martes, 19 de mayo de 2026

DEL ASUNTO DEL DÍA. ESPERANDO AL PAPA, POR JOSEP RAMONEDA. 18 DE MAYO DE 2026

 






“No quiero que un Papa critique al presidente de Estados Unidos, porque estoy haciendo exactamente aquello para lo que fui elegido por una aplastante mayoría”, palabras de Trump, a las que siguió la difusión de la foto después retirada de escena, del presidente mutado en Jesucristo. Trump en estado puro. Ajeno a la elemental exigencia que expresó el papa León XIV: “Si alguien quiere criticarme por anunciar el Evangelio que lo haga con la verdad”. El problema es que no hay coincidencia entre lo que uno y otro considera la verdad. Para el Papa es la revelación, para Trump es su último capricho. Lo cual sitúa el debate en un espacio flotante.

León XIV o Robert Prevost: es curioso que las referencias a este Papa se hacen indistintamente por su nombre civil o por el eclesiástico, como si su condición de origen fuera más relevante que en sus antecesores. El imperialismo parece que cala en el inconsciente y aparece como contradicción principal. El caso es que a principios de junio, el Papa visitará España con escala en Barcelona. Y su conversión en referente del antitrumpismo es innegable que le da un morbo, un valor añadido, que hace que su presencia trascienda el interés de los suyos y nos interpele a los demás.

El desencuentro del Vaticano con Estados Unidos no es nuevo. Su antecesor el Papa Francisco peleó con dureza contra Trump: “Una persona que piensa en construir muros, cualquier muro, y no en construir puentes, no es un cristiano”. Y “lo que se construye sobre la fuerza y no sobre la igual dignidad de todo ser humano empieza mal y acaba mal”.

La condición de ciudadano de Estados Unidos ha dado un valor añadido a las críticas de León XIV, provenientes de quien ha vivido los delirios del trumpismo desde dentro. Hay también una diferencia de estilo, Francisco más directo, su sucesor un punto más sofisticado. Pero el debate está ahí y contribuye a que la visita tenga un punto de morbo más allá de lo pastoral.

¿Qué es lo que lleva a un Papa americano a llevar este debate a la escena, sin escudarse en la contención diplomática? Probablemente la conciencia de la gravedad de un liderazgo cada vez más delirante que está resquebrajando la sociedad americana y debilita la autoridad de los Estados Unidos en el mundo. Trump ha llevado el desconcierto a la escena internacional abriendo conflictos de modo caprichoso —los delirios de un ego sospechosamente insaciable— sin una estrategia solvente y sin capacidad para cerrarlos razonablemente. Al tiempo que abre enormes fracturas en su país con su delirios posesivos y con la complicidad de los poderosos que le avalan. Y probablemente ahí radican las inquietudes del Papa, que conoce bien el territorio y que ve como se abren brechas profundas en la sociedad y el poder se concentra aceleradamente en un núcleo reducido de personas. ¿Quién sostiene el delirio trumpista?

El Papa viene en visita pastoral. Sus modos son más contenidos que los de Francisco, su antecesor, y es probable que no esté incluida la cuestión americana en la agenda de un viaje supuestamente pastoral, salvo en algún encuentro privado con las autoridades políticas, aunque indudablemente en alguna circunstancia será interpelado sobre ella. Hay necesidad de sentir el calor de voces con autoridad, ajenas a los intereses de Trump, y el Papa en el ámbito católico, extremistas aparte, la tiene para seguir poniendo en evidencia a un personaje que ahora mismo es un riesgo universal. Las buenas maneras al expresar un desacuerdo no deberían ser incompatibles con la verdad. Trump ha debilitado política y moralmente a los Estados Unidos, ha contribuido al contagio reaccionario de Europa y a debilitar la Unión, ha dejado espacio a China como potencia alternativa y ha provocado el estallido en el Oriente próximo empujado por el inefable Netanyahu. Hay que reconocer que el Papa ha asumido la responsabilidad moral de denunciar sus delirios. Razones para seguir con atención su visita, confiando que más allá de los relatos celestiales tenga tiempo para la cruda realidad del mundo que vivimos. Josep Ramoneda es filósofo. El País, 18 de mayo de 2026.


























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