viernes, 26 de noviembre de 2010

Sangre azul





Retrato de joven, pintado por Federico Madrazo




¿Cómo explicarle a un niño de cinco años que por sus venas corre un poco de sangre azul, pero que eso del color azul es sólo una metáfora?... ¿Y qué es una metáfora, abuelo?... Hace unos días llevaba a su casa a mi hija mayor y mis dos nietos, y mi hija me comentó que a la mañana siguiente no podía llevarlos al colegio, que tendría que llevarlos yo, porque tenía que hacerse unos análisis de sangre. La deliciosa pregunta de mi nieto a su madre fue que para que quería analizarse la sangre si ya sabía que era roja... 

Metí baza en la conversación diciéndole que por sus venas y las de su hermano corría un poco de sangre "azul", en concreto una sexagésima cuarta parte, herencia de una vieja historia familiar... Mi hija me advirtió de lo que iba a pasar: "papá, no sigas, que la vas a liar...". Pero no me arredré: se trata de una de esas viejas historias de familia, guardada en el armario, que a estas alturas carece de toda trascendencia, así que se la conté. 

Uno de sus tatarabuelos maternos, el padre de mi madre, al que llegué a conocer aunque murió siendo yo aún un niño, era nieto de una marquesa que había tenido un desliz juvenil fruto del cual tuvo un hijo al que no se atrevió a reconocer como suyo y que entregó en adopción. Muchos años después, ya anciana  y muerto ese hijo al que nunca reconoció, quiso enmendar en la medida de lo posible su actuación reconociendo a su nieto, mi abuelo, pero éste se negó en redondo a tal reconocimiento y mandó a paseo a su aristocrática abuela... Quizá fuera una de esas bellísimas damas de la nobleza retratadas magistralmente por el pintor Federico Madrazo a mediados del siglo XIX. ¿Por qué no...?

Nunca he sabido el nombre de tan distinguida señora. Es posible que mi madre si lo supiera, pero no nos lo quiso decir jamás. De todas maneras, mi nieto me pregunta ahora todos los días si su sangre es un poco más "morada" que la de los demás por esa pequeñísima parte de azul que la destiñe. No estoy muy seguro de qué responderle, pero supongo que sí... Y desde luego, como me advirtió mi hija, me he metido yo solo en un lío del que no se muy bien como voy a salir... Sean felices. Tamaragua, amigos. HArendt.




La condesa de Vilches, pintada por Federico Madrazo




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"Pues, tanto como saber, me agrada dudar" (Dante)
"La verdad es una fruta que conviene cogerse muy madura" (Voltaire)

Vídeo: La saga de los Madrazo

jueves, 25 de noviembre de 2010

Confesiones íntimas de (in)cultura





Carlos V en Mühlberg




Esta mañana camino al trabajo, iba con mi padre en el coche y salió, como tantas veces, una de mis grandes burradas incultas que han pasado a la memoria y que siempre sale a relucir con una gran carcajada, sobre todo por parte de mi padre. Estaba yo estudiando COU por aquella época, ya había decidido que quería estudiar Historial del Arte pero claro está que todavía me faltaba mucho, muchísimo, por saber. Estábamos dando la pintura renacentista italiana, concretamente a Tiziano. Cómo suele ser en las clases de arte, estábamos a oscuras, sólo con el proyector de las diapositivas. Y ahí estaba, Carlos V montado en su flamante caballo. Este cuadro ya me era conocido tras las visitas al museo de El Prado cuando iba de vacaciones a Madrid; pero siempre me quedé con que era Carlos V y poco más. Resulta que el nombre completo de la obra es Carlos V en Mühlberg. Inocente de mí, se me ocurrió decirle a mi compañera que si ese sería el nombre del caballo. El profesor que oyó el comentario casi me mata y dejó muy claro que Mühlberg era una ciudad. Por suerte, como he dicho antes, estábamos a oscuras y nadie vio como me convertí en tomate y quise que se hundiera la tierra. Años más tarde, le hice esta confesión a mi padre, y todavía se sigue riendo cuando oye hablar de Tiziano, Carlos V o de la jodida ciudad. A mí no se me ha olvidado ni el cuadro ni la batalla en la vida, y también me río. Incluso ya una vez en la universidad, tuve que hacer un trabajo única y exclusivamente de una obra y como no: Carlitos y su caballo Mühlberg fueron los elegidos. Porque aunque nadie lo sepa, el caballo, estoy convencida, de que el caballo se llamaba así. ¿Quién no pondría a su caballo el nombre de una gran batalla? ¿Alguien más se anima a confesar alguna burrada y quedar como un inculto? Lo bueno del errar es que después viene el aprender. Nos vemos. Ruth





Tiziano




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Iconografía del poder