Hay un país en el mundo capaz de convertir un éxito deportivo en una trifulca y no es Suiza. Del coso de Pamplona a la pluma de Rajoy, los éxitos de la selección son el argumento de la obra: el país está fracturado. Mucho pirómano para tan pocos bomberos.
Viernes 10 de julio, plaza de toros de Pamplona. Llenazo. Segundos antes del paseíllo, unos espectadores despliegan dos grandes pancartas: “Puta España” y “Puta selección”. ¡Los viejos buenos tiempos de la kale borroka !
Del estupor a la reacción. Una mayoría abuchea la provocación –cosas de la libertad de expresión, que ampara la mala leche–, todo el mundo se olvida de que está allí para divertirse. Unos corean el ¡Viva España! de Manolo Escobar, hombre de paz, y otros, menos, el infame “Pedro Sánchez, hijo de ...”.
Resultado: mal ambiente en las dos horas y media de función. Como en los peores días de la transición y los días de plomo, pero una gran diferencia: los grandes partidos y el pueblo estaban por rebajar la tensión. Hoy, están por agravarla con fines electoralistas, ese asfixiante ¿qué hay de lo mío?
Solo hay un país capaz de convertir el éxito de su selección en una trifulca y no es Suiza
Impropio de un gallego con luces y, por tanto, obligado a la retranca y el humor inteligente (véase Camba, Cunqueiro o Cela), Mariano Rajoy ha metido la pata y antes de que le diera tiempo a rectificar –institucionalidad obliga– ya le estaba llamando “zoquete postfranquista corrupto” todo un ministro de Transportes, justo cuando mi AVE a Madrid llegaba con 75 minutos de retraso.
El Gobierno ha olido sangre y está encantado de propagar el incendio mientras que el PP se resiste a llamar a capítulo a Rajoy, cuyo artículo exige una pausa de hidratación o incluso el cambio por Merino –para que el expresidente me entienda–.
Si hubiese dicho que no son galos, la cosa cambiaría porque son franceses, pero no sé yo si galos, sinónimo anacrónico del que abusamos los periodistas. Boyante el III imperio (1870-1940), en todas las escuelas de Francia, Gabón o Vietnam incluidos, los libros de historia empezaban con el colonialista “Nos ancêtres, les gaulois”. Y que hoy gane el mejor y tengamos la fiesta en paz. Joaquín Luna es periodista. La Vanguardia, 14 de julio de 2026.

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