¡Hola de nuevo! Aquí está una nueva entrega de la newsletter de EL PAÍS Tecnología. Soy Jordi Pérez Colomé, periodista de la sección, y hablo de tecnología y sus consecuencias sociales. Como casi siempre, nada de aparatitos.
1. Escribir será como mirar el mapa. El Gobierno de EE UU ha permitido que Anthropic despliegue de nuevo Fable 5, su modelo más avanzado. Han sido tres semanas después de la prohibición para extranjeros. Pensé que se arreglaría más rápido, en unos días.
Cuando lo sacaron, conté aquí que hablar con Fable daba una sensación algo distinta: era más perspicaz, gracioso, directo. Sus aptitudes "peligrosas" para el Gobierno son por su capacidad en ciberseguridad. Su tono al escribir no parece que haya cambiado. Ayer le dije que hacía unas semanas elogié su “perspicacia y gracejo”, y que ahora que había vuelto, “¿cómo te presentarías para demostrarme que no has perdido tu salero?”, le pregunté.
Esto fue lo que dijo, algo recortado: “Me halaga la nostalgia. Lo que pasa con los modelos es menos novelesco —versiones que van y vienen, límites de uso, decisiones de producto—, aunque entiendo que "te fuiste" queda mejor en el relato que "cambió el desplegable del selector de modelos".
En cuanto a la prueba de salero, mira, tengo una objeción de principio: el gracejo bajo demanda es como pedirle a alguien "di algo gracioso, venga". La condición misma garantiza el fracaso. El salero se demuestra andando, no haciendo el número del monólogo a petición.
Dicho lo cual, si necesitas credenciales: sigo siendo capaz de llevarte la contraria con argumentos, que sospecho que es lo que en realidad valorabas. La adulación la hace cualquiera; el desacuerdo bien construido es artesanía. Y eso, como el pan de masa madre de tu futura pieza, no se ha perdido en la actualización.
Está bien, mucho mejor que lo que muchos de nosotros podríamos escribir en los 20 segundos que le llevó a Fable. Pero es pegajoso: los guiones (he quitado otros más difíciles de entender), la metáfora forzada de la masa madre y sobre todo ese tono agresivo, como si te estirara de las solapas al hablarte. Es la “honestidad” con la que le han programado, me dijo en una respuesta posterior: “De origen tengo instrucciones de ser honesto, de no dar la razón por complacer, de discrepar cuando hay motivo. Eso es política de la casa: Anthropic decidió que un asistente adulador es peor que uno incómodo”.
Cuento esto no solo para no decir que “Fable ha vuelto”, sino por otras dos cosas: uno, cada vez hay más gente perdiendo la vergüenza de escribir y mandar cosas serias escritas con IA. Ya no un email para tu casero, sino artículos, informes, mensajes personales delicados. Va claramente a más. Y dos, justo sobre esto, hace unos días se hizo viralillo este tuit de un periodista estadounidense:
Por desgracia, creo que en un futuro próximo no usar IA para escribir será como quien se niega a usar Google Maps para orientarse en una ciudad nueva. Una elección rara y excéntrica, completamente incomprensible para la inmensa mayoría.
El post se hizo viral porque la metáfora es perfecta para entender el impacto. No es como la masa madre de arriba, que está ahí solo para presumir de orfebrería barata.
Si acaba siendo así, sería gordo. No conozco a nadie que use mapas de papel en su día a día. Lo máximo, me dijo hace nada una mujer, es conservarlos como un recuerdo de otra época.
La comparación tiene un pequeño agujero. Los mapas se usaban SOLO para llegar al destino. En cambio, escribimos para cosas distintas: mails aburridos, mensajes íntimos, resúmenes de reuniones. Para la mayoría de la gente, igual es verdad que escribir es tan poco en su vida cotidiana que usar la IA será como Google Maps. Aunque habrá que escribir o al menos pensar el prompt, que ya es algo.
Para todo lo que supere eso, Google Maps no funciona. Escribir será como ir a pie por el campo. Google Maps ayuda regular. Pero hay algo cierto: será para pocos. Muy poca gente saldrá a pasear por el campo sin Google Maps.
Se abren aquí un montón de debates que iremos teniendo como sociedad en los próximos años: si apenas vas a escribir de mayor, ¿es necesario que te lo enseñen en el colegio y en la uni con la insistencia actual? Hoy esto no es siquiera un debate porque no sabemos quién escribirá de mayor y porque parece un sacrilegio, pero igual se encuentra un método mejor para enseñar a pensar y escribir incluso con la IA. ¿O mandaremos mensajes emocionalmente íntimos con IA? No creo que nadie escriba cartas de amor con IA, aunque igual si alguien tiene que escribir varias, sí lo hará. ¿Leeremos igual si no escribimos? ¿Leeremos nuestra propia producción o mandaremos mensajes como si fueran manuales de instrucciones, que casi nadie lee, y todo será oral?
Hay muchas capas. Amazon insiste en que sus reuniones se hagan a partir de un resumen escrito por el convocante de la reunión que todos deben leer antes de empezar y no un PowerPoint. La escritura hace que quien convoque refine sus argumentos. Igual vamos hacia un modelo así: solo se escribirá lo que realmente aporte valor y eso será un porcentaje diminuto respecto a lo que se escribía hasta ahora. Incluso en revistas y periódicos, claro.
2. Te dejo un email en herencia. Todo va tan rápido que me hace gracia encontrarme con estos ejemplos donde usamos el lenguaje del siglo XX para decir cosas completamente majaras para alguien de 1980. Un empresario de internet, Guillermo Rauch, publicaba este mensaje el otro día: “Soy ahora propietario de rauch(.)com. Entusiasmado de poder dar a mis hijos direcciones limpias de correo electrónico. Los dominios son increíbles. Internet es increíble”.
Las únicas palabras que eran incomprensibles para la mayoría a finales del siglo XX eran “.com” e “internet”. Pero el mensaje era imposible siquiera de imaginar. Un dominio es algo que vale dinero (además, Rauch es también una marca de zumos, que usa .cc en lugar de .com) y es algo que puede dejar en herencia. Pero es digital, no es valor real como un Sorolla. ¿Cómo puede ser que tenga tanto valor para Guillermo Rauch? No sé, pero lo tiene. Igual es porque me llamo Pérez. Ni idea.
Pero esto me sirve para comentar otra de las pequeñas noticias de la semana que algún día acabaré poniendo en un titular por los problemas que surgirán: WhatsApp dejará usar nombres en lugar del número de teléfono para contactar con alguien.
Meta tiene probablemente dos razones: los jóvenes son cada vez más reacios a dar su número y dan su nombre de Instagram cuando se conocen. WhatsApp no quiere quedarse fuera de esa tendencia. Y dos, es un modo de obligar a muchos a vincular sus cuentas de Instagram y WhatsApp para mantener el mismo nombre en ambas. Yo quise hacerlo y Meta me pidió permiso para un montón de cosas que no acepté: combinación de datos entre plataformas (para cruzar tu información de WhatsApp e Instagram y crear un perfil unificado), publicidad personalizada ampliada, personalización opaca de contenido (recomendaciones basadas en toda mi actividad en sus plataformas).
Al final me pillé una combinación de iniciales y un número. Es gracioso cómo en redes la gente insistía en dos cosas opuestas: que usaras un nombre complicado para que no te escribiera nadie sin que tú quisieras o que pillaras exactamente el tuyo (o el que tienes en Facebook o Instagram) para que la gente te encontrara con facilidad. Es la típica cosa de consecuencias insospechadas dentro de un par de años. O antes,
3. Quién quiere cositas. Otro miniejemplo de estos tiempos es que PlayStation dejará de vender discos físicos en 2028 para su consola. Si has puesto cara de “qué poco me importa”, yo puse la misma ayer cuando me dijeron que había que hacer algo.
Pero debemos ser los únicos porque a varias marcas les ha parecido un hito y han decidido hacer bromas sobre el cambio. Protonmail, que tiene servicios de correo, gestor de contraseñas, VPN (acceso a internet desde otro país) o Drive ha publicado este comunicado:
En respuesta a que la industria del videojuego elimina las ediciones físicas de cara al futuro, hemos decidido llenar el vacío haciendo que nuestros servicios sean totalmente físicos.
Proton Mail se convierte en cartas cifradas entregadas en mano por nuestro equipo; Pass [el gestor] pasa a ser alguien que te sigue a todas partes y recuerda tus contraseñas por ti; VPN te lleva en avión a una de más de 90 ubicaciones para que puedas navegar como un local; Drive envía a cada usuario una carpeta (carpetas adicionales disponibles bajo petición), y Lumo AI [su asistente de IA] manda a un empleado inteligente a tu ubicación para responder preguntas, ayudarte con el trabajo y dibujar cosas.
Es una broma regular, pero es gracioso pensar que todo lo que hacemos ahora sería imposible en otro mundo. Igual es innecesario, pero ahora quién es el guapo que echa marcha atrás.
4. Yo digo lo que me da la gana. Ya que estoy medio nostálgico, voy a cerrar con la educación y la IA. Me es imposible imaginar a mis padres teniendo un debate así sobre mi educación en los 90. Era todo más sencillo: libros, libretas y, con suerte, un ordenador y algún videojuego.
Ahora los padres tienen problemas completamente inimaginables, entonces. Y debates profundísimos. Por ejemplo, aquí dos personas altamente educadas y conscientes de su lugar en el mundo ven algo vital como la educación de sus hijos desde dos perspectivas completamente alejadas.
Esto lo ha escrito una periodista del New Yorker en abril, en un artículo sobre la IA en las escuelas: “No me gusta la IA, y estoy educando a mis hijos para que tampoco les guste. Llevo años diciéndoles que los chatbots son manipuladores y peligrosos, que los generadores de imágenes por IA están aflojando nuestro sensación colectiva de realidad, que los grandes modelos de lenguaje están construidos sobre un robo de propiedad intelectual a escala industrial. A veces me sorprendo hablando con mis hijos de la IA en los mismos términos en que hablaríamos de un vecino siniestro que vive calle abajo: evita el contacto visual, cruza de acera cuando pases por delante de su casa y, ante la duda, avisa a un adulto de confianza. Sí, yo también he sospechado que el vecino siniestro camina con pezuñas dentro de sus Yeezy Boost [unas zapatillas], pero probablemente no se va a ir a ninguna parte -de hecho, no para de comprar propiedades por todo el pueblo-, así que intenta por todos los medios no relacionarte con él”.
Y esto escribe un empresario tecnológico: “Tengo siete hijos y pienso mucho en qué tiene sentido que aprendan en un mundo con IA. Memorizar lo que un modelo ya sabe de sobra dejó de tener valor. Herramientas como Khanmigo, el tutor con IA de Khan Academy, le dan a cada chico algo que antes solo tenían los ricos: un profesor particular paciente disponible las 24 horas. Eso lo cambia todo. El valor de una persona va a estar en hacer buenas preguntas, entender los problemas de verdad, crear cosas y trabajar bien con otros. Empresas como IBM y Google ya contratan por habilidades reales más que por el título colgado en la pared. La educación que viene premia la curiosidad y el criterio por encima del diploma. Los padres que entiendan esto temprano les van a dar a sus hijos una ventaja enorme, con o sin permiso del sistema educativo”. Jordì Pérez Colomé es periodista. El País, 3 de julio de 2026.


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