sábado, 4 de julio de 2026

ESPECIAL 2 DE HOY. UNA PERIODISTA CON CORONA, POR JOANA BONET. 4 DE JULIO DE 2026

 





Ocurre estando con mis hijas, cuando entablamos conversación con desconocidos, ya sea en un viaje, una tienda o incluso en la playa, y yo pronuncio casi sin darme cuenta dos palabras: “soy periodista”. Entonces ellas sonríen, guiñándose el ojo, y en voz baja se burlan de mí: “mucho has tardado esta vez; como si los periodistas le interesaran a alguien”. Deportivamente me río con ellas y me autoparodio, consciente de que esa necesidad de confesión va más allá de la mera definición profesional y enmarca mi identidad, acaso más importante que la geográfica.

En un libro de Leila Guerriero leí una brillante entrada sobre el periodismo de Tomás Eloy Martínez, que exprime esa condición: “El periodismo no es una camisa que uno se pone encima a la hora de ir al trabajo. Es algo que duerme con nosotros, que respira y ama con nuestras mismas vísceras y nuestros mismos sentimientos”. Sí, es una bicha voraz que se alimenta de miradas furtivas y palabras cazadas al vuelo, de todo aquello que sea noticiable. La bicha mordiente que confirma, contrasta y convierte los datos en personas, acercando con rigor los hechos al lenguaje.

“¡Qué bien habla la Reina!”, escucho a menudo a mi alrededor

Pienso en esa bicha habitando la cabeza de una Reina, y en lo inevitable: una puede adormecerla, pero es arduo librarse de ella. En el último año, sus discursos han alcanzado mayor notoriedad, tanto por su contenido como por su exposición. Porque, a sus 53 años, ha resurgido la periodista de raza que nunca ha dimitido de su vocación. A pesar de llevar corona. Y es que, como sostiene Tomás Eloy Martínez, el periodismo no es un oficio sino una condición existencial.

“¡Qué bien habla la Reina!”, escucho a menudo a mi alrededor. Y sin duda es admirable su capacidad de interiorizar el mensaje sin necesidad de agarrarse a muletillas ni frases hechas. Una Reina que se informa con puntos y comas y siempre sabe hacer la pregunta. Y lo que es más importante: habla para todos. A diferencia de la clase política, nuestros Reyes contribuyen a que la ciudadanía no se avergüence tanto de sus representantes, pues sus mensajes transmiten sensatez, preparación e institución. En un país que se despierta cada día a golpe de quiebro, con palabras huecas y propósitos espurios, el ejemplo de la reina Letizia responde a una anomalía imprescindible. Joana Bonet es periodista. La Vanguardia. 4 de julio de 2026.






















No hay comentarios: