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jueves, 11 de junio de 2020

[A VUELAPLUMA] Besos



Burt Lancaster y Deborah Kerr en De aquí a la eternidad


A vuelapluma es una locución adverbial que el Diccionario de la lengua española define como texto escrito "muy deprisa, a merced de la inspiración, sin detenerse a meditar, sin vacilación ni esfuerzo". No es del todo cierto, al menos en mi caso, y quiero suponer que tampoco en el de los autores cuyos textos subo al blog. Espero que los sigan disfrutando, como yo, por mucho tiempo. 

"Jean-Baptiste Bouvier fue un obispo francés y calvo, nacido en 1783, que escribió un libro interesantísimo titulado Disertación sobre el sexto mandamiento, escribe en el A vuelapluma de hoy [Los besos de las palomas. La Vanguardia, 14/5/2020] el escritor Quim Monzó. Para los jóvenes iletrados que no hayan estudiado religión en las aulas, diremos que el sexto de los diez mandamientos de Dios especifica –resumiéndolo para no alargarnos mucho– que no debemos cometer acciones impuras. Lógicamente, el concepto de acción impura cambia a lo largo de los tiempos, porque lo que en el siglo XIX del señor Bouvier era considerado una acción impura en el siglo XX dejó de serlo, al menos mayoritariamente, y ahora, en el XXI, ya ni te lo explico.

Pues bien, Bouvier –de gran prestigio en su época– dejó escrito en el libro antes mencionado las palabras que acto seguido paso a reproducir: “Los besos, incluso los honestos, motivados por la pasión, dados o recibidos, entre personas del mismo sexo o de sexos diferentes, son pecados mortales. Pero los besos sobre partes inusitadas del cuerpo –por ejemplo el pecho, los senos o, al estilo de las palomas, introduciendo la lengua en la boca de otra persona– también tienen la pasión como móvil, y como mínimo presentan un gran peligro de sucumbir, y por este motivo no pueden de ninguna forma no ser considerados pecado mortal”.

Ahora, en este actual mundo descreído, ya poca gente considera que los besos sean pecado. Sin embargo, desde que estamos bajo la espada del coronavirus, sí que los prohíbe la nueva normalidad audiovisual. Ahora que muchos productores cinematográficos y televisivos se plantean volver más tarde o más temprano a los rodajes –sin dinerines no hay quien coma–, hace días que explican las medidas que deberán tomar de ahora en adelante. Desinfectar diariamente el plató, el vestuario y el equipo técnico. Doblar el número de camerinos, eliminar las filmaciones en exteriores, no rodar con niños ni con figurantes. Y, sobre todo, mantener la distancia de seguridad, lo cual implica eliminar abrazos y besos. Nos caerá encima una avalancha de películas sin besos.

A propósito de los patógenos que pueda haber en dos bocas que se morrean, S.L. Katzoff, que fue director médico del Instituto de Relaciones Humanas de San Francisco, dictaminó: “Un beso de verdad genera tanto calor que destruye los gérmenes”. Me ha venido inmediatamente a la cabeza la película De aquí a la eternidad , con aquel beso tórrido que se dan Deborah Kerr y Burt Lancaster en una playa, mientras las olas primero les lamen los pies y luego los cubren con ímpetu, como en un jacuzzi fenomenal".







La reproducción de artículos firmados por otras personas en este blog no implica compartir su contenido. Sí, en todo caso, su  interés. Y ahora, como decía Sócrates, Ιωμεν: nos vamos. Sean felices, por favor, a pesar de todo. Tamaragua, amigos. HArendt




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La verdad es una fruta que conviene cogerse muy madura (Voltaire)

miércoles, 18 de diciembre de 2019

[A VUELAPLUMA] Patrimonio de la Humanidad





"Llegará un día -ironiza el escritor Quim Monzó en el A vuelapluma de este miércoles- que no habrá en el mundo nada que no sea patrimonio de la humanidad, ese reconocimiento oficial que se hace para proteger los bienes culturales y naturales del planeta y que en 1972 aprobó la Unesco. Esta semana, desde el lunes hasta hoy, un comité especial se reúne en Bogotá para evaluar las cuarenta y una solicitudes que les han llegado de todo el mundo con la aspiración de ser acogidas en la lista de patrimonio inmaterial. El jueves se supo cuáles han sido aceptadas y cuáles no. Pero no perdamos de vista la versatilidad de las candidatas.

La República Dominicana -continúa diciendo- quiere que le acepten la bachata, un género con estrellas rutilantes como Juan Luis Guerra, Romeo Santos, Frank Reyes o Raulín Rodríguez. Lo hacen espoleados por el éxito que el país tuvo hace tres años, cuando aceptaron inscribir el merengue. Proclaman que es una manifestación artística autóctona y que constituye un “elemento fuerte de cohesión social”. De acuerdo. Francia, Suiza e Italia presentan conjuntamente el alpinismo, “una práctica que nació en los Alpes durante el siglo XIV”, dicen ellos, pero que probablemente debería fecharse mucho tiempo antes, si Ötzi, el hombre de hielo, murió hace más de cinco milenios, cuando atravesaba los Alpes. Los tres países alegan que el alpinismo es más que un deporte, ya que “reúne un conjunto de técnicas y de conocimientos”. Pues vale. También optan a la tómbola la cerámica de Talavera, el desfile del Señor del Gran Poder de Bolivia, las danzas Hatajo de Negritos y Las Pallitas de Bolivia y la bumba-meu-boi de Brasil. Y como guinda, el masaje tailandés, “un arte milenario que en las últimas décadas se ha popularizado en el mundo entero”. No dudo que en próximas reuniones de la Unesco alguien pida que se incorpore a la lista de patrimonio inmemorial el masaje con final feliz, que es también una práctica milenaria muy apreciada. Y como la gastronomía francesa (y un montón de singularidades culinarias más) son patrimonio de la humanidad desde hace años, ¿por qué no deberían serlo el ajoblanco, el alioli, o el garum ? De la misma forma, si el alpinismo consigue aparecer en la lista de la Unesco, ¿por qué no aceptar también el bridge o la petanca, tradiciones arraigadas y seculares?

Con el patrimonio de la humanidad pasa como con la Creu de Sant Jordi, que la han concedido a tantísima gente que ya queda deslucida. Algunos a los que se la ofrecen prefieren no aceptarla y esperar a ver si suena la flauta y, antes de morirse, les dan la Medalla d’Or de la Generalitat".

A vuelapluma es una locución adverbial que el Diccionario de la lengua española define como texto escrito "muy deprisa, a merced de la inspiración, sin detenerse a meditar, sin vacilación ni esfuerzo". No es del todo cierto, al menos en mi caso, y quiero suponer que tampoco en el de los autores cuyos textos subo al blog. Espero que los sigan disfrutando, como yo, por mucho tiempo. 





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