sábado, 19 de julio de 2025

DE LAS ENTRADAS DEL BLOG DE HOY SÁBADO, 19 DE JULIO DE 2025

 





Hola, buenos días de nuevo a todos y feliz sábado, 19 de julio de 2025. Mientras la política se ahoga en el fango que produce, un puñado de actores y dos dramaturgas apuntan al verdadero corazón de las tinieblas en que vivimos, comenta en la primera de las entradas del blog de hoy el escritor Sergio del Molino. En la segunda, un archivo del blog de tal como hoy del pasado año, el historiador José Andrés Rojo escribía lo siguiente: Cuando Marguerite Yourcenar le da la palabra a Adriano para que le cuente a Marco Aurelio, a quien había adoptado como nieto, las cosas que le pasaron, el emperador tiene 60 años. Ya le queda poco, se ha hecho cargo ya de su vida como de una derrota aceptada, padece una hidropesía del corazón. Por delante no hay mucho, por detrás quedan un montón de historias, desgarros y alegrías, momentos de urgencia y de dicha, tiempo para las palabras, el estudio y el conocimiento, para los amores y los sueños y los proyectos, para el dolor y la soledad. El poema del día, en la tercera, se titula Tiempo de espera, es del poeta español Julián Andúgar y comienza con estos versos: Si echan ceniza sobre tu cabeza,/tú mientras, vieja España,/sillar de la paciencia,/alza esa cara. Y la cuarta y última, como siempre, son las viñetas de humor, pero ahora, como decía Sócrates, "Ιωμεν" (toca marchar); volveremos a vernos mañana si las Euménides y la diosa Fortuna lo permiten. Sean  felices, por favor. Tamaragua, amigos míos. HArendt














DE TORRE PACHECO Y FUENTEOVEJUNA

 






Mientras la política se ahoga en el fango que produce, un puñado de actores y dos dramaturgas apuntan al verdadero corazón de las tinieblas en que vivimos, comenta en El País [Torre Pacheco y Fuenteovejuna, 16/07/2025] el escritor Sergio del Molino. Entre Almagro y Torre Pacheco, comienza diciendo Del Molino, hay unos 350 kilómetros de meseta y sierra que, el pasado fin de semana, dieron la medida entre dos Españas que se extrañan y se miran con progresiva distancia, reconociéndose cada vez menos. Mientras en Torre Pacheco empezaban los disturbios de este ensayo de pogromo organizado por escuadrones siniestros, en Almagro se representaba una nueva versión de Fuenteovejuna que se erigía como el mejor análisis de los hechos. Porque han sucedido tantas veces en la historia, que un comediante del siglo XVII los comprende mejor que el más laureado de los sociólogos.

El montaje de Fuenteovejuna, adaptado por María Folguera y dirigido por Rakel Camacho para la Compañía Nacional de Teatro Clásico, elude la glorificación del pueblo rebelde y explora las metamorfosis que causa la violencia. Cuando la justicia se expresa como venganza, y la sentencia, como turba, el pueblo retrocede a una animalidad furiosa que destruye la idea misma de comunidad. Incluso aunque el tiranicidio parezca moral. No hay luz ni razón en la violencia: todo el que la prueba se pierde.

La puesta en escena del clásico ―que respeta el texto de Lope con todo su verso, pero que le hace decir cosas distintas a las que acostumbrábamos a entender— refuta ese lugar común del teatro y la cultura como evasiones que dan la espalda al mundo alrededor. Mientras la política se ahoga en el fango que produce, el Parlamento deviene corrala de gritos, las discusiones públicas se enredan en memeces y los dos grandes partidos españoles hacen un ridículo solipsista y enajenado, un puñado de actores y dos dramaturgas apuntan al verdadero corazón de las tinieblas en que vivimos.

No es extraño que los mismos ultras que jalean a los matones que aterrorizan a Torre Pacheco tengan en su punto de mira a una cultura capaz de desnudar su brutalidad hasta dejarla en carne y jirones cavernícolas, libre de coartadas ideológicas. Si a Vox le obsesiona controlar el ministerio y las consejerías de cultura no es solo para cortarles el grifo a los “pijoprogres subvencionados” (sic), sino para romper todos esos espejos incomodísimos. No soportan que las palabras de Lope de Vega se usen como arma contra ellos. También podríamos usar las de Cervantes, las de Teresa de Ávila, las de Juan de la Cruz, incluso las de Quevedo. Todo el Siglo de Oro, cimiento de la gloria hispánica para los patriotas más rancios y de voz más colérica, se alza estos días en Almagro contra ellos. Es natural que teman a esos pijoprogres que empiezan a plantear batallas con armas más contundentes que los palos y las navajas. 





















[ARCHIVO DEL BLOG] SOBRE LOS MUNDOS SIN DIOSES. PUBLICADO EL 19/07/2024

 






Cuando Marguerite Yourcenar le da la palabra a Adriano para que le cuente a Marco Aurelio, a quien había adoptado como nieto, las cosas que le pasaron, el emperador tiene 60 años. Ya le queda poco, se ha hecho cargo ya de su vida como de una derrota aceptada, padece una hidropesía del corazón. Por delante no hay mucho, por detrás quedan un montón de historias, desgarros y alegrías, momentos de urgencia y de dicha, tiempo para las palabras, el estudio y el conocimiento, para los amores y los sueños y los proyectos, para el dolor y la soledad, escribe en El País [En un mundo sin dioses, 19/07/2024] el historiador José Andrés Rojo. Yourcenar, comienza diciendo Rojo, en las notas que acompañan a la novela, recoge una observación que leyó en 1927 en una carta de Flaubert: “Cuando los dioses ya no existían y Cristo no había aparecido aún, hubo un momento único, desde Cicerón hasta Marco Aurelio, en que solo estuvo el hombre”. Se quedó con esa frase, se propuso entenderla hasta sus últimas consecuencias. Es lo que fue haciendo a retazos con Adriano, empezó con toda su energía entre sus 20 y 25 años de edad, y destruyó cuanto había escrito entonces (pero que ya lo contenía todo). Luego volvió a intentarlo hacia 1934, pero abandonó de nuevo entre 1939 y 1948. Siguió avanzando, siguió rompiendo papeles. Memorias de Adriano (Círculo de Lectores) se publicó por fin en 1951.
Al principio del libro, Adriano le explica a Marco que recorre de nuevo su vida “en busca de su plan” y le confiesa que no le parece esencial “haber sido emperador”. Hay otra cosas que le importan más de cuantas le han sucedido, pero lo que resulta difícil imaginar ahora, en esta época atestada de religiones de baratillo y de santurrones que todo el rato se están plegando a los grandes designios de los partidos, los movimientos sociales, las iglesias y las redes sociales, es cómo pudo Yourcenar meterse en la piel de un hombre solo en un mundo sin dioses.
Adriano fue militar, vivió largas épocas en la frontera, peleando constantemente con los bárbaros. Se dio cuenta de que podía ser despiadado, fue un buen jefe, alcanzó la gloria. “Las huellas de nuestros crímenes eran visibles en todas partes”, dice en algún momento cuando se refiere al avance de las legiones. Explica también que sus verdaderas patrias fueron los libros, que se sintió griego antes que nada (aunque hubiera nacido en Itálica). A los 28 años se casó con la sobrina nieta de Trajano. Fue gobernador en Siria. Trajano lo nombró su sucesor y se convirtió en emperador cuando tenía 40 años. “Quería el poder. Lo quería para imponer mis planes, ensayar mis remedios, restaurar la paz. Sobre todo lo quería para ser yo mismo antes de morir”.
Escribe también Yourcenar en sus notas que “todo se nos escapa, y todos, y hasta nosotros mismos”, que reconstruir cualquier vida es atender a unas cuantas “imágenes flotantes”, que al final no son más que “muros en ruinas, paredes de sombra”. Adriano amó a Antinoo y lo perdió. También logró establecer un tiempo de paz, lo que pretendía era, por ejemplo, “que el viajero más humilde pudiera errar de un país, de un continente al otro, sin formalidades vejatorias, sin peligros, por doquiera seguro de un mínimo de legalidad y de cultura”. “A cada uno su senda”, no hay otra fórmula en un mundo sin dioses. Y decía Adriano que vamos pasando, que acumulamos experiencias y que luego un día nos moriremos. Cuando llega el verano, observa, buscamos un lugar bajo las sombra de un plátano. Pues eso. José Andrés Rojo es historiador.
















EL POEMA DE CADA DÍA. HOY, TIEMPO DE ESPERA, DE JULIÁN ANDÚGAR

 







TIEMPO DE ESPERA





Si echan ceniza sobre tu cabeza,
tú mientras, vieja España,
sillar de la paciencia,
alza esa cara.

Si vienen otro día
tasando tus arenas,
tú, en tu casa;
hila que hila, por dentro, 
la hebra de la verdad
de tus pueblos. Vuelve
a ellos la mirada.

(No resisto, los muerdo;
hundo mis dientes: Ronda,
Tordesillas de Alba
aún enloqueciendo
bajo ojivas doradas;
Morella cabalgando
hacia tu mar. Arriba,
con el fuego y el símbolo,
Berga prestidígita.)

Sentada en tu portal
de hermosa piedra, 
deja correr el oro
de envenenadas aguas.

Mira hacia dentro, y mira
la cal de tus paredes
y la tierra cocida de tus tapias.

No necesitas más.
Tus hijos, y una alcuza,
para las noches largas,
te bastan.

Lejos, por soleares
-digo los que se tardan-,
por aquí, los que nunca
salimos de tus faldas,
haremos que no ceda
ni se apague la llama.

Si alguien tu voz suplanta,
y arrienda tu miseria, 
con tus serios pastores
ha de verse la cara.

En tu portal de piedra
-hijos tienes y amor-,
en tus pueblos, espera.





JULIÁN ANDÚGAR (1917-1977)
poeta español




















DE LAS VIÑETAS DE HUMOR DE HOY SÁBADO, 19 DE JULIO DE 2025

 











































viernes, 18 de julio de 2025

DE LAS ENTRADAS DEL BLOG DE HOY VIERNES, 18 DE JULIO DE 2025. 89º ANIVERSARIO DEL INICIO DE LA GUERRA CIVIL (1936-1939)

 





Hola, buenos días de nuevo a todos y feliz viernes, 18 de julio de 2025, 89º aniversario de la última y más dolorosa de las guerras civiles que hemos padecido los españoles a lo largo de nuestra historia No somos los únicos. Europa ha sido durante siglos una permanente guerra civil entre pueblos y naciones hermanos. Conviene recordarlo para evitar toda tentación de reabrirlas. La variante más extrema del capitalismo desastre, comenta en la primera de las entradas del blog de hoy la escritora Marta Peyrano, protagoniza el informe que Francesa Albanese, relatora de Naciones Unidas para los Territorios Ocupados Palestinos presentó, antes de ser sancionada por el gobierno de Trump. En la segunda, un archivo del blog de junio de 2020, reproducía una interesante aportación del historiador Eduardo González Calleja, dedicada a las diferentes formas de abordar por los historiadores la represión durante la guerra civil y la postguerra española. El poema del día, en la tercera, se titula Romance, está escrito por el poeta Luis Felipe Vivanco, y comienza con estos versos: Contigo, tierra de España,/contigo y solo contigo./Mañana contigo muerto,/pero hoy ya contigo vivo. Y la cuarta y última, como siempre, son las viñetas de humor, pero ahora, como decía Sócrates, "Ιωμεν" (toca marchar); volveremos a vernos mañana si las Euménides y la diosa Fortuna lo permiten. Sean  felices, por favor. Tamaragua, amigos míos. HArendt











DE LA ECONOMÍA DEL GENOCIDIO

 







La variante más extrema del capitalismo desastre protagoniza el informe que Francesa Albanese presentó, antes de ser sancionada por el gobierno de Trump, comenta en El País [Vuelve la economía del genocidio, 14/07/2025] la escritora Marta Peyrano. El orden del día, comienza diciendo Peyrano, la breve novela histórica con la que Éric Vuillard ganó el Goncourt en 2017, empieza con la reunión secreta de 24 industriales alemanes con el presidente del Reichstag, Hermann Göring, y el nuevo canciller. Están los dueños de Opel, Krupp, Siemens, IG Farben, Bayer, Telefunken, Agfa y Varta. Faltan exactamente trece días antes de las elecciones de marzo de 1933. Allí le dan el dinero para financiar la campaña que lleva a los nazis al poder. Semanas después, aprobarán la ley de “habilitación’ que permitirá a Hitler promulgar leyes sin interferencia del presidente o del parlamento. En 1938 anunciarán la anexión “pacífica” de para la “reunificación del pueblo alemán”.

Los broligarcas alemanes se beneficiaron mucho de esa reunión. El nazismo acabó con los sindicatos, reprimió la competencia, y aportó generosos contratos para construir el “esfuerzo de guerra total”. Los CEO confiscaron propiedades, fábricas y recursos en los países ocupados y aprovecharon la mano de obra de los campos de concentración. Francesca Albanese, académica, abogada y relatora especial de Naciones Unidas para los derechos humanos en los territorios ocupados de Palestina desde 2022, lo llama la Economía del Genocidio. Es el tema del informe que ha provocado la sanción de EEUU.

En su primer informe, Genocidio como Borrado Colonial. Albanese argumentaba que tanto la ocupación como la guerra son parte de una operación colonial de desplazamiento forzado y reemplazo sistemático de Palestina para constituir el Eretz Yisrael. La Tierra Prometida por Dios al pueblo de Israel en la Biblia hebrea es el argumento sionista para reclamar todos los territorios entre el río Jordán y el Mediterráneo. El segundo se titula De la economía de la ocupación a la economía del genocidio, y describe la maquinaria corporativa que impulsa y facilita ese proyecto colonial.

El entramado incluye fabricantes de armas, pero también a los productores de energía y compañías de construcción necesarios para ejecutar el reemplazo. Por ejemplo, los bulldozers de Hyundai, Volvo o Caterpillar Inc. que llegan a pulverizar lo que queda de los hogares e infraestructuras palestinas y preparar el suelo para su reconstrucción. Después están los “facilitadores”; bancos y fondos de inversiones que han comprado los bonos del tesoro que Israel emitió para financiar la guerra, inflando su valor. Las acciones de las empresas listadas en la bolsa de Tel Aviv han subido el 179% desde el inicio del asalto en Gaza. Han ganado 157.900 millones de dólares, mientras la población local se enfrenta al paro, esquiva misiles y navega la inflación.

Entre los facilitadores hay universidades de prestigio internacional como el MIT o el TUM de Munich, porque colaboran con empresas de defensa o tecnológicas en el desarrollo de sistemas de control, seguimiento, represión y destrucción de la vida civil palestina. Y a Microsoft, IBM, Palantir, Amazon y Google, que han aportado sistemas de vigilancia y reconocimiento biométrico, para sus circuitos cerrados de vigilancia, muros inteligentes, y drones autónomos letales.

Los Relatores Especiales están protegidos por la Convención sobre los Privilegios e Inmunidades de la ONU desde 1946, precisamente para garantizar que los regímenes autoritarios no puedan sancionarlos o encarcelarlos por hacer su trabajo. Si Trump y Netanyahu consiguen acabar con su investigación, la economía del genocidio crecerá sin obstáculos ni testigos. Marta Peyrano es escritora y periodista.



















[ARCHIVO DEL BLOG] LA REPRESIÓN DURANTE LA GUERRA CIVIL Y LA POSGUERRA ESPAÑOLA. PUBLICADO EL 10/06/2020












Reproduzco en esta ocasión, en la sección del blog dedicada a la Historia, una interesante aportación del profesor Eduardo González Calleja, catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad Carlos III de Madrid, dedicado a las diferentes formas de abordar la represión durante la guerra civil y la postguerra española, que a pesar del tiempo transcurrido desde su publicación no ha perdido actualidad. Lo hacía en un artículo [De campos, cárceles y checas. Maneras de ver la represión durante la Guerra Civil y la posguerra. Revista de Libros, marzo 2004], en el que reseñaba dos publicaciones de aquellos momentos que abordaban el tema desde ópticas diferentes. La primera: "Una inmensa prisión. Los campos de concentración y las prisiones durante la Guerra Civil y el franquismo", de Carme Molinero, Margarida Sala y Jaume Sobrequés (Barcelona, Crítica, 2004); la segunda: "Checas de Madrid. Las cárceles republicanas al descubierto", de César Vidal (Barcelona, Belacqua/Carrogio, 2004).
"El estudio de la represión política durante la Guerra Civil y el franquismo es una línea historiográfica que ha ido adquiriendo una creciente solidez en los últimos veinticinco años -comenzaba diciendo el profesor González Calleja-. La atención creciente que se otorga en la actualidad a la organización penitenciaria no debe explicarse sólo como una manifestación sectorial de la fascinación por los temas vinculados al control social y la represión, sino que obedece también a causas externas (el renovado interés que suscitan en Europa las grandes experiencias coactivas y genocidas de signo totalitario) y domésticas (la apertura de nuevas fuentes documentales, pero también el nuevo valor otorgado a los relatos autobiográficos). Todo ello ha permitido que los estudios sobre el mundo carcelario hayan transitado rápidamente desde las aproximaciones pioneras a los primeros grandes estados de la cuestión. Este último es el caso de Una inmensa prisión, que recoge las actas parciales del congreso «Los campos de concentración y el mundo penitenciario en España durante la guerra y el franquismo » que en octubre de 2002 reunió en Barcelona a más de doscientos investigadores nacionales y extranjeros.
La obra comienza por negar el paralelismo entre el sistema represivo nazi (que, como señala Michel Leiberich, creó los campos de concentración no como instituciones correctoras de delitos individuales, sino como «fábricas de la muerte» sobre colectividades) y el del franquismo, que no pretendió el exterminio físico deliberado, ya que el espíritu vindicativo de clase antepuso la explotación de los trabajadores, sobre cuyas espaldas recayó la tarea de reconstrucción nacional. El libro puede leerse a diversos niveles. Es, en primer lugar, un recorrido bastante omnicomprensivo por las sucesivas etapas del «universo carcelario»: desde los campos de prisioneros y los batallones disciplinarios de trabajadores de la guerra a las colonias penitenciarias y las cárceles de posguerra, con su diversidad de sistemas de explotación: talleres, destacamentos o colonias militarizadas, que proporcionaron el mayor contingente de trabajadores al Servicio Nacional de Regiones Devastadas, pero también a la Iglesia, la Falange o las empresas privadas. Javier Rodrigo, autor de una muy reciente obra sobre los campos de concentración de la guerra y la inmediata posguerra, nos muestra su evolución desde su puesta en marcha como solución provisional en la depuración ejercida sobre el Ejército Popular hasta sus sucesivas reestructuraciones con el fin de perfeccionar las tareas básicas de clasificación, exclusión, explotación y reeducación con tendencia totalitaria. Desde el otro lado de la frontera, Francesc Vilanova nos ofrece un diagnóstico de la errática política de los gobiernos franceses ante «la retirada» de 440.000 refugiados republicanos en marzo de 1939. Mientras que los últimos gobiernos galos de la preguerra aplicaron una política de extranjería supeditada a la preocupación por la seguridad nacional y el mantenimiento del orden público, la drôle-de-guerre obligó a que los campos fueran difuminando su perfil concentracionario y se adaptaran al esfuerzo de guerra con la incorporación de contingentes republicanos a las compañías de trabajadores extranjeros, a la Legión Extranjera y a los batallones de marcha. El régimen de Vichy mantuvo a su vez una actitud contradictoria, descartando repatriaciones masivas a España y favoreciendo la huida hacia América o la incorporación al mercado laboral a través del Service du Travail Obligatoire, pero también toleró la intromisión de la Gestapo, que condujo a la deportación de muchos republicanos hacia el mucho más nivelador y destructivo «universo concentracionario» nazi.
Ángela Cenarro hace un recorrido institucional desde la derogación de las reformas penitenciarias republicanas en los inicios de la guerra a la concesión del «derecho al trabajo» a los prisioneros con la creación en 1938 del sistema de Redención de Penas por el Trabajo. En la paulatina definición del «universo penitenciario » franquista, señala la incongruencia entre el paternalismo caritativo desplegado por curas y funcionarios, y la utilidad económica y propagandística derivada del sistema carcelario, que generó un fuerte desfase entre un proyecto regenerador y reeducativo de marcado corte autoritario y la realidad cotidiana de la arbitrariedad y la corrupción. Abundando en la caracterización de ese «universo carcelario», Ricard Vinyes propone su extensión al entorno familiar exterior, a las redes de intereses económicos, a las sociedades de beneficencia de la Iglesia y el Estado, y a las organizaciones políticas clandestinas. La función de este sistema no fue vigilar y castigar, sino doblegar y transformar, ejecutando un conjunto de operaciones sociales, políticas, culturales y económicas destinadas a obtener la transformación existencial completa de los reclusos y de sus familias, desposeyendo moral y materialmente a los mismos para destruir de ese modo su identidad colectiva.
Ejemplos ilustrativos de la heterogeneidad, provisionalidad y arbitrariedad del microcosmo penitenciario franquista son los que aportan cuatro estudios concretos. El testimonio de Nicolás Sánchez Albornoz sobre su experiencia como contable en el destacamento penal de Cuelgamuros pone de relieve que la redención de penas fue una importante fuente atípica de ingresos netos para el Estado, donde «la represión cedió su furor vengativo para crecer como negocio y abrir los brazos a la corrupción». Se trataba de liberar al Estado de la carga del mantenimiento de los presos y de generar ingresos en su calidad de mano de obra barata o gratuita sometida a innumerables motivos de exclusión. Esta singular función del Estado como proveedor de trabajadores para la empresa privada también queda de manifiesto en el trabajo de José Luis Gutiérrez Molina sobre la servidumbre casi medieval desplegada en las colonias penitenciarias militarizadas que participaron en las obras públicas y las subcontratas privadas para la construcción del Canal del Bajo Guadalquivir. En ocasiones, este tipo de prestaciones no reportaron sólo beneficios económicos, sino de otro tipo más sutil, como muestra el análisis de Francisco García Alonso sobre el batallón disciplinario puesto bajo la autoridad del arqueólogo falangista Martín Almagro Basch para realizar las campañas de excavaciones en Ampurias en 1940-1943. Por último, el estudio de Santiago Vega sobre la vida cotidiana (en sus diversas facetas de alimentación, horario, comunicaciones, cultura y propaganda, convivencia, disciplina, salud e higiene, trabajo o vida religiosa) en la Prisión Provincial de Segovia des- cribe con detalle los métodos empleados para lograr la paulatina disolución del concepto y de la identidad de prisionero político, «patologizando» la delincuencia política (objetivo de los estudios del psiquiatra Antonio Vallejo-Nágera) hasta asimilarla a una inadaptación que requería reeducación.
Un último nivel de lectura lo brindan los estudios sobre fuentes: Carles Feixa y Carme Agustí analizan los discursos autobiográficos y memorialistas (con una caracterización especial de los elaborados por mujeres) que se han ido multiplicando desde el final de la transición; María Campillo describe los testimonios literarios de narradores-supervivientes (Primo Lévi, Joaquim Amat-Piniella o Jorge Semprún) como el único arma de que disponen las víctimas en su búsqueda de justicia. Por último, Manel Risques hace un recorrido por los fondos documentales depositados en los archivos militares generales (Madrid, Segovia, Ávila o Guadalajara) y regionales, así como en los archivos judiciales ahora disponibles para la investigación, que están renovando completamente el estudio de la represión y de la violencia en las dos zonas combatientes durante la Guerra Civil y en el franquismo.
En su clásico Surveiller et punir, Michel Foucault advertía que el análisis de la prisión es fundamental para reflexionar sobre las relaciones de poder que se establecen entre el Estado y la sociedad. En ese sentido, el sistema penitenciario fue la plasmación más evidente e inmediata de esa política de exclusión social masiva desplegada por el Nuevo Estado, que ampliaba su radio de acción punitiva a los familiares, limitando sus ingresos, erosionando su patrimonio o arrebatando la tutela de los hijos. Una política de la sumisión que alcanzó un carácter tan indiscriminado que, como dice Sánchez Albornoz, «en materia de libertad, la cárcel y la calle se diferenciaban sólo en grado». Trabajos como el que analizamos tienen la virtud de mostrarnos el camino recorrido en poco tiempo y de plantearnos las eventuales líneas de investigación que deben ser profundizadas como un intento de evaluación global del beneficio económico que reportó al Estado la aplicación de la política de redención de penas por el trabajo en el contexto de la economía autárquica del régimen franquista.
Lamentablemente, no puede decirse lo mismo de la obra de Vidal, cuya falta de originalidad arranca desde su mismo título, tomado de una novela del periodista de ABC Tomás Borrás —el inventor del «complot comunista» de la primavera de 1936— que ni siquiera aparece aludida en la bibliografía final. Estamos ante un ejemplo señero del «método» de confección de libros que ha dado notoriedad a este escritor: una porción de páginas de relleno que envuelve la inanidad total a la hora de tratar el tema que es presunto objeto de análisis (sólo se dedican 26 páginas a la actividad «chequista » en Madrid de un total de 364); un aparato «crítico» repleto de notas improcedentes o de relleno, con siglas que quizá pertenezcan a fuentes ignotas, con una bibliografía contextual que se exhibe pero que no se emplea, trufada de títulos deliberadamente poco accesibles al lector español, que se citan de forma incompleta o que no aparecen en la relación final. El repertorio bibliográfico, con obras repetidas o redundantes, asignaciones falsas, inserciones inexplicables y olvidos clamorosos6, es un caos absoluto que hubiera hecho las delicias de Southworth.
Los apéndices documentales son otro ejemplo contundente de esta falta de seriedad y de criterio: el número I (relación de checas de Madrid) aparece repetido literalmente en el texto y sin alusión alguna a las fuentes empleadas para su confección; el número II es una «antología documental» tan peregrina que repite sistemáticamente párrafos ya introducidos en el cuerpo de texto; el número III es una mera transcripción del martirologio depositado en el santuario de la Gran Promesa de Valladolid; y el número IV (relación de asesinados) es un listado pretendidamente alfabético, que revela su absoluta inutilidad al estar plagado de errores (véase a título ilustrativo las entradas 578, 719, 2186 o 3664), no señalar el lugar y la fecha de las ejecuciones, y no citar las fuentes para su elaboración, como tuvo el decoro de hacer Rafael Casas de la Vega en su catálogo de víctimas, que Vidal vampiriza descaradamente.
Pero la obra no plantea sólo reparos formales que la hubieran hecho inaceptable como simple trabajo de curso, sino problemas de fondo que proceden en primer lugar de una visión profundamente distorsionada de la historia de España. Este autoproclamado «liberal» desarrolla la «tesis» de que las matanzas organizadas en zona republicana fueron el resultado de un proceso revolucionario que se inició «a fines del siglo XIX» y que, tras su derrota provisional en 1917 y 1934, logró el triunfo a partir de 1931; victoria que incluía «por definición» la práctica de exterminio de segmentos enteros de la sociedad. Este proceso revolucionario transecular habría sido protagonizado, en informe cargamontón subversivo, por la consabida amalgama «rojo-separatista » de comunistas (¡ya a comienzos del siglo XX!), republicanos «de clase media» (sic, pág. 46), anarquistas «partidarios de la acción directa » (sic, pág. 48), socialistas cuya actuación habría sido invariablemente ilegal durante décadas, y los «denominados nacionalismos», especialmente el catalán, cuya trayectoria histórica, a decir del autor, «encajaba mal en un proceso modernizador de signo liberal». Según parece, el catalanismo nunca sintió reparos en «acabar con un sistema político que se oponía a la consecución de sus metas» (pág. 45), especialmente el muy radical Cambó, que habría urdido en fecha indeterminada una «alianza vasco-catalana» para que el sistema constitucional saltara por los aires (pág. 50).
Pero la antología del disparate no se detiene ahí: la oposición se convierte en responsable de la proclamación de la Dictadura; Azaña se habría hecho republicano en 1930; los firmantes del «Pacto de San Sebastián» (a los que acusa de intentar derribar el orden constitucional, olvidando el «pequeño » detalle de su suspensión desde septiembre de 1923) se transformaron automáticamente en el primer gobierno de la República; la masacre de Arnedo habría sido un «motín armado socialista»; la huelga general campesina de junio de 1934, una «ofensiva revolucionaria»; y la izquierda en bloque habría provocado el «golpe de Estado nacionalista-socialista» de 1934. Como culminación de todo ello, tras el 18 de julio, el Frente Popular habría confirmado esa «cosmovisión antisistema y antiparlamentaria que incluía entre sus características las del exterminio del adversario considerado como tal a segmentos íntegros de la población » (pág. 78), ya que las matanzas las realizaron «organizaciones que desde hacía décadas consideraban moralmente lícita la eliminación física del adversario político» (pág. 81). En fin, un puro dislate, que no es sino la reiteración de la vieja tesis teleológica catastrofista urdida por la derecha ultrarreaccionaria decimonónica de la democracia como antesala del comunismo. Un argumento que, como es bien sabido, utilizó largamente el franquismo como baza de legitimación del golpe militar de 1936, pero al que Vidal da una vuelta de tuerca más al pretender la homologación de estos asesinatos con el Holocausto judío.
Haría bien este autor en reconsiderar la tipificación del genocidio a la luz de las últimas aportaciones de la historiografía europea sobre el tema. En todo caso, su afirmación resulta difícilmente sostenible cuando se constata que a la represión «incontrolada » causada por la guerra y la revolución en sus primeras semanas le sucedió una justicia popular «institucionalizada» que trató de atajar las manifestaciones más arbitrarias y sangrientas de aquélla, «normalizando» el aparato represivo al hilo de la evolución militar y política de la zona republicana. No se trata de minusvalorar la represión indudable que existió en el bando republicano, sino de contextualizarla y explicarla en sus características, estructura y actuación. Es en ese aspecto donde nos llevamos una última decepción. El autor no explica la evolución de estos centros de detención y tortura en ese necesario contexto histórico, exhibiendo nuevos documentos o proponiendo perspectivas de análisis renovadas (cosa que hace Javier Cervera en su libro sobre la «quinta columna» madrileña.), sino que opta por la consabida descripción de los crímenes, con sesenta años a sus espaldas, empleando como citas de autoridad la Historia de la Cruzada, los testimonios de ex comunistas como Castro Delgado o Hernández (mientras que los de Prieto o Azaña son insidiosa y sistemáticamente rechazados) y el libro La dominación roja en España. Causa general instruida por el Ministerio Fiscal, que es «saqueado» de forma tan inmisericorde que nos podemos lamentar de la perpetración de un último «fusilamiento» en masa. Ni que decir tiene que, en su opción por destacar la truculencia de los asesinatos sobre la explicación de las estructuras del terror, Vidal no se detiene un momento en considerar los dilemas metodológicos que muchos especialistas se han planteado a la hora de explotar el ingente fondo documental de la Causa General, cuyo origen eminentemente punitivo exige una previa labor de depuración y crítica de informaciones y cifras, cruzando datos con la prensa, los testimonios orales, las memorias de personajes, los registros civiles o los archivos políticos.
En definitiva, Vidal no deja «al descubierto» las cárceles republicanas, sino su incompetencia para tratar con solvencia este tema. Es un exponente más de esa producción bibliográfica paralela (difícilmente se puede hablar de historiografía) de la Guerra Civil que tanto fascina al profesor Payne, pero que en su apuesta por la denuncia histérica antes que por el análisis sereno dificulta que el tema de la represión política se encamine hacia su definitiva normalización historiográfica". Y ahora, como decía Sócrates, Ιωμεν: nos vamos. Sean felices, por favor, a pesar de todo. Tamaragua, amigos. HArendt



















EL POEMA DE CADA DÍA. HOY, ROMANCE, DE LUIS FELIPE VIVANCO

 







ROMANCE


Contigo, tierra de España,
contigo y solo contigo.
Mañana contigo muerto,
pero hoy ya contigo vivo.

Contigo y con las distancias
leonadas de tu mutismo.
Contigo y con tus barbechos.
Contigo y por tus caminos.

Contigo y tus encinares,
y en cabeza, el novillo.
Contigo y con tus barrancos
donde la flor del espino.

Contigo y con tus laderas
de primavera y estío:
contigo en chortales verdes
y en pastizales pajizos.

Contigo en cerros de piedra
para el olor del tomillo.
Contigo en grietas de tesos
y en arroyos repentinos.

Contigo y con tus azadas
que riegan huertos raquíticos.
Contigo en pueblos que aplasta
la luz de un cielo agresivo,

Contigo y con tus ciudades
de agrestes rincones íntimos.
Si en tu Segovia me pasmo,
en tu Ávila me alucino.

Contigo, tierra de España.
Primero contigo niño,
pero hoy ya contigo hombre.
Contigo y con tu castigo.




LUIS FELIPE VIVANCO (1907-1975)
poeta español