Hola, buenos días de nuevo a todos y feliz martes. Después de la intensa jornada del papa León XIV, ayer lunes, en Madrid, poco queda que contar. Hoy, martes, viaja a Cataluña, a Barcelona, con visita también a Montserrat. Tengo buenos amigos catalanes. Y mis padres vivieron en Barcelona los tres años que duró la última guerra civil (1936-1939), donde mi abuelo materno perdió la pierna derecha en uno de los bombardeos de la aviación franquista sobre la ciudad. He estado media docena de veces en Barcelona y nunca me he sentido extraño en ella a pesar de no hablar ni una palabra en su hermosa lengua, y tampoco he tenido conflicto alguno por ello, nunca, cuando he necesitado comunicarme con ellos. Me van a perdonar que repita tal cual mi última entrada de ayer lunes por la tarde, en catalán y que lo haga en la mañana de hoy martes, en la lengua común de todos nosotros, los españoles, el castellano, con las únicas modificaciones temporales necesarias para hacerla inteligible. Decía así: Hola de nuevo, amigos. ¿De qué quieren qué hablemos? ¿Hay algún otro asunto de actualidad que no sea la visita del papa León XIV a España?, (de momento a Madrid, aunque muchos madrileños dicen eso de que España es solo lo que está dentro de la M-40, y todo lo demás es tierra conquistada…) Lo sé, porque viví en Madrid diecisiete años seguidos y he vuelto a ella un centenar de veces en los cincuenta y nueve que llevo viviendo en Canarias, y siempre lo han creído así; hasta cuando la M-40 no existía. Ayer por la mañana el papa León XIV ha pronunciado un memorable discurso ante las Cortes Generales en pleno, en el que les ha reprochado sin ambages la descalificación permanente del adversario y la discriminación de los inmigrantes, y reivindicado la paz, el derecho internacional, la memoria histórica y cargado contra la idea de prioridad nacional: “Allí donde una persona es discriminada por su origen se vulnera el principio de la igual dignidad de todos los seres humanos”. También habló en contra del aborto y la eutanasia, pero eso ya lo sabíamos y no impresionó a nadie. Seguro que a más de la mitad de Sus Señorías las palabras del papa les ha entrado por una oreja y salido por la otra. Pero le han aplaudido más de ocho minutos seguidos. Eso se llama hipocresía, aunque un servidor de ustedes es de los que piensa que la hipocresía, y más en política, es la base de la buena educación. Después de su discurso ante el Congreso ha ido a la sede de la Conferencia Episcopal Española (esos si que saben de hipocresía…) y allí ha exigido a los obispos que acaben con sus divisiones: “Una Iglesia reconciliada por dentro puede hablar con mayor libertad”, les ha dicho, y luego ha definido la pederastia como una “plaga” y pedido a Sus Eminencias “cambios reales de sanación”. ¿Ustedes creen que le van a hacer caso? ¿Sí, de verdad…? Pues nada, que haya suerte. Luego, en la Nunciatura del Estado Vaticano en España se ha reunido en privado durante cerca de una hora con seis víctimas de abusos eclesiales con las que se ha comprometido a que la “Iglesia pueda ser verdaderamente un lugar seguro”, y que le han pedido al Papa una respuesta “más eficaz” de la propia Iglesia en los casos de pederastia.Por la tarde ha visitado la Catedral de Nuestra Señora de La Almudena, patrona de Madrid, tan querida para mí, ateo confeso, durante mis años de juventud madrileña, a la que iba a visitar todos los domingos con mi grupo de amigos desde niños, después de tomarnos unas cañas y unos bocadillos de calamares en la Plaza Mayor. No me lo tomen como irreverencia; que no crea en Dios no tiene nada en absoluto que ver con mi cariño y devoción, pagana si quieren, con algunas imágenes: entre ellas, y sobre todo, las de Nuestra Señora de La Almudena, en Madrid, y la de la Virgen del Pino, en su casa de Teror, en mi amada isla de Gran Canaria, en la que vivo desde hace tantos años. La imagen de La Almudena, en mi juventud, no estaba en la iglesia catedral de hoy, sino en la cripta funeraria de la actual iglesia, a la que se entraba por una pequeña puertecita de acceso, bajo la gran muralla donde se descubrió el nicho donde la población cristiana de allá por los años 711 o 712 la escondió para salvarla cuando aquel poblado perdido en la meseta castellana fue ocupado por los musulmanes, poblado al que, esos mismos musulmanes pusieron el nombre de Magerit, y que Felipe II, ochocientos años más tarde, en un gesto inexplicable, convirtió en capital de su imperio tricontinental. Sí, son recuerdos inolvidables de juventud que perduran en mí más de sesenta años después. Y para finalizar su estancia en Madrid, ya al atardecer, se ha reunido en un acto festivo, multitudinario y emocionante, con la comunidad diocesana de Madrid. Un baño de masas cercana y entrañable que le ha emocionado, a él, a los asistentes y a los que lo hemos visto por televisión. Ahora toca Barcelona, y Cataluña, y en tres días, mi patria querida y entrañable de Canarias. Buen viaje, Santidad, y hasta siempre. Mañana, desde las 06:00 (hora de Canarias) tendrán en el blog las nuevas entradas del martes, 9 de junio de 2026. Tamaragua, amigos míos. Que la diosa Fortuna y las benevolentes Moiras les sean favorables. Que pasen un buen día. Espero que las entradas del blog de hoy sean de su interés. Y nos vemos mañana de nuevo si la diosa Fortuna lo permite. HArendt


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