sábado, 1 de noviembre de 2025

DE LAS ENTRADAS DEL BLOG DE HOY SÁBADO, 1 DE NOVIEMBRE DE 2025

 





Hola, buenos días de nuevo a todos y feliz sábado, 1 de noviembre de 2025. El proceso, novela del escritor checo Franz Kafka, se lee en la primera de las entradas del blog de hoy, contiene algunas de las características esenciales de lo que se convertiría en uno de los géneros literarios y cinematográficos más populares en el último siglo: la distopía. En la segunda, un archivo del blog de noviembre de 2019, se hablaba del centenario de la muerte de Galdós, cuyo entierro sacó a la calle prácticamente a todo Madrid, era el pretexto para trazar un recorrido por la vida y obra de un escritor que, por su importancia, vigencia y universalidad, colocamos junto a Cervantes. El poema del día es de una joven poetisa española y comienza con estos versos: En el edificio de enfrente/hay dos gatos asomados a la ventana. Y la cuarta y última son las viñetas de humor. Volveremos a vernos mañana si la diosa Fortuna lo permite. Sean  felices, por favor. Tamaragua, amigos míos. Y como decía Sócrates: ἡμεῖς ἀπιοῦμεν. HArendt






















DE UN SIGLO DE DISTOPÍAS

 







La fe en la ambición de construir una sociedad ordenada según principios ideológicos claros se ha disuelto, escribe en El País, 26/10/2025, la investigadora Olivia Muñoz-Rojas. En 1925, comienza diciendo, el escritor y editor Max Brod publicaba El proceso, de Franz Kafka, que el autor checo había escrito una década atrás. El manuscrito, inconcluso, publicado contra la voluntad de Kafka un año después de su muerte, contiene algunas de las características esenciales de lo que se convertiría en uno de los géneros literarios y cinematográficos más populares en el último siglo: la distopía. Para entonces, había tenido lugar la Revolución Rusa y en 1920 Yevgueni Zamiatin había publicado Nosotros. Desencantado con la deriva autoritaria de los bolcheviques, el escritor ruso proyectó la experiencia soviética en el relato de una sociedad futura de trabajadores alienados bajo la autoridad del Estado Único en el que, años más tarde, se inspiraría George Orwell. A principios de los años treinta, Aldous Huxley imaginaba un mundo feliz controlado por el placer y la biotecnología y, en 1940, Karin Boye regresaba sobre la idea de un Estado Mundial capaz de conocer los pensamientos de sus ciudadanos a través del uso de la kallocaína.

Desde una perspectiva antropológica, las distopías son una versión secularizada del infierno de las tradiciones religiosas abrahámicas. Son también un aviso sobre las consecuencias de la hubris humana en su manipulación de la naturaleza a través de la tecnología y nos orientan sobre los temores más profundos de cada generación. En un momento en el que muchos ven reflejos de la época actual en las décadas en las que emergieron los totalitarismos, merece la pena regresar sobre los imaginarios distópicos que nacieron hace aproximadamente un siglo al calor de esas primeras experiencias totalitarias para reflexionar sobre qué desasosiegos permanecen y cuáles han evolucionado.

A través de la experiencia de Josef K., entre angustiosa y absurda por su arbitrariedad, Kafka expone una de las preocupaciones centrales del siglo XX: la anulación del individuo frente a una maquinaria estatal y burocrática anónima e implacable. El Estado Único que imagina Zamiatin en Nosotros, presidido por el Bienhechor, somete a los “hombres-número” a una vigilancia permanente y elimina cualquier resquicio de vida privada. La fantasía y la creatividad se consideran una amenaza, y los cerebros de quienes las manifiestan son operados para extirparlas. Si Kafka narra la impotencia del individuo ante el aparato jurídico y burocrático, Zamiatin lleva esa anulación más lejos, hasta el plano físico y psicológico, a través de un control médico-científico del cuerpo.

A principios de la década de 1930, países como Estados Unidos, Suecia y Alemania habían integrado la eugenesia en sus políticas públicas de esterilización de poblaciones consideradas inferiores. En ese contexto, Huxley imagina un orden social en el que se crean individuos a medida, perfectamente adaptados a su lugar en la jerarquía social, a través de la selección genética y la reproducción artificial. Para asegurar la felicidad continuada de los individuos, el Estado proporciona el fármaco soma que reprime las emociones negativas y los impulsos disidentes (es tentador establecer un paralelismo con el Prozac y otros antidepresivos desarrollados posteriormente en la vida real). El afán de control sobre las mentes de los ciudadanos es también el leitmotiv de la novela de la sueca Boye. Su protagonista, Leo Kall, ha diseñado un suero de la verdad con el que promete a los altos representantes del Estado Mundial la detección de cualquier acto o intención potencialmente rebelde. Sin embargo, el afán de control se vuelve ambiguo, pues la droga expone también las dudas y emociones más íntimas del propio científico.

Si la imagen de un Estado mundial totalitario nos resulta más ajena hoy que en los años veinte y treinta, permanece nuestro temor a ser anulados y absorbidos por entes de hipervigilancia sobre los que carecemos de control. Nos identificamos, asimismo, con el temor a la manipulación científica y biopolítica —la posibilidad de leer nuestras mentes está más cerca que nunca—. Algunos escenarios distópicos recientes, trazados en torno al posapocalipsis nuclear y climático, exhiben un estado tecnológico y científico más avanzado en un contexto de anarquía global y colapso ecológico.

Además de las diferencias tecnológicas, tal vez la mayor diferencia entre aquellas primeras obras distópicas y nuestros temores actuales resida en la fe que entonces se depositaba en las capacidades ilimitadas del Estado secular y en la ambición de construir una sociedad ordenada según principios ideológicos claros. Hoy, esa fe se ha disuelto en gran medida: no hay indicios de una imaginación política capaz de concebir un orden colectivo potencialmente universal. Las distopías contemporáneas no evocan un Leviatán omnipotente. La pesadilla no es un Estado mundial absoluto, sino un retorno a formas de dominación premodernas: una suerte de feudalismo global en el que cada individuo está sujeto a múltiples señores dispersos, a menudo invisibles, que gobiernan fragmentos de su vida y en el que, al igual que bajo el Antiguo Régimen, la Tradición y las religiones operan como fuentes de autoridad. La distopía reaccionaria, con distintas dosis de tecnopoder y teocracia, constituye hoy el metarrelato más turbador. No por su carácter exagerado, sino por su semejanza con aspectos de nuestra realidad.

Olivia Muñoz-Rojas es investigadora.























DEL ARCHIVO DEL BLOG. GALDOSIANA. PUBLICADA EL 02/11/19

 






A vuelapluma es una locución adverbial que el Diccionario de la lengua española define como texto escrito "muy deprisa, a merced de la inspiración, sin detenerse a meditar, sin vacilación ni esfuerzo". No es del todo cierto, al menos en mi caso, y quiero suponer que tampoco en el de las autoras, sobre todo autoras -algo que estoy seguro habrán advertidos los asiduos lectores de Desde el trópico de Cáncer- cuyos textos subo al blog. Espero que los sigan disfrutando, como yo, por mucho tiempo. Ellas tienen, sin duda, mucho que decirnos. Les dejo con el A vuelapluma de hoy. 

A partir del 1 de noviembre, -comenta la escritora Marta Sanz en ElPaís de hoy-, se abrirá al público en la Biblioteca Nacional la exposición Benito Pérez Galdós, la verdad humana. Las conmemoraciones de hechos luctuosos sirven para que las instituciones recuperen personalidades de una cultura hispánica que, a menudo, parece acomplejada y capitidisminuida. El centenario de la muerte de Galdós, cuyo entierro sacó a la calle prácticamente a todo Madrid, es el pretexto para trazar un recorrido por la vida y obra de un escritor que, por su importancia, vigencia y universalidad, colocamos junto a Cervantes. En esta muestra el escritor dialoga con la historia y la política de su país, su biografía y campo literario. El nuestro. Frente a las acusaciones de garbancerismo, Galdós fue viajero cosmopolita, hombre comprometido, que reconvirtió las mejores ideas éticas y estéticas de su contemporaneidad en novelas, episodios, artículos y obras de teatro a través de los que conectó con un nutrido público sin perder exigencia. Las clases medias y populares aprendimos historia y literatura con Galdós. Aprendimos y aprendemos a enfrentar la vida con actitud crítica, progresista y empática. Encendemos las bombillas y valoramos el sentido social del ordenamiento urbanístico. Galdós vivió en las ideas para idear las vidas; observó la realidad y con sus palabras la construyó; capturó en sus novelas las polifonías —voces de distintas clases y géneros— de una sociedad en transformación; trazó el retrato de una clase media fundamental para la musculatura del país; y superó tópicos de la cultura española: fracturó esa falsa dualidad entre razón y corazón a la que, hoy, en la era de la víscera y la posverdad, hemos regresado para apagar las luces entronizando el bulo. Para Galdós, la aspiración era alcanzar la verdad humana y aprehender un sentido de la modernidad que, por nuestras supersticiones, podría escapársenos. Abogó por la laboriosidad en un país de rancias ínfulas aristocráticas: el trabajo era considerado un castigo más que un concepto inherente a la naturaleza humana. También abrió una brecha que la literatura española aún no ha suturado: escribir sin miedo a ser local. Hoy entendemos que lo local y lo universal, más allá de inteligencias narrativas, se emparentan con orden geopolítico y poder.

En la exposición, se reconocerá al Galdós canario; al que hizo de Madrid médula viva de sus narraciones; al que disfrutó de su casa de San Quintín en Santander; al de las tertulias y el periodismo, el ateneísta; al que, pese a las evidentes discrepancias ideológicas, mantuvo una conversación inquebrantable con amigos —Pereda, Menéndez Pelayo— que le acusaron, por ejemplo, de anticlericalismo; al que entrelazó las historias pequeñas con la historia grande; al que pintaba y tocaba el armonio —estas aptitudes no pueden desvincularse de su escritura—; al amigo y enamorado de Emilia Pardo Bazán; al Galdós que derivó hacia el republicanismo y el socialismo; al que, pese a la tachadura a la que fue condenado por élites literarias que se colocaban más allá de los huevos crudos sorbidos por Fortunata o de las pasiones ácratas de una Tristana a la que don Lope le dice que tiene que respetarlo porque es su marido y su padre, transformó el realismo en un caleidoscopio de realismos que, en el siglo XXI, hacen de él un escritor contestario, intrépido e imprescindible. Y ahora, como decía Sócrates, Ιωμεν: nos vamos. Sean felices, por favor, a pesar de todo. Tamaragua, amigos. HArendt












DEL POEMA DE CADA DÍA. HOY, DOS GATOS, DE ALEJANDRA ARROYO

 







DOS GATOS




En el edificio de enfrente

hay dos gatos asomados a la ventana

nos preocupa la posibilidad

de que se caigan

en el supermercado de al lado

hay una señora que deja dos artículos

nos preocupa la posibilidad

de que no se haya equivocado.




ALEJANDRA ARROYO (1993)

poetisa española
























DE LAS VIÑETAS DE HUMOR DE HOY SÁBADO, 1 DE NOVIEMBRE DE 2025

 




























viernes, 31 de octubre de 2025

DE LAS ENTRADAS DEL BLOG DE HOY VIERNES, 31 DE OCTUBRE DE 2025

 






Hola, buenos días de nuevo a todos y feliz viernes, 31 de octubre de 2025. Lo más terrible que puede ocurrirnos a los que alcanzamos cierta edad es carecer de expectativas o tener que maquillar nuestras biografías, puede leerse en la primera de las entradas del blog de hoy. En la segunda, un archivo del blog de noviembre del 2019, HArendt rememoraba una trascendental reunión de los alumnos claustrales de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) celebrada a principios de 1987 en el Pazo de Mariñán, Galicia. El poema del día, en la tercera entrada, es de un afamado poeta español nacido en 1946, y comienza con estos versos: Cada uno de estos versos se comenzó en Santiago/una tarde lluviosa de domingo de mil/novecientos cincuenta y tantos. Hay un niño/que ve pasar la vida,/ajena y gris, detrás de los cristales/empañados y siente/que está también lloviendo por dentro de él. Y la cuarta y última son las viñetas de humor. Volveremos a vernos mañana si la diosa Fortuna lo permite. Sean  felices, por favor. Tamaragua, amigos míos. Y como decía Sócrates: ἡμεῖς ἀπιοῦμεν. HArendt












DE LA CELEBRACIÓN DE LA VIDA

 







Lo más terrible que puede ocurrirnos a los que alcanzamos cierta edad es carecer de expectativas o tener que maquillar nuestras biografías, escribe en El País, 26/10/2025, el escritor cubano Leonardo Padura. La oscura mañana en que Ernest Hemingway cargó su escopeta Boss calibre 12 y se voló los sesos en su cabaña de Idaho, convencido de que nunca podría volver a escribir como se debía escribir, el novelista tenía 62 años y ya hacía tiempo los servidores de Finca Vigía y otros conocidos se referían a él como El Viejo,comienza diciendo. La tarde turbia de agosto de 1940 en que Ramón Mercader le clavó un piolet, Liev Davídovich Trotski tenía 61 años y desde hacía bastante sus allegados y hasta algunos de sus correligionarios le llamaban El Viejo. En un relato que escribí en 1988 y titulé Adelaida y el poeta, califico a la protagonista como una anciana de 62 años. Cuando redacté ese cuento yo tenía 33, la famosa edad de Jesús, y creo que me consideraba incombustiblemente joven. Ahora, mientras estreno mi estancia en los 70 años, compruebo que he vivido casi una década más que los “viejos” Trotski y Hemingway. ¿Qué soy yo?

Con independencia de la lamentable denominación que podría corresponderme —anciano, viejo, adulto mayor—, la provecta y diría que casi obscena cifra que arrastro me lanza una advertencia incontestable: tengo más pasado que futuro, y el dato que lo refrenda es matemático. Ya mi personaje de Mario Conde en una historia que se desarrolla en 2016, cuando él andaba por los 62 —tiene uno más que yo— reflexionaba sobre el asunto de la edad alcanzada y concluía que había entrado en lo que definió como “la cuarta edad”, porque si el promedio de vida cubano anda por los 79 años, entonces ya él había agotado tres cuartas partes de nuestro plazo promedio de residencia en la tierra. Y, Conde —que suele ser muy radical y objetivo— empezaba no solo a considerarse un viejo, sino algo mucho más alarmante: un viejo de mierda, pues él no era, como es obvio, ni Hemingway ni Trotski.

Fuera de la evidencia de que mi tiempo vital entra en sus compases otoñales —me niego a escribir finales—, afortunadamente disfruto de una capacidad física y mental que, todavía hoy, ya con un par de achaques a cuestas, me permite que aún no me sienta viejo, porque, más allá de la insultante merma de ciertas aptitudes físicas, no sé exactamente cómo es eso de sentirse viejo... aunque lo voy aprendiendo. No obstante, me niego a revolcarme en la tentación de reflexionar sobre lo que significa vivir la vejez. Prefiero, como hace mi amigo Freddy Ginebra, con sus vertiginosos 80 a cuestas, enfocarme en celebrar la vida pues, por cierto, la que he tenido creo que ha sido, a pesar de todos los pesares, una buena vida.

Cuando escribí que Adelaida era una anciana de 62 yo no podía imaginar las cosas que ocurrirían en mi existencia, especialmente en mi labor como escritor. Todo lo sucedido ha desbordado la posibilidad de fabulación más desmesurada. Y he podido disfrutarlo con la muy importante satisfacción añadida de que todo ha sido obra del trabajo, y sabiendo que no tuve que subirme sobre los hombros de nadie para conseguirlo ni he tenido que reescribir la novela de mi vida como he visto hacer a otros colegas y conocidos, necesitados de repintar sus biografías.

Pero, al llegar a esta edad que ahora transito, todo ese pasado necesariamente debe esbozar un porvenir. Lo más terrible que puede ocurrirnos a los que alcanzamos estas cifras es no poseer expectativas de futuro o sentirnos alejados de nuestro devenir. Y por suerte no es mi caso, y sé que no es el de muchos otros que andan por estas alturas vitales.

Y es que todavía hoy me siento cerca del joven que, rodeado de amigos, descubrió algunas de las cosas más importantes de la existencia: la amistad que sigo compartiendo con muchos de ellos, cuidándola con esmero pues sé que la amistad es un estado frágil, siempre acechado por las más diversas agresiones internas y externas, entre estas las perversas valoraciones políticas; el placer de los descubrimientos y los goces estéticos, que me siguen conmoviendo con la misma intensidad que, hace más de 40 años me provocó la lectura de Desayuno en Tiffany’s, de Truman Capote, y me puso a escribir mi primera novela; o la sensación de desvalimiento y plenitud que provoca sentir y recibir el amor, esa maravillosa facultad de la condición humana.

Como mejor complemento para esa amable memoria afectiva tengo la certeza de que intentaré agotar mi cuarta edad haciendo lo que más me gusta hacer: escribiendo. Porque una de las condiciones a la cual me reconozco más ajeno es a la de jubilado. No me concibo sentado en mi patio leyendo y viendo pasar el tiempo sin sufrir las prisas, tensiones, preocupaciones profesionales que me asedian… No obstante, me vigilo: el mayor peligro en el proceso del envejecimiento del artista es creer que siempre puede un poco más, que se considere capaz de decir otro poco más, cuando ya una perniciosa vejez mental lo ha atrapado. Porque salud y potencia física no siempre van de la mano de la competencia mental y creativa.

Cuando se suicidó, Hemingway sabía que su capacidad intelectual había menguado tanto que le costaba no solo escribir, sino recordar. Cuando Philip Roth, a sus 79, declaró que dejaba de escribir pues ya había dicho todo lo que tenía que decir, era porque aceptaba su vejez literaria. Pero —sin llegar al extremo hemingwayano— pienso que resulta necesario, aunque sea doloroso, tener la disposición de mirarnos en el espejo de nuestras limitaciones. Por no hacerlo se puede pretender seguir corriendo la maratón de la literatura cuando ya no se tiene fuelle. Porque saber cuándo detenerse no es cuestión menor: un escritor, en especial el novelista, es un almacén de memorias, un cofre que debe estar abierto y ventilado cada día que se sienta a trabajar. Y aunque no con las mismas manifestaciones que el cuerpo físico, la mente también envejece y, taimada como es, intentará engañarnos.

Una escena que siempre me ha atraído es la de esas señoras españolas septuagenarias y más que, en las tardes propicias, vestidas y peinadas como para un agasajo, se sientan en una terraza a beber un café… o un vermut. Nunca lo he preguntado, pero asumo que ellas disfrutan de su vejez, y el hecho de pensar en ese verbo —disfrutar— las puede salvar de muchas de las oscuridades posibles de su edad. A mi alrededor cubano, en cambio, veo a gentes de mi finca, ellos sí convertidos en ancianos y ancianas, mientras luchan por una sobrevivencia digna, la que merecerían luego de años de trabajo y entrega social y familiar.

Me congratulo entonces al contemplar que, gracias a mis empeños, mi madre, con sus 97 años, no pasa por semejantes aprietos. Y quizás fue por eso que hace unos días me entregó la semilla de un aguacate que, según ella, estaba buenísimo, y me pidió que la sembrara en nuestro patio. Y asumí que ella se disponía a esperar 10, 15 años a que el árbol fructificara. Y como ni ella ni yo nos sentimos viejos, planté la semilla, pues estoy seguro de que juntos comprobaremos si esos aguacates son tan buenos como ella ha dicho. Así que allá vamos, celebrando lo que tenemos que celebrar, eso, la vida.

Leonardo Padura es escritor.

















DEL ARCHIVO DEL BLOG. HISTORIAS DE LA UNED, 1987. SUS ALUMNOS REIVINDICAN UNA UNIVERSIDAD MEJOR. PUBLICADO EL 06/04/2016

 






A los alumnos pasados, presente y futuros de la UNED.

A la mejor generación de representantes de alumnos:

mis compañeros y amigos de los años 80



En una fecha que me resulta imposible de precisar de comienzos de 1987, el Consejo General de Alumnos de la UNED, compuesto por los sesenta representantes del alumnado de las distintas facultades y escuelas en el Claustro General de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED), se reunió durante dos días en el Pazo de Mariñán (Galicia). 

De allí salió un borrador de lo que unos meses más tarde se convertiría en la famosa Tabla Reivindicativa de los Alumnos de la UNED, como "programa que de forma permanente recogía sus aspiraciones en orden a la adecuación del mandato del artículo tercero de los Estatutos de la universidad a la realidad social, económica, cultural y académica de su entorno". La reunión de Mariñán la organizaron con singular eficiencia varios alumnos gallegos de la UNED, miembros de su Consejo General, entre los que creo recordar estaban Antonio M. Díaz, Andrés Vázquez, Milagros Ezquerro y Luisa María Martínez, todos ellos de La Coruña. 

Los estudiantes universitarios de 1987 ya no eran los alborotadores que entre los 60 y 70 del pasado siglo pusieron en jaque al régimen franquista y fueron perseguidos en los campus por la policía montada de los "grises". Eran ya por fortuna otros tiempos, de democracia incipiente pero consolidada, aunque las carencias de la vida universitaria eran prácticamente las mismas, carencias que en la UNED su suplían como se podía gracias al entusiasmo de sus profesores, tutores y alumnos. Alumnos la mayor de los cuales eran cuarentañeros que no habían podido acceder en su momento a los estudios universitarios; aunque también los había mucho más jóvenes, jóvenes que por razones varias: trabajo, domicilio, familia... habían optado por los estudios a distancia para poder acceder a la universidad.  

Creada en 1973 la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) es hoy la mayor universidad pública española por el número de sus estudiantes, más de 260.000, que se reparten entre 27 títulos de grado, 65 de másteres, 18 de doctorado y más de 600 de formación permanente, impartidos desde su sede central en Madrid y con la inestimable colaboración de sus 62 centros asociados en España y 15 en el extranjero, repartidos por Europa, África y América.

De la UNED, mi alma máter, no puedo hablar sino bien. A pesar de sus muchas carencias en aquellos años nos dió la oportunidad a miles de españoles que en su momento no pudimos hacerlo, por las circunstancias que fueran, de acceder a los estudios superiores. ¿En qué medida las reivindicaciones de sus alumnos de hace casi treinta años influyeron en el desarrollo posterior de la UNED?. No tengo manera de saberlo, pero en todo caso me satisface enormemente poder haber participado junto a otros muchos alumnos pasados, presentes y futuros en el ilusionante proyecto de desarrollo y consolidación de la UNED.

Les dejo más abajo la Tabla Reivindicativa (1987) elaborada por los representantes de los alumnos en el claustro general de la universidad, tabla que alcanzó justa fama en su seno. 

Una anécdota final. En 1985, en la primera sesión del claustro constituyente que debatiría y aprobaría finalmente el proyecto de estatutos de la UNED, la primera enmienda que se discutió fue una de los representantes de los alumnos que pedía que la universidad tuviera un nombre propio y personal, no genérico, que la reconociera y en que se reconociese como tal. Para ello, proponían que la UNED pasara a denominarse "Universidad Nacional Miguel de Cervantes". Me tocó en suerte proponerla y defenderla en el Claustro; perdimos esa primera votación, pero luego ganamos muchas otras... Por eso, la UNED de hoy es nuestra indiscutible alma máter, pero también, en cierto modo, nuestra hija.  Sean felices por favor, y ahora, como también decía Sócrates, "Ιωμεν": nos vamos. Tamaragua, amigos. HArendt



TABLA REIVINDICATIVA DEL ALUMNADO DE LA UNED

El Consejo General de Alumnos, reunido en Madrid los días 4 y 5 de julio de 1987, se ha planteado la elaboración prioritaria de un Programa reivindicativo que de forma permanente recoja sus aspiraciones en orden a la adecuación del mandato del art. 3 de los Estatutos de la Universidad a la realidad social, económica, cultural y académica de su entorno.

A tal fin, el Consejo General acuerda:

1.º Exigir del Estado, en base a la responsabilidad contraida por el mismo a través de la Disposición Adicional 1.ª de la Ley de Reforma Universitaria, la adecuación inmediata de los presupuestos de la UNED, como única universidad estatal, para que pueda desarrollar de forma eficaz los fines y objetivos para los que fue creada y que se explicitan en el art. 3 de los Estatutos.

2.º Exigir de la Universidad el cumplimiento de los requisitos de eficacia, economía y celeridad propios de toda administración pública, y en concreto, la agilización de los trámites de matriculación, concesión o denegación de becas, remisión del material didáctico a los centros asociados y notificación de los resultados de los exámenes a los alumnos.

3.º Exigir de la universidad el pronunciamiento definitivo de la misma sobre el límite de permanencia del alumnado que establece el artículo 27, 13 de los estatutos.

4.º Exigir de la Junta de Gobierno de la universidad la creación de la comisión de metodología y medios de la educación a distancia que establece el artículo 87 de los estatutos.

5.º Exigir de la Junta de Gobierno la concreción de un calendario que garantice en el seno de la universidad la discusión por todos los estamentos de la misma y a todos los niveles de las propuestas de directrices propias elaboradas por el Consejo de Universidades.

6.º Exigir de la Junta de Gobierno, con carácter de urgencia, la elaboración del reglamento que determina el artículo 44, 7 de los estatutos sobre corrección de las irregularidades que se detecten en la docencia y en los exámenes.

7.º Solicitar la modificación de los actuales criterios de subvención por parte de la universidad a los centros asociados de la misma de forma que repercuta en estos, al menos, el 50 por ciento de la totalidad de lo recaudado por los mismos en concepto de tasas.

8.º Exigir de la Junta de Gobierno el desarrollo de los artículos 70 y 80 de los estatutos, determinando la dotación mínima presupuestaria material y personal con que deben contar los centros asociados para autorizar su funcionamiento, supliendo la propia universidad las situaciones deficitarias que no alcancen ese nivel mínimo.

9.º Demandar la creación de las condiciones presupuestarias que permitan la progresiva transformación de los centros asociados en centros propios de la universidad, de acuerdo con lo establecido en el artículo 71 de los estatutos.

10.º Demandar el establecimiento inmediato por parte de la Junta de Gobierno de los instrumentos de control de las actividades académicas de los centros asociados que garanticen la calidad de sus enseñanzas y la tutorización de las asignaturas por parte de sus profesores tutores.

11.º Demandar el establecimiento de las dotaciones presupuestarias necesarias para el eficaz funcionamiento de la representación de los alumnos en los centros asociados, garantizando su participación paritaria con los demás estamentos universitarios en el desarrollo de sus actividades académicas.

Para la consecución de estos objetivos el Consejo General de Alumnos acuerda desarrollar con carácter inmediato las siguientes actuaciones:

1.º Instar la efectiva descentralización económica y funcional a efectos presupuestarios de facultades, escuelas y departamentos.

2.º Demandar el aumento significativo de las subvenciones de la universidad a los centros asociados.

3.º Solicitar la revisión del actual sistemas de becas mediante la aplicación de criterios que respondan a la diversidad característica del alumnado de la UNED y a su situación social.

4.º Demandar el aumento sustancial de los fondos destinados a subvencionar la celebración de talleres, seminarios, convivencias, etc..., tanto entre profesores como entre alumnos y de unos con otros.

5.º Rebajar los precios del material didáctico y exigir la gratuidad de los sobres de matrícula y los programas de las asignaturas.

6.º Solicitar la creación de un colegio mayor por parte de la UNED que centralice las reuniones y estancias del alumnado y de los profesores tutores en sus actividades y desplazamientos a la sede central de la universidad con criterios de economía y racionalidad.

7.º Elaboración de una propuesta de reforma del actual sistema de evaluación del alumnado que determina el artículo 92 de los estatutos.

8.º Exigir el cumplimiento de las actividades académicas mínimas que determina el artículo 88 de los estatutos.

9.º Exigir de los departamentos de la universidad la regulación de:

9.a) Establecimiento de reglamentos de régimen interior (artículo 10 de los estatutos).

9.b) Regulación de la participación de los alumnos en las tareas de investigación (artículo 11 de los estatutos).

9.c) Regulación de las normas para la concesión de la "venia docendi" a los profesores tutores, garantizando la ratificación anual de los mismos por los consejos de departamento respectivos.

9.d) Exigencia de la elaboración de los planes anuales de actividades, así como de las memorias, que para los departamentos establecen los artículos 12 y 13 de los estatutos.

9.e) Exigir de las juntas de facultades la elaboración de los planes anuales de actividades que recoge el artículo 30, 4, así como para los departamentos el artículo 88, 1,  de los estatutos. 

10.º Exigir que la tramitación de matrículas, con su correspondiente confirmación o anulación, sea conocida por los alumnos como más tarde en el mes de enero de cada año, así como que la recepción de los respectivos carnets de facultad se produzca antes del 30 de noviembre de cada año.

11.º Exigir la dotación material y personal que resulte necesaria para el negociado de becas, procediendo a su informatización total, de manera que el alumno conozca dentro de un plazo prudencial si su solicitud ha sido aceptada o denegada.

12.º Exigir que el material didáctico se encuentre en los centros asociados a disposición de los alumnos antes del primero de octubre de cada año.

13.º Exigir la existencia en todos y cada uno de los centros asociados del fondo editorial de la UNED en libros y medios audiovisuales, al menos de dos ejemplares por título, y de toda la bibliografía básica recomendada por los respectivos departamentos de la universidad.

14.º  Exigir la dotación material, técnica y humana precisa para agilizar la intercomunicación alumno-centro asociado-sede central, imprescindible en una universidad como la UNED.

15.º Solicitar la definición concreta de las funciones y competencias del nuevo virrectorado de alumnos en lo referente a la convocatoria y asistencia de los representantes del alumnado en cualquiera de los órganos de la universidad.

16.º Demandar la posibilidad de acceso de la delegación de alumnos, a través única y exclusivamente del delegado nacional de alumnos de la UNED a la asesoría jurídica de la universidad en solicitud de información o dictámenes sobre asuntos de su competencia.

17.º Determinar los procedimientos por los cuales la custodia y transporte de las valijas de exámenes sea competencia exclusiva de los respectivos tribunales, compensando económicamente a sus miembros en las condiciones que se estimen idóneas.

18.º Instar el traslado y establecimiento de las facultades y departamentos en sus nuevos edificios como más tarde para el mes de septiembre de este año.

Declaración final:

La incorporación de España a las Comunidades Europeas va a suponer a medio y largo plazo la transformación radical de la enseñanza universitaria, de las titulaciones profesionales e incluso de los hábitos culturales de nuestro pueblo. Una universidad como la UNED debe y puede garantizar a todos los ciudadanos el acceso en condiciones de igualdad a los estudios superiores y a las nuevas titulaciones que la sociedad futura demandará. Consciente este Consejo General de Alumnos de las generalizadas carencias de la universidad española, y en concreto, de la insuficiente utilización de las técnicas y experiencias más idóneas de la enseñanza a distancia específicas de esta universidad, ha elaborado los criterios de actuación que anteceden -revisables de acuerdo con las circunstancias- para que sirvan de guía y línea de actuación de los representantes de los alumnos en su empeño de transformar las estructuras de la UNED y conseguir que nuestra universidad responda a las necesidades reales que demanda la sociedad de nuestro tiempo. En Madrid, a 5 de julio de 1987.