sábado, 13 de junio de 2026

ESPECIAL 3 DE HOY. EXPLÍCALE A UN NIÑO EL ABORTO O LA “PRIORIDAD NACIONAL”, POR ANA IRIS SIMÓN. 13 DE JUNIO DE 2026

 





La visita del Papa a España ha tenido tanta enjundia que su análisis es casi inabarcable. Podría reflexionarse largo y tendido sobre las cuestiones relativas a la Doctrina Social de la Iglesia que el Pontífice ha escogido destacar en nuestro país y por qué. Podría discutirse si la aconfesionalidad del Estado ha quedado en entredicho, amenazada por la presencia del Pontífice en el Congreso, como hemos oído clamar a liberales de izquierdas y derechas. Podría analizarse si el aplauso de siete minutos que recibió León XIV por parte de nuestra casta política es un gesto de humildad o de oportunismo. Y, en caso de que sea lo segundo, preguntarnos por qué es oportuno, por qué da rédito en este momento aplaudir un discurso como el del Papa. También podríamos analizar la jeta de nuestros políticos de uno y otro signo troceando lo que dijo León XIV en el hemiciclo y arrojándoselo a la cara al contrario, incapaces de atisbar que el Evangelio no cabe en sus dogmas.

Pero todas esas cuestiones quedan en agua de borrajas si uno se fija en el papel que han tenido los pequeños en esta visita. En la explicación de la Torre de Jesucristo que hizo Valentina, que es ciega y le contó al Papa que ella ve con el corazón y con las manos. En la ternura de los niños que ha bendecido a su paso, como el pequeño Mateo, que tiene tres años y un 75% de discapacidad. En la alegría de Roscón, el hijo con síndrome de Down de Samantha Vallejo, al conocer al Pontífice. Y en las preguntas de Renzo, que a sus seis años le expuso a León XIV sus dudas sobre Dios y el mundo, que eran ni más ni menos que algunas de las cuestiones a las que lleva dos milenios intentando responder la teología. “¿Por qué mi papá y mi mamá están tan preocupados? ¿Por qué mi papá tiene tantos trabajos? ¿Por qué hay tantas personas que viven en la calle? ¿Dios quiere que haya pobres y ricos? ¿Por qué hay tantos abuelos solos si son tan importantes? ¿Por qué hay personas a las que les pasan cosas malas y a otros no?”.

“La realidad prevalece sobre la idea, porque la realidad simplemente es, la idea se elabora”, dijo León XIV en el Congreso. Y los niños, pobres aún en ideas, son los más ricos en realidad. Por eso la radiografía de Renzo tiene más fuerza que cualquier tratado sociológico. Por eso Cristo, ese Dios que se hizo niño, que tuvo que ser cuidado, que necesitó que alguien le diera sus primeros alimentos y le enseñara a andar, nos dijo que nos hiciéramos como ellos. Porque “de los que son como ellos es el reino de Dios”.

En estos días en los que algunos andan escandalizados porque el Papa haya defendido en el Congreso la acogida del inmigrante o la vida desde la concepción hasta el ocaso pensaba en cómo sería intentar explicarle la legitimidad de la “prioridad nacional” que defienden unos a un niño, pero también del derecho al aborto libre que defienden otros. No en caso de violación ni de riesgo de la madre o el crío, sino en el que se da en el 94% de las ocasiones: que no se desea tener un hijo.

También pensaba en el pasaje bíblico que da nombre a un libro maravilloso, Al paso de los niños, del religioso Rafael Belda. Está en el Génesis y relata cómo Jacob, tras su arrepentimiento y su reconciliación con su hermano Esaú, es invitado a continuar el camino junto a él. Y Jacob responde que sí, que irá, pero que lo hará más lento, pues lleva consigo a sus pequeños. Que continuará el camino, pero al paso de los niños. Cuánto mejores seríamos, como individuos y como sociedad, si hiciéramos como Jacob. Si fuéramos, como ha ido el Papa estos días, al paso de Valentina, Mateo o Renzo. Ana Iris Simón es escritora. El País, 13 de junio de 2026.
























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