sábado, 6 de enero de 2024

De la prudencia en política

 








Hola de nuevo. Y de nuevo a todos feliz sábado. Es, sin duda, muy recomendable compatibilizar la prudencia política (que también es una virtud moral) con el derecho público, escribe en El País el filósofo José Luis Pardo, porque la amnistía no es en sí inmoral, lo inmoral es su justificación, y parafraseando al poeta, quienes caminan saltando abismos corren el riesgo de caer al vacío. Sean felices, por favor. O al menos no dejen de intentarlo. HArendt. harendt.blogspot.com








Política sin abismos
JOSÉ LUIS PARDO
03 ENE 2024 - El País - harendt.blogspot.com

People who jump waterfalls sometimes can make mistakes
Aunque Máriam Martínez-Bascuñán (Al otro lado del abismo, 15 de diciembre de 2023) parece referirse a un artículo mío del día anterior (El espíritu de las leyes), no estoy seguro de haber escrito el texto que ella ha leído. Primero, porque problematiza la idea de moral pública de Rousseau, a quien yo ni siquiera nombraba, y que no es mi referencia para concebir el pacto social. Segundo, porque se opone a la “hipermoralización de la discusión pública” (el enfrentamiento entre doctrinas morales incompatibles que divide a los ciudadanos en buenos y malos), que ejemplifica con el “muro de contención” construido por Pedro Sánchez, y se declara partidaria del “pluralismo razonable” de John Rawls. Pero en mi tribuna yo también deploraba esa “moralización”, justamente porque al convertir el debate político en disputa moral cuestiona las instituciones, que no pueden resolverlo, y lo sustituye, como ella señala con acierto, por un conflicto emocional. De modo que el consenso implícito que yo denominaba repetidamente “moralidad pública” no es en absoluto una doctrina metafísica ni un calentón pasional, sino exactamente lo que Rawls designa con esa misma expresión (overlapping consensus), es decir, lo que pueden compartir en el ámbito público ciudadanos cuyas creencias privadas son dispares.
A mí, como a ella, me parece insuficiente (¿sería exagerado decir “inmoral”?) la justificación que el PSOE ha dado de sus medidas políticas. Pero, a diferencia de Martínez-Bascuñán, tampoco creo que quepa dar de ellas una justificación estrictamente política por sus consecuencias. Ella advierte que para hacerlo se han de dejar de lado las razones jurídicas, dado que los jueces tienen un “desprecio olímpico por las consecuencias”. Como todos los que exigen “soluciones políticas y no judiciales” para los problemas políticos, olvida que el poder judicial es tan político como los otros dos del Estado. Entre sus funciones está la de garantizar la legalidad de los poderes públicos, es decir, su legitimidad política. Fue por quebrantar esa legalidad, y no por razones morales, por lo que los líderes del procès fueron condenados, como respuesta política a un problema político. Y es por ello que sugerir una vía para el poder político al margen de esos guardarraíles crea un desgarro en el vínculo social que, como señala Martínez-Bascuñán, “está violentando las costuras de nuestra democracia, horadando nuestro núcleo liberal”, porque enfrenta al poder ejecutivo y al legislativo con el judicial. De admitirse semejante conflicto, decía Kant —que es mi referencia para el concepto de pacto social—, las razones de la política se reducirían a unas “máximas con las que elegir los medios más idóneos para los propósitos de cada cual calculados en función del propio provecho”.
“Evaluar por las consecuencias” equivale aquí a aceptar que el fin justifica los medios, contra la sensata afirmación de Camus de que en política son los medios (en palabras de la articulista: “el respeto a los procedimientos, al Estado de derecho o a la separación de poderes”) los que justifican el fin, porque la política sólo es legítima si circula por los raíles del derecho. Al sostener que “sólo el tiempo dirá” si las razones de Pedro Sánchez “fueron malas en términos de la convivencia en España, de la crispación o la polarización”, se nos pide un acto de fe (que es una virtud moral) en su éxito. Porque sólo si las consecuencias son buenas y cesa la polarización podrá llegarse a un acuerdo para tal evaluación, pues en caso contrario ni siquiera un verificador internacional podría establecerla. Es, sin duda, muy recomendable compatibilizar la prudencia política (que también es una virtud moral) con el derecho público, que (¡qué le vamos a hacer!) se inspira en principios morales, pero —sigue diciendo Kant— “se puede pensar esa compatibilidad en un político moral, que hace coexistir los principios de la prudencia con la moral, pero no en un moralista político, que se forja una moral a la medida de lo que resulta conveniente para provecho del político”. Esta amnistía no es de suyo inmoral, lo inmoral es precisamente su justificación.
Puedo imaginar, como mi interlocutora, un abismo con dos lados (“la España de charanga y pandereta” y “la España del cincel y de la maza”, por ejemplo), ambos al borde del precipicio. Pero en este contexto metafórico sólo hay una manera de hacer lo que ella llama “tirar para el otro lado del abismo”: saltar desde el lado en el que estamos para intentar aterrizar en el otro. Yo no recomendaría esta estrategia, no sólo porque los dos lados  sonmuy semejantes, sino porque, parafraseando al poeta, quienes caminan saltando abismos corren el riesgo de caer al vacío. José Luis Pardo es filósofo.









De la estupidez artificial

 








Hola, buenos días de nuevo a todos, feliz sábado y feliz día de Reyes. Lo tenebroso no son las nuevas formas de trabajar, escribe en El País refiriéndose a la inteligencia artificial el politólogo Víctor Lapuente, sino las viejas lecciones de vida que trajeron las tecnologías pasadas y que no hemos aprendido, pues para conseguir una prosperidad compartida no necesitamos tanto un cambio de política o economía, como de filosofía: poner a la persona en el centro de la máquina. Les recomiendo encarecidamente la lectura de su artículo y espero que junto con las viñetas que lo acompañan, en palabras de Hannah Arendt, les ayude a pensar para comprender y a comprender para actuar. Sean felices, por favor, aun contra todo pronóstico. Nos vemos mañana si la diosa Fortuna lo permite. Tamaragua, amigos míos. HArendt. harendt.blogspot.com













Estupidez artificial
VÍCTOR LAPUENTE
02 ENE 2024 - ​El País - hArendt.blogspot.com


Lo que da miedo de 2024 no es la inteligencia artificial, sino la estupidez humana. Lo tenebroso no son las nuevas formas de trabajar y relacionarnos que traerá la tecnología futura, sino las viejas lecciones de vida que trajeron las tecnologías pasadas y que no hemos aprendido. Y la principal es que cualquier cambio disruptivo ocasiona ganadores y perdedores y, si no te toman medidas proactivas, la enorme riqueza que genera una tecnología, como los molinos medievales o las máquinas de tejer en la revolución industrial, acaba en las manos de una élite y no de los campesinos, obreros o hiladoras.
Es la advertencia que Daron Acemoglu y Simon Johnson hacen en su libro Poder y progreso. Los datos apuntan a un aumento de la desigualdad tanto entre personas como entre territorios. Por ejemplo, en EE UU, el 90% del crecimiento en el sector de la innovación se produce en tan solo cinco ciudades (Boston, San Francisco, San José, Seattle y San Diego), cinco oasis cada vez más luminosos en el creciente desierto en el que se convierte el continente norteamericano.
La robotización está eliminando y precarizando trabajos a la velocidad de un nanosegundo en el metaverso, pero no es inevitable. La inteligencia artificial puede tener dos efectos contrarios sobre el mercado laboral: automatizar los trabajos que hacen los humanos para, así, sustituirlos (como con los cajeros de supermercados) o aumentar los trabajos facilitando dispositivos tecnológicos a las personas que hagan más valiosos sus puestos de trabajo. Es lo que ocurre cuando se facilitan aparatos de radio-imagen a los sanitarios para que los usen en visitas a domicilio, o software complejo a los mecánicos de coches.
Y, hasta ahora, automatizar ha sido la prioridad sagrada. Pero no es solo de las empresas privadas, obsesionadas por reducir costes laborales, sino también de las administraciones públicas y los organismos que financian los proyectos científicos de inteligencia artificial. El ingenio que se suele premiar con una beca o un trabajo es el de quien es capaz de desarrollar un algoritmo que haga lo mismo que una persona a un coste inferior. El objetivo es derrotar al ser humano, no hacerlo más productivo.
Para conseguir una prosperidad compartida no necesitamos pues tanto un cambio de política o economía, como de filosofía: poner a la persona en el centro de la máquina. Víctor Lapuente es politólogo.





























[ARCHIVO DEL BLOG] Palabras como regalo de Reyes. [Publicada el 06/01/2018]










“Pachuchos” puede ser una comida para perros; “aguacero”, ni gota de agua; y “universo”, un poema de una línea, escribe en El País Álex Grijelmo (1956), escritor y periodista, doctor en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid. El genio del idioma español también se divierte, comienza diciendo. Ya sabemos que, por un lado, ese personaje misterioso dicta ciertas normas mágicas que millones de hablantes obedecen sin darse cuenta. Por ejemplo, ha decidido que nuestros vocablos patrimoniales no formen plurales como “árbols” o “relojs”. Pero, por otra parte, el gran encantador de la lámpara maravillosa del lenguaje también es capaz de inventar juegos de palabras y poseer para ello las mentes desavisadas de José Luis Coll, Les Luthiers o Luis Piedrahita, sin excluir cualquier otra cabeza invadida por el ingenio del genio.
En el Diccionario de Coll (1975) supimos que “pateo” es “negar a Dios con los pies”: con Les Luthiers aprendimos que se dice “monólogo” cuando habla uno, pero que si lo hacen dos se trata ya de un “biólogo”, y Luis Piedrahita ha imaginado el término perfecto para definir la enfermedad de aquellas personas que acumulan en casa decenas de botes de gel robados en los hoteles: el síndrome de Diógeles. (Hallazgos como éste menudean en su espectáculo Las amígdalas de mis amígdalas son mis amígdalas o en su último libro: Cambiando muy poco, algo pasa de estar bien escrito a estar mal escroto).
Sin embargo, el aprendizaje de algo tan juguetón como la lengua se convierte para muchos escolares en un empeño desalentador. Ciertas gramáticas que sufren los alumnos incluyen frases como éstas: “El complemento de régimen verbal es un sintagma preposicional que se forma mediante la preposición que exige el verbo y un sintagma nominal”. “El complemento predicativo es un sintagma adjetivo que complementa a los verbos predicativos y concuerda en género y número con el sintagma nominal”. Ningún niño puede amar la lengua así.
La gramática no tiene por qué ser un potro de tortura en el que se exija a los alumnos clasificar oxítonas, paroxítonas y proparoxítonas; clíticos, enclíticos y proclíticos; las parasintéticas, los deícticos, los transpositores y otros sintagmas diversos.
Si niños y niñas disfrutan con los juguetes, hagamos primero que jueguen con la lengua. Y dejemos para mucho más adelante los términos técnicos y precisos con los cuales se entienden los gramáticos entre sí (mucho tiempo después de haber sido niños, claro).
Fue sorprendente el ejemplo de los escolares asturianos que participaron en los homenajes a Les Luthiers con motivo del premio Princesa de Asturias que recibieron en Oviedo el pasado octubre. Sus profesores y la fundación que organiza los galardones los convocaron a jugar con las palabras, y consiguieron recrear más de 4.000 términos.
Así, “pachuchos” pasó a ser una comida para perros; el “leotardo” da nombre a un leopardo de reacción tardía; la “buhardilla” representa una mezcla de ardilla y búho; la “encuesta” refiere una subida muy pronunciada; “aguacero” no puede significar otra cosa que “ni gota de agua”; el “universo” es un poema de una sola línea, y se llama “solfatear” a lo que hace el perro de un músico cuando está buscando el sol.
Vale la pena que en el año nuevo los niños jueguen con el lenguaje y con la gramática como con un amigo y una amiga, tal vez con el apoyo del Diccionario de Coll, los vídeos de Les Luthiers o los libros de Piedrahita. Tal vez así digan orgullosos en el colegio que los Reyes Magos les han traído unos juegos estupendos: los juegos del idioma. Y ahora, como decía Sócrates, Ιωμεν: vámonos. Sean felices, por favor, a pesar de todo. Tamaragua, amigos. HArendt










viernes, 5 de enero de 2024

De la verdadera historia de un beso

 








Hola de nuevo. Y de nuevo a todos feliz viernes. La comunidad tuitera comenta la muerte a los 93 años de Françoise Bornet, la mitad de la célebre foto del beso en París realizada por Robert Doisneau en 1950 que dio la vuelta al mundo, pero la imagen tenía truco, afirma en su artículo de El País la escritora Natalia Junquera. Merece la pena leerlo. Sean felices, por favor. O al menos no dejen de intentarlo. HArendt. harendt.blogspot.com










Historia de un beso
NATALIA JUNQUERA
05 ENE 2024 - El País - harendt.blogspot.com

Las mejores ideas, como los Reyes Magos o el amor, suelen durar poco, o menos de lo que desearíamos. Crecer es, de alguna manera, dejar de creer, pero una vez perdida la fe, permanece el recuerdo, que es otra forma de ilusión. Las redes sociales dejan estos días buenos ejemplos de ello.
En varios idiomas (francés, inglés, alemán, portugués, español...), vecinos de distintos rincones del mundo comparten en X (antes Twitter) la misma noticia: ha muerto, a los 93 años, Françoise Bornet, la mitad de la célebre foto del beso en París realizada por Robert Doisneau en 1950. Es una de las imágenes más reproducidas y vendidas de la historia de la fotografía —figura en carteles, carcasas de móvil, fundas de cojín...— porque retrata —o porque se convirtió en— un patrimonio universal: la imagen mental que los parisienses y gente que jamás ha pisado la capital francesa tiene del amor. De ahí que para buena parte de la comunidad tuitera Françoise Bornet sea un personaje familiar, una muerte a lamentar en público.
La foto, magnífica, creció gracias a lo que espectadores de todo el mundo proyectaron sobre ella, pero, como en los Reyes Magos, que llevan varios días en el trending topic, detrás había más ilusión que realidad. Lo explicaba el historiador Fernando Siles (@itineratur, 113.000 seguidores) en un excelente hilo de X recuperado estos días y que acumula miles de retuits y favoritos. En él, relata resumidamente: “Un día, la revista Life le pide un reportaje de enamorados en París, y al día siguiente, está contratando unos actores porque no les vas a explicar a los americanos que eso no es nada fácil [corría 1950]. Hace como si estuviera sentado en la terraza de un café, con el Ayuntamiento al fondo, esperando que ocurriera algo extraordinario. Paga a los jóvenes, envía las fotos, cobra su dinero, archiva las fotografías y se olvida. Pasan 30 años. Le piden permiso para vender pósteres y, sin saber bien cómo, acaba en las paredes de las habitaciones de los adolescentes de medio mundo. Doisneau no para de recibir cartas de personas que se reconocen en la foto. Hasta se escribe una novela sobre ese fenómeno. La verdadera pareja se presenta. Son Françoise Bornet y Jacques Carteaud”.
Las hijas del fotógrafo custodian ahora su archivo. Una de ellas, Annette, ha explicado que odia con todas sus fuerzas la instantánea que dio fama mundial a su padre. El motivo es el juicio al que Bornet le llevó por los derechos de imagen. Doisneau ganó porque el tribunal estimó que a ella no se la reconocía en la foto y porque el hombre que la besaba entonces —y que le tapa buena parte de la cara— declaró a favor del artista. La pareja se había separado meses después del retrato. “A mi padre”, contaba Annette, aquello “le costó la vida. Nunca pudo entenderlo. Aunque murió de un problema hepático, en el fondo fue la tristeza lo que acabó con él”.
En su hilo de X, Siles recuerda que Doisneau, conocido como el fotógrafo de lo cotidiano, confesó una vez: “Yo no retrato la realidad como es, sino como me gustaría que fuera”. En el documental A través de la lente, un recorrido sobre su vida y obra, queda claro por qué: con siete años murió su madre, su padre se volvió a casar y su madrastra nunca fue cariñosa con él. Vivió dos guerras mundiales, la Gran Depresión... y poco después de empezar a hacer estupendos reportajes para periódicos de París, tuvo que irse a trabajar como fotógrafo al lugar menos romántico: una fábrica de coches. En cuanto pudo, buscó retener, con ayuda de su cámara, esa belleza que se escurría, al igual que se escapa la infancia, convirtiendo cada paseo en la oportunidad de encontrar algo extraordinario, como si todos los días fueran la mañana de Reyes. Natalia Junquera es escritora.
 












Del año en que se torció todo

 









Hola, buenos días de nuevo a todos y feliz viernes. Un día quizá recordemos 2023 como el año que se torció todo, comenta en El País la escritora Marta Peirano, la crisis climática se hizo irreversible y la inteligencia artificial se descontroló, y podemos recordar el 2024 como el año en que luchamos por algo distinto. Les recomiendo encarecidamente la lectura de su artículo y espero que junto con las viñetas que lo acompañan, en palabras de Hannah Arendt, les ayude a pensar para comprender y a comprender para actuar. Sean felices, por favor, aun contra todo pronóstico. Nos vemos mañana si la diosa Fortuna lo permite. Tamaragua, amigos míos. HArendt. harendt.blogspot.com











Por una interpretación generosa del mundo
MARTA PEIRANO
02 ENE 2024 - El País - harendt.blogspot.com

Un día quizá recordemos 2023 como el año que se torció todo. Entre noviembre de 2022 y octubre de 2023, la Tierra experimentó el periodo más caluroso jamás registrado. Los meteorólogos encontraron tormentas de categoría 5 en todas las cuencas oceánicas del mundo. El Amazonas empezó a producir más emisiones de las que captura. El hielo marino se desplomó hasta un mínimo histórico. El deshielo de glaciares terrestres y el suelo de los polos árticos ha elevado notablemente el nivel del mar.
Sin embargo, las emisiones procedentes de combustibles fósiles alcanzaron un máximo histórico: comimos más carne, compramos más ropa y viajamos en más aviones que nunca. Objetivamente, ya habíamos descartado el plan de mantener el aumento de temperatura por debajo de 1,5 grados centígrados cuando el presidente de la COP28, celebrada en Dubái, dijo que no hay evidencia científica que indique que es necesario eliminar los combustibles fósiles para limitar el calentamiento global.
En numerosas economías mundiales, el número de muertes había superado el número de nacimientos. Ni la covid-19 ni la guerra: fueron la dieta y la contaminación. La principal causa de muerte en el mundo son los accidentes cardiovasculares, causados por exceso de grasas hidrogenadas, azúcar y carne roja y procesada; y ausencia generalizada de fibra, semillas, frutas y verduras frescas. Pero nos da más miedo la inmigración. Nos preocupa tanto que preferimos renunciar a los pactos universales de derechos humanos que a la mortadela. El nuevo Pacto Europeo de Migración y Asilo cambia el sistema de cuotas por una acogida a la carta, donde los países pueden librarse de acoger migrantes pagando 20.000 euros por cabeza. La nueva ley europea de Inteligencia Artificial (IA) prohíbe los sistemas automáticos y remotos de reconocimiento biométrico, una tecnología racista, clasista y propensa a cometer errores, con excepción del contexto migratorio y policial.
Y nos preocupa la IA. Europa acordó esa primera ley de IA en noviembre, poco después de que Joe Biden emitiera una orden ejecutiva para someter su desarrollo a la seguridad nacional. El partido comunista chino prohibió entrenar modelos con contenidos que promuevan “el terrorismo, la violencia, la subversión del sistema socialista, el daño a la reputación del país” y acciones que “socavan la cohesión nacional y la estabilidad social”. Reino Unido reunió a 20 países en la primera Cumbre Internacional de Seguridad de la IA. Todos quieren controlar los usos y prevenir peligros que sólo existen en la fantasía colectiva propagada por los ejecutivos de las grandes empresas y la ciencia ficción. Pero nadie quiere contener el verdadero peligro: su rápida, aparatosa, sedienta e inflamable expansión.
El cuerpo de la IA es insaciable. Sus enormes infraestructuras de almacenamiento y procesamiento masivo crecen como una bacteria interplanetaria, metiendo sus gordos tentáculos en todas las fuentes de agua, energía, minerales y procesos administrativos y cognitivos disponibles. Come de todo: minas y salinas, plantas eléctricas, instalaciones nucleares, granjas solares, pueblos indígenas, estudiantes dispersos, periodistas estresados, poblaciones empobrecidas por la guerra, la sequía, el capitalismo y la globalización. Norteamérica aumentó un 25% su construcción de centros de datos, eso sin contar con los hiperescaladores: Google, Amazon, Meta y Microsoft. El CEO de Nvidia, el dealer de chips de alto rendimiento, calcula que van a gastarse mil millones de dólares en la expansión de una infraestructura capaz de alterar gravemente el precio y el suministro del agua y la electricidad. Eso tendrá consecuencias predecibles en el precio de la luz, la calefacción y el aire acondicionado, el transporte, los alimentos y el resto de la cadena productiva. Crece más rápido que las fuentes de energía sostenibles. Bebe más agua que la población mundial. Todas estas paradojas no son los síntomas de un brote psicótico colectivo ni los síntomas del declive cíclico e inexorable de la civilización occidental. Tampoco son los defectos del capitalismo. Son parte indispensable de su plan.
“El capitalismo es una máquina de inseguridad, aunque rara vez lo percibimos de esa manera”, escribió Astra Taylor en mayo de 2020 en la revista Logic Magazine. “Junto con las ganancias, los bienes de consumo y la desigualdad, la inseguridad es un producto fundamental del sistema. No es un subproducto incidental ni una consecuencia secundaria de la concentración de la riqueza; es una de las creaciones esenciales y habilitadoras del capitalismo”. La seguridad social favorece la empatía, la solidaridad entre vecinos y la colaboración. Favorece la ambición intelectual y espiritual sobre la económica y una interpretación generosa del mundo. Son valores en conflicto contra los principios fundamentales del sistema capitalista, como la competencia, la exclusión y la individualidad.
La máquina de inseguridad empieza 2024 habiendo metido muchos goles: la crisis medioambiental, la crisis mediática, el desencanto con la política. Las campañas oscuras de las plataformas digitales y la máquina de hechos alternativos de la inteligencia artificial. No es un buen año para que más de 2.000 millones de personas de unos 70 países salgan a votar. También podría ser que recordemos 2024 como el año que decidimos buscar una interpretación más generosa del mundo y luchar por él. Marta Peirano es escritora.