viernes, 10 de julio de 2026

DEL CAFÉ DE SOBREMESA. DESPEDIDA CONSERVADORA, POR PILAR MERA. 10 DE JULIO DE 2026

 





Siempre me ha fascinado la dualidad con la que los niños pequeños afrontan las novedades. Sus ojos brillan atraídos por lo desconocido y se lanzan curiosos a descubrir, pero al mismo tiempo les cuesta cambiar rutinas, compañías o entretenimientos y se aferran a lo familiar, a lo seguro. Ahora lo veo todo el tiempo en mi hija, que lo mismo explora con entusiasmo, preguntando sin parar sobre la novedad de la que quiere aprender todo, que se resiste con fiereza radical a ver una película nueva, a escuchar una canción desconocida. Hasta que la canción suena, la película empieza y fascinan a mi peixiña. El entusiasmo aparece de nuevo y si le gusta lo suficiente, sonará y sonará. Lo nuevo se convierte en conocido a base de repeticiones y se queda en el catálogo de favoritos como si siempre hubiera estado ahí.

Algo parecido sucede con la ideología conservadora. Como diría Michael Freeden, ser conservador es resistirse a cualquier cambio hasta que se hace inevitable y, en ese momento, naturalizarlo. A veces, esa naturalización se disfraza de banalidad. Como un cartel del Orgullo que parece un anuncio de cañas de un bar inventado lleno de sillas de colores. ¿Para qué reivindicar si puedes presumir de bares con orgullo? Otras, implica apropiarse de una realidad o una institución con cierta desmemoria. Como cuando el Partido Popular se autoproclama el adalid de la Constitución, como si la mayoría de los diputados de AP no se hubieran abstenido en la votación definitiva del Congreso o las divisiones internas no hubieran impulsado el arreglo de no hacer campaña expresa por el sí. Pero bienvenidas sean las paradojas que vuelven transversales los acuerdos que defienden derechos y asientan la democracia.

Como sucede con los niños, la convivencia de inclinaciones progresistas y conservadoras contribuyen a un crecimiento sólido y estable. Sobre esa alianza ha descansado la edad de oro de la democracia occidental y España no ha sido una excepción. Por eso el pacto PP-Vox de Andalucía es una mala noticia. Donde menos apoyo externo necesitaba lo ha comprado al precio más alto, aceptando el programa completo de quien no quiere conservar, sino retroceder y destruir los acuerdos sobre los que descansa el sistema. Así, Vox gana al PP en este ciclo, haciendo que no se conciba un escenario donde los populares gobiernen solos, legitimando sus peores medidas y sacrificando al barón que mejor representaba ese espíritu conservador y constructivo al que el PP parece decir adiós. Pilar Mera es politóloga y profesora de la UNED. El País, 7 de julio de 2026.





















ESPECIAL 4 DE HOY. EL CONOCIMIENTO SEGÚN 5 PENSADORES, POR ALEJANDRO VILLAMOR. 10 DE JULIO DE 2026

 









Imaginemos a unos prisioneros encadenados desde la infancia, forzados a mirar siempre hacia el fondo de una caverna, viendo sombras proyectadas por un fuego a su espalda y confundiéndolas con la realidad entera. Uno de ellos logra zafarse, asciende hacia la luz y sufre el deslumbramiento. Cuando regresa para contarlo a los demás, estos prefieren asesinarlo antes que dudar de sus sombras.

Veintidós siglos después, otro hombre se encerraría por voluntad propia en una habitación con estufa para llegar, por un camino completamente distinto, a una sospecha semejante: casi todo lo que damos por sabido merece, antes que nada, una puesta en duda. Entre ambos episodios –y mucho después de ellos– se despliega una de las conversaciones más dilatadas e inquietas de la historia del pensamiento. Esto es, aquella que se pregunta qué significa, en realidad, conocer algo.

Platón (427-347 a.C.) no es tanto el filósofo sereno que presentan los bustos con su efigie como el narrador de una fuga: la del prisionero que rompe sus cadenas, sube por la pendiente escarpada y descubre, deslumbrado y doliente, que lo que tomaba por mundo era apenas su sombra proyectada.

El conocimiento, para él, emana del diálogo que extrae del alma las pautas eternas y abstractas que rigen lo real. Lejos de unas apariencias volátiles que solo ofrecen opiniones gratuitas, el saber rehúye la información de los sentidos. Conocer pasa por abstraer, detectar lo que no se ve sometido al paso del tiempo.

Casi dos milenios más tarde, un hombre encerrado por voluntad propia en una habitación con estufa decidió desmontar ese edificio entero para reconstruirlo desde sus cimientos. René Descartes (1596-1650) no buscó sombras que abandonar, sino un punto de amarre indudable, una roca firme bajo la superficie de la duda: una ciencia universal que brinde certezas.

El autor del Discurso del método sometió a sospecha todo lo que había creído: los sentidos, que engañan; las matemáticas, que tal vez manipula un «genio maligno»; el mundo entero, que, como especuló su coetáneo Calderón de la Barca, podría ser sueño. Al final del naufragio encontró algo que ni el más perverso de los demonios podía arrebatarle: el hecho mismo de estar dudando.

Saber algo es poseer una certeza indudable. Si dudo, pienso, y si pienso, pues es necesario algo que piense: un yo. No se puede dudar de ello sin confirmarlo y, por ende, el «pienso, luego existo» es el garante primero del conocimiento.

La viga proporcionada por Descartes comenzó a parecer menos sólida de lo que el galo pensó. Immanuel Kant (1724-1804) intuyó que el problema no estaba únicamente en cómo conocer el mundo, sino, de hecho, en cómo lo construimos al conocerlo.

Su revolución copernicana invirtió la pregunta: no nos preguntemos si nuestras ideas se ajustan a las cosas, sino si las cosas, tal como las experimentamos, ya vienen filtradas por las categorías de nuestra mente. El espacio, el tiempo o la causalidad no son fenómenos que se encuentran ahí afuera, esperándonos. Al contrario, es el sujeto quien los presupone en el entramado mismo de su experiencia. Conocer, para Kant, es menos un acto de descubrimiento (realismo) que de fabricación con materiales propios (idealismo).

Ahí podría habérsele dado carpetazo al asunto, con la razón humana erigida en arquitecta legítima de su propio mundo. Pero entonces llegó alguien dispuesto a sondear lo que había debajo de los cimientos kantianos. Friedrich Nietzsche (1844-1900) sospechó que detrás de cada pretensión de verdad objetiva se escondía, casi siempre, una voluntad de poder disfrazada de imparcialidad.

«No hay hechos, solo interpretaciones», escribió. En su obra, el conocimiento no es una escalera hacia la verdad –la salida de una caverna o el catártico descubrimiento de una certeza–, sino que se inscribe en una lucha permanente entre perspectivas que compiten por imponerse. Quien afirma poseer la verdad absoluta no ha llegado más lejos que los demás. Es, simple y llanamente, un impostor.

Michel Foucault (1926-1984) recogió el guante nietzscheano y lo llevó a un terreno práctico más incómodo. No se interesó tanto por qué es el conocimiento en abstracto como por quién tiene autorización para producirlo y qué precio paga el que se sale del guion.

Estudió hospitales, psiquiátricos, prisiones o clínicas. Mostró cómo cada época entabla un vínculo muy particular entre el saber y el poder: no son dos cosas que luego se relacionan, sino una sola maquinaria que determina, en cada momento histórico, qué cuenta como locura, qué cuenta como enfermedad y qué cuenta como verdad digna de mención. El médico que diagnostica, el juez que sentencia, el profesor que califica y, en general, todos los sujetos; todo el mundo juega a ser el rehén fugado de la caverna al ejercer, sin necesariamente saberlo, una forma de poder que se legitima disfrazándose de verdad neutra. Es decir, de saber. Alejandro Villamor es filósofo. Ethic, 2 de julio de 2026.




















ESPECIAL 3 DE HOY. UNAMUNO Y LA CONVERSACIÓN INTERIOR, POR PABLO CEREZAL. 10 DE JULIO DE 2026

 





Si bien Miguel de Unamuno (1864-1936) reprobó públicamente en no pocas ocasiones el modernismo, como heredero hispano del simbolismo francés con Rubén Darío (1867-1916) como máximo exponente y Valle-Inclán (1866-1936) como legítimo heredero, es evidente que en lo más importante de su obra literaria utilizó los mecanismos de dichas corrientes literarias. Niebla (1914), novela a la que el mismo deseó un nuevo género que denominaría «nivola», es quizás el mejor ejemplo de dicha impronta en su obra.

En las propias páginas de Niebla, Unamuno explica que una «nivola» es un artefacto literario que subvierte las características de la novela realista del siglo XIX. El autor impone un género libre, abierto, que da cabida al ensayo y lo hace logrando que la acción avance en virtud de los diálogos y, especialmente, los monólogos interiores que logran difuminar las fronteras entre el autor y los protagonistas que este ha creado.

A ningún lector le sorprende, a día de hoy, que una obra literaria se entregue a los flujos de conciencia de narrador y personajes, pero fue la mayor innovación que Unamuno introdujo en la literatura española. Y sí, se trataba de una característica de la novela modernista europea, junto con la experimentación formal, que el escritor y filósofo utilizó tanto en Niebla, como en una obra anterior: Amor y pedagogía (1902).

Lo que Unamuno trajo a las letras hispanas, en dichas obras, fue algo que ya forma parte del acervo literario universal: el diálogo interior que todos los humanos mantenemos con nosotros mismos y que tanto bien como mal puede llegar a hacernos dependiendo de cómo lo desarrollemos. Teniendo en cuenta la intensa labor filosófica del autor, no debe sorprendernos que incorporase a sus obras literarias tan necesaria técnica.

En Niebla, los postulados filosóficos de Unamuno se vuelcan en el hecho literario. Conocedor como era de una de las teorías que el filósofo y psicólogo estadounidense William James (1842-1910) expuso en su monumental Los principios de la psicología (1890), utilizó el «flujo de conciencia», que este consideraba imprescindible para el desarrollo personal, como pivote principal de su «nivola». Desde el prologuista hasta el propio autor, pasando por Augusto Pérez, protagonista principal de la obra, se interpelan y expresan sus pensamientos a través de su flujo de conciencia, sus monólogos interiores y los diálogos que entre ellos mantienen. Así, Niebla se convierte en un juego de espejos en que la acción avanza como por un laberinto de apariencias y pareceres que invitan al lector a mantenerse en un estado de atención y reflexión continua.

Si bien Unamuno se permitió atacar el modernismo de Rubén Darío, según él anquilosado por una excesiva muestra de formalismo barroco en que «cuesta descubrir la famosa corriente o flujo continuo de James», Niebla no deja de ser, también, un experimento en sus formas. Tomando no pocas de las herramientas que tan magníficamente utilizase Cervantes (1547-1616), Unamuno deja a sus protagonistas, y a él mismo, como autor, a expensas de sus pensamientos subconscientes, permitiendo que estos plasmen su propia evolución. Y ya sabemos que lo subconsciente no está exento de barroquismo, metáforas e imágenes inquietantes.

Los postulados filosóficos de Unamuno deseaban constatar que el pensamiento es un proceso que se realiza en la expresión del lenguaje. Por ello, en Niebla se entrega al lenguaje para irle quitando capas a la cebolla del yo de su protagonista, Augusto Pérez. Lo hace edificando sus páginas en el interior de cinco círculos concéntricos en que se expone la realidad del propio autor, la del protagonista de su obra, la de este al tomar consciencia de ser un ente de ficción, la que descubre al enfrentarse a su creador y la de ambos ante el lector.

Dichos círculos son recorridos por el lector asistiendo a los numerosos diálogos, interiores y externos, y al flujo de conciencia tanto del propio autor como de su principal protagonista. Todo ello, para que Unamuno constate su teoría de descubrimiento del propio «yo» a través de la necesaria conversación interior. El pensamiento como proceso que se realiza en la expresión del lenguaje. Un lenguaje al que solo le quedan huecos que el lector se verá obligado a rellenar con sus propias experiencias y pensamientos para ser completo.

Ya en su ensayo Soledad (1905), avanzó Unamuno el convencimiento filosófico que llevaría al plano literario con Niebla, al afirmar que «no hay más diálogo verdadero que el que entables contigo mismo, y este diálogo solo puedes entablarlo a solas. En la soledad, y solo en la soledad, puedes conocerte a ti mismo como prójimo; y mientras no te conozcas a ti mismo como prójimo, no podrás llegar a ver en tus prójimos otros yos». Pablo Cerezal es escritor. Ethic, 10 de julio de 2026.
























ESPECIAL 2 DE HOY. EL “LAWFARE” NO LO TAPA TODO, POR JORDI JUAN. 10 DE JULIO DE 2026

 






La imagen de la justicia se ha resentido en España, según el sondeo de Ipsos que publicó La Vanguardia el pasado lunes, donde hasta un 60% de los ciudadanos cree que hay jueces haciendo política y solo el 40% los ve imparciales. A partir de aquí es fácil hacer una generalización equivocada sobre el estamento judicial, igual que la mala actuación de algunos pseudomedios informativos lleva a decir que todos los periodistas manipulan o hacen correr bulos. Sería injusto colegir que todos los jueces son como Juan Carlos Peinado, cuya actuación en la investigación de Begoña Gómez ha sido más que discutible. La polémica sentencia de condena contra el ex fiscal general del Estado Álvaro García Ortiz, acusado de revelación de secretos sin ninguna prueba que lo ratificase, o la condena a los líderes independentistas del procés fueron otros momentos que generaron sombras de dudas entre la ciudadanía.

Dicho esto, el Gobierno de Pedro Sánchez, sometido a una intensa actuación judicial a partir de diversas investigaciones en marcha, no debería escudarse en la idea de lawfare –utilización abusiva del sistema legal para atacar a un adversario político– y asumir los errores que han cometido algunos de sus dirigentes. Tener a la directora general de la Guardia Civil, al jefe militar del cuerpo y a la presidenta de la SEPI imputados en diversas causas al mismo tiempo es algo muy serio.

Y este mes de julio, la presión judicial va a crecer todavía más. En medios judiciales se da ya por descontada la imputación del PSOE por las irregularidades contables detectadas y hay toda clase de especulaciones sobre lo que declarará ante el juez el próximo 21 de julio el empresario Julio Martínez, administrador de Análisis Relevante, la empresa que contrató a José Luis Rodríguez Zapatero.

Este final de curso va a ser muy intenso en esta carrera judicial contra el Gobierno. Los dirigentes socialistas están en su derecho de opinar sobre las decisiones que se van a producir, pero estaría bien que admitieran los errores que se han cometido. Y que hace que hoy se hable más de lo que pasa en los tribunales que de la gestión de un Gobierno que es la admiración de media Europa por el crecimiento económico de España. Jordi Juan Raja es director de La Vanguardia. 10 de julio de 2026.























ESPECIAL 1 DE HOY. UNA CENA CON LOS REYES, POR LLUÌS AMIGUET. 10 DE JULIO DE 2026








El Rey llama al camarero y le pregunta en un aparte cómo va la selección. Al enterarse del último gol devuelve alborozado la atención a la mesa. Entonces le confieso que intento contrear al padre de Lamine Yamal. Interviene la Reina con criterio periodístico y la conversación se enriquece al hablar de padres e hijos... Y de la familia, última religión universal, inseparable de algunos oficios.

Estamos en la mesa de los reyes con los premiados de la gala del Abc. Los tres de La Contra agradecemos el premio Luca de Tena. La Reina nos pregunta si hemos venido con nuestras madres, porque le gustaría saludarlas. Lamento no haber traído a la mía. Y se va a ver a la de la flamante premio Cavia, Karina Sainz Borgo, que llena con sus amigas la sala de saber y poder latino, como ya está Madrid entero.

Ima Sanchís en su discurso demuestra que una buena entrevista jamás la hará una máquina, y Víctor Amela recuerda al hijo que le contó que su padre enfermo le pidió que le leyera La Contra cada día hasta que llegara el último y así lo hizo.

Por mi parte, agradezco a entrevistados y lectores –gracias– haber descubierto juntos que la vida no tiene más sentido que el que cada uno de nosotros sepa darle. Y solo lo adquiere cuando lo compartimos.

La política, concluye Carmena, debería ser un paréntesis de servicio público en una carrera profesional

Es lo que hacemos hace 28 años cada día en La Contra con más de 10.000 personajes ya, que nos han ayudado a aprender y a gozar de la infinita diversidad de lo humano. Esa diversidad nos sirve para descubrirla en el fondo de nosotros mismos un poquito cada día, en cada entrevista, en cada conversación.

Al salir, Madrid barcelonea lleno de turistas achicharrados, pisos turísticos, bicitaxis y colas por doquier. En cambio, Barcelona ya nos gustaría que madrileñeara. En el 2025 Catalunya recibió el 15% del total de la inversión extranjera productiva en España; Madrid logró más de la mitad.

Los grandes de las finanzas abren allí oficinas, mientras se multiplican restaurantes caros y abarrotados donde te exigen que deglutas en menos de dos horas. Los latinos acaudalados comen y cenan antes que nosotros y así los restauradores listillos pueden facturar dos turnos.

En este Madrid lanzado, la izquierda pierde gas donde solía ganarlo, porque se gentrifica y aburguesa, me apunta la exalcaldesa y jueza Manuela Carmena. Ya no se patean Vallecas como solían, porque prefieren moqueta y aire acondicionado.

La política, concluye, debería ser un paréntesis de servicio público en una carrera profesional y no el cargo de por vida al servicio de un partido en que se ha convertido para tantos. Por eso, ha ido bajando el nivel de formación de nuestros políticos. Lluís Amiguet Molina es escritor. La Vanguardia, 10 de julio de 2026.
























DE LAS VIÑETAS DE HUMOR DEL BLOG DE HOY VIERNES, 10 DE JULIO DE 2026

 

























DEL ARCHIVO DEL BLOG. SOBREVIVIR, POR LEILA GUERRIERO. PUBLICADO EL 11 DE OCTUBRE DE 2019

 





Esa vez esperé un rato, respiré hondo y me puse en marcha, trepando sobre mí, caminando sobre todas las cosas como un jinete salvaje, comenta la escritora argentina Leila Guerriero. "No podías saber —no supiste nunca— que aquella fue la primera vez que escuché el verso de Pessoa: “No soy nada. / Nunca seré nada. / No puedo querer ser nada. / Aparte de eso, tengo en mí todos los sueños del mundo”, -comienza diciendo Guerriero-. Estábamos en un café y vos citaste ese poema que, vergonzosamente, yo no conocía. Al escucharlo sentí que el mundo cobraba sentido. Fue como despertar al revés. Como caer hacia dentro. Como ver desde lejos, con una lucidez borracha, el orden de las cosas. No duró mucho. ¿Una hora, dos? Después, todo se desarmó de nuevo, perdió sus bordes, cayó en la secuencia de los días enhebrados por hilachas. No sé por qué recuerdo eso ahora. Hoy, desde temprano, me ronda un recuerdo. Estaba sola en Nueva York, en algún lugar de Broadway. Hacía un frío sólido y maligno, un frío como un insulto. A mis espaldas había un enorme negocio de artículos electrónicos donde los televisores y los equipos de música se amontonaban con prepotencia. Yo contemplaba esa mole de metal y plástico como si fuera el rugido de la soledad. A mi lado, un tipo muy hermoso tocaba la guitarra. Pensaba en mi casa mirando el cielo, oscuro como el interior de un horno cubierto de cenizas, sintiendo la orfandad en los huesos. Llevaba unos guantes de cuero que no me abrigaban nada, unas botas de mala calidad. Aparte de eso, tenía en mí todos los sueños del mundo. Así que esa vez, como otras, esperé un rato, respiré hondo y me puse en marcha, trepando sobre mí, caminando sobre todas las cosas como un jinete salvaje, una walkiria rara. Solo que a veces, como hoy, eso no me sale. “Hoy estoy lúcido, como si estuviera a punto de morir / y no tuviera más hermandad con las cosas / que una despedida”, escribía, en ese poema descomunal, Fernando Pessoa.





















DEL POEMA DE CADA DÍA. TÚ, QUE NUNCA SERÁS, POR ALFONSINA STORNI. 10 DE JULIO DE 2026

 






TU,QUE NUNCA SERÁS




Sábado fue, y capricho el beso dado,

capricho de varón, audaz y fino,

mas fue dulce el capricho masculino

a este mi corazón, lobezno alado.



No es que crea, no creo, si inclinado

sobre mis manos te sentí divino,

y me embriagué. Comprendo que este vino

no es para mí, mas juega y rueda el dado.



Yo soy esa mujer que vive alerta,

tú el tremendo varón que se despierta

en un torrente que se ensancha en río,



y más se encrespa mientras corre y poda.

Ah, me resisto, más me tiene toda,

tú, que nunca serás del todo mío.




ALFONSINA STORNI /1892-1938)

poetisa argentina






***





La mujer ama en medio de la consciencia de su soledad. El amor se le revela intenso pero esquivo, una presencia ausente, un espejismo. Alfonsina Storni (1892-1938)











DEL ASUNTO DEL DÍA. EUROPA FRENTE A NERÓN 2.0, POR XAVIER COLÁS. 10 DE JULIO DE 2026






Europa nunca había tenido que lidiar con una Casa Blanca tan extraña. Su principal inquilino es conocido por su ansia de venganza hacia adentro, su falta de límites hacia fuera, su enfermiza obsesión por la decoración y el afán de dejar una huella imborrable en la historia. En las escuelas de relaciones internacionales no preparan para semejante cuadro psicológico a la altura de un Nerón 2.0.

«The Cruel Kids’ Table» (la mesa de los chicos crueles) es una de las mejores etiquetas utilizadas para describir a Trump y a una nueva generación de machos electos vinculados al universo MAGA que ha hecho de la provocación, la ironía y el desafío a las normas culturales progresistas parte de su identidad política. El término procede de un reportaje de New York Magazine, que juega con la expresión estadounidense «the cool kids’ table», la mesa de los alumnos populares en el comedor del instituto. Ahora Europa se topa con unos socios al otro lado del atlántico que no quieren ser «populares», sino que exhiben una cierta satisfacción al incomodar, ridiculizar o escandalizar a sus adversarios. Zelensky, Macron y hasta la muy cercana Meloni han sufrido esa actitud que normaliza la crueldad incluso con los socios.

Quedan más de 900 días de mandato de Trump. Su irrupción de vuelta en el escenario no podría haber llegado en peor momento: con una guerra en marcha en el flanco este europeo. Edward Lucas, analista británico, se lamentaba hace unas semanas en Varsovia: «¿Qué pasará si sufrimos una provocación brusca que ponga a prueba la unidad de la OTAN y llamamos a los estadounidenses, pero los estadounidenses dicen «lo sentimos, Trump está ocupado, no atiende la llamada»? Sería un problema».

En las cancillerías europeas lo saben bien. Durante el primer año de Trump 2.0, los líderes europeos respondieron a las múltiples provocaciones y presiones intentando complacer las exigencias del gobierno estadounidense, aceptando un acuerdo comercial injusto y evitando contravenir la línea política de Washington, aun cuando no compartían su rumbo. La mayoría de los líderes europeos jugaron a ser el poli bueno. Pero en 2026, con la amenaza de Trump de anexionarse Groenlandia y su extraña guerra y paz iraní, Europa ha recuperado el arte de decir «no» a Washington como lo hizo en 2003 ante la invasión de Irak. Esta vez, es de manera más unánime.

La nueva política de Trump ha priorizado la restauración de la preeminencia estadounidense en el hemisferio occidental: la denominada Doctrina Donroe, bautizada por el propio Trump como una combinación de su nombre y la vetusta Doctrina Monroe. Europa ha descubierto que, aunque el vínculo euroatlántico es importante, no podemos sacrificar nuestra orilla para complacer a la otra.

Trump ha impuesto el abandono del multilateralismo. En su lugar nos llega una diplomacia a menudo gestionada por colaboradores cercanos del presidente en lugar de diplomáticos profesionales que se apoya en la singular influencia económica, política y militar de Washington. Un ejemplo revelador: cómo ha utilizado los aranceles como una herramienta para obtener concesiones políticas y económicas.

Pedro Rodríguez, analista de política exterior y profesor en CUNEF, rechaza atribuir a la Administración Trump una racionalidad estratégica convencional. «Es verdad, y se dice mucho, que a Estados Unidos no le interesa irse de Europa», concede como razonamiento habitual. Pero añade: tampoco le interesaba una guerra comercial, «y la han hecho»; tampoco le interesaba tratar a sus aliados «como basura, pero lo han hecho». Esta Administración toma decisiones sin cálculo serio de costes ni repercusiones. Vive «en un presente absoluto»: nadie aprende del pasado y nadie planifica el futuro.

En realidad Estados Unidos siempre ha mostrado cierta ambivalencia en su compromiso con un orden normativo e institucional y en situaciones críticas, como la lucha contra el terrorismo islamista, el país ha infringido o por lo menos flexibilizado las normas internacionales. El mayor símbolo de poder es precisamente poder ser la excepción a las normas. También se mantuvo al margen de algunos de los proyectos internacionales más ambiciosos, como la Corte Penal Internacional. Y su interés por seguir desempeñando su papel de árbitro supremo del sistema internacional disminuyó rápidamente tras las fallidas guerras de Afganistán e Irak. Pero ahora Europa no es un viajero mareado por los vértigos de las piruetas bélicas de George Bush, está entre los daños colaterales de unos EE. UU. más desdeñosos que nunca.

Tras su errática irrupción en Irán, Trump parece incapaz de controlar el relato político de una guerra que no salió como él esperaba. Ante las dificultades para presentar el episodio como una victoria clara, ha recurrido a su método habitual: intentar fabricar una realidad propia, imponer una versión de los hechos y obligar a los demás a moverse dentro de ella.

Su cita con el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, escenificó esa tensión. Rutte acudió con elogios calculados, consciente de que con Trump la adulación suele ser parte del protocolo diplomático. Pero ni siquiera ese despliegue de halagos sirvió para contener al presidente. Trump aprovechó la ocasión para cargar —de nuevo— contra algunos de los principales miembros de la Alianza Atlántica, a los que reprochó no haber ayudado en su guerra con Irán.

La escena revela el estado de las cosas: mientras sus aliados intentan mantenerlo dentro del marco de la OTAN con gestos de deferencia, Trump sigue tratando la Alianza como una relación transaccional y personalista. No busca tanto una estrategia compartida como una prueba de lealtad. Y cuando la realidad militar o política no encaja con su relato de fuerza, proyecta la culpa hacia fuera: contra los medios, contra los demócratas, contra los aliados europeos o contra cualquiera que no haya contribuido a sostener su versión de los acontecimientos.

Para Rodríguez, que ha sido ponente en el Seminario Internacional de Seguridad y Defensa organizado en junio por la Asociación de Periodistas Europeos, el momento que atraviesa Estados Unidos recuerda a los grandes procesos de decadencia de las potencias históricas. «Cuanto mayores son los fracasos, mayores son las celebraciones», lamenta. «Es imposible no pensar en la decadencia del Imperio Romano. ¿Cómo hemos pasado de la República al Imperio? Hemos pasado de Cicerón a Nerón».

El historiador Tácito retrató el reinado de Nerón como el paso de un gobierno todavía condicionado por las instituciones a otro dominado por el miedo, la arbitrariedad y el culto al emperador. Tal vez el riesgo para Europa no sea el choque con EE. UU., sino el contagio de esa degeneración. Y muchos analistas avisan de que ese virus está en marcha. Xavier Colás es escritor. Ethic, 1 de julio de 2026.