domingo, 31 de diciembre de 2017

[A vuelapluma] La industria del espíritu





La burguesía occidental está siendo objetivo de una gran operación mercantil que se fundamenta en un nuevo narcicismo, un egocentrismo modelo ‘new age’, un egoísmo rabiosamente autorreferencial. Es la industria del espíritu, comenta en El País el escritor Jordi Soler.

El filósofo Daniel Dennett, comienza diciendo, propone una fórmula para alcanzar la felicidad: “Busca algo más importante que tú y dedica tu vida a eso”. Esta fórmula va a contracorriente de lo que propone la industria del espíritu en el siglo XXl, que nos viene a decir que no hay más felicidad que esa que sale de dentro de uno mismo, lo cual puede ser verdad en el caso de un monje tibetano, pero no para quien es el objetivo de la industria del espíritu, el atribulado ciudadano común de Occidente que suele encontrar la felicidad afuera, en otra persona, en su entorno familiar o social, en su oficio, en un pasatiempo, etcétera.

De acuerdo con la fórmula de Dennett la clave está afuera, en el otro extremo, en la atención que dedicamos a cosas más importantes que nosotros, objetivo, por cierto, nada difícil de conseguir pues, en rigor, todo es más interesante que nosotros mismos.

La industria del espíritu, una de las operaciones mercantiles más exitosas de nuestro tiempo, ha crecido exponencialmente en los últimos años, no hay más que ver la cantidad de instructores y pupilos de mindfulness, o de yoga, que hay a nuestro alrededor. Mindfulness y yoga en su versión pop para Occidente, no precisamente las antiguas disciplinas que practican los maestros orientales, sino un producto práctico y de rápido aprendizaje que conserva su estética, su merchandising y sus toxinas culturales.

Hasta hace muy pocos años el yoga y el mindfulness eran actividades marginales, que practicaban unos cuantos, y hoy se han convertido, en muy poco tiempo, en una industria multimillonaria. No vamos a despreciar los beneficios físicos y mentales que da el yoga, ni puede negarse que en la introspección del mindfulness podría distinguirse eventualmente alguna luz, pero también es verdad que el éxito súbito y meteórico de estas dos industrias da qué pensar.

Lo de hoy es cultivar la espiritualidad, mirar hacia adentro de uno mismo, con un aire oriental, como vehículo para conquistar la felicidad. Como si de verdad la felicidad fuera una parcela conquistable, y no ese estado de ánimo aleatorio, espontáneo y efímero de, digamos, alegría integral, que llega de vez en cuando y a ramalazos. Lo más que puede experimentarse son momentos de felicidad, esa es precisamente la gracia; si la felicidad fuera un estado permanente viviríamos en un mundo de idiotas con sonrisa boba.

Frente al argumento de que la humanidad, finalmente, ha tomado consciencia de su vida interior, ¿por qué tardamos tanto en alcanzar este peldaño evolutivo?, propondría que, más bien, la burguesía occidental está siendo el objetivo de una gran operación mercantil que tiene más que ver con la economía que con el espíritu, la salud y la felicidad de la especie humana.

En su ensayo America the anxious (St. Martin’s Press, 2016), la periodista inglesa Ruth Whippman revela algunos datos que ha recabado el Departamento de Salud de Estados Unidos: más de veinte millones de personas, más o menos la mitad de los habitantes que tiene España, practican la meditación en aquel país, y el gasto anual en cursos de mindfulness, y los productos derivados de la enseñanza y de la práctica posterior, es de 4.000 millones de dólares. La cifra del yoga es todavía más importante: los nuevos yoguis invierten 10.000 millones de dólares al año en clases de yoga y accesorios como la alfombrilla, los leggings, el botellín yogui de acero inoxidable para el agua. De las industrias que crecen más, y más rápidamente, en Estados Unidos, el yoga ocupa el cuarto lugar.

Esto sucede en un país que en su acta de independencia consagra por escrito la búsqueda de la felicidad (the pursuit of happines) como uno de los derechos inalienables de las personas. Esta búsqueda, como todo lo que sucede en aquel país, se ha extendido por los países de Occidente y ha llegado aquí aplicada a la industria del espíritu, con un éxito, y una militancia entre sus practicantes, de los que no gozan la mayoría de los cultos.

La industria del espíritu es un producto de las sociedades industrializadas donde las personas tienen ya muy resueltas las necesidades básicas, desde el techo y la comida hasta el Netflix y el Spotfy. Una vez instalado en el angustioso vacío que producen las necesidades resueltas, el ciudadano maniobra para apuntarse a un grupo que le procure otra necesidad.

Este creciente colectivo de personas que hurgan en sí mismas buscando la felicidad, ya ha conseguido instaurar un nuevo narcisismo, un egocentrismo new age, un egoísmo rabiosamente autorreferencial que, de paso, ha venido a trastocar el famoso equilibrio latino de mens sana in corpore sano, decantándolo descaradamente hacia el cuerpo. El gurú del siglo XXI invita a sus pupilos a consentirse a sí mismos, a tratarse estupendamente mientras encuentran la puerta hacia la felicidad, los anima a descubrir los misterios del mundo en sus propios ombligos.

Este novedoso egocentrismo new age encaja divinamente en esa compulsión contemporánea de cultivar el físico, se tenga la edad que se tenga, de anteponer el corpore a la mens. A lo largo de la historia de la humanidad el objetivo había sido volverse más inteligente a medida que se envejecía; los viejos eran los sabios, ese era su valor, pero ahora asistimos a su claudicación: los viejos ya no quieren ser sabios, prefieren estar fornidos y musculosos, y dejan la sabiduría en manos del primer iluminado que se pone a impartir cursillos.

Walter Benjamin rescata el consejo de un viejo sabio cabalista que viene al caso; para conseguir un cambio importante en la vida no hacen falta grandes movimientos, ni cursillos de ningún tipo, añadiría yo: “Basta desplazar un poco esta taza, o este arbusto o esta piedra; y así con todas las cosas”, recomendaba el viejo cabalista. Si la industria del espíritu tiene de verdad los efectos que promociona su clientela, ¿por qué no vivimos rodeados de gente feliz y satisfecha?

Parece que el requisito para salvarse en el siglo XXI es inscribirse en un cursillo, pagarle a alguien que nos diga qué hacer con nosotros mismos y los pasos que hay que seguir para vivir cada instante con plena conciencia. Sería saludable no perder de vista que el objetivo principal de esas sesiones pagadas no es tanto salvarlo a usted, como mantener a flote la economía del espíritu que, sin sus millones de abonados, regresaría al nivel que tenía en el siglo XX, aquella época dorada del hedonismo suicida, en la que el mindfulness era patrimonio de los monjes, el yoga lo practicaban cuatro gatos y el espíritu se cultivaba leyendo libros en una gratificante soledad.



Dibujo de Raquel Marín para El País



Y ahora, como decía Sócrates, Ιωμεν: vámonos. Sean felices, por favor, a pesar de todo. Tamaragua, amigos. HArendt





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[Tribuna de prensa] Lo mejor de la semana. Diciembre, 2017 (V)





Les dejo con los Tribuna de prensa que durante la pasada semana he ido subiendo, día a día, a Desde el trópico de Cáncer. Espero que les resulten interesantes. Como dijo Hannah Arendt espero que les inviten a pensar para comprender y comprender para actuar. La vida, a fin de cuentas, no va de otra cosa que de eso. Se los recomiendo encarecidamente.


DOMINGO, 24 DE DICIEMBRE
Ortografía, por Manuel Vicent
Se te quiere, por Álex Grijelmo
Cierta racionalidad, por Soledad Gallego-Díaz
El año de la fatiga, por Francisco G. Basterra
Las recetas del Conde-Duque, por Javier Redondo

LUNES, 25 DE DICIEMBRE
Paradoja, por Javier Marías
Sobrevivir, por Félix de Azúa
Pequeña defensa de la Constitución, por Jorge del Palacio
Nombrar a los culpables, por Alana Moceri
Las bondades de una lista negra, por Ernest Urtasun y Jesús Hernández

MARTES, 26 DE DICIEMBRE
El exhibicionismo de la felicidad, por Rubén Amón
Sentido común, por David Trueba
Anacronismos del sistema electoral, por Rosario G. Gómez
Juntos por el No, por Víctor Lapuente
Reforma des-constitucional, por Josep M. Colomer
El Rey frente a la caricatura indepe, por Teodoro León Gross

MIÉRCOLES, 27 DE DICIEMBRE
Lecciones catalanas para la izquierda, por Ignacio Urquizu
Más allá de la mitad más uno, por Sandra León
El año que viviremos peligrosamente, por Nicolás Redondo
Europa sigue siendo una decisión, por Ricardo Calleja
La Navidad y sus misántropos, por Ignacio Peyró

JUEVES, 28 DE DICIEMBRE
Contados sin trampa, por Raúl del Pozo
Berlín, no Barcelona, por José Ignacio Torreblanca
i-Farsante, por Javier Sampedro
Hackear la democracia, por Teodoro García Egea
¡Huye!, por Luz Sánchez-Mellado

VIERNES, 29 DE DICIEMBRE
Vuelve Black Mirror, por Antonio Lucas
Política y Navidad, por Luis Martínez
Las uvas de la paciencia, por Raúl del Pozo
Tabarnia ha existido siempre, por Rafa Latorre
¿Hay álguien ahí?, por Manuel Hidalgo
Tú no, por Juan José Millás
Reaccionario Pla, por Jorge M. Reverte
Poder, ignorancia y abandono, por Tomás Álvarez
Los dos infiernos, por Antonio Elorza
Guerras identitarias de distracción, por Fernando Vallespín

SÁBADO, 30 DE DICIEMBRE
Macron, por Rafael Moyano
Ficciones, por Manuel Arias Maldonado
Cada uno en su Matrix, por Lucía Méndez
Fin de año, por Fernando Savater
Ritmos de ruptura, por Máriam Martínez-Bascuñán
Tomarse Tabarnia en serio, por Guillermo Altares
La otra revolución sexual, por Monika Zgustova
Año nuevo..., política vieja, por Teodoro León Gross
El reto de la Europa política, por Sami Naïr
Fernando Savater, el peine del tiempo, Rubén Amón

Y desde los enlaces de más abajo pueden acceder a algunos de los diarios y revistas más relevantes de España y del mundo, actualizados continuamente. Espero que los disfruten:

The Washington Post (EUA)
El País (España)
Le Monde (Francia)
The New York Times (EUA)
The Times (Gran Bretaña)
Le Nouvel Observateur (Francia)
Chicago Tribune (EUA)
El Mundo (España)
La Vanguardia (España)
Los Angeles Times (EUA)
Canarias7 (España)
El Universal (México)
Clarín (Argentina)
L'Osservatore Romano (Vaticano)
La Voz de Galicia (España)
NRC (Países Bajos)
La Stampa (Italia)
Frankfurter Allgemeine Zeitung (Alemania)
Le Figaro (Francia)
Tages Anzeiger (Suiza)
Komsomolskaya Pravda (Rusia)
Excelsior (México)
Die Welt (Alemania)
El Nuevo Herald (EUA)
Revista de Libros (España)
Letras Libres (España)
Claves de Razón Práctica (España)
Cuadernos para el diálogo (España)
Litoral (España)
Jot Down (España)
Real Instituto Elcano (España)
Centro de Estudios Políticos y Constitucionales (España)
Der Spiegel (Alemania)
The New Yorker (EUA)
Política Exterior (España)
Cidob (España)
Concilium (España)
Le Monde Diplomatique (Francia)
Le Nouvel Afrique (Bélgica)
Time (EUA)
Life (EUA)
Revista Española de Ciencia Política (España)
Cambio16 (España)
Jeune Afrique (Francia)
Tiempo (España)
Historia y Política (España)
Newsweek (Estados Unidos)
Nature (Estados Unidos)
Historia National Geographic (España)
Paris Match (Francia)
Instituto Nacional de Estadística (España)
Y desde estos otros a los especiales sobre:
Y como siempre, para terminar, las mejores fotos de la semana en El País. 



Celebración en Sao Paulo, Brasil (Diciembre, 2017)


Y ahora, como decía Sócrates, Ιωμεν: nos vamos. Sean felices, por favor, a pesar de todo. Tamaragua, amigos. HArendt



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[Humor en cápsulas] Para hoy domingo, 31 de diciembre





El Diccionario de la lengua española define humorismo como el modo de presentar, enjuiciar o comentar la realidad resaltando el lado cómico, risueño o ridículo de las c
osas. Pero también como la actividad profesional que busca la diversión del público mediante chistes, imitaciones, parodias u otros medios. Yo no soy humorista, así que me quedo con la primera acepción.

En la medida de lo posible iré subiendo al blog cada día las viñetas de mis dibujantes favoritos en Canarias7, El Mundo, El País y La Provincia-Diario de Las Palmas. Disfruten de ellas. 





Y ahora, como decía Sócrates, Ιωμεν: vámonos. Sean felices, por favor, a pesar de todo. Tamaragua, amigos. HArendt





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sábado, 30 de diciembre de 2017

[A vuelapluma] El problema de la desmemoria (histórica)





La desmemoria no cesa. Pese al tiempo transcurrido desde la Guerra Civil, parece que aún no se puede hablar de nuestros asesinados y de nuestros asesinos sin una emoción que conlleve la tentación de olvidar a los asesinados y a los asesinos de los otros, escribe en El País Gregorio Marañón y Bertrán de Lis, abogado, empresario y miembro de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.

En España la memoria histórica brilla por su ausencia, comienza diciendo. No es ya el olvido sino, como diría Sor Juana Inés de la Cruz, algo peor, la negación de la memoria. Y la memoria histórica que reivindico no es la memoria de ninguna de esas dos Españas que helaban los corazones, sino una memoria que integre la de todos y alumbre nuestro pasado para que nuestro hoy y nuestro mañana sean diferentes.

La Ley de Memoria Histórica es uno de los textos menos leídos y más citados de nuestra legislación. En su exposición de motivos invoca “el espíritu de reconciliación y concordia que guió la Transición”, ese espíritu que da sentido “al modelo constitucional de convivencia más fecundo que hayamos disfrutado nunca”. También manifiesta que ha llegado la hora de que “la democracia española y las generaciones vivas recuperen para siempre a todos los que directamente padecieron las injusticias y agravios producidos, por unos u otros motivos políticos o ideológicos o de creencias religiosas”. Y, finalmente, establece que esta Ley debe inspirar las políticas públicas dirigidas al conocimiento de nuestra historia.

Leí, hace años, un artículo sobre la memoria histórica del excelente escritor Manuel Rivas, en el que se preguntaba por qué despierta tanta hostilidad la memoria histórica en la derecha española, y reivindicaba una memoria democrática identificada con la búsqueda de los restos de los asesinados por los franquistas. Me lo ha hecho recordar un reciente artículo suyo en el que casi reproduce el anterior.

El autor contrapone la mirada del relato histórico a la memoria literaria, inclinándose por ésta, porque fomenta “lo vivido y lo imaginado”. Esta subordinación del esfuerzo por averiguar la verdad, que conforma la ciencia social de la historia, en favor de lo que califica como “presente recordado”, es peligrosa. En palabras de otra gran escritora, Rosa Montero, “recordar es mentir”, pues “la memoria es un prestidigitador, un mago experto en escamoteos”. Tampoco es defendible que la memoria democrática se reduzca a la búsqueda de los asesinados de un sólo bando.

Pertenezco a la generación que hizo la Transición, y milité siempre en la oposición democrática a la dictadura desde posiciones progresistas. ¿Por qué despierta hostilidad la memoria histórica en un sector de la derecha española?

La república democrática de 1931 se quebró en 1934, cuando una parte de la izquierda española no aceptó el resultado de las elecciones generales y propició un golpe de Estado revolucionario. En 1936, tras el asesinato de Calvo Sotelo, estalló la rebelión militar, y el Gobierno renunció al monopolio de la fuerza armando a los sindicatos y partidos políticos. Esta decisión, que atentó contra la esencia de un Estado de Derecho, tuvo trágicas consecuencias. A partir de ese momento, tanto fascistas y sus compañeros de filas, como socialistas, comunistas y anarquistas, cometieron miles de asesinatos, tantos que es difícil encontrar hoy un español que no tenga en su familia asesinados, incluso de ambos lados, y también, aunque el olvido aquí resulta comprensible, asesinos o cómplices de esos crímenes. Estas masacres generalizadas se complican si recordamos que los anarquistas no sólo fueron asesinados por los fascistas sino también por los comunistas.

Por mi lado, mi abuelo materno tenía 70 años en 1936 cuando fue violentamente sacado de su casa por unos milicianos, ante la despavorida mirada de sus hijos menores de edad, para ser fusilado ante la tapia del cementerio de Aravaca. Pertenecía a una familia liberal que, en el siglo XIX, había conocido el exilio, la persecución y también el fusilamiento con gobiernos absolutistas. Tengo que agradecer a mi madre que no me contara con detalle este suceso, y que apartara de mí cualquier resentimiento. Al morir, ya muy anciana, descubrí entre sus papeles la lista oficial con los nombres de los asesinos, y decidí romperla.

Mi abuelo Marañón, uno de los tres fundadores de la Agrupación al Servicio de la República, cuando murió Calvo Sotelo le escribió a su amigo, y ministro de Instrucción Pública, Marcelino Domingo,: “El vil, el infame asesinato de Calvo Sotelo por los guardias de la República, a los que todavía no se ha condenado, por lo que el Gobierno da la sensación de una lenidad increíble, nos sonroja y nos indigna a los que luchamos contra la Monarquía, ... España está avergonzada e indignada... Esto no puede ser. Todos los que estuvimos frente a aquello tenemos que estar frente a lo de hoy... No somos los enemigos del Régimen, sino los que luchamos por traerlo, ni los fascistas, sino los liberales de siempre, y por eso hablamos así ahora”. Meses más tarde, después de haber sido conducido a una checa de la que salió trémulo y sin articular palabra, el gobierno de la República le facilitó, junto a Ramón Menéndez Pidal y a sus respectivas familias, la salida de España porque no estaba en situación de defender sus vidas. Permaneció seis años en el exilio y sus bienes fueron incautados por el Gobierno franquista, que también le despojó de su cátedra universitaria y de su puesto en el Hospital Provincial.

Al terrible período de la Guerra le siguieron casi cuatro décadas de dictadura. Como escribió el poeta “el tiempo engendra décadas … aunque aquella admirable unidad de medida, que Tito Livio usó para narrar la historia de Roma, parece algo desproporcionada para distribuir la vida de cualquiera de nosotros”. En efecto, aquel periodo de tiempo, que cada vez nos parecerá, en términos históricos, más corto, truncó la vida de muchos españoles.

Pese al tiempo transcurrido, parece que aún no se puede hablar de nuestros asesinados y de nuestros asesinos sin una emoción que conlleve la tentación de olvidar a los asesinados y a los asesinos de los otros. Seamos quienes seamos, los unos y los otros. Sin embargo, hay una verdadera urgencia cívica para que los españoles de hoy asumamos por fin los horrores de la guerra civil y de los cuarenta años de dictadura sin separar a unas víctimas de otras, comprendiendo lo que sucede cuando el odio se apodera de nuestra convivencia. Ese odio que ha vuelto a aparecer en Cataluña dividiendo a los catalanes con los mismos sentimientos cainitas que la Transición quiso superar.

La memoria histórica, cuando se aborda fragmentada por los herederos de una de las dos Españas, constituye el mayor obstáculo para que se imponga definitivamente la consigna final de Azaña, “Paz, piedad, perdón”, un olvido que no es desmemoria sino reconciliación.



Dibujo de Eulogia Merle para El País



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[De libros y lecturas] Balance de fin de año, 2017





Como acostumbro a hacer todos los años por estas fechas subo al blog el balance de mis lecturas en 2017. Es esta una entrada sin mayores pretensiones que me apetece escribir con la esperanza de que pueda resultar interesante a alguno de los lectores del blog. 

Los libros están enumerados por orden cronológico de lectura o consulta, sin jerarquización de ningún otro tipo ni valoración personal. Algunos son relecturas del pasado; otros, nuevos para mí. Todos me han interesado por unas u otras razones: placer, consulta, curiosidad, deformación profesional... Por obligación, ninguno. Son estos: 

Ballesteros, Alfonso: Innovación versus conservación en Hannah Arendt. 
Shakespeare, William: Sobre el poder. Selección de textos.
Descartes, René: Meditaciones sobre la existencia de Dios.
Miralles, Francesc: La lección secreta.
Ruiz Soroa, José María: El esencialismo democrático.
Esquilo: Las suplicantes. 
Theodore Dalrymple: Sentimentalismo tóxico.
Ferry, Luc: Aprender a vivir. Filosofía para mentes jóvenes. 
Busquets, Milena: También esto pasará.
Eurípides: Alcestis.
Montaigne, Michel de: Essais/Ensayos.
Eurípides: Andrómaca.
Tocqueville, Alexis de: La democracia en América.
Aramburu, Fernando: Patria.
Jiménez, Juan Ramón: Platero y yo.
Wences, Isabel: Tomando en serio la Teoría Política.
Bardavío, Joaquín: Sábado Santo Rojo.
Pinilla, Alfonso: La legalización del PCE. La historia no contada.
Cercas, Javier: El monarca de las sombras.
Michel Onfray: Cosmos. Una ontología materialista.
Pérez-Reverte, Arturo: Falcó.
Mair, Peter: Gobernando el vacío. La banalización de la democracia occidental.
Álvarez Junco, José: Dioses útiles. Naciones y nacionalismos.
Moeller, Charles: El silencio de Dios.
Lemaitre, Pierre: Camille.
Sagan, Françoise: Buenos días, tristeza.
Lledó, Emilio: Símbolos del alma.
Aparicio, Juan Pedro: Nuestro desamor a España.
Correa, José Luis: El detective nostágico.
Goytisolo, Juan: Reivindicación del conde don Julián.
Atwood, Margaret: El cuento de la criada.
Innerarity, Daniel: La democracia en Europa. Una filosofía política de la UE.
Pitkin, Hanna F.: Sobre la representación.
Ovidio: Metamorfosis.
Pérez Galdós, Benito: El audaz.
Fadiman, Anne: Confesiones de una lectora.
Villaverde, María José: La sombra de la Leyenda Negra.
García Márquez, Gabriel: Cien años de soledad.
Hamilton, A.; Jay, J.; Madison, J.: El federalista.
Grossman, Vasili: Vida y destino.
Pérez Galdós, Benito: Doña Perfecta. 
Claramonte, Jordi: Estética modal.
Correa, José Luis: Blue Christmas. 
Azúa, Félix: Un neologismo y la H.
Pérez Galdós, Benito: La familia de León Roch. 
Janés, Clara: Una estrella de puntas infinitas.
Lledó, Emilio: Las palabras en su espejo.
Gutiérrez Aragón, Manuel: En busca de la escritura fílmica.
Battaner, Paz: Algunos pozos sin fondo.
Pérez Galdós, Benito: La Fontana de Oro
Rouanet, Mónica: Donde las calles no tienen nombre.
Huizinga, Johan: El otoño de la Edad Media.
Pérez Galdós, Benito: Gloria.
Jellinek, Georg: Teoría general del Estado.
Eurípides: Ión.
Sófocles: Edipo en Colono.
Bataillon, Marcel: Erasmo en España.
Pérez Galdós, Benito: Marianela.
Egido, Aurora: La búsqueda de la inmortalidad en las obras de Baltasar Gracián.
García Márquez, Gabriel: El coronel no tienen quien le escriba.
Brague, Rémi: El reino del hombre. Génesis y fracaso del proyecto moderno.
Rieff, David: Elogio del olvido. Las paradojas de la memoria histórica.
Arendt, Hannah: ¿Qué es la política?
Pérez Galdós, Benito: La sombra, Celín, Tropiquillos y Theros.
Gómez, José Luis: Breviario de teatro para espectadores activos.
Riera, Carme: Sobre un lugar parecido a la felicidad.
Eurípides: Las fenicias.
Huizinga, Johan: Homo ludens.
Eurípides: Las suplicantes.
Pérez Galdós, Benito: El abuelo.
Eurípides: Heracles.
Sáenz Sagaseta de Ilúrdoz: Servidumbre y grandeza de la traducción.
Kempis, Thomas de: De la imitación de Cristo.
Huizinga, Johan: El concepto de la historia y otros ensayos.
Muñoz Machado, Santiago: Los itinerarios de la libertad de palabra.
Cano, José Luis: El tema de España en la poesía española contemporánea.
Zschirnt, Christiane: Libros. Todo lo que hay que leer.
Pérez Galdós, Benito: El amigo Manso.
Bakewell, Sarah: En el café de los existencialistas.
Gil, Juan: El burlador y sus estragos.
Homero: Odisea.
Pérez Galdós, Benito: Ángel Guerra.
Birmingham, Kevin: El libro más peligroso.
Joyce, James: Ulises.
Álvarez de Miranda, Pedro: En doscientas sesenta y tres ocasiones como esta.
Bloom, Harold: Poemas y poetas. El canon de la poesía.
Fernández-Ordóñez, Inés: La lengua de Castilla y la formación del español.
Sófocles: Ayax.
Pérez Galdós, Benito: La de Bringas.
Sófocles: Filoctetes.
Eurípides: Reso.
Staël, Mme. de: Consideraciones sobre la Revolución francesa. 
Puértolas, Soledad: Aliados. Los personajes secundarios del Quijote.
Eurípides: El Cíclope.
Pérez Galdós, Benito: La desheredada.
Marías, Javier: Berta Isla.
Merino, José María: Ficción de verdad.
Pérez Galdós, Benito: El doctor Centeno.
Esquilo: Agamenón.

Entre las novelas leídas destacaría Patria, de Fernando Aramburu; El monarca de las sombras, de Javier Cercas; y Berta Isla, de Javier Marías. Entre los ensayos, El libro más peligroso, de Kevin Birmingham; En el café de los existencialistas, de Sarah Bakewell; y Consideraciones sobre la Revolución francesa, de Madame de Staël. Y entre los específicamente políticos, El esencialismo democrático, de José María Ruiz Soroa; La democracia en Europa, de Daniel Innerarity; y Tomando en serio la teoría política, de Isabel Wences. Hay más, claro está, pero no sigo. Para gustos se hicieron colores...

Y para terminar el año les recomiendo la lectura de los reportajes de El País sobre Los mejores títulos de 2017, Que están leyendo los mejores escritores españoles, y 200 países 200 libros.





Y ahora, como decía Sócrates, Ιωμεν: nos vamos. Sean felices, por favor, a pesar de todo. Tamaragua, amigos. HArendt




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