sábado, 13 de diciembre de 2025

UNA LLAMADA DESDE LA CASA BLANCA: TRUMP ES UNA AMENAZA PARA LA SEGURIDAD NACIONAL. ESPECIAL DE HOY SÁBADO, 13 DE DICIEMBRE DE 2025

 







Para actualizar a Samuel Johnson , hoy en día la seguridad nacional es el último refugio de un sinvergüenza, escribe en Substack (12/12/2025) el premio Nobel de Economía y Princesa de Asturias de Ciencias Sociales, Paul Krugman. Según Donald Trump, todo lo que no le gusta es una amenaza para la seguridad nacional. ¿Cuestionar sus aranceles claramente ilegales? Eres una fuerza oscura y siniestra que intenta socavar a Estados Unidos. Cuando el New York Times informó sobre indicios de que la edad podría estar afectando la resistencia de Trump, este denunció la información como "sediciosa, quizás incluso traidora".

Pero algunos de los aliados de Estados Unidos —y muchos de nosotros aquí en casa— estamos cada vez más abiertos a decir que el verdadero peligro viene de dentro de la Casa Blanca: el propio Trump se ha convertido en la mayor amenaza a la seguridad que enfrenta Estados Unidos y, de hecho, todas las democracias del mundo.

El miércoles, un nuevo informe del servicio de inteligencia militar de Dinamarca contenía la declaración más explícita de la creciente alarma. Señalaba que, bajo el gobierno de Donald Trump, Estados Unidos ya no se comporta como un socio amistoso:

Estados Unidos utiliza el poder económico, incluidas amenazas de aranceles elevados, para imponer su voluntad, y ya no descarta el uso de la fuerza militar, incluso contra sus aliados.

Sin duda, la preocupación de Dinamarca se ha visto acentuada por las reiteradas afirmaciones de Trump de que quiere "apoderarse" de Groenlandia, territorio danés. En agosto, el gobierno danés convocó al jefe de la embajada estadounidense para protestar por las "operaciones encubiertas de influencia" en Groenlandia llevadas a cabo por estadounidenses vinculados a Trump.

Sin embargo, Dinamarca no es la única que ha expresado sus preocupaciones y tomado medidas al respecto. Varios de los aliados tradicionales más cercanos de Estados Unidos, como Canadá y el Reino Unido, han tomado medidas para limitar el intercambio de inteligencia con Estados Unidos. Una preocupación mencionada es el riesgo de ser cómplice de actos ilícitos o crímenes de guerra derivados de los ataques mortales contra embarcaciones en el Caribe.

En voz baja, también es evidente que los canadienses y los europeos están alarmados por la presencia de simpatizantes de Putin y teóricos de la conspiración como Tulsi Gabbard, directora de Inteligencia Nacional, en puestos sensibles dentro de la administración Trump. Tras escuchar la grabación filtrada de la conversación aduladora y casi traidora de Steve Witkoff con Yuri Ushakov, asesor de política exterior de Putin, en la que Witkoff lo instruyó sobre cómo manipular a Trump, ¿quién querría compartir información sensible con este presidente estadounidense?

En términos más generales, en un mundo de creciente conflicto geopolítico, cada vez es más evidente de qué lado está la administración Trump: del lado de sus intereses personales, rencores y prejuicios. La nueva Estrategia de Seguridad Nacional de Trump , publicada la semana pasada, dejó clara esta dinámica . No condenó la agresión rusa contra Ucrania y apenas mencionó la rivalidad de Estados Unidos con China. Sin embargo, criticó duramente a Europa y apoyó abiertamente a partidos de extrema derecha que intentan socavar la democracia europea.

El "plan de paz" propuesto por Trump para Ucrania no solo parece una lista de deseos rusa, sino que también utiliza una redacción y una sintaxis extrañas que sugieren que fue traducido de un original ruso. Además, el Wall Street Journal informa que el plan incluye varios apéndices no revelados que desbloquearían los activos rusos congelados y reactivarían la economía rusa, poniendo fin de forma efectiva a las sanciones que Putin ha enfrentado desde que invadió Ucrania.

Por odiosas que fueran las acciones de Witkoff, revelaron la verdad: la política exterior de Trump no se trata de garantizar la seguridad y el bienestar de Estados Unidos. Se trata de alimentar el ego de Trump, de apelar a su incesante psicodrama de dominación y adulación. Quien crea lo contrario vive en el país de las maravillas.

Esta traición a los intereses de seguridad de Estados Unidos se extiende a la política económica internacional de Trump y a su claro abuso de las leyes arancelarias. Según la Sección 232 de la Ley de Expansión Comercial de 1962, un presidente tiene amplia discreción para imponer aranceles con el fin de proteger industrias consideradas cruciales para la seguridad nacional. Y los aranceles de seguridad nacional son legales según el derecho internacional.

Sin embargo, la administración Trump ha ridiculizado la Sección 232, utilizándola para justificar aranceles sobre muchos bienes que no tienen ninguna relación con la seguridad nacional. En octubre, por ejemplo, Trump impuso aranceles de la Sección 232 a muebles tapizados y gabinetes de cocina. En su opinión, Estados Unidos correría un gran riesgo si dependiera de proveedores extranjeros de sofás nuevos en medio de un conflicto internacional.

Aunque impone aranceles del 50% para limitar la amenaza de los gabinetes de cocina chinos, Trump ha decidido permitir que China compre los chips semiconductores avanzados de Nvidia que impulsan muchos modelos de IA. Tengan en cuenta que el liderazgo de Estados Unidos en tecnología de vanguardia es una de nuestras pocas ventajas en la competencia geopolítica con China, y este regalo a China ha sido duramente criticado por todos los verdaderos expertos en seguridad nacional que conozco. (Nuestra otra gran ventaja solía ser que teníamos muchos aliados fuertes, pero Trump ha acabado con eso).

Sin embargo, Trump ahora, por una módica tarifa, permite que los chinos accedan a nuestros semiconductores más avanzados. Como lo expresó el Wall Street Journal —que no es precisamente un periódico de izquierdas— :

Los indios lograron un mejor acuerdo al vender Manhattan a los holandeses. ¿Por qué el presidente entregaría una de las principales ventajas tecnológicas de Estados Unidos a un adversario y su principal competidor económico?

Pero la respuesta es simple: a Trump no le importa en absoluto la seguridad nacional, ni siquiera los intereses nacionales de Estados Unidos. Al contrario, todo gira en torno a él: según se informa, Trump tomó la decisión de permitir que los chinos adquirieran los chips avanzados de Nvidia tras la presión personal de Jensen Huang, el director ejecutivo de Nvidia. Claramente, los exportadores chinos de muebles y gabinetes de cocina necesitan la asesoría de Steve Witkoff.

Para que quede claro, no soy un purista del libre comercio. No digo que la seguridad nacional deba ignorarse o subestimarse al establecer la política económica. Al contrario, en un mundo donde China es posiblemente la principal superpotencia mundial, donde Putin se siente con la libertad de lanzar una guerra de conquista a las puertas de Europa, las consideraciones de seguridad nacional son cruciales. De hecho, se podría argumentar que la doble amenaza de China y Rusia ha dejado a Estados Unidos mucho más vulnerable que en cualquier otro momento de nuestra vida. Sin embargo, las mayores amenazas a la seguridad nacional de Estados Unidos no provienen de Pekín ni de Moscú. Provienen directamente del Despacho Oval.























DE LAS ENTRADAS DEL BLOG DE HOY SÁBADO, 13 DE DICIEMBRE DE 2025

 








Hola, buenos días de nuevo a todos y feliz sábado, 13 de diciembre de 2025. Algo fundamental se está desvaneciendo, casi imperceptiblemente, en el espacio público, dice en la primera de las entradas del blog de hoy el ingeniero y profesor del MIT de Boston, Carlo Ratti, y la inteligencia artificial puede ayudarnos a recuperar el espacio público bajo la óptica del bien común. En la segunda, un archivo del blog del 18 de diciembre de 2017, el profesor Timothy Garton Ash, catedrático de Estudios Europeos en la Universidad de Oxford, comentaba que la Unión Europea debería guardar un año de silencio, y en lugar de llenarse de palabras con un proyecto político que pretende ser sistemático y racional, lo que debería intentarse es conservar, defender y mejorar este enorme, desastrado y vulgar hogar europeo que ya hemos construido. El poema del día, en la tercera, es del poeta español Carlos Iglesias Díez, se titula Tercer aniversario, y comienza con estos versos: Tu recuerdo otorga peso/a todo aquello que aún vibra/más allá del aire. Y la última entrada del día, como siempre, son las viñetas de humor. Volveremos a vernos mañana si la diosa Fortuna lo permite. Sean  felices, por favor. Tamaragua, amigos míos. Y como decía Sócrates: ἡμεῖς ἀπιοῦμεν. HArendt















DE LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL COMO DINAMIZADORA DEL ÁGORA PÚBLICA DESAPARECIDA

 







La inteligencia artificial puede ayudarnos a recuperar el espacio público bajo la óptica del bien común, escribe en El País, 07/12/2025, el ingeniero y profesor del MIT de Boston, Carlo Ratti. Algo fundamental se está desvaneciendo, casi imperceptiblemente, en el espacio público, comienza diciendo. Las aceras siguen llenas de gente, los parques también, pero si observamos, o mejor dicho, si medimos más de cerca, la trama sutil de las interacciones sociales parece haber cambiado. Se ha vuelto más escasa.

En Yale, Harvard y otras universidades estadounidenses hemos utilizado la inteligencia artificial para analizar diferentes espacios públicos en Nueva York, Boston y Filadelfia, comparando grabaciones de los años setenta con vídeos tomados en los mismos lugares en años recientes. Los resultados, publicados en la revista científica Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), son sorprendentes. Hoy se camina más rápido y se interactúa menos. En un mundo en el que las pantallas y las plataformas digitales nos siguen a todas partes, el espacio físico —el real, el compartido— parece estar perdiendo su centralidad.

Sin embargo, las mismas tecnologías que parecen alejarnos de ese espacio podrían también ofrecernos la oportunidad de redescubrirlo. A través de la IA, podemos analizar grandes cantidades de datos sobre cómo las personas interactúan en los espacios urbanos, algo que antes era prácticamente imposible sin un enfoque manual y tedioso. En los años setenta, uno de los pioneros en este campo fue el estadounidense William Holly Whyte. Whyte filmaba durante horas plazas y parques de Nueva York, tratando de entender dónde se sentaban las personas, cómo se movían y qué les impulsaba a estar juntos. Los resultados fueron recopilados en un hermoso libro, The Social Life of Small Urban Spaces, que contiene intuiciones de profunda simplicidad: “Lo que atrae más a las personas, al parecer, son otras personas”. Whyte se centraba en soluciones concretas, como asientos móviles o luz natural. Sus ideas ayudaron a salvar importantes espacios públicos, como Bryant Park en Nueva York, transformándolos en lugares vivos y acogedores que hoy todos amamos. Antes analizar esas grabaciones requería meses de trabajo; hoy, gracias a la IA, el proceso se ha acelerado de manera radical.

En nuestro laboratorio de investigación hemos digitalizado las grabaciones originales de Whyte y las hemos comparado con grabaciones más recientes: desde Bryant Park hasta los escalones del Met de Nueva York, desde Downtown Crossing en Boston hasta Chestnut Street en Filadelfia. Usando estos materiales, entrenamos un modelo de inteligencia artificial similar al que emplean los autos sin conductor. Lo que antes requería meses, hoy se puede procesar en minutos. ¿Los resultados? Entre 1970 y 2010, la velocidad de los peatones ha aumentado un 15%. Las personas se detienen menos y los encuentros cara a cara se han reducido, incluso en los lugares que antes eran más animados. Las ciudades no se han vaciado, pero una parte de su alma parece haberse disuelto.

Las causas podrían ser múltiples. Ritmos laborales acelerados; tiempo libre fragmentado; uso excesivo de los teléfonos inteligentes, que nos encierran en universos paralelos digitales, alejados del fértil torbellino de la calle. Pero es justamente este desorden el que alimenta la cohesión social: el encuentro casual, el gesto amable hacia un desconocido, el juego compartido de niños que hablan diferentes lenguas. Si frecuentamos menos los espacios públicos, corremos el riesgo de perder la costumbre de confrontarnos con la diversidad, ejerciendo la ciudadanía en su sentido más pleno.

Y sin embargo, precisamente las tecnologías como la IA que nos empujan al aislamiento podrían también revelarse como un antídoto inesperado. Los algoritmos de las redes sociales funcionan porque ponen a prueba continuamente lo que nos gusta y lo que no nos gusta. Con la IA podríamos hacer algo similar con el espacio público, asignando a cada plaza una especie de “Holly Whyte digital”: un observador incansable capaz de evaluar los efectos de cada modificación y sugerir posibles ajustes, en un proceso evolutivo continuo.

¿Qué muebles favorecen el encuentro? ¿El verde y el agua pueden mejorar el confort? ¿Los juegos y las actividades sociales pueden ayudar a romper el hielo entre desconocidos? A través de intervenciones de lo que se denomina acupuntura urbana —por ejemplo, bancos móviles, pequeñas fuentes, nuevos caminos sombreados— podemos hacer que la ciudad evolucione como un organismo vivo, en un ciclo continuo de prueba, observación y ajuste. Los diseñadores no deben temer a las nuevas herramientas digitales. Si se utilizan de manera consciente, pueden ayudarnos a resolver viejos problemas urbanos. Sin embargo, debemos darnos reglas. ¿Cuáles?

Primero, humildad. El espacio público del pasado no era perfecto: a menudo excluía a mujeres, minorías, personas con discapacidad. No debemos idealizarlo. Pero tampoco debemos sacrificarlo en favor de una visión tecnocrática en la que los datos lo deciden todo. La IA puede indicar posibles direcciones, pero no definir valores.

Luego, curiosidad. El espacio público es algo vivo: responde al clima, a la luz, a la estereometría. A veces basta una fuente en una tarde calurosa para transformar una zona anónima en un punto de encuentro. En un estudio reciente en Milán descubrimos que el respeto al límite de 30 kilómetros por hora depende más de la forma de las calles que de los carteles. Es el diseño lo que nos guía, no la norma.

Por último, la adaptación al cambio climático, que se impone con fuerza. El sur de Europa se está calentando, pero muchas de nuestras plazas siguen diseñadas para un clima que ya no existe. En Sicilia se cultiva mango, pero faltan sombra y ventilación. Ciudades como Singapur nos enseñan la importancia del uso sabio de la vegetación, el agua y las superficies reflectantes. Si el clima cambia, también deben cambiar los espacios que habitamos.

El reto más profundo, sin embargo, es cultural. Durante demasiado tiempo hemos diseñado la vida pública desde escritorios alejados de la calle. Hoy, gracias a la tecnología, podemos volver a observarla de cerca; probar, corregir y cuidar de ella. Porque el espacio público no debe optimizarse: debe ser amado. El ágora no ha desaparecido. Simplemente necesita ser repensada. Y, tal vez, gracias a la IA, podamos volver a escuchar algo más que se ha olvidado: la frágil y esquiva sinfonía del bien común.













DEL ARCHIVO DEL BLOG. UN AÑO DE SILENCIO. PUBLICADO EL 18/12/2017

 




La Unión Europea debería guardar un año de silencio, escribe en El País de hoy el profesor Timothy Garton Ash, catedrático de Estudios Europeos en la Universidad de Oxford. En lugar de llenarse de palabras con un proyecto político que pretende ser sistemático y racional, lo que debería intentarse es conservar, defender y mejorar este enorme, desastrado y vulgar hogar europeo que ya hemos construido.

¿Por qué hablan tanto?, comienza diciendo el profesor Garton, preguntó un observador indio al ver a un grupo de líderes de la UE de visita en Delhi. Efectivamente, ¿por qué? En política, las palabras siempre superan a los hechos, pero en ningún sitio tanto como en la Unión Europea. Mis estanterías se quejan bajo el peso de 40 años de discursos, panfletos, manifiestos y libros dedicados a exponer grandiosos y complejos planes para nuestro viejo continente. Yo también me quejo; muchos de mis hermanos europeos ya han perdido incluso el deseo de quejarse.

Por eso quiero hacer una humilde propuesta: en la cumbre de esta semana en Bruselas, nuestros dirigentes deberían proclamar un Año Europeo del Silencio. Y después, para las Navidades de 2018, que nos presenten un solo informe, redactado en términos claros, que cuente qué han hecho en este año. Por si no se habían dado cuenta, la UE lleva proclamando Años Europeos de tal o cual cosa desde 1983; por ejemplo, el año que viene será el Año Europeo del Patrimonio Cultural.

El problema no es solo que los líderes europeos se recreen en palabras altisonantes y vacías y prometan más de lo que pueden cumplir. Por ejemplo, la llamada estrategia de Lisboa, presentada en el 2000, se proponía convertir Europa en “la economía del conocimiento más competitiva y dinámica del mundo” antes de 2010. Los ciudadanos europeos ven el inmenso abismo que separa la retórica de la realidad y es comprensible que estén insatisfechos.

Pero, por encima de todo, es que lo que tienen en común estos discursos, panfletos e informes es un deseo de futuro, casi utópico, de que la Unión Europea sea una entidad lógica, coherente, limpia y ordenada, como los jardines de Versalles. De ahí todo ese constante hablar de arquitectura y geometría en relación con Europa. En su manifiesto personal en forma de libro, con el revelador título de Révolution, el presidente francés, Emmanuel Macron, prevé una gran ronda de consultas democráticas en todos los Estados miembros de la Unión Europea a lo largo del próximo año, que culminen en un "Plan para Europa". Ah, sí, claro, justo lo que Europa necesita: otro plan.

Ahora, el líder del SPD alemán, Martin Schulz, ha ido un paso más allá y ha declarado que necesitamos contar con unos Estados Unidos de Europa de aquí a 2025, “como muy tarde”. Los Estados miembros que no se adhieran a su tratado constitucional tendrán que irse de la Unión Europea, así de sencillo. ¿Alguien se cree que eso vaya a pasar?

Tienen razón los políticos y los periodistas al diagnosticar una crisis profunda y continuada de la polis del proyecto europeo e indicar la necesidad urgente de resolverla. Pero, al examinar con detalle las reformas propuestas, vemos que son inevitablemente complejas, porque consisten en soluciones concretas e individuales a los problemas de la eurozona, la zona Schengen, el déficit democrático, la política contributiva, las prestaciones sociales, etcétera. Y una vez que todas esas propuestas distintas, y a veces contradictorias, hayan pasado por la fábrica de salchichas de los órganos de la UE, los resultados serán todavía más complejos, fragmentados y pragmáticos.

Es interesante que Schulz diga que “el elemento fundamental” de las negociaciones de su partido para entrar en una gran coalición encabezada por Angela Merkel sea “dar una respuesta positiva” a Macron. En realidad, ante la visión del presidente francés de una eurozona federal o, al menos, en proceso de federalización, los democristianos de Merkel están dispuestos a ceder solo hasta cierto punto, y mucho menos ante los Estados Unidos de Europa que a Schulz le gustaría crear por la vía rápida, y que el posible sucesor de Merkel, Jens Spahn, ha calificado de “fantasía”. Y eso, antes de empezar con las posturas nacionales de otros 25 Estados miembros. De modo que ¿para qué elaborar otro gran proyecto futurista que nunca verá la luz y programar por adelantado una nueva oleada de insatisfacción?

Quiero hacer hincapié en que esto no es retroceder a un puro pragmatismo sin propósito ni base filosófica. Lo que sugiero es precisamente un giro filosófico: del futurismo al conservadurismo (con c minúscula). En lugar de concebir el proyecto político “Europa” como algo que siempre mira hacia adelante, hacia una vaga construcción sistemática y racional, pensemos que se trata de conservar, defender y mejorar este enorme, desastrado y vulgar hogar europeo que ya hemos construido.

En un libro publicado en 1980, el filósofo conservador inglés Roger Scruton mostró un ligero desprecio por cualquier idea de “euroconservadurismo”. Decía que el conservadurismo consiste en querer preservar y reforzar un orden social existente, no una abstracción internacional. Sin embargo, casi 40 años después, Europa se parece mucho a un orden social tal como lo define Scruton. Tenemos una serie de instituciones comunes que tienen ya una antigüedad mayor que las de muchas naciones-Estado. La mayoría de los europeos posee unos hábitos de cooperación arraigados. La mayoría comparte unos valores importantes, que afloran de manera espontánea e indignada ante la última decisión de Vladimir Putin o Donald Trump. La mayoría quiere preservar la Unión, y especialmente la libertad para trabajar, estudiar, viajar y vivir en cualquier lugar dentro de ella.

Es posible que los vínculos sociales de Europa no sean tan sólidos como los de una nación antigua, pero lo son mucho más que los una simple organización internacional. Y se han forjado de manera gradual, mediante la negociación, el acuerdo y la casualidad. Desde luego, si el gran pensador conservador Edmund Burke volviera a su Dublín natal, llegaría a la conclusión de que las complejas estructuras y costumbres de la Unión Europea se parecen más a las del Reino Unido actual, mayor y desvencijado, que a las perfectas y coherentes estructuras constitucionales de la República Federal de Alemania.

Muchos europeos tienen ya una actitud más o menos conservadora respecto a esta unión tan burkiana. Saltan a defenderla contra la marea actual de ataques nacionalistas y populistas. Quieren proteger el hogar familiar, arreglar las cañerías de la eurozona y levantar una valla de Schengen más sólida, pero no quieren volver a construir toda la casa, como insisten los pesados de los arquitectos. Y seamos sinceros: en estos tiempos oscuros, el mero hecho de mantener lo que se ha construido en Europa desde 1945 ya sería un gran triunfo.

De modo que brindemos por un nuevo amanecer del euroconservadurismo. Estoy deseando leer el informe sobre la conservación de nuestra casa europea común el próximo mes de diciembre. Mientras tanto, más valen obras que palabras. Y ahora, como decía Sócrates, Ιωμεν: vámonos. Sean felices, por favor, a pesar de todo. Tamaragua, amigos. HArendt















DEL POEMA DE CADA DÍA. HOY, TERCER ANIVERSARIO, DE CARLOS IGLESIAS DÍEZ

 







TERCER ANIVERSARIO



Tu recuerdo otorga peso

a todo aquello que aún vibra

más allá del aire:

la estremecida nana

de los camiones en la noche,

el secreto dulzor de la saliva

al morder una cereza,

tu voz desgranando el eco

de los vivos y los muertos,

como quien eleva al cielo

una plegaria o un rezo;

mi infancia que hoy perdura,

cobijada entre tus brazos,

desafiando al tiempo.



CARLOS IGLESIAS DÍEZ (1983)

poeta español






















DE LAS VIÑETAS DE HUMOR DEL BLOG DE HOY SÁBADO, 13 DE DICIEMBRE DE 2025

 






































viernes, 12 de diciembre de 2025

NO ESTAMOS SOLOS. ESPECIAL DE HOY VIERNES, 12 DE DICIEMBRE DE 2025

 







Buena parte de la angustia que vive Europa se debe a una sensación extendida de soledad y de amenaza, escribe en la revista Ethic (09/12/2025) el periodista Íñigo Alfonso Imízcoz. El miedo al futuro que sienten muchos compatriotas obliga a reparar las redes de inmediato. De otra manera, los extremismos se adueñarán de la agenda y de las mayorías suficientes en los parlamentos nacionales.

Se termina un 2025 complicado para Europa, comienza diciendo. Y aunque las proyecciones para el próximo año no indican cambio de vientos, es mejor no caer en la resignación que genera el fatalismo. Como en tantos campos de la vida, eso es lo complicado. Encontrar el equilibrio entre la preocupación de muchos hogares ante un contexto, internacional e interno, que se percibe como hostil y la sensación derrotista que conduce a pensar que los problemas son irresolubles. Nos merecemos algo más que tener miedo al futuro o vivir sin esperanza. ¿Cómo se gestiona este sentimiento compartido por muchos en Europa de que no existen expectativas positivas y de que van a vivir peor que sus padres? ¿Cómo se reconduce ese malestar que alimenta los populismos y ofrece a los más extremistas una oportunidad que antes no tenían?

La primera opción: estamos solos. O mejor, para evitar la contradicción, estoy solo. Hay quien encuentra la esperanza –en este entorno turbulento en el que Europa busca su lugar– plegando las antenas literalmente y reivindicando su aislamiento. Sin atender las noticias ni las redes sociales, descenderá el ruido pero se corre el riesgo de no poder interpretar bien qué está ocurriendo y por qué. Una suerte de e-ermitaño, un Baterbly contemporáneo. Antes de optar por el exilio eterno en Radio Clásica, es posible mejorar la escucha diaria combinando esta excelente emisora musical con una dieta informativa que sea saludable, diversa, plural y profesional. Eso depende de cada uno. Y sin olvidar que, este instante de la vida, este microsegundo en el que algo puede estar cambiando de forma irremediable, quizá se comprenda mejor mejor si al buen trabajo periodístico se le añade una buena conversación y una dosis de ficción. Barra libre para la ficción, pero de la que como diría el filósofo Javier Gomá permite «a las polillas aspirar a ser ángeles».

La segunda posibilidad: estamos acompañados. Buena parte de la angustia que vive Europa se debe a una sensación extendida de soledad y de amenaza. El individualismo creciente introduce los nervios en una caja de resonancia en la que todo suena mucho más intenso. Son monstruos, algunos con pies de barro, como los que con frecuencia asoman cuando uno no puede conciliar el sueño. El miedo a perder el estatus, o lo poco que se tiene, la ausencia de aspiraciones inspiradoras y el avance de la precariedad que se ceba sobre todo con los jóvenes y muchas familias de trabajadores están cargando de explosivos las bases de nuestra convivencia y modelo de vida. Y el reto es tan evidente y tan mayúsculo que solo colectivamente podremos abordarlo. Si la situación geopolítica se traduce en recortes de la calidad de vida de los europeos, hay que empezar a discutirlo ya. Si ya tenemos en Europa un problema de desigualdad creciente que fractura las sociedades, urge abordarlo ya. El miedo al futuro que sienten muchos compatriotas obliga a reparar las redes de inmediato. De otra manera, los extremismos se adueñarán de la agenda y de las mayorías suficientes en los parlamentos nacionales. La radicalidad rebasará, entonces, los discursos y se traducirá en decisiones extremistas y excluyentes.

Para reparar las redes es conveniente pasar del yo al nosotros. Como sostiene Minouche Shafik en su ensayo Lo que nos debemos los unos a los otros, se trata de «no vernos abocados a una destructiva fracturación de la confianza mutua en la que se basan la ciudadanía y la sociedad». En el discurso público conviene cambiar el enfoque hacia planteamientos más constructivos como la alianza por un nuevo pacto social que olvide tanta queja y lamento. Porque no se puede pedir más a quien hoy está sufriendo las consecuencias de la pobreza o hace equilibrios entre tanta precariedad. Pero a los que gozan de una posición más holgada pero se han apuntado al catastrofismo, sí. Por supuesto que sí. Porque todos somos responsables de lo que se tiene en común.

Como lamentaba en 2016 el jurista Joseph H. H. Weiler, se extiende la creencia de que «el Estado, el servicio público –ellos– es el responsable. Nunca nosotros. La idea de que ellos son nosotros ha desaparecido. (…) Somos una Unión de derechos, nunca de deberes». La construcción de un espacio, si se quiere incluso desde el punto de vista sentimental, más colaborativo y mutualista proporcionará aliento para resistir mejor los tiempos recios que llegarán. Y ayudará a generar un marco de pertenencia. Sí, de comunidad. Eso es lo que necesitamos. Sentir la compañía del otro, confiar en él para dar sentido al compromiso individual. Porque esa es la paradoja del momento: la suma de individuos y de sus voluntades es necesaria para no acabar arrastrado por esta corriente de pesimismo. Este es el camino si nos importan las cosas. De otra manera, paralizados, solo quedará cantar con Rosalía las señales de la trascendencia.












DE LAS ENTRADAS DEL BLOG DE HOY VIERNES, 12 DE DICIEMBRE DE 2025

 






Hola, buenos días de nuevo a todos y feliz viernes, 12 de diciembre de 2025. En los primeros años de la democracia, Carmen Díez de Rivera, llegó a ser una de las mujeres más poderosas de España, sin embargo, su figura y su legado quedaron desdibujados por el machismo de la clase política y los prejuicios de la sociedad, escribe en la primera de las entradas del blog de hoy el periodista Martín Bianchi; yo la conocí y hablé con ella, dice HArendt. Despido la séptima singladura anual de "Desde el trópico de Cáncer", escribía HArendt en la segunda de las entradas de hoy, con un soberbio artículo de nuestro controvertido Nobel de Literatura, Mario Vargas Llosa, sobre otro controvertido escritor, intelectual, y también premio Nobel de Literatura, Jean-Paul Sartre. El poema del día, en la tercera, se titula Soy, está escrito por la poetisa costarricense María Montero, y comienza con estos versos: Soy la gran Virginia Grütter, ¿la recuerdas?/la que escupe tabaco en las esquinas/y está ronca de pegar gritos/y camina como una estela pintarrajeada y tambaleante. Y la última entrada del día, como siempre, son las viñetas de humor. Volveremos a vernos mañana si la diosa Fortuna lo permite. Sean  felices, por favor. Tamaragua, amigos míos. Y como decía Sócrates: ἡμεῖς ἀπιοῦμεν. HArendt

















CARMEN DÍEZ DE RIVERA: EL GRAN ENIGMA DE LA TRANSICIÓN

 







En los primeros años de la democracia llegó a ser una de las mujeres más poderosas de España. Sin embargo, su figura y su legado quedaron desdibujados por el machismo de la clase política y los prejuicios de la sociedad. 26 años después de su muerte, el Gobierno la reconocerá con la Encomienda de la Orden Española de Carlos III, escribe en El País (07/12/2025) el periodista Martín Bianchi. A finales de mayo de 1977, comienza diciendo Bianchi, pocos días después de ser cesada como jefa de Gabinete de Adolfo Suárez, Carmen Díez de Rivera recibió una llamada del presidente. Algunos medios de derechas afirmaban que la habían echado de La Moncloa por comunista. La acusaban de ser una espía a sueldo de Alemania del Este y aseguraban que estaba en arresto domiciliario. Suárez la llamó para anunciarle que iba a publicar una nota desmintiendo los rumores. La relación entre ambos no pasaba por su mejor momento. Tras apartarla, el presidente le había ofrecido un puesto como asesora y ella lo había rechazado. Díez de Rivera no quería saber nada de la naciente UCD, no le gustaba la inclusión de tantos funcionarios franquistas en las listas electorales. “Para quitarle hierro al tema, Carmen, he pensado que te voy a dar una Gran Cruz”, le propuso Suárez. “Antes muerta que cogida con una cruz. Cruces ya tengo bastantes. Si insistes en dármela, la rechazaré”, respondió ella.

Casi medio siglo después de esa conversación, que contó la propia Díez de Rivera a su biógrafa, Ana Romero, y 26 años después del fallecimiento de Carmen, finalmente se va a reconocer el papel clave que tuvo la política y aristócrata en la Transición y su trascendencia y legado como la primera y única mujer que ha ocupado el puesto de jefe de Gabinete de un presidente de España. El pasado 29 de noviembre, coincidiendo con el aniversario de su muerte, Pedro Sánchez anunció que el Gobierno va a reconocerla a título póstumo con la Encomienda de la Orden Española de Carlos III, la más alta condecoración civil que puede ser otorgada en este país. Según explican fuentes de La Moncloa a EL PAÍS, todavía no hay fecha para la ceremonia “por un tema de agenda de los familiares”.

El anuncio de la condecoración ha sorprendido a la familia de la llamada “musa de la Transición”, término que acuñó Umbral en las páginas de EL PAÍS y que Carmen detestaba. “Nosotros nos hemos enterado por vosotros, por los medios. Nos llevamos la misma sorpresa que se pudo llevar usted”, afirma Sonsoles Díez de Rivera al otro lado del teléfono. Para la hermana de Carmen, la distinción llega tarde: “A buenas horas, mangas verdes. Esto se hace cuando sales de la política o cuando te mueres. Ya nadie sabe quién fue Carmen. Vaya a preguntar por ahí quién era. Nadie lo sabe. Pero ella hizo lo que creyó que debía hacer y ya está. No lo hizo para que le reconocieran absolutamente nada”.

Sonsoles Díez de Rivera no parece impresionada por el reconocimiento a su hermana ni por lo que representó en la España de la Transición. “Estoy acostumbrada a codearme con todo lo más alto que hay y no nos dejamos pasmar por estas cosas”, zanja.

La periodista Ana Romero, biógrafa autorizada de la política, es más efusiva. “Los reconocimientos llegan cuando llegan y yo me alegro mucho”, dice. “Es normal que llegue tarde porque Carmen no tenía un partido político o una familia que pelearan por su reconocimiento. De esa época, de la Transición, tampoco hubo ningún hombre que luchara por ella. Lo podría haber hecho Felipe González; lo podría haber hecho el rey Juan Carlos; o lo podría haber hecho Alfonso Guerra, con quien Carmen tuvo una relación muy estrecha. Ninguno de esos hombres que trabajaron con ella ha movido nunca un dedo para que se la dignifique”, lamenta Romero, autora de El triángulo de la transición (Planeta), probablemente el libro más completo y riguroso sobre la vida y el legado político de Díez de Rivera.

Se ha escrito mucho sobre el papel de los hombres de la Transición. Pero apenas se ha profundizado en la figura de la única mujer con poder político real y con un papel activo en el desmantelamiento del franquismo y la restitución de la democracia en España. Y cuando se ha hecho, casi siempre ha sido en clave de ficción, a veces con tintes telenovelescos. Ahí están novelas como Lo que escondían sus ojos, de Nieves Herrero; Dejé de pronunciar tu nombre, de Luis Herrero; o El azar de la mujer rubia, de Manuel Vicent; o la obra de teatro Carmen, nada de nadie, de Francisco M. Tallón y Miguel Pérez García. En Anatomía de un instante, la miniserie que acaba de estrenar Movistar Plus+ basada en la novela de Javier Cercas sobre el 23-F, Carmen aparece brevemente, retratada como una simple secretaria.

No hay grandes estudios académicos sobre Díez de Rivera. Tampoco hay calles o plazas con su nombre. “Se habla poco de Carmen porque estuvo poco tiempo en el gobierno. Fue poco tiempo, pero fue ‘el tiempo’. Fueron los nueve meses que vivimos peligrosamente y en los que se desmontó el andamiaje del franquismo. Ella estuvo ahí cuando se aprobó la ley para la Reforma Política; cuando se legalizó el Partido Comunista, tras la matanza de Atocha; y cuando se convocaron las primeras elecciones democráticas”, explica Romero.

Hay otros motivos que explican por qué España la ha olvidado. “Era una mujer en un mundo y en un tiempo de hombres, y luego fue calumniada, vilipendiada, maltratada, descrita como una secretaria, como una espía, como una amante, o como una chica para todo. Es un poco la historia de las mujeres: siempre nos cuesta más”, apunta su biógrafa.

La excesiva discreción de Díez de Rivera tampoco jugó a su favor. Cada vez que alguien la llamaba para hablar sobre su labor en la Transición, decía que no. Ella misma contribuyó a su silencio. Y cuando quiso dar el paso y escribir sus memorias, enfermó de cáncer y murió. Falleció en 1999, solo tenía 57 años.

Pese a esa discreción, Carmen Díez de Rivera e Icaza estaba llamada a tener un papel importante en la extinción del franquismo. La primera vez que puso en aprietos a la dictadura fue el 29 de agosto de 1942, el mismo día de su nacimiento. Su llegada al mundo, tres años después del fin de la Guerra Civil, provocó la indignación de la clase alta y el enfado de Franco y su esposa, Carmen Polo. Era vox populi que la niña no era hija de su padre, Francisco de Paula Diez de Rivera, marqués de Llanzol, sino de Ramón Serrano Suñer, ministro de Exteriores, mano derecha y cuñado del dictador. Franco podía tolerar el affaire de Serrano con Sonsoles de Icaza, la tan admirada marquesa de Llanzol, pero no una bastarda en el seno del régimen. Solo tres días después del nacimiento de Carmen, Franco apartó a su “cuñadísimo” de todos sus cargos.

La segunda vez que Díez de Rivera hizo tambalear al franquismo fue en 1959. Tenía 17 años e iba a solicitar la partida de bautismo para iniciar los trámites para casarse con el amor de su vida, Ramón Serrano Suñer Polo. Su tía, la escritora Carmen de Icaza, tuvo que comunicarle que su futuro marido, sobrino de Franco, era en realidad su hermano. Hasta entonces, las élites del régimen le habían ocultado quién era su verdadero padre. La noticia la destrozó. Se fue de misionera a África, luego tuvo que someterse a curas de sueño en Francia y Suiza y hasta se metió a monja de clausura.

A la tercera, consiguió lo que siempre había ansiado: el fin de la dictadura. El 5 de julio de 1976, con 33 años, Díez de Rivera aceptó convertirse en jefa de gabinete del recién nombrado presidente Adolfo Suárez. El rey Juan Carlos consideraba que la aristócrata, amiga suya y sobrina de Alfonso Armada, era la persona adecuada para darle “validez democrática” y “aperturismo” al gobierno de transición y crear una nueva imagen de España en el extranjero. Era cosmopolita, moderna, hablaba idiomas, y tenía una agenda impresionante. El nuevo presidente, en cambio, estaba demasiado vinculado al viejo régimen y era poco conocido por el gran público.

En julio del 76, recién llegada al gobierno, la flamante jefa de Gabinete habló con un periodista de Blanco y Negro, el semanario de Abc. La conversación fue toda una declaración de intenciones. “Lo peor que nos podía pasar es que nos llegara otro Pinochet”. “La derecha en España ha sido siempre irracional”. “No conocemos a los que de verdad manejan el país y esos son los más peligrosos. Ahí es donde está el verdadero peligro de la ruptura, no en la izquierda”. “Si el capital no cambia de manos, todo seguirá igual”.

El Rey y Suárez se molestaron por esas declaraciones. Según Ana Romero, esa entrevista marcó el inicio de los problemas de Carmen dentro y fuera de la presidencia. “La derecha ya me la juró eternamente”, le reconocería la política a la periodista años después.

Díez de Rivera empezó a recibir amenazas y presiones, pero no dio un paso atrás. En septiembre de 1976, publicó en Blanco y Negro un artículo feminista exigiendo “la descolonización psicológica en torno a la mujer y su integración paritaria dentro de la actividad política”.

Demostró su compromiso con el feminismo dando ejemplo, desobedeciendo sistemáticamente a los hombres que querían controlarla. En noviembre del 76 dio su primera entrevista a EL PAÍS, en la que pidió la legalización del Partido Comunista y admitió la existencia de “una lucha de clases”. Sus palabras disgustaron a Adolfo Suárez, pero ella no retrocedió. En diciembre de ese año, cuando Santiago Carrillo fue detenido, recibió a los comunistas en la sede de la presidencia. Cuando liberaron al líder del PC, se encontró con él y le dijo frente a la prensa: “A ver cuándo nos tomamos un chinchón”. Ese mes de enero del 77, tras la Matanza de Atocha, también hizo presión para que el Gobierno autorizara un funeral público.

Tras meses de tira y afloja, Suárez finalmente legalizó al PC. Esa noche, la del 9 de abril de 1977, Carmen escribió en su diario: “Sábado rojo: se acabó la dictadura fascista”. No sabía que sus días en La Moncloa estaban contados. Casi un mes después, el presidente la iba a cesar.

Ese mayo consiguió que el Rey recibiera a Enrique Tierno Galván. El líder del PSP fue la primera persona de la oposición con la que se reunió el monarca en la Zarzuela. Ese mes, también, se reunió con Pilar Primo de Rivera para anunciarle que el Gobierno iba a “desamortizar” la Sección Femenina. Suárez se lo había prohibido, pero ella siguió adelante. Ante la indignación de la lideresa falangista, Carmen Díez de Rivera, hija biológica de Serrano Suñer, le replicó: “Es mejor así, ahora pasará a convertirse en patrimonio de todos”.

“Carmen demostró más valor que el propio Suárez. Estuvo más lanzada y más decidida. Tenía una visión mucho más realista y demócrata de lo que debía ser la Transición. Tenía claro que el mapa de una España democrática no podía terminar en el PSOE, que había que legalizar los partidos a la izquierda del PSOE y no solo el PC”, explica Jorge Carrillo, hijo de Santiago Carrillo. “Carmen es uno de los grandes personajes de la Transición y uno de los que menos se habla. Ahora parece que la Transición solo la hizo el rey Juan Carlos. Si Juan Carlos hubiera hecho la Transición que quería, la habría parado en el PSOE”, señala Carrillo.

Díez de Rivera no sintió tristeza por su cese. Se sintió incomprendida y decepcionada, pero también aliviada. El día de su despido coincidió con el regreso de Dolores Ibárruri a España. Admiraba a Pasionaria. “Conocí a Carmen en el 77. Cuando me dijeron que tenía 33 años, me quedé con la boca abierta. Yo pensaba que tenía 50. Parecía como si ya hubiera vivido diez vidas”, recuerda Lola Ruiz-Ibárruri, nieta de Pasionaria. “Dolores, mi abuela, se reía hasta de su propia sombra. Para una persona como Carmen, que tenía ahí dentro sus dramas y sombras, Dolores era un ejemplo de supervivencia”.

La “musa de la Transición” siempre fue una gran incomprendida. Los de izquierda le reprochaban que había estado cerca de la UCD; los de derecha decían que era afín al Partido Comunista. Su evolución ideológica fue impresionante. Comenzó en política de la mano de Dionisio Ridruejo y la USDE. Trabajó para Adolfo Suárez, pero se acercó al Partido Socialista Popular de Tierno Galván. Rechazó ser de la UCD, pero volvió a trabajar con Suárez como eurodiputada para el CDS. Y terminó afiliándose al PSOE, aunque nunca se vio a sí misma como una militante socialista al uso.

“Carmen era un cóctel político imposible de definir. Era demasiado grande en todos los sentidos como para reducirla a un partido”, señala Romero. “Era una mujer progresista, que creía en la igualdad, pero también era profundamente católica. Era muy moderna. Una de sus obsesiones eran los jóvenes. Siempre decía: ‘Aquí siempre están los mismos”. Al final de su vida, se definió como “ecosocialista”. Fue una adelantada en la defensa del medio ambiente. En el Parlamento Europeo también luchó contra el tabaco, el turismo de masas o la precarización de la sanidad.

“Era muy conocida en el Parlamento Europeo y una gran desconocida en la sociedad española. Aquí solo se la conocía como ‘la mujer rubia de Moncloa’. No ha sido suficientemente reconocida y se merece este reconocimiento”, dice Francisca Sauquillo, que fue su amiga y compañera en las filas del PSOE. “Yo estuve con ella hasta el momento final de su vida, fui quizá la última persona que estuvo con ella. Carmen era una mujer valiente, que trabajó por la democracia, el feminismo y el ecologismo. Estos dos últimos temas los llevó a Europa cuando nadie hablaba de eso en España”, concluye Sauquillo.

Es difícil saber si Díez de Rivera aceptaría hoy un reconocimiento por su papel en la Transición. “Es una buena pregunta. Yo creo que sí”, responde Ana Romero. “Al menos intentaríamos convencerla porque se lo merece muchísimo”.