domingo, 10 de noviembre de 2013

La conferencia de los socialistas españoles: Nov. 2013. ¿Punto y aparte?


Acabó la conferencia política de los socialistas españoles que durante tres días ha tenido lugar en Madrid. Tiempo habrá del análisis pormenorizado de la misma, aunque yo no tengo mucho ánimo para ello, escaldado como estoy de expectativas anteriores. Si lo tiene, por ejemplo, el profesor de la Universidad noruega de Gotemburgo, el español Víctor Lapuente Giné, con unas más que razonables objecciones que formula a las conclusiones de la misma en su artículo "La carga del hombre rojo", que resume en dos puntos: 1) el coste de la propuesta se hace recaer de nuevo en "otros" en vez de pedir sacrificios a los "nuestros"; y 2) hubiese sido más práctico salir de la conferencia con una buena brújula que con un mapa tan detallado. También opina sobre la conferencia política socialista Antonio G. Maldonado, en su blog "Despachos de letras", con un sarcástico artículo titulado "El PSOE de Brian. La Conferencia Política del Frente Judaico".

Lamentablemente, y por culpa de mi escepticismo visceral, creo que ambos tienen razón. En todo caso, tengo claro que la resurrección de la izquierda democrática española pasa necesariamente por el PSOE: por otro PSOE, renovado hasta los tuétanos, o no pasa; y ya me puedan contar desde IU y adláteres lo que quieran, que no hay otra.

Hace unos años vi por televisión una película del director francés Claude Chabrol titulada "Le fleur du mal" (2002). Su personaje principal era una aún joven mujer, esposa de un destacado miembro de la alta burguesía provinciana francesa y concejala en el ayuntamiento de su localidad que decide presentarse como candidata independiente a la alcaldía. En un momento de la película, su marido le pregunta por qué ha decidido presentarse si a ella nunca le ha gustado la política; la respuesta de la esposa es: "lo que yo hago, no es política"... Ganó la alcaldía.

Reproduzco la acepción de político que recoge el diccionario de la Real Academia Española: "persona que interviene en las cosas del gobierno y negocios del Estado". Quizá el personaje tuviera razón en lo que decía...

Por esas mismas fechas (lo recuerdo bien porque ya escribí sobre ello en el blog) oía por la radio las declaraciones de un concejal del ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria que anunciaba que iban a promover la creación de un "metro", de ocho líneas, en la capital insular. Le preguntaba el locutor, supongo que con ingenuidad: "¿Con la financiación del Estado, no?". Y la respuesta fue: "Sí, claro". Sin comentarios. ¿Político o imbécil?... Esa es la clase de "políticos" que no deberíamos permitir que volvieran.

También en noviembre de 2008 publicaba en El País el profesor Ramón Vargas-Machuca, catedrático de Filosofía Política y exdiputado socialista durante cuatro legislaturas, un artículo titulado "Decálogo del buen político". Decía en él, que al buen político cabía exigirle profesionalidad, talento, información, eficiencia, innovación, decisión, prudencia, astucia, responsabilidad y persuasión...

Creo que son cualidades necesarias, pero no suficientes, porque a ellas habría que añadirle dos supuestos externos a él mismo: primero, una retribución justa, equilibrada y suficiente, establecida con carácter previo por un organismo supervisor e independiente de la Administración Pública, gracias a la cual el ejercicio de la actividad política no le resultara lesivo a sus intereses personales y profesionales; y segundo, una taxativa limitación en el número de mandatos en el ejercicio del cargo. A lo mejor así se animarían a dedicarse a la política buenos profesionales ajenos a ella, reticentes a hacer del "servicio público" una forma de vida o de vivir de él... Haberlos, haylos, seguro. Como las meigas, en Galicia, y las brujas en mi tierra, aunque no crea en ellas.

Les recomiendo la lectura de los artículos de los profesores Lapuente y Vargas-Machuca en los enlaces de más arriba; hoy, con más razones que nunca.

Sean felices, por favor. Y como decía Sócrates: "Ιωμεν", vámonos. Tamaragua, amigos. HArendt



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Encontrar las palabras


"Lass uns die Worte finden": Encontremos las palabras... Esa frase se la escribía en una carta de amor la poetisa austríaca Ingeborg Bachmann (1926-1973) al poeta rumano Paul Celan (1920-1970), su amante, poco antes de romper su relación. Ambos están considerados como los autores líricos cumbre en lengua alemana del siglo XX. Ambos murieron jóvenes, en su plenitud artística, de forma violenta: ella, en un extraño incendio, nunca aclarado, de su casa romana; él, tirándose al Sena desde uno de sus puentes en París. Luego me detendré en la razón del título de esta entrada.

Siempre resulta complicado encontrar las palabras justas para lo que uno pretende contar. A mí, mejor lector de ensayo que de ficción, de vez en cuando me entra la vena heterodoxa que uno lleva dentro y se resarce por unos días de tanta lectura pretenciosa, aunque no por ello menos satisfactoria. Por ejemplo, sigo con los ocho volúmenes de la impresionante "Historia crítica del pensamiento español" (Círculo de Lectores, Barcelona) de José Luis Abellán, del que me queda por leer el tomo 7 y la mitad del 6; aunque ahora estoy enfrascado con las "memorias", en dos tomos (de 1946 y 1970, respectivamente) del general Carlos Martínez de Campos, duque de la Torre, que abarcan el período 1892-1953 ("Ayer": Instituto de Estudios Políticos, Madrid). Interesantísimas, pues no en vano fue un gran escritor, miembro de número de la Real Academia Española.

Pero hablaba de mis otras lecturas esporádicas, las noveladas, que de vez en cuando me alegran el espíritu. Con ellas me pasa como con las lluvias en Canarias, que no llueve nunca, pero que cuando lo hace, lo es torrencialmente. Así que, si en la no-ficción, no paso de una veintena de páginas al día, con las "otras", si le cojo el gusto (algo que "sé" si va a ocurrir no más alla de la tercera página) caen de un tirón. Me ha pasado con las tres últimas lecturas, en lo que va de mes, que han caído a una por día: el "San Manuel Bueno, mártir", de Unamuno (Cátedra, Madrid); el "Mister Witt en el Cantón", de Ramón J. Sender (Alianza, Madrid); y el mucho más actual "La verdad sobre el caso Harry Quebert" (Alfaguara, Madrid), del suizo Joël Dickert.

Comienzo por esta última, cuyas "tres" primeras páginas me animaban a abandonar la lectura de las 672 restantes, que se presentaba cansina. Al final, seguí de un tirón con ella y la disfruté; pura literatura de evasión -una trama policíaca- que transcurre en una pequeña ciudad de Nueva Inglaterra a lo largo de una treintena de años y trata sobre la extraña desaparición de una joven. Está muy bien construida y los artificios literarios resultan muy interesantes. En todo caso, una vez leída, se acabó la historia.

De la obra de Sender, está todo dicho, supongo... Yo, al menos, poco tengo que añadir -salvo que la he releído emocionado- sobre esta historia novelada de la revuelta del cantón de Cartagena, que transcurre entre mayo y diciembre de 1873, en plena efervescencia revolucionaria federalista. Momentos finales de una experiencia, la I República española, que acabó a manos, como no podía ser menos, de un militar. Por cierto, antepasado del general Carlos Martínez de Campos de cuyas memorias hablaba al comienzo de la entrada.

De la genialidad literaria y poética, vital y angustiosa, de Unamuno, su "San Manuel Bueno, mártir" es un ejemplo preclaro. Leer su novela es zambullirse en el atormentado mundo interior del que quiere creer, o cree, sin fe. Una terrible experiencia por la que pasé hace ya mucho tiempo y que ya no me atormenta lo más mínimo.

Y toda esa larguísima digresión para, al final, llegar donde quería: a ese "encontremos las palabras" que da título a la entrada de hoy, y que están en el artículo del número de noviembre de la nueva edición electrónica de Revista de Libros, titulado "La retrovanguardia digital". Escrito por Manuel Arias Maldonado, profesor de Ciencias Políticas en la Universidad de Málaga, lo pueden leer en el enlace anterior.

Su "tesis" central es -siguiendo al historiador británico Tom Standage, uno de cuyos últimos libros comenta en su artículo- que la erupción de las redes sociales actuales no constituye sino la prolongación natural de una constante histórica: una polifonía social solo interrumpida durante la era de la comunicación de masas, que se ramifica en direcciones insospechadas, disminuyendo así el número de las influencias compartidas sobre las que se organiza la conversación pública.

Y todo, para plantearse finalmente nuevas preguntas acerca del futuro de la opinión pública e incluso de la propia democracia, y concluir, que quizá lo mejor y único posible sea esforzarse en hacer cada uno lo que podamos en el espacio que nos es dado y con los medios de que disponemos; que no son pocos, dice. Y en ello estamos, por lo menos yo... Encontremos pues, las palabras y sigamos adelante.

Sean felices, por favor. Y como decía Sócrates: "Ιωμεν", vámonos. Tamaragua, amigos. HArendt



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En el 75.º aniversario de la "Kristallnacht" o Noche de los cristales rotos. ¿Volvemo a empezar?


En esta noche del 9 al 10 de noviembre se cumplen 75 años justos del inicio de lo que acabaría convirtiéndose en el Holocausto: la "Shoah", el exterminio sistemático y premeditado de los judíos de Alemania y Europa por el régimen nazi. La atrocidad fue de tal calibre que ninguna de las realizadas posteriormente por régimen, estado, nación u hombre alguno, y las ha habido de todos los colores y calibres, le resulta equiparable. Fue la llamada por los historiadores "La Noche de los Cristales". Aquella noche, como había anunciado ya cien años antes el poeta alemán Heine (de origen judío): "quién quema libros termina tarde o temprano por quemar hombres", dio comienzo uno de esos hechos que avergonzarán por siempre a la humanidad. Y como dijo el también judío italiano Primo Levi en uno de los libros más intensamente conmovedores que he podido leer nunca, "Si esto es un hombre" (Muchnik, Barcelona, 2002), quizá no podamos comprender nunca lo que pasó, pero si podemos y debemos comprender dónde nació, y estar en guardia. Si comprender es imposible -dice-, conocer es necesario, porque lo sucedido puede volver a suceder, las conciencias pueden ser seducidas y obnubiladas de nuevo: las nuestras también, concluye.

Lo recordaba en su día un interesante artículo de El País titulado "La España en guerra ante la Kristallnacht", del profesor de Antropología Social de la Universidad Complutense de Madrid, Alejandro Baer.

El artículo del profesor Baer se centraba en explicar la diferente actitud que mostraron ante los hechos que se relatan en el mismo el gobierno y la prensa de la zona republicana, por un lado, y el gobierno y la prensa de la zona nacional, por otro. La primera, condenándolo con energía y rotundidad; la segunda, amparándolo y justificándolo.

Pero a mi lo que más me llamó la atención del artículo fue la afirmación, que comparto, de que "los enraizados prejuicios y estereotipos antisemitas, con que se prodigaron en noviembre de 1938 quienes finalmente ganaron la Guerra Civil, han perdurado durante décadas. Sus resabios y ramificaciones forman parte de nuestro presente". ¿Acaso le cabía a alguien duda de ello? No me atrevería yo a afirmar rotundamente que la mayoría de la sociedad española sea racista; desde luego, arraigados prejuicios antisemitas si que tiene. Y en lo que discrepo del profesor Baer es que provengan del régimen franquista... Tengo la impresión de que son bastante más antiguos.

Hay un libro espléndido y admirable del filólogo e historiador Américo Castro titulado "España en su historia: cristianos, moros y judíos" (Círculo de Lectores, Barcelona, 1989), que explicita ese eterno tema de discusión académica nacional sobre que es el "Ser de España". Castro, contra la opinión de otros eminentes historiadores españoles como Claudio Sánchez Albornoz, con el que polemizó duramente sobre ello, se inclina por la tesis del mestizaje entre cristianos, moros y judíos, como característica definitoria del "ser nacional español". Es por ello por lo que al inicio del capítulo X de su libro afirma con rotundidad: "La historia del resto de Europa puede entenderse sin necesidad de situar a los judíos en un primer término; la de España, no. La función primordial y decisiva de los hispano-hebreos es indisoluble, a su vez, de la circunstancia de haber vivido articulados prietamente con la historia hispano-musulmana."

Como atestigua mi apellido paterno y el escudo de armas familiar (se dice en él que "probó" su hidalguía, lo que significa que había dudas sobre la pureza de su sangre...) soy descendiente de conversos. Como lo fueron innumerables españoles tales como el propio rey Fernando el Católico; los escritores Juan de Mena, Fernando de Rojas, fray Luis de León, Mateo Alemán, Hernando del Pulgar, Jorge de Montemayor y el mismo Miguel de Cervantes; los místicos (y santos) Teresa de Jesús y Juan de la Cruz; el teólogo Juan de Torquemada; el médico y científico Miguel Servet; los filósofos Juan Luis Vives, Francisco Sánchez y Benito Espinosa... La lista es interminable y espléndida.

Decir ahora que el antisemitismo español, según algunos especialistas el más arraigado de Europa, es producto del franquismo, o de la confrontación israelí-palestina actual me parece como poco quedarse un poco cortos... El problema es que tengo la impresión de que Europa, y España con ella, camina de nuevo hacia un resurgimiento populista de la xenofobia y el racismo. Confío en equivocarme, pero ejemplos recientes en sentido contrario, tenemos más que sobrados. Termino con otro párrafo, que me parece muy significativo, del libro de Primo Levi que cité al comienzo de la entrada: "Destruir al hombre es difícil, casi tanto como crearlo: no ha sido fácil, no ha sido breve, pero lo habéis conseguido, alemanes. Henos aquí dóciles bajo vuestras miradas; de nuestra parte nada tenéis que temer: ni actos de rebeldía, ni palabras de desafío, ni siquiera una mirada que juzgue." ¿Volvemos a empezar?

Les dejo un impresionante documento histórico sobre la "Shoah", el documental del mismo título realizado por el director francés Claude Lanzmann en 1985, de nueve horas de duración. Pueden verlo aquí si lo desean. Está en francés y subtitulado en español.

Sean felices, por favor. Y como decía Sócrates: "Ιωμεν", vámonos. Tamaragua, amigos. HArendt


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