sábado, 7 de septiembre de 2024

De las entradas del blog de hoy sábado, 7 de septiembre de 2024

 






Hola, buenos días de nuevo a todos y feliz sábado, 7 de septiembre de 2024. De reyes y museos va la primera de las entradas del blog de hoy sábado del escritor Ignacio Martínez de Pisón, y más en concreto de la historia fundacional del Museo del Prado de Madrid. La segunda de las entradas, un archivo del blog de enero de 2010, va también del Museo del Prado y de como se pusieron a salvo sus pinturas más importantes en los últimos momentos de la guerra civil, en 1939. La tercera entrada del día es hoy el poema El director, del poeta estadounidense T. S. Eliot. Y la cuarta, como siempre, las viñetas de humor. Espero que todas ellas sean de su agrado. Nos vemos mañana si la diosa Fortuna lo permite. Y sean felices, por favor, o al menos inténtenlo. Tamaragua, amigos míos. HArendt








De reyes y museos

 






Los museos clásicos, como el Louvre o el Prado, son demasiado grandes. Resulta quimérico pretender abarcarlos enteros en una sola visita, comenta el escritor Ignacio Martínez de Pisón [El rey Fernando y su museo. La Vanguardia, 05/09/2024]. Yo, continúa diciendo, cada vez que entro en el Prado, lo hago para pasear por una sección determinada, dejando las demás para otro día. Lo hice la semana pasada y no salí de las salas dedicadas al siglo XIX. Aunque el término y el concepto existían ya en la antigüedad, la noción actual de museo como colección pública es fruto de la Ilustración y, por tanto, no muy anterior a esa época: el Louvre se fundó a finales del XVIII; el Prado, a principios del XIX.

La principal impulsora del museo madrileño fue María Isabel de Braganza. Un retrato de Bernardo López Piquer pintado en 1829 la muestra supervisando la colocación de diferentes cuadros en el entonces llamado Museo Real de Pintura y Escultura. La escena es poco verosímil porque la reina había muerto en 1818, un año antes de la inauguración del propio museo. María Isabel de Braganza fue la segunda de las cuatro mujeres de Fernando VII. Seguramente, el Prado es la única gran aportación de un monarca que, muy justamente, ha pasado a la historia como el Rey Felón.

Benito Pérez Galdós, el autor que mejor contó el siglo XIX español, recreó en el último de los Episodios Nacionales de la segunda serie la larga agonía y la muerte de Fernando VII, que su cuarta y última mujer, María Cristina, no quiso hacer pública hasta que el cadáver inició el proceso de descomposición. En esa descomposición quiso Galdós ver una metáfora de su propio reinado. Y añadió, contundente: “No ha habido rey más amado en su juventud ni menos llorado en su muerte”.

Entre las obras expuestas en el Prado, entre las que abundan los retratos de monarcas­, la presencia de ese rey que tan amado había sido por los españoles es bastante limitada: un retrato a caballo, un busto en mármol y el famoso retrato con manto real pintado por Goya en 1814. Por supuesto, aparece también como Príncipe de Asturias entre los miembros de la familia real retratados por Goya en 1800. Entre esos dos cuadros de Goya median­ catorce años. Si en el cuadro más antiguo Fernando es un adolescente de expresión melancólica al que su hermano Carlos María Isidro abraza cariñosa­mente por la cintura, en el más reciente, repuesto en el trono como rey absoluto tras la derrota de las tropas napoleónicas, se nos presenta revestido con todos los símbolos de la majestad y el poder.

En las descripciones que Galdós hace de él se recrea en su proverbial fealdad: las mejillas de un color entre verdoso y amoratado “como una sombra lúgubre”, la nariz “desenfrenadamente grande, corva y caída”, impaciente por juntarse con un labio belfo que de tanto estirarse parece su propia caricatura… Tampoco en su semblanza moral sale bien parado: sátiro, malvado, cobarde, cruel… Digamos que Fernando VII estaba lejos de toda noción de armonía física o espiritual. Y, sin embargo, en el retrato de Goya de 1814 lo vemos como alguien no desagradable a la vista, casi agraciado, con una media sonrisa que busca ganarse nuestra simpatía o nuestra confianza.

Tenía el pintor aragonés la mejor de las razones para sacar favorecido al monarca: el miedo. Hablo del miedo a ser objeto de las represalias que estaban ya sufriendo algunos de sus amigos ilustrados. Diez años después, fue también el miedo lo que lo llevó a exiliarse en Burdeos, donde residiría hasta su muerte en 1828.A esas alturas, España era un país hecho trizas, y al absolutismo le había salido un enemigo interior, los apostólicos, que, sorprendentemente, consideraban a Fernando VII demasiado liberal y aspiraban a sustituirlo por su hermano Carlos María Isidro, el niño que tan cariñosamente le abrazaba en el cuadro de Goya. La guerra de los Agraviados, más conocida como dels Malcontents porque se desarrolló principalmente en territorio catalán, no fue sino un anticipo de las guerras carlistas, que infestaron el siglo XIX de sangre y crucifijos hasta llegar a la tragedia de 1936, a la única de nuestras guerras civiles en la que el carlismo derrotó al liberalismo. En esos dos Goya de 1800 y 1814 está resumida buena parte de la historia contemporánea de España, que llega, como quien dice, hasta ayer mismo. Ignacio Martínez de Pisón es escritor.









El Prado, la Monarquía y la República. [Archivo del blog. 23/01/2010]










Fue el propio Manuel Azaña, presidente de la república española quien convenció al del Gobierno, Juan Negrín. Él, personalmente, le dijo: "El Museo del Prado es más importante para España que la Monarquía y la República juntas". Y en febrero de 1939, primero en camiones hasta Perpiñán, vía Valencia y Barcelona, y luego en tren hasta Ginebra, las obras más importantes del madrileño Museo del Prado, entre ellas Las Meninas, viajan hasta la ciudad suiza para quedar bajo protección de la Sociedad de Naciones hasta el término de la guerra. No fue una estancia larga, apenas dos meses después, fueron devueltas a España.
El Consejo de Ministros de ayer viernes acordó conceder a los nueve museos de todo el mundo que conformaron el Comité encargado de la organización y traslado de los cuadros (el Louvre de París, la National Gallery, el Tate, y la Wallace Collection de Londres, el Museo de Arte e Historia de Ginebra, el Rijkmuseum de Ámsterdam, el Metropolitan de Nueva York, los Museos Reales de Bellas Artes de Bruselas y los Museos Nacionales Franceses), la Orden de las Artes y las Letras en agradecimiento a esa gestión, que permitió salvar para la Humanidad un patrimonio cultural y artístico de incalculable valor..
Es una hermosa noticia que me confirma en mi sentimiento de que es el Arte y la Cultura lo que nos hace más genuinamente humanos, sin acepciones de raza, nacionalidad, ideología o creencias,
Les recomiendo la lectura del reportaje que en El País de hoy publica al respecto Jesús Ruiz Mantilla, titulado Tributo a los rescatadores del Prado. Dice así:  El Gobierno español salda su deuda con los museos que salvaron de la guerra los tesoros de la pinacoteca - Les condecora con la Orden de las Artes y las Letras..
La deuda tiene siete décadas. La contrajo una nación con un puñado de decididos héroes fanáticos del arte, poco dados a pensar que el genio tiene que ver con las nacionalidades o los pasaportes. Doce responsables de nueve museos de todo el mundo, después de días de lucha, negociación y tensión, lograron hacer trasladar en 71 camiones las obras maestras del Museo del Prado por la frontera con Francia para cargarlas en un tren desde Perpiñán hasta Ginebra. Fue en febrero de 1939.
La pinacoteca madrileña conserva hoy lo que lleva dentro, de Las Meninas a La carga de los mamelucos, entre otras cosas, por la acción de un comité internacional compuesto por representantes de nueve museos de todo el mundo que, alentados desde París por José María Sert, lograron que una colección que había emprendido una fuga nómada al principio del conflicto quedase a salvo en la Sociedad de Naciones de Ginebra.
Este lunes, en un homenaje con representantes de aquellos museos -Louvre, National Gallery, Tate, Wallace Collection de Londres, Museo de Arte e Historia de Ginebra, Rijkmuseum de Ámsterdam, Metropolitan de Nueva York, Museos Reales de Bellas Artes de Bruselas y Museos Nacionales Franceses-, el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, les impondrá la Orden de las Artes y las Letras, otorgada ayer en el Consejo de Ministros. Después se inaugurará la exposición Arte salvado en plena calle y por la tarde dará comienzo el congreso internacional Patrimonio, guerra civil y posguerra, dirigido por Arturo Colorado, experto de la Universidad Complutense, y organizado por la Sociedad Española de Conmemoraciones Culturales (SECC).
Fue un éxodo con final incierto. Un viaje sin rumbo fijo que terminó con la misión cumplida: salvar de los bombardeos y el saqueo las obras maestras, entre las que había 525 cuadros, 180 dibujos y las joyas del Tesoro del Delfín. El Gobierno de la República encargó en un principio la misión de sacar todo de allí a María Teresa León, esposa de Rafael Alberti. "Pero si hay un protagonista de principio a fin en toda esta historia ése es Timoteo Pérez Rubio, responsable de la Junta del Tesoro Artístico", comenta Colorado. Su labor desde el principio fue la que acabó implicando al comité: "Ellos vinieron a avalar internacionalmente el trabajo que realizaron en España los responsables de la Junta y que produjo el milagro de que hoy conservemos estas obras maestras", afirma Miguel Zugaza, director del Prado.
Las obras no podían ser guardadas en los sótanos del museo ni en los del Banco de España porque se había demostrado que la humedad las dañaba. La determinación del Gobierno fue fundamental. "Se hizo muy bien. Hay que actuar con la cabeza fría en esas circunstancias", asegura Judith Ara, coordinadora de conservación del Prado. El propio Manuel Azaña se ocupaba personalmente y tenía las obras bajo custodia. Él mismo dijo a Juan Negrín: "El Museo del Prado es más importante para España que la Monarquía y la República juntas".
Los tesoros viajaron primero hacia Valencia. De ahí a Barcelona y de la capital catalana a Figueres. "Allí se guardaron en tres lugares: el castillo de Perelada, el de San Fernando y en la mina de Talco", relata Colorado, que ha investigado el tema en su libro Éxodo y exilio del arte (Cátedra). Apenas sufrieron daños. "Tan sólo Los fusilamientos del 2 de mayo, que fue rasgado por un balcón a su paso por un pueblo. Son sus heridas de guerra", declara Zugaza.
Pero no siempre el compromiso internacional fue decisivo. De hecho, María Teresa León ataca duramente a los responsables de pinacotecas europeas por desentenderse al principio de la guerra. "Es en 1939 cuando se produce el cambio. Fueron los responsables de los museos a título personal y poniendo dinero de sus bolsillos los que finalmente negociaron con el Gobierno de la República en retirada la necesidad de trasladar las obras a Ginebra. Eso les da todavía mucho más mérito", asegura Colorado.
El 3 de febrero de 1939 se firmó el acuerdo. Había que conseguir camiones. Los franceses no los proporcionaban. "No sé cómo, el Gobierno se hizo con ellos dentro de España, desalojando soldados y ciudadanos en retirada en circunstancias dramáticas", relata Colorado. Durante cuatro días seguidos, los 71 vehículos partieron hacia Perpiñán, donde se cargarían en un tren hasta Ginebra para pasar a custodia de la Sociedad de Naciones. Quedaron depositadas allí con la condición de no ser devueltas hasta que terminara el conflicto.
La acción marca un precedente histórico. "El del concepto de Patrimonio de la Humanidad. Es la primera vez que representantes de varios países se ponen en marcha coordinadamente para salvar algo que consideran un bien universal", aduce Colorado. "Fue fundamental para el resto de conflictos bélicos", agrega Zugaza. "Los métodos fueron novedosos y sirvieron después para legislar en ese sentido", cree Judith Ara.
Pero todo tiene sus sombras. El acuerdo finalmente no se respetó. "No, porque el Gobierno de Franco reclamó las obras en marzo y le fueron entregadas en 28 de ese mes, días antes del final", comenta Colorado. Varios cuadros no salieron hasta meses más tarde. Los nacionales acordaron con el cantón de Ginebra que podían realizar una exposición. Se hizo entre junio y agosto aunque la mayoría de las obras fue regresando hacia Madrid. Fue un éxito: 400.000 personas visitaron la muestra y Hitler quiso hacer con ellas una similar en Berlín. Pero cuando se recuperó el tesoro no hubo cuentas a pagar. "Sert escribió insistentemente al Gobierno de Franco para que se abonaran los gastos de traslado al menos al comité. Para él era una deuda moral", según Colorado.
Pero Francisco Franco, que consideraba a ese comité de salvación colaboracionista con los republicanos, no hizo ni caso. El 7 de septiembre regresaron las obras a Madrid. Las conducía un tren que de noche llevaba las luces apagadas para no ser atacado. Se salvaron así de otro conflicto. Justo una semana antes, el primero de septiembre, había comenzado la II Guerra Mundial. Espero que lo disfruten. Y sean felices, por favor. Tamaragua, amigos. HArendt











El poema de cada día. Hoy, El director, de T. S. Eliot (1888-1965)

 









EL DIRECTOR


Desdicha al desdichado Támesis

Que fluye tan cerca del Espectador

El director

Conservador

Del Espectador

Corrompe la brisa

Los accionistas

Reaccionarios

Del Espectador

Conservador

Con los brazos enlazados

Dan vueltas

A paso de lobo.

En un desagüe

Una niña

En harapos

De nariz achatada

Mira

Al director

Del Espectador

Conservador

y muere de amor.


T. S. Eliot (1888-1965)

Poeta estadounidense












Las viñetas de humor de hoy sábado, 7 de septiembre de 2024

 




















viernes, 6 de septiembre de 2024

De las entradas del blog de hoy viernes, 6 de septiembre de 2024

 





Hola, buenos días de nuevo a todos y feliz viernes, 6 de septiembre de 2024. Resulta imperativo asumir el reto de transformar el sistema judicial para que sea más eficaz y de mayor calidad, comenta en la primera de las entradas del blog de hoy la politóloga Gemma Ubasart, y no es un problema de dedicarle más dinero. En la segunda de ellas, un archivo del blog de diciembre de 2008, el autor del blog calificaba también al sistema judicial español de auténtico cáncer de la democracia, y aportaba una serie de sugerencias para mejorarlo. En la tercera, va un poema titulado Poema del vino del poeta sefardí de Al-Andalus Semuel ibn Nagrella, del siglo X. Y la cuarta, como siempre, son las viñetas de humor de hoy. Espero que todas ellas les resulten interesantes. Y ahora, como decía Sócrates, nos vamos. Nos vemos mañana si la diosa Fortuna lo permite. Sean felices, por favor, o al menos inténtenlo. HArendt









De una estructura judicial del siglo XIX

 






Resulta imperativo asumir el reto de transformar el sistema judicial para que sea más eficaz y de mayor calidad, comenta la politóloga Gemma Ubasart, y no es un problema de dedicarle más dinero [Tenemos una justicia del siglo XIX para problemas del siglo XXI. El País, 02/09/2024]. Cuando se habla de sistema de justicia, la doctrina suele diferenciar dos ámbitos: el poder judicial, esto es, el desarrollo de las competencias jurisdiccionales, que correspondería a jueces y magistrados, y al Consejo General del Poder Judicial como órgano de gobierno; y la administración de la Administración de justicia, que tiene que ver con la gobernanza del sistema y, en concreto, la gestión de infraestructuras, tecnologías de la información y personal no judicial, responsabilidad del Ejecutivo. Si bien el primer ámbito está presente en la conversación pública, el segundo no ha tenido, incomprensiblemente, demasiada presencia en la arena política partidista ni mediática.

Una simple exploración del sistema descubre importantes problemas estructurales: la falta de personal judicial y su alta movilidad, el colapso en muchos juzgados, la escasez de oficinas de atención a las víctimas o las dificultades en la digitalización, por poner algún ejemplo. Ahora bien, esta carencia de recursos no acaba de casar con los indicadores presupuestarios. Actualmente, el ministerio y las comunidades autónomas con competencias transferidas destinan unos 4.200 millones anuales a la justicia: la Comisión Europea para la Eficacia de la Justicia (CEPEJ) señalaba en su informe de 2022 (con datos de 2020) que el gasto en el Estado español era de 87,9 euros por habitante, por encima de la media de los países del Consejo de Europa (78,1 euros) y superior a países del entorno como Francia o Italia. Parece que la nada desdeñable inversión no acaba de generar los rendimientos esperados.

Aunque un mayor margen presupuestario es necesario, sobre todo en un contexto de transición y con retos históricos que solucionar, el buen funcionamiento del sistema judicial no se va a conseguir solo con estrategias de incremento. Tenemos un modelo ideado en el siglo XIX, que se consolida y materializa en el XX, y que tiene que hacer frente a problemas y necesidades del XXI. Asumir el reto de innovar y transformar para conseguir unas mayores eficiencia, eficacia y calidad debería ser imperativo para las administraciones públicas y los operadores jurídicos. No hay más excusas para “conservar”. Nos jugamos el buen funcionamiento de un servicio esencial para el sostenimiento del Estado de derecho.

Así pues, en primer lugar destaca la necesidad de reformas organizativas: el modelo decimonónico de juzgados unipersonales, cuyo titular trabaja solo y sobre un amplio abanico de asuntos, va siendo reemplazado por una mayor especialización, un trabajo colaborativo y la mancomunación del apoyo judicial. Y con mayor proximidad en la primera atención y los trámites sencillos.

En segundo lugar, la imprescindible digitalización, aún no complementada, no puede limitarse al hecho de trabajar con expedientes electrónicos y acceso a comunicaciones on line: se requiere transformar la propia manera de trabajar y de relacionarse entre los operadores y con la ciudadanía.

En tercer lugar, apostar por devolver el conflicto a las partes. Esta apuesta requiere de estrategias de amplio espectro, desde fomentar la acción comunitaria y la construcción de una ciudadanía densa que pueda facilitar la gestión de ciertos conflictos sociales, al desarrollo de la mediación y otros sistemas alternativos para su resolución en ámbitos tan distintos como el familiar, el empresarial o el administrativo —sea promovida a nivel extrajudicial o intrajudicial—; o la introducción de la justicia restaurativa en el ámbito penal. Un cambio cultural de enorme envergadura. La justicia será cada vez menos sinónimo de sistema judicial.

En cuarto lugar, en un contexto de complejidad y especialización crecientes se requiere de equipos psicosociales, criminológicos y forenses que acompañen a las víctimas y asesoren a los operadores. Algunos de ellos deberán trabajar, o hasta conformarse, en colaboración con otros ámbitos sectoriales y niveles institucionales.

Y, finalmente, ha llegado el momento de repensar la demarcación y la planta. La circunscripción judicial que hoy tenemos se fundamenta en la dibujada hace casi dos siglos, cuando íbamos a pie o en carro y no existía la estructura urbana actual. Explorar la superación de las fronteras de algunos partidos judiciales para aumentar el porcentaje de ciudadanía atendida por los juzgados especializados en violencia sobre la mujer puede ser un primer paso para una profunda reorganización territorial del sistema.

Un buen funcionamiento de la justicia es básico para una sociedad convivencial, cohesionada y segura, e imprescindible para el dinamismo de la economía productiva. Si queremos caminar en esa dirección, resulta indispensable abordar las reformas y transformaciones del sistema con valentía y ambición. Y con radicalidad: ir a la raíz del problema.

Albert O. Hirschman exponía que frente a escenarios de cambio de época surgen pulsiones conservadoras que se pueden sintetizar en tres tesis: perversidad, futilidad y riesgo. La tesis de la perversidad del cambio apunta a la lógica de la fatalidad. Parte de la idea de que todo cambio empeora la situación de partida, interpretación que llevaría a forjar estrategias de inmovilismo y resistencia. Pero las dimensiones de cambio de época pueden ser leídas también como coordenadas de mejora y progreso, de adaptación de un sistema a su tiempo. Esta debería ser la sintonía que atravesara leyes y políticas públicas de la Administración de justicia que viene. Y para eso se requiere de una amplia implicación de instituciones, actores políticos y operadores jurídicos. Gemma Ubasart González es profesora de Ciencia Política de la Universidad de Girona y exconsejera de Justicia, Derechos y Memoria de la Generalidad de Cataluña.












La justicia: el cáncer de la democracia española. [Archivo del blog. 29/12/2008]

 





El cáncer que corroe de arriba a abajo la democracia española no es la institución monárquica, que la preside, y que cumple con absoluta normalidad, eficacia y discreción el papel que la Constitución le otorga; tampoco lo es su régimen autonómico, manifiestamente mejorable, pero que ha devuelto a los territorios y pueblos de España un protagonismo que nunca debieron perder; ni sus fuerzas armadas, que se han ganado con sus misiones de paz (y de guerra) bajo el amparo de las Naciones Unidas y demás organizaciones internacionales el respeto y la admiración de su pueblo; ni los partidos políticos, sindicatos y organizaciones empresariales, sin cuya existencia la situación estaría aún peor de lo que está; ni sus administraciones públicas, quizá sobredimensionadas, pero con un satisfactorio grado de eficiencia...

El cáncer terminal de la democracia española lo constituye su sistema judicial: anquilosado, burocratizado, decimonónico, ineficaz, y por si le faltara algo, y como se acaba de ver, ¿corporativista?, aunque éste sea un mal endémico muy característico de los altos cuerpos funcionariales españoles (y los jueces lo son, con preeminencia). Desde luego no son ellos, los jueces, los únicos responsables de la situación, y aunque casos como el del juez Calamita, de Murcia, que pone a Dios (su Dios) por encima de las leyes que está obligado a cumplir y hacer cumplir; o el del juez Tirado, de Sevilla, irresponsable por lo que parece del desastre organizativo de su oficina judicial que ha costado la vida de una niña, nos hagan dudar de la clase de elementos a los que la democracia española confía la misión de ejercer el poder judicial del Estado.

Por una vez, y sin que vaya a servir por desgracia de precedente, gobierno y oposición están de acuerdo en el diagnóstico de que el sistema judicial no funciona. ¿Sería mucho pedir que se pusieran de una vez por todas a su reforma en profundidad?

Lo que sigue son opiniones personales del que suscribe y, lógicamente, criticables, pero entiendo que en esa hipotética reforma hay algunas cuestiones que deberían de estar ya, a estas alturas, meridianamente claras para todos:

1.- La misión de los jueces no puede seguir siendo la de instruir procedimientos. Los jueces están para juzgar y hacer ejecutar lo juzgado, para hacer que se cumpla la ley, y para proteger los derechos de las partes, incluyendo los de los acusados. Y los fiscales, a investigar, instruir y a poner ante los jueces, en nombre del pueblo, a los que infrinjan la ley.

2.- Todos los procesos de ámbito penal, y aquellos civiles en que por la relevancia o el cargo de los implicados o por la cuantía económica en litigio así lo determine la ley, deberían ser resueltos por el procedimiento del jurado, con la única obligación por parte de éste, de decidir, por su propio concurso, sobre la culpabilidad o inocencia del acusado.

3.- Todos los tribunales colegiados, en especial las Audiencias Provinciales, y los Tribunales Superiores de Justicia de las Comunidades Autónomas y el Tribunal Supremo deberían reconvertirse en tribunales unipersonales.

4.- Los Tribunales Superiores de Justicia de las Comunidades Autónomas deberían ser los órganos de casación y apelación en última instancia en cuanto se refiera al Derecho emanado de la propia Comunidad Autónoma. En cada uno de esos Tribunales existiría una sala, colegiada, encargada de dilucidar los recursos de revisión, contra sentencias de los órganos unipersonales del propio Tribunal Superior de Justicia, y de la unificación de doctrina sobre sentencias emanadas del Derecho propio de la Comunidad.

5.- Al Tribunal Supremo de Justicia le correspondería la misma función que a los TSJ de las Comunidades Autónomas, pero únicamente en lo que respecta al Derecho emanado de los órganos del Estado.

6.- Establecer en la ley las condiciones taxativas en que, en función del propio hecho o de la cuantía económica del mismo, una sentencia se puede recurrir ante la instancia judicial superior. Estas solo serían dos: el Tribunal Superior de Justicia de la Comunidad Autónoma, y en su caso, el Tribunal Supremo de Justicia.

7.-. El Tribunal Supremo de Justicia solo vería los recursos de casación determinados por la ley,  de forma restrictiva, y aquellos otros que decida asumir como propios a efectos de unificación de criterios jurisprudenciales una vez agotadas todas las instancias judiciales previas. La decisión de admitir el recurso, a petición de las partes, correspondería a una sala especial del Supremo distinta de aquella que hubiera de resolverlo. 

8.- Centralizar la administración de justicia y sus tribunales ordinarios en las capitales de provincia y en las aquellas ciudades que la ley determine.

9.-.Tanto los Tribunales Superiores de Justicia de las Comunidades Autónomas como el Tribunal Supremo de Justicia funcionarían mediante salas de tribunales colegiados de tres jueces.

9. En cualquier caso todos los procesos serían gratuitos para las partes, a salvo lo que determinen las sentencias sobre el pago de las costas cuando observen mala fe por parte de los litigantes.

¿Qué, nos ponemos a ello, señoras y señores togados circunspectos? Sean felices, por favor, a pesar de todo lo malo que nos rodea. HArendt










El poema de cada día. Hoy, Poema del vino, de Semuel ibn Nagrella (993-1055)

 






POEMA DEL VINO


Vierte la sangre de uvas en copas de cristal puro,

como fuego apresado en el granizo,

y bebe, cuando trinan las aves al alba,

el zumo que brilla en el vaso como la luz.

Su aspecto es rojo y agrada a quien lo bebe;

se elabora en España, y a la India llega su aroma.

Y no dejéis descansar al vino por las noches,

apagad la candela, ¡que os iluminen vuestras copas,

que en la tumba no hay cantos, ni vino, ni amigos!


Amigo mío, ¿cuándo vendrás a beber mi vino?

El canto del gallo me ha despertado,

no hay sueño en mis pupilas.

Salid a ver por el Oriente

la luz del alba como un hilo escarlata.

Daos prisa, antes que se alce la aurora,

y escanciadme en la copa

mosto oloroso y zumo de granada.


El escanciador llenaba la copa de rubíes,

la ponía sobre una cesta de mimbre multicolor

y la enviaba por el agua al que quería beber,

como a un novio, cual novia, en una litera.


Este vino debería quedar bien guardado,

encerrado en escondrijos sellados

para el que beba con alegría los zumos de la uva

y coja la copa con manos expertas;

para el que observe las normas escritas sabiamente

y tema el castigo después de la muerte.


Semuel Ibn Nagrella (993-1055)

Poeta sefardí de Al-Andalus









Las viñetas de humor de hoy viernes, 6 de septiembre de 2024