lunes, 2 de septiembre de 2013

El insulto como peaje




Mafalda y la libertad de expresión



¿La posibilidad de recibir un insulto es el peaje oneroso que hay que pagar en defensa de la libertad de expresión? No es una pregunta retórica, como podrán ver más adelante. Los políticos, a la hora de insultar(se), ya sean de derechas, izquierdas o mediopensionistas, no se andan a la zaga unos de otros. Si acaso, los primeros, se distinguen a la hora de hacerlo por una mayor zafiedad, producto sin duda de su secular falta de educación y cultura, que no de formación.

Dice la filósofa norteamericana Hannah Arendt: "La conducta moral no se da por supuesta, pero el conocimiento moral, el conocimiento de lo justo y lo injusto, sí", (Laure Adler: "Hannah Arendt", Destino, Barcelona, 2006). Para algunos, supongo...

No creo que los obispos españoles hayan leído gran cosa sobre Hannah Arendt. Supongo que sobre "moral", sí. Aunque a la vista de las cosas que decían cuando el "insultador mayor del reino", don Federico Jiménez Losantos trabajaba para ellos en su tristemente famosa emisora radiofónica, la "COPE", sólo caben dos conjeturas: O no se enteraban o eran unos cínicos. Me quedo con lo segundo, por supuesto. Y no comprendo como estos hipócritas, inmorales por naturaleza, tienen tan siquiera el atrevimiento de arrogarse el derecho a dar lecciones de moral a nadie. Podían comenzar por ellos...

El profesor Joaquín Roy, catedrático "Jean Monnet", de Relaciones Internacionales y Literatura Hispanoamericana en la Universidad de Miami, mostraba en El País del 4 de septiembre de 2008, una antología de las barbaridades, insultos, difamaciones y calumnias que la Cadena Episcopal española soltaba cada día por boca de su locutor estrella. Se titulaba "Entre un gilipollas y una negra resentida". Tras el catálogo de insultos se preguntaba con estupor como era posible que nadie en España se atreviera a presentarle a los responsables de la citada emisora una querella a la americana, por varios millones de euros... Yo tampoco lo se, la verdad, pero visto lo visto y oído lo oído, parece claro que el señor Jiménez Losantos tenía agarrados, pero que muy bien, a los monseñores por sus partes más nobles... Al final lograron quitárselo de encima. ¿Presiones de más arriba (y no me refiero al Espíritu Santo) o simple oportunismo? La verdad es que ni lo sé ni me importa. Ahora, si es que son capaces de soportarlo sin vomitar, pueden verlo "trabajando" en el Canal Intereconomía de televisión. Otros que tal bailan...

Sean felices, por favor. Y como decía Sócrates: "Ιωμεν", vámonos. Tamaragua, amigos. HArendt





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El profesor Joaquín Roy




Entrada núm. 1956.
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Pues tanto como saber me agrada dudar (Dante Alighieri).

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