sábado, 22 de julio de 2017

[Humor en cápsulas] Para hoy sábado, 22 de julio de 2017






El Diccionario de la lengua española define humorismo como el modo de presentar, enjuiciar o comentar la realidad resaltando el lado cómico, risueño o ridículo de las cosas. Pero también como la actividad profesional que busca la diversión del público mediante chistes, imitaciones, parodias u otros medios. Yo no soy humorista, así que me quedo con la primera acepción, y en la medida de lo posible iré subiendo al blog cada día las viñetas de mis dibujantes favoritos. Las de hoy con Morgan en Canarias7; Idígoras y Pachi en El Mundo; El Roto, Forges, Peridis, y Ros en El País; y Montecruz y Padylla en La Provincia-Diario de Las Palmas. Disfruten de ellas. 





Y ahora, como decía Sócrates, Ιωμεν: nos vamos. Sean felices, por favor, a pesar de todo. Tamaragua, amigos. HArendt



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La verdad es una fruta que conviene cogerse muy madura (Voltaire)

[Galdós en su salsa] Hoy, con "Amadeo I"





Estatua de Galdós (Pablo Serrano, Las Palmas GC)



Si preguntan ustedes a cualquier canario sobre quien en es su paisano más universal no tengan duda alguna de cual será su respuesta: el escritor Benito Pérez Galdós. Para conmemorar su nacimiento, del que van a cumplirse 174 años, he ido subiendo al blog a lo largo de los últimos meses su copiosa obra narrativa, que comencé con el primero de sus Episodios Nacionales, colección de cuarenta y seis novelas históricas escritas entre 1872 y 1912 que tratan acontecimientos de la historia de España desde 1805 hasta 1880, aproximadamente. Sus argumentos insertan vivencias de personajes ficticios en los acontecimientos históricos de la España del XIX como, por ejemplo, la guerra de la Independencia Española, un periodo que Galdós, aún niño, conoció a través de las narraciones de su padre, que la vivió. 

Nacido en Las Palmas de Gran Canaria, en las islas Canarias, el 10 de mayo de 1843 y fallecido en Madrid el 4 de enero de 1920, Benito Pérez Galdós fue un novelista, dramaturgo, cronista y político español, uno de los mejores representantes de la novela realista del siglo XIX y un narrador esencial en la historia de la literatura en lengua española, hasta el punto de ser considerado por especialistas y estudiosos de su obra como el mayor novelista español después de Cervantes. Galdós transformó el panorama novelístico español de la época, apartándose de la corriente romántica en pos del realismo y aportando a la narrativa una gran expresividad y hondura psicológica. En palabras de Max Aub, Galdós, como Lope de Vega, asumió el espectáculo del pueblo llano y con su intuición serena, profunda y total de la realidad, se lo devolvió, como Cervantes, rehecho, artísticamente transformado. De ahí, añade, que desde Lope, ningún escritor fue tan popular ni ninguno tan universal, desde Cervantes. Fue desde 1897 académico de la Real Academia Española y llegó a estar propuesto al Premio Nobel de Literatura en 1912. 

Amadeo I, publicada en 1910, es la tercera novela de la serie final de los Episodios Nacionales de Galdós. El narrador es un nuevo personaje, Proteo (Tito) Liviano, escritor y periodista de El Debate, ferviente republicano, brillante orador, y apasionado admirador del bello sexo, lo que le lleva a una serie interminable de lances y conquistas amorosas en el Madrid del siglo XIX, que cuenta en primera persona. Otro personaje significativo de la novela es Mariclío, llamada también Tía Clío Mariana, musa o personificación de la Historia de España, mujer de elevada edad, aspecto cambiante y conducta extravagante, personaje numinoso omnipresente, que toma a Tito bajo su protección y le transforma en duendecillo invisible para que actúe de observador de los acontecimientos históricos y se los transmita a continuación. La acción transcurre en el período 1871-1873. Comienza con la entrada en Madrid de Amadeo de Saboya, llamado por las Cortes para ser coronado rey de España. Su primer acto es asistir a las exequias de Prim, recientemente asesinado en atentado terrorista llevado a cabo en la calle del Turco, hoy calle del marqués de Cubas. Bien recibido por el pueblo madrileño y la clase media, es sin embargo rechazado desde el principio por la aristocracia alfonsina. El ambiente político es de gran inestabilidad, sucediéndose los gobiernos sucesivos de Ruiz Zorrilla, Sagasta, y Serrano, mientras que en Vascongadas y Navarra tiene lugar la insurrección fracasada de Don Carlos, nieto de Carlos María Isidro de Borbón, que intenta resucitar las guerras carlistas. El alzamiento termina con el convenio de Amorebieta, pero sigue una insurrección republicana y un atentado fallido contra el propio Amadeo. El monarca, desalentado por la oposición de los partidos y de la nobleza, abdica finalmente. El Parlamento acepta la dimisión y vota la Primera República, con Estanislao Figueras como presidente.



El rey Amadeo I (1871-1873)



Y ahora, como decía Sócrates, Ιωμεν: nos vamos. Sean felices, por favor, a pesar de todo. Tamaragua, amigos. HArendt



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viernes, 21 de julio de 2017

[Humor en cápsulas] Para hoy viernes, 21 de julio de 2017





El Diccionario de la lengua española define humorismo como el modo de presentar, enjuiciar o comentar la realidad resaltando el lado cómico, risueño o ridículo de las cosas. Pero también como la actividad profesional que busca la diversión del público mediante chistes, imitaciones, parodias u otros medios. Yo no soy humorista, así que me quedo con la primera acepción, y en la medida de lo posible iré subiendo al blog cada día las viñetas de mis dibujantes favoritos. Las de hoy con Morgan en Canarias7; Gallego y Rey y Ricardo en El Mundo; El Roto, Forges, Peridis, Ros y Sciammarella en El País; y Montecruz y Padylla en La Provincia-Diario de Las Palmas. Disfruten de ellas. 





Y ahora, como decía Sócrates, Ιωμεν: nos vamos. Sean felices, por favor, a pesar de todo. Tamaragua, amigos. HArendt



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[Píldoras literarias] Hoy, con "Otro dinosaurio", de Eduardo Berti





La noción de brevedad ronda siempre las consideraciones sobre la minificción de los minirrelatos. Aunque la brevedad no sea, ni con mucho, el único rasgo que es necesario observar en estas brillantes construcciones verbales, resulta lógico que para el lector común, e inclusive en cierta medida para el escritor, resalte de manera especial. 

Fue, en efecto, la primera característica que llamó la atención de lectores y críticos de esta forma literaria: la que primero produjo desconcierto y, a partir de allí, admiración. Ocurre, sin embargo, que tal noción es eminentemente subjetiva. Se puede considerar breve un relato de ocho o diez páginas, pero también lo será uno de un par de páginas, e igualmente, y con mayor razón, algún texto de extensión aún menor, que podremos describir en función de un determinado número máximo de líneas o de palabras, y no de páginas ni de párrafos. 

Pesan en este sentido la tradición de una literatura, y también la implícita comparación -casi instintiva, casi subconsciente- que formulamos con otros textos que conocemos, o bien con lo que se considera cuento o relato en nuestra propia literatura o en una distinta de ella. ¿Habremos de aceptar una categoría nueva, la del microrrelato brevísimo o hiperbreve, aunque el nombre resulte redundante? ¿O bien entenderemos que hay casos en que el escritor extrema alguna de las características que también tienen otros textos de este tipo, y ese hecho es percibido por el lector como un factor de diferenciación? 

Continúo hoy la serie Píldoras literarias con el relato titulado Otro dinosaurio, de Eduardo Berti (1964) escritor y periodista argentino, hijo de rumanos emigrados a Argentina durante la Segunda Guerra Mundial. Editor de la sección Cultura del diario Página, en 1994 publicó su primer libro su primer libro de ficción, Los pájaros, muy elogiado por la crítica. A este libro le siguieron dos novelas: Agua y La mujer de Wakefield, ambas traducidas al francés y a otros idiomas. En 1998 marcha a París (Francia), donde trabaja como periodista cultural, animó diversos talleres literarios en francés y español y siguió escribiendo. Publicó en 2002 el libro de microficción La vida imposible y en 2004 la novela Todos los Funes, votada entre los libros del año en el Times Literary Supplement y finalista del Premio Herralde. En 2009 se instala en Madrid (España), donde trabaja como traductor, guionista de cine y televisión y se encarga de antologías para diversas editoriales españolas y argentinas. Su relato tiene diecisiete palabras y fue publicado en La otra mirada, de David Lagmanovich.



OTRO DINOSAURIO
por 
Eduardo Berti


Cuando el dinosaurio despertó, 
los dioses todavía estaban allí, 
inventando a la carrera el resto del mundo.





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jueves, 20 de julio de 2017

[Humor en cápsulas] Para hoy jueves, 20 de julio de 2017





El Diccionario de la lengua española define humorismo como el modo de presentar, enjuiciar o comentar la realidad resaltando el lado cómico, risueño o ridículo de las cosas. Pero también como la actividad profesional que busca la diversión del público mediante chistes, imitaciones, parodias u otros medios. Yo no soy humorista, así que me quedo con la primera acepción, y en la medida de lo posible iré subiendo al blog cada día las viñetas de mis dibujantes favoritos. Las de hoy con Morgan en Canarias7; Gallego y Rey y Ricardo en El Mundo; El Roto, Forges, Peridis, Ros y Sciammarella en El País; y Montecruz y Padylla en La Provincia-Diario de Las Palmas. Disfruten de ellas.





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[A vuelapluma] El valor de la moderación





La solución al desafío catalán solo se alcanzará mediante la razón, la política y la duda. Y si de algo carecen los independentistas es de dudas. Tratar con gente que siempre va cargada de certeza resulta muy problemático, decía en un reciente discurso el presidente de la Comunidad Autónoma de Asturias y expresidente de la Gestora que ha llevado las riendas del Partido Socialista español hasta la elección de Pedro Sánchez como secretario general, Javier Fernández.

La comunicación sólo es posible mediante el lenguaje. Por eso es tan importante que los políticos hablemos un lenguaje que la gente pueda entender. Para que a partir de la comprensión de lo que queremos decir, la gente decida y entonces apruebe o repruebe, elija o reelija. De ahí que cuando el lenguaje político se desviste de matices para reducirse a clichés, estereotipos y consignas, la esencia misma de la política se desvanece.

Con la inestimable ayuda de la red, donde las mentiras más pesadas se balancean con plena seguridad, como los elefantes en la tela de araña de la canción infantil, hay discursos hoy en día que se abren paso pese a su falta de verosimilitud.

Imagínense la muela de un molino, a vueltas ruidosas sobre el eje. Eso ocurre con algunos discursos de apariencia muy potente, pero incapaces de acercarse al otro. Los clichés son palabras que giran sobre sí mismas, inservibles para el diálogo. En nuestro país, el debate está monopolizado por el eje izquierda-derecha tanto en lo económico, lo social, lo cultural y lo moral como en lo territorial. Y tal es el dominio de ese monopolio que quienes han querido introducir planteamientos más transversales —por ejemplo, en términos de vieja y nueva política, arriba y abajo, o ciudadanía y élites— han abandonado esa pretensión para ubicarse definitivamente en la izquierda de la izquierda. Después de tanto amago, la posición en el eje izquierda-derecha sigue siendo la brújula más socorrida para orientarse políticamente.

¿Por qué es tan importante la moderación? Ser moderado es saber que la política es un aprendizaje de la decepción, porque está incapacitado para ella quien no haya aprendido a dar por bueno lo que no le satisface plenamente. No puede ser moderado ni el político de las reivindicaciones absolutas, ni el que piense que su interés se formula contra otros, ni el de la insobornable intransigencia moral.

No se trata de hacer política a golpe de consenso universal. Ser moderado no consiste en negar el conflicto; de hecho, la política es inevitable justamente porque el conflicto también lo es. La firmeza y la moderación no son enemigas; tampoco la discrepancia y la moderación son incompatibles. Pero la moderación se lleva mal con las categorías absolutas, con el fanatismo, el sectarismo, la confianza en la posesión de la única verdad.

Ser moderado consiste en no interpretar la política como un combate, en no achicarla a un antagonismo que opone un nosotros virtuoso frente a un ellos vicioso. Consiste en desterrar del lenguaje político el tono camorrista, el matonismo, en renunciar a la descalificación ética del adversario al que se describe como un “intocable”. Azaña decía que “el carácter español transforma los problemas en tormentas de pasión” y añadía que ese carácter agregaba “una violencia peculiar a todas las facetas de la vida”.

No me gusta rendirme al tópico, a esa visión exaltada y romántica del carácter español, tan frecuentada en los últimos siglos por los propagandistas de nuestra leyenda negra, tan añorada por el casticismo trabucaire. Pero ochenta años después no puedo más que dar la razón a Azaña. No se trata de que a media España le sobre la otra mitad, sino que la dialéctica amigo-enemigo parece convertirse de nuevo en el eje capital de una idea de la política en la que lo que importa es ser uno de los nuestros. Para ser justos con Azaña, la devastación de las formas alcanza un nivel inédito. Hoy ni siquiera se injuria con buen gusto, quizás porque el insulto parlamentario, uno de los géneros más exigentes, requiere dosis de tacto y refinamiento intelectual de los que carece la actual clase política.

Esa aspereza de nuestra vida pública dificulta el diálogo en la medida en la que la negociación y el acuerdo precisan de un aprendizaje que sólo es posible a partir de una disposición psicológica cada vez más infrecuente. En un país en el que el eje izquierda-derecha lo succiona todo, la política se convierte en un limbo en el que se juega con las necesidades, las emociones, las frustraciones de la gente y las reputaciones de los políticos. La política se sitúa bajo la argumentación emocional sin poder ser replicada con lo que Hayek llamaba “la fatal arrogancia del exceso de razón”.

Un tiempo en el que a los mejores les falta convicción y a los peores les sobra apasionamiento es, en efecto, el tiempo de una democracia sentimental, donde se imponen quienes confunden las realidades sociales con las redes sociales y en la que las apelaciones a la razón, antes entronizada, se desmigan al chocar con el muro de la ciberpolítica.

La política se transforma también en un lugar donde impera la sentencia disyuntiva: “me gusta”, “no me gusta” que suprime de un golpe toda posibilidad de discusión, todo atisbo de duda. Y dudar es muy importante. Créanme, yo siempre tengo dudas. Sé que los doctrinarios tienen el privilegio de no verse afectados por las perplejidades y la inseguridad que asaltan al resto de los mortales, pero para conciliar posiciones, para pactar, para negociar, hay que tener muchas dudas y, eso sí, unas pocas certezas. En la política española ocurre al revés. Los populistas no dudan. Eso sí, cambian, mutan, fluyen. Se contradicen a diario sin que nadie les pida cuentas, porque la solidez nunca les ha importado. El populismo ya era líquido antes de Zygmunt Bauman.

Los nacionalistas tampoco dudan. Ahí siguen con sus naciones, sus soberanías, sus referendos y demás entelequias, ese lenguaje mítico con el que preparan las tisanas que nos marean con sus vapores. Andan también en búsqueda de una emoción, la expectativa colectiva ante una supuesta parusía que inaugurará un mundo nuevo. Dicen que al independentismo no se le puede replicar sólo con la ley porque es un sentimiento, el sentir propio de quienes se consideran nación. Yo respondo que ya lo sé, y que mi preocupación es que no se conteste al sentimiento con el sentimiento, porque los choques emocionales tienen muy mal remedio. No sé cuál será el punto exacto de la solución, pero estoy convencido de que sólo se alcanzará mediante la razón, la política y la duda. Y si de algo carecen los independentistas es de dudas. Tratar con gente que siempre va cargada de certeza resulta muy problemático.

Creo en la duda y en la palabra, y las reivindico como requisitos para el diálogo y la acción política, terminaba afirmando. Las reclamo ante la tensión independentista, ante la falta de consensos básicos como el que es necesario para ordenar la educación, ante la reforma de la Constitución, ante todos los grandes problemas que no pueden despacharse con el encastillamiento de quien se supone dueño de la única razón.



Dibujo de Nicolás Aznárez para El País




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miércoles, 19 de julio de 2017

[Humor en cápsulas] Para hoy miércoles, 19 de julio de 2017





El Diccionario de la lengua española define humorismo como el modo de presentar, enjuiciar o comentar la realidad resaltando el lado cómico, risueño o ridículo de las cosas. Pero también como la actividad profesional que busca la diversión del público mediante chistes, imitaciones, parodias u otros medios. Yo no soy humorista, así que me quedo con la primera acepción, y en la medida de lo posible iré subiendo al blog cada día las viñetas de mis dibujantes favoritos. Las de hoy con Morgan en Canarias7; Gallego y Rey e Idígoras y Pachi en El Mundo; El Roto, Forges, Peridis, Ros y Sciammarella en El País; y Montecruz y Padylla en La Provincia-Diario de Las Palmas. Disfruten de ellas.





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