sábado, 16 de marzo de 2024

De nuevas y mejores formas de leer

 






Hola, buenos días de nuevo a todos y feliz viernes. De inventar nuevas y mejores formas de leer, comenta en Revista de Libros el escritor Patricio Pron, depende la posibilidad de demorar la emergencia de la sociedad posilustrada y posdemocrática a la que nos conducen las tecnologías disruptivas. Les recomiendo encarecidamente la lectura de su artículo y espero que junto con las viñetas que lo acompañan, en palabras de Hannah Arendt, les ayude a pensar para comprender y a comprender para actuar. Sean felices, por favor, aun contra todo pronóstico. Nos vemos mañana si la diosa Fortuna lo permite. Tamaragua, amigos míos. harendt.blogspot.com












Nuevas y mejores formas de leer
PATRICIO PRON
04 MAR 2024 - Revista de Libros - harendt.blogspot.com

En los últimos meses, di clases como profesor invitado en una universidad alemana, algo que hago en algunas ocasiones. El futuro de las humanidades ―al menos tal como se puede atisbar desde el campus universitario de una ciudad mediana del norte de Europa— se ve sorprendentemente negro, sin embargo, y no solo a consecuencia de mi contratación: descenso del número de alumnos, falta de personal, recortes presupuestarios, un profesorado perplejo y exhausto, una administración incapaz de cumplir las reglas que ella misma ha creado, etcétera.
Visto de esta manera, el derrotismo de muchos colegas parece fundado, y esto no solo en Alemania. Recientemente, cuatro de cada cinco países que integran la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico reconocieron haber visto disminuido el número de sus estudiantes de Humanidades. En Estados Unidos, el número de alumnos de esa disciplina se redujo en un 17 por ciento en la última década. En Harvard, por ejemplo, pasaron de aproximadamente siete mil en los años 1970 a sesenta en 2020. En su artículo «El fin de la carrera de inglés», publicado por el New Yorker en marzo de este año, Nathan Heller cita las palabras de uno de sus entrevistados, un profesor que pidió permanecer en el anonimato: «Por aquí todos tenemos la impresión de que estamos en el Titanic».
De todas las alarmantes predicciones que compartieron conmigo mis colegas al comienzo de mi estancia, solo una no se cumplió, la de que mi principal decepción provendría de mis alumnos: atemorizados, curiosos, interesados, con enormes lagunas, incapaces de diferenciar una cita de un plagio, entretenidos hasta el aburrimiento, imposibilitados para distinguir entre un autor y un narrador, dotados de una atención reducida y dispersa, impedidos, naturalmente, para saber que no saben, apasionados cuando se les daba una razón para ello, esos alumnos estaban vivos, sin embargo. Mucho más que sus profesores. Sus lagunas se hacían visibles a cada momento, pero también su entusiasmo y su convicción —confusamente formulada, pero clara— de que la literatura puede decirles algo acerca de quiénes son y de cómo es el mundo al que deben enfrentarse. Nunca hubo una mala clase, o esta corrió a mi cargo. Explorar con ellos ciertos textos —incluso los de «grandes hombres blancos» como Jorge Luis Borges, que, de acuerdo con las advertencias de mis colegas iban a generar en mis alumnos un rechazo inmediato— supuso, para mí, descubrir aspectos de estos que había pasado por alto en mis lecturas anteriores; supuso, también, ver cómo algunos textos continúan resonando profundamente y de qué manera es posible extraer de ellos, con una mirada nueva, un significado nuevo. Nuestro trabajo durante algunos meses consistió en volver sobre el viejo vínculo entre las palabras y las cosas; la experiencia fue tan enriquecedora para mí que solo espero que también lo haya sido para ellos.
Como afirmó recientemente Noam Chomsky, «tenemos un par de décadas para decidir si el experimento humano va a continuar o si se hundirá en un glorioso desastre». Apostar por las Humanidades es una de las cosas más importantes que podemos hacer para ayudar a otras personas a tomar esa decisión; su justificación, en los hechos, está en todo lo que en este momento amenaza esas mismas Humanidades y contribuye a que los alumnos no vean en ellas una alternativa válida: el auge de las inteligencias artificiales y el tipo de comunicación subóptima que estas producen, que ya empieza a verse incluso en los periódicos de calidad, el incremento de los discursos de odio y la manipulación política, el auge del tipo de nihilismo político de corte narcisista que puede verse en personajes como Donald Trump, Jair Bolsonaro y la italiana Giorgia Meloni, el argentino Javier Milei, Santiago Abascal y el iraquí Salwan Momika, determinan que la necesidad de darles herramientas críticas para diferenciar los hechos de su interpretación y del impacto emocional que esos hechos producen en nosotros, para apreciar la variedad y la riqueza de la experiencia humana, así como los problemas éticos y morales que se derivan de nuestra existencia social, para interrogar las causas y las consecuencias del tipo de tecnologías de las que depende todo en este momento, para comprender las ficciones afines de un crecimiento y una optimización permanentes y la posibilidad de cuantificarlo todo, para navegar las enormes cantidades de información a las que nos enfrentamos a diario y valorarla, para entender de qué manera los discursos —políticos, periodísticos, literarios, estadísticos— son construidos y pueden ser desarticulados —es decir, el tipo de cosas que hacen los programas de Humanidades, al menos idealmente— sea aún mayor que en el pasado.
De inventar nuevas y mejores formas de leer depende la posibilidad de demorar la emergencia de la sociedad posilustrada y posdemocrática a la que nos conducen las tecnologías disruptivas. El desafío está en que, como sostuvo John Guillory en su último libro, los alumnos ya viven parcialmente en esa sociedad, que además es posliteraria en su concepción, o falta de ella, de para qué serviría la literatura. Pero es un reto que vale la pena aceptar, si no en nombre de nuestras ideas de orden, sí en el de los alumnos. No se merecen que se los deje de lado. Tienen mucho para enseñarnos, y lo que nos queda de futuro, mucho o poco, les pertenece. Patricio Pron es escritor. 

























[ARCHIVO DEL BLOG] El rey desnudo. [Publicada el 16/03/2009]












El problema histórico de los reyes es que quiénes les rodeaban no solían decirles la verdad. Unos por miedo, otros por prudencia, la mayor parte por adulación, y todos, por pelotas. Lo contó muy bien el escritor danés Hans Christian Andersen en su cuento El traje nuevo del emperador, allá por el año 1837. Y al decir los reyes, está claro que no me estoy refiriendo a las pocas testas coronadas que quedan por el mundo occidental (los "otros mundos, ya son otro cantar), que mal que bien, cumplen sus funciones constitucionales y protocolarias con exquisita prudencia. Con la metáfora de los reyes me estoy refiriendo a la cohorte de políticos, politiquillos, líderes de opinión, financieros, empresarios y mandamases varios, que cortan el bacalao (o eso creen ellos) nacional y autonómico jaleados por sus claques respectivas..
Ejemplos tenemos sobrados en estos días. En el plano local. nuestro ínclito y nunca bien ponderado presidente autonómico, don Paulino Rivero (ATI-CC) y su vicepresidente, don José Manuel Soria (PP). La última, la propuesta de distribuir la comida recien caducada de las grandes superficies entre las clases más necesitadas para hacerlas más llevadera la crisis económica. Es una idea original del presidente, que atribuida por él mismo a ONGs y Grandes Superficies, ha sido negada con énfasis tanto por los empresarios como por la ONGs (entre ella Cáritas) por demagógica y facilona. La cuestión aquí es quien es el emperador del cuento y quien el sastre timador, o lo que es lo mismo, ¿quién es rehén de quién?, ¿el presidente Rivero, o su consejero de economía y vicepresidente Soria?
En el ámbito nacional, está todo mucho más confuso, y afecta a un solo partido. En Madrid, doña Esperanza Aguirre, se pasa por el forro de los ovarios la democracia parlamentaria y cierra la comisión de investigación que ella misma creó, sin escuchar siquiera a los directos afectados. En Valencia, la situación tiene más gracia porque afecta a su mandamás principal, don Francisco Camps, y..., su sastre, del que lamento no saber su nombre, aunque tampoco hace gran falta para la historia, -¡qué cosas, Dios, tiene uno que leer!-, por lo que está claro quien es el emperador y quien el sastre, ejerciendo el papel de pelotas nada menos que el señor Rajoy y la señora Cospedal (Abogada del Estado, para más INRI). ¿Quién es aquí rehén de quién?. Respóndanse ustedes a la pregunta si les apetece. Yo lo tengo bastante claro.
Mientras lo piensan, pueden leer ustedes el cuento íntegro de Hans Christian Andersen y sendos artículos de los periodistas Francisco Pomares ("Paulino metepatas") publicado en el diario La Provincia-Diario de Las Palmas del pasado día 13, y de José María Izquierdo ("¿Desparpajo?; quia, desvergüenza"), publicado en el diario El País de hoy, que reproduzco más adelante. Disfrútenlos. Y sean felices, por favor. Tamaragua, amigos. HArendt














viernes, 15 de marzo de 2024

De cuando las personas son el problema

 






Hola, buenos días de nuevo a todos y feliz viernes. Una sociedad funciona no porque haya leyes, escribe en La Vanguardia el abogado Juan-José López Burnios, sino porque el ciudadano medio hace habitualmente lo que debe. Les recomiendo encarecidamente la lectura de su artículo y espero que junto con las viñetas que lo acompañan, en palabras de Hannah Arendt, les ayude a pensar para comprender y a comprender para actuar. Sean felices, por favor, aun contra todo pronóstico. Nos vemos mañana si la diosa Fortuna lo permite. Tamaragua, amigos míos. harendt.blogspot.com






El problema son las personas
JUAN-JOSÉ LÓPEZ BURNIOS
09/03/2024 - La Vanguardia - harendt.blogspot.com

Cuántas veces, a lo largo de mi ejercicio profesional como notario, no le habré dicho a un testador exageradamente cuidadoso, de aquellos que quieren dejarlo todo atado y bien atado, enhebrando una cláusula tras otra con múltiples apartados y salvedades: “No se equivoque, el mejor testamento no es el más complejo, sino el más sencillo”. Y es efectivamente así: un testamento sencillo y sin pretensiones de exhaustividad, si los herederos son personas decentes o el albacea un tipo correcto, funcionará como un reloj; mientras que, en cambio, el más previsor de los testamentos, si los hijos son unos tarambanas o el albacea un aprovechado, provocará una sucesión tormentosa.
Hace falta, por supuesto, un testamento correcto, pero lo esencial son las personas que han de interpretarlo y ejecutarlo. Y esto no constituye ninguna excepción, porque una sociedad funciona no porque haya leyes, sino porque el ciudadano medio hace habitualmente lo que debe, aunque sea a contracor, acudiendo a su trabajo y trabajando, pagando sus deudas e impuestos, y atendiendo a las personas que de él o de ella dependen. Las leyes son por supuesto precisas para: a) establecer un orden social y b) para resolver conflictos de intereses; pero ¡ay de aquel país que todo lo fie a la capacidad coercitiva de sus leyes! No será un país; será un campo de concentración (una dictadura) o un campo de Agramante.
¿A qué viene este sermón pedestre? Solo a llamar la atención del lector sobre un punto que juzgo crucial: que la mayor parte de los males que nos afligen colectivamente no se deben a la mala calidad de las leyes y a la obsolescencia de las instituciones, sino al comportamiento de las personas que, por razón de su cargo, desempeñan la gestión de nuestros intereses colectivos.
Siguiendo el ejemplo antes expuesto del testamento: no se trata de que la Constitución sea un prodigio teórico; las leyes, una condensación quintaesenciada del más depurado espíritu de justicia; las instituciones, un dechado de perfección técnica, y los reglamentos, una carta de navegar omnicomprensiva tan certera como clara. No, no se trata de eso, porque, aunque se den todos estos presupuestos, si buena parte de los que están al frente de las instituciones y han de aplicar las normas carecen de la formación y de la experiencia de gestión necesarias para ello, estamos aviados. Y si, además, estos mismos mandamases están imbuidos de un espurio “patriotismo de partido” y van a lo suyo pensando solo en la conquista o la preservación del poder, el siniestro está servido: el Estado entrará en crisis. Mientras que, por el contrario, con unas instituciones apañadas y unas leyes sin pretensiones de perfección, unos políticos prudentes y comprometidos con el interés general conformarán una sociedad bien ­gobernada y atenta al bienestar de sus miembros.
Un ejemplo. Datando nuestra Constitución de 1978, un nacido al año siguiente, que cuente hoy 44 años, puede decir: “Ha pasado casi medio siglo, y somos muchos los españoles que no la votamos, por lo que es necesario reformarla para someterla de nuevo a la sanción popular”. Según esta teoría, cada equis años debería refrendarse todo nuestro marco legal. ¿También el código de circulación? Que un desaprensivo sostenga tal dislate es inevitable; ahora bien, que una opinión así cuaje es algo peor: hace pender la vigencia de las leyes de un constante refrendo popular. Algo imposible.
Este desvarío no se produce siempre, pues es exclusivo de aquellos momentos históricos de crisis profunda de los valores comunitarios. Una crisis que se manifiesta en una exacerbación hasta el paroxismo de los derechos individuales, en una mengua del sentido de pertenencia y de lealtad a la comunidad, con la consecuente falta de solidaridad, y en el menosprecio y menoscabo del interés general. Esta sociedad es incapaz de gobernarse democráticamente, porque no respeta las instituciones ni cumple las leyes, sean estas las que sean. En este caso, el problema no son las instituciones ni las leyes. El problema son las personas. El “factor humano” decía Graham Greene. Juan-José López Burniol es abogado.


























[ARCHIVO DEL BLOG] Asociación de ideas. [Publicada el 06/09/2008]












Desde siembre me ha llamado la atención el complejo proceso mental mediante el cual se produce la asociación de ideas: uno comienza hablando del precio de las hortalizas y termina la conversación discutiendo sobre la moral victoriana..., por ejemplo. Me ha pasado hace unos días con un precioso artículo: "Afrancesadas o petimetras", publicado en El País del martes por la catedrática de Lengua y Literatura, periodista y escritora, Juana Vázquez, sobre la Guerra de Independencia española cuyo bicentenario estamos celebrando.
El artículo no es sólo una fundamentada crítica al rancio pensamiento reaccionario de los absolutistas españoles, con Fernando VII a la cabeza, sino sobre todo un canto a la incipiente liberalización femenina, que la Ilustración había propiciado en España con el advenimiento de la nueva dinastía borbónica. Me alegró leerlo, y advertir que no soy el único de los españoles que de haber vivido en esa época es muy posible que hubiera quedado del lado de los afrancesados...
Conforme lo iba leyendo dos recuerdos fluían a mi mente. Por un lado, el de una frase atribuida, creo, a Sir Winston Churchill, que siempre me ha producido cierta desazón, y que no comparto, que viene a decir que "con la Patria, como con la madre, se está siempre aunque no tenga razón"... Por otro, el de un magnífico libro de la historiadora italiana Benedetta Craveri: "La cultura de la conversación" (Siruela, Madrid, 2004), leído hace cuatro años por estas fechas. Uno de los textos más hermosos que he leído nunca; precioso ensayo sobre el importantísimo papel desempeñado en el mundo de la cultura europea por las mujeres de la aristocracia ilustrada del Antiguo Régimen, que en la Francia de los siglos XVII y XVIII, supieron crear, mantener y desarrollar los denominados salones literarios.
Y de ahí, y concluyo la asociación de ideas, me asaltan casi de manera inmediata otros dos recuerdos indelebles: la valerosa postura de la actriz Jane Fonda, oponiéndose decididamente a la guerra que su país mantenía en Vietnam en los años 60, por la que fue acusada de traidora y antinortemaericana, y la también valerosa respuesta de la filósofa Hannah Arendt, en tantas ocasiones citadas por mí,  a raíz de la publicación (1963) de su libro "Eichmann en Jerusalén" (Nuevas Ediciones de Bolsillo, Barcelona, 2004), en el que relata el proceso, condena y posterior ejecución en Israel del exjerarca nazi Adolf Eichmann, secuestrado un año antes en Argentina por el Mossad, trasladado en secreto a Israel y enjuciado allí por crímenes contra el pueblo judío. Arendt siguió el proceso en Jerusalén como enviada especial de una prestigiosa revista norteamericana. Un año más tarde se publicaron sus crónicas sobre el juicio; primero en la revista y luego en forma de libro. Acusada por gran parte de los lectores, no sólo judíos, de desprecio y falta de amor a su pueblo, al pueblo judío, e incluso de pronazi, Hannah Arendt, contestó públicamente a sus críticos con unas palabras que se han hecho célebres: "Tienen ustedes toda la razón; no me anima ningún amor de esa clase, y eso por dos motivos: jamás en toda mi vida he amado a ningún pueblo, a ninguna colectividad; ni al pueblo alemán, ni al pueblo francés, ni al norteamericano, ni a la clase obrera, ni nada de todo eso. Yo amo únicamente a mis amigos y la sola clase de amor que conozco y en la que creo es en el amor por las personas. En segundo lugar, este amor por los judíos me parecería, puesto que yo misma soy judía, más bien sospechoso. Yo no puedo amarme a misma, amar aquello que sé que es parte de mí, un fragmento de mi propia persona". Aún hoy, es un libro que sigue levantando polémicas. ¿Comprenden ahora lo que decía al principio sobre la asociación de ideas?... Buen fin de semana. Y sean felices. HArendt











jueves, 14 de marzo de 2024

De hacer tabla rasa del pasado

 








Hola, buenos días de nuevo a todos y feliz jueves. La amnistía acaba con la etapa de confrontación que ha marcado a Catalunya estos últimos años, escribe en La Vanguardia su director Jordi Juan, y desde hoy, el Gobierno y los independentistas defienden posiciones contrarias, pero lo hacen bajo el paraguas de la Constitución y con el objetivo de buscar las soluciones al conflicto sin vulnerar la legislación vigente y sin recurrir a la administración de justicia. Les recomiendo encarecidamente la lectura de su artículo y espero que junto con las viñetas que lo acompañan, en palabras de Hannah Arendt, les ayude a pensar para comprender y a comprender para actuar. Sean felices, por favor, aun contra todo pronóstico. Nos vemos mañana si la diosa Fortuna lo permite. Tamaragua, amigos míos. harendt.blogspot.com






Tabla rasa del pasado
JORDI JUAN
07 MAR 2024 - La Vanguardia

Habemus amnistía. PSOE, Junts y ERC llegaron finalmente anoche a un acuerdo para que la co­misión de Justicia del Congreso apruebe hoy el dictamen de la ley. A la vista de cómo han ido las negociaciones, se puede deducir que el informe preliminar de los expertos de la Comisión de Venecia ha ayudado de forma decisiva a acercar las posiciones que impedían el acuerdo hace unas semanas. El PSOE y Junts avanzaron muy significa­tivamente hacia el pacto el pasado jueves, pero quedaban aún flecos importantes que no se despejaron hasta la tarde de ayer.
En este sentido, tal y como apuntamos en esta sección, el pasado
domingo, el acuerdo debía ser a tres, y los cambios debieron ser consensuados con Esquerra, que tenía importantes objeciones al pacto.
A falta de los detalles de cómo queda el texto y las interpretaciones políticas que se harán a partir de ahora, si abrimos el foco, la única y gran noticia es que habrá una ley de Amnistía, después de tantos meses de polémicas y discusiones. El recorrido de esta ley no va a ser fácil. Los jueces interpondrán los recursos que consideren pertinentes y, en el plano político, la oposición del PP está garantizada. Ayer mismo, el congreso del Partido Popular Europeo aprobó en Bucarest una condena rotunda de esta amnistía.
Pero más allá de estas reacciones esperables, la amnistía acaba con la etapa de confrontación que ha marcado a Catalunya estos últimos años. Desde hoy, el Gobierno y los independentistas defienden posiciones contrarias, pero lo hacen bajo el paraguas de la Constitución y con el objetivo de buscar las soluciones al conflicto sin vulnerar la legislación vigente y sin recurrir a la administración de justicia.
Delegaciones del PSOE y Junts han mantenido dos reuniones discretas en Suiza, con un intermediario salvadoreño, en el que dialogaron desde sus distintas posiciones, y lo mismo van a hacer representantes del PSOE y de Esquerra.
Ahora no hay leyes de desconexión, ni declaraciones de independencia. Hay diálogo. Y de lo que sucedió en el pasado se ha hecho tabla rasa. Se ha hecho­ gracias a la amnistía. Jordi Juan es director de La Vanguardia.