viernes, 29 de octubre de 2010

Soliloquio en mitad de la tormenta




Miguel de Cervantes




Jeff Jarvis, profesor de periodismo en la City University of New York, mantiene un blog con más de 100.000 visitas. Hace unos meses escribió que en Internet, si no tienes algo que aportar, es mejor que te marches. Yo me lo he tomado muy en serio, así que mi abulia escribidora no es una pose estética, como decía mi hija Ruth acerca de ella en su entrada de hace unos días en el Blog, sino algo más. Y no lo es sólo por la política, pues mi cabreo con los políticos, los partidos, o con la misma política, no implica ni por asomo falta de aceptación, apoyo y defensa de la democracia. Es también por las palabras.

El escritor Jaime de Ojeda dijo hace tiempo que nuestra civilización había perdido reverencia y respeto por la magia de la palabra. Por supuesto que sí, basta con abrir un periódico, encender la televisión u oir una emisora de radio para encontrarnos con  profanaciones del idioma que uno no sabe más bien si son producto de la ignorancia o, simplemente, de la estupidez. Adam Zagajewski, poeta y ensayista polaco, en su libro "En defensa del fervor", afirma que cualquier lengua, con tal que sea bien utilizada, puede abrirnos camino hacia la poesía, hacia el mundo. Quien escribe, dice Zagajewski, suele estar solo delante de una hoja en blanco o de la pantalla pálida del ordenador, que le clavan una mirada escudriñadora e impertinente. Que está solo, añade,  aunque no escriba para sí mismo, sino para otros, y que inspirado y agobiado por la tradición, por una gran algarabía de voces muertas, intenta mirar hacia un futuro que calla inexorablemente y en el que los pensamientos que quiere expresar parecen no pertenecer a ninguna lengua humana, zumbando en sus adentros como un cuarto elemento al lado del aire,el agua y el fuego. Es un hermoso texto, ¿verdad?, pero a pesar de ello, o quizá por ello, yo me siento agobiado e inseguro cada vez que me enfrento con la pantalla en blanco de mi portátil.

Y como me cuesta escribir, me entretengo en leer. Más ensayo que ficción, pero tampoco detesto ésta. En las últimas semanas he leído "Alicia en el País de las Maravillas" y "Alicia a través del espejo", en las magníficas versiones que para Alianza Editorial hiciera Jaime de Ojeda a partir de los textos originales de Lewis Carroll, con los dibujos, también originales, de John Tenniel. Como ocurre con la poesía, con cualquier poesía, una traducción, por buena que sea, jamás le hace justicia a un texto en su idioma original. Y menos aún a los textos de Carroll. Más o menos, lo mismo que le ocurre al "Ulises" de James Joyce, que estoy intentando leer por enésima vez en estos momentos. Hace justamente veintiún años que lo estoy intentando, desde que en octubre de 1989 lo compré en la versión que para la Editorial Lumen hiciera del mismo José María Valverde, y que le valió el Premio Nacional de Traducción de 1976. No me importa confesar que terminarlo de leer no es tanto un reto personal como un placer que afronto cada día con renovado entusiasmo.

Con placer también he leido en estas últimas semanas dos hermosísimos ensayos. De uno de ellos, "En defensa del fervor" (Acantilado, 2005), de Adam Zagajweski, regalo de mi madrileña sobrina, Marisa, en su última recalada veraniega en Gran Canaria, ya he hablado más arriba; el otro, "El misterioso caso alemán" (Alba Editorial, 2008), de la historiadora Rosa Sala, un intento de comprender Alemania a través de sus letras, como reza su subtítulo, me lo prestó mi hija Ruth, y me cautivó desde su primera página, recordándome por múltiples razones, y salvando las distancias, mi admirado "España en su historia. Cristianos, moros y judíos" (Círculo de Lectores, 1989), de Américo Castro.  .

En cuanto a los clásicos, también he aprovechado mi abulia escribidora para releer el "Infierno", de Dante Alighieri (Seix Barral, 1973), en la magnífica edición rimada y bilingüe italo-española, de Ángel Crespo; las "Lecciones sobre la Filosofía de la Historia Universal" (Alianza, 1980), de G.W.F. Hegel, con el prólogo que para su primera edición en español en 1928 escribiera don José Ortega y Gasset; el tomo V de la "Historia Crítica del Pensamiento Español" (Círculo de Lectores, 1993), de José Luis Abellán, dedicado al estudio del liberalismo y romanticismo español entre 1808 y 1874; y "Sobre la Libertad" (Alianza, 1999), de John Stuart Mill, quizá una de las más vibrantes apologías que se hayan escrito nunca en defensa de las libertad de pensamiento y de expresión y de la tolerancia y el respeto debido a las creencias ajenas y a las minorías disidentes, prologado por un esclarecedor texto de Isaiah Berlin titulado "John Stuart Mill y los fines de la vida"

Y si de "ensayos", hablamos, forzoso es citar a quien dio nombre a esa forma literaria allá por el siglo XVI y a todo lo que esa palabra significa: Michel de Montaigne, del que terminé también de releer su tomo tomo II ("Ensayos", Ediciones Cátedra, 1993). Pueden acceder al texto completo de la obra en la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes. Les recomiendo la lectura sosegada del último capítulo de ese tomo II, titulado "Del parecido entre padres e hijos", seguro que lo disfrutan.

Ya puestos, y con esto termino, les animo a acceder a la edición electrónica e interactiva que de "El Ingenioso Hidalgo don Quijote de La Mancha", de Miguel de Cervantes, ha colocado en su pagina la Biblioteca Nacional de España. Merece la pena, se lo aseguro.  Perdónenme el soliloquio, por favor. Y sean felices. Tamaragua, amigos. HArendt 









Portada de la edición original del Quijote






--
Entrada núm. 1318 -
http://harendt.blogspot.com
"Pues, tanto como saber, me agrada dudar" (Dante)
"La verdad es una fruta que conviene cogerse muy madura" (Voltaire)

Vídeo: Michel de Montaigne. Ensayar la libertad

domingo, 24 de octubre de 2010

¿Vanidad?










"Vanidad": Arrogancia, presunción, envanecimiento. "Ego": Exceso de autoestima (Diccionario de la Real Academia Española). Hace unas semanas le otorgaron al escritor Mario Vargas LLosa el Premio Nobel de Literatura. En algún medio, no recuerdo cual, dijeron que el escritor reclamaba este galardón hacía ya tiempo. Suponiendo que eso fuera cierto, le podríamos aplicar las dos primeras definiciones tan bien explicadas por la RAE. No quiero decir que no se lo merezca, pero si la afirmación fuera cierta diría muy poco en su favor. Otros pensarán que tiene todo el derecho a pensarlo pues es un gran escritor y si él no lo piensa, ¿quién lo va a pensar? Seguro que más de uno.

Es muy bonito el hacer por hacer sin esperar nada a cambio pero en el fondo todos estamos esperando algún reconocimiento: ya sea del jefe por nuestra eficacia ganando un cliente, de un familiar alabando la comida que hemos preparado o algún comentario en la última entrada del blog.

La vanidad-ego en su justa medida es algo necesario para triunfar en el día a día, nos gusta sentirnos imprescindibles, que el día que no estemos se den cuenta. El problema es cuando esa vanidad no responde a los hechos, y de eso sí que hay por el mundo. Muchos divinos que sólo saben presumir y pavonearse y párate ahí porque no saben nada más. Son los mejores en su trabajo, presumen de todo lo que hacen y harán, tienen un un coro de pelotas atolondrados que les dan la razón simplemente porque les oyeron decir sobre sí mismos que eran maravillosos. ¿Y los resultados? ¿A qué conocen a más de uno en su trabajo? Yo sí.

Luego está la otra cara de la moneda, los que tienen resultados y ningún reconocimiento. Triste lo suyo pero a veces pecan de llorar y quejarse. De decir que ellos no quieren la gloria pero que no es justo que la tengan otros. Pueden resultar igual de cansinos que los vanidosos. Aunque para su autoestima no es una práctica tan saludable. Y al final se quedan con la falsa modestia.

Ni lo uno, ni lo otro. Todos queremos nuestro trozo del pastel, más grande o más pequeño. Si algún día disfrutamos del grande, disfrutémoslo en privado, sin dejar hambriento al de al lado. Aunque ese hambriento se comiera el pastel delante nuestra alguna vez... Saquemos la cubertería de plata, la vajilla de Cartuja y la mantelería calada por una vez. Pero el asunto de la venganza lo dejaremos para otro día.

En El País Semanal de hoy domingo pueden leer si lo desean el magnífico reportaje del escritor canario Juan Cruz sobre las 48 horas vividas por Mario Vargas Llosa posteriores a su elección como Premio Nobel de Literatura de 2010. Y en la sección de videos, uno en el que el nuevo Premio Nobel explica su obra literaria. No se los pierdan. Nos vemos. Ruth




Post scríptum: Mi padre, HArendt, me comenta que de Mario Vargas Llosa le encantaron La tía julia y el escribidor y La guerra del fin del mundo. Dicho queda. Ruth











-
Entrada núm. 1317-
http://harendt.blogspot.com
"Pues, tanto como saber, me agrada dudar" (Dante)
"La verdad es una fruta que conviene cogerse muy madura" (Voltaire)

Vídeo: Vargas Llosa recibe el Nobel de literatura