sábado, 20 de diciembre de 2025

LA VERDADERA AMENAZA ES LA LOCURA DE TRUMP

 







Amigos: Anoche no pude dormir porque no dejaba de pensar en la reacción de Trump ante la muerte de Rob y Michele Reiner. Había algo en ello que me preocupaba constantemente, escribe en Substack (18/12/2025) el economista y profesor de la Universidad de California en Berkeley, Robert Reich. Como recordaréis, comienza diciendo, en lugar de expresar sus condolencias, dijo en una publicación en Truth Social el lunes por la mañana que decía que Rob Reiner, un director de cine y comediante torturado y luchador, pero que en su día fue un gran talento, ha fallecido junto con su esposa, Michele, según se informa debido a la ira que causó a otros con su aflicción masiva, persistente e incurable, de una enfermedad paralizante conocida como SÍNDROME DE TRASTORNO DE TRUMP, a veces llamado SDT. Era conocido por volver loco a la gente con su obsesión desenfrenada por el presidente Donald J. Trump, y su evidente paranoia alcanzó nuevas cotas a medida que la administración Trump superaba todos los objetivos y expectativas de grandeza, y con la Edad de Oro de Estados Unidos acercándose, quizás como nunca antes. Que Rob y Michele descansen en paz. Muchos comentaristas y políticos (incluidos varios republicanos) han criticado a Trump por esto.

Sage Steele, expresentador de ESPN y aliado de Trump, calificó la publicación de Trump de "decepcionante". El representante Thomas Massie, republicano por Kentucky, escribió: "Independientemente de lo que piensen sobre Rob Reiner, este es un discurso inapropiado e irrespetuoso sobre un hombre que acaba de ser brutalmente asesinado". El representante Michael Lawler, republicano por Nueva York, dijo: "Esta afirmación es errónea".

Jenna Ellis, exabogada de Trump y ahora locutora de radio conservadora, escribió: «Este es un ejemplo horrible de Trump (y sorprendente considerando los dos atentados contra su vida) y debería ser condenado por todos con un mínimo de decencia». El columnista del New York Times , Bret Stephens, afirmó: «Estamos liderados por el ser humano más repugnante que jamás haya ocupado la Casa Blanca». Todo es cierto, pero Trump dice cosas inapropiadas todo el tiempo, y la mayoría de nosotros ya sabemos que es un ser humano repugnante. Stephens continuó denunciando que Trump había degradado a Estados Unidos:

En cada publicación grotesca en redes sociales; en cada reunión de gabinete dedicada, como en Corea del Norte, a adularlo; en cada ceremonia de firma de órdenes ejecutivas que busca presentarlo como un emperador chino; en cada referencia aduladora a la paz que supuestamente ha traído al mundo; en cada ampliación nerónica del Ala Este de la Casa Blanca; en cada indirecta desconsiderada a su predecesor; en cada negocio turbio que su familia cierra para enriquecerse; en cada reunión en la Casa Blanca de multimillonarios tecnológicos que lo cortejan (en el sentido literal de "cortejar" y "pagar"); en cada líder extranjero de visita que aprende a rebajarse para evitar algún arancel caprichoso u otro castigo: en todo esto y más, nuestros estándares como nación se están degradando, nuestras costumbres se están barbarizando.

Claro que Trump está denigrando a Estados Unidos. Pero esto también ya lo sabíamos. Lo que me mantuvo despierto anoche fue otra cosa. He trabajado para tres presidentes, uno republicano y dos demócratas. He visto a presidentes de cerca. El trabajo es abrumadoramente difícil. Tiene consecuencias. Pero nunca he visto nada remotamente parecido a lo que le ha sucedido a Donald Trump. Si Trump alguna vez fue racional, ya no lo es.

Su respuesta a los asesinatos de Reiner, como su publicación en AI del 18 de octubre en la que defecó sobre millones de manifestantes, revela una profundidad de paranoia y grandiosidad peor que cualquier cosa que haya mostrado antes.

Su jefa de gabinete, Suzy Wiles, le dijo a Chris Whipple en una entrevista publicada el martes en Vanity Fair que Trump tiene una "personalidad de alcohólico" porque "opera con la idea de que no hay nada que no pueda hacer. Nada, cero, nada". ¿Nada que no pueda hacer? No quiero alarmaros y dudo incluso en mencionarlo, pero no pude dormir sabiendo que Trump tiene el poder de lanzar una bomba nuclear. Como comandante en jefe, es la única persona en Estados Unidos con la autoridad para lanzar un arma nuclear. No necesita consultar a nadie más antes de hacerlo. Nadie más puede vetar tal orden. Ni siquiera el vicepresidente o el secretario de Defensa tienen el poder de detenerla. Ojalá no lo haga. No creo que lo haga. ¿Pero qué pasa si lo provocan? ¿Y si siente que su hombría, su autoridad o su estatus están amenazados? ¿Y si solo quiere demostrar a los estadounidenses y al mundo lo fuerte que es?

De nuevo, dudo que esto suceda, pero el riesgo no es nulo. Aquí tenemos a un hombre que cree que Rob y Michele Reiner fueron asesinados porque tenían una "obsesión feroz" con él . Un hombre que, según su actual jefe de gabinete, tiene la personalidad de un alcohólico con delirios de omnipotencia. Es un riesgo que ni Estados Unidos ni el resto del mundo pueden permitirse correr.nNo creo ser alarmista. De hecho, me preocupa que nos hayamos acostumbrado tanto a la locura de Trump que no seamos lo suficientemente alarmistas.

Trump debe ser destituido de su cargo lo antes posible. O bien debe invocarse la Sección 4 de la Enmienda 25 —porque es “incapaz de ejercer los poderes y deberes de su cargo”— o debe ser sometido a juicio político y condenado bajo la Sección 4 del Artículo II de la Constitución por “traición, soborno u otros delitos y faltas graves”.


















DE LAS ENTRADAS DEL BLOG DE HOY SÁBADO, 20 DE DICIEMBRE DE 2025

 






Hola, buenos días de nuevo a todos y feliz sábado, 20 de diciembre de 2025. Derrocar a un presidente es un objetivo legítimo de la oposición, pero no debe alcanzar jamás a los jueces, escribe en la primera de las entradas del blog de hoy el catedrático de Derecho Procesal de la Universidad de Barcelona, Jordi Nieva-Fenoll. La segunda del día es archivo del blog del 4 de diciembre de 2011 en el que HArendt hablaba del antisemitismo latente y persistente en la sociedad española actual, una actitud que tiene su origen en la entrada de los visigodos en la península hace dieciséis siglos. El poema del día, en la tercera, se titula La canción de María, está escrito por la poetisa estadounidense Sylvia Plath, y comienza con estos versos: El cordero dominical cruje en su grasa./La grasa/sacrifica su opacidad. Y la última entrada del día, como siempre, son las viñetas de humor. Volveremos a vernos mañana si la diosa Fortuna lo permite. Sean  felices, por favor. Tamaragua, amigos míos. Y como decía Sócrates: ἡμεῖς ἀπιοῦμεν. HArendt












DE LA JUSTICIA, POLITIZADA HASTA LA VERGÜENZA

 







Derrocar a un presidente es un objetivo legítimo de la oposición, pero no debe alcanzar jamás a los jueces, escribe en El País (13/12/2025) el profesor Jordi Nieva-Fenoll, catedrático de Derecho Procesal de la Universidad de Barcelona. En toda guerra, comienza diciendo, o surge alguien inteligente y con mirada amplia que llama a los contendientes a hacer las paces, o bien uno de los dos bandos aniquila al otro o, en el mejor de los casos, lo somete. También existe la idea, nuevamente inteligente, de que no hay que comenzar las batallas —ni siquiera las guerras— que no se pueden ganar. Pero no voy a hablar de ningún conflicto bélico, sino del evidente enfrentamiento que existe entre algunos jueces y el Gobierno y, en parte, el Parlamento con la actual mayoría en el Congreso.

El tema viene de lejos. Dejando de lado las clásicas refriegas prebélicas —ha habido demasiadas—, el primer capítulo de este triste relato sobrevino con la sentencia del procés. En dicho proceso, la Fiscalía mantuvo una acusación por rebelión tan sumamente fuera de lugar que hasta la rechazó el Tribunal Supremo, condenando por sedición, que tampoco existía porque jamás hubo un alzamiento, como exigía el Código Penal. Subirse a un coche de policía no es “alzarse”, al menos en el sentido que lo exigía el citado Código. Tampoco lo era intentar, con más astucia que vehemencia, la celebración de un referéndum ilegal y soportar los porrazos de la Policía. Ni siquiera fue sedición declarar la independencia, tal y como ridículamente hizo el Parlament, al menos en el sentido exigido por cualquier intérprete del Código Penal previo a 2017. Pero el Tribunal Supremo condenó, con escasa motivación, por cierto, y a nadie pareció importarle —más bien al contrario— esa interpretación suya tan sumamente creativa que suponía que, en resumidas cuentas, era ese tribunal, y no exactamente el legislador —es decir, el Parlamento—, quien determinaba el contenido de lo que debía ser delito. Nadie sensato negaba la gravedad, en varios sentidos, de intentar la secesión fuera de las vías constitucionales. Otra cosa es que lo sucedido fuera una sedición o una rebelión, insisto, al amparo del Código Penal entonces vigente.

El segundo capítulo de esta historia sobreviene con la muy discutible condena a Alberto Rodríguez, diputado de Podemos, que le supuso la pérdida de su condición de parlamentario por un delito menor en el que la prueba incriminatoria era realmente insuficiente, lo que equivale a decir que se pudo vulnerar su presunción de inocencia. Sin embargo, no reaccionó ninguno de los resortes que podrían haber corregido la situación. Hubo que esperar a 2024, tres años después de la condena, a que el Tribunal Constitucional enmendara el evidente desaguisado, y sorprendentemente no por vulneración de la presunción de inocencia, sino por falta de proporcionalidad de la condena.

Tras ello vino la ley de amnistía, que más allá de toda duda razonable dispuso el olvido de todos los delitos cometidos durante el llamado procés y sus secuelas. Sin embargo, nuevamente algunos magistrados del Tribunal Supremo se sintieron creativos y dijeron que el legislador no había querido amnistiar la malversación. Lo afirmaron con una muy peculiar teoría —ni siquiera interpretación— según la cual los políticos condenados pretendieron enriquecerse al financiar el referéndum —supuestamente— con dinero público, y no con dinero de sus bolsillos. Nuevamente, dio igual lo que dijo el legislador, y hasta muchos observadores imprudentes, políticamente disconformes con la amnistía, aplaudieron la conducta, ya ni siquiera del Tribunal Supremo, sino sólo de algunos de sus magistrados que, nuevamente, se separaba de la obra del Parlamento. A ver qué acaba diciendo al respecto el Tribunal Constitucional.

Es difícil negar que el Tribunal Supremo, con algunas resoluciones, ha estado inspirado de algún modo por la política o ha tomado decisiones, probablemente sin necesidad, que interfieren en esa vida política. Algunos otros jueces inferiores lo han imitado, y así tenemos varios casos abiertos contra diversos reos, siempre relacionados directa o indirectamente con algún político que, igual que aquellos antiguos casos contra Podemos que acabaron en nada, puede que tengan poco o nada que rascar, más allá de conjeturas policiales o elucubraciones sesgadas de algún juzgador.

En ese contexto sobrevino la sentencia que ha condenado al fiscal general del Estado, que tan poco costó deliberar y que tantísimo ha costado motivar. Un caso que es difícil de entender que se iniciara —las notas de prensa son habituales en fiscalías y tribunales y prácticamente jamás se investigan las filtraciones—, en el que se emplearon medios de investigación absolutamente desproporcionados y en el que los datos encontrados, en cualquier otro caso, hubieran resultado insuficientes, no ya para condenar o siquiera para pasar a juicio, sino incluso para abrir una investigación. Pero el fiscal general ha sido condenado en una sentencia que pasará a la historia como un ejemplo del esfuerzo sobrehumano en justificar lo injustificable. La información difundida en la nota de prensa no era ya secreta, pues la conocía cualquier medio de comunicación y hasta la difundió el entorno del interesado. A ver qué dice al respecto el Tribunal Constitucional ante tamaña vulneración de la presunción de inocencia.

Todos estos casos están dejando como unos zorros algo imprescindible en una democracia: la buena imagen de la justicia. No sin argumentos, muchísimos ciudadanos ven en varios de estos fallos, y en otros análogos, el signo de una ideologización extrema de demasiados jueces, siendo que quien debería ser independiente y, por tanto, imparcial, se transforma en un actor político que ni siquiera esconde —como ocurrió en el caso del fiscal general— relaciones personales, incluso oficialmente estrechas, con abogados de la acusación, es decir, de una de las partes. Se llegó hasta el extremo, en un exceso verbal, de banalizar sobre un fallo después de una conferencia nada menos que en la casa de una de las partes acusadoras: el Colegio de Abogados de Madrid.

Ocurre que es imposible entrar en una guerra sin salpicarse de sangre o lodo, y los jueces no pueden hacer eso. Derrocar a un presidente del Gobierno es un objetivo legítimo de la oposición política, pero no debe alcanzar jamás a los jueces, igual que —casi— nadie duda ya que no puede implicar a la Policía o al ejército, como ocurrió en el pasado. Sin embargo, ahí tenemos a varios jueces en las redes sociales haciendo comentarios orientados políticamente, y además esgrimiendo su condición de juzgadores desde una soberbia y una ausencia de criterio jurídico y de falta de independencia que resultan, no ya inquietantes, sino espantosas.

Los jueces no pueden mancharse de sangre, ni siquiera de barro entrando en la brega. Deben permanecer alejadísimos de cualquier juego político, a riesgo de ser las próximas víctimas de esa innoble guerra, como ya ha ocurrido históricamente varias veces y aún sucede en los Estados extranjeros en que algunos jueces han decidido dedicarse al deporte del lawfare, por corrupción o por alma de salvapatrias, es indiferente. Estas guerras deben detenerse, puesto que jamás las gana el más vulnerable, que es justamente el que no puede mancharse. La justicia, como concepto de origen incuestionablemente teológico, no deja de precisar, aun en nuestros días, mucho de fe ciudadana que las togas, que son las sotanas de los jueces, tienen que honrar. Hay que recuperar esa fe. Un ciudadano no puede confiar en los tribunales tras conocer los entresijos de según que vodeviles. Alguien debería poner un poco de cordura en este auténtico desvarío de intereses personales cruzados, acordándose de la dignidad que debe tener el órgano que ocupa, olvidándose de aspiraciones profesionales futuras o de lo que le digan o pidan sus amigos. El futuro, que hoy en día se hace presente enseguida, se lo demandará con tremenda dureza si no lo hicieren.

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DEL ARCHIVO DEL BLOG: ¿ANTISEMITISMO EN ESPAÑA?, ¿TODAVÍA HOY? PUBLICADO EL 04/12/2011 (MODIFICADA)

 







Tenía aparcado desde hace varios días un borrador de entrada sobre la experiencia de los kibutz israelíes que publiqué en el blog el 31 de enero de 2007. La reedito a continuación, pero ahora movido por razones que nada tienen que ver con el comentario interesado de un libro, que me ha dado pie para escribir esta entrada de hoy.

De Israel, israelíes, israelitas y judíos he escrito muchas veces en este blog. No son términos sinónimos: consulten el Diccionario de la Real Academia Española, si no me creen. Del antisemitismo latente y persistente en la sociedad española actual, una actitud que tiene su origen en la entrada de los visigodos en la península hace dieciséis siglos, también. Lo que no deja de ser altamente curioso en una sociedad cuya población, según los más recientes análisis genéticos, es en un 20 por ciento descendiente de judíos o de conversos. Les remito al respecto a la entrada de mi blog titulada "Genética española", del 8/12/2008. 

De que el antisemitismo persiste latente e insistentemente en la sociedad española actual da cuenta un interesante artículo de El País del pasado día 1 de diciembre firmado por el periodista e investigador Juan G. Bedoya, que certifica que España encabeza las encuestas de más acendrado antijudaísmo de toda Europa. Sobre el "por qué" de esa circunstancia les remito al reportaje en cuestión.

Pero en todas partes cuecen habas, no vayan a creerse ustedes. Para mi siempre admirada Hannah Arendt (1906-1975), la politóloga norteamericana de origen judeo-alemán, el antisemitismo de la sociedad europea está en la base de lo que más tarde se convertirá en el imperialismo de finales del siglo XIX y las experiencias totalitarias de la primera mitad del siglo XX. Temas que estudió como nadie lo había hecho hasta entonces en su libro, un clásico de la ciencia política, "Los orígenes del totalitarismo" (Alianza, Madrid, 1987), y para ella, en el origen del antisemistismo que explota en Francia a finales del siglo XIX está el "caso Dreyfus".  

¡Ah, la dulce Francia!... Francia ya no es lo que era: Sarkozy no es De Gaulle; ni por aproximación, aunque él lo pretenda con denuedo y constancia admirables... ¿Será el "caso Dominiques Strauss-Khan", estallado hace unos meses en Nueva York un nuevo "caso Dreyfus" organizado desde el poder para deshacerse del que podría haber sido el primer presidente de la república francesa de origen judío?  Parece verosímil, en opinión del periodista Miguel Mora, que en El País de hoy, escribe el mejor reportaje que he leído hasta ahora sobre el asunto: "DSK, el morbo sin fin". "Voilá!", que dicen por allí...

No deseo terminar esta entrada con pesimismo. Les dejo con mi entrada del blog del 31 de enero de 2007, titulada El kibutz, una sociedad diferente. Dice así: Nunca he ocultado mi admiración por Israel y por los israelíes, sin que ello implique compartir los postulados de sus gobiernos en el conflicto palestino ni en otros aspectos de su realidad cotidiana. Que ello sea producto de la ascendencia hebrea de mis antepasados o de otras causas, no viene ahora a cuento. Releeo con interés el libro "Le Kibboutz, société différente", de H. Darin-Drabkin (Éditions du Seuil, Paris, 1970), que compré en Madrid, en la Librería del extinto Instituto de Estudios Políticos, Lespo, en la calle del Reloj, hace ya más de treinta años, seducido por la aventura de los “kibboutzim”, que incluso me llevó a plantearme una corta estancia en uno de ellos. Pecados de juventud, supongo ahora… La sociedad de los kibutz, se funda sobre los principios del colectivismo y la solidaridad y tiene por objetivo la igualdad máxima de sus miembros. Es, en cierto modo, la única experiencia de “comunismo” en libertad que ha prosperado en el mundo moderno, si bien muy localizada espacial y temporalmente. El libro de Darin-Drabkin que comento comienza con la historia del movimiento Kibutz, en la Palestina británica de 1908, fundamentalmente como explotaciones agrícolas autogestionadas por grupos de trabajadores inmigrantes fuertemente ideologizados por las ideas del comunismo teórico. Pero no es éste, en todo caso, un libro de historia, pues a lo largo de sus páginas se analizan con detenimiento la estructura de la sociedad del kibutz, con sus principios de base, sus mecanismos de administración y democracia interna, de organización del trabajo y planificación de sus actividades económicas, la vida en colectividad, la educación de sus menores, el papel del individuo, la mujer y la familia en la sociedad del kibboutz, la eficacia económica de sus planteamientos y su papel en la economía y la sociedad israelita. Existe una edición española, imagino que sudamericana, del libro anterior a la francesa de 1970 que comento, que no me ha sido posible localizar. En todo caso, me ha resultado muy grata su lectura pues me ha hecho recordar aquellos tiempos en que pensaba que el mundo podía cambiarse a base de voluntad.

Hay un vídeo realizado por la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) en el que pueden ver como ha tratado el cine moderno las utopías totalitarias. Se lo recomiendo encarecidamente. Sean felices, por favor. Tamaragua, amigos. HArendt















DEL POEMA DE CADA DÍA. HOY: LA CANCIÓN DE MARÍA, DE SYLVIA PLATH

 









LA CANCIÓN DE MARÍA



El cordero dominical cruje en su grasa.

La grasa

sacrifica su opacidad…


Una ventana, oro sagrado.

El fuego la vuelve preciosa,

el mismo fuego


que derrite a los herejes de sebo

y expulsa a los judíos.

Sus gruesos paños mortuorios flotan


sobre la cicatriz de Polonia, la Alemania

calcinada.

No mueren.


Pájaros grises me obsesionan el corazón,

ceniza de boca, ceniza de ojo.

Se posan. Sobre el alto


precipicio

que lanzó a un hombre al espacio

los hornos resplandecían cual cielos, incandescentes.


Es un corazón

este holocausto en el que penetro,

oh, niño mimado que el mundo matará y devorará.



SYLVIA PLATH (1932-1963)

poetisa estadounidense













DE LAS VIÑETAS DE HUMOR DEL BLOG DE HOY SÁBADO, 20 DE DICIEMBRE DE 2025

 


























Saúdos nas linguas da miña terra natal. Hoxe, 20 de decembro, en galego.

 






Hola de nou a tots i bon dia. Cinc dies per al Nadal. Escolars i universitaris de vacances. Agafaments per les compres d'última hora i els àpats familiars... Tranquils, tot arriba i tot passa però el nostre és passar, com deia Serrat parafrasejant el nostre immortal Machado. Passarà. I mentrestant, encara que sigui difícil, intentem ser feliços. Ens ho mereixem pel sol fet de viure. Fins demà si la deessa Fortuna ho permet. Petons. HArendt












viernes, 19 de diciembre de 2025

LA VERDADERA CATÁSTROFE DE TRUMP Y SU VECINO DEL NORTE. ESPECIAL DE HOY VIERNES, 19 DE DICIEMBRE DE 2025

 










Amigos: Algunas de las perspectivas más útiles sobre lo que está sucediendo en Estados Unidos, escribe en Substack (16/12/2025) el economista y profesor de la Universidad de California en Berkeley, Robert Reich,  provienen de analistas políticos de fuera de Estados Unidos. A continuación, comienza diciendo, les dejo un ensayo particularmente lúcido de Andrew Coyne, titulado Donald Trump —y la democracia estadounidense— está empeorando exponencialmente, y publicado en la edición del 5 de diciembre de The Globe and Mail de Canadá: Ojalá pudiera decir que te lo dije. Algo que he intentado recalcar durante el último año es que Donald Trump solo puede empeorar: que por muy corrupto, incompetente, dictatorial, traidor o demente que parezca en un momento dado, inevitablemente acabará siendo visto como una época dorada comparada con lo que está por venir.

Hay una razón para esto. Es que solo puede provocar la indignación mediática y del establishment, de la que tanto él como sus partidarios se nutren, si se comporta incluso peor de lo que estamos acostumbrados. No basta con decir o hacer algo atroz, incluso si eso hubiera acabado con la carrera de cualquier político anterior. Lo hace, literalmente, varias veces al día. Más bien, debe superar las expectativas de su grotesco comportamiento. El dilema de sus críticos —cómo mantener la indignación ante el flujo constante, insensibilizante y normalizador de conducta objetivamente escandalosa— también es, en cierto modo, suyo.

Tenía razón, hasta cierto punto. Sin duda, su comportamiento ha empeorado con el tiempo. Es mucho peor ahora que al principio de su mandato, que fue peor que durante la atroz campaña que lo precedió, que fue peor que todo lo que habíamos visto de él antes, incluso su aterradora primera presidencia, que fue peor de lo que incluso sus peores críticos habían anticipado.

Lo que no había previsto era la segunda derivada. Es decir, después de un tiempo, la gente llega a esperar no solo mal comportamiento, sino un comportamiento cada vez peor. Así que, para seguir alimentando su adicción a la indignación, el comportamiento del Sr. Trump no solo tiene que empeorar, sino hacerlo a un ritmo cada vez más acelerado. Y, supongo, la tasa de aceleración también debe aumentar, y la tasa de aceleración de la tasa de aceleración, y así sucesivamente. Estamos en una especie de hiperinflación de la desquicia presidencial, una curva exponencial que se acerca asintóticamente a Nerón.

¿Lo dudas? Considera la evidencia. En el nivel más básico, el estado mental y físico del Sr. Trump se ha deteriorado notablemente. Ahora duerme abiertamente durante las reuniones de gabinete y los encuentros públicos. Publica en redes sociales a un ritmo vertiginoso, en un tono cada vez más agitado, sobre temas cada vez más disparatados. Se jacta de haber aprobado una prueba cognitiva que solo se realiza cuando existen dudas reales sobre la agudeza visual de un paciente, y no puede explicar por qué le realizaron una resonancia magnética, ni siquiera qué parte del cuerpo le examinaron.

Todo esto podría ser motivo de compasión, incluso de lástima, al igual que, en cierto modo, su enorme inseguridad, su desesperada necesidad de elogios y afirmación, síntomas de una infancia privada, al parecer, de todo menos dinero, de no ser por las consecuencias. Sus múltiples problemas emocionales y psicológicos —el narcisismo maligno, las mentiras patológicas, la absoluta y sociopática ausencia de empatía, y, sin embargo, también una manipulabilidad casi infantil— serían suficientemente inquietantes en un vagabundo desempleado. Manifestados por el hombre más poderoso de la Tierra, constituyen una emergencia global.

Todo lo demás se deriva de eso. Es fundamental comprender que la tendencia observable en el comportamiento del Sr. Trump —que en cualquier situación, siempre, sin excepción, dirá y hará no solo lo incorrecto, sino lo peor posible; que siempre, sin excepción, dirá y hará lo contrario de lo correcto, lo legal, lo convencional, lo lógico o incluso lo racionalmente egoísta— no es accidental. Todo surge del mismo deseo insaciable: dominar, ser el centro de atención, satisfacer sus apetitos y, por supuesto, ofender y molestar a cualquiera que lo haya inseguro o lo haya humillado en el pasado.

Y, como si fuera papel matamoscas, ha atraído a su bando a un grupo de sirvientes que encajan en su mismo perfil psicológico: fanáticos retorcidos como Stephen Miller o Robert Kennedy Jr., estafadores sin escrúpulos como J.D. Vance, y, sin exagerar, algunas de las peores personas de Estados Unidos. Sus seguidores, asimismo, ese más del 30% de los estadounidenses que, tras el caos incesante del último año, aún afirman en las encuestas que aprueban su "actuación", comparten muchos de los mismos rasgos. Para ellos, representa la venganza contra quienes los han menospreciado toda su vida, así como la liberación de todas las restricciones, legales, éticas o consuetudinarias.

El resultado no es la violación de esta o aquella norma, el debilitamiento de una u otra institución, la traición a un aliado en particular o el sacrificio del interés nacional de Estados Unidos en beneficio de una potencia hostil específica. No se trata de algún artículo aislado de la Constitución que ha pisoteado, ya sea bajo la separación de poderes o la Carta de Derechos, ni se ha conformado con adoptar una política económica singularmente indefendible o abandonar cierto principio de conservadurismo. Es todo, en todas partes, en todo momento.

La destrucción es total, omnidireccional e indiscriminada, absoluta e inflexible. Recorra la lista. ¿Corrupción? La administración Trump opera a un nivel de corrupción, desde el presidente hacia abajo, que, según el periodista David Frum, solo puede compararse con la Rusia postsoviética o el África poscolonial: estados fallidos o desintegrados, no con la democracia más rica y poderosa del mundo. The New Yorker informó en agosto que el patrimonio neto de la familia Trump había aumentado en más de 3000 millones de dólares desde su regreso al cargo, en particular mediante la venta de criptomonedas a su nombre —«donaciones» no registradas e ilocalizables a su causa personal—, pero también mediante una especie de subasta abierta de favores estatales a los mejores postores, ya sean corporativos o personales.

La corrupción no solo ha sido pecuniaria. El Departamento de Justicia ha sido revolucionado por completo, ya no busca la "justicia para todos", sino injusticias complementarias, desestimando todos los procesos contra los acusados ​​de haber infringido la ley si se encuentran entre los amigos del Sr. Trump, y despidiendo o incluso procesando a quienes intentaron defenderla si figuran en su lista de enemigos. El propio Sr. Trump ha indultado personalmente a más de 1700 personas en los 10 meses transcurridos desde que asumió el cargo, una galería de delincuentes de artistas del fraude, traficantes de drogas y alborotadores del 6 de enero.

¿Incompetencia? La lista es interminable. Está el caótico ejercicio DOGE de los primeros meses, bajo la tutela de Elon Musk, que prometía recortar billones de dólares del presupuesto federal, pero que parece haber generado ahorros que van desde insignificantes hasta inexistentes. El catastrófico desastre que se ha generado en el sistema de control del tráfico aéreo estadounidense, con el consiguiente deterioro de la seguridad aérea, es otro. El fiasco de Signalgate, en el que altos cargos de la administración Trump discutieron asuntos delicados de seguridad nacional a través de una línea telefónica no segura, es otro ejemplo.

La administración Trump dijo el martes que ha pausado todas las solicitudes de inmigración, incluidas las de tarjetas verdes y ciudadanía estadounidense, presentadas por inmigrantes de 19 países no europeos, citando preocupaciones sobre la seguridad nacional y la seguridad pública.

¿Analfabetismo político? Se supone que los economistas discrepan, pero en realidad coinciden en la mayoría de los aspectos básicos. El único punto en el que discreparían es en cuál de las políticas que ha implementado la administración Trump merece más el título de "la peor posible". ¿Está desencadenando una guerra comercial con todo el mundo mediante una serie de aranceles exorbitantes cuya justificación es tan incierta como su duración? ¿Está llevando el déficit a máximos históricos —el 6% del PIB, incluso hoy, al borde de una recesión, sin un alivio a la vista? ¿Está amenazando la independencia de la Reserva Federal, con el obvio objetivo de obligarla a monetizar la deuda? ¿O son los subsidios, las nacionalizaciones y otras intervenciones de mano dura en las que se ha involucrado, que recuerdan más a la Francia de los años 70 que al conservadurismo republicano?

¿Extremismo? Las propias opiniones ideológicas del Sr. Trump son indescifrables, más allá de su obsesión de décadas con los aranceles. Pero su gusto por ofender la opinión de los expertos, sumado a su inagotable adulabilidad, su ignorancia sin fondo y su cúmulo de prejuicios ancestrales, lo han convertido en el instrumento predilecto de los promotores de una serie de ideologías atroces y retrógradas, desde el nacionalismo cristiano hasta el feudalismo, desde la supremacía blanca hasta el fascismo y el nazismo puro y duro.

¿Autoritarismo? El Congreso ha sido prácticamente neutralizado como mecanismo de control y equilibrio de la presidencia, con la entusiasta participación de senadores y representantes republicanos, lo que ha permitido al Sr. Trump aumentar los impuestos ("aranceles") e iniciar guerras sin el menor obstáculo. Desastres evidentes como Pete Hegseth como Secretario de Defensa y Tulsi Gabbard como Directora de Inteligencia Nacional fueron, sin embargo, confirmados, aunque la escasa oposición republicana que suscitaron sus nominaciones se derrumbó, como era previsible, al momento de su votación. Los tribunales son los siguientes. Se podría decir que la administración Trump ya ha ignorado varias sentencias de tribunales inferiores, disimulando su negativa con absurdas exenciones legales. No está lejos el día en que haga lo mismo con la Corte Suprema.

Mientras tanto, la Guardia Nacional llena las calles de las principales ciudades estadounidenses, a pesar de las objeciones de los gobernadores locales. Las legiones de matones del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), reclutadas apresuradamente, se han dedicado hasta ahora a secuestrar violentamente a inmigrantes, pero todos anticipan lo que se avecina: su uso como fuerza de seguridad personal del Sr. Trump contra protestas o disidencias de cualquier tipo, quizás durante las elecciones intermedias que el Sr. Trump está manipulando. Mientras tanto, los críticos de Trump, en los medios de comunicación y en otros ámbitos, se enfrentan a procesos judiciales falsos y resoluciones regulatorias arbitrarias, lo que inhibe la libertad de expresión en general.

En estas circunstancias, la orden de disparar a los supervivientes de los ataques ilegales que ha ordenado el señor Trump a pequeñas embarcaciones en el Caribe (nunca se ha presentado prueba de que se trate de narcotraficantes, pero no los haría ni un ápice más legales si lo fueran) es al menos coherente: asesinato a sangre fría, seguido de asesinato a sangre aún más fría.

¿Traición? Es difícil saber cómo calificar la constante deferencia del Sr. Trump a los deseos tanto de Vladimir Putin como, de forma menos visible, de Xi Jinping, dictadores que buscan expandir su influencia global, a expensas tanto de la democracia como del Estado de derecho: intereses fundamentales de Estados Unidos. El ejemplo más reciente: el "plan de paz" de 28 puntos que el enviado del Sr. Trump, Steve Witkoff, adoptó como propuesta estadounidense para poner fin a la guerra en Ucrania. No es un plan de paz, por supuesto: es una exigencia de rendición, en la que Ucrania estaría obligada, entre otras cosas, a ceder territorio que no hubiera perdido en batalla, reducir su número de tropas a la mitad y renunciar para siempre a su pertenencia a la OTAN. No es el plan de Estados Unidos: fue escrito literalmente en el Kremlin. Y no fue un capricho personal del Sr. Witkoff respaldarlo. El Sr. Trump está tan subyugado por el Sr. Putin como el obviamente idealista Sr. Witkoff.

Sea cual sea el motivo —algún tipo de compromiso; la fascinación del Sr. Trump por el Sr. Putin; o las oportunidades de lucro corrupto que se les han ofrecido al Sr. Trump y a su círculo, como informó recientemente el Wall Street Journal— , el punto seguramente ya debe estar claro. El Sr. Trump no es simplemente un mediador poco fiable, un ingenuo engañado repetidamente por las promesas del Sr. Putin. Está de su lado. A corto plazo, el "plan de paz" le da tiempo a Putin, como tantos otros intentos similares de mala fe, evitando otra ronda de sanciones y retrasando otra entrega de armamento a Ucrania. A largo plazo, si se adoptara en una forma similar a la actual, le ofrecería Ucrania en el plan de pagos, lo que permitiría a Rusia reagruparse y recuperarse antes de volver a atacar. Lo repito: el Sr. Trump está de su lado, como lo está del lado de los dictadores en general. Es lo que él mismo aspira a ser, y está muy avanzado en el camino para lograrlo.













DE LAS ENTRADAS DEL BLOG DE HOY VIERNES, 19 DE DICIEMBRE DE 20O25





 


Hola, buenos días de nuevo a todos y feliz viernes, 19 de diciembre de 2025. La Nueva Estrategia de Seguridad de Estados Unidos comienza diciendo que Europa está al borde de “la desaparición de su civilización”, pero la Europa que defiende la complejidad del ser humano es la que debe combatir el proyecto nacionalista del líder de Estados Unidos, escribe en la primera de las entradas del blog de hoy el historiador José Andrés Rojo. La segunda del día es un archivo del blog del 16 de diciembre de 2019 en el que Mark Leonard, director del Consejo Europeo sobre Relaciones Exteriores, comentaba que la UE estaba llamada a ser un actor global clave, capaz de competir con otras grandes potencias, y que para ello necesitaba que los Estados miembros trabajasen unidos y promovieran medidas innovadoras. El poema del día en la tercera, se titula Mundo sin nombre, es del poeta macedonio-norteño Josip Kocev, y comienza con estos versos: No tiene nombre este mundo donde/la tristeza está tumbada de espaldas/siempre lista/para mirarnos/con ojos de noche. Y la última entrada del día, como siempre, son las viñetas de humor. Volveremos a vernos mañana si la diosa Fortuna lo permite. Sean  felices, por favor. Tamaragua, amigos míos. Y como decía Sócrates: ἡμεῖς ἀπιοῦμεν. HArendt











DE LA IMPOSIBILIDAD DE QUE TRUMP ENTIENDA A DON QUIJOTE Y EL REY LEAR

 







La Europa que defiende la complejidad del ser humano es la que debe combatir el proyecto nacionalista del líder de Estados Unidos, escribe en El País (12/12/2025) el historiador José Andrés Rojo. Dice la Nueva Estrategia de Seguridad de Estados Unidos, comienza diciendo, que Europa está al borde de “la desaparición de su civilización”. El documento, impulsado por Donald Trump, cita algunas cuestiones que considera preocupantes, como la inmigración que está “transformando el continente”, al llenarlo de extraños, o “la censura de la libertad de expresión y la supresión de la oposición política”, que debilitan a la ultraderecha; apunta también a “la caída en picado de las tasas de natalidad y la pérdida de identidades nacionales y de confianza en sí mismas”, e insiste en denunciar las “regulaciones nacionales y transnacionales que socavan la creatividad y la laboriosidad”. El desprecio de la Administración de Trump por lo que representa Bruselas se ha trasladado a los papeles.

Trump considera, aun así, que no todo está perdido. Confía en unos cuantos partidos que mantienen intacta su fibra patriótica en Europa y que están en el lado correcto de la Historia, el que quiere ocupar esa nueva América que será grande de nuevo y que se sostiene en valores nacionalistas, conservadores, cristianos, y que quiere acabar con la inmigración al mismo tiempo que refuerza una identidad férrea, de acero.

Europa está cada vez más extraviada en ese nuevo mundo hacia el que apunta el actual presidente de Estados Unidos. ¿Pero de qué hablamos cuando hablamos de Europa? El Viejo Continente ha tenido identidades distintas, también ha sido ferozmente nacionalista, xenófoba, fanática en su defensa de la Iglesia católica, abanderada del imperio y de la destrucción del otro y de la apropiación de sus recursos, militarista, anclada en los valores tradicionales más cerrados y reaccionarios.

En La invención de todas las cosas (Alfaguara), esa imponente aventura en la que Jorge Volpi reconstruye las distintas maneras con que la imaginación ha construido la realidad a lo largo de la historia, hay un momento en que se ocupa de un nuevo invento, “la insólita ficción que llamamos ser humano”, que atribuye a don Quijote y al rey Lear. He ahí otras Europas posibles, la de un disparatado aventurero y la de un hombre roto que quiere retirarse y dejar de gobernar su reino. Uno sale a lomos de su caballo Rocinante a arreglar el mundo, el otro se abandona a sí mismo precipitándose en la soledad y, a ratos, en la cólera y el desasosiego. Las criaturas de Cervantes y Shakespeare inventan al ser humano desde el instante en el que le dan las riendas de su vida, y uno cabalga para deshacer todos los entuertos y el otro se abraza a la melancolía.

Eran otros tiempos. Dice Volpi: “Don Quijote y Lear son anacrónicos y vanguardistas, viejos y niños, idiotas y sabios: su locura es reflejo de la que padecen sus contemporáneos, estimulada por las nuevas energías desatadas por el humanismo, los viajes a América y Asia, el combate contra los turcos, la Reforma, la Contrarreforma, la nueva filosofía natural, las guerras de religión”. El mundo estaba cambiando entonces y las personas se encontraban, como hoy, también fracturadas y desconcertadas. Don Quijote y Lear, ya mayores, siguen sin rendirse y sus proyectos y roturas interiores están marcados por el despropósito. Europa puso al ser humano en el centro, sus contradictorios ademanes, su complejidad. Esa Europa tan rica en matices, y obligada a reinventarse a cada rato, es la Europa que los líderes de la Unión deberían defender frente a Trump. Aunque sea difícil que el actual líder de Estados Unidos llegue a entender a don Quijote y al rey Lear.