viernes, 3 de julio de 2026

DE LA TARDE QUE CAE. SEMILLAS DE GALICIA, POR PILAR MERA. 3 DE JULIO DE 2026

 






“Galicia triunfó en las urnas”. Rotundo y feliz, El Pueblo Gallego abría su portada del martes 30 de junio de 1936 celebrando el triunfo del sí en el plebiscito por la autonomía de Galicia. “Ya está Galicia asomada al horizonte de su inmediato porvenir autónomo”, festejaba en su editorial. Dos días antes, un millón de personas había acudido a votar el Estatuto y 993.351 habían votado a favor. Se superaba así el principal escollo de aquella elección: que el sí, además de ganar, contase con el apoyo de al menos dos tercios del censo.

Noventa años después produce emoción y cierta melancolía asomarse a aquella campaña apasionada. El Pueblo Gallego, modernizador de la prensa en Galicia, hizo gala de su orientación liberal galleguista y se volcó por el sí. No fue el único. Incluso un periódico conservador y ambiguo como La Voz de Galicia titulaba aquel domingo como “un día solemne en la historia regional”. Pero quizás lo más vistoso de aquella campaña sea el trabajo de los muralistas y pintores que defendieron el Estatuto con sus pinceles. Luis Seoane, Castelao o un jovencísimo Isaac Díaz Pardo crearon imágenes aún hoy icónicas. Aunque fue su padre, el versátil artista Camilo Díaz Baliño, quien dibujó el cartel más célebre y representativo de la campaña. Una mujer vestida de azul, sobre fondo claro, sostiene una rueda dentada. El progreso. En su mano izquierda, una ramita de olivo, símbolo de la victoria. En el pecho, el escudo de Galicia. En la frente, una estrella. “No bico, un cantar”.

El 15 de julio, diputados y concejales de Galicia entregaron el Estatuto al presidente de las Cortes. Entonces, llegó el golpe. El Pueblo Gallego fue incautado por Falange. Muchos de aquellos hombres y mujeres felices terminaron escondidos, callados, en la cárcel, asesinados... Como Camilo Díaz Baliño, fusilado sin juicio el 14 de agosto. A otros, como los Seoane, los Dieste, Arturo Cuadrado, Amparo Alvajar… se los llevó el exilio. No todos volvieron. La alegría y el Estatuto quedaron congelados.

Pero su trabajo no fue en balde. Gracias a su empuje y a su plebiscito, cuando llegó la democracia el Estatuto volvió a Galicia por la vía rápida. Otro texto, otra gente, otro tiempo. Pero la Galicia de hoy y su legalidad habrían sido muy distintas sin sus cimientos, sin sus semillas. O sin el trabajo gigantesco de gente como Isaac Díaz Pardo, al que nunca agradeceremos bastante el mimo con el que preservó aquellas semillas, recuperó sus voces y reconstruyó su historia, su memoria y su cultura. Pilar Mera es profesora de Ciencias Políticas en la UNED. El País, 30 de junio de 2026.





















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