones,

de aquellas ingenuas conjuras

que el tiempo cubrió de moho.


No más guerrillas fraternas. Soy francotiradora.

Parapetada en una azotea de soledad.

Ese hombre que pasa de largo

lleva en su frente la marca divina.

Lo sé bien: yo misma lo ungí hace un instante

con la metralla líquida del deseo.




PAULA NOGALES ROMERO (1966)

poetisa canaria




***




Nació en 1966 en Las Palmas de Gran Canaria, es filóloga y profesora de secundaria. Socia fundadora y de Honor de Asociación Asperger Islas Canarias-ASPERCAN. Tras licenciarse en Filología y sacar las oposiciones a secundaria, comienza en los 90 a involucrarse en actividades culturales y literarias, recitales y festivales de poesía. Participa en la edición de revistas literarias y de pensamiento y desarrolla una notable actividad poética. 















DE LAS VIÑETAS DE HUMOR DE HOY MIÉRCOLES, 25 DE MARZO DE 2026

 
































martes, 24 de marzo de 2026

CÓMO QUEMAR MENOS PETRÓLEO. ESPECIAL NOCHE TRES DE HOY MARTES, 24 DE MARZO DE 2026

 







Reducir nuestra dependencia debería ser fácil. Pero será difícil hacerlo rápido. La economía mundial debe encontrar la manera de funcionar consumiendo menos petróleo. Puede que suene a un llamado a la acción, pero a corto plazo es simplemente una constatación de un hecho. Hasta que comenzó la guerra con Irán, el 20% del suministro mundial de petróleo se transportaba a través del estrecho de Ormuz. Salvo que se llegue a un acuerdo con Irán, algo que no se vislumbra, o que se emprenda una acción militar que elimine casi todas las amenazas al transporte marítimo —algo muy difícil de lograr en esta era moderna de guerra con drones—, simplemente habrá menos petróleo disponible durante meses, quizás incluso años.

A largo plazo, estamos presenciando una lección práctica sobre los riesgos estratégicos de depender tanto del petróleo, riesgos que se suman a los ya convincentes argumentos ambientales para abandonar los combustibles fósiles en general.

Pero, ¿qué tan difícil será reducir nuestra dependencia del petróleo? ¿Puede la economía mundial prosperar consumiendo mucho menos petróleo que en el pasado?

La respuesta depende del plazo. Incluso con el petróleo a 100 dólares el barril —de hecho, incluso si llega a 150 dólares— será muy difícil reducir rápidamente el consumo total de petróleo.

Esto se debe a que, a corto plazo (es decir, en varios años), la única forma de reducir el consumo de petróleo es que la gente cambie sus hábitos, principalmente conduciendo menos. Por lo tanto, para provocar una disminución importante en el consumo de petróleo, los precios tendrían que subir lo suficiente como para que la gente optara por compartir coche, trabajar desde casa o usar el autobús cuando sea una opción viable (lo cual no es el caso para la mayoría de los estadounidenses). O, en el peor de los casos, los precios del petróleo tendrían que reducir tanto el poder adquisitivo de los consumidores que la economía entrara en recesión, lo que, entre otras cosas, reduciría la demanda de petróleo.

A largo plazo, por el contrario —un periodo lo suficientemente largo como para reemplazar una gran parte de los vehículos en circulación— existe un potencial mucho mayor para consumir mucho menos petróleo, con efectos adversos mínimos o nulos sobre el crecimiento económico y el poder adquisitivo. Esto era cierto incluso antes de las innovaciones tecnológicas que han hecho que los vehículos eléctricos (VE) sean competitivos con los vehículos de combustión interna (VCI). Los vehículos de bajo consumo ofrecen la mayoría de las ventajas de los SUV que consumen mucha gasolina, y es posible que los consumidores no se den cuenta de cuánto dinero ahorran. Y ahora que los VE son competitivos, es posible lograr reducciones drásticas en el consumo de gasolina con mínimas interrupciones.

Finalmente, si tomamos decisiones diferentes sobre cómo vivimos y trabajamos, el mundo podría prosperar fácilmente consumiendo solo una fracción del petróleo que consume actualmente.

Más allá del muro de pago, abordaré los siguientes temas: 1. Por qué consumimos tanto petróleo y cómo está cambiando esa lógica. 2. La demanda de petróleo a corto plazo y la cuestión crucial de la elasticidad precio. 3. Cómo puede ajustarse la demanda una vez que haya tiempo para reemplazar los vehículos. 4. La demanda de petróleo y nuestra forma de vida: las posibilidades a largo plazo.

PAUL KRUGMAN es premio nobel de Economía. Artículo publicado en Substack el 22 de marzo de 2026.




















¿DE AMOR DE VERDAD? LA RELACIÓN ACTUAL DE WASHINGTON CON GRAN BRETAÑA SE PARECE MÁS A DESPRECIO DE VERDAD. ESPECIAL NOCHE DOS DEL 24 DE MARZO DE 2026

 







Para que el Reino Unido recupere el respeto en el mundo, necesita tanto su alianza europea como su alianza transatlántica. «Un amigo que nos intimida deja de ser un amigo. Y como los acosadores solo responden a la fuerza, de ahora en adelante, estaré dispuesto a ser mucho más fuerte. Y el presidente debería estar preparado para ello». Así habló Hugh Grant, interpretando al primer ministro británico que se enfrenta al presidente estadounidense en una famosa escena de la comedia romántica Love Actually. El primer ministro británico de la vida real, Keir Starmer, ha intentado plantarle cara, aunque sea levemente, al actual acosador de la Casa Blanca por la reciente guerra de Estados Unidos en Oriente Medio. A pesar de los esfuerzos del gobierno británico por halagar a Donald Trump desde su elección como presidente de Estados Unidos, su respuesta al pequeño intento de Starmer ha sido un torrente de desprecio. Así que la realidad no es Love Actually. Es Contempt Actually.

Preguntado sobre la sutil distinción del gobierno británico entre los ataques defensivos en el Golfo, que ahora apoya, y los ofensivos, que no, el ideólogo de MAGA, Steve Bannon, le dice a Freddie Hayward del New Statesman: «Eso es una tontería diplomática. Que te jodan. O eres un aliado o no lo eres. Que te jodan. La relación especial se acabó». ¡Ah, la «relación especial»! Deben haber pasado cuarenta años desde que oí por primera vez al excanciller de Alemania Occidental, Helmut Schmidt, decir: «La relación especial es tan especial que solo una de las partes sabe que existe».

Un crítico estadounidense de Trump me hizo recientemente la pregunta obvia que sigue: "¿Por qué su gobierno sigue humillándose?". Más fundamentalmente, debemos preguntarnos por qué gran parte del gobierno británico, y especialmente su aparato de seguridad, se aferra con uñas y dientes a Estados Unidos, comportándose ante el mundo como alguien atrapado en una relación personal abusiva.

Para ser justos, muchos otros líderes europeos han dedicado gran parte del último año a sacrificar su dignidad mientras adulan a Trump, condonando su destrucción de todo lo que la Europa liberal ha representado desde 1945. Mark Rutte, el secretario general de la OTAN, superaría a Starmer en la votación para ganar la máxima condecoración satírica de la revista Private Eye, la OBN (Orden del Adulador). Las razones de este servilismo son obvias: la dependencia de Europa de Estados Unidos para el apoyo a Ucrania, para nuestra propia seguridad en la OTAN y, en gran medida, para nuestra prosperidad. Pero hay una desesperación particular, bastante patética, en la forma en que los británicos se aferran al Tío Sam.

¿La explicación? La historia, por supuesto. Los padres fundadores de Estados Unidos crecieron considerándose ingleses. Desde 1776 hasta 1917, cuando Estados Unidos entró en la Primera Guerra Mundial, esta relación, como bien lo expresa el historiador Robert Saunders, no era tanto especial como peculiar. Si bien Estados Unidos se definía históricamente en oposición a Gran Bretaña, existía una fascinación mutua. Tras la breve pero importante alianza militar de 1917-1918 y la posterior firma de la paz en París, Estados Unidos se retiró de Europa.

Existió una relación especial entre 1941, cuando Winston Churchill logró —con algo de ayuda del bombardeo japonés de Pearl Harbor— que Estados Unidos entrara en la guerra contra Adolf Hitler, y 1956, cuando Estados Unidos impidió humillantemente que Gran Bretaña y Francia recuperaran el canal de Suez. El Reino Unido y Estados Unidos no eran iguales, pero aun así se trataba de una verdadera alianza de poder que, en conjunto, moldeó Europa, si no el mundo.

Francia y Gran Bretaña sacaron conclusiones radicalmente opuestas de la humillación sufrida en Suez. Francia, bajo la presidencia de Charles de Gaulle, construyó su propia capacidad de disuasión nuclear independiente y ya había identificado el objetivo que el actual presidente francés, Emmanuel Macron, denomina autonomía estratégica europea. Gran Bretaña, tras un breve periodo de enfado y distanciamiento de Washington, redobló sus esfuerzos para priorizar su relación con Estados Unidos. Si ya no podíamos ser una gran potencia, seríamos la «Atenas de la Roma estadounidense».

A diferencia de Francia, Gran Bretaña construyó una capacidad de disuasión nuclear que dependía y sigue dependiendo tecnológicamente de Estados Unidos , y siempre priorizó la OTAN sobre la construcción de armamento nuclear europeo. En muchos sentidos, la relación anglo-estadounidense se estrechó: en inteligencia y cooperación militar, en el ámbito académico y los medios de comunicación, en finanzas y economía (hoy el Reino Unido es el principal destino de la inversión directa estadounidense, justo por delante de los Países Bajos). Pero, al mismo tiempo, la influencia política británica en Washington disminuía progresivamente. Y se aferró a ella con más fuerza que nunca.

El difunto político laborista británico Robin Cook relató en sus memorias cómo, en un debate crucial del gabinete previo a la guerra de Irak, el entonces primer ministro Tony Blair dijo: «Les digo que debemos mantenernos cerca de Estados Unidos. Si no lo hacemos, perderemos nuestra influencia para determinar sus acciones». Pero, ¿cuánta influencia existía realmente?

Hoy, Jonathan Powell, antiguo jefe de gabinete de Blair, se sienta a la derecha de Starmer en el número 10 de Downing Street, intentando hacer lo mismo con los seguidores de Trump. «Tenemos esas relaciones para poder tener esas conversaciones difíciles», afirma una fuente anónima de Whitehall. Pero las conversaciones no son difíciles para Washington. Lo son para Londres, porque le queda muy poca influencia.

Esta tendencia se ha visto exacerbada por otros dos factores. El primero es el declive de las fuerzas armadas británicas. Soldados estadounidenses que pasaron años luchando junto a los británicos ahora me dicen, con algo más parecido a la lástima que al desprecio: «Ya casi no tienen ejército». En el conflicto actual, Francia envió un buque de guerra a Chipre antes que Gran Bretaña, aunque fue una base militar británica en Chipre la que fue atacada por Irán. Esta debilidad también encuentra eco en la cultura popular. En la última temporada de la telenovela política de Netflix, The Diplomat, el taciturno vicepresidente estadounidense (interpretado magistralmente por Rufus Sewell) hace referencia al cuento infantil La pequeña locomotora que sí pudo para describir a Gran Bretaña como «la pequeña isla que no pudo». ¡Qué fuerte!

El segundo es el Brexit . Es obvio que el Reino Unido es menos importante para Estados Unidos que antes, ya que no forma parte de un bloque mayor. En la época de Blair, a pesar del declive gradual de su influencia, Gran Bretaña aún contaba con dos pilares relativamente fuertes: el transatlántico y, como miembro de la UE, el europeo. En 2016, en lo que hoy vemos con mayor claridad como un acto de monumental estupidez, Gran Bretaña optó por cortar su propio pilar europeo. Ahora Trump está cortando el estadounidense.

He aquí la otra razón de la peculiar y patética desesperación de Gran Bretaña. A diferencia de Francia o Alemania, no tiene otro apoyo. Para cualquiera que ame este país , es doloroso ver cómo se ha reducido a ser objeto de desprecio, o en el mejor de los casos, de lástima. Afortunadamente, hay una manera de recuperar el respeto propio y ser respetado. Manteniendo las mejores relaciones posibles con Estados Unidos, Gran Bretaña puede trazar un rumbo estratégico para convertirse en una pieza clave de una Europa más fuerte. Esto implica contribuir al fortalecimiento de la defensa europea, especialmente mediante la europeización de la OTAN, y significa, como bien ha sugerido el alcalde de Londres, Sadiq Khan, reincorporarse a la UE. Cómo podría lograrse esto en un plazo de cinco a diez años, y si será políticamente viable a ambos lados del Canal de la Mancha, son temas que se analizarán más adelante. Estén atentos. Publicado en Substack el 22 de marzo de 2026 por el historiador británico Timothy Garton Ash, se publicó originalmente en The Guardian el 20 de marzo de 2026.


























ESTADOS UNIDOS NOS PERTENECE. EL PRÓXIMO SÁBADO NO HABRÁ KINGS 3. ESPECIAL NOCHE UNO, DE HOY MARTES, 24 DE MARZO DE 2026

 







Amigos, Muchos de ustedes me comentan que están agotados por los implacables golpes del régimen tiránico de Trump, por su violencia gratuita tanto en el país como en el extranjero. Yo también. Pero permítanme recordarles —tal como me lo recuerdo a mí mismo— que la tiranía no puede triunfar donde la gente se niega a someterse a ella.

Dentro de seis días, el próximo sábado, en el tercer Día Sin Reyes, proclamaremos nuestra negativa a someternos. Marcharemos contra este vil régimen en mayor número que nunca antes en Estados Unidos.

Por supuesto, esto por sí solo no derrocará a Trump, pero les mostrará a los legisladores de ambos partidos la amplitud y la profundidad de la oposición que se le opone. Esto es fundamental para fortalecer su postura en contra de él. También nos demostrará a cada uno de nosotros que no estamos solos. Nos mostrará esperanza y determinación a nuestro alrededor.

Esto nos demostrará que nuestras comunidades no se someterán al brutal estado policial de Trump. Que no permitiremos que sus matones arresten y encarcelen a nuestros vecinos sin el debido proceso legal.

Nos dará más valor para oponernos a su guerra sin sentido. A sus ataques contra el medio ambiente y la salud pública. Y a sus ataques contra la libertad de nuestros maestros para enseñar la verdad, contra la libertad de los medios de comunicación para revelarla y contra nuestra propia libertad de hablar y difundir la verdad. Nuestra marcha del próximo sábado demostrará que no nos callarán.

Seguiremos fortaleciendo la resistencia. Ampliaremos nuestro movimiento. Y dentro de unos meses, lograremos la mayor participación en las elecciones de mitad de mandato de la historia, otorgando el control del Congreso a senadores y representantes que se unan a nosotros para hacer frente a la tiranía de Trump. Al hacer todo esto, honraremos la memoria de Renee Good, Alex Pretti y otros que han muerto o resultado heridos a manos de agentes del ICE y de la Patrulla Fronteriza. Mostraremos nuestra solidaridad con nuestros vecinos que siguen viviendo con miedo al ICE. Demostraremos nuestra preocupación por los casi 70.000 inmigrantes que se encuentran actualmente recluidos en centros de detención de costa a costa, y nuestra oposición a los planes del régimen de Trump de convertir almacenes en varios estados para encerrar a decenas de miles más. Mostraremos nuestro respeto por las familias de las 42 personas que han fallecido bajo custodia del ICE durante la administración Trump, como el solicitante de asilo afgano Mohammad Nazeer Paktiawal, quien había colaborado con las fuerzas especiales estadounidenses en operaciones militares en su país y murió la semana pasada en un centro del ICE en Texas. También nos referimos a Royer Pérez-Jiménez, de 19 años y originario de México, quien falleció la semana pasada en un centro del ICE en Florida en lo que el ICE califica como un "presunto suicidio".

En nuestra resistencia al régimen de Trump, también honramos a los miembros de las fuerzas armadas y a todos los demás que han muerto en la guerra de Trump en Irán y en su invasión de Venezuela. Y rendimos homenaje a los agentes del orden que defendieron el Capitolio de los Estados Unidos el 6 de enero de 2021, y a todos aquellos que han dado su vida protegiendo a Estados Unidos de la tiranía.

Ante todo, nuestra resistencia afirma que Estados Unidos no pertenece a hombres fuertes, multimillonarios codiciosos ni a quienes gobiernan mediante el miedo. Estados Unidos nos pertenece a nosotros, el pueblo. ROBERT REICH es profesor de la Universidad de California en Berkeley. Artículo publicado en Substack el 22 de marzo de 2026.