miércoles, 13 de mayo de 2026

DEL CAFÉ DE SOBREMESA. UNA MUJER, POR LUIS GARCÍA MONTERO. 13 DE MAY0 DE 2026

 





En el año 1995, creo recordar, me avisó Rosa Montero de que Sol Gallego iba a llamarme. Se ponía en marcha una edición territorial de EL PAÍS Andalucía y pensaba contar conmigo como columnista. Lo importante no fue solo colaborar con el periódico que representaba desde 1976 la información democrática en España, sino la posibilidad de mantener una relación de amistad con una periodista que admiraba por su trabajo, su honestidad y su capacidad de dirigir la mirada, en cada contexto, hacia las cosas más importantes. Conocí a Sol en Sevilla, nos hicimos amigos, nos contamos la vida. Las conversaciones sobre la actualidad se mezclaron con los recuerdos familiares, mis amores, su madre cubana, su padre matemático y comunista, la relación con Úbeda, la apuesta por una profesión que se situaba en la raíz de la democracia, una necesidad de conocer y abrir ventanas para la reflexión. Las conversaciones en Sevilla, junto a Sol Fuertes, Maruja Torres y Almudena, son recuerdos imborrables, experiencias convertidas en razones de ser y estar.La muerte de Sol Gallego, que coincide con la celebración de los 50 años de EL PAÍS, llena de tristeza a muchos compañeros, amigos, lectores y oyentes de la SER. Hemos perdido no solo un referente del periodismo justo, muy necesario en la actualidad, sino una amiga, una mujer que nos daba compañía. Fui al tanatorio, encontré a mucha gente, pero sentí de manera especial los abrazos de Berna González Harbour, Pepa Bueno y Montserrat Domínguez. En los momentos difíciles, importa sentir la amistad. También importa el orgullo por lo conseguido, ahora que nos empujan hacia la fatiga y la renuncia. La memoria es un recurso imprescindible del compromiso con el futuro. Rosa, Sol, Maruja, Montse, Pepa, Berna… Tantos nombres de mujer en el periodismo honesto de España y en la democracia convierten la despedida en un deseo de seguir caminando por una nueva sentimentalidad. Luis García Montero es poeta y director del Instituto Cervantes. El País, 11 de mayo de 2026.






















DEL ASUNTO DEL DÍA. OTRA POLÍTICA, POR FAVOR, POR MANUEL CRUZ. 13 DE MAYO DE 2026

 








Quien probablemente constituyera la figura más representativa de lo que se denominó la “nueva política” fue quien primero lanzó una “alerta antifascista” el 2 de diciembre de 2018, tras conocerse la irrupción de Vox en el Parlamento andaluz. Luego, él mismo, formando ya parte del Gobierno central, corrigió en sede parlamentaria en 2020 su propia alerta, al espetarle al líder de la oposición que a la suma de escaños de PP, Vox y, por aquel entonces, Ciudadanos nunca le alcanzaría para ganar una investidura. Hoy, el que emitiera tan contradictorios mensajes regenta una taberna, mientras que sus hijos políticos, solo un poco descarriados de la senda del padre, andan organizando la enésima refundación de la izquierda-a-la-izquierda-de-la-izquierda, por transcribirlo con la grafía heideggeriana. Como pequeña muestra de los tumbos que anda dando ese sector político en nuestro país no está nada mal. Aunque lo peor tal vez sea que fue a sus brazos a los que decidió arrojarse la otra izquierda, la oficial y mayoritaria, hace ya más de un lustro. Brazos de los que, por lo visto, no parece dispuesta a distanciarse ni lo más mínimo ni bajo ningún concepto, haga lo que haga y diga lo que diga dicho sector.

Muy atrás quedan las palabras pronunciadas por Pedro Sánchez, como candidato a la presidencia del Gobierno, en su discurso de investidura en el Congreso de los Diputados el 22 de julio de 2019. Abogaba en ellas, asumiendo una loable perspectiva institucional, por la necesidad de “actualizar a la nueva realidad parlamentaria” el artículo 99 de nuestra Constitución, que regula el procedimiento de investidura de la Presidencia del Gobierno, de tal manera que los ciudadanos no sufrieran más la amenaza de una repetición electoral. “Con una votación basta”, afirmaba entonces. Tales palabras, presentadas como un compromiso público en caso de obtener el respaldo de la cámara, han caído en el más absoluto de los olvidos (sin que, por lo demás, ninguna fuerza política, ni a uno ni a otro lado del espectro, se haya mostrado interesada en recordárselas).

Es verdad que a lo que apuntaba la nonata actualización constitucional era a evitar la repetición electoral, pero no lo es menos que el espíritu en nombre del cual se defendía la propuesta resulta plenamente aplicable a nuestra situación presente. En efecto, se trataba, se decía en otros pasajes del mismo discurso, de que en definitiva España “no quede bloqueada”. Pues bien, cabe preguntarse si la de ahora no podemos definirla como una situación de bloqueo político. Baste con pensar en dos elementos. Por un lado, el Gobierno va en camino de alcanzar el dudoso mérito de haber sido el primero en la historia de nuestra democracia reciente que ha culminado toda una legislatura sin conseguir aprobar unos Presupuestos Generales del Estado propios. Por otro, le resulta imposible por completo sacar adelante prácticamente ninguna iniciativa legislativa por culpa de las heterogéneas —y a menudo incompatibles— exigencias de sus socios parlamentarios.

Obviamente, para salir de un bloqueo de este tipo no es necesaria en sentido estricto ninguna reforma constitucional. Bastaría con alguna forma de compromiso público o acuerdo político explícito de los dos grandes partidos de este país. Sobre el papel, en este momento ambos disponen de buenas razones al menos para intentar el acuerdo, porque los dos podrían dejar de ser rehenes de sus respectivos extremos y recuperar una cierta autonomía política para llevar adelante su propio programa (que buena falta parece hacerles, dicho sea de paso). Quedarían de esta forma liberados de tutelas ideológicas no solo perjudiciales sino en muchos momentos escasamente compatibles con su propio ideario, las cuales, por añadidura, acaban pasándoles una gravosa factura electoral, como a un lado y a otro hemos tenido probada ocasión de certificar.

En este punto la izquierda debería andar muy despierta e intentar tener una mirada estratégica (no meramente táctica, como hasta ahora), siendo consciente de que es ella la que debería estar más interesada en estos momentos en tender puentes en vez de en alzar muros con el que es la principal fuerza de la oposición. Porque no cabe en absoluto echar en saco roto la posibilidad de que en un futuro no muy lejano (no es profecía alocada: ¿acaso no se nos advierte sin cesar del amenazador avance de la ola reaccionaria?) las derechas rebasaran las cifras que a día de hoy están ofreciendo las encuestas. Con que las rebasaran solo un poco más y alcanzaran los 210 diputados se encontrarían en condiciones de plantearse incluso reformas constitucionales de un cierto calado y, sobre todo, de signo por completo indeseable para los sectores progresistas.

Por otra parte, no sería bueno perder de vista a qué consecuencias está dando lugar la estrategia política de excluir de manera tajante todo tipo de acuerdo o negociación con cualquier formación que no pertenezca al propio bloque. Así, por mencionar una de las consecuencias de mayor alcance, jugar al “cuanto peor [Vox], mejor [para la izquierda]”, tal y como se está haciendo de manera descarada por parte del Gobierno y sus socios, no solo implica sacrificar a alcaldes y candidatos autonómicos de izquierdas en la hoguera de un miedo a Vox que algunos parecen confiar en que resulte providencial, por movilizador, de cara a las generales.

También implica desdeñar la pesada carga que los ciudadanos van a tener que soportar sobre sus espaldas como consecuencia de las políticas que esas mismas derechas desarrollarán desde los ayuntamientos y gobiernos autonómicos que presidan, tras las próximas elecciones, en buena medida como consecuencia del desgaste político del Gobierno central. Con otras palabras: los mismos que tanto critican, por ejemplo, los desmanes de Isabel Díaz Ayuso (sobre los que no albergo demasiadas dudas: lo suyo con la Universidad, sin ir más lejos, es de aurora boreal) parecen por completo indiferentes ante la previsible proliferación de figuras equivalentes de su misma cuerda, que podrían desarrollar idénticas políticas desde sus respectivas posiciones de poder. También bajo esta luz —y no solo en referencia a los cargos electos— podrían interpretarse las palabras de aquel líder territorial socialista que señalaba que se está hundiendo a la infantería para salvar a los generales.

Pero no acaban aquí las razones para empezar a actuar de otra manera. Si acordamos que vivir no es lo mismo que durar, hay que plantearse, por seguir con la analogía, que nada (confesable) se gana en la presente situación prolongando una agonía política que se está haciendo insoportablemente larga, además de dañina, con el debate político convertido en una sucesión aleatoria de asuntos máximamente polémicos renovada semanalmente por el preceptivo gabinete de comunicación. Pero conseguir desactivar la sensación de urgencia del adelanto electoral, tarea en la que parece empeñado este Gobierno, más que una victoria, constituye una derrota. Se compra tiempo, sí, pero a un alto precio.

En efecto, que cada vez sean más los que han empezado a pensar “qué más da ya adelantar elecciones” no es algo digno de celebrar: en realidad, puestos a morir, más vale hacerlo con dignidad, esto es, devolviéndole la voz a los ciudadanos cuanto antes. No ya solo por las razones señaladas hasta aquí (¿es un consuelo que todo se pueda pudrir siempre un poco más?) sino, tal vez sobre todo, porque, lisa y llanamente, urge cambiar esta crispada y estéril manera de hacer política que convierte la conquista del poder en un fin en sí mismo, sin que ni siquiera importen las consecuencias de los propios actos. Se encuentra en juego nada menos que la calidad de nuestra democracia. Manuel Cruz es catedrático de Filosofía y expresidente del Senado. Autor del libro Resabiados y resentidos. El eclipse de las ilusiones en el mundo actual (Galaxia Gutenberg). El País,12 de mayo de 2026.






















DEL POEMA DE CADA DÍA. TODOS LOS CICLONES DEBERÍAN LLAMARSE COMO ABUELA, POR PEDRO FLORES

 







TODOS LOS CICLONES DEBERÍAN LLAMARSE COMO ABUELA




Está bien que se dé nombre a los ciclones,

uno sabe así quién le voló la vaca, la casa, la abuela.

Si el ciclón se llama como el hijo del vecino

eso confirmará que era él quien envenenaba a los gatos.

Está bien que se dé nombre a las vacas,

así uno sabe cómo llamarlas en medio de un ciclón,

si el ciclón se llama como una vaca

no puedo evitar decirlo, será un ciclón de la leche.

Pero los ciclones deberían llamarse como abuela,

así ella vería su nombre en los periódicos

y todos repetirían ese nombre por la calle

y descubrirían que era ella y no el hijo del vecino

quien envenenaba a los gatos,

porque olvidó que aquello no es comida para gatos.

Todos los ciclones deberían llamarse como abuela,

que toda esa voracidad tenga la medida de esas letras,

para que sea su nombre lo último que ella olvide

y, sobre todo, para que vea su nombre en las noticias,

a todas horas, escrito sobre las imágenes de las ciudades devastadas

y los océanos invertidos, y los repartos de comida,

ahí, en ese sillón del que nunca se levanta

desde que le sopla el ciclón del olvido en la cabeza.





PEDRO FLORES (1968)

poeta español




***




Nace en Las Palmas de Gran Canaria, en 1968. Poeta y escritor, desarrolla una intensa actividad relacionada con la literatura de creación, en particular con la poesía. Autor de amplia trayectoria, ha conseguido premios tan relevantes como el Antonio Oliver Belmás por Como pasa el aire por el lomo de una bestia (Madrid, Tres Fronteras, 2015), el Jorge Manrique por Los poetas feroces cuentan lobos para dormir (Palencia, Cálamo, 2023) o el Generación del 27 por Los gorriones contrarrevolucionarios (Madrid, Visor, 2023).



















DEL ARCHIVO DEL BLOG. ¿QUÉ HAY QUE ESCRIBIR?, POR ELVIRA LINDO. PUBLICADO EL 13 DE MAYO DE 2009

 





No me gusta repetirme. No me refiero solo a repetir ideas de mis anteriores artículos, sino a repetir el asunto que han tratado los columnistas que publican días antes que yo. Considero un periódico como una especie de ecosistema en el que uno ha de saber el lugar que ocupa en relación con el que ocupan otros. Los actores lo explican bien: los hay que solo saben brillar defendiendo su propio texto; otros, en cambio, creen que el resultado final es más brillante si trabajan en equipo. Hace cosa de un mes leí un artículo publicado por el defensor del lector de The New York Times que abordaba esto que a mí me preocupa. Al parecer, los lectores escribían preguntando si el periódico de alguna manera dirigía la opinión de los columnistas. El editor respondía que aunque los columnistas gozaban de libertad para opinar lo que quisieran había momentos, como en los días posteriores a la matanza de niños en Newtown, en los que se aconsejaba a las firmas del periódico que no escribieran todos sobre el suceso. Al fin y al cabo, el lector estaba recibiendo información continua sobre enfermedad mental y control de armas.

No repetirse. A mí nunca me han aconsejado que no me repita, pero confieso que estoy alerta para no hacerlo. En ocasiones, algún lector me ha dicho, “todavía no sé lo que piensas sobre este asunto”. Suelo responder que si me viene leyendo desde años puede sacar sus propias conclusiones. No veo la necesidad por la que cada columnista deba expresar su rechazo o apoyo a los escraches, pongamos por caso, pero ha habido días que escurrías un periódico en la pila de la cocina como si fuera un trapo y te salía la palabra “escrache”. Hay algo de vanidad en pensar que tu opinión sobre lo inmediato es imprescindible, cuando lo favorable a nuestro ecosistema sería considerar que si tres compañeros tuyos ya han abordado un asunto y han opinado lo mismo que tú piensas, tu escrito no va a aportar nada nuevo. Te quedas sin tema para tu columna. Se siente, búscate otro.

Existe algo de vanidad en pensar que tu opinión sobre lo inmediato es imprescindible

Sin embargo, hay que reconocer que el público fuerza. Y más en estos momentos. Como no abordes uno los temas por los que la gente, y con razón, está enfurecida, sientes que esa semana te han puesto falta. Se andan repartiendo carnets de compromiso. No solo por lo que uno escribe ahora sino por lo que escribía hace diez años. En España siempre se vuelve a lo mismo: hay que demostrar que se es cristiano viejo. Y para practicar ese puritanismo tanto da la derecha como la izquierda: basta con que uno muestre en algún momento su afición a los placeres de la vida para que quede inhabilitado a la hora de hacer cualquier crítica social. Es lo mismo que sea una Maribel Verdú, que al parecer no tiene derecho a dedicar un premio a los desahuciados por vestir un modelo de Valentino, que alguien que muestre ahora una pizca de hedonismo. Lo cual lleva a una continua impostura: porque igual que un lector tiene sus momentos de pena, pero también de gloria, al que escribe le ocurre igual. Nunca he terminado de creerme a esos santones que aparentan una incombustible preocupación por la humanidad, desde que se levantan hasta que se acuestan. En los casos en los que he tenido la oportunidad de observar a estos personajes más de cerca he comprobado que no solo les quitaba el sueño la humanidad, también los royalties, los premios y la calidad del vino que les servían, pero se cuidaban mucho de que estas debilidades jamás llegaran a oídos de sus creyentes. Todo esto responde, aunque no queramos admitirlo, a una tradición religiosa: hay que esconder la alegría y el dinero y hay que airear el sacrificio, el dolor y la modestia.

¿Qué hacía usted hace diez años? ¿Qué escribía yo? ¿Pasaba usted 24 horas del día presagiando la deriva del país? ¿Dejó de pedir una tentadora hipoteca para comprarse un piso cuando consideraba que esa adquisición le aseguraba el futuro? ¿Escribía yo sobre eso que tantas veces comentaba mi padre (auditor) de que los bancos estaban prestando dinero que no tenían y que eso nos iba a llevar a la bancarrota? ¿Dejó usted de ir a la playa reservando el dinero de las vacaciones por si se daba la circunstancia de que la burbuja inmobiliaria pinchara y le echaran de la empresa? ¿Dedicaba yo todas mis columnas a la destrucción del litoral, a la decadencia del sistema educativo, a la entrega paulatina en la Comunidad de Madrid de los hospitales públicos a manos privadas? ¿Cuántas veces dejó usted de tapear pensando en que la vida da vuelcos y lo que hoy nos parece una actividad necesaria de sociabilidad mañana se convertirá en un lujo? ¿Consideraba yo que dedicarle una columna a una rana que saltó a nuestra piscina era una falta de respeto a los desheredados del mundo? No, por Dios, y sería insoportable defender medios de información en los que solo pudieran leerse columnas y libros sobre política, economía o conciencia social. Es incluso ahora y a veces siento que la repetición machacona de los mismos temas hace que nos falte aire. Si hasta Almodóvar, que puede hacer ya lo que le venga en gana, ha dado una explicación social a su comedia. Reconozco que no puedo tener ese carnet de concienciada social número 1. Hace 10 años estaba en otra cosa. Y no me arrepiento. 
























DE LAS VIÑETAS DE HUMOR DEL BLOG DE HOY MIÉRCOLES, 13 DE MAYO DE 2026

 



























SAÚDOS NAS LINGUAS DA MIÑA PATRIA ESPAÑOLA. HOXE, MÉRCORES, 13 DE MAIO, EN GALEGO

 








Ola, bos días de novo a todos e a todas, e feliz mércores. Hai uns días, o 8 de maio para ser precisos, o 81 aniversario do fin da Segunda Guerra Mundial en Europa, foi tamén o 81 aniversario da miña concepción. Os meus pais, supoño, quixeron celebralo na súa casa na illa de El Hierro, onde vivían desde 1941, e eu fun o resultado. Un resultado feliz, sen dúbida, e un feliz aniversario, do que esquecín mencionarvos o outro día. Que quede dito: son o froito dunha paz ansiada, e síntome orgulloso dela. Outro día vos contarei de onde vén a miña afección pola política, no sentido máis puro arendtiano do termo, tamén cunha orixe fortuíta, nada da admiración dun neno de dez anos —o meu servidor— por un veciño novo, estudante de Ciencias Políticas na Universidade Complutense de Madrid. Pero iso é para outro día, "sine die", como dicimos os que queremos facernos pasar por avogados sen ser nada remotamente legal. Entón, imos coas entradas do blog de hoxe. A primeira, como sempre, son as viñetas de humor. A segunda é o arquivo do blog, a entrada de hoxe do 13 de maio de 2009, escrita por Elvira Lindo e titulada "Que debería escribir?". A terceira é o poema de hoxe, titulado "Todos os ciclóns deberían levar o nome da avoa", escrito polo poeta canario Pedro Flores. O tema de hoxe titúlase "Outra política" e está escrito polo filósofo Manuel Cruz. O descanso para o café de hoxe despois de cear está escrito polo poeta Luis García Montero e titúlase "Outra muller". E as tres entradas de hoxe a última hora da tarde están asinadas, respectivamente, polo profesor Robert Reich (o primeiro) e o economista gañador do Premio Nobel Paul Krugman (os dous últimos). Os seus títulos son: Como responder ao ascenso do Sur, Dará a nosa era de hiperafluencia paso ao populismo xenuíno e Que ocorre cando os estadounidenses se decaten do miserables que somos? Espero que as atopedes interesantes. Tamaragua, amigos meus. Ata mañá, se a sorte quere. Sede felices, prégovos: merecédelo, merecémolo. Bicos. Quérovos. HArendt





















ENTRADA NÚM. 10511

martes, 12 de mayo de 2026

DE LA TARDE QUE CAE. ESPECIAL TRES. ¿ESTÁ EUROPA EN DECLIVE ECONÓMICO?, POR PAUL KRUGMAN. 12 DE MAYO DE 2026

 






Estoy en Europa unas semanas, tomando distancia física (si no mental) del mundo de Trump. Así que decidí hacer una breve pausa en mi serie sobre salud para escribir sobre la economía europea, específicamente sobre la percepción de que Europa está en declive. Según la opinión generalizada, Europa se está quedando muy atrás de Estados Unidos. Ha perdido todo el dinamismo que alguna vez tuvo y se está convirtiendo rápidamente en un museo de sus antiguas glorias.

Esta percepción está muy extendida: en Davos, en enero, Howard Lutnik, secretario de Comercio de Trump, pronunció un discurso tan insultante hacia Europa que Christine Lagarde, presidenta del Banco Central Europeo, se retiró . El Wall Street Journal publicó recientemente un artículo titulado " ¿Qué sucede cuando los europeos descubren lo pobres que son? ", en el que afirmaba una equivalencia entre la economía europea y los estados más pobres de Estados Unidos, como Alabama y Misisipi.

Claro, ¿qué se puede esperar de un amigo de Epstein, especulador con criptomonedas estables y secuaz de Trump como Lutnick? Sin embargo, los europeos más perspicaces también están preocupados: en 2024, Mario Draghi, uno de los banqueros centrales más importantes de la historia, publicó un informe sobre la competitividad de la UE que ponía de manifiesto el retraso de la productividad europea y suscitaba serias alarmas.

Pero, ¿hasta qué punto es precisa esta percepción del bajo rendimiento europeo? Si bien existen razones válidas para preocuparse por el futuro de Europa, las críticas denotan desconocimiento de los problemas reales. Incluso los análisis económicos más sofisticados, del tipo de Draghi, resultan, en mi opinión, engañosos. Europa simplemente no es pobre como lo es Misisipi. Es más, según muchos indicadores —posiblemente los más importantes—, Europa, de hecho, está a la par con Estados Unidos.

Europa, junto con China y Estados Unidos, es una superpotencia económica. Y, en la actualidad, podría decirse que es la única superpotencia democrática del mundo. Sin embargo, las percepciones erróneas sobre su desempeño económico le impiden desempeñar el papel global que debería y que se necesita con tanta urgencia.

Si bien esta guía introductoria es principalmente informativa y pretende ofrecer una visión general del desempeño económico a largo plazo de Europa y compararlo con el de Estados Unidos, también es una llamada de atención a los europeos para que dejen de dejarse engañar por el triunfalismo estadounidense y reconozcan sus propias fortalezas, fortalezas que son cruciales en un mundo de creciente autoritarismo. Paul Krugmen es premio Nobel de economía. Substack, 10 de mayo de 2026.
















DE LA TARDE QUE CAE. ESPECIAL DOS. EL OPTIMISMO DESMEDIDO DE MI MADRE, POR ROBERT REICH. 12 DE MAYO DE 2026.

 






Amigos: Cuando era muy joven y me sentía frustrada por una cosa u otra, mi madre me aseguraba que "al final todo se soluciona".

Su optimismo solía sacarme de quicio. "¿Cuándo se acabará todo?", le preguntaba. "¿La semana que viene? ¿El año que viene? ¿Después de morir? ¿Dentro de un siglo? ¿Qué se supone que debemos hacer mientras tanto ? ¿Solo esperar ?". Las palabras de mi madre vuelven a mi mente, en parte porque hoy es el Día de la Madre.

También me vienen a la mente los terribles reveses de las últimas dos semanas: el desmantelamiento por parte de la Corte Suprema de lo que quedaba de la Ley de Derechos Electorales; la precipitada iniciativa de Luisiana, Florida, Carolina del Norte, Tennessee, Alabama y Misisipi para resucitar las leyes de segregación racial de Jim Crow; y la anulación por parte de la Corte Suprema de Virginia del plan de redistribución de distritos de Virginia. Todo esto, sumado a la guerra de Trump en Irán, su continuo estado policial de ICE dentro de Estados Unidos y sus innumerables ataques a la Constitución, me ha recordado el optimismo de mi madre.

Creía haber visto lo peor de este país. Viví bajo el mandato de Joe McCarthy, George Wallace, Bull Connor y Richard Nixon. El Ku Klux Klan asesinó a un hombre querido que me había protegido de los matones cuando era niño. La guerra de Vietnam se cobró la vida de un buen amigo de la universidad. El escándalo Watergate minó gran parte de la fe de mi generación en el gobierno.

Pero lo que estamos viviendo ahora es, en muchos sentidos, peor, porque la Corte Suprema, el Partido Republicano y Trump están destruyendo leyes e instituciones que se habían promulgado e implementado con gran esfuerzo para proteger nuestra democracia, defendernos de la intolerancia y fortalecer el estado de derecho. No habíamos alcanzado estos objetivos, por supuesto, pero al menos habíamos utilizado estas leyes e instituciones para intentar lograrlos. Ese esfuerzo fue la base del optimismo de mi madre, que luego se convirtió en el mío.

Sin embargo, quienes ahora están en el poder ya no luchan por una sociedad justa. Buscan una sociedad cruel y regresiva. Entonces, ¿qué nos queda al resto de nosotros?

Como muchos de ustedes, estoy furioso por la destrucción indiscriminada de tanto en lo que he creído y por lo que he trabajado. Pero me niego rotundamente a abandonar la lucha.

Con los años he llegado a comprender el optimismo de mi madre. Muchos objetivos sociales importantes requieren un gran esfuerzo, pero sin esperar que se alcancen pronto; de hecho, hay que aceptar que habrá momentos en que parezca que retrocedemos, e incluso que puede que no se logren en vida. Sin embargo, perseguirlos es esencial para que nuestra vida tenga sentido. Como nos aseguró Martin Luther King Jr., «el arco del universo moral es largo, pero se inclina hacia la justicia».

Admito que a veces me invade el pesimismo. Pero el pesimismo es diferente del cinismo. El pesimismo es la sensación de que las cosas empeorarán, al menos en un futuro próximo. Es comprensible sentir pesimismo en momentos como este. Incluso mi optimista madre, si aún estuviera con nosotros y presenciara lo que está sucediendo, podría sucumbir a él en los días difíciles.

El cinismo es la creencia de que el empeoramiento es inevitable y que nada de lo que hagamos cambiará nada. El cinismo es un agujero negro del que no hay escapatoria. Es el final del camino.

Poderosas fuerzas reaccionarias quieren que abracemos el cinismo porque así lo ganan todo; pueden arrebatárselo todo sin luchar.

Si de vez en cuando te sientes pesimista, no estás solo. Pero, por favor, no caigas en el cinismo.

¡Feliz Día de la Madre a todas las madres y a las madres de todos ustedes! Y créanme: si seguimos luchando por la justicia social, al final todo saldrá bien. Robert Reich es economista. Substack, 10 de mayo de 2026.