sábado, 18 de mayo de 2019

[A VUELAPLUMA] Paseantes incómodas





Las 'flâneuses', paseantes incómodas en la sociedad de su tiempo, comenta la escritora española Edurne Portela, doctora en Literaturas Hispánicas por la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill y exprofesora de la Universidad de Lehigh (Pensilvania), quisieron reivindicar los mismos derechos que el hombre, que tiene derecho a la ciudad sin ser molestado, a tomar la palabra en público

Leo el ensayo de Anna Maria Iglesia La revolución de las flâneuses mientras viajo por Italia, comienza diciendo Portela. En Italia no hace falta buscar mucho para encontrar rincones hermosos: la belleza en este país es una constante. Cada paseo por una ciudad regala momentos conmovedores en los que la realidad se suspende por unos segundos y nada me perturba, como si un foco iluminara el objeto de belleza y todo lo demás desapareciera. Leo el ensayo de Iglesia de trayecto en trayecto y contrasto mi realidad con lo que ella cuenta magistralmente en sus páginas. En ellas me encuentro con mujeres que quieren viajar y a las que no se lo permiten, que quieren pasear solas por la ciudad sin compañía masculina o sin deberes y tampoco pueden, mujeres que al ocupar la calle son tratadas como prostitutas, algunas lo son porque no tienen más remedio, me encuentro también con mujeres que quieren ocupar la tribuna pública, política, pero que acaban disfrazándose de hombres para poder hacerlo, mujeres que se atreven y pagan un alto precio por ello. Son Marie Bashkirtseff, Emilia Pardo Bazán, Flora Tristán, Luisa Carnés, Clara Campoamor, Las Sinsombrero y un largo etcétera. Ellas quisieron reivindicar los mismos derechos que el flâneur: el hombre que tiene derecho a la ciudad, a transitar por ella sin ser molestado, a observar sin ser visto ni cuestionado, y también, a tomar la palabra en público. La flâneuse es la mujer que lucha por todo ello y no siempre lo consigue.

Yo he viajado y viajo sola, y sola paseo a veces por la ciudad, tomo la palabra en público e incomodo con ella, no tengo necesidad de esconderme detrás de un disfraz masculino para ocupar el espacio que me corresponde. Soy una flâneuse. Y lo soy gracias a esas mujeres que comenzaron hace más de cien años a reivindicarse como sujetos críticos dentro de la esfera pública y empezaron a entender la escritura fuera del ámbito de lo íntimo, “como una forma de intervención social, de puesta en escena del yo y, por qué no, como una forma de transgresión”, señala Iglesia. Ellas fueron insumisas e incómodas, y desde esa rebeldía contribuyeron al reforzamiento de la sociedad civil con una postura feminista: la mujer tenía el mismo derecho que el hombre al espacio público, también a la palabra pública. Con una conciencia moderna de lo que significaba escribir, transformaron eso que llamaban literatura íntima en testimonio, porque, señala Iglesia, “dar testimonio es un ejercicio ético que no tiene que ver con la narración verídica ni detallada de la propia biografía, ni tampoco con el gesto paternalista que busca dar voz a una comunidad teóricamente sin voz. Por el contrario [...], es una manera de romper el silencio vinculado a una experiencia compartida y, por tanto, una forma de iluminarse no tanto a sí mismas como sujetos, sino a la experiencia transmitida”. Me reconozco en la descripción de la flâneuse porque sé que la batalla que ellas iniciaron hace cien años no está todavía ganada. Quedan muchas experiencias compartidas por narrar, muchas formas de insubordinarnos contra el poder patriarcal, todavía debemos reivindicar el derecho a vivir libres y sin miedo en nuestras ciudades, a defender la libertad de hacer con nuestro cuerpo lo que nos dé la santa gana, desde correr por un parque sin que nos agredan hasta tener el control de nuestra capacidad reproductiva. “Debemos ser y seguir siendo paseantes incómodas”, propone Anna Maria Iglesia. Yo, ni quiero ni puedo ser otra cosa.



La pintora rusa Marie Bashkirtseff



Y ahora, como decía Sócrates, Ιωμεν: nos vamos. Sean felices por favor, a pesar de todo. Tamaragua, amigos. HArendt 



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Entrada núm. 4905
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La verdad es una fruta que conviene cogerse muy madura (Voltaire)

[HEMEROTECA DEL BLOG] A contracorriente




Sala de audiencias (Sevilla)


Se que puedo dar la impresión de que la tengo tomada con la Justicia (o lo que queda de ella en este país nuestro), pero no es así. No tengo ninguna queja personal al respecto. Simplemente, me dan miedo muchas de las resoluciones -o la falta de ellas- que se adoptan en los juzgados y tribunales españoles y la indiferencia o jaleo (de jalear) con que se acogen, según de quién vengan o a quién se refieran... No acabo de entender muy bien si van por ahí "los tiros" del artículo [Si la sal se torna insípida, 12/5/2008] que publica en La Voz de Galicia, José Luis Barreiro, pero en fin... 




Etarras encapuchados


Más allá del problema terrorista, comienza diciendo Barreiro, la presencia obsesiva de ETA en los discursos políticos ha servido de coartada para cuatro cosas muy graves: para que nadie advirtiese el crecimiento de la violencia organizada; para que los jueces perdiesen el sentido garantista de su profesión y de las normas procesales; para que las fuerzas de orden público sean casi inmunes a la crítica social y a sus controles internos; y para que los ministros del Interior obtengan un sobresaliente sin necesidad de demostrar su eficiencia. Y así se asentó entre nosotros la idea de que un discurso de Otegi es más grave que la corrupción de un juez o de un policía; o de que la presentación de una moción de censura en Mondragón beneficia más a España que la lucha contra las bandas armadas que operan en Málaga o Madrid.

Hace unos meses comenté con excepcional desagrado la leve sentencia que cayó sobre un grupo de guardias civiles que apalearon hasta la muerte a un gitano que había entrado en el cuartel para solicitar protección. No hace más de dos semanas llamaba la atención sobre el desprecio de la ley que demostraban los policías municipales que, sin más objetivo que el de reivindicar mejoras laborales, colapsan sus propios servicios con bajas médicas fraudulentas. En la misma línea me he pronunciado contra las leves sanciones impuestas a ciertos jueces que abusan criminalmente de su autoridad a favor o en contra de los presos, que mantienen connivencia con mafias criminales o especulativas, o que imponen sus prejuicios morales al margen de la ley. Y ahora llega el caso de la policía municipal de Coslada, donde el sheriff Ginés aterrorizó a la población durante veinte años, al puro estilo de los thrillers americanos, sin que hubiese saltado ningún control judicial, policial o político.

Si la sal se torna sosa ya no hay con qué salarla, y «no sirve para nada más que para ser tirada afuera y pisoteada por los hombres» (Mateo, 5,13). Y eso es lo que sucede en una democracia cuando la policía o los jueces se corrompen, porque ellos son la sal de nuestra libertad. Cuando el terrorista asesina, o el mafioso extorsiona y roba, o el proxeneta trafica, o el machista viola y mata, el Estado tiene respuesta, y toda la sociedad está preparada para defenderse desde la legalidad y sin que el orden social se derrumbe. Pero cuando la Justicia se hace injusta, o la policía ladrona, todo el Estado queda herido, y debe ser restaurado con un enorme rigor y con urgencia. Aunque tengo la impresión de que, bajo la influencia de ETA, hemos perdido el sentido de lo que es prioritario e importante en materia de justicia, paz social y orden público. Como si la sal se nos estuviese volviendo insípida. 




Xosé Luis Barreiro



Y ahora, como decía Sócrates, Ιωμεν: nos vamos. Sean felices por favor, a pesar de todo. Tamaragua, amigos. HArendt 



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Entrada núm. 4904
Publicada originariamente el 12/5/2008
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viernes, 17 de mayo de 2019

[EUROPA] La UE y las largatijas





Entre los próximos 23 y 26 de mayo estamos llamados los ciudadanos europeos a elegir a nuestros representantes en el Parlamento de la Unión. Me parece un momento propicio para abrir una nueva sección del blog en la que se escuchen las opiniones diversas y plurales de quienes conformamos esa realidad llamada Europa, subiendo al mismo, de aquí al 26 de mayo próximo, al menos dos veces por semana, aquellos artículos de opinión que aborden, desde ópticas a veces enfrentadas, las grandes cuestiones de nuestro continente. También, desde este enlace, pueden acceder a la página electrónica del Parlamento europeo con la información actualizada diariamente del proceso electoral en curso.

La Unión es un sistema, como el capitalismo. Ambos se hacen más fuertes tras sufrir una crisis. Son como las lagartijas, escribe  Víctor Lapuente, doctor en Ciencias Políticas por la Universidad de Oxford y actualmente profesor en la Universidad de Gotemburgo.

Hace millones de años, una hecatombe extinguió a todos los dinosaurios, comienza diciendo. Pero muchas lagartijas sobrevivieron. Los reptiles más pequeños son más flexibles. Se adaptan mejor a los shocks. Los animales grandes fascinan. Los pequeños funcionan.

Lo mismo pasa con las instituciones políticas. Los intelectuales de la vanguardia eurófila sueñan, y los populistas de la retaguardia eurófoba tienen pesadillas, con una Europa gigantesca: económica, política, social y cultural. Una recreación secular de la Iglesia católica, apostólica y romana. Pero tan difícil es erigir una mega-UE como desmantelar la actual UE, un entramado de instituciones en red, con pocos puntos de contacto y, por tanto, pocos talones de Aquiles. Los productos de la UE (de la eurozona y el espacio Schengen a la PAC y los fondos de cohesión, pasando por las multas a Google) son el resultado de organismos distintos legitimados por coaliciones distintas de actores.

La UE es lo opuesto a la Estrella de la Muerte de Star Wars: un mole imponente, pero, si atacas su núcleo, salta por los aires. La UE no tiene centro. No tiene cabeza, por lo que no se le puede cortar el cuello.

La UE es un sistema, como el capitalismo. Ambos se hacen más fuertes tras sufrir una crisis. El capitalismo y la UE están tan enraizados en las realidades cotidianas de ciudadanos, empresas, grupos de interés y políticos que salen reforzados de cada traspiés. Los anticapitalistas y euroescépticos agitan ruidosamente sus banderas de vez en cuando. Pero sus gritos son señal de su impotencia. Los nacionalpopulistas pueden obtener unos excelentes resultados en estas elecciones europeas. Pero, más allá de darle un tono folclórico al Parlamento Europeo, que nadie espere una impronta populista en el futuro corpus legislativo de la UE. Los intereses creados en torno al mercado y las políticas comunitarias son tan poderosos que ni tan siquiera los políticos con las lenguas más viperinas podrán desmontarlos.

Uno de los padres fundadores de la UE, Jean Monnet, lo predijo hace décadas. La integración europea no avanzará mediante grandes consensos, sino a golpe de grandes crisis. Porque lo que une a los humanos no son los ideales nobles, sino los miedos mundanos a perder bienestar.

Dejemos pues de tener sueños y pesadillas con la UE. Porque, cuando despertemos, la lagartija todavía estará allí.





Y ahora, como decía Sócrates, Ιωμεν: nos vamos. Sean felices por favor, a pesar de todo. Tamaragua, amigos. HArendt 



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[UNA SONRISA] Al menos hoy viernes, 17 de mayo





El Diccionario de la lengua española define humorismo como el modo de presentar, enjuiciar o comentar la realidad resaltando el lado cómico, risueño o ridículo de las cosas. También, como la actividad profesional que busca la diversión del público mediante chistes, imitaciones, parodias u otros medios. Un servidor de ustedes tiene escaso sentido del humor, aunque aprecio la sonrisa ajena e intento esbozar la propia. Identificado con la primera de las acepciones citadas, en la medida de lo posible iré subiendo periódicamente al blog las viñetas de mis dibujantes favoritos en la prensa española. Y si repito alguna por despiste, mis disculpas sinceras..., aunque pueden sonreír igual. 






Y ahora, como decía Sócrates, Ιωμεν: nos vamos. Sean felices por favor, a pesar de todo. Tamaragua, amigos. HArendt 



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