viernes, 3 de julio de 2026

DEL ASUNTO DEL DÍA. UNA DEMOCRACIA A LA ATENIENSE, POR SERGIO DEL MOLINO. 3 DE JULIO DE 2026

 







Ahora, cuando hasta el PP le dice a Junts que pelillos a la mar, cuesta recordar que uno de los argumentos más imponentes contra el procés y la posterior amnistía fue que la insurrección independentista extranjerizaba a millones de catalanes, despojándolos de sus derechos ciudadanos, que ya venían garantizados por la Constitución española. Para mí, este sigue siendo el reproche mayor de todo aquello. Por eso me sorprende tanto que muchos de quienes agitaron esa acertada bandera cívica en 2017 sean en 2026 tan obsequiosos con Vox. Muy pocas de las voces beligerantes contra la revuelta puigdemónica ha dicho algo en favor de los derechos cívicos de los inmigrantes, como si no estuviéramos ante la misma discriminación. Algunas incluso se han convertido en portavoces de la misma xenofobia que denunciaban en las calles de Barcelona.

Sospecho que el constitucionalismo solo era una careta para hacer presentable un clasismo que ahora se manifiesta desnudo. No defendían una sociedad de libres e iguales, sino una democracia censitaria o circunscrita a quienes ya gozan de su condición de ciudadanos europeos, entendida esta condición como privilegio acorazado, no como derecho de aspiración universal. Eruditos y sabios en latines y filosofía griega aspiran a una democracia a la ateniense o a una ciudadanía a la romana: votamos y gobernamos una casta de libres e iguales entre nosotros, y dejamos fuera a los esclavos y a los metecos.

Les recomiendo como lectura veraniega el último de Mary Beard, Clásicos sin filtros, donde cita unos versos del clasicista Louis MacNiece que recuerdan a los sinvergüenzas, a los aventureros, a las mujeres que vierten libaciones sobre las tumbas, a los peleles de Esparta y, para acabar, a los esclavos. No piensa el poeta en Pericles ni en Platón, sino en el mundo excluido, en todo lo que los eruditos no suelen ver, esa vida popular griega y romana a la que Beard ha dedicado su carrera.

Esos juristas, filósofos, tribunos y agitadores culturales que tanto discursearon en 2017 no tienen nada que decir sobre las regularizaciones de extranjeros ni sobre la ola racista. La democracia se achica y se debilita al excluir de su censo a cada vez más personas, pero a ellos no les preocupa: llevan toda la vida ignorando a los camareros que les sirven los chuletones y a las señoras que limpian sus cuartos de baño. Por eso, como modernos Demóstenes, pueden hilvanar bellos discursos sobre la igualdad mientras los peleles de Esparta, los aventureros y las mujeres que vierten libaciones sobre las tumbas forman un paisaje pintoresco al otro lado de esas ventanas a las que nunca se asoman. Sergio del Molino es escritor. El País, 1 de julio de 2026.




















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