viernes, 13 de marzo de 2026

SAÚDOS NAS LINGUAS DA MIÑA TERRA. HOXE, VENRES, 13 DE MARZO DE 2026, EN GALEGO

 







Ola, bos días de novo a todos e todas, e feliz venres 13 de marzo de 2026, un día de mala sorte na cultura popular anglosaxoa. Espero que os deuses maldigan hoxe a Trump e a toda a súa administración. Pero imos ao que importa: as publicacións de hoxe de Desde o Trópico de Cáncer. A primeira é un texto do escritor Pablo Cerezal sobre o escritor británico C.S. Lewis (1898-1963), famoso polos seus libros de fantasía como a saga das Crónicas de Narnia. Declarouse ateo desde a adolescencia, un ateísmo que abandonaría en 1929, para máis tarde non só abrazar de novo a fe senón converterse nun dos maiores apologistas do cristianismo da época. A segunda é unha entrada de blog de decembro de 2017 do politólogo Javier Redondo, na que afirmaba que cando Zapatero se enfrontaba a unha situación difícil uns días antes das eleccións de 2004, declarou nunha entrevista con El Mundo: "Gañemos ou perdamos, eu son o futuro", porque en última instancia o futuro sempre ten que ver coa razón e a harmonía. O poema do día, na terceira sección, titúlase "Unha felicidade reservada é propia do meu mundo" e está escrito polo poeta español Salvador Espriu. E a cuarta e última sección, como sempre, é a viñeta humorística do día. Tamaragua, amigos meus. Ata mañá, se a sorte quere. Sede felices. Bicos. Quérovos. HArendt

















ENTRADA NÚM. 9990

C.S. LEWIS Y LA ABOLICIÓN DEL HOMBRE

 







El escritor británico C.S. Lewis (1898-1963), famoso por sus libros de fantasía como la saga Las crónicas de Narnia, se declaró ateo desde su adolescencia. Un ateísmo que abandonaría en 1929 para, poco después, no solo abrazar de nuevo la fe sino convertirse en uno de los mayores apologetas del cristianismo de la época. Tal reconversión le llevó a firmar varias obras literarias orientadas a transmitir los mensajes de la fe cristiana.

Siendo profesor de Literatura en el Magdalen College, conoció a otro famoso autor de literatura fantástica. El autor de El señor de los anillos, J.R.R. Tolkien (1892-1973), convencidísimo católico, entabló con Lewis una intensa amistad, y sus conversaciones acerca de la religión, junto a la lectura de obras capitales de autores cristianos, sumieron a este en la duda espiritual. Lewis dejó escrito que sentía cada noche «el acercamiento continuo, inexorable, de Aquel con quien, tan encarecidamente no deseaba encontrarme», hasta que «admití que Dios era Dios y, de rodillas, recé». Poco después, tras una larga conversación nocturna mantenida con Tolkien, confiesa haber pasado «de creer en Dios a creer definitivamente en Cristo».

En su Trilogía Cósmica, a pesar de tomar las formas de la literatura de ciencia ficción, Lewis expuso alegóricamente una feroz crítica a la deshumanización, a la que señalaba como causa de todos los males de la época. No satisfecho con el resultado, decidió profundizar en dicha temática con La abolición del hombre, un ensayo que, desde entonces, sigue siendo objeto de debate.

Las consecuencias de la deshumanización vaticinadas por C.S. Lewis en La abolición del hombre han resultado casi proféticas si pensamos en la sociedad de hoy. El escritor aseguraba que el ser humano se veía abocado a la celebración «por encima de cualquier principio o moral universal» del más férreo individualismo. El relativismo y el subjetivismo se impondrían logrando que la sociedad dejase de ser un ente cohesionado en aras del progreso.

A pesar de su devoción cristiana, Lewis parte de que toda cultura, a lo largo de los siglos, ha reconocido la existencia de una moral objetiva que trasciende el hecho religioso. Así, para articular su ensayo, utiliza el término «Tao», tomado de la filosofía oriental, como representante de un conjunto de valores, una moral universal objetiva, que nos permite diferenciar entre el bien y el mal.

El «Tao», asegura el autor, es denigrado desde los ámbitos académicos. Lewis denuncia cómo el sistema educativo se encarga de adoctrinar a los jóvenes en la creencia de que todo juicio de valor es únicamente una expresión subjetiva de los propios sentimientos. De esta manera, las generaciones futuras estarían negando el «Tao» y se conducirían guiadas por un relativismo moral que no permite distinguir entre el bien y el mal.

Tras dicho relativismo comienza a aflorar el individualismo que conducirá a la deshumanización y, por tanto, a la «abolición del hombre». El autor decide llamar a las personas así adoctrinadas como «hombres sin pecho», metáfora de la carencia de corazón. Hombres que desconfían de cualquier valor moral objetivo considerado válido. Hombres con un importante progreso intelectual, pero con evidente atrofia emocional. Personas entregadas a un peligroso desequilibrio que les somete a sus instintos puramente animales y, también, a la manipulación ideológica por parte de aquellos que sí tienen un firme sustento moral. Una moralidad que no ha de ser la correcta, ya puede ser la de ideólogos que desean ejercer domesticar a la sociedad en beneficio propio.

Si reflexionamos acerca del individualismo actual y la eclosión de corrientes políticas populistas tendentes a someter a la población, podemos suponer la pérdida de valores morales a la que se refería Lewis como germen de la deriva social. Asistimos a un progreso social estancado, menoscabado por enfrentamientos entre ideologías.

El regreso a los valores morales universales que defendía C.S. Lewis para evitar la «abolición del hombre» bien podría ser una solución a muchos de los males que aquejan a la sociedad actual. Pero para ello se plantea como necesidad un análisis profundo sobre cuáles son esos valores y si pueden considerarse objetivamente universales e inalienables. Un análisis filosófico que vuelva a cuestionarse qué perdemos y qué ganamos al entregarnos a un progreso que no siempre busca el beneficio global. PABLO CEREZAL es escritor. Artículo publicado en la revista Ethic el 11 de marzo de 2026.

























DEL ARCHIVO DEL BLOG. HOY, EL FUTURO COMIENZA HOY. PUBLICADO EL 28/12/2017

 







Cuando Zapatero no las tenía todas consigo a pocos días de las elecciones de 2004, afirmó en una entrevista en El Mundo: "Gane o pierda, yo soy el futuro". Arrimadas hoy, con su voz rota y entusiasmo intacto, debe apropiarse de la expresión: gobierne o no, ella es el futuro. Porque al final el futuro es siempre la razón y la concordia, comenta en El Mundo Javier Redondo, profesor de Ciencia Política en la Universidad Carlos III de Madrid.

Ciudadanos es el primer partido en Cataluña. Rompió hace una década la barrera del silencio y ayer se elevó sobre tanto ruido y toda la chatarra tribal. La victoria de Arrimadas será considerada simbólica porque tendemos a pensar que la Historia sepulta al que no obtiene el báculo del poder, comienza diciendo el profesor Redondo. 

Sin embargo, la situación es muy distinta. Los catalanes que se sienten españoles han perdido el miedo a hablar, a expresarse y se niegan a asumir en silencio el adoctrinamiento implacable del supremacismo. La imagen de Arrimadas es la pesadilla del separatismo. Sienten y sentirán su aliento en el cogote. Ha demostrado que no desfallecerá. Ella, Ciudadanos y los ciudadanos de Cataluña ya no van a parar. Han provocado un fervor constitucional frente a las olas de odio. Se masca la tragedia de una mayoría separatista. Aunque no será igual. El 155 ha desbaratado muchos planes y cosido muchos pies a la tierra. 

Por su parte, Rajoy no luce pero sigue ahí. Su partido se desmorona en Cataluña pero su concurso es esencial: mientras permanezca en La Moncloa ata en corto a los sediciosos. Cs y PP crean una joint venture: un matrimonio de conveniencia. Se necesitan y a la vez se neutralizan.Evaluar contrafácticos es un ejercicio estéril. Nunca sabremos qué hubiese pasado posponiendo las elecciones autonómicas en Cataluña o juntándolas con unas generales. No obstante, hubiese supuesto asumir dos riesgos innecesarios: que el frenesí constitucionalista decayese y, sobre todo, que la gran coalición que aplicó el 155 se desintegrase al calor de una campaña nacional. Rajoy hizo su trabajo y le dejó a Rivera y los suyos completar la tarea. Los catalanes constitucionalistas no han penalizado la aplicación del 155, sino que han antepuesto la utilidad y preferido la frescura. Cs ha aglutinado el voto constitucionalista porque mantiene la pureza de origen. El futuro empieza hoy: el nuevo Govern será probablemente independentista de corazón y pecará de palabra pero no podrá hacerlo con sus actos. La sociedad civil se ha articulado en torno a un movimiento que pretende recuperar la política frente a la antipolítica, la libertad frente al totalitarismo y la pluralidad frente al supremacismo y la segregación. Generar divisiones y fracturas sociales tiene sus contraindicaciones. 

Los atropellados tienden a juntarse bajo el paraguas más impermeable y seguro. La política es demasiado compleja y produce reacciones imprevistas. El éxito de Arrimadas no estaba anotado en la Moleskine de Jové. "Pido el voto a todos los catalanes que creen en el futuro de España (...), que apuesten por lo que es propio de los catalanes, por la moderación, por el equilibrio y por la sensatez (...)". Rajoy reivindicó aquel triste y plomizo 12 de marzo de 2004 la «identidad múltiple" de muchos españoles en su último mitin de campaña en Barcelona. Entonces el catalanismo y la doble identidad era un espacio muy concurrido y fértil. Convergència y PSC se repartían sus frutos. Para uno las autonómicas y para otro las generales. 

Hoy ese terreno es un erial. El triunfo final del constitucionalismo dependía en última instancia del poder de atracción de Iceta, cuyo papel consistía en sumar al bloque constitucionalista a los desencantados del espectro nacionalista. No le beneficiaba una campaña tan polarizada. El logro independentista ha sido borrar todos los matices en una sociedad plagada de ellos. El fracaso de los socialistas ha sido y es no pilotar un microcosmos de izquierda donde la derecha vota a los nacionalistas. 

Pese a la seguridad mostrada y actitud avasalladora, el separatismo tenía dudas, inquietudes y desconfianzas. Lo revelan los papeles de Jové, el documento #EnfoCATs, esencial para que el juez Llarena mantuviese en prisión a los sediciosos. Por un lado, advertía en 2016 del desgaste emocional del separatismo. Así que sus comités estratégico y político pisaron el acelerador hasta octubre del año siguiente: secuestraron la política, cerraron el Parlament dos veces y se dedicaron en cuerpo y alma a la agitación y la propaganda. 

Por otro lado, y esto es lo realmente importante: en todo momento, los sediciosos han sido conscientes de que les faltaba un 15% de apoyo para consumar su propósito. Necesitaban ampliar su base social. Al mismo tiempo generaron conflicto y tantearon la desconexión forzosa. O no estaban dispuestos a esperar otra generación o pensaron en cebarla sumando una nueva fecha al relato victimista y de agravios con otra sonora derrota. El caso es que el separatismo cuenta como suyos a los partidarios del derecho a decidir. Iceta apartó sus dedos de esa sartén ardiendo. Si los comunes no son necesarios para formar Govern, Xavier Domènech respirará aliviado. Es otra de las paradojas de esta comedia de lo absurdo en la que se ha convertido la política en Cataluña. Tanto, que si Domènech fuese llamado a filas por ERC, el PSOE se frotaría las manos. Domènech estuvo vivo en campaña y dijo que en ningún caso formaría tripartito con la lista de Puigdemont. Por desgracia, la realidad no va a forzarle a rectificar ni a verificar sus palabras. Se mantiene inmaculadamente accesorio. 

Mientras, el PSC no ha expulsado los demonios del tripartido. Lo forjó con 42 diputados en 2003. Los socialistas de Cataluña se arrojaron en brazos del derecho a decidir y aportaron una explicación de carácter social y aparentemente no identitaria a la inmersión lingüística: serviría para la integración social de las capas más humildes de la sociedad. Tácitamente y sin querer alimentó el supremacismo. Aquello fue devastador para la izquierda en Cataluña y para el partido, que abandonó a su base social para cultivar un izquierdismo naíf y elitista. Si Convergencia emprendió su camino de perdición cuando aprobó una ampliación de capital de su negocio y se vio obligada a cobijar y cobijarse en ERC; los socialistas iniciaron el suyo al buscar la simpatía y aprobación del nacionalismo: malditos complejos. 

El último apunte es con vistas a Europa. Esto es lo que hay y lo que se avecina: Cataluña ha sufrido una campaña de derrumbe de la democracia. Dulcificamos el contenido con anglicismos y barbarismos: fake o posverdad. Los separatistas nos han metido en la máquina del tiempo y hemos retrocedido casi un siglo. Ha sido una campaña propia de los años 20 y 30, cuando las movilizaciones antifascistas escondían el totalitarismo comunista; la defensa de la identidad desataba olas de odio y la política se reducía a la consigna y el pensamiento asociativo. Todo era cartelería de guerra y emoción a flor de piel. Hoy todo es ilusionismo y golpes de efecto. La mentira empuja a la razón a desmentirla, pero mientras lo hace no se ocupa de construir argumentos sino de desmontar tramoyas. Los medios serios vamos con la lengua fuera cazando embustes. El nacionalpopulismo ha secuestrado la política. Junqueras, harto de las tretas de Puigdemont -candidato sin partido- le combatió. Y el prestidigitador no se inmutó e intervino estelarmente con una de las frases de la representación: "Sigue siendo mi vicepresidente". Puigdemont no ha renunciado al cargo. Su performance le ha proporcionado fama y crédito entre su público. Los separatistas escogen al héroe y prescinden del triste mártir. Las fechorías de Puigdemont acabarán en la frontera de los Pirineos. No hay más receta que la que aportan los autores de Políticas del odio. Violencia y crisis en las democracias de entreguerras, Fernando del Rey y Manuel Álvarez Tardío. Contra la descomposición de lo político, la fortaleza de las instituciones. Cs es el primer partido en votos y escaños: estos son los hechos con los que construir la realidad y conquistar el futuro.















DEL POEMA DE CADA DÍA. HOY, ES PROPIA DE MI MUNDO UNA RESERVADA FELICIDAD, DE SALVADOR ESPRIU

 








ES PROPIA DE MI MUNDO UNA RESERVADA FELICIDAD




Detrás de esta puerta vivo,

pero no sé

si puedo llamarla vida.


Cuando vuelvo, al atardecer,

de mi diario odio contra el pan

(¿no sabías que tengo

la inmensa suerte de venderme

a trozos por una moneda

que llega ya a valer

mucho menos que nada?),

me quito un viejo abrigo, la esperanza,

y me adentro por los caminos de mis ojos,

por el vacío espanto donde siento,

más allá, a mi Dios,

más allá siempre, más allá de los falsos

profetas y de extrañas culpas

y de este viejo necio enfermo de los versos

disciplinados, como éstos, con pintas

de oscuras marcas que el afán de los críticos

un día aclarará para vergüenza mía.


Sí, puedes encontrarme, si te atreves,

detrás de la glacial nada de esta

puerta, aquí, en donde vivo y siento

esta añoranza y el grito de Dios y soy,

con los nocturnos pájaros de mi soledad,

un hombre ya sin sueños en mi soledad.




SALVADOR ESPRIU (1913-1987)

poeta español




***




Salvador Espriu i Castelló (1913-1985) fue un poeta, dramaturgo y novelista español que escribía principalmente en lengua catalana. Estudió Derecho e Historia Antigua en la Universidad de Barcelona, licenciándose en 1935; allí conoció al poeta Bartomeu Rosselló-Pòrcel; ambos participaron en el célebre crucero universitario por el Mediterráneo de 1933. En 1936 se preparó para estudiar lenguas clásicas y egiptología, proyectos que truncó la guerra civil.

Al iniciarse la guerra civil, yo me sentía republicano y partidario del concepto de una España federal. Por tanto, no deseaba entonces, ni deseo ahora, el enfrentamiento sino la concordia. Sufrí mucho, espiritualmente, porque sufrí por ambos bandos, dejo dicho.​En 1938 murió de tuberculosis su amigo Bartomeu Rosselló-Pòrcel. Acabada la guerra, la Universidad Autónoma fue suprimida y se la sustituyó por la oficial. Trabajó durante veinte años como ayudante en una notaría. Su vida transcurría entre Barcelona y Arenys de Mar, lugar de origen de su familia y «patria chica» del poeta. Fuente: Wikipedia.























DE LAS VIÑETAS DE HUMOR DEL BLOG DE HOY VIERNES, 13 DE MARZO DE 2026

 






























jueves, 12 de marzo de 2026

EL SABOR DEL CAFÉ. ESPECIAL NOCHE DE HOY JUEVES, 12 DE MARZO DE 2026





 




Hay algo hasta poético —y casi épico, si uno tiene el estómago suficientemente fuerte— en contemplar a una persona que lleva cuatro horas maquillándose para asistir al estreno de una película de la que no sabe absolutamente nada. Ni el título. Ni el director. Ni si transcurre en el espacio o en un pueblo de Mordor. Pero lleva un vestido que ha negociado durante semanas, un bolso firmado y una sonrisa que podría iluminar la catedral de Málaga o hasta la Sagrada Familia. Así que, ¿quién necesita saber nada más? Nadie, aparentemente.

He tenido el privilegio —y uso esa palabra con la precisión quirúrgica con que se usa un bisturí sobre una herida abierta e infectada— de ver en varias alfombras rojas del planeta a estas criaturas de nuestro tiempo preguntar en voz alta, con una inocencia que roza lo espiritual, cosas como: “¿Y esta peli de qué va?”. O “¿cómo se llama el actor ese tan famoso que sale?”. Y lo más extraordinario no es la pregunta. Lo más extraordinario es que nadie alrededor parezca encontrarlo ni siquiera mínimamente perturbador.

Porque hemos llegado a un punto en que la ignorancia ya no se disimula. Se exhibe. Se monetiza. Se sube a Instagram con filtro sunrise y 10.000 corazones en cuatro minutos. El mecanismo es de una eficiencia que admira: llegar, posar, reels, stories, TikTok, “os cuento cómo fue el look de esta noche”, y marcharse. Antes de que se apaguen las luces de la sala. Antes de los títulos de crédito. Antes, en algunos casos memorables, de haberse sentado. La película, esa cosa larga y oscura donde la gente habla y a veces llora, y se pelea o ama, es simplemente el contexto. El fondo. El pretexto. Una especie de telón que existe para que ellos puedan estar delante.

Y lo que producen, seamos honestos, no hace que nadie vaya a ver nada. Ningún estudio ha demostrado jamás —y los estudios lo han intentado, con la desesperación de quien busca agua en el desierto— que el hecho de que una persona con dos millones de seguidores aparezca en la alfombra roja de una película aumente en un solo espectador la taquilla de esa película. Lo que sí aumenta es el número de seguidores de dicha persona. El único beneficiario de su presencia son ellos mismos. Son un espejo que solo refleja su propio rostro.

Mientras tanto, el guionista que tardó cuatro años en escribir el guion está en algún rincón de la sala siendo entrevistado por tres periodistas locales que consultan el móvil y miran sin disimulo a su alrededor por si ven a alguna influencer despistada mientras le hacen las preguntas. El director o la directora, que hipotecó su vida y probablemente su matrimonio para sacar adelante la película, sonríe con esa sonrisa de quien ya no sabe muy bien por qué sonríe. Los actores, que trabajaron durante meses en algo que consideraban importante, observan con una mezcla de perplejidad y resignación cómo el foco se desplaza hacia alguien que tiene un tutorial muy popular sobre cómo hidratar el cabello rizado o las puntas abiertas.

Y aquí está la pregunta que me hago, que nos hacemos, que deberíamos hacernos mientras todavía tengamos reflejos: ¿qué clase de mundo hemos construido exactamente? Hemos construido un mundo donde crear algo —una historia, un personaje, una imagen que alguien no olvidará en 20 años— vale menos que acumular seguidores. Donde el esfuerzo sostenido, la duda, el fracaso, el volver a intentarlo, la artesanía lenta de intentar hacer algo bien, es una forma de ingenuidad que se mira con condescendencia. Donde la cultura del esfuerzo ha sido sustituida por la cultura de la visibilidad. No importa lo que hagas. Importa cuántos te ven.

Que conste que no tengo nada contra ganarse la vida como se pueda. Faltaría más. Vivimos tiempos difíciles (y cuándo no), y cada cual sobrevive como sabe. Y si alguien ha encontrado la manera de convertir su existencia, sus vacaciones y su skincare en contenido y eso le paga el alquiler, adelante. El problema no es que existan. El problema son los gabinetes de relaciones públicas que les compran la moto sin chistar y el sistema que los coloca exactamente encima de quienes sí han creado algo, desplazándolos, silenciándolos, robándoles el poco oxígeno que les queda. Gánate la vida, por supuesto. Pero no a costa de ignorar a quienes llevan años construyendo con sus manos y su tiempo y sus noches sin dormir las mismas historias que tú usas de fondo para tus fotos y tus reels.

Lo más irónico —y aquí la ironía ya no es un recurso literario sino un mecanismo de supervivencia— es que a estos nuevos sacerdotes de la atención les pedimos que “influyan”. Que muevan a la gente a hacer cosas. Y no mueven a nadie a hacer nada, salvo a comprar un sérum para el acné o a seguir a su vez a alguien que no sabe el título de la película que vio anteayer. Pero qué vestido llevaba y cuanto hialurónico se ha puesto en los pómulos, eso sí lo sabemos todos. El artículo de ISABEL COIXET, directora de cine y escritora, titulado Alfombra roja, cerebro en blanco, se publicó en El País del 10 de marzo de 2026.



















TRUMP Y MIS MARAVILLOSOS AUDÍFONOS DE ALTA TECNOLOGÍA. ESPECIAL TRES DE HOY JUEVES, 12 DE MARZO DE 2026

 








Amigos, mi audición es pésima, por lo que recientemente decidí comprar unos audífonos: unos audífonos con IA muy especiales y avanzados que me permiten escuchar los elogios con muchísima claridad pero filtran todas las críticas negativas.

Bromeo, por supuesto, para dejar claro que si estos audífonos estuvieran disponibles, quienes los compraran descubrirían que tienen una discapacidad mayor que cuando no oían bien. Esto se debe a que, aunque a todos nos encantan los elogios, la retroalimentación más importante que recibimos nos dice qué estamos haciendo mal.

Sin esta retroalimentación crítica, podríamos insultar inadvertidamente a nuestros amigos, conducir hacia el tráfico que viene en sentido contrario, caer por acantilados, cometer errores tontos en el trabajo o incluso (si somos presidentes), llevar a Estados Unidos a una guerra sin un final aparente. En otras palabras, sin retroalimentación crítica, estaríamos totalmente arruinados.

Pero es difícil recibir críticas incluso en las mejores circunstancias. Tienes suerte si tu mejor amigo o pareja te dice que te huele el aliento, que necesitas una ducha o que tienes mocos, porque casi nadie más lo hará. Cuanto más alto se llega en cualquier jerarquía o estructura de poder, más difícil es obtener críticas porque uno está rodeado de personas que quieren complacerle y no se atreven a desagradarle.

Cuando tienes el poder de ascenderlos o despedirlos, hacerles la vida feliz o miserable, concederles lo que desean o condenarlos al infierno, no te dirán que hiciste el ridículo con un cliente, que tu broma fue de mal gusto o que te estás comportando como un imbécil. Te dirán que eres increíblemente inteligente, gracioso, encantador y perfecto. Es por esto que muchas personas en posiciones de autoridad usan mis audífonos avanzados con inteligencia artificial que amplifican los elogios y filtran las críticas, lo que los hace vulnerables a cometer grandes errores. Entonces, si usted es director ejecutivo, presidente o director de cualquier empresa, debe hacer un esfuerzo especial para obtener retroalimentación crítica: solicitarla, recompensarla y demostrar que la valora cambiando sus opiniones erróneas o su comportamiento estúpido.

Cuando era secretario de Trabajo, me esforcé por ascender al personal que me hacía críticas constructivas. Aun así, seguía siendo difícil obtener retroalimentación honesta. Un día, después de una entrevista televisiva, cuando regresaba a la oficina rodeado de gente que me decía lo bien que me veía y lo coherente y reflexivo que sonaba, un joven miembro del personal dijo en voz muy baja: "Señor secretario, usó tanto las manos que se tapó la cara". Me detuve. Los demás parecían horrorizados. Le pregunté al joven empleado: "¿Qué más notaste?". —Bueno —dijo ella, vacilante—, seguís usando términos como «Crédito Tributario por Ingreso del Trabajo» y «presupuesto discrecional» que nadie fuera del gobierno de Washington entiende. Necesitas usar un inglés cotidiano. "¡Gracias!", dije, y unos días después la nombré asistente especial de comunicaciones. Durante los siguientes años, me brindó algunos de los comentarios más valiosos que he recibido.

Lo que me lleva a Trump. No sólo ama y solicita elogios (si puede soportarlos, observe sus aduladoras reuniones de gabinete), sino que odia absoluta, total y apasionadamente las críticas. Se enfurece con cualquiera que le dé una opinión negativa. Castiga a los periodistas que escriben malas historias sobre él. Despidió al entonces director de la Oficina de Estadísticas Laborales, quien le contó a él y al resto del mundo lo mal que iba la economía. Explota de furia contra los empleados que le dan malas noticias. Cuando el ex fiscal general William P. Barr afirmó que no había pruebas de que las elecciones de 2020 hubieran sido fraudulentas, Trump arrojó su almuerzo al otro lado de la habitación y rompió su plato en un ataque de ira mientras el kétchup goteaba por la pared. "Pensé: 'Si de verdad se cree esto, ha perdido el contacto con la realidad... se ha desconectado de ella'", declaró Barr ante el comité el 6 de enero. Todo esto puede explicar su decisión de ir a la guerra en Irán, sin un objetivo claro ni una estrategia de salida.

Según el New York Times , los funcionarios de la Casa Blanca se han vuelto pesimistas sobre la falta de una estrategia clara para terminar la guerra, pero “han tenido cuidado de no expresar eso directamente al presidente, quien ha declarado repetidamente que la operación militar es un éxito completo”. Si tienen cuidado de no expresarle su pesimismo a Trump, ¿cómo diablos va a ver la profundidad del hoyo que ha cavado para sí mismo y para Estados Unidos? En privado, los asistentes dicen que están “frustrados por la falta de disciplina de Trump al comunicar los objetivos de la campaña militar al público”. Pero no hay ninguna posibilidad de que le hayan expresado su frustración a Trump. Todo esto significa que Trump no está recibiendo la retroalimentación que necesita. Permanece encerrado en su capullo, con el equivalente a mis audífonos de IA avanzados, ajeno a los peligros que crea para ti, para mí y para todos los demás. ROBERT REICH es economista y profesor de la Universidad de California en Berkeley. Este artículo se publicó en Substack el 12 de marzo de 2026.



















LA GUERRA DE LOS MULTIMILLONARIOS. ESPECIAL DOS DE HOY JUEVES, 12 DE MARZO DE 2026

 






Cada día que pasa, queda más claro que quienes nos llevaron a la guerra con Irán no tenían ni tienen idea de lo que hacen; son adolescentes que creen estar jugando videojuegos mientras miles mueren y el mundo se precipita hacia una crisis económica. El New York Times informa que los funcionarios de Trump desestimaron las advertencias de que atacar a Irán podría interrumpir el suministro mundial de petróleo. Entre otras cosas, el Times informa que el Sr. Trump, tanto en público como en privado, ha estado argumentando que el petróleo venezolano podría ayudar a resolver cualquier impacto derivado de la guerra con Irán. En 2024, Venezuela produjo 900.000 barriles de petróleo al día; normalmente, 20 millones de barriles diarios transitan por el Estrecho de Ormuz. Pero la aritmética tiene un conocido sesgo progresista. Mientras tanto, el Washington Post informa que el Pentágono ha prohibido a los fotógrafos de prensa asistir a las sesiones informativas sobre la guerra después de que publicaran fotos de Pete Hegseth que su personal consideró "poco favorecedoras". ¡Prioridades!

En medio del sangriento caos, una gran pregunta es: ¿quién puso en el poder a la Banda que No Podía Pensar con Claridad? En un sentido inmediato, Trump fue impulsado por votantes desinformados, definidos por G. Elliott Morris como votantes que desconocen qué partido controla el Congreso. Pero las bases para la toma del poder de MAGA fueron sentadas mucho antes por la Corte Suprema Roberts y por los multimillonarios de derecha que la corte permitió. Hace unas semanas escribí sobre "Billonaires Gone Wild" , la extraordinaria influencia adquirida por un pequeño grupo de hombres ultrarricos. El lunes, el Times publicó un artículo muy documentado sobre la influencia de los multimillonarios que, entre otras cosas, encontró que el gráfico anterior subestima un poco su papel en el financiamiento de campañas: según el Times, representaron el 19 por ciento de las contribuciones en 2024, no el 16,5 por ciento.

El Times también señaló que el gran capital giró bruscamente a la derecha en las elecciones de 2024. La magnitud de la generosidad derramada sobre los republicanos queda clara en los datos de OpenSecrets sobre los 100 principales donantes en diferentes ciclos: En elecciones anteriores, a medida que los donantes ultrarricos se volvieron más activos, ambos partidos principales se beneficiaron. Pero en 2024 se produjo una marcada divergencia, con menos dinero fluyendo directamente a los demócratas y un fuerte aumento en la cantidad donada a los republicanos. Por cada dólar donado por multimillonarios y sus familias inmediatas a un candidato o comité asociado con los demócratas, cinco dólares fueron para los republicanos. Gran parte de esto se debió a personas ultrarricas de la industria tecnológica, que se alinearon con las políticas fiscales y desregulatorias de Trump. Más de una docena de multimillonarios ocuparon puestos en su administración. Y estos flujos de dinero explícitos no capturan el inmenso efecto de otras inversiones de la riqueza de los multimillonarios, en particular la subversión de las redes sociales y los medios convencionales. Elon Musk compró Twitter en 2022 y rápidamente comenzó a convertirlo en el pozo negro nazi que es hoy —y no, no es una exageración—. ¿Cuánto contribuyó esto a la degradación del discurso público? Paramount, controlada por Larry Ellison y dirigida por su hijo, ha absorbido CBS News —que está en rápida decadencia— y está a punto de absorber también CNN. Y Jeff Bezos está desmantelando The Washington Post, aunque hay que felicitar a los periodistas que quedan y que siguen intentando hacer su trabajo.

Sin embargo, hay algo que todavía me desconcierta: en gran medida, los multimillonarios se compraron un gobierno favorable a sus intereses. Trump y compañía han concedido muchos de los deseos de la fraternidad tecnológica, desde exenciones fiscales hasta desregulación y la promoción de las criptomonedas y la inteligencia artificial sin regular. Pero ¿a qué se debe esta abyecta incompetencia? ¿Acaso los multimillonarios no pudieron encontrar aliados políticos que no hundieran al país en una guerra potencialmente desastrosa e históricamente impopular sin considerar los riesgos? Tengo dos respuestas tentativas: Una es que no, no había aliados competentes disponibles. El dinero compra mucha influencia, pero para tomar el control del gobierno estadounidense se necesita más que dinero: se necesitan políticos completamente corruptos. En su primer gobierno, Trump aprendió que contratar a personas incluso moderadamente competentes eventualmente representaba barreras para sus instintos autoritarios; por ejemplo, su exvicepresidente Mike Pence. Por lo tanto, Trump aprendió que, al elegir a sus candidatos políticos, cuanto más incompetentes, corruptos, intolerantes y crueles fueran, mejor. Se podría pensar que los indultos presidenciales a estafadores, blanqueadores de dinero y delincuentes declarados no tienen relación con la desafortunada guerra contra Irán. Pero la corrupción es una característica clave de un régimen instaurado por multimillonarios, y la corrupción y la incompetencia van de la mano

Mi segunda respuesta es que la inmensa riqueza de los multimillonarios tecnológicos ha hecho que muchos de ellos se despreocupen de la vida de la gente común y los vuelvan profundamente antipatriotas. Si los estadounidenses están siendo brutalizados y asesinados por agentes corruptos del ICE... bueno, ese no es su problema. Si el Departamento de Justicia y el FBI están totalmente subvertidos y operan como los ejecutores de Trump, saben que las tácticas vengativas e ilegales nunca afectarán sus vidas. Si los recortes presupuestarios republicanos diezman los hospitales rurales y privan a cientos de miles de personas de seguro médico... bueno, ellos tienen sus propios médicos y clínicas privadas. Si Trump inicia una guerra mal concebida que duplica el precio del petróleo... bueno, sin duda pueden permitirse el aumento en las facturas de gasolina de sus limusinas y yates. Y no serán sus hijos, atrincherados en un búnker en Oriente Medio. Entonces, si quieren entender cómo este país ha degenerado hasta tal punto, cómo podemos gastar casi 2 mil millones de dólares al día atacando a Irán sin un final claro a la vista, mientras los niños no tienen atención médica, los hogares de ancianos tienen poco personal porque sus trabajadores han sido deportados, las facturas de electricidad se disparan debido a los centros de datos, consideren quién se beneficia y quién no sale perjudicado. Esta es una guerra de multimillonarios, librada a expensas de todos los demás. PAUL KRUGMAN es premio nobel de economía. Artículo publicado en Substack el 12 de marzo de 2026.