sábado, 4 de julio de 2026

ESPECIAL 6 DE HOY. RECUERDOS DEL BICENTENARIO, POR PAUL KRUGMAN. 4 DE JULIO DE 2026

 





Hoy se conmemora el 250 aniversario de la nación . Y debería ser un día de celebración. Pero no será así. El 250 aniversario de Estados Unidos será un evento sombrío y triste. Por lo que veo, incluso los seguidores de MAGA están deprimidos. Desde luego, no van a ir a visitar la triste y cutre feria estatal de Donald Trump. Es una diferencia enorme con respecto al bicentenario, que celebré de una manera inusual pero profundamente memorable.

Verás, pasé el verano de 1976 en Portugal, país que había tenido su propia revolución (la Revolución de los Claveles) apenas dos años antes. Esa revolución derrocó la dictadura fascista del país y creó lo que ha demostrado ser una democracia duradera.

Estuve allí como parte de un grupo de estudiantes de posgrado del MIT que trabajaban en el Banco de  Portugal, el equivalente a la Reserva Federal en ese país. Y pasé el 4 de julio en un picnic en un parque de Lisboa, organizado por la embajada de Estados Unidos.

Fue un asunto menor. Hoy en día Lisboa está repleta de turistas y expatriados estadounidenses, pero en aquel entonces éramos muy pocos. Incluso el gobierno estadounidense tenía relativamente poca presencia allí, pues intentaba pasar desapercibido ante el creciente sentimiento antiestadounidense: muchos portugueses aún hablaban de cómo Estados Unidos había ayudado a derrocar a un gobierno democráticamente elegido en Chile tres años antes. Había grafitis por toda Lisboa que decían "Muerta a la CIA", aunque a algunos les habían añadido "y a la KGB" con pintura más fresca.

Así que la embajada completó el picnic invitando a estadounidenses que sabía que estaban en Lisboa, junto con personal de otras embajadas amigas. Recuerdo haber charlado con varios alemanes occidentales.

El picnic fue encantador. Estuvimos allí comiendo perritos calientes —quién sabe cómo lo hicieron en la tierra del bacalao salado y las sardinas a la parrilla— y escuchamos al embajador leer un mensaje patriótico de Gerald Ford. Y recuerdo haber sentido un gran orgullo por Estados Unidos.

Además, no fui el único estadounidense que se sintió alegre en el bicentenario, que de alguna manera fue una ocasión reconfortante. Este optimismo puede parecer extraño, dado que Estados Unidos atravesaba dificultades en muchos sentidos. Acabábamos de sufrir una humillante derrota en Vietnam. Nuestras ciudades eran un caos: Nueva York registró 1600 asesinatos en 1976, más de cinco veces la cifra del año anterior, y Times Square era un foco de drogadictos y tiendas de pornografía. Ah, y la ciudad se había declarado en bancarrota recientemente.

Sin embargo, de alguna manera los estadounidenses lograron divertirse en las festividades del bicentenario, y se respiraba un sorprendente optimismo en el ambiente. Una fuente de optimismo fue, sin duda, el fin de la guerra de Vietnam. Sí, terminó en derrota. Pero terminó, lo que significó que los jóvenes estadounidenses y sus familias ya no tenían que preocuparse por el reclutamiento militar, y que los noticieros nocturnos dejaron de informar sobre el número de muertos. Otra fuente de optimismo —algo que personas como JD Vance jamás comprenderán— fue la caída de Richard Nixon. La satisfacción por cómo el Watergate derrocó a Nixon no se debió principalmente a partidismo. Más bien, la saga del Watergate se sintió como una afirmación del espíritu estadounidense. Los periodistas fueron héroes y los medios cumplieron con su deber. Lo mismo hizo el Congreso. Nadie llamaría a Gerald Ford un gran presidente, pero era claramente una persona decente. Los poderosos rindieron cuentas. Estados Unidos, al parecer, aún conservaba su esencia. ¿Quién diría eso ahora? 

En vísperas del 250 aniversario de Estados Unidos, se confirmó la corrupción presidencial a una escala que Nixon jamás habría imaginado. Eso ya es grave. Lo peor es que nadie cree que Trump, sus compinches y sus secuaces vayan a sufrir consecuencias. En 1974, los republicanos se unieron a los demócratas para exigirle responsabilidades a Nixon. Esta vez, están totalmente empeñados en magnificar el poder de Trump y su culto a la personalidad, a pesar de saber perfectamente quién es y qué está haciendo. No pierdo la esperanza. Estados Unidos no está irremediablemente perdido. Pero ahora, mucho más que hace 50 años, somos una nación que necesita desesperadamente redimirse. Paul Krugman es premio Nobel de Economía. Substack, 3 de julio de 2026.





















ESPECIAL 5 DE HOY. EL VERDADERO SIGNIFICADO DEL 4 DE JULIO DE 2026, POR ROBERT REICH. 4 DE JULIO DE 2026

 





Amigos: En este 4 de julio, el 250 aniversario del inicio de este país, muchas personas, incluido el actual inquilino del Despacho Oval, creen que celebrar a Estados Unidos significa ondear la bandera, ponerse de pie para el himno nacional o gritar: "¡Estados Unidos primero!". Eso no es el verdadero patriotismo. El verdadero patriotismo significa sacrificarse para que Estados Unidos siga adelante. Significa pagar impuestos proporcionales a tu riqueza. Me dirijo a ti, Donald Trump, a ti, Jeff Bezos, y a ti, Elon Musk. Significa pagar a tus trabajadores un salario digno para que puedan prosperar. Me dirijo a ti, John Furner, director ejecutivo de Walmart, y a ti, Chris Kempczinski, director ejecutivo de McDonald's. Significa afrontar plenamente cómo la opresión racial y la supremacía blanca han moldeado esta nación, no blanquear nuestra historia ni ignorar el legado persistente del racismo. Me dirijo a usted, Ron DeSantis, y a otros legisladores que intentan impedir que los estudiantes aprendan el papel que la esclavitud y el genocidio han desempeñado en nuestra historia.

El verdadero patriotismo significa proteger la democracia estadounidense y nuestra forma de gobierno, no intentar anular una elección que fue ratificada por 60 tribunales federales y la Corte Suprema, ni mentir sobre un supuesto fraude electoral cuando apenas existe, ni intentar suprimir el derecho al voto de las personas de color.

Me dirijo a ti, Trump, junto con los miembros traidores del Congreso que se negaron a certificar las elecciones de 2020, y a ustedes, legisladores estatales que han impulsado casi 400 proyectos de ley para la supresión del voto, y a ustedes, jueces de la Corte Suprema que han desmantelado la Ley de Derechos Electorales de 1965.

El verdadero patriotismo consiste en no inundar nuestra política con dinero de las grandes corporaciones, para que se escuche la voz del pueblo. Me dirijo de nuevo a ti, Elon, así como a Charles Koch, Timothy Mellon, Miriam Adelson y Michael Bloomberg. Y eso significa anteponer los intereses de nuestro país a los partidismos. ¿Me oyen, Mike Johnson y John Thune?

Finalmente, el verdadero patriotismo implica usar tu posición de poder en los medios para informar y educar al público, en lugar de instrumentalizar las mentiras y promover el extremismo para conseguir más clics. Me dirijo a ti, Mark Zuckerberg; a ti, David Ellison; a ti, Rupert Murdoch; y, una vez más, a ti, Elon.

En este 4 de julio, en el 250 aniversario de Estados Unidos, debemos reafirmar nuestro compromiso con el verdadero patriotismo: el arduo trabajo necesario para que la democracia estadounidense sobreviva. Robert Reich es economista. Substack, 4 de julio de 2026.


























ESPECIAL 4 DE HOY. LA DIGNIDAD EN CAMISETA DE TIRANTES, POR ANA IRIS SIMÓN. 4 DE JULIO DE 2026

 





La foto de portada de El País Semanal de este domingo era la de un trabajador que, con las manos enfundadas en guantes de látex y sumo cuidado, tiraba de un panel del que colgaban algunas pinturas de Sorolla. El museo dedicado al pintor concluía sus obras de ampliación y este periódico se coló en la mudanza para hacer un magnífico reportaje. En él aparecían imágenes de las nuevas dependencias del museo, de los lucernarios que han colocado en los tejados para que la luz entre por todos lados, como le gustaba al pintor, del equipo de arquitectos que ha firmado el proyecto y de los profesionales que han intervenido en el transporte de las obras. Hubo algo que me impactó, porque revelaba el mimo con el que habían sido tratadas las pinturas durante el proceso: a pesar de no estar expuestas, habían sido colgadas para respetar su posición vertical.

Leí el reportaje mientras mi padre hojeaba el periódico, esperando el AVE en Santa Justa, la estación de trenes de Sevilla. Habíamos ido para ver el concierto de El Último de la Fila, que por lo visto fue el más multitudinario de toda la gira. 60.000 personas, mayoritariamente boomers e hijos, llenamos La Cartuja para recordar nuestra juventud o nuestra infancia. Y entre los fans de Manolo García y Quimi Portet, los que habían ido al Orgullo, que se celebraba ese sábado, y los turistas, la ciudad estaba hasta la bola y la estación de trenes también. Así que si me hubiera cruzado con Andrés Hurtado, quien como yo volvía ese día a su casa, no habría reparado en la bolsa de plástico que llevaba en la mano. Ni en que de ella asomaba un cuadro, que resultó ser un Sorolla.

A Andrés no le hicieron falta ni guantes para manipularlo ni una cámara sellada en la que guardarlo: se encontró el lienzo apoyado en un macetero, a pocos metros del hotel en el que se alojaba, y se lo llevó porque le gustó el marco. El lunes, ya en su casa, se dio cuenta de que en el cuadro había una firma. Así que le hizo una foto y se la mandó a la IA del teléfono, que le dijo que era bueno. Andrés llamó entonces a una casa de subastas y les contó la historia; le respondieron que les enviara una imagen del cuadro en cuestión y unas horas después recibió la tasación. Le daban entre 40.000 y 150.000 euros por la pieza. Y Andrés, que es un transformista en paro que imita a Lola Flores o a Rocío Jurado con el sobrenombre de Lola Montiel, se quedó pasmado.

Pero la alegría le duró poco: enseguida vio en la tele la noticia de un Sorolla robado en Sevilla, cuyos propietarios buscaban por ser una pieza “de gran valor sentimental”. Y Andrés no lo dudó: llamó a la Policía para decirles que el cuadro lo tenía él, pero que no había robado nada. Se lo había encontrado tirado en la calle. La recompensa que ofrecían los dueños, que por lo visto se estaban llevando el cuadro a la playa y se lo dejaron olvidado mientras cargaban el coche, a día de hoy no ha llegado.

Andrés dijo en una entrevista que se conformaba con un móvil nuevo, que el que tiene está para el desguace, y quizá unos alpargates porque los suyos están rotos. Pero, a la espera de que esa extraña familia que se lleva un Sorolla de vacaciones le dé su compensación, en estos días ya ha recibido una recompensa mayor que el dinero: encarnar la dignidad de los humildes en los mismos informativos que últimamente solo nos hablan de la indignidad de las élites. Representar la virtud y la decencia en camiseta de tirantes, en contraste con la desvergüenza de los encorbatados. Ana Iris Simón es escritora. El País, 4 de julio de 2026.























ESPECIAL 3 DE HOY. UNA PERIODISTA CON CORONA, POR JOANA BONET. 4 DE JULIO DE 2026

 





Ocurre estando con mis hijas, cuando entablamos conversación con desconocidos, ya sea en un viaje, una tienda o incluso en la playa, y yo pronuncio casi sin darme cuenta dos palabras: “soy periodista”. Entonces ellas sonríen, guiñándose el ojo, y en voz baja se burlan de mí: “mucho has tardado esta vez; como si los periodistas le interesaran a alguien”. Deportivamente me río con ellas y me autoparodio, consciente de que esa necesidad de confesión va más allá de la mera definición profesional y enmarca mi identidad, acaso más importante que la geográfica.

En un libro de Leila Guerriero leí una brillante entrada sobre el periodismo de Tomás Eloy Martínez, que exprime esa condición: “El periodismo no es una camisa que uno se pone encima a la hora de ir al trabajo. Es algo que duerme con nosotros, que respira y ama con nuestras mismas vísceras y nuestros mismos sentimientos”. Sí, es una bicha voraz que se alimenta de miradas furtivas y palabras cazadas al vuelo, de todo aquello que sea noticiable. La bicha mordiente que confirma, contrasta y convierte los datos en personas, acercando con rigor los hechos al lenguaje.

“¡Qué bien habla la Reina!”, escucho a menudo a mi alrededor

Pienso en esa bicha habitando la cabeza de una Reina, y en lo inevitable: una puede adormecerla, pero es arduo librarse de ella. En el último año, sus discursos han alcanzado mayor notoriedad, tanto por su contenido como por su exposición. Porque, a sus 53 años, ha resurgido la periodista de raza que nunca ha dimitido de su vocación. A pesar de llevar corona. Y es que, como sostiene Tomás Eloy Martínez, el periodismo no es un oficio sino una condición existencial.

“¡Qué bien habla la Reina!”, escucho a menudo a mi alrededor. Y sin duda es admirable su capacidad de interiorizar el mensaje sin necesidad de agarrarse a muletillas ni frases hechas. Una Reina que se informa con puntos y comas y siempre sabe hacer la pregunta. Y lo que es más importante: habla para todos. A diferencia de la clase política, nuestros Reyes contribuyen a que la ciudadanía no se avergüence tanto de sus representantes, pues sus mensajes transmiten sensatez, preparación e institución. En un país que se despierta cada día a golpe de quiebro, con palabras huecas y propósitos espurios, el ejemplo de la reina Letizia responde a una anomalía imprescindible. Joana Bonet es periodista. La Vanguardia. 4 de julio de 2026.






















ESPECIAL 2 DE HOY. LOS VIGILANTES DE LA PATRIA, POR JORDI ÉVOLE. 4 DE JULIO DE 2026

 






En julio del año pasado no lo consiguieron. Y mira que lo tuvieron a huevo con Santos Cerdán y compañía. Pero han aprendido la lección y este mes de julio no puede volver a pasar. Hay que cargarse a este Gobierno sí o sí antes de irnos de vacaciones. La situación es insostenible. Un exministro y exjefe del PSOE condenado, un expresidente y su familia investigados por Hacienda, la directora de la Guardia Civil imputada, el de la SEPI, el hermano, la mujer, el corruptor en libertad, la Brunete mediática, ansiosa. Digo Brunete mediática, que suena a antiguo, porque teniendo en cuenta las virtudes de los líderes de opinión de la derecha, te hacen en prime time una ouija y reaparecen las almas del sindicato del crimen que en su momento ya se cargó a Felipe González, ahora tan admirado.

Tienen tanta prisa que Núñez Feijóo y su escudero Miguel Tellado insinuaron que de aquello de la amnistía, ya tal. Pelillos a la mar. Todo para que Junts les apoye en la causa general: cargarse al soldado Sánchez.

Rápidamente salieron los vigilantes de la patria. La doble A, Aznar/Ayuso, pusieron los puntos sobre las íes y colocaron al presidente de su partido en su sitio, recordándole quién manda. ¿O acaso no se acuerda de lo que le pasó a Casado? ¿O acaso no sabe que el quién pueda hacer que haga fue producto de la traición a la patria por la ley de amnistía? A ver si se creen que en tres años van a pasar página del Puigdemont a prisión para llegar a Moncloa. Ya lo harán cuando hayan llegado. Hacerlo antes sería demasiado descarado. No es momento de precipitarse. Tiempo al tiempo.

En este último año se han celebrado elecciones en cuatro comunidades autónomas. Y en las cuatro el poder de la ultraderecha ha crecido hasta el extremo que han logrado colar el concepto lepenista de prioridad nacional en todos los pactos. Incluido el de Andalucía, con el moderado, el simpático, el majo de Juanma Moreno Bonilla, que ha tenido que tragar con un vicepresidente de Vox para seguir gobernando. El lío, como él decía. Pero, ¿y qué?. Todo eso ya no cuenta. Ya no penaliza, o al menos no lo parece. Porque es solo Sánchez el que está contra las cuerdas.

Aznar/Ayuso colocaron al presidente de su partido en su sitio, recordándole quién manda

Y si hay que advertir de que hay riesgo de fraude electoral, se advierte. Que no quede nada en el tintero. Pero oiga, que el PSOE no ha ganado ninguna de las últimas elecciones. Da igual. Por si acaso. Si no ganamos, no es que hayamos perdido, es que nos han robado. ¿Quién? En su día fue Indra. Luego, los extranjeros nacionalizados. Y ahora, los nietos de emigrantes o exiliados españoles, que como todo el mundo sabe, votan como zombies al Partido Comunista de los Pueblos de España. O en su defecto, al PSOE. Ese tipo de nacionalizaciones las reclamó hasta el mismísimo Feijóo. Ahora las maldice. A este ritmo de contradicciones, yo no le concedería ninguna entrevista a Silvia Intxaurrondo.

El problema es que julio viene cargado de entretenimiento y eso despista al populacho. Empezando por hoy mismo, 4 de julio, día de la independencia de los Estados Unidos de Donald Trump. Si eres tan buen español como Hernán Cortés, hay que celebrarlo. Si no eres muy de días nacionales, tienes el Tour por Barcelona. La semana que viene, Sanfermines. Y vuelve a jugar España. Ahora con el Portugal de Ronaldo.

Si gana, el día 10 puede cruzarse en cuartos con Estados Unidos. Menudo dilema. Es que si lo piensas, hasta es lógico que algunos compatriotas quieran que España pierda. Porque entre ver ganando a un hijo negro de inmigrantes africanos nacido en Mataró, o que gane una leyenda del madridismo, pues la B. Prioridades nacionales. Vigilantes de la patria, que el Mundial no nos nuble el camino. Jordi Évole es periodista. La Vanguardia, 4 de julio de 2026.





















ESPECIAL 1 DE HOY. UN MANIFIESTO PLURALISTA, POR EBOO PATEL. 4 DE JULIO DE 2026

 





Este 4 de julio, aquí te mostramos cómo enseñar los diversos orígenes de Estados Unidos. El auge de los programas de Pensamiento Cívico y la desaparición de los programas de Diversidad, Equidad e Inclusión (DEI) son dos de las principales características de este momento en la educación superior, y se consideran estrechamente relacionadas.

La opinión generalizada es que se trata principalmente de un reequilibrio ideológico: DEI es la guarida de los progresistas obsesionados con la identidad; Pensamiento Cívico es el refugio de los conservadores que quieren que Estados Unidos vuelva a una herencia más homogénea.

Pero creo que hay otra forma de ver las cosas. El rasgo distintivo de las escuelas de pensamiento cívico es su enfoque en los fundamentos estadounidenses, y cuando uno se centra en los fundamentos estadounidenses, descubre que Estados Unidos es, inevitablemente, un proyecto de diversidad: un experimento en el que diversas identidades se unen para construir un todo mayor.

Consideremos el caso de Roger Williams, quien, en 1635, fue desterrado de la teocracia puritana de John Winthrop por sus opiniones diversas y construyó el estado de Rhode Island sobre la base de que las personas de "otras religiones" podían ser "súbditos pacíficos y tranquilos, vecinos cariñosos y serviciales, comerciantes justos y honestos, fieles y leales al gobierno civil".

O el grupo de hombres, en su mayoría calvinistas, de la aldea de Flushing que en 1657 sintieron el deber de oponerse a la orden del director general Peter Stuyvesant que prohibía la práctica cuáquera. En un documento que llegó a conocerse como la “Protesta de Flushing”, escribieron:

La ley del amor, la paz y la libertad en los estados se extiende a judíos, turcos y egipcios, ya que son considerados hijos de Adán... nuestro deseo no es ofender a ninguno de sus pequeños, en cualquier forma, nombre o título con que aparezca, ya sea presbiteriano, independiente, bautista o cuáquero, sino que nos alegrará ver algo de Dios en cualquiera de ellos, deseando hacer a todos los hombres como deseamos que todos los hombres nos hagan a nosotros.

O aquella vez, en agosto de 1790, cuando el presidente George Washington fue recibido en Newport, Rhode Island, por el director de la sinagoga Touro, Moses Seixas. Seixas tenía grandes esperanzas puestas en la nueva nación, pero buscaba garantías de que los judíos y otras minorías religiosas estarían protegidos. Washington respondió en un documento que se conoció como la « Carta a la congregación hebrea de Newport, Rhode Island ».

El gobierno de los Estados Unidos, que no tolera la intolerancia ni ayuda a la persecución, solo exige que quienes viven bajo su protección se comporten como buenos ciudadanos… Que los hijos del linaje de Abraham vivan seguros bajo su propia vid e higuera y que nadie los atemorice.

O en julio de 1858, cuando Abraham Lincoln visitó Chicago para celebrar el Día de la Independencia. Desde el balcón del Hotel Tremont House, en un momento de gran agitación nacional por la esclavitud y la inmigración, Abraham Lincoln les dijo a los presentes que debían sentirse orgullosos de ser descendientes directos de los Padres Fundadores. «Eran hombres de hierro», afirmó Lincoln. «Lucharon por los principios que defendían».

Y entonces Lincoln señaló que había muchos presentes que no podían rastrear su ascendencia hasta los Padres Fundadores por sangre. ¿Cómo debería la nación ver a estos inmigrantes? Continuó:

Cuando leen esa antigua Declaración de Independencia, descubren que aquellos hombres afirman: «Sostenemos como verdades evidentes que todos los hombres son creados iguales», y que tienen derecho a reclamarlo como si fueran de la misma sangre y carne que quienes escribieron esa Declaración; y así es. Ese es el vínculo que une los corazones de los hombres patriotas y amantes de la libertad, un vínculo que perdurará mientras el amor por la libertad exista en la mente de los hombres de todo el mundo.

Estos ejemplos deberían ser parte de la enseñanza estándar en un programa de Pensamiento Cívico. Y se podrían agregar cientos más: Thomas Jefferson poseyendo con reverencia un Corán , Benjamin Franklin haciendo donaciones a varias comunidades religiosas en Filadelfia, James Madison defendiendo a los bautistas en Virginia, nuestro lema nacional de 1782 siendo E Pluribus Unum .

Estados Unidos es, inevitablemente, un proyecto de diversidad. Dado que Estados Unidos es el primer intento mundial de democracia diversa, muchas de nuestras mentes más brillantes y líderes más reconocidos se han dedicado a estos principios. Esa tradición de pensamiento y práctica tiene un nombre: pluralismo. El pluralismo se basa en tres pilares.

Acoger la diversidad de forma tridimensional, lo que significa reconocer que las personas no solo tienen derecho a su identidad, sino que las identidades dan sentido a la vida de las personas y vitalidad a nuestra democracia, y por lo tanto, tenemos interés en proteger la capacidad de las personas para ejercer su identidad.

Reconociendo que, en una democracia diversa, el profundo desacuerdo es inevitable, el objetivo debe ser construir una arquitectura política y una sociedad civil lo suficientemente sólidas como para mantener unidas a personas de identidades diversas e ideologías divergentes. Como dijo John Rawls: "¿ Cómo es posible que exista a lo largo del tiempo una sociedad justa y estable de ciudadanos libres e iguales, que permanezcan profundamente divididos por doctrinas religiosas, filosóficas y morales razonables?".

Cultivar una ética en la que personas con identidades diversas e ideologías divergentes puedan discrepar en algunos aspectos fundamentales y trabajar juntas en otros; en palabras de Yuval Levin , una ética donde personas que no piensan igual puedan actuar juntas.

Estos tres pilares del pluralismo se encuentran en los escritos de algunos de los líderes y filósofos más destacados de Estados Unidos. James Madison se aseguró de que se integrara en la estructura política de la nación, principalmente a través de la Constitución. A principios del siglo XX , los filósofos Horace Kallen y Alain Locke desarrollaron la tradición intelectual del pluralismo cultural, que describía a la nación como una armoniosa confluencia de diferentes culturas, del mismo modo que una orquesta es una armoniosa agrupación de distintos instrumentos. Alexis de Tocqueville y Jane Addams enfatizaron cómo las instituciones cívicas estadounidenses reunían a personas de diversas identidades e ideologías divergentes para resolver problemas y alcanzar objetivos comunes que requieren cooperación más allá de las diferencias.

En la tradición del pluralismo, las identidades distintas (negra, gay, católica, femenina, sureña, etc.) —y las comunidades que surgen para celebrarlas y sostenerlas— se consideran piezas valiosas del conjunto, en lugar de elementos que lo fragmentan. Estos grupos identitarios son lo que Edmund Burke denominó los «pequeños pelotones» de la sociedad, donde las personas encuentran una comunidad íntima que las conecta con la sociedad en general. El politólogo Robert Putnam destacó que es en estos grupos donde las personas aprenden los fundamentos de la democracia: cómo inspirar a voluntarios, dirigir reuniones y organizar actividades.

Si se imparten con rigor los fundamentos estadounidenses , el pluralismo será la base de cualquier programa de Pensamiento Cívico. En ese sentido, las escuelas de Pensamiento Cívico participarían en una labor de promoción de la diversidad. Creo que deberían asumirlo. De hecho, creo que las escuelas de Pensamiento Cívico deberían ser consideradas promotoras de la diversidad en el campus.

Reconozco que, a primera vista, esto puede parecer una idea contraintuitiva. En los últimos años, el trabajo en materia de diversidad se ha considerado ámbito exclusivo de los programas de DEI, y a medida que estos programas fueron desacreditados , el trabajo en materia de diversidad se ha descartado como si fuera el bebé con el agua del baño. Sé excelente, no eficiente.

Pero, como se puede apreciar en los fundamentos estadounidenses que he esbozado, el trabajo en pro de la diversidad no solo está arraigado en el proyecto estadounidense como un hecho histórico, sino que es una de las fortalezas que definen a la nación y algo de lo que deberíamos enorgullecernos. Dado que las universidades reúnen a jóvenes de diversas identidades, tradiciones y creencias, los campus necesitan estrategias intencionadas para gestionar la diferencia y cultivar una convivencia sana. El problema con los programas de DEI no radica en que promuevan la diversidad, sino en que gestionan todo el funcionamiento de los campus dentro de un marco de diversidad que demoniza a los supuestos grupos mayoritarios, exige a las minorías que se autodenomin constantemente victimizándose y divide a todos en bandos de opresores y oprimidos.

Los programas de pensamiento cívico deben promover los esfuerzos en favor de la diversidad dentro del marco del pluralismo, donde se enseñe a las personas la importancia del respeto por las diversas identidades y de la cooperación para el bien común, basándose en los documentos y eventos clave de la fundación de Estados Unidos.

Un ambicioso programa de Pensamiento Cívico podría incluso considerar abordar este tema no solo en el aula, sino también a través de las actividades extracurriculares que hacen tan especiales a las residencias universitarias. Dicho programa no solo enseñaría cómo los Padres Fundadores acogieron activamente a judíos y musulmanes en la nueva nación, sino que también ofrecería espacios donde judíos y musulmanes en el campus pudieran expresar sus identidades. Los judíos podrían celebrar el Shabat, los musulmanes podrían romper el ayuno durante el mes de Ramadán.

Un programa de pensamiento cívico que promoviera el pluralismo también buscaría fomentar actividades de cooperación entre estos distintos grupos. Quizás esto se materializaría en un programa de tutoría interreligiosa que se basara en el hecho de que el conocimiento y el servicio son sagrados tanto en el judaísmo como en el islam. El pluralismo no teme las profundas diferencias entre las comunidades identitarias, por lo que habría programas donde judíos y musulmanes pudieran dialogar civilizadamente sobre temas en los que probablemente discrepen, como la guerra en Oriente Medio.

Eventos de persuasión. Además, un ambicioso programa de Pensamiento Cívico daría cabida a perspectivas asociadas desde hace tiempo con los esfuerzos de DEI en el campus, incluyendo críticas mordaces a los fracasos de Estados Unidos por estar a la altura de sus ideales y teorías como el antirracismo y la interseccionalidad. Estas también tienen una conexión con la fundación de Estados Unidos, en forma de discursos como el de Frederick Douglass, "¿ Qué significa el 4 de julio para el esclavo ?", y el de Sojourner Truth, " ¿Acaso no soy una mujer?" . El problema de la era de la DEI no radicaba en la mera presencia de estas perspectivas, sino en que se las consideraba, en gran medida, las únicas aceptables, y que, de hecho, se convirtieron en política a través de medidas como las declaraciones obligatorias de DEI y la capacitación en respuesta a prejuicios. No es de extrañar que la confianza pública en la universidad disminuyera significativamente.

El gran filósofo católico Alasdair MacIntyre sostenía que la universidad no existe simplemente para transmitir conocimientos, sino para iniciar a los estudiantes en los conflictos inherentes a una democracia diversa y prepararlos para articular y gestionar esos desacuerdos de manera razonable. Esto significa que, además de la excelencia académica, la educación superior tiene la responsabilidad de formar ciudadanos activos capaces de cooperar superando profundas diferencias, el principal desafío de nuestros días.

Si las escuelas de pensamiento cívico en los campus universitarios pretenden ayudar a las universidades a recuperar este papel cívico fundamental, no pueden considerar el trabajo en materia de diversidad como un proyecto fallido que se pueda abandonar simplemente porque los programas anteriores de DEI fueron ineficaces y perdieron la confianza del público. En cambio, deben recuperar su propósito más profundo y mejorarlo, adoptando la visión de Estados Unidos como un proyecto pluralista. Eboo Patel, colaborador de Persuasion , es el fundador de Interfaith America y autor de We Need to Build: Field Notes For Diverse Democracy. Fue asesor en temas religiosos del presidente Barack Obama. Este artículo es una adaptación de un discurso pronunciado en la Cumbre Nacional sobre Educación Cívica en la Educación Superior, celebrada en la Universidad de Tufts el 10 de abril de 2026. Substack, 3 de julio de 2026.























DE LAS VIÑETAS DE HUMOR DEL BLOG DE HOY SÁBADO, 4 DE JULIO DE 2026

 



























DEL ARCHIVO DEL BLOG. NOSOTROS LOS SUIZOS, UNOS ALEGRES POLIZONES, POR EDGAR SCHULER. PUBLICADO EL 3 DE JULIO DE 2017

 







La multa histórica que la comisaria de la UE Margrethe Vestager impuso la semana pasada al gigante de Internet Google, también en Suiza ha sido comentada de forma unánimemente positiva. Y eso que no cabía contar sin más con una recepción favorable de la sentencia. En Suiza, país que no forma parte de la UE, el aparato administrativo bruselense no goza precisamente de buena prensa. Sus comisarios son vistos en el mejor de los casos como burócratas sin remedio, pero normalmente como “jueces extranjeros”. Y la Federación Suiza huye de ellos como los vampiros del ajo. En este país, cualquier aproximación a la Unión, por titubeante que sea, se combate aludiendo a esos “jueces extranjeros”. Nueve de cada diez suizos afirman que rechazarían la adhesión a la UE.

Pero en Suiza se valora la multa de Vestager no como un mero asunto de la UE, sino como una victoria en nombre de los usuarios de Google contra el todopoderoso monopolio de Internet. Los suizos somos, en este asunto, unos alegres polizones. Y eso con independencia de que la sentencia de Vestager vaya a tener o no efectos directos sobre quienes compran aquí a través de Internet. Asunto que no está claro y sobre el que la sede de Google en Zúrich no ha querido manifestarse.

La formulación de la sentencia de Vestager es cristalina: Google se aprovecha de su aplastante dominio del mercado para favorecer a su comparador de precios frente a los de la competencia, vulnerando así las normas de la libre competencia. Vestager ha investigado a fondo el asunto y ha fallado con cuidado. Sus funcionarios indagaron durante siete años y examinaron miles de millones de resultados de búsqueda. Puede argumentarse que los 2.400 millones de euros de la sanción son una bagatela para Google. También es verdad que la sentencia llega tarde, muy tarde. El desarrollo vertiginoso del comercio en Internet requiere unos guardianes de la competencia más ágiles. Pero, sea como sea, la UE ha actuado.

A los estadounidenses, por el contrario, las vulneraciones de las reglas de sus gigantes tecnológicos parecen traerles sin cuidado. Probablemente por un cálculo egoísta: el floreciente Silicon Valley domina el mundo a su antojo vía Internet. Genera una prosperidad que el país, en otros ámbitos, echa tan dolorosamente de menos desde la crisis financiera. Ni Obama ni Trump han dado pasos para reforzar sus propias autoridades de competencia, tan faltas de personal.

¿Por qué ingresar en la UE cuando un país se puede beneficiar de las decisiones europeas desde fuera?

Por sí solos, otros Estados, y en especial Estados pequeños como Suiza, están indefensos frente a los gigantes globales de Internet. Esto no se aplica sólo a las reglas de la competencia en el comercio en la Red, sino a otros muchos aspectos del Estado de derecho, trátese de la incitación a la violencia en las redes sociales o a la salvaguardia del derecho a la intimidad. Son incontables los ejemplos en los que los Gobiernos nacionales han intentado en vano llamar al orden a Microsoft, Google, Apple, Facebook y Amazon.

La UE, con más de 500 millones de consumidores detrás de sí, es un caso muy diferente. La multa de Vestager es más que un alfilerazo: “Las tecnológicas estadounidenses, bajo presión en Europa”, tituló The Wall Street Journal después de la sentencia. Y la UE va a seguir aumentando la presión: sobre Google pende la amenaza de que si transcurren 90 días sin que tome medidas, tendrá que apechugar con una multa adicional de 10,5 millones de euros diarios. Además, están pendientes procedimientos similares: uno que implica a Apple y en el que también está incurso Google por el sistema operativo Android. También está en la lista Facebook, como vehículo para la difusión de mensajes de odio.

Es difícil que esto haga que los suizos vean la UE con más simpatía. ¿Para qué ingresar en ella y contribuir a correr con los gastos, cuando pueden beneficiarse como alegres polizones? Edgar Schuler dirige la sección de Opinión del Tages-Anzeiger. El País, 3 de julio de 2017.