jueves, 5 de febrero de 2026

AGURRA NIRE HERRIALDIKO HIZKUNTZETAN. GAUR, OSTEGUNA, OTSAILAREN 5A, EUSKARAZ

 






Kaixo, egun on berriro guztioi, eta ostegun zoriontsua! Azkenean, astearen erdialdera iritsi gara, eta mundua berdin jarraitzen du, hau da: txarra, baina aurrera jarraitzen du. Eta hori zerbait da. Gaurko blogeko sarrerak ikus ditzagun: lehenengoa, Anna Terrón Cusírena, Migrazio Politika Institutuko ikertzaile nagusiak, Espainiako gobernuaren erregularizazio prozesua Europako estandarrekin bat datorrela esaten diguna. Migratzaileen herrialdearen hazkundean duten papera defendatzen duten eta eskubideetan oinarritutako integrazioa sustatzen duten Europako ahots gutxietako bat da. Bigarrena 2018ko martxoko artxibatutako blog sarrera bat da, non Miguel Ángel Aguirrek, Edelman nazioarteko komunikazio eta harreman publikoetako enpresako zuzendari nagusiak, iritzi publikoan desestabilizatu, zalantzak erein edo giro jakin bat sortu nahi duten 'berri faltsuei' buruz idatzi zuen. Gaurko poemaren izenburua "Hiriak eroz beteta daude" da, Boris Rozas poeta espainiar-argentinarrarena. Eta laugarren eta azken zatia, beti bezala, umorezko marrazki bizidunak dira. Agur, lagunok. Bihar arte, Zorte Jainkoak nahi badu. Zoriontsu izan zaitezte, mesedez. Musuak. Maite zaituztet. HArendt












ENTRADA NÚM. 9822

UNA REGULARIZACIÓN DE INMIGRANTES COHERENTE CON EUROPA

 







Una regularización coherente con Europa.El Gobierno español es una de las pocas voces europeas que defienden el papel de los migrantes en el crecimiento del país, y promueve una integración basada en derechos, escribe en El País (02/02/2026). Anna Terrón Cusí, investigadora principal en el Migration Policy Institute y exparlamentaria europea. La reciente propuesta de regularización de personas migrantes en situación irregular por parte del Gobierno español constituye un giro que puede resultar sorprendente en el actual contexto europeo, donde predomina un enfoque más restrictivo en materia migratoria.

En los países receptores de inmigración ha emergido, a golpe de crisis, un amplio consenso sobre la necesidad de reformar un sistema que se ha mostrado incapaz de gestionar la actual fase de movilidad y migración internacional, de abordar los desplazamientos provocados por los conflictos modernos y de dar protección a sus víctimas. Gobiernos muy distintos en democracias liberales como Australia, Canadá, Estados Unidos, parte de América Latina, Gran Bretaña y, desde luego, la Unión Europea y sus Estados miembros, incluida España, han emprendido políticas orientadas tanto a un mayor control del acceso al territorio como a una mejor gobernanza de la migración. Por duras que hayan sido estas políticas de control o deportación, la mayor parte del espectro político de estos países ha venido aceptando, de un modo u otro, que los inmigrantes forman parte de nuestras sociedades y de sus economías abiertas, y que son sujetos de los mismos derechos que se nos aplican.

Esta visión es hoy contestada por diferentes corrientes de opinión, incluyendo quienes consideran la inmigración como algo intrínsecamente indeseable y proponen políticas disruptivas orientadas a cortar los flujos de entrada y reducir el espacio de los inmigrantes en nuestras sociedades, a pesar de su papel relevante en nuestros menguantes mercados de trabajo, nuestras economías y nuestra demografía. Desde principios de este siglo, estas propuestas vienen de la mano de una politización extremadamente negativa de la migración y los migrantes en las arenas políticas nacionales, en algunos casos, con sesgos racistas. Sin duda, esta politización ha dificultado una conversación pública racional y ha atraído a parte de los actores políticos tradicionales —no solo de la derecha— hacia sus posiciones.

El cambio más radical, sin embargo, ha llegado desde Estados Unidos, donde la segunda Administración Trump ha desplazado el foco desde la frontera hacia el interior, con una política muy agresiva de identificación y expulsión de personas en situación irregular, cuyo impacto social y humano se ha extendido al conjunto de la población migrante y, como hemos visto, también a ciudadanos estadounidenses que han querido acompañarles. También ha cambiado la narrativa. La condición de indeseable se ha deslizado, de forma especialmente problemática, desde la migración hacia las propias personas migrantes y, de forma menos estructurada, aparece a veces la raza como una cuestión de política migratoria. Esta actitud militante se ha proyectado también hacia el exterior. La Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos ofrece apoyo a las fuerzas políticas europeas que se comprometan a desplegar políticas que eviten que algunos países “dejen de ser europeos”.

En la Unión Europea, mientras tanto, a pesar de las diferencias internas, la política migratoria ha cristalizado en el Pacto Europeo de Migración y Asilo, centrado en la gestión común de las fronteras exteriores y en la restauración del sistema de asilo. A pesar de su enfoque en el control y la gestión ordenada, ha sido rechazado por las fuerzas abiertamente contrarias a la migración que miran a Trump como referencia. El Pacto está en pleno desarrollo normativo y debe empezar a implementarse el próximo mes de junio. En este contexto europeo e internacional se inscribe la propuesta de regularización de todos los migrantes residentes en situación irregular emprendida por el Gobierno español.

España ha desempeñado un papel clave en la adopción del Pacto Europeo de Migración y Asilo, al que ha incorporado la solidaridad con los países con frontera exterior, comprometiéndose a su vez con las aspiraciones del conjunto de reforzar el control de las mismas. A su vez, se ha distanciado de forma clara del discurso antiinmigración. El presidente del Gobierno español defiende abiertamente la migración y su papel en el crecimiento económico del país, y promueve una integración laboral de las personas migrantes basada en derechos, alineadas con el conjunto de sus políticas sociales y laborales. En el actual contexto europeo, es una de las pocas voces que se manifiesta en este sentido, y prácticamente la única que lo hace desde un gobierno. Esta regularización puede resultar chocante en una Unión que ha endurecido su lenguaje migratorio, pero no es, en absoluto, contraria al Pacto Europeo.

La regularización fue objeto de una iniciativa legislativa popular que el pasado año alcanzó más de medio millón de firmas y aunó a muy distintos actores, incluidas las principales organizaciones de la Iglesia católica. Podrán aplicar todas aquellas personas que acrediten un mínimo de cinco meses de residencia en España antes del 31 de diciembre del pasado año. Es importante señalar que el decreto abre también la posibilidad de regularizar a quienes hubiesen solicitado asilo antes de esta fecha y, voluntariamente, prefieran optar por esta vía, acortando los tiempos y asegurando un permiso de residencia y trabajo renovable. Entre los requisitos formales que se exigen, está el de acreditar que no se tienen antecedentes penales, además de no suponer una amenaza para el orden público y la seguridad.

En una economía que crece por encima de las de su entorno europeo, esta medida permite regularizar no solo a las personas sino también los puestos de trabajo existentes. Con ello, aspira a continuar una dinámica de crecimiento de las afiliaciones a la Seguridad Social que garantiza derechos laborales, cotizaciones y pago de impuestos. La solicitud de regularización viene acompañada de un permiso provisional de trabajo, algo que ha sido celebrado tanto por los empleadores, por razones relacionadas con los límites del mercado de trabajo, como por los sindicatos, por cuanto mejora la calidad del mismo, evitando vulnerabilidad y abusos.

El proceso de regularización finalizará en junio de este año, coincidiendo con la entrada en vigor del Pacto Europeo, que pretende remediar cualquier entrada irregular y toda denegación de un permiso de protección internacional con la expulsión y el rápido retorno. Las condiciones y procedimientos para cruzar las fronteras exteriores es una competencia europea. Fijar las condiciones para obtener un permiso de residencia y trabajo —y el número de personas que puede acceder a este— es una potestad de cada Estado. Usarla para poner el contador a cero va a facilitar al Gobierno español cumplir con los objetivos fijados de control de las fronteras comunes, eje del consenso político y social en la Unión, incluida España.

Sin embargo, no hay evidencias de que este consenso compartido en la mayoría de nuestras democracias para reforzar los controles de acceso al territorio y reparar los sistemas de protección y de migración se extienda a medidas de persecución o exclusión masiva de migrantes dentro de nuestras sociedades, ni que todos compartan estas estrategias. Más aún cuando en ellas pueden subyacer ideas claramente racistas o xenófobas, que contaminan inevitablemente cualquier política migratoria y violentan la democracia.

Con esta regularización, el Gobierno español cierra esa vía, proporciona seguridad jurídica a una realidad socialmente existente y facilita la aplicación del Pacto Europeo, dando respuesta a la demanda —esta sí mayoritaria— de una mejor gestión migratoria. El reto, a partir de ahora, será sostener la integración laboral y social de estos migrantes y abrir canales de migración legal.


  










ENTRADA NÚM. 9821

DEL ARCHIVO DEL BLOG. HOY, DESINFORMACIÓN, DEMOCRACIA Y SEGURIDAD. PUBLICADO EL 10/03/2018

 








Las 'fake news' buscan desestabilizar, sembrar dudas o crear un determinado clima de opinión social, escribía hace unas semanas en El País Miguel Ángel Aguirre, director general de la empresa internacional de de comunicaciones y relaciones públicas Edelman.

Entre los acontecimientos de 2018, comenzaba diciendo, me gustaría destacar uno que probablemente no figure en las agendas oficiales y al que, sin embargo, animaría a prestar algo de atención. Hace 90 años apareció el libro Propaganda, de Edward Bernays, considerado como el primer manual teórico sobre la manipulación de masas.

Bernays, sobrino de Sigmund Freud, aplicó las teorías psicológicas de su tío al mundo real y las puso al servicio de gobiernos y corporaciones. Célebres son algunas de las estrategias que puso en marcha con notable éxito, como la normalización y extensión del consumo de tabaco entre las mujeres, denominando a los cigarrillos como “antorchas de libertad”, la asociación entre automóvil y la masculinidad o la popularización del uso del reloj de pulsera. En la parte política, Bernays asesoró a presidentes como Wilson o Eisenhower.

Edward Bernays entendía la propaganda como “el brazo ejecutivo del gobierno invisible” y asoció, sin complejos, la manipulación como una parte de la democracia: “La manipulación consciente e inteligente de los hábitos y opiniones organizadas de las masas son un elemento importante en una sociedad democrática”. Para Bernays, quienes posean los mandos de este “mecanismo no visible de la sociedad” son los que realmente tienen el poder.

Bernays estaría hoy feliz en esta época de bulos y fake news. Su visión sobre la capacidad de moldear y activar el comportamiento de los individuos sigue plenamente vigente nueve décadas después. La lista de casos es interminable y no creo que resulte necesario extenderse en ello. Con seguir la actualidad política nacional e internacional es suficiente.

Traigo esto a colación por un asunto de relevancia para España, como ha sido la aprobación de la nueva Estrategia de Seguridad Nacional 2017 por parte del Gobierno de Mariano Rajoy; un documento que supone un importante avance con respecto a la anterior ESN, que data de 2013, y donde la comunicación y todo lo que le rodea a este amplio concepto ocupa un papel central.

Para empezar, la ESN-2017 eleva la desinformación y la propaganda a la categoría de amenaza para nuestra seguridad. Se trata de un fenómeno que, como hemos visto con Bernays, no es nuevo y, sin embargo, ha adquirido un enorme protagonismo en los últimos tiempos.

Buena parte del éxito se lo debemos a la tecnología. Plataformas y redes sociales tienen una extraordinaria capacidad de expansión y amplificación a través de los denominados “espacios comunes globales”, como es el ciberespacio, de alta vulnerabilidad.

De hecho, la ESN-2017 alerta de “la utilización del ciberespacio como medio para la realización de actividades ilícitas, acciones de desinformación, propaganda o financiación terrorista y actividades de crimen organizado” y de su impacto en la seguridad nacional. Este nuevo espacio amplifica “la complejidad y la incertidumbre” y pone en riesgo “la propia privacidad de los ciudadanos”.

El hecho de incorporar la desinformación y propaganda en un primer bloque de amenazas supone un salto cualitativo y una verdadera toma de conciencia sobre la importancia de determinados métodos de manipulación e injerencia, como las fake news, cuyo principal objetivo es desestabilizar, sembrar dudas o crear un determinado clima de opinión social. Esto es, influir en el comportamiento de los individuos.

La Estrategia de Seguridad Nacional 2017 incluye, además, otras interesantes propuestas ligadas a la comunicación estratégica (en los ámbitos de la protección y la promoción), que merecen ser destacadas.

La primera de ellas descansa en el objetivo de desarrollar el modelo integral de gestión de crisis e integrarlo en el marco del Sistema de Seguridad Nacional, con el fin de “proporcionar respuestas eficaces y oportunas a las amenazas y desafíos del panorama actual”. Entre ellos se cita la amenaza terrorista o las amenazas de naturaleza híbrida, que requieren “un trabajo constante de análisis, intercambio de información y compartición de mejores prácticas”.

En este contexto, la ESN-2017 rompe una lanza por la comunicación: “La comunicación estratégica es una de las dimensiones críticas ante este tipo de situaciones, con el objetivo de transmitir a la sociedad una información veraz, ajustada y oportuna”.

La segunda propuesta, presente también en el capítulo 5 del documento, es promover una cultura de seguridad nacional. La ESN-2017 resalta la importancia de “acercar la política de seguridad nacional a la sociedad”, dado que nadie es hoy “sujeto pasivo” de la seguridad. “Una sociedad conocedora de las amenazas y desafíos para la seguridad es una sociedad mejor preparada y con mayor capacidad de sobreponerse ante las crisis a las que tenga que enfrentarse”. Para ello se plantea la creación y desarrollo de un Plan Integral de Cultura de Seguridad.

Y la tercera propuesta ligada a la comunicación es fortalecer la proyección internacional de España al entender la ESN-2017 que “proteger los intereses de España en el exterior es clave para la seguridad nacional”. Para ello, se reclama “una exigente reflexión estratégica sobre el posicionamiento” de España en los organismos internacionales en los que forma parte y “un compromiso y una participación proactiva para garantizar la mejor defensa de los intereses nacionales y de la seguridad y prosperidad del Estado y la sociedad española”.

La Estrategia de Seguridad Nacional 2017 es un documento oportuno y ambicioso. Coincido con el General Miguel Ángel Ballesteros, Director del Instituto Español de Estudios Estratégicos, en que “el éxito de la ESN-2017 no reside tanto en lo que dice como en la capacidad de movilización de los niveles inferiores para que estos aborden todas y cada una de las líneas de acción establecidas”.

Por tanto, alcanzar objetivos de la ESN-2017 requerirá altas dosis de coordinación, determinación y compromiso de todos los agentes implicados: Gobierno, instituciones públicas, empresas privadas, medios de comunicación y sociedad. A fin de cuentas, y con el permiso de Edward Bernays, es un “proyecto compartido de todos y para todos”. Y ahora, como decía Sócrates, Ιωμεν: nos vamos. Sean felices, por favor, a pesar de todo. Tamaragua, amigos. HArendt























ENTRADA NÚM. 9820

DEL POEMA DE CADA DÍA. HOY, LAS CIUDADES ESTÁN LLENAS DE LOCOS, DE BORIS ROZAS

 








LAS CIUDADES ESTÁN LLENAS DE LOCOS



No hay tiempo para mudanzas de estilo o alabanzas,

tal es la dimensión del sueño que te embiste.

Somos tantos los navegantes llamados a filas en invierno,

la parca leche que resbala por los versos

cuando apenas ha transcurrido una vida

en este pecho.

Conocí la fórmula y nadé entre las almohadas de la noche

sobre las copas redondeadas de tu cuerpo

hecho naranjos,

este continente violento que una vez coronaste

ha estallado en mil pedazos

al romper contra el arrecife

de todos los noviembres.

Y mientras tanto,

las ciudades están llenas de locos

con revólveres de espuma

apuntándose a la boca.





BORIS ROZAS (1976)

poeta hispano-argentino






















ENTRADA NÚM. 9819

DE LAS VIÑETAS DE HUMOR DEL BLOG DE HOY JUEVES, 05 DE FEBRERO DE 2026

 





























ENTRADA NÚM. 9818

miércoles, 4 de febrero de 2026

SAÚDOS NAS LINGUAS DA MIÑA TERRA. HOXE, MÉRCORES, 4 DE FEBREIRO, EN GALEGO

 






Ola, bos días de novo a todos e a todas, e feliz mércores! Avanzamos a bo ritmo cara a metade da semana. Que sexa próspera, oh deuses! Imos ás entradas do blog de hoxe. A primeira, escrita por Manuel Vicent, fálanos da década de 1960, cando viaxar por primeira vez a Nova York —daquela unha cidade chea de música e arte por todas partes— era sinónimo de regresar transformados. Na segunda, unha entrada arquivada de xullo de 2018, o profesor David Mejía comentaba que aínda non superamos o fervor esencialista e sentimental que impregnaba o discurso político, pero que debemos entender a nacionalidade como pertenza a unha comunidade política, o que lle outorga ao seu titular unha serie de dereitos e obrigas. O poema do día, na terceira entrada, titúlase "O libro milagroso", e é do poeta español Benjamín Prado. E a cuarta e última parte, coma sempre, son os debuxos animados de humor. Tamaragua, meus amigos. Sede felices. Ata mañá. Bicos. Quérovos. HArendt












ENTRADA NÚM. 9817

LA PENA ES AZUL

 







En los años 60, viajar por primera vez a Nueva York, entonces lleno de explosiones de música y de arte que reventaban por todas partes, era sinónimo de volver transformado, comenta en El País (01/02/2026) el escritor Manuel Vicent. Hubo un tiempo que entre mis amigos los había rojos, muy rojos, cuya ideología, pese a ser muy cinéfilos, les obligaba a odiar a John Ford y a John Wayne, comienza diciendo. Este desprecio se extendía a cualquier estilo de vida norteamericano empezando por abstenerse de consumir refrescos de cola y, por supuesto, prohibirse cualquier viaje a Nueva York. En cambio, otros rojos, menos acérrimos, solo teñidos de rosa púrpura, no dejaban de admirar las películas del Oeste, el cine negro, las comedias de los años 50 y en secreto soñaban con inmiscuir su vida entre los rascacielos de Manhattan para embeberse con el jazz y blues que se expendía en el club Village Vanguard. Al fin y al cabo, los esclavos negros habían sacado esas melodías del alma para expresar el dolor y la pena. En la cultura negra la pena era azul y la cantaban con voz de madera; los saxos y clarinetes extraían un licor dulce y muy largo; todos los pianos en los antros del sur también servían de féretros; Billie Holiday, la primera, cantaba a sus hermanos ahorcados que colgaban de los árboles como una extraña fruta. Nadie de izquierdas podía ser ajeno a esa pena azul que incluía tanta belleza y melancolía. En aquel tiempo sucedía que si un comunista visitaba la Unión Soviética volvía desolado, escandalizado, consciente de que lo habían engañado. Le pasó a Gide, a Camus y a muchos de aquellos intelectuales del momento. Por el contrario, si alguno de mis amigos rojos viajaba por primera vez a aquel Nueva York de los años 60 lleno de explosiones de música y de arte que reventaban por todas partes volvía transformado. Nueva York era entonces el verdadero Este del Edén. Allí se cumplían todos los sueños creativos, excitantes, divertidos y sobre todo lucrativos que uno llevaba en el equipaje. Esa ciudad constituía una experiencia iniciática, pero en Norteamérica el miedo se ha vuelto violencia y la violencia ya no se distingue de la decadencia. Hoy Nueva York ha dejado de ser un polo de atracción. Ya no seduce a nadie.












ENTRADA NÚM. 9816

DEL ARCHIVO DEL BLOG. HOY, NACIÓN, SENTIMIENTO, ESTADO. PUBLICADO EL 11/07/2018







Aún no hemos superado la fiebre esencialista y sentimental que impregna el discurso político, pero tenemos que entender la nacionalidad como la pertenencia a una comunidad política, que hace titular a quien la posee de una serie de derechos y obligaciones, comentaba hace unas semanas en El País David Mejía, profesor investigador en la Universidad de Columbia, de Nueva York.

La vieja inquietud por el Ser de España, comenzaba diciendo el profesor Mejía, ha resurgido como consecuencia de la crisis territorial en Cataluña. Estos días se escuchan de nuevo declaraciones como “España sufre una crisis de identidad” o “debemos repensar qué es ser español”. Historiadores, juristas, políticos, son muchas las voces que coinciden en que España tiene la tarea pendiente de encontrar su esencia, insinuando que “ser español” trasciende la prosaica y neutra realidad de tener nacionalidad española.

Este debate intelectual en torno al Ser de España surgió a finales del XIX, principalmente de manos de un grupo de intelectuales que la historiografía literaria inmortalizaría como Generación del 98. Los Unamuno, Maeztu, Ganivet y compañía inauguraron un régimen emocional que muchos se niegan a abandonar, y que consiste en emplear moldes metafísicos para enmarcar debates políticos. Es un vicio que no terminó con el fin de siglo. Ni siquiera Ortega y Gasset, que encaró el “problema de España” desde un regeneracionismo más institucionista, logró superar el marco esencialista impuesto por la generación precedente.

Si este debate fuera una mera distracción académica, no valdría la pena ocuparse de él, pero la cuestión arrastra consecuencias políticas. La zozobra nacional resurge ante una grave crisis, y lleva a muchos a presumir que España no puede justificarse plenamente como Estado hasta que sea aclarado su verdadero Ser, es decir, hasta que se manifieste el espíritu nacional que define a su pueblo. Estas aproximaciones esencialistas olvidan que España, con sus defectos, es una democracia consolidada, y no necesita urdir narrativas nacionales ni descubrir humores colectivos para legitimar su soberanía. Que en el siglo XIX nunca se consolidara como nación cultural —como tampoco otros países europeos— no implica que hoy no pueda ser un Estado sólido. Sin embargo, hay quien considera que la ausencia de un espíritu nacional definido debe abrir la puerta a una discusión sobre la existencia misma del Estado.

La tradición del nacionalismo español expresado como quejido no la inventó el 98. Las primeras menciones a la decadencia española aparecen ya a mediados del siglo XVII. Como señala el historiador Álvarez Junco, España era retratada por sus cronistas como la Mater Dolorosa del imaginario católico, portando el aire quejumbroso y autoconmiserativo de la virgen doliente. Este imaginario encaja con el “me duele España” noventayochista, y llega hasta nuestros días. Por eso, ahora que se cumplen 120 años del desastre, es importante aunar esfuerzos para desdramatizarlo como acontecimiento y superarlo como marco discursivo.

¿Hubo tal cataclismo? Los historiadores coinciden en negarlo: la derrota no tuvo un impacto acusado en la economía, ni logró agitar el frágil régimen de la Restauración. Tampoco se explica el trauma anímico, supuestamente, provocado por la pérdida del imperio, pues la mayor parte de los territorios de ultramar se habían perdido ya en 1821. Los críticos coinciden en que aquel pesimismo generacional no fue consecuencia de un acontecimiento histórico concreto, sino de la corriente finisecular de decadentismo extendida por Europa; el célebre Fin de siècle. Según esta lectura, la crisis de la identidad nacional española sería una variante de la crisis intelectual europea, que entroncó bien con la mencionada pesadumbre del Antiguo Régimen. Aquella intelectualidad digirió el mal de siglo en clave nacional y, desgraciadamente, aún no hemos superado la fiebre esencialista y sentimental que impregna el discurso político.

A este lamento en la esfera pública por el Ser de España le acompaña el desconcierto por el “ser español”. Cuando recibió el Premio Príncipe de Asturias de las Artes, el director Fernando Trueba declaró no haberse sentido español “ni cinco minutos”. Declaración que muchos encontraron divertida, otros, hiriente, y algunos encontramos ininteligible. El error conceptual reside en envolver la nacionalidad —una realidad administrativa objetiva— en el ámbito de la subjetividad sentimental. La afirmación no es ofensiva, es simplemente un sinsentido. No es un caso aislado; la sentimentalización engendra una concepción de nacionalidad (“ser español”) desatinada: se emplea para designar la pertenencia a una identidad sentimental colectiva por definir, en lugar de a una comunidad política nítidamente definida.

Hasta que no se generalice una concepción cívica, es decir, administrativa, de la nacionalidad, estamos condenados a repetir los mismos errores conceptuales y los mismos tópicos esencialistas. La nacionalidad se rige por un sistema binario, y por tanto no puede vincularse a una esencia o tradición cultural, que admite grados, y nos aboca irremediablemente a discursos de pureza de sangre: A es más español (o catalán o francés) que B. Superar el 98 significa precisamente erradicar la metafísica del discurso nacional para entender la nacionalidad como la pertenencia a una comunidad política, que hace titular a quien la posee de una serie de derechos y obligaciones; nada más, y nada menos.

Este retorno al 98 está relacionado con el giro emocional que aqueja la esfera pública de la última década. A esto se refiere el profesor Manuel Arias Maldonado en La democracia sentimental cuando explica cómo el populismo emplea un lazo social de índole emocional. La emergencia del populismo y el descrédito de la democracia representativa, sumados al éxtasis nacionalista, han contribuido a que las comunidades políticas sean percibidas como comunidades sentimentales, lo que permite señalar como disidente a quien no participa adecuadamente del Volksgeist. Y las mismas voces atribuyen a estas entidades emocionales (que llaman naciones) una agencia que las personifica, es decir, que las dota de una voluntad e intención unívocas, y de un espíritu imperecedero; sirva como ejemplo el eslogan “España contra Cataluña”.

La crisis del 98 no fue una reacción política, sino ideológica. Hizo visible una transformación social en curso, marcada por el descrédito del positivismo, la ciencia y el progreso. En el renacer actual del “me duele España” resuena la misma angustia, y el mismo desengaño, respecto a la posibilidad de definir, cívica y racionalmente, el lazo que nos envuelve como comunidad. Y urge insistir en que, ni ahora ni entonces, la crisis es consecuencia de los “males de la patria”, ni es una crisis exclusivamente española. España no es ni fue excepcional. Lo único que hace a España diferente es su mística y turbada autopercepción de excepcionalidad.Y ahora, como decía Sócrates, Ιωμεν: nos vamos. Sean felices, por favor, a pesar de todo. Tamaragua, amigos. HArendt

 

 

















ENTRADA NÚM. 9815

DEL POEMA DE CADA DÍA. HOY, EL LIBRO MILAGROSO, DE BENJAMÍN PRADO





 



EL LIBRO MILAGROSO



Esta historia la sabe todo el mundo,


se ha contado mil veces:


alguien encuentra un libro milagroso


que obliga a quien lo abre


a vivir


línea a línea


lo que dicen sus páginas,


como si lo que lee fuese una maldición


escrita


en la palma


de su mano.


Su tinta es un veneno en la mirada,


sus hojas,


el tarot de una hechicera,


las alas de una tribu de demonios,


los pétalos


de las flores del mal.


Cualquier cosa que ocurra en él, va a sucederte


—peligros,


aventuras,


conspiraciones,


guerras—


y sólo


quien supere


cada una


de sus trampas


—imaginad espectros,


momias


o un dragón—,


podrá volver a la realidad.


Se me ocurre otra idea: una autobiografía


de la que se pudiera


suprimir


lo que duele


y hacer que nunca haya sucedido.


¿Sabrías responder,


si alguien te preguntara,


qué planes tienes para tu pasado?


Sé que mejorarían mis recuerdos


si borrase


mis huellas


del camino


a la boca del lobo


—ya lo dice Adrienne Rich: no hay nada más sencillo


que despertar al lado de un extraño—


y cambiar, por ejemplo, el haber compartido


todo lo que tenía


con quien después usó su mitad contra mí.


Cuando acabé esa guerra,


parecía


uno de esos soldados que vuelven a sus casas


rotos,


como esculturas


griegas


a un museo;


pero haber caído me hizo ponerme en pie:


no hay


revolución


que no comience


a las puertas de una panadería sin pan.


Ojalá se pudiese


hacer con la memoria lo que con un poema:


corregirla,


quitar las palabras que sobran,


igual que quien devuelve un pez al agua,


como quien rompe en dos una fotografía…


Un verso que se tacha


es lo mismo que un mal recuerdo que se olvida.



BENJAMÍN PRADO (1961)

poeta español






















ENTRADA NÚM. 9814