sábado, 21 de enero de 2023

De lo obvio

 







Hola, buenos días de nuevo a todos y feliz domingo. Mi propuesta de lectura de prensa para hoy, del periodista José Luis Sastre, va de lo obvio. Se la recomiendo encarecidamente y espero que junto con las viñetas que la acompañan, en palabras de Hannah Arendt, les ayude a pensar para comprender y a comprender para actuar. Nada más por mi parte salvo desearles que sean felices, por favor, aun contra todo pronóstico. Nos vemos mañana si la diosa Fortuna lo permite. Tamaragua, amigos míos.






En defensa de la obviedad
JOSÉ LUIS SASTRE
18 ENE 2023 - El País

Matteo Messina Denaro, al que la policía buscó por más de 30 de años, vivía una vida normal en un apartamento normal, a poca distancia de su familia en Sicilia. Bajaba al bar y a la pizzería igual que los demás sin que nadie reparase en que él era el capo de la Cosa Nostra, el hombre más buscado de Italia. Su decisión fue esconderse a la vista de todo el mundo, y funcionó. Porque a veces lo más difícil es caer en lo más evidente: pasa con los hijos y con las infidelidades y pasa en la vida en general siguiendo la premisa de George Orwell: “Ver lo que está delante de nuestros ojos requiere un esfuerzo constante”.
Quizá sea eso lo que necesitemos, en medio de tantas complicaciones: defender lo obvio, y reivindicarlo. Más cuando abundan los estrategas que a todo le quieren dar un relato. Basta con ver los análisis que han empezado a preguntarse a qué responderá este movimiento de Vox en Castilla y León de anunciar un protocolo para presionar a las mujeres que quieran abortar y decidir sobre sí mismas. Se podrá especular sobre las razones y los momentos y hasta a qué partido le conviene, pero no parece que haya mayores vueltas: la ultraderecha hace cosas de ultraderecha. Protocolos como ese ya los patrocina Viktor Orbán en Hungría, y nadie diría de Orbán que tenga interés en beneficiar al PSOE.
Lo obvio hay que mentarlo más, porque se cita poco. Se cita poco que la política es a menudo improvisación, y no estrategia. Que no se discute con quien discute el cambio climático, porque no se puede y no tiene sentido. Que las enfermedades no son luchas, sino procesos cuya cura precisa de sanitarios e investigadores y dinero con el que pagarles. Que el estado de ánimo de una persona no tiene que ver con que esté triste o alegre, sino con las condiciones en las que viva y trabaje. Que los indicadores económicos no miden a una sociedad.
Se cita poco lo obvio y se explica menos aún, en cualquier campo: noté el chasco entre un grupo de estudiantes la tarde en que, en una charla sobre el periodismo, les hablé de la importancia de lo evidente, que todos sabían por supuesto: que no escribieran nunca una frase que ellos mismos no entendieran, que no dieran nada por supuesto, que escribieran sin alargar con artificios las palabras, que pensaran siempre en el oyente o el lector. Percibí la decepción y, sin embargo, me quedé corto. Hoy alargaría la lista y pediría ayuda. Porque eso nos falta: atender a lo evidente. Clamarlo a los gritos, ahora que nos resulta más difícil oír la voz de un sabio que la de un charlatán.




















[ARCHIVO DEL BLOG] Groucho Marx y la política. [Publicada el 25/01/2019]










Cambiar de opinión no es ninguna aberración política cuando se argumenta y se está dispuesto a afrontar las consecuencias de un rechazo, pero eso solo sirve para un tipo de político que hoy escasea o ha desaparecido, comenta José Manuel Sánchez Ron, miembro de la Real Academia Española y catedrático de Historia de la Ciencia en la Universidad Autónoma de Madrid.
Es bien conocida la frase que se atribuye a Groucho Marx: “Estos son mis principios. Si no les gustan, tengo otros”, comienza diciendo el profesor Sánchez Ron. La he recordado últimamente al ver los cambios que se han producido en el discurso político del líder del Partido Popular, Pablo Casado. Es palmario cómo ha cambiado ese discurso después de los resultados que su partido ha obtenido en las pasadas elecciones generales. El viraje en sus manifestaciones se ha envuelto en el argumento: “Hemos entendido el mensaje de los electores”. Si tomamos al pie de la letra semejante declaración, habría que concluir que el político, este político al menos, no pasaría de ser algo así como un camaleón sin demasiadas ideas propias que se adapta a lo que “el mercado” demanda. En uno de sus luminosos escritos, La política como vocación (1919), Max Weber incluía entre los casos que estudiaba el del boss (literalmente, “jefe”), que definía como “un empresario político capitalista que reúne votos por su cuenta y riesgo”. No pretendo incluir en semejante categoría al actual presidente del Partido Popular, pero sí que su comportamiento tras las elecciones puede hacer pensar que se le pueden aplicar algunas de las características que Weber le adjudicaba: “El boss no tiene principios políticos firmes, carece totalmente de convicciones y solo pregunta cómo pueden conseguirse los votos”. No dudo que el señor Casado tenga principios políticos firmes, pero no parece tener reparos en acomodarlos a las “circunstancias”.
Un ejemplo particularmente claro es lo que sucedió cuando se trató la cuestión de la adhesión de España a la OTAN. El PSOE se oponía en principio a tal adhesión, pero el 31 de enero de 1986 Felipe González, presidente del Gobierno con mayoría absoluta desde las elecciones generales celebradas en octubre de 1982, cambió de opinión. El 31 de enero de 1986 convocó un referéndum para que la ciudadanía decidiese si España se incorporaba o no a la Alianza Atlántica, recomendando el voto afirmativo. Todavía se discuten las razones de fondo que justificaron semejante cambio de política, aunque sin duda una de ellas, muy fuerte, fue la entrada de España en junio de 1985 en la, como se denominaba entonces, Comunidad Económica Europea (hoy Unión Europea). Fuesen las razones las que fuesen, el presidente González tuvo que convencer a su partido en el XXX Congreso (diciembre de 1985) y no todos estuvieron de acuerdo. Si su recomendación no hubiera triunfado, tendría que haber asumido las consecuencias. Ciertamente no se acomodó al sentir general, tanto en su partido como en una gran parte de la sociedad española. Convenció con argumentos. Unos argumentos que no tenían en cuenta las posibles ventajas que el cambio podría acarrear al PSOE; se trataba más bien acaso de desventajas. Contrasta aquel proceder con los cambios que se aprecian, además de las ya citadas en el señor Casado, en no pocas de las manifestaciones del líder de Ciudadanos, Albert Rivera, que parecen responder al deseo de rivalizar con el PP en la captación de electores.
El tipo de político que, al menos en aquella trascendental ocasión, representó Felipe González escasea o ha desaparecido ya. La pasada campaña electoral ha mostrado con nitidez las carencias de muchos de los actuales políticos españoles. Lo habitual han sido las descalificaciones, como si los programas no tuvieran importancia. No es acorde con la dignidad que debería acompañar al ejercicio de la política, situaciones a las que hemos asistido, antes y después de las elecciones. Que el ministro de Fomento y portavoz del grupo socialista en el Congreso, José Luis Ábalos, declarase que en las elecciones se jugaba el destino de la democracia revela un pobre entendimiento de lo que es la democracia: en las elecciones se vota para ejercer un derecho democrático; sin democracia no hay votaciones, y esta se defiende en otros lugares y ocasiones. Recuerdo también, con sonrojo, a algún dirigente del PP que se defendió del resultado de las elecciones achacándolo a la “existencia de otros partidos que competían por su electorado tradicional”, una verdad de Perogrullo.
Si siempre es de lamentar que la imagen pública de la política esté acaparada por las descalificaciones entre políticos que se han producido, más lo es en el momento actual, cuando nos encontramos en el umbral —si es que no lo hemos traspasado ya— de una nueva era científico-tecnológica, en la que la alianza entre nanotecnociencia, robótica e inteligencia artificial condicionará nuestras vidas, con especial incidencia en el mercado laboral. Estudios realizados en Estados Unidos pronostican que en las próximas dos décadas el 47% de los empleos los desempeñarán procesos automatizados. El empleo crecerá en puestos de trabajo cognitivos y creativos de altos ingresos, y en ocupaciones manuales de bajos ingresos —servicios—, pero disminuirá para los empleos rutinarios y repetitivos de ingresos medios. No faltan quienes sostienen que al igual que en épocas anteriores de cambio tecnológico el balance laboral terminó siendo positivo —el caso de la Revolución Industrial—, lo mismo sucederá con la revolución en curso. Sin embargo, la historia no ofrece lecciones inmutables, solo formas racionales de comprender el pasado, de relacionar causas y efectos.
Enfrentados a semejante panorama —y estoy dejando fuera a otra revolución, la biotecnológica, porque sus implicaciones no afectarán tanto, creo, al empleo—, es imprescindible ocuparse de cómo encarar el futuro próximo, un problema que afecta profundamente a qué enseñanzas y programas de Investigación y Desarrollo se deben favorecer, así como a la estructura de instituciones y centros de trabajo. Debería ser obvio, asimismo, darse cuenta de que el gravísimo problema del mantenimiento de las pensiones tiene mucho que ver con lo que suceda en estos dominios. Pero si se consultan los programas electorales en Ciencia que presentaron —pero no discutieron— los diferentes partidos en las pasadas elecciones, lo que se encuentra es sobre todo grandiosos llamamientos a prácticamente todo, un maravilloso cajón de sastre con el que en principio se podría estar de acuerdo, pero difícil de cumplir y, más aún, de creer. Lo que este nuevo mundo necesita son programas específicos, no manoseadas declaraciones generalistas. Claro que para eso se necesitan también otros tipos de políticos, unos con conocimientos que no se obtienen en las “escuelas del partido”, el hogar en el que tantos de nuestros flamantes diputados, senadores y demás han obtenido su formación.
Terminaré recordando otro de los pasajes del ensayo de Max Weber que cité al principio: “La política consiste en una dura y prolongada penetración a través de tenaces resistencias, para la que se requiere, al mismo tiempo, pasión y mesura.[…] Solo quien está seguro de no quebrarse cuando, desde su punto de vista, el mundo se muestra demasiado estúpido o demasiado abyecto para lo que él le ofrece; solo quien frente a todo esto es capaz de responder con un sin embargo; solo un hombre de esta forma construido tiene vocación para la política”.
Y ahora, como decía Sócrates, Ιωμεν: nos vamos. Sean felices por favor, a pesar de todo. Tamaragua, amigos. HArendt 












viernes, 20 de enero de 2023

Del humor como estrategia

 





Hola, buenos días de nuevo a todos y feliz sábado. Mi propuesta de lectura de prensa para hoy, del escritor Manuel Jabois, va del humor como estategia. Se la recomiendo encarecidamente y espero que junto con las viñetas que la acompañan, en palabras de Hannah Arendt, les ayude a pensar para comprender y a comprender para actuar. Nada más por mi parte salvo desearles que sean felices, por favor, aun contra todo pronóstico. Nos vemos mañana si la diosa Fortuna lo permite. Tamaragua, amigos míos.









No distinguir a Ingrid Bergman de Harpo Marx
MANUEL JABOIS
18 ENE 2023 - El País

Me llama una amiga que, hace muchos años, abortó por circunstancias tan penosas que dan ganas de tirar el teclado contra la pared y salir a la ventana a dictar el artículo para decirme que, si tuviese que hacerlo ahora (detrás del verbo abortar suele ir “tuvo que” o “se vio obligada a”, nunca “le apetecía” o “tuvo el capricho de”) le daría pánico ponerse el estetoscopio y escuchar, desde lo más profundo, pero muy nítidamente: “Una loba como yo no está pa tipas como túuuuuuu”.
La llamada es para que me anime a escribir del asunto. Pero ya han escrito en este diario mejor y con más autoridad (Latido, Lara Moreno, entre otras): nada que añadir. Aunque la llamada, que me hizo soltar una carcajada, me lleva a una cuestión más liviana. El humor –el absurdo, el negro, el blanco, el irreproducible– como vía de escape de las muchas tonterías, injusticias y sandeces que hay que aguantar ya no en la política, que también, sino en la vida diaria. La capacidad, muy presente en redes sociales y muy poco en medios y tribunas, para reciclar las gilipolleces en chistes. Que se necesita desarmar con argumentos, en el caso que nos ocupa, la mamarrachada de Vox es obvio; que se necesita al lado a gente que se limite a reírse y señalar, un poco al modo Nelson, también. Hay que tomarse en serio estas cosas, pero sin olvidar que su lugar natural debería de ser la comedia. Que es otra tragedia española, no menor: la de haber tomado en serio a este partido cuando tenía un escaño y ahora, con el PP abriéndole las puertas de los gobiernos, no poder tomárnoslo de otra manera.
En su correspondencia, publicada por Anagrama (Las cartas de Groucho Marx), el humorista recibe una carta destemplada de Warner Bros para disuadirlo de que ruede Una noche en Casablanca, pues los estudios habían rodado cinco años antes Casablanca (“estoy seguro de que el aficionado medio al cine aprenderá oportunamente a distinguir entre Ingrid Bergman y Harpo”, responde, en una larga respuesta, Groucho). El texto es una pequeña obra maestra de cómo desarmar a un adversario con ideas y, mejor, tomándoselo a chufla. “Al parecer hay más de una forma de conquistar una ciudad y mantenerla bajo el dominio propio”, dice. “¿Y qué me dicen de Warner Brothers? ¿Es de su propiedad, también? Probablemente tengan ustedes el derecho de utilizar el nombre de Warner, ¿pero el de Brothers? Profesionalmente, nosotros éramos brothers mucho antes que ustedes”. Termina Groucho excusando a la compañía: ha sido engañada por “un picapleitos con hocico de hurón”. Pues bien, “ningún aventurero legal con la cara tiznada va a causar animosidad entre los Warner y los Marx. Todos somos hermanos debajo de nuestro pellejo y seguiremos siendo amigos hasta que el último rollo de Una noche en Casablanca esté metido en su bobina”. Ni que decir tiene que los abogados de Warner no entendieron nada de la carta de Groucho, y respondieron pidiendo, por favor, un adelanto del argumento. El delirio de película que les plantea Groucho los tumba por KO.
No hablamos de lo mismo, pero en cierta forma sí. En todas esas tertulias donde gente muy enfadada, políticos y periodistas, saltan al anzuelo grotesco de propuestas dirigidas exclusivamente a cabrearlos y marcar agenda, se echa de menos a alguien que recuerde, al espectador menos avisado, que hay muchos asuntos que terminan en el Congreso y nunca debieron salir de un gag de Noche de fiesta. Con sus responsables haciendo la misma escaleta que el director del programa.























[ARCHIVO DEL BLOG] Federalismo mejor que nacionalismo. [Publicada el 22/04/2011]








Me importa un h...  y la mitad del otro el ir contracorriente y el lenguaje políticamente correcto, pero estoy hasta los mismísimos del nacionalismo y de los nacionalistas, incluido el español, por supuesto. Detesto el nacionalismo, el cáncer de Europa, lo han llamado: el canario, el catalán, el vasco, el gallego, el andaluz, el extremeño, el español, el finlandés, el francés, el alemán, el británico, el lituano, el maltés, el padano, el serbocrata..., y el madrileño; sí, el madrileño también... ¿Qué coño pintaban esas miles de banderas nacionales españolas flameando en Mestalla durante la final de la Copa de Rey de áquel año entre el Real Madrid C.F. y el Barcelona F.C.? ¿Qué creen esos zafios e ignorantes energúmenos, que la final era entre un equipo español y otro de las antípodas? ¿Piensan acaso que más allá de la M-30 todo es "tierra conquistada" y que España es solo el territorio y las gentes que rodea esa autovía? El Real Madrid, que es un grandísimo equipo, no se merece tener algunos de los seguidores que tiene. 
Soy un federalista convencido. No solo creo que el federalismo, tal y como lo expusieron a finales del siglo XVIII los ilustrados norteamericanos Hamilton, Madison y Jay en su memorable libro "El Federalista" [Fondo de Cultura Económica, México, 1994] es la forma más perfecta de organizar políticamente una sociedad, es decir, de organizar un Estado, sino que como expreso en la columna de presentación del blog es también el mejor marco donde desenvolver y desarrollar la autonomía personal, el autogobierno de los pueblos y los estados, y la democracia como procedimiento y fin en sí misma. 
Llevo años defendiendo en cuantos foros académicos, sociales y políticos me han dado pie para ello que Canarias debería configurarse políticamente como una federación de islas dentro de un Estado federal español. Ni los municipios, ni las provincias, ni las regiones, ni las naciones ni los estados son entidades naturales; todos sus límites y fronteras son creación humana, artificiales. Las islas, en los archipiélagos nos vienen dadas por la naturaleza. Canarias nunca podrá organizarse políticamente de manera correcta si no se tiene en cuenta ese hecho fundamental. Por eso defiendo para mi patria chica (tengo otras dos mayores que la engloban: España y Europa) una organización política federal. Algo tan sencillo como dotarla de un parlamento bicameral en el que esté representado todo el pueblo de Canarias en una cámara, y cada una de sus islas, en un plano de igualdad, en otra. [v. la etiqueta de la voz "Canarias" en el blog, y especialmente la entrada titulada "Canarias en la picota", del 29 de enero de 2009], junto a una aplicación estricta del "principio de subsidiariedad": lo que pueda hacer la isla mejor que la región que lo haga la isla; lo que pueda hacer la región mejor que el estado, que lo haga la región; lo que pueda hacer mejor el estado que la Unión, que lo haga el estado.
Supongo que habrá otros caminos, pero yo no veo otro mejor ni más idóneo para organizar políticamente las sociedades complejas y democráticas del sigo XXI, tanto en España como en Europa, que el federalismo. También es la opinión de Javier Tajadura, profesor titular de Derecho Constitucional en la Universidad del País Vasco y autor de "El principio de cooperación en el Estado Autonómico. El Estado Autonómico como Estado Federal Cooperativo" (Comares, Granada, 2010), cuya tesis central comparto plenamente, y que el.pasado 7 de enero publicaba en el diario El País un brillante artículo al respecto titulado "El horizonte federal de España
Sean felices, por favor. Tamaragua, amigos. HArendt













jueves, 19 de enero de 2023

De la deslegitimación como arma política

 







Hola, buenos días de nuevo a todos y feliz viernes. Mi propuesta de lectura de prensa para hoy, del poeta Luis García Montero, va de la deslegitimación como arma política. Se la recomiendo encarecidamente y espero que junto con las viñetas que la acompañan, en palabras de Hannah Arendt, les ayude a pensar para comprender y a comprender para actuar. Nada más por mi parte salvo desearles que sean felices, por favor, aun contra todo pronóstico. Nos vemos mañana si la diosa Fortuna lo permite. Tamaragua, amigos míos.








Deslegitimados
LUIS GARCÍA MONTERO
16 ENE 2023 - El País

Hablar de literatura, incluso cuando discutes sobre un adjetivo o un tono, supone siempre hablar de política. La implicación sobrepasa los límites del apoyo a un emperador, un conde-duque o un presidente. Lo que hay en juego es la toma de decisiones sobre los derechos, los deberes, el futuro y las formas de vida de la gente. Desde Dante hasta Ajmátova, pasando por unos y otras, la mirada del escritor ha sido política, incluso cuando defendió la pureza. Juan Ramón Jiménez se hizo poeta puro para distanciarse de la farsa política decimonónica. La España oficial de los liberales y los conservadores se había separado de la España real. Recuerdo ahora la situación que dio paso a la famosa crisis del modernismo y el 98, porque algunas de las opiniones lanzadas contra la legitimidad del Gobierno y la composición del Parlamento me recuerdan los antiguos esfuerzos por separar la oficialidad de la sociedad viva. Deslegitiman la política real los que quieren convertir la política oficial en una democracia hueca.
Como me ha oído muchas veces recordar la advertencia de Antonio Machado contra los que intentan despreciar la actividad política (quieren hacer la política sin nosotros), la poeta Àngels Gregori celebra conmigo el centenario de Joan Fuster recordándome esta frase: “Tota política que no fem nosaltres, será feta contra nosaltres”. Me parece triste, intencionado y peligroso el descrédito de la política que reflejan las encuestas, seguido muy de cerca por el descrédito del periodismo. Difundir que toda información es sospechosa o que todos los políticos son corruptos y mentirosos supone provocar el vacío para que domine la ley del más fuerte.
Poner en duda la legitimidad de un Gobierno democrático o el resultado de las urnas a la hora de conformar un Parlamento implica negarle a la España real el derecho a tomar decisiones sobre los salarios, el precio del gas, el aborto o las normas de convivencia.






















[ARCHIVO DEL BLOG] La corrección. [Publicada el 31/01/2020]








Creo que la creciente irritación que sienten los ciudadanos contra la casta dirigente -comenta el escritor Félix de Azúa en el A vuelapluma de hoy- no se debe a ideologías cada vez más fúnebres, como el bolivarismo, el peronismo o el socialismo reaccionario, es decir, nacionalista. Creo, dice en ella, que la irritación crece por la estupidez de las doctrinas. Es más dura de aguantar la sandez que la deshonestidad. A eso me refería el otro día cuando comparaba a los franquistas, casi analfabetos, con los actuales propagandistas de la fe. No es un fenómeno sólo español, sino internacional. Incluso yo diría que los grupos más infectados de ideología norteamericana son los que someten a los ciudadanos a las peores majaderías anglosajonas.
Un amigo, añade más adelante, me envió la foto del cartel que alerta a los visitantes que entran en una exposición de la Tate Modern. Traduzco: “Aviso sobre contenidos. El arte de William Blake contiene duras y a veces provocativas imágenes que incluyen escenas de violencia y sufrimiento. Por favor, diríjase a algún miembro del equipo si desea más información”. Pueden ustedes ver el original por Internet buscando el Daily Mail del 25 de enero. Es sólo un ejemplo entre mil. ¡William Blake! ¿Qué no dirían de Goya?
¿Cómo se ha podido extender la sandez de un modo tan eficaz? Aún es pronto para saberlo, concluye diciendo, pero sin duda el abandono de la vieja lucha ilustrada por la ciencia, el saber, la verdad, la libertad, la justicia, la honradez y todo cuanto defendieron en su día los ilustrados europeos y americanos, ha conducido a la ruina. Los partidos, en especial los de izquierdas, han de seguir cultivando su labor doctrinal y clerical para la que fueron creados, pero ajenos a la justicia, la verdad y la libertad, tratan de imponer las bobadas populistas anglosajonas. El nuevo modelo de represión.
A vuelapluma es una locución adverbial que el Diccionario de la lengua española define como texto escrito "muy deprisa, a merced de la inspiración, sin detenerse a meditar, sin vacilación ni esfuerzo". No es del todo cierto, al menos en mi caso, y quiero suponer que tampoco en el de los autores cuyos textos subo al blog. Espero que los sigan disfrutando, como yo, por mucho tiempo. 
Y ahora, como decía Sócrates, Ιωμεν: nos vamos. Sean felices, por favor, a pesar de todo. Tamaragua, amigos. HArendt












miércoles, 18 de enero de 2023

De la muerte de las democracias

 







Hola, buenos días de nuevo a todos y feliz jueves. Mi propuesta de lectura de prensa para hoy, del politólogo Fernando Vallespín, va de la muerte de las democracias. Se la recomiendo encarecidamente y espero que junto con las viñetas que la acompañan, en palabras de Hannah Arendt, les ayude a pensar para comprender y a comprender para actuar. Nada más por mi parte salvo desearles que sean felices, por favor, aun contra todo pronóstico. Nos vemos mañana si la diosa Fortuna lo permite. Tamaragua, amigos míos.








Las democracias no mueren de infarto
FERNANDO VALLESPÍN
15 ENE 2023 - El País

Hasta los intentos de golpe, lo acabamos de ver en Brasil, se empapan del espíritu del tiempo. Convocatoria mediante las redes y toda esa gestualidad tan apta para ser visualizada por la televisión y el ciberespacio: estetificación banal —recuerden al personaje de los cuernos sentado en la mesa de la presidencia de la Cámara de Representantes estadounidense haciéndose selfis o la uniformización amarilla de los brasileiros—. Se salta de lo virtual al mundo real como si se tratara de su prolongación natural. La consecuencia inmediata es que, una vez reprimidos, cunde el desconcierto entre sus protagonistas. ¿Pero es que acaso no éramos los buenos, los que íbamos a salvar al país? Aquí es donde se manifiesta su aspecto más posmoderno. Cada cual se cree su verdad tribal; la realidad objetiva ha desaparecido detrás de relatos interesados. Il n’y a pas hors de texte, que diría el bueno de Derrida. Todo consiste en contar milongas y que luego haya gente lo suficientemente infantilizada para creérselo, como ocurre con las teorías de la conspiración. Todo es discurso. Si luego el mundo de lo real no se adapta a él, pues peor para el mundo, aunque este se cobre luego su venganza.
Si no fuera una cosa tan seria —recordemos que en la toma del Capitolio hubo hasta varios muertos—, la reflexión anterior estaría justificada. No, aunque no sean comparables a las anteriores asonadas “modernas”, no podemos dejar de señalar sus peligros. Sin embargo, tengo para mí que no es así, mediante masas irrumpiendo en las instituciones, como mueren las democracias. Es más, casi hasta facilitan el reforzamiento de sus anticuerpos. Las democracias de hoy no mueren de infarto o de ictus, sino de cáncer; no mediante un shock, sino por una metástasis progresiva por todo el cuerpo político hasta que se produce el fallo multiorgánico. Es un golpe a fuego lento, casi imperceptible, pero que está bien claro en el manual populista. El objetivo primero es tomar el Estado, además del Gobierno. Y esto presupone la eliminación o patrimonialización de todo el sistema de contrapoderes, muy en particular el poder judicial. Colonizar las instituciones e instrumentalizarlas con fines partidistas. La mayoría, siempre coyuntural, puede así aspirar a hacerse permanente. A continuación, o de modo paralelo, el objetivo es desacreditar toda oposición, ya se trate de otras fuerzas políticas o de los medios no favorables; ignorar el pluralismo, que el pueblo hable “con una sola voz”, la que emite el líder o sus secuaces; silenciar al disidente.
Algunos lo hacen de forma más o menos sutil, como en Hungría y Polonia; otros de forma descarada, como hemos visto en América Latina o en la Turquía de Erdogán, donde incluso se encarcela a sus posibles adversarios electorales. Y otros, en fin, los que no lo consiguen, recurren a las bufonadas con las que comenzábamos. Lo importante es ser conscientes de que este peligro existe y que la única vacuna es el fortalecimiento de las instituciones y una ciudadanía vigilante. Estamos advertidos.