DESDE EL TRÓPICO DE CÁNCER (20 ANIVERSARIO)
El blog de HArendt (2006-2026) Pensar para comprender, comprender para actuar
miércoles, 9 de septiembre de 2026
DEL ARCHIVO DEL BLOG. JUANES EN CUBA, POR HARENDT. PUBLICADO EL 22 DE SEPTIEMBRE DE 2009
Les confieso mi desazón previa sobre el concierto del mítico músico colombiano, Juanes, en la plaza de la Revolución de La Habana, Cuba, el pasado domingo. No por la prevista y multitudinaria asistencia al mismo, ni por el sectario uso propagandístico que de él pudieran hacer las autoridades cubanas, sino por lo que pudiera suponer de rompimiento de una comunidad sentimental entre los cubanos de dentro de la isla caribeña y los cubanos del exterior.
La lectura, ayer lunes, de "Generación Y", el magnífico Blog que escribe desde su exilio interior en Cuba mi amiga y admirada Yoani Sánchez, me reconforta sobremanera. Sin abdicar lo más mínimo de su radical crítica al régimen, Yoani, con esa mesura tan suya, tan magnífica como humana, deja constancia de su esperanza de que el concierto de Juanes del domingo sea el ensayo general de ese otro concierto en el que "un día puedan participar los excluidos de esta tarde". En esa esperanza participamos también los que desde este otro lado del mismo Atlántico que nos arrulla, creemos en la fuerza de la palabra. Gracias de nuevo, Yoani, por tu ejemplo de valor y fortaleza. Sean felices. Tamaragua, amigos. HArendt
DEL POEMA DE CADA DÍA. HOY, SESTEAR PÁLIDO Y ABSORTO, DE EUGENIO MONTALE (1896-1981)
SESTEAR PÁLIDO Y ABSORTO
Sestear pálido y absorto
junto a la ardiente tapia de un huerto.
Escuchar entre endrinos y zarzas
chasquidos de mirlos, rumores de ofidio.
En las grietas del suelo o la algarroba
acechar las hileras de rojas hormigas
que se entrecruzan o quiebran
en la cima de minúsculas gavillas.
Observar entre las frondas del lejano
palpitar de briznas marinas
mientras se elevan trémulos chasquidos
de cigarras desde pelados picos.
Y caminando entre el sol que deslumbra
sentir con triste maravilla
que la vida toda y su fatiga está
en este recorrer un muro
coronado por pinchos filosos de botella.
EUGENIO MONTALE (1896-1981)
poeta italiano
***
Eugenio Montale (Génova, 12 de octubre de 1896 - Milán, 12 de septiembre de 1981) fue un poeta, ensayista y crítico de música italiano que recibió el Premio Nobel de Literatura en 1975. Definida como «hermética», la poesía de Montale es austera, casi siempre breve, de sintaxis sinuosa, pero de un gran apego a las cosas y hechos concretos. La mención de lugares y descripción de escenas y escenarios parece constituir un neosimbolismo en el que objetos y sucesos son signos y analogías de un paisaje interior. Sus críticos y apologistas han señalado que muchas referencias en sus poemas son claves íntimas que solo podrían ser explicadas por el poeta. Estas crean una sugestión en el lector, que encuentra posibilidades de lectura que exceden el marco biográfico.Al otorgársele el Premio Nobel, se señaló que la obra de Montale refleja la visión de la crisis del hombre contemporáneo, cercado en su soledad y su pesimismo. Podría agregarse que el mundo circundante, tan presente en la obra de Montale, es como el espejo en el que ese ser humano vacío y aislado intenta encontrarse a sí mismo. En una entrevista imaginaria, el autor señaló: «La poesía es una forma de conocimiento de un mundo oscuro que sentimos en torno de nosotros pero que en realidad tiene sus raíces en nosotros mismos».
DEL ASUNTO DEL DÍA. TODO SE TRANSFORMA MENOS LA POLÍTICA, POR FERNANDO VALLESPÍN. 9 DE SEPTIEMBRE DE 2026
Mientras estamos inmersos en pleno cambio de época, cuando todo se transforma de forma radical y los desafíos nos desbordan, sentimos que nos faltan los medios necesarios para hacerlos frente. Dicho de otro modo, la política, la única instancia capaz de afrontarlos mediante una acción colectiva eficaz, no parece estar a la altura de lo que exigen estas nuevas circunstancias. En parte, porque nos faltan recursos cognitivos y en muchos campos navegamos en la incertidumbre, como cuando suscitamos la cuestión de la IA y su potencial disruptivo, algo sobre lo que ni siquiera tienen respuestas claras sus propios diseñadores —o nos las ocultan—.
Ahora bien, si hay un tema que ya no ofrece ninguna duda es el del cambio climático y cómo Europa será el continente más afectado. Y, dentro de Europa, nuestro propio país. Hemos sido uno de los países que más han avanzado en cuestiones como la transición energética; pero, por mucho que el resto del mundo acompañe las medidas dirigidas a evitar el calentamiento global —ahora mismo solo ejecutadas casi en exclusiva por Europa—, las generaciones hoy vivas solo pueden esperar más de lo mismo. O incluso algo peor. Estamos teniendo un verano de pesadilla y creo que no hace falta recordar por qué. ¿Alguien tiene un plan para evitar que lo ocurrido siga reproduciéndose en el futuro? Me refiero a un verdadero programa de acción política que busque soluciones a los incendios, el aumento de las temperaturas, la sequía, y cómo compensar a quienes más se van a ver afectados.
He leído algunas propuestas de los expertos —sobre incendios, por ejemplo—, que me parecen más que razonables, y seguro que hay otras buenas ideas sobre cómo protegernos de las altas temperaturas, adaptar las ciudades al calor o prever los efectos de las sequías. O, y esto es algo de lo que todavía no se habla alto y claro, sobre cómo esta situación va a afectar a nuestra industria turística. A mi entender, el problema no es ya tanto el de acumular propuestas sensatas sobre el qué hacer, cuanto el de ponerlas en práctica. Y aquí es donde entra la política.
En este asunto, su acción ha sido casi siempre reactiva o se ha limitado al parcheo. En gran medida porque carece de los incentivos necesarios para destinar recursos a inversiones cuyos resultados carecen de auténtica visibilidad electoral, su efecto solo puede percibirse a largo plazo. ¿Alguien vota a algún partido porque haya menos incendios o se combatan mejor las altas temperaturas? Es difícil vender en términos políticos las catástrofes evitadas; solo computan, en negativo, las efectivamente producidas. E incluso en este caso, y esto resulta paradójico, el calentamiento global puede operar como una posible eximente. “Qué le vamos a hacer, es el cambio climático”. A ello se añade la confusión entre las competencias de las diferentes instancias políticas territoriales, que permite difuminar el rendimiento de cuentas. Con todo, lo más grave es que la política, al menos aquella que se transparenta hacia la opinión pública, parece estar en otra parte. Más atenta a señalar lo que hace mal el contrario que a intentar ponerse de acuerdo con él para resolver los problemas comunes, por hacerlo bien entre todos. Porque hay algunos, como el que venimos tratando u otros como la vivienda o la educación, que no encontrarán una solución aceptable si las fuerzas políticas no consiguen alcanzar un consenso mínimo. Lo que se nos viene encima es un cambio radical de nuestra misma vida cotidiana, porque afecta a nuestro propio hábitat, a nuestra forma de estar en el mundo. Si la política sigue mirándose su ombligo partidista, si no consigue estar a la altura del desafío, habremos perdido el futuro. Fernando Vallespín es politologo. El País, 23 de agosto de 2026.
martes, 8 de septiembre de 2026
BUENAS NOCHES, FELIZ DESCANSO Y DULCES SUEÑOS. 8 DE SEPTIEMBRE DE 2026
Hola de nuevo, amigos. Buenas noches, feliz descanso y dulces sueños a todos esta noche de martes, 8 de septiembre de 2026. Especialmente a mis paisano de la isla de Gran Canaria, que hoy han celebrado la festividad de su Santa Patrona, la Virgen del Pino, algo que aunque parezca complejo de entender, no es óbice con mi ateísmo confeso. Espero que hayan pasado un buen día en compañía de sus familias y amigos. Gracias de todo corazón por haberse dado una vuelta por el blog. Me alegraría creer que han disfrutado de su visita. Tamaragua, amigos míos. Que la diosa Fortuna y las benevolentes Moiras les sean favorables. Hasta mañana. Les quiero. HArendt
ENTRADA NÚM. 11396
DE LA TARDE QUE CAE. PRÍNCIPE DE LA PASIÓN, PRINCESA DE LOS PARALELOGRAMOS, POR IRENE VALLEJO. 8 DE SEPTIEMBRE DE 2026
Cabeza fría. Si te emocionas, dirán que te dejas arrastrar por una corriente tumultuosa. Ofuscada. Turbulenta. Allá arriba, el cerebro permanece sereno, como un faro entre tinieblas. El corazón, en cambio, bombea letras de boleros, comedias románticas y otras majaderías. Nos mantiene vivos con su percusión constante, con su brega infatigable, su tenaz cumplimiento, carne trémula y rítmica, bum bum, pero ese es un detalle menor. La seriedad reside en otra parte, en el ático, donde habitan los pensamientos abstractos, limpios y etéreos, donde la sangre no entra ni sale a borbotones volcánicos, ese lugar que imaginamos como un ordenador imparcial al mando de todo. Hemos divorciado lo racional y lo emotivo. “Te gusta el melodrama”, “estás exagerando”, “no te alteres”. Así invalidan los argumentos de quienes muestran sus emociones. Cuando discutimos nos gusta imaginar que somos magníficamente racionales, y los demás no. En realidad, disfrazamos nuestras opiniones de lógica pura para sentirnos infalibles.
Los antiguos egipcios creían que la sede conjunta del entendimiento y la personalidad, con sus saberes y pasiones, residía en el corazón. Al embalsamar a sus muertos, lo dejaban en el interior de la momia; por el contrario, desechaban el cerebro, que creían inútil para la eternidad —tal vez por eso los zombis zampan sesos—. Tras el viaje al más allá, el dios Anubis colocaba el corazón difunto en un platillo de una balanza y, en el otro, una pluma de avestruz. El órgano de la vida debía pesar menos que la pluma. Quien lo tenía lastrado por abusos o codicia sufría aniquilación y olvido, mientras los justos habitaban para siempre en el reino de Osiris, allá donde la Vía Láctea se convertía en el Nilo celestial. Aristóteles también era cardiocéntrico: defendió que la función del cerebro consistía en templar el calor de la sangre, pero el alma y la inteligencia tenían su residencia en el pecho, como amigos que comparten piso. El Sagrado Corazón —y no el divino encéfalo— ha inspirado una gran corriente de devoción católica.
Pese a todo, la idea de que la emoción obstaculiza el pensamiento lógico continúa extendida aún hoy. El neurocientífico Antonio Damasio describió el caso de Elliot, un empresario en la treintena que perdió parte del lóbulo frontal de su cerebro durante una cirugía para extirpar un tumor. Tras la operación, Elliot conservó la memoria, un coeficiente intelectual elevado y las capacidades cognitivas intactas, pero sus amigos más cercanos lo notaban desvinculado del mundo. “En las muchas horas que conversé con él, nunca vi rastros de tristeza, impaciencia o frustración”, escribe Damasio en El error de Descartes. Algo faltaba: el cerebro de Elliot ya no lograba conectar la razón con la emoción. Su vida empezó a desmoronarse. Perdió el sentido de la responsabilidad, lo despidieron de su trabajo, se divorció, dilapidó sus ahorros en inversiones insensatas, volvió a casarse y divorciarse, y acabó a la deriva, sin ingresos. El científico concluyó que Elliot era capaz de pensar con claridad, pero incapaz de conceder valor a las posibilidades que se presentaban en su camino: solo veía un paisaje plano y sin alicientes, una sola nota neutra. Su ímpetu y su eficacia a la hora de elegir habían quedado dañadas. Según Damasio, “los sentimientos son fundamentales para la toma racional de decisiones”.
La lógica y las emociones colaboran; ambas proporcionan información vital. No funcionan aisladas, están en continua interacción. Nuestra emotividad tiene sus razones y el engranaje de la racionalidad la integra porque nos estimula y nos completa. Así conseguimos pensar mejor y un mayor entendimiento del mundo y de nuestra realidad. Es cierto que las pasiones descontroladas pueden perturbar nuestro comportamiento, pero, como escribe Damasio, “la conexión entre ausencia de emoción y comportamiento descarriado puede decirnos algo sobre la maquinaria biológica de la razón”.
En pleno desenfreno romántico, el escritor lord Byron se casó con la heredera Annabella Milbanke. El príncipe de la pasión y “la princesa de los paralelogramos”, como Byron había apodado a su esposa —famosa por su afición a las matemáticas—, descubrieron pronto sus divergencias: el matrimonio duró solo un año y acabó envuelto en tumultuosas acusaciones. Afortunadamente, de aquella orgía poética y geométrica nació Ada Lovelace, una de las mujeres más extraordinarias del siglo XIX. Según su biógrafo, Benjamin Woolley, ella personificó el abismo insalvable entre dos mundos que se alejaban. El romanticismo separó la pasión de la razón, el instinto del intelecto y el arte de la ciencia. Ada luchó por reconciliar esas polaridades, pero acabaron por desgarrarla.
La escarmentada madre de Ada diseñó la educación de la niña para anestesiar sus arrebatos con una estricta dieta de matemáticas —y la prohibición de poesía—. La joven se orientó al mundo ecuánime de las máquinas: quiso crear un aparato para volar y luego quedó fascinada por la “máquina diferencial”, que hoy en día se considera un temprano ordenador. Ada, por sugerencia de su inventor Charles Babbage, redactó un importante artículo donde exploraba los tipos de instrucciones que se podían introducir. Por este logro juvenil se la conoce como la primera programadora informática de la historia. Pronto decidió que su “peculiar misión intelectual y moral” consistía en cultivar la combinación única de cualidades que había heredado para conseguir la reconciliación entre pasión e intelecto, tarea en la que sus padres habían fracasado. Reivindicó la “ciencia poética”, que uniría las matemáticas abstractas con el universo de la imaginación. El plan de extirparle las pasiones a fuerza de neutralidad matemática no resultó: fue poco convencional y a menudo provocadora, para gran consternación de su marido, lord Lovelace, padre de sus tres hijos, un hombre de costumbres estrictas, cuyas ambiciones políticas se veían amenazadas por los desafíos de tan indómita científica. Murió joven, enferma, endeudada e incomprendida.
Pese al entusiasmo conciliador de Ada, hoy seguimos atrapados por la vieja dualidad. Aún defendemos que ser racional depende de mantener la cabeza fría y las pasiones embridadas, no en la colaboración de ambas. Estas ideas avalan a los partidarios de externalizar el pensamiento y delegar cada vez más decisiones en la inteligencia artificial, como si carecer de sensibilidad fuese una ventaja decisiva.
A la vez, solemos criticar la política emocional, olvidando que puede tanto desatar huracanes como sembrar humanidad, expandir odio o fortalecer los sentimientos de pertenencia a una comunidad que se apoya y coopera. Las emociones no son un estorbo ni una interferencia indeseable. Igual que la razón —o, mejor, entretejidas con ella—, son capaces de nublar o iluminar nuestra mirada. Solas son incompletas, igual que el razonamiento insensible y distante. Obnubilarnos no es su único efecto: nos mueven porque nos conmueven. Ayudan a crear conexiones y caminos para que la lógica penetre en el corazón de la gente. Nos enseñan a implicar a otras personas, comunicar mejor y acercar posiciones. En cuanto seres humanos en convivencia, los vínculos entre nosotros son todo lo que tenemos. Si fuéramos ermitaños aislados, la humanidad no habría llegado tan lejos.
Se cuenta que Unamuno comentó sobre un conocido: “Era un hombre que lo sabía todo. Qué imbécil”. Ada tenía razón al cuestionar el mito de las dimensiones adversarias. No debemos elegir entre vivir descorazonados o descerebrados. Al fin y al cabo, somos criaturas racionales separadas por un puñado de emociones compartidas. Irene Vallejo es filóloga y escritora, Premio Nacional de Ensayo de 2020 por El infinito en un junco (Siruela). El País, 23 de septiembre de 2026.
DEL CAFÉ DE SOBREMESA. OBSCENIDAD, POR ALBERT MONTAGUT. 8 DE SEPTIEMBRE DE 2026
Hay palabras que no deberían reservarse solo para los grandes escándalos morales. También describen ciertas decisiones económicas. Obscenidad es una de ellas.
Este diario publicaba hace unas semanas un titular en su primera página difícil de olvidar: “El Estado invirtió más del doble en Madrid que en Catalunya en el 2025”. Y el subtítulo añadía un dato todavía más revelador: la comunidad catalana recibió el 8,6% del total estatal, la mitad de su peso en el PIB. No hablamos de percepciones, agravios, ni discursos políticos. Hablamos de números, presupuestos, inversiones en infraestructuras, de la competitividad de las empresas, la movilidad de los ciudadanos y la capacidad para seguir creciendo.
Catalunya representa una quinta parte de la riqueza de este país; al repartir la inversión pública, ese peso desaparece
Catalunya representa alrededor de una quinta parte de la riqueza de este país. Es un gran motor industrial, exportador e innovador. Con todo, a la hora de repartir la inversión pública, ese peso desaparece. Año tras año, gobierno tras gobierno. Cambian las mayorías, los ministros y las promesas, pero la postal es la misma.
El problema no es solo la cifra de un ejercicio, sino la continuidad de esa desigualdad. Una excepción puede explicarse, pero una repetición durante décadas acaba convirtiéndose en un modelo. Y al ser un modelo que castiga sistemáticamente a uno de los territorios que más contribuyen a la prosperidad colectiva, deja de ser una anomalía para convertirse en injusticia.
Madrid merece todas las inversiones que necesite. Pero es difícil justificar que esa condición se traduzca de forma permanente en una concentración de recursos que desborda cualquier criterio de equilibrio territorial o proporcionalidad económica. La consecuencia no es abstracta, tenemos redes ferroviarias saturadas, infraestructuras pendientes desde hace años, carreteras insuficientes, corredores logísticos ralentizados y oportunidades perdidas para empresas que compiten en mercados globales.
No pierde solo Catalunya. También España, porque uno de sus principales motores económicos no crece. La Generalitat ha de cambiar de política, de una vez por todas. No con la confrontación estéril ni el victimismo permanente, sino con inteligencia política y firmeza negociadora.
La igualdad entre territorios exige solidaridad. Pero la solidaridad nunca puede confundirse con una penalización estructural. Cuando quien más aporta recibe sistemáticamente menos de lo que le corresponde en inversión, la cohesión deja de fortalecerse y empieza a resquebrajarse. Hay desequilibrios que admiten debate. Y otros que solo admiten un calificativo. Albert Montagut es periodista. (La Vanguardia).
DEL ARCHIVO DEL BLOG. ENTRE LA IMPUNIDAD Y EL MITO, POR HARENDT. PUBLICADO EL 26 DE AGOSTO DE 2017
Entre la impunidad y el mito, la izquierda se ha arrogado durante años el papel de comisaria moral del espectro político, comenta en un reciente artículo el escritor peruano Jorge Eduardo Benavides. Durante casi ochenta años, comienza diciendo, la extinta Unión Soviética levantó, a base de exterminios, cárceles, gulags y cientos de miles de kilómetros de alambres de púas, el paraíso comunista que extendía sus fronteras hasta la mitad de Europa. Durante todo ese tiempo, una gran parte de los llamados intelectuales de izquierda del mundo occidental miraron con anuencia todo aquel inventario de atropellos y asesinatos, a veces simplemente negando su existencia o, si eran puestos contra las cuerdas por la tozuda realidad, explicando la serie de males necesarios que se requerían para luchar contra el perverso capitalismo.
En su ensayo Pasado imperfecto. Los intelectuales franceses (1944-1956), Toni Judt reflexiona con minucia sobre el carácter ambivalente de muchos de estos intelectuales y la pasmosa relajación moral de algunos de ellos, como Emmanuel Mounier, quien escribe, a propósito del golpe de Praga de 1948, que “no hay progreso que no tuviera su comienzo en una minoría audaz, ante la instintiva pereza de la mayoría”. No fue el único ni sería el último de los muchos intelectuales europeos —Sartre, Brecht, Debray…— que durante décadas persistieron empeñados en que el comunismo soviético era un sistema per se bondadoso y libertario. Lo mismo ocurrió con la Cuba castrista: escasos fueron los intelectuales de ese entonces que no cantaron loas a Fidel Castro y escribieron ruborosos elogios a la revolución mientras sus colegas eran silenciados, asesinados o encarcelados. De hecho, nuestro tan querido boom literario estaba compuesto por los principales legitimadores del castrismo y la revolución, como bien sabemos.
Durante mucho tiempo nos han dicho que eran gentes de buena fe engañadas por la maquinaria propagandista de aquellos regímenes. Que en realidad nadie sabía lo que estaba ocurriendo realmente tras las fronteras de Cuba, la Unión Soviética o China. Pero ese sapo yo no me lo trago, pues era gente informada y con acceso a lo que ocurría en el mundo. Por desgracia, creo que la explicación más probable es más simple y también más siniestra: querían creer. Empeñados en las bondades del comunismo, aquellos intelectuales le dieron la espalda a su primera responsabilidad con la verdad y avalaron así a todos quienes los leían y los tenían por referentes morales, cegándolos ante la desventura y el horror que sufrían sus congéneres. Lo cuenta muy bien el escritor cubano Jacobo Machover en El sueño de la barbarie: la complicidad de los intelectuales con la dictadura castrista.
Pues bien, con ese auspicioso saldo moral en sus cuentas han funcionado durante décadas los partidos comunistas y las izquierdas unidas de todo el mundo y se han disculpado todos los atropellos, todos los encarcelamientos y toda la brutalidad de los regímenes que ensayan la senda del totalitarismo y que son modelo de estos partidos, que funcionan gracias a la democracia que quieren destruir. Basta leer los tuits en los que el vergonzante Alberto Garzón despide —con la emoción de una colegiala— a Fidel Castro (“Su ejemplo y pensamiento pervive”, dice) y elogia el destrozo que está haciendo el chavismo en Venezuela hoy mismo; empeñado en negar la clamorosa evidencia de que nadie que dure en el poder 50 años puede considerarse demócrata ni que un régimen que se enquista a sangre y fuego es modelo de democracia. ¿Es eso lo que propone Izquierda Unida para España o se trata solo de una aspiración mística-ideológica?
En todo caso, esto ha sido así porque durante años la izquierda se ha arrogado el papel de comisaria moral del espectro político, de airada detentadora de la progresía y la bondad. Y los demás nos hemos dejado chantajear y hemos dado por bueno que ser de izquierdas (de esa izquierda) es estar intrínsecamente del lado de los desfavorecidos. De lo contrario uno era —y es— acusado de fascista. Y no, no concede crédito democrático que los comunistas se hubieran enfrentado a Franco aquí en España, porque no hay ningún valor en enfrentarse a una dictadura en nombre de otra.
No nos engañemos: no hay ninguna deriva en la Izquierda Unida ni en el planteamiento de Podemos —los verdaderos campeones del cinismo— ni en general en las izquierdas de todo el mundo que tienen como modelo a Stalin, a Castro o Chávez, a quienes elogian con impunidad o justifican con vacilantes balbuceos y desplantes retóricos. Esa izquierda siempre ha defendido los regímenes totalitarios y es lo que buscan instaurar en nombre de un mundo mejor y de una sociedad perfecta. Tal es su naturaleza. HArendt
DEL POEMA DE CADA DÍA. HOY, EXTRAÑA PRIMAVERA, DE GEORG TRAKL (1887-1914). 8 DE SEPTIEMBRE DE 2026
EXTRAÑA PRIMAVERA
Profunda luz. Las doce. En duro suelo
me abriga el sueño aquella vieja roca.
Tres ángeles detienen, suave, el vuelo.
Extraños ríen con extraña boca.
Baña los campos la fundida nieve.
Premonitoria es esta primavera,
y de aquel abedul se adentra, leve,
en frío lago larga cabellera.
Veloz acerca el ala hermosa nube,
cintas azules en el cielo brillan…
Risueño en ellas mi mirar detuve.
Los ángeles piadosos se arrodillan.
De un pájaro encantado se levanta
muy claro y fuerte el trino de metal
y lúcido, yo escucho lo que canta:
¡Tu dicha no, tu muerte sí, mortal!
GEORG TRAKL (1887-1914)
poeta austríaco
***
Georg Trakl (Salzburgo, Imperio austrohúngaro, 3 de febrero de 1887-Cracovia, Imperio austrohúngaro —actualmente Polonia—, 3 de noviembre de 1914), fue un poeta austriaco, en lengua alemana; uno de los iniciadores de las vanguardias y el expresionismo literario. Trakl se consideraba el continuador y sucesor de Hölderlin, cuyo estilo asimila y moderniza dentro de la estética del expresionismo, pero en él también influyeron Novalis y Rimbaud. En él aparecen los temas del expresionismo salvo el mundo del trabajo y la ciudad: la descomposición del yo a causa de la sociedad moderna, la angustia, la locura, el suicidio, la muerte, la vejez, la ruina, la enfermedad: «Todos los caminos conducen a la putrefacción negra». El hombre está en el centro de sus representaciones y no tiene sino un destino: pudrirse. Esta visión escatológica y apocalíptica, se desarrolla en un mundo sin Dios o donde Dios ha muerto según pregona Nietzsche, de quien Trakl asimila el nihilismo, otro tema expresionista. La vida está vacía de sentido. "Yo no he nacido sino a medias", escribió.
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