viernes, 6 de diciembre de 2013

Comprender Latinoamérica


Dicen que el buen arranque de un libro, un artículo, una noticia, una carta, es la mitad de su éxito. Supongo que es verdad. Al menos, conmigo funciona. Me pasó por estas fechas de 2008, que nada más recoger del buzón el ejemplar mensual de Revista de Libros, por aquel entonces todavía en papel, me puse a ojear (de echar el ojo o una primera mirada), a un artículo del mismo titulado "¡Viva la evolución!", donde se podía leer este impresionante párrafo inicial:

"La América Latina es "cosa mentale". La gente ve en la región lo que quiere ver. En el mejor de los casos, ve lo que su ignorancia y prejuicios le permiten ver. Si se invierte la lente a la manera de las "Cartas persas" de Montesquieu, los resultados son instructivos. Comparados con Brasil, Chile, Colombia y México (vale decir la amplia mayoría de la población del hemisferio), buena parte de los países europeos –por no mencionar los de otras regiones– han sido, a lo largo de los últimos doscientos años, republiquetas más o menos inestables, desiguales y pobres. Ningún sátrapa latinoamericano se compara con los europeos, desde Napoleón hasta Hitler; ningún período de violencia se equipara a los horrores de la guerra civil europea de 1914-1945; la inestabilidad de varios períodos de la vida republicana francesa o italiana poco tiene que envidiar a la de Bolivia; la vida en las favelas de Río de Janeiro no es mucho peor que en las de Nápoles o Marsella, o incluso que en muchas de las residencias municipales gratuitas del Estado de bienestar británico. Y, en compensación, Buenos Aires, São Paulo o Ciudad de México tienen mejores librerías y restaurantes que París, Madrid o Milán; se juega mejor fútbol y la gente de la calle es más cortés. Quien no haya vivido en la América Latina no sabe lo que es la dulzura de vivir, si es que puede pagársela."

Perdóneseme lo extenso de la cita, pero reconozcan conmigo que es como para seguir leyéndolo hasta el final. Les aseguro que merece la pena, y por ello les invito a hacerlo en el enlace reseñado más arriba.

El artículo estaba escrito por Hugo Estenssoro, periodista y crítico literario boliviano, colaborador habitual de la prestigiosa "The New York Review of Books", y era un comentario crítico del libro del periodista británico Michael Reid, editor para América Latina de la revista "The Economist", titulado "The Forgotten Continent: The Battle for Latin Americ's Soul" (Yale University Press, New Haven, 2007), editado dos años después en España con el título "El continente olvidado: La lucha por el alma de América Latina" (Belacqua, Barcelona, 2009).

Acabo de releer el artículo de Estenssoro en esta tarde de descanso  obligado y agradecido, y despues de hacerlo me he puesto a buscar referencias en internet sobre el libro y su autor y he encontrado tres de ellas que me han parecido interesantes y dignas de lectura. En primer lugar la de Norman Gall, director del Instituto "Fernand Braudel" de Economía Mundial de Sao Paulo, publicada en El País el 19 de enero de 2009 con el título de "El olvidado progreso de América Latina"; por otro lado, el muy crítico del blog "Socialismo Informático XXI"; y por último la entrevista que la revista "Letras Libres" dedicó a Michael Reid en julio de 2009.

Cuando este blog salió al mundo, en agosto de 2006, la filosofía que lo inspiraba no era otra que la que figura aún hoy en su cabecera: un intento de observar y comprender lo que ocurre en el mundo a partir de las miradas y las palabras de los otros. De ahí que durante un tiempo me limitara a poner en el mismo aquellos artículos, noticias y referencias de libros o prensa que me parecían de mayor interés sin sentir la necesidad de comentarlas, y por tanto, de dejar traslucir mi ignorancia sobre el asunto en cuestión. Con el paso del tiempo me fui envalentonando y me atreví a formular mis propias opiniones y comentarios sobre lo dicho por otros con mucha mayor autoridad que yo, recurriendo para ello a la fórmula literaria de la digresión, un remedo barato y fácil del ensayo clásico. Ello me permitía opinar sin necesidad de justificarme dado que mi comentario aprovechaba el hilo del discurso ajeno para, rompiendo con él, hablar de cosas que no tenían expresa conexión o íntimo enlace con aquello de lo que se estaba tratando. Y ahí sigo, digresionando... Pero la verdad es que no me gusta sacar a colación asuntos sobre los que no tengo un relativo conocimiento previo. Y en ese sentido, si de África, el continente en el que vivo, no tengo ningún conocimiento directo y personal, con Latinoamérica me pasa tres cuartos de lo mismo salvo por el añadido, peligroso, de los prejuicios.

Como reconozco mi ignorancia, que no implica desinterés, por las realidades y problemas de esa zona del mundo, solo me queda recomendarles la lectura de los enlaces citados y que ustedes saquen sus propias conclusiones. Al menos a mi, creo que me llevó entonces, y ahora más, a mirar el acontecer de Latinoamérica con otros ojos.

Sean felices, por favor. Y como decía Sócrates: "Ιωμεν", vámonos. Tamaragua, amigos. HArendt




Entrada núm. 2005
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Pues tanto como saber me agrada dudar (Dante Alighieri)

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