lunes, 26 de octubre de 2026

ESPECIAL CUATRO DE HOY LUNES: EL ESPÍRITU DE LA DEMOCRACIA SIGUE SIENDO FUERTE, POR FRANCIS FUKUYAMA

 







Tras la redacción del artículo que figura a continuación, se conoció un tercer acontecimiento, quizás aún más trascendental que los dos descritos: la victoria de Luiz Inácio Lula da Silva, o Lula, en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales brasileñas. Su victoria sobre el populista de derecha Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro, fue inesperada después de una primera vuelta en la que este último obtuvo la mayor cantidad de votos. El triunfo de Lula rompió una racha de siete victorias consecutivas de la derecha en las elecciones presidenciales latinoamericanas. Flávio Bolsonaro ha pedido la anulación de las elecciones, y aún se desconoce la reacción de sus seguidores ante la victoria de Lula. Sin embargo, dada la magnitud e importancia de Brasil en el escenario mundial, este es un acontecimiento sorprendente y esperanzador que podría indicar, junto con los sucesos en Venezuela y Serbia y las próximas elecciones de mitad de mandato en Estados Unidos, un importante cambio en la ola de victorias autoritarias y populistas en todo el mundo.

El domingo 25 de octubre se produjeron dos acontecimientos muy esperanzadores en diferentes partes del mundo. Nos infunden optimismo al demostrar que el retroceso democrático no es inevitable y que es posible combatir la creciente ola de autoritarismo.

El primer acontecimiento fue el regreso de María Corina Machado a Venezuela. Machado debería ser, por derecho propio, la presidenta de Venezuela hoy. Se postuló contra Nicolás Maduro en las elecciones presidenciales de julio de 2024 y atrajo a multitudes entusiastas en todo el país durante su campaña para las primarias. Debido a la amenaza que representaba, fue inhabilitada por el régimen; su sustituto, Edmundo González, ganó las elecciones por un amplio margen.

Sabemos esto porque la oposición democrática conservó los registros de votantes de cada mesa electoral del país y los publicó antes de que el régimen pudiera declarar sus propios resultados falsificados, que proclamaban a Maduro como ganador. Machado tuvo que exiliarse para recibir el Premio Nobel de la Paz y vivió fuera del país hasta el fin de semana pasado. Su regreso fue recibido con la misma multitud entusiasta que la aclamó durante su campaña electoral dos años y medio antes.

La situación actual en Venezuela tras el arresto de Maduro por parte del gobierno de Trump a principios de enero es completamente insostenible e injusta. Trump llegó a un acuerdo con Delcy Rodríguez Maduro, vicepresidenta y miembro de su círculo íntimo, para estabilizar el país mientras Estados Unidos buscaba controlar los activos petroleros. Desde entonces, Venezuela ha estado gobernada por la misma camarilla autoritaria que existía anteriormente, con una Rodríguez dócil sustituyendo a un Maduro resistente. Trump no ocultó que nada de esto se hiciera en beneficio del pueblo venezolano, alardeando en cambio de haber puesto a Estados Unidos al control del petróleo del país. Como dijo ante la Asamblea General de la ONU en septiembre: "Al vencedor le corresponde el botín". Peor aún, no ha habido transparencia alguna sobre el destino de los ingresos petroleros, ni siquiera sobre su magnitud. El gobierno reveló que estaba trabajando con Alejandro Betancourt, un empresario tristemente célebre en toda Venezuela por su corrupción.

Mientras tanto, Trump marginó a Machado, alegando que “no goza de respeto en el país”. Por el contrario, era, con diferencia, la política más popular de Venezuela. El Departamento de Estado afirmó que eventualmente habría elecciones democráticas, pero sin especificar un calendario, y mantuvo conversaciones con diversos grupos de oposición que excluyeron a Machado. Ni el régimen ni Estados Unidos le permitieron regresar a su país, y actualmente desconocemos cómo logró volver.

Su regreso coloca tanto al régimen de Rodríguez como a la administración Trump en una posición difícil. Por mucho que lo deseen, ninguno puede permitirse arrestar o silenciar a la política más popular del país, y menos aún ante las multitudes entusiastas que la reciben. Desde enero, Machado ha dedicado su tiempo a intentar congraciarse con Trump, entregándole su Premio Nobel y absteniéndose de criticar públicamente a Estados Unidos.

Pero este tipo de política de apaciguamiento nunca ha funcionado con este presidente, que no tiene ningún interés en la democracia venezolana. Existe una creciente indignación hacia Estados Unidos entre los venezolanos de a pie, quienes, naturalmente, quieren saber adónde va el dinero de su patrimonio petrolero. Delcy podría comprar una paz temporal, pero con el tiempo, el acuerdo corrupto que selló con Trump se convertirá en un gran lastre. Machado debe respaldar lo que equivaldría a una protesta anticorrupción. Es probable que las protestas antiestadounidenses (y anti-Delcy) cobren fuerza, y solo entonces la gente en Washington podría darse cuenta de que unas elecciones legítimas son la única vía hacia la estabilidad a largo plazo.

Trump cree que tiene el control de la situación, pero no es así; solo el pueblo venezolano tiene el derecho y, en última instancia, el poder de crear un gobierno legítimo.

El segundo acontecimiento casi milagroso del domingo fue la victoria de la Lista Estudiantil sobre el gobernante Partido Progresista Serbio (SNS) en las elecciones parlamentarias de Serbia, y la concesión del líder autoritario Alexander Vučić. La mayoría de los observadores informados deseaban fervientemente la derrota de Vučić, pero creían que, al final, él y su partido contaban con los recursos suficientes para intimidar a los votantes y manipular el proceso. Vučić había estado en el poder de una u otra forma —recientemente renunció a la presidencia para convertirse en primer ministro bajo un gobierno liderado por el SNS—, hasta el punto de que muchos jóvenes serbios no habían conocido a otro líder que él.

Las raíces de la victoria de la Lista Estudiantil se encuentran en el movimiento estudiantil que surgió tras el fatal derrumbe del techo de una estación de tren en la ciudad de Novi Sad en noviembre de 2024. La estación, un proyecto chino, estaba plagada de corrupción vinculada al régimen, y los estudiantes de todo el país comenzaron a movilizarse en protesta.

En Serbia ya se habían producido numerosos movimientos de protesta, incluido el que derrocó a Slobodan Milošević en octubre de 2000. Sin embargo, este movimiento se organizó deliberadamente para minimizar las medidas que el régimen pudiera tomar en su contra. Carecía de líderes y de una jerarquía evidente. No había demandas políticas inmediatas, salvo el fin de la corrupción; gracias a ello, el movimiento pudo organizar protestas multitudinarias en Belgrado y otras ciudades serbias. En 2025, los estudiantes comenzaron a marchar por todo el país, deteniéndose en pueblos y aldeas donde frecuentemente eran recibidos por simpatizantes rurales. Al organizarse de cara a las elecciones del domingo, deliberadamente no incluyeron a políticos prominentes ni a partidos de oposición existentes en la Lista Estudiantil. De hecho, un gran número de miembros de la Lista Estudiantil son académicos. El movimiento no presentó ningún plan detallado sobre los programas que impulsaría en caso de ganar las elecciones, ni siquiera sobre quién sería el probable primer ministro en esas circunstancias.

En respuesta a esta amplia movilización, el régimen de Vučić empleó todas las tácticas que ya se han vuelto comunes entre los regímenes autoritarios en ascenso. Se manipuló masivamente el proceso electoral y se inhabilitó a muchas figuras populares. Un gran número de serbios, muchos de los cuales simpatizaban con la Lista Estudiantil, viven fuera del país; el gobierno les dificultó enormemente el voto. El Estado controlaba la mayor parte de los medios de comunicación tradicionales en Serbia, poniendo periódicos y canales de televisión en manos de oligarcas afines y dificultando la difusión del mensaje de la oposición.

No obstante, los estudiantes se beneficiaron claramente del cambio generacional que se estaba produciendo en el consumo de medios de comunicación en todo el mundo. Los jóvenes obtenían la mayor parte de su información en línea de fuentes ajenas al control del régimen y, durante los dos años de protestas, perfeccionaron la movilización sin líderes.

Ahora que la Lista Estudiantil ha ganado las elecciones parlamentarias, las mismas tácticas que les permitieron alcanzar esta victoria se convertirán en un grave problema. La nueva mayoría parlamentaria será ahora la responsable de gobernar el país. Esto no puede hacerse sin una jerarquía de liderazgo ni un programa político concreto.

La Lista Estudiantil logró atraer a una amplia coalición de seguidores al no especificar sus intenciones, pero sin duda habrá tensiones entre los grupos que la apoyan. La práctica electoral de evitar a los políticos en ejercicio y a los miembros de otros partidos implica que ninguno de los integrantes de la lista tiene experiencia real en la gestión de un gobierno. Otros movimientos surgidos en torno a organizaciones de la sociedad civil, como los de Ucrania en 2004 o Egipto en 2011, fracasaron finalmente por su incapacidad para asumir las responsabilidades de la gobernanza.

Estos desafíos evidentes me hacen preguntarme si Vučić actuó con astucia al admitir la derrota tan pronto. Si hubiera intentado aferrarse al poder mediante las tácticas habituales de intimidación y fraude, se habría enfrentado a protestas continuas. Quizás calculó que la Lista Estudiantil era como el proverbial perro que finalmente alcanza el coche que perseguía y no sabe qué hacer con él. Una transición fallida podría entonces crear las condiciones para que él y el SNS volvieran al poder.

Esperemos que no sea así. En este momento, los aliados externos de Serbia deben brindarle todo el apoyo posible y centrarse especialmente en fortalecer la capacidad de gobierno de la Lista Estudiantil. Si bien su victoria y el regreso de Machado a Venezuela son acontecimientos esperanzadores, aún quedan muchos pasos por dar en ambos países en las próximas semanas y meses para que cualquiera de ellos se convierta en una victoria sostenible para la democracia.

Mientras tanto, podemos alegrarnos de que el espíritu democrático siga vivo en distintas partes del mundo. Las elecciones más importantes tendrán lugar en Estados Unidos, donde los votantes estadounidenses tendrán la oportunidad de rechazar al Partido Republicano, dominado por el autoritario derechista Donald Trump. Si esto sucede, tendremos pruebas claras de que la democracia, lejos de ser una doctrina moribunda, goza de fuerza y ​​vitalidad en muchos lugares del mundo. Francis Fukuyama es investigador principal de la cátedra Olivier Nomellini en la Universidad de Stanford. Su libro más reciente es En el reino del último hombre . También es autor de la columna « Frankly Fukuyama », que se publica en Persuasion , tras su paso por American Purpose . Publicado en Substack.




















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ESPECIAL TRES DE HOY LUNES: ECHAR A SÁNCHEZ, POR DIEGO S. GARROCHO

 






Mi primer objetivo es que Sánchez se vaya. La frase la pronunció Alberto Núñez Feijóo en su entrevista con Aimar Bretos en la Cadena Ser. Aunque durante la conversación se le percibió algo incómodo, aquella declaración no fue un lapsus ni una torpeza. Resume a las claras la prioridad programática de su proyecto político. Pero, en su simplicidad, revela también algunas cosas.

Si las encuestas no mienten y los populares no se pegan algún tiro en el pie durante la campaña, es probable que la suma del PP y Vox supere holgadamente la mayoría absoluta. Esta previsión hace muy factible que Feijóo alcance su principal objetivo: echar a Sánchez. El problema es que, con ese propósito obsesivo, ha descuidado buena parte de la responsabilidad que le corresponde como líder de un partido llamado a abrir un ciclo político.

Es posible que las derechas sumen, pero los últimos sondeos coinciden en señalar una pérdida relevante de apoyos del PP frente a un ascenso de Vox. Ante el avance de la derecha populista, la tradicional ha optado por sacrificar el carácter institucional de su mensaje en redes, degradar la palabra pública y olvidar su deber de preservar la ortodoxia democrática dentro de su espacio político. Los más convencidos insisten en que hay que “quitarse complejos”, pero es la inseguridad la que puede acabar disolviendo la personalidad reconocible de la propia marca. Al macarra de la clase no se le imita por falta de complejos, sino precisamente por miedo.

Feijóo es algo más que el líder del PP. Dirige la primera fuerza parlamentaria y tiene ante sí la responsabilidad de devolver a este país la amistad civil y la estabilidad institucional, así como de activar una urgente agenda regeneracionista. Todas estas misiones colisionan frontalmente con los planes de los de Abascal y rebasan, con mucho, ese pobre propósito de echar a Sánchez.

El antisanchismo no es más que la expresión de una servidumbre intelectual y política. Y se trata, robándole la expresión a Sartre, de algo parecido a una pasión inútil. Es posible que Feijóo cumpla su sueño. Pero, si lo hace con un Vox al alza y un Sánchez resiliente o incluso victorioso en las urnas, habrá satisfecho tan solo la parte más modesta de su encomienda. España merece afianzar sus instituciones democráticas y, para ello, hay que combatir con la misma vehemencia tanto el populismo de inspiración kirchnerista como el que comienza a contagiarle desde la derecha. No emular aquello que se dice querer combatir podría ser un buen principio. Diego S. Garrocho es escritor. Publicado en El País.























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ESPECIAL DOS DE HOY LUNES: MOMENTOS DIFÍCILES, POR LUIS GARCÍA MONTERO


 



Por mucho que la mercantilización de la vida castigue a la enseñanza pública, y dentro de la enseñanza con especial dureza a las humanidades, conviene recordar en los momentos difíciles lo que el ser humano aprende de la literatura. Momentos difíciles, ya sea ante el dolor de una guerra o antes unas elecciones que pueden significar el desmontaje de los valores defendidos por la democracia. Recuerdo, con especial ilusión, las mañanas en las que me tocaba hablar de Pérez Galdós en mis clases, en la Universidad de Granada. Los problemas de los escritores que mantuvieron una relación ética y política con la sociedad no se reducen al golpe de Estado de 1936 y la dictadura franquista. Don Benito, por ejemplo, fue castigado por defender una idea de España que no compartían los caciques de su tiempo. Pero hoy vamos a centrarnos en la literatura, vamos a recordar los Episodios Nacionales y los sentimientos que vivió Gabriel Araceli en Cádiz, antes de la batalla, según nos contó en Trafalgar (1873).

Por los aires de España circulaban una y otra vez palabras como patria, rey y lealtad, mientras los barcos se preparaban en el puerto para zarpar en busca de la batalla. Con el enemigo cerca, resultaba necesario defenderse. Y de pronto Gabriel Araceli comprendió por primera vez lo que significaba la patria cuando observó a la gente entrar en los barcos. No se trataba de proclamas, ni de altos poderes con sus himnos, ni del orgullo bárbaro de sentirse grandes matadores de moros. Su espíritu sintió la convivencia de una gente llamada a compartir las dificultades de la vida bajo un mismo sol. La patria estaba compuesta por familias con hijos que mantener y que educar, personas enfermas que cuidar, abuelas y abuelos que merecían respeto. Y escuchó las historias de esos ancianos en la cocina de sus casas. Y entendió la importancia de ponerle rostro humano, rostros humanos, a la palabra patria. Luis García Montero es poeta. Publicado en El País.



















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ESPECIAL DE HOY LUNES: 300 ENCAPUCHADOS, POR MARTA PEIRANO

 






En la típica operación de falsa bandera, un grupo de “agentes provocadores” se infiltra en la protesta pacífica y provoca actos violentos para activar la reacción policial. Se llama de falsa bandera porque el objetivo es atribuir engañosamente a otros la violencia. En realidad es una campaña de desinformación, porque está diseñada para demostrar algo que sin ellos no sería cierto: que la manifestación es violenta o que la policía abusa de su poder. También es un ataque contra los derechos civiles, porque impide a la ciudadanía ejercer su derecho a reunirse y expresarse de forma pacífica sin poner en riesgo su integridad física o su libertad.

La legítima protesta de los estudiantes de París fue atacada por una operación de falsa bandera. El Gobierno de Francia ha señalado grupos coordinados, encapuchados y vestidos de negro, transformando las protestas estudiantes del 17 de octubre en disturbios, incendios y saqueos. También han identificado redes de desinformación vinculadas a Rusia (Storm-1516, Matryoshka, Operation Overload y Doppelgänger) agitando los disturbios y difundiendo desinformación para proyectar una imagen de caos y barbarie y capitalizar la indignación. Por ejemplo, difundieron imágenes de manifestantes usando pirotecnia masiva y de policías respondiendo con cañones de agua y gas lacrimógeno, que no eran de Francia sino de las protestas de Tiflis, capital de Georgia, en 2024.

Las redes prorrusas dieron visibilidad a los acontecimientos y difundieron relatos falsos, pero no fueron el origen de la manifestación. Fue una movilización genuina de personas enfadadas con las instituciones del Estado por motivos legítimos, utilizada por diferentes actores para instalar su versión alternativa de la realidad. Benjamín Netanyahu dijo que Francia había sufrido una invasión de extremistas del islam. “Cuando miro a Francia, cuando miras a Italia (…) eso no es por la escuela”, dijo en una entrevista. “Eso es sobre personas que entran a los países y odian al país”.

Los 300 que vandalizaron y robaron comercios en Barcelona y provocaron 33 incendios no lo hicieron por la escuela, pero tampoco fue una operación de falsa bandera porque no había una manifestación legítima que reventar. Según los Mossos, convocaron una quedada a través de TikTok y distribuyeron instrucciones precisas de cómo vestir, cómo actuar, y los objetivos a saquear por canales de WhatsApp y de Telegram. La táctica recuerda más a la campaña que animó a 80.000 personas a cruzar de Marruecos a Ceuta, o a las campañas rusas de cuentas falsas que se hacían pasar por ciudadanos estadounidenses durante las elecciones presidenciales de 2016. Los famosos bots rusos imitaban el lenguaje de los movimientos por los derechos civiles para convocar manifestaciones reales y forzar choques callejeros. Hoy todo eso se puede hacer con un centenar de agentes de IA y un ordenador.

Estas operaciones van a repetirse, y no pueden quitar legitimidad a ningún movimiento estudiantil que se moviliza contra la falta de soluciones a las crisis que condenan su futuro. Apoyar sus reivindicaciones es importante. Protegerlos de la violencia es fundamental. Tras dos años de protestas masivas en Serbia, iniciadas por estudiantes universitarios y gradualmente apoyadas por el resto del país, una lista de estudiantes le disputa por primera vez el poder al Gobierno proruso de Vucic. En Berlín recuperaron la ciudad. Las manifestaciones son el laboratorio de la nueva política, y dependemos de su potencia emergente para salir del callejón del bipartidismo, con la ultraderecha como única alternativa. No hace falta ser joven para luchar por una vida mejor. Marta Peirano es escritora. Publicado en El País.
























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DEL ASUNTO DE LA SEMANA QUE COMIENZA: MAMDANI, SIN SONRISA, POR ANTONIO MUÑOZ MOLINA

 





No quedaba rastro de la espléndida sonrisa de Zohran Mandani durante la vigilia en recuerdo de las víctimas israelíes del atentado de Hamás que se celebraba el otro día en la Union Square de Nueva York. El alcalde sostenía con gesto grave una vela en uno de esos anocheceres tenebristas de la ciudad, cuando la escasa iluminación pública de las calles contrasta con el resplendor de los escaparates y uno puede sentirse como un sonámbulo en el interior de un gran acuario. A su alrededor compartían la vigilia los miembros de un grupo llamado Israelis for Peace-New York, muchos también con velas, otros con carteles en hebreo o en inglés que decían escuetamente, “Ni una vida más”. Union Square es el corazón de las rebeliones cívicas en una ciudad con una larga tradición de luchas obreras y protestas políticas. En las fotos de principios del siglo XX se ven multitudes de trabajadoras de las fábricas textiles con pancartas en todos los idiomas de la inmigración, entre ellos el yiddish. En Union Square había manifestaciones y colectas a favor de la República española en tiempos de nuestra guerra, y contra el maccarthismo en la Guerra Fría, en defensa de los Rosenberg, de los derechos civiles, contra la guerra de Vietnam, contra la de Irak. Recuerdo concentraciones en memoria de los muertos en las Torres Gemelas, cuando el silencio y la claridad de las velas alumbrando manos y rostros expresaban el luto con tanta elocuencia como una música de réquiem.

El otro día, en Union Square, ese silencio no fue posible. Contenida por un cordón de policía, una multitud de manifestantes agitaba banderas y pancartas palestinas y gritaba insultos contra los agrupados en silencio, y en particular contra el alcalde Mamdani, al que arrojaban los improperios de rigor en una situación así: traidor, vendido, cómplice del sionismo, chaquetero. El héroe sonriente que paseaba a pie su popularidad por una ciudad de caminantes tuvo que retirarse escoltado por la policía hasta uno de esos coches negros y blindados que aceleran bruscamente en previsión de un ataque. El aire general de la gente que lo abucheaba era el mismo de los que asistían a sus mítines electorales y los que se organizaban en grupos de voluntarios entusiastas para apoyar su candidatura al ayuntamiento, compensando así los muchos millones suministrados a sus adversarios de campaña por los tiburones de Wall Street.

Desde esa misma mañana los ataques venían arreciando contra Mamdani con parecida virulencia, aunque desde la dirección contraria. El vendido al sionismo de por la tarde fue por la mañana un enemigo jurado de Israel incapaz de mostrar compasión hacia las víctimas de Hamas, y hasta sospechoso de complicidad o cuando menos simpatía con el terrorismo islamista, según le había acusado sin ningún escrúpulo unas semanas antes el exalcalde Giuliani, tan borracho, corrupto y senil que hasta sus antiguos aliados trumpistas ya le dan de lado. Para Giuliani es una afrenta a las víctimas del 11 de septiembre que un musulmán sea ahora alcalde de Nueva York. Para un cierto número de líderes judíos de Nueva York, el mensaje que emitió Mamdani por la mañana no mostraba simpatía hacia los muertos y secuestrados del 7 de octubre, al mencionar el “devastador genocidio puesto en marcha por el gobierno israelí contra el pueblo palestino”. En el mismo comunicado, y con la misma claridad, Mamdani se refería a los “horrendos crímenes de guerra cometidos por Hamas el 7 de octubre”. Ese detalle no apaciguó a los portavoces de algunas organizaciones judías, pero contribuyó a enardecer a los manifestantes de por la tarde en Union Square, algunos de los cuales no hacían el menor esfuerzo por distinguir entre la defensa de la causa palestina y la de una organización terrorista y opresora de sus propios ciudadanos a la que corresponde su parte de terrible responsabilidad en la crecida de destrucción y matanza que no ha cesado desde hace tres años.

Mamdani une provechosamente la agudeza política al idealismo: el acto al que eligió asistir lo organizaba uno de esos grupos civiles israelíes, admirables y minoritarios, que a diferencia de la inmensa mayoría de sus conciudadanos siguen creyendo posible una paz basada en el reconocimiento de los derechos del pueblo palestino, y siguen negándose a la ceguera colectiva que prefiere no ver los crímenes en Gaza y en los territorios ocupados. La templanza es menos fotogénica que la ira: a un lado del cordón policial, bajo los árboles de Union Square que aún no empiezan a cambiar la hoja, los participantes en la vigilia bajaban la cabeza con las velas en la mano, como en un acto religioso, o miraban al frente en silencio, sosteniendo esas pancartas tan razonables, tan lacónicas, Ni una vida más; del otro, los gritos a coro, las banderas ondeantes, con ese aire de embestida que tienen las banderas cuando alguien las agita, las consignas en favor de Hamas, prevaleciendo sobre los activistas que defendieran la causa palestina con menos estridencia, que seguramente los habría. Mamdani, que tiene tanto don de palabra, prefirió callar, y prefirió irse, cavilando tras los cristales tintados de su coche oficial, viendo deslizarse la Nueva York nocturna, con sus luces hirientes y sus coágulos de oscuridad, sus extensiones de desolación y lejanía. Su mensaje de esa mañana terminaba con unas palabras que quizás ahora le parecerían superfluas, o pueriles, en vista de la cosecha del día: “Para honrar a los muertos tenemos que luchar por un mundo en el que cada persona pueda vivir en libertad, seguridad y dignidad”.

Una bofetada duele siempre, pero duele más todavía cuando viene a continuación de otra igual de repentina. La ceguera política es inseparable de la dureza y la frialdad de corazón, y puede brotar bajo cualquier signo. Quien ve con más claridad la injusticia y el crimen puede sufrir una ceguera intermitente que no le deja ver las injusticias y los crímenes cometidos en nombre de la causa que reconoce como suya; o los ve y no le parece que lo sean, o que sean para tanto. Fui joven en una época en la que ciertas formas de violencia criminal eran exaltadas como herramientas en la lucha por la liberación de los pueblos, y en la que había genocidas legítimos y genocidas culpables, tiranos despóticos y tiranos ejemplares, muertos por los que guardar luto y muertos que incluso en la tumba seguían siendo culpables. De aquellas fiebres algunos de mis contemporáneos contumaces no se curaron nunca.

Leyendo libros de historia, conversando con testigos y supervivientes, uno va corrigiendo ciertos desatinos, ciertas frialdades inhumanas. Los años del terrorismo etarra, tan frívolamente olvidados ahora, nos educaron en el horror concreto del crimen, y en la hipocresía helada de quienes no lo veían, lo explicaban, lo justificaban. De los diez mandamientos el “No matarás” es el más claro y contundente, pero había sacerdotes y hasta obispos que en el cadáver de tu terrorista a terrorista veían un trasunto del Cristo en la cruz, y en el de un guardia civil o un concejal tan solo a un cómplice de la opresión que no merecía ni un entierro religioso. Uno de los fracasos de la democracia española es la incapacidad de honrar por igual a las víctimas inocentes de la represión en un bando y en otro, en los primeros meses de la guerra civil; y un fracaso y una vergüenza de la derecha española es su expresa determinación de olvido y desdén hacia los asesinados y los perseguidos de la dictadura de Franco.

A no excusar ningún crimen se le llama despectivamente equidistancia. Como ha descubierto Zohran Mamdani, no es una postura confortable. Pero de equidistancia nada: es ponerse del lado de las víctimas y de los inocentes, y en contra, siempre, de los que matan y destruyen, sin excepciones ni excusas. Antonio Muñoz Molina es escritor. Publicado en El País.





















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domingo, 25 de octubre de 2026

ESPECIAL SEIS DE HOY DOMINGO: UN ALEPH EN SUS MANOS, POR JAN MARTÍNEZ AHRENS

 






Toda portada es un salto al vacío, a ese espacio donde la revista se lo juega todo a un golpe, a conectar con el lector, a plasmar el espíritu del momento. No hay fórmulas para el éxito, aunque sí palancas. La emoción, el gusto y la oportunidad son tres de ellas. Su naturaleza difusa las vuelve esquivas, pero cuando se logra unirlas salta esa chispa en la que convergen la mirada del portadista y la del lector.

A lo largo de 50 años, El País Semanal ha salido a la calle con la voluntad de conseguirlo. Y si repasan la selección de portadas que ofrecemos en esta revista, verán que muchas veces se logró capturar no solo el tiempo que nos tocó vivir, sino su color. El arte y la ciencia, las tragedias y las revoluciones, la política, la moda y el deporte…, todo aquello que nos interesó, indignó o apasionó. Si esas portadas fueran fotogramas en movimiento, veríamos desfilar no ya la evolución de la sociedad española y mundial, sino la de nosotros mismos, como periodistas y como lectores. Y la de una forma de hacer periodismo, aquella que cree en el rigor y la calidad, que no busca confirmar prejuicios, sino interrogar, apelar y motivar.

Las portadas son hijas de su época. Y recorriendo esta revista cabe preguntarse si podemos volver a encontrarnos con la emoción con que en su día recibimos algunas. La respuesta es que difícilmente será igual, aunque no por ello peor. La propia selección está sujeta a nuestros criterios actuales. Nos habla de cómo hoy, 25 de octubre de 2026, vemos nuestro pasado, qué filtros le aplicamos y qué palabras rechazamos (aún duele a la vista aquella portada de 1977 titulada ‘¿Deben casarse los subnormales?’).

Es un ejercicio revelador. Acercarse a una portada antigua y pararse a pensar quiénes éramos entonces. Afloran recuerdos, se entremezclan vivencias. Viendo las más añejas me acordé de aquellos sábados en que, después de comer, me llevaba El País Semanal al cuarto a devorarlo en silencio mientras el resto de la familia veía la película de la Primera Cadena. La revista se podía comprar los dos días del fin de semana. Eran años de Sábado cine, sin internet ni móviles ni inteligencia artificial. Aquella revista abría las ventanas de un mundo moderno, muy alejado de la grisura franquista que impregnaba muchos medios españoles. Ahí dentro corría aire fresco a raudales y había una apuesta clara por la democracia y los avances sociales. Una línea presente desde su primer número, dedicado al aborto (‘Abortar en Londres’ fue el título con el que se estrenó en 1976).

Muchas veces, las portadas han sido cuadriláteros donde hemos combatido la intolerancia y la injusticia. Las minorías, los perseguidos, los discriminados siempre tuvieron su lugar. Y como toda criatura inquieta y curiosa, la revista también se aventuró por el poder, la creación, el estilo o la misma opulencia (maravillosamente representada en una histórica portada de los Thyssen). Por sus páginas han desfilado Bette Davis y Arafat, Nevenka y Ana Botín, Rosalía, Mamdani, Merkel o El Lute. Ha sido aspiracional e incisiva. Ha dado alas a grandes periodistas como Rosa Montero o Maruja Torres, ha acogido a artistas universales como Barceló, Leibovitz o Chillida, ha brillado con columnistas legendarios como Antonio Gala o Javier Marías y se ha sumergido en tragedias inconmensurables como el 11-M.

El resumen de todo eso lo tienen ahora en sus manos: una pequeña máquina del tiempo, hecha por excelentes periodistas con mucho cariño y respeto. Pueden abrirla por cualquier página y se verán a sí mismos antes y hoy. A fin de cuentas, una portada es un umbral: no ocupa mucho espacio, en nuestro caso basta un rectángulo de 214 por 273 milímetros de papel estucado semimate, pero abre la puerta a un universo inacabable. Un Aleph donde caben nuestro mundo, otros mundos perdidos y, si se mira bien, algunos que están por venir. Jan Martínez Ahrens es director de El País.























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ESPECIAL CINCO DE HOY DOMINGO: LIONEL MESSI Y EL FUTURO DE EUROPA, POR TIMOTHY GARTON ASH

 







«¡Messi! ¡Messi!» , coreaba la multitud cuando salí del Hotel de la Reconquista para incorporarme a la caravana que avanzaría lentamente por las calles abarrotadas de gente hasta el teatro donde tuvo lugar la ceremonia de entrega del premio Princesa de Asturias.

'¡No, no, solo soy yo!', quería decir.

Si llevaba las ventanillas tintadas del coche cerradas mientras conducíamos, veía a ambos lados de la carretera una multitud de rostros que miraban con ansiedad, con una pregunta clara en la mente de todos: ¿es Messi? Si abría las ventanillas y saludaba (como nos habían animado a hacer los organizadores), la multitud disimulaba amablemente su decepción y me devolvía el saludo. Y filas y filas de gaiteros locales, vestidos con coloridos trajes, nos acompañaban con su música.

En este evento había dos reyes: el rey de España, Felipe VI, una presencia imponente, relajada y digna, y el rey del fútbol. Messi no solo es bajo, sino también extraordinariamente delgado, y con lo que parece ser una ligera joroba permanente. (Al fin y al cabo, ha pasado gran parte de su vida desde niño mirando hacia abajo, esperando el balón a sus pies).

Además, según mi breve experiencia, era extraordinariamente directo, modesto, a menudo con una amplia sonrisa, e infinitamente paciente con las interminables peticiones de selfies, autógrafos, etc., ya vinieran de un científico de renombre, un escritor destacado, el personal de cocina o un niño pequeño que corría hacia su coche.

Messi recibió su premio de Deportes, por supuesto; el mío fue de Ciencias Sociales. En mi breve discurso, extraje una lección para la Europa actual de la victoria de la disciplinada y rápida selección española sobre la desordenada Argentina de Messi en la final del Mundial de este año. Incluyo una versión ligeramente editada a continuación. La versión en español la publicará mi coeditor español , Taurus.

«Europa y la libertad son los temas centrales de mi trayectoria profesional. Al agradecerle el gran honor de recibir este año el Premio Princesa de Asturias de Ciencias Sociales, quisiera, si me lo permite, dirigirle unas palabras a la Princesa de Asturias sobre Europa y la libertad.»

Nacer europeo en 2005, como fue tu caso, significaba nacer en un momento cumbre sin precedentes en la expansión de la libertad, la paz y la integración en toda Europa. (Una Europa que, por cierto, incluye obviamente a Gran Bretaña; al fin y al cabo, la primera princesa de Asturias fue Catalina de Lancaster, del siglo XIV).

Jamás, en todos los siglos, habíamos estado tan cerca de la visión de una Europa unida y libre como en aquel momento dorado alrededor de 2005.

Pero desde entonces hemos vivido una sucesión de crisis y nos enfrentamos a un panorama tan abrumador de amenazas externas e internas que todo lo que hemos logrado desde 1945 —la Europa que muchos de su generación daban por sentada— se encuentra ahora existencialmente amenazado. ¿Cómo podemos, por ejemplo, seguir hablando de una Europa de posguerra cuando presenciamos en Ucrania una guerra a gran escala que ha durado más que la Primera Guerra Mundial y que ha costado quizás hasta dos millones de muertos y heridos?

Seguiré aportando mi granito de arena, con mi pluma y mi voz, pero el futuro de Europa y de la libertad dependerá cada vez más de vuestra generación de europeos.

Se necesitarán muchas cosas para defender, reformar y extender una Europa libre, pero permítanme destacar solo tres. Primero, lo que espero que ya estén encontrando en la universidad: un profundo compromiso con la búsqueda de la verdad , basado en evidencias analizadas críticamente y hechos verificados. En su libro El oficio del historiador , el gran historiador Marc Bloch identifica varios períodos de la historia europea en los que «era como si una vasta sinfonía de engaño resonara de un extremo a otro de Europa». Ahora probablemente estemos entrando en otro período similar, con otra «vasta sinfonía de engaño» interpretada por las redes sociales, la IA, potencias hostiles y algunas personas en puestos muy altos.

El papel de las profesiones que buscan la verdad, como la mía (la academia y el periodismo), pero también el del derecho —representado, por ejemplo, por la Corte Penal Internacional de La Haya— será más importante que nunca.

En segundo lugar, la confianza . La democracia liberal atraviesa una profunda crisis de confianza en casi toda Europa, especialmente entre los jóvenes europeos. Es necesario recuperar esa confianza. Esto dependerá no solo de buenas políticas, sino también de instituciones respetadas y en constante adaptación, así como de las contribuciones de los ciudadanos en todos los ámbitos de la sociedad.

Finalmente, para mantener la secuencia de las 't' y usar una palabra española, tiquitaca . ¿Es posible hablar en España en el año 2026, y en presencia de Lionel Messi, sin mencionar el fútbol?

La lección que el fútbol europeo nos deja es que el éxito requiere tanto genialidad individual como un trabajo en equipo sofisticado. Cada jugador tiene su propio talento especial, ya sea atacando, defendiendo o en el mediocampo, pero todos funcionan como uno solo si logran dominar el asombroso juego español de pases rápidos, en el que todos parecen saber, casi milagrosamente, no solo dónde están los demás, sino también dónde estarán en apenas cinco segundos.

Si tan solo las naciones, estados y regiones de Europa pudieran hacer lo mismo, combinando —como siempre lo ha hecho Europa en su mejor momento— diversidad y unidad, seríamos imbatibles.

Gracias de nuevo por el honor que me han concedido. Lo atesoraré cuando mañana regrese de un gran país europeo a otro. Timothy Garton Ash es historiador. Publicado en Substack.



















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