sábado, 10 de enero de 2026

DE QUE ROSALÍA NO ES HAKUNA

 







Del espejismo del renacer católico al cristianismo radical, escriben en El País (05/01/2026) los teólogos españoles Juan José Tamayo y José Antonio Vázquez. Los datos del Barómetro sobre Religión y Creencias en España de 2025, comienzan diciendo, confirman que no estamos ante un retorno del catolicismo, sino ante una reconfiguración profunda del campo religioso.

En los últimos tiempos se ha instalado en ciertos discursos mediáticos, eclesiásticos y políticos la idea de que estaríamos asistiendo a un “renacer católico”, especialmente entre la juventud. El éxito de figuras culturales como Rosalía o la película Los domingos (Alauda Ruiz de Azúa, 2025) por un lado, y el auge de movimientos como Hakuna, Emmanuel o Effetá, por otro, han sido utilizados como pruebas de una supuesta reconfiguración religiosa que devolvería la centralidad al catolicismo en una sociedad secularizada. Sin embargo, esta lectura resulta profundamente engañosa. Lo que muestran los datos sociológicos es que la secularización no ha desaparecido; se ha transformado.

La sociología de la religión describe la secularización como el proceso mediante el cual amplios sectores de la vida social se emancipan del control religioso. Este proceso no implica simplemente la pérdida de creencias, sino la afirmación de la autonomía humana.

El teólogo luterano Dietrich Bonhoeffer, mártir del nazismo, interpretó la secularización como la culminación de un largo camino hacia la mayoría de edad de la humanidad. Desde el deísmo racionalista hasta la crítica radical de la religión de los “maestros de la sospecha”, Feuerbach, Marx, Nietzsche y Freud, la modernidad fue erosionando la función cultural de Dios como garante del orden moral, social y político.

Tras experiencias históricas extremas como el Holocausto, la pregunta por Dios se volvió más dramática. Para pensadores como Elie Wiesel, Hans Jonas o Jürgen Moltmann, hoy solo es creíble un Dios que sufre con las víctimas, no un soberano omnipotente insensible al dolor. Lo mismo podríamos decir hoy tras el genocidio de Gaza.

Los datos del Barómetro sobre Religión y Creencias en España (BREC 2025) confirman que no estamos ante un retorno del catolicismo, sino ante una reconfiguración profunda del campo religioso. La sociedad española se divide casi por igual entre personas con creencias religiosas (49%) y quienes no se identifican con ninguna (51%). Sin embargo, la no identificación religiosa no equivale a ausencia de espiritualidad. Un 20% de quienes no tienen religión se definen como personas espirituales, y más de un tercio cree en alguna forma de realidad espiritual o fuerza vital.

Entre los jóvenes, este fenómeno es aún más claro: son el grupo más secularizado, pero también el más abierto a espiritualidades no religiosas. La religión institucional ocupa el último lugar como fuente de sentido vital, muy por detrás de la familia, la amistad, el crecimiento personal o el contacto con la naturaleza.

Ser católico hoy no implica necesariamente espiritualidad ni fe religiosa. Un 26% de las personas que se identifican como católicas no se consideran personas espirituales o interesadas en lo sagrado. La pertenencia católica funciona en muchos casos como identidad cultural y de clase.

En este contexto emerge el llamado “catolicismo cool” o “guay” del que Hakuna es uno de los ejemplos más visibles. Se trata de una estrategia de adaptación formal a la cultura juvenil contemporánea: estética cuidada, dominio de redes sociales, centralidad de la experiencia emocional, lenguaje del marketing y del bienestar, espectáculo y ruido.

Como señalan investigadores como Rafael Ruiz o Mónica Cornejo, el cambio es profundo en las formas, pero muy limitado en los contenidos. Hakuna utiliza una estrategia de aparente secularización de un mensaje religioso conservador para poder maquillarlo y expandirlo entre la juventud. ¡Nada que ver con el cristianismo evangélico!

Rosalía, por el contrario, no representa un retorno al catolicismo ni una estrategia religiosa. Su obra expresa una espiritualidad laica, posreligiosa, profundamente personal. Su espiritualidad conecta con una generación que no cree en la religión organizada, pero que no se resigna al nihilismo. Sin embargo, tiene sus riesgos: individualismo, narcisismo espiritual, mercantilización de lo sagrado. Sin mediaciones comunitarias, sociales y políticas, la espiritualidad puede quedar reducida a autoayuda estética.

Ni Rosalía ni Hakuna son signos de un renacer católico. Representan, más bien, dos respuestas distintas a la crisis de la religión: una espiritualidad sin religión y una religión adaptada al mercado cultural. Ambas muestran búsquedas reales, pero también límites evidentes, Hakuna más que Rosalía.

La alternativa no pasa por recuperar la influencia, la visibilidad o el poder perdidos, sino por un cristianismo radical, que va a las fuentes del ser, del vivir y del convivir, a la raíz del Evangelio. Un cristianismo centrado en el Jesús histórico y su praxis liberadora, despojado de privilegios, laico, feminista, antineoliberal, abierto al pluralismo religioso, no dogmático, compasivo con las víctimas, intercultural, decolonial, hospitalario, ecologista, utópico, contrahegemómico, alterglobalizador e indignado con las injusticia.

Un cristianismo que asuma la secularización como oportunidad y no como amenaza; que recoja la sed espiritual contemporánea y la encarne en comunidades de base, informales, abiertas a la contemplación y al silencio, que promuevan una cultura de la escucha y del encuentro, comprometidas con la justicia social, el cuidado de la vida y la memoria de las víctimas. Un cristianismo que una mística y política, contemplación y acción.

Rosalía no es Hakuna. Y ninguna de las dos es cristianismo radical. El espejismo del renacer católico oculta una verdad más incómoda y esperanzadora: la religión institucional ya no ocupa el centro, pero las preguntas por el sentido, la justicia y la trascendencia siguen abiertas. Juan José Tamayo es profesor emérito honorífico de la Universidad Carlos III de Madrid y José Antonio Vázquez es coordinador de la Asociación Cristianía




















ENTRADA NÚMERO 9680

DEL ARCHIVO DEL BLOG. HOY: UNA ANÉCDOTA PERSONAL CON MANUEL FRAGA. PUBLICADO EL 29/02/12

 







El malogrado historiador británico Tony Judt, sobre el que ya he escrito varias veces en el blog en estos meses, decía en uno de sus últimos libros ("Algo va mal". Taurus, Madrid, 2010) que hay que tener mucho cuidado con las palabras que utilizamos para calificar los hechos y los personajes políticos, si es que queremos darnos a entender y que nos entiendan correctamente. En ese sentido, y en referencia a la figura del recientemente fallecido Manuel Fraga Irirbarne, fundador del Partido Popular, expresidente del gobierno gallego, ministro con Franco y en el primer gobierno de la monarquía, profesor universitario, triunfante opositor de todo a lo que se presentó salvo la presidencia del Gobierno de España, creo que se han dicho muchas cosas de él, a favor y en contra, de evidente exageración, cuando no falsedad.

No voy a hacer un panegírico en su memoria, pues nunca fue santo de mi devoción, pero tampoco denostarlo con calificaciones como las de fascista que le han atribuido desde la extrema izquierda. En mi opinión fue un político conservador y autoritario a la vieja usanza, más del periodo de entreguerras, que de la segunda mitad del siglo XX, con un concepto bastante restringido del liberalismo y de la democracia, arisco y prepotente en lo personal, pero en un ningún caso un extremista de derechas y mucho menos un político fascista. Se ha dicho de él, como un elogio, que tenía el Estado en la cabeza; otros, con intención contraria, han dicho que lo que tenía era la obsesión del poder. En resumen, y parodiando el título de la deleznable novela de Dan Brown, no fue ángel, pero tampoco demonio.

De entre todo lo que he leído sobre él a raíz de su muerte, los dos artículos que más me han gustado y que pienso que mejor reflejan su personalidad y trayectoria política, son los escritos en el diario La Voz de Galicia por el que fuera su vicepresidente en el gobierno gallego, primero, y adversario político después, el profesor Xosé Luis Barreiro.   

En el primero de ellos: "El día en que Manuel Fraga perdió el poder", dice de él que fue un hombre más devoto del poder que de la política, al que le sobraba autoridad, y le faltaban sosiego, humanidad y estética. En el segundo, publicado unos días después en el mismo períódico: "Manuel Fraga: sinfonía de poder en cuatro tiempos", traza un pormenorizado análisis de la trayectoria política vital de Manuel Fraga durante el franquismo, la transición, el periodo ya plenamente constitucional, y finalmente, el de su vuelta a Galicia como presidente del gobierno autónomo, periodo este del que dice que fue para Fraga lo mismo que la isla de Elba para Napoleón: un imperio chiquitito en el que podía jugar a lo que quiso ser; un acelerador de nostalgias más potente que el acelerador de partículas del CERN; y un lugar para preparar el regreso hacia una España y una Europa que padecía los mismos desenfoques que la Francia y la Europa a la que quiso volver Napoleón. La única diferencia es que Fraga, al contrario de Napoleón, percibió muy pronto la irreversibilidad de su último destino, y por eso pudo evitar su Waterloo.

Conocí a Manuel Fraga, el todopoderoso ministro de Información y Turismo del régimen, en el verano de 1963, durante mis vacaciones escolares. Yo tenía 17 años recién cumplidos y bastantes pájaros en la cabeza, lo que me llevó a escribirle una carta pidiéndole una bandera de España. No recuerdo muy bien que alegaba en mi misiva para justificar la petición. En todo caso, sabía que mis padres no me la iban a comprar si se la pedía y que yo no tenía dinero para ello. 

El caso es que casi a vuelta de correo, recibí un escrito de la Secretaría del Ministro en el que se me comunicaba que había accedido a mi petición y que pasara por el ministerio en una fecha y hora determinada para hacerme entrega de la bandera. Y allí me fui, hasta el inmenso edificio del Ministerio de Información y Turismo en el Paseo de la Castellana, muy cerca de la Plaza de Castilla, y a pocos minutos a pie de la casa de mis padres. 

No espero que se imaginen la cara de pasmo que pusieron los funcionarios del Ministerio cuando vieron acudir al despacho del Ministro a un crío con una carta en que se le citaba para una entrevista con el Sr. Ministro; supongo que la misma que se me puso a mí cuando su secretario me hizo pasar al despacho del Ministro. Y allí estaba todo sonriente y jovial el Sr. Fraga Iribarne; recuerdo que me saludó con efusión, me preguntó por mis estudios y mis padres, y eso sí, me despachó con celeridad una vez que pidió me trajeran la bandera y me la entregara. A decir verdad, me llevé una decepción, porque la bandera, que yo esperaba bordada en seda y con el escudo nacional era en realidad una banderola de esas que se ponían, y ponen, aún hoy, en las calles cuando hay alguna festividad, de dos en dos, sobre las farolas. No tenía escudo alguno y el mástil era un rústico palo pintado de blanco.

En todo caso. aun con cierta innegable decepción, recogí mi bandera y enrollada en su mástil (palo) volví orgulloso hasta mi casa para colocarla en mi habitación. Allí estuvo hasta que me vine a vivir a Canarias, cuatro años más tarde, y en Canarias sigue, en un cajón donde guardo algunos otros recuerdos de épocas pasadas, quizá demasiados recuerdos, pero es que uno, en el fondo, es un sentimental.

El vídeo que he puesto acompañando la entrada de hoy, y que pueden ver YouTube, es el del famoso baño del ministro Fraga y del embajador de los Estados Unidos de América en la playa de Palomares, en 1966, a raíz del desafortunado accidente en el que varias bombas nucleares cayeron al mar, sin explotar, en dicha playa andaluza. Sean felices, por favor, a pesar del Gobierno. Tamaragua, amigos. HArendt

























DEL POEMA DE CADA DÍA. HOY: XLVII, DE ANTONIO SOLANO





 



XLVII



Me inclino para besar su frente

y en mis labios posa

la tibieza de su infancia.

Juega solo, en la terraza.

Por las tardes le gusta abrazar

esa tregua de paz

de sol y aves y tejados.

Si le hago una pregunta

―cualquier desenterrada pregunta

por escuchar su voz de agua―

su miopía asoma leve tras sus gafas

y asiente, o calla la respuesta.

Algunas veces lo veo dibujar

sus fábulas de tiza sobre el piso,

o mirar arrodillado

la fracción de firmamento

detenido sobre el patio.

Otras tardes más osadas,

se atreve a disparar

su sentencia de amor sobre las tejas,

o excava en la pared

un nicho diminuto que guarda

un diminuto y amarillo corazón.

Me inclino otra vez

para besar su frente

y posa su mano en mi mejilla:

―no tengas miedo —me dice,

―llegaré hasta tu otoño

para besar el recuerdo de aquél niño que eres tú

y que jugaba solo en la terraza.



ANTONIO SOLANO (1962)

poeta español
























DE LAS VIÑETAS DE HUMOR DEL BLOG DE HOY SÁBADO, 10 DE ENERO DE 2026

 















SALUTACIONS A LES LLENGÜES DE LA MEVA PÀTRIA. AVUI DISSABTE, 10 DE GENER, AL CATALÀ

 






Hola, bon dia de nou a tots i feliç cap de setmana, segon d'aquest gran inici d'any que estem vivint entre la sorpresa de tots, l'estupidesa d'alguns, i el silenci de la majoria dels que estan obligats a parlar fort, clar i amb valentia. La primera de les entrades del bloc d'avui és de dos teòlegs espanyols, i del miratge del renéixer catòlic al cristianisme radical (versió Rosalía/Hakuna) que confirmen que no estem davant d'un retorn del catolicisme, sinó davant d'una reconfiguració profunda del camp religiós. La segona del dia és un arxiu del bloc del febrer del 2012 en què HArendt relatava una experiència personal que va tenir el 1963, amb 17 anys, amb el totpoderós ministre del règim franquista Manuel Fraga. El poema del dia, a la tercera es titula XLVII, i està escrit pel poeta espanyol Antonio Solano. I la quarta i última, com sempre, són les vinyetes d'humor del bloc. Tamaragua, amics meus. És difícil, però preguem a la deessa Fortuna que intercedeixi per nosaltres i confiem que amb la seva ajuda i el seny i la valentia de la majoria es recondueixi la complicada situació política en què el món camina cap a l'abisme. Petons. Els vull. HArendt












viernes, 9 de enero de 2026

DEL SIGLO DE LAS LISTAS





 




Las listas modelan los gustos del pasado y el futuro, para que no dependamos de eso que se llamaba la independencia de criterio, comenta en El País (04/01/2026) la escritora Elvira Lindo. Sí, las listas están en auge, comienza diciendo. Se hacen listas de los mejores libros del año, de los diez últimos, de los últimos cincuenta, listas de los que vendrán, de las mejores series, de los filósofos más influyentes, de las mejores canciones de este siglo y del XX; por hacerse listas se han hecho hasta de los mejores suplementos de decoración (creo que en The New York Times, que refulge de listas a diario); listas de las mejor vestidas, de los divorcios más escandalosos, de las 15 appliances de cocina imprescindibles, de los diez ejercicios de fuerza que te harán llegar a centenario tan pichi, de los mejores panettones y roscones, de los diez músicos que se nos fueron en 2025, de las artistas pop que aumentan el PIB, de los diez acantilados que deberías visitar una vez en tu vida, de las mujeres más influyentes. Una puede vivir leyendo listas, no solo en los periódicos, sino las de instagramers que, con muchos o poquitos seguidores, han decidido que el mundo no puede vivir sin sus listas, y las hacen de libros, películas o canciones que no aparecieron en las “oficiales”. Se hacen listas de lo que podrías perderte si solo obedeces a las listas, y luego hay listas muy específicas, esas que enumeran las diez novelas románticas que no enfurruñarán a la crítica literaria o las diez del nuevo gótico novelístico. Contagiados por esta fiebre de la cuantificación, los politólogos nos anuncian con tiempo los diez acontecimientos cruciales del próximo año y los sociólogos las 20 cosas por las que deberíamos creer que este mundo, aunque no lo crean, va de puta madre. En aquel mítico film de Leslie Nielsen sobre una plúmbea gala de los Oscar había premios hasta para la mejor película con perro. ¿Para cuándo la mejor novela con mascota? Las listas modelan los gustos del pasado y el futuro, para que no dependamos de eso que se llamaba la independencia de criterio.

Como soy insomne, siempre he sido aficionada a hacer listas en la ardiente oscuridad. No es efectivo como contar ovejas, al contrario, ya que puedes engolfarte tanto con una lista que acabes por despejarte aún más. Hago listas de las ciudades y las calles en las que he vivido, de las mudanzas, de las traumáticas obras domésticas, de los buenos amigos que he hecho cuando se dice que ya no toca, de los que perdí, de las ocasiones en que me emborraché (contadas), de las veces que me he caído (muchas), de los golpes de suerte (incontables), incluso hago listas secretas que dan cuenta de aventuras de juventud que casi olvidé. No he logrado sacarle rendimiento económico a esta contabilidad. El caso es que en Nochevieja percibí que no era poca la gente que despedía 2025 dándole una patada en el culo. Gente sensible como para distinguir las alegrías íntimas de aquellos acontecimientos que enturbian nuestro destino colectivo y nos provocan una inquietud justificada. Como a mí me ocurre igual y soy capaz de albergar alegría y preocupación a un tiempo, pasé el día de Año Nuevo haciendo una lista de acontecimientos aberrantes que han confluido en este año de inolvidable rima: el primero, ese fin de año en Mar-A-Lago reuniendo a Trump y a Netanyahu. ¿puede haber peor augurio?; segundo, la falsa paz en Gaza que ha sumido a los palestinos en el hambre, el frío y la enfermedad; tercero, la prohibición a las organizaciones humanitarias de paliar el desastre; cuarto, el retroceso en la agenda verde que acelera el desastre ecológico; quinto, la mentira que no pasa factura, véase un Mazón; sexto, la cobardía y el desconcierto de Europa que nos sume en el desamparo; séptimo, el discurso xenófobo y racista calando en la calle; octavo, los tecnobros fomentando el radicalismo ultra; noveno, Trump postulándose como Premio Nobel mientras recibe el año con un bombardeo; décimo, Putin se divierte como aquel Charlot con la bola del mundo. Esta lista está pidiendo a gritos otra que les animo a iniciar: y nosotros, ¿qué podríamos hacer?





















ENTRADA NÚMERO 9675

DEL POEMA DE CADA DÍA. HOY: DOMINGOS, DE PIEDAD BONNETT

 







DOMINGOS



I


El hueso de pollo sobre el plato vacío

no tiene una sola hilacha de carne.

Muerde con fuerza y con método el que hizo esta limpia tarea.

Si cerrara los ojos podría oírlo masticando sin tregua,

desgarrando también los cartílagos.

Sobre mi plato, en cambio, una presa de pollo casi intacta

se enfría con desgano.

En la piel erizada ya hay puntitos de grasa.


Esta cocina es grande los domingos.


***


II


Los domingos

una presencia enorme

tiene costumbre de invadir la casa.

Algo hay en ella de animal marino,

de ballena varada que agoniza.

Se tensa el aire en las habitaciones,

y el silencio

trepa por las paredes como pulsión violenta.


Él duerme

y ella sueña

los domingos.


***


III


Los domingos

se pudre el tiempo como carne cruda

y expuesta al sol. El moscardón del tedio

pega contra el cristal y vibra el aire

cargado de una nueva pestilencia.

Algo se descompone

en un lugar que nos está vedado.

Todo aquí es duro encerramiento, piedra

tapando las salidas. Y allá arriba,

corona de arduo luto, los zamuros

girando en torno a nuestra vieja torre.


***


IV


Papá cocina los domingos silba

corta cebolla tasajea el cuello

de un conejo

de un cerdo de una oveja

de los faisanes de oro de los cuentos.

Papá cocina los domingos bebe


para inspirarse dice


y el cuchillo

sangra destila se impacienta chilla

como el conejo el cerdo los faisanes.

Rojo el achiote rojo el chile el vino

rojos los ojos turbios.


Qué tal sabe


mi guiso de venado mi cecina.


Arde en mi lengua           quema en mi garganta

la voz que debería contestarle.


***


V


Saltaron cifras, nombres, fantasías.

Tú seguiste sonriendo con la copa en la mano.

Entonces vi mi sombra saltar sobre tu sombra,

y el cuchillito curvo brillando a mediodía.

Y cayó tu cabeza limpiamente,

del agujero fue brotando humo.

Ahora estoy mirando mis muñecas,

mis temblorosas manos extendidas.



PIEDAD BONNETT (1951)

poetisa colombiana