jueves, 4 de junio de 2026

DEL CAFÉ DE SOBREMESA. PETER THIEL NO JUEGA AL AJEDREZ, POR MARTA PEIRANO. 4 DE JUNIO DE 2026

 







Un verano mi padre se detuvo delante de lo que ahora es la FNAC de Madrid y dijo, abrazando a un señor: ¡pero maestro, qué hace usted aquí solo! Yo debía de tener nueve años. Lo calculo, más que recordarlo, pero estoy segura de que era así porque en aquel momento era tal mi obsesión por tener una guitarra que di por hecho inmediatamente que el maestro era Andrés Segovia, autor de Recuerdos de la Alhambra, el origen de mi obsesión. El profesor de música del colegio la había tocado una vez durante las fiestas de carnaval y desde entonces yo lo perseguía para que me enseñara a tocarla, tratando de entender qué le hacía a las cuerdas para que vibraran como si estuvieran a punto de llorar. Me pareció extraño que mi padre reconociera al compositor y que lo interpelara con tanta reverencia. Me dio hasta un poco de rabia. Era yo la que tocaba la guitarra y no él. No me extrañó que Segovia conociera a mi padre y le respondiera con educada ternura, apretándole la mano, porque la fama no era la categoría jerárquica que es ahora. Después llegó una mujer joven que se lo arrancó a mi padre de las manos y se lo llevó sin contemplaciones. ¿Te das cuenta de quién era ese señor?, me preguntó con una gran sonrisa. Yo asentí fervientemente y caminamos un rato en silencio, repasando la experiencia.

Muchos años después, en el que sería el último verano de mi padre, yo recordé la anécdota durante una comida. Estábamos con mi mejor amiga y su marido, que iban de excursión a las Cíes y habían aparcado el coche en la casa de mis padres en Nigrán. Conté cómo nos cruzamos con el compositor y cómo su hija se lo había llevado casi indignada, pero mi padre no se acordaba. Conté la anécdota otra vez con detalles nuevos. Mi padre me miraba parpadeando, tratando de recordar, cuando algo lo iluminó y dijo riendo: yo no conozco de nada a Segovia pero ese ¡era Borges! Y la hija no era su hija sino María Kodama, su mujer. Y así es como descubrí, bien entrados los cuarenta, que mi padre se había hecho amigo de Jorge Luis Borges en Buenos Aires porque los dos eran habituales del Club Argentino de Ajedrez.

Mi padre había llegado a España diez años antes con dos cosas en el bolsillo: un título de ingeniero químico y varios trofeos de ajedrez. Le gustaba decir que el Club de la calle Paraguay, en el barrio de Recoleta, era la institución más prestigiosa de la ciudad porque allí el dinero no valía nada, y tampoco la fama ni el poder. Era el único lugar donde un estudiante de 20 años podía codearse con el más importante de los escritores. Donde su maestro, un polaco superviviente del Holocausto que vivía con su mujer en un cuarto ruinoso, era tratado como un príncipe, por la belleza de su juego y su generosidad para enseñar.

Yo sólo estuve una vez, cuando era muy pequeña, pero heredé por absorción su nostalgia de aquel club. Por eso me enfurece tanto descubrir que el lugar donde Alekhine derrotó a Capablanca, donde Fischer tumbó a Petrosian y donde mi padre conoció Borges ha dejado entrar a Peter Thiel, un hombre que no juega ni admira el juego, y que llega a Argentina a imponer un régimen donde sólo importan la fuerza bruta, el dinero y el poder. Marta Peirano es escritora. El País, 31 de mayo de 2026.

























DE LAS VIÑETAS DE HUMOR DEL BLOG DE HOY JUEVES, 4 DE JUNIO DE 2026

 






















DEL ARCHIVO DEL BLOG. PROTESTAS Y MASACRE DE LA PLAZA DE TIANANMÉN. 4 DE JUNIO DE 1989, POR HARENDT. PUBLICADO EL 4 DE JUNIO DE 2009

 






Las protestas y masacre de la plaza de Tiananmén de 1989, denominadas por el Gobierno de China como incidente del 4 de junio (en chino: 六四事件), consistieron en una serie de manifestaciones lideradas por estudiantes chinos, que ocurrieron entre el 15 de abril y el 4 de junio de 1989, además de su posterior represión, ordenada por las autoridades de la República Popular China. La protesta recibe el nombre del lugar en que el ejército chino disolvió la movilización: la simbólica plaza de Tiananmén, centro histórico y cultural de la capital china. Los manifestantes provenían de diferentes grupos, desde intelectuales que creían que el Gobierno era demasiado represivo y corrupto, a trabajadores de la ciudad que creían que las reformas económicas pro mercado en China habían ido demasiado lejos y que la inflación y el desempleo estaban amenazando sus formas de vida. El acontecimiento que inició las protestas fue el fallecimiento de Hu Yaobang. Pueden leer la historia completa desde este enlace a Wikipedia.





















DEL POEMA DE CADA DÍA. NO DECÍA PALABRA, POR LUIS CERNUDA. 4 DE JUNIO DE 2026

 









NO DECÍA PALABRAS




No decía palabras,

acercaba tan sólo un cuerpo interrogante,

porque ignoraba que el deseo es una pregunta

cuya respuesta no existe,

una hoja cuya rama no existe,

un mundo cuyo cielo no existe.


La angustia se abre paso entre los huesos,

remonta por las venas

hasta abrirse en la piel,

surtidores de sueño

hechos carne en interrogación vuelta a las nubes.


Un roce al paso,

una mirada fugaz entre las sombras,

bastan para que el cuerpo se abra en dos,

ávido de recibir en sí mismo

otro cuerpo que sueñe;

mitad y mitad, sueño y sueño, carne y carne,

iguales en figura, iguales en amor, iguales en deseo.


Aunque sólo sea una esperanza

porque el deseo es pregunta cuya respuesta nadie sabe.




LUIS CERNUDA (1902-1963)

poeta español




***




Luis Cernuda Bidou o Bidón (Sevilla, 21 de septiembre de 1902-Ciudad de México, 5 de noviembre de 1963) fue un poeta y crítico literario español, miembro de la generación del 27. El núcleo temático de la obra de Cernuda es la antítesis entre la realidad y el deseo, hecho que explica que a partir de 1936 titulara el conjunto de su poesía con esta oposición. Esta antítesis nace, sin duda, de las peculiares circunstancias vitales del poeta sevillano, pero entronca perfectamente con lo que en los poetas románticos y simbolistas era la colisión entre la libertad individual y la sociedad burguesa, además de ser un tema característico de la poesía del siglo XX, como lo demuestra su aparición en poemas de autores muy variados, desde Antonio Machado, a Federico García Lorca, pasando por Rafael Alberti, por citar solamente a algunos contemporáneos de Cernuda.



















DEL ASUNTO DEL DÍA. PRESUNTA IMPARCIALIDAD, POR IGNACIO SÁNCHEZ-CUENCA. 4 DE JUNIO DE 2026

 






Ante el giro de los acontecimientos, con la legislatura en plena ebullición, lo más cómodo es apelar a la división de poderes, la imparcialidad de los jueces y dejar “que hablen los tribunales”. Que caiga quien tenga que caer. Cualquiera que vaya más allá de ahí se expone a que se le acuse de disculpar la corrupción por sectarismo partidista o de subvertir la independencia del poder judicial.

Quisiera comenzar presentando mis credenciales, con la vana esperanza de evitar las reacciones más furibundas. Hace algo menos de un año, cuando surgió el escándalo de Koldo García, José Luis Ábalos y Santos Cerdán, escribí en estas páginas un artículo hablando de las responsabilidades políticas que le tocaba asumir al presidente del Gobierno y secretario general del PSOE, Pedro Sánchez. Entre otras cosas, defendí que, tras la caída sucesiva de dos secretarios de Organización del partido, lo mejor que podía hacer Sánchez era anunciar que no se presentaría de nuevo a las elecciones y dejar paso a un nuevo equipo que renovara el proyecto y la organización. Creo que si hubiera hecho algo así, habría sido bueno para la salud democrática del país, para el futuro del PSOE y, por si no fuera suficiente lo anterior, se habría evitado este final de legislatura un tanto agónico.

El lío actual no se puede atajar apelando a la presunción de inocencia de los acusados. Cuando sucedieron los escándalos de corrupción de la época de Rajoy, se insistía, creo que con buenas razones, en que una cosa eran las responsabilidades penales, que se sustanciarían en su momento, y otra las responsabilidades políticas, que exigían una respuesta más inmediata. Algo puede no ser un delito pero resultar políticamente inaceptable. Todos pudimos ver la libreta de Bárcenas. El máximo responsable del partido, Mariano Rajoy, aparecía en más de 30 anotaciones por pagos en negro. Aquello era suficiente para formarse una opinión de lo ocurrido. Salieron también evidencias de abusos de poder, suficientes para entender qué tácticas había utilizado el Gobierno del PP para tapar el rastro de su corrupción y acabar con los rivales. Aunque la justicia apenas ha avanzado en el esclarecimiento de estos acontecimientos (se está juzgando la Kitchen diez años después, pero no se ha hecho prácticamente nada con las operaciones contra Podemos y los independentistas catalanes), es legítimo discutir sobre la responsabilidad política del PP en estos acontecimientos.

El problema que surge en la actualidad con respecto a las responsabilidades políticas del PSOE es que para formarnos una opinión de lo que está sucediendo no podemos confiar ciegamente en el principio de imparcialidad de la justicia. Y tampoco hay buenas razones para creer sin más en las actuaciones policiales: nos hemos ido acostumbrando a que los informes de la UCO y de la UDEF mezclen realidad y ficción. Cuando se descubren falsedades y manipulaciones en dichos informes, no hay forma de que esos cuerpos rindan cuentas ante la ciudadanía. Por mencionar solo algunos ejemplos recientes: la UDEF jugó sucio contra Podemos (caso Neurona), se equivocó gravemente en el caso de Sandro Rosell y hemos visto en el juicio de la Kitchen el testimonio demoledor del comisario Morocho sobre las presiones que sufrió para proteger a Mariano Rajoy. La UCO, por su parte, se caracteriza por lanzar interpretaciones atrevidas que suelen perjudicar casi siempre a los mismos… Son agencias del Estado opacas por su propia naturaleza que no están sujetas a principio de responsabilidad alguno.

No estoy sugiriendo que haya una concertación de los jueces ni nada parecido; basta que los jueces que lleguen al Tribunal Supremo y la Audiencia Nacional arrastren sesgos ideológicos y corporativos, es decir, que se dejen arrastrar por el clima dominante en la carrera. En España parece sacrílego poner en cuestión la actuación de los jueces. Sin embargo, son un poder del Estado y están sometidos a muy pocos controles. Los controles previstos constitucionalmente son internos, pero sabemos que hay un fuerte corporativismo en la profesión y que la cúpula del sistema, el Tribunal Supremo, está en manos de jueces conservadores desde hace mucho tiempo. La mejor prueba de la parcialidad de los jueces son las luchas encarnizadas de los partidos en torno al Consejo General del Poder Judicial, el órgano de gobierno que decide quiénes llegan a los más altos tribunales. Si los jueces fueran imparciales, no habría necesidad alguna de luchar por el dominio político de la institución. El Partido Popular es un maestro en este terreno: tanto le importa el asunto que mantuvo cinco años bloqueada la renovación del CGPJ.

Esto no quiere decir que los jueces prevariquen o que no haya justicia, pero sí que la justicia no se aplica igual a todos los actores políticos. Dentro de los márgenes del Derecho, hay espacio para ser más estricto en unos casos que en otros. Aparece ahí el doble rasero. No se trata necesariamente de que las condenas sean incorrectas jurídicamente, sino de que no se investigue con la misma diligencia a todos los actores políticos y que se valoren las pruebas de forma distinta en cada caso. El ejemplo más claro ha sido la condena del ya exfiscal general del Estado. Habiendo filtraciones judiciales constantemente, se aprovechó una filtración (cuya autoría no pudo determinarse) para ajustar cuentas con Álvaro García Ortiz.

Los primeros síntomas de que la situación estaba descontrolándose pudieron observarse con la gran causa judicial a los independentistas catalanes. En una maniobra bien calculada, se comenzó acusando por rebelión para luego dar una apariencia de ecuanimidad condenando por sedición. El Tribunal Supremo tuvo que hacer cabriolas argumentativas para que la manifestación del 20 de septiembre de 2017, similar a otras muchas en nuestra historia democrática, o las protestas por las cargas policiales el 1 de octubre, se convirtieran en “alzamientos tumultuarios” que intentaban evitar la aplicación de la ley mediante la fuerza o fuera de las vías legales. La mayoría social, incluyendo entonces al PSOE, no quiso cuestionar una sentencia que, con tal de llegar a condenas duras, pasaba por encima de los valores democráticos que amparan la protesta popular. Desde entonces, los jueces, envalentonados, han ido abandonando toda forma de autocontención y hemos visto actuaciones disparatadas y maliciosas (las de los García-Castellón, Escalonilla, Peinado, etc.), con una clara motivación política y una pobreza argumental alarmante.

Podemos mirar para otro lado y envolvernos en el formalismo de la imparcialidad de los jueces, pero hay motivos para cuestionar dicha imparcialidad en los casos políticos. Algunos asuntos se investigan hasta sus más mínimos detalles, mientras que otros quedan en el olvido. El doble rasero judicial y policial acaba erosionando la legitimidad de un poder fundamental del Estado. Más allá de ese daño estructural al sistema, el problema es que cuando una parte relevante de la ciudadanía pierde la fe en la imparcialidad judicial, los escándalos de corrupción, real o supuesta, ahondan la división social: unos creen que la justicia es valiente e insobornable, mientras que otros concluyen que hay una intencionalidad política en su proceder. En esas condiciones, si el objetivo último de los actores judiciales y policiales es cargarse el Gobierno, puede producirse un cierre de filas en torno al Ejecutivo por parte de todos aquellos que han dejado de confiar en lo que se supone que han de ser órganos imparciales de control del poder político. Ignacio Sánchez-Cuenca es politólogo y profesor en la Universidad Complutense de Madrid. El País, 2 de junio de 2026.






















BUENOS DÍAS. SALUDOS EN LAS LENGUAS DE MI PATRIA. HOY JUEVES, 4 DE JUNIO

 






Hola, buenos días de nuevo a todos y feliz jueves, 4 de junio, ecuador de la semana, a siete días justos de la visita pastoral del papa León XIV a las islas Canarias, y a diecisiete del solsticio de verano; proximidad de verano que, la verdad sea dicha, está brillando por su ausencia en Canarias. Cambiando de asunto, supongo que han visto el vídeo del policía antidisturbios que arroja violentamente al suelo, con un fuerte empujón, a una profesora valenciana de 68 años que se manifestaba pacíficamente en la calle. No es una imagen muy edificante de un representante de las fuerzas del orden, sí, de esas que están al servicio (se presume) de la ciudadanía, en la vigésimo primera sociedad democrática del mundo. ¿Fue iniciativa propia del agente, cumplimentación de órdenes recibidas, o un exceso de celo represor inculcado por la situación? El ministro del Interior debería aclararlo en sede parlamentaria, ¿no creen?... A lo peor estoy exagerando: solo le rompió la nariz, tan poco es para tanto… Tamaragua, amigos míos. Que pasen un buen día. Espero que las entradas del blog de hoy sean de su interés. .Nos vemos mañana de nuevo si la diosa Fortuna la permite. HArendt














ENTRADA NÚM. 10690

miércoles, 3 de junio de 2026

BONES NITS, FELIÇ DESCANS I DOLÇOS SOMNIS. AVUI DIMECRES, 3 DE JUNY DE 2026

 






Hola, bona nit, feliç descans i dolços somnis a tots aquesta nit de dimecres, 3, dijous, 4 de juny. Doncs no va sortir el dia com esperàvem i ens vam quedar a casa. Ha estat ennuvolat tot el dia i amb molt de vent i 23º de màxima. No venia de gust sortir. Veurem demà com va la cosa. El món, igual: malament. La primera al front: Meliá també cedeix davant la pressió de Trump i abandona la gestió de 15 hotels a Cuba; la segona a la boca: Rússia intensifica els atacs contra Ucraïna i les seves amenaces a Europa: “El seu pacífic somni s'ha acabat”; i la tercera al pit: El PP i Vox arriben a un acord de govern a Castella i Lleó que inclou la “prioritat nacional”. Com per posar-se a plorar, si és que les llàgrimes servirien d'alguna cosa… Demà, des de les 06:00 (hora de les Canàries) tindran al bloc les noves entrades de dijous, 4 de juny de 2026. Tamaragua, amics meus. Que la deessa Fortuna i les benvolents Moiras els siguin favorables. Fins demà. Els vull. Petons. HArendt













ENTRADA NÚM. 10689

DE LA TARDE QUE CAE. EL PRESUNTAMENTE INOCENTE ZAPATERO, POR PAU LUQUE SÁNCHEZ. 3 DE JUNIO DE 2026

 






Algunos de ustedes se acordarán de que, muy a finales de los años ochenta, Juan Guerra fue acusado de corrupción. Esto terminó provocando la dimisión de su hermano Alfonso Guerra, por entonces vicepresidente del Gobierno. Fue quizás el primer gran escándalo de corrupción de la por entonces adolescente democracia española.

Pero tal vez no se acordarán de que Juan Guerra fue declarado no culpable hasta en siete ocasiones de los cargos relacionados con corrupción. ¿Cómo acordarse, si nos escandalizan las acusaciones de todo tipo contra políticos, pero no sus absoluciones? Tampoco se acordarán, a pesar de que es algo muchísimo más reciente, de que Francisco Camps, antiguo presidente de la Generalitat valenciana, ha salido absuelto de todas las acusaciones por corrupción que fueron difundidas por buena parte de la prensa e hicieron las delicias de los muy numerosos yonquis del escándalo.

Pero la llaga donde quiero hurgar no es tanto la de que al final se demostrara la inocencia de Guerra y Camps. Me interesa indagar más bien en las fuentes que alimentan esta adicción nacional al escándalo, fuentes entre las que figura, de manera preeminente, una confusión alrededor de la presunción de inocencia.

Y nadie ha contribuido más a este embrollo, me temo, que el gremio periodístico. La cosa funciona así. El periodista de turno, sobre todo en tertulias, dizque para protegerse de posibles querellas por injurias, se pronuncia así: “Zapatero cobró presuntamente una cuantiosa comisión por haber influido en el rescate de Plus Ultra”. Al no afirmar su culpabilidad y referirse sólo a delitos que presuntamente habría cometido, el periodista cree estar respetando la presunción de inocencia.

Pero lo que el receptor del mensaje absorbe, y con razón, es que Zapatero es presuntamente culpable, pues aquello respecto de lo cual se suspende momentáneamente el juicio es su culpabilidad, no su presunta culpabilidad. Esta última, de hecho, se afirma incluso con rotundidad. No hay mucha diferencia entre ser culpable y ser presuntamente culpable, sobre todo cuando aprieta el síndrome de abstinencia y asoma en el horizonte un buen escándalo. Pero sí hay mucha diferencia entre ser tratado como presuntamente culpable y ser tratado como presuntamente inocente.

Esta es mi propuesta: habría que referirse periodísticamente al expresidente como “el presuntamente inocente Zapatero” o, si prefieren, diciendo: “A Zapatero se le investiga por haber cobrado una cuantiosa comisión por haber influido en el rescate de Plus Ultra, acciones respecto de las cuales es presuntamente inocente”. Tomarse en serio el Estado de derecho es, en este momento del procedimiento, referirse a las acciones por las que es imputado no como los delitos que presuntamente habría cometido —que es lo que ocurre en tertulias y columnas—, sino como delitos de los que se le acusa pero que, a la espera de que se desarrolle la fase probatoria, presuntamente no habría cometido. Suena raro. Pero no lo es.

Se me dirá que lo anterior son quisquillosidades sin importancia. Y yo les responderé que es casi lo único que importa en el momento de la investigación. Los periodistas que, queriéndolo o sin querer, se apoyan en la presunción de culpabilidad para informar u opinar son los camellos que proporcionan la droga barata, socialmente autodestructiva y políticamente corrosiva que consumen los adictos al escándalo. Alfonso y Juan Guerra o Francisco Camps cayeron porque fueron descritos como presuntos culpables. Esto es más lacerante cuando se termina demostrando que eran inocentes. Pero, en realidad, es igual de grave cuando se acaba demostrando que alguien sí es culpable.

También se me dirá que nada cambiará si los periodistas se refieren a las acciones por las que es imputado el expresidente como acciones en relación con las cuales “Zapatero es presuntamente inocente”. Y es que el escándalo es la imputación misma. No lo sé. Mi impresión es que, al igual que uno no está legalmente casado si no pronuncia un “sí” en voz alta y delante de todos, uno no se convierte en carnaza hasta que los periodistas al unísono y en voz alta te tratan como presuntamente culpable. No cuestiono la relevancia periodística de la imputación de un expresidente. Tampoco que alguna dosis de escándalo es inevitable en una imputación de este tipo. Sólo disputo la sintaxis elegida para informar al respecto.

Por último, hay que señalar la extraña contribución del juez Calama al asunto. Como recordaba Jordi Ferrer (“¿Se está respetando la presunción de inocencia del expresidente Zapatero?”, Agenda Pública, 26 de mayo de 2026), el Tribunal de Justicia de la Unión Europea sentenció recientemente que no se puede atribuir concluyentemente la comisión de un delito en una etapa preliminar del procedimiento penal. Pero esto es, a grandes rasgos, lo que ocurre en algunos pasajes del auto del juez Calama, en los que se afirma que Zapatero, ya en esta fase, es nada menos que un jefe de jefes.

Queridos jueces: pónganselo más fácil a los periodistas y ayúdennos a quienes creemos que, en relación con el cargo de traficar con la droga que agrava la adicción nacional al escándalo, los periodistas son presuntamente inocentes. Pau Luque es investigador de Filosofía del Derecho en la Universidad Nacional Autónoma de México. Su último libro es Ñu. Un problema para cada solución (Anagrama). El País, 1 de junio de 2026.



























DEL CAFÉ DE SOBREMESA. ¡QUIETO TODO EL MUNDO!, POR ELVIRA LINDO. 3 DE JUNIO DE 2026

 





El insigne Ignatius Farray dijo el otro día que si el expresidente Aznar había tomado como lema eso de “el que pueda hacer que haga” era porque la frase “¡Quieto todo el mundo!” ya estaba cogida. El humorismo siempre ha sido una profesión de riesgo, y no es de extrañar, porque mientras el analista ha de tomarse un tiempo para expresar una idea que, dado que se basa en una sospecha, ha de presentar con matices y manejar en el terreno de lo indiciario (palabra de moda), el humorista, o la humorista, traduce lo que tanta gente intuye en unas pocas palabras puntiagudas que mueven a la risa a unos y ofenden a los señalados. El humor es creativo, el humorista no necesita echar el rato leyéndose un auto judicial, el humorista huele lo que se cuece en la olla podrida y lo suelta. Así ha soltado el Mundo Today eso de que “el expresidente Felipe González celoso porque Zapatero está haciendo más por la derecha que él”. ¿Será cierto? Ese terreno que el periodista no puede pisar sin ser tachado de sectario es en el que retoza el humorista, convirtiendo el rumor en chiste y el chiste, cuanto más exprese lo que no nos atrevemos a decir, más carcajadas provoca. También alivia, porque es un desahogo vicario. El humorista que no se arriesga no hace del todo honor a su oficio. Hay humoristas a los que esperan a la salida de las salas donde actúan, hay humoristas a los que amenazan desde el universo virtual, supuestamente inofensivo. Pero los humoristas, desde que el humor se hizo presente en la especie humana, saben que, por más admiradores que llenen sus shows en buenos teatros, siempre habrán de ser fieles a su carácter de pobladores de los márgenes, de payasos que dicen lo inadecuado como así harían los niños. El humorista que dejó de ser niño, que perdió su inocencia, el que intelectualiza el humor porque en el fondo le da vergüenza dedicarse a algo tan primitivo, no pertenece a ese grupo de los que siempre eligen decir lo inadecuado y sin haber reflexionado mucho sobre ello sueltan lo que se huelen que el pueblo quiere decir y no puede.

Hay políticos que a veces juegan a ser humoristas. No funciona y a veces da vergüenza. No es compatible hacer humor cuando se practica desde una posición de poder; sea cual sea el cargo, la gracieta chirría. A veces los vemos hacer juegos de palabras, que les han escrito otros, y quieren hacer como si se les acabara de ocurrir. Desistan, por Dios, porque el repentista canta y cuenta de manera totalmente improvisada. El repentismo es un arte para el que están dotados muy pocos. Solo a veces responde a un don popular colectivo que dejan en herencia abuelos y abuelas, como ocurre en la ciudad de Cádiz, donde cada bar parece contar con un tipo repentizando. El humor, como el compás, se lleva en el corazón, aunque se desarrolle luego prestando oído al habla de la calle. El humor nace de abajo arriba por eso no hay humorista, al menos en España, que no alimente su humor de las palabras que escuchó en la calle. Inglaterra, ejem, ya es otra cosa. Nuestro humor es cervantino, corrosivo con el poderoso, escatológico, sanchopancista, especialmente adecuado para hacer reír en tiempos de crisis. En vísperas de la llegada de este Papa que se nos ha revelado como el hombre que en voz baja dice, sin que le tiemble la voz, lo que piensa, yo animo a ponerles unas velas a esos santos que no están en las iglesias, a ese batallón de payasas y payasos que nos sirven de espejo mucho mejor de lo que podemos hacer desde una columna como esta. Ellos, en ese afán de alimentarnos la risa, ya viven en el reino de los cielos. Salen al escenario y tienen las butacas llenas de fieles que están esperando como agua de mayo llenarse el pecho de risa para seguir resistiendo. Cuando acaba el show, Ignatius Farray se quita los pantalones y enseña los huevos al respetable. Hay semanas en las que una solo espera eso: que un payaso inocente se muestre desnudo. Elvira Lindo es escritora. El País, 31 de mayo de 2026.