lunes, 6 de julio de 2026

DEL CAFÉ DE SOBREMESA. CRASO ERROR, POR IGNACIO MARTÍNEZ DE PISÓN. 6 DE JULIO DE 2026

 







La de Ahmed Tommouhi, detenido en 1991 por unas violaciones que no había cometido, es una historia triste con final feliz. La noticia saltó hace unos días, cuando el Tribunal Supremo le reconoció el derecho a ser indemnizado con dos millones y medio de euros por los dieciocho años pasados en prisión. Se cierra así una larga cadena de errores judiciales. El primer error, la condena, basada únicamente en la identificación en las ruedas de reconocimiento, una prueba a la que muchos juristas conceden escasa fiabilidad. El segundo, la inoperancia del sistema judicial para revisar la condena, cuando unas pruebas de ADN señalaron de forma inequívoca a los verdaderos culpables. Y el tercero, la negativa primero del Ministerio de Justicia y luego de la Audiencia Nacional a resarcirle por los daños y perjuicios sufridos, tan dramáticos y evidentes. Menos mal que, treinta y cinco años después de aquella detención, ha llegado el Supremo a poner las cosas en su sitio.

Su caso tal vez habría tenido un desenlace más desdichado si no se hubieran empeñado en denunciarlo una y otra vez unos cuantos periodistas, entre ellos Domingo Marchena, de La Vanguardia, y Braulio García Jaén, de El País, que le dedicó el libro Justicia poética (yo leí la primera edición, del 2010; creo que hay una edición actualizada). Está claro: el buen periodismo, además de buscar la verdad, consigue a veces hacer justicia.Me pregunto, sin embargo, cuántos casos como el de Tommouhi habrán quedado sin ningún tipo de reparación por haber pasado por debajo del radar de los periodistas.

Los medios de comunicación que hace unos días se hacían eco de la decisión del Supremo no mencionaban a Abdezarrak Mounib, detenido y condenado al mismo tiempo que Tommouhi, al que no conocía de nada. El día que lo detuvieron y lo acusaron de unas violaciones que no había cometido no podía imaginar que nunca más volvería a pisar la calle y vivir en libertad: en abril del año 2000, cuando solo tenía 48 años, un infarto acabó con su vida en la cárcel de Can Brians. Ni Mounib, cuya culpabilidad estaba ya descartada por esas fechas, ni sus familiares han recibido ningún tipo de compensación. Digo yo que, con el precedente de Tommouhi, tendría que ser el propio Ministerio de Justicia el que se adelantara a ofrecerles alguna clase de reparación.

Cuántos casos como el de Ahmed Tommouhi habrán quedado sin ningún tipo de reparación

Según los expertos, el ministerio rechaza la inmensa mayoría de las reclamaciones similares a la de Tommouhi y solo acepta aquellas en las que no puede negar que se haya cometido un “error judicial craso”. Según el diccionario de la RAE, craso significa “indisculpable”, “que no tiene disculpa”. ¿No les parece lo bastante craso el error cometido con Mounib, al que se condenó a vivir en prisión los últimos nueve años de su vida y que tal vez hasta aceleró su muerte?

Los juzgados españoles han cometido otros errores igual de crasos, que han acabado saliendo a la luz gracias a las pruebas de ADN. Dolores Vázquez, víctima de un brutal linchamiento mediático, pasó más de quinientos días en prisión acusada del asesinato de Rocío Wanninkhof. Aún más grave es el caso del holandés Romano van der Dussen, que, condenado por unas agresiones sexuales que no había cometido, cumplió doce años y medio de cárcel a pesar de que el verdadero agresor había sido identificado cuando el holandés llevaba dos años en prisión. ¿Qué tienen en común Dolores Vázquez y Romano van der Dussen? Que tampoco ellos han merecido ninguna compensación por parte de la justicia española, lo que quiere decir que el Estado español ni siquiera se cree en la obligación de disculparse por sus crasos errores.

Dolores Vázquez, que tuvo que rehacer su vida lejos de España, reclamó una indemnización de cuatro millones de euros al Tribunal Supremo, que se la denegó en el 2015. De Vázquez sabemos que ha acabado retirándose en su Galicia natal, donde el año pasado recibió un homenaje por parte del municipio de Betanzos. Hace un par de meses volvió a ser noticia porque el Gobierno la condecoró con una medalla a la promoción de los valores de igualdad. Lo suyo, como el título del libro sobre Tommouhi y Mounib, sí que es justicia poética, una expresión que la RAE define como “triunfo de los valores morales que sirven de resarcimiento a quien injustamente ha recibido castigo, humillación o desdén”. ignacio Martínez de Pisón es escritor. La Vanguardia, 2 de julio de 2026.






















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