sábado, 8 de julio de 2023

[ARCHIVO DEL BLOG] Sobre el amor y el sexo. [Publicada el 01/08/2018]













El pasado 28 de julio el escritor castellano-leonés Gustavo Martín Garzo publicó un hermoso artículo en el diario El País titulado "El regreso de los centauros" en el que hablaba sobre la naturaleza profunda del amor. Criticamos el amor romántico, decía en él, al que hacemos responsable de todos nuestros males, pero ¿por qué entonces nos gusta escuchar esas historias que hablan de amantes que son capaces de entregar su vida o enloquecer por amor?
"Todo es santo, todo es santo. No hay nada natural en la naturaleza, no lo olvides. Cuando la naturaleza te parezca natural todo terminará. Y empezará algo distinto”. Así se expresa el centauro Quirón en la escena inicial de "Medea", la película de Pier Paolo Pasolini, comenzaba diciendo. Sobre su grupa hay sentado un niño de tres años que lo escucha embobado. Este niño es Jasón, el héroe que de adulto partirá con los argonautas en busca del vellocino de oro. Quirón se ocupa de él hasta que esté en condiciones de reclamar el trono de Yolco, que le pertenece por herencia. Y en esta escena le escuchamos hablar de ese mundo antiguo en que viven, un mundo donde cada árbol, cada fuente es la morada de un dios, pues tierra y cielo, realidad y sueño aún permanecen unidos.
Más tarde, y cuando un Jasón ya adulto se dispone a partir a su país, Quirón acude a despedirle. Pero ahora ya no tiene grupa de caballo y se confunde con un hombre, alguien que aconseja a su protegido que sea prudente y que no se deje llevar por las ansias de poder y riqueza. Jasón viaja hasta su país vestido con una piel de pantera, una lanza en cada mano y un pie descalzo, que simbolizan su pertenencia al mundo que acaba de abandonar, pero su tío le encarga que viaje hasta la Cólquida para recuperar la piel de oro del carnero alado. Será en esas tierras donde se encuentre con Medea, la sacerdotisa del templo.
En la película de Pasolini el centauro regresa antes de la tragedia para hablar de nuevo con Jasón. Pero entonces se ha desdoblado en dos. Uno sigue conservando su grupa de caballo, mientras que el otro es solo un hombre como los demás. Jasón quiere saber si aquello es una visión, ya que él ha conocido a un solo centauro y este le dice que ha conocido a dos. Uno sagrado cuando era niño y uno profano cuando se hizo adulto. Pero lo sagrado se conserva junto a su forma profana y ahora están allí, el uno junto al otro. Y gracias a la parte sagrada que conoció de niño ama a Medea, la compadece y comprende su catástrofe espiritual, su desorientación de mujer antigua en un mundo que ignora aquello en lo que ella creía. “Porque nada puede impedir al viejo centauro inspirar sentimientos”, le dice. “Ni a mí, nuevo centauro, expresarlos”.
El amor que Jasón ha sentido por Medea le devuelve a aquel mundo donde allá donde mirara algún dios había dejado rastro de su sagrada presencia. Esto mismo les pasa a los amantes, todo es santo para ellos. Las sábanas en que se acarician, el silencio que los acoge en la noche, los tazones y cubiertos con que desayunan, el olor a hierba y la frescura del agua que beben cada mañana. Y, sobre todo, son sagrados sus sexos, que son la morada de esos dioses que despiertan cuando se encuentran.
¿Qué tiene que ver todo esto con la visión funcional del amor y del sexo que rige en nuestros días? Se ha hecho del cuerpo un mero instrumento de placer, y no es que eso esté mal viviendo del mundo del que venimos, del que vienen, sobre todo las mujeres, ya que ¿por qué iba a ser malo que cada uno buscara en el cuerpo del otro aquello que le da placer sin aspirar a nada más? Pero entonces ¿qué haremos con nuestro pie descalzo? A Jasón le llevó a los brazos de Medea dando lugar a la terrible tragedia que conocemos, pues la santidad puede ser una maldición, ya que los dioses aman y odian al mismo tiempo. También Cenicienta tiene un pie descalzo. Al ofrecérselo al príncipe le está diciendo que si la ama tiene que aprender a aceptar esa parte de sí misma que la vincula a la noche, a su madre muerta, al mundo de las apariciones. Porque nadie es dueño de su cuerpo en el mundo de los centauros.
Ese pie es la metáfora del cuerpo desnudo que los amantes se ofrecen en la oscuridad, el cuerpo que pertenece al reino habitado por Quirón. Cavafis en un célebre poema lamenta vivir en un mundo en que ya no se espera la llegada de los bárbaros. “Y ahora”, exclama, “¿qué será de nosotros, sin los bárbaros?”. El bárbaro, como el centauro, pertenece al territorio misterioso de lo sagrado. Allí está el inacabable reino de lo Otro: el mundo del sueño, de los deseos más ocultos, de lo extraño y maldito. Por eso bárbaros y centauros nos inquietan, tememos recibirlos pues no sabemos qué nos pedirán. Pero ¿qué nos queda sin ellos? ¿El desierto de los manuales de autoayuda, de los congresos del bienestar, de los programas radiofónicos sobre técnicas sexuales? Está bien sacar el sexo de la cueva de los ogros, pero ¿queremos llevarlo al corral de las gallinas?
Criticamos el amor romántico, al que hacemos responsable de todos nuestros males, pero ¿por qué entonces nos gusta escuchar esas historias que hablan de amantes que son capaces de entregar su vida o enloquecer por amor? La historia de Romeo y Julieta, muriendo juntos; la de Tristán e Iseo durmiendo en el bosque con una espada entre ellos; la de los amores prohibidos de Lancelot y la reina Ginebra; la de Eros y Psique en la cueva del deseo; la historia de Fabricio del Dongo y de Clelia Conti que, en La cartuja de Parma, solo podían encontrarse en la completa oscuridad. Adentrarse en la vida secreta de los amantes es hacerlo en las casas abandonadas de la infancia, en el mundo de los misteriosos animales, en el mundo del sueño y de los niños muertos, ya que el deseo es un oficio de tinieblas.
La película "Los muertos" de John Huston termina con una de las escenas más hermosas de la historia del cine. La pareja protagonista ha asistido a una fiesta y, al regresar al hotel, la mujer rompe inopinadamente a llorar. Es a causa de la canción que ha escuchado durante la cena y que le ha recordado un episodio de su juventud. Un muchacho se enamoró de ella y, el día antes de su marcha, se pasó la noche bajo la lluvia esperando que fuera a abrazarle, lo que sería la causa de su muerte. Y aquella canción le ha recordado a ese chico que murió por ella. La mujer se queda dormida agotada por la emoción y el marido se da cuenta del triste papel que ha desempeñado en su vida. “Jamás he sentido por ninguna mujer lo que aquel chico sintió”, se dice. Y comprende que algo así tiene que ser el amor.
Banalizamos el sexo, los cuerpos, queremos que nuestra vida amorosa sea algo parecido a una de esas placenteras visitas al rincón del gourmet de los centros comerciales, pero ¿por qué entonces nos sigue conmoviendo la historia de una mujer que conserva durante toda su vida la imagen de los ojos de su amante cuando le dijo que si ella se iba no quería seguir viviendo? ¿Por qué al escuchar esta historia todos sentimos envidia de ese niño que muere de amor? Y ahora, como decía Sócrates, Ιωμεν: nos vamos. Sean felices, por favor, a pesar de todo. Tamaragua, amigos. HArendt












De la ampliación de la UE

 






Hola, buenas tardes de nuevo a todos y feliz sábado. Mi propuesta de lectura de prensa para hoy, del periodista Andrea Rizzi, va de la ampliación de la UE. Se la recomiendo encarecidamente y espero que junto con las viñetas que la acompañan, en palabras de Hannah Arendt, les ayude a pensar para comprender y a comprender para actuar. Sean felices, por favor, aun contra todo pronóstico. Nos vemos mañana si la diosa Fortuna lo permite. Tamaragua, amigos míos.











¡Ampliemos la UE!
ANDREA RIZZI
01 JUL 2023 - El País
harendt.blogspot.com

El presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez, tiene previsto viajar a Kiev este sábado para estrenar ahí el semestre de presidencia rotatoria del Consejo de la UE que corresponde al Ejecutivo español. Es un gesto acertado, que simboliza el compromiso de Madrid con Ucrania. Mucho más tendrá que ir detrás del gesto: no solo trabajar para garantizar continuidad en el apoyo financiero y militar a Ucrania, sino también para acelerar todas las labores necesarias para la ampliación de la UE, a Ucrania y otros países. La última fue hace justo hoy diez años, la que integró a Croacia. Hay que seguir. Es, esta, la gran tarea histórica que afrontamos. Muchas cosas importantes están sobre la mesa, pero ninguna más trascendental que esta. Deberíamos arremangarnos y ponernos a ello con todas nuestras fuerzas.
La presidencia española es el último semestre completo y despejado de la legislatura. El siguiente, liderado por Bélgica, se verá afectado por la campaña para las elecciones europeas de junio. Se acumulan pues sobre la mesa montones de iniciativas legislativas pendientes que se quiere intentar cerrar. España, sea cual sea su Gobierno, tiene sin duda interés en avanzar en una reforma del Pacto de Estabilidad y Crecimiento que flexibilice ciertas normas, en completar la unión bancaria con más garantías comunes, en afianzar las relaciones con Latinoamérica. Cuestiones geopolíticas urgentes nos ocuparán, desde la mejor definición de una posición común ante China, a las decisiones necesarias para respaldar a Ucrania en lo inmediato de la guerra.
Pero nada de ello puede hacer perder de vista el fundamental objetivo de fondo de la ampliación. Ucrania, Georgia, Moldavia, los países de los Balcanes occidentales. Un puñado de naciones, con más de 60 millones de habitantes que aspiran en gran medida a integrarse en el proyecto común. Hay razones morales para intentar satisfacer ese anhelo cívico y anclar esos países a un proyecto democrático y pacífico, así como hay intereses geoestratégicos en ampliar el proyecto de la UE, la única embarcación que permitirá a los ciudadanos europeos reducir los riesgos de un oleaje internacional cada vez más imprevisible y tormentoso.
Los problemas para la ampliación son descomunales. Repasémoslos. De entrada, los aspirantes no están listos. Ucrania sufre una guerra devastadora. El artículo 42.7 del Tratado UE implica algo bastante parecido a una cláusula de mutua defensa. Georgia y Moldavia tienen segmentos de sus territorios ocupados por Rusia. Cinco países de la UE no reconocen a Kosovo. Bosnia-Herzegovina es un país profundamente disfuncional, los otros también están lejos de cumplir con los criterios de entrada, con instituciones todavía frágiles, corrupción, mercados inmaduros y otros asuntos pendientes.
En segundo lugar, la propia UE no está lista. Nuevas ampliaciones requerirían importantes reformas para adaptar estructuras y mecanismos de funcionamiento de la unión al nuevo perímetro. En especial, sería preciso reducir las áreas sometidas a poder de veto, pero hay muchas otras cosas que serían oportunas. Muchas de ellas, requieren un cambio de los Tratados, un proceso muy complicado y expuesto al riesgo de fracaso, como se vio en el pasado.
Además, una ampliación, sobre todo en el caso de Ucrania, muy poblada, implicaría un fuerte giro en las dinámicas presupuestarias, con muchos países que deberían perder su condición de receptores netos.
Pesa el pasado, con el recuerdo de Rumania y Bulgaria que, según muchos, entraron sin estar suficientemente preparadas, y de la involución de Hungría y Polonia después de entrar. Y pesa el futuro, los riesgos de una Rusia enfurecida por la ampliación.
Todos estos elementos han frenado nuevas ampliaciones durante una década; la última reforma de tratados fue hace ya 15 años. Es hora de reponerse en marcha.
La brutal agresión de Rusia es un enorme elemento de estímulo y argumentación para armarse de valor y proceder a la complicada y arriesgada tarea. Las objeciones de nacionalismos euroescépticos pueden desactivarse hoy mejor que en otras etapas con esta idea de fondo. Meloni da señales de estar a favor. Por otra parte, Macron ha dado un giro, tras años de recelos franceses -quizá el mayor obstáculo reciente-, con un discurso en Bratislava en el que claramente dijo que es hora de acelerar en esto, quizá porque considera que ahora, en estas circunstancias, es más viable en términos de venta interior. Alemania tiene un interés especial en todo ello.
Como en otras circunstancias, la UE puede buscar caminos imaginativos para sortear los problemas. Hay estudios que han diseñado mecanismos de avances parciales. Una idea es la de ir entregando beneficios tangibles a los países candidatos a medida en que van cumpliendo requerimientos. Un proceso, pues, mucho más incremental que el actual, que otorgue mayores premios a las sociedades que avanzan sin esperar a la adhesión total.
La cuestión de los recursos tampoco puede ser un freno. Quienes se han beneficiado durante tiempo de fondos comunes tendrán que aceptar que ya toca a otros; no debería descartarse la opción de una nueva ronda de endeudamiento común.
La cuestión de integridades territoriales amputadas… ya tenemos a Chipre así.
El problema principal es la reforma de los tratados. Es difícil. Es un riesgo. Pero hay que asumirlo. La UE ha acertado en la gestión del Brexit, en la de la pandemia, en la reacción a la invasión rusa. Es el momento de preparar el gran salto. Será difícil. Sin duda, cuando se produzca, la integración dará problemas. Es posible que resulte, en ciertos sentidos, indigesta. Pero, en una perspectiva moral, geopolítica, histórica, anclar estos países al proyecto europeo es bueno para ellos y para el propio proyecto. Será un proceso largo, costará años, pero hay que empezar a acelerarlo. Hoy mismo.



























viernes, 7 de julio de 2023

[ARCHIVO DEL BLOG] La ley del mínimo esfuerzo. [Publicada el 29/09/2018]
















Voy a contar una anécdota personal que me ocurrió hace un tiempo, anécdota que en ningún caso debería elevarse a la condición de categoría. La he recordado leyendo el artículo del profesor Javier Aranguren en el último número de la Nueva Revista de Política, Cultura y Arte, que me ha dado pie a esta entrada sobre la crisis de credibilidad que está sufriendo la universidad española. 
Hace nueve años, lo sé porque guardo los correos que dieron lugar al hecho que comento, un antiguo compañero de fatigas académicas me habló del hijo de un amigo suyo que buscaba ayuda para un trabajo de fin de curso sobre un tema de Historia. Para mi sorpresa, puesto en contacto con el joven a través del correo electrónico, me manifestó que tenía que presentar dicho trabajo en el plazo de unas semanas, pero que no tenía tiempo de hacerlo porque necesitaba ese tiempo para estudiar, y que cuanto le llevaría por hacérselo yo. Mi respuesta, meditada, fue que si lo deseaba podía ayudarle orientándole, corrigiéndole el trabajo, dándole sugerencias o proponiéndole nuevos enfoques, pero que lo que no podía era hacerlo por él. Que esperaba que comprendiera que lo que me pedía iba contra toda ética académica, y que desde luego, yo no era quien para dar a nadie lecciones de ética, y menos a él, pero que la vida universitaria no podía ponerse a la altura de la vida normal. Que deseaba y esperaba poder ayudarle, y que me gustaría hacerlo, pero que el resto tenía que ponerlo él. Etc., etc., etc...
Me respondió agradeciéndome el ofrecimiento de ayuda y mi sinceridad, pero que no era "eso" lo que necesitaba en aquel momento. Y no hubo más contacto. Dos años más tarde me enteré por mi amigo que había obtenido el título que tanto ansiaba, pero no he vuelto a saber nada de él y no sé como le habrá ido en el aspecto profesional. Espero que bien.
El bajo nivel del debate universitario en España, comienza diciendo el profesor Aranguren, quizá no es más que la punta de un iceberg de una crisis mayor: la proliferación de las denominadas "essay mills", o fábricas de artículos, ensayos y tesis a medida, síntoma del deterioro del sistema de publicaciones universitarias. 
El desconcertante bajo nivel del debate universitario en España durante las últimas semanas (másters, falsos másters, cambios de notas, tesis de calidad dudosa, tribunales poco exigentes o poco imparciales) quizá no es más que la punta de un iceberg de una crisis todavía mayor, comienza diciendo. Nunca se había escrito tanto en las universidades, pero tal vez tampoco esos textos habían sido nunca más banales o prescindibles. Pero algunos hacen de la necesidad virtud, y así es como han nacido los lucrativos essay mills (molinos o fábricas de ensayos), un medio cómodo y relativamente económico para superar los escollos del esfuerzo y de la investigación cuando hay que cumplir con la titulitis que caracteriza al sistema universitario mundial.
Durante una estancia como profesor en una universidad de Nairobi, Kenia, sigue diciendo Aranguren, una brillante estudiante me comentó que era capaz de pagar su manutención gracias a su trabajo como escritora de assingments (tareas) y papers (artículos) a estudiantes occidentales en un essay mill (molino de ensayos). Era esta una de las muchas empresas online dedicadas a estos menesteres. Me contaba que le pagaban dependiendo de la longitud y de la prisa con que tuviera que redactar el trabajo. Aseguraba que el nivel de peticiones era tan alto que le daba de sobra para pagar por sus necesidades (alojamiento, comida, algunos caprichos). La historia me pareció deprimente. No por ella, a fin de cuentas una mujer echada hacia adelante y capaz de sobrevivir a la falta de medios de su familia. Me resultó deprimente por la visión de la universidad que supone en los estudiantes que acuden a estos servicios (la universidad como fábrica de títulos, no fuente de conocimiento, actitudes y carácter), y por ser otra confirmación empírica de la intuición de que el actual sistema de estudios universitarios –en el que la evaluación está compartimentada en miles de tareas enanas que agobian y aburren y no aportan conocimiento a nadie– es ineficaz. Mi alumna podía sacar adelante una carrera complicada a la vez que salvaba el pellejo a unos cuantos estudiantes privilegiados e incapaces de organizar su tiempo o de superar su pereza.
Sobre el mismo asunto ha publicado un interesante artículo Daphne Taras, decana de la Ted Rogers School of Management en Ryerson University, Toronto. Su artículo se llama «How Essay-Writing Factories Reel In Vulnerable Students», y fue publicado en The Chronicle of Higher Education el pasado 17 de julio. En él cuenta cómo hace dos años decidió probar cómo funcionaba ese negocio. Bastaba una simple búsqueda en Google y enseguida le aparecieron multitud de posibilidades. Yo hice lo mismo, tanto en inglés como en castellano, y los resultados a «servicios de escritura de ensayos» (en español se puede poner «escribir tfg», «escribir tfm» e incluso «escribir tesis doctoral») fueron inmediatos y múltiples [se pueden ver varios ejemplos en la tabla del final de este artículo].
Esas empresas publicitan su ‘discreción’ e incluso su ‘actitud ética’: todos los trabajos son pasados por Turnitin, la herramienta de software antiplagio más extendida en el mundo académico. Con eso aseguran que los trabajos siempre se escriben a medida de las necesidades del usuario.
¿Cómo lo hacen? Supongo que con escritores similares a mi alumna de Nairobi, auténticos ejércitos de escritores fantasmas que necesitan un sobresueldo. El usuario elige la prisa que tiene, e incluso el nivel de profesionalidad del trabajo (todo influye en el precio) y la plataforma se encarga de todo. Desde la plataforma pueden pedir el programa del curso para adaptarse a los gustos del profesor, el cliente indica el número de notas a pie de página que necesita y la maquinaria del molino se pone a trabajar.
Taras encargó un artículo de cinco páginas a doble espacio y con seis citas para entregar en tres semanas. El precio no alcanzó los 120 dólares (unos 100 euros). Antes de que tuviera tiempo de introducir el número de tarjeta de crédito (lo que le producía cierta inseguridad) recibió una llamada de la web asegurando la legalidad del negocio y la calidad del trabajo. A Taras le llevó unos días acabar de decidirse a compartir su información bancaria: el ‘molino de ensayos’ no cejó en su acercamiento, cálido e insistente. Ella accedió. En el extracto bancario el concepto y el nombre de la empresa estaban tan dulcificados que ningún padre podría sospechar el concepto por el que había pagado su hijo.
¿Qué ocurrió? Que el trabajo llegó a tiempo, que el texto claramente no era de alguien de Canadá (¿quizá lo había escrito mi alumna de Kenia?), que el nivel era bueno y las fuentes excelentes, con referencias a revistas de primer nivel estrechamente relacionadas con el tema.
¿Qué nota le pondrían al trabajo en una asignatura universitaria? Taras lo envió a tres colegas, indicando que por motivos de conflicto de intereses ella no podía calificarlo. Las respuestas fueron de C (aprobado) o B (notable). Solo uno de los tres correctores mostraba su sorpresa por el excelente nivel de las citas y porque no era claro que el alumno entendiera el fondo del debate.
A partir de ese momento Taras, bajo su falsa identidad de estudiante adolescente, empezó a recibir de forma recurrente mensajes de la ‘fábrica de ensayos’, especialmente cuando se acercaban los momentos de finales de trimestre. Siempre ofrecían descuentos, se trataba de mensajes positivos e incluso llenos de toques de humor, como cuando le llegó «La peor tarjeta del mundo el Día de San Valentín» con la imagen de un cactus y el siguiente texto:
Hola,
Hemos pensado largo y duro sobre como hacer mejor tu Día de San Valentín.
Por eso te enviamos este cactus que te puede gustar.
También, y solo en los tres siguientes días, disfruta de un 20% de descuento en todos tus deberes. Basta con que escribas el código CACTUS20 y nosotros nos encargamos del resto.
Con amor,
Tu equipo de escritura.
Lo que le llamó la atención no solo fueron las declaraciones de amor (¿haría algo así un profesor de universidad?, ¿no estaban, desde la ‘fábrica’, dando una buena lección de ‘cercanía’ a los departamentos de marketing?). Además la empresa de algún modo conocía las ‘inquietudes’ de Taras, pues había estado coleccionando cactus durante todo el año anterior. ¿Hasta dónde podrían llegar para llamar su atención?
¿Se pueden evitar las trampas? ¿Sirve para algo el software contra el plagio? ¿No son los estudiantes –y los emprendedores astutos– los que llevan la delantera con la tecnología online? ¿No debería replantearse a fondo qué son y qué pretenden los estudios universitarios? Las fábricas de ensayos, los essay mills, llevan a la fábrica de títulos, o quizá vienen de ellas: si lo importante es el certificado, ¿qué importancia tienen los distintos medios posibles para conseguirlos? ¿Por qué hemos llegado a eso? Sin duda, por una ‘necesidad’ no reflexiva de certificados (lo que hemos llamado titulitis), y porque de la universidad ha desaparecido el deseo de saber a cambio de la pragmática. ¿Y hay algo más pragmático que pagar a los que trabajan por ti? Si tú tienes el dinero, tienes también el poder de comprar el tiempo de otros. Puedes incluso ocultar el problema moral (el engaño) con el argumento de que sin duda estás ayudando a una persona necesitada, o decir que siempre han existido los negros en el mundo universitario, o incluso que un profesor se justifique diciendo que con la pobreza de los sueldos de asociados, ayudantes o contratados, esa era la única salida digna que le quedaba. Y que si el sistema está pensado así, ¿por qué no aprovecharse de él?
Para hacerse una idea de las dimensiones del problema, se calcula que solo en Gran Bretaña más de 200.000 estudiantes usan alguna vez los servicios de estas empresas (llamadas essay mills –molinos de ensayos–), de las que hay centenares, que mueven unos £100m al año y que se está buscando cómo perseguir: cf. University students could be fined or handed criminal records for plagiarised essays, new proposals suggest.
Para terminar, el profesor Aranguren menciona en su artículo algunas de esas empresas de escritura de ensayos académicos universitarios. Entre ellas, a:
Top Writing Services: un listado de 10 de estas empresas.
EduBirdie: en USA, frente al agotamiento ante tareas rutinarias y trabajos para casa que exigen mucha investigación.
RushEssay, que garantiza que se acabaron las noches sin dormir, los trabajos suspendidos o las entregas fuera de plazo.
WritingEssayEast: en USA, con más de 1.500 escritores e interesantes descuentos.
FastEssay: en inglés, especialistas en ensayos rápidos, con 2 horas de plazo y 700 escritores listos en este momento.
Amasd: en español, para hacer el TFG o el TFM por 349€, «despreocúpate por completo de tu proyecto», indican.
AyudaUniversitaria: en español, donde también ofrecen tesis doctorales, a partir de 180€.
Universitarios en apuros: en español, porque «tu futuro nos importa» y por 630€ te ofrecen un TFG a realizar en dos meses. Si es un TFM sube a 1324€. También ofrece ofertas de trabajo, ideal para ayudantes doctores con poco sueldo.
Graduado para todo: cuyo «equipo de redactores de Trabajo Fin de Master está formado exclusivamente por profesionales con más de 8 años de experiencia en la elaboración de este tipo de proyectos». Y ahora, como decía Sócrates, Ιωμεν: nos vamos. Sean felices, por favor, a pesar de todo. Tamaragua, amigos. HArendt










De la Transición antifranquista

 








Hola, buenas tardes de nuevo a todos y feliz viernes. Mi propuesta de lectura de prensa para hoy, del escritor Luisgé Martín, va de la Transición antifranquista. Se la recomiendo encarecidamente y espero que junto con las viñetas que la acompañan, en palabras de Hannah Arendt, les ayude a pensar para comprender y a comprender para actuar. Sean felices, por favor, aun contra todo pronóstico. Nos vemos mañana si la diosa Fortuna lo permite. Tamaragua, amigos míos.










La Transición fue antifranquista
LUISGÉ MARTÍN
01 JUL 2023 - El País
harendt.blogspot.com

Una de las mentiras más repetidas por la derecha desde 2007, cuando el Gobierno de Zapatero impulsó la ley de memoria histórica, es que el pacto de la Transición incluyó el olvido del franquismo. Fue exactamente lo contrario: ese pacto se basó en el rechazo y la impugnación absoluta del franquismo. Bastaría con consultar los periódicos o el diario de sesiones del Parlamento para comprobar cómo incluso los franquistas más insignes, como Torcuato Fernández Miranda o Fraga —no digamos ya Suárez—, renegaban abiertamente del franquismo o, en el mejor de los casos, lo escondían lo más posible.
El acuerdo implícito y explícito de la Constitución de 1978 proclamaba el triunfo de los valores republicanos que fueron derrotados en la Guerra Civil, aunque reivindicar los valores republicanos no significara necesariamente reivindicar la República. Durante 1931 y 1936 habían ocurrido muchas cosas lamentables cuyo análisis y balance convenía dejar en manos de los historiadores, pero los principios de la democracia, de la justicia social, de la libertad ideológica, de la diversidad territorial y de la separación de poderes —todo lo que el franquismo había negado— eran el pilar básico de una Constitución que todos aceptaban con entusiasmo, salvo la extrema derecha (incluyendo a un sector de Alianza Popular), la extrema izquierda (incluyendo a algún comunista soviético como Ignacio Gallego), y los nacionalistas catalanes y vascos más acérrimos, que no eran pocos.
El problema particular de España no fue nunca la Guerra Civil, sino el franquismo. Guerra civil —disfrazada de guerra mundial— habían tenido también los franceses, los alemanes o los italianos, pero allí habían logrado vencer quienes respaldaban la libertad. Tras la Guerra Civil, Franco podría haber establecido un régimen blando de transición y restaurar la monarquía parlamentaria después de cinco o seis años, pero no lo hizo: reprimió salvajemente a los vencidos y se mantuvo en el poder durante 37 años más, dando honores a unos y humillando a los otros. Por eso resulta bochornoso escuchar todavía a algunos —y a algunos muy ilustrados, no solo a políticos interesados en la refriega— decir que “en los dos bandos se cometieron atrocidades” y que la Ley de Memoria Democrática y la resignificación de Cuelgamuros solo son fruto del resentimiento y pretenden reabrir heridas.
El estreno de la serie de Radio Televisión Española Los pacientes del doctor García, basada en la novela de Almudena Grandes, nos permite recuperar esta perspectiva: la guerra fue terrible y estuvo llena de brutalidades —de los dos bandos, sí, y no merece la pena entrar en más discusiones o matices, que solo embarran el debate—, pero lo que creó la miseria moral en la que vivieron al menos dos generaciones completas de españoles fueron la posguerra y el franquismo; la falta de compasión de los gobiernos de Franco y la inexistencia de un plan de reconciliación que tratara de unir a todos los españoles.
La diferencia entre 1977 y 2023, en lo que se refiere a la memoria de nuestra historia reciente, es que entonces no había ningún partido de ultraderecha en el Congreso (Blas Piñar obtuvo su escaño en 1979) y hoy hay uno que cuenta con 52 diputados, auxiliado ideológicamente además por un sector poderoso del PP que tiene su capitanía general en Madrid. La verdadera traición al pacto de la Transición es ese: aceptar con normalidad el franquismo y sus símbolos y repetir mensajes racistas, machistas, patrioteros y homófobos que han conseguido que algunos adolescentes vuelvan a gritar “¡Viva Franco!” en las aulas, agredan a personas LGTBI o consideren perversos el feminismo o la política parlamentaria.
El pacto de la Transición establecía que la Guerra Civil la perdimos todos los españoles y que por tanto estábamos todos en el bando de los vencidos, fuera cual fuera la posición ideológica de nuestros padres o nuestros abuelos. Por eso resulta tan difícil de comprender que la derecha española, casi medio siglo después de la muerte del dictador, siga teniendo esa querencia afectiva por el franquismo, confirmada ahora por el empeño de Feijóo en derogar la Ley de Memoria Democrática. Los muertos que están aún en las cunetas y en Cuelgamuros deberían ser también sus muertos, y los honores civiles rendidos a los represores en el callejero de las ciudades, como a Millán-Astray en Madrid, deberían ofenderles tanto como a los demás.
El Partido Popular, a través de la Alianza Popular de Fraga, formó parte del pacto de la Transición y del pacto constitucional, pero la derecha de aquellos años estaba aglutinada en torno a la UCD de Suárez, que fue quien la representó sociológicamente. Resulta tentador pensar en qué habría ocurrido con la democracia española si la UCD no hubiera saltado en pedazos y se hubiera consolidado en España una derecha moderada, europea y moderna. Una derecha sin miedo a la memoria. Una derecha que, como el doctor García, sólo atendiera a los principios de la humanidad y de la justicia.