sábado, 4 de octubre de 2025

DE LAS ENTRADAS DEL BLOG DE HOY SÁBADO, 4 DE OCTUBRE DE 2025

 







Hola, buenos días de nuevo a todos y feliz sábado, 4 de octubre de 2025. Ahogados en imágenes y ciegos de belleza, nos hundimos en un mundo donde hay mucho que mirar, pero poco que ver, comenta en la primera de las entradas del blog de hoy el historiador Giuseppe Turiello. En la segunda, un archivo del blog de abril de 2019, Javier Sampedro, científico español, doctor en genética y biología molecular, comentaba que las matemáticas eran directamente responsables del 10% del PIB español y que generan, también de manera directa, el 6% del empleo. El poema del día, en la tercera, se titula Me aniquila, es de la poetisa italiana Alda Merini, y comienza con estos versos: Hay un movimiento secreto/al cerrarse el corazón/cuando los ángeles guardan silencio/y ocultan su propia sangre. Y la cuarta y última, como siempre, son las viñetas de humor, pero ahora, como decía Sócrates, "ἡμεῖς ἀπιοῦμεν" (nos vamos); volveremos a vernos mañana si las Euménides y la diosa Fortuna lo permiten. Sean  felices, por favor. Tamaragua, amigos míos. HArendt














DE LOS DIFERENTES MODOS DE VER EL MUNDO ACTUAL

 






Ahogados en imágenes y ciegos de belleza, nos hundimos en un mundo donde hay mucho que mirar, pero poco que ver, comenta en Revista de Libros [Modos de ver el mundo actual, 30/09/2025] el historiador Giuseppe Turiello. Una idea similar, aunque menos catastrófica, es la que planteaba John Berger en 1972 cuando escribió Modos de ver. Este ensayo, nacido como una profundización del programa homónimo de la BBC, parte de una pregunta sencilla de formular y difícil de responder: ¿de qué manera afecta el modo que tenemos de ver las cosas a nuestra forma de entenderlas? Para responderla, Berger construyó un libro que no tardó en convertirse en un referente imprescindible de la teoría y la crítica del arte. Ahora, en 2025, cincuenta años después, en plena revolución digital, es interesante desenterrar este clásico de nuestras bibliotecas y evaluar las ideas que propone.

En una primera ojeada, sorprende la abundancia de imágenes. Podría parecer natural en un libro sobre arte, pero Berger va más allá: tres de sus siete capítulos están compuestos exclusivamente por reproducciones de obras pictóricas y fotográficas. Este tipo de lectura rompe con la tradición de la crítica escrita y nos invita a reflexionar sin palabras.

De forma general, las ideas del autor son muy modernas y están más vivas que nunca: Berger interpretaba los anuncios como mitologías del consumo (hoy, Instagram y TikTok son la culminación de esa lógica); denunciaba que el papel de las mujeres en el arte fuera mayoritariamente pasivo; analizaba un mundo cada vez más cargado de información, un horror vacui constante que no parecía tener vuelta atrás; etcétera. Sin embargo, también hay aspectos que Berger analiza con escasa profundidad o simplemente olvida. Por ejemplo, para el lector moderno impacta mucho que entre las decenas de imágenes artísticas que ofrece el ensayo apenas haya muestras de otras culturas; las hay, pero equivalen a un porcentaje muy pequeño del catálogo escogido por el autor. Europa representa aproximadamente el 7% de la superficie terrestre: un análisis sobre la historia de las artes plásticas no puede comprenderse sin el 93% restante.

Algo similar ocurre con el caso del papel de las mujeres en el arte, que ocupa el tercer capítulo del libro. Las ideas de Berger fueron vanguardistas en su época y presentaron una literatura feminista entonces muy necesaria, que abrió las puertas a nuevas tendencias hoy vigentes. Sin embargo, hay aspectos muy importantes que, una vez más, no aborda (o aborda de forma demasiado superficial), y una ausencia terriblemente palpable de un análisis interseccional: no se puede hablar de un concepto tan amplio como el de las mujeres en el arte sin ofrecer un enfoque más concreto de algunos aspectos como la clase social, la cultura y la procedencia. Por otro lado, su análisis se centra en el arte clásico (especialmente Renacimiento, Barroco y pintura académica), pero apenas reflexiona sobre las mujeres en el arte contemporáneo. Todas estas lagunas, en lugar de dejarnos un mal sabor de boca, llegan a ser satisfactorias, pues nos damos cuenta de lo mucho que ha evolucionado nuestra sociedad en solo cincuenta años.

Sin embargo, Berger aborda de una forma casi impecable la idea central del libro, la evolución de los modos que tenemos de ver el arte, siendo este el aspecto más influyente del autor. A caballo entre lo divulgativo y lo académico, con un lenguaje agradable y a menudo literario, nos invita a reflexionar detenidamente en cada párrafo. Según Berger, algunos avances del mundo moderno, como la cámara fotográfica y la reproducción masiva de imágenes, supusieron un cambio radical en la mentalidad con la que afrontamos el arte, que pierde su aura de misticismo y se vuelve un objeto de consumo. De ese modo, la publicidad se convierte en la mitología del humano moderno y la posesión de una creación artística sirve casi exclusivamente como herramienta de poder.

En la actualidad, en plena era digital, abrumados por una incesante saturación visual, esta idea tiene más vigencia que nunca. Como señala Berger en su libro, la sensibilidad con la que una persona contempla una obra artística depende de su contexto y sus experiencias. Para quien solo ha visto perros, vacas y caballos, un cuadro en el que aparece una jirafa es verdaderamente sorprendente; en un mundo en el que el cuerpo humano es poco más que una sombra de vergüenza, un desnudo íntegro es una incesante fuente de conmoción. Pero nosotros, que lo hemos visto todo, que consumimos diariamente imágenes en las que abunda todo tipo de contenido, ¿qué puede impresionarnos? Entramos en los museos y contemplamos durante escasos instantes cuadros que han marcado la historia del arte, ¿no es acaso lo mismo que hacemos cuando scroleamos incansablemente en Instagram o TikTok en busca de algo que pueda complacernos, sabiendo que difícilmente podremos encontrarlo? Somos yonquis de las imágenes y hemos adquirido demasiada tolerancia a ellas. Berger asegura que el arte es un reflejo de la sociedad; si a nuestra sociedad nada le importa, ¿qué le importa al arte? Si Berger hablaba de la Gioconda como una prisionera del Louvre, hoy todas nuestras imágenes son prisioneras de un algoritmo.

El libro fue profético en muchos de estos aspectos. Asegura, como señalé anteriormente, que la publicidad es la nueva mitología; y, al igual que ella, su incesante bombardeo visual convierte a los anuncios en una suerte de íconos religiosos contemporáneos. Ahora la publicidad aprende de nosotros y nos ofrece lo que queremos consumir: ¿es ese el mismo camino que está siguiendo el arte?

Muchas de las ideas de Berger podrían estudiarse con mayor profundidad. La sociedad occidental está muy ligada a la imagen desde hace siglos; en consecuencia, el modelo mundial que estamos comentando funciona perfectamente para nosotros. Sin embargo, no todas las culturas son iguales. Habría que valorar cómo afectan estos aspectos tan modernos a los modos de ver de otras regiones del planeta. Tal vez no estén sufriendo con tanta fuerza la despersonalización que caracteriza a nuestra sociedad; tal vez, y esto me parece más posible, estén sufriendo la terrible homogeneización cultural de la globalización, de modo que todos los humanos, sea cual sea nuestra cultura, lengua y entorno, terminemos viendo las cosas con los mismos ojos. En un mundo sin matices, en el que todo es blanco o negro, ¿qué queda para el arte?

Nosotros, amantes de la literatura, diletantes de unas u otras formas de expresión artística, no podemos dejar que el exceso de emociones acabe con nuestra sensibilidad. Si las miles de imágenes que vemos a diario nos impiden disfrutar lo que de verdad nos importa, debemos olvidarlas; tal vez sea imposible dejar de mirarlas, pero no es imposible dejar de verlas. Olvidemos todo lo que ha pasado por delante de nuestra mirada a lo largo de la vida, hasta que nuestros ojos recuperen el brillo de entusiasmo que alguna vez tuvieron y volvamos a ver el mundo como lo ven los niños. Giuseppe Turiello es graduado en Historia del Arte por la Universidad de Sevilla y máster en Humanidades digitales, galardonado en 2024 con el premio València Nova de poesía en castellano por su libro Salón de rechazados, publicado por Ediciones Hiperión.

















DEL ARCHIVO DEL BLOG. DEL VALOR AÑADIDO DE LAS MATEMÁTICAS. PUBLICADO EL 14/04/2019

 







Las matemáticas son directamente responsables del 10% del PIB español y generan, también de manera directa, el 6% del empleo, escribe Javier Sampedro, científico español, doctor en genética y biología molecular e investigador del Centro de Biología Molecular Severo Ochoa de Madrid y del Laboratorio de Biología Molecular del Medical Research Council de Cambridge.

Imagina que el Homo erectus que descubrió el fuego, o la mujer sapiens que inventó la rueda, hubieran patentado su invención, comienza diciendo Sampedro. “Las ideas son baratas”, dicen los científicos ingleses, y tienen razón. Las ideas de Copérnico, Kepler, Galileo y Newton originaron el mundo en que vivimos, pero ninguno ganó un maravedí por ello. La ley de la gravedad no tiene precio en el mercado, ni tampoco las ecuaciones de Maxwell que, al iluminar la naturaleza profunda de la electricidad, el magnetismo y la luz, cambiaron la historia del siglo XX. Einstein, aprovechando su condición de experto en patentes, presentó 50 invenciones para su registro, incluida una nevera que había diseñado con su amigo Leó Szilárd. Todo aquello fue un desastre. Las verdaderas innovaciones de Einstein que han cambiado el mundo —el efecto fotoeléctrico, la relatividad y la demostración de la naturaleza cuántica de la luz— nunca han tenido un precio. Watson y Crick no patentaron la doble hélice del ADN en que se basa nuestra biomedicina. Y hasta ahora estamos hablando de las ciencias más pegadas a la tierra. Si seguimos profundizando nos deberemos preguntar cuánto vale una idea matemática.

Un tipo va en globo y se pierde por territorios ignotos. Ve que hay alguien allí abajo, reduce su altitud y le grita: “Oiga, ¿dónde estoy?”. El lugareño se queda pensando cinco minutos y luego le responde: “¡Está usted en un globo!”. El del globo le dice: “¿No será usted un matemático?”, y el otro admite serlo y le pregunta cómo lo ha sabido. “Por tres razones”, responde el del globo. “Primero, por lo que ha tardado usted en responder; segundo, porque su información es indiscutiblemente exacta, y tercero, ¡porque es estrictamente inútil!”. Es mi chiste favorito de matemáticos y, como todo chiste, es políticamente incorrecto: tiene una víctima clara, y en este caso es el pobre matemático que estaba en tierra y ha hecho su trabajo lo mejor que sabe.

Pero este miércoles hemos conocido un estudio de la Red Estratégica en Matemáticas, que integra a la comunidad matemática española, junto a Analistas Financieros Internacionales, que muestra un resultado sorprendente: que las matemáticas son directamente responsables del 10% del PIB español, y que generan, también de manera directa, el 6% del empleo. Esas cifras parecen increíbles, pero en realidad se quedan cortas respecto a las que alcanzan el Reino Unido, Francia y Holanda, que percibieron hace mucho que el entendimiento profundo de la realidad es el camino infalible hacia las revoluciones tecnológicas, incluyendo el berenjenal de los senderos que se bifurcan en el que estamos sumergidos hasta el cuello. Los economistas podrán discutir la metodología del trabajo —ojalá lo hagan—, aunque deberán sopesar antes la estatura de los científicos que tienen enfrente: algunos de los mejores matemáticos del país. Los críticos deberán revisar muy bien sus cálculos antes de hacerlos públicos con gran ridículo personal y profesional.

No me interpretéis mal. A mí me gustan los economistas. Tienen un especial talento para cuantificarlo todo. Mi ejemplo favorito es el “coste de oportunidad”, que es lo que pierde una persona o una empresa por haber tomado una decisión equivocada. Es un concepto con interesantes nexos psicológicos y filosóficos. Estoy seguro de que los economistas se interesarán tarde o temprano en la idea que emerge ahora de la élite matemática: que las verdades eternas que genera este arte supremo del entendimiento tienen un valor en la contabilidad nacional que harían mejor en tener en cuenta.




















DEL POEMA DE CADA DÍA. HOY, ME ANIQUILA, DE ALDA MERINI

 









ME ANIQUILA




Hay un movimiento secreto

al cerrarse el corazón

cuando los ángeles guardan silencio

y ocultan su propia sangre,

porque nadie sabe que el ángel

está hecho de nuestra misma materia.

Nadie sabe que la primera gota

caída de las rodillas de Dios

tenía forma de ángel.




ALDA MERINI (1931-2009)

poetisa italiana























DE LAS VIÑETAS DE HUMOR DE HOY SÁBADO, 4 DE OCTUBRE DE 2025

 



























viernes, 3 de octubre de 2025

DE LAS ENTRADAS DEL BLOG DE HOY VIERNES, 3 DE OCTUBRE DE 2025

 










Hola, buenos días de nuevo a todos y feliz viernes, 3 de octubre de 2025. Las cosas fundamentales de la vida no tienen que ver con la utilidad, comenta en la primera de las entradas del blog de hoy la escritora Esther Peñas. En la segunda, un archivo del blog de agosto de 2018, la columnista del diario belga Le Soir, Béatrice Delvaux, escribía: Regresa el pasado; vuelven el miedo y los fantasmas a una Europa que creíamos de paz y de progreso, pero esta sombría perspectiva no nos autoriza a caer en el inmovilismo. El poema del día, en la tercera, es de la poetisa española Esther Peñas, sí la misma de la primera entrada de hoy, se titula Quien ofrece su corazón, y comienza con estos versos: Quien ofrece su corazón/impregna de ternura a la virtud./Quien impregna de ternura a la virtud/colma de fe al hombre. Y la cuarta y última, como siempre, son las viñetas de humor, pero ahora, como decía Sócrates, "ἡμεῖς ἀπιοῦμεν" (nos vamos); volveremos a vernos mañana si las Euménides y la diosa Fortuna lo permiten. Sean  felices, por favor. Tamaragua, amigos míos. HArendt
















DE LAS COSAS FUNDAMENTALES DE LA VIDA

 







Las cosas fundamentales de la vida no tienen que ver con la utilidad, comenta en la revista Ethic [Las cosas fundamentales de la vida no tienen que ver con la utilidad, 29/09/2025] la escritora Esther Peñas.

Acaso los cristales de sus gafas sean tan pequeños como sus ojos. Pizpireto y presto a la conversación, siempre apasionada y trufada de humor, Rob Riemen (Países Bajos, 1962) conversa con Ethic a propósito de su último ensayo, ‘La palabra que vence a la muerte’ (Taurus), un ramillete de historias que recogen cómo enfrentarse a la decadencia moral de nuestra época. Además de ensayista, Riemen dirige Nexus Institute, un foro independiente creado en 1994 para fomentar el debate filosófico y cultural en el ámbito internacional.

Podía haber abordado los asuntos que reúnen estos cuatro cuentos como un ensayo; sin embargo, ha preferido el relato, la historia. ¿Tiene que ver con reivindicar la transmisión oral que había antes, en la que los cuentos que nos contaban nuestros padres, de alguna manera, nos preparan para el mundo?

Sí. Sí, así es. Está muy bien visto. Cuando uno escribe un libro es porque quiere comunicar algo, compartir algo con otro. A los académicos no les interesa comunicar nada a la gente en general, solo saben hablar de temas especializados, con su lenguaje engolado, sus notas a pie de página… además, les da igual lo que publiquen los demás si no les citan. Así que decidí que el género del relato era el más apropiado para lo que quería contar, porque es más fácil de articular, más amable en su lectura; no quería hacer un libro sesudo. Me limité a escribir lo que Clío que me dictaba.

¿Así que fue la musa de la Historia quien le dictó este libro…?

Sí, qué suerte la mía, ¿verdad?

Uno de los conceptos que aparecen en el libro es el de «falsa grandeza». ¿Cómo se la reconoce?, porque el hecho de que haya desplazado a la verdadera, según apunta, significa que al menos no es tan evidente su engaño…

Pensemos en determinados pensamientos u obras de Thomas Mann o Thomas Bernhard, por ejemplo, en ellos vemos que la grandeza es la expresión solo de unos cuantos, pero ahora la grandeza está basada en la cantidad, en la mayor cantidad de algo, en lugar de la calidad, en vez de ser expresión de valores espirituales: verdad, bondad y belleza. La grandeza de la pintura de Velázquez es muy distinta a la «grandeza» de Trump; pasar una noche con cualquier enfermo, en el hospital o en su casa, es una grandeza distinta a la «grandeza» del hombre más rico del mundo. ¿Por qué ahora fascina tanto la «grandeza» de Elon Musk? Porque es el hombre más rico del mundo. Estamos obsesionados con esa grandeza, una grandeza falsa porque no tiene sustancia ni calidad, solo es cantidad, apunta a un tipo de poder que es efímero, que no permanecerá, a diferencia de la música de Bach, por ejemplo.

Pensaba en su primer libro, Nobleza de espíritu. ¿Nobleza y grandeza sin sinónimos?

¿Has leído ese libro? Caramba, no creo que muchos de mis compatriotas puedan decir lo mismo… Sí, son sinónimos, no se da la una sin la otra.

¿De qué depende que cuando todo está en nuestra contra, cuando uno está en medio del horror (y hay mucho horror retransmitiéndose en directo en nuestros días) se escoja la dignidad?

Tenemos libertad para hacer con nuestra vida lo que consideremos mejor. Siempre hay alternativa. Cada uno puede hacer algo distinto, dentro de sus posibilidades. Como no estamos en un estado totalitario, al menos todavía, todos y cada uno podemos elegir hacer las cosas de otra forma, decidir hacer las cosas de otro modo. Por ejemplo, Ethic, su revista, demuestra que las cosas, en este caso el periodismo, se pueden hacer de otra forma, apostando por el humanismo. En la biografía que escribí sobre Orwell, cuento cómo él, después de haber leído a Thomas Bernhard, se dio cuenta de que incluso en un contexto hostil, uno puede mantener la dignidad, como se ve en 1984. No es fácil, porque, como sucede ahora, nos hacen creer que no se puede hacer nada, y nos dejamos llevar por la inercia. Pero uno puede mantener su dignidad, actuar bien, no pensando en su beneficio, sino en el bien común. Por eso las Musas son importantes, tanto como la lengua, la literatura, que nos permiten conocer un mundo diferente y nos animan a apostar por la dignidad. Los utópicos de hoy son los realistas de mañana, esto ya se sabe. No hay que dejarse impresionar ni deprimir por lo que ocurre a nuestro alrededor. Actuar correctamente, cada uno en su parcela, es ya todo un triunfo.

Uno de los asuntos que aparecen en estos cuentos es la esclavitud de las pantallas, que recuerda mucho a ese concepto de La Boetiè, «servidumbre voluntaria»…

Sí, pero es que olvidamos que uno puede no estar conectado permanentemente… Se puede vivir sin X, sin Facebook, sin mirar esas estupideces de TikTok. Ya sabemos que las pantallas actúan como la droga, lo sabemos, pero seguimos drogándonos… Y lo peor, ¡esa droga se la damos a los niños! Somos libres, insisto, para cambiar el mundo, por ejemplo, con el uso de las pantallas, pero no solo hay que creérselo, hay que actuar en consecuencia.

De alguna manera también reflexiona a través de sus personajes en cómo lo sucedáneo ha ocupado el lugar que antes tenían las virtudes, el bien común. Esto, como apuntaba uno de sus maestros, Steiner, en Nostalgia del absoluto, ¿tiene que ver con la pérdida de lo sagrado?

Totalmente. Sin duda, el primero que lo descubrió fue Nietzsche, que sin las leyes de lo sagrado se acaba en el nihilismo, y el mundo entonces estará dirigido por el poder. ¿Cuáles son los valores en ese mundo? Los económicos, no hay otros. Como está sucediendo cada vez más hoy en día. En Países Bajos no puedo decir que estudié Teología, porque me mirarían mal, en concreto en Holanda, porque la religión holandesa es el ateísmo. Por eso mis libros son poco populares allí.

Es curioso que se hable tanto de «valores», que al fin y al cabo son términos bursátiles, en vez de «virtudes».

Por supuesto, es terrible, pero hoy en día pareciera que todo está relacionado con valores de mercado, que sea el mercado quien decida todo, hasta el tipo de educación, y el mercado, no lo olvidemos, se basa en cosas utilitaristas y materiales, tiene sus propias leyes. No hay que olvidar que los seres humanos no somos un valor de mercado, somos algo, pero si nos dejamos convertir en un valor de mercado, a través de esa servidumbre que mencionabas, nos convertimos en esclavos, nos pueden vender y comprar. Esta situación tiene que ver con muchas cosas, por supuesto con la pérdida de lo sagrado, pero la pérdida de valores a su vez está relacionada con la devaluación del lenguaje, con el hecho de que las palabras están vacías, ya no significan nada. Han perdido su valor simbólico. La ópera inacabada de Moisés y Aarón, de Arnold Schoenberg, termina con un grito de desesperación de Moisés, pidiendo la palabra, la palabra salvífica, que está, a su vez, relacionado con el título de mi libro, La palabra que vence a la muerte, al tiempo que se une con el comienzo del Evangelio de San Juan. Steiner, en su ensayo Gramática del silencio, habla de que hemos perdido la capacidad de hablar con palabras que tengan sentido y significado, están vacías, estamos en la era de los talk show, del bla, bla, bla constante, al igual que hacen los políticos y nosotros igual. Los que mejor comprenden esto son los poetas, por eso cuidan la palabra. En mi libro El arte de ser humanos hablo de esto, de cómo podemos recuperar el significado de las palabras y lo sagrado sin caer en la trampa del fundamentalismo.

Digamos que el libro tiene tres patas, como los trébedes: la dignidad, la justicia y la belleza. Me detengo en esta última porque acaso es la más inútil de las tres (inútil en tanto que antiutilitaria, inútil a la manera que usted lo entiende, como lo entendía Nuccio Ordine). ¿Por qué es tan necesaria?

Porque es inútil, tú lo has dicho, no es broma. ¿Qué utilidad tiene el amor? ¿Qué valor de cambio tiene la mujer o el hombre a quien amamos? Ninguna. Las cosas fundamentales de la vida no son útiles, no tienen que ver con la utilidad. Pensemos en lo que da sentido a nuestra vida, la amistad, por ejemplo. En el momento en que se vuelve instrumental, pierde su valor inherente y se convierte en una herramienta.

Pienso en ese prisionero chino de su libro, que lee mientras espera la muerte (cuentan que Sócrates aprendió a tocar el aulós, una pequeña flauta, haciendo tiempo antes de morir). Y me parece que algo similar, pero perverso, hacemos nosotros mientras son otros los que mueren…

Hay un gran libro de Alberto Moravia, La indiferencia, en el que cuenta que la indiferencia es la esencia del espíritu fascista. La tragedia de Israel se basa en la indiferencia que ha tenido que soportar desde hace dos mil años; no habríamos llegado donde estamos si no hubieran formado parte de nuestra cultura el antisemitismo, los prógromos, los guetos, la Inquisición… todo lo que acabó en aquel terrible holocausto. Europa podía haber bombardeado las vías de los trenes que conducían a los judíos a los campos de exterminio. No lo hizo. Y ahora Israel está copiando y haciendo todo lo que les ocurrió a ellos, y Stephen Miller, desde la Casa Banca, está haciendo lo mismo que hacían las SS con las deportaciones. Nuestra civilización se ha convertido en el culmen del mal y las tinieblas. Los hombres podemos crear belleza o destrucción, en la capacidad de lo humano existen ambas cosas, lo mejor y lo peor, uno no existe completamente malvado (bueno, no estoy seguro), ni completamente bueno, somos una mezcla y depende de nuestra valentía hacer lo correcto, el bien. Pensemos en la gente corriente, cuando hace alguna acción realmente buena, heroica. Si les preguntamos por qué actuaron así, suelen responder «he hecho lo correcto». No hay que perder la fe. Lo apocalíptico de nuestro tiempo tendrá un fin. Hay gente como Mike Pence que, a pesar de ser republicano, hizo lo correcto durante el asalto al Capitolio. Podemos imaginar las presiones que tuvo, pero decidió no apoyar a Trump. Hizo lo correcto. Mantuvo la dignidad.

Una última curiosidad, ¿por qué lleva dos relojes, uno en cada muñeca? ¿Es casual que el analógico esté en la izquierda y el digital en la derecha?

Qué cosas, solo las mujeres os fijáis en esto. Es extraño… de acuerdo: crecí en una familia humilde y católica, mi padre era un dirigente sindicalista, éramos seis hermanos, nunca tuvimos mucho dinero así que si uno quería algo tenía que trabajar. Con 11 años empecé a repartir periódicos muy temprano, y fui ahorrando hasta juntar 85 florines (unos 40 euros), y el 1 de diciembre de 1974 me compré este reloj, analógico, que me recuerda de dónde vengo. Siempre me acompañará. El digital es solo un reloj casi adorno que me dice cosas innecesarias, cómo duermo, cuántos pasos doy… lo reemplazaré cada tanto porque es meramente utilitario. Esther Peñas  es periodista y escritora. Ha publicado varios poemarios, novelas, ensayos y libros de entrevistas.












DEL ARCHIVO DEL BLOG. VUELVEN EL MIEDO Y LOS FANTASMAS. PUBLICADO EL 04/08/2018

 







Regresa el pasado. Vuelven el miedo y los fantasmas a una Europa que creíamos de paz y de progreso, pero esta sombría perspectiva no nos autoriza a caer en el inmovilismo, escribía hace unos días en El País la columnista del diario belga "Le Soir" Béatrice Delvaux. 

Se han vuelto a ver, como todos los años, a principios de este verano de 2018, comenzaba diciendo. Hace 10 años que se reúnen en este pequeño pueblo italiano, unidos por su admiración hacia Leopold Unger, alias Pol Mathil, el gran periodista polaco, hoy fallecido. Siempre los acoge la misma villa de vigas descubiertas. Siempre toman el ristretto matutino en el mismo café. Cada año siguen el mismo ritual: ríen, leen, beben vodka. En este rincón aislado en el que tantas veces han arreglado el mundo y la prensa, hoy se sienten desolados, testigos y actores impotentes de cómo está cambiando todo. Son belgas, polacos, alemanes, y contemplan, incrédulos, su paisaje europeo: la Italia de Salvini, la Polonia de Kaczynski, la Alemania de Merkel, que no ha podido contener el avance de AfD. Y Bélgica, que acoge a una Europa que amenaza con estallar bajo los efectos de la crisis llamada migratoria y que es un país dividido, ya no por las identidades, sino por su política de asilo. Algunos de ellos sienten que están viendo el resurgir de un pasado terrible y el aterrador fracaso del “nunca más” que habían prometido a sus hijos. Ellos, cuyas madres sobrevivieron a los campos de concentración, ya no se sienten capaces de seguir haciendo esa promesa.

¿Es el regreso de los fascismos? Parecía un fenómeno “manejable” e incluso “comprensible” mientras se trató solo de Hungría y Polonia. Pero ahora han llegado a Alemania e Italia, y en Francia solo lo ha evitado un hombre, Emmanuel Macron. Luchan y se manifiestan, pero ya no saben qué hacer para despertar a Europa ni cómo impedir que estos mensajes simplistas y egoístas vuelvan a seducir cada vez a más gente. “El populismo no tiene final feliz”: esta frase debería difundirse entre los que se rinden a él. El periodista belga Jean-Paul Marthoz, columnista en Le Soir, escribe: “Esa es, sin duda, la principal lección de la historia: el populismo nunca ha tenido un final feliz, ya sea de derechas o de izquierdas. El populismo, a veces, empieza como una farsa, un atronador vaffanculo (¡a la mierda!), pero siempre termina en desastre o tragedia”.

Marthoz recuerda un episodio de los años treinta, un periodo en el que, como hoy, el mundo se enfrentó a una encrucijada y todos se vieron obligados a escoger bando. El 3 de octubre de 1931, un joven refugiado italiano, Lauro de Bosis, huyó de Marsella a Roma a los mandos de un Pegasus. Desde su avioneta arrojó sobre la capital italiana 400.000 panfletos antifascistas y luego se hundió en el mar. Unos días después, Le Soir publicó seis páginas tituladas “La historia de mi muerte”, escritas por el joven (The New York Times lo publicó meses más tarde). En ellas explicaba su gesto: “Desembarcaremos para llevar un mensaje de libertad a un pueblo de esclavos del mar. Da igual la metáfora, vamos a Roma a propagar desde el cielo las palabras de libertad que, desde hace siete años, están prohibidas. Porque, si estuvieran permitidas, borrarían la tiranía fascista en unas cuantas horas”. Pero, añadía, “nadie se toma en serio el peligro del fascismo. Por eso es necesario morir. Espero que otros me sigan y consigan agitar la opinión pública. A mí no me queda sino transmitir el texto de mis mensajes”.

La misión suicida había sido posible gracias a Auguste D’Arsac, redactor jefe de Le Soir, que financió el vuelo. En octubre de 1931, el Duce se enfureció cuando se enteró de la hazaña de su joven compatriota, que había puesto en ridículo a la fuerza aérea. Pero nadie más se indignó: “Las semillas arrojadas por Lauro de Bosis desaparecieron en la embriaguez del fascismo triunfante. A principios de los años treinta, los trenes por fin eran puntuales, la malaria estaba desapareciendo de las marismas de Roma, la Mafia siciliana no se metía en líos...”.

¿Cuál es el paralelismo con el presente? Basta observar a esa gente que vuelve a escuchar los cantos de sirena de las frustraciones, las exasperaciones e incluso los odios. ¿No hay alternativa? “No veo ninguna”, afirmaba recientemente el excomisario europeo y ex primer ministro italiano Romano Prodi. Ahora bien, esta sombría perspectiva no nos autoriza a caer en el inmovilismo, sino que, al contrario, el dilema de estar junto a los esclavos del mar o junto a los que arrojan panfletos.

















DEL POEMA DE CADA DÍA. HOY, QUIEN OFRECE SU CORAZÓN, DE ESTHER PEÑAS

 







QUIEN OFRECE SU CORAZÓN



Quien ofrece su corazón
impregna de ternura a la virtud.
Quien impregna de ternura a la virtud
colma de fe al hombre.
Quien colma de fe al hombre
prende la esperanza.
Tú eres mi oración en instinto.
Ante el miedo,
rezo tu recuerdo desgranando salmos
pequeños,
como minúsculas sacudidas de convicciones.
Tú me llenarás de círculos…
Jurar, que es un creer embrutecido,
se angosta para comprometerte
y, sin embargo, todo en ti es límpido.
Tu desprendes el incienso para el culto.



ESTHER PEÑAS (1975)

poetisa española


 












DE LAS VIÑETAS DE HUMOR DE HOY VIERNES, 3 DE OCTUBRE DE 2025