XLVII
Me inclino para besar su frente
y en mis labios posa
la tibieza de su infancia.
Juega solo, en la terraza.
Por las tardes le gusta abrazar
esa tregua de paz
de sol y aves y tejados.
Si le hago una pregunta
―cualquier desenterrada pregunta
por escuchar su voz de agua―
su miopía asoma leve tras sus gafas
y asiente, o calla la respuesta.
Algunas veces lo veo dibujar
sus fábulas de tiza sobre el piso,
o mirar arrodillado
la fracción de firmamento
detenido sobre el patio.
Otras tardes más osadas,
se atreve a disparar
su sentencia de amor sobre las tejas,
o excava en la pared
un nicho diminuto que guarda
un diminuto y amarillo corazón.
Me inclino otra vez
para besar su frente
y posa su mano en mi mejilla:
―no tengas miedo —me dice,
―llegaré hasta tu otoño
para besar el recuerdo de aquél niño que eres tú
y que jugaba solo en la terraza.
ANTONIO SOLANO (1962)
poeta español


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