lunes, 11 de octubre de 2010

Algunos pensamientos sueltos

Mi yerno más joven, Ramón,  me pide paso amablemente para exponer sus pensamientos en este blog mio y de ustedes, y que cada vez se está convirtiendo más en una aventura colectiva entre autores y lectores. Se lo agradezco sinceramente. Además me amenaza con "irse" a El Mundo, y eso sí que no... Tiene un problema, que él reconoce en ésta su primera colaboración en "Desde el Trópico de Cáncer": su excesiva confianza en el valor de la palabra y la verdad como base del entendimiento y la convivencia entre los hombres. Yo soy un poco más escéptico a ese respecto: primero, porque creo que nuestra civilización ha perdido reverencia y respeto por la magia de las palabras, y segundo, siguiendo a Voltaire, porque pienso que la verdad es una fruta que conviene cogerse muy madura... A pesar de ello, merece la pena intentarlo, y él lo hace cada día, aunque el tiempo y los  años pongan a cada uno y a cada cosa en su sitio. Les dejo con su interesante reflexión de hoy sobre algunas verdades personales y públicas, ciertamente incómodas, tomando como punto de partida un libro de filosofía política excepcional: "Sobre la libertad" , (Alianza, Madrid, 1999) del filósofo británico John Stuart Mill (1806-1873). Espero que repita colaboración. HArendt






John Stuart Mill 





ALGUNOS PENSAMIENTOS SUELTOS

No es necesario que me empujen mucho, o que me aleccionen, para animarme a expresar mis opiniones. De hecho, casi todos mis problemas y mis aciertos han tenido relación con ello. Cada vez entiendo menos por qué las personas no se limitan a decir lo que piensan. Todo sería mucho más interesante. No voy a escribir sobre un tema concreto, me voy a limitar simplemente a plasmar mis pensamientos tal y como me vienen. El límite será mi cansancio, e intentar no cansar demasiado a quien me lea.

Para empezar, hablaré de un par de preocupaciones que recorren mi mente esta semana. Una, aunque no la nombraré, es una cuestión personal absolutamente primordial, de esas que te hacen cuestionarte tu pasado, tu preparación, tu situación actual, tu forma de ser, tu fortaleza de cara el futuro. Te lo cuestionas todo, todo lo que a ti conlleva, sin dejar de preguntarte si estás preparado, aunque la realidad llegará inexorable, estés preparado o no. Créanme si les digo que deseo esa realidad con todas mis fuerzas, si no, no me preocuparía tanto. Esa realidad lo cambia todo, sin aún haber llegado. Pero otro pensamiento me hace olvidar todo ello, o más bien dejarlo apartado durante un momento. Ese pensamiento se basa en los objetivos empresariales. Cómo es la mente. La mía, dividida entre uno de los momentos más importantes, si no el que más, de mi existencia, y por otro lado, la preocupación de que un cliente no tarde más de quince minutos en ser atendido. Irónico, ¿verdad? Más irónico aún es pensar que el futuro de lo primero depende en algunas cuestiones, no en todas por suerte ni en las más importantes, pero sí en algunas, de este segundo absurdo pensamiento. Un ingente número de "best sellers" de
auto-ayuda abogan por desprenderse de lo material para ser felices. ¿A quién cederán sus derechos de autor?, ¿a una ONG?

Hablando de divisiones, las conversaciones con mi padre siempre me hacen pensar en el pasado y en la evolución del pensamiento. Soy muy escéptico en lo que al pensamiento de las masas se refiere. Cuando se reunen diez, o diez mil personas, con una idea en la cabeza, la base de dicha idea es no escuchar una idea contraria. Es el enemigo, siempre. El sentimiento universal, en mi opinión, es la intolerancia. Ojalá que la utopía de libertad, igualdad y fraternidad hubiera sido una realidad. Aunque la verdad es que ni cuando fue promulgada fue real. También en ese momento, como en tantos otros, fue la intolerancia lo que empujó a las masas con una fuerza irresistible. Veo ese sentimiento cada vez que estudio la historia de la sociedad, y esa fuerza crece. Ya lo dijo Maquiavelo, son sentimientos inmutables el amor, la envida, la ambición, y todos empujan a defender lo que
cada uno quiere, cueste lo que cueste. La historia de nuestro país no se libra de ello, y veo esa intolerancia en todas las conversaciones con mi padre.

Empujado por la terrible situación económica del país, que se convierte en un drama en cada familia afectada, incendiando su ánimo por los agentes comunicadores que expresan de forma retórica su dolor y confusión, al ver como este país tan aparentemente rico parece estar empobreciéndose a marchas forzadas, empuja su odio hacia quienes considera culpables de esta terrible situación, y no hay manera de que escuche una idea contraria. Seguramente pensará: "Es el enemigo, miente o lo han engañado. Qué más da, también es culpable, aunque lo único que ha hecho haya sido votar a los "malos"." De dicho pensamiento ni yo me libro. Mi padre, en cierto modo, es un reflejo de la sociedad. Nadie se libra. Muchos de los que por mi padre y quienes piensan como él son considerados los enemigos, tienen los mismos pensamientos, a la contra, hacia ellos, esos irreflexibles seguidores de Intereconomía. Yo, a veces, también pienso así. Por suerte, leí a John Stuart Mill. Todos deberíamos leer su libro, "Sobre la Libertad", y convertirla en lectura obligatoria en Educación parala Ciudadanía.

No hay una verdad absoluta, hay que escuchar e intentar entender y comprender a todas las partes. Cuanto más opuesta sea la doctrina, más hay que esforzarse. Algo así dice, entre otras muchas cosas, el señor Stuart Mill. O al menos yo lo comprendí así. Y no es fácil, prácticamente nadie lo hace. Ser intolerante es muchísimo más facil. He leído en algún sitio que cada vez nos acercamos más a vivir la realidad de las "dos Españas". En realidad, dudo mucho que hayamos dejado dicha realidad. Quizá los políticos digan que no. ¡Qué grandes son todos los políticos en edulcorar la verdad! O si no, un vistazo a las primarias de Madrid.

Si lo habéis leído todo, tenéis estómago. Quizá otro día os aburra un poco más. Yo, mientras tanto, seguiré pensando. No hay mejor ejercicio para el cerebro. Lo recomiendo, como futuro propósito de año nuevo, en lugar de tantos gimnasios y dejar de fumar. Saludos. Ramón






Portada de "Sobre la libertad", de John Stuart Mill





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"Pues, tanto como saber, me agrada dudar" (Dante)
"La verdad es una fruta que conviene cogerse muy madura" (Voltaire)

Vídeo: La importancia de Sobre la libertad de JSM de John Stuart Mill", por Rafael ...

domingo, 10 de octubre de 2010

Se busca a Educación: se nos perdió en el paseo




Espacio reservado






Si alguien ha leído recientemente la autobiografía-presentación que hace mi padre de sí mismo, verá que pone que tiene un tercer nieto en camino: me hago responsable. Y por ahí va el tema: tranquilos, que nada tiene que ver con el sentimiento maternal y demás ternuras.

Cuando estudiaba en el colegio tenía una asignatura semanal llamada Educación Cívica. No sé si fue cosa de las monjas o que en el resto de los colegios nadie la daba porque nunca he oído a nadie hablar de ella, y eso que teníamos hasta libro. Recuerdo que en ella se veían dibujos que te representaban las escenas de la vida cotidiana y como debíamos comportarnos: Dejar el lado derecho de la acera a las personas mayores, con niños o embarazadas; un caballero deja paso a una mujer, le abre la puerta del coche o en unas escaleras se deja paso, sin agobiar, a quien vaya más lento, a no ser que la otra persona te indique lo contrario... Cosas así eran las que hacían única a mi querida Educación. 

No es que yo pensara que al estar embarazada me fueran a poner la alfombra roja, sonaran los violines y me aplaudieran al pasar; se que no es una enfermedad sino un estado natural de la mujer, y tenía por seguro que no iba a ocurrir; pero sí que pensaba que un señor de cuarenta ( es decir, sólo 9 años mayor que yo) me dejaría paso ahora que estoy así, ya que antes nunca lo hacían. Siempre he sabido que la gente es muy poco educada, pero exigente, y que en ciertos casos pasan de desvergüenza, pero la verdad es que no esperaba algunas cosas.

En las cajas de los grandes supermercados hay una que se supone que es para embarazadas. Hasta ahora nunca las había usado porque tenía poca o ninguna barriga pero ya empiezo a sentir el peso y a cansarme; fui a una toda ilusionada por primera vez ya con siete meses, y..., nada: casi mejor me hubiese ido a la de cestas y esperar mi turno tras diez personas porque ni dios me dejó pasar. De las cajeras, curiosamente estaban dos ese día, ninguna me hizo señas para que pasara, pero si que comentaron entra ellas: " mira ahí hay una que está embarazada"  Pasó la señora con su gran carro de compra, otra con su cesta y otra más. Y yo, esperando a que alguna me dejara el paso o que las cajeras me lo dieran. ¡Ya!, ¡lo llevas claro, bonita!

La semana pasada me dio por coger la guagua; no es normal, me tienen tan mimada que siempre me llevan en coche. Nada más entrar existen dos asientos, uno en frente del otro, y entremedias una pegatina con dibujitos muy monos: una señora embaraza, otra señora con bebé, una persona mayor, otra persona con muletas.... Según entré, un señor se bajaba en la parada en la que yo subía y me senté en el lugar que quedaba libre. Tan contenta iba yo en mi sitio que dos paradas más tarde se subieron tres señoras de unos setenta años, perfectas de peluquería, maquillaje y con el joyero encima no sea que les faltara algún anillo. Dos siguieron al fondo en busca de sitio pero otra reclamaba uno diciendo que era mayor. Yo seguía tranquilamente mirando la ventanilla cuando noté una mano sobre mi hombro y una voz que decía: "Oye tú, levántate y deja sentar a la señora que es mayor" Me sentí como la Gorgona, giré la cabeza y la petrifiqué con la mirada. No dije nada y seguí en mi sitio. Lo mejor de la situación fue oír a otra diciendo: "¡Qué caradura! Y no se levanta" Me pareció que mi barriga ya era suficiente explicación y seguí sin decir ni pío. Otra vez, Educación estaba desaparecida.

Así una tras o otra, un señor con prisas me empujó el carro de la compra en la barriga y no me dijo perdón, cuando voy por la calle me tengo que bajar de la acera porque no dejan pasar porque están ocupadas hablando de la vida de alguien de la tele y si se me cae algo en el trabajo, de rodillas y con cuidado para cogerlo porque eso es problema mío.

Si alguien se encuentra a Educación por favor, no la desprecie. Es una buena chica y siempre agradecida, responde con una sonrisa, y a muchos nos deja dormir tranquilos sabiendo que no hemos fastidiado el día a nadie. Nos vemos. Ruth




Bebés, de Maitena



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Vídeo: Musica Premamá