sábado, 27 de junio de 2026

DEL CAFÉ DE SOBREMESA. STROMBOLI, POR MANUEL JABOIS. 27 DE JUNIO DE 2026

 





Stromboli es uno de los volcanes activos más célebres del mundo. Aquí el gas empuja de forma constante fragmentos incandescentes de lava, bombas y escoria desde los cráteres. Erupciona así desde 1934. No es un volcán apagado que a veces despierta: es un animal que respira cada 10 o 20 minutos. Se organizan excursiones nocturnas para ir a verlo de cerca desde el mar o incluso caminando, unas seis horas, por sus laderas, hasta donde permiten las restricciones (“dos pasos adelante, uno atrás”). En el lado noroeste está la Sciara del Fuoco, una enorme pendiente negra por la que bajan materiales volcánicos hacia el mar. Es un vertedero de fuego: lo que el volcán escupe arriba, rueda, cae o se derrama. Las playas de las Eolias, las islas que tiene alrededor, están hechas de piedras volcánicas. Aunque pueda parecer, y lo sea, una atracción turística, también es algo más: una amenaza vigilada pero latente. Desde Canneto, la playa de la isla de Lipari, el fenómeno se observa con curiosidad natural, nada obsesiva. Aquí están la playa, los niños, las sombrillas, las piedras calientes, las fachadas claras, los turistas (pocos) en las tres o cuatro terrazas que ofrecen pescado. Enfrente está Stromboli, la montaña negra que recuerda que bajo esta belleza hay presión, gases y magma. Este lunes por la noche, con todo a punto de cerrar, una familia celebra el 72 cumpleaños de uno de sus miembros en el Mari e Suli. Sacan la guitarra y cantan todos Gianna, una de las canciones de mi vida estos dos últimos años. Qué poco importa todo: uno se cree el rey del mundo cantando este tema a gritos en Madrid y ahora, en Lipari, se canta en mis narices sin mencionarme. Un día antes de viajar, alguien me dijo que el éxito, el amor y la gracia son cosas que no se pueden buscar. Que como creas que tienes la fórmula, las pierdes. “El éxito es un gato, viene cuando quiere”. Y así el amor, y así la gracia, y así los volcanes que saltaremos esta noche de San Juan a falta de una hoguera mejor. Manuel Jabois es escritor. El País, 24 de junio de 2026.























DE LAS VIÑETAS DE HUMOR DEL BLOG DE HOY SÁBADO, 27 DE JUNIO DE 2026

 





























DEL ARCHIVO DEL BLOG. SOBRE EL ORIGEN DEL UNIVERSO Y LA VIDA DESPUÉS DE LA VIDA, POR HARENDT. PUBLICADO EL 17 DE MAYO DE 2016

 








A mi amiga Jesús


Hace unos días publiqué en el blog una entrada: "El sinsentido de la existencia", que contrariamente a lo que yo pensaba no ha despertado excesivo interés por parte de los lectores del blog. Apenas unos cuantos lectores se han acercado a curiosearla... Lo que me confirma en la idea de que lo de "interesante" es un concepto absolutamente relativo ajeno a toda realidad objetiva. De todas maneras, cabezota que es uno, insisto en el tema. Decía en ella que yo no le encontraba excesivo sentido a la misma, a la existencia. Que era de los que piensa que estamos aquí por puro azar. Que somos polvo de estrellas. Que al final vamos a desaparecer sin dejar rastro. Que todo lo que ha existido se extinguirá sin dejar recuerdo ninguno de su existencia ni de su paso por el mundo. Que nada quedará, ni siquiera memoria... Y que hay pocas cosas que puedan consolarnos de ese sinsentido de la existencia. Entre ellas, el amor, la amistad y los libros.

A pesar de ser de formación académica en letras y humanidades, reconozco que siento la pasión del neófito por la Ciencia. Y que a pesar de esa pasión, no entiendo absolutamente nada sobre ella. La Madre Naturaleza no me ha dotado con las cualidades necesarias para acceder, ni por aproximación, a los arcanos de la física, la química o la cosmología. Por eso, cuando leo un artículo tan denso como el publicado en el último número de Revista de Libros por el profesor Viatcheslav Mukhanov, catedrático de Cosmología de la Ludwig-Maximilians Universität, de Munich, y premio Gruber de Cosmología 2013, titulado El Universo Cuántico: de la Nada al Todo, se me disparan automáticamente todas las neuronas y entro en una especie de trance del que me resulta difícil salir. Y aquí estoy a la 1:38 de la madrugada (hora insular canaria), intentando relajarme a base de darle algún sentido racional a la pantalla en blanco de mi portátil.

El citado artículo se abre con una frase del físico estadounidense Steven Weinberg, profesor de la Universidad de Texas, en Austín, y premio Nobel de Física 1979, tomada de su libro Los tres primeros minutos del universo (1977), que dice así: "Los esfuerzos para comprender el universo son una de las poquísimas cosas que elevan la vida humana un poco por encima de la farsa y que le otorgan algo de la elegancia de la tragedia". Polemista como pocos, el profesor Weinberg es también autor de una frase que ha hecho fortuna entre los científicos norteamericanos. Como el también polemista y biólogo Richard Dawkins, Weinberg mantiene una cruzada sin tregua, casi a vida o muerte, contra las tendencias "creacionistas" de buena parte de los científicos estadounidenses. Para no alargarme, dice Weinberg: "La religión es un insulto a la dignidad humana. Con o sin religión siempre habrá buena gente haciendo cosas buenas y mala gente haciendo cosas malas. Pero para que la buena gente haga cosas malas hace falta la religión". Comparto plenamente las dos primeras oraciones de la frase. La segunda, no tanto. Mi beligerancia no llega a tal extremo.

No puedo, por falta de capacidad, resumirles el artículo del profesor Mukhanov, pero les invito a leerlo si están interesados en ese asunto de la Cosmología y la Física Cuántica y el origen del Universo. Es lo más reciente que se ha escrito al respecto. Y dada la valía científica de su autor, merece la pena intentarlo.

Pero yo, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid y el Guiniguada por Las Palmas, vuelvo a lo que me es y resulta más asequible: el sentido de la vida o de la existencia y la pervivencia de vida después de la vida. Personalmente no creo en ella. Me gustaría hacerlo, pero no me es posible. Ni tan siquiera a pesar de la admiración que siento por Teilhard de Chardin y las puertas que al respecto abre la lectura de su libro El fenómeno humano, una de las obras científicas que más profunda e indeleble huella ha dejado en mí. Somos unos recién llegados en la historia de la evolución, y desde luego resulta difícil aceptar que seremos los últimos. Pero esas son cosas que explica mejor la neurobiología que la religión. Y no soy experto en ninguna de las dos. Así pues, aprovechando mi ignorancia, vuelvo a retomar lo dicho por otros, ahora sobre eso de la vida después de la vida, en la que yo no creo pero me gustaría creer. Aunque en ningún caso sea un asunto que me ocupe ni preocupe en lo más mínimo.

En la autobiografía del escritor israelí Amos Oz de la que vengo hablando en estos últimos días, Una historia de amor y oscuridad (Siruela, Madrid, 2004), hay unas páginas que el autor dedica a su relación como alumno con el profesor de la Universidad Hebrea de Jerusalén, Samuel Hugo Bergman. No me resisto a transcribirlas literalmente, y espero que tengan la paciencia de leerlas hasta el final y comprenderán la razón (o sinrazón) de esta entrada, si es que han sido capaces de leer igualmente el enlace de más arriba.

"Después de hacer el servicio militar-dice Oz-, en el año 1961, la secretaría del kibbutz Hulda me envió a estudiar dos años a la Universidad Hebrea. Estudié literatura, porque el kibbutz necesitaba con urgencia un profesor de literatura de enseñanza media, lo que nosotros llamábamos "clases de continuación", y estudié filosofía porque me empeñé en estudiar filosofía. Cada lunes, de cuatro a seis de la tarde, había unas cien personas reunidas en el aula magna del edificio Meiser para oír el ciclo de conferencias del profesor Samuel Hugo Bergman sobre el tema "La filosofía dialéctica de Kierkegaard a Martin Buber". También Fania, mi madre, estudió filosofía con el profesor Bergman en Har Hatzofim en los años treinta, antes de casarse con mi padre, y él la recordaba con afecto y cariño. En el año 61 el anciano Bergman ya era un profesor jubilado, emérito, pero nosotros estábamos fascinados por su lúcida y penentrante sabiduría. Me emocionaba pensar que el hombre que estaba ante nosotros había sido compañero de clase de Kafka, y durante dos años -eso nos contó una vez- se sentó en el mismo pupitre que Kafka en el "gimnasium" de Praga, hasta que llegó Max Brod y le quitó el sitio.

Durante aquel invierno, Bergman invitaba a cinco o seis alumnos, los que le resultaban más simpáticos o por los que se interesaba más, a ir a su casa una o dos horas después de clase. Todos los lunes, a las ocho de la tarde, yo llegaba en el autobús número 5 desde el nuevo campus de Guivat Ram al modesto piso del profesor Bergman en Rehavia. Un ligero olor, continuo y agradable, una mezcla de polvo de libros, pan recién hecho y geranios, flotaba en la habitación. Nos sentábamos en el sofá y en la alfombra  a los pies de nuestro gran maestro, amigo de juventud de Kafka y de Martin Buber y autor de los libros en los que estudiábamos la historia de la epistemología y los principios de la lógica, y permanecíamos en absoluto silencio esperando sus palabras. Samuel Hugo Bergman era un hombre corpulento incluso de viejo. Con su melena canosa, con sus sonrientes arrugas de ironía en las comisuras de los párpados, con su mirada perspicaz pero inocente y pura como la de un niño curioso, Bergman se parecía mucho al viejo Albert Einstein de las fotografías. Con su acento alemán-checo caminaba por la lengua hebrea no con naturalidad y propiedad sino con cierta solemnidad festiva, como un pretendiente feliz cuya amada por fin le correspondía y ya podía enorgullecerse y demostrarle que no se había equivocado con él.

Casi el único tema que trataba nuestro maestro en esos encuentros privados era la pervivencia del alma, o la posibilidad, si es que existía alguna posibilidad, de una existencia después de la muerte. De eso nos hablaba las tardes de los lunes de aquel invierno, mientras la lluvia golpeaba las ventanas y el viento silbaba en el jardín. A veces nos pedía nuestra opinión y escuchaba atentamente, no como un maestro paciente vigilando los pasos de sus alumnos, sino como alguien que estuviera oyendo una obra musical muy compleja y entre todos los sonidos tuviese que localizar uno especial, menor, y determinar su autenticidad.

-Nada -nos dijo una de aquellas tardes inolvidables para mí, hasta tal punto no lo he olvidado que creo que podría repetir sus palabras casi al pie de la letra-, nada desaparece. Jamás. De hecho la palabra "desaparición" supone que el universo es aparentemente finito y que es posible alejarse de él. Pero naaada (alargó a propósito esa palabra), naaada sale jamás del universo. Ni tampoco entra en él. Ni una sola mota de polvo desaparece ni se añade. La materia se transforma en energía y la energía, en materia, los átomos se unen y se vuelven a separar, todo cambia y se transforma, pero naaada puede pasar de ser a no ser. Ni el más minúsculo pelo que pueda brotar en la punta de la cola de un virus. El concepto de infinito es completamente abierto, abierto hasta el infinito, pero al mismo tiempo es un concepto cerrado herméticamente: nada sale y nada entra. Pausa. Una sonrisa desnuda e ingenua se expandía como la luz del ocaso por el paisaje de arrugas de su rostro rico, fascinante: 

-Y entonces por qué, tal vez alguien pueda explicármelo, por qué se empeñan en decirme que lo único que se aparta de esta regla, lo único que está destinado a ir al infierno, a convertirse en no ser, lo único a lo que le espera la aniquilación total en todo el universo, donde ningún átomo puede reducirse a la nada, es precisamente a mi pobre alma. ¿Es que cualquier mota de polvo y cualquier gota de agua va a continuar existiendo eternamente, aunque con otra forma, todo excepto mi alma? 

-El alma  -murmuró algún joven y perspicaz genio desde un rincón de la habitación- aun no la ha visto nadie.

-No -aceptó Bergman de inmediato-, pero tampoco las leyes de la física y las matemáticas se las encuentra uno por los cafés. Tampoco la sabiduría, la necedad, el placer o el miedo. Nadie ha metido aun una pequeña muestra de alegría o de nostalgia en una probeta. Pero, mi querido joven, ¿quién te está hablando ahora? ¿Los humores de Bergman te están hablando? ¿Su bazo? ¿Será por casualidad el intestino grueso de Bergman el que está filosofando contigo? ¿Y quién, perdóname, provoca en este momento esa sonrisa tan poco agradable en tus labios? ¿No es tu alma? ¿Los cartílagos tal vez? ¿Los jugos gástricos?

Y en otra ocasión dijo: -¿Qué nos espera después de la muerte? Naaadie lo sabe. De cualquier modo es un desconocimiento que comporta cierta demostración o cierto potencial de persuasión. Si yo cuento esta tarde que a veces oigo la voz de los muertos y que su voz es más clara y comprensible para mí que la mayoría de las voces de los vivos, tenéis todo el derecho a decir de inmediato que este viejo se ha vuelto loco. Que ha perdido un poco la cabeza por el espanto que le causa la cercanía de la muerte. Por tanto no os hablaré de voces, esta tarde os hablaré de matemáticas: como naaadie sabe si hay algo o no hay nada más allá de nuestra muerte, de este desconocimiento absoluto se puede concluir que la posibilidad de que exista algo es exactamente igual a la posibilidad de que no exista nada. Un cincuenta por ciento para la aniquilación y un cincuenta por ciento para la pervivencia. Para un judío como yo, un judío de Centroeuropa de la generación del holocausto nazi, esa posibilidad de pervivencia completamente estadística no es en absoluto despreciable.

Por aquellos años también a Gershom Scholem, amigo y admirador de Bergman, le fascinaba al tiempo que le mortificaba la cuestión de la vida después de la muerte. La mañana en que informaron por la radio de la muerte de Scholem escribí: Gershom Scholem ha muerto esta noche. Ahora lo sabe.

También Bergman lo sabe ya. También Kafka. Y mi madre y mi padre. Y sus conocidos y amigos, y la mayoría de los hombres y mujeres de aquellos cafés, aquellos que utilicé para contarme historias y aquellos que ya han caído en el olvido, todos lo saben ahora. Algún día también nosotros lo sabremos. Y mientras tanto seguiremos aquí recopilando diferentes datos. Por si acaso". HArendt






















DEL POEMA DE CADA DÍA. EXPLOSIÓN, POR DELMIRA AGUSTINI. 27 DE JUNIO DE 2026

 






EXPLOSIÓN

Si la vida es amor, ¡bendita sea!
¡Quiero más vida para amar! Hoy siento
Que no valen mil años de la idea
Lo que un minuto azul de sentimiento.

Mi corazón moría triste y lento...
Hoy abre en luz como una flor febea;
¡La vida brota como un mar violento
Donde la mano del amor golpea!

Hoy partió hacia la noche, triste, fría,
Rotas las alas, mi melancolía;
Como una vieja mancha de dolor

En la sombra lejana se deslíe...
¡Mi vida toda canta, besa, ríe!
¡Mi vida toda es una boca en flor!





EDELMIRA AGUSTINI (1886-1914)

poetisa uruguaya




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Delmira Agustini Murtfeldt (Montevideo, 24 de octubre de 1886-Montevideo, 6 de julio de 1914) fue una poeta modernista uruguaya. Su poesía se inscribió en la corriente modernista de la época, pero cuando el soterrado sentimiento que alentaba en el alma de la poeta podía expresarse sin trabas, sus palabras alcanzaban una dimensión más auténtica que dio lugar a poemas excelsos. Con una fuerte carga erótica, sus poemas siguen la línea modernista y están llenos de feminismo, simbolismo, sensualidad y sexo. Murió asesinada a tiros por su esposo un día después de que un tribunal aprobara su divorcio.



















DEL ASUNTO DEL DÍA. ¿Y SI CUBA VOTARA VOLVER A ESPAÑA?, POR JOAQUIN LUNA. 27 DE JUNIO DE 2026

 







Si yo fuese asesor en la Moncloa y quisiera hacer méritos, aconsejaría al jefe una jugada audaz, eso que llaman un win-win (no confundir con un gin fizz): proponer a Cuba la reincorporación a España, antes de que lleguen otros y se la queden.

¿Nos llevamos bien? Sí. ¿Hicimos algo por la isla en tiempos? ¡Construir la primera línea de ferrocarril de España y la séptima del mundo (La Habana-Güines, en 1837, once años antes que la de Barcelona a Mataró). ¿Podría Cuba asociarse a la UE? ¡No iba a ser menos que Canadá!

Al jefe le hacen falta proyectos ilusionantes y la reincorporación de Cuba a España sería un gol por la escuadra. Nada de ir en plan chulo, todo conforme al derecho internacional, el derecho humanitario y el derecho romano.

Va el jefe a Cuba con su guayabera y propone a lo que queda del castrismo –¡a buenas horas quieren reformas como las de China, iniciadas en 1978!– un referéndum de asociación a España sobre los vínculos históricos, las maracas y la afición por el mestizaje. Al fin y al cabo, la población cubana solo asciende a 9,7 millones. Audacia, presidente: es el momento de ofrecer a Cuba que se asocie a España y a la UE

Los cubanos decidirían que ya son mayorcitos y peores tutelas han tenido (EE.UU., la URSS y Venezuela, por orden de aparición). Y el jefe adelantaría a todo el mundo por la izquierda, amén de soltarle un sopapo a la oposición.

La derecha española siempre se ha lamentado del 98, tiene abuelos a los que expropiaron fincas en Cienfuegos y podría disfrutar de la jubilación en Varadero y no en Torrelodones. Para el nacionalismo catalán, sentimental como pocos, agua de mayo: resurgirían las habaneras, los indianos y la estelada (cubana, eso sí). Y los vascos, por una vez, podrían pagarse algo. Joaquín Luna es periodista. La Vanguardia, 24 de junio de 2027.






















BUENOS DÍAS. SALUDOS EN LAS LENGUAS DE MI PATRIA. HOY SÁBADO, 27 DE JUNIO DE 2026, EN ESPAÑOL

 




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Hola, buenos días de nuevo a todos y feliz sábado. Canarias sigue con el alma en vilo sobre el terremoto que ha asolado a Venezuela, porque su vinculación histórica con ese país y sus gentes es secular… Mientras llegan más noticias de la catástrofe vamos con las entradas del blog de hoy. La primera es este buenos días de hoy en lengua castellana, tan española como el catalán, el gallego y el vasco. La segunda, la firma el periodista Joaquín Luna, que se pregunta qué pasaría si los cubanos votarán en referéndum que quieren volver a ser españoles. El poema del día, en la tercera, se titula Explosión, y es de la famosa poetisa uruguaya Delmira Agustini. La cuarta es un archivo del blog de mayo de 2016, escrito por HArendt, sobre el origen del universo y la vida después de la vida; uno de esos artículos que le dejaron pero que muy satisfecho en su día, y hoy de nuevo, al releerlo. La quinta son las viñetas del blog. La sexta la firma el escritor Manuel Jabois y nos habla en ella del amor, los gatos y los volcanes: todos muy peligrosos. La séptima la escribe el abogado y exfiscal José María Calero, y en ella defiende la legalidad y el derecho de los ciudadanos a discrepar y criticar las sentencias judiciales, sean éstas del órgano que sean. Y la última, como siempre, es el Buena noches diario de HArendt a sus lectores, deseándoles de corazón que la diosa Fortuna y las benevolentes Moiras les sean favorables. Que pasen un buen día. Espero que las entradas del blog de hoy sean de su interés. Y nos vemos mañana de nuevo si la diosa Fortuna lo permite. Besos. Les quiero. HArendt





















ENTRADA NÚM. 10898

viernes, 26 de junio de 2026

BONES NITS, FELIÇ DESCANS I DOLÇOS SOMNIS. AVUI DIVENDRES, 26 DE JUNY DE 2026, EN CATALÀ

 







Hola de nou, amics. Bona nit, feliç descans i dolços somnis a tots aquesta nit de divendres del 26 al 27 de juny del 2026. Espero que hagin passat un bon dia en companyia de les seves famílies i amics. Gràcies de tot cor per haver-se fet una volta pel bloc. M'alegraria creure que han gaudit de la visita. Tamaragua, amics meus. Que la deessa Fortuna i les benvolents Moiras els siguin favorables. Fins demà. Els vull. Petons. HArendt






















DE LA TARDE QUE CAE. LLEGARÁ LO IMPENSABLE, POR FÉLIX RIERA. 26 DE JUNIO DE 2026

 






En Francia, como en España, el próximo año será clave para su futuro, al celebrarse las elecciones presidenciales y las elecciones generales. Ambas naciones deberán enfrentarse ante la posibilidad de que las posiciones extremas se impongan, dominen o condicionen la política, la moral, el debate público y la economía.

En los ámbitos académicos de Francia, la conversación gira en torno a la posibilidad de que, en la segunda vuelta de las presidenciales, haya que elegir entre Marine Le Pen o Jordan Bardella, de Reagrupamiento Nacional, y Jean-Luc Mélenchon, de La Francia Insumisa; entre la Francia que proclama “primero los franceses”, propia del nacionalpopulismo lepenista, y la “nueva Francia” que encarna Bally Bagayoko, alcalde de Saint-Denis, que muestra la fuerza de una Francia joven y mestiza, formada por los nietos de la inmigración. En París, la conversación se centra en especular sobre la posibilidad de que el próximo presidente o presidenta sea de extrema derecha o de extrema izquierda.

Los franceses podrían vivir un hecho insólito: que quienes no creen en los extremos tengan que elegir entre dos fuerzas políticas extremas, antagónicas, que dividen y alimentan la polarización. Lo que entonces parecía improbable ahora podría suceder y llevar al Elíseo a Bardella, Le Pen o Mélenchon.

En España, la conversación se focaliza en la debilidad de Pedro Sánchez, a quien desde distintos ámbitos se le exige que adelante las elecciones debido a los supuestos casos de corrupción que asedian al Gobierno y que probablemente le impedirían aprobar los presupuestos. También gira en torno a Zapatero y sus joyas, convertidas en metáfora del triunfo de lo material y los intereses privados sobre el espíritu y los ideales de la izquierda.

Lo que está a punto de ocurrir en España es que una izquierda agotada por tanta tensión judicial y una derecha igualmente agotada de tanto esperar la caída de Sánchez sigan gobernando el país, al no conseguir ni la extrema derecha ni la extrema izquierda ilusionar a una mayoría social; ni con la prioridad nacional de Vox ni con el proyecto de una España plurinacional de izquierda nacionalista e independentista, que representa Rufián. Algo que sí han logrado Mélenchon y Le Pen –o Bardella–. En España, por el contrario, los extremos siguen siendo asimilados por el PP y el PSOE, como se constató con Sumar y como ahora algunos persiguen que ocurra con Vox respecto al PP. Francia sitúa a los extremos en el centro del escenario político; España los integra y los neutraliza dentro del bipartidismo. Así, mientras que en Francia puede llegar a producirse lo impensable, en la España bipartidista parece que todo seguirá igual. Felix Riera es periodista. La Vanguardia, 24 de junio de 2026.

























DEL CAFÉ DE SOBREMESA. LIMPIAR LA CALLE, POR PILAR MERA. 26 DE JUNIO DE 2026

 





“Yo tampoco me imaginaba que podía terminar en la calle”. No deja de resonar en mi cabeza esta frase que Andrés, un hombre de barba embarullada, ojos tristes y risa atronadora, me regaló en una de mis noches universitarias santiaguesas. Mis amigos y yo estábamos de botellón en la Alameda. Despedíamos uno de los mejores cursos que recuerdo haciendo planes y brindando a bajo precio antes de bajar a la zona nueva a bailar y seguir riendo. Entonces entró en juego lo que mi hermana llama mi yo oficina oficial de Turismo, que viene a ser la suma de un imán para que la gente me pare en cualquier sitio para preguntarme cualquier cosa y una tendencia natural a largas conversaciones con personas desconocidas. Terminé sentada en las escaleras que bajan al campus escuchando la historia de Andrés. Un buen trabajo, una familia feliz, unas decisiones equivocadas por aquí, un poco de alcohol por allá, deudas, vergüenza, más alcohol y una vida rota. “Te pareces a mi hija”, decía. Terminamos en una cabina a punto de llamarla, pero eran las tres de la mañana y le dio miedo. Con ojos llorosos prometió hacerlo al día siguiente. No volví a verlo. Me temo que no lo hizo, aunque me gustaría pensar que sí, que ese fue el primer paso de una nueva etapa. De una vida mejor.

Cualquiera puede terminar en la calle. Lo difícil es salir de ella. La voluntad no llega para superar el miedo, la vergüenza y las barreras materiales. Imagínate ir a una entrevista de trabajo sin ducharte, sin ropa limpia. O alquilar una habitación sin dinero. Querer es poder sólo es posible cuando poder es una opción. Mientras los Andrés de la calle sobreviven, su visión nos incomoda y preferimos no pensar en ellos. Quizás por eso no reaccionamos ante actuaciones como las del Ayuntamiento de Madrid, que ha decidido que el agua a presión se lleve por delante lo poco que tienen quienes duermen en sus calles. Da igual que sean cartones sucios, colchones o papeles de identidad, juguetes, fotografías o cualquier recuerdo. Limpiar, lo llaman. El derecho de la propiedad mengua en importancia cuando no cotiza en Bolsa.

Quizás Almeida y su vicealcaldesa no sabían nada hasta que lo leyeron en la prensa. Es la magia de las subcontratas. Te sirven de excusa mientras diluyen el valor de lo público, la calidad del servicio y la capacidad de control de quien contrata. Pero ya lo saben. No vale seguir negándolo o afirmar que sólo están dando “un futuro a personas que lo han perdido todo”. ¿Qué harán ahora? ¿Qué haremos ahora? Pilar Mera es profesora de la UNED y politóloga. El País, 23 de junio de 2026.