viernes, 18 de octubre de 2013

Patriotas, corruptos y desvergonzados


¡Ah, la diosa Fortuna, siempre veleidosa!... Parece que hoy le ha jugado una mala pasada a la secretaria general del partido popular español, a toda la dirección presente, pasada y futura del mismo, y por supuesto, a ese gobierno que tan bien le cae al señor Botín; por algo será pienso yo. Pero mejor dejémoslo así para no incurrir en posible delito de injurias, como El País en su día por publicar los "papeles de Bárcenas". 

Desconfío, por decirlo suavemente, de todos aquellos que hablan de Dios o la Patria en primera persona y en mayúsculas, poniéndolos siempre por delante como justificación de sus acciones. Me dan miedo. Y me repelen. Desde luego mi antipatriotismo no llega a los límites de exacerbación que reflejaba el escritor y académico Javier Marías en un artículo, justamente de hace cinco años -19 de octubre de 2008, lo que ya es casualidad- en El País Semanal, titulado "Cómo se llamará esta afección". Me pareció excesivo; desgarrador en todo caso. Aunque comparto con él ese sentimiento de "patriotismo negativo" al que alude en su texto: aquel que nos hace avergonzarnos de muchos de nuestros compatriotas y de muchas de las cosas que se han hecho y dejado de hacer en nombre de la patria.

Leyéndolo he recordado un libro del también escritor e ilustre filósofo, Fernando Savater, que me impresionó sobremanera cuando lo leí por su atrevimiento y la dureza de sus planteamientos contra el propio concepto de nación. Se titulaba "Contra las patrias" (Tusquets, Barcelona, 1987), y no se si don Fernando seguirá sosteniendo lo que en el decía contra "todas" las patrias".

También ignoro si Javier Marías ha leído la biografía de Hannah Arendt, escrita por la periodista y escritora francesa Laure Adler: "Hannah Arendt". (Destino, Barcelona, 2006). Pero tengo la sospecha de que sí. Al menos si nos llevamos de la sorprendente coincidencia, casi literal, entre lo que escribe Marías sobre el "amor patrio" y lo que pone Laure Adler en boca de su biografiada, sobre ese mismo concepto de amor a la patria, o al pueblo...

Dice Marías: "Siempre me ha costado mucho entender el patriotismo. Las proclamas del tipo "Amo España" (o Inglaterra, Escocia, Italia, Cataluña o Galicia, lo mismo da) me han sonado falsas y huecas, además de inverosímiles, porque nadie está capacitado para "amar" así, en bloque, un país entero, menos aún una metáfora o un concepto. Uno ama, como mucho, a unas cuantas personas a lo largo de su vida, sin que nos importen su lugar de nacimiento ni la lengua que hablen."

Y esto es lo que dice Hannah Arendt (pág. 426) en la biografía escrita por Laure Adler cuando la reprochan que no muestre su apoyo a Israel cueste lo que cueste: "Tiene usted toda la razón: no me anima ningún amor de esa clase, y eso por dos motivos: jamás en toda mi vida he amado a ningún pueblo, a ninguna colectividad; ni al pueblo alemán, ni al francés, ni al norteamericano, ni a la clase obrera, ni nada de todo eso. Yo amo únicamente a mis amigos y la sola clase de amor que conozco y en la que creo es en el amor por las personas."

¿Plagio inocente e inadvertido? Es lo más posible. No me preocupa. Como Marías, yo también me pregunto como se llamará "esa afección que nos hace incapaces de enorgullecernos junto a la capacidad de avergonzarnos por lo ajeno vecino". En todo caso, como él, estoy seguro de que no somos los únicos españoles que la padecemos.

Mi paisano Nicolás Estévanez (1838-1914), militar, conspirador, republicano ferviente, político prestigioso, y sobre todo un gran poeta, escribió unos hermosísimos versos sobre el mito de la patria, que el gran don Miguel de Unámuno, censuró con sorna. Se titulan "La sombra del almendro", y ya los he traído en ocasiones anteriores al blog. Les dejo con ellos.

Sean felices, por favor, y como decía Sócrates: "Ιωμεν", vámonos. Tamaragua, amigos. HArendt



LA SOMBRA DEL ALMENDRO

La patria es una roca,
la patria es una fuente,
la patria es una senda y una choza.

Mi patria no es el mundo;
mi patria no es Europa;
mi patria es de un almendro
la dulce, fresca, inolvidable sombra.

A veces por el mundo
con mi dolor a solas
recuerdo de mi patria
las rosadas, espléndidas auroras.

A veces con delicia
mi corazón evoca,
mi almendro de la infancia,
de mi patria las peñas y las rocas.

Y olvido muchas veces
del mundo las zozobras,
pensando de las islas
en los montes, las playas y las olas.

A mi no me entusiasman
ridículas uotpías,
ni hazañas infecundas
de la razón afrenta, y de la Historia.

Ni en los Estados pienso
que duran breves horas,
cual duran en la vida
de los mortales las mezquinas obras.

A mi no me conmueven
inútiles memorias,
de pueblos que pasaron
en épocas sangrientas y remotas.

La sangre de mis venas,
a mi no se me importa
que venga del Egipto
o de las razas céltica y godas.

Mi espíritu es isleño
como las patrias rocas,
y vivirá cual ella
hasta que el mar inunde aquellas costas.

La patria es una fuente,
la patria es una roca,
la patria es una cumbre,
la patria es una senda y una choza.

La patria es el espíritu,
la patria es la memoria,
la patria es una cuna,
la patria es una ermita y una fosa.

Mi espíritu es isleño
como las patrias costas,
donde la mar se estrella
en espumas rompiéndose y en notas.

Mi patria es una isla,
mi patria es una roca,
mi espíritu es isleño
como los riscos donde vi la aurora...



Entrada núm. 1984
elblogdeharentd@gmail.com
http://harendt.blogspot.com
Pues tanto como saber me agrada dudar (Dante Alighieri)

1 comentario:

Óscar dijo...

Los individuos se agrupan por ideas y en familias, comunidades, banderas, organizaciones secretas, religiones, patrias, etc. por un solo motivo y casi siempre sin que sean muy conscientes de ello: LA SUPERVIVENCIA. También lo hacen los animales pero los racionales son, evidentemente, más sofisticados.
Si quieres una explicación a este pensamiento échale un vistazo a “El gen egoísta” de Richard Dawkins y luego saca tus conclusiones.
La utopía de acabar con las fronteras, banderas y religiones choca frontalmente con la “dirección” que nos marcan nuestros genes: sobrevivir. La consciencia universal es una utopía.
Mis genes me "dirigen" y me dicen que debo defender mis fronteras porque el vecino me quiere exterminar igual que hacen los leones con los cachorros de su competidor (como canarios entenderás lo que quiero decir). De ahí el sentido de patria.
Un abrazo querido amigo
Óscar