TU PALABRA
Tu palabra, padre,
me redimía del acechante averno,
alineaba planetas,
iluminaba astros,
y, como soplo divino,
rasgaba el aire.
Ella sola
alimentaba la ternura
de los silencios,
aligeraba el peso
de las noches
y levantaba la bruma
de la soledad primigenia.
Nombraste mi mundo
con tu certero verbo,
armonizándolo todo
o no.
Solo tu aliento
separaba la luz de las tinieblas,
alimentaba la avidez de la llama,
recomponiendo las raíces
del mundo.
No importa que no pudiera descifrar
la plegaria de la tormenta entonces
ni su estallido.
Qué más daba que me cegara
el resplandor amarillo del liquen,
que el temblor se apoderara
del albor de los sueños
o que me estremeciera
ante el secreto rumor del mar.
Mi despertar a la vida
se estrenó
con tu palabra.
MARÍA REGLA PRIETO (1964)
poetisa española


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