jueves, 19 de febrero de 2026

LA MISERIA DE LA CLASE EPSTEIN. ESPECIAL UNO DE HOY, JUEVES, 19 DE FEBRERO DE 2026

 







Feliz Día de los Presidentes, escribe el profesor Robert Reich en Substack (16/02/2026). Amigos, comienza diciendo, así respondió el congresista republicano de Kentucky, Thomas Massie, el domingo, durante el programa “This Week” de ABC, a una pregunta sobre el manejo de los archivos de Epstein por parte del régimen de Trump:

Se trata de la clase Epstein... Son multimillonarios que eran amigos de esta gente, y a eso me enfrento en Washington, D.C. Donald Trump nos dijo que, aunque cenara con este tipo de gente en Nueva York y West Palm Beach, sería transparente. Pero no lo es. Sigue involucrado con la clase Epstein. Esta es la administración Epstein. Y me atacan por intentar que se publiquen estos archivos.

La clase Epstein. No solo quienes se acostaron con Jeffrey Epstein ni quienes abusaron de niñas. Es un mundo interconectado de hombres inmensamente ricos, prominentes, con derechos, engreídos, poderosos y engreídos (en su mayoría). Trump es el presidente honorario.

Trump aparece 1433 veces en los archivos de Epstein hasta la fecha. Sus multimillonarios patrocinadores también son miembros. Elon Musk aparece 1122 veces. Howard Lutnick es miembro. También lo son Peter Thiel, quien apoya a Trump ( 2710 veces), y Leslie Wexner ( 565 veces). Al igual que Steven Witkoff, ahora enviado de Trump a Oriente Medio, y Steve Bannon, consejero de Trump ( 1855 veces).

La clase Epstein no se limita a los donantes de Trump. Bill Clinton es miembro ( 1192 veces), al igual que Larry Summers ( 5621 veces). También lo son el fundador de LinkedIn, Reid Hoffman ( 3769 veces), el príncipe Andrés ( 1821 veces), Bill Gates ( 6385 veces) y Steve Tisch, copropietario de los New York Giants ( 429 veces).

Si no es la política, ¿qué conecta a los miembros de la clase Epstein? No se trata solo de la riqueza. Algunos miembros no son particularmente ricos, pero tienen conexiones sólidas. Se aprovechan de su prominencia, de a quién conocen y de quién les devuelve las llamadas.

Intercambian información privilegiada sobre acciones, movimientos de divisas, ofertas públicas iniciales (OPI) y nuevos mecanismos de evasión fiscal. Sobre cómo entrar en clubes exclusivos, reservar en restaurantes elegantes, hoteles lujosos y viajes exóticos.

Se entretienen mutuamente, se alojan en sus respectivas casas de huéspedes y villas. Algunos intercambian consejos sobre cómo conseguir ciertas drogas, sexo erótico o valiosas obras de arte. Y, por supuesto, cómo acumular más riqueza.

La mayoría de los miembros de la clase Epstein se han recluido en su propio mundo, pequeño, aislado y miserable. Están desconectados del resto de la sociedad. La mayoría no cree particularmente en la democracia; Peter Thiel (recuerde que aparece 2710 veces en los archivos de Epstein) ha dicho que «ya no cree que la libertad y la democracia sean compatibles». Muchos invierten su fortuna en elegir a personas que cumplan sus órdenes. Por lo tanto, son políticamente peligrosos.

La clase Epstein es el subproducto de una economía que surgió durante las últimas dos décadas, de la cual esta nueva élite ha extraído enormes cantidades de riqueza. Es una economía que prácticamente no se parece a la de Estados Unidos a mediados del siglo XX. Las empresas más valiosas de esta nueva economía tienen pocos trabajadores porque no fabrican. Lo diseñan. Crean ideas. Venden conceptos. Transfieren dinero. El valor de las empresas en esta nueva economía no reside en fábricas, edificios ni máquinas. Está en algoritmos, sistemas operativos, estándares, marcas y vastas redes de usuarios que se retroalimentan.

Recuerdo cuando IBM era la empresa más valiosa del país y uno de sus mayores empleadores, con una nómina en la década de 1980 de casi 400.000 empleados. Hoy, Nvidia es casi 20 veces más valiosa que IBM entonces y cinco veces más rentable (ajustado a la inflación), pero emplea a poco más de 40.000 personas. Nvidia, a diferencia de la antigua IBM, diseña, pero no fabrica sus productos.

En los últimos tres años, los ingresos de Alphabet, la empresa matriz de Google, han crecido un 43 %, mientras que su nómina se ha mantenido estable. Los ingresos de Amazon se han disparado, pero están eliminando puestos de trabajo.

Los miembros de la Clase Epstein reciben su remuneración en acciones. Con el aumento de las ganancias corporativas, el mercado bursátil se ha disparado. Con el aumento del mercado bursátil, la remuneración de la Clase Epstein ha alcanzado cifras astronómicas.

Mientras tanto, la mayoría de los estadounidenses están atrapados en una economía anticuada, donde dependen de salarios cada vez más bajos y de una disminución del número de empleos. El Banco de la Reserva Federal de Nueva York acaba de informar que las tasas de morosidad hipotecaria en los hogares de bajos ingresos están aumentando.

La vivienda asequible no es un problema exclusivo de la clase Epstein. Tampoco lo es la desigualdad de ingresos. Ni la pérdida de nuestra democracia. Ni los efectos nocivos de las redes sociales en jóvenes y niños.

Cuando el mayor defensor de la tecnología de Silicon Valley en el Congreso, el representante Ro Khanna, anunció recientemente su apoyo a un impuesto a los multimillonarios de California, para ayudar a llenar el vacío creado por los recortes de Trump a Medicare (que, a su vez, dieron paso al segundo gran recorte de impuestos de Trump para los ricos), la clase de Epstein tuvo un ataque.

Vinod Khosla, uno de los capitalistas de riesgo más destacados de Silicon Valley, con un patrimonio neto estimado en más de 13 mil millones de dólares (y que es mencionado apenas 182 veces en los archivos de Epstein, pero no es amigo de Trump), llamó a Khanna un "camarada comunista".

Khosla, por cierto, es más conocido por haber comprado 89 acres de propiedad frente al mar en California en 2008 por 32,5 millones de dólares, y luego intentar bloquear el acceso público al océano con una puerta cerrada y letreros. A pesar de perder múltiples fallos judiciales, incluyendo una apelación ante la Corte Suprema en 2018, continúa con la disputa. No es nada elegante, pero, digamos, es un movimiento típico de la clase Epstein.






















AGURRA NIRE HERRIALDEKO HIZKUNTZETAN, GAUR, OSTEGUNA, OTSAILAREN 19AN, EUSKARAZ

 







Kaixo, egun on berriro guztioi, eta ostegun zoriontsua. Gaur ez dut ezer berezirik kontatzeko, beraz, goazen zuzenean gaurko blogeko sarrerara. Lehenengoa, Trumpi gustatzen ez zaion Amerikari buruzkoa, El País egunkariko editorial bat da, non Amerika Bad Bunny dela dioen, eta abeslariaren Super Bowleko emanaldi gogoangarriak trumpistaren xenofobiaren muina jotzen duela. Bigarrena, 2019ko otsaileko blogeko sarrera artxibatu bat da, non Europako Espazio Agentziaren (ESA) zientzialari nagusiak, Günther Hasinger astronomoak, bizitza hor kanpoan dagoela uste duela adierazten duen, guk aurkitzeko zain. Eguneko poema, hirugarren sarrera, Inés Montes poeta espainiarrarena da eta "Hondartza" izenburua du. Eta laugarren eta azken sarrera, beti bezala, umorezko marrazki bizidunak dira. Tamaragua, lagunok. Zoriontsu izan zaitezte. Zorte onak irribarre egin diezazuela. Musuak. Maite zaituztet. HArendt














ENTRADA NÚM. 8920

DE LA OTRA AMÉRICA QUE NO GUSTA A TRUMP

 








América es Bad Bunny, dice el editorial (10/02/2026) de El País, y la memorable actuación del cantante en la Super Bowl golpea al corazón de la xenofobia trumpista. La memorable actuación de Bad Bunny en la Super Bowl no fue un gesto simbólico, comienza diciendo el editorial. Fue una intervención política en el centro mismo del relato estadounidense. Cantó en español en el escenario más visto de Estados Unidos y, al hacerlo, desplazó el centro de gravedad cultural de un país que lleva años debatiéndose, a veces con violencia, sobre quién pertenece a él y en qué lengua se expresa esa pertenencia. Millones de personas en EE UU viven, trabajan y sueñan en español. El show no se lo explicó; lo dio por hecho. Bad Bunny puso en escena una verdad que incomoda a Washington desde hace décadas: Estados Unidos no se entiende ya sin América Latina, aunque una parte de su clase dirigente se empeñe en negarlo.

La Super Bowl, el Super Bowl, como se conoce en algunos lugares de América porque es la traducción de “tazón”, es, quizás, el último ritual verdaderamente compartido de la cultura estadounidense. Un espacio diseñado para la unanimidad, la épica nacional, la identidad sin fisuras. Por eso importa tanto lo que ocurrió el domingo. No fue un triunfo individual, ni siquiera solo generacional, sino la cristalización de una relación asimétrica. Durante décadas, Estados Unidos ha mirado a Puerto Rico y al Sur como frontera, como problema, como espacio a contener. La migración ha sido narrada en clave de amenaza, crisis o excepcionalidad. Bad Bunny hizo algo radicalmente distinto: la convirtió en normalidad. Ahí reside el verdadero contenido político del espectáculo. El español no apareció como lengua de resistencia, sino de presente. No como memoria, sino como realidad viva. En un momento de criminalización del extranjero y de nostalgia por una América homogénea que nunca existió, el mensaje fue brutalmente sencillo: esta es la América que está y sigue aquí.

La reacción de Donald Trump resultó previsible y, precisamente por eso, reveladora. Al calificar el espectáculo de “terrible” y “de los peores de la historia”, no estaba haciendo una crítica estética. Estaba marcando una frontera. El trumpismo no discute la calidad de la actuación: discute su legitimidad. Lo que le molesta no es la música, sino el mensaje implícito de que EE UU ya no es, si es que alguna vez lo fue, monolingüe, monocultural, homogéneo.

El show del Conejo Malo mostró cómo lo latino es indispensable para el presente cultural de Estados Unidos, pero sigue siendo incómodo en su proyecto político. Se baila al ritmo del Sur, pero se legisla contra él. Se consume su cultura, pero se cuestiona su derecho a existir en igualdad. Bad Bunny no resolvió esa paradoja, pero la volvió imposible de ignorar. La actuación funcionó como un espejo brutal: mostró un país que una parte de su clase política se niega a reconocer. Un país atravesado y moldeado por lo latino, transformado por una generación que no pide integración, sino reconocimiento. Bad Bunny no reclamó espacio: lo ocupó.

El espectáculo fue épico no por el despliegue técnico ni por la audiencia, sino porque condensó en apenas 15 minutos una mutación histórica: el paso de la minoría que pide permiso a la mayoría que ya no necesita pedirlo. El español dejó de ser un gesto identitario para convertirse en un hecho cultural central, imposible de ignorar incluso en el corazón del espectáculo más estadounidense que existe.

La Super Bowl pasó. El ruido se apagará. Pero la imagen queda: el evento más estadounidense ya no puede fingir que habla una sola lengua ni que se dirige a un solo país. América, de Chile a Puerto Rico, no estuvo representada esa noche. Estuvo presente. Y esa diferencia lo cambia todo.






















DEL ARCHIVO DEL BLOG. HOY, EL LUGAR DE EUROPA EN EL COSMOS. PUBLICADO EL 23/02/20129

 









El nuevo director científico de la Agencia Espacial Europea (ESA), el astrónomo Günther Hasinger, cree que la vida está ahí fuera esperando a que la descubramos; ojalá tenga razón, escribe en El País el científico español Javier Sampedro, doctor en Genética y Biología Molecular, investigador del Centro de Biología Molecular "Severo Ochoa" de Madrid y del Laboratorio de Biología molecular del "Medical Research Council" de Cambridge.

Imagina el titular, comienza diciendo Sampedro: “Descubierta vida más allá de Orión”, bueno, o algo similar, algo que revelara la primera evidencia de que la vida surge allí donde las condiciones lo permiten, de que no estamos solos en la galaxia, de que no somos el producto de una inconcebible casualidad cósmica. ¿No sería esa la noticia del siglo? Y la del milenio, tal vez. Siempre ha habido una corriente científica favorable al argumento de que estamos solos en el cosmos. El físico británico Stephen Webb recopiló un censo exhaustivo de esos argumentos en su libro de 2003 Where is everybody? (¿Dónde está todo el mundo?), donde ofrecía 50 posibles soluciones a la “paradoja de Fermi”, que en términos modernos consiste en lo siguiente: si la vida surge donde se dan las condiciones, y evoluciona hasta la inteligencia en unos miles de millones de años, ¡los marcianos ya deberían estar aquí! Y entonces ¿dónde está todo el mundo? ¿Por qué no encontramos evidencias de vida extraterrestre en el cielo nocturno? [En el número de Materia de esta semana puede leerse lo último sobre la paradoja de Fermi, en forma de una entrevista con Günter Hasinger].

Hasinger te hace estallar la cabeza. Predice que en diez o veinte años detectaremos vida bacteriana extraterrestre. Por supuesto, si en veinte años no hemos encontrado nada de eso, Hasinger ya no será jefe de la ESA, y las reclamaciones acabarán en la bandeja de entrada del maestro armero. Pero lo cierto es que, en nuestros tiempos de adocenamiento terrenal, los astrofísicos suelen ser la gente con más osadía y una mirada más clara y esperanzada hacia el futuro. Es muy de agradecer.

La vida en la Tierra es la única que conocemos, y eso le da un brillo místico o un estatus de excepción que, si bien se mira, constituye el último refugio de la mente religiosa. Si somos únicos, tendremos seguramente una relación directa con Dios nuestro creador. Tras un siglo de bioquímica, sin embargo, estamos en condiciones de afirmar que el origen de la vida terrestre tiene muy poco de casualidad arbitraria. Los ladrillos que constituyen nuestro cuerpo son las moléculas más sencillas y obvias que puede formar la materia inorgánica, hasta el punto de que muchas de ellas cayeron en la Tierra primigenia literalmente del cielo: los aminoácidos de nuestras proteínas que trajeron los cometas, los nucleótidos de nuestros genes, los ácidos de tres carbonos que encarnan el ciclo de Krebs, la clave central del metabolismo de todos los seres vivos. La vida, tal y como la conocemos en nuestro planeta, parece el paso lógico que el mundo, cualquier mundo, puede dar después de la química inorgánica. La biología no funcionaría si estuviera estudiando un milagro estadístico. “Creed en la universalidad de la bioquímica”, dijo el premio Nobel Arthur Kornberg. Así que Hasinger debe tener razón. En veinte años tendremos las evidencias de que no estamos solos. Si es que no lo estamos.













DEL POEMA DE CADA DÍA. HOY, LA PLAYA, DE INÉS MONTES

 







LA PLAYA




La luz del verano se derrama

sobre la realidad de las cosas.

Es tan nítida que puedes leer

en la boca de las piedras

sus palabras.

El mar incesante recibe los cuerpos

de unos bañistas que no dejan de celebrarlo.

Los observo sentada en la arena de la playa.

Mis ojos se detienen en una niña

frágil y oscura

que juega en la orilla

y pienso en ese instante

puro y eterno

en el que todos fuimos

incondicionalmente felices

como hoy lo es ella,

ignorante de las sombras

que poblarán su vida.

También yo fui como ella,

con esa avaricia por la alegría,

cuando todo era una ráfaga

de misterios por descubrir

y cada día guardaba en su interior

un nuevo prodigio.

Mantuve dentro de mí la luz

que emana ahora de ella

una luz que ya no reconozco

y que desde el olvido me ciega.




INÉS MONTES

poetisa española

























DE LAS VIÑETAS DE HUMOR DEL BLOG DE HOY JUEVES, 19 DE FEBRERO DE 2026.

 





























miércoles, 18 de febrero de 2026

EL PAÍS DE LAS ÚLTIMAS COSAS. ESPECIAL UNO DE HOY MIÉRCOLES, 18 DE FEBRERO DE 2026

 







Ya ni siquiera se sabe si hay alguna luz al final del túnel oscuro que está atravesando la sociedad cubana, comenta en El País (15/02/2026) el escritor Leonardo Padura.

1. Desde Bruselas una amiga me escribe y me dice que cada mañana abre el periódico con miedo de encontrar una noticia que sea aún peor que las del día anterior. Otra, desde París, comenta que tiene la sensación de que el mundo ya no gira en círculos, sino a trompicones. Otra más, compatriota mía, me confiaba su nerviosismo, los temores que tenía por lo que pudiera ocurrir. Y anoto esas percepciones de la realidad porque se identifican con algunas de las mías y de muchas personas en estos, nuestros tiempos turbulentos.

Creo que casi nadie duda de que la incertidumbre se ha convertido en un sentimiento agobiante para muchos de los habitantes del planeta. Un vertiginoso deterioro de tantos paradigmas, acuerdos de convivencia y certezas más o menos establecidas se ha apoderado de los contextos locales y universales con una fuerza centrífuga que hace borrosos, imprecisos, los referentes más trabajados con los que se trató de crear un orden mundial en el cual no hubiera barbaries imperialistas y genocidios como los ocurridos durante las dos guerras mundiales del siglo XX. Pero, ¿qué puede pasar mañana, pasado, en una semana? ¿Cuál será, digamos, el destino de la OTAN y, peor aún, el de la Unión Europea como proyecto? Aventurar una respuesta resultaría el más absurdo de los ejercicios mentales en que podamos enfrascarnos… pero no solo para los ciudadanos de a pie, sino incluso para los estadistas que deben tomar las decisiones colectivas. El caos crece a un ritmo incontrolado.

Y nadie dudará, tampoco, de que el protagonista, creador y director de este proceso de incertidumbre global hoy en crisis de crecimiento es el presidente estadounidense, Donald Trump, que se ha propuesto, como todos saben, “hacer América grande otra vez”. Solo que para lograr su objetivo —y me disculpan si les recuerdo lo que ya conocen— ha aplicado las más crueles políticas de represión contra inmigrantes indocumentados, considerados terribles criminales y hasta justifica el asesinato de algunos de sus ciudadanos; es el que ya ha comenzado a intentar manipular las elecciones de medio mandato, pues sabe que un resultado adverso podría implicar que sea sometido a un juicio político que, para más ardor, se produciría en unas condiciones de crispación social y política (generada por él) que podría tener impredecibles consecuencias en un país donde hay más armas de fuego que personas; que es el político poderoso, encantado de exhibir su prepotencia con amenazas diversas, que va pasando por encima de acuerdos históricos, incluso con sus aliados; es, también, el presunto pacificador que, por no haber recibido el Premio Nobel de la Paz, asegura que ya no se siente comprometido con la solución de conflictos bélicos; y, lo mejor de todo, resulta ser el mismo servidor público que —según un editorial de The New York Times— en su primer año de segundo mandato ha hecho una caja de ganancias personales y corporativas de una cifra que desborda mis capacidades de cálculo, ascendente a 1.408.500.000 dólares. Y siempre con la retórica de que ya ha devuelto a su nación la grandeza que había perdido.

2. Desde mi condición de cubano afincado en la isla siento ahora mismo, y creo que con justificada intensidad, todas las incertidumbres que crecen dentro y fuera del país. ¿Qué puede pasar en Cuba mañana, la semana que viene? ¿Asfixia, agonía, colapso? Lo más terrible es que puede ocurrir lo peor (no importa qué, solo que puede ser lo peor), porque lo peor está sobre la mesa de la realidad del país. Como hace poco dijo un colega en estas páginas: hasta las pesadillas pueden tener gradaciones.

La política de máxima presión aplicada a Cuba por la Administración estadounidense, llevada al extremo con el decreto presidencial que ha provocado el bloqueo de la importación de petróleo, ha generado efectos inmediatos en un país que desde hace años vive entre crisis. El Gobierno cubano ha decretado otra especie de “período especial en tiempos de paz”, como el que proclamó Fidel Castro en los años noventa, cuando se esfumó la Unión Soviética. Y ahora será una cascada aún mayor de calamidades que ya habían alcanzado niveles críticos: los apagones se multiplicarán; la falta de transporte público será más notoria; incluso el acceso a alimentos, cada vez más caros, se hará un proceso más precario, entre otros efectos anunciados. Pero téngase en cuenta que la Cuba de 1991 no es la de 2026: la de hoy arrastra una falta de confianza que se ha alimentado con años de carencias, de inmovilismo político y de proyectos de estrategias económicas tan erradas o tímidas que no han aliviado las duras condiciones de vida de una población cada vez más empobrecida, obligada a practicar muy disímiles estrategias de supervivencia.

El propósito explícito de la Administración de Trump es que, apretando el cuello de la nación hasta el borde de la asfixia, se produzcan manifestaciones populares que, como en las pocas otras ocasiones que se han generado, serían reprimidas por el Gobierno, pues ya “la orden de combate ha sido dada”. ¿Qué ocurrirá entonces? ¿Es posible aplicar más presión contra el Gobierno cubano? Y se puede especular —repito, especular entre tanta incertidumbre local y global—: ¿vendría entonces una intervención militar de las llamadas humanitarias para restablecer el orden y provocar el cambio de sistema político perseguido desde hace más de 60 años? ¿Se probaría en Cuba una operación como la de Venezuela o se aplicará la fórmula de tierra arrasada de Gaza? ¿A quién se le darían después las riendas de un país al que no se le ha permitido fomentar una oposición ni medianamente organizada? ¿Se buscaría al fin un pacto con el aparato gubernamental actual o se vivirá un vacío de poder que incluso podría provocar convulsiones sociales de violencia y desgobierno como las que ha sufrido el vecino Haití (un país del cual, por cierto, nadie se ocupa)? ¿Para restablecer la convivencia se le encargaría el Gobierno a los mismos de ahora o se importará un gobernador estadounidense como el Leonard Wood y el Charles Magoon de las intervenciones militares de 1898 y 1906? ¿Y después?… Pero sobre todo —para no adelantarme con más especulaciones que pueden estar muy infundadas y que podrían ser otras, de diverso carácter—, ¿y ahora?, ¿y mientras tanto?

Pues ahora le toca a mis compatriotas residentes en la isla sufrir las más dolorosas carencias que se suman a las ya existentes, pero además con la sensación que muchos tenemos de que la primera solución política necesaria no es solo un “plan de contingencia” para intentar paliar la situación, sino la introducción de cambios profundos en las estructuras del país, asolado por diversas crisis. Generar una reforma coherente y efectiva cuya instrumentación se ha dilatado con la política de poner banditas donde se requerían cirugías profundas. Pero, mientras, amanecer cada día con la tremenda sensación de que el túnel oscuro que recorría la sociedad cubana ya no se sabe si tiene luz al final, pues, lo que es peor, no sabemos si el túnel todavía existe o si este es el destino que le ha tocado a un país de donde tanta gente se va, tanta gente quisiera irse si tuviera adónde y que cada vez se parece más a ese distópico “país de las últimas cosas” que pintó en su novela Paul Auster, porque entre las últimas cosas perdidas, ya para muchos también se han esfumado las esperanzas y temen que ocurra lo peor, sea lo que sea lo peor.


















SAÚDOS NAS LINGUAS DA MIÑA TERRA, HOXE, MÉRCORES 18 DE FEBREIRO, EN GALEGO

 







O Martes de Entroido, a festa principal da cidade das Palmas de Gran Canaria, xa pasou. As festas do Entroido están a rematar, pero aínda queda máis festa por vir durante toda a semana. Imos ás entradas do blog de hoxe. A primeira, escrita polo ex-deputado do Parlamento Europeo Ramón Jáuregui, pide diálogo interno dentro do Partido Socialista sobre temas que van dende a loita contra a extrema dereita ata a renovación socialdemócrata. A segunda é unha entrada do blog arquivada de febreiro de 2018, titulada "1968: Cincuenta anos despois", na que o escritor Fernando Aramburu lembra algúns acontecementos clave dese ano lendario. O poema de hoxe titúlase "Así morreu un varredor de rúas", escrito pola poeta Hasel-Paris Álvarez Martín. E a cuarta e última entrada, como sempre, é unha viñeta humorística. Por favor, sede felices. Ata mañá, se a sorte quere. Tamaragua, amigos meus. Bicos. Quérovos. HArendt













ENTRADA NÚM. 8914

DE LOS DEBATES INTERNOS QUE EL PSOE DEBERÍA TENER

 








Desde el combate contra la ultraderecha a la renovación socialdemócrata, se hace necesario que el Partido Socialista dialogue internamente, escribe en El País (09/02/2026) el exparlamentario europeo Ramón Jáuregui. Después de la derrota electoral de 2011, Alfredo Pérez Rubalcaba me encargó organizar una reflexión colectiva, profunda y renovadora, para debatir una nueva oferta política del PSOE, gravemente desgastado por la crisis económica y frente a una sociedad que mostraba quejas muy serias y tendencias pluripartidistas evidentes.

Durante un año largo, más de veinte grupos, formados por expertos, propios y ajenos al PSOE, debatieron y concluyeron una docena de documentos que abarcaban los grandes temas del momento. Una conferencia política celebrada en noviembre de 2013 (semejante a un congreso federal), adoptó las grandes resoluciones que han sostenido muchas de las bases ideológicas del partido estos últimos años.

Hoy vivimos asaltados por cambios estructurales y valores ideológicos mucho más trascendentes y peligrosos que entonces. El orden internacional ha saltado por los aires ;la democracia es combatida desde múltiples frentes; Europa está en riesgo; la desigualdad crece y nuestras herramientas para reducirla han quedado obsoletas; valores liberales y aspiraciones de justicia que creíamos en permanente progreso, son cuestionados o combatidos abiertamente; algunos sectores sociales, compañeros de viaje en nuestras políticas transformadoras, están siendo atraídos por populismos demagógicos… así podríamos seguir con una larga lista de amenazas ideológicas.

¿Qué más tiene que pasar para que nos paremos a pensar? ¿Para cuándo la autocrítica? ¿Cuándo y cómo abordaremos debates imprescindibles de nuestra estrategia política para los próximos años? Veamos unos cuantos, solo a modo de ejemplo:

1. Recuperar nuestra vocación de mayoría y nuestro proyecto federal.

Nuestro proyecto político está seriamente limitado en una coalición, que ha servido, pero que no tiene futuro. Habrá exigencias nacionalistas inasumibles y hay partidos que ya han decidido no sumarse a ella. Los efectos electorales de esos pactos en las comunidades no nacionalistas son negativos. Necesitamos recuperar la autonomía política de un proyecto nacional y ser percibidos como garantía de aspiraciones comunes de todos los españoles.

Tenemos una propuesta consensuada internamente para la España autonómica. Ese proyecto no es compatible con las pretensiones últimas y de fondo que nos plantean los nacionalismos: la autodeterminación, vía consulta o vía reconocimiento del llamado derecho a decidir y los mecanismos confederales derivados de supuestas soberanías originales e iguales a las del Estado. No hay punto de encuentro en esos planteamientos y debemos dejarlo claro ante todo y ante todos.

2. El combate ideológico a la “nueva derecha”.

Hay un “corpus doctrinal” en la ultraderecha que se proyecta con fuerza creciente en Europa impulsada por MAGA y por Estados Unidos. Un neonacionalismo patriota que alimenta el orgullo identitario y concentra en la nación la solución de los problemas. Un antieuropeísmo objetivo y militante que pretende la deconstrucción de la Unión. Un rechazo agresivo al diferente y al extranjero. El negacionismo del cambio climático. Su adhesión a los nuevos imperios frente al multilateralismo. Su querencia por los “hombres fuertes” y autoritarios y el desprecio por los valores liberales y la democracia misma. Sus códigos reaccionarios de conducta social y de moral pública. Su rechazo a la revolución feminista.

Hay una batalla cultural e ideológica por hacer desde el socialismo liberal contra esa doctrina. No basta la descalificación. Necesitamos rearmar nuestros argumentos y enfrentarlos día a día, en todos los planos del debate y en los nuevos medios de comunicación.

3. Reformas que fortalezcan la centralidad política.

El multipartidismo no es cuestionable porque así lo deciden los electores, pero sus efectos sí son negociables. El multipartidismo en España ha acabado configurando dos grandes bloques enfrentados y antagónicos. Parecemos condenados a perpetuarlos si no introducimos reformas electorales o facilitamos la investidura a la minoría mayoritaria. Esto devolvería al Parlamento la geometría variable del pacto con todos y facilitaría los pactos de Estado que España necesita. Sería, además, un poderoso estímulo electoral a las dos fuerzas centrales del país.

Este debate ni es fácil ni es pacífico, por las evidentes consecuencias estratégicas que conlleva, pero abordarlo me parece tan necesario y conveniente como inaplazable.

4. Estado de derecho, instituciones y Constitución.

Nuestras instituciones democráticas están sometidas a un acoso extraordinario y a un peligroso deterioro de su credibilidad. Desde la pandemia, el decreto-ley sustituye al Legislativo y el Parlamento pierde poder. Su proyección social se devalúa por la creciente agresividad de la polarización. El Poder Judicial está sometido a múltiples presiones y recuperar su credibilidad asegurando su independencia es tarea primordial. Muchos organismos institucionales deben ser reforzados en sus condiciones apartidistas y en la objetividad profesional de sus miembros. Evitar la colonización partidista es fundamental. Los medios de comunicación y las redes sociales deben contribuir a restaurar el edificio deliberativo de la conversación pública que la democracia exige y no lo contrario.

La Constitución necesita reformas, por motivos de todos conocidos. Un debate interno bien planteado debiera permitirnos ordenar y sistematizar nuestras propuestas de reforma y enriquecer así el debate político de nuestro país: desde las cuestiones territoriales del modelo autonómico, a la reforma del Senado; desde la inclusión de Europa en nuestro texto constitucional, al modelo de financiación de las autonomías y ayuntamientos; desde la igualdad de mujeres y hombres, a la incorporación de nuevos derechos fundamentales, incluyendo los digitales.

5. Renovación socialdemócrata.

A pesar de los notables avances sociales producidos estos últimos años, la socialdemocracia encuentra límites a sus políticas de igualdad. La fiscalidad internacional no avanza. Nuevas necesidades defensivas y un alto endeudamiento no permiten aumentos de gasto público. Un nuevo capitalismo financiero y globalizado impone límites a la legislación nacional. La tecnología genera nuevas divisiones sociales entre países y entre trabajadores. Los nuevos oligarcas tecnológicos imponen su ley al mundo. El listado de estos límites es desgraciadamente demasiado largo.

Tenemos que renovar nuestras herramientas, nuestras ofertas, nuestros instrumentos en favor de nuestras viejas demandas. Están surgiendo nuevas ideas sobre la necesidad de concretar objetivos precisos en materias vitales muy precarias: vivienda, energía, transporte, como banderas de una política predistributiva y de resolver las deficiencias surgidas en los servicios públicos esenciales, educación y sanidad principalmente. Modernizar nuestra oferta social no será fácil, porque entraña también un controvertido análisis sobre el deslizamiento de nuestro gasto hacia la población mayor y quizás reorientaciones de gasto hacia otros colectivos.

En ese sentido, nuestras políticas pre y redistributivas deben reformularse para ofrecer a los jóvenes españoles medidas capaces de recuperar su afecto por la política y su confianza en el PSOE. Desde la pobreza infantil, al ascensor social educativo; desde la vivienda a los contratos laborales de inicio y sus condiciones. Analizar a fondo la penetración del populismo y la antipolítica entre los jóvenes es de una urgencia vital. Es solo un índice de nuestras urgencias ideológicas y políticas. El PSOE está falto de pluralismo interno y de debate abierto. Este es el único espíritu de este artículo.